EL FRAUDE SODALICIO

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El 8 de julio de 1997 el Sodalicio de Vida Cristiana recibió la aprobación pontificia, siendo erigido como sociedad de vida apostólica laical de derecho pontificio. Es decir, quedaba sustraído a la jurisdicción de los obispos locales, dependiendo directamente de un dicasterio romano.

Ese mismo año las autoridades sodálites descubrieron los abusos sexuales en perjuicio de menores cometidos por Jeffery Daniels y lo recluyeron en San Bartolo, sin informar ni a las autoridades civiles ni a las eclesiásticas.

No sé si la reclusión de Daniels fue anterior o posterior a la aprobación pontificia, pero lo cierto es que, de haberse sabido los motivos, se hubiese puesto en juego esa aprobación, obtenida mediante el engaño, el fingimiento, la simulación y un eficaz trabajo de lobby eclesiástico.

Eso lo relata en su blog José Rey de Castro, quien vivió 18 años a la sombra de Figari como sirviente a tiempo completo sin remuneración alguna ni libertad.

Inmediatamente después de su aprobación como instituto de derecho diocesano el 22 de febrero 1994 por el cardenal Augusto Vargas Alzamora, entonces arzobispo de Lima, la maquinaria del Sodalicio se puso en marcha para conseguir a la brevedad posible la aprobación pontificia, sin que ni a Figari ni a su círculo más íntimo les importara que en ese entonces ya se habían cometido abusos sexuales en la institución, y que tanto los abusos psicológicos (perpetrados mediante un sistema de destrucción del yo auténtico a través de la dominación y prácticas humillantes) como físicos (que encontraron su máxima expresión en los maltratos efectuados en San Bartolo) eran pan de cada día en la vida comunitaria sodálite, en mayor o menor intensidad, dependiendo del superior y de la casa en la que uno viviera. Tanto Figari como Germán Doig, su mano derecha, cargaban con víctimas sexuales en su conciencia, y Virgilio Levaggi —quien en los ‘80 llegó a ser el tercero en la cadena de mando— había abandonado la institución en 1987, tras haber cometido abusos sexuales que fueron encubiertos hasta época reciente por el Sodalicio.

No sólo callaron estas prácticas indebidas a las autoridades vaticanas, sino también les contaron el cuento de hadas de su “historia oficial” expurgada de hechos incómodos y de varios textos que sirvieron para la formación intelectual y espiritual de las primeras generaciones de sodálites (el Folleto Azul, las Memorias de Figari, etc.).

A esto se sumó el trabajo de lobby con cardenales, obispos y otras personalidades eclesiásticas, que tuvo su momento estelar en el V Congreso Internacional de Nueva Evangelización rumbo al Tercer Milenio (Lima, octubre de 1995), el último de una serie de congresos sobre la reconciliación que había organizado el Sodalicio a lo largo del tiempo en Arequipa (1985), El Callao (1986), Tacna (1987) y nuevamente El Callao (1989), con la excusa de profundizar en una determinada línea de pensamiento (la teología de la reconciliación), pero que en realidad sirvieron para tejer una red de contactos eclesiásticos que permitirían la expansión de la institución a otros países y su ascenso en la escala de poder al interior de la Iglesia católica.

Respecto al evento de 1995, señala Rey de Castro que «los grandes invitados de aquel congreso de la reconciliación serían quienes apoyarían luego la aprobación pontificia del SCV, pues se habían llevado una gran opinión de ellos en este evento y habían visto una buena “vitrina” preparada por el SCV», vitrina que incluyó decisiones anómalas como la aceleración de profesiones perpetuas (o consagración a perpetuidad) de numerosos sodálites —sin importar si verdaderamente tenían vocación a la vida religiosa—, el aumento considerable de aspirantes al Sodalicio así como la fundación de nuevas casas de comunidad. Y, por supuesto, el incremento de sodálites enviados a San Bartolo para su formación.

Finalmente, la Santa Sede aprobó al Sodalicio según la imagen que éste había proyectado de sí mismo. Si hubiera sabido la verdad, otro sería el cantar. Ahora que ya se sabe, ¿qué está esperando para retirar una aprobación que nunca debió ser otorgada?

Ése constituiría un primer paso para restarle poder al monstruo, permitiendo que los obispos locales tengan jurisdicción sobre las comunidades sodálites asentadas en sus diócesis. Sería el mal menor, pues lo ideal es que desaparezca lo que nunca debió existir.

(Columna publicada en Altavoz el 30 de abril de 2018)

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FUENTES

Familia Sodálite NOTICIAS
Los Congresos de la Reconciliación cumplen 30 años (11/03/15)
http://www.fsnoticias.org/cronicas/los-congresos-de-la-reconciliacion-cumplen-30-anos-10725

El blog de José Rey de Castro
http://www.reydecastro.me/

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SODALICIO: DE LA ESCLAVITUD A LA LIBERTAD

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José Rey de Castro (JRC) fue sodálite durante 21 años, 18 de los cuales perteneció al círculo íntimo de Figari, al cual sirvió prácticamente en calidad de esclavo (sirviente a tiempo completo de disponibilidad total), de la forma en que la Comisión para la Justicia y la Reconciliación convocada por el mismo Sodalicio señaló en su informe final (abril de 2016):

«El menoscabo físico, psicológico, espiritual y moral determinó una particular afectación, consistente en la pérdida de la autoestima y las capacidades de los jóvenes escogidos para servir de manera directa a Luis Fernando Figari, mediante la atención personalizada e ininterrumpida en sus distintas actividades. Estos jóvenes en algunos casos fueron privados de recibir la formación esperada hasta por más de 20 años, y más bien obligados a realizar tareas domésticas sin compensación económica alguna, bajo la premisa de estar al servicio del “Fundador”, lo que sugiere que dichas prácticas podrían enmarcarse en un supuesto de lo que se conoce como “esclavitud moderna” o “servidumbre”, que debiera ser investigado por las autoridades respectivas.»

Tras salir de la vida comunitaria en 2013, pasaron cinco años antes de que JRC, con ayuda de psicoterapia, conquistara finalmente la libertad para hablar de lo que vivió a la sombra de Figari. Y esto lo ha logrado rápidamente en comparación con otros. Yo, por ejemplo, desde mi salida de una comunidad sodálite en 1993, me demoré quince años en procesar mi experiencia, comprender lo que realmente había vivido y cambiar mi valoración del Sodalicio, y otros cuatro años más en vencer el miedo y comenzar a publicar mi testimonio. Porque hay que decirlo con todas sus letras: quien toma conciencia de lo que sufrió física y psicológicamente en el Sodalicio, tiene luego que extirpar el miedo que le impide hablar públicamente, como ocurre usualmente en quienes han roto los barrotes interiores implantados en su alma por grupos sectarios.

Las reflexiones de JRC en su blog desnudan el sistema de sojuzgamiento mental del Sodalicio y confirman lo que ya suponíamos: que ese sistema perverso —con o sin abusos sexuales— sigue estando en pie. Sus conclusiones son lapidarias:

«Me encantaría decirles a todos que el SCV es una espiritualidad pero, lo siento, no lo es. No nace de una experiencia de Dios y está totalmente “determinada por la situación”. Tampoco tiene un impulso hacia Dios sino hacia la más intramundana sed de poder, placer y dinero. Nunca vi a Figari realmente trabajar, su “trabajo intelectual” era esporádico y caprichoso, vivía del trabajo de los demás sodálites, y vivía muy bien.»

Muy interesantes son los retratos que hace con seudónimos de varios personajes claves, en los cuales creo identificar a Humberto del Castillo, psicólogo del Sodalicio; Oscar Tokumura, el despiadado verdugo de San Bartolo; Jaime Baertl, el cura amigo de los empresarios, con su proverbial hipocresía; Eduardo Regal, elegido por Figari para sucederlo; Luis Ferroggiaro, el cura melifluo, separado del Sodalicio por acusaciones de conductas indebidas con jóvenes; Alfredo Garland, el intelectual reservado pero carente de rigor académico —el cual una vez me dijo a mí personalmente que yo no servía para la vida intelectual—; Ignacio Blanco, el oscuro confidente de Figari; José Ambrozic, inteligente y leal, maltratado por Figari pero cómplice del sistema: Juan Carlos Len, “contador” no oficial del Sodalicio que se mantiene en la sombra.

JRC tiene una buena justificación para hablar de estos personajes:

«El no haber nunca ejercido la autoridad, me permite, gracias a Dios, tener esta visión de los hechos y, por otro lado, mi edad y el lugar en el que estaba me permitieron ser una persona de confianza para Figari y sus discípulos. A diferencia de otros que fueron obligados a hacer juramentos de confidencialidad, yo tengo plena libertad para narrar estos hechos y describir las personalidades de quienes conocí, sin que esto genere en mí escrúpulo alguno ni culpa.»

¿Borrón y cuenta nueva, como tantos le han sugerido? ¿Dar vuelta a la página y seguir adelante como si nada? ¿A lo pasado, pasado? Así no funciona la realidad, y esto lo comprende muy bien JRC:

«Si sintiera alivio porque fui maltratado y por la injusticia sufrida hasta el día de hoy, estaría orate. Gracias a Dios estoy en mi sano juicio y libre.»

(Columna publicada en Altavoz el 23 de abril de 2018)

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FUENTES

Comisión de Ética para la Justicia y la Reconciliación – Informe final (abril de 2016)
http://comisionetica.org/blog/2016/04/16/informe-final/

El blog de José Rey de Castro
http://www.reydecastro.me/

EL SISTEMA SODALICIO

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En su carta de presentación a los “Informes sobre Abusos y Respuesta en el Sodalicio de Vida Cristiana” —elaborados por tres expertos internacionales a sueldo del Sodalicio— Alessandro Moroni, superior general de la institución, tras hacer un breve recuento de los casos de abusos sexuales cometidos por Figari, tres sodálites y cuatro ex sodálites, señala: «Los expertos no han encontrado indicios de complicidad ni conspiración entre los presuntos abusadores».

Efectivamente, todo parece indicar que Luis Fernando Figari, Germán Doig, Virgilio Levaggi, Jeffery Daniels, Ricardo Trenemann, Daniel Murguía y los otros actuaron por cuenta propia y sin conocimiento de los demás, de modo que no habría habido una política sistemática secreta para cometer abusos sexuales en el Sodalicio. Prueba de ello es que, cuando fueron descubiertos los abusos en los casos de Levaggi, Daniels y Murguía, éstos fueron sancionados por las autoridades sodálites —con reclusión interna y suspensión de toda responsabilidad en los casos de Levaggi y Daniels, y con expulsión del Sodalicio en el caso de Murguía, en virtud de que su inconducta se hizo pública a través de la prensa—. Incluso Doig fue sancionado simbólicamente con expulsión post mortem, también debido a la circunstancia de que su caso se había hecho de conocimiento público.

Lo que sí hubo fue una política sistemática de encubrimiento, de modo que se buscó tapar cualquier incidente de abuso sexual. La expulsión sólo procedió cuando el caso se hizo público, con la excepción de Figari, quien —no obstante todo lo que se ha llegado a saber de él— fue tratado a cuerpo de rey hasta el día de hoy y sigue siendo oficialmente miembro del Sodalicio de Vida Cristiana.

Curioso en todo este modo de proceder es que las sanciones ad intra del Sodalicio fueron aplicadas por quienes también tenían en su trastienda personal varios abusos de este tipo. Levaggi fue sancionado por Figari, Daniels fue sancionado por Doig, y ante la opinión pública tanto Figari como Doig aparecían como defensores de una moral sexual adscrita al catolicismo más rancio.

Aún así, Figari y Doig poseían un talante personal muy distinto. Mientras Figari vivía en la opulencia, se regodeaba en el poder que tenía sobre otros y abusaba sexualmente de quien quisiera sin ningún tipo de remordimientos, Doig tenía un estilo de vida más austero y sacrificado, y a ojos de los que lo conocimos personalmente parecía seguir alimentado una búsqueda interior que lo condujera a la santidad. Dado que una persona de las características de Doig debe haber vivido atormentado por los delitos cometidos, desgarrado entre un abismo de perversión y la aspiración a unos fines nobles y elevados, no se descarta la tensión generada como una de las causas que lo habría llevado a la muerte, ya sea por una falla del corazón debido al stress ocasionado por su doble vida, ya sea porque decidiera terminar con su existencia por mano propia.

¿Qué tenían en común los abusadores sexuales mencionados? Pues que todos formaban parte de un sistema que no sólo permitía los abusos psicológicos y físicos, sino que había normalizado estos abusos hasta el punto de que quienes participaban del sistema terminaban incapacitados para darse cuenta de los daños que se les estaba infligiendo. Es un sistema vertical, donde quienes detentan cargos de responsabilidad no están sujetos a control respecto a lo que hacen con sus subordinados —sobre todo a puerta cerrada— y exigen una sumisión total (del entendimiento y la voluntad) como requisito indispensable para seguir perteneciendo a esa élite de elegidos que son los sodálites, donde a quienes obedecen se les arranca la posibilidad de denunciar o de quejarse de maltratos —los cuales no son reconocidos como tales—, donde existe la obligación de guardar silencio sobre todo lo que ocurre dentro de esta subcultura, tal como la llama en su blog José Rey de Castro, ex sodálite que estuvo 18 años bajo régimen de esclavitud moderna en el círculo íntimo de Figari.

Según su testimonio, este sistema, creado a imagen y semejanza de Figari, seguía subsistiendo hasta hace poco. Y si bien actualmente ya no habrían abusos sexuales, el sistema Sodalicio sigue intacto, anulando la libertad de quienes constituyen un engranaje más dentro de esa máquina.

(Columna publicada en Altavoz el 9 de abril de 2018)

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FUENTES

Informes sobre Abusos y Respuesta en el Sodalicio de Vida Cristiana (10 de febrero de 2017)
http://sodalicio.org/wp-content/uploads/2017/02/Informe-Abusos-Febrero2017.pdf

El blog de José Rey de Castro
http://www.reydecastro.me/

ACLARACIONES SOBRE FIGARI A UN CATÓLICO DERECHISTA

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Julio Loredo de Izcue, presidente de la Associazione Tradizione Famiglia Proprietà (Italia)

El 12 de febrero me llegó un mensaje de un tal Julio Loredo de Izcue comentando un artículo mío que publicó Altavoz (EL SODALICIO Y LA ULTRADERECHA CATÓLICA, 5 de febrero). Loredo de Izcue, peruano, es presidente de la filial italiana de Tradición, Familia y Propiedad y autor del libro Teología de la liberación – Un salvavidas de plomo para los pobres, publicado originalmente en italiano en 2014.

En su escueto mensaje dice:

«en lo que respecta a Tradición, Familia y Propiedad [Martin Scheuch] incurre en varias faltas a la verdad que cabe rectificar.

1 – El Sr. Luis Fernando Figari nunca estuvo “estrechamente vinculado a Tradición, Familia y Propiedad (TFP)”, que dicho sea de paso no existía en el Perú. La asociación a la cual el articulista se refiere es Tradición y Acción por un Perú Mayor, con la cual el fundador de Sodalicio nunca tuvo el mínimo vínculo, y que además no se reconoce en la etiqueta “grupo ultraderechista”.

2 – Figari nunca estuvo en Brasil con la TFP de dicho país, y por lo tanto nunca “volvió con la consigna de potenciar TFP en el Perú”.

3 – Los señores José Antonio Pancorvo y Mario Taglione (no Taglieri) nunca “se le plegaron” por la simple razón [de] que no tenían contactos con él.

No sé quién podrá ser el anónimo “antiguo miembro de la comunidad marianista” que el Sr. Scheuch cita como fuente, pero puedo asegurar que, al menos en esos puntos, la memoria lo traiciona».

Estimado Sr. Loredo, en mi columna sólo hago afirmaciones taxativas cuando se trata de lo que yo he visto o vivido personalmente. Lo demás son cuestiones abiertas que requieren ser investigadas, cosa que Ud. no parece haber hecho antes de enviarme su mensaje.

Si Figari estuvo o no en algún momento entre 1963 y 1967 en Brasil conociendo Tradición, Familia y Propiedad —sociedad que, como Ud. bien afirma, no tenía entonces filial en el Perú— es algo que sólo se puede saber investigando su vida, pues dudo de que ese hecho, en caso de efectivamente haber ocurrido, haya sido anotado en los registros históricos de la asociación ultramontana a la cual Ud. está vinculado. No me he referido en ningún momento a Tradición y Acción por un Perú Mayor, filial no oficial de TFP creada en 1970 y de la cual salieron quienes fundarían en 1983 el Núcleo Peruano de TFP.

Por otra parte, el “antiguo miembro de la comunidad marianista” me dijo expresamente en su e-mail respecto a este dato: «lo sé por uno que fue compañero en esa aventura con Figari, o sea no es un chisme más…»

Lamentablemente, no le podemos preguntar a José Antonio Pancorvo si es cierta esa anécdota, pues falleció en el año 2016. Y no sé si Ud. habrá consultado al Sr. Taglione.

Si bien Ud. conoció personalmente a Figari en 1972 cuando fue su profesor de religión en 5° de media en el Colegio Santa María, le puedo asegurar que Figari siempre ha sido muy reservado con los hechos de su biografía, y quienes tuvimos trato frecuente con él nunca nos enteramos de todo lo que hizo antes de fundar el Sodalicio.

Por otra lado, en su rechazo de la calificación de “grupo ultraderechista” para Tradición y Acción por un Perú Mayor —asociación que lo apoya a Ud. y se encargó de publicar y promocionar la versión en español de su libro sobre la teología de la liberación— encuentro una similitud con Figari, el cual, además de negar siempre que el Sodalicio fuera una asociación conservadora y ultraderechista, también consideraba como herética a la teología de la liberación, una corriente teológica de pensamiento que ha sido reivindicada y reconocida como legítima en la Iglesia católica, no sólo por los cardenales Müller y Ratzinger, sino también por el mismo Papa Francisco.

Asimismo, tras leer la entrevista que en octubre de 2017 le hiciera Luciano Revoredo —representante de un catolicismo ultraconservador y retrógrado a través de su informativo online “La Abeja”—, veo allí reflejados los mismos planteamientos ideológicos que Alfredo Garland —sodálite de antigua cepa— plasmara en 1978 en su panfleto anti-liberacionista Como lobos rapaces.

Cumplo con publicar su versión. Ojalá algún día sepamos toda la verdad.

(Columna publicada en Altavoz el 26 de febrero de 2018)

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FUENTES

PERÚ – La vorágine socialista conduce al país hacia la descristianización total, supremo mal contra el cual actúa el Núcleo Peruano Tradición, Familia, Propiedad
Breve versión oficial de TFP sobre su presencia en el Perú (1970-1989)
http://www.pliniocorreadeoliveira.info/GestaES_0207Peru.htm

La Abeja
LA TEOLOGÍA DE LA LIBERACIÓN ADOPTÓ EL MARXISMO CULTURAL. Entrevista a Julio Loredo de Izcue (30 Octubre 2017)
http://laabeja.pe/de-opini%C3%B3n/columna-del-director-luciano-revoredo/1654-la-teolog%C3%ADa-de-la-liberaci%C3%B3n-adopt%C3%B3-el-marxismo-cultural-entrevista-a-julio-loredo-de-izcue.html

EL SODALICIO Y LA ULTRADERECHA CATÓLICA

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Miembros del Requeté, organización paramilitar católica, durante la Guerra Civil Española

Mucho se ha escrito sobre el Sodalicio desde que empecé a publicar lo que yo sabía en noviembre de 2012. Sin embargo, incluso después de la publicación de Mitad monjes, mitad soldados de Pedro Salinas (con la colaboración de Paola Ugaz), que trae abundante información para reconstruir la historia del Sodalicio desde sus inicios, sólo se ha arañado la superficie y siguen habiendo varios misterios sin resolver.

La primera actividad de Figari que se menciona en el libro después de salir del Colegio Santa María (Marianistas) en el año 1963 data de 1967. Hay un hiato de casi cuatro años donde no sabemos a qué se dedicó.

Un antiguo miembro de la comunidad marianista me escribió en julio de 2012 que Figari habría estado estrechamente vinculado a Tradición, Familia y Propiedad (TFP), un grupo ultraderechista fundado por Plinio Corrêa de Oliveira en Brasil en el año 1960. Figari habría estado incluso en Brasil viviendo con ellos un tiempo y habría vuelto con la consigna de potenciar TFP en el Perú. «Se le plegaron José [Antonio] Pancorvo —[quien llegaría a ser posteriormente cabecilla del núcleo peruano de TFP]— y un chico Taglieri, ambos del colegio Sta. María. Luego Figari se desvinculó para empezar su propio pastel».

La información obtenida por Pedro Salinas de que quienes conocieron después a Figari lo recuerdan como alguien muy crítico y opuesto no sólo hacia el Opus Dei sino también hacia TFP, es algo que yo mismo puedo confirmar. Sin embargo, también me consta que Figari conocía muy bien lo que planteaban ideológicamente ambas agrupaciones.

Asimismo, una de las versiones hagiográficas oficiales que pululaban antes de que se conocieran los delitos sexuales del fundador del Sodalicio, decía que «muy pronto se convirtió en abanderado del pensamiento y de la enseñanza social de la Iglesia, lo que le valió la enconada animadversión de instituciones como “Tradición, Familia y Propiedad”, cuyos miembros lo calificaban de “comunista disfrazado”». ¿Disfrazado de qué? Evidentemente, de católico ultraderechista y conservador, es decir, de algo muy parecido al perfil de miembros que tenía TFP.

Otro misterio sin explicar es la alusión que hay en el libro Los neo-nazis en Sudamérica (1978) del chileno Franz Pfeiffer Richter (1937-1997), fundador en 1962 del Partido Nacional Socialista Obrero de Chile, respecto a un tal Luis Figari a quien se menciona como «el dirigente peruano» vinculado al Frente Nacional Socialista en el Perú.

Asimismo, otro tema que requiere de investigación es la amistad cercana de la cúpula del Sodalicio con miembros de El Yunque, organización secreta católica de extrema derecha nacida en México, con la cual el Sodalicio tiene más de una coincidencia en cuanto a doctrina y a régimen de gobierno y de disciplina.

Tanto Federico Müggenburg como Manuel Díaz Cid —a los cuales conocí personalmente— mantuvieron una estrecha amistad con Figari, Doig, Levaggi y otros miembros del Sodalicio, de los cuales siguen siendo sodálites activos José Ambrozic, Jaime Baertl, Alfredo Garland, Alejandro Bermúdez y Miguel Salazar. Si bien Díaz Cid ha reconocido su pertenencia a la organización y ha renunciado a ella, no sin efectuar una crítica disidente, no ha sucedido lo mismo con Müggenburg. ¿Se sigue cultivando contactos con él, sobre todo Alejandro Bermudez, quien a través de ACI Prensa ha defendido plataformas ultracatólicas como HazteOir, el Instituto de Política Familiar y Profesionales por la Ética, que han sido denunciadas en España por ser organizaciones de fachada de El Yunque?

También resultan misteriosas muchas de las amistades cultivadas por Figari y su entorno inmediato con personajes y grupos en Argentina y España. Germán Doig nos repetía, después de cada uno de los viajes realizados a estos países, que el Sodalicio no tenía comparación con otras asociaciones católicas allí presentes. ¿Con que grupos éramos comparados?

Lo que sí me consta es que regresaban de esos países cargados de libros difíciles de conseguir en el Perú: textos del falangismo español, libros de la ultramontana Fundación Speiro, obras de los tradicionalistas Julio Meinvielle y Leonardo Castellani, etc. Y de México se traían los libros del simpatizante del nazismo Salvador Borrego, así como obras de la Editorial Tradición, entre ellas escritos de Salvador Abascal, promotor de una especie de fascismo católico llamado sinarquía.

Como vemos, la caja de Pandora sigue abierta.

(Columna publicada en Altavoz el 5 de febrero de 2018)

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A continuación, anteriores artículos míos donde analizo varios aspectos del ultraderechismo del Sodalicio:

COMO LOBOS RAPACES
MITAD MONJE, MITAD SOLDADO
SODALICIO Y FASCISMO
LA CONEXIÓN MEXICANA (I)
LA CONEXIÓN MEXICANA (II)
EL SODALICIO EN LA PALABRA ESCRITA (I)

La más reciente noticia sobre El Yunque ha aparecido hoy:

Religión Digital
Las asociaciones de familia exigen a los obispos que dejen de colaborar con El Yunque (05 de febrero de 2018)
http://www.periodistadigital.com/religion/familia/2018/02/05/religion-iglesia-yunque-espana-familia-asociaciones-hazteoir-obispos-aborto-ciudadania-sociedades-secretas-espionaje.shtml

LA OBEDIENCIA TRAMPOSA DEL SODALICIO A LA IGLESIA

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Mons. Joseph William Tobin entrevistado en una comunidad del Sodalicio de Vida Cristiana (agosto de 2016)

En su comunicado del 10 de enero, el Sodalicio informa haber recibido «la noticia del nombramiento que la Santa Sede ha hecho de Mons. Noel Antonio Londoño Buitrago, C.Ss.R., Obispo de Jericó en el departamento de Antioquia (Colombia), como Comisario Apostólico de nuestra Sociedad».

Sin manifestar ninguna contrariedad y sin hacer alusión a los problemas que habrían motivado la intervención, el comunicado dice: «Como hemos hecho hasta ahora con el Cardenal Joseph Tobin desde su nombramiento como Delegado para el Sodalicio en mayo de 2016, colaboraremos en todo con Mons. Londoño para que pueda ejercer sus funciones según lo dispuesto por la Santa Sede».

Finalmente concluye: «Reafirmamos una vez más nuestra absoluta obediencia al Santo Padre y a la Santa Madre Iglesia».

Cabe preguntarse cómo colaboraron con Tobin. ¿Acaso le contaron toda la historia de la institución, desde la época en que era bien marcada la influencia del fascismo español? ¿Le mostraron las Memorias, opúsculos anuales escritos por Figari entre 1976 y 1986, de lectura y estudio obligatorios para los sodálites hasta que se decidió requisar —sin explicar el motivo— todos los ejemplares e incluso ocultar su existencia a la Santa Sede durante el proceso de aprobación del Sodalicio? ¿Le permitieron asistir a alguna reunión grupal donde se obligara a los participantes a revelar sus intimidades privadas para finalmente “sacarles la mierda” por ser infieles al Señor Jesús? ¿Le hicieron escuchar las palabras soeces con que se humilla a los sodálites en la vida cotidiana?

Tobin parece tener la impresión de haber conocido bien al Sodalicio, como declaró en una entrevista publicada el 4 de agosto de 2016: «He llegado a conocer desde cerca la realidad del Sodalitium en sus obras apostólicas, colegios, trabajo social. He pasado tres días completos con el Consejo Superior y también visité la Casa de Formación. Luego tuve una cantidad de entrevistas con sodálites y ex sodálites». Al final, su evaluación es positiva: «Por una parte los problemas y los desafíos son graves. Yo creo que por otra parte hay voluntad de parte del Consejo Superior de enfrentarlos con sinceridad. Espero que esta actitud siga y venga compartida por los demás sodálites».

Alessandro Moroni, quien según el P. Jean Pierre Teullet desestimó las denuncias contra Figari en el año 2013 y posteriormente negó la gravedad de los abusos sufridos por varias víctimas de abusos psicológicos, integraba como Superior General ese Consejo Superior. También formaba parte de él como Vicario General José Ambrozic, miembro de la primera generación del Sodalicio y testigo de innumerables abusos cometidos dentro de la institución, el cual no ha tenido hasta ahora la valentía de reconocer públicamente la gravedad de los hechos que él presenció. Javier Rodríguez Canales, entonces Asistente de Apostolado, por lo menos ha tenido el decoro de renunciar al Sodalicio. Carlos Neuenschwander, Asistente General de Temporalidades —es decir, de la administración económica del Sodalicio— se habría encargado de que se pagara lo mínimo posible en reparaciones a las víctimas que el Sodalicio selectivamente reconoció.

Así como el Sodalicio habría escenificado ante Tobin su mascarada de una comunidad de gente feliz y contenta —como siempre lo hizo cada vez que venían visitantes importantes—, evidentemente obviando mostrar en todos sus detalles cómo se trata a sus miembros en el día a día, también es probable que haga lo mismo con Mons. Londoño, el comisario de la Santa Sede. Su colaboración con éste consistiría en influenciarlo en lo posible, para que se lleve una buena impresión de las comunidades sodálites. En lo que respecta a estas representaciones escénicas, los sodálites son expertos y fieles discípulos de Figari.

Por otra parte, la obediencia sodálite a la Iglesia implica renunciar a obedecer la propia conciencia. Sólo así se entiende que el Sodalicio haya aceptado sin observaciones ni reparos la inmoral decisión tomada por el Vaticano respecto a Figari.

Además, el Sodalicio —con su proverbial falta de transparencia— siempre ha buscado controlar la información que le llega al Papa, ocultando los aspectos incómodos de su régimen de gobierno, su disciplina y su historia, a fin de que el Sumo Pontífice termine ordenándoles lo que ellos ya han previsto. Sólo espero esta vez que con la intervención vaticana se dé definitivamente un GAME OVER.

(Columna publicada en Altavoz el 22 de enero de 2018)

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FUENTES

Página web oficial del Sodalicio de Vida Cristiana
Entrevista a Mons Joseph William Tobin, delegado vaticano para el caso Sodalicio (04 Ago 2016)
http://sodalicio.org/noticias/entrevista-a-mons-joseph-william-tobin-delegado-vaticano-para-el-caso-sodalicio/
Comunicado sobre nombramiento de Comisario Apostólico para el Sodalicio (10 Ene 2018)
http://sodalicio.org/comunicados/comunicado-sobre-nombramiento-de-comisario-apostolico-para-el-sodalicio/

EL SODALICIO INTERVENIDO

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Cuando el 10 de enero la Oficina de Prensa de la Santa Sede comunicó que el Sodalicio había sido intervenido y que se había nombrado un Comisario con autoridad para gestionar el gobierno, el régimen interno y las cuestiones económicas del instituto, leí con escepticismo los comentarios en la prensa y en las redes sociales que decían que por fin el Vaticano estaba tomando cartas en el asunto de los abusos sexuales cometidos por Figari y otros sodálites, y que por fin se iba a atender a las víctimas.

Nada más lejos de la realidad. Salvo ocasionales atisbos, la Iglesia católica todavía no ha asumido satisfactoriamente la perspectiva de las víctimas ni en su legislación ni en su pastoral, y lo que más le ha preocupado cuando han habido casos de abusos sexuales es el escándalo generado antes que el daño ocasionado a los afectados. De ahí sus intentos por acallar la publicidad de los hechos, darle carácter reservado a la información al respecto y sacar momentáneamente de circulación a los perpetradores, buscando de alguna manera rehabilitarlos tras “haber caído en pecado”.

Pero acoger y atender a las víctimas, como lo hacía Jesús con los sufrientes y desvalidos, no está entre sus prioridades, por lo menos institucionalmente. Como se constata en la visita del Papa a Chile y Perú, donde no se ha incluido en el programa ningún encuentro entre Francisco y las víctimas de abusos sexuales, psicológicos y físicos por parte del clero, religiosos y laicos consagrados.

La intervención del Sodalicio no se debe a los abusos sexuales cometidos por Figari. Para la Santa Sede ésos son «hechos y comportamientos que, aunque objetivamente graves, han ocurrido sobre todo en un pasado muy remoto», además de que «»no se encuentra prueba cierta de ulteriores actos contra el VI mandamiento, cometidos sucesivamente o en precedencia a los referidos» (Carta del Vaticano a Alessandro Moroni, 30 de enero de 2017). Y, al parecer, los dos informes sobre abusos sexuales elaborados por tres expertos internacionales, dados a conocer por el Sodalicio en febrero de 2017, dejaron satisfecha a la Santa Sede, la cual no habló más sobre el asunto. Sin embargo, un número considerable de víctimas quedaron insatisfechas por el trato recibido de parte de los representantes del Sodalicio, que ofrecieron reparaciones exiguas en comparación con los daños personales sufridos o simplemente negaron que haya habido abusos.

Como ocurrió en mi caso, donde se me negó la condición de víctima, no obstante haber testimoniado graves abusos psicológicos y físicos cometidos sistemáticamente en perjuicio mío. Mi testimonio no sólo fue enviado a los representantes del Sodalicio, sino también por partida doble al Vaticano —una vez personalmente y la otra por la diócesis de Espira (Speyer)—, sin que haya recibido hasta ahora ninguna respuesta.

Es la situación actual del Sodalicio la que motiva la intervención vaticana, es decir, el modo en que se maneja el régimen interno y la formación, y la gestión económica-financiera, que no es que vaya mal, sino que parece tener fuentes no sólo de dudosa moralidad sino también de legitimidad cuestionable.

Evidentemente, cualquier intervención en régimen de comisariato de la Santa Sede tiene la intención de “sanear” la institución. ¿Pero puede acaso sanearse una entidad que funcionó desde sus inicios como una secta destructiva, controlando draconianamente el pensamiento y lenguaje de sus miembros, su comportamiento durante las veinticuatro horas del día, sus emociones a través del mecanismo de la culpa, así como la información que les era permitido recibir? Porque siguen habiendo evidencias de que la formación impartida sigue el mismo patrón de siempre, restringiendo considerablemente la libertad interior de los sodálites.

Pero además de los informes recientes que habrían llegado a la Santa Sede —y que aún desconocemos—, lo que más parece preocuparle al Vaticano es la posibilidad de una sentencia condenatoria contra aquél a quien llaman «el fundador del Sodalitium Christianae Vitae y por lo tanto […] mediador de un carisma de origen divino» (Carta del 30 de enero de 2017).

Sospechamos que harán todo lo posible para que Figari no vaya a la cárcel, buscando evitar así empañar aún más la imagen de Iglesia santa que quieren mantener a toda costa, sin importarles pisotear a las víctimas.

(Columna publicada en Altavoz el 15 de enero de 2018)