LAS LAGUNAS MENTALES DEL DOCTOR MENDOZA

carlos_mendoza

El doctor Carlos Mendoza Angulo, a quien parece que le gusta alardear verbalmente de sus títulos y maestrías en ciencias psiquiátricas tanto como de sus membresías en importantes asociaciones del ramo de la psiquiatría, se presentó el 18 de marzo de 2019 en el Congreso ante la Comisión de Abusos contra Menores presidida por Alberto de Belaúnde para presentar sus descargos ante diversos testimonios que lo comprometen en prácticas cuestionables en el tratamiento de algunos personas entonces vinculadas al Sodalicio de Vida Cristiana.

Mendoza dio su versión de lo que recordaba de aquellos hechos. Aparentemente sus recuerdos están llenos de lagunas que, en caso de no ser intencionales y premeditadas, requerirían que el susodicho se someta urgentemente a una psicoterapia para mejorar la memoria.

Cuando el congresista De Belaúnde le pregunta sobre sus relaciones con el Movimiento de Vida Cristiana (MVC), admite que perteneció a él cuando estaba en la universidad pero que su participación se limitó a la asistencia a algunas charlas y conferencias, y eventualmente a alguna misa. Cuando se le pregunta sobre Luis Fernando Figari, Germán Doig, Jaime Baertl y Eduardo Regal, dice que sabe quiénes son, pero niega conocerlos, pues su relación con ellos se limitaría a haber participado de charlas, eventos o misas, donde actuaban de expositores o, en el caso de Jaime Baertl, de sacerdote celebrante de una que otra misa. «No puedo decir que lo conozco, esa frase desborda ampliamente lo que yo puedo decir de él», dice sobre Figari. Algo similar dice de Doig: «conocerlo, eso queda muy grande, es una frase muy grande». Es decir, los habría visto siempre desde lejos y nunca habría mantenido una conversación con ninguno de los mencionados ni habría interactuado personalmente con ellos. De José Ambrozic dice que es amigo suyo, una buena persona, al que ve con muy poca frecuencia, una vez al año, dado que reside en Estados Unidos. Admite que lo conoció en relación con el MVC cuando estaba en la universidad. También la lejanía es lo que caracterizaría esta relación de amistad.

Mendoza también admite haber participado en sus primeros años de matrimonio del Movimiento de Vida Cristiana a través de un grupo de Nazaret, donde se reunía con su esposa y otras parejas para hablar de cómo educar a los hijos, cómo llevar bien el matrimonio, etc. Posteriormente su participación—sobre todo como padre de familia del Colegio San Pedro— consistiría en que «podría haber ido algunas misas, podría haber participado de alguna kermesse, pero nunca de otra forma», concluye.

Ese resumen de su paso por el Movimiento de Vida Cristiana resulta bastante desmemoriado, por decir lo menos. O tal vez se haya activado en él algún mecanismo de defensa que habría desactivado algunas zonas de su cerebro y que como psiquiatra no ha podido identificar.

Pues Carlos Mendoza fue en la década de los 90 miembro activo de una agrupación mariana del Movimiento de Vida Cristiana integrada por estudiantes de la Universidad Cayetano Heredia, entre ellos Santiago Márquez, Fernando Llanos, Juan Carlos Tirado, Carlos Contreras y Paul Ramos. Esa agrupación estuvo bajo la responsabilidad de José Ambrozic como animador, pero también yo me hice cargo de ella por algún tiempo.

Habían reuniones semanales, donde se tocaban diversos temas relacionados con la fe y la moral cristianas, siempre desde la perspectiva de la espiritualidad sodálite. Recuerdo que Mendoza tuvo siempre un marcado interés en cómo conjugar con las ciencias médicas la antropología cristiana que propugnaba Figari como propia de la ideología sodálite. Recuerdo asimismo que una que otra vez después de algunas misas del MVC mantuvo conversaciones con el mismo Luis Fernando Figari en persona.

Y si bien Mendoza niega “conocer” a Figari, parece que Figari lo conocía bien a él. Pues nunca permitió que ningún sodálite fuera tratado por ningún médico a quien él no conociera y en quien no tuviera absoluta confianza.

Figari desconfiaba en general de los psiquiatras, pues no creía en el carácter científico de sus conocimientos académicos. Según él, detrás de las conclusiones de los psiquiatras y de sus tratamientos médicos había una determinada concepción ideológica de la naturaleza humana. Y si ésta concepción no era la correcta, entonces no sólo los enunciados “científicos” estaban viciados, sino que se le podía producir un daño psicológico y moral al paciente al recomendarle medidas incompatibles con la ética cristiana. Para Figari, un psiquiatra o un psicólogo sólo podía ayudar a sus pacientes si tenía un concepto cristiano del ser humano, o por lo menos ideas que se aproximaran bastante a eso.

Este modo de pensar de Figari no sólo forma parte de mis recuerdos personales, sino que ha quedado plasmado en un artículo suyo de 2005 sobre el psiquiatra austriaco Rudolf Allers (1883-1963), ferviente católico, a quien cita adscribiéndose a sus ideas:

«“Se me ha hecho más y más evidente que la teoría y la práctica de la psiquiatría dependen, en buena parte, de las ideas generales sobre la naturaleza humana que prevalecen en sucesivas fases de la historia. Nunca antes la historia se ha movido a tal velocidad, como lo ha hecho desde el fin del siglo (XIX). En consecuencia, nunca antes han ocurrido tan profundos cambios en todas las disciplinas empíricas y teoréticas. La psiquiatría está envuelta en este proceso al igual que las otras disciplinas, o tal vez más que ellas. Pues el modo en que el psiquiatra concibe sus problemas y su tarea depende, lo sepa o no, de la manera en la que concibe la naturaleza humana. Pero el desarrollar la visión del hombre pertenece a la filosofía”. Así escribía Allers en 1961. Para él la psicología, psiquiatría, psicoterapia requieren de una “antropología filosófica”, es decir de una “filosofía comprensiva de la naturaleza humana”. Y ello supone, entre otras cosas, el método correcto.

En este sentido nuestro autor subrayaba también la cercana relación que, para muchos psiquiatras, se estaba produciendo con la filosofía. Sin embargo, Allers advertía: “El psiquiatra se inclina fácilmente a hacer su propia filosofía, pues le parece que ello da sustento a los puntos de vista sugeridos por su experiencia. Pero, dicha experiencia, a su vez, está forjada por el clima intelectual en el cual el psiquiatra creció y en el que se mueve”. En 1961 se dirige a una corriente psiquiátrica en Estados Unidos que había importado de Europa una perspectiva heideggeriana, y procura demostrar cómo quienes han asumido algunas ideas de Martin Heidegger no lo han entendido del todo. Como conclusión decía que era necesario ponerse en una perspectiva metodológicamente correcta, una perspectiva que permitiese evaluar las diversas concepciones desde un punto de vista histórico amplio. Así daba razón del resultado de su periplo en búsqueda de la verdad sobre el ser humano y del modo de ayudar a los que sufren interiormente. El recorrido de la psiquiatría a la filosofía. Hoy estas ideas de Allers resultan incómodas para muchos. Sin embargo, para quien aspire a acercarse con seriedad a estas disciplinas resulta inevitable dialogar con el gran maestro austriaco y evaluar el alcance de sus planteamientos. En efecto, en los últimos años son cada vez más numerosas las voces que vienen advirtiendo sobre la presencia de ideologías en la base de diversas disciplinas académicas, que usualmente se presentan como neutras».

Por todo lo dicho, el interés de Figari en un futuro psiquiatra que habría sido formado según los cánones de la espiritualidad sodálite dentro del Movimiento de Vida Cristiana habría sido grande. Habría visto en Mendoza alguien que garantizaría un tratamiento respetuoso de los principios y valores de la doctrina y la disciplina sodálites. Y que no cuestionaría las prácticas abusivas que se aplicaban en las comunidades sodálites y mantendría siempre la discreción en consideración a una institución incuestionable que se creía suscitada por el Espíritu Santo.

Eso explicaría por qué Jeffery Daniels le fue enviado para ser sometido a tratamiento, y posteriormente un número considerable de miembros del Sodalicio de Vida Cristiana. No es incorrecto, por lo tanto, afirmar que Mendoza se convirtió en “el psicológo de los sodálites”, cosa que él ha tratado de refutar en el Congreso aduciendo que los sodálites eran un porcentaje mínimo del total de sus pacientes (menos del 1%) y que algunos sodálites también se habrían tratado con otros psiquiatras, aunque sólo pudo mencionar el nombre del doctor Santiago Márquez, otro miembro del MVC. Se trata de un argumento que cae en el vacío, pues nunca nadie ha afirmado que su clientela se reduzca exclusivamente a miembros del Sodalicio y que no trate a otros pacientes. Lo que se ha querido resaltar es que a partir del año 2000 la inmensa mayoría de sodálites que requirieron de tratamiento psiquiátrico habrían pasado por sus manos. El número de unos diez sodálites al año que el doctor Mendoza menciona en sus descargos es considerable para un colectivo que bordea actualmente los 160 miembros con vocación a la vida consagrada.

Confiar sus vástagos espirituales a un psiquiatra cualquiera conocido sólo por recomendaciones hubiera sido impensable para Figari. Y ni pensar en un especialista que fuera agnóstico, ateo o con una interpretación radicalmente distinta de la fe cristiana a la que se acostumbraba en ámbitos de la Familia Sodálite. Tenía que ser católico comprometido y con la misma interpretación conservadora y fundamentalista de la fe católica que él tenía. Y parece que Mendoza cumplía con estos requisitos, pues durante su época de participación en Nazaret (grupo que forma parte del MVC) se le habría invitado a hacer el compromiso de adherencia al Sodalicio. Tras consultarlo con su mujer, habrían decidido ambos no dar este paso por motivos personales.

Aun así habría seguido manteniendo lazos con la institución sodálite. En diciembre de 2014 es invitado por el sacerdote sodálite Jürgen Daum para una entrevista sobre la pornografía en el programa de televisión La Opción V. Este proyecto se caracteriza por tener una interpretación conservadora de la moral sexual de la Iglesia, incluida la categorización de la homosexualidad como una tendencia desviada antinatural. Es de hacer notar que el P. Daum nunca invitó a su programa a nadie que no estuviera totalmente de acuerdo con su visión de la sexualidad humana.

La relación con Germán Doig tampoco habría sido tan lejana como quiere hacernos creer Mendoza, quien en el Congreso ha confesado que el fútbol es una de sus grandes pasiones. Quizá fue por eso mismo que el secretario de Doig en los 90, Klaus Berckholtz, lo habría incluido habitualmente en una lista de invitados a jugar fulbito con Germán —otro apasionado del balompié— los miércoles al mediodía en el Centro Pastoral de San Borja, cita a la que Mendoza frecuentemente le habría rendido honores con su asistencia.

Cuando se le confronta con el hecho de que su hijo Carlos estuvo becado en el Colegio San Pedro y que eso habría sido una forma subrepticia de pago por los servicios prestados como psiquiatra al Sodalicio, Mendoza lo niega tajantemente. Sin embargo, tampoco explica satisfactoriamente por qué su hijo obtuvo esa beca, así como tampoco da razones de por qué eligió precisamente ese colegio para la educación de sus dos hijos, considerando que hay colegios católicos de igual o mejor nivel académico que el San Pedro pero que no se hallan entre los veinte colegios más caros del Perú.

«Es un chico brillante, becado por eso tal vez», dice Mendoza de su hijo Carlos ante el congresista De Belaúnde. El “tal vez” lo traiciona. ¿Acaso no sabe con certeza los motivos que llevaron a que su propio hijo obtuviera una beca en una institución educativa privada? ¿Nunca se lo comunicaron? ¿No será ésta otra de sus convenientes y oportunas lagunas mentales?

Nunca he sabido de un colegio privado en Lima que beque a sus alumnos sólo por ser brillantes. Si éste fuera el caso del San Pedro, entiendo que deberían haber otros alumnos “brillantes” en el mismo colegio premiados con una beca. Además, hechos como éste ameritarían ser informados en la sección de noticias de la misma página web del colegio. Sin embargo, no encontramos nada de eso.

En el Perú es usual que las instituciones educativas privadas ofrezcan becas a los alumnos bajo dos condiciones: 1) que la situación económica de los padres se haya deteriorado hasta el punto de no poder pagar las pensiones mensuales, 2) que el alumno tenga un buen rendimiento académico.

No tengo cómo verificar si se cumple la segunda condición en el caso de los Mendoza, pero definitivamente no parece cumplirse la primera desde el mismo momento en que nos enteramos de que en 2014, el mismo año en que el primogénito egresa del colegio, toda la familia se va de vacaciones a Punta Sal.

carlos_mendoza_punta_sal_2014

El doctor Carlos Mendoza y su familia vacacionando en Punta Sal (2014)

Según la cuenta de Facebook de Carlos Mendoza Chuy, en los años mencionados a continuación estuvo en los siguientes lugares:

2010 – Denver (Estados Unidos)
2011 – San Diego (Estados Unidos)
2011 – Asís (Italia)
2011 – Roma (Italia)
2013 – San Francisco (Estados Unidos)
2013 – Los Angeles (Estados Unidos)
2013 – Rio de Janeiro (Brasil)

Dado que aún era menor de edad, suponemos que los pasajes y los costos de viaje fueron pagados por sus padres. De lo cual se deduce que la situación económica de los Mendoza no habría sido tan precaria como para acceder a una beca en el marco de las condiciones habituales en que suelen ofrecerlas los colegios privados.

En resumen, hay una serie de hechos que hasta ahora no han sido explicados satisfactoriamente:

  1. El doctor Carlos Mendoza les da tratamiento a varios sodálites de comunidades sin exigirles ningún pago.
  2. Mendoza matricula a sus hijos en el Colegio San Pedro —que «forma parte de la familia Sodálite» según su página web— cuando esta institución todavía no contaba con años suficientes de existencia como para poder evaluar su nivel académico y habiendo otros colegios católicos en el mercado de muy buen nivel académico y mucho más económicos que el San Pedro.
  3. Al hijo mayor de Mendoza, Carlos Mendoza Chuy, se le otorga una beca sin que su padre sepa decir con certeza cuál es el motivo. O a lo mejor lo sabe, pero sería muy comprometedor decirlo.

Las explicaciones de Carlos Mendoza en el Congreso son a todas luces insatisfactorias. Aquí basta con unir los puntos para llegar a una hipótesis altamente probable. Esa tarea se la dejo al lector.

Sea como sea, las lagunas mentales del doctor Mendoza echarían una sombra de duda sobre la rigurosidad con las que pueda haber llevado las historias clínicas de sus pacientes sodálites. El mismo Mendoza ha manifestado que sólo él y el paciente tenían acceso a esas historias, con la diferencia de que sólo él era quien podía introducir datos e información en esos documentos, sin necesidad de consultarle previamente al paciente. Considerando los agujeros negros que se evidencian en su memoria en lo que se relacione con el Sodalicio, esas historias no podrían ser consideradas fidedignas por lo menos hasta que hayan sido sometidas a una auditoría externa. O hasta que el mismo paciente verifique si los datos contenidos en ellas concuerdan con lo que efectivamente sucedió en las sesiones de terapia y con lo que le comunicó en su momento el doctor Mendoza. Sería conveniente, por lo tanto, que los sodálites y ex-sodálites que hayan pasado por las manos de este psicoterapeuta le soliciten copia de sus historias médicas y las revisen concienzudamente.

Y al doctor Mendoza le recomendaríamos que empiece a tomar habitualmente Memorex, a ver si así se le refresca mejor la memoria y evita tantas lagunas mentales comprometedoras cuando tiene que declarar sobre sus vinculaciones con el Sodalicio.

________________________________________

FUENTES

Congreso de la República del Perú
Comisión Investigadora de Abusos Sexuales contra Menores de Edad en Organizaciones

 

Luis Fernando Figari
Un pensador inexplicablemente olvidado: Reaparece el Dr. Allers (2005)
https://web.archive.org/web/20070321075705/http://www.rudolfallers.info/figari2.html

La Opción V
¿Cómo puedo dejar de ver pornografía? (Diciembre 11, 2014)
https://laopcionv.wordpress.com/2014/12/11/manejo-de-la-adiccion-a-la-pornografia/#more-2871

Anuncios

DESERCIONES DEL SODALICIO

gabriel_pereyra

Gabriel Pereyra, uno de los desertores más importantes del Sodalicio

Cuando Alessandro Moroni, entonces Superior General del Sodalicio de Vida Cristiana, declaró el 20 de noviembre de 2018 ante la comisión del Congreso que preside el congresista Alberto de Belaúnde, reveló que son aproximadamente 160 los miembros del Sodalicio que viven un estilo de vida consagrada en comunidades, es decir, con promesas de obediencia y celibato. Es decir, unos cuatro gatos en comparación con otras instituciones religiosas, más aún si consideramos que en el año 1993, cuando por fin pude salir de la órbita de la vida comunitaria sodálite, el número de sodálites en actividad sería de unos 120. Eso no significa que no hayan seguido reclutando a un número considerable de miembros mediante sus usuales métodos agresivos de proselitismo. Lo que ocurre es que las defecciones también han sido numerosas a lo largo de su historia, hasta el punto de que el número de ex-miembros de la institución sería un múltiplo de la cantidad de miembros actuales.

En ese sentido, el Sodalicio ha funcionado como el sistema digestivo, asimilando lo que estuviera a su alcance para luego terminar desechándolo, hecho mierda en la mayoría de los casos. Como ha ocurrido, por ejemplo, con José Rey de Castro, quien tras haber vivido bajo un régimen de esclavitud moderna al servicio directo de Luis Fernando Figari durante décadas, arrastra un síndrome de estrés postraumático con consecuencias cardíacas además de dificultades de concentración y socialización, lo cual lo ha incapacitado para realizar determinados trabajos y reinsertarse plenamente en la sociedad. Un video reciente difundido en Facebook (https://www.facebook.com/oscarost/videos/10213555748788893/) lo muestra fuera de control vociferando en un restaurante de Santiago de Surco, indignado ante la propuesta de un par de curas sodálites que le ofrecen pagarle sólo una terapia a la vez que se le niega la justa reparación que se le debe por los daños personales sufridos y los años perdidos, mientras que a Figari se le “castiga” con una residencia propia en Roma y todos los gastos pagados de una vida decorosa hasta el fin de sus días. Se trata del mismo Sodalicio que en el comunicado final de su V Asamblea General dice que quiere «pedir sincero perdón a las víctimas de estos abusos y maltratos. Renovamos nuestro compromiso por hacer todo lo que esté en nuestras manos para seguir sanando estas heridas y sufrimientos en justicia y en caridad».

No a todos los que deciden separarse de la institución les ha ido tan mal. Por ejemplo, está el caso de Gabriel Pereyra, quien habría sido el primero en encontrar muerto a Germán Doig —cuyo certificado de defunción habría sido firmado por un ginecólogo perteneciente al Movimiento de Vida Cristiana sin que a éste se le permitiera ver el cadáver—. Pereyra habría sido apadrinado por Figari como un candidato a sucesor de Doig. Sin embargo, decidió separarse del Sodalicio al poco tiempo de hacerse públicos los abusos sexuales de Doig a través de la prensa escrita. Sería un testigo importante por los años transcurridos en el Sodalicio, por las responsabilidades que le fueron confiadas y por conocer las circunstancias que rodearon la misteriosa muerte de Doig. Hasta ahora no ha abierto la boca y ese silencio habría sido recompensado, pues parece que le va muy bien con su empresa de coaching empresarial Human Growth.

Las defecciones son muchas, y algunas de ellas importantes, como la de Javier Rodríguez Canales, quien fue asistente de apostolado en el Consejo Superior del Sodalicio cuando estallaron los escándalos en el año 2015; Gianfranco Zamudio, asistente de instrucción de ese mismo Consejo; Sebastián Correa Ehlers, el cura estrella del Sodalicio en Chile y durante algún tiempo director del Centro de Estudios Católicos —cuya página web está inactiva desde septiembre de 2016—; Alfredo Draxl —de parte de quien José Enrique Escardó sufrió graves abusos psicológicos y físicos—, actualmente director del Liceo Naval “Almirante Guise”; y faltan mencionar varios sacerdotes que recientemente han colgado los hábitos.

Por supuesto, el Sodalicio no comunica oficialmente estas deserciones. Al contrario, a través de videos ocasionales que cuelga en su página web, con ceremonias litúrgicas donde aparecen ordenaciones de diáconos y sacerdotes o emisiones de promesas vinculantes por parte de nuevos laicos consagrados perpetuos, intenta maquillar los fracasos de su historia y presentar una imagen de institución triunfante bendecida por Dios y por la Iglesia.

La verdadera historia del Sodalicio está en las heridas psicológicas y espirituales de aquellos que han desertado de la institución, historia de la cual apenas se sabe una pequeñísima parte. Recién está empezando a ser contada.

CURAS VIOLANDO NIÑOS

eca

Miembros y simpatizantes de la organización global de víctimas de abusos ECA (Ending Clergy Abuse) en la Plaza San Pedro en el Vaticano (18 de febrero de 2019)

Cuando se habla de abuso sexual en la Iglesia, inmediatamente se viene a la cabeza de muchos, incluidos periodistas, el cliché de “curas violando niños”. Ocurre que la nefasta plaga del abuso sexual es en realidad mucho más amplia y compleja de lo que expresa esa frase, y flaco favor se le hace a cientos de miles de víctimas cuando se trata de describir el fenómeno con esas tres palabras.

Primero, porque los abusadores no sólo se cuentan entre los sacerdotes y obispos, sino también entre personas con autoridad sobre otros en la Iglesia, es decir, religiosos y religiosas así como laicos con una responsabilidad pastoral.

Segundo, la violación se entiende comúnmente como forzar a otro a un acto sexual mediante violencia física o amenazas. Y la mayoría de los casos conocidos de abuso sexual carecen de estos componentes, pues lo que hubo fue seducción, engaño, manipulación mental y abuso de confianza dentro de una relación espiritual asimétrica, donde la víctima se encontraba en situación vulnerable frente a un agresor en el cual confiaba como representante de un poder divino.

Para complicar más aún las cosas, estas circunstancias no se consideran en el Código de Derecho Canónico (canon 1395), donde sólo hay penas para «el clérigo que cometa […] un delito contra el sexto mandamiento del Decálogo» cuando «este delito haya sido cometido con violencia o amenazas, o públicamente o con un menor que no haya cumplido dieciséis años de edad». En los demás casos ni siquiera se hace la diferencia entre si hubo consentimiento libre en la contraparte del clérigo fornicario o puro sometimiento por miedo, perplejidad, vergüenza o quién sabe qué más motivos que atenazan la voluntad de quienes se encuentran en tal situación. Para el derecho eclesiástico, si de parte del clérigo no hubo violencia ni amenazas, su contraparte no puede ser considerada una “víctima” sino un “cómplice de pecado”.

Tercero, los abusos contra niños constituyen sólo la punta del iceberg del problema, pues por cada niño víctima de abusos hay varios adultos que han sido sometidos sexualmente por clérigos y personal pastoral de la Iglesia católica. Circunscribir el delito sexual a las acciones cometidas en perjuicio de niños invisibiliza a tantas víctimas mayores de edad que han sufrido algo similar.

Con frecuencia me he sentido fastidiado cuando periodistas o participantes de las redes sociales han querido aplicar el dictamen de “curas violando niños” al Sodalicio, consiguiendo así únicamente soterrar las verdaderas dimensiones del problema.

Ninguno de los abusadores sexuales identificados hasta ahora en el Sodalicio son curas, sino laicos consagrados, es decir, algo así como religiosos sin hábitos.

En el Sodalicio nunca se violó a nadie. Todos los abusos sexuales fueron perpetrados mediante el engaño y el abuso de confianza, obteniendo de este modo el consentimiento de la víctima. Éste consentimiento no era libre, pues se basaba sobre una especie de lavado de cerebro y de reforma mental lograda mediante adoctrinamiento y manipulación psicológica.

Además, por lo que se sabe hasta ahora, no ha habido ningún niño entre las víctimas. Ciertamente hubo abusos de jóvenes menores de edad, la mayoría de ellos imputables a Jeffery Daniels, pero el perfil de las víctimas de los demás abusadores, incluyendo a Figari, corresponde mayormente a la de jóvenes que ya habían alcanzado la mayoría de edad.

Caracterizar a Luis Fernando Figari como un “violador de niños” esquiva el problema y no ayuda a afrontarlo. Pues Figari era más que nada un carismático persuasor, un seductor de mentes, que sometía psicológicamente a sus seguidores y anulaba sus voluntades, con las mismas estrategias que empleaban otros líderes de sectas. Para ello analizaba las características psicológicas de sus posibles víctimas a fin de escoger sólo a aquéllas que pudieran caer en su trampa. Y si por algún rezago de conciencia alguna de ellas mostraba resistencia a sus avances, usualmente era dejada de lado y se libraba del abuso sexual, pero no del abuso psicológico que era pan de todos los días en las comunidades sodálites.

Si se quiere avanzar en la prevención y en el logro de justicia en el caso Sodalicio, hay que entender la estructura del abuso sexual que no es propiamente “violación” y el abuso psicólogico que subyace al anterior, además de visibilizar correctamente a las víctimas como adolescentes menores de edad pero principalmente jóvenes mayores de edad en situación vulnerable.

Lo demás —la continua repetición de clichés sensacionalistas sobre la pederastia clerical— no ayuda.

(Columna publicada en Altavoz el 25 de febrero de 2019)

ENTREVISTA SOBRE MONS. EGUREN

arzobispo_eguren

El 5 de febrero la periodista Elise Harris de Crux, noticiero online católico de propiedad independiente, publicó el artículo “Witness says prelate suing journalist is only a product of his formation” sobre la querella de Mons. José Antonio Eguren contra los periodistas Pedro Salinas y Paola Ugaz, para lo cual me hizo una entrevista escrita a la que respondí el 31 de enero, buscando ser lo más objetivo y ponderado posible.

Reproduzco a continuación la entrevista completa.

________________________________________

Usted ha mencionado que ha vivido con Eguren mientras fue miembro del SCV. ¿Cómo fue su experiencia de vivir con él?

Eguren siempre ha sido una persona simpática, de carácter risueño, muy sentimental y cariñosa, que se preocupaba por los otros miembros de la comunidad. Era afable en el trato y no utilizaba palabras groseras ni insultos cuando hablaba con alguien, ni siquiera con sus subordinados, a diferencia de otros sodálites con responsabilidad, que estaban habituados al lenguaje grosero y a los insultos, comenzando por el mismo Luis Fernando Figari. Como sacerdote, se preocupaba, al igual que otros clérigos sodálites, por un cumplimiento minucioso y detallado de las normas litúrgicas. La convivencia con él no era particularmente problemática. Tiene todas las cualidades para ser considerado un sacerdote ejemplar, más aun cuando no se sabe que haya cometido abusos seriamente graves.

Sin embargo, carece de capacidad analítica y espíritu crítico, y eso lo ha llevado a ponerse al servicio del Sodalicio, sus principios y su ideología con lealtad incondicional. Su postura conservadora y rígida en temas de fe católica y moral —propia del Sodalicio— lo lleva a descalificar a personas que piensen distinto a él y a cerrarse al diálogo.

Eguren también era ejemplar en su lealtad a Luis Fernando Figari, a quien nunca le cuestionó nada. Más bien, dentro de los cargos de responsabilidad que desempeñó en la institución (superior de una comunidad por breve tiempo, miembro del Consejo Superior, consejero espiritual) siempre buscó aplicar al pie de la letra las directivas de Figari. Y ciertamente, fue testigo del modo de vida que tenía Figari y que ha sido descrito con exactitud en el informe final de la Comisión de Ética para la Justicia y la Reconciliación. Sin embargo, o no ha sido capaz de ver los excesos y desórdenes que ese modo de vida implicaba, o simplemente ha preferido mantenerse en silencio por fidelidad a la institución. De hecho, nunca se ha pronunciado negativamente ni sobre Figari ni sobre Germán Doig, y mucho menos ha tenido palabras hacia las víctimas del Sodalicio.

En su opinión, ¿hay fundamento para las cosas que han sido publicadas sobre él (que fue parte de la cúpula del SCV, que participó de abusos físicos y que supo de abusos sexuales, etc.)?

La generación fundacional del Sodalicio, según el concepto de Luis Fernando Figari, estuvo integrada en su mayor parte por un grupo de alumnos egresados del Colegio Santa María (Marianistas) de Monterrico en los años 1972 y 1973 —a saber, José Ambrozic, Germán Doig, José Antonio Eguren, Emilio Garreaud, Alfredo Garland, Luis Cappelleti (ex-sodálite), Raúl Guinea, Franco Attanasio (ex-sodálite), Juan Fernández (ex-sodálite)— pero también pertenecen a ella Virgilio Levaggi (ex-sodálite, Colegio Italiano Antonio Raimondi), Jaime Baertl y Alberto Gazzo (ex-sodálite), ambos del Colegio de la Inmaculada (Jesuitas). Fue con estas personas que Figari consolidó un grupo que le seguía fielmente y que serviría para darle forma a la institución y desarrollar la ideología y la disciplina sodálites. En ese sentido, puede decirse que Eguren colaboró en la edificación y aplicación del sistema sodálite que, en mi opinión, tiene características sectarias y ha permitido que se cometieran abusos psicológicos y físicos bajo la excusa de ser parte de una formación espiritual cristiana.

Eguren ayudó a a aplicar medidas humillantes contrarias a la dignidad de las personas. Pero hay que tener en cuenta que lo que hizo no se diferencia sustancialmente de lo que hacían otras personas con cargos de responsabilidad en el Sodalicio, que probablemente no eran conscientes de la gravedad de lo que hacían. Pues debe haberle sucedido lo que me sucedió a mí. Yo fui testigo de una multitud de abusos durante el tiempo que viví en comunidades sodálites (1981-1993). Sin embargo, me demoré más de una década en comprender que lo que vi eran realmente abusos, pues había sufrido una reforma del pensamiento (o control mental) tal como el que se suele dar en organizaciones sectarias y durante mucho tiempo creí que los abusos dentro de las comunidades sodálites eran en realidad procedimientos legítimos dentro de una institución católica donde se busca la perfección cristiana. De hecho, recién tomé la decisión de apartarme del Sodalicio por estos motivos en el año 2008.

Hay otros que han testimoniado que Eguren supo de algunos abusos sexuales. Yo mismo no lo puedo asegurar con certeza. Pero sí puedo decir sin lugar a duda que Eguren vio lo mismo que yo vi en las comunidades y que he descrito brevemente en mi artículo ¿COMPLICIDAD Y ENCUBRIMIENTO? – RESPUESTA A MONS. EGUREN.

¿Ha hablado usted con Eguren o ha tenido algún contacto con él desde que le envió una carta notarial por lo que usted ha publicado?

Ni antes de recibir la carta notarial ni después he tenido alguna comunicación con Eguren. Más aún, desde que dejé el Perú y vine a Alemania en el año 2002 no lo he visto personalmente ni conversado con él. Sólo sé que el abogado de Eguren, Percy García Cavero, ha utilizado en su argumentación una frase de mi artículo mencionado («retractándome de lo que dije en mi columna anterior, no puedo ahora afirmar con certeza que seas cómplice y encubridor»), sacándola de contexto, pues el párrafo completo dice lo siguiente: «De todos modos, no sé en qué medida eras consciente de lo que implicaban estas cosas en el momento de hacerlas y, conociéndote, no dudo de que hayas actuado de buena voluntad, por lo cual, retractándome de lo que dije en mi columna anterior, no puedo ahora afirmar con certeza que seas cómplice y encubridor. Pero independientemente de tus intenciones, lo que has hecho se parece objetivamente mucho a eso».

Usted ha sido testigo de Pedro Salinas en la querella de Eguren en Piura. ¿Puede decirme qué testimonio ha rendido? ¿Cree usted que puede ayudar en este caso?

Lo que testimonié ante el juzgado de Piura donde se está ventilando la querella de Mons. Eguren contra Pedro Salinas es básicamente lo que se señala en el artículo mencionado sobre la pertenencia de Eguren a la generación fundacional del Sodalicio y las cosas que yo vi en comunidades y de las que él también fue testigo. El abogado de Eguren ha tratado de presentar a Pedro Salinas como parte de una organización que conspira contra la Iglesia (The Accountability Project, actualmente ECA Ending Clergy Abuse) y a mí como un colaborador suyo que coordina con él lo que voy a escribir, cuando en realidad nunca hemos coordinado qué íbamos a escribir y cada uno lo ha hecho por su cuenta con total libertad e independencia. Además, Pedro es agnóstico y liberal; yo, en cambio, soy católico creyente y socialcristiano.

No creo que mi testimonio ayude, pues el abogado de Eguren no profundizó mucho en las preguntas, y por la brevedad del interrogatorio en una sesión donde yo fui el único testigo, tuve la impresión de que se trataba de una pura formalidad en un caso donde el veredicto sea probablemente condenatorio. Indicio de esto es que ya está anunciado que va a haber una sentencia a fines de marzo, es decir, el proceso habrá durado menos de cuatro meses, cuando lo común es que la duración de un proceso de este tipo no baje de los 18 meses.

No estoy segura de cuánto tiempo ha vivido fuera de Lima, pero aún así ¿cuál es su impresión del cardenal Cipriani? ¿Cree usted que es culpable de encubrimiento, de lo cual ha sido acusado?

En el caso de Cipiani, yo creo que habido sobre todo negligencia, pues siempre ha negado la responsabilidad que tenía en el Tribunal Interdiocesano de Lima, donde ingresaron las primeras denuncias contra Figari. Eso lo he explicado detalladamente en mi artículo LA RESPONSABILIDAD DEL CARDENAL CIPRIANI EN EL CASO SODALICIO. Por otra parte, su preocupación ha estado en el mal ejemplo que dan personas de vida consagrada cometiendo abusos sexuales, pero no se ha preocupado jamás por el daño cometido en perjuicio de las víctimas. Y para empeorar la cosa, ha defendido a la institución, asumiendo la teoría de que los abusadores son solamente manzanas podridas en una canasta construida por Dios. No es de extrañar, pues el Sodalicio como institución siempre ha apoyado a Cipriani, y el informativo católico ACI Prensa, dirigido por el sodálite Alejandro Bermúdez, siempre ha informado positivamente sobre Cipriani, incluso cuándo éste ha tenido declaraciones polémicas.

No tengo conocimiento de que Cipriani se haya reunido con autoridades del Sodalicio para hablar sobre el tema de los abusos. Lo que sí sé con absoluta certeza es que nunca se ha reunido con víctimas del Sodalicio, mucho menos se ha comunicado con aquellas que presentaron sus denuncias en el Tribunal Interdiocesano de Lima, desatendiendo una obligación pastoral recomendada por el Papa Francisco.

En conclusión, Cipriani no ha contribuido en nada a que se esclarezcan los abusos del Sodalicio y ha preferido que el tema salga lo menos posible a la opinión pública.

¿Cuál es su impresión del nuevo arzobispo Carlos Gustavo Castilo Mattasoglio? ¿Le conoce, y cree usted que él será de ayuda para las víctimas del SCV?

Lo único que sé sobre el nuevo arzobispo de Lima, Carlos Castillo Mattasoglio, es lo que leo a través de los medios. Ciertamente, tengo esperanzas de que decida abrir una investigación independiente sobre el Sodalicio, pero no sé en qué medida sea esto posible. Por lo pronto, veo positivamente que haya anunciado una reunión con víctimas del Sodalicio.

________________________________________

REFERENCIAS

Altavoz
Carta notarial de Mons. José Antonio Eguren por columna de Martin Scheuch (24 de agosto, 2018)
https://altavoz.pe/2018/08/24/117852/carta-notarial-de-mons-jose-antonio-eguren-por-columna-de-martin-scheuch/

Crux
Witness says prelate suing journalist is only a product of his formation (Feb 5, 2019)
https://cruxnow.com/church-in-the-americas/2019/02/05/witness-says-prelate-suing-journalist-is-only-a-product-of-his-formation/

LA LETRA MUERTA DEL SODALICIO

ejercicios_espirituales_durante_la_v_asamblea_general_del_sodalicio_de_vida_cristiana

Momento de “comunión fraterna” en los Ejercicios Espirituales durante la V Asamblea General del Sodalicio de Vida Cristiana

El 27 de enero finalizó la V Asamblea General del Sodalicio, la primera supervisada por altas autoridades eclesiásticas: el cardenal Joseph Tobin, delegado vaticano ad nutum para el Sodalicio; Mons. Noel Londoño, C.Ss.R., comisario apostólico; fray Guillermo Rodríguez, O.F.M, comisario apostólico adjunto y el P. Gianfranco Ghirlanda, S.J., asistente pontificio.

Participaron más de cien sodálites profesos perpetuos, entre ellos:

  • Ricardo Trenemann y Óscar Tokumura, denunciados penalmente por asociación ilícita para delinquir y lesiones graves, además de que el primero tiene en su haber denuncias de abusos sexuales cuando era superior de una comunidad en São Paulo, lo cual fue de conocimiento de Alessandro Moroni (según declaración ante la Fiscalía en febrero de 2017);
  • Luis Ferroggiaro, sacerdote denunciado mediáticamente por Jason Day y luego por unos padres de familia ante el arzobispado de Arequipa por comportamiento indebido con un menor;
  • Javier Leturia, denunciado por abuso sexual con una menor (según Rocío Figueroa), aunque Moroni declaró ante la Fiscalía que se trató de un pecado sexual consentido entre adultos;
  • Enrique Elías y Alessandro Moroni, denunciados penalmente por «encubrimiento personal y real, obstrucción a la justicia, omisión de denuncia [y] delitos contra la libertad sexual en calidad de cómplices» (Diario Correo).

Hasta ahora no se han investigado a fondo estas denuncias ni existe ningún comunicado oficial del Sodalicio sobre la situación estos sodálites aún en actividad. Aparentemente, siguen su vida felices y contentos como si no hubiera pasado nada y aparecen chinos de risa en la foto final oficial de la V Asamblea, junto con Jaime Baertl y José Ambrozic, quienes también tienen serios cuestionamientos.

En el comunicado de la V Asamblea del 26 de enero se dice:

«Reconocemos que en nuestro pasado, sobre todo en algunos ámbitos, se han dado prácticas o aproximaciones que no reflejaron el Evangelio y fueron incluso contrarias a la vocación que indignamente hemos recibido de Dios. Hubo autorreferencialidad, soberbia, poca apertura, poca capacidad de escucha y de autocrítica para aceptar los errores y faltas en su momento. Por todo ello pedimos perdón».

Sin embargo, el documento mismo respira “autorreferencialidad” por todos lados, como si los sodálites vivieran en un mundo paralelo. Dicen que no pueden considerar a Figari como un referente espiritual; sin embargo, varios textos publicados por otros sodálites y la doctrina que profesan actualmente sigue siendo un calco de lo que enseñaba y escribía Figari. Señalan que los abusos de Figari fueron «denunciados e investigados por nuestra comunidad y la Santa Sede», olvidando que ni el Sodalicio ni la Santa Sede hicieron las denuncias, sino las víctimas y el periodismo de investigación. Mencionan «las investigaciones que la comunidad solicitó y llevó a cabo con la ayuda de expertos externos», pero pasan por alto la investigación de años que realizaron Pedro Salinas y Paola Ugaz cristalizada en el libro Mitad monjes, mitad soldados, además de ignorar las investigaciones y análisis que yo mismo fui publicando desde noviembre de 2010 y que llevaron, por ejemplo, a que se conociera el caso de Jeffery Daniels gracias a los testimonios de Mauro Bartra y Álvaro Urbina. Y sobre todo no le dan ningún crédito a la Comisión de Ética para la Justicia y la Reconciliación convocada por el Sodalicio mismo, que determinó un número de más de cien víctimas, superior a las 66 de la comisión de expertos externos.

Sobre la base de la petición de perdón que se hace a las víctimas de abusos y maltratos y el compromiso de «seguir sanando estas heridas y sufrimientos en justicia y en caridad», el 31 de enero le envié un e-mail a cuatro sodálites (Alessandro Moroni, Fernando Vidal, José Ambrozic, Jorge Olaechea), solicitándoles los datos de contacto de José David Correa, el nuevo Superior General del Sodalicio, a fin de iniciar un diálogo reconciliador, pues —como les decía— entiendo que las palabras del comunicado «no están dichas para quedarse en el plano de lo general, sino que se está dispuesto a hacer esto mismo personalmente con cada uno de quienes han sido heridos o maltratados por los hechos luctuosos ocurridos en el Sodalicio». A día de hoy no he recibido respuesta.

Todo ello me lleva a la conclusión de que el Sodalicio sigue siendo el mismo de siempre. Hay falta de transparencia, pues a pesar de que ellos afirman que han cambiado, nadie sabe en qué consisten esos cambios. La soberbia de creerse dueños de la verdad sigue allí, manifiesta en su burda manipulación de la realidad. Siguen resistiéndose a las críticas, siendo emblemática la denuncia de Mons. Eguren contra los periodistas Pedro Salinas y Paola Ugaz, que han criticado con fundamento al Sodalicio y al arzobispo sodálite. Y su pedido de perdón a las víctimas en general parece ser sólo un mensaje para la platea, pues no han dado señales de querer hacer lo mismo personalmente con cada uno de los afectados.

Al final, su comunicado resulta ser letra muerta, mero papel mojado.

(Columna publicada en Altavoz el 4 de febrero de 2019)

________________________________________

La “autorreferencialidad”, que aparece en el comunicado en el n.º 5, se manifiesta en el texto inmediatamente después ser mencionada.

«Con el auxilio del Espíritu, creemos haber dado un paso adelante en la toma de conciencia de estos hechos [contrarios al Evangelio] y sus alcances, para poder ver la realidad cada vez más con los ojos de Dios.

Esto nos ha llevado a ver las abundantes bendiciones que son también parte de nuestra historia. Atesoramos los momentos de comunión fraterna en torno al Señor, vividos en oración, amistad, solidaridad y apostolado que han forjado nuestra identidad y que hemos experimentado renovadamente durante nuestra Asamblea». (n.º 5-6).

Es decir, los sodálites consideran como bendiciones lo bien que lo han pasado entre ellos —y que lo siguen pasando—, y no mencionan lo mal que se lo hacen pasar a quienes decidan ya no participar de esta “comunión fraterna”. Cuando precisamente una señal de que se sigue el Evangelio sería la preocupación efectiva por aquellos que legítimamente han decidido separarse de la institución, sin que haya ninguna falta grave de por medio, y se enfrentan a una situación de desamparo y falta de oportunidades. Hasta ahora no hay señales por parte del Sodalicio de querer salir al encuentro de estas personas, sobre todo aquellas que han sido víctimas. Una vez cerrado el capítulo de la comisión de expertos externos, no se han implementado mecanismos de ayuda ni asignado personas para seguir atendiendo a las víctimas conocidas y a las que todavía puedan seguir apareciendo.

Otra cosa que deja muy mal sabor de boca es cuando se dice que

«agradecemos a la Sede Apostólica que nos permita llevar a cabo el proceso de residencia impuesta fuera de una comunidad sodálite de Luis Fernando Figari que las autoridades del Sodalicio pidieron hace varios años, y que hoy, habiendo sido rechazados sus recursos a la Signatura Apostólica, podrá hacerse efectivo» (n.º 7).

En vez de lamentarse de que no se haya podido finalmente expulsar del Sodalicio a Figari, «a quien no podemos considerar como un referente espiritual para nuestra vida sodálite», agradecen que por fin pueda vivir solo en una residencia, estando todos sus gastos solventados hasta el fin de sus días por el Sodalicio, una especie de “castigo” que ya quisiera recibir el común de los mortales.

Asimismo, recién nos enteramos de que era falso lo que Alessandro Moroni dijo en un comunicado del 10 de febrero de 2017:

«El Sr. Luis Fernando Figari será retirado de la comunidad sodálite, donde permanecía por orden de la Santa Sede y será destinado establemente a una residencia en la que no exista una comunidad del Sodalicio, y donde pueda llevar una vida modesta de oración y retiro.

Cumpliendo la orden de la Santa Sede, se proporcionará al señor Figari las condiciones adecuadas para una vida sobria, de recogimiento y oración, por los graves actos cometidos».

Eso explicaría la presencia del P. Gonzalo Len, del P. Héctor Velarde, de Kenneth Pierce y otros sodálites en el departamento de Figari en Roma.

Por otra parte, no sabemos cómo van a fiscalizar que Figari tenga efectivamente una vida de recogimiento y oración. Muy bien podría salir a pasear y viajar como le plazca, banquetearse a su gusto o ver pornografía con frecuencia —como era su costumbre—, entre otros placeres accesibles en su retiro burgués, sin que a ningún sodálite le importe un comino lo que él haga, como ocurrió durante las casi cuatro décadas en que fue Superior General del Sodalicio.

Si a los sodálites les interesara de verdad la justicia y el respeto hacia las víctimas, deberían estar viendo la manera en que Figari responda ante la justicia peruana por los delitos de que se le acusa y termine con sus huesos en la cárcel, en vez de protegerlo y considerar que es un castigo vivir fuera de una comunidad sodálite. Aquellos que hemos vivido en tales comunidades y nos hemos retirado de ellas sabemos que es todo lo contrario: una bendición y una liberación que Figari no merece. Además podrían ahorrarse el dinero dedicado al dispendioso sustento de Figari para invertirlo en reparaciones más justas para las víctimas.

A todo esto, hasta ahora nadie ha explicado de dónde proviene el dinero para pagarle sus honorarios al Dr. Armando Lengua Balbi, abogado de Figari y uno de los más caros del Perú. Considerando que desde los años 70 Figari nunca ha trabajado, suponemos que es el mismo Sodalicio el que estaría asumiendo estos costos, mientras que la mayoría de las víctimas no tienen dónde caerse muertas, muchos menos tienen lo suficiente como para costearse un abogado. De ser esto cierto, el Sodalicio estaría otra vez protegiendo al perpetrador y abusando de las víctimas.

________________________________________

FOTO OFICIAL DE LA V ASAMBLEA GENERAL DEL SODALICIO
v_asamblea_general_del_sodalicio_de_vida_cristiana

De izquierda abajo y en el sentido de las agujas del reloj: Óscar Tokumura, Enrique Elías, Alessandro Moroni, Ricardo Trenemann, José Ambrozic, Luis Ferroggiaro, Jaime Baertl y Javier Leturia

________________________________________

E-MAIL ENVIADO EL 31 DE ENERO DE 2019 A ALESSANDRO MORONI CON COPIA A FERNANDO VIDAL, JOSÉ AMBROZIC Y JORGE OLAECHEA

Estimado Sandro:

Considero un paso positivo, aunque tardío, que quienes actualmente forman parte del Consejo Superior del Sodalicio sean personas que no han tenido ningún cargo de responsabilidad en el momento en que ocurrieron los abusos en el Sodalicio, con lo cual están cumpliendo por fin con una de las recomendaciones de la Comisión de Ética para la Justicia y la Reconciliación, aunque sea parcialmente, pues todavía hace falta hacer lo mismo con todos los superiores de comunidades y consejeros espirituales.

Asimismo, le tomo la palabra a lo que se dice en el comunicado de la V Asamblea:

«Como Asamblea queremos pedir sincero perdón a las víctimas de estos abusos y maltratos. Renovamos nuestro compromiso por hacer todo lo que esté en nuestras manos para seguir sanando estas heridas y sufrimientos en justicia y en caridad, y evitar que acciones como éstas vuelvan a ocurrir» (n° 4).

«A quienes se han sentido heridos o se han distanciado, les rogamos acojan esta petición de perdón y esperamos con el paso del tiempo podamos restablecer la comunión y amistad» (n° 9).

Entiendo que estas sinceras palabras no están dichas para quedarse en el plano de lo general, sino que se está dispuesto a hacer esto mismo personalmente con cada uno de quienes han sido heridos o maltratados por los hechos luctuosos ocurridos en el Sodalicio.

Por eso mismo, te agradecería que me envíes las señas de José David Correa para poder iniciar un diálogo personal al respecto. Puede ser dirección de correo electrónico, teléfono fijo o móvil, o usuario de Skype.

Este pedido también se dirige a aquellos a quienes se envía este mensaje en copia.

En caso de no recibir respuesta o no se acceda a mi pedido, no quisiera que José David se entere a través de los medios de que he querido iniciar un diálogo reconciliador con él y sus subordinados me han negado esta posibilidad, además de que el comunicado del Sodalicio quedaría como letra muerta, como mero papel mojado.

Un cordial saludo

Martin Scheuch

________________________________________

FUENTES

Caretas
El Canto de Moroni (Jueves, 2 de Marzo de 2017)
http://caretas.pe/sociedad/78370-el_canto__de_moroni

Diario Correo
Fiscalía pide documentos sobre Cipriani por presunto encubrimiento al Sodalicio (08 de Agosto del 2018)
https://diariocorreo.pe/peru/fiscalia-documentos-cipriani-presunto-encubrimiento-sodalicio-834784/

Sodalicio de Vida Cristiana
Mensaje de Alessandro Moroni sobre Luis Fernando Figari (10 Feb 2017)
https://sodalicio.org/comunicados/mensaje-de-alessandro-moroni-sobre-luis-fernando-figari/
Comunicado de la V Asamblea: Perdón y Reconciliación (27 Ene 2019)
https://sodalicio.org/noticias/comunicado-de-la-v-asamblea-perdon-y-reconciliacion/
Clausura de la V Asamblea y fin del Comisariamiento del Sodalicio (28 Ene 2019)
https://sodalicio.org/noticias/clausura-de-la-v-asamblea-y-fin-del-comisariamiento-del-sodalicio/

LAS VÍCTIMAS INVISIBLES

doris_wagner

Doris Wagner

En el año 2003, a la edad de 19 años, la alemana Doris Wagner se unió en el convento Thalbach en Bregenz (Austria) a la congregación religiosa Familia Spiritualis Opus, conocida en alemán como “Das Werk” (“La Obra”), la cual recibió el apoyo del cardenal Leo Scheffczyk (1920-2005) y del cardenal Joseph Ratzinger, el cual es considerado un amigo que ha visitado con frecuencia sus casas y que incluso predicó la homilía en la misa de acción de gracias por la aprobación pontificia de la institución en el año 2001.

Como monja, Doris fue sometida a una disciplina basada sobre la obediencia extrema que paulatinamente fue sometiendo a control toda su vida, anulando su voluntad y enajenando su propia identidad. De modo que en el año 2008, cuando contando con 24 años de edad vivía en una de las casas de la comunidad en Roma y un sacerdote de la congregación se presentó en su dormitorio, la desnudó y abusó sexualmente de ella, la posibilidad de resistirse ya no existía.

Así lo cuenta Doris con sus propias palabras: «Yo ya no podía ofrecer resistencia. Mi primer pensamiento fue: ¿está haciendo eso realmente? Y yo lo sabía: sí, él está haciendo eso ahora y no le podré contar nada a nadie al respecto. Yo también sabía: aquí hay algo malo, que Dios no quiere. Eso fue la ocasión para cuestionar ese ideal de abandono de sí mismo y poder salir poco a poco de esa ideología. Suena paradójico, pero quizás no hubiera podido nunca salir adelante si no hubiera ocurrido esa agresión».

Doris se demoraría tres años más en juntar el valor para dejar la congregación en noviembre de 2011, psicológica y moralmente devastada, y algunos meses más tarde denunciaría el abuso sufrido ante la policía alemana y la Iglesia católica.

Pero la circunstancia de ser mayor de edad jugaría en su contra. La Fiscalía archivó el caso porque el hecho no ocurrió en Alemania, ella tampoco se defendió y la dependencia psicológica no era razón suficiente para considerar el hecho como un abuso tratándose de una mujer adulta. No se tomó en cuenta la estructura de la congregación y el desamparo e indefensión psicológicos generados por una disciplina de características sectarias. En el mejor de los casos, se trataría solamente de coerción sexual.

La Iglesia tampoco hizo nada. El sacerdote fue removido de su puesto en Roma y, dado que había mostrado arrepentimiento y hecho penitencia, se le asignó otras tareas, como las finanzas internas de la institución. El caso quedaba así zanjado.

La versión oficial de la congregación fue que se había tratado de amor mutuo. En palabras del P. Georg Gantioler, director del convento Thalbach, «ambos confluyeron en esa casa en Roma. La confianza se convirtió en intimidad y luego se llegó precisamente al contacto sexual. Según la versión de nuestro hermano, eso ocurrió de mutuo consentimiento».

Doris, en cambio, discrepa de esa versión: «Yo tenía angustia mortal y le pedí que no siguiera. Él simplemente continuó. A él ni le preocupó. Dolió terriblemente».

El drama de Doris Wagner no es un caso excepcional. Ella misma cuenta que en un estudio realizado en Estados Unidos en los años 90 se llegó a la conclusión de que 30% del total de las religiosas habían sufrido alguna forma de abuso. Y probablemente callaron por vergüenza, o por sentimientos de culpa inducidos por la formación religiosa, o porque pensaban que no iban a ser escuchadas. Lo cierto es que ni los tribunales civiles ni la Iglesia católica suelen tener en cuenta la relación de desigualdad que existe en estos casos, ni el grado de vulnerabilidad de la persona que confía en alguien con autoridad que comete el abuso, más aun cuando la presunta víctima es mayor de edad y se supone que sabe lo que hace.

En Australia, la psicóloga clínica Gerardine Robinson, especializada en tratamiento de abuso sexual clerical, indica que las investigaciones sugieren que por cada niño abusado por clérigos o religiosos, habría cuatro mujeres y dos varones mayores de edad que han sido también víctimas.

Son invisibles, no reconocidas, como la mayoría de las víctimas del Sodalicio, a las cuales, en el caso de Luis Fernando Figari, un dicasterio vaticano —la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica—, en carta del 30 de noviembre de 2017, designó como «cómplices», porque no opusieron resistencia y eran mayores de edad, sin tener en cuenta que en una relación asimétrica de confianza la capacidad de resistirse había sido anulada previamente.

(Columna publicada en Altavoz el 28 de enero de 2019)

________________________________________

La carta mencionada, firmada por el cardenal prefecto João Braz y por Mons. José Rodríguez Carballo, O.F.M., señala que Figari «utilizó estrategias y modos de persuasión impropios, es decir solapados, arrogantes y de todos modos violentos e irrespetuosos del derecho a la inviolabilidad de la propia interioridad y discreción, y por lo tanto a la libertad de la persona humana de discernir con autonomía las propuestas o las decisiones. […] Numerosos testigos han afirmado concordemente que, siempre con el fin de manipular, de hacer dependientes y por lo tanto de controlar más que dirigir las conciencias, sobre todo de los jóvenes en formación, el Sr. Figari ha solicitado también, de modo improcedente y en cualquier caso excesivo, confidencias en el delicado ámbito de la sexualidad, y en algunos casos ha cometido actos contrarios al VI Mandamiento». Pero no se sacan las debidas conclusiones y se termina desconociendo a las víctimas como tales, sólo porque en el momento de los hechos tenían mayoría de edad según el derecho canónico (mayores de 16 años) y no fueron sometidos a violencia física. Se ignora la influencia determinante de la violencia psicológica, a pesar de que se la describe con precisión.

________________________________________

FUENTES

ZEIT ONLINE
Missbrauch in der Kirche: Die spirituellen Fallschirmspringer des Vatikan (20. April 2014)
https://www.zeit.de/gesellschaft/2014-04/katholische-kirche-das-werk-fso/komplettansicht

watson
30 Prozent aller Nonnen werden missbraucht. Doris Wagner war eine davon (8.11.18)
https://www.watson.de/leben/schweiz/155218466-30-prozent-aller-nonnen-werden-missbraucht-doris-wagner-war-eine-davon

The Age
Forgotten victims of priest sexual abuse. They were not children but could they consent? (9 December 2018)
https://www.theage.com.au/national/forgotten-victims-of-priest-sexual-abuse-they-were-not-children-but-could-they-consent-20181206-p50knj.html

OTRA MÁS DE MONS. EGUREN

mons_jose_antonio_eguren

El 10 de mayo de 2016 el estudio de abogados Benites, Vargas & Ugaz presentó una denuncia ampliatoria, acusando ante el Ministerio Público a ocho miembros y ex miembros del Sodalicio de los siguientes delitos: secuestro, lesiones graves y asociación ilícita para delinquir. Esto originó una carta fechada el 1° de junio de 2016 —firmada originalmente por 47 supuestos ex sodáliltes, a los cuales se sumarían posteriormente otros 22—, rechazando las denuncias en su totalidad porque «se le atribuye al Sodalicio haber sido creado y permanecido durante años como una organización criminal».

Aún así, los firmantes reconocían los delitos sexuales cometidos dentro de la organización, repudiando a sus autores, y añadían: «Nos solidarizamos con las víctimas de cualquier miembro o ex miembro del SCV y exigimos la asistencia inmediata de cada una de estas personas que sufren las secuelas de dichos actos ilícitos o inmorales».

En su carta notarial del 23 de agosto de 2018, Mons Eguren me remite a esa carta en el siguiente párrafo: «Si esa cultura [del sometimiento y del abuso] hubiese sido tal y generalizada, como usted la describe en su artículo, no se entendería al día de hoy por qué existen miembros del Sodalicio o ex sodálites agradecidos de haber pertenecido a esta sociedad de vida consagrada laical».

He revisado la carta de cabo a rabo y no he encontrado ninguna palabra de agradecimiento al Sodalicio. Incluso se menciona que «en algunos casos puede haberse dado alguna tensión tanto para nuestro ingreso como para nuestra salida del SCV», experiencia muy frecuente en todos los que somos ex sodálites.

La preocupación principal de los firmantes está en que no se les señale «como ex miembros de una organización criminal, pues durante nuestra pertenencia al SCV nuestra labor no tuvo relación alguna con actividades ilícitas de ningún tipo».

El sábado 1° de septiembre me llegó un e-mail de uno de los firmantes —que prefiere mantener su nombre en reserva—, indignado por la manera en que Mons. Eguren cita el documento, «a manera de negar la cultura de abuso generalizada al interior del SCV y viendo en ella un número importante de ex miembros agradecidos con la institución».

Según él, «se desvirtúa el contenido, del cual hoy no comparto varios puntos, pero que el obispo omite al momento de citar, como son los puntos iniciales en los que se repudia las conductas de Figari y compañía y la solidaridad con las víctimas.

La poca empatía y comprensión del caso Sodalicio en las palabras del obispo son desalentadoras por donde se las mire, habiendo pasado mucha agua debajo del puente y mucho tiempo en que su silencio ingenuamente fue entendido a manera de reflexión por quien te escribe. Se percibe en ellas un grado de soberbia no menor, amparado en su autoridad y las heridas heredadas de la institución que orgullosamente exhibe en su escudo arzobispal.

El mismo tiempo de silencio cómplice y nada reflexivo por parte de Mons. Eguren, fue el que me tomé para entender en su profundidad los daños ocasionados en mi persona en los años en que permanecí en el SCV. Fui de los que salió agradeciendo y de los que permanecí cercano a los varios trabajos apostólicos, pero que hoy los entiendo como una manera de saldar la culpa por mi “traición” al salir de la institución para responder a una vocación “menor”…»

Asimismo relata que «después de haber hablado con varios ex miembros, algunos firmantes del documento citado, me señalaron que no lo volverían a hacer pues entendieron que ello sólo alimentaba la ceguera y soberbia de los que, como Mons. Eguren, siguen la corriente “negacionista” dentro y fuera del Sodalicio».

A fecha de hoy, sólo tres de los ocho denunciados en el caso Sodalicio siguen en condiciones de tales (Luis Fernando Figari, Virgilio Levaggi y Óscar Tokumura), otras tres personas han sido añadidas como denunciados (Jeffery Daniels, Daniel Murguía y Ricardo Trenemann), y en la lista de agraviados se ha incluido junto con los cinco primeros denunciantes a otras nueve personas naturales —entre las cuales estoy yo— y una entidad del Estado.

Sabiendo que no es competencia del ámbito judicial determinar toda la verdad sobre un tema, sino investigar sólo la responsabilidad penal de personas a la que se les pueda demostrar haber cometido delitos, quienes somos sobrevivientes del Sodalicio y testigos veraces de lo que experimentamos allí seguiremos buscando la manera de que se haga justicia, aunque sea un obispo quien niegue con argumentos falaces la verdad de los hechos.

(Columna publicada en Altavoz el 3 de septiembre de 2018)

________________________________________

FUENTES

Carta notarial de Mons. José Antonio Eguren por columna de Martin Scheuch (24 de agosto, 2018)
https://altavoz.pe/2018/08/24/117852/carta-notarial-de-mons-jose-antonio-eguren-por-columna-de-martin-scheuch/

Denuncia penal ampliatoria contra 7 miembros y 1 ex miembro del Sodalitium Christianae Vitae (interpuesta el 10 de mayo de 2016)
https://de.scribd.com/doc/312903379/Denuncia-Sodalitium-Christianae-Vitae

Carta de 47 ex sodálites rechazando denuncia penal contra el Sodalicio (1° de junio de 2016)
https://de.scribd.com/doc/314749279/Carta-ex-soda-lites

________________________________________

Carta “Ya no soy de los 47”, escrita por uno de los firmantes de la carta abierta del 1° de junio de 2016 rechazando la denuncia penal contra el Sodalicio

Estimado Martín:

El motivo de esta carta es hacerte llegar la opinión de uno de los firmantes del documento en que 47 ex sodálites manifestaron su rechazo a la denuncia hecha por algunos otros ex miembros de la institución, y en la que se menciona al Sodalicio como una organización creada para delinquir, escrita y firmada el año 2016 y que hoy ha vuelto a tomar cierto protagonismo.

Lo primero que quiero dejar en claro es que escribo esto porque leí la carta notarial enviada por Mons. Eguren al diario Altavoz en relación a un artículo tuyo, donde el Arzobispo de Piura cita el documento por mí también firmado, a manera de negar la cultura de abuso generalizada al interior del SCV y viendo en ella un número importante de ex miembros agradecidos con la institución. La manera en cómo se cita dicho documento me motivó a escribirte porque se desvirtúa el contenido, del cual hoy no comparto varios puntos, pero que el obispo omite al momento de citar, como son los puntos iniciales en los que se repudia las conductas de Figari y compañía y la solidaridad con las víctimas. Líneas después, en el punto sexto se entiende que, si bien, varios entramos y salimos de forma libre del SCV, aquello no estuvo ajeno a manipulaciones y obstrucciones, no manifestando literalmente un sistema, pero sí dando testimonio de ello.

Los puntos finales del documento son los que desde el principio no estuve de acuerdo, pero que sin embargo no los tomé en cuenta para mi decisión de enviar mi aprobación final para poner mi nombre en él.

Mi real interés a participar de esta convocatoria hecha por redes sociales para la generación de este documento fue el de dejar en claro que no pertenecí a una organización criminal, y pensé que el autorizar poner mi nombre en él sería una buena y aliviadora señal para mi familia, la que aún no terminaba de digerir todo lo que escuchaba, leía y veía en la prensa. En otras palabras, mi intención fue la de decirle a mi familia: “no se sientan culpables. Ustedes no me permitieron ingresar a banda criminal disfrazada de institución religiosa.” Ya era suficiente la culpa y la vergüenza que sentían al saber dónde habían dejado ingresar a su hijo, no escuchando los comentarios de familiares, amigos y religiosos amigos de otras comunidades que recomendaban hacerme cambiar de opinión.

La poca empatía y comprensión del caso Sodalicio en las palabras del obispo son desalentadoras por donde se las mire, habiendo pasado mucha agua debajo del puente y mucho tiempo en que su silencio ingenuamente fue entendido a manera de reflexión por quien te escribe. Se percibe en ellas un grado de soberbia no menor, amparado en su autoridad y las heridas heredadas de la institución que orgullosamente exhibe en su escudo arzobispal.

El mismo tiempo de silencio cómplice y nada reflexivo por parte de Mons. Eguren, fue el que me tomé para entender en su profundidad los daños ocasionados en mi persona en los años en que permanecí en el SCV. Fui de los que salió agradeciendo y de los que permanecí cercano a los varios trabajos apostólicos, pero que hoy los entiendo como una manera de saldar la culpa por mi “traición” al salir de la institución para responder a una vocación “menor”, justamente lo citado en el punto seis de la carta firmada.

Hoy comprendo la intención de los denunciantes al describir al Sodalicio como una organización criminal. Me sigue generando rechazo pero entiendo que es la manera de encontrar justicia terrena contra quienes fueron causantes de mucho sufrimiento. Hoy también comprendo la insistencia de los periodistas y víctimas del SCV al seguir denunciando los abusos, y la común falta de comprensión y empatía con quienes ven en ello una manera de ganarse portadas en los diarios. La insistencia en estos casos son los que permitieron conocer lo que sabemos hoy en Perú, Argentina, Chile, Australia, Estados Unidos, por mencionar algunos.

También quiero señalar que hoy, después de haber hablado con varios ex miembros, algunos firmantes del documento citado, me señalaron que no lo volverían a hacer pues entendieron que ello sólo alimentaba la ceguera y soberbia de los que, como Mons. Eguren, siguen la corriente “negacionista” dentro y fuera del Sodalicio. Por otra parte y en honor a la verdad, quisiera informarte que de varios de ellos y en momentos diferentes me comentaron una situación de la cual yo no estaba enterado y de que me sentí utilizado y engañado. Algunos ex miembros del SCV que tenían la intención de firmar y otros que finalmente lo hicieron, se refirieron a que esta carta fue la consecuencia de una discusión entre uno de los denunciantes y uno de los firmantes, tenía tintes de problemas personales. En palabras de quienes me hicieron saber esto, la carta fue una cierta venganza para desacreditar la denuncia y, como escribí, de la que nos hicieron parte de forma utilitarista.

En todo caso, estimado Martín, quiero hacerte saber que hoy, aunque mi nombre esté dentro de la lista, no comparto el contenido ni el uso de la misma de la manera ya citada.

Te pido mantener en reserva mi nombre para no acrecentar el sufrimiento de mi familia, los que al igual que varias otras, son víctimas secundarias de todo esto y de los que lamentablemente no se sabe mucho.

Abrazo, uno de los 47, que hoy no firmaría el documento.