SEMANA SANTA Y UN POEMA

Golgotha (1900), de Edvard Munch

Golgotha (1900), de Edvard Munch

Desde hace varios años, cuando llega la Semana Santa, siempre trato de comprender un poco más la figura de Jesús, aquel que se nos revela en los Evangelios, y confieso que siempre me sorprende un poco más con algún que otro detalle que me llama la atención y que no había percibido antes con claridad. Asimismo, sigue desconcertándome y confieso que hay mucho que sigo sin comprender, pues el Jesús auténtico que aflora en la pluma de sus discípulos cercanos tiene el poder de cuestionar y romper los esquemas según los cuales guiamos y configuramos nuestras vidas. Incluso siendo ya cristianos. Ciertamente, ni siquiera muchos de quienes en la Iglesia tienen la tarea de presentarlo a la gente lo comprenden verdaderamente, transmitiendo muchas veces una versión fuertemente reinterpretada de su persona y su vida. Un Jesús acomodado al estilo de vida de ciertas élites y minorías, como justificación amaestrada de sus opciones éticas y existenciales. Ya lo decía Juan María Laboa en un artículo del 17 de junio de 2012: «Dios nos libre de estos libertadores que han descubierto que Jesús era burgués y que ya no es necesario preocuparse tanto por los pobres y marginados» (ver http://www.deia.com/2012/06/17/opinion/tribuna-abierta/de-cuervos-y-mayordomos-infieles).

Por mi parte, a lo largo de mi existencia he intentado en varias ocasiones aproximarme a ese misterio que es la Pasión y Muerte de Nuestro Señor Jesucristo, que se erige como arquetipo universal de algo que siempre ha sucedido en nuestro mundo desde tiempos remotos: el hombre inocente que busca hacer el bien viviendo en libertad termina siendo criminalizado y suprimido por la sociedad en que se desenvuelve. Y esto no sólo ocurre en las sociedades laicas, sino en el seno mismo de la Iglesia, donde las víctimas de abusos (piscológicos y sexuales) han solido ser difamadas, agredidas e incluso destruidas psíquicamente. Sólo por tener el valor de hablar de lo que sufrieron y reclamar la justicia que corresponde.

Mi testimonio sobre lo que para mí significa el martirio de Jesús ha quedado plasmado en canciones como El tiempo de la Pasión –que año tras año se ha venido cantando en estas épocas en las celebraciones litúrgicas de la Familia Sodálite, y espero que se siga haciendo–, así como en otras que lamentablemente permanecen inéditas: Ante tu imagen, Jesús y Espera de la luz. Incluso la “Misa de Cuerpo y Sangre presente” que he compuesto –aún inconclusa, pues falta componer el Credo– tiene como hilo conductor el sacrificio de Cristo en la Cruz.

Finalmente, este tema es materia del único poema que ha salido de mi inspiración –aunque la mayoría de mis canciones pueden ser vistas como “poemas cantados”–, y que ahora reproduzco en este blog, a fin de que no se pierda. Se trata de un texto de carácter experimental dispuesto en forma de cruz, que escribí hacia el año 2000. Y que todavía sigue reflejando los sentimientos que me embargan cuando me pongo a pensar en Jesús crucificado.

SANGRIFIXIÓN

ÁNGEL
°
la visión espeluznada
cuando el triunfo aherrojado
Lucifer avictoriado
en la hora apenumbrada
°
rayo trueno carcajada
mordiscada al relumbrero
sol de luces reverbero
desangrado a clavajadas
el Señor sangrificado
en tenebra del horario
estrujado hasta el osario
en mortero encalvariado
oscurado el planetario
mortajario al injuriado
luminario anegrurado
por las turbas del Calvario
°
desvariado el fratricida
que sendera luminero
sangra al hombre al carpintero
y es de Dios sangre vertida
°
y el que olvida el sufridero
que lo inculpa en su contorno
si negó calor su horno
es con sangre injusticiero
°
destilando hacia el encierro
coágulo de Dios vertido
impondrá sobre el olvido
el festín del desentierro
°
RESURRECCIÓN
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MARX EN EL VATICANO

Cardenal Reinhard Marx, durante la presentación de su libro “El Capital”

Cardenal Reinhard Marx. Así se llama el arzobispo de Múnich y Frisinga, uno de los miembros del G8, grupo de ocho cardenales elegidos por el Papa Francisco para asesorarlo en los graves asuntos con los que tiene lidiar la Iglesia actualmente.

Uno de esos asuntos es el Instituto para las Obras de Religión (IOR), más conocido como Banco Vaticano, de pésima reputación, pues además de ser un instrumento que ha servido para engrosar los bolsillos de algunos prelados inescrupulosos so pretexto de obras de caridad, también se ha prestado para canalizar sobornos a políticos italianos y lavar dinero de la mafia. No precisamente un ejemplo de la pobreza predicada por el Nazareno.

«Queremos que en adelante no haya ninguna otra ocasión de que el IOR dañe la reputación de la Santa Sede», ha declarado Marx. Quien ha sido elegido nuevo presidente del episcopado alemán, sabe muy bien del daño que causa a la Iglesia el afán desmedido de riquezas. Todavía resuena el caso de Franz-Peter Tebartz-van Elst, obispo destituido de Limburgo, quien se habría gastado nada menos que 31 millones de euros en las obras de su palacio episcopal, proviniendo parte del dinero de donaciones hechas para obras de caridad. Ni qué decir, esto contribuyó a aumentar el número de deserciones de la Iglesia católica en Alemania.

Ahora está en manos de Marx contribuir a que se tome la decisión correcta, para que la Curia se acerque, aunque sea una pizca, al ideal de austeridad de su Maestro. ¿Estará enterado el “príncipe de la Iglesia” Cipriani?

(Columna publicada en Exitosa Diario el 16 de abril de 2014)