RECESO POR VACACIONES

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Este blog entra en receso durante tres semanas por vacaciones de su autor. Dado que durante este tiempo no voy a poder verificar con regularidad que los comentaristas cumplan con las normas indicadas en el Aviso legal, los comentarios que se hagan pasarán a moderación y no serán publicados automáticamente.

Espero regresar con más energía y vigor para continuar opinando sobre temas de actualidad. Y seguir poniendo el dedo en la llaga.

Que Dios los bendiga.

EL HOMBRE MÁS PELIGROSO DEL PLANETA

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El 15 de julio el comentarista Greg Gutfeld de Fox News describió al Papa Francisco como «el hombre más peligroso del planeta». Debido a las ideas de la encíclica Laudato si sobre el cuidado de la casa común, es decir, del planeta. No es el Papa de nuestros abuelos, sino un Papa moderno, al cual sólo se le falta el peinado rasta, un perro y su pañuelo en la cabeza para alinearse con el movimiento Occupy Wall Street.

El gobernador Jeb Bush, católico y posible candidato republicano a la presidencia, ha dicho: «Espero que el cura de mi parroquia no me castigue por decir esto, pero no tomo mis políticas económicas de mis obispos, cardenales o de mi Papa».

Michael McKenna, católico conservador y asesor republicano, considera que el Papa está «vendiendo una línea de socialismo de estilo latinoamericano» y que «no está en sintonía con la Iglesia católica de Estados Unidos».

Son indicios de que el Papa argentino está haciendo lo correcto. Pues el cristianismo enraizado en las palabras de Jesús siempre ha tenido un carácter cuestionador de cualquier sistema que no ponga al hombre común y corriente, especialmente a los pobres, como prioridad.

En los últimos tiempos hemos asistido al espectáculo de un cristianismo burgués acomodado a los requerimientos del capital, totalmente domesticado e indiferente hacia el sufrimiento —e incluso la muerte— que ocasiona la economía capitalista global. Para muchos, la Iglesia se ha convertido en un apéndice irrelevante, que ni incomoda ni merece mayor atención.

Francisco, el Papa impredecible pero consecuente con el mensaje rebelde de Jesús, está cambiando las cosas. Y despertando odios y recelos de parte de los poderosos.

(Columna publicada en Exitosa Radio-Diario-TV-Web el 12 de agosto de 2015)

CARTAS A MANUEL

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Manuel es un viejo amigo mío, adherente sodálite (sodálite llamado a la vida matrimonial), que en un momento crítico de mi vida donde yo ya había decido cortar los lazos que aún me mantenían vinculado al Sodalicio, accedió —a petición mía— a mantener un diálogo, bajo la condición de poder consultar lo que yo le comunicaba con otras personas de su confianza, a lo cual accedí gustosamente.

Manuel —quien también ha vivido durante años en comunidades sodálites aspirando en ese entonces a convertirse en un laico consagrado—, si bien compartía conmigo algunos puntos del diagnóstico que yo hacía de la institución, en otros aspectos mantuvo siempre una posición discrepante. Pues Manuel es un hombre de fidelidades primigenias, y a pesar de todos los problemas que veía en el Sodalicio, había decidido permanecer leal a la institución, con la esperanza de que las cosas mejoraran. Como de costumbre, sus críticas —aunque mucho más matizadas y suavizadas que las mías— le habían acarreado inconvenientes, y en un par de ocasiones se sintió obligado a autocensurarse en el blog que mantiene desde marzo de 2008. Las entradas “Ir a Dios” (19 de enero de 2011) y “Carta a Martin Scheuch” (1° de octubre de 2013) las borró al poco tiempo de publicarlas.

Manuel es un hombre de buen corazón, sentimientos frágiles e ideas sencillas y sin complicaciones, que decidió permanecer en el Sodalicio a fin de seguir poniendo el hombro para seguir empujando ese carro que con el tiempo se hace cada vez más pesado. Y aunque como todo ser humano Manuel también tiene sus debilidades, entre ellas no se encuentra la deslealtad ni la doblez de pensamiento. Manuel es alguien en quien se puede confiar y que nunca —que yo sepa— ha dejando a nadie en la estacada, aunque esa persona no participe de su ideología conservadora, si bien en su caso soplan en ella ocasionalmente vientos frescos que se agradecen.

Quiero reproducir aquí algunos párrafos de los correos electrónicos que le envié a Manuel, como testimonio del estado de ánimo en que me encontraba tras haber procesado durante meses lo que había sido una experiencia de décadas en el Sodalicio. Por razones obvias, omito toda referencia a asuntos de carácter privado y confidencial. Y por las mismas razones, no voy a transcribir las respuestas que me envió Manuel.

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Kirrweiler, 14 de enero de 2009

El día 1° de enero fuimos invitados por una pareja casada que vive en Neustadt an der Weinstrasse y que tiene dos hijos varones a visitar Schönstatt en Vallendar, lugar donde nació el Movimiento de Schönstatt. Él es alemán y ella ecuatoriana, y se conocieron a través de Schönstatt. Fue una experiencia muy grata, pues Schönstatt es un lugar de peregrinación donde acuden fieles católicos de todo el mundo, en especial de Latinoamérica, en busca de paz y experiencias espirituales de cercanía a Dios. Estuvimos en la capilla donde el P. Kentenich inició el movimiento, donde está expuesto continuamente el Santísimo, delante de la imagen de María característica de los schönstattianos. Fuimos a la vez a una liturgia navideña organizada por las monjas, con participación de los niños. Las canciones, cantadas con unción y sencillez, elevaban el espíritu. Fuimos finalmente a una Misa, donde por primera vez en Alemania desde que estoy aquí vi a un sacerdote celebrar una Misa con una reverencia similar a la de los sacerdotes sodálites, pero con mayor naturalidad.

El domingo que viene vamos a ir a una Misa de familia, pero ya no tan lejos —son dos horas de camino en coche—, sino en Herxheim, a 20 minutos de aquí [en coche]. Después de la Misa suele haber un almuerzo para confraternizar y conocerse mutuamente.

En estos momentos creo que necesitamos una comunidad a través de la cual podamos participar activamente de la Iglesia, que tenga una espiritualidad mariana y que ofrezca momentos de oración a la vez que reuniones donde poder profundizar en la fe y en nosotros mismos, con fidelidad garantizada a la tradición eclesial. Todo esto no nos lo ofrece la comunidad parroquial de nuestro pueblo, donde sólo hay reuniones para organizar Misas y otros eventos. El laico encargado de la comunidad es una persona de buen corazón y muy buenas intenciones, pero con una formación teológica llena de agujeros.

Hace poco más de 30 años hice mi promesa de sodálite mariae en el Sodalicio. Siempre he buscado con las mejores intenciones encontrar mi puesto y poner mis talentos al servicio de la misión del Sodalicio, manteniendo a la vez la fidelidad a mí mismo. Y aunque he ido madurando en el Sodalicio, en parte gracias a él, en parte no obstante él, nunca he terminado de encontrar mi lugar. Siempre se me ha considerado como alguien medio loco, poco confiable e imprevisible, que ha avanzado lentamente en las etapas de formación, mientras que otros de mi generación lo hacían aceleradamente. Aun después de salir de comunidad, confié casi a ciegas en los responsables del Sodalicio, creyendo que podría aportar a la misión con mayor libertad. Mientras tanto, algunas de las instituciones que creó el Sodalicio han ido cayendo y desapareciendo: una empresa de desarrollo de software para empresas (a cargo de Pepe Ambrozic), Impresiones San José, Producciones San José, el Instituto Pedagógico Nuestra Señora de la Reconciliación. Los libros y artículos publicados han caído por lo general en una mediocridad consuetudinaria, donde no hay aportes significativos, ni se tiene la audacia de tocar temas nuevos e investigar a profundidad. Y, en mi caso, se me fue sometiendo paulatinamente a un ostracismo continuo, en que se me dejó de convocar para aportar musicalmente, para enseñar, para escribir, para participar de conversaciones intelectuales, etc. Una de las tantas razones por las que dejé Lima fue la búsqueda de una oportunidad de trabajar para la Iglesia. Hice una práctica en el arzobispado de Colonia, que finalmente no se tradujo en un puesto de trabajo. Para la Jornada Mundial de la Juventud [Colonia, 2005], organizamos los preparativos para que los miembros del Movimiento de Vida Cristiana contaran con techo y comida durante los días previos. Finalmente, con dolor de corazón, no pudimos participar de la Jornada, pues tuvimos que quedarnos en casa debido a que Alexander se enfermó.

Tengo ahora un trabajo tedioso y repetitivo, que nos permite vivir. Vivo con la angustia de conservar el trabajo para poder sostener a mi familia. [Mi mujer] quiere regresar al Perú. Yo lo haría si tuviera oportunidades de encontrar un trabajo decente. En el Sodalicio mis oportunidades, aun de colaborar gratuitamente, son prácticamente nulas. Colaborar con la Iglesia a través de otras instituciones y entidades resultaría dificíl, considerando que hay muchas que le tienen alergia —justificada o no— al Sodalicio y me considerarían todavía identificado con él […]. Mis mejores amigos ya no están el Sodalicio, o mantienen una relación lejana con él.

Me encuentro entre la espada y la pared, y no sé todavía cómo voy a salir de esta situación. Siempre hemos salido adelante, confiados en la inmensa bondad del Señor. Me pregunto si algún día podré encontrar lo que ansío. Pues todo me huele ahora a fracaso, salvo en lo personal, donde, a pesar de mis defectos y debilidades, encuentro la dignidad y la libertad de actuar con transparencia y sin haber nunca traicionado a nadie. Es muy duro eso de seguir la propia conciencia. El mundo está lleno de personas que la han traicionado para obtener bienes, poder y seguridad. Ése es el precio que han que pagar, y que conduce tarde o temprano a la soledad y la infelicidad.

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Kirrweiler, 19 de enero de 2009

Desde hace mucho tiempo he aprendido que la fidelidad es algo que se debe sobre todo a las personas. Desconfío de las fidelidades hacia entidades abstractas, instituciones en general. Cuando yo me caso, mi fidelidad es hacia mi mujer, no hacia el matrimonio. Del mismo modo entiendo mi fidelidad a la Iglesia como una relación personal con Jesucristo, pues la Iglesia se identifica con él. Si no fuera así, poco le deberíamos a una institución llena de personalidades que buscan mantener las buenas apariencias, pero que poco se preocupan por los “enfermos” que necesitan del médico, como decía Jesús en los Evangelios. Ejemplo de esto es lo poco que se ha hecho en la pastoral de divorciados y de homosexuales. En las vidas de los santos se suele encontrar con pasmosa frecuencia ejemplos de incomprensiones, medidas punitivas y rechazo por parte de autoridades eclesiales. Hasta la Madre Teresa de Calcuta ha tenido que pasar por esto.

Respecto a encontrar algo en Lima, ser inteligente y tener muchas capacidades puede ser una desventaja, pues para obtener un puesto de trabajo decente muchas veces se requiere una buena dosis de mediocridad, contactos personales y, sobre todo, disponibilidad para la complicidad en acciones de ética dudosa. No encontré eso en la cooperación alemana al desarrollo [GTZ], pero lo vi muy de cerca en los estudiantes de ESAN [Escuela de Negocios para graduados] cuando hablaban de sus trabajos. Si uno quiere ganar bien en Lima, se requiere inevitablemente traicionar la propia conciencia. [Había alguien que] me lo repetía: «Si quieres mantener un trabajo, tienes que callarte la boca y hacer todo lo que se te pida». En estos tiempos, la obediencia —en su peor sentido— parece estar muy en boga, mientras que la auténtica, que surge de la fe, la esperanza y el amor, es poco o nada apreciada.

Por otra parte, buscar trabajo es una de las actividades más agotadoras y frustrantes que pueda haber —si es que alguna vez has tenido que pasar por eso—. Como dicen muchos, «tienes que venderte bien a ti mismo», lo cual en un principio me resulta humillante. Lamentablemente, pertenece a la lógica inherente al capitalismo reducir a las personas —incluso a las mejor capacitadas— a la categoría de mercancías. He estado saltando de un trabajo a otro —un año medio acá, dos años allá, etc.—, sin encontrar nunca la seguridad de poder decir: aquí me quedo, aquí puedo envejecer tranquilo, garantizándole a mi familia el sustento y entregando mis fuerzas y energías a una tarea que valga verdaderamente la pena.

¿Regresar a Lima? Me da mucho miedo, además de que no cuento actualmente con los medios para hacerlo.

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Kirrweiler, 19 de enero de 2009

Cuando reflexiono sobre lo que he vivido, no soslayo lo que a mí me toca. Al enfocar la experiencia vivida desde aspectos determinados, se deja de apreciar otros aspectos. Pues es cierto que mucho de lo vivido fue necesario y bueno para madurar humanamente. Lo que me apena es el potencial humano perdido debido a rigidez de esquemas y falta de flexibilidad. Y, como creo que ya te dicho, no dudo de las buenas intenciones de la mayoría de los que todavía siguen. Sin embargo, las taras siguen ahí. En qué medida, no lo puedo decir desde la distancia.

Estoy terminando un texto sobre la historia no contada de Takillakkta, antes de que Javier Leturia asumiera las riendas del grupo. Es un mix donde hay de todo: alegrías y tristezas, elogios y críticas, encuentros y desencuentros. Creo que eso te permitirá entender algo más de lo que estoy viviendo. […]

Sobre el libro de Pedro Salinas [Mateo Diez], […] si bien es cierto que lo que cuenta siempre tiene un correlato en un hecho real, también es cierto que su visión es selectiva y la imagen que termina dando de la institución es falsa, por omisión de muchos hechos y dichos que forman parte positiva de ella.

Respecto a lo de jugar con cartas abiertas, a algunos les resultó, a otros no. Me contó [un ex sodálite] que cuando decidió ya no seguir en comunidad, prefirió abrir sus cartas para no tener que irse por la puerta falsa. Me dijo que eso sólo tuvo como consecuencia seis penosos meses de discernimiento forzado, que conllevaron mucho sufrimiento. Y considera que [esa persona] no es de los que se han querido sumar al corro de críticas de algunos ex miembros.

[…] Conozco a personas que no han tenido reparos en hacerme daño. Yo siempre he tenido reparos en hacerle daño a quien sea, incluso a quienes me han perjudicado. No sé si será debilidad, pero a veces siento más que nada compasión por esas personas, pues presiento en ellas fracaso e infelicidad personal, y me resulta imposible devolverles odio por lo que me han hecho. Tendría que violentarme a mí mismo para hacerlo.

Para finalizar, te mando un enlace, donde se pone fragmentos de una carta del P. Yves Congar, en la cual relata parte de su dolorosa experiencia como teólogo:

http://www.opuslibros.org/libros/Lavoz/capitulo_7.htm

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A raíz de este intercambio epistolar, Manuel publicó la siguiente entrada en su blog:

miércoles, 21 de enero de 2009

¿Profecía o institución?

Mantengo un ya largo intercambio epistolar con un querido amigo que hace una serie de críticas a la institución religiosa de la cual participo hace más de veinte años. Es decir —y lo digo sin la más mínima ironía— hace de profeta. Y lo hace muy bien. Me ha tocado el papel de defensor en esta polémica. Es decir: hago de institución. Y no sé si muy bien. Eso no importa.

Lo que quería decir es que ambas son dos tareas esenciales en la vida de la Iglesia. Dos carismas por usar la expresión paulina. Por un lado está la fidelidad a Dios en la institución que Él ha suscitado en un determinado momento de la historia. En el fondo es fidelidad a la propia experiencia de Él que en algún momento y a pesar de todas las debilidades de las personas que formamos la Iglesia nos ha llamado a colaborar en esa determinada parcela eclesial. Por eso existen muchos carismas y fundaciones en la Iglesia.

Del otro lado está la tarea del que, viendo de fuera, critica a la institución. En el fondo es también fidelidad a su propia experiencia de Dios a Quien por diversas y complejas razones ha encontrado mejor fuera que dentro. Debe ser fiel, seguir diciendo lo que tiene que decir y probablemente resistir una serie de injusticias en contra de él.

Si alguna de las dos tareas se desgaja del Amor de Dios tenemos una traición. En el primer caso se produce un fariseísmo y una idolatría de la institución que contradice la ley del Amor. En el segundo caso, se produce el afán neurótico y soberbio de disidencia que encierra al profeta en la amargura estéril. Como siempre, Dios es el único garante de la fidelidad y la oración el único camino para encontrarnos con Él en la vida diaria. Me atrevo a citar algunos ejemplos de ambas tareas realizadas en auténtica fidelidad: Juan Pablo II, Henri de Lubac, Yves Congar, Ratzinger…

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Sé que Manuel sufrió mucho cuando se hizo público en febrero de 2011 que el ya fallecido Vicario General del Sodalicio, Germán Doig, había cometido abusos sexuales en perjuicio de jóvenes que estaban bajo su responsabilidad. Yo también me sentí afectado, más aún por la gran estima que le tenía —y aún le tengo— a alguien a quien conocí personalmente y con el cual compartí comida y techo. Sin negar por eso la gravedad de los delitos cometidos.

Cuando ese mismo año un diario peruano dio a conocer una denuncia que había contra Luis Fernando Figari, fundador del Sodalicio ([ver http://diario16.pe/noticia/8687-denuncian-a-fundador-del-sodalicio-vida-cristiana-por-abuso-sexual), creí conveniente volver a escribirle a Manuel para comunicarle las reflexiones que habían suscitado en mí los últimos acontecimientos.

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Kirrweiler, 30 de agosto de 2011

Hola, Manuel:

¿Cómo estás? Sospecho que las cosas no deben estar yendo muy bien. Sobre todo ahora que se ha comenzado a dar a conocer lo que pudo haber hecho Luis Fernando. Porque no es cuestión de creer o no creer. Lo que he leído junto con lo que me han contado otras personas me hacen pensar que la acusación es sólida. Y eso es sólo la punta del iceberg. He tenido sospechas desde que salió a luz el caso de Daniel Murguía, y éstas se han acentuado cuando se reveló lo de Germán Doig, que no es en realidad la manzana podrida que han querido presentar. Sigo creyendo que era un hombre bueno con una faceta oscura y pervertida —¿quién no la tiene en mayor o menor grado?—, pero a la vez intuyo que fue víctima, como lo pudo haber sido también Daniel Murguía. Y hay otras víctimas que han callado durante mucho tiempo, algunas han perdido la fe, otras la han mantenido, otras simplemente han querido cubrir con el manto del olvido lo que han vivido. Yo no estoy entre esas víctimas, Manuel; lo único que sentí que fueron violados durante mucho tiempo fueron mi libertad y mi talento. Al final pude salvaguardar ambos, pero me convertí en una especie de paria a quien designaban como el “loco”, el “rayado”, y fui relegado a una especie de destierro tácito.

Lo que está pasando tiene muchas semejanzas con los Legionarios de Cristo, aunque no creo que Luis Fernando sea igual que Maciel. Me refiero a que las primeras víctimas [de Maciel] hicieron llegar sus denuncias por la vía oficial, y la cosa se estancó. Fue entonces que acudieron a la prensa, y la cosa comenzó a avanzar, no sin que los tildaran de calumniadores y falsarios. Sospecho que en el caso de la denuncia contra Luis Fernando ésta se ha quedado estancada en el arzobispado de Lima —sabemos que Cipriani es amigo del Sodalicio—, y la víctima ha creído conveniente hacérselo partícipe a la prensa. Y la reacción de la gente vinculada al Sodalicio ha sido en general la de señalar todo eso como falsedades. Casi nadie ha abierto una rendija a esta simple pregunta: ¿no podría ser cierto? Si pasó con Germán Doig, ¿por qué no con Luis Fernando? Más aún cuando lo que se cuenta en la denuncia no llega ni siquiera al nivel de un acto sexual con todas sus letras. Lo que se indica es bien moderado en comparación con lo que se contó de Germán Doig.

No creo equivocarme al decir que el Sodalicio va a la deriva. Han tenido que desterrar la memoria de quien iba a ser su modelo de santidad. Y ahora no saben cómo manejar lo que se viene con esta denuncia, que aún debe ser investigada. Te confieso que me preocupa lo que está pasando con el Sodalicio, no tanto por la institución —que si está al garete y se hunde, ni me va ni me viene—, sino más bien me preocupa la gente que se va a ver afectada. Hay allí quienes no ven otra manera de pertenecer a la Iglesia y participar de ella si no es a través del Sodalicio. Viven cobijados en ese mundo, y los otros católicos les son en gran medida ajenos. Hay gente también que vive de la ilusión de un ejército camino a la santidad, y tiene la mente bloqueada como para aceptar una fuerte dosis de realidad. Y están quienes […] han entregado su vida a la institución, algunos de ellos no tienen estudios, la mayoría carece de experiencia profesional, y tendrían que comenzar prácticamente desde cero en caso de que haya un hundimiento. Yo más bien espero que haya una reforma a fondo. Porque que algo se viene, se viene. La Santa Sede no puede demorarse en intervenir, pues corre el riesgo de seguir alimentando su mala fama de encubridora de religiosos de cuestionable reputación y perverso proceder.

Lo que me hace desconfiar de la palabra de Luis Fernando y gente cercana a él es que siempre han dicho públicamente que lo que contó [José Enrique] Escardó en sus famosos artículos y Pedro Salinas en su novela no es cierto, cuando yo sé con toda certeza que absolutamente todo lo que narraron es real o tiene un correlato en la realidad. Independientemente de que Salinas sea un agnóstico y Escardó un ateo declarado. En el Sodalicio siempre ha habido una versión oficial para cosas que han ocurrido, y luego uno se entera de que las cosas ocurrieron de manera distinta a como te las contaron.

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Desde entonces, mucha agua ha corrido bajo el puente.

De mis acercamientos al movimiento Schönstatt nos quedó en casa la hermosa costumbre de recibir una vez por mes a la Virgen Peregrina, una imagen de Santa María que va rotando de casa en casa entre un círculo de amigas del cual forma parte mi mujer.

De Luis Fernando no se conoce su paradero oficial, aunque la cúpula sodálite debe saber muy bien dónde se encuentra, cuál es su verdadero estado de salud y cuáles son los verdaderos motivos que lo llevaron a renunciar al puesto de Superior General. Es probable que aquello que sabemos de él sea sólo la punta del iceberg.

Manuel ha dejado de escribir sobre estos temas para dedicarse a asuntos más neutros y anodinos. Pero sé que su corazón sigue comprometido con la verdad, aunque ello implique sufrimientos y contrariedades. Y estoy convencido de que en personas como Manuel se halla la esperanza de que el Sodalicio realice los cambios que tenga que hacer, para ponerse de manera más humilde al servicio de todos los fieles que forman parte del Pueblo de Dios. Sin excepciones. Sin distinciones. Y sin actitudes triunfalistas.

Quiera Dios que haya en la institución más personas como Manuel que se entreguen a esta tarea sin miedo y con la audacia que da el auténtico amor. Para que salga a relucir la verdad que hace libre. «Pues no hay nada oculto que no haya de ser manifiesto, ni secreto que no haya de ser conocido y salga a la luz» (Lucas 8, 17).

SOMBRAS DEL PASADO

Reunión de antiguos sodálites en Chincha, Perú (julio 2015)

Reunión de antiguos sodálites en Chincha, Perú (julio 2015)

Como ya he relatado en algunas entradas de este blog, lo que gatilló en mí un proceso de reflexión y maduración que terminó en el año 2008 en mi decisión de apartarme del Sodalicio de Vida Cristiana, fue la inexplicable “expulsión” —dada a conocer públicamente en el Movimiento de Vida Cristiana— de Germán McKenzie, entonces Vicario General del Sodalicio, y la detención de Daniel Murguía, sodálite perteneciente al círculo cercano del entonces Superior General Luis Fernando Figari, cuando estaba fotografiando a un niño de la calle desnudo en un motel del centro de Lima. Ambos hechos ocurrieron en octubre de 2007.

De alguna manera, la interpretación que yo tenía hasta ese momento de los 30 años de mi vida transcurridos en el Sodalicio saltó en pedazos, y fue entonces que durante meses traté de reunir las piezas para volver a armar el cuadro. La decisión de desvincularme de una institución que había modelado prácticamente mi existencia no fue cosa de un momento, sino un proceso doloroso que se extendió a lo largo de varios meses, mientras trataba de armar nuevamente el rompecabezas, sabiendo que me abocaba a una tarea casi imposible, pues hasta el día de hoy siento que faltan piezas.

A lo largo del 2008, me dediqué a la tarea de ordenar mis recuerdos de lo que había sido mi experiencia sodálite, poniendo mis reflexiones por escrito. Es así que llegué a redactar cuatro textos, que me sirvieron personalmente para procesar la crisis por la que estaba pasando y plantearme cómo debía entender mi inserción en la Iglesia católica. Pues mi fe se mantuvo firme y sobrevivió a la tempestad, lo cual no ha ocurrido con otra personas que pasaron por experiencias similares. Estos cuatro escritos son los siguientes:

En un principio no tuve la intención de publicarlos. En los años 2009 y 2010 los compartí con algunas personas amigas en privado, a fin de saber su opinión, si lo que yo había plasmado en esos textos eran simplemente desvaríos de un loco desquiciado o si mi análisis tenía sustento en la realidad. Gracias a algunos comentarios fui corrigiendo los textos, llegando a la conclusión de que los problemas que yo percibía en el Sodalicio eran reales y preocupantes. Algo así como una bomba de tiempo que en el algún momento les iba a estallar en la cara.

Sólo cuando mis intentos de comunicar estas cosas al Sodalicio mismo fracasaron, cuando los abusos de Germán Doig fueron considerados oficialmente como una caso aislado —lo cual implicaba que en el Sodalicio no iba a haber una autocrítica institucional— y cuando constaté que la prensa secular no mostraba tener un conocimiento adecuado de la institución ni de la forma de ser de los sodálites, sólo entonces fue que decidí hacer pública esa información en este blog, que inicié a fines del año 2012, tras haber evaluado durante meses la situación. Se me presentaba como un deber de conciencia y como un acto de responsabilidad frente a todos aquellos que habían sido víctimas o que habían padecido sufrimientos debido a los graves problemas que aquejaban al Sodalicio.

De los cuatro textos que redacté, los primeros tres fueron publicados en mi blog con algunos cambios, correcciones y omitiendo alguna que otra información demasiado comprometedora o de carácter confidencial. Del cuarto texto he publicado algunos párrafos en la entrada FANTASMAS DEL SODALICIO.

Entre octubre de 2007 y noviembre de 2012 habían pasado cinco años, en que la lucha con mis fantasmas interiores había sido el pan de cada día, pero lo cual me permitió adquirir una libertad de conciencia como nunca la había tenido. Lo cual agradezco también a los pocos amigos que tuvieron el valor de escucharme y comunicarme sus opiniones francas y sinceras, a veces coincidentes con mis reflexiones, otra veces discrepantes.

En varios de los e-mails que escribí durante esos años he encontrado reflexiones mías que quiero rescatar por la frescura e inmediatez que transmiten, y porque son testimonio del proceso de maduración que me llevó a escribir largo y tendido sobre el Sodalicio de Vida Cristiana.

No voy a publicar los e-mails que me enviaron las personas con las que mantuve estos intercambios epistolares, pues muchos de los contenidos tienen carácter privado y confidencial, sino solamente lo que yo escribí, omitiendo por supuesto toda información de carácter exclusivamente privado.

Por ejemplo, el 13 de agosto de 2010 les envié a varios amigos un e-mail con un texto homenajeando a Eduardo Gildemeister, quien había fallecido hace poco, texto que reproduzco parcialmente en CARTA A UN AMIGO DESCONOCIDO. En el e-mail original se dice que yo había compuesto varias canciones dedicadas a otros seres queridos, «pero en esos tiempos me topé con la indiferencia de quienes habían comenzado a tener en menos mi música, y nunca recibieron difusión».

El 16 de agosto un amigo me escribió, diciéndome que no había necesidad de terminar mi misiva de esa manera y que ya era el momento de perdonar, que me reconciliara con el pasado, que no omitiera hacer bien dejando de transmitir una visión esperanzada y que renovara mi afán de santidad. «Yo te quiero pedir que no hagas más referencias a sombras del pasado que no hacen sino envolver ese don con un papel de regalo que lo desmerece».

El 17 de agosto le respondí lo que sigue a continuación. Se ha de tener en cuenta que todavía no se sabía nada sobre los abusos cometidos por Germán Doig.

Te agradezco tu preocupación, pero la cosa es mucho más compleja de lo que me planteas. No es la primera vez que alguien me habla de la necesidad de reconciliarme, partiendo del supuesto de que tengo problemas relacionados con un pasado no asimilado. La verdad del asunto es que ahora comprendo mucho mejor mi pasado —aunque todavía me falten piezas del rompecabezas— y, gracias a ello, mi fe está firme y anclada en Jesucristo y su Iglesia, con mayor libertad.

¿Piensas que no he perdonado, sólo porque menciono un hecho que es cierto, incluso teniendo la delicadeza de no mencionar nombres ni apellidos? Si deseas que te mencione a alguien, te puedo mencionar a Luis Fernando, a quien en ese entonces le entregué en la mano un cassette con composiciones recientes mías, y no recibí ninguna respuesta, ningún comentario, ni siquiera de alguno de sus subordinados. Ni las gracias… […]

No creo que la reconciliación consista en tapar con un manto de olvido las páginas incómodas del pasado. Eso no funciona. Tarde o temprano el pasado termina por pasar factura, como ha ocurrido con los Legionarios de Cristo y con los casos de pederastia que han ido saliendo a la luz en la Iglesia. El Sodalicio ha estado tapando su pasado sin procesarlo debidamente, sin mirarle a la cara. Podríamos decir que el Sodalicio no se ha reconciliado con su propia historia. ¿Te imaginas más adelante que alguien saque al descubierto, de manera documentada, las vinculaciones del Sodalicio con la ideología falangista (el fascismo español) o con grupos de ultraderecha de México y Argentina, que también las hubo? ¿O que se documente los abusos de autoridad y manipulación de conciencias que durante algún tiempo se practicaron —y que todavía podrían seguir dándose—? El asunto no es como para tomarlo a la ligera.

Mira esta noticia sobre el instituto de vida consagrada Miles Jesu (que significa “Milicia de Jesús”):

http://www.periodistadigital.com/religion/mundo/2010/07/30/fundador-miles-jesu-abusos-autoridad-iglesia-comisario-vaticano-religion.shtml

Así como se ha intervenido este instituto, se ha intervenido también a los Legionarios de Cristo —por razones que ya todos conocemos—, a Lumen Dei y se viene una intervención del Instituto del Verbo Encarnado, todas ellas asociaciones que tienen más de un punto en común con el Sodalicio. Como anécdota, esta noticia no ha sido publicada en ACI Prensa —por razones obvias—. […]

El pasado siempre nos acompaña. La cuestión es cómo lo tomamos: como un compañero a quien le miramos a la cara para comprendernos a nosotros mismos y aprender de los errores, o como una sombra que nos recuerda cosas que queremos olvidar y que escondemos debajo de la mesa. Si lo enterramos, saldrá a buscarnos y se convertirá en una pesadilla fantasmal.

Por todo lo dicho, creo que lo de la reconciliación es algo que ya no está en mis manos. Yo he hecho lo posible, nunca cerrándome al diálogo. Mantengo una buena comunicación con Manuel Rodríguez, por ejemplo. A quien me ha escrito, le he respondido con franqueza. Pero hay otras personas que o no se han atrevido a comunicarse conmigo, o no han tenido las ganas de hacerlo, o han recibido órdenes de ignorarme. No sé si cabe alguna posibilidad más. […]

¿Crees que hubo alguna vez interés de interpretar mis canciones posteriores a mi salida de comunidad? He compuesto incluso una Misa casi completa (“Misa de Cuerpo y Sangre Presente”). Pues no creo que haya habido interés. Ni creo que lo haya ahora.

Por otra parte, no se puede transmitir una visión esperanzada a través de medias verdades, omitiendo realidades incómodas o problemáticas. A la larga, este tipo de ilusiones se derrumban a ojos de la gente. El hacer el bien no puede basarse sobre una verdad maquillada y edulcorada, pues tarde o temprano revelaría su falsedad. Por eso mismo, no entiendo tus alusiones a la “omisión de hacer el bien”. Siempre he buscado hablar con el corazón con la mano. Y siento que logro mejor ese objetivo desde que mi lenguaje no está bajo la mediación de una ideología religiosa determinada.

¿Respecto a la santidad? Hay que tener cuidado. Es algo que se te escapa de las manos cuando piensas demasiado en ella, pues puede convertirse en una búsqueda egocéntrica de la propia perfección —lo cual es todo lo contrario de la santidad—. Es un don de Dios. Para recibirlo no hay que darle tantas vueltas ni traerla continuamente a la mente, sino simplemente buscar seguir tras las huellas de Jesús en esta vida, con toda sencillez y naturalidad, asumiendo que nada de lo humano nos es ajeno —como no lo fue para el Hijo de Dios—. Y recordar que la Iglesia enseña que nadie puede tener nunca personalmente la seguridad de estar en estado de gracia.

Bueno, aquí te mando estas reflexiones. Sé que están incompletas y que hay mucho más que tallar. Pero poco a poco…

Te mando un fuerte abrazo y no dudo de tus buenas intenciones.

Saludos

Martin

EL SAQUEO DE LOS PAÍSES POBRES

paises_ricos_paises_pobresUno de los axiomas del capitalismo neoliberal es la “teoría del chorreo”. Es decir, que mientras más facilidades se les ponga a los dueños del capital para que inviertan su dinero y obtengan jugosas ganancias, mejor para toda la sociedad, que se beneficiará con la creación de puestos de trabajo y con el bienestar que fluirá naturalmente de los bolsillos de los más ricos hacia los que menos tienen. Una flagrante mentira. Un mito jamás sustentado por los hechos, ni siquiera a nivel internacional.

The State of Finance for Developing Countries, 2014, un reciente estudio de Eurodad, una red que reúne a 49 organizaciones no gubernamentales de 19 países europeos, ha establecido que en el año 2012 hubo un flujo de 1078 billones de dólares de los países ricos hacia los pobres, mientras que en dirección contraria se transfirieron 2009 billones de dólares. Es decir, que por cada dólar suministrado por los países ricos a los pobres, éstos perdieron dos dólares a beneficio de los países ricos.

Mientras que de los países ricos provinieron fondos en inversión extranjera, remesas de migrantes y, en menor medida, ayuda para el desarrollo, papeles valores, obras caritativas y otros, de los países pobres salieron fondos en flujos ilegales (producto de actividades ilegales o ligadas a la evasión de impuestos), préstamos a los países ricos, ganancias obtenidas por inversionistas extranjeros y, en menor grado, intereses debidos por deuda externa.

El mundo está al revés. Los países pobres están prácticamente financiando a los ricos. Si este saqueo continúa, la brecha entre ellos será cada vez más grande. Una prueba más de la condición criminal del sistema capitalista actual.

(Columna publicada en Exitosa Radio-Diario-TV-Web el 5 de agosto de 2015)

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FUENTES

Eurodad (European Network on Debt and Development)
The State of Finance for Developing Countries, 2014
http://www.eurodad.org/Entries/view/1546315/2014/12/15/The-State-of-Finance-for-Developing-Countries-2014

taz.de
Arm finanziert Reich (17.7.2015)
http://www.taz.de/!5213683/

ATTAC España
La teoría del chorreo (7 de octubre 2012)
http://www.attac.es/2012/10/07/la-teoria-del-chorreo/

EL ORGULLO DE SER PERUANO

Gisela Scheuch, campeona mundial de pole dance en la categoría 50+

Gisella Scheuch, campeona mundial de pole dance en la categoría 50+

Mi hermana Gisella Scheuch acaba de ganar por segunda vez el campeonato mundial de pole dance en la categoría 50+. Muy pocos peruanos sabían que el domingo 26 de julio alguien estaba en Londres representando al Perú en una disciplina deportiva que aspira a convertirse en deporte olímpico.

No es la primera vez que un peruano logra triunfos internacionales por su propio esfuerzo y sin contar con el apoyo del Estado ni de sus compatriotas. Ejemplos sobran: Susana Baca, ganadora dos veces del premio Latin Grammy; Pablo Villanueva “Melcochita”, afamado cantante internacional de salsa; Juan Diego Flórez, el mejor tenor rossiniano del mundo; Marco Arana, quien obtuvo en 2010 el Premio de la Paz de Aquisgrán (Alemania) por su labor social y ambiental.

Los peruanos, acostumbrados a vivir en una sociedad donde la frustración está a la orden del día, siempre hemos buscado destacar. Y en algunos aspectos lo hemos logrado con creces.

Perú es actualmente el primer productor a nivel mundial de cocaína y de dólares falsos. La calidad educativa ha alcanzado niveles subterráneos: en el año 2012 salimos últimos en el Programa para la Evaluación Internacional de Alumnos (PISA). Ocupamos el tercer lugar de países con el más alto de índice de violaciones, sólo por debajo de Etiopía y Bangladesh. En cuanto a desigualdad social, seguimos en competencia con posibilidades de alcanzar el primer puesto.

¿Cuándo podremos enorgullecernos de tener un país donde se valoren los logros humanos de su gente, sin excepción, incluyendo a las minorías, y donde deje de ser verdad aquello de que siempre habrá un peruano jodiendo a otro peruano?

(Columna publicada en Exitosa Radio-Diario-TV-Web el 29 de julio de 2015)

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FUENTES

Perú21
Perú pasó a ser el primer productor de cocaína del mundo (26 de junio del 2012)
http://peru21.pe/2012/06/26/actualidad/peru-primer-productor-cocaina-mundo-2030477
Informe PISA 2012: Nivel educativo en Perú se ha estancado, según expertos (4 de diciembre del 2013)
http://peru21.pe/actualidad/pisa-2012-nivel-educativo-peru-se-ha-estancado-2160116
Perú ocupa el tercer lugar en casos de violación sexual en el mundo (11 de octubre del 2014)
http://peru21.pe/actualidad/peru-ocupa-tercer-lugar-casos-violacion-sexual-mundo-2200933

El Comercio
El Perú se convirtió en el primer productor de dólares falsos del mundo (5 de septiembre del 2013)
http://elcomercio.pe/mundo/actualidad/peru-se-convirtio-primer-productor-dolares-falsos-mundo-noticia-1627241

CARTA ABIERTA A LA FAMILIA SODÁLITE

familia_sodalite

Kleinfischlingen, 27 de julio de 2015

A todos los integrantes de la Familia Sodálite:

Quiero dirigirme a ustedes con sinceridad y a corazón abierto, pues formamos parte de una misma Iglesia y existen lazos espirituales que nos unen íntima y fraternalmente como miembros vivos del Pueblo de Dios que peregrina por los caminos de este mundo.

Durante treinta años (de 1978 a 2008) yo también formé parte de la Familia Sodálite, como miembro del Sodalicio de Vida Cristiana, primero como laico consagrado y, después de casarme en el año 1996, como adherente sodálite. Son treinta años que no me arrepiento de haber vivido, pues formaron parte de mi desarrollo personal. Pues a través del Sodalicio, cuando sólo tenía 15 años, descubrí la fe que me acompaña hasta ahora, fe que fui madurando, nutriendo a través de la experiencia de vida en comunidades, la liturgia y los sacramentos, el estudio y sobre todo el apoyo y el cariño de muchas personas de buena voluntad que conocí. Guardo con devoción en mi memoria varios momentos compartidos con quienes fueron compañeros en el peregrinar, entre ellos las celebraciones navideñas en comunidades sodálites, el viaje a Roma como integrante del conjunto Takillakkta en abril de 1984 para hacer acto de presencia en el Jubileo de los Jóvenes, los retiros espirituales, los grandes momentos litúrgicos del año en la Parroquia Nuestra Señora de la Reconciliación, como Semana Santa, especialmente las Vigilias Pascuales y las Misas de Nochebuena, los almuerzos de 8 de diciembre compartidos en alegre camaradería, entre otros.

Mi contribución a la Familia Sodálite todavía está presente en muchas canciones que compuse y que todavía se siguen cantando. Y que nos unen en un mismo sentimiento de alabanza a Dios por manifestarse en nuestras vidas y acompañarnos con su presencia.

Nunca ha sido mi intención quitarle legitimidad al camino que sigue la Familia Sodálite en la Iglesia, pues soy consciente de que muchísimas personas han encontrado allí una manera de vivir activamente su fe y ponerse al servicio del Pueblo de Dios. Lejos de mí el querer disuadir a nadie de seguir participando de los diversos grupos que conforman la Familia Sodálite, aun cuando en estos momentos yo ya no suscriba los acentos y doctrinas peculiares de la espiritualidad que le sirve de base. Y eso es del todo legítimo, pues las diferencias que hay entre católicos en cuanto a pensamiento y forma de entender la vida cristiana no tendrían por qué generar divisiones entre quienes son sarmientos de una misma viña, ni tendrían tampoco que generar un sentimiento de superioridad de unos sobre otros porque unos consideren que tienen una lectura más auténtica del mensaje cristiano en comparación con otros, a los cuales consideran laxos, relajados y faltos de compromiso. La pertenencia a una misma Iglesia, unida en el vínculo del amor, está por encima de la pertenencia a una determinada familia espiritual. Eso lo sé yo, eso lo saben ustedes. Y la Familia Sodálite tiene un aporte que prestar, en comunión no sólo con los católicos que pertenecen a otros grupos o que simplemente van a sus parroquias, sino también con todos los cristianos en general.

Ello no debe cegarnos a los graves problemas que se han presentado a lo largo de su historia y que se ciernen actualmente como una sombra, muchos los cuales tienen sus raíces en los orígenes del Sodalicio y en algunas turbias circunstancias que involucrarían a miembros importantes de la institución, algunas de las cuales no han sido suficientemente aclaradas mientras que otras han sido silenciadas y encubiertas, incluso a quienes como ustedes participan de buena fe en las actividades de la Familia Sodálite.

Algunos textos que han aparecido en este blog fueron originalmente escritos sin que yo tuviera la intención de hacerlos públicos. Los textos que llevan como título SODALITIUM 78: PRIMERA ESTACIÓN, OBEDIENCIA Y REBELDÍA y SODALICIO Y SEXO constituyeron para mí una especie de catarsis y un intento por comprender con nuevos ojos mi experiencia en el Sodalicio tras el golpe que significó para mí a fines del año 2007 la inexplicable expulsión de Germán McKenzie, entonces Vicario General del Sodalicio, y la posterior detención y encarcelamiento de Daniel Murguía, ambos eventos ocurridos en el lapso de un mes. Todo esto me olía a podrido, considerando que no podía entender como un hombre bondadoso y de tan gran calidad humana como Germán hubiera tenido que sufrir la vergüenza de verse expulsado públicamente de una institución a la cual le había dedicado los mejores años de su vida. Asimismo, no encajaba en el cuadro que un ser humano de un carácter tan dulce e ingenuo como Daniel se viera de pronto arrastrado por pasiones inconfesables y hubiera sido detenido en circunstancias comprometedoras de graves implicaciones.

Había algo que no estaba funcionando en el Sodalicio y que afloraba en casos como éstos, sin que hasta el momento nadie diera explicaciones satisfactorias. La imagen que hasta entonces había tenido de la institución a la cual me sentía ligado había saltado de pronto en pedazos, y junto con ella treinta años de mi propia vida. Tenía ante mí como piezas de un rompecabezas que debía volver a armar. Nada encajaba e incluso tenía la sensación de que faltaban piezas. Las claves que me permitieran reconstruir el cuadro tenía que buscarlas en mi experiencia, mirando lo que yo había vivido ya no a través del cristal de la interpretación sodálite de la realidad —que a todos los que hemos pasado por la formación sodálite nos han metido entre ceja y ceja—, sino desde una perspectiva más libre, sin ataduras, aplicando un sano espíritu crítico. Y todo esto fue un proceso doloroso, pues a medida que las cosas iban ocupando su lugar, me fui dando cuenta de que los problemas del Sodalicio eran más graves de lo que yo había imaginado.

Los tres textos mencionados, que fui redactando durante el año 2008 y que constituyeron como ensayos para comenzar a armar el rompecabezas y descifrar el enigma, se los di a conocer primero a algunos amigos cercanos, a fin de conocer su opinión. Todos coincidieron en que eran reveladores e interesantes, y que acertaba en líneas generales en lo que respecta a los problemas que había presentado el Sodalicio a lo largo de su historia. Más aún, en ese entonces adquirí la certeza de que el caso de Daniel Murguía —quien, por su carácter tranquilo y bondadoso probablemente haya sido víctima antes de convertirse en perpetrador— no iba a ser el último caso que saliera a luz, pues el problema no parecía radicar en las personas mismas, sino en el sistema y las estructuras del Sodalicio, que terminaban desatando deseos turbios e inconfesables, como yo mismo lo he descrito en mi escrito testimonial SODALICIO Y SEXO.

Durante los años 2008 y 2009 mi conciencia se vio atormentada por estas cosas que ahora veía con más claridad, sin saber cómo debía proceder. ¿Debía contárselas a alguien de mayor responsabilidad en el Sodalicio, para que se tomaran las medidas correctivas del caso? En ese caso, ¿a quién? La mayoría de aquellas personas con las cuales mantenía un cierto grado de confianza o ya no pertenecían a la institución, o estaban ubicadas en su periferia, sin poder de influencia. Finalmente, decidí consultar el asunto con un sacerdote del Movimiento Schönstatt que también entendía español, a quien le envié previamente los textos que había redactado. Este sacerdote me recomendó que comunicara estas cosas a alguien con responsabilidad en la institución, y si no querían escucharme o hacerme caso, yo quedaba libre de toda responsabilidad, sobre todo ante Dios, en quien siempre he mantenido mi confianza. Mi intención era que en el Sodalicio se dieran cuenta de que tenían como una bomba de tiempo que en cualquier momento podía estallar, y si bien yo ya no me podía identificar ni ideológica ni espiritualmente con la institución, era consciente —como lo sigo siendo ahora— de que sigue siendo con todo derecho parte del Pueblo de Dios. Y yo, como miembro de ese Pueblo de Dios, tenía una responsabilidad ante todos los miembros de la institución y las personas que de ella dependían, a saber, todos aquellos que como ustedes forman parte de la Familia Sodálite.

La oportunidad llegó a inicios de 2010 durante un breve viaje a Lima, cuando mi madre se hallaba muy enferma y se hallaba cercana su muerte. Con anterioridad yo le había enviado los tres escritos mencionados a un sodálite conocido con un alto cargo de responsabilidad. Ya en Lima, mientras pasaba momentos dolorosos junto a mi madre, cuya salud se deterioraba cada vez más, aproveché una mañana para tomar un desayuno junto con ese sodálite en un café-restaurante ubicado en el distrito de Miraflores. Contra lo que yo esperaba, se desarrolló una conversación muy tensa, donde en vez de conversar sobre aquellos aspectos problemáticos que yo veía en el Sodalicio, esta persona buscó primero hacerme “tomar conciencia” de que yo tenía serios problemas espirituales y psicológicos, juego al cual no me presté y que corté desde un inicio. Después se mostró más preocupado en saber con quién había compartido esos escritos que en aclarar los aspectos que yo detallaba, que es lo yo hubiera esperado que ocurriera. Finalmente, me dijo que todo lo que yo ponía allí era falso y que el Sodalicio podía denunciarme por difamación, aun cuando mis textos hasta el momento hubieran tenido sólo un carácter privado, pero que en acto de condescendencia, iba a borrar los archivos que yo le había enviado y olvidarse totalmente del asunto. Si el Sodalicio efectivamente había cambiado —como me aseguró este sodálite—, yo no noté ninguna diferencia en la manera como manejó el asunto que yo puse a su consideración.

Lo cierto es que esta conversación me dejó un mal sabor de boca, y tuve la certeza de que nada se iba a hacer para solucionar los problemas que yo creía ver en la institución. Y la culpa de ello no estaba en esta persona ni en otros sodálites de buena voluntad, sino en un estilo que terminaba configurando la mente y personalidad de los sodálites, haciéndolos sentir la necesidad de defender la institución a toda costa como si se tratara de una obra divina intocable y volviéndolos impermeables a toda crítica —aunque fuera constructiva—. Sentí que las puertas del diálogo no estaban abiertas, como no lo estuvieron cuando en el año 2003 tuve un desagradable intercambio de correos electrónicos con el sodálite Alejandro Bermúdez, director de ACI Prensa, e informé del asunto a otros sodálites con altos cargos en la institución, sin recibir jamás una respuesta.

Regresé a Alemania antes de que mi madre falleciera. Por lo menos, ella sabía que yo había estado a su lado —pues me había esperado antes de dar el paso definitivo hacia la otra vida— y pude acompañarla en algunos momentos de su agonía. Y ahora me dejaba un legado que no podía ignorar: aunque había cometido errores durante su vida, siempre había buscado lo mejor para nosotros sus hijos, siguiendo su conciencia. Cuando me uní al Sodalicio, ella se opuso —pues como muchos padres y madres de familia de esa época, sospechaba de un grupo que ya desde entonces presentaba características sectarias—, pero cuando vio que era inevitable que yo tomara esa decisión, me apoyó personalmente en lo que pudo. Incluso cuando tomé la decisión de tomar otro camino que el de laico consagrado, no hubiera podido salir adelante sin su ayuda.

Ahora me encontraba ante un dilema. ¿Debía dejar las cosas como estaban, callar, dar vuelta a la página y contentarme con tener una vida burguesa al lado de mi familia, ajeno cualquier problema de este tipo? ¿O debía dar a conocer lo que sabía, para que alguien se animara a buscar una solución a los problemas? En mi primer blog LA GUITARRA ROTA ya había hecho públicas algunas críticas veladas al Sodalicio, sin mencionarlo por su nombre. Pero eso no era suficiente para que se hiciera algo. Y yo tenía entonces el presentimiento de que en algún momento iban a aparecer uno o más casos de abusos sexuales. No podía ser de otra manera en un sistema rígido de disciplina estricto que pretendía la santidad de aquellos que se sometían a él, pero que manipulaba sus conciencias, aplicaba técnicas de control mental y restringía su libertad. Lo que entonces era una suposición se iría convirtiendo después en certeza, sobre todo cuando a partir de 2011 en adelante comencé a recibir varios testimonios de gente que había sufrido daño psicológico bajo ese sistema disciplinario.

Por el momento decidí dejar el asunto en stand by, mientras buscaba nuevas vías para mantener mi inserción en la Iglesia. Seguí frecuentando a algunas personas del Movimiento Schönstatt, con las cuales sigo manteniendo relaciones de amistad. Guardo muy buena opinión de ellos y sigo dispuesto a apoyarlos en lo que hagan, aunque no comparta todas sus aproximaciones a la vida cristiana. Su sede principal en Vallendar, cerca de la ciudad de Coblenza, es un lugar de encuentro donde se respira paz y espiritualidad, y que atrae a peregrinos de todo el mundo. Es un oasis reigioso en una Alemania donde, si bien siempre hay en las parroquias un pequeño grupo de gente que participa de la vida parroquial y mantiene viva la fe de las siguientes generaciones, la cosa no suele ir más allá de un estilo de vida cristiana acomodada, sin mayores riesgos. Y la escasez de sacerdotes se hace sentir, pues con el paso del tiempo se fusionan cada vez más parroquias, sin que se vislumbre un cambio de tendencia en el futuro. También dediqué mi tiempo libre a leer y seguir informándome sobre otras asociaciones con muchas características en común con el Sodalicio: el Opus Dei y los Legionarios de Cristo, sobre todo.

Cuando en febrero de 2011 se hizo público que Germán Doig, ya fallecido, quien había sido Vicario General del Sodalicio (es decir, el segundo en la cadena de mando después del Superior General), había cometido abusos sexuales en perjuicio de tres jóvenes varones, no me llamo la atención que hubiera ocurrido un hecho así en el Sodalicio. Lo que sí me sorprendió fue quién era el abusador, una persona que yo había conocido personalmente de cerca y con quien había compartido techo y mesa durante años. Si alguien gozaba de prestigio y fama merecida de santidad en el Sodalicio, ése era Germán Doig. Además, la vida de Germán Doig sólo tenía sentido dentro del marco del Sodalicio, pues no solamente le había dedicado toda su vida desde que era adolescente, sino que él mismo había contribuido a configurarlo tal como era en la actualidad y se le consideraba la encarnación ejemplar del ideal sodálite, incluso más que el fundador Luis Fernando Figari.

Si Germán Doig había cometido los reprobables actos que se le atribuían, entonces la conclusión caía por su propio peso: el mismo sistema de vida y disciplina tenía graves fallos que podían estar afectando la vida otros sodálites, así como me afectaron a mí, generándome angustia y obsesiones sexuales, que —gracias a Dios— nunca me llevaron a abusar de otras personas. Además, tenía la certeza de que el Sodalicio, fiel a su costumbre de mantener en secreto todo lo relacionado con los interines de la institución y de sólo dar a conocer lo que se podía saber por otras fuentes, estaba ocultando el verdadero alcance del problema. La versión oficial del Sodalicio —para mi indignación— fue que Germán Doig había sido un caso aislado  y que eso, si bien les dolía en el alma, en nada afectaba la naturaleza buena de la institución como obra querida por Dios. Sólo se admitió públicamente que había tres víctimas, cuando lo más probable es que eso sólo fuera la punta del iceberg y hubiera más víctimas que por el momento guardaban silencio. No sólo suponía yo que podrían haber más víctimas, sino también que probablemente habían más abusadores. Y si esto era así, yo no podía seguir callando y seguir viviendo como si nada hubiera pasado, sin convertirme con mi silencio en cómplice de los autores del delito. Y en cierto sentido también en victimario, pues quien posee información relevante para aclarar ciertos delitos y prefiere guardarlos bajo siete llaves a fin de no crearse problemas, se convierte en un encubridor y causa por su omisión mayor sufrimiento en las víctimas.

El problema radicaba en cómo comunicar lo que yo sabía y las reflexiones que ello había suscitado en mí. Durante ese año conversé con un par de amigos cercanos al respecto y pude tomar contacto con algunas personas que habían estado en primera línea en lo referente al caso de Germán Doig. A su vez, seguía lo que iba apareciendo en la prensa con gran decepción, pues siempre se mezclaban medias verdades e información incorrecta con los datos ciertos que se publicaban. Sobre todo percibía que había una falta de comprensión de lo que era el Sodalicio y la manera de ser de los sodálites. Poco a poco me fui convenciendo de que sólo alguien que hubiera experimentado el Sodalicio desde dentro podía presentar información adecuada y pertinente sobre la institución y poner el dedo en la llaga. Sabiendo cómo reaccionaba el Sodalicio ante quienes lo criticaban públicamente, la tarea no se presentaba nada fácil.

Sabía que me hallaba en una encrucijada de la vida, pues la decisión que estaba tomando iba a tener consecuencias indeseables sobre mi vida, pues como ha ocurrido siempre a lo largo de la historia —tal como se manifestó de manera modélica en la vida de Jesús—, quien muestra lo que los demás no quieren ver y habla de aquello que el común de la gente —en aras de su tranquilidad burguesa— prefiere saber que no existe, termina siendo objeto de desprecio, difamación y ostracismo. La historia de la humanidad está atravesada de cabo a rabo por actos de complicidad a fin de guardar las apariencias.

Y efectivamente ocurrió así. Desde que comencé a publicar lo que sabía, no he tenido un solo momento de paz. Incluso he sufrido la dolorosa oposición de aquellas personas a las que más amo. Aún así, no me arrepiento de haberlo hecho. Además de que me he librado de un ominoso cargo de conciencia que me hubiera atormentado por el resto de mi vida, soy consciente de que con mis escritos he contribuido a darle una luz de esperanza a las víctimas no sólo de abusos sexuales sino también psicológicos e incluso físicos, y, en cierta medida, a que el Sodalicio tome conciencia de algunos problemas y, mal que bien, se abra a la posibilidad de efectuar cambios y reformas. Sé que esto va a tomar mucho tiempo, pues es difícil lidiar con una estructura rígida que hunde cimientos en los tiempos fundacionales de la institución. He perdido amigos y he ganado otros, pero también me he ganado el respeto de muchos, que me consideran una persona que dice las cosas con franqueza y transparencia y que no se deja llevar por la corriente sino que habla con libertad desde su propia experiencia y no teme abrirse a nuevas perspectivas. Razón por la cual algunos católicos de mentalidad conservadora han juzgado erróneamente que he perdido la fe o que estoy en contra de la Iglesia católica, cuando en realidad nunca me he sentido más católico que ahora, sobre todo cuando el actual Papa Francisco regresa a las raíces del Evangelio y proclama un mensaje renovado que entronca directamente con la predicación de Jesús y por ello causa escándalo entre los acomodados y aquellos que creen que su propio estilo de vida burgués es del todo compatible con las exigencias de la vida cristiana.

He sabido a través de las noticias y de otras fuentes que el periodista Pedro Salinas va a publicar en breve un libro de investigación sobre el Sodalicio, donde se van a conocer detalles de la vida de Luis Fernando Figari de los cuales muchos preferirían no enterarse. ¿Contaremos ahora con evidencias que demuestren fehacientemente lo que ya se sospecha desde hace tiempo respecto a Figari?

Recuerdo que el 9 de setiembre de 2003, cuando yo todavía era adherente sodálite, mi amigo Carlos Aguilar me escribió en un e-mail (que aún conservo) lo siguiente: «Para mí mismo, si Luis Fernando Figari empezara a blasfemar y resultase incluso un pedófilo (Dios nos libre), tengo claro lo que quiero, lo que sigo y cómo lo sigo. Y no implica la falta de santidad de las personas debajo suyo. En este sentido ya estamos grandecitos». Este criterio me sigue pareciendo válido. La fe y el compromiso no deben depender de la buena o mala reputación que tenga alguien en quien depositamos nuestra confianza o de la buena o mala imagen que tenga una institución que forma parte de la Iglesia, pues la inenarrable experiencia de sentirse llamados por Jesús trasciende todas esas realidades frágiles y efímeras. Lo único que permanece es ese lazo invisible que nos une bajo el influjo del Espíritu Santo en un solo Pueblo de Dios, donde todos somos hermanos en Cristo y estamos llamados a amarnos y respetarnos mutuamente.

Guardo en mi corazón los testimonios de las personas que se han comunicado conmigo, tanto para contarme sus experiencias positivas como las negativas, y soy consciente de que no puedo defraudar a ninguna. Sé que vienen tiempos difíciles para los miembros de la Familia Sodálite, cuando al final se sepa lo que durante tanto tiempo ha permanecido oculto. Será motivo para discernir en quién se ha puesto la confianza y para observar la amplitud y grandeza de la Iglesia, con toda su riqueza de historias personales, que no pueden quedar encerradas en pequeños rediles de carneros de actitud autocomplaciente que sólo se miran el ombligo. Hay muchas más estrellas en el horizonte de las que uno puede imaginar.

Tengan en cuenta que las instituciones eclesiales (órdenes, congregaciones, institutos, etc.) son pasajeras: nacen, crecen y luego se estancan, o decaen para finalmente desaparecer, según aprendí en mis primeros años de formación en el Sodalicio, cuando Vida y muerte de las órdenes religiosas de Raymond Hostie era un libro de lectura frecuente entre nosotros. No importa que un bote se hunda, si sabemos que la barca de la Iglesia no se hundirá, según la promesa de Jesucristo. De modo que a remar todos juntos, y por favor sin intentar tirar a otros pasajeros por la borda solamente porque juzguemos erróneamente que no son dignos de estar en el mismo navío. No vaya a ser que al final terminemos hundiéndonos nosotros mismos por no tener el pasaporte del amor fraterno en nuestras manos.

Recuerden a este humilde hermano, que aceptó el camino del ostracismo y del olvido —olvido que alcanza también a la mayoría de las 92 canciones que he compuesto hasta ahora— sólo porque decidió actuar en conciencia y contar su propia historia, hacer uso del pensamiento crítico y dar a conocer los tesoros que ha descubierto en la libertad de los hijos de Dios. No quiero nada a cambio, sino sólo la satisfacción de haber ayudado a otros hermanos para que abran los ojos y vean la luz sin ningún temor, esperando que no pierdan la fe cuando se cierna sobre ellos la noche de la desilusión. Pues allí donde abundó el pecado, sobreabundó la gracia, como decía San Pablo en la Carta a los Romanos (5, 20).

A todos un cariñoso saludo en Cristo y María,
unidos en la fe, la esperanza y el amor,

su hermano peregrino en el mismo Pueblo de Dios,

Martin