BERGOGLIO Y CIPRIANI

Los cardenales Cipriani y Bergoglio en el Vaticano antes del cónclave que eligió a Benedicto XVI (abril de 2005)

Los cardenales Cipriani y Bergoglio en el Vaticano antes del cónclave que eligió a Benedicto XVI (abril de 2005)

Bergoglio y Cipriani se conocen desde hace mucho tiempo. Ambos han quedado en la memoria de muchos testigos como los polos opuestos de un evento importante para la Iglesia latinoamericana: la V Conferencia General del Consejo Episcopal Latinoamericano, realizada en Aparecida (Brasil) en mayo de 2007.

Entre esos testigos está el P. Víctor Manuel Fernández, actual rector de la Pontificia Universidad Católica Argentina y teólogo de confianza del Papa Francisco.

Como arzobispo de Buenos Aires, Bergoglio ejerció un papel muy importante en la redacción del documento final. De él cuenta Fernández: «Un obispo argentino me comentaba: “¿Cómo hace Bergoglio para salir siempre el primero en todas las votaciones?” Creo que es por su estilo sereno, por su fidelidad a la Iglesia sin dejar de ser creativo y por su tendencia a dar cancha a los demás.»

De Cipriani cuenta una anécdota que lo pinta de cuerpo entero: «en el fragor de las discusiones sobre la opción por los pobres, el cardenal Cipriani decía: “¡Dale con los pobres, dale con los pobres! ¿Vamos a salir de aquí para hacer comedores por todas partes?”»

El documento de Aparecida, que presenta una Iglesia más abierta a la realidad, más acogedora y misionera, fue aprobado con 127 votos a favor, 2 votos en contra y una abstención. Suponemos quiénes votaron en contra. Como cuenta Caretas: “Es conocido que el cardenal (Cipriani) y el arzobispo de Piura, José Antonio Eguren del Sodalicio, fueron los únicos prelados que no firmaron el documento de Aparecida (Brasil) en el 2007 por su énfasis en los menos favorecidos.“”

¿Quién cree aún que Cipriani cuenta con la confianza incondicional del Papa?

(Columna publicada en Exitosa Diario el 22 de abril de 2015)

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FUENTES

21RS – la revista cristiana de hoy
– En Aparecida, gana Bergoglio (Jesuitas) y pierde Cipriani (Opus Dei) (02.07.07)
http://blogs.periodistadigital.com/21rs.php/2007/07/02/p103991

La cita de la revista Caretas aparece en la edición del 26 de setiembre de 2013 en el siguiente artículo:
– El obispo caído: falla y cruz
http://www.caretas.com.pe/Main.asp?T=3082&idE=1120&idS=375#.VTkKRBYZl7z

Finalmente, recomiendo el siguiente artículo de José Manuel Vidal publicado en Religión Digital:
– Cardenal Cipriani, el ‘problema’ de la Iglesia peruana (19 de abril de 2015)
http://www.periodistadigital.com/religion/america/2015/04/19/cardenal-cipriani-el-problema-de-la-iglesia-peruana-iglesia-america-peru-cardenal-lima-papa-opus-obra.shtml

CRISTO EN WUPPERTAL

Procesión de Viernes Santo en Wuppertal, 10 de abril de 2009

Procesión de Viernes Santo en Wuppertal, 10 de abril de 2009

Wuppertal, una ciudad renana de pasado industrial que se extiende accidentadamente a lo largo de uno de los afluentes del Rin, el río Wupper, y en una de cuyas localidades nació el teórico del comunismo Friedrich Engels, fue el primer lugar en Alemania donde tuve domicilio fijo, gracias a la generosa ayuda del P. Ulrich Lemke, párroco de la parroquia de San Juan Bautista en Oberbarmen. Viví en esa ciudad desde diciembre de 2002 hasta finales de 2005.

Durante ese tiempo plasmaría mis reflexiones y experiencias en un serie de escritos que compartí por correo electrónico con amigos y conocidos, y que agrupé bajo el título de “Crónicas desde Wuppertal”. La siguiente es una de esas crónicas, que quiero rescatar del olvido.

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CRISTO EN WUPPERTAL

Wuppertal, 4 de mayo de 2003

Ya ha terminado abril, con sus climas sorpresivos, donde en un sólo día se puede tener granizo, lluvia y sol, aunque la mayoría de los días han estado soleados. Toda la vegetación se ha puesto de un verde asombroso, y las flores crecen por doquier, mientras los días se alargan de una manera que es inédita para los que conocemos solo los veranos de Lima. A estas alturas del año, recién oscurece a las 21:00 horas. Resulta difícil dormir a los niños a las 20:00 horas, pues todavía entra luz por la ventana, por más que hayamos cerrado las cortinas para impedir su paso.

La Semana Santa ha sido un buen indicador para medir también el nivel de religiosidad en este país, donde aparentemente está retrocediendo la fe, aunque el transcurso del año todavía está marcado por una fuerte impronta cristiana. Si bien hay ligeras diferencias entre los diferentes Estados respecto a los días feriados (por ejemplo, sólo en Baviera es feriado el día de la Asunción de María a los Cielos), por lo general tienen en común el coincidir con celebraciones cristianas. Aquí en Renania del Norte-Westfalia son feriados el Viernes de Pasión, el lunes después del Domingo de Pascua, el día de la Ascensión de Nuestro Señor Jesucristo a los cielos, Corpus Christi, el lunes despúes de Pentecostés, Todos los Santos y Navidad (25 y 26 de diciembre). No ocurre como en el Perú, donde, durante el gobierno militar del General Juan Velasco Alvarado, algunas de estas fiestas fueron eliminadas como feriados, lo cual obligó a la Iglesia a trasladarlas al domingo más cercano. Cosa curiosa en una nación tan marcadamente católica como el Perú. Y esto se hizo bajo el absurdo pretexto de que se tenía que trabajar más, pues los peruanos son muy flojos y tienen demasiados días feriados. Se apuntó de esta manera a la productividad.

Sin embargo, aquí en Alemania se trabaja menos y se celebra más. Eso llega a tales extremos en la época navideña, que prácticamente la mayoría de las empresas y oficinas estatales y privadas quedan paralizadas desde el 24 de diciembre hasta el 7 de enero. Los supermercados tienen atención al público, pero con horarios restringidos. No por eso se ocasionan pérdidas graves que afecten la economía del país.

Un país que no celebra es un país que no puede salir adelante, hablando solamente en términos de desarrollo intramundano. Sin embargo, la fe y la esperanza son tan grandes en el Perú, que, no obstante esos absurdos recortes de celebraciones cristianas que han quedado descolocadas respecto a su celebración en el calendario litúrgico seguido por la Iglesia universal, el pueblo peruano sigue encontrando motivos para celebrar la vida y el amor de Dios misericordioso.

El criterio de que hay que trabajar más esconde no una preocupación por el bienestar del país, sino que constituye un disfraz del deseo de perpetuar la esclavitud y la explotación por parte de ciertas élites de la sociedad peruana, que ciertamente trabajan mucho menos que los demás. Aplicando la ley del embudo (ancho para mí, estrecho para ti), exigen a los demás trabajar más tiempo de lo reglamentado por ley, mientras que ellos reducen sus horas de trabajo para poder dedicarse al ocio construido sobre las horas extras de sus empleados. Es de este modo que, no obstante lo que dicen las leyes, en la práctica se ha destruido en el Perú la jornada de ocho horas desde hace algún tiempo.

Aquí en Alemania, por el contrario, un trabajo de tiempo completo implica laborar máximo 38,5 horas a la semana. Pero el trabajo es organizado y eficiente, de modo que no se tiene que exhortar a la gente a que trabaje más. Si el trabajo es ineficiente y de mala calidad, no se conseguirá resultados aumentando las horas (y los días) de trabajo, porque será más de lo mismo. Ese absurdo criterio me llevó a sufrir horas de aburrimiento cuando trabajaba en el Colegio Augusto Weberbauer. Tenía que cumplir un horario con estrictas horas de salida y entrada, aunque ya hubiera cumplido con todas mis obligaciones y sólo me quedara por delante tiempo muerto. De este modo, el tiempo de espera de la hora de salida fue rellenado con lecturas personales, sentado en la sala de profesores, mientras no había literalmente nada que hacer. Esto es diferente al régimen bajo el cual trabajan los docentes en Alemania (y que también se aplica al Colegio Alexander von Humboldt en Lima). El maestro tiene que asistir puntualmente a sus clases, pero, una vez terminadas sus obligaciones, puede retirarse. Las demás tareas adjuntas a su profesión (preparación de clases, investigación, corrección de trabajos y exámenes, etc., etc.) las puede hacer donde le venga en gana, sin la necesidad de estar atornillado a un lugar viviendo un tiempo muerto a la espera de la hora de salida.

En el Perú persiste la mentalidad explotadora rezago de la colonia, herencia de una república de caudillos y dictadores, y últimamente reforzada por la ideología neoliberal, pensamiento que ni siquiera ha sido aplicado de manera tan descarnada y radical aquí en Alemania como en el Perú, especialmente durante el gobierno del fatídico Fujimori.

Las noticias que leo sobre el Perú a través de Internet no son alentadoras. Se sigue creyendo en el liberalismo exportado por los EE.UU. de Bush como la panacea que traerá la salud económica y el bienestar social a todos los pueblos. Y se sigue aplicando esta ideología de manera cruenta, olvidando que lo esencial es la preocupación por las personas concretas, y no por las variables económicas, donde cada ser humano queda subsumido como una cifra, que entra a veces a engrosar el rubro del costo social, es decir, de los que necesariamente se joderán para que la macroeconomía dé cifras en azul.

Sin embargo, aunque Alemania esté bien en lo social y lo económico, eso también acarrea consigo una caterva de males que pueden ocasionar a largo plazo una descomposición social de proporciones inimaginables. Y de eso quiero hablar.

Son muy pocos los alemanes que declaran tener una conciencia religiosa. Según una encuesta reciente de la revista “Stern”, 45% declaran tener desconfianza hacia la Iglesia católica. 29% creen que la Iglesia católica necesita ser reformada. Es decir, a la mayoría no les importa si la Iglesia católica se reforma o no, porque no les interesa en absoluto lo que suceda con ella.

Un símbolo de esta realidad fue lo que viví yo junto con María Eleana y los niños el Viernes Santo. Desde hace más de veinte años la Misión Católica Italiana en Wuppertal organiza una representación de la Pasión y Muerte de Cristo, qué se efectúa a lo largo de cinco estaciones en Elberfeld, distrito central de la ciudad. Desde que es condenado a muerte, hasta la crucifixión en la ladera de uno de los cerros que bordean Wupertal, el actor que representa a Jesús va cargando la cruz a través de las calles, acompañado de los fieles católicos (italianos y alemanes) en una procesión que este año convocó a unas 4,000 personas. Hay cánticos (en italiano y alemán), mientras una orquesta de vientos va entonando las diversas melodías religiosas. Sin embargo, cuando llegamos al momento cumbre de esta representación, había en ese lugar, un parque que constituye una zona verde elevada con respecto al resto de la ciudad, grupos de jóvenes desperdigados que se habían reunido para pasar un buen día comiendo, bebiendo y cantando. El lugar parecía un basural: botellas, latas, envolturas diseminadas por toda partes, dos fogatas apagadas, y jóvenes de apariencia rebelde, algunas parejas entregándose a sesiones interminables de besos, indiferentes a la multitud creyente que había asistido, mientras el Señor era crucificado en lo alto. Creo que hasta hubo algunas expresiones blasfemas proferidas en señal de desprecio a la procesión viacrúcica.

Si bien no se puede sacar una conclusión generalizada sobre la juventud en estas tierras a partir de los jóvenes reunidos allí, no es infrecuente ver reflejado esto en otros sectores de la sociedad alemana. Se aprovecha los días feriados que el cristianismo ha marcado en el correr de los días para celebrar, pero se permanece indiferente ante aquello que se conmemora. ¿Para qué sirve Dios, cuando ya se tiene todo? El paisaje muestra un panorama de almas desoladas y solitarias, pero eso es invisible ante la presencia avasalladora de un bienestar material del cual no se puede descender, porque hay ciertos mínimos que están garantizados. Y los que viven así, encuentran difícil creer que en el Perú la mayoría esté muy por debajo de esos mínimos.

Esa sensación aletargante de bienestar ha inficionado incluso a los católicos. Es cierto que he conocido a muchos buenos cristianos, comprometidos vitalmente con la Iglesia, con una fidelidad sólida y un deseo de colaborar con el bien de sus hermanos en la fe. Sin embargo, su preocupación parece centrarse solamente en aquellos que se han quedado en la Iglesia, y en mantener vivos los valores y tradiciones cristianas, que todavía despliegan una fuerza enorme expresada a través de símbolos, oraciones, rituales, de una enorme belleza y profundidad. Pero lo que parece haberse perdido es el ímpetu evangelizador. Resulta extraño para muchos católicos alemanes la idea de atraer discípulos de Cristo de otros ámbitos que no sean los cristianos propiamente dichos. Hay como una triste resignación ante el hecho de que la sociedad sea pluralista, donde la adhesión o no a una religión tiene igual carta de ciudadanía, y donde la convivencia pacífica obliga a dejar la fe en el desván de lo privado. De este modo, es poco lo que se hace respecto a lo que nosotros conocemos como “apostolado”.

Aquí estaría nuestro aporte a la Iglesia en Alemania: en poder insuflar conciencia evangelizadora e ímpetu apostólico; en todo lo demás, debemos presentarnos con actitud humilde y aprender, pues hay siglos de tradición cristiana que todavía siguen vivos y que pueden enriquecernos en aquello en lo que somos pobres y carentes.

Tuve la oportunidad de escuchar personalmente al Cardenal Joachim Meisner, arzobispo de Colonia, el domingo 24 de abril, durante unas Vísperas que presidió en el seminario diocesano, con motivo de la fiesta del patrono de dicho seminario, San Pedro Canisio, jesuita considerado como el segundo evangelizador de Alemania. El primero es San Bonifacio. El Cardenal predicó con un tono paternal y cercano a los presbíteros, seminaristas, teólogos y otros allí reunidos. Su estilo está muy lejos de las solemnidades con las que nuestra imaginación suele revestir a las dignidades eclesiásticas alemanas. Yo había asistido como miembro de la “coral schola” de la Iglesia de San Juan Bautista de Wuppertal. Una “coral schola” es como un coro reducido de varones, que entonan cantos gregorianos y otras melodías sacras. Eramos siete varones, que cantamos todos los salmos y cánticos de las Vísperas. En esta ocasión, el Cardenal habló de la necesidad de evangelizar, e hizo referencia al próximo Encuentro Mundial de Jóvenes con el Santo Padre, a realizarse en Colonia el año 2005. Recalcó sobre manera que lo que los jóvenes iban a querer ver no era solamente un evento bien organizado (lo cual es característico de los alemanes), sino el testimonio de fe que se les pudiera brindar. Y eso es algo que necesita ser resaltado en estas tierras. Pues Cristo las sigue recorriendo, impregnando los momentos festivos del año, ante la indiferencia de muchos que se consideran postcristianos, es decir, no personas que están en contra del cristianismo, sino que han dejado el cristianismo atrás, como rezago de un pasado que debe ser olvidado y superado.

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Como se ha podido notar, está crónica contiene algunas recomendaciones dirigidas a miembros del Movimiento de Vida Cristiana, al cual pertenecían varios de mis lectores. Ha pasado mucho tiempo y representantes de este movimiento eclesial que forma parte de la Familia Sodálite han decidido, a partir del año pasado, hacer acto de presencia institucional en Alemania con la ayuda del P. Sebastian Hannig, un joven sacerdote de la arquidiócesis de Colonia, al cual le fue ofrecido en alguna ocasión —cuando todavía era seminarista— integrarse al Sodalicio de Vida Cristiana —e incluso pasó varios meses en una casa de formación en San Bartolo—, pero finalmente decidió rechazar la oferta y ser ordenado presbítero diocesano en Colonia. Sería interesante saber cuáles fueron las razones que motivaron su decisión de no ser sodálite.

Mis breves recomendaciones siguen siendo válidas y pueden ser consideradas como una contribución para que el Movimiento de Vida Cristiana, que ofrece un estilo de vida cristiano válido dentro del sano pluralismo que caracteriza al Pueblo de Dios, comience con buen pie en estas tierras germanas, sin caer en el error de confundir proselitismo con apostolado. Le deseo buena suerte.

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La escasa información disponible sobre la presencia del Movimiento de Vida Cristiana en Alemania se puede consultar en una página web que está en construcción (en alemán):
http://www.mvc-deutschland.de/index.html

LA FABRICACIÓN DE UNA ASESINA EN SERIE

Aileen Wuornos (1956-2002)

Aileen Wuornos (1956-2002)

El 9 de octubre de 2002 Aileen Wuornos, cata­logada como la primera asesina en serie de los Estados Unidos, fue ejecutada en Florida mediante inyección letal. Nick Broomfield, cineasta británico, le dedicó dos docu­mentales, uno en 1992 y el otro en 2003.

Lo que vemos en ambas cintas cambia nuestra perspectiva de aquello que fue dado a conocer públicamente, pues si bien la lesbiana Aileen mató a tiros a siete hombres en el lapso de un año, nos queda la duda de si fue en realidad defensa propia de una prostituta callejera que fue primero víctima de la violencia ejercida por varones machistas en una sociedad que desprecia y maltrata a las mujeres social­mente marginadas.

Y peores son los policías co­rruptos que negociaron con Ho­llywood para vender los dere­chos de filmación de su historia y por eso estaban interesados en tener a una asesina en serie en el banquillo. O la cristiana fundamentalista que la adoptó y junto con un abogado inexperto la convencieron de inculparse sin atenuantes con la esperanza de obtener una pena ligera, pero que en verdad querían que re­conociera sus pecados para po­der expiarlos mediante la pena de muerte, que es lo que finalmente obtuvo. O el gobernador Jeb Bush, quien puso la fecha de ejecución para poco antes de las elecciones, dando una señal a sus electores para que lo reeli­gieran. Y todo con el apoyo de los medios informativos, que se han convertido actualmente en manipuladores de la realidad con intereses propagandísticos.

Finalmente, una produc­tora independiente —no Ho­llywood— le hizo justicia con un film estremecedor (Monster, 2003), llevándose Charlize The­ron el Óscar a mejor actriz.

(Columna publicada en Exitosa Diario el 8 de abril de 2015)

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Los documentales de Nick Broomfield, que para algunos críticos se hallan entre los mejores dentro del  género, son los siguientes:

  • Aileen Wuornos: The Selling of a Serial Killer (1992)
  • Aileen: Life and Death of a Serial Killer (2003)

EL CLIENTE DE LA PROSTITUTA

Fotograma de “La última tentación de Cristo” (Martin Scorsese, 1988)

Fotograma de “La última tentación de Cristo” (Martin Scorsese, 1988)

Es moneda corriente que quienes se llaman cristianos y dicen seguir a Jesús tengan una imagen idealizada del profeta de Nazaret, ajustada a su modo de vida y su condición social. Y a su ideología personal o colectiva. Recuerdo que durante mis primeros años en el Sodalicio de Vida Cristiana nos leían con frecuencia la descripción de Jesús que hace Karl Adam, un teólogo católico que en los años ’30 fue miembro del partido nazi, el cual se imaginaba a un Jesús robusto, exigente, siempre sano, amante de vivir a la intemperie y cuidadoso de su presencia física, según los ideales de las Juventudes Hitlerianas.

Sin embargo, el Jesús real debe haber sido distinto. Los cristianos prefieren alejar la idea de un Jesús tan humano que apestaba al igual que sus congéneres, que cagaba y orinaba a campo abierto, que tuvo adolescencia e impulsos sexuales, que aprendió de la experiencia, pasando por los fracasos propios de toda vida humana. Sin pecar ni rebelarse contra Dios.

En ese sentido, la imagen que aparece en la película La última tentación de Cristo (Martin Scorsese, 1988) de un Jesús esperando junto a los demás clientes de la prostituta María Magdalena, a fin de poder hablar con ella y nada más, aunque ficticia me resulta más conmovedora y apelante que aquellas imágenes monolíticas de Jesús que reflejan una pureza aséptica y tan distante de lo humano.

Estamos ante un Jesús que sentirá la seducción natural de un amor de mujer para formar un hogar donde gozar de la felicidad terrena. Pero que decidirá finalmente aceptar otro destino: una muerte temprana en fidelidad a principios superiores.

(Columna publicada en Exitosa Diario el 1° de abril de 2015)

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La Sagrada Escritura afirma claramente que Jesús, Dios hecho hombre, fue en todo semejante a nosotros menos en el pecado.

«Por eso tuvo que asemejarse en todo a sus hermanos, para ser misericordioso y Sumo Sacerdote fiel en lo que toca a Dios, en orden a expiar los pecados del pueblo.» (Hebreos 2,17)

«Pues no tenemos un Sumo Sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras flaquezas, sino probado en todo igual que nosotros, excepto en el pecado.» (Hebreos 4,15)

Aún así, a muchos cristianos les resulta difícil llegar hasta las últimas consecuencias de un enunciado que ya desde tiempos antiguos generó resistencia de parte de la razón humana. Y es así que cuando se presenta a un Jesús tan pero tan humano, al punto de compartir muchas de nuestras flaquezas y debilidades, algunas sensibilidades religiosas se sienten ofendidas y llegan a acusar de blasfemia a quien ose representar en toda su crudeza esas cosas.

Además, el Jesús de los Evangelios se rodeaba de gente considerada por la sociedad judía de entonces como personas de mal vivir y pésima reputación: publicanos (recaudadores de impuestos) y pecadores, entre los cuales podemos incluir a los delincuentes, las prostitutas, las personas con enfermedades graves, congénitas o mentales —según la concepción de la época que atribuía este tipo de dolencias al pecado—. Y no pocas veces los fariseos (judíos decentes y practicantes de buen nivel social) le recriminaron por andar en compañía de esa gentuza.

Lamentablemente, muchos representantes actuales de Jesús ante el pueblo cristiano —entre ellos incontables obispos, sucesores de los Apóstoles—, si bien no ven ningún problema en visitar a los enfermos, prefieren no tener nada que ver con gente considerada de mal vivir y mantener sobre todo una buena reputación ante la burguesía católica. No tengo ningún recuerdo contemporáneo de algún obispo que se haya sentado a la mesa a comer con prostitutas, ladrones de bajos fondos, jóvenes pandilleros, drogadictos, alcohólicos o enfermos mentales, como lo hubiera hecho Jesús si hubiera vivido en la actualidad. Pero si el delincuente es un empresario de alto nivel social y buena reputación protegido por la ley, que incluso puede estar matando gente lentamente aplicando estrategias capitalistas usuales en nuestras sociedades enfermas, son muchos los obispos que se sentarían a la mesa con él, con actitud complaciente y callando en todos los colores las injusticias ocasionadas por tal sujeto. En fin, nunca hay que disgustar a un posible donante.

Cuando el Cardenal Jean Daniélou falleció el 20 de mayo de 1974 de un paro cardíaco en la casa de una prostituta parisiense, hubo escándalo. Sin embargo, este eclesiástico de inmensa profundidad intelectual y tendencias renovadoras, encarnó en su vida la figura de Jesús de manera más cercana que otras eminencias católicas de nuestro tiempo, tal como lo describe su hermano homosexual Alain en su autobiografía:

«Jean tuvo siempre hacia mí una amabilidad perfecta. Durante toda su vida sintió remordimientos por el modo como la familia me había tratado y dejado sin sustento. Se lo decía a menudo a amigos comunes. Cuando mi amigo Raymond murió le confió a Pierre Gaxotte, en los pasillos de la Academia de Francia, que sentía una gran tristeza pensando en lo afectado que debía de estar yo.

Ser nombrado cardenal fue para Jean una liberación. Era finalmente libre de la constricción jesuítica de la que, estoy seguro, había sufrido. Los últimos años de su vida fueron los más felices.

Su muerte y el escándalo que ésta provocó, pues él ya era una de las mayores figuras de la Iglesia, ha sido una especie de venganza póstuma, uno de los favores hechos por los dioses a los que aman. Si hubiera muerto unos instantes antes o después, o si hubiera estado visitando a una señora del distrito dieciséis con el pretexto de obras de beneficencia, en lugar de llevar las ganancias de sus escritos teológicos a una pobre mujer necesitada, no habría habido ningún escándalo.

Desde siempre, Jean se había dedicado a las personas mal vistas. Durante un cierto periodo había celebrado una misa por los homosexuales. Intentaba ayudar a los detenidos, a los delincuentes, a los jóvenes con dificultades, a las prostitutas. He admirado profundamente este final de vida, similar al de los mártires, cuyo aroma sube al cielo entre la abominación y el sarcasmo de la multitud.

Ha muerto como mueren los verdaderos santos, en la ignominia, entre risas burlonas, con el desprecio de una sociedad resentida y vil. En los últimos años de la vida de mi hermano yo vivía cerca de Roma y era, según la opinión del clero, un apóstata de cierto relieve. Había quien nos confundía y algunos críticos habían incluso atribuido a mi hermano mi libro L’érotisme divinisé, diciendo: “Ya sabemos la libertad de espíritu que tienen los jesuitas, pero…”. Mi hermano tuvo que demostrar que el escándalo no lo ocasionan nuestras creencias o nuestros actos, sino la ironía de los dioses, que se ríen de este tropel de reglas de vida y de las denominadas “verdades que hay que creer”, de las cuales los hombres se atribuyen la paternidad.»

Parece que la gracia de Dios se muestra reacia a actuar donde reina la autocomplacencia de los decentes, aquellos que podríamos llamar los fariseos de hoy. Porque, como decía San Pablo, «donde abundó el pecado, sobreabundó la gracia» (Romanos 5, 20). Y el mismo Jesús les espetó a los fariseos en su cara una frase que aún hoy puede resultar dura de oír para muchos: «En verdad os digo que los publicanos y las rameras llegan antes que vosotros al Reino de Dios» (Mateo 21, 31).

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El texto de Alain Daniélou aparece citado en:

Sandro Magister
Mi hermano homosexual (12.2.2015)
http://chiesa.espresso.repubblica.it/articolo/1350992?sp=y

Sobre el teólogo Karl Adam, se puede leer mi post LOS TEÓLOGOS NAZIS.

QUERIDO CATÓLICO PEQUEÑO BURGUÉS

caricatura_burgueses_abortoEl 21 de marzo marchaste por la vida, en un evento que reunió en Lima a medio millón de cristianos que se pronunciaron contra el aborto y a favor del matrimonio y de la familia tradicional. Consideraste importante tu presencia a fin de detener los avances de una “cultura de muerte” que pretende asesinar a los niños en el vientre materno. Ciertamente, una conspiración de ésas que le quitan el sueño a cualquiera. Y al final del día te fuiste a la cama, con la conciencia tranquila por haber participado en una marcha que va a cambiar el mundo. Por lo menos, en lo que atañe al aborto.

¿Pero te enteraste previamente de cuáles son las causas que llevan a las mujeres a abortar? ¿Es suficiente una marcha —que no es una invitación al diálogo sino una demostración de fuerza— para ayudar a solucionar el problema?

¿No ignoraste acaso la Gran Marcha por el Agua y la Vida de febrero de 2012, donde los campesinos protestaron contra la minera Yanacocha, que pretende destruir las fuentes acuíferas que sirven de sustento a sus vidas? ¿Y dónde estabas cuando tantos jóvenes protestaban contra la Ley Pulpín a favor de condiciones laborales para una vida digna?

Probablemente, al igual que Mons. Cipriani, ignoraste las matanzas de campesinos perpetradas por el ejército en los Andes y defendiste la pena de muerte contra los terroristas. Y no te uniste a las manifestaciones de las mujeres indígenas esterilizadas sistemáticamente por el gobierno de Fujimori.

Curiosa manera la tuya de defender la vida: cuando recién se inicia, pero indiferente a la justicia social necesaria para una vida adulta digna.

(Columna publicada en Exitosa Diario el 25 de marzo de 2015)

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Soy católico y estoy en contra del aborto. Si bien no cuento con una certeza absoluta de cuándo se inicia la vida propiamente humana —tampoco la Iglesia la tiene con base en fundamentos bíblicos y teólogicos incuestionables, mucho menos la ciencia—, considero que truncar una vida que se inicia sin un motivo proporcional es contrario a la dignidad humana. Ese motivo proporcional puede ser un riesgo grave para la salud física o psíquica de la madre, en cuyo caso estamos hablando de un aborto indirecto (no deseado en si mismo) por razones terapéuticas, considerándose el aborto como un mal tolerado por motivos justificables. Ésta es la opinión de varios moralistas católicos y así está en un documento oficial de la Iglesia (ver mi post LO QUE CIPRIANI NO APRENDIÓ SOBRE EL ABORTO).

Sin embargo, en la tarea por disminuir la cantidad de abortos que se practican actualmente no creo que las así llamadas Marchas por la Vida jueguen un papel importante. Estas marchas parecen tener sólo la función de influir sobre la legislación vigente en un país, mostrándole a los políticos qué cantidad de posibles votantes están en contra del aborto. Y a decir verdad, las leyes sobre el aborto no determinan la cantidad de interrupciones del embarazo que se practican. Pues con o sin ley, quien decide no abortar no lo hace, y quien decide hacerlo, lo hace clandestinamente si la ley no se lo permite, en buenas condiciones si se trata de una mujer de familia pudiente, o en condiciones riesgosas si se trata de una mujer pobre.

La solución no pasa por la concientización de que el aborto es un mal que debe ser evitado, sino más bien por darle una solución integral a las causas que llevan a que las mujeres aborten: situación de pobreza, abandono por parte de la pareja, falta de oportunidades formativas y laborales para mujeres con hijos, falta de atención sanitaria de calidad, abandono y olvido por parte del Estado, pocas esperanzas de vida digna para toda la familia, etc.

burguesa_contra_el_abortoQuienes participan en las Marchas por la Vida se manifiestan respecto al inicio de la vida y respecto a su final, incidiendo en el carácter perverso del aborto y la eutanasia. Pero cuando se trata de manifestarse a favor de otro tipo de derechos humanos que hacen que la vida merezca ser vivida, su ausencia se hace sentir, argumentando que se trata de luchas políticas en las cuales la Iglesia católica no debe inmiscuirse.

A fin de cuentas, las Marchas por la Vida terminan siendo eventos multitudinarios donde católicos y otros cristianos se celebran a sí mismos por tener un modo de pensar correcto, guiados por lemas pueriles que no son más que estrategias de marketing sentimental: «Que tu niño interior defienda al mío. Únete», «Que tu niño interior te mueva. Únete».

Para combatir la plaga del aborto se necesitaría un testimonio más encarnado y realista y un compromiso más decidido con los pobres. De nada sirve criminalizar a las mujeres que han abortado acusándolas de asesinato, sin comprender las razones que las llevaron a ello. En ese sentido, me inclino a favor de una despenalización parcial del aborto. Y a la implementación de una pastoral de misericordia, que incluya medidas sociales orientadas a generar mejores perspectivas de futuro para los más necesitados. Y que, además, no utilice el pretexto de fomentar el matrimonio y la familia para excluir y marginar a quienes no se ajustan al modelo de familia tradicional.

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Una exposición profunda y analítica sobre las posiciones actuales ante el aborto redactada por alguien que comparte y admira la postura de la Iglesia que defiende la vida del embrión desde el principio y, sin embargo, favorece por motivos realistas y de sentido común una despenalización, es la del jesuita José Ignacio González Faus:

“Abortar el aborto” (14.02.2014)
http://blogs.periodistadigital.com/miradas-cristianas.php/2014/02/14/abortar-el-aborto

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POST SCRIPTUM (28 de marzo de 2015)

En el blog de Roncuaz, un amigo sodálite de buenas intenciones al cual aprecio mucho, ha aparecido un comentario sobre este artículo, en que se me acusa de mentiroso (ver http://roncuaz.blogspot.de/2015/03/que-la-vida-marche-siempre.html). He aquí mi respuesta:

Querido Roncuaz:

Te aprecio y admiro personalmente. Sin embargo, me veo obligado a escribir debido a una acusación grave que haces en contra de mí: la de que estoy mintiendo de la manera más feroz.

Sabes muy bien que estoy en contra del aborto y que, siguiendo la moral católica, admito el aborto sólo por razones terapéuticas graves como un mal menor que debe ser tolerado. Nunca he considerado el aborto como un derecho de la mujer ni mucho menos como una práctica que pueda ser legitimada. Cuando hablo de una despenalización parcial del aborto, me refiero a que se deroguen aquellas leyes que criminalizan a las mujeres que han abortado, pues considero que mantenerlas afecta negativamente al bien común. No es lo mismo que legitimar el aborto, el cual debe ser siempre considerado como un mal que hay que evitar en la medida de lo posible.

Por otra parte, mis críticas a las Marchas por la Vida van en la línea de las declaraciones del Papa Francisco a la Civiltà Cattolica (ver http://www.vidanueva.es/wp-content/uploads/2013/09/entrevista-papa-Francisco-Antonio-Spadaro.pdf):

«No podemos seguir insistiendo sólo en cuestiones referentes al aborto, al matrimonio homosexual o al uso de anticonceptivos. Es imposible. Yo no he hablado mucho de estas cuestiones y he recibido reproches por ello. Pero si se habla de estas cosas hay que hacerlo en un contexto. Por lo demás, ya conocemos la opinión de la Iglesia y yo soy hijo de la Iglesia, pero no es necesario estar hablando de estas cosas sin cesar».

«Las enseñanzas de la Iglesia, sean dogmáticas o morales, no son todas equivalentes. Una pastoral misionera no se obsesiona por transmitir de modo desestructurado un conjunto de doctrinas para imponerlas insistentemente. El anuncio misionero se concentra en lo esencial, en lo necesario, que, por otra parte es lo que más apasiona y atrae, es lo que hace arder el corazón, como a los discípulos de Emaús». «Tenemos, por tanto, que encontrar un nuevo equilibrio, porque de otra manera el edificio moral de la Iglesia corre peligro de caer como un castillo de naipes, de perder la frescura y el perfume del Evangelio. La propuesta evangélica debe ser más sencilla, más profunda e irradiante. Sólo de esta propuesta surgen luego las consecuencias morales».

El aborto no es una causa sino la consecuencia de otros problemas serios, que son los que hay buscar sanar en su raíz. No se puede solucionar un problema sin ir a sus fuentes. Sabemos que en un país donde el aborto es ilegal se aborta igual o incluso más que en otros países donde está legalizado.

Las manifestaciones multitudinarias en contra del aborto pueden, por lo mismo, resultar contraproducentes, pues desvían la atención hacia un tema particular y nos apartan de lo esencial, que es la predicación del Evangelio, sobre todo con el testimonio de vida. La moral es siempre consecuencia de un compromiso personal y libre con Jesús, y no se puede pretender imponerla mediante la presencia de las masas en la calle.

Por otra parte, considerar el aborto como un crimen es ya prejuzgar el grado de conciencia de quien lo comete, sin considerar los atenuantes que pueda haber. Un crimen sólo es tal cuando se realiza con conciencia y conocimiento plenos de lo que se está haciendo y de manera deliberada, con voluntad plena. Aunque haya casos en que así sea, difícilmente se le puede aplicar esto a todas las mujeres que abortan. Más aún, si no hay conciencia de que el embrión abortado es una persona humana, no podemos acusar de criminales a quienes hayan abortado.

Creo, mi querido Roncuaz, que al dejarte llevar por la emotividad que te caracteriza terminas haciendo afirmaciones absolutas y te cierras al diálogo, necesario para poder analizar este tema con objetividad. Como ejemplo, la siguiente frase: «Rechazar un mal como el aborto es rechazar todos los males y las injusticias.» Y, sin embargo, conozco a personas que rechazan el aborto, pero justifican las matanzas de los penales durante el primer gobierno de Alan García, los crímenes de La Cantuta, la pena de muerte para terroristas y violadores de niños, los sueldos miserables de lo que ellos llaman mano de obra barata, la discriminación de quienes no pertenecen a su nivel social, y que incluso gozan de un bienestar económico de dimensiones pornográficas logrado sobre la base de ganancias exorbitantes injustificables, sin que les importe un carajo el bienestar de aquellos que sobreviven bajo el límite de la pobreza. Sin contar a aquellos que predican contra el aborto, pero que verían con muy buenos ojos que en Europa se les niegue el asilo a cientos de miles de refugiados islámicos que huyen del hambre y la guerra.

Por último, queda decir que cuando escribo, lo tengo que hacer en un escritorio —el cual, a decir verdad, no es muy cómodo—, pues no lo puedo hacer mientras marcho, reparto los periódicos de madrugada en mi pueblo, hago trabajos manuales en la casa, me dirijo en bicicleta al trabajo o participo en una obra de ayuda social. Además, escribir con fundamento sobre temas que resultan incómodos para católicos conservadores tampoco es así de sencillo como te imaginas. Y es un riesgo, pues uno se expone al desprecio, insultos e injurias de parte de los más fanatizados.

El hecho de que participes en una marcha no justifica necesariamente la causa por la que marchas, ni la hace necesaria y conveniente. Y probablemente estés haciendo caso omiso de la sana recomendación pastoral del Papa Francisco.

En fin, mi querido Roncuaz, lamento que en tu post caigas en la propaganda barata y la descalificación ad hominem de aquellos con quienes no concuerdas en algún tema particular. Sé que eres capaz de escribir sin caer en estos defectos. Espero que esto sea sólo sea un lapsus ocasional y nada más que eso.

Un fuerte abrazo

Martin

MONS. BAMBARÉN Y LOS MARICONES

Mons. Luis Bambarén, obispo emérito de Chimbote, y el congresista homosexual Carlos Bruce

Mons. Luis Bambarén, obispo emérito de Chimbote, y el congresista homosexual Carlos Bruce

No obstante que admiro a Mons. Bambarén por haber hablado claro y haber puesto los puntos sobre las íes cuando era necesario, sin temor de llevarle la contra a Mons Cipriani, sobre todo en el asunto aún pendiente de la Pontificia Universidad Católica del Perú, no puedo compartir su opinión personal de que la palabra peruana correcta para designar a un gay es “maricón”, término vulgar y ofensivo que se le aplica también despectivamente a cobardes y afeminados.

El problema no son los “maricones”, que aspiran a un trato normal e igualitario tanto en la sociedad peruana como en la Iglesia. Y que prefieren ser designados con el término más objetivo de “homosexuales”. El problema está en el concepto de sexualidad que todavía se maneja en muchos ámbitos cristianos, contemplando esta dimensión del ser humano como una realidad incómoda, que sólo encuentra su justificación en la reproducción de la especie. En ese sentido, la atracción sexual entre personas del mismo sexo aparece como una aberración.

Sin embargo, el erotismo que desprende el bíblico Cantar de los Cantares no menciona ni matrimonio ni hijos, y se regocija en la pura belleza tanto física como espiritual de los amantes, que buscan entregarse y poseerse mutuamente.

No logro entender la atracción entre iguales llamada homosexualidad, por la misma razón de que yo soy heterosexual. Pero dado que «su origen psíquico permanece en gran medida inexplicado», como admite la Iglesia, prefiero abstenerme de juzgar a quienes he de considerar antes que nada como seres humanos con todo el derecho a amar y a ser respetados. Y a no ser objeto de discriminación ni de “mariconadas”.

(Columna publicada en Exitosa Diario el 18 de marzo de 2015)

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Las palabras exactas de Mons. Bambarén el 9 de marzo, en declaraciones a Radio Programas del Perú respecto al proyecto de Unión Civil entre personas del mismo sexo promovido por el congresista Carlos Bruce, fueron las siguientes (ver http://www.rpp.com.pe/luis-bambaren-carlos-bruce-noticia_776377.html):

«El congresista Bruce está haciendo un papelón con todo eso, apareciendo —perdón la palabra— como un maricón en medio de todo. Porque él mismo ha dicho que es homosexual, es gay. “Gay” no es palabra peruana; la palabra peruana es “maricón”.»

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En sus lineamientos básicos, la doctrina sobre la sexualidad que enseña actualmente la Iglesia es correcta y conforme con la dignidad humana. Así la resume el Catecismo de la Iglesia Católica:

2332 La sexualidad abraza todos los aspectos de la persona humana, en la unidad de su cuerpo y de su alma. Concierne particularmente a la afectividad, a la capacidad de amar y de procrear y, de manera más general, a la aptitud para establecer vínculos de comunión con otro.

2333 Corresponde a cada uno, hombre y mujer, reconocer y aceptar su identidad sexual. La diferencia y la complementariedad físicas, morales y espirituales, están orientadas a los bienes del matrimonio y al desarrollo de la vida familiar. La armonía de la pareja humana y de la sociedad depende en parte de la manera en que son vividas entre los sexos la complementariedad, la necesidad y el apoyo mutuos.

2334 «Creando al hombre “varón y mujer”, Dios da la dignidad personal de igual modo al hombre y a la mujer» (FC 22; cf GS 49, 2). “El hombre es una persona, y esto se aplica en la misma medida al hombre y a la mujer, porque los dos fueron creados a imagen y semejanza de un Dios personal” (MD 6).

Sin embargo, hay todavía temas puntuales que deben ser profundizados e incluso replanteados.

Algunos católicos interpretan la comunión de personas y la fecundidad inherentes a la sexualidad propiamente humana como que estos fines deben estar presentes en cada uno de los actos sexuales que realiza la pareja. La experiencia muestra, sin embargo, que la unión amorosa —junto con la alegría y el placer que ella conlleva— es siempre buscada por aquellos que se aman íntimamente, pero no la fecundidad, que viene a ser un fin de la vida conyugal en su totalidad, siempre que no haya algún obstáculo que lo impida (como, por ejemplo, la esterilidad de uno de los cónyuges). A fin de salvaguardar este problema, hay quienes han acuñado la famosa frase de que todo acto sexual debe estar “abierto a la vida”. ¿Pero cómo puede estar abierto a la vida un acto donde los esposos, por razones legítimas, no desean engendrar un hijo y evitan la concepción recurriendo a métodos naturales efectivos admitidos por la Iglesia, o la esposa ya no se encuentra en condiciones de concebir debido a una enfermedad, a una operación o a su avanzada edad? ¿Deja por eso de ser bueno y legítimo el acto sexual?

Un acto sexual cuyo fin sea únicamente la reproducción puede ser inmoral en grado sumo, como el caso de los soldados alemanes que fueron enviados por la dictadura hitleriana a una Noruega ocupada con la misión de fecundar a mujeres consideradas de raza aria a fin de engendrar hijos. En cambio, la unión sexual que es producto de una entrega amorosa y comprometida no es vista como algo reprobable, aunque la fecundidad tendiente a la reproducción de la especie esté ausente en ese acto concreto. A fin de cuentas, sólo el amor justifica la unión sexual, como nos dice el sentido común, sin negar por ello que una fecundidad razonable también forma parte de la vida amorosa de la pareja en el tiempo, aunque no tenga por qué darse en cada acto sexual concreto.

Otro problema que veo en la moral sexual de la Iglesia es que ha sido formulada históricamente por teólogos y moralistas célibes, la mayoría de ellos eclesiásticos o religiosos. Es decir, por hombres ajenos a la experiencia de una sexualidad cotidiana tal como se vive en pareja y muchas veces ignorantes de la dinámica y los problemas concretos inherentes a la vida amorosa y sexual. No debería extrañarnos, por lo tanto, que se haya llegado a una situación como la actual, en la que una cosa es lo que enseña el Magisterio de la Iglesia y otra cosa es lo que viven los fieles comunes y corrientes en su vida amorosa.

Además, debemos tener en cuenta que la moral sexual católica se basa mucho en la Tradición y la “ley natural” —que en el fondo no es más que una interpretación filosófica formulada en la Edad Media— y muy poco en los datos bíblicos. En la enseñanza de Jesús en los Evangelios encontramos muy poco sobre sexualidad humana. Jesús condena la infidelidad, incluso de pensamiento (ver Mateo 5, 31-32), y habla sobre la unión matrimonial del hombre y la mujer (ver Mateo 19, 3-9), condenando el divorcio por cualquier motivo —salvo el caso de porneia, término griego sobre el cual hasta ahora no se han de puesto de acuerdo los teólogos y biblistas respecto a qué significa exactamente—. Pero en ninguna parte señala la fecundidad y la procreación como un deber de los esposos. Y mucho menos menciona el tema de la homosexualidad.

El modelo tradicional de familia que ciertos grupos de la Iglesia proponen —hombre y mujer con la mayor cantidad de hijos posibles— refleja el concepto burgués de los valores familiares, y está en contradicción con otros tipos de familia que encontramos en la Biblia, como por ejemplo la familia patriarcal al estilo de Abrahán, donde el hombre tenía mujer y concubinas, siendo todos los hijos considerados como legítimos. O la costumbre que existía todavía en la época de Jesús, de que si un hombre moría sin descendencia, su hermano podía fecundar a su mujer para darle un hijo al hermano muerto.

Más aún, el modelo propuesto de la Sagrada Familia presenta varios problemas que ponen en aprietos el modelo de familia burguesa. La historia de la familia de Jesús se inicia con un amago de separación por sospecha de infidelidad. Finalmente, es un ángel enviado por intervención divina el que tiene que confirmarle a José que el hijo de María no es producto de la semilla de otro hombre. José adopta entonces a Jesús como hijo suyo, y tal cual será considerado por la sociedad de entonces. Durante el resto su vida José se verá obligado a ocultar el verdadero origen de su hijo y a representar ante los demás una farsa, a fin de salvaguardar la buena reputación y la vida de la madre y garantizarle un hogar al hijo.

Por otra parte, tal como nos lo han transmitido la Tradición, el de María y José fue un matrimonio donde no hubo intimidad carnal. Es decir, en ellos ni siquiera se cumplen las palabras del Génesis, repetidas luego por Jesús: «Por tanto dejará el hombre a su padre y a su madre, se unirá a su mujer y serán una sola carne» (Génesis 2, 24; ver Mateo 19,5). Según la legislación actual de la Iglesia, este matrimonio hubiera podido ser disuelto a petición de una de las partes por una causa justa. Los cánones correspondientes del Código de Derecho Canónico son bastante claros:

1061 § 1. El matrimonio válido entre bautizados se llama sólo rato, si no ha sido consumado; rato y consumado, si los cónyuges han realizado de modo humano el acto conyugal apto de por sí para engendrar la prole, al que el matrimonio se ordena por su misma naturaleza y mediante el cual los cónyuges se hacen una sola carne.

1141 El matrimonio rato y consumado no puede ser disuelto por ningún poder humano, ni por ninguna causa fuera de la muerte.

1142 El matrimonio no consumado entre bautizados, o entre parte bautizada y parte no bautizada, puede ser disuelto con causa justa por el Romano Pontífice, a petición de ambas partes o de una de ellas, aunque la otra se oponga.

En la Sagrada Familia hubo un solo hijo carnal de la madre y adoptivo del padre. La familia de Nazaret no fue numerosa, ni estuvo orientada a la procreación. Al contrario, tal como nos lo transmite la Iglesia, estuvo cerrada a ella. José y María habrían vivido en abstinencia sexual absoluta, dedicando su vida al cuidado de Jesús. Además, a diferencia de muchas familias burguesas actuales, los miembros de esta familia habrían vivido durante mucho tiempo en calidad de refugiados en Egipto, para luego desarrollar su vida en el hogar de Nazaret en condiciones de pobreza.

Por otra parte, históricamente no se sabe casi nada sobre los detalles de la vida conyugal y hogareña de la familia de Nazaret, por lo cual difícilmente podría ser presentada como un modelo válido. En realidad, la Sagrada Familia ha sido tratada como un comodín sin muchos contenidos propios y ha sido instrumentalizada por ciertos representantes de la Iglesia para proponer valores familiares —históricamente condicionados— que ellos consideraran vigentes, en la actualidad los valores de la familia tradicional burguesa. Y a decir verdad, no vemos cómo se puedan compaginar estos valores con la realidad de una familia pobre, no numerosa, donde no hay vida sexual activa y donde el hijo ni siquiera ha sido engendrado por ambos cónyuges, sino sólo por la madre fuera de la relación marital, sin negar el hecho de que esto sea por intervención divina.

Más adelante veremos a Jesús relativizar los lazos sanguíneos y proponer nuevos lazos familiares sobre la base del seguimiento de la voluntad de Dios, que no es otra que el amor a Él y el amor entre los seres humanos.

«Entre tanto, llegaron sus hermanos y su madre y, quedándose afuera, enviaron a llamarlo.
Entonces la gente que estaba sentada alrededor de él le dijo:
—Tu madre y tus hermanos están afuera y te buscan.
Él les respondió diciendo:
—¿Quiénes son mi madre y mis hermanos?
Y mirando a los que estaban sentados alrededor de él, dijo:
—Aquí están mi madre y mis hermanos, porque todo aquel que hace la voluntad de Dios, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre.» (Marcos 3, 31-35)

Si bien Jesús habló de la unión matrimonial de hombre y mujer, nunca propuso un modelo de familia. Simplemente nos dio el mandamiento supremo que debe regir las relaciones humanas, incluidas las familiares, sea cual sea la modalidad que éstas adopten: «Éste es mi mandamiento: Que os améis unos a otros, como yo os he amado» (Juan 15,12)

Ante todo esto, me pregunto cuál habría sido la actitud de Jesús hacia las personas homosexuales, en caso de vivir hoy. ¿Habría tenido la actitud despectiva y discriminatoria que encontramos en varios círculos cristianos? Creo más bien que habría compartido las palabras del Papa Francisco: «Si una persona es gay y busca al Señor y tiene buena voluntad, ¿quién soy yo para juzgarla?»

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La homofobia existente en la sociedad peruana ha sido abordada en toda su crudeza por algunos cineastas peruanos en filmes que vale la pena revisar:

  • Episodio “Los amigos” (Francisco J. Lombardi), en la película Cuentos inmorales (1978)
  • No se lo digas a nadie (Francisco J. Lombardi, 1998)
  • El pecado (Palito Ortega Matute, 2006)
  • Contracorriente (Javier Fuentes-León, 2009)