LA GRAN TRAICIÓN DE OLLANTA HUMALA

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Aunque no voté en las elecciones del 2011 —pues vivo en el extranjero—, mi voto hubiera sido desde un principio por Ollanta Humala.

No porque como candidato fuera menos mediocre que los demás candidatos a la presidencia. Sino porque su Plan de Gobierno me parecía el mejor análisis que se había hecho hasta entonces de la situación del Perú en lo político, social y económico, y las propuestas de cambio acercaban al Perú a los modelos implementados en países más desarrollados como Alemania, Dinamarca, Suecia, Suiza y los Países Bajos, donde existen economías de mercado florecientes pero fuertemente reguladas a fin de procurar el bienestar para todos y evitar los abusos de un capitalismo irrestricto.

Y además, porque se planteaba una transformación que garantizaría los derechos humanos y sociales, con una participación que permitiría una democracia más plena y no sólo de nombre, como la que existe actualmente en el Perú.

Pero parece que Humala no es hombre de ideas, y no creo que siquiera entendiera todo lo que estaba en ese documento elaborado bajo la coordinación del economista Félix Jiménez de la PUCP [Pontificia Universidad Católica del Perú]. Como buen oportunista, Humana no tuvo ningún reparo en traicionar ese plan —y con ello al pueblo peruano— y suscribir las pautas que le dictó la derecha bruta y achorada que maneja el país y que tiene como credo el capitalismo neoliberal, que genera riqueza para pocos y pobreza para la mayoría. Que destruye el medio ambiente y que incluso mata cuando lo requieren sus intereses.

Humala se suma a la lista de presidentes mediocres, canallas y serviles que han gobernado el Perú en las últimas décadas.

(Columna publicada en Exitosa Diario el 24 de junio de 2015)

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Habiendo quedado en primer lugar tras la primera vuelta de las elecciones presidenciales 2011 realizada el 10 de abril, pero sin lograr superar la barrera del 50% de los votos válidos, Ollanta Humala hizo posteriormente algunas “movidas” para ganarse el favor de ciertos sectores de la derecha peruana liderados intelectualmente por el escritor Mario Vargas Llosa, entre ellas la elaboración de nuevo plan de gobierno con el nombre de “Lineamientos centrales de política económica y social para un gobierno de concertación nacional”, conocido popularmente como Hoja de Ruta, que fue dado a conocer públicamente el 13 de mayo. Este documento, que contiene sólo cinco hojas de texto, es un resumen descafeínado de su plan original de gobierno “La Gran Transformación”, que tiene un total de 198 páginas. En la Hoja de Ruta desaparece por completo la crítica al modelo capitalista neoliberal y como objetivos a cumplir se señalan generalidades vagas e inconsistentes que dejan abierta la puerta a que las cosas se manejen como siempre se han manejado en el Perú. Es decir, dando carta libre a los grandes poderes empresariales.

Días después, el 19 de mayo, Humala efectuó el juramento “Compromiso en defensa de la democracia” en la Casona de la Universidad de San Marcos, en presencia de destacados intelectuales, profesionales y artistas peruanos quienes le brindaron su apoyo. Mario Vargas Llosa envió un video con un mensaje, donde decía:

«Yo creo que este juramento y su plan de gobierno rectificado deberían desvanecer todas las dudas que aún persisten en quienes no han decidido su voto. Yo los exhorto a votar por Ollanta Humala para defender la democracia en el Perú y evitarnos el escarnio de una nueva dictadura.»

No sé si se trataba más bien de temores infundados, pues lo cierto es que el Plan de Gobierno “La Gran Transformación” apostaba por una democracia más participativa, mientras que el capitalismo neoliberal suele favorecer más bien la restricción de ciertas libertades y derechos democráticos a fin de poder llevar a cabo sin cortapisas sus proyectos empresariales. Arguyendo que se estaba defendiendo la democracia, se borraban de golpe todas aquellas propuestas de cambio que le hubieran otorgado más poder de decisión al pueblo. Hemos sido testigos de ello en el caso de los conflictos mineros y medioambientales que han asolado y seguirán asolando el paisaje peruano.

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FUENTES

GANA PERÚ
La Gran Transformación – Plan de Gobierno 2011-2016 (Diciembre 2010)
http://www.presidencia.gob.pe/images/archivos/plandegobierno_ganaperu_2011-2016.pdf

GANA PERÚ
Lineamientos centrales de política económica y social para un gobierno de concertación nacional (Mayo de 2011)
http://www.presidencia.gob.pe/images/archivos/ollanta_humala_hoja_de_ruta.pdf

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Finalmente, incluyo una caricatura de Carlín que resume de manera muy aguda y certera lo que he expuesto en este artículo:

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LA INOCENCIA PERVERTIDA

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El 2 de junio fue cerrado un kindergarten católico en la diócesis de Maguncia, debido a abusos físicos, psicológicos y sexuales cometidos sistemáticamente en la institución educativa. Días después, los educadores (seis mujeres y un varón) fueron despedidos inmediatamente. No por haber cometido los abusos, sino por no haberse dado cuenta de ellos, no obstante tener la responsabilidad directa sobre 55 niños menores de siete años y haber sido advertidos por algunos padres y madres de familia sobre los incidentes.

Los abusos fueron cometidos por unos niños en perjuicio de otros. Encuentros en los baños donde se obligaba a unos a mostrar sus órganos genitales —siendo golpeados si se negaban— o a bajarse los pantalones para luego serles introducidos objetos en el ano, otros obligados a remangarse el prepucio para ser inmediatamente golpeados en el miembro, otros más obligados bajo amenaza a orinar sobre las alfombras o en el rincón de las muñecas, otros amenazados verbalmente de muerte si no traían y entregaban sus juguetes. Los abusos sexuales, agresiones físicas y extorsiones se efectuaron regularmente durante meses por lo menos dos veces al día.

Cuando una madre de familia decidió escribirle al párroco, recién se tomó cartas en el asunto. Muy tarde. El daño ya estaba hecho y varios niños necesitarán ayuda profesional.

El vicario general de la diócesis, Dietmar Giebelmann, no se explica cómo se llegó a tal situación, pero habló de un «cártel del silencio». Como ha ocurrido frecuentemente en la Iglesia católica, los responsables no han puesto la voluntad para enterarse de problemas graves, y si se han enterado, han guardado silencio en todos los colores del arco iris.

(Columna publicada en Exitosa Diario el 17 de junio de 2015)

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Los incidentes ocurrieron en el kindergarten “María Reina” de la Parroquia de la Asunción de María, en el distrito de Wiesenau de la ciudad de Maguncia, capital del estado de Renania-Palatinado.

53 de los 55 niños habrían estado involucrados en los hechos —según el comunicado de la diócesis de Maguncia—, tanto como autores de ellos así como víctimas de amenazas, extorsiones, robos y abusos sexuales, aderezados con una nota de sadismo. Además de que se habrían verificado lesiones corporales en algunos niños, muchos de ellos estarían traumatizados.

Por el momento, existe la certeza de que los educadores no estuvieron involucrados en los incidentes. No obstante, tendrían responsabilidad en los hechos, pues varios padres de familia les imputan haber pasado por alto varias señales de que algo estaba ocurriendo y haber hecho caso omiso de las advertencias.

Todavía no está claro cuántos serían los niños abusadores, pero los cálculos fluctúan entre un número de tres y quince. Según el psiquiatra Michael Huss de la Clínica de la Universidad de Maguncia, todo apunta a que hubo al principio un pequeño grupo de tres a cinco niños abusadores. Tras conversaciones con varios padres de familia, la Radio de Hesse informó que habrían sido tres niños de seis años los principales abusadores, y varios niños y niñas que fueron al principio víctimas se habrían cambiado de bando y unido al grupo, cometiendo también abusos contra otros menores.

En estos casos, no se puede hablar en sentido propio de “delitos” ante la ley, pues los “delincuentes” todavía no son responsables de sus actos y, por lo tanto, no son punibles. Las investigaciones de la fiscalía se orientan a determinar en qué grado hubo negligencia en el cumplimiento de las obligaciones de vigilancia y educación de los menores por parte de los educadores y de quienes tenían la responsabilidad sobre el kindergarten.

Por el momento, la Iglesia quiere que sean profesionales de la Clínica de la Universidad de Maguncia quienes conversen con los niños. Según Michael Huss, director del Policlínico de Psiquiatría Infantil y Juvenil, se va a requerir de paciencia, pues muchos niños no habrían tomado conciencia del alcance de los incidentes. Tampoco él puede explicarse lo sucedido. Considera que esas conductas no son normales y sobrepasan todo límite. Probablemente haya material pornográfico de por medio. Es difícil concebir que los niños mismos hayan pensado estas cosas por sí mismos. Eventualmente habría uno que otro menor que habría sido anteriormente víctima de abuso y que habría llevado su experiencia al grupo.

Una madre de familia tuvo una conversación con la diócesis, señalando que había enviado al kindergarten un certificado médico con un diagnóstico verificando extrañas lesiones en los órganos sexuales de su hijo, pues quería saber que es lo que había pasado, pero fue rechazada.

Si bien la parroquia tomó cartas en el asunto cuando fue alarmada por la carta enviada por una madre de familia, la reacción fue tardía, pues ya en diciembre de 2014 tres padres de familia habrían advertido a la dirección del kindergarten sobre posibles agresiones sexuales en el jardín de infantes.

La indignación se dirige no sólo contra la pasividad y negligencia de los educadores, que hicieron caso omiso de las advertencias de los padres de familia y de lo que alguno que otro niño les señaló —«allá atrás hay unos niños que se están haciendo doler mucho»—, sino también contra otros padres de familia que retiraron a sus hijos del kindergarten guardando silencio sobre los motivos y permitiendo que los abusos siguieran su curso, y contra la Iglesia misma, que recién denunció el caso ante la fiscalía cuando el diario Allgemeine Zeitung de Maguncia publicó un informe sobre el tema.

En todo caso, se repite el esquema que se da en muchas comunidades de la Iglesia católica, donde una cierta conciencia de pertenecer a una especie elegida que se regodea en su propia moralidad y decencia, obnubila la visión de la realidad y no permite ver que las peores perversiones pueden surgir precisamente en el seno de esos ambientes resguardados que pretenden ser hogares de inocencia, pureza y santidad. Como dice el refrán, «no hay peor ciego que el que no quiere ver».

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FUENTES

Die Welt
Missbrauch in KITA: “Da hinten tun sich Kinder ganz doll weh” (13.06.2015)
http://www.welt.de/vermischtes/article142439879/Da-hinten-tun-sich-Kinder-ganz-doll-weh.html

Frankfurter Allgemeine
Missbrauch in KITA: Es ging über Wochen (14.06.2015)
http://www.faz.net/aktuell/gesellschaft/kita-in-mainz-sexuelle-gewalt-ueber-wochen-13645578/blick-in-den-eingang-der-kita-13645580.html

Bild
Kinder missbrauchten Kinder: Ermittlungen in Horror-Kita (15.06.2015)
http://www.bild.de/news/inland/kindergaerten/ermittlungen-horror-kita-41369314.bild.html

MARÍA EN NEVIGES

Catedral Mariana “María, Reina de la Paz” en Neviges (Velbert)

Catedral Mariana “María, Reina de la Paz” en Neviges (Velbert)

A poco de llegar a Alemania con una mano adelante y otra atrás, huyendo del fantasma del desempleo en tierras peruanas y buscando mejores oportunidades para toda mi familia, y habiéndome asentado en Wuppertal gracias a la ayuda de un generoso párroco católico, comencé a escribir una serie de crónicas que compartí con amigos y conocidos a través de correo electrónico.

Ésta es una de esas crónicas, que dan testimonio de la fe católica y la devoción mariana que gracias a Dios aún conservo y que me han ayudado a sobreponerme a las amargas vicisitudes de la vida que siempre me han acompañado y que nunca han sido obstáculo para experimentar, a pesar de todo, la alegría y la esperanza que le dan sabor a la existencia humana.

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MARÍA EN NEVIGES

Wuppertal, 18 de mayo de 2003

Cuando uno menos lo espera, las tierras alemanas le deparan alguna sorpresa a quienes hemos decidido ser fieles a una misión dentro del Plan de Dios. Esa sorpresa vino el 1° de mayo, el día en que se inicia el mes de María.

Ese día la Misión Italiana Católica de la ciudad, junto con el Decanato de la ciudad de Wuppertal (téngase en cuenta que las comunidades católicas de Wuppertal están bajo la jurisdicción de la arquidiócesis de Colonia), organizaron una peregrinación al cercano pueblo de Neviges, que forma parte de la ciudad de Velbert. María Eleana, los ñinos y yo nos unimos al grupo de fieles cristianos que, partiendo de la Christkönigskirche (Iglesia de Cristo Rey), iban a realizar a pie un recorrido de ocho kilómetros hasta la Catedral Mariana de Neviges.

La Christkönigskirche es una iglesia de arquitectura moderna, dentro de un estilo que recuerda esas capillas rurales construidas con paredes de piedra superpuestas una sobre otra. Tiene la peculiaridad de que las estaciones del Via Crucis están representadas en sus paredes laterales mediante dibujos sugeridos, con apariencia de inacabados, asemejando primitivas pinturas rupestres.

Luego de una breve liturgia presidida por el P. Ulrich Lemke, se inició el camino. Durante todo el recorrido se rezó el Rosario, todos los misterios tradicionales, además de la nueva serie de misterios introducida por el actual Papa Juan Pablo II. Las diversas oraciones fueron recitadas unas veces en alemán, otras en italiano. También hubo cánticos religiosos en los dos idiomas. A Alexander (de 1 año de edad) lo tuvimos que llevar en un coche para niños, pero Carolina (de 5 años de edad) hizo todo el camino a pie. La primavera ya estaba entrando con todo su esplendor, y el camino se presentaba en algunos momentos bordeados de campos verdes, rebosantes de flores, o bien serpenteaba a la sombra de grandes árboles que formaban pequeños bosques. En un momento llovió torrrencialmente y, a pesar de que teníamos paraguas, no pudimos evitar que se nos mojara un poco la ropa. Algunas mujeres italianas realizaron todo el camino sin zapatos, sólo con las medias puestas, en señal del cumplimiento de una promesa hecha a la Virgen. Éramos un grupo de algo más de cien personas que se dirigían en peregrinación hacia Neviges. Pero ¿qué es lo que atraía a todos estos fieles a esa localidad, cuya existencia me era desconocida hasta hace poco?

La historia comienza en el siglo XVI, durante la época de la Reforma. El pueblo de Neviges pertenecía al señorío de Hardenberg, que se unió a la confesión calvinista, de modo que apenas quedaron personas fieles a la fe católica. En el año 1589 se realizó el primer sínodo de la comunidad reformada en la casa parroquial de Neviges. En la iglesia principal (ahora iglesia evangélica municipal) dejaron de celebrarse misas, aun cuando cuando años después el entonces señor de Hadenberg, Johann Sigismund von Bernsau, regresó a la fe católica. A su muerte, los protestantes impidieron de manera violenta la celebración de su misa de réquiem en la iglesia principal. Su viuda, Anna von Asbeck, decidió entonces mandar construir una pequeña iglesia en los límites del pueblo, que fue consagrada a Santa Ana. Llamó a integrantes de la Misión Franciscana, que por entonces hacía labor evangelizadora contra las doctrinas reformadas, quienes desde 1676 asumieron la labor pastoral en esa iglesia.

Antigua estampa de la Virgen Inmaculada que se venera en Neviges

Antigua estampa de la Virgen Inmaculada que se venera en Neviges

En ese mismo año el P. Antonius Schirley, del Convento Franciscano de Dorsten, durante su oración diaria ante una sencilla estampa de la Virgen Inmaculada, escuchó una voz que le decía: «¡Llévame a Hardenberg, allí quiero ser venerada!» Dado que la voz también le predijo una curación milagrosa, el franciscano envió la estampa mariana a Neviges en Hardenberg. El entonces arzobispo de Paderborn y Münster, Ferdinand von Fürstenberg, quien estaba gravemente enfermo, oyó de estas cosas e hizo una peregrinación en acción de gracias el 25 de octubre de 1681, debido a la gracia obtenida de su curación. Celebró entonces una misa pontifical en la iglesia de Santa Ana. Este fue el inicio de las peregrinaciones marianas a Neviges, donde hasta la actualidad se sigue venerando la estampa de la Virgen Inmaculada.

Con el incremento de la cantidad de peregrinos que acudían al santuario, se vio la necesidad de construir una iglesia de mayor tamaño, la cual fue erigida en el año 1728 con dinero aportado por el entonces duque Johann Wilhelm II de Düsseldorf, quien, junto con su esposa y muchos otros peregrinos, realizó varias peregrinaciones para venerar la imagen de la Inmaculada, a cuyo nombre se dedicó la nueva iglesia. Ésta era al principio un simple salón de estilo gótico, pero con el pasar de las décadas fue decorada con una profusa imaginería barroca, que aun hoy se puede admirar.

La corriente de peregrinos fue creciendo con el pasar de los años. En el año 1854, cuando el Papa Pío IX proclamó el dogma de la Inmaculada Concepción, el número había alcanzado tal magnitud, que ya había problemas de espacio para atender pastoralmente a tantos creyentes. En el año 1889, junto a las dos iglesias ya existentes, se construyó una capilla para confesiones. Sin embargo, ya en ese entonces, en ocasiones especiales, las misas eran celebradas al aire libre, puesto que no había suficiente espacio para acoger a tantos peregrinos.

Es así que, llegado el siglo XX, se vio la necesidad de construir una iglesia más espaciosa. Luego de varios proyectos, esta intención recién se pudo concretar en la década de los ’60, cuando en 1964 el arquitecto Gottfried Böhm de la ciudad de Colonia ganó el concurso que se había convocado para tal fin. La construcción de la nueva iglesia se inició el 17 de julio de 1966 y fue dedicada el 22 de mayo de 1968, bajo la advocación de “María, Reina de la Paz”.

Esta nueva iglesia, una imponente estructura de hormigón, cuenta con varios espacios para acoger a los peregrinos. En el interior, en una especie de capilla, se ha erigido una imponente estela con motivos religiosos, en la cual se puede ver todavía la antigua estampa de la Inmaculada que dio origen al culto. Siempre hay infinidad de velas ardiendo, que los peregrinos encienden como acción de gracias o simplemente como un acto de confianza en la Madre del Señor, la Inmaculada vencedora de la antigua serpiente, el Demonio o Maligno.

Los franciscanos siguen estando a cargo de este santuario mariano. Éste uno de los pocos lugares en la zona donde hay horarios de confesiones continuos: todos los días de 9 a 12 de la mañana y de 3 a 6 de la tarde. Esto es extraño en un país donde la costumbre de acudir al sacramento de la reconciliación se ha ido perdiendo entre los católicos, y donde la mayoría de las parroquias ofrecen sólo una hora a la semana para confesiones (aunque también se puede sacar cita para un día y hora determinados). Yo mismo tuve una experiencia extrema en este sentido en noviembre del año pasado, pocos días después de haber llegado a Alemania. Me encontraba en Erlangen, ciudad del sur de este país, y me acerqué durante la mañana a la Parroquia del Sagrado Corazón de Jesús para solicitar el sacramento de la reconciliación. El párroco me dijo que no podía atenderme en ese momento, pues tenía muchas cosas que hacer, pero que podía darme una cita para dentro de un mes. Un mes después, por supuesto, yo ya me encontraba aquí en Wuppertal, desde donde he escrito todas estas cosas.

María Eleana y yo, tras la peregrinación del 1° de mayo, tenemos la convicción de que María sigue estando cerca de nosotros. Ha sido ésta una impresionante señal: saber que la Virgen Inmaculada, una imagen sellada con afecto en nuestros corazones, se venera aquí cerca, en un lugar tocado por la gracia de Dios, a donde se puede acudir siempre a recibir el perdón y renovar nuestra piedad filial mariana; saber que ella está presente en esta zona donde apenas el 25% de los habitantes se declara católico, y que ella quiso estar aquí como muro de contención contra las herejías, para proteger a sus hijos y recibirlos siempre con todo su afecto.

Cada día me parecen más ciertas las palabras de San Pablo, cuando dice en la Carta a los Romanos que «donde abundó el pecado, sobreabundó la gracia» (Romanos 5,20). Ya habíamos recibido varias señales de que debíamos venir aquí, y esas señales se siguen dando de tal manera, que es imposible olvidar que el Señor nos sigue prodigando su misericordia y nos tiene deparadas cosas en el futuro que la imaginación no puede concebir. La fe y la esperanza nos decían que tantos sufrimientos pasados no podían ser en vano, y tantas gracias recibidas en el presente sólo son la introducción a una misión que nos espera, y a la cual podremos ser fieles bajo el manto de la Inmaculada y con la gracia de Dios. Nos pueden haber faltado muchas cosas, pero ésta de seguro que no. Siempre ha sido así, y siempre será así.

Que Dios me perdone haber hablado con tanta osadía, pero creo que esta misma osadía es una gracia de Dios.

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A continuación, incluyo algunas fotos de la Catedral Mariana “María, Reina de la Paz” en Neviges, a fin de que mis lectores puedan aunque sea formarse una somera idea de la belleza arquitectónica de ese lugar de peregrinación.

Atrio exterior de la Catedral Mariana de Neviges

Atrio exterior de la Catedral Mariana de Neviges

Vista del altar mayor y la nave central de la Catedral Mariana de Neviges

Vista del altar mayor y la nave central de la Catedral Mariana de Neviges

Vista del interior de la Catedral Mariana de Neviges

Vista del interior de la Catedral Mariana de Neviges

Capilla con la estela sagrario donde se custodia el Santísimo Sacramento

Capilla con la estela sagrario donde se custodia el Santísimo Sacramento

Capilla con la estela mariana donde se venera la antigua estampa de la Inmaculada

Capilla con la estela mariana donde se venera la antigua estampa de la Inmaculada

ÁFRICA, MONJAS Y CATOLICISMO

Sor Rita Mboshu Kongo

Sor Rita Mboshu Kongo

El África subsahariana es una de las regiones donde el catolicismo está ganando más conversos. Actualmente, el 16% de los católicos son africanos.

Los obispos africanos suelen ser muy conservadores, especialmente en temas de familia y moral sexual. Y donde prima el conservadurismo, aparecen los problemas que ya sabemos: el sometimiento sexual de otros, mantenido en secreto. En este caso, las víctimas mayoritarias son las monjas nativas.

Recientemente sor Rita Mboshu Kongo, religiosa congoleña que enseña en la Pontificia Universidad Urbaniana (Roma), hizo declaraciones a la revista Vida Nueva:

– «Hay muchas congregaciones africanas pobres que mandan a religiosas a estudiar sin proporcionar los medios para su sustento.»

– «Sus benefactores las someten y explotan su cuerpo. Si no tienen nada que dar a cambio, venden lo que tienen: la parte que entregaron al Señor la tienen que coger y comerciar con ella para poder vivir.»

– «Sólo se trata cuando surge un problema como el de la religiosa embarazada. En esos casos se condena a menudo a la monja echándola del convento. Es lo habitual en África.»

Y el culpable, generalmente un sacerdote, queda impune.

En la cultura africana se espera de un hombre que tenga hijos y, en consecuencia, el celibato carece de sentido. El sacerdote católico asume que no puede casarse, pero eso no implica dejar de procrear. Además, en una región azotada por el SIDA, el sexo con religiosas se presenta como seguro.

El problema ya era conocido. Fue expuesto detalladamente por dos religiosas, Maura O’Donohue y Marie McDonald, en sendos informes de 1994 y 1998.

Otro trapo sucio más en el patio trasero de la Iglesia.

(Columna publicada en Exitosa Diario el 10 de junio de 2015)

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FUENTES

Vida Nueva
Sor Rita Mboshu: “Algunas monjas venden lo que entregaron al Señor para poder vivir” (05.06.2015)
http://www.vidanueva.es/2015/06/05/sor-rita-mboshu-algunas-monjas-venden-lo-que-entregaron-al-senor-para-poder-vivir-denuncia-la-explotacion-sexual-en-la-iglesia-africana/

El Mundo
Las sotanas del diablo (25 de marzo de 2001)
http://www.elmundo.es/cronica/2001/CR284/CR284-14.html

National Catholic Reporter
Reports of abuse: AIDS exacerbates sexual exploitation of nuns, reports allege
http://natcath.org/NCR_Online/archives2/2001a/031601/031601a.htm

DOS PELÍCULAS: “EL DESCUBRIMIENTO DEL CIELO” Y “LAS HERMANAS DE LA MAGDALENA”

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En mi anterior post, UNA DERROTA PARA LA HUMANIDAD, menciono las lavanderías de las Magdalenas, una de las instituciones católicas más cuestionadas en la historia de la Iglesia católica irlandesa. Eso me ha llevado a desempolvar un escrito mío del año 2003, perteneciente a mis “Crónicas desde Wuppertal”, donde comento la película Las hermanas de la Magdalena que, basándose en hechos reales, rodó el cineasta y actor escocés Peter Mullan, obteniendo el máximo galardón en el Festival de Venecia 2002, a saber, el León de Oro. Mary-Jo McDonagh, una mujer que estuvo recluida en uno de los hospicios, le comentó al director de cine: «La realidad fue peor en las Magdalenas, mucho peor de lo que se ve [en el film]. No me gusta decir esto, pero el film es blando con las monjas».

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DOS PELÍCULAS

Wupertal, 6 de febrero de 2003

Esta vez quisiera comentarles dos películas, sólo para comprender qué es lo que se está viviendo aquí en Europa desde el punto de vista religioso. Ir al cine aquí no es barato. Las entradas están entre los 6 y los 8 euros. Pero en un cine cercano, que sólo proyecta películas artísticas, los lunes las entradas están a sólo 4 euros. De este modo he aprovechado para ir a ver, en dos lunes seguidos, El descubrimiento del cielo (The Discovery of Heaven, Dir. Jeroen Krabbé, Países Bajos / Reino Unido 2001) y Las hermanas de la Magdalena (The Magdalene Sisters, Dir. Peter Mullan, Irlanda / Reino Unido 2002).

La primera de estás películas, El descubrimiento del cielo, está basada en un extenso best-seller de más de 900 páginas de uno de los escritores más talentosos —según los críticos— de Holanda, Harry Mulisch. Ha sido la película de mayor presupuesto en toda la historia de del cine holandés, y también la más taquillera. Más de 600,000 espectadores la han visto solamente en los Países Bajos.

La historia que narra la película se puede resumir de la siguiente manera.

Dios ha decidido revocar su alianza con la humanidad. Para ello le encarga a los ángeles que elaboren un plan para recuperar las tablas de la ley con los diez mandamientos. Los ángeles eligen a dos hombres (Ono y Max) y una mujer (Ada), para que de este triángulo amoroso nazca Quinten, quien será el elegido para cumplir la misión que Dios ha encomendado.

La historia comienza en el año 1967 y se mueve en dos niveles. Uno es la historia de amistad entre Ono y Max, el primero un hombre cínico pero deseoso de cambiar el mundo a través de la política y comprometido con la causa socialista al estilo de la revolución cubana; el segundo un astrónomo judío, quien perdió a sus dos padres durante la Segunda Guerra Mundial, enterándose posteriormente que su madre judía fue enviada a Auschwitz debido a la delación de su padre, un nazi. Max y Ono conocerán a Ada (avatar de la Virgen María) en una tienda de libros, donde ella, siempre con mirada angelical, interpreta música en un violonchelo. Ada se convertirá primero en amante de Max, para luego abandonarlo y casarse con Ono. Durante una estadía en La Habana (Cuba), ambos se acostarán con ella en dos momentos distintos, de modo que cuando ella conciba a Quinten, Max tendrá la duda de si el hijo concebido no será suyo o de Ono.

A otro nivel, vemos las maquinaciones de las hordas de los ángeles, guiados por un inmisericorde arcángel Gabriel, buscando que el terrible Plan de Dios llegue a su cumplimiento. El montaje escénico del cielo presenta una serie de pasadizos y escaleras dentro de lo que parece ser un siniestro castillo medieval, recorrido por los ángeles, quienes visten hábitos semejantes a los que usan los franciscanos. Como dioses griegos que juegan con el destino de los hombres, los ángeles velan por que la vida de aquellos que han sido elegidos transcurra dentro de los cauces previstos. Y cuando algo amenaza con salirse de lo previsto, intervienen para corregir el curso de los acontecimientos, aunque a causa de ello alguien tenga que morir. De este modo vemos cómo planean el accidente donde Ada va a quedar en coma; cómo la amante de Ono será asesinada por un ladrón en la calle, lo cual será visto por Quinten y le obligará a regresar al castillo que había abandonado; como Max morirá debido a un meteorito proveniente del cielo, por haber descubierto la existencia del espacio-tiempo negativo, es decir, por haber descubierto el cielo. El ángel Gabriel contempla todos estos sufrimientos con rostro severo, impasible ante todo sufrimiento humano. El Plan de Dios tiene que ser cumplido, independientemente de quién sufra o muera.

Quinten va descubriendo paulatinamente su llamado, y al fin accede a cumplir el plan divino, ante el presentimiento de que el próximo en morir será Ono, su supuesto padre.

En la historia de la película, ambos planos, el de la vida real y el de lo sobrenatural, se entrecruzan, dando como resultado a veces imágenes surrealistas llenas de símbolos y alusiones religiosas, llevadas al extremo de la parodia. De este modo, se entremezclan sin ton ni son elementos de las tres grandes religiones monoteístas: judaísmo, cristianismo e Islam. Quinten lleva un collar del cual penden los símbolos de estas tres religiones: la estrella de David, la cruz y la media luna. Las tablas de la Ley se encuentran en el “sancta sanctorum” en la Basílica de San Juan de Letrán, precisamente donde se venera la Santa Escala. Las tablas tienen que ser colocadas sobre la piedra desde donde Mahoma ascendió a los cielos, ubicada en la explanada del Templo en Jerusalén, en cuya cercanía se halla el Muro de los Lamentos. La ascensión final de Quinten a los cielos hace referencia a la ascensión de Cristo, y la visión de su madre Ada al pie de la roca recuerda a la Virgen María. Pero el tono es otro. Esta vez no se trata de la obra de salvación de los hombres, sino de la condenación definitiva querida por la voluntad divina.

Una vez que las tablas de la Ley han sido devueltas a donde corresponden, la vida puede continuar. Prácticamente, nada ha cambiado. Sólo sabemos que los destinos de los hombres van a dejar de ser manipulados por seres sobrenaturales, y el hombre va a poder vivir en paz. Y la moral heterónoma, impuesta por un ser ajeno al mundo, dejará de tener validez, para mayor bienestar de la humanidad. Se trata, pues, de una película de tesis, donde las imágenes se ponen al servicio de un pensamiento filosófico, y la ficción está construida de tal manera que lleve a “probar” lo que se quiere demostrar. Nos encontramos ante el cuadro de un cielo inhumano, que maneja las vidas de los hombres, ante el cual es un deber rebelarse. Dios ha abandonado al hombre; de hecho, nunca aparece en toda la película. Todo elemento religioso es presentado como causa de sufrimiento y como un factor determinante cruel del destino de los seres humanos, quienes mejor estarían sin la existencia de ese cielo opresor. De este modo, queda fielmente retratada la actitud secularista de muchos hombres en estas tierras europeas. No extraña, pues, que la película esté teniendo tanto éxito por acá.

La película se deja ver con entretenimiento, debido al buen oficio del director y el talento interpretativo de los actores principales. Pero es la historia la que, partiendo de una idea preconcebida, le quita visos de realidad al contenido del relato cinematográfico, donde finalmente todo se resuelve en unos cuantos clichés pseudo-filosóficos y en una parafernalia de efectos especiales que poco aportan a la calidad del film.

La otra película, Las hermanas de la Magdalena, no pretende demostrar nada, sino simplemente narrar una historia basada en hechos reales. La película ha sido calificada como provocativamente anticatólica. También se le ha criticado el no ajustarse a la verdad histórica.

Como cuestión previa, se ha de considerar que toda película que se basa en hechos reales tiene el derecho de tomarse ciertas libertades en beneficio de la eficacia narrativa y el ritmo cinematográfico. Por lo tanto, no se ha de juzgar el contenido por su veracidad histórica, pues se trata de un producto artístico, sino por su verosimilitud. Es decir, no se requiere que la vinculación con la realidad sean tan rigurosa como en un documento científico. Aunque de hecho, la película toma como base un documental previo, donde se recoge los testimonios de mujeres que fueron recluidas contra su voluntad en estos hospicios para mujeres pecadoras regentados por monjas que había en Irlanda, el último de los cuales fue cerrado en el año 1996.

La película cuenta la historia de Margaret, Bernadette y Rose, tres jóvenes mujeres que son enviadas a uno de estos hospicios, llamados casas de la Magdalena, en la década de los sesenta.

Margaret ha sido violada por un primo suyo durante una fiesta de matrimonio. Pocas veces he visto en la pantalla tal maestría para contar en imágenes sin palabras los acontecimientos. Vemos a la madre de Rose ir a recriminar al primo, luego se enteran los hombres de la familia, los entrevemos conversar a través de las rendijas de unas paredes de madera, mientras Margaret sigue con lágrimas en los ojos la escena y sólo se escucha la música, a la vez que la fiesta continúa con todo su sabor a folklore irlandés. Al día siguiente es llevada en un automóvil al hospicio.

Bernadette, huérfana, es enviada porque el sacerdote director del orfanatorio no ve con gusto sus coqueteos con los muchachos que se trepan a las rejas para cortejar a las muchachas.

Rose, tras haber dado a luz a su hijo ilegítimo, es también internada en el hospicio, mientras que su pequeño hijo es entregado, apenas nacido, en adopción.

En estas pocas escenas se presenta el cuadro de una sociedad moralista, dominada por los varones, donde son las mujeres quien tienen que pagar el precio de su pecado y del ajeno. Vemos que la represión comienza por los padres y los que están arriba.

Dentro del hospicio las tres, conocerán a Crispina, una muchacha de escasa inteligencia, que también ha sido internada por ser madre soltera y que guarda una medalla como recuerdo de su hijo, a quien ve desde lejos cuando su hermana lo trae, sin conocimiento de las monjas, cerca de la reja trasera de la casa.

La hermana Bridget (magistralmente interpretada por Geraldine McEwan) dirige con severidad la casa, donde las internas deben dedicarse a lavar ropa y limpiar las habitaciones durante todo el día, no siéndoles permitido ni siquiera hablar durante estas actividades. La religiosa cree firmemente que los pecados deben ser purificados mediante una severa penitencia que se prolonga prácticamente a lo largo de toda la vida.

La vida en el hospicio es dura, y Bernadette, quien siente que no ha hecho nada malo como para estar ahí, se propone escapar como sea, aunque ello implique cometer el peor de los pecados. Su primer intento será castigado por la hermana Bridget, quien le cortará el pelo, no sin hacerle heridas en la cabeza debido a la resistencia de Bernadette. Siguen a continuación una serie de actos denigrantes, castigos físicos, humillaciones psicológicas, sin ninguna posibilidad de escapatoria. La participación de las internas en una procesión en el pueblo permite ver el desprecio con que el común de la gente las mira. En otra escena vemos a las muchachas desnudas, siendo objeto de burla por parte de dos religiosas. Cuando Margaret se encuentra ante una posibilidad huir (la puerta abierta del jardín), no lo hace, porque su interior ha sido socavado por la inhumana disciplina a la que ha sido sometida, y le resulta imposible volver a ser libre.

Crispina, luego de un intento de suicidio, es sometida sexualmente, con cierto consentimiento por parte de ella, por el sacerdote que atiende a la comunidad. Terminará gritándole repetidamente en una ceremonia pública que no es un hombre de Dios, por lo cual será internada en un manicomio, donde terminará sus días trágicamente. A su vez, asistimos al declive moral de Bernadette, quien, en su deseo de no terminar como Katy, una de las internas de mayor edad, decide fugarse junto con Rose. Katy es una mujer que ha perdido toda autoestima y que ha interiorizado el discurso de la hermana Bridget de tal manera, que lo cree a pie juntillas. Para ella no hay escapatoria posible; su propio ser se ha convertido en una cárcel, y no ve la posibilidad de otra vida que la que ha tenido en la casa de la Magdalena, donde entró joven y morirá vieja. Bernadette no quiere compartir ese destino, y por enfrentarse a la autoridad, actúa con la misma crueldad con la que ha sido tratada. Rose, en cambio, nunca perderá la fe. Mientras tanto, Margaret ya ha logrado salir, pues a su hermano, quien ha alcanzado la mayoría de edad, le es permitido asumir la responsabilidad sobre ella y sacarla del hospicio.

Es difícil resumir un film tan complejo y tan lleno de matices, que se quedan en la conciencia una vez terminada la proyección. Ciertamente se presenta como una denuncia. Pero, como ha dicho certeramente un crítico alemán, no es contra la Iglesia católica en sí misma, sino contra una falsa manera de entender y vivir el catolicismo dentro de la sociedad irlandesa. Son puestos en la picota los supuestos valores de una sociedad donde se pena a las mujeres y se hace caso omiso del transgresor, donde la pureza sexual es puesta por encima de la misericordia y el amor, donde se somete a ciertas mujeres a una disciplina férrea sin que haya habido un consentimiento voluntario por parte de ellas. En fin, nos encontramos ante una crítica despiadada de lo que sucede cuando se reemplaza la religión por la moral, y cuando se busca imponer el bien a la fuerza contra la libertad de las personas. Y bajo ese manto de moralidad pueden esconderse los deseos más impuros y las ambiciones más desmedidas. No sólo las internas son víctimas de este sistema, sino también las religiosas, quienes creen sinceramente en lo que hacen —con las mejores intenciones—, pero sólo representan la proyección de una sociedad enferma, que no actúa en lo profundo en conformidad con la esencia del ser cristiano. Fácilmente pueden ubicarse estos planteamientos dentro del eje de la polémica entre Jesús y los fariseos, los más “puros” entre los hombres de su tiempo.

Si bien el director de la película no muestra simpatía por la Iglesia católica (lo ha dicho en entrevistas), debemos juzgar el film por el resultado que se tiene a la vista. Y, contrariamente a El descubrimiento del cielo —la cual considero una película intencionalmente perversa—, Las hermanas de la Magdalena no pretende demostrar nada —como, por ejemplo, concluir que toda la Iglesia católica es en sí misma perversa—, sino simplemente narrar hechos. Lo que se cuenta es en todo verosímil, posible y ¿por qué no? real. Este realismo permite que la película pueda ser interpretada de diferentes maneras. Atribuirle un visceral anticatolicismo es darle un mayor peso del que realmente tiene. En manos de un director de cine católico, ¿hubiera sido distinta la historia? ¿O simplemente estaría en la imposibilidad moral de contarla? ¿Debe un cineasta católico ocultar las páginas negras del catolicismo o blanquearlas? Creo que conocer lo que pasó es la mejor manera de aprender y también cuestionar nuestra propia aproximación a la vida cristiana. Y ése es el valor que puede tener un filme como éste, el cual —en mi opinión— ganó merecidamente el León de Oro en el Festival de Venecia 2002.

UNA DERROTA PARA LA HUMANIDAD

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El 23 de mayo, en la tradicionalmente católica Irlanda, se abrió la puerta a la legalización del matrimonio homosexual en un referéndum con 62,1% de votos a favor. Dos días después, el cardenal Pietro Parolin, Secretario de Estado del Vaticano, calificaba este hecho de «derrota para la humanidad».

Si bien estoy de acuerdo en defender los derechos de los personas homosexuales —y entre ellos los derechos que se derivan de una convivencia responsable—, tengo mis dudas de que lo correcto sea equiparar está unión con el matrimonio, que incluye la procreación entre sus responsabilidades. Aún así, no comparto las palabras de Parolin. Sobre todo en lo que se refiere a Irlanda.

¿No es más bien derrota para la humanidad que el sacerdote norbertino Brendan Smyth (1927-1997) haya durante cuarenta años abusado de más de 143 niños en parroquias de Belfast, Dublín y EE.UU. y haya sido encubierto por obispos y religiosos, siendo varias víctimas obligadas a guardar silencio? ¿O que en pleno siglo XX más de 10,000 mujeres jóvenes hayan sido confinadas en las lavanderías católicas de las Magdalenas por considerárselas pecadoras, siendo obligadas a trabajo gratuito y siendo frecuentemente objeto de maltratos verbales y físicos, y en ocasiones de abusos sexuales? ¿O que entre los años 1914 y 2002 lleguen a varios cientos los niños víctimas de abusos sexuales en Irlanda por parte de sacerdotes y religiosos, sin que las autoridades religiosas hayan hecho nada para castigar a los culpables?

Por lo menos, el matrimonio homosexual no daña a nadie. Ni tampoco —como temen algunos— obliga a la Iglesia católica a cambiar su concepto de matrimonio y familia.

(Columna publicada en Exitosa Diario el 3 de junio de 2015)

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«Las preocupaciones de la arquidiócesis de Dublin en el manejo de los casos de abuso sexual infantil, por lo menos hasta mediados de los ’90, se centraron en mantener del secreto, evitar el escándalo, proteger la reputación de la Iglesia y preservar sus bienes. Toda otra consideración, incluyendo el bienestar de los menores y la justicia debida a las víctimas, fue subordinada a esas prioridades. La arquidiócesis no implementó normas canónicas propias e hizo lo posible para evitar cualquier aplicación de las leyes del Estado.»

A esta conclusión llega el Informe Murphy, elaborado por una comisión investigadora a cargo de la juez Yvonne Murphy por encargo del gobierno irlandés y publicado el 26 de noviembre de 2009. Durante tres años la comisión analizó cientos de documentos y testimonios. El informe toma como marco de referencia el período 1975-2004 y, sobre una muestra representativa de 320 denuncias, llega a la certeza de que en ese período por lo menos 43 sacerdotes de la arquidiócesis abusaron sexualmente de menores de edad, y hay sospechas fundadas respecto a 2 sacerdotes más. Estos datos no excluyen abusos que se hayan cometido fuera de este período ni tampoco que hayan podido haber más casos de clérigos y religiosos pederastas.

Si consideramos que la situación no fue sustancialmente distinta en las otras diócesis irlandesas —como revelan informes periodísticos además de los informes gubernamentales sobre la diócesis de Ferns (octubre de 2005) y Cloyne (julio de 2011)—, nos hallamos ante un problema generalizado en la Iglesia católica irlandesa, del cual fueron víctimas cientos de menores de edad. A esto hay que añadir lo que dice el Informe Ryan (mayo de 2009), que da cuenta de los abusos y maltratos sufridos por jóvenes en los reformatorios y escuelas industriales, muchos de los cuales estaban a cargo de instituciones de la Iglesia católica.

La publicación del Informe Murphy tuvo como consecuencia inmediata que, debido a las inculpaciones probadas de no haber hecho lo necesario para evitar los abusos sexuales contra menores por parte de eclesiásticos, cuatro obispos irlandeses presentaran las correspondientes renuncias a sus cargos: Brendan Comiskey, obispo de Ferns; Donal Brendan Murray, obispo de Limerick; Eamonn Oliver Walsh y Raymond Field, ambos obispos auxiliares de Dublín. El Papa Benedicto XVI sólo aceptó las renuncias de los dos primeros, sin dar explicaciones de que por qué dejaba en sus cargos a los obispos dublineses.

Si bien a partir de entonces la Santa Sede comenzó a tomar medidas para evitar que vuelvan a ocurrir casos similares —entre ellas, el envío de visitadores apostólicos a las diócesis irlandesas y la implementación de normas más estrictas y severas contra los clérigos abusadores—, el daño ya estaba hecho y ha tenido consecuencias en la forma como las nuevas generaciones irlandesas miran a la Iglesia católica.

En fin, una derrota ocasionada por quienes han traicionado el camino que nos enseñó el Jesús de los Evangelios y han contribuido a destruir vidas en vez de salvarlas. Una lamentable y penosa derrota para la humanidad.

MI PUEBLO Y LA MINA

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Vivo en Kleinfischlingen, un pueblito agrícola en el sureste de Alemania, de aproximadamente 300 habitantes, que recuerda como su visitante más ilustre a un peruano, el arqueólogo Federico Kauffmann Doig.

Ubicado en una región de viñedos y de sembríos de coles, zanahorias, remolachas, espárragos, girasoles, colza, trigo, maíz y papas, además de huertos de manzanas, peras y duraznos y de jardines donde crecen cerezos, nogales y arbustos de frambuesas, moras y grosellas, a unos diez kilómetros se divisan en la lejanía las colinas pobladas de vegetación donde comienza el Bosque del Palatinado, la reserva natural boscosa más grande de Alemania, habitada por una fauna variada, entre ella jabalíes, venados, comadrejas, ardillas y liebres silvestres.

No es un paraíso, pero mi antiguo e insignificante poblado es un lugar donde se experimenta una cercanía entrañable a la tierra que nos nutre y donde se puede sentir en las venas el valor del trabajo humano cada vez que se escancia una copa del fragante vino (tinto, blanco o rosé) que se produce localmente.

Si algún día se descubrieran metales valiosos en los terrenos y una empresa minera quisiera iniciar la explotación a tajo abierto —y el gobierno hiciera las concesiones del caso, sustentándose en criterios puramente económicos—, todo el dinero que produjera la labor extractiva no compensaría el daño ecológico y humano que se ocasionaría. ¿Qué vino podría producir una tierra contaminada y con recursos acuíferos alterados, aunque eso se tradujera en una infraestructura más moderna?

Esos beneficios económicos son pura mierda comparados con todo aquello que perderíamos.

Dedico estas palabras a los campesinos de Islay que defendieron su terruño frente a la mina.

(Columna escrita para la edición del 27 de mayo de 2015 de Exitosa Diario)

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Según la crónica incluida en la página web de Kleinfischlingen, el 27 de abril de 2008 la comunidad recibió la visita de más alto nivel en toda su historia. El Dr. Federico Kaufffmann Doig (nacido el 28 de setiembre de 1928 en Chiclayo), entonces embajador del Perú en Alemania, fue a Kleinfischlingen en busca de sus ancestros. Llegó acompañado del parlamentario alemán Mark Lothar, con la intención de saber más sobre su antepasada Margarethe Wilhelmine Odenwald, quien vivió en Kleinfischlingen entre 1745 y 1752. El historiador y archivista del pueblo, Kurt von Nida, no sólo le confirmó que la mencionada mujer había nacido en el pueblo, sino también su padre, el párroco luterano Georg Friedrich Odenwald, constructor de la imponente casa parroquial protestante, que todavía existe.

Después de visitar la iglesia protestante, el señor von Nida le entregó al arqueólogo y antropólogo peruano una carpeta con copias de documentos referentes a sus ancestros, encontrados en los archivos locales. El Dr. Kauffmann Doig agradeció la calurosa acogida con las siguientes palabras en alemán estampadas en el libro de huéspedes del pueblo: «Eine meiner größten und schönsten Überraschungen in meinem Leben hat mir der Ausflug nach Kleinfischlingen gebracht» [«Una de las más grandes y más hermosas sorpresas de mi vida me la deparó el paseo a Kleinfischlingen»].

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