TURISMO Y DISCRIMINACIÓN

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Este año mi mujer y mi hijo de quince años visitaran el Perú después de años de ausencia. Aprovechando la ocasión, harán también un recorrido turístico por el Cusco y lugares aledaños.

Al reservar los pasajes aéreos y el tour, nos hemos topado con una ingrata sorpresa. Mi hijo, aun siendo peruano de nacimiento, tendrá que pagar más que mi mujer dado que sólo cuenta con pasaporte alemán. Incluso a mi mujer, por el sólo hecho de residir en Alemania, le cobrarán más que a un peruano residente en el Perú. Y el servicio que mi hijo recibirá no será ni una pizca mejor que el que se les ofrece a quienes pagan menos.

Desde hace tiempo hay denuncias de discriminación contra PeruRail, la empresa que ofrece servicios de transporte ferroviario a Machu Picchu entre otros, en agravio de turistas peruanos. Uno de los casos emblemáticos, ocurrido en el año 2007, es el del músico peruano Luis Becerra, que formó en Italia la agrupación de danzas latinoamericanas Takillakta y que tuvo que viajar a Machu Picchu en un tren sólo para peruanos junto con su hija menor, mientras que su esposa italiana fue obligada a viajar en el tren sólo para turistas extranjeros.

Lo peor de todo es que PeruRail sigue manteniendo una actitud discriminatoria dividiendo a sus clientes en nacionales y extranjeros, ofreciéndoles un servicio diferenciado. Y discriminando también a los extranjeros, al cobrarles un precio de unos 120 dólares de ida y vuelta por un trecho de unos 60 km, cuando en Alemania esa misma distancia en tren de lujo cuesta unos 40 euros. Y no me van a decir que los costos operativos en el Perú son mayores que en Alemania.

Este esquema parece atravesar toda la rama turística en el Perú: tratar mal al turista nacional y cobrarle caro al extranjero. Se parte del supuesto de que quien viene de fuera del país necesariamente debe tener mucho dinero en el bolsillo para pagar cualquier precio que se le exija, por irracional que sea.

¿Los resultados? Mientras que unos 3.7 millones de turistas extranjeros habrían visitado el Perú en 2016, en Chile —un país con menos atractivos turísticos— se alcanzó ese mismo año la cifra de 5.6 millones de turistas extranjeros.

Bajo la premisa de que el precio se fija de acuerdo a lo que se está dispuesto a pagar —y no de acuerdo a criterios objetivos y razonables de costo/beneficio—, el Perú es un país caro para extranjeros, que preferirán otros destinos.

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Esta columna fue publicada incompleta —sin previo aviso— el 17 de julio de 2017 en Exitosa, a pesar de mantenerse dentro de los límites de extensión. Esto, unido a la circunstancia del cese del periodista Juan Carlos Tafur como director de ese medio, me ha llevado a la decisión de no seguir colaborando con ese diario. La columna completa fue publicada el mismo día por Altavoz, medio que gentilmente me ha ofrecido un espacio los lunes para colaborar con una columna semanal.

EL PAÍS DE LA BAMBA

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Desde que tengo memoria, el Perú ha sido el país de la bamba, donde siempre hemos consumido productos que aparentaban ser lo que en realidad no eran. Desde la leche en polvo ENCI, de menor valor nutritivo que la leche fresca, hasta los jugos Kanú, unos polvos que mezclados con agua dan como resultado un refresco con sabor artificial puramente químico, que no puede compararse con un auténtico jugo de frutas naturales.

El negocio de los alimentos bambeados sobrepasó por momentos límites criminales, como cuando en algunos mercados se mezclaba la pimienta negra con carbón molido, el comino con ladrillo rojo triturado, se ofrecían marshmallows fabricados clandestinamente con cola sintética, o se vendían hamburguesas hechas de cartón macerado en vinagre y especias en el Estadio Nacional.

Sin embargo, el engaño al consumidor no fue nunca monopolio de algunos sujetos al margen de la ley, sino que formó parte de la misma cultura empresarial peruana. La lista sería larga: salchichas Vita Rica que se vendían con la cara de un cerdo en la envoltura, pero cuyo ingrediente principal era carne de ballena; frutas confitadas hechas en base a cáscaras de sandía o papayas verdes procesadas con azúcar y colorantes; panetones que obtienen su reconocible sabor de una esencia saborizante que es un mero producto de laboratorio, en nada comparables con los panetones fabricados en Italia hechos con meros ingredientes naturales y frutas confitadas de verdad; o la famosa esencia de vainilla que de verdadera vainilla no tiene ni la sombra.

El caso de la “leche” Pura Vida es aún más grave, porque contiene aditivos que podrían dañar la salud: el emulsificante SIN 471, que podría aumentar el tamaño del hígado y de los riñones; el estabilizante SIN 339ii, que podría producir hiperactividad y problemas digestivos y, a la larga, reducir el equilibrio de fósforo y calcio en el organismo; y el SIN 407, posible causante de úlceras en el intestino grueso, micropérdidas de sangre en la orina, ralentización del crecimiento, alergias, debilitamiento del sistema inmunitario, y de cáncer a largo plazo. Además, tenemos el añadido de aceite de palma, cuyo consumo en exceso aumenta el nivel de colesterol y contribuye al desarrollo de problemas cardiovasculares.

Pero así estamos, en un país donde la leche no es leche, la democracia no es democracia, los partidos no son partidos y el gobierno es pura ilusión.

(Columna publicada en Exitosa el 10 de junio de 2017)

LOS HEREDEROS PERUANOS DEL SARGENTO PIMIENTA

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​Hace 50 años, el 1° de junio de 1967, salió publicado en el Reino Unido Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band, octavo álbum de los Beatles. Un disco que marcó un antes y un después en la música rock, pues el cuarteto de Liverpool se dedicó a experimentar con sonidos como nunca antes lo había hecho, elevando este género a la categoría de arte.

En 2003 la revista Rolling Stone lo puso a la cabeza de los 500 álbumes más grandes de todos los tiempos.

La influencia del álbum fue tal, que revolucionó toda la historia del rock en adelante. Y esa influencia llegó también a tierras peruanas.

En 1969 salió el primer sencillo de The (St. Thomas) Pepper Smelter, una banda de rock psicodélico liderada por Gerardo Manuel, tomando su nombre de un mapa de St. Thomas y del disco de los Beatles, que se encontraban en el local donde ensayaban. En Soul & Pepper, el único LP que grabaron para la discográfica El Virrey, se pueden escuchar covers y temas propios que asumen el legado de creatividad experimental del álbum de los Beatles.

Sin embargo, la banda que tomaría realmente la posta del Sargento Pimienta en el Perú sería otra.

Al igual que los Beatles, se inició con el sonido del Mersey Sound de Liverpool, pero añadiendo la influencia áspera y cruda del punk vía Sex Pistols y Ramones. Y así como los Beatles se cansaron de su imagen de jóvenes alocados, esta banda peruana también se hartó de su propio mito creado en los ‘80 y decidió reinventarse en 1995 con un álbum doble: A la mierda lo demás (Asesinando el mito).

Pero donde realmente se sentiría el impulso experimental que parece tomado de los Beatles, aunque esta vez con una marcada influencia de Pink Floyd, sería en su siguiente álbum doble de 1998, que lleva el críptico título de Moxón: el estokástiko viaje de Defekón I a través de los tiempos. Ésta sería la primera obra maestra entre otras que seguirían —Yasijah, Al final de la calle, Hospicios— de Leusemia , sin lugar a dudas la mejor banda de rock peruano de todos los tiempos.

A diferencia del álbum de los Beatles, el de Leusemia pasaría inadvertido excepto para los seguidores de la banda, entre los cuales orgullosamente me encuentro. Pues los mejores artistas peruanos son ignorados en su propio país, donde mucho se mide según la mediocridad de la cultura imperante. Y donde un Paul McCartney en decadencia jala más público que Leusemia en todo su esplendor.

(Columna publicada el 3 de junio de 2017 en Exitosa)

EL FUJIMORISMO HUNDIENDO LA DEMOCRACIA

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Congresistas del partido fujimorista Fuerza Popular

Según el índice de democracia de la prestigiosa revista The Economist, en el año 2016 sólo había 19 países con un régimen de democracia plena. Estados Unidos no está entre esos países. Muchos menos el Perú, que con un puntaje promedio de 6.65 ocupa el puesto 59.

Si bien de entre las cinco categorías que se evaluaron, el Perú obtuvo un puntaje alto en proceso electoral y pluralismo (9.17) y libertades civiles (8.24), los otros puntajes obtenidas fueron miserables —funcionamiento del gobierno (5.36), participación política (6.11), cultura política (4.38)—, no librándose nuestro país de quedar como una democracia imperfecta a los ojos del mundo.

Sospecho que los resultados en el año 2017 serán peores. Pues el gobierno no parece estar funcionando como debe, el desinterés por participar en la cosa política parece estar aumentando debido a una difundida conciencia derrotista que cree que no se puede ganar la lucha contra la corrupción, y el fujimorismo se está encargando de llevar la cultura política a niveles subterráneos inimaginables.

Así como también, gracias a su mayoría parlamentaria, está buscando restringir el pluralismo electoral mediante vallas prácticamente insalvables que dificultarían la participación de algunos actores importantes, llámese Julio Guzmán o Verónika Mendoza. Y ni qué decir de la ley contra el transfuguismo y el proyecto de ley que restringe la libertad de prensa, que atentan contra libertades civiles fundamentales.

En Alemania, donde sí hay democracia plena, difícilmente podría darse el espectáculo de un solo partido dominando el ámbito parlamentario con mayoría absoluta. Pues el sistema político fue diseñado —después de la nefasta experiencia de Hitler— con el fin de evitar el acaparamiento de ninguno de los poderes del Estado por un solo partido. No hay segunda vuelta. Y dado que difícilmente un partido logra más del 50% de los votos, tanto en el Parlamento como en el Ejecutivo se tienen que hacer coaliciones entre un mínimo de dos partidos, a fin de obtener la mayoría necesaria para formar gobierno. El sistema favorece la cooperación interpartidaria y el pluralismo.

En el Perú hay un Congreso con mayoría absoluta fujimorista —no obstante que Fuerza Popular obtuvo sólo el 40% de los votos válidos—, que no cuenta con ningún contrapeso importante que le impida ir contra la razón y hundir aún más el país. Como en tiempos de la dictadura.

(Columna publicada en Exitosa el 27 de abril de 2017)

A LA MEMORIA DE UN CURA SODÁLITE

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Jürgen Daum, sacerdote sodálite, ha fallecido el 17 de mayo, víctima de cáncer.

Estuvo en mi misma promoción escolar en el Colegio Alexander von Humboldt. De carácter tranquilo y poco avispado, lo recuerdo como una persona bondadosa desde esa época, aunque nunca llegamos a ser amigos.

Mientras que yo fui captado por el Sodalicio gracias a mis vínculos con alumnos del Colegio Santa María (Marianistas) de Monterrico, Jürgen llegó al Sodalicio posteriormente a través de Giancarlo Bancalari, un vecino suyo, alumno del Colegio Antonio Raimondi.

Originalmente de religión protestante, Jürgen fue invitado a un retiro sin que los organizadores supieran de su confesión luterana, y pasó por las mismas dinámicas que se aplicaron en los retiros para iniciar el sometimiento psicológico de los jóvenes adolescentes que ingresarían al Sodalicio. Pues hasta ahora no se sabe de nadie en absoluto que se haya unido al Sodalicio siendo un adulto pleno. Y, por supuesto, el proceso siempre se dio al margen de los progenitores, sin comunicarse nunca directamente con ellos. Su paso hacia la Iglesia católica se hizo cuando aún era menor de edad, bajo la atenta supervisión de Virgilio Levaggi.

Aunque siempre negó haber sufrido un lavado de cerebro, mantuvo su fidelidad al Sodalicio hasta el final, sin esbozar crítica alguna.

En octubre de 2013 concedió una entrevista al canal católico EWTN, donde dijo —entre otras cosas— que vivir con Figari «es vivir con un padre, y un padre que quiere lo mejor para sus hijos. Y en ese querer lo mejor para sus hijos, es exigente pero también es muy amoroso. Es un padre que, como todo padre, puede tener sus errores, sus dificultades, pero también es un padre que tiene la capacidad de saber pedir perdón, por sus errores y dificultades, y decir lo que siempre recuerdo que él nos decía a nosotros: “un padre quiere que sus hijos sean mejor que uno”».

En ese entonces ya se sabía que había una denuncia contra Figari, y yo ya había publicado una descripción desmitificadora del fundador en mi blog. Y según cuenta Óscar Osterling, Jürgen fue testigo mudo de algunos abusos cometidos por Figari.

Aún así, fue siempre un sacerdote ejemplar, de corazón benévolo y comprensivo. Quién sabe si los escándalos y una cierta dosis de decepción lo predispusieron físicamente a desarrollar la enfermedad que lo mató. Pues fue un hombre bueno, a pesar del Sodalicio, no gracias a él.

(Columna publicada en Exitosa el 20 de mayo de 2017)

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Se puede ver la entrevista al P. Jürgen Daum en el programa “Nuestra fe en vivo” de EWTN, emitido el 28 de octubre de 2013:

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El Sodalicio ha tenido pocos muertos a lo largo de su historia. El muerto más ilustre, Germán Doig —a quien se buscó presentar como un modelo de vida y una señal de que el Sodalicio era camino de santidad— resultó ser un bluff. Carlos Paredes, laico consagrado, y Sergio Ferreyros, laico casado, ambos fallecidos en el año 1995, fueron objeto de sentidos homenajes que buscaron presentarlos como frutos del camino sodálite, pero su recuerdo se ha ido difuminando con el tiempo.

No me extrañaría que se termine utilizando la memoria del querido P. Jürgen Daum como medio para lavarle la cara al Sodalicio y presentarlo como una institución que da frutos de santidad. Cuando es precisamente esta institución la que ha echado algunas sombras sobre el perfil personal de quien fue una persona de conciencia limpia.

Las “manzanas podridas” fueron fruto del sistema de disciplina que instauró Figari y reflejan el espíritu de una institución totalitaria, vertical y manipuladora de las conciencias de sus miembros, la mayoría de ellas personas buenas —sin lugar a dudas— a las que nunca se les ha enseñado a vivir la verdadera libertad de los hijos de Dios. Aquella libertad que nos libera de las garras del pensamiento ideológico —aunque se vista de colores religiosos— y que nos permite hallar belleza y vida en los incógnitos avatares de la historia de este mundo nuestro —el de los humanos de carne y hueso— sin necesidad de juzgarlo ni condenarlo inmisericordemente.

RUDOLF HESS Y ALBERTO FUJIMORI

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Rudolf Hess (1894-1987)

Cuando en 2008 conocí a Odfried Hepp —en la atención telefónica de un servicio técnico de la Siemens, donde trabajamos juntos—, no sabía nada de su pasado. Ignoraba que junto con Walter Kexel y Peter Naumann, militante neonazi y experto en explosivos, había planeado la liberación del criminal de guerra Rudolf Hess para el 8 de mayo de 1982. El plan preveía la voladura del portón principal y de las torres de la prisión militar de Spandau en Berlín, a cargo de los aliados desde finales de la Segunda Guerra Mundial.

Rudolf Hess llegó a ser en la Alemania nazi el tercero en la cadena de mando después de Hitler y de Hermann Göring, y firmó varias de las Leyes de Nuremberg de 1935, que recortaron los derechos de los judíos alemanes y en cierta manera prepararon el camino para el Holocausto.

Sería condenado a cadena perpetua en 1946 por haber planeado una guerra de agresión y haber conspirado contra la paz mundial. En fin, uno de los tantos criminales que no mató a nadie con sus propias manos, pero que tomó decisiones que ocasionaron la muerte cruenta de millones de personas.

En los Juicios de Nuremberg, al ser confrontado con las crueldades de los campos de exterminio, no sólo se mostró inconmovible, sino que manifestó estar satisfecho de haber servido a Hitler, «el más grande de los hijos que ha engendrado mi pueblo en su historia milenaria», así como de haber cumplido su «deber como alemán, como nacionalsocialista, como fiel seguidor de mi Führer».

Su hijo Wolf Rüdiger Hess buscó su liberación, reivindicar su memoria y conseguir mejores condiciones carcelarias. No faltaron tampoco las voces de representantes de la política y de las iglesias que en los años 70 y 80 pidieron un indulto por razones humanitarias, considerando la salud y la edad avanzada del único prisionero de Spandau.

El plan de liberación de Hepp, Kexel y Naumann nunca se realizó. Y Rudolf Hess murió en 1987, no por enfermedad. Se suicidó a los 93 años en su privilegiada prisión, sin haberse arrepentido de nada.

Como Alberto Fujimori, quien nunca se ha arrepentido de las matanzas de Barrios Altos y La Cantuta, y de otros crímenes que han quedado impunes, como es el caso de las esterilizaciones forzadas.

Al fin y al cabo, sacar de prisión a un criminal impenitente que no ha purgado su pena, favoreciendo así la impunidad, sólo puede ser obra de mentes terroristas. O de intereses políticos del mismo cariz.

(Columna publicada en Exitosa el 13 de mayo de 2017)

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La razón por la cual se frustró el intento de liberación de Rudolf Hess fueron de corte puramente ideológico. Odfried Hepp y Walter Kexel, ambos neonazis a la vez que anti-imperialistas, habían decidido sacar a Hitler del pedestal en que lo tenían la mayoría de los grupos de extrema derecha y pasarlo al basurero de la historia. Para ellos, Hitler era quien había echado a perder el nacionalsocialismo, que debía ser sustituido por un nacionalbolchevismo abocado a una lucha de liberación nacionalrevolucionaria y anti-imperialista que terminara con la ocupación estadounidense de Alemania. Estas ideas las formularían en el único escrito teórico conocido del terrorismo neonazi alemán: Der Abschied von Hitlerismus (La despedida del hitlerismo).

En consecuencia, Rudolf Hess, hasta entonces admirado por su lealtad incondicional a Hitler, ya no podía ser considerado un modelo a seguir, mucho menos alguien por quien valiera la pena arriesgar la vida.

Hepp y Kexel fundarían ese mismo año el Grupo Hepp-Kexel, que cometería asaltos a mano armada contra bancos para financiar sus actividades y realizaría una serie de atentados terroristas contra soldados norteamericanos estacionados en Alemania. El grupo fue desmantelado en 1983 por la policía alemana y todos sus miembros aprehendidos, a excepción de Hepp, que logró huir a Alemania Oriental vía Berlín.

Kexel se ahorcaría en 1985 en la cárcel tras ser condenado a 14 años de prisión.

Hepp fue atrapado ese mismo año en Marsella (Francia) y luego extraditado a Alemania Occidental, donde pudo acogerse a beneficios penitenciarios gracias a que declaró como testigo en contra de antiguos camaradas del terrorismo neonazi. Salió de prisión en el año 1993, arrepentido de su vida pasada y convertido en un pacifista.

Para mayor información sobre Odfried Hepp, se puede leer mis posts anteriores:

EL SODÁLITE QUE SE ATREVIÓ A DECLARAR ANTE LA COMISIÓN DE ÉTICA DEL SODALICIO

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César Oga en el año 2012

Cuando todavía era rector del Colegio San José de Cajicá, al norte de Bogotá, el entonces sodálite César Oga, nacido en Lima el 7 de agosto de 1975, decidió presentar su testimonio ante la Comisión de Ética para la Justicia y la Reconciliación, convocada por el Sodalicio. Rindió su declaración en marzo de 2016, lo cual habría sellado su destino, si es que no estaba sellado desde antes, cuando en marzo de 2015 escribió un análisis crítico del Sodalicio que envió a las autoridades correspondientes y que ya ha sido publicado en este blog (ver EL SODALICIO AL DESNUDO: REFLEXIÓN CRÍTICA DESDE ADENTRO).

Lo cierto es que César dejó de ser rector del colegio sodálite San José en junio de 2016, pidió licencia y finalmente enrumbó su vida por otros derroteros distintos a los que había seguido desde su adolescencia, cuando fue captado por el Sodalicio.

Antes de testimoniar ante la Comisión de Ética, redactó el 3 de marzo de 2016 un borrador con las ideas principales que le servirían para su declaración. El 15 de marzo me hizo llegar este documento, indicándome que todavía era sodálite activo.

Por este motivo y por la confidencialidad que le había prometido guardar, no me ha sido posible dar a conocer este texto hasta ahora. A continuación, el texto que César mismo me ha autorizado a que se publique siempre y cuando se omitan nombres de personas.

Su importancia radica en que presenta de manera sucinta y concreta los elementos que hacen del Sodalicio un sistema opresivo de pensamiento y disciplina que anula la personalidad y libertad de sus miembros, permitiendo que se cometan abusos de todo tipo. Asimismo, sugiere alguna medidas radicales que el Sodalicio debería implementar para poder reformarse, si eso es posible.

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DECLARACIÓN DE CÉSAR OGA ENTE LA COMISIÓN DE ÉTICA PARA LA JUSTICIA Y LA RECONCILIACIÓN (BORRADOR)

Antes que nada quiero agradecerles su tiempo y la labor que realizan para ayudar a hacer justicia a todas las personas que puedan haber sido afectadas por la organización y evitar futuros atropellos.

Quiero aclarar anticipadamente que esta declaración o denuncia no es a personas concretas sino a la lógica de un sistema u organización.

Mi hipótesis es que la organización está basada en unos principios autorreferenciales que privilegia a la organización por encima de la persona, y por lo tanto, esto la ha llevado a atropellos contra las individualidades y principios morales y éticos.

Esta absolutización de un principio autorreferente es una proyección de la personalidad del Fundador y quien para lograr la consecución de las metas institucionales creó una comprensión particular cerrada de la realidad con conceptos religiosos organizados y estructurados según esta conveniencia. Es lo que podríamos llamar una sistema de pensamiento.

El Sodalicio en su concepción de fondo es lo más parecido a una ideología basada en conceptos religiosos. La radiografía más clara de este fenómeno lo encontré en un texto del teólogo Romano Guardini que me gustaría citar:

«Desde el momento que existe una conciencia creyente que conoce la pura doctrina, y una autoridad que se encarga de defenderla, surge el peligro de la “ortodoxia”, esa mentalidad que cree que conservar la recta doctrina es ya la salvación, pero que en virtud de la pureza de la doctrina, atenta contra la dignidad de la conciencia. Desde el momento en que se instituye una regla de salvación, un culto y un ordenamiento comunitario, surge el peligro de pensar que su realización exacta es ya la santidad a los ojos de Dios. Desde el momento en que existe una jerarquía de las funciones y de los poderes, de la tradición y del derecho, surge el peligro de ver ya el reino de Dios en la autoridad y en la obediencia mismas. Tan pronto como en lo sagrado se establecen normas y se distingue entre correcto e incorrecto, amenaza el peligro de coartar desde allí la libertad de Dios y de enmarcar como en derechos lo que viene exclusivamente de su gracia… Por muy noble que sea un pensamiento, tan pronto como penetra en el corazón humano genera en él contradicción, mentira y maldad. Esto es lo que ocurre también con lo que viene de Dios.»

Pienso que el Sodalicio es un sistema de pensamiento de corte religioso que, al haber sido absoluto y totalizante, ha creado sus propias reglas de acción.

Cosmovisión: a este sistema totalizante de la realidad se le llamó, entre nosotros, cosmovisión sodálite. En otras palabras, el Sodalicio gozaba, por gracia de Dios, de una concepción del mundo con unas claves hermenéuticas propias que nos hacían aventajados para entender la realidad y el ser humano. Hay en todos nuestros manuales formativos el desarrollo de los que llamábamos antropología sodálite, nuestra exclusiva visión del hombre.

Esta cosmovisión tenía varios conceptos fuertes que nos inculcaban:

Concepto de la vocación: la vocación era concebida como una realidad ontológica que determinaba la estructura constitutiva de la persona y por lo tanto, no había otra opción sino responder o poner en riesgo la salvación y felicidad de la persona. Esta vocación ya venía en el ADN de la persona antes de nacer.

Estilo: el estilo es un concepto clave del ordenamiento sodálite. El estilo era la expresión en la vida de esta vocación. Así como el concepto del llamado o vocación, el estilo era un concepto totalizante. Había un estilo sodálite único en todo, vestir, pensar, actuar, en la decoración de las casas, en la estética en general, en el comportamiento ético, etc. Era por lo tanto un criterio moral para juzgar el comportamiento de los sodálites en todos los aspectos de su vida. Este concepto determinaba en lo cotidiano si el sodálite era fiel o infiel a su vocación.

Autoridad: siendo yo superior a una edad corta, 26 años, se nos enseñó que nosotros éramos los custodios del estilo y los que determinábamos lo que Dios quería para las personas. La autoridad sodálite era en su esencia controlista.

Estructura autoritaria: Luis Fernando para tener un poder absoluto e incuestionable de la organización creó una estructura de gobierno a su medida. Y en ese mismo sentido, la estructura de gobierno posicionaba a los superiores como elementos que garantizaban la unidad y cohesión comunitaria.

Constituciones: si uno lee las Constituciones del Sodalicio con esta clave puede ver que el documento está planteado para que el miembro de la organización sea un instrumento sujeto a la arbitrariedad de los superiores. Las premisas son:

  • La vocación sodálite es a la plena disponibilidad apostólica.
  • La obediencia es el compromiso fundamental del sodálite.
  • La obediencia debe ser en todo como la de Jesús al Padre.
  • Y nunca se establece los límites o alcances de la autoridad.

Este es el fondo de muchos excesos de los superiores que desde su capricho, y muchas veces, sin mala intención, generó atropellos contra sodálites que hoy se sienten heridos psicológicamente.

Otro aspecto de las amarguras de muchas personas tiene que ver con las prácticas de reclutamiento.

Reclutamiento: el apostolado vocacional o reclutamiento se hacía en el colegio, como ejemplo es que la actividad bandera del Sodalicio es Convivio. La mayoría de las vocaciones, por lo menos en la bonanza vocacional, han sido captadas en edades escolares, 17 años, en donde la persona no tiene suficiente criterio de juicio pero está predispuesta a opciones radicales. Siguiente al reclutamiento estaban las prácticas formativas.

Formación: la formación estaba orientada a quebrar la voluntad de la persona. Las dinámicas de la obediencia irracional, los ejercicios extremos, los castigos, las introspecciones psicológicas apuntaban a ello.

Antropología negativa: así llamo yo el aspecto formativo que ve a sodálite como un potencial pervertido sexual. Hay un freudianismo en la visión sexual sodálite. La muestra más clara de ello es la política de estar siempre acompañados.

Capitalización de la persona en beneficio de la comunidad: pienso que de aquí parte otra herida y frustración de muchas personas que hoy sienten una injusticia de la comunidad: haber entregado 10, 15, 20 años de sus vidas a favorecer a la organización con la única retribución del deber cumplido.

Injusticia laboral: si una persona que ha servido a la organización por 15 o más años toma conciencia de que ése no es su lugar, ésta está destinada a la más injusta situación de sostenimiento. Es decir: sin ningún dinero cotizado a un fondo de pensión, sin ninguna liquidación, sin seguro médico, sin una experiencia laboral que lo haga competitivo en el mundo. Además, los sodálites en su generalidad no perciben el sueldo de sus trabajos. Yo soy un ejemplo, durante nueve años como fundador y rector del colegio San José no he recibido un sueldo por ese trabajo.

Si bien hoy en día muchos de estos principios que se expresaban en normas y directrices explícitas ya no lo son, considero que la cultura interna está impregnada de ellos. Es común que dentro de la comunidad los que quedamos justificamos que el Sodalicio es una obra buena por los frutos. Pero no se considera la cantidad de personas que hoy en día están fuera de la comunidad con reparos, por decir lo menos. y si no, heridas en sus vidas. Valdría la pena hacer un cálculo estadístico de todos los sodálites que han pasado por comunidad pero que hoy están por fuera. Un cálculo somero es del 65%, y percibo que los que actualmente forman parte de la comunidad tienen un perfil común y es el que podría llamarse, sin mucha precisión, conservador, o que siguen por inercia en la organización por que dependen de ella.

Pienso, además, que una transformación en la actualidad, muy sutil por cierto, de todo este pensamiento de connotaciones ideológicas es la absoluta seguridad que se tiene entre los que aún quedamos, y especialmente de los superiores actuales, que el carisma o la comunidad es algo querido por Dios. Me parece particularmente peligroso entre nosotros esa afirmación, ya que si se parte de esa seguridad de elección divina, el riesgo de convertirnos nuevamente en mesías del mundo es muy grande.

Yo creo que la comunidad se va ir debilitando poco a poco. Las vocaciones son escasas, hay una crisis de identidad y un desánimo generalizado. Sus fundamentos conceptuales, su espiritualidad está en entredicho. Ha hecho daño a mucha gente y las pocas fuerzas que le quedan deberían estar destinadas a esta reparación.

Debo terminar diciendo que yo reconozco haber sido parte del sistema y por lo tanto victimario sobre todo cuando fui superior de una comunidad de formación. Y a la vez, hoy en día, me siento víctima del sistema de autoridad, representado en [Fulano] y [Zutano].

Ellos son un ejemplo de cómo pueden hacer mucho daño no con insultos, golpes y abusos sexuales sino creyéndose los poseedores de la verdad y sintiéndose con la autoridad para imponer sus puntos de vista o los defectos de su sensibilidad sobre las personas.