EL VICARIO GENERAL QUE ABANDONÓ LA IGLESIA CATÓLICA

Andreas Sturm (nacido en 1974) era el vicario general de la diócesis de Espira, a cuya circunscripción pertenezco yo como católico. “Sturm” significa en alemán “tormenta”, y eso fue precisamente lo que se desató cuando el 13 de mayo de este año anunció que renunciaba no sólo a su dignidad eclesiástica sino también a la Iglesia católica y que seguiría ejerciendo su sacerdocio en la Iglesia veterocatólica, creada en 1871 como una comunidad separatista de católicos que rechazaban el dogma de la infalibilidad pontificia proclamado por el autócrata y nefasto Papa Pío IX, aquel pontífice que nos dejó como legado la esencia del actual sistema eclesiástico que hace agua por todas partes.

Detrás de lo que parece una deserción de una alta autoridad eclesiástica no había ningún escándalo, ningún lío de faldas, ninguna sospecha de abusos, sino más bien la falta de confianza de que hubiera verdaderos cambios en la Iglesia católica, y la creencia de que el proceso de reforma eclesiástica iniciado en Alemania en el año 2019 y conocido como Camino Sinodal iba a terminar en nada.

Recientemente Andreas Sturm ha publicado un libro donde no sólo explica ampliamente los motivos que lo llevaron a dar ese paso, sino que también cuenta su recorrido biográfico a través de la Iglesia católica, sazonado con anécdotas cotidianas que evidencian las graves inconsistencias que hay en el sistema eclesiástico vigente. El libro, publicado por la editorial Herder, lleva el título de Yo tengo que salir de esta Iglesia – Porque quiero seguir permaneciendo humano (Ich muss raus aus dieser Kirche – Weil ich Mensch bleiben will) y se ha convertido en un éxito de ventas.

Para entender la gravedad de lo ocurrido con Andreas Sturm, hay que precisar qué posición tenía dentro de la administración eclesiástica de la diócesis de Espira. El vicario general es como el alter ego del obispo, su representante, la cabeza administrativa de la sede episcopal. Dicho de otro modo, sería algo equivalente a un primer ministro del obispo que gobierna. En ese sentido, es el segundo en la cadena de mando dentro de la diócesis. De ahí el peso de la decisión tomada, más aún cuando el mismo Sturm señala que «se va por voluntad propia, no hay escándalos, ninguna crítica a su persona, y ni siquiera “esqueletos en el armario”».

Y aun cuando en sus apuntes biográficos no relata nada gravemente escandaloso, lo que describe como la normalidad de la Iglesia en el contexto alemán —aunque mucho de lo que dice puede extrapolarse a otras latitudes— resulta desolador para quien cree en el valor de la persona, en los derechos humanos y en la dignidad de todo aquel que pertenezca al género humano.

A lo largo de sus reflexiones pasa revista, por ejemplo, al celibato obligatorio, que tanto sufrimiento genera en muchos sacerdotes, no sólo entre aquellos que terminan rompiéndolo —la mayoría de las veces en secreto—, sino también entre aquellos que lo guardan celosamente.

La falta de aceptación de las personas homosexuales, que genera mucho dolor entre aquellos que se sienten identificados con la fe católica pero que no pueden dejar de amar a una persona de su mismo sexo, es otro de los temas que aborda. Es de hacer notar que cuando el 15 de marzo de 2021 la Congregación para la Doctrina de la Fe del Vaticano prohibió dar la bendición a las parejas homosexuales, Andreas Sturm —quien estaba temporalmente a cargo de la diócesis de Espira, pues el obispo Karl-Heinz Wiesemann estaba con descanso médico— decidió ignorar ese mandato y seguir posibilitando la realización de misas de bendición para parejas homosexuales.

También nos describe el miedo que sienten quienes tienen puestos de trabajo en la Iglesia católica cuando su matrimonio fracasa y se divorcian, o cuando viven con su pareja sin estar casados, o cuando mantienen una relación homosexual, miedo de ser despedidos si se llega a conocer su situación. Pues muchas veces la Iglesia pone como condición para trabajar para ella una fidelidad absoluta a sus enseñanzas, lo cual incluye la doctrina moral.

Cae también bajo el escrutinio de Andreas Sturm el poder de la Iglesia, que no admite disensos entre sus filas, y el clericalismo, que excluye a los fieles laicos de la toma de decisiones y de una participación democrática en la configuración de las comunidades locales, otorgándoles poder absoluto de decisión sólo a los obispos y sacerdotes. Y, por supuesto, no se olvida de señalar la marginación de las mujeres de muchos cargos y funciones en la iglesia.

Ciertamente, el escándalo de los abusos sexuales y su encubrimiento forma parte sustancial de sus reflexiones, más aún cuando él ha tenido en ocasiones que hablar como representante de la parte abusadora, no sin que ello haya ido acompañado de conflictos de conciencia por la manera en que la Iglesia ha maltratado a las víctimas.

Así resume Andreas Sturm su decisión al final de su libro:

«Yo siempre quise ser sacerdote. Sacerdote como pastor de almas para los seres humanos. Yo quería hablar de este Jesucristo, que redime mi vida y la enriquece en muchos aspectos. Yo siempre quise bautizar niños y prepararlos para recibir los sacramentos. Yo quería celebrar misa con una comunidad y poner en las manos amorosas de Dios lo que hemos experimentado y vivido, quería celebrar la redención e implorar fuerza y consuelo para la siguiente semana. Yo quería acompañar a las parejas en su amor y al inicio de su camino en común y concederles la bendición de Dios. Yo quería asegurarles, a aquellos que sienten que han cometido errores y han pecado, el perdón amoroso de Dios. Y yo quería acompañar a las personas en su último viaje, consolar a los que están de luto y enterrar a los difuntos. Pero yo no quiero seguir yendo contra mis convicciones, porque yo creo que todo esto también lo puede hacer una mujer como sacerdotisa. Yo no sólo quiero concederle la bendición a parejas heterosexuales, sino también a personas queer en sus relaciones. Yo ya no quiero seguir encontrándome con parejas en iglesias a puertas cerradas, sólo porque eventualmente uno de los dos ya está casado. Yo no quiero seguir poniendo mis fuerzas al servicio de una Iglesia en la cual sus empleados tienen miedo porque van contra un compromiso de fidelidad. Yo no quiero tener miedo de enamorarme y tampoco de vivir ese amor.

Yo tengo que salir de esta Iglesia, en la cual los abusadores pueden cometer sus delitos durante demasiado tiempo y son encubiertos. Me repugna lo que leo en los informes de los afectados. No es su culpa y no es mi culpa, pero es tan lamentable la imagen que como Iglesia en su totalidad proyectamos. Casi nadie saca las consecuencias y renuncia; se atrincheran detrás del Papa. Esto es difícil de soportar y a duras penas de transmitir.

Yo tengo que salir de esta Iglesia, en la cual no se ordena a mujeres, porque simplemente negamos su vocación y rechazamos su ordenación como imposible. En la que las personas queer no son aceptadas verdaderamente y que no permite que su amor del mismo sexo sea. Salir de una Iglesia que más bien se aferra al celibato obligatorio, el cual enferma a muchos sacerdotes y los deja en la soledad o representa una enorme carga emocional para sus compañeras o compañeros de vida».

Se trata a fin de cuentas de una decisión de conciencia de alguien que ha tenido una cuota de poder en la Iglesia católica y que, no obstante, se siente impotente y ha perdido toda esperanza de que haya un cambio verdadero. «Mi corazón esta vacío – como muerto», señala Sturm. Y se va para no perder su fe y protegerse a sí mismo antes de que todo se derrumbe.

Una decisión válida, tan válida como la de la periodista Christiane Florin (nacida en 1968), quien desde una perspectiva feminista también ha manifestado críticas semejantes —e incluso más ácidas— a la institución eclesiástica, pero que ha tomado una decisión muy distinta, como se refleja en el título de su último libro publicado en el año 2020: ¡A pesar de todo! Cómo intento permanecer católica (Trotzdem! Wie ich versuche, katholisch zu bleiben).

(Columna publicada el 6 de agosto de 2022 en Sudaca)

ABUSOS DE MONJAS

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Fotograma de la película “La religieuse” (Jacques Rivette, 1966)

Recientemente ha sido publicado en Chile el libro-reportaje Siervas – El historial de abusos de las monjas del Sodalicio, escrito por la periodista chilena Camila Bustamante, quien también alguna vez fue candidata a las Siervas del Plan de Dios, la congregación de monjas fundada en 1998 por Luis Fernando Figari, el otrora cuestionado líder del Sodalicio acusado de múltiples abusos en perjuicio de jóvenes. Y así como Figari dejó su impronta venenosa en la institución para varones que fundó, impronta de la cual el Sodalicio no se ha podido desprender hasta el día de hoy, así también parece haber destilado su ponzoña en la congregación de monjas, que en su doctrina, espiritualidad y disciplina resulta ser como un espejo del Sodalicio pero en femenino. Y que también ha tenido su Figari con tetas, ovarios y vagina, según lo que narra el libro: la hermana Andrea García, la primera Sierva, quien después de perpetrar y avalar la vorágine de abusos y su reguero de vidas heridas y destrozadas, decidió hace pocos años dejar la congregación y dedicarse a los menesteres de este mundo.

Aunque quien lea el libro se puede sorprender ante los abusos físicos y psicológicos —e incluso sexuales— allí narrados por mujeres sobrevivientes que pasaron por la congregación, a mí me ha dejado un cierto resabio a déjà vu, a algo antes visto y no tan novedoso. Pues abusos en congregaciones de monjas los ha habido desde que éstas existen, no obstante que esos abusos rara vez han sido considerados como tales y han sido camuflados bajo el manto del sacrificio y la entrega amorosa. A lo largo de la historia, no ha sido común que a las mujeres se les preste voz, menos aun a las religiosas, para denunciar las arbitrariedades de las que han sido víctimas.

Si nos remontamos a la Francia del siglo XVIII, donde todavía se obligaba algunas mujeres a emitir sus votos religiosos aun cuando no tuvieran vocación, nos encontraremos con una obra maestra, la novela La religiosa (La religieuse) escrita por el filósofo enciclopedista Denis Diderot (1713-1784).

El hecho real en que se basó el relato de Diderot fue el de la monja Marguerite Delamarre, que buscaba ser dispensada de sus votos y llevar una vida normal en la sociedad. Para ello contaba con la ayuda del marqués de Croismare, que intentó liberarla usando de su influencia política. Fracasó y Marguerite fue obligada a permanecer en el convento durante el resto de sus días. Ante ello, Diderot decidió gastarle una broma al marqués, y le escribió cartas que supuestamente eran redactadas por una tal Suzanne Simonin, la cual le pedía ayuda al noble francés para anular sus votos y escapar de una vida miserable en el convento en el que había sido recluida contra su voluntad. Diderot aprovechó las cartas para criticar el hecho de que se enviara a jóvenes a los conventos con el fin de evitar molestias en las familias pudientes, además de describir la corrupción en el clero y las instituciones religiosas. Cuando al fin reveló al marqués de Crosmaire que era él quien había escrito las cartas y que la tal Suzane Simonin no existía, el marqués no pudo más que reírse. Pero lo que salió de todo esto fue algo serio. Diderot juntó las cartas y construyó con ellas una novela al estilo de la época, que sólo pudo ser publicada en 1796 después de su muerte.

No he leído la novela, pero sí he visto las adaptaciones al cine que se hicieron de ellas, la primera en 1966 por el cineasta francés Jacques Rivette; la segunda en 1986 a cargo del italiano Joe D’Amato con el título de La monaca nel peccato (conocida en España como Una monja en pecado) y la tercera realizada por el francés Guillaume Nicloux en 2013.

En las tres aparece Suzanne Simonin como una mujer que es producto de un affaire extramarital de su madre y es enviada sin tener realmente vocación a un convento, donde gozará de las preferencias afectivas de la Madre Superiora, que sufre de una enfermedad grave, y de la envidia e intrigas de su sucesora, quien le hará la vida imposible porque ve en ella una competencia en los afectos de la Superiora. Suzanne será sometida a castigos, aislada, obligada a ayunar, e incluso se llegará a creer que está guiada por el demonio y que debe ser evitada —y maltratada— por las demás hermanas de la comunidad. Tampoco faltará en ninguna de las tres adaptaciones la presencia del afecto lesbiano de una monja hacia Suzanne y el intento de abusar de ella, así como un sacerdote sin vocación que aprovechará la situación vulnerable de la monja para intentar entablar una relación afectiva, que en el caso de las dos primeras adaptaciones tiene claras connotaciones sexuales.

El film de Jacques Rivette, sin duda la mejor y la más fina de las adaptaciones, fue objetado desde su rodaje por círculos de la Iglesia católica, que lo consideraban blasfemo. Lo cierto es que la película obtuvo dos veces la requerida “visa d’exploitation”, es decir, el permiso para proyectarla en cines, y las dos veces el Ministro de Información Yvon Bourges bloqueó esta decisión. Otro Ministro de Información posterior, Alain Peyrefitte, argumentó que el film hería de manera grave los sentimientos y la conciencia de una gran parte de la población. Intelectuales como la periodista Françoise Giroud y el cineasta Jean-Luc Godard protestaron contra la censura, y finalmente el escritor André Malraux, quien había asumido el cargo de Ministro de la Información, dio permiso para que el film fuera exhibido en el Festival de Cine de Cannes, donde obtuvo una nominación a la Palma de Oro. Este hecho le abrió la puerta a las exhibiciones cinematográficas en Francia, que se iniciaron en julio de 1967, obteniendo el film un relativo éxito.

La adaptación de Joe D’Amato es la que más libertades se toma respecto al texto original de la novela. Pero también es la versión más escabrosa y sórdida. Pues la cinta se ubica dentro del subgénero de explotación de monjas en conventos, dirigido al público adulto que acudía a los cines de segunda donde se ofrecían filmes cargados de violencia, sexo y sensacionalismo. Y si bien D’Amato sabe utilizar muy bien los códigos del lenguaje cinematográfico con una exquisitez que no encontramos en otros cineastas más pedestres y vulgares, su cinematografía está plagada de películas sensacionalistas sin restricciones, que van desde el terror sanguinolento hasta el erotismo e incluso la pornografía. Y eso se nota en este film que, si bien no es pornográfico, en ocasiones se le va la olla. Suzanne es violada por su padrastro en la primera escena, la afección de la Madre Superiora es gráficamente lesbiana, no hay reparo en mostrar desnudos de monjas e incluso una monja masturbándose frente a la estatua de un santo, se ve el sadismo de las monjas cuando azotan con crueldad manifiesta a Suzanne, se hace hincapié en la falta de control que algunas monjas tienen sobre su sexualidad. No obstante, ninguno de estos hechos aparece como inverosímil y se evidencia la crítica a la hipocresía y la doble moral del estamento religioso y clerical de la Iglesia, sobre todo en la impactante escena final del juicio, donde casi todos los testigos mienten a fin de salvaguardar la imagen de la institución eclesiástica, aunque tenga que ser condenada una inocente.

Parece que en la década de los 80 los tiempos ya habían cambiado, pues el film de D’Amato, a diferencia del de Rivette, no sufrió ningún tipo de censura, no obstante que tenía un enorme potencial para herir la sensibilidad de más de un católico mojigato.

El tercer film, de estilo clásico y académico, es quizás el más mesurado de todos, aunque se aparta al final de la trama original urdida por Diderot. Y más acorde con los tiempos actuales, presenta a Suzanne como una mujer que lucha por su derechos y al final logra escapar del convento y encontrar el lugar de residencia de su padre, quien había muerto el día anterior. No ocurre lo mismo en el film de Rivette, donde si bien Suzanne logra escapar, es acogida por una matrona dueña de un burdel y termina lanzándose por la ventana a fin de evitar una vida indigna. Y en la película de D’Amato Suzanne es condenada a muerte, acusada de haber hecho un pacto con el Diablo y ser una endemoniada.

Lo cierto es que, después de leer el libro Siervas, las historias que presentan estas películas ya no me parecen tan ficticias y lejanas de la realidad. Pues cada vez ocurre con mayor frecuencia que detrás de un gran ideal heroico, pero alejado de la vida de los mortales comunes y corrientes, se oculte una gran tragedia. O un gran infierno.

(Columna publicada el 23 de julio de 2022 en Sudaca)

TEORÍAS DE LA CONSPIRACIÓN QUE MATAN

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Víctimas del atentado del 19 de febrero de 2020 en Hanau (Alemania)

Lugar de los hechos: Hanau, una pequeña ciudad de poco menos de 100,000 habitantes ubicada a unos 17 km al este de Frankfurt, conocida por ser la cuna de los hermanos Grimm. La noche del 19 de febrero de 2020 Tobias Rathjen, un alemán de 43 años, mató a tiros en dos locaciones a nueve personas con trasfondo migratorio, seis de ellas nacidas en Alemania, e hirió a otras seis, para finalmente asesinar a su propia madre septuagenaria y él mismo pegarse un tiro.

Cuando en marzo de 2021 el director de cine Uwe Boll (nacido en 1965) anunció que haría un film sobre la matanza de Hanau, generó indignación de parte de las autoridades de la ciudad y de las familias de las víctimas. En carta abierta del 12 de marzo de 2021 le exigieron suspender de inmediato los preparativos para la película y renunciar a filmarla. Según la carta, la orientación pseudodocumental del film no anulaba el hecho de que Boll sólo pretendía atraer la atención de la opinión pública sobre sí con fines personales, aprovechando el terrible atentado ocurrido en la ciudad. «Bajo el manto del esclarecimiento y el arte usted utiliza el indescriptible dolor de las víctimas y sus familiares para satisfacer su ansia de publicidad y el hambre de sensacionalismo sangriento de su público». Se acusaba a Boll de no haber contactado a las familias de las víctimas antes de abocarse a su proyecto. El mismo Boll desmentiría esta afirmación en una entrevista, señalando que sí había entablado ese contacto, pero que los familiares se negaron a colaborar, diciéndole que no querían tener nada que ver con el proyecto. Finalmente, la carta decía que si persistía en hacer la película, se le denunciaría judicialmente y se interpondría una acción de amparo por no respetar los derechos personales de los familiares y el respeto debido a la dignidad de los muertos.

No era para menos. Uwe Boll, tras rodar unas treinta películas —la última de ellas en 2016—, había decidido renunciar al cine para gestionar un restaurante de comida alemana en Vancouver (Canadá), ciudad donde residía habitualmente. ¡Y qué películas! La mayoría, cine comercial de género (acción, thriller, terror), siendo diez de ellas adaptaciones de videojuegos populares. No sólo la taquilla y el éxito de público le fueron esquivos, sino también la crítica cinematográfica anglosajona, que llegó a considerarlo el peor director de cine de la actualidad. En el año 2009 le fue otorgado el Razzie —distinción parodia que premia lo peor del Séptimo Arte— a peor trayectoria profesional en el cine, tildándolo de «la respuesta alemana a Ed Wood».

¿Son realmente tan malas las películas de Uwe Boll? A decir verdad, la reputación de mal director se la ganó con sus dos primeras adaptaciones de videojuegos, House of the Dead (2003) y Alone in the Dark (2005). Anteriormente era considerado simplemente un director de cine independiente. Pero a partir de ahí se comenzó a juzgar su cinematografía a partir de valores hollywoodenses, vapuleando sus filmes a mansalva, no obstante que cuentan con buenos valores de producción, buen ritmo, edición profesional y hasta un elenco de actores de renombre (Jürgen Prochnow, Christian Slater, Stephen Dorff, Jason Statham, Ray Liotta, Ben Kingsley, Burt Reynolds, Dolph Lundgren, entre otros). Vale decir que la mayoría de las películas de Uwe Boll que he visto no son obras maestras, pero cumplen con la función de entretener con mayores creces que otras producciones estándares de Hollywood que cuentan con mayor presupuesto.

El aspecto de adaptación de videojuegos —además de las películas mencionadas, las dos trilogías de BloodRayne y de In the Name of the King, además de Postal y Far Cry— eclipsaría el resto de su cinematografía, dentro de la cual hay algunas cintas que abordan temas serios, como Heart of America (2002), inspirada en la matanza de Columbine High School; Tunnel Rats (2008), que cuenta un episodio de la guerra de Vietnam; Stoic (2009), que relata un hecho real ocurrido en la prisión de Siegburg (Alemania), cuando tres presos maltrataron, torturaron y humillaron a otro compañero de celda, llevándolo al suicidio; Darfur (2009), una historia ubicada en el contexto del genocidio ocurrido en esta región del Sudán; Max Schmeling (2010), un biopic del boxeador alemán que se convirtió en campeón de los pesos pesados en el año 1936; Assault on Wall Street (2013), una historia ficticia de un personaje que pierde todo durante la crisis financiera del año 2008 y decide tomar violenta venganza contra los banqueros de Wall Street. Si bien las películas no son perfectas, están muy lejos de ser las bazofias que nos pinta la crítica de cine, la cual —recordemos— catalogó en su tiempo a Heaven’s Gate (1980) de Michael Cimino —un estrepitoso fracaso de taquilla que llevó a la quiebra a la United Artists— como una de las peores películas de la historia del cine, y actualmente se la considera uno de los mejores westerns jamás realizados.

Esa vena de cineasta serio con pretensiones de crítica social es la que aflora en Hanau (2022), la última película de Uwe Boll, que está muy lejos de ser un espectáculo sensacionalista para diversión morbosa de la platea. Si bien las escenas del atentado son brutalmente realistas, sólo ocupan unos cuantos minutos del metraje de la cinta, la cual en su mayoría contiene monólogos del asesino, tomados textualmente de un panfleto que publicara en Internet en enero de 2020 con el título de “Botschaft an das gesamte deutsche Volk” (“Mensaje a todo el pueblo alemán”) y de un video en inglés dirigido al pueblo estadounidense, publicado en YouTube pocos días antes del atentado.

La película de Boll se inicia con este texto: «Las palabras que en este film son dichas por el autor del atentado son en un 95% sus propias palabras. Escribió un manifiesto y lo posteó en medios sociales. Fue el primer asesino en serie de QAnon».

La mención a QAnon, movimiento político que propugna y difunde teorías de la conspiración y que nació como apoyo al entonces Presidente Donald Trump, no es accidental, pues Tobias Rathjen simpatizaba con este movimiento y asumió varias de sus tesis. De este modo, tenía la convicción de que hay una élite satánica que busca dominar el mundo y que ya está vigilando a todos los ciudadanos para someterlos a su control. Ya en el año 2019 le había escrito a una organización austriaca especializada en vigilancia remota que se sentía observado y espiado, además de mencionar la continua delincuencia proveniente de extranjeros y la “alta traición“ que se estaba cometiendo contra los alemanes. En el año 2020 denunció ante la policía de Alta Franconia ser víctima de una «violación psíquica», pues según él «era escuchado, espiado y filmado a través de la pared y del tomacorriente».

Ni qué decir, se trata de construcciones ideológicas sobre la base de fake news y teorías de la conspiración defendidas por grupos extremistas de derecha. Nunca se demostró que Tobias Rathjen hubiera tenido otra vinculación con el extremismo de derecha que la información recibida a través de medios sociales en Internet. Igualmente, va asumiendo la narrativa racista del populismo de derecha y, por ejemplo, hace la distinción entre alemanes étnicos y alemanes de pasaporte. Téngase en cuenta que seis de las víctimas de Tobias Rathjen, sin contar a su madre, eran nacidas en Alemania, descendientes de migrantes. El asesino creía en la guerra de razas y en la teoría de que los migraciones tenían como objetivo ir sustituyendo a los alemanes étnicos.

Todas estas ideas extravagantes llevaron a Tobias Rathjen a planear cuidadosamente el atentado, estudiando los locales donde descargaría a tiros las armas que poseía legalmente por ser miembro de dos asociaciones de caza. Éste iba a ser para él un momento histórico que daría inicio a la limpieza étnica en Alemania, pues el creía que habían naciones que debían ser borradas de la faz del planeta.

Las teorías de la conspiración no murieron con Tobias. Durante un interrogatorio su padre declaró que su hijo habría sido víctima de una organización secreta que actuaba a nivel mundial, cuyos agentes lo habrían matado y colocado su cuerpo en la casa paterna; después un agente vestido como su hijo habría cometido los asesinatos.

Pero lo que también plantea serias interrogantes es el fracaso de las entidades del Estado ante esta emergencia. Después de los primeros disparos a las nueve de la noche ingresaron numerosas llamadas a la central telefónica de la policía, que nunca fueron atendidas porque no había personal suficiente atento al teléfono. La policía recién se entera del atentado una hora después de los primeros disparos y pasaría una hora más antes de que las primeras unidades llegaran a los lugares de los hechos para atender a los heridos. Un comando de operaciones especiales con 19 efectivos encontraría a las once de la noche, una hora después, los cadáveres de Tobias Rathjen y su madre. Curiosamente, este comando sería disuelto en junio de 2021, pues se descubrió que 13 de sus miembros eran participantes asiduos de chats de extrema derecha.

Tras unos últimos minutos donde aparece el mismo Uwe Boll visitando los lugares del atentado y comentando los hechos, el film termina con una extensa lista de personas que han sido asesinadas por la extrema derecha en Alemania entre 1990 y 2020.

Porque desde Hitler y Mussolini hasta Donald Trump, e incluso en la actualidad, las ideologías de extrema derecha han elaborado teorías de la conspiración que, no por ser falsas, se han de considerar inocuas e irrelevantes. Pues estas teorías de la conspiración hacen daño, destruyen, en fin, matan.

(Columna publicada el 9 de julio de 2022 en Sudaca)

LOS ABUSOS DE LAS SIERVAS DEL PLAN DE DIOS

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El 27 de noviembre de 2021 el portal de noticias católicas Crux publicó un reportaje en inglés con el título de “Peruvian ex-nuns report abuses of power, conscience inside order”, denunciando los abusos dentro de las Siervas del Plan de Dios, una congregación de monjas creada en 1998 por Luis Fernando Figari, fundador del Sodalicio de Vida Cristiana. Con autorización de Elise Ann Allen, autora del artículo, lo traduje al español y fue publicado a su vez en el portal de noticias Sudaca el 30 de noviembre. Ante el inminente lanzamiento del libro Siervas – El historial de abusos de las monjas sodalicias de la periodista chilena Camila Bustamante, he creído conveniente reproducir el artículo en mi blog.

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Exmonjas de congregación fundada por Luis Fernando Figari denuncian abusos

por Elise Ann Allen en Crux
https://cruxnow.com/church-in-the-americas/2021/11/peruvian-ex-nuns-report-abuses-of-power-conscience-inside-order
Traducción del inglés por Martin Scheuch

«Una Sierva es recia. Quien obedece nunca se equivoca. La voz de tu superior es la voz de Dios. Cuestionar a tu superior es cuestionar a Dios. Nunca debes confiar en nadie fuera de la comunidad. Tu familia es una tentación del demonio».

Éstas son algunas de las frases inculcadas en las mentes de las jóvenes que forman parte de las Siervas del Plan de Dios (SPD), un grupo de mujeres consagradas fundado en el Perú en 1998 por el laico Luis Fernando Figari, conocidas coloquialmente como las Siervas.

Figari es también el fundador de otras comunidades laicas: una de varones, el Sodalitium Christianae Vitae (SCV), y otra de mujeres, la Fraternidad Mariana de la Reconciliación (FMR).

Las tres son sociedades de vida apostólica de laicos consagrados, sin embargo, a diferencia del SCV y de la FMR, las Siervas, conocidas en las medios sociales por sus videos interpretando música, visten el hábito tradicional y tienen un carisma particular de servir a los pobres y necesitados.

En el año 2015 los periodistas peruanos Paola Ugaz y Pedro Salinas publicaron el best seller Mitad monjes, mitad soldados, que incluía los testimonios de numerosos exmiembros del SCV, acusando a Figari de diversas formas de abuso físico, psicológico y sexual, incluso contra menores, así como abusos de poder, de autoridad y de conciencia.

Los miembros denunciaban la cultura interna tóxica y militante en que la autoridad era incuestionable y los miembros eran sometidos rutinariamente a crítica, humillados públicamente, y empujados a sus límites físicos y mentales con el fin de ser «suficientemente recios» para asumir los retos de responder al llamado de Dios.

Figari fue sancionado por el Vaticano en el año 2017 y tiene prohibido cualquier contacto con las comunidades que fundó, y el SCV está pasando actualmente por un profundo proceso de reforma que incluye la revisión de sus Constituciones bajo la guía de tres delegados nombrados por el Vaticano.

Sin embargo, las ramas femeninas del SCV han estado largo tiempo fuera de los reflectores, no obstante las numerosas denuncias de abusos similares dentro de estas comunidades.

Entre 2016 y julio de este año cerca de 30 exintegrantes de las Siervas, algunas de las cuales dejaron la comunidad en tiempos tan recientes como el año 2020, han presentado denuncias ante las autoridades eclesiásticas en Perú, Chile y en el Vaticano.

Crux ha podido acceder a varias de estas denuncias.

Entre aquellas que han denunciado están Ángela Cardona, que pasó 16 años dentro de la comunidad; Paola Mattos, que estuvo 17 años en la comunidad; Melanie Taylor, que estuvo 6 años en la comunidad; Verónica Avilés, que estuvo 7 años, y Delia Avilés, que estuvo 8 años.

Una historia de abusos

Fundadas con el carisma de servir a los pobres y a los más necesitados, el mantra de las Siervas siempre ha sido: «Si estás cansada, no lo muestres; muestra siempre una dulce y tierna sonrisa como Santa María».

Pero según las exintegrantes, esta dulce sonrisa no siempre era sincera, y con frecuencia fue usada como una máscara para ocultar las consecuencias físicas y emocionales de los abusos de poder y autoridad que fueron moneda corriente dentro de la comunidad.

Muchas de las exintegrantes que denunciaron abusos en las SPD se quejaron de los ejercicios excesivos que las empujaron más allá de sus límites físicos, que causaron en algunos casos lesiones permanentes, con un énfasis excesivo en dietas y en la apariencia física.

Según las exintegrantes, sólo las chicas más bonitas y las que pertenecían a las familias más adineradas le eran presentadas a Figari cuando visitaba sus comunidades, y se pasaban semanas ensayando sus platos favoritos antes de que él viniera.

A las mujeres más rollizas les decían cosas como «a Dios no le gusta que seamos gordas» o «la que es gorda no es apostólica», y eran puestas a dietas estrictas sin consultar a un nutricionista. Algunas aseguran que fueron obligadas a hacer ejercicios adicionales o fueron testigos de que se les exigió eso a otras chicas, ocasionando en algunas una serie de problemas de salud, incluyendo anemia.

Una exintegrante que prefirió guardar anonimato por miedo a repercusiones dijo que a las integrantes de la comunidad en Chosica (Perú) se les exigía anualmente trepar un cerro rocoso para que pudieran rezar en la cima.

No había ningún camino hacia la cima, de modo que a las hermanas se les obligaba a trepar por las rocas con simples zapatos formales de color negro, en lugar de calzado deportivo o botas de excursionismo, y sin ninguna otra forma de protección.

Una vez que alcanzaban la cima, tenían tiempo para la oración, la reflexión y la meditación.

En una ocasión, como cuenta una exintegrante, resbaló y se cayó encima de un cactus, pero aún así se le exigió finalizar la ascensión. Cuando regresaron a la casa de comunidad, su espalda estaba llagada y sangraba.

La hermana dijo que en todos los años que vivió en la casa de comunidad en Chosica, ni una sola vez la superiora participó de la ascensión; en lugar de eso, con frecuencia se quedaba en la cama en piyama hasta bien avanzada la mañana.

Las exintegrantes dijeron que fueron reprendidas o recibieron correcciones humillantes delante de toda la comunidad, con la superiora gritando o arrojando objetos. Muchas denunciaron haber sido objeto de abuso verbal, habiéndoseles dicho cosas como «usa la única neurona que tienes» cuando cometían un error.

Otras denunciaron además que hubo manipulación de sus procesos de discernimiento y que se les dijo que manifestar dudas sobre su vocación era equivalente a ceder a las tentaciones del demonio.

Ciertas integrantes también contaron de problemas que tuvieron durante sus años de formación, los cuales, en vez de enfocarse en el estudio y el discernimiento, transcurrieron para ellas como sirvientas personales de la superiora, haciendo de todo, desde limpiar habitaciones hasta planchar velos y lavar ropa interior.

Muchas exhermanas señalaron en sus denuncias el número significativo de integrantes de las cuales sabían que recibían alguna forma de tratamiento psicológico, el cual se inició para la mayoría apenas ingresaron a la comunidad, incluyendo varias que fueron medicadas. Muchas dejaron la comunidad con desórdenes de ansiedad y algunas desarrollaron síndrome de estrés postraumático.

También denunciaron el presunto mal uso de recursos, señalando que el dinero destinado a sostener proyectos para los pobres fue, en cambio, invertido en la comunidad, mientras que los hogares de ancianos pasaban meses sin reparaciones básicas, y se les proveía solo con los materiales más elementales y baratos.

Lealtad a Figari

No obstante los rumores públicos sobre las inconductas de Figari e incluso las sanciones que le impuso el Vaticano en el año 2017, las exintegrantes de las SPD señalaron que seguía siendo idolatrado por la comunidad.

Mattos, quien denuncia haber sufrido diversos abusos psicológicos, abusos de autoridad y acciones en perjuicio de su salud física mientras vivía en la comunidad, relató que cuando se estaba preparando para una operación quirúrgica, la cual se efectuó alrededor del mismo tiempo en que estaban saliendo a la luz las acusaciones contra Figari, se le dijo que éste estaba siendo «injustamente perseguido» y que debía ofrecer sus sufrimientos por él.

De manera similar, una vez que las acusaciones fueron públicas y quedó claro que el Vaticano probablemente tomaría acciones contra Figari, Delia Avilés les preguntó a sus superioras si debía deshacerse de la colección de libros de Figari que había en la casa de comunidad.

Como respuesta se le dijo: «Hay que guardarlos, quizás en este tiempo en Roma él se santifique y sea santo. Eso no lo sabemos nosotros», cuando Figari había sido enviado a vivir en Roma en el momento en que los rumores sobre su conducta habían comenzado a circular en el Perú.

Otras exintegrantes denuncian haber oído a hermanas defendiendo a Figari, y hacen acusaciones de que las superioras de las Siervas imitaban su estilo autoritario de liderazgo, incluso después de haber sido sancionado.

Una visita apostólica y denuncias realizadas

En el año 2016 la primera denuncia contra las Siervas por diversos abusos, hecha por una excandidata a las SPD, ingresó en la Oficina Pastoral de Denuncias (OPADE) en Chile.

Un año más tarde apareció un informe en un periódico chileno, El Mostrador, escrito por una excandidata a las SPD, haciendo un recuento terrorífico de relatos de abuso dentro de la comunidad, dando así a conocer estas acusaciones a la opinión pública.

En mayo de 2018 cinco exintegrantes de las Siervas hicieron llegar sus denuncias a Mons. José Rodríguez Carballo, Secretario de la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica, haciendo un recuento de sus historias de abuso. Aún no han recibido una respuesta.

En ese momento éstas cinco mujeres también informaron a las SPD que habían hecho la denuncia, pero no les revelaron su contenido. Sin embargo, trascurrido un año sin ninguna respuesta, les enviaron el informe completo en el año 2019. Las SPD respondieron, pero no ha habido ningún cambio o investigación.

Varios meses después de la denuncia hecha por las cinco exintegrantes en el año 2018, varias mujeres pertenecientes a la comunidad en ese entonces, pero ahora ya no, le escribieron en ese momento al arzobispo de Lima, el Cardenal Juan Luis Cipriani, sobre su creciente preocupación por las conductas dentro de las SPD.

En diciembre de 2018 Cipriani puso en marcha una visita canónica a las SPD, requiriéndoles no mantener ninguna comunicación externa mientras la visita tuviera lugar. A las integrantes se les dijo que si hablaban de la visita con alguien fuera de la comunidad, incluyendo sus familias, era una violación de su promesa de obediencia.

Los primeros delegados que llevaron a cabo la visita fueron el sacerdote peruano Jose Taminez y la monja peruana María Elena Camones. Sin embargo, Cipriani dejó su cargo cuando la visita no había aún terminado, y ahora el obispo auxiliar de Lima, Mons. Jose Salaverry, es el encargado de llevar adelante la visita junto con la Hna. Camones.

En ese entonces se le dijo a la comunidad que cada una de sus integrantes sería entrevistada como parte de la visita, sin embargo, las exintegrantes denuncian que éste no fue el caso, y que a muchas de ellas se les impidió hablar con los delegados, incluyendo a varias que habían confiado los abusos a sus superioras.

La visita terminó abruptamente sin concluir su trabajo poco después de que el nuevo arzobispo de Lima, Mons. Carlos Castillo, asumiera su cargo en marzo de 2019, y a las hermanas se les dijo que la razón de esto estaba en el cambio de autoridad eclesiástica en Lima. Sin embargo, algunas exintegrantes dijeron que algunos funcionarios de la Iglesia en Lima les comunicaron que otro motivo fue la falta de transparencia de las integrantes y autoridades de las SPD durante las entrevistas.

Algunos meses después, en agosto de 2019, un grupo de 20 exintegrantes de las SPD enviaron un dossier a Mons. Castillo, reseñando testimonios y denuncias de varios abusos. Este dossier fue posteriormente presentado a Mons. Salaverry, que es ahora delegado del arzobispado de Lima para la vida consagrada.

Mons. Salaverry no ha respondido al pedido de comentarios por parte de Crux sobre los resultados de la visita y el estado actual de las SPD.

En junio de 2021 un grupo aparte de siete exintegrantes hizo llegar una denuncia formal a la Oficina Pastoral de Denuncias de Chile, y en julio sus denuncias fueron enviadas al Vaticano, a la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica, a través del subsecretario del dicasterio, el P. Pier Luigi Nava.

Muchas de las denuncias involucraban a Andrea García, quien ha dejado la comunidad, pero que estuvo a cargo de la formación de las SPD de 1998 a 2017, fue Superiora General de la comunidad de 1998 a 2005 y fue parte del Consejo Superior de 1998 a 2018.

Las exintegrantes también acusan a las Hnas. Carmen Cárdenas, Claudia Duque y Elizabeth Sánchez de diversos abusos dentro de la comunidad.

La misma Hna. Cárdenas fue Superiora General de las SPD desde 2005 hasta enero de 2020. Ambas, ella y la Hna. García, fueron designadas por Figari. La actual Superiora General de las SPD, Natalia Sánchez, fue la primera en ser elegida por las mismas integrantes de la comunidad en el año 2020.

En sus comentarios a Crux, la Hna. Natalia Sánchez, actual Superiora General de las SPD, dijo que desde hace algunos años la comunidad está pasando por «un proceso de reflexión y renovación».

Parte de este proceso, según ella, fue la primera Asamblea General de las SPD, que tuvo lugar a fines del año 2019.

Durante la asamblea «hemos podido elegir a nuestras nuevas autoridades y replantear nuestro camino en comunidad al servicio de la Iglesia; reconocemos que es un camino largo en el que aún hay más por profundizar y aprender», dijo.

Sánchez dijo que la comunidad está promoviendo actualmente varias actividades orientadas a una reforma, incluyendo cursos de entrenamiento sobre varios temas; encuentros y conversaciones con especialistas; desarrollo de protocolos para la prevención e identificación de abusos según las normas de la Iglesia; un plan revisado de formación, incluyendo la formación de aquellas que ejercen de superioras en las casas de comunidad, y de las hermanos a su cargo.

Todos estos pasos, dijo Sánchez, «son necesarios para la práctica saludable del discernimiento comunitario que promueva la participación de las hermanas y la vida fraterna».

Dio fe de la de la «total disposición» de las SPD para cooperar con las autoridades competentes, «para que se esclarezca cualquier hecho que sea materia de denuncia y se tomen las medidas pertinentes, y así prime y se garantice la verdad y justicia que tanto necesitan las personas que hayan sido afectadas y nuestra Iglesia».

Sánchez no reveló si se ha iniciado una investigación sobre las Hnas. Cárdenas, Duque y Sánchez.

A día de hoy, Delia es la única que ha oído algo del Vaticano después de enviar una denuncia personal al Cardenal Luis Ladaria, Prefecto de la Congregacion para la Doctrina de la Fe, mediante un e-mail de diciembre de 2020.

Precisamente en este mes en curso, casí un año despues de contactar a Mons. Ladaria, Delia recibió un e-mail de un funcionario de la así llamada Congregación para Religiosos solicitando una dirección a la cual poder enviar una carta formal del dicasterio.

En la carta, firmada por la Hna, Carmen Ros Nortes, subsecretaria de la Congregación para Religiosos, se le informa a Delia que su denuncia de diciembre de 2020 había sido recibida, y que «ha sido objecto de un análisis detenido y llevado a la autoridad competente para solicitar una respuesta al respecto».

«Por el bien de todos y de la Iglesia, se ha pedido a las mismas autoridades que actúen, superen y corrijan los aspectos impropios e incorrectos que se encontraron en el gobierno, en la formación y en la constatación de eventuales actos de abuso de poder, de violencia psicológica o de manipulación de la conciencia», decía la Hna. Ros Nortes en la carta.

La Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica rechazó un pedido de Crux solicitando comentarios sobre el estado de las SPD y si se ha abierto una investigación.

El 16 de noviembre las SPD anunciaron en su página de Facebook que a inicios de este mes tuvieron un encuentro virtual con todas sus integrantes en el mundo para poner en marcha el protocolo de prevención de abuso, en el contexto del «tiempo institucional de revisión, reflexión y renovación».

Pero para las exintegrantes, muchas de las cuales dejaron la comunidad en los últimos cinco años, gestos como éstos son demasiado tardíos, y existen dudas sobre si puede tener lugar una reforma significativa cuando el liderazgo de la comunidad aún está compuesto por integrantes de la “vieja guardia” formadas en tiempos de Figari.

Dado que muchas de las exintegrantes han dejado la comunidad en época muy reciente, esto significa que los abusos que experimentaron dentro de la comunidad seguían ocurriendo incluso después de que Benedicto XVI y el Papa Francisco intentaron reformar la vida consagrada, y después de que se hicieran públicos los escándalos que involucraban a Figari y a varios otros fundadores de movimientos eclesiales.

Actualmente hay una presión enorme dentro del Perú para disolver el SCV y toda la Familia Sodálite.

Aún ha de verse lo que sucederá con estas comunidades, pero una cosa es cierta: que independientemente de su destino, son un ejemplo notorio del trabajo que aún necesita hacerse en el arduo y progresivo esfuerzo de reformar la vida consagrada en la Iglesia católica.

WIELEWSKI, EL CURA PEDERASTA QUE SE FUGÓ A SUDAMÉRICA

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Catedral de San Pablo (Münster)

La historia es espectacular. El P. Kurt-Josef Wielewski (1929-1985), sacerdote de la diócesis de Münster (Alemania), habría abusado sexualmente de por lo menos trece muchachos —de entre 12 a 14 años de edad— entre 1958 y 1961. Cuando en este último año el progenitor de uno de los muchachos presenta una denuncia ante la policía, el P. Wielewski se convierte en un prófugo de la justicia. Su periplo de casi ocho años lo llevaría a través de Suecia, Brasil, Austria, Chile, Paraguay y Argentina, países en los que siguió ejerciendo labores pastorales bajo la protección de las autoridades eclesiásticas locales.

Así lo revela el estudio independiente sobre abuso sexual en la diócesis de Münster, dado a conocer el último 13 de junio, que abarca el período 1945 a 2020. Este estudio se diferencia de los estudios ya publicados de las arquidiócesis de Colonia y de Múnich en que no fue elaborado por juristas sino por cuatro historiadores y una antropóloga social, que buscaron no sólo reconstruir los hechos sino darles una explicación plausible. Para esto tuvieron acceso irrestricto a las actas diocesanas, realizaron una serie de entrevistas y usaron otros documentos no disponibles en los archivos episcopales.

Como resultado de este trabajo de dos años, se determinó que habían por lo menos 196 clérigos inculpados de abuso, lo cual hacía poco más del 4% del clero de la diócesis. Se llegaron a identificar 610 personas afectadas, pero los investigadores estiman que la cifra real debe ser entre 8 a 10 veces mayor. En el 85% de los casos el abuso se inició antes de que los afectados tuvieran 16 años de edad.

Estaríamos hablando aproximadamente de unas 5,000 a 6,000 víctimas sexuales en una sola diócesis, lo cual supera ampliamente el número de 3,677 víctimas para toda Alemania que estableció el informe sobre abuso sexual eclesiástico del año 2018, que lleva el título de “Proyecto de investigación: Abuso sexual de menores de edad por sacerdotes y diáconos católicos y miembros masculinos de órdenes religiosas en el ámbito de la Conferencia Episcopal Alemana”, también conocido como Estudio MHG (por las iniciales de las universidades que participaron mediante especialistas en el proyecto: Mannheim, Heidelberg y Giessen).

Se trató de un informe con serias deficiencias, pues de las 27 diócesis alemanas, sólo 10 enviaron actas correspondientes al período de estudio (1946 a 2014); las otras 17 enviaron únicamente documentación generada a partir del año 2000. No hubo acceso directo a las actas, sino que éstas eran revisadas por abogados y personal de las diócesis, y luego se enviaban anonimizadas a los investigadores. En muchos casos ni siquiera se incluyó información sobre religiosos, pues las órdenes o congregaciones religiosas a las que pertenecían los presuntos abusadores estaban fuera de la jurisdicción de los obispos. No se incluyó en el estudio a varones y mujeres laicas que hubieran cometido abusos teniendo puestos de responsabilidad en las diócesis. Asimismo, los investigadores tuvieron indicios de manipulación, pérdida o destrucción de actas.

De modo que, tras la publicación de este estudio, los obispos acordaron con el delegado de abusos del gobierno federal alemán realizar estudios e investigaciones independientes en cada una de las diócesis. En abril de 2020 ya habían encargado estudios en diferentes formatos 10 de las 27 diócesis alemanas, a saber, Aquisgrán, Colonia, Essen, Hamburgo, Hildesheim, Limburgo, Maguncia, Múnich, Münster y Paderborn, de los cuales ya han sido dados a conocer los informes correspondientes de Colonia (no sin controversia), Hildesheim (muy limitado, pues abarca sólo el período 1957 a 1982 durante la gestión del obispo pederasta Heinrich Maria Janssen), Múnich y Münster.

El caso del P. Wielewski es uno de los doce casos emblemáticos reconstruidos minuciosamente por el equipo de historiadores. Allí nos enteramos de que en el pueblo de Lembeck el cura se dedicó al trabajo juvenil, acondicionando un antiguo molino como centro de reuniones y tiempo libre para la Unión Escolar Nueva Alemania (Bund Neudeutschland), con capacidad para 30 personas. Su poco compromiso con la labor pastoral en la parroquia condujo a tensiones que le habrían ocasionado depresiones, las cuales buscaba compensar mediante el consumo de alcohol y la masturbación. Su quebrantado estado de salud lo llevo a pasar algún tiempo en 1959 y 1960 en Niendorf, una localidad a orillas del Mar Báltico, donde las Franciscanas de San Jorge Mártir tenían dos instalaciones, la Casa San Juan y la Casa San Antonio, donde podían acudir madres con sus hijos que requerían curas de descanso por motivos de salud. La Casa San Antonio contaba también con un internado, donde Wielewski conoció a varios muchachos y los invitó a pasar un tiempo en el molino de Lembeck.

Lo que allí sucedió en los veranos de 1959 y 1960 siguió el mismo patrón. Wielewski pasaba el día en el molino y al terminar el día invitaba a uno de los muchachos a ir con él a su casa. Allí le ofrecía al adolescente bebidas alcohólicas y cigarrillos y lo requería a pasar allí la noche. Cuando el muchacho ya estaba descansando, se acercaba, lo desnudaba y tocaba sus genitales. Luego se masturbaba. En la mayoría de los casos hubo penetración oral, y en por lo menos uno penetración anal. Si bien los afectados le manifestaron al abusador su incomodidad y repugnancia, Wielewski declararía posteriormente que los actos estaban justificados, pues fueron de mutuo acuerdo. «Lo que uno para uno puede ser un pecado, no necesita serlo para otro», le escribió a una de sus víctimas.

Entre mediados de 1960 y 1961 algunos de los chicos del internado de la Casa San Antonio rompieron su silencio y le contaron lo sucedido a una de las monjas que se encargaba de ellos. Ésta consulto con un sacerdote cercano y aparentemente tuvo la intención de informar al respecto a las autoridades eclesiásticas. A los muchachos les dijo que no era necesario que se lo dijeran a sus padres. Ello lo haría. Según la documentación disponible, parece que finalmente no hizo absolutamente nada.

El caso recién sale a la luz cuando Peter (nombre cambiado) es expulsado del internado de la Casa San Antonio ocho días antes del inicio de las vacaciones de otoño de 1961. Un día antes de las vacaciones de verano, camino a casa de sus padres, había hecho una parada en Hamburgo y había tenido comportamientos no apropiados —según la moral católica— con una muchacha, lo cual traería mala reputación a la institución educativa en la cual estaba. Después de que su padre se enterara y lo hubiera disciplinado e interrogado, Peter contó que durante las vacaciones de verano en Lembeck «había sido abusado homosexualmente junto con los otros muchachos por Wielewski. Cada noche éste se llevaba a otros muchacho para dormir con él en su dormitorio». El padre presentó una denuncia ante la policía.

Pero Wielewski ya no se encontraba en Alemania. En el mismo año 1960 había solicitado permiso para realizar labor pastoral en Suecia durante dos años y se le había concedido. Ya el Vicario Genral de Münster, Laurenz Böggering, había sido informado a través de un sacerdote de los comportamientos inapropiados de Wielewski con los jóvenes, y busco mantener el caso dentro de los fueros eclesiásticos sin informar a las autoridades. Pero cuando la denuncia llegó a la fiscalía, Wielewski fue suspendido de sus labores sacerdotales en la diócesis de Münster y se le conminó a regresar para ponerse a recaudo de la justicia. Wielewski se negó y en 1962 huyó a Brasil, donde encontró acogida entre los Padres Palotinos. A petición de sus progenitores, que le enviaron una carta en el otoño, accedió a regresar a Europa a través de Holanda. En la Navidad de 1962 lo encontramos trabajando para Caritas en Roma, donde tiene un encuentro con Mons. Höffner, obispo de Münster, quien lo pone en contacto con Mons. Tenhumberg, obispo auxiliar, el cual lo recomienda a Mons. Andreas Rohracher, arzobispo de Salzburgo (Austria). Wielewski laboraría como cooperador en Austria entre 1963 y 1964.

Cuando solicita la nacionalidad austriaca, las autoridades alemanas, tomando conocimiento de esto, solicitan su extradición y Wieleswki es detenido, pero es liberado muy pronto gracias a una fianza pagada por la Sede Episcopal de Salzburgo y manteniendo la promesa de permanecer disponible en la ciudad. Promesa que no cumplió, pues a fines de 1964 huyó otra vez a Sudamérica, esta vez a Santiago de Chile para trabajar en Caritas Internacional. En 1965 lo encontramos en la diócesis de Villarica en Paraguay trabajando para la misma organización de ayuda humanitaria, y en mayo de 1966 asume una parroquia en Argentina, en la diócesis de Lomas de Zamora. Para entonces se había cambiado de nombre. Ahora era el P. Conrado Nadolle, de nacionalidad paraguaya.

Para mala suerte suya, en marzo de 1969, durante una estadía en Suiza por motivo de vacaciones, es detenido por un mandato de la Interpol y finalmente llevado a Alemania, donde sería juzgado y condenado por actos deshonestos en perjuicio de ocho menores de edad. Wielewski admitió todos los hechos. Pero lo que no dijo fue que había más víctimas, pues el primer denunciante, Peter, nunca fue llamado a declarar en el caso, y después del año 2010 hubo otras cuatro personas que testimoniaron haber sido víctimas de Wieleswki. Le dieron dos años y 6 meses de prisión, pero salió libre en 1970. Tras una cura de reposo, la diócesis de Münster le otorgó licencia para desempeñarse en Argentina, donde se dedicó a labores pastorales con niños y jóvenes hasta el año 1976. Posteriormente, necesitado de ayuda psicológica y aquejado por problemas de depresión y alcoholismo, realizaría labores pastorales en Berlín hasta su jubilación. En 1985 recibe la oferta de asumir una representación de la comunidad germanoparlante en Ciudad de México. El 29 de agosto de ese año muere en circunstancias no aclaradas: cae desde la azotea jardín del séptimo piso de la casa de la comunidad en Ciudad de México. ¿Fue un accidente? Según la policía, su ropa estaba desgarrada, y no se podía excluir la posibilidad de un crimen. No hubo ningún testigo.

Que el P. Wielewski pudiera sustraerse durante tanto tiempo a la justicia sólo fue posible con el apoyo de las autoridades eclesiásticas, no sólo de la diócesis de Münster —en la cual estaba incardinado—, sino también de las iglesias locales donde realizó su labor pastoral, quedando abierta la posibilidad de que hubiera cometido más abusos en esos lugares. En particular, el regente del seminario diocesano de Münster, Johannes Weinand, mantuvo en pie la comunicación entre el obispado de Münster, el P. Wielewski y las autoridades eclesiásticas locales donde estaba asignado. De este modo, la Iglesia católica manifestó una vez más una de sus facetas como organización criminal: la ayuda y protección a criminales dentro de sus filas para que puedan huir de la justicia.

(Columna publicada el 25 de junio de 2022 en Sudaca)

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FUENTES

Süddeutsche Zeitung
Missbrauchsstudie belegt Versagen von Bischöfen (13. Juni 2022)
https://www.sueddeutsche.de/politik/muenster-missbrauch-studie-bischoefe-1.5602001

Bernhard Frings / Thomas Großbölting / Klaus Große Kracht / Natalie Powroznik / David Rüschenschmidt
Macht und sexueller Missbrauch in der katholische Kirche – Betroffene, Beschuldigte und Vertuscher im Bistum Münster seit 1945 (Herder, Freiburg im Breisgau 2022)
https://www.uni-muenster.de/imperia/md/content/wwu/journalisten/macht_und_sexueller_missbrauch_im_bistum_muenster.pdf

LA VÍCTIMA DE ABUSO QUE ELIGIÓ ENTRE EL SUICIDIO Y LA LUCHA

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Detlev Zander

Año 2013. Detlev Zander, enfermero de más de 50 años de edad residente en Plattling (Baviera), comienza a sufrir continuas depresiones debido a flashbacks recurrentes y recuerdos de una infancia atormentada. Las consecuencias del trauma sufrido afloran como un volcán sin que haya habido un detonante y terminan incapacitándolo para seguir ejerciendo su actividad laboral. Decide quitarse la vida. Su primer intento de suicido fue a los 14 años de edad, y no sería el único. Como en las otras ocasiones, su tentativa falla nuevamente. Es entonces que decide tomar otro camino: en vez de lanzarse hacia la muerte, decide lanzarse hacia adelante y luchar. «O me voy de este mundo o me voy hacia la opinión pública», se dijo entonces a sí mismo.

En el año 2014 Zander se convierte en el primer denunciante de abusos sufridos por menores de edad en un hogar infantil de la Evangelische Brüdergemeinde Korntal, en castellano Comunidad Evangélica de Hermanos de Korntal, una pequeña localidad situada a unos 11 km por carretera de Stuttgart. La comunidad existe desde el año 1819 como una entidad de derecho público que mantiene lazos de cooperación con la Iglesia Regional Evangélica de Wurtemberg (sur de Alemania). La comunidad de Korntal es, pues, una iglesia cristiana autónoma nacida dentro de la corriente pietista del luteranismo, la cual le da más importancia a la vivencia interior —entendida como experiencia personal de Cristo— que a los aspectos institucionales y rituales de la comunidad eclesial. Pero por eso mismo, Korntal era a la vez «un cosmos cerrado en sí mismo», una comunidad autorreferencial, una institución que se miraba el ombligo y que ponía como condición para pertenecer a ella una fe piadosa y sentida, aunque bajo su manto se cometieran perversidades. Y eso es precisamente lo que vivió Detlev Zander en carne propia desde su más tierna infancia.

A inicios de los 60, a la edad de 3 años, llega al hogar infantil de la Comunidad Evangélica de Hermanos de Korntal, proveniente de un hogar para lactantes ubicado en la sureña región montañosa conocida como Jura de Suabia. La Oficina de Juventud le había quitado a los padres la custodia del niño desde que era un bebé. Su padre era un delincuente sexual muy violento. «Se me quiso proteger de él», señala Zander. Y paradójicamente fue entregado a un hogar infantil donde sería sistemáticamente violado durante diez años, desde los 4 a los 14 años de edad.

El conserje habría sido el principal abusador, quien se llevaba niños al sótano de las bicicletas y, tras haberlos acariciado con una mano exploradora de todos los rincones del cuerpo humano y haberlos obligado a practicarle el sexo oral, los colocaba boca abajo sobre un banco de trabajo y procedía a violarlos Si la potencia viril lo había abandonado y no retornaba, tenía a la mano una aceitera y un destornillador. Detlev recuerda cómo el conserje le untaba aceite en el trasero y luego le introducía el mango rojo de la herramienta. Para poder soportar el dolor y huir de la crueldad del momento, el niño acariciaba el logo del mueble, una pequeña placa con la figura de la iglesia mayor de Ulm, a fin de sustraerse al horror.

«Como niño desarrollas una estrategia, en la cual al final ya nada te importa. Yo me escindí como un venado muerto. Yo buscaba puntos y hacia dibujos con los dedos. Sobre este banco de trabajo estaba la iglesia mayor de Ulm, y entonces siempre jugaba a que la luna es redonda, la luna es redonda. De esta manera ya no sentía nada. Era una reacción refleja defensiva; si no, no se sobrevive a eso».

«Yo era presa de caza, porque no tenía hogar paterno. No se lo podía contar a nadie». Una sola vez se le contó a su preceptora: «Tía Gerda, mi popó está con sangre». Tenía 4 ó 5 años. «Entonces me pegó así y sólo me introdujo una gasa de algodón con un viejo termómetro y yo debía quedarme arriba en el dormitorio. Me quedó entonces claro que nadie me iba a creer».

A la violencia sexual se añadieron maltratos físicos y psicológicos. «Por ejemplo, yo era obligado a comerme mi propio vómito cuando había arrojado», cuenta Zander sobre su sádica preceptora. «Yo mojaba la cama. Entonces ella me ponía en la mañana bajo la ducha fría y con un cepillo de dientes restregaba mi pene con sal». El párroco también aplicaba violencia, llevaba a cabo exorcismos sobre la “estirpe del diablo”, golpeaba a los “engendrados en pecado”. Dice Zander que esta “violencia religiosa” era tan nefasta como la violencia sexual.

«Abajo en el sótano eras violado y arriba se nos obligaba a la fuerza a rezar y cantar. Había coerción para ir a la iglesia todos los domingos. Había verdaderas expulsiones de demonios con golpes. Y siempre reproches y amenazas: “¡Si no haces esto, te irás al infierno!” Para mí de niño eso era normal, pero a la larga no era otra cosa que coerción. Desde mi punto de vista actual era pura demostración de poder, abuso de poder. No importaba que fuera el párroco, la preceptora, el conserje o el director del hogar infantil: todos ellos tenían cuasi poder sobre nosotros. El abuso sexual siempre es abuso de poder; no se debe relativizar esto, diciendo que todos eran pedófilos. Como el conserje, que no era pedófilo. Abusaba de los niños y luego les introducía cuerpos extraños, yo mismo lo viví. Se caracterizaba por ser muy sádico. Y esta conducta se reflejaba después en mi grupo, allí había insoportables orgías de golpes».

En el año 2015 Zander publicó una pequeña novela basada sobre sus experiencias personales con el título de “Y Dios aparta la mirada (La historia de Dieter Z. – Un niño en el infierno)” [“Und Gott schaut weg (Die Geschichte des Dieter Z. – Ein Kind in der Hölle)]”, donde, además de narrar los abusos de todo tipo que sufrió, describe lo que se puede considerar un sistema de abuso, donde cada uno de los responsables cumple una función y donde muchos no ven —o no quieren ver— lo que se les hace a los niños. Allí también se describe a un grupo de donantes, hombres que colaboraban monetariamente o con servicios a la comunidad evangélica y que podían llevarse un fin de semana a cualquier niño para un paseo, supuestamente para hacer que por algunos momentos se sientan parte de una familia. Uno de los principales donantes de la comunidad de Korntal habría sido también un abusador de menores, así como otros señores interesados en el “bienestar” de los niños.

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El niño Detlev Zander

No obstante que los Comunidad Evangélica de Hermanos de Korntal buscó silenciar a Zander, desacreditándolo como un mentiroso y embustero, finalmente tuvieron que admitir los hechos, dado que aparecieron nuevos testimonios de más de 140 víctimas. Se encargó una investigación independiente que incluía dos hogares infantiles de la comunidad entre los años 50 y 80, realizada por la exjueza Brigitte Baums-Stammberger, el pedagogo Bruno Hafeneger y el sociólogo Andre Morgenstern-Einenkel, los cuales presentaron su devastador informe el 7 de junio de 2018. Fueron entrevistadas 105 víctimas —entre ellas Zander—, de las cuales 56 habían sufrido violencia sexual. Se pudo identificar a 81 abusadores, de los cuales 8 eran abusadores intensivos en serie. Una vez publicado el informe se han reportado más de 50 víctimas adicionales.

Comenta Zander: «Desde mi punto de vista no se puede decir que el contexto católico sea peor que el evangélico – en ambas iglesias no se hace nada. Ambas están igual de mal y son terribles». Pero la atención puesta sobre la Iglesia católica eclipsa los abusos cometidos en las iglesias evangélicas. Zander recalca que «para nosotros, víctimas protestantes, hay poco apoyo».

Actualmente Detlev Zander forma parte de un equipo de investigación independiente para el procesamiento de la violencia sexual y otras formas de abuso en la Iglesia evangélica en Alemania, es oficialmente representante a nivel federal de las víctimas de abusos de la Iglesia evangélica alemana y ha fundado la asociación Red Fórum de Personas Afectadas (Netzwerk BetroffenenForum e.V.).

En febrero de este año declaraba que «el mismo se había convertido en punto de contacto». En el último año y medio se habían contactado con él 168 víctimas de comunidades protestantes. Muchos no querían declarar ante comisiones conformadas sólo por representantes de las iglesias evangélicas. Incluso para la investigación en curso se habían reportado demasiadas pocas víctimas. Zander alienta a participar: «El que calla, le fortalece las espaldas al abusador».

Detlev Zander ya no callará nunca más. Quiere pisarle los callos a los obispos para llevar adelante un esclarecimiento independiente. «Quien no logra crear estructuras sanas, se hace cómplice, le da a los abusadores y abusadoras la oportunidad de violar niños», dice. Para el próximo año se esperan los resultados de la investigación independiente. Zander prevé en la Iglesia evangélica el mismo terremoto que actualmente sacude a la Iglesia católica.

De este modo, a las iglesias que se vanagloriaban de ser recintos de luz y santidad se les puede aplicar lo que decía el escrito alemán Johann Wolfgang Goethe: «Donde hay mucha luz, la sombra tiende a ser profunda».

(Columna publicada en Sudaca el 11 de junio de 2022)

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FUENTES

WEB.DE
„Wir waren Freiwild”: Ein Betroffener berichtet über sexuelle und körperliche Gewalt in der Evangelischen Kirche (04.08.2021)
https://web.de/magazine/panorama/freiwild-betroffener-sexuelle-koerperliche-gewalt-evangelischen-kirche-36028266

PNP.de
„Missbrauch nach dem Missbrauch”: Plattlinger kämpft um Aufarbeitung (26.02.2022)
https://www.pnp.de/lokales/landkreis-deggendorf/plattling/Missbrauch-nach-dem-Missbrauch-Plattlinger-kaempft-um-Aufarbeitung-4245993.html

„Uns wurde die Würde genommen“
GEWALT IN HEIMEN DER EVANGELISCHEN BRÜDERGEMEINDE KORNTAL IN DEN 1950ER BIS 1980ER JAHREN
AUFKLÄRUNGSBERICHT
http://www.aufklaerung-korntal.de/wp-content/uploads/2018/06/Aufarbeitungsbericht.pdf

Detlev Zander
Und Gott schaut weg (Die Geschichte des Dieter Z. — Ein Kind in der Höhle), 2015

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Por ser de interés general, he traducido del informe sobre los hogares infantiles de la Comunidad Evangélica de Hermanos de Korntal la parte donde se describe las estrategias que aplicaron los abusadores sexuales para lograr sus cometidos.

Estrategias de los abusadores

En particular, los abusadores desarrollaron […] típicas estrategias no llamativas para satisfacer sus inclinaciones sexuales (pedófilas, sádicas, efebófilas) y ansias de poder. Los modos de proceder presentaban las siguientes características:

  • La dependencia material e inmaterial de los niños es aprovechada por los abusadores.
  • Los abusadores escogen a las potenciales víctimas de manera selectiva según edad, sexo y apariencia; en sus necesidades las escogen según su inclinación positiva y cercanía emocional, según su “accesibilidad” y “receptividad” en vistas a una relación cercana.
  • El desarrollo de una relación personal de confianza y primer contacto corporal (caricias) e intimidad, que no son percibidas de inmediato por los niños como indicios de violencia sexual en marcha.
  • Se prueba la reacción (la resistencia) de los niños; los tocamientos deben ser experimentados como casuales y presentarse como “normales”.
  • Los niños que a tientas buscan su camino como sujetos se convierten en objetos; experimentan “momentos de absoluta dependencia”, junto con sometimiento y e impotencia para actuar.
  • La ausencia de testigos y pruebas es planeada; los únicos testigos de los hechos son las víctimas.
  • Los abusadores logran una atmósfera sexualizada difusa y opaca, y tienen “sus” lugares y tiempos ocultos de violencia, controlados por ellos mismos.
  • A los niños se les ofrece cariño y una supuesta relación de confianza —”amigo” adulto, “acompañante en la vida”, “figura paterna preocupada”, que siempre están disponibles para ellos—, son engatusados y vueltos indefensos.
  • A los niños se les otorga un “puesto especial” mediante “ofertas tentadoras” y aparentes ventajas” —pequeños regalos (por ejemplo, golosinas), viajar en el tractor, pequeñas libertades—, de este modo son “atraídos” y “atados”.
  • A los niños se les ofrece explicaciones de que eso “ es normal” y “queda como un secreto” (“no hablar de eso con nadie”), que “eso” no tiene nada de “malo”, y que si se lo “cuentan a alguien”, no les creerán.
  • Se mencionan sanciones o se amenaza con ellas, si “revelaran algo”.
  • Si hay un sentimiento “extraño” o incómodo o los niños se defienden, se les sugiere que su sentimiento es engañoso y que “lo que hacemos está en orden”.
  • Con el “afecto” comprado, adquirido y mantenido, luego con la paulatina sexualización de la relación, las “víctimas” son entonces avergonzadas profundamente y se les induce sentimientos de culpa. Están desamparadas y a merced del abusador posiblemente durante un largo período de tiempo.

EL CASO DE UN CURA HOMÓFOBO ANTE UN TRIBUNAL ALEMÁN

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P. Dariusz Oko

“Volksverhetzung” —término intraducible al español— es en Alemania un delito, que consiste en incitar al odio contra un sector de la población. Y por este delito el P. Wolfgang Rothe (n. 1967), sacerdote católico de Múnich, denunció al P. Dariusz Oko (n. 1960), sacerdote católico polaco, cuyo artículo “Sobre la necesidad de restringir los grupillos homosexuales en la Iglesia (Primera parte)” fue traducido y publicado en alemán en la revista bimensual Theologisches (enero/febrero 2021), de corte tradicionalista, cuyo redactor jefe es el P. Johannes Stöhr (n. 1931), miembro del Opus Dei, quien también fue incluido en la denuncia.

No es para menos. El artículo de marras plantea una especie de teoría de la conspiración, donde los clérigos homosexuales que hay en la Iglesia católica buscarían ocupar altos cargos a fin de utilizar las estructuras eclesiásticas para sus propios intereses, contrarios a la misión que Jesucristo le confió a los Apóstoles. Si bien es innegable que existe un alto porcentaje de clérigos y religiosos homosexuales en la Iglesia católica —como lo ha demostrado el periodista francés Frédéric Martel en su libro-reportaje Sodoma: Poder y escándalo en el Vaticano (2019)—, este hecho se debería a que la vocación religiosa se le presenta a muchos homosexuales católicos como el lugar ideal para mantener oculta su orientación sexual y ser aceptados —e incluso admirados— socialmente por el hecho de renunciar al matrimonio y consagrarse a una labor espiritual en la comunidad.

El problema con el artículo del P. Dariusz Oko —conocido por ser un homófobo acendrado y fanático opositor al enfoque de género— es que no tiene ningún reparo en denigrar la condición homosexual y presentarla como causa de los principales males que sufre la Iglesia católica, desde los abusos sexuales hasta las doctrinas heréticas. Casi se podría concluir que para él ningún homosexual tiene redención. He aquí algunas perlas de su artículo:

«Para las personas que ya en el seminario viven permanentemente en pecado mortal y que ya entonces se enorgullecen de haber tenido varias docenas de compañeros sexuales, es sin embargo difícil desarrollarse espiritualmente de manera normal. Para estas personas el cristianismo, la gracia y los valores elevados se convierten en una abstracción, una ideología oficial de la Iglesia, que como sus representantes deben anunciar, pero en la cual ellos mismos no creen… En verdad quieren quedarse en un nivel inferior, en lo material y sensorial, quieren lujo, confort, dominio, poder y carrera, y frecuentes y continuos desenfrenos. …buscarán las cumbres del poder eclesiástico, las cuales, una vez alcanzadas, convertirán no tanto en cumbres de la espiritualidad y del servicio humilde, sino en cumbres de la soberbia y la mojigatería, en cumbres de la riqueza y el lujo, en cumbres de la promiscuidad y la hipocresía. De esta manera practicarán el anti-evangelio y el anti-testimonio en forma pura….»

«…la Iglesia es paralizada por su mafia homosexual interna, que, al igual que una colonia de parásitos, se preocupa sobre todo de sí misma y no de su portador, a cuyas costas vive. Sólo por su existencia se puede explicar por qué tales personas llegan tan alto y casi siempre quedan impunes. Y hay una legión de personas así en la Iglesia».

«Una tal mafia homosexual se comporta igual que cualquier mafia, como un parásito despiadado, como un tumor canceroso que está dispuesto incluso a matar a su huésped, absorber todos sus recursos y provisiones para asegurarse su cómoda existencia. También se puede decir que la Iglesia está en muchos ámbitos y a todas luces balo la ocupación y dominación de la mafia homosexual».

El P. Dariusz Oko, tras la denuncia del P. Rothe, había sido condenado por la fiscalía a pagar una multa de 4,800 euros. Y el editor de la revista donde fue publicado el artículo, el P. Johannes Stöhr, a una multa de 9,100 euros. Sin embargo, apelaron la decisión. Por lo cual, el viernes 20 de mayo se realizó una audiencia judicial en la Sala 142 del Juzgado de Primera Instancia de Colonia, ciudad donde tiene su sede la revista Theologisches.

El proceso estuvo tachonado de momentos pintorescos. En un audiencia judicial pública en Alemania no se suele aplaudir. Aquí ocurrió precisamente eso. Asistentes a la audiencia aplaudían por momentos al sacerdote Dariusz Oko, algunas mujeres levantaban la voz cuando el fiscal explicaba la situación judicial, sonaban celulares, un hombre telefoneaba en polaco, dos mujeres rezaban el rosario, un hombre llevaba una camiseta con la inscripción “Soldado de Cristo”. La jueza Sophie Schwartz no reaccionaba ante las interrupciones y el ambiente estaba cada vez más caldeado. Cuando se aplaudía, sólo sonreía irritada. En un momento el fiscal supremo Ulf Willuhm toma el micrófono y aclara que no se acostumbran las ovaciones en un juzgado: «no se trata de una representación teatral».

Más de 25 simpatizantes del sacerdote polaco han venido a Colonia, la mayoría de ellos habla sólo en polaco. En las pausas algunos se toman fotos con el clérigo sexagenario, muy popular en Polonia entre los conservadores nacionalistas e invitado frecuente de talk shows, además de director de la cátedra de Filosofía Cognitiva de la Pontifica Universidad “Juan Pablo II” de Cracovia.

El denunciante P. Rothe también estaba entre los presentes. En la pausa un hombre quiso leerle pasajes de la Biblia.

Tres horas dura la lectura pública de dos artículos del P. Oko sobre el tema de la homosexualidad en la Iglesia católica.

A continuación, el P. Oko manifiesta que sus textos han sido malinterpretados y que él mismo se considera defensor de las víctimas de abuso. Afirma no tener nada contra los homosexuales en general. «Yo sólo escribo sobre sacerdotes homosexuales que cometen delitos y destruyen la Iglesia». Sin embargo, en la segunda parte del artículo, publicada posteriormente, el sacerdote polaco había escrito: «No se debe intentar convertir a estas personas, pues para ello ya están demasiado corrompidas y degeneradas, sólo se debe rezar por ellas, y reflexionar y planear cómo uno puede proteger a los jóvenes, a jóvenes clérigos, a sí mismo y a toda la Iglesia de ellos».

Su abogado defensor alega que la traducción alemana del artículo es cruda e imprecisa. Tras una conversación con su abogado defensor, P. Oko termina diciendo que lamenta sus expresiones y que le pide perdón a todos los que haya ofendido a través de ellas. El coacusado P. Stöhr ya había pedido perdón. Finalmente, la jueza considera que ambos acusados han recapacitado y decide archivar el caso sobre la base de un acuerdo extrajudicial por el cual el P. Oko debe pagar 3,150 euros y el P. Stöhr – que cuenta con mayores ingresos- el monto de 4,000 al Weisser Ring, una asociación sin fines de lucro dedicada a ayudar a las víctimas de delitos.

El P. Rothe, en declaraciones a DOMRADIO.DE, expuso su parecer sobre la decisión judicial:

«No fue ninguna condena, pero tampoco fue precisamente una absolución. El acuerdo entre la fiscalía y el tribunal fue precedido de una disculpa del autor del artículo incriminado por sus expresiones, formulada muy claramente. Le ha pedido perdón a todos aquellos que se hayan sentido ofendidos con ello. Y ha reiterado que nunca más volverá a expresarse de esa manera.

En esa medida considero esto como un resultado positivo. Pues en última instancia se trata de que esas expresiones no tienen lugar en una sociedad libre y en una democracia. De esto eran conscientes tanto la fiscalía como el tribunal. Y esto fue puesto también de manifiesto por el acusado».

Ya antes de la audiencia, cuando se conoció la orden penal que multaba al sacerdote polaco, el Viceministro de Justicia de Polonia, Marcin Romanowski, había manifestado su desacuerdo, declarando que veía «tendencias contrarias a la libertad en el sistema de protección legal de Alemania».

En las sanciones contra el P. Dariusz Oko, ¿había una amenaza a la libertad de expresión?

En Alemania la libertad de expresión tiene límites especificados por la ley. Se tolera prácticamente todo, excepto aquello que incite al delito o que socave la tolerancia. Lo que el P. Dariusz Oko escribió no puede estar protegido por la libertad de expresión, pues invita a la discriminación y maltrato de las personas homosexuales. Y lo que él planteaba llevar a cabo en su artículo era prácticamente una razzia contra los homosexuales en la Iglesia católica. Lamentablemente, hay muchos católicos que piensan así. Y la Iglesia católica sigue siendo uno de los espacios de este mundo donde todavía hay derechos fundamentales de la persona humana que todavía no han sido conquistados. Entre ellos, el derecho de las personas homosexuales a no ser discriminadas de ninguna manera.

(Columna publicada en Sudaca el 28 de mayo de 2022)

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FUENTES

P. Dariusz Oko
Über die Notwendigkeit homosexuelle Cliquen in der Kirche zu begrenzen
https://bronmyksiedzaoko.pl/wp-content/uploads/2021/07/artykul-de.pdf

Süddeutsche Zeitung
“Soldaten Christi” (20. Mai 2022)
https://www.sueddeutsche.de/politik/dariusz-oko-kirche-koeln-1.5589264

queer.de
Köln: Verfahren zu homofeindlicher Hetze gegen Geldzahlungen eingestellt (20. Mai 2022)
https://www.queer.de/detail.php?article_id=42084

DOMRADIO.DE
“Eine bedenkliche Entwicklung” (20.05.2022)
https://www.domradio.de/artikel/priester-rothe-besorgt-nach-koelner-volksverhetzungsverfahren

katholisch.de
Verhandlung gegen Priester wegen Volksverhetzung eingestellt (20.05.2022)
https://www.katholisch.de/artikel/34358-verhandlung-gegen-priester-wegen-volksverhetzung-eingestellt
Rothe: “Grenze des Sagbaren wird immer weiter hinausgeschoben” (21.05.2022)
https://www.katholisch.de/artikel/34365-rothe-grenze-des-sagbaren-wird-immer-weiter-hinausgeschoben

LA PLAUSIBILIDAD DEL HORROR EN UN HOGAR INFANTIL

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Vivo en Alemania en una pequeña localidad rural en el estado federado de Renania-Palatinado, a unos 22 kilómetros de la ciudad de Espira (en alemán: Speyer), a cuya circunscripción eclesiástica pertenezco como católico. Espira está situada a orillas del Rin y cuenta con la catedral románica medieval más grande del mundo. Pero a sólo 150 metros de ese símbolo imponente del catolicismo se encuentra el hogar infantil de la Engelsgasse (literalmente: Pasaje de los Ángeles), donde habrían ocurrido hechos espeluznantes que uno no puede narrar sin sentirse profundamente perturbado. Pues, siguiendo un patrón que se repite a nivel mundial, también en Espira se perpetraron abusos sexuales en perjuicio de menores de edad. Y los que se habrían dado en ese albergue de niños sobrepasan en perversidad la imaginación de cualquiera.

La historia es como sigue.

En diciembre de 2020 se filtró a la prensa alemana una sentencia del 12 mayo de 2020, emitida por la 5ta. Sala del Tribunal de Seguridad Social de Darmstadt, mediante la cual se obligaba al estado de Renania-Palatinado a reconocer el síndrome de estrés postraumático del denunciante así como sus consecuencias debido a abusos sufridos en su infancia y adolescencia, y a garantizarle asistencia y sustento mensual, además de correr con todos los gastos judiciales en que hubiera incurrido. El denunciante, a quien llamaremos Viktor, había sufrido maltratos y abuso sexual entre 1963 y 1975 en un hogar infantil católico en Espira y luego en el centro donde realizó su formación laboral. El tribunal no se pronunció sobre la veracidad de los hechos mismos, difíciles de ser corroborados por el tiempo transcurrido y por falta de pruebas, sino sobre su plausibilidad —es decir, sobre la posibilidad de que efectivamente hubieran ocurrido— y sobre el perjuicio personal causado en Viktor, atestiguado por un peritaje psicológico.

Viktor habría mantenido en silencio durante décadas lo que le había ocurrido, pero en el año 2010, cuando se iniciaron los destapes de abusos sexuales en Alemania, algo se removió en su interior, sobre todo al conocer los abusos en el internado laico conocido como la Escuela de Odenwald. El 21 de septiembre de 2011 en la Jefatura de Policía de Ludwigshafen detalló lo sucedido ante el encargado de la diócesis de Espira, la cual le otorgaría la suma de 15,000 euros como compensación en “reconocimiento del sufrimiento padecido”. En abril de 2012 Viktor elevó denuncia penal ante las Fiscalías de Frankenthal y Maguncia, pero el caso fue archivado en septiembre de 2012 por el mismo motivo por el que se archivan casos similares en otras regiones y países: los delitos habían prescrito. Finalmente, el 24 de abril de 2015 hizo llegar a la Oficina Social de Renania-Palatinado una solicitud de manutención para personas dañadas según la Ley de Reparación de Víctimas, solicitud que fue rechazada en el año 2017. ¿Los motivos? Los hechos causantes del perjuicio, el perjuicio mismo y sus consecuencias debían ser debidamente probados. Sin pruebas no tendría derecho a ninguna reparación de parte del estado. Viktor apeló y su caso llegó a los tribunales, en un proceso que concluyó con la sentencia mencionada.

¿Pero cuáles fueron los hechos que le ocasionaron a Viktor un trauma permanente y perjuicios a su salud?

Es de advertir que su relato, aunque vívido y lleno de detalles, no deja de tener a veces contradicciones e inconsistencias, cosa que ocurre frecuentemente cuando un testigo trata de reconstruir a partir de su memoria hechos ocurridos hace décadas.

Víktor nació el 26 de julio de 1957 en Maguncia, tercer hijo de una mujer de vida promiscua que frecuentaba a soldados estadounidenses, la cual terminaría perdiendo la custodia de sus tres hijos por incapacidad para mantenerlos y educarlos. Desde la edad de 2 años Viktor viviría en varias instituciones para niños desamparados, ingresando al hogar infantil de la Engelsgasse en Espira el 21 de marzo de 1963, a la edad de 5 años, como se puede verificar mediante registros de la época.

Viktor declaró una vez que los abusos sexuales habrían comenzado cuando tenía 11 años de edad, pero luego en otro ocasión señala que habrían comenzado antes. Lo cierto es que fue acólito personal del Vicario General Rudolf Motzenbäcker —el cual, por motivos legales, aparece en la sentencia dada a conocer a la opinión pública con otro nombre—, cuyo domicilio quedaba cerca del hogar infantil.

A la edad de 6 años habrían ocurrido los primeros tocamientos y a partir de los 8 años hubo violaciones sistemáticas hasta que con 14 ó 15 años de edad abandonó el hogar infantil. Con el pretexto de que debía ayudarle en trabajos en la casa o en el jardín, Motzenbäcker pedía que se lo trajeran a su domicilio, y si se negaba, las monjas lo obligaban, ya sea con golpes o llevándolo a la fuerza. Esto ocurría entre una a tres veces a la semana. Con el vicario hubo sexo oral y anal, muy doloroso según recuerda Viktor. Tenía que colocarse de rodillas en el reclinatorio. De esta manera el vicario podía penetrarlo más fácilmente. Era su postura preferida, siendo Viktor mantenido a la fuerza en esa posición. En varias ocasiones habría sangrado debido a desgarramientos anales. Primero abusó de él Motzenbäcker, luego habría estado otro hombre presente, en otra ocasión tres sacerdotes habrían abusado de él oral y analmente en la misma ocasión. Llegó un momento en que Viktor dejó de resistirse y simplemente permitió que Motzenbäcker hiciera con él lo que le viniera en gana. Su voluntad había sido quebrada.

Finalmente la cosa se agravó con las “fiestas sexuales”. Éstas se llevaban a cabo cada tres o cuatro meses en casa del Vicario General. Normalmente coincidían con una festividad o también con acontecimientos políticos como, por ejemplo, un cambio de gobierno regional. Había violaciones en grupo y estaban también presentes otros muchachos y muchachas. Había una habitación en la cual los caballeros eran agasajados con comida y bebida por las monjas, en la otra esquina los niños eran violados. Las monjas habrían obtenido un beneficio, pues los caballeros habrían hecho después generosas donaciones. La mayoría de las veces estaban presentes dos chicos y una chica. La mayoría de los hombres participantes habrían tenido inclinaciones homosexuales, por lo cual se solía traer más varones que mujeres. Pero si uno quería una niña, entonces la obtenía. Las niñas tenían entre 8 y 12 años. Hasta ahora Viktor no se puede sacar de la cabeza sus gritos. Se habrían preparado camas con sábanas de lino. Cuando todo había terminado, las sábanas acababan manchadas de sangre por los desgarramientos en los órganos sexuales de los niños. A veces eran tres, otras veces cinco o incluso siete los caballeros de entre 40 y 60 años que participaban de esas fiestas. También podía haber contacto sexual de varios hombres con un solo niño, al cual se le practicaba sexo anal y oral a la vez. La mayoría de los niños que estuvieron en esas fiestas sexuales ya habrían fallecido. Varios se suicidaron, como Hannes, el mejor amigo de Viktor.

Durante las “fiestas sexuales” conoció a una muchacha, que tendría entonces entre 10 y 11 años de edad, un año menor que él. Cuando ella tenía 12 y él 13, descubrió que estaba embarazada. Viktor trató de ayudarla, y se fue con ella donde la policía para denunciar lo que ocurría en casa de Motzenbäcker. No les hicieron caso y los tacharon de mentirosos. Catorce días después ella desapareció. Viktor notó su ausencia durante la cena, por lo cual la buscó por todas partes. La encontró muerta, colgada en el desván. Se trata de una imagen que todavía persiste en la mente de Viktor, quien recuerda la paz de su rostro sin vida. No cree que haya sido suicidio, pues dice que no encontró ningún medio —una escalera de mano, por ejemplo— por el cual ella haya podido subir a esa altura. Sospecha que la muchacha sabía demasiado, quizás el nombre del caballero que la había embarazado. Viktor estaba horrorizado e interiormente quebrado. Como consecuencia de ello, se volvió más agresivo, lo cual sólo le acarreó más golpes de parte de las monjas, que agarraban lo que tuvieran a mano para maltratar físicamente a los niños. Incluso llegaron en ocasiones a azotarlo con barras de metal y golpearle la cabeza contra la pared. Viktor guarda el recuerdo de roturas de brazos y fisuras anales.

A los 15 años pasó a una panadería de Espira para aprender el oficio de panadero. Allí vivió hasta los 17 años. Su cama estaba en un dormitorio de paso al dormitorio de Jonny, un camarada de oficio 10 años mayor que él que también estado en el hogar infantil de la Engelsgasse. La primera noche, medio borracho, lo asaltó sexualmente, y así ocurrió cada dos días durante dos años, hasta que en un momento Viktor tuvo el valor de defenderse y termino dándole una paliza. Sólo entonces terminó el abuso. Pero Viktor llevaría las huellas de lo sucedido en su cuerpo y en su alma durante el resto de su vida. Angustia, depresiones, falta de concentración, sobrepeso, presión sanguínea alta y diabetes son los males que lo aquejaron, además del fracaso de su matrimonio. Viktor se convirtió en una persona incapaz de soportar la tensión normal que requiere un puesto de trabajo a tiempo completo.

Posteriormente presentó copia de un documento donde estarían listados los nombres de varios niños del hogar infantil y cuánto habían recibido las monjas de los caballeros por cada niño que era violado. Parecía ser una prueba de los abusos sufridos. Lamentablemente, un peritaje concluyó que el documento era una burda falsificación, por lo cual un periodista que entrevistó a Viktor para un documental del Mannheimer Morgen se preguntaba si este hombre de vida arruinada había decidido mentir en su desesperación por disipar toda duda sobre los abusos vividos, o si alguien le habría suministrado el documento con la mala intención de desacreditarlo.

Aún así, los criterios del Tribunal de Seguridad Social para considerar plausible el relato de Viktor se mantienen en pie. En la diócesis de Espira se presentaron 63 casos sospechosos de abuso, de los cuales 31 fueron reconocidos como plausibles y recibieron compensaciones económicas. Además, hubo dos denuncias posteriores, que acusaban al prelado Rudolf Motzenbäcker de abusos, aunque no mencionaban el detalle de las “fiestas sexuales”. Una investigación judicial ya no era posible, dado que Motzenbäcker, tras ser Vicario General de 1959 a 1968 y supremo jurista canónico de 1969 a 1995 en la diócesis de Espira, había fallecido en 1995.

Además, Viktor mostraba reacciones emocionales como miedo, odio y repugnancia cuando hacía un recuento, rico en detalles, de los abusos sufridos. Todo esto hace improbable que la historia sea un mero producto ficticio de su imaginación.

Viktor indicó también que personalmente ya no podía visitar Espira. La última vez que lo hizo se derrumbó. Tampoco puede soportar ver una misa por televisión. Asimismo, a Viktor le fue muy difícil y le tomó mucho tiempo llegar a contar lo sucedido. Todo ello habla de sinceridad y autenticidad en lo que relata, lo cual convenció al tribunal de que Viktor había sufrido fuertes maltratos físicos y psicológicos durante su estadía en Espira, y también en gran medida abusos sexuales, aunque los detalles no podían ser corroborados con pruebas, ni tampoco había la certeza absoluta de que todo hubiera ocurrido exactamente tal como él lo contaba. Los testimonios de varias monjas asegurando que no vieron nada sospechoso no anulan lo narrado por Viktor.

Finalmente, el caso llegó a la prensa sólo gracias a la sentencia de un tribunal civil, casi diez años después de que hubiera sido denunciado ante una autoridad eclesiástica. Y esta sentencia es a la vez un informe minucioso del abuso, que rara vez encontramos en los informes elaborados por instancias eclesiásticas. Por eso mismo, resulta evidente que la Iglesia es incompetente para investigarse a sí misma y son las instancias civiles las que deben asumir esta tarea sin piedad para que se pueda llegar a la verdad completa sobre los abusos. Casi todas las demás declaraciones de intenciones de las altas autoridades eclesiásticas suelen ser puros cantos de sirenas.

(Columna publicada en Sudaca el 14 de mayo de 2022)

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Sentencia del Tribunal de Seguridad Social de Darmstadt (12 de mayo del 2020)
https://dierkschaefer.wordpress.com/2020/11/20/oeg-urteil/

Kirche + Leben
Nonnen sollen Kindes-Missbrauch durch Priester ermöglicht haben (10. Dezember 2020)
https://www.kirche-und-leben.de/artikel/nonnen-sollen-kindes-missbrauch-durch-priester-ermoeglicht-haben

Docurreportaje “Rabiat: In Gottes Namen” sobre los abusos sexuales en el hogar infantil de la Engelsgasse (10 de mayo de 2021)
https://www.youtube.com/watch?v=xD_8sWRmw-k

UNA HISTORIA MÁS DE ABUSO SEXUAL

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Catedral de Espira (Renania-Palatinado, Alemania)

El 25 de septiembre de 2018, en la ciudad de Fulda, la Conferencia Episcopal Alemana presentó oficialmente su informe sobre abusos sexuales en la Iglesia católica. Se contabilizaron 3,677 víctimas en el período de 1946 a 2014. El informe, elaborado por investigadores independientes del Instituto Central para la Salud Mental de Mannheim y de las universidades de Heidelberg y Giessen, sólo suministraba cifras y estadísticas, sin mencionar nombres de responsables, a pesar de que se había establecido que los abusadores en este mismo período llegaban por lo menos a los 1,670 individuos. Los casos concretos de las víctimas quedaban ocultos bajo esta maraña de datos, que transmitían poco o nada de lo que realmente habían tenido que padecer.

El 19 de abril de este año, Die Rheinpfalz, periódico regional de la zona de Alemania donde vivo, publicó una de esa historias que ni siquiera ha entrado en las estadísticas, pues el caso nunca fue denunciado ni documentado en su momento. Como ocurre con un elevado número de casos, donde las víctimas se llevan su secreto a la tumba y el abusador queda impune.

Ésta es la historia de abuso de Markus M. Se inicia en el año 1964, cuando el joven muchacho de 14 años cantaba en el coro de la catedral de Espira y también era acólito durante las ceremonias litúrgicas. Para su familia católica el mundo todavía estaba en orden.

A Markus le estaba permitido acudir a la fantástica piscina del seminario diocesano, donde alternaba con jóvenes teólogos que eran formados para ser clérigos. Era un ambiente muy especial. La piscina tenía 25 metros de longitud y varias pistas, además de una alberca con torre de saltos y trampolín. «Estábamos allí como en bandeja de plata», recuerda Markus.

En algún momento un sacerdote lo aborda. Continuamente lo envuelve en conversaciones, hasta que un día le pide que vaya a su oficina. Allí le menciona el sexto mandamiento: «No cometerás adulterio». El adulto le explica al menor de edad lo que eso significa: «No debes masturbarte». Insiste en ser su confesor y le exige al joven acólito informarle siempre al respecto sobre este tema. A continuación lo apremia a escribir todo al detalle: lo que ha hecho y lo que ha pasado por su cabeza en ese momento. En caso de que hubiera sucedido “eso”, debía acudir de inmediato donde él, si no quería terminar en el infierno. El joven obedece las instrucciones, pues se siente amedrentado. En ese entonces la sexualidad era un área dominada por el miedo y la angustia.

Llega el año 1966 y un día el clérigo se lleva a Markus de paseo al bosque de Dudenhofen. Allí le ordena que se arrodille delante de él. Luego saca su pene y termina eyaculando en la frente del muchacho.

Markus le confiaría lo sucedido a sus progenitores. Pero ellos no están dispuestos a creerle. Un sacerdote es incapaz de hacer eso. La familia es muy religiosa, «desde la mañana hasta el anochecer», va tres veces por semana a la iglesia. «A mí me estaba permitido sostener el báculo episcopal», recuerda Markus.

A partir de entonces deja de acudir a la piscina. «Mi autoestima estaba menoscabada». Su rendimiento escolar disminuye, y en la escuela es objeto de bullying y mofa por parte de sus compañeros. Sus padres deciden entonces enviarlo a un internado en Donnersberg. «Eso fue mi salvación». Se hallaba lo suficientemente lejos como para garantizarle tranquilidad. El párroco del pueblo lo acogió psicológicamente.

«Con el tiempo lo he superado», dice el actual pedagogo jubilado. Rompió con sus progenitores y a los 21 años llena el formulario para salirse oficialmente de la Iglesia. 15 años después echa su fe en Dios por la borda. Hoy día Markus M. se define a sí mismo como un agnóstico. No descarta definitivamente nada. Su abusador muere en 1972. Con sus padres se reconciliaría posteriormente, pero nunca más se habló del abuso. «La Iglesia era un lugar donde yo me sentía bien. En algún momento esa historia se terminó».

Durante décadas Markus M. mantuvo en silencio el abuso sufrido, reprimiéndolo en el fondo de su psique. Pero cuando en el año 2010 salen a la luz pública los abusos de dos jesuitas en el Colegio Canisio de Berlín —caso emblemático que gatillaría posteriormente la revelación de innumerables abusos sexuales en la Iglesia católica alemana—, Markus sintió que ya no podía permanecer callado. Sus hermanos lo animaron repetidas veces para que presentara una solicitud de reconocimiento del sufrimiento padecido en la Iglesia católica en Alemania. Lo hizo finalmente en enero de 2019. Tenía entonces 70 años de edad.

La Comisión Independiente para Prestaciones de Reconocimiento (Unabhängige Kommission für Anerkennungsleistungen – UKA) examina la plausibilidad de los testimonios. En el caso de Markus M., Ansgar Schreiner, ex director del juzgado de primera instancia de Germersheim y hasta septiembre del año pasado encargado independiente de abusos de la diócesis de Espira, elevó una solicitud de reconocimiento del sufrimiento padecido a la Comisión para el Procesamento del Abuso Sexual (Komission zur Aufarbeitung des sexuellen Missbrauchs), con sede en Bonn. La Iglesia no habla de indemnización, aclara Markus, pues judicialmente los hechos han prescrito.

Markus recibió la suma de 3,000 euros. Ansgar Schreiner logra, tras una conversación con Andreas Sturm, vicario general de la diócesis de Espira, la suma adicional de 2,000 euros, pero nada más. Tienen las manos atadas, asegura la víctima de abusos que dicen las autoridades eclesiásticas. Una solicitud posterior y más detallada a la UKA resultó en el reconocimiento de una prestación de 5,000 euros que, sin embargo, no le fueron transferidos a Markus debido a que ya había recibido dinero anteriormente.

Markus M. es muy crítico respecto a la labor realizada por la Comisión. «La UKA es una organización de coartada de la Conferencia Episcopal», asevera. No es transparente y trabaja muy lentamente. No está claro cuáles son los criterios para determinar los montos a pagar, y las prestaciones inferiores a los 10,000 euros ni siquiera son registradas en el listado público.

Markus es consciente de que cuando una persona es violentada sexualmente, las consecuencias se arrastran durante toda la vida. «Yo me he enterado de cosas inauditas», dice el septuagenario refiriéndose a acontecimientos ocurridos en el hogar infantil de la Engelsgasse en Espira. Hay casos de quienes no pueden ducharse sin antes desatornillar el cabezal de la ducha, porque con este artefacto fueron abusados analmente. A un niño de 8 años le fue arrancado el prepucio de un mordisco. Markus sabe de niños con sangre corriéndoles por las piernas.

Mientras tanto, ha presentado una tercera solicitud para reconocimiento del sufrimiento padecido, ante lo cual el obispo de Espira, Karl-Heinz Wiesemann, lo invitó en febrero a él junto con su mujer al palacio episcopal. De nuevo relató detalladamente lo que le había sucedido. «Eso fue muy doloroso para mí, hasta el punto de derramar lágrimas». Sin embargo, el obispo no tiene la potestad de elevar la suma de la prestación concedida, dice Markus que fue el resultado de la conversación.

A pesar de todo, está convencido de que puede motivar a otros a hablar de sus experiencias de abuso y a confrontar a la Iglesia católica con los reprochables actos de sus dignatarios eclesiásticos. Por eso mismo, ha aceptado a ser uno de los nueve miembros honoríficos del Consejo Consultivo (de Sobrevivientes de Abuso Sexual) de la diócesis de Espira, fundado en abril de 2021 por Bernd Held, entonces de 55 años, quien también fue víctima de abusos a los 13 años por parte de dos religiosos en un liceo de Homburg. El objetivo de este consejo es ayudar a que se vea el abuso desde la perspectiva de los afectados, lo cual no siempre se logra. Como actual presidente del consejo, Held es de la opinión de que el tema del abuso eclesiástico ha obtenido una amplia difusión en los doce años transcurridos desde que en 2010 salieran a la luz los casos del Colegio Canisio de Berlín. Sin embargo, «la Iglesia católica hace como que estuviera procesando el asunto, pero nada resulta de eso».

La experiencia de Markus M. en su búsqueda de una justa compensación económica por los daños sufridos resulta más dolorosa ante uno de los más recientes escándalos en la Iglesia católica alemana, a saber, que el arzobispado de Colonia, según informa la Süddeutsche Zeitung, pagó entre los años 2015 y 2016 las deudas de juego de un presbítero de la arquidiócesis. ¿El monto total, que incluía amortización, intereses e impuestos? Aproximadamente 1’150,000 euros. Y el dinero salió de un fondo especial que sirve, entre otras cosas, para pagar las reparaciones a las víctimas de abusos. Una raya más al tigre para el impresentable cardenal Rainer Maria Woelki, arzobispo de Colonia, que se encuentra ya desde hace tiempo en la cuerda floja. «Cuando se trata de sus clérigos, no hay sacrificio demasiado grande para la Iglesia, su protección y la protección de la imagen de la institución vale casi cualquier precio», comenta, en una entrevista con t-online del 18 de abril de este año, Matthias Katsch, sobreviviente de abusos del Colegio Canisio de Berlín y fundador de Eckiger Tisch, una asociación defensora de los derechos de las víctimas de abuso eclesiástico.

Las cifras sobre abusos son sólo referenciales y no reflejan la verdadera magnitud del abuso sexual en la Iglesia católica, considerando que una inmensa multitud de afectados nunca llegan a verbalizar su experiencia de abusos, manteniendo el silencio al respecto durante toda su vida. Son vidas dañadas cuyo sufrimiento no se puede expresar en cifras, pero cuyas historias merecen ser conocidas sin que sus protagonistas deban temer consecuencias de parte de los abusadores y de la institución que los protege. Por eso mismo, un relato biográfico más, con perfil personal aun cuando el testigo decida proteger su identidad bajo un seudónimo, es un grano más de arena para lograr que las cosas cambien. Una historia más sí importa.

(Columna publicada en Sudaca el 30 de abril de 2022)

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FUENTES

Die Rheinpfalz – Pfälzer Tageblatt
Kinder für Priester leichte Beute (Dienstag, 19. April 2022)

Süddeutsche Zeitung
Erzbistum Köln zahlte Spielschulden eines Geistlichen (14. April 2022)
https://www.sueddeutsche.de/politik/erzbistum-koeln-spielschulden-woelki-1.5567092

t-online
“Für ihre Kleriker ist der Kirche kein Opfer zu groß” (18.04.2022)
https://www.t-online.de/region/koeln/news/id_92033488/spielschulden-skandal-in-koeln-fuer-ihre-kleriker-ist-der-kirche-kein-opfer-zu-gross-.html

ANÍBAL TORRES Y LAS CARRETERAS DE HITLER

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Discurso de Hitler en la Foresta de Hofolding (Unterhaching, Baviera) dando inicio oficial a la construcción de autopistas (21 de marzo de 1934)

El 7 de abril de este año el primer ministro Aníbal Torres lanzó unas declaraciones en Huancayo que generaron indignación en más de uno. No era para menos. Pues, queriendo resaltar la importancia de la infraestructura vial para el desarrollo de un país, dijo que Hitler llenó Alemania de carreteras y la «convirtió … en la primera potencia económica del mundo«». ¿Un mito o un hecho? Según el premier, esto último, como aclaró posteriormente, añadiendo que «eso no quiere decir que Adolfo Hitler no sea considerado como un gran criminal».

¿Qué de cierto hay en todo esto?

Cuando el 30 de enero de 1933 Adolf Hitler fue nombrado canciller por el presidente Paul von Hindenburg, la situación económica de Alemania era catastrófica. Según las estadísticas había unos seis millones de desempleados, casi el 10% de la población. Si a eso se le suma quienes desempeñaban trabajos temporales y quienes habían perdido toda esperanza y simplemente ya no buscaban trabajo, por lo menos un tercio de la fuerza laboral activa estaba desempleada.

Los pagos en concepto de reparaciones de guerra llegaban en 1932 a un quinto de lo que Alemania recibía en concepto de exportaciones. Además, debido a la crisis económica mundial iniciada en 1929 con la caída de la bolsa de Nueva York, muchos inversionistas estadounidenses habían retirado sus fondos de Alemania y muchos países habían elevado los aranceles a fin de proteger sus industrias nacionales, lo cual también afectó considerablemente las exportaciones de Alemania.

Hitler sabía que no podía cimentar su poder sólo sobre el terror, sino que tenía que seducir a las masas para tenerlas de su lado. Y nada mejor a estos efectos que la promesa de generar millones de puestos de trabajo. Por eso mismo, en su primera locución radial pidió una tregua de cuatro años, pues no necesitaba más «para la salvación del trabajador alemán». Pero lo que no dijo es que su verdadero objetivo no era tanto combatir el desempleo, sino el rearme militar. Su intención a largo plazo no era conseguir el bienestar de manera pacífica, sino mediante la rapiña y el despojo de quienes no eran considerados arios, tanto en el propio país como en países ajenos.

De hecho, Alemania tuvo una notable recuperación económica durante los primeros años del gobierno nacionalsocialista. Pero, contrariamente a lo que se cree, la construcción de las carreteras de circulación rápida o autopistas apenas jugó un rol en ese proceso. Más bien, fueron una plataforma de propaganda del nacionalsocialismo, que afirmaba que eran «únicas en el mundo» y «la voluntad de un hombre hecha concreto armado». Lo cual era palpablemente falso, pues la primera autopista del mundo se construyó en Italia, entre Milán y Varese. Mussolini no tuvo nada que ver con esta obra, pues aún no había llegado al poder, y la anécdota contada por Aníbal Torres sobre el encuentro de Hitler con Mussolini es falsa y no está documentada en ninguna parte.

En Alemania la primera autopista —entre Colonia y Bonn, con 18 kilómetros de recorrido— fue inaugurada por Konrad Adenauer, entonces alcalde de Colonia. Fue degradada a la categoría de carretera rural durante el régimen nazi, a fin de mantener la imagen de Hitler como aquél que concibió el proyecto de la red vial y la llevó a cabo. Sin embargo, los planes ya habían estado listos desde la época de la República de Weimar, pero no se pudieron concretar debido a la crisis económica. Y en ese entonces el partido nazi consideraba despectivamente las autopistas como «vías de lujo para ricos», dado que el automóvil era un objeto que sólo podían permitirse uno de cada cien ciudadanos alemanes.

Con Hitler en el poder, la situación cambió. Se apropió de los planes, los presentó como suyos, y el 21 de marzo de 1934 en la Foresta de Hofolding, cerca de Múnich, da inicio oficialmente a los trabajos de construcción vial en todo Alemania, con un discurso cargado de populismo y nacionalismo extremista que fue transmitido por radio a toda Alemania. «¡Trabajadores alemanes! ¡Empezad!» Éste fue el inicio de un mito, que supuestamente lograría disminuir el desempleo al ocupar a unos 300,000 trabajadores, considerados «camaradas del pueblo» que laboraban en las «arterias vitales de la nación».

La realidad fue otra. Los trabajadores maldecían para sus adentros las autopistas como «vías de miseria». Apiñados en estrechos alojamientos provisionales, a lo cual se sumaba una mala alimentación y un salario bajo, sus condiciones de vida eran apenas mejores que las de cualquier recluso. Las órdenes de la dirigencia nazi eran emplear la menor cantidad de maquinaria, a fin de poder darle ocupación a la mayor cantidad de trabajadores. Muchos terminaron sufriendo de fracturas en la columna vertebral a la altura de los hombros debido a la mala alimentación sumada al esfuerzo de palear grandes cantidades de tierra durante meses. Y si alguien se atrevía a desertar, era enviado a un campo de concentración y catalogado como enemigo del pueblo. Así terminaron varios de los participantes de las huelgas que hubo en el transcurso de la construcción de las autopistas. En la Alemania nazi no podían haber huelgas.

¿Es cierto que este proyecto contribuyó a disminuir el desempleo como estaba previsto? En 1936, en su momento cumbre, el proyecto de las autopistas ocupaba a no más de 125,000 trabajadores, lo cual estaba muy por debajo de las expectativas de Hitler.

Aquí vale también la máxima económica de que “no hay lonche gratis”. ¿Como se financió este ambicioso proyecto? Como casi todas los proyectos estatales del gobierno nazi, mediante una apuesta riesgosa: el endeudamiento del Estado, de acuerdo a la teoría económica del británico John Maynard Keynes, quien sostenía que, para superar las crisis económicas, el Estado debía desempeñar un rol activo endeudándose para adjudicar contratos públicos. Una idea que en ese entonces era novedosa y que los cancilleres Franz von Papen y Kurt Schleicher de la República de Weimar no habían podido implementar debido a la oposición del Reichsbank, el banco central de Alemania. Pero con Hitler en el poder ya no había resistencia posible, de modo que el gobierno nacionalsocialista pudo invertir dos millones de marcos en «la promoción del trabajo nacional». O, como le gustaba decir a Hitler, en «la batalla laboral». De este modo no sólo financió la construcción de carreteras, sino también de calles, puentes, diques, centrales energéticas y, por supuesto, anfiteatros, estadios, edificaciones fastuosas, monumentos majestuosos y campos de concentración.

Asimismo, se hicieron jugadas para disminuir el número de desempleados en las estadísticas. A los recién casados, si la mujer dejaba de trabajar, se les daba un préstamo sin intereses de 1,000 marcos —a ser gastados en productos del hogar de fabricación alemana—. Por cada hijo que tuvieran se les condonaba un cuarto del préstamo. Joseph Goebbels, Ministro de Propaganda, decía que la misión de la mujer alemana era «ser hermosa y traer hijos al mundo».

Además, todos los jóvenes entre 18 y 25 años que realizaban trabajos eventuales dejaron de ser considerados como desempleados, no obstante no tener un puesto fijo y estable, y los varones en esa edad fueron obligados a tomar este tipo de trabajos que tenían una duración de seis meses. El servicio militar obligatorio, introducido en marzo de 1935, llevó al reclutamiento de unos 800,000 jóvenes varones, que desaparecieron de las estadísticas de desempleo.

El aumento progresivo del gasto militar de 1.5% del producto social bruto a casi 25% iba a generar un déficit que no era posible cubrir con impuestos ni crédito estatal. Hitler convoca entonces a Hjalmar Schacht, un banquero que, como comisario de moneda en la República de Weimar, había logrado detener la hiperinflación del año 1923. Schacht crea entonces una empresa fantasma, la “Metallurgische Forschungsgesellschaft” (MeFo) —traducido como “Sociedad de Investigación Metalúrgica”— que emite pagarés avalados por el Reichsbank con un interés de 4% anual. De este modo se busca mantener los papeles en circulación el mayor tiempo posible y encubrir que el rearme es realmente financiado por el Reichsbank. El capital social de la MeFo —que asciende a un millón de marcos y es aportado por empresas de la industria pesada como Krupp, Siemens, Rheinmetall y Gutehoffnungsgüte— es a todas luces insuficiente para cubrir todos los costos. Schacht confiaba en poder pagar las deudas contraídas una vez que la economía floreciente hiciera que fluyera dinero hacia las cajas del Estado. Una peligrosa apuesta en el futuro.

Lo cierto es que, a pesar de las cifras maquilladas que mostraban un desempleo bajo en las estadísticas, la economía alemana empeora notablemente a partir de 1936. Las divisas estaban casi agotadas, debido a que la industria importaba demasiada materia prima y exportaba muy poco. El petróleo, los minerales y el caucho comienzan a escasear. Los ciudadanos se ven obligados a prescindir de ciertos bienes, pues la industria armamentista tiene prioridad. A partir de enero de 1937 se raciona la mantequilla y las grasas animales y vegetales. Dos años después, la fruta y el café. Muy pronto las panaderías sólo venden pan hecho con harina de baja calidad, y también los huevos y el papel son escasos.

En 1938 el forado en las finanzas estatales era de casi diez mil millones de marcos. En marzo de 1938 el Estado se endeuda aún más para cancelar las letras de cambio de la MeFo. La catástrofe financiera es inminente, pero aún así Hitler acelera el proceso de rearme. En marzo de 1939 el banquero Schacht advierte que la expansión de los gastos estatales estaban a punto de destrozar las finanzas del Estado y la moneda. La respuesta de Hitler fue el despido inmediato de Schacht, porque ya no encajaba en el «marco nacionalsocialista».

Lo único que podía impedir la inflación, tan temida por Hitler, era el saqueo más allá de las fronteras alemanas y la rapiña de los países sometidos. Éste habría sido uno de los motivos por el cual Hitler dio inicio a la Segunda Guerra Mundial.

En cuanto a su proyecto preferido, la red de carreteras, se tuvo que detener su construcción en 1941 debido a falta de medios. Se habían logrado más de 3,800 kilómetros, los últimos de los cuales fueron construidos por prisioneros de guerra y judíos en régimen de trabajo forzado. Alemania tenía las mejores carreteras del mundo, pero estaban vacías, pues el escaso combustible estaba reservado a los vehículos militares y los pocos automóviles particulares tenían prohibido conducir en las autopistas. En 1943 se autorizó su uso por parte de bicicletas. Paradójicamente, los primeros que se beneficiaron enormemente con las carreteras de Hitler fueron las fuerzas aliadas, cuyas caravanas de tanques y vehículos militares pudieron hacer uso de ellas para invadir con facilidad Alemania.

Visto de este modo, las carreteras de Hitler fueron un elefante blanco que el régimen nacionalsocialista usó como espectáculo de propaganda. Y si bien después sirvieron de base para el sistema de circulación vial que existe ahora en Alemania, fue uno de los factores que condujo a Alemania a la ruina y a una espiral bélica con violaciones sistemáticas y atroces de derechos humanos en perjuicio de poblaciones enteras. Y eso es algo que Aníbal Torres debería saber.

NOTA: Este artículo toma datos de un artículo en alemán de Marion Hombach y Joachim Telgenbüscher, aparecido en el N.º 57 (septiembre de 2012) de GEO Epoche, una revista especializada en historia.

(Columna publicada en Sudaca el 16 de abril de 2022)