HISTORIA CRIMINAL DEL CRISTIANISMO

kriminalgeschichte_des_christentums

Karlheinz Deschner (1924-2014), escritor y ensayista alemán, es recordado sobre todo por su monumental obra en diez tomos Historia criminal del cristianismo. Obra polémica pero inconclusa, pues llega sólo hasta el siglo XVIII, fue publicada entre 1986 y 2013, debiendo el autor darla por concluida con el décimo tomo debido a problemas de salud. Deschner fallecería un año después.

Su obra completa, que abarca novelas, colecciones de aforismos y ensayos, se centra en los estudios históricos del cristianismo y de la Iglesia, a los cuales —siguiendo la tradición del Iluminismo del siglo XVIII— considera como enemigos de la humanidad.

Nacido en el seno de una familia católica, se educó en centros educativos gestionados por religiosos y, tras sobrevivir al servicio militar durante la Segunda Guerra Mundial, realizó estudios en la Escuela Superior Teológico-Filosófica de Bamberg (1946-1947) y asistió entre 1947 y 1951 a lecciones de literatura, derecho, filosofía, teología e historia en la Universidad de Wurzburgo, en la cual se graduó.

¿Qué circunstancias de la vida llevarían a este prometedor intelectual formado en los cotos del catolicismo a convertirse en uno de sus detractores más acérrimos?

Si bien sus primeras obras críticas sobre el cristianismo aparecieron a fines de los años ‘50, ya en 1951 a Deschner le había sido aplicada por el entonces obispo de Wurzburgo, Julius Döpfner, la máxima sanción que contempla la Iglesia católica: la excomunión. El motivo no pudo ser más trivial: Deschner se había casado civilmente con la divorciada Elfi Tuch, su compañera sentimental. Para la Iglesia, la pareja vivía en pecado y a Deschner se le exigió anular el matrimonio contraído, cosa que se negó a hacer. Ya influido entonces por los escritos de Nietzsche, Kant y Schopenhauer, a Deschner le importó un carajo lo que hiciera una Iglesia capaz de cometer lo que actualmente sería considerado como un atropello contra derechos fundamentales de la persona.

El análisis histórico del cristianismo que hace Deschner no parte de una intención destructiva sino de un imperativo ético, como señala en el primer tomo de su obra magna:

«¿Por qué no habríamos de aplicar al cristianismo su propia escala de medida bíblica, o en ocasiones incluso patrística? ¿No dicen ellos mismos que “por sus frutos los conoceréis”?

Como cualquier otro crítico social yo soy partidario de una historiografía valorativa. Considero la historia desde un compromiso ético, que me parece tan útil como necesario, de “humanisme historique”. Para mí, una injusticia o un crimen cometidos hace quinientos, mil, mil quinientos años son tan actuales e indignantes como los cometidos hoy o los que sucederán dentro de mil o de cinco mil años».

Y la contradicción que encuentra entre lo que predican y lo que hacen los cristianos, sobre todo en los más altos niveles jerárquicos, alimentan su creencia en la criminalidad del cristianismo:

«Como es sabido, hay una contradicción flagrante entre la vida de los cristianos y las creencias que profesan, contradicción a la que, desde siempre, se ha tratado de quitar importancia señalando la eterna oposición entre lo ideal y lo real… […] “…cuando siglo tras siglo y milenio tras milenio alguien realiza lo contrario de lo que predica, es cuando se convierte, por acción y efecto de toda su historia, en paradigma, personificación y culminación absoluta de la criminalidad a escala histórica mundial”, como dije yo durante una conferencia, en 1969, lo que me valió una visita al juzgado».

Se ha acusado a Deschner de falta de rigurosidad en el tratamiento de sus fuentes históricas, de no poner los hechos en su contexto y de omitir todo lo bueno que ha hecho el cristianismo a lo largo de su historia milenaria. O de que la acumulación de hechos delictivos reseñados por el autor —cuya veracidad histórica nadie ha puesto en duda— no justificarían metodológicamente la conclusión de que la Iglesia sea una organización criminal.

Argumentos similares hemos escuchado ante los abusos sexuales masivos en la Iglesia católica, donde incluso algunos obispos se cuentan entre los perpetradores y la gran mayoría habrían sido encubridores, a fin de “evitar el escándalo” y defender la imagen de “santidad” de la Iglesia.

De lo que no tenemos duda —especialmente aquellos que somos católicos con conciencia crítica— es que, si Deschner todavía estuviera vivo, tendría suficiente material histórico como para cerrar con broche de oro su Historia criminal del cristianismo.

(Columna publicada en Altavoz el 17 de septiembre de 2018)

 

Anuncios

ALEMANIA vs PERÚ: UNA EXPERIENCIA PERSONAL

fans_alemania_vs_peru_sinsheim_2018

El Wirsol Rhein-Neckar-Arena, estadio de fútbol ubicado en la pequeña ciudad de Sinsheim (estado de Baden-Wurtemberg, Alemania) tiene un aforo de aproximadamente 25,500 personas. Rebosaba de alemanes que iban a apoyar a su equipo, pero más numerosa era la multitud de peruanos, muchos de los cuales habían cruzado la frontera y venido desde Italia, Francia, España —por mencionar algunos países solamente— para hacerle barra a la blanquirroja y reencontrarse con sus paisanos en una experiencia de peruanidad, de identidad nacional basada en los valores más sencillos: cercanía, fraternidad, acogida y aceptación de la variopinta multiplicidad étnica de nuestro país, cariño, alegría. Pues en el exilio semi-voluntario que la mayoría hemos elegido, en busca de un futuro mejor, las barreras racistas y discriminatorias que existen en nuestro país tienden a difuminarse.

Y allí estaba yo ese domingo 9 de septiembre en la noche acompañado de mi mujer, mi hijo y un grupo reducido de amigos alemanes y peruanos para presenciar por primera vez en mi vida un partido de la selección peruana de fútbol, esta vez contra el seleccionado alemán.

Porque, a decir verdad, nunca me ha apasionado el deporte rey, hasta el punto de que ni siquiera seguí los partidos del Mundial de Fútbol, bastándome con saber los resultados. Recuerdo que de niño pasé algunos momentos ingratos en el colegio cuando algunos compañeros me preguntaron de qué club deportivo peruano era yo hincha, y yo ingenuamente respondí que de ninguno. Y ciertamente, me hicieron sentir como un ser anormal, una criatura bajada de otro planeta. Pues en muchos círculos de la sociedad peruana no se concibe que alguien no esté interesado por el fútbol, o que no tenga grabado en su corazón la lealtad y afición a un equipo determinado.

Aquí en Alemania, en cambio, se puede pasar piola. No tener interés por el fútbol es una inclinación que se respeta, y apenas existe presión social para que eso cambie.

En fin, allí estaba yo por la razón circunstancial de que mi mujer había decidido comprar entradas para el partido y porque quería ver de cerca el esfuerzo de nuestros futbolistas por destacar en un deporte que mueve multitudes. Más que el juego mismo, me interesaba el desempeño humano de mis compatriotas, provenientes todos de sectores sociales más cercanos al perfil promedio de la población peruana, es decir, gente del pueblo con piel indígena, negra, cobriza, mezclada, ajena a los ideales de publicidad de la mayoría de las grandes entidades comerciales del Perú. Gente que ha experimentado alguna vez en su vida lo que es verdaderamente sudar la camiseta y trabajar con denuedo y esfuerzo para tener no mucho, sino lo necesario para una vida digna, y a veces menos que eso.

Valió la pena la experiencia. Ver a los peruanos medirse de igual a igual con Alemania —aunque hayan perdido habiendo podido ganar, de haber aprovechado bien todas las oportunidades de gol que dejaron pasar— es algo que no se olvida y es una señal de que el futuro del Perú se halla en la gente de a pie —en este caso literalmente— y no en aquellos que dicen representarlos en las altas esferas políticas, judiciales y empresariales, donde la corrupción ha podrido la gran mayoría de las instituciones. A destacar, el cartel que llevaba un grupo de peruanos en la tribuna alta con la inscripción «¡Referéndum ya!»

Paradójicamente, las derrotas ajustadas de la selección peruana contra los Países Bajos y Alemania se convierten en una alegoría de lo que pasa en el Perú. Mientras que la corrupción campea en todo el sistema, los peruanos comunes y corrientes difícilmente podrán obtener victorias notables no obstante sus esfuerzos por salir adelante.

Aún así, los peruanos de corazón seguimos irradiando alegría y entusiasmo contagioso. Eso también se vio en el estadio, donde peruanos y alemanes —mezclados pacíficamente en las tribunas— vitorearon a sus equipos cada uno a su estilo. Y no faltaron alemanes emparejados con peruanas que también llevaban puesta la camiseta de Perú. Uno incluso con el escudo de Uchiza en la parte trasera y una pequeña bandera alemana cosida a la altura izquierda del pecho.

En este microcosmos de un partido amistoso entre Perú y Alemania se pudo entrever lo mejor de la peruanidad, aquello que nos arranca el grito: «¡Viva el Perú, carajo!»

(Columna publicada en Altavoz el 11 de septiembre de 2018)

OTRA MÁS DE MONS. EGUREN

mons_jose_antonio_eguren

El 10 de mayo de 2016 el estudio de abogados Benites, Vargas & Ugaz presentó una denuncia ampliatoria, acusando ante el Ministerio Público a ocho miembros y ex miembros del Sodalicio de los siguientes delitos: secuestro, lesiones graves y asociación ilícita para delinquir. Esto originó una carta fechada el 1° de junio de 2016 —firmada originalmente por 47 supuestos ex sodáliltes, a los cuales se sumarían posteriormente otros 22—, rechazando las denuncias en su totalidad porque «se le atribuye al Sodalicio haber sido creado y permanecido durante años como una organización criminal».

Aún así, los firmantes reconocían los delitos sexuales cometidos dentro de la organización, repudiando a sus autores, y añadían: «Nos solidarizamos con las víctimas de cualquier miembro o ex miembro del SCV y exigimos la asistencia inmediata de cada una de estas personas que sufren las secuelas de dichos actos ilícitos o inmorales».

En su carta notarial del 23 de agosto de 2018, Mons Eguren me remite a esa carta en el siguiente párrafo: «Si esa cultura [del sometimiento y del abuso] hubiese sido tal y generalizada, como usted la describe en su artículo, no se entendería al día de hoy por qué existen miembros del Sodalicio o ex sodálites agradecidos de haber pertenecido a esta sociedad de vida consagrada laical».

He revisado la carta de cabo a rabo y no he encontrado ninguna palabra de agradecimiento al Sodalicio. Incluso se menciona que «en algunos casos puede haberse dado alguna tensión tanto para nuestro ingreso como para nuestra salida del SCV», experiencia muy frecuente en todos los que somos ex sodálites.

La preocupación principal de los firmantes está en que no se les señale «como ex miembros de una organización criminal, pues durante nuestra pertenencia al SCV nuestra labor no tuvo relación alguna con actividades ilícitas de ningún tipo».

El sábado 1° de septiembre me llegó un e-mail de uno de los firmantes —que prefiere mantener su nombre en reserva—, indignado por la manera en que Mons. Eguren cita el documento, «a manera de negar la cultura de abuso generalizada al interior del SCV y viendo en ella un número importante de ex miembros agradecidos con la institución».

Según él, «se desvirtúa el contenido, del cual hoy no comparto varios puntos, pero que el obispo omite al momento de citar, como son los puntos iniciales en los que se repudia las conductas de Figari y compañía y la solidaridad con las víctimas.

La poca empatía y comprensión del caso Sodalicio en las palabras del obispo son desalentadoras por donde se las mire, habiendo pasado mucha agua debajo del puente y mucho tiempo en que su silencio ingenuamente fue entendido a manera de reflexión por quien te escribe. Se percibe en ellas un grado de soberbia no menor, amparado en su autoridad y las heridas heredadas de la institución que orgullosamente exhibe en su escudo arzobispal.

El mismo tiempo de silencio cómplice y nada reflexivo por parte de Mons. Eguren, fue el que me tomé para entender en su profundidad los daños ocasionados en mi persona en los años en que permanecí en el SCV. Fui de los que salió agradeciendo y de los que permanecí cercano a los varios trabajos apostólicos, pero que hoy los entiendo como una manera de saldar la culpa por mi “traición” al salir de la institución para responder a una vocación “menor”…»

Asimismo relata que «después de haber hablado con varios ex miembros, algunos firmantes del documento citado, me señalaron que no lo volverían a hacer pues entendieron que ello sólo alimentaba la ceguera y soberbia de los que, como Mons. Eguren, siguen la corriente “negacionista” dentro y fuera del Sodalicio».

A fecha de hoy, sólo tres de los ocho denunciados en el caso Sodalicio siguen en condiciones de tales (Luis Fernando Figari, Virgilio Levaggi y Óscar Tokumura), otras tres personas han sido añadidas como denunciados (Jeffery Daniels, Daniel Murguía y Ricardo Trenemann), y en la lista de agraviados se ha incluido junto con los cinco primeros denunciantes a otras nueve personas naturales —entre las cuales estoy yo— y una entidad del Estado.

Sabiendo que no es competencia del ámbito judicial determinar toda la verdad sobre un tema, sino investigar sólo la responsabilidad penal de personas a la que se les pueda demostrar haber cometido delitos, quienes somos sobrevivientes del Sodalicio y testigos veraces de lo que experimentamos allí seguiremos buscando la manera de que se haga justicia, aunque sea un obispo quien niegue con argumentos falaces la verdad de los hechos.

(Columna publicada en Altavoz el 3 de septiembre de 2018)

________________________________________

FUENTES

Carta notarial de Mons. José Antonio Eguren por columna de Martin Scheuch (24 de agosto, 2018)
https://altavoz.pe/2018/08/24/117852/carta-notarial-de-mons-jose-antonio-eguren-por-columna-de-martin-scheuch/

Denuncia penal ampliatoria contra 7 miembros y 1 ex miembro del Sodalitium Christianae Vitae (interpuesta el 10 de mayo de 2016)
https://de.scribd.com/doc/312903379/Denuncia-Sodalitium-Christianae-Vitae

Carta de 47 ex sodálites rechazando denuncia penal contra el Sodalicio (1° de junio de 2016)
https://de.scribd.com/doc/314749279/Carta-ex-soda-lites

________________________________________

Carta “Ya no soy de los 47”, escrita por uno de los firmantes de la carta abierta del 1° de junio de 2016 rechazando la denuncia penal contra el Sodalicio

Estimado Martín:

El motivo de esta carta es hacerte llegar la opinión de uno de los firmantes del documento en que 47 ex sodálites manifestaron su rechazo a la denuncia hecha por algunos otros ex miembros de la institución, y en la que se menciona al Sodalicio como una organización creada para delinquir, escrita y firmada el año 2016 y que hoy ha vuelto a tomar cierto protagonismo.

Lo primero que quiero dejar en claro es que escribo esto porque leí la carta notarial enviada por Mons. Eguren al diario Altavoz en relación a un artículo tuyo, donde el Arzobispo de Piura cita el documento por mí también firmado, a manera de negar la cultura de abuso generalizada al interior del SCV y viendo en ella un número importante de ex miembros agradecidos con la institución. La manera en cómo se cita dicho documento me motivó a escribirte porque se desvirtúa el contenido, del cual hoy no comparto varios puntos, pero que el obispo omite al momento de citar, como son los puntos iniciales en los que se repudia las conductas de Figari y compañía y la solidaridad con las víctimas. Líneas después, en el punto sexto se entiende que, si bien, varios entramos y salimos de forma libre del SCV, aquello no estuvo ajeno a manipulaciones y obstrucciones, no manifestando literalmente un sistema, pero sí dando testimonio de ello.

Los puntos finales del documento son los que desde el principio no estuve de acuerdo, pero que sin embargo no los tomé en cuenta para mi decisión de enviar mi aprobación final para poner mi nombre en él.

Mi real interés a participar de esta convocatoria hecha por redes sociales para la generación de este documento fue el de dejar en claro que no pertenecí a una organización criminal, y pensé que el autorizar poner mi nombre en él sería una buena y aliviadora señal para mi familia, la que aún no terminaba de digerir todo lo que escuchaba, leía y veía en la prensa. En otras palabras, mi intención fue la de decirle a mi familia: “no se sientan culpables. Ustedes no me permitieron ingresar a banda criminal disfrazada de institución religiosa.” Ya era suficiente la culpa y la vergüenza que sentían al saber dónde habían dejado ingresar a su hijo, no escuchando los comentarios de familiares, amigos y religiosos amigos de otras comunidades que recomendaban hacerme cambiar de opinión.

La poca empatía y comprensión del caso Sodalicio en las palabras del obispo son desalentadoras por donde se las mire, habiendo pasado mucha agua debajo del puente y mucho tiempo en que su silencio ingenuamente fue entendido a manera de reflexión por quien te escribe. Se percibe en ellas un grado de soberbia no menor, amparado en su autoridad y las heridas heredadas de la institución que orgullosamente exhibe en su escudo arzobispal.

El mismo tiempo de silencio cómplice y nada reflexivo por parte de Mons. Eguren, fue el que me tomé para entender en su profundidad los daños ocasionados en mi persona en los años en que permanecí en el SCV. Fui de los que salió agradeciendo y de los que permanecí cercano a los varios trabajos apostólicos, pero que hoy los entiendo como una manera de saldar la culpa por mi “traición” al salir de la institución para responder a una vocación “menor”, justamente lo citado en el punto seis de la carta firmada.

Hoy comprendo la intención de los denunciantes al describir al Sodalicio como una organización criminal. Me sigue generando rechazo pero entiendo que es la manera de encontrar justicia terrena contra quienes fueron causantes de mucho sufrimiento. Hoy también comprendo la insistencia de los periodistas y víctimas del SCV al seguir denunciando los abusos, y la común falta de comprensión y empatía con quienes ven en ello una manera de ganarse portadas en los diarios. La insistencia en estos casos son los que permitieron conocer lo que sabemos hoy en Perú, Argentina, Chile, Australia, Estados Unidos, por mencionar algunos.

También quiero señalar que hoy, después de haber hablado con varios ex miembros, algunos firmantes del documento citado, me señalaron que no lo volverían a hacer pues entendieron que ello sólo alimentaba la ceguera y soberbia de los que, como Mons. Eguren, siguen la corriente “negacionista” dentro y fuera del Sodalicio. Por otra parte y en honor a la verdad, quisiera informarte que de varios de ellos y en momentos diferentes me comentaron una situación de la cual yo no estaba enterado y de que me sentí utilizado y engañado. Algunos ex miembros del SCV que tenían la intención de firmar y otros que finalmente lo hicieron, se refirieron a que esta carta fue la consecuencia de una discusión entre uno de los denunciantes y uno de los firmantes, tenía tintes de problemas personales. En palabras de quienes me hicieron saber esto, la carta fue una cierta venganza para desacreditar la denuncia y, como escribí, de la que nos hicieron parte de forma utilitarista.

En todo caso, estimado Martín, quiero hacerte saber que hoy, aunque mi nombre esté dentro de la lista, no comparto el contenido ni el uso de la misma de la manera ya citada.

Te pido mantener en reserva mi nombre para no acrecentar el sufrimiento de mi familia, los que al igual que varias otras, son víctimas secundarias de todo esto y de los que lamentablemente no se sabe mucho.

Abrazo, uno de los 47, que hoy no firmaría el documento.

¿COMPLICIDAD Y ENCUBRIMIENTO? – RESPUESTA A MONS. EGUREN

jose_antonio_eguren

Querido José Antonio:

Habiendo recibido la carta en que me solicitas rectificación de cierta información contenida en mi columna MONS. EGUREN, LA FACHADA RISUEÑA DEL SODALICIO, accedo a corregir cualquier información que demuestre ser inexacta o difamatoria, según la documentación que me has enviado.

Quisiera aclararte antes que nada que sólo me hago responsable de lo que digo y no de lo que entiendan los lectores. El uso del condicional suele ser una invitación al lector crítico para que saque sus propias conclusiones, en lugar de transmitirle una idea mascada y digerida que debería aceptar sin esfuerzo de su parte. Asimismo, implica de parte del que escribe una actitud abierta a precisiones ulteriores o correcciones. Una frase en condicional no es una afirmación tajante e indubitable, y si así lo entiende el lector, no se le puede atribuir la responsabilidad de ello al que escribe.

Por otra parte, cuando menciono que en tu escudo episcopal está la espada flamígera con la “M” de María, en ningún momento digo que seas el único donde esto ocurre. La mención de este dato se hace sólo para ilustrar tu identificación con el Sodalicio de Vida Cristiana. Tus referencias a Luis Fernando Figari y Germán Doig en palabras pronunciadas públicamente por ti, independientemente de que entonces no se supiera nada de los abusos sexuales cometidos por ambos, muestran la cercanía que tenías con ambos, no implicando necesariamente complicidad con sus delitos sexuales. No se trata en ninguna de estas cosas de «afirmaciones arbitrarias» que atribuya sólo a tu persona —como indicas en tu carta notarial— y, por lo tanto, no veo qué haya que rectificar aquí.

Entiendo que aún te sientes orgulloso de pertenecer al Sodalicio de Vida Cristiana, destacando en tus datos biográficos en la pagina web del Arzobispado de Piura que eres «uno de los miembros de la generación fundacional de esta Sociedad de Vida Apostólica de derecho pontificio». Asimismo, se señala de ti en tercera persona que «el 9 de julio de 1981 realizó sus compromisos perpetuos de plena disponibilidad apostólica en el Sodalicio de Vida Cristiana» y que «tras su ordenación sacerdotal [18 de diciembre de 1982], Monseñor Eguren realizó diversas labores de animación apostólica y espiritual en el Sodalicio».

Por eso mismo, afirmar que fuiste por poco tiempo superior de una comunidad sodálite y posteriormente asistente de espiritualidad en el Consejo Superior del Sodalicio no constituiría de ninguna manera información agraviante para ti, sino más bien motivo de orgullo. A no ser que consideres que el Sodalicio es en sí mismo un sistema perverso y el simple hecho de ocupar un puesto de responsabilidad mellaría la honra de cualquiera. Por lo tanto, a lo más podría tratarse en lo que afirmo de información supuestamente inexacta, pero de ninguna manera agraviante o que te cause perjuicio.

Me envías copia de un diploma del Instituto Teológico Pastoral del CELAM (Medellín, Colombia), que «confiere el presente Diploma a JOSÉ ANTONIO EGUREN ANSELMI quien durante el año de 1982 participó en los Cursos de Pastoral Fundamental y Espiritualidad – Liturgia», para tratar de demostrar que todo ese año estuviste en Medellín. Pero obvias mencionar que tanto actualmente como en ese entonces cada uno de esos cursos tenía una duración de uno o a lo más dos meses y se dictaban durante el segundo semestre del año. Con absoluta certeza, puedo afirmar que tú fuiste superior de la comunidad Nuestra Señora del Pilar (Barranco) antes de ser sustituido por Alfredo Garland, debido a que tenías que viajar a Colombia. Te recuerdo vívidamente en el comedor, con guayabera clara y pantalón oscuro, sentado a la mesa en la silla del superior, rodeado de otros sodálites, entre los cuales estaban José Ambrozic, Virgilio Levaggi, Alejandro Bermúdez, Alberto Gazzo, Alfredo Draxl, Eduardo Field, Juan Fernández, yo mismo y alguno que otro más cuyo rostro y nombre he olvidado.

Recuerda que el puesto de superior de una comunidad era un cargo de confianza que Figari otorgaba sólo a aquellas personas que estuvieran en condiciones de aplicar el sistema de disciplina sodálite que él había ideado.

Para que me retracte respecto a la afirmación de que fuiste superior de comunidad, sería necesaria otra documentación probatoria, pues la que me has enviado es insuficiente y no prueba nada. Te agradecería que me hicieras llegar copia de un certificado de estudios del Instituto Teológico Pastoral del CELAM indicando los tiempos en que se dictaron los cursos de los cuales participaste, o que recurras a los archivos del Sodalicio buscando registros de esa época indicando con fecha quiénes fueron los superiores de la comunidad Nuestra Señora del Pilar (Barranco). O mejor sería que me enviaras copia de tu registro migratorio.

Asimismo, sería bueno también que me envíes copia de los registros que supuestamente estarían en los archivos del Sodalicio, indicando quiénes formaron parte del Consejo Superior del Sodalicio desde el año 1978 hasta el año 2001, en que fuiste ordenado obispo. Sólo así podríamos estar seguros de que nunca formaste parte de «la instancia de gobierno del Sodalicio» —como señala la página web oficial de la institución—, pues hay varios testimonios que te recuerdan como asistente de espiritualidad durante un tiempo.

Por otra parte, en esa misma página web también se dice que «la máxima autoridad del Sodalitium es la Asamblea General, que representa a todos los sodálites y es un signo de la unión en la caridad. Esta se reúne ordinariamente cada seis años y son de su competencia todos los asuntos relacionados a la Sociedad, en especial la elección del Superior General y de los miembros de su consejo».

¿No te reconoces en esta foto de la II Asamblea General (diciembre de 2000), que muestra a lo que se considera la cúpula del Sodalicio? Y digo “cúpula”, porque es el mismo término que utilizó la Comisión de Ética para la Justicia y la Reconciliación en su Informe Final.

ii_asamblea_general_del_sodalicio

¿No se te ve en esta otra foto de la IV Asamblea General (noviembre-diciembre 2012), presidiendo una celebración litúrgica?

iv_asamblea_general_del_sodalicio

En todo caso, no dudo de que podrás acceder a la documentación que te solicito, considerando que me has enviado copia de un documento que yo autoricé que se le enviara al Sodalicio, a saber, el informe sobre mi caso emitido por la Comisión de Ética para la Justicia y la Reconciliación, en los términos establecidos por la misma Comisión, según e-mail del 16 de abril de 2016 que recibí de Janet Odar, Secretaria Técnica de la Comisión:

«…el informe individual consiste en un resumen de los hechos denunciados identificando al denunciante, denunciados, solicitud efectuada a la Comisión y recomendaciones que esta efectúa respecto de su caso particular a fin que sean implementadas por el SCV.

En tal sentido, a fin de poder requerir al SCV la implementación de las recomendaciones formuladas, la Comisión ha previsto remitir a dicha organización únicamente el informe individual correspondiente a su caso, salvo que Ud. no autorice dicha entrega, motivo por el cual agradeceremos se sirva indicarnos si brinda o no la autorización en mención».

No entiendo como tú, una persona que actualmente no goza de ningún cargo de autoridad en el Sodalicio, has podido acceder a este documento a fin de utilizarlo para otros fines que los previstos y, además, hacerlo público sin mi consentimiento. Se trata, por decir lo menos, de una falta de ética grave.

A partir de este hecho he de inferir que sigues gozando de cierta autoridad o ascendencia en la institución —o tienes vara, como se diría en lenguaje coloquial—. Y no deja de llamar la atención que lo utilices para tratar de demostrar tu inocencia, sin importarte el hecho de que, en mi caso personal, el Sodalicio no cumplió con ninguna de las recomendaciones contenidas en él. Más aún, ni siquiera tuvo el decoro de reconocerme como víctima.

Sobre la base de que tu nombre no aparece en el listado de denunciados, me dices que «usted no me denunció ante la “Comisión de Ética para la Justicia y la Reconciliación” como autor de algún acto de abuso, ni como encubridor de la cultura de abuso». En realidad, lo que menos me interesaba en ese momento era denunciar a personas, como lo expresé en un e-mail del 19 de enero de 2016 a la Comisión:

«Aclaro que la denuncia no es contra personas individuales sino contra el Sodalicio, pues fue el sistema institucional sodálite plasmado en una doctrina y una disciplina los que permitieron que se cometieran en perjuicio mío los abusos que detallo en el documento, creando el marco necesario para que ello ocurra».

No obstante, sí te mencioné en la denuncia que le envié tanto a la Comisión como a la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica:

«En diciembre de 1992, en la Comunidad Nuestra Sra. del Pilar, que se había trasladado nuevamente a Barranco, Alfredo Garland me castigó con no participar de las reuniones recreativas de la comunidad por tiempo indefinido, debido a que grabé cassettes para uso personal usando sus CDs de música clásica en su reproductor de CDs y sin su permiso. Debo indicar que los simples miembros de las comunidades teníamos entonces prohibido, por orden expresa de Luis Fernando Figari, escuchar todo tipo de música, salvo la que fuera de carácter religioso. Esa orden no se aplicaba a los superiores, que podían escuchar la música que creyeran conveniente. Un domingo, tarde en la noche, en que la comunidad estaba reunida en la salita destinada a estos fines, yo estaba fuera y debido al cansancio, me eché un rato a descansar en mi cama y me quedé dormido. Fui despertado violentamente por Alfredo Garland y José Antonio Eguren, y a modo de castigo, se me ordenó estar confinado en una habitación separada del resto de la casa, con prohibición de salir si no era para ir al baño, prohibición de hablar con cualquier miembro de la comunidad que no fuera José Antonio Eguren, prohibición de leer cualquier otra cosa que no fuera la Biblia y los escritos de autores espirituales que se proporcionara para hacer un retiro espiritual que me hiciera cambiar de actitud y me llevara a corregir mis “malos comportamientos”».

José Antonio, tu fuiste testigo y cómplice del maltrato de que yo fui objeto, que finalmente ocasionó que huyera en la madrugada a San Bartolo para pedir ayuda a una persona de confianza y, finalmente, terminara pasando siete angustiosos meses allí, deseando cada día que me sobreviniera la muerte. Y créeme cuando te digo que me demoré más de una década en procesar la experiencia y finalmente comprender que lo que me hicieron se trataba objetivamente de un abuso, cosa que al parecer tú todavía no has comprendido. Pues nunca has tenido ningún gesto de empatía, ninguna palabra de conmiseración hacia ninguna de las víctimas del Sodalicio, así como tampoco te has pronunciado nunca sobre Figari, Doig y compañía tras hacerse públicos los graves abusos de todo tipo que habían cometido. No has contribuido en nada a esclarecer los abusos psicológicos y físicos, pudiendo haberlo hecho.

Más aún, como me han confirmado varias personas, a poco de aparecer las denuncias de José Enrique Escardó en el año 2000, se convocó una reunión de adherentes (sodálites casados) en el Centro Pastoral Nuestra Señora de la Evangelización (San Borja) y tú les dijiste que todo lo que contaba Escardó era mentira y que no se podía decir lo contrario. Yo, si bien seguía siendo sodálite en ese entonces, al enterarme de esto admití para mis adentros que Escardó no mentía y así se lo comuniqué a varias personas amigas, aun cuando no estuviera de acuerdo con la forma en que Escardó hizo su denuncia. Tú, en cambio, hasta ahora no has admitido nada, mucho menos le has pedido disculpas a Escardó —reconocido oficialmente como víctima por el Sodalicio— por lo que le hiciste.

Te creo si dices que no sabías nada de los abusos sexuales perpetrados por las cabezas del Sodalicio y otros miembros de jerarquía inferior. Pero respecto a maltratos psicológicos y físicos —los cuales durante mucho tiempo nos acostumbramos a ver como normales debido al formateo mental que todos hemos sufrido en el Sodalicio—, ¿puedes decir que no viste nada? ¿No vivimos ambos en la misma comunidad en Nuestra Señora del Pilar, no sólo en Barranco sino también cuando temporalmente funcionó en La Aurora (Miraflores), y también en la comunidad de San Aelred (Magdalena del Mar)? Yo vi a miembros de comunidad castigados durmiendo en la escalera. ¿No los viste tú? Vi a varios obligados a tener que alimentarse sólo de pan y agua —o peor, de lechuga y agua— durante días. ¿No los viste tú también? En reuniones nocturnas donde tú también estabas presente vi también como se forzaba a los miembros de comunidad a revelar sus interioridades, sin ningún respeto por su derecho a la intimidad, muchas veces siendo objeto de humillaciones y de un lenguaje procaz y ofensivo. ¿Lo has olvidado? Yo te he visto contribuir a castigar con la ingestión de mezclas repugnantes de comida (postres mezclados con condimentos salados y picantes) a sodálites que estaban de prueba en la comunidad de San Aelred, bajo la responsabilidad de Virgilio Levaggi. ¿Te falla la memoria? Cuando yo estaba en San Bartolo en el año 1988, tú visitabas con frecuencia la comunidad para celebrar Misa y oír confesiones. Después te quedabas a comer y en las conversaciones te enterabas de las cosas que se hacían en San Bartolo. ¿Hasta ahora no has captado que varias de esas cosas eran abusos y maltratos? ¿Acaso no estuviste siempre de acuerdo con que nosotros, miembros de comunidad, mantuviéramos la mayor distancia posible hacia nuestros padres? Asimismo, cuando eras superior en Barranco, no podía llamar por teléfono ni salir a la esquina si no tenía permiso tuyo. Quien se ausentaba de la casa sin permiso era después severamente castigado. ¿No era esto una especie de coerción de nuestra libertad?

Y como corolario de todo esto, siempre gozaste de la confianza de Luis Fernando Figari, fuiste dócil para implementar todas las medidas dispuestas por él —que aplicaste fielmente en las «labores de animación apostólica y espiritual en el Sodalicio» que se mencionan en tu biografía— y nunca te manifestaste en contra de sus excesos y su estilo de vida hedonista —muy distinto al régimen espartano de vida que teníamos los sodálites ordinarios de las comunidades—, así como tampoco lo hiciste en contra de su lenguaje procaz y ofensivo y sus actitudes humillantes hacia varios hermanos de comunidad. Ni siquiera ahora ni en tiempos recientes, cuando ya mucho ha salido a la luz, has pronunciado una sola palabra al respecto.

Esto se condice con lo que señala el Informe Final de la Comisión de Ética para la Justicia y la Reconciliación:

«El comportamiento del superior general Luis Fernando Figari, estaba determinado básicamente por dar órdenes que no podían ser cuestionadas, el uso de un lenguaje vulgar y soez, el ejercicio de una dinámica independiente de la comunidad, el control de todas las actividades al interior de la institución y de la vida personal de sus miembros. Asimismo, se evidencia que los integrantes de la cúpula que entonces acompañaba a Luis Fernando Figari, con su silencio obsecuente, aprobaban esa conducta, pese a revelarse contraria al más elemental propósito de vida cristiana» (II, 4).

En ese sentido, no resulta gratuito afirmar que contribuiste «a implementar y aplicar las medidas de sometimiento mental que forman parte del sistema de disciplina sodálite», considerando que en tus funciones ad intra del Sodalicio siempre buscaste ser fiel a todas las directivas de Figari sin excepción.

De todos modos, no sé en qué medida eras consciente de lo que implicaban estas cosas en el momento de hacerlas y, conociéndote, no dudo de que hayas actuado de buena voluntad, por lo cual, retractándome de lo que dije en mi columna anterior, no puedo ahora afirmar con certeza que seas cómplice y encubridor. Pero independientemente de tus intenciones, lo que has hecho se parece objetivamente mucho a eso.

Respeto a la carta de 47 ex sodálites del 1° de junio de 2016, que fue un intento de desacreditar la denuncia que se presentó en contra de algunos miembros del Sodalicio por asociación ilícita para delinquir, secuestro y lesiones graves, ya he comentado al respecto en dos artículos que publiqué en mi blog —LA CORTE DE LOS 47 y LA VERGÜENZA PERDIDA—, a los cuales te remito.

A tu favor resta decir que eres un hombre muy simpático cuando te lo propones, cariñoso y sentimental, con aptitudes y cualidades para ser un buen pastor de la Iglesia —siempre y cuando el Sodalicio no esté de por medio— y que nunca te vi maltratar a nadie físicamente en el Sodalicio. Por eso mismo, mi mujer y yo te elegimos para que celebraras nuestro matrimonio, en una ceremonia que fue realmente hermosa. Sin embargo, mi amistad contigo no debería ser obstáculo para señalar los vicios en que has incurrido. Pues, como decía Aristóteles: «Soy amigo de Platón, pero soy más amigo de la verdad».

Y uno de esos vicios es haber comunicado a terceros nuestra constancia de matrimonio religioso, un documento oficial con datos personales que no tienen por qué ser de conocimiento público. Además, este documento no guarda ninguna relación en absoluto con el contenido del artículo periodístico que cuestionas, y solamente lo usas en aras de una especie de chantaje sentimental. Sin ninguna consideración ni respeto, te zurras en el deseo de mi mujer de mantenerse al margen de los asuntos del Sodalicio y la metes gratuita y arteramente en la colada, generándole una crisis de nervios. Esto me parece una canallada. ¿Quieres defender tu honra y haces algo que va en detrimento de ella? No lo entiendo.

Además, negar aquellos hechos que son evidentes no contribuye en nada a resguardar tu honra, sino que la daña aún más, así como el hecho de que denuncies penalmente o amenaces a quienes somos víctimas del Sodalicio y hemos arriesgado nuestra salud, tranquilidad, honra y reputación para que la verdad salga a la luz. Todavía estás a tiempo para comportarte dignamente, pidiéndole disculpas a las víctimas y contribuyendo con tu testimonio a esclarecer aún más la verdad sobre los abusos sistemáticos ocurridos en el Sodalicio. En tu posición, mantener silencio al respecto sólo mellará aun más tu honra. Y eso será únicamente de responsabilidad tuya.

Atentamente,

Martin Scheuch

(Carta abierta publicada en Altavoz el 27 de agosto de 2018)

________________________________________

FUENTES

Altavoz
Carta notarial de Mons. José Antonio Eguren por columna de Martin Scheuch (24 de agosto, 2018)
https://altavoz.pe/2018/08/24/117852/carta-notarial-de-mons-jose-antonio-eguren-por-columna-de-martin-scheuch/

Comisión de Ética para la Justicia y la Reconciliación
Informe Final (abril de 2016)
http://comisionetica.org/blog/2016/04/16/informe-final/

________________________________________

POST SCRIPTUM (29 de agosto de 2018)

La reunión con adherentes sodálites, en la cual José Antonio Eguren afirmó que todo lo que contaba José Enrique Escardó en sus artículos en la revista Gente era falso, se realizó en el Centro Pastoral Nuestra Señora de la Evangelización (San Borja) y no en la Parroquia Nuestra Señora de la Reconciliación (Camacho), como yo había puesto originalmente en mi carta —dato que ya ha sido corregido—. Así lo confirma el testimonio en Facebook del ex adherente sodálite Gerardo Barreto, quien reside actualmente en Estados Unidos, y que reproduzco aquí con ligeras correcciones de redacción:

«La reunión fue en el Centro Pastoral de San Borja, no en la Parroquia. Y lo sé porque yo fui uno de los que estuvo allí.

Ésa fue una reunión donde se nos mintió (“todo lo que escribe Escardó es falso”) y se nos instruyó a mentir (“y eso es lo que todos debemos decir”).

Recuerdo claramente la sensación de asco que me dio esto; sin embargo, en el esquema sodálite decidí racionalizar y darle el beneficio de la duda al “cura gordo”, como le llamábamos en esa época.

 ¡Yo tenía claro que lo que decía José Enrique Escardó era cierto! Fuera de contexto y narrado con mala intención, PERO CIERTO.

En esos día fue a Lima un amigo ex sodálite y le enseñé los escritos antes mencionados. Él se mató de risa (pues su fortaleza le ayudo a salir ileso de sus experiencia sodálite y San Bartolo fue casi una diversión para él), y me comentaba riéndose que la grada 17 fue su cama por meses… que hasta le agarró cariño a esa grada. Lo cual de alguna manera abona a mi comentario de que todo lo que escribía Escardo era cierto. Y que la reacción oficial del SCV fue la de la mentira».

 

PERIODISMO Y ÉTICA: A 30 AÑOS DE LA CRISIS DE REHENES DE GLADBECK

crisis_de_rehenes_de_gladbeck_1988

Dieter Degowski apuntando a la cabeza de Silke Bischoff mientras da una entrevista (Colonia, 17 de agosto de 1988)

El periodismo, un oficio que ha vivido episodios gloriosos e importantes a lo largo de su historia, también ha tenido momentos vergonzosos y lamentables debido a la falta de ética de algunos de sus representantes.

Este 18 de agosto se cumplieron 30 años de uno de estos incidentes sombríos: la crisis de rehenes de Gladbeck, pequeña ciudad alemana ubicada en Renania del Norte-Westfalia.

El 16 de agosto de 1988, Hans-Jürgen Rösner (31) y Dieter Degowski (32), amigos desde la edad escolar y cómplices de fechorías, ingresan con armas de fuego a las 7:55 de la mañana en la agencia del Deutsche Bank de Gladbeck. Sólo estaban allí un cajero y una asesora, ninguno de los cuales tenía la llave de la caja fuerte, por lo cual los atracadores deciden esperar al gerente de la sucursal. Cuando avistan un coche de la policía ante el local, la cual había sido advertida por un médico que tenía su consultorio en el mismo edificio, Rösner y Degowski toman de rehenes a los dos empleados y se atrincheran en el banco.

Lo que seguiría sería una sucesión de transgresiones a la ética periodística a lo largo de tres días, las cuales estorbarían el trabajo de la policía, impedirían una acción efectiva para terminar lo más pronto con el incidente, pondrían en riesgo vidas inocentes, siendo el saldo final de tres muertos.

El primero que se comunicó con los delincuentes fue un periodista del canal RTV plus, quien llamó a la agencia y le hizo una entrevista telefónica a uno de los secuestradores. A este periodista fue a quien le plantearon sus exigencias: 300,000 marcos y un automóvil para huir con los rehenes. La policía cumplió y a las 21:45 de la noche, bajo el foco de las videocámaras periodísticas, Rösner y Degowski —a quien se les unió Marion Löblich, la novia de Rösner— iniciarían un recorrido que los llevaría hasta Bremen, a unos 240 kilómetros al norte de Gladbeck, donde en la noche del 17 de agosto secuestrarían un autobús, tomando a 29 pasajeros de rehenes. Varios periodistas logran entrar con cámaras al vehículo y, con la anuencia de los secuestradores, toman fotos de hombres y mujeres, sin ninguna consideración a la angustia mortal que estaban experimentando, además de entrevistar a los secuestradores mientras sostenían sus armas contra las cabezas de los dos rehenes originales, que serían liberados poco después esa misma noche. La noticia se había convertido en un espectáculo para los medios.

Cuando en un restaurante de carretera en dirección de Hamburgo, Marion Löblich es detenida por la policía en el momento en que iba al baño, los secuestradores amenazan con matar rehenes si no la dejaban libre. Löblich es liberada, y aún así Degowski hiere mortalmente de un tiro en la cabeza al joven Emanuele de Giorgi (14). Esa misma noche muere el policía Ingo Hagen (31), asignado al caso, cuando su vehículo choca frontalmente contra un camión.

En el autobús los secuestradores cruzarían la frontera neerlandesa en horas de la madrugada del 18 de agosto, donde dejarían libres a los pasajeros a cambio de un automóvil ofrecido por la policía alemana, llevándose como rehenes sólo a Silke Bischoff (18) y a su amiga Ines Voitle.

Ese mismo día vuelven a cruzar la frontera, dirigiéndose hacia Colonia, donde en la zona peatonal, rodeados por un pelotón de periodistas, dan una conferencia de prensa desde el vehículo. En algunas fotos se puede apreciar a Degoswki sosteniendo una pistola contra la cabeza de Silke Bischoff mientras responde a las preguntas de los periodistas. Incluso un periodista se subió al automóvil de los secuestradores y durante una hora los guió hacia la autopista.

Poco después del mediodía el vehículo se dirigió hacia Frankfurt. Tras lograr chocarlo con un vehículo blindado y dejarlo inutilizado, la policía se engarzó en un tiroteo con los secuestradores, durante el cual murió Silke Bischoff herida por una bala proveniente del arma de Rösner.

Como resultado de la vergonzosa conducta de numerosos periodistas, que en aras del sensacionalismo mediático contribuyeron a potenciar un delito en vez de ponerle freno, el Consejo Alemán de Prensa decidió ampliar el Código de Prensa con la prohibición para cualquier periodista de entrevistar a los secuestradores durante una crisis de rehenes en proceso y de iniciar negociaciones con ellos por cuenta propia.

La gran lección que muchos aún no han aprendido es que un periodismo sin ética ni respeto por las víctimas de un acto criminal es tan condenable como el crimen mismo.

(Columna publicada en Altavoz el 20 de agosto de 2018)

________________________________________

FUENTES

Wikipedia (en alemán)
Geiselnahme von Gladbeck
https://de.wikipedia.org/wiki/Geiselnahme_von_Gladbeck

SPIEGEL Online
Gladbecker Geiseldrama: “Ein Fall, der an die Nerven ging” (15.08.2018)
http://www.spiegel.de/einestages/gladbecker-geiseldrama-1988-ein-fall-der-an-die-nerven-ging-a-1222984.html

ZEIT Online
Geiselnahme von Gladbeck: Gaffen, auch wenn Menschen sterben (16. August 2018)
https://www.zeit.de/wissen/geschichte/2018-08/geiselnahme-gladbeck-hans-juergen-roesner-dieter-degowski-medien-skandal

MONS. EGUREN, LA FACHADA RISUEÑA DEL SODALICIO

ordenacion_sacerdotal_de_jaime_gomez

Mons. José Antonio Eguren (centro), rodeado de algunos miembros del Sodalicio —de izquierda a derecha: los sacerdotes Jaime Baertl, Jaime Gómez, Jorge Olaechea y el laico consagrado Fernando Vidal— después de la misa de ordenación sacerdotal de Jaime Gómez (Piura, 15/10/2016)

Mons. José Antonio Eguren es un hombre simpático y bonachón, con carisma y don de gentes, la sonrisa siempre a flor de labio, comprometido con su labor pastoral. Pero también está comprometido hasta la médula con el Sodalicio, uno de cuyos símbolos —la espada flamígera— figura en lugar destacado en su escudo episcopal.

Las pocas veces en que se ha manifestado sobre los escándalos del Sodalicio es para requerir que «su buen nombre sea respetado, un derecho que tiene todo individuo, y que se condice con el buen periodismo» (comunicado del 18 de mayo de 2016) o para exigirle mediante carta notarial del 20 de marzo de 2018 al periodista Pedro Salinas que se rectifique, pues el «derecho [a la libertad de opinión] no es irrestricto, sino que se debe ser muy cuidadoso de no dañar las honras ajenas».

Nunca ha tenido palabras de conmiseración hacia las víctimas. En enero de 2018 declaró que la intervención del Sodalicio sirve «para ayudar a superar los momentos difíciles que está viviendo [la organización]», haciendo la vista gorda de los momentos difíciles que hasta ahora viven los afectados por el Sodalicio.

No tenemos motivo para dudar de la honra que Mons. Eguren pueda haberse ganado con su labor estrictamente pastoral en la arquidiócesis de Piura. Sin embargo, en honor a la verdad hay que decir que su honra ya viene dañada desde el mismo momento en que formó parte de la cúpula del Sodalicio y contribuyó a implementar y aplicar las medidas de sometimiento mental que forman parte del sistema de disciplina sodálite.

Recuerdo que en algún momento del año 1982 fue por algunos meses superior de la comunidad Nuestra Señora del Pilar (Barranco) —es decir, el responsable de verificar que se aplicaran las medidas disciplinarias, incluidos castigos— y posteriormente también formó parte del Consejo Superior del Sodalicio.

Una vez que estaba de visita en la comunidad de San Aelred (Magdalena del Mar), durante la comida Virgilio Levaggi le ordenó a uno de los muchachos a su cargo que hiciera una mezcla repugnante con su postre —algo así como echarle ketchup, sal y pimienta a su arroz con leche— y se lo comiera. Eguren no sólo ayudó a hacer la mezcla, sino que aplaudió la ocurrencia, acompañándola de sonrisas cachosas y comentarios burlones.

Como uno de los curas que asistían con regularidad a las comunidades de San Bartolo para celebrar misa y oír confesiones, con frecuencia se quedaba allí a comer y así se enteraba de lo que ocurría en esas comunidades. Incluso habría sido testigo de algunos abusos y maltratos, aunque en esos momentos nadie, ni siquiera él, los consideraba como tales, debido a la perversa normalización de estas prácticas que había —y seguiría habiendo actualmente— en el Sodalicio.

Cuando en diciembre de 1992 intempestivamente se decidió en la comunidad de Barranco aislarme por tiempo indefinido en una habitación separada del resto de la casa, con permiso sólo para ir al baño y hablar exclusivamente con Eguren, éste colaboró entusiastamente en trasladar mis pocos bártulos del dormitorio común en el que me había quedado dormido esa noche hasta mi nuevo recinto de reclusión. Por supuesto que aprobó esta disposición emitida por el superior Alfredo Garland, la cual culminaría en mi huida de la casa durante la madrugada y una estadía de siete meses en San Bartolo acompañada de angustiosos deseos de morir.

Él mismo ha manifestado su cercanía con Germán Doig y Luis Fernando Figari:

«¡Cómo no recordar con afecto a mi amigo Germán Doig, amigo mío desde los cinco años de edad…!» (Ordenación episcopal, 7/4/2002)

«Gracias especialmente a ti, Luis Fernando, mi Padre fundador…» (Toma de posesión de la arquidiócesis de Piura, 22/8/2006)

Su talante diplomático y adulador, unido a su natural simpatía, han hecho que Mons. Eguren sepa cultivar buenas relaciones con las autoridades de turno, las fuerzas armadas y policiales e incluso con representantes del poder judicial. La fiscal Peralta, católica devota, decidió arbitrariamente excluirlo de la primera denuncia penal en contra del Sodalicio sin presentar ningún argumento.

Mientras siga callando lo que sabe y no decida distanciarse críticamente del Sodalicio —como si lo estaría haciendo el otro obispo sodálite, Mons. Kay Schmalhausen—, Mons. Eguren seguirá siendo un vulgar cómplice y encubridor.

(Columna publicada en Altavoz el 13 de agosto de 2018)

________________________________________

FUENTES

Monseñor José Antonio Eguren Anselmi, S.C.V.
Mar adentro. Con los remos y con las velas (Vida y Espiritualidad, Lima 2007)

Arzobispado de Piura
Comunicado (18 de mayo de 2016)
https://web.archive.org/web/20170114104551/http://arzobispadodepiura.org/arzobispo/comunicados/comunicado-2/

Radio Cutivalú
Monseñor Eguren: Sodalicio siempre ha cooperado con las investigaciones (12 enero, 2018)
http://www.radiocutivalu.org/monsenor-sodalicio-siempre-ha-cooperado-las-investigaciones/

Pedro Salinas
La carta del sodálite Eguren (22/03/2018)
https://lavozatidebida.lamula.pe/2018/03/22/la-carta-del-sodalite-eguren/pedrosalinas/

HUMILLADAS Y OFENDIDAS EN LA IGLESIA CATÓLICA

las_humilladas

Fotograma de “Las inocentes / Las humilladas” (Felipe Cazals, 1986)

El martes 24 de julio el programa de investigación periodística Informe Especial de Televisión Nacional de Chile, emitió —bajo la conducción de Paulina de Allende-Salazar— un reportaje sobre cinco ex-religiosas de las Hermanas del Buen Samaritano, dando cuenta de los abusos a que fueron sometidas en esa congregación que tiene su sede principal en Molina, localidad ubicada en la Región del Maule en la zona centro de Chile. Abuso sexual perpetrado por sacerdotes que atendían espiritualmente a las hermanas, pero también maltratos psicológicos y abusos laborales, convirtiéndolas en sirvientas a tiempo completo sin remuneración alguna y sin beneficios sociales. En otras palabras, esclavas.

Uno de los aspectos destacables es que, en un país donde el alcance de los abusos cometidos por representantes de la Iglesia católica ha llevado a que todo el episcopado tuviera que presentar sus cartas de renuncia, por fin se hace visible el abuso eclesiástico cometido contra mujeres. Pues hasta entonces, en la mayoría de los casos conocidos, las víctimas eran masculinas.

El esquema es el mismo. Y el abuso de origen palidece cuando se constata lo que viene después. Pues el maltrato hacia las víctimas y el encubrimiento posterior suelen dejar heridas más profundas.

Así queda plasmado en esa hermosa película, caída inexplicablemente en el olvido, conocida como Las inocentes o Las humilladas (1986), del reconocido cineasta mexicano Felipe Cazals.

En el siglo XIX, cuatro religiosas son violadas por muchachos campesinos cuando atraviesan el campo. Habiendo salido preñadas, la superiora decide entonces enviarlas a un convento más apartado, donde puedan dar a luz a sus hijos. Pero donde son sometidas también a un encierro sin escapatoria posible para hacerlas prácticamente “invisibles” a los ojos de otras hermanas y del mundo. Con el pretexto de salvar sus almas y su vocación, son sometidas a un régimen estricto y se las aísla para evitar cualquier comunicación con familiares y conocidos, impidiéndoles tomar decisiones. Incluso a una de ellas se le interceptan todas las cartas que envía su padre, que son leídas sin su conocimiento en el refectorio por la madre superiora, interpretando sus deseos de libertad como tentaciones del demonio. Y lo que no sospechan es que apenas nazcan, sus bebés les serán arrebatados mientras duermen y entregados a otros para que los eduquen, y así ellas puedan mantener su vocación religiosa.

Si bien en la película el abuso originario no fue cometido por ningún religioso o sacerdote, queda en evidencia la enfermedad del sistema eclesiástico, que castiga y victimiza aún más a quienes son víctimas. Y peor aun si se trata de mujeres.

En el guión, algunos diálogos van a lo esencial y no tienen pierde:

— Dios les salvó la vida.
— ¿Y quién nos va a salvar de la vida?
— Sé lo que han sufrido. Son pruebas que Dios nos envía.
— Si Él nos prueba, nosotras también podemos probarlo.

— Dios aprieta, pero no ahoga.
— Con lo duro que aprieta, no hace falta que ahogue.
— Dios en su gran sabiduría hace que sus siervas seamos de hierro.
— Pero el hierro se descompone, se pica, se pudre, y eso no lo puede permitir. Si nos pudrimos, morimos, y si nos morimos, Él ya no existe.

— No quiero vivir en el libertinaje, pero tampoco quiero morir esclava.

— Debemos llorar, debemos gritar la injusticia y la ingratitud. Callar es aceptar un dios pasivo, en el que ya no creo.

Las ex-religiosas chilenas han mantenido la fe pero no han callado. Lo cual se agradece de todo corazón.

(Columna publicada en Altavoz el 30 de julio de 2018)

________________________________________

FUENTE

Informe Especial: «El fin del silencio: “No somos esclavas, somos mujeres”» (24/07/2018)