MARX Y MARX

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Karl Marx (1818-1883)

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Card. Reinhard Marx (1953- )

 El 5 de mayo la ciudad de Tréveris (Trier, en alemán), ubicada en Renania-Palatinado —el estado federal donde yo vivo— celebró el bicentenario del nacimiento de Karl Marx, no sin que se generara cierta controversia al respecto. Pues las opiniones estaban divididas entre quienes decían que había que homenajear al genial filósofo, revolucionario, pensador social y economista, y quienes protestaban debido a que su pensamiento había inspirado regímenes dictatoriales que habían pisoteado derechos fundamentales y cargaban un número incalculable de muertos sobre sus espaldas.

Pero como señaló la socialdemócrata Malu Dreyer, actual jefa de gobierno de Renania-Palatinado, «no podemos responsabilizar a Marx de los crímenes cometidos en su nombre».

Lo cierto es que 200 años después de su nacimiento en Tréveris —ciudad que incluso ha dedicado una exposición histórico-cultural en su honor—, el pensamiento de Karl Marx —que yo mismo no comparto— sigue siendo de actualidad, sobre todo por sus análisis de cómo funciona el capitalismo y de por qué la riqueza generada se construye sobre la explotación y alienación de los obreros, sin mencionar las certeras predicciones de Marx respecto a las crisis cíclicas del capitalismo.

Asimismo, Karl Marx señalo que la religión puede convertirse en un elemento que perpetúa situaciones de opresión, al adormecer las conciencias y ofrecer una felicidad ilusoria que no permite tomar conciencia de la injusticia sufrida:

«La religión es el suspiro de la criatura oprimida, el sentimiento de un mundo sin corazón, así como el espíritu de una situación sin alma. Es el opio del pueblo. Se necesita la abolición de la religión entendida como felicidad ilusoria del pueblo para que pueda darse su felicidad real».

Porque una cosa es cierta: la religión puede ser utilizada para atentar contra derechos humanos fundamentales de la persona. Lo cual ciertamente no pertenece a la esencia de religioso —como sugiere Marx—, pues una religión correctamente entendida y vivida sanamente puede constituir una experiencia liberadora que amplíe los horizontes de una persona y la lleve a un compromiso social auténtico. Siempre y cuando se sea tolerante y respetuoso hacia quienes no comparten esa experiencia.

Y eso parece haberlo entendido bien el cardenal Reinhard Marx, arzobispo de Múnich y presidente de la Conferencia Episcopal Alemana, quien se ha opuesto a que un símbolo cristiano sea utilizado políticamente en contra de la neutralidad que debe mantener el Estado.

Pues resulta que el gabinete de ministros de Baviera decidió el 24 de abril de este año que, a partir de junio, todas las entidades del estado federal deberán contar con un crucifijo visible. Markus Söder, jefe de gobierno bávaro y miembro del partido conservador Unión Social Cristiana (CSU), ha fundamentado esta medida argumentando que busca expresar la impronta histórica y cultural de Baviera y ser un reconocimiento visible de los valores fundamentales del ordenamiento jurídico y social. «La cruz no es símbolo de una religión», declaró. «Esto no constituye ninguna transgresión contra le ley de neutralidad del Estado».

No lo ve así el cardenal Marx. En declaraciones del 29 de abril al “Süddeutsche Zeitung” criticó agriamente esta decisión. Se habría generado divisiones, desasosiego y confrontaciones. «Si se ve la cruz sólo como un símbolo cultural, entonces no se la ha entendido», declaró el prelado. «Pues la cruz sería expropiada en nombre del Estado». Pero al Estado no le corresponde explicar el significado de la cruz.

En una encuesta representativa publicada ese mismo día en “Bild am Sonntag”, 64% de los encuestados se manifestaba en contra de que se colgaran crucifijos en las entidades estatales. Marx considera que este debate público es importante y debe seguir. «¿Qué significa vivir en un país de impronta cristiana?» Si es así, se debe entones practicar la inclusión con todos: cristianos, musulmanes, judíos y no creyentes.

Mons. Wolfgang Bischof, obispo auxiliar de Múnich, declaró adicionalmente que «la cruz no es símbolo de Baviera y menos aún es un logo electoral». Pues aparentemente Söder quiere ganarse la pleitesía de los bávaros con esta medida para volver a ser reelegido.

Lo cierto es que tanto el Marx comunista como el Marx católico estarían de acuerdo en que la religión no debe usarse para transgredir derechos humanos de vigencia universal.

(Columna publicada en Altavoz el 14 de mayo de 2018)

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LA VIOLACIÓN DE YOKO ONO

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Fotograma de “Satan’s Bed” (Michael Findlay, 1965)

Yoko Ono, pareja del ex-Beatle John Lennon hasta que éste fuera asesinado el 8 de diciembre de 1980 en Nueva York, nunca fue violada en la vida real. Pero sí en la ficción. Y ésta es la historia.

A fines de los años ’50 e inicios de los ’60, una serie de veredictos de la Corte Suprema de Estados Unidos permitieron la difusión comercial de películas que incluían escenas de sexo. Si bien hasta entonces sólo estaba permitido mostrar desnudos en campos nudistas, por tener contenido educativo, posteriormente los jueces determinaron que el sexo no se identificaba necesariamente con la obscenidad prohibida por ley en la conservadora sociedad norteamericana. De este modo se produjeron películas cuya única finalidad era mostrar gratuitamente desnudos femeninos —relativamente inocentes según los estándares actuales—, destinadas a los drive-ins y grindhouses —cuyo equivalente latinoamericano serían los cines de barrio dedicados a la proyección de películas de serie B —.

En 1964 el controvertido director de cine Russ Meyer (1922-2004) estrena Lorna, película en blanco y negro de ambiente rural dónde la protagonista no sólo muestra sus encantos, sino que es violada y golpeada. El film está muy lejos de ser una denuncia de la violencia contra la mujer, pues ese acto despertará el deseo erótico de la protagonista, quien —insatisfecha sexualmente con su marido— invitará al violador a su casa.

Este subgénero de películas de bajo presupuesto, donde se conjuga sexo con violencia es conocido como roughie (término derivado de la palabra inglesa rough, que significa rudo, áspero, brusco). Ciertamente, quiénes son objeto de violencia y codicia sexual son mujeres, expuestas en la pantalla para satisfacción de la audiencia mayoritariamente masculina de los grindhouses.

En 1965, el productor y director Michael Findlay (1938-1977), el más notorio de los cineastas dentro este subgénero, estrenó Satan’s Bed (La cama de Satán), protagonizada por una entonces desconocida Yoko Ono. Se trata en realidad de dos proyectos incompletos que Findlay editó más mal que bien en un sólo film en blanco y negro de poco más de una hora de duración, a fin de poder ser exhibido en los grindhouses. Y el tema recurrente es la violación y ultraje de mujeres.

En la primera historia —en realidad un film incompleto que iba a llamarse Judas City—, Yoko Ono es una inmigrante japonesa en Nueva York que se va a casar con un hombre que quiere dejar el negocio de las drogas, pero al cual se le pide a cambio que participe de un último trato. Mientras tanto su antiguo jefe, un gángster de poca monta, secuestra a la japonesa y la viola en dos ocasiones.

Y si bien nada de eso se muestra explícitamente en pantalla, en la historia paralela, que cuenta las andanzas de tres malandrines (dos hombres y una mujer), sus víctimas (bellas mujeres jóvenes) son mostradas desnudas o semidesnudas. También se muestra la brutalidad de que son objeto. Hasta que el final una de las víctimas logra escapar en ropa íntima, arrebatarle su arma a uno de los agresores (la fémina de la banda) y dar cuenta de ellos a puros balazos. No correrá la misma suerte Yoko Ono, quien tras escapar del departamento donde estaba prisionera, huirá por las calles de la gran ciudad con su victimario siguiéndole los pasos y finalmente morirá atropellada por un automóvil. El gángster mirará desde lejos a la occisa para alejarse luego, sin importarle una pizca lo que le haya pasado a quien sólo era para él un instrumento de placer.

Más de 50 años después la situación no parece haber cambiado. La violencia contra la mujer ahora nos llega a través de las pantallas de televisión o videos de Internet, y la reacción de muchos —sobre todo en sociedades machistas y conservadoras— es de indiferencia o incluso humorismo sarcástico frente a lo mostrado. Y quienes son conscientes de que no se puede permitir eso y toman la senda del activismo contestatario, suelen ser objeto de insultos, burlas y hasta agresiones de parte de los representantes del status quo. Pues, como hace más de 50 años, la violencia contra la mujer resulta con frecuencia un espectáculo disfrutable.

¿Sociedad de violadores? Si la intención es lo que vale, la respuesta es «sí».

(Columna publicada en Altavoz el 7 de mayo de 2018)

EL FRAUDE SODALICIO

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El 8 de julio de 1997 el Sodalicio de Vida Cristiana recibió la aprobación pontificia, siendo erigido como sociedad de vida apostólica laical de derecho pontificio. Es decir, quedaba sustraído a la jurisdicción de los obispos locales, dependiendo directamente de un dicasterio romano.

Ese mismo año las autoridades sodálites descubrieron los abusos sexuales en perjuicio de menores cometidos por Jeffery Daniels y lo recluyeron en San Bartolo, sin informar ni a las autoridades civiles ni a las eclesiásticas.

No sé si la reclusión de Daniels fue anterior o posterior a la aprobación pontificia, pero lo cierto es que, de haberse sabido los motivos, se hubiese puesto en juego esa aprobación, obtenida mediante el engaño, el fingimiento, la simulación y un eficaz trabajo de lobby eclesiástico.

Eso lo relata en su blog José Rey de Castro, quien vivió 18 años a la sombra de Figari como sirviente a tiempo completo sin remuneración alguna ni libertad.

Inmediatamente después de su aprobación como instituto de derecho diocesano el 22 de febrero 1994 por el cardenal Augusto Vargas Alzamora, entonces arzobispo de Lima, la maquinaria del Sodalicio se puso en marcha para conseguir a la brevedad posible la aprobación pontificia, sin que ni a Figari ni a su círculo más íntimo les importara que en ese entonces ya se habían cometido abusos sexuales en la institución, y que tanto los abusos psicológicos (perpetrados mediante un sistema de destrucción del yo auténtico a través de la dominación y prácticas humillantes) como físicos (que encontraron su máxima expresión en los maltratos efectuados en San Bartolo) eran pan de cada día en la vida comunitaria sodálite, en mayor o menor intensidad, dependiendo del superior y de la casa en la que uno viviera. Tanto Figari como Germán Doig, su mano derecha, cargaban con víctimas sexuales en su conciencia, y Virgilio Levaggi —quien en los ‘80 llegó a ser el tercero en la cadena de mando— había abandonado la institución en 1987, tras haber cometido abusos sexuales que fueron encubiertos hasta época reciente por el Sodalicio.

No sólo callaron estas prácticas indebidas a las autoridades vaticanas, sino también les contaron el cuento de hadas de su “historia oficial” expurgada de hechos incómodos y de varios textos que sirvieron para la formación intelectual y espiritual de las primeras generaciones de sodálites (el Folleto Azul, las Memorias de Figari, etc.).

A esto se sumó el trabajo de lobby con cardenales, obispos y otras personalidades eclesiásticas, que tuvo su momento estelar en el V Congreso Internacional de Nueva Evangelización rumbo al Tercer Milenio (Lima, octubre de 1995), el último de una serie de congresos sobre la reconciliación que había organizado el Sodalicio a lo largo del tiempo en Arequipa (1985), El Callao (1986), Tacna (1987) y nuevamente El Callao (1989), con la excusa de profundizar en una determinada línea de pensamiento (la teología de la reconciliación), pero que en realidad sirvieron para tejer una red de contactos eclesiásticos que permitirían la expansión de la institución a otros países y su ascenso en la escala de poder al interior de la Iglesia católica.

Respecto al evento de 1995, señala Rey de Castro que «los grandes invitados de aquel congreso de la reconciliación serían quienes apoyarían luego la aprobación pontificia del SCV, pues se habían llevado una gran opinión de ellos en este evento y habían visto una buena “vitrina” preparada por el SCV», vitrina que incluyó decisiones anómalas como la aceleración de profesiones perpetuas (o consagración a perpetuidad) de numerosos sodálites —sin importar si verdaderamente tenían vocación a la vida religiosa—, el aumento considerable de aspirantes al Sodalicio así como la fundación de nuevas casas de comunidad. Y, por supuesto, el incremento de sodálites enviados a San Bartolo para su formación.

Finalmente, la Santa Sede aprobó al Sodalicio según la imagen que éste había proyectado de sí mismo. Si hubiera sabido la verdad, otro sería el cantar. Ahora que ya se sabe, ¿qué está esperando para retirar una aprobación que nunca debió ser otorgada?

Ése constituiría un primer paso para restarle poder al monstruo, permitiendo que los obispos locales tengan jurisdicción sobre las comunidades sodálites asentadas en sus diócesis. Sería el mal menor, pues lo ideal es que desaparezca lo que nunca debió existir.

(Columna publicada en Altavoz el 30 de abril de 2018)

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FUENTES

Familia Sodálite NOTICIAS
Los Congresos de la Reconciliación cumplen 30 años (11/03/15)
http://www.fsnoticias.org/cronicas/los-congresos-de-la-reconciliacion-cumplen-30-anos-10725

El blog de José Rey de Castro
http://www.reydecastro.me/

SODALICIO: DE LA ESCLAVITUD A LA LIBERTAD

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José Rey de Castro (JRC) fue sodálite durante 21 años, 18 de los cuales perteneció al círculo íntimo de Figari, al cual sirvió prácticamente en calidad de esclavo (sirviente a tiempo completo de disponibilidad total), de la forma en que la Comisión para la Justicia y la Reconciliación convocada por el mismo Sodalicio señaló en su informe final (abril de 2016):

«El menoscabo físico, psicológico, espiritual y moral determinó una particular afectación, consistente en la pérdida de la autoestima y las capacidades de los jóvenes escogidos para servir de manera directa a Luis Fernando Figari, mediante la atención personalizada e ininterrumpida en sus distintas actividades. Estos jóvenes en algunos casos fueron privados de recibir la formación esperada hasta por más de 20 años, y más bien obligados a realizar tareas domésticas sin compensación económica alguna, bajo la premisa de estar al servicio del “Fundador”, lo que sugiere que dichas prácticas podrían enmarcarse en un supuesto de lo que se conoce como “esclavitud moderna” o “servidumbre”, que debiera ser investigado por las autoridades respectivas.»

Tras salir de la vida comunitaria en 2013, pasaron cinco años antes de que JRC, con ayuda de psicoterapia, conquistara finalmente la libertad para hablar de lo que vivió a la sombra de Figari. Y esto lo ha logrado rápidamente en comparación con otros. Yo, por ejemplo, desde mi salida de una comunidad sodálite en 1993, me demoré quince años en procesar mi experiencia, comprender lo que realmente había vivido y cambiar mi valoración del Sodalicio, y otros cuatro años más en vencer el miedo y comenzar a publicar mi testimonio. Porque hay que decirlo con todas sus letras: quien toma conciencia de lo que sufrió física y psicológicamente en el Sodalicio, tiene luego que extirpar el miedo que le impide hablar públicamente, como ocurre usualmente en quienes han roto los barrotes interiores implantados en su alma por grupos sectarios.

Las reflexiones de JRC en su blog desnudan el sistema de sojuzgamiento mental del Sodalicio y confirman lo que ya suponíamos: que ese sistema perverso —con o sin abusos sexuales— sigue estando en pie. Sus conclusiones son lapidarias:

«Me encantaría decirles a todos que el SCV es una espiritualidad pero, lo siento, no lo es. No nace de una experiencia de Dios y está totalmente “determinada por la situación”. Tampoco tiene un impulso hacia Dios sino hacia la más intramundana sed de poder, placer y dinero. Nunca vi a Figari realmente trabajar, su “trabajo intelectual” era esporádico y caprichoso, vivía del trabajo de los demás sodálites, y vivía muy bien.»

Muy interesantes son los retratos que hace con seudónimos de varios personajes claves, en los cuales creo identificar a Humberto del Castillo, psicólogo del Sodalicio; Oscar Tokumura, el despiadado verdugo de San Bartolo; Jaime Baertl, el cura amigo de los empresarios, con su proverbial hipocresía; Eduardo Regal, elegido por Figari para sucederlo; Luis Ferroggiaro, el cura melifluo, separado del Sodalicio por acusaciones de conductas indebidas con jóvenes; Alfredo Garland, el intelectual reservado pero carente de rigor académico —el cual una vez me dijo a mí personalmente que yo no servía para la vida intelectual—; Ignacio Blanco, el oscuro confidente de Figari; José Ambrozic, inteligente y leal, maltratado por Figari pero cómplice del sistema: Juan Carlos Len, “contador” no oficial del Sodalicio que se mantiene en la sombra.

JRC tiene una buena justificación para hablar de estos personajes:

«El no haber nunca ejercido la autoridad, me permite, gracias a Dios, tener esta visión de los hechos y, por otro lado, mi edad y el lugar en el que estaba me permitieron ser una persona de confianza para Figari y sus discípulos. A diferencia de otros que fueron obligados a hacer juramentos de confidencialidad, yo tengo plena libertad para narrar estos hechos y describir las personalidades de quienes conocí, sin que esto genere en mí escrúpulo alguno ni culpa.»

¿Borrón y cuenta nueva, como tantos le han sugerido? ¿Dar vuelta a la página y seguir adelante como si nada? ¿A lo pasado, pasado? Así no funciona la realidad, y esto lo comprende muy bien JRC:

«Si sintiera alivio porque fui maltratado y por la injusticia sufrida hasta el día de hoy, estaría orate. Gracias a Dios estoy en mi sano juicio y libre.»

(Columna publicada en Altavoz el 23 de abril de 2018)

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FUENTES

Comisión de Ética para la Justicia y la Reconciliación – Informe final (abril de 2016)
http://comisionetica.org/blog/2016/04/16/informe-final/

El blog de José Rey de Castro
http://www.reydecastro.me/

LA INFAME POLITIZACIÓN DE UN CRIMEN PASIONAL

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Manifestación derechista en Kandel (3 de marzo de 2018)

Kandel es un apacible centro poblado situado a unos 25 kilómetros del pueblito vitivinícola donde resido en Alemania. En los últimos meses su tranquilidad se ha visto perturbada por acontecimientos que lo han convertido en foco de un problema que divide a toda la población alemana: la xenofobia y el racismo derivado de la defensa de supuestos valores patrióticos.

Todo comenzó con un crimen pasional, que nunca debió haber sobrepasado los límites de lo meramente policíaco.

El 27 de diciembre de 2017, una joven de 15 años fue apuñalada en el local de una conocida cadena de droguerías por un joven que asistía a su misma escuela y que había sido su pareja hasta inicios del mismo mes. Pero había una circunstancia que fue instrumentalizada por la prensa basura y los grupos de extrema derecha: el joven es un refugiado afgano.

Por ejemplo, Bild-Zeitung, un diario sensacionalista y el de mayor circulación en toda Alemania, publicó el siguiente titular: «Afgano (15) apuñala a muchacha alemana».

El 30 de diciembre unas 200 personas realizaron una manifestación en Kandel respondiendo a un llamamiento de la Alternativa para Alemania, joven partido de extrema derecha que en las últimas elecciones de 2017 se convirtió sorpresivamente en la tercera fuerza política del país gracias a su representación parlamentaria en el Bundestag.

El 2 de enero de 2018 hubo una marcha de 400 simpatizantes de la “Unión de Mujeres de Kandel”, asociación fantasma promovida por el extremista de derecha Marco Kurz, que quería así generar la impresión de que eran las mismas mujeres y madres de Kandel quienes estaban detrás del evento. Los participantes gritaron consignas como «¡Merkel debe irse!»

El 28 de enero se hicieron presentes en Kandel unos 1000 manifestantes, de los cuales unos 100 pertenecían a grupos de extrema derecha. Esta vez hubo una contramanifestación de la “Unión Alzarse contra el Racismo – Palatinado del Sur” con cerca de 150 participantes.

Pero lo peor aún estaba por venir. Christina Baum, diputada de la Alternativa para Alemania en el parlamento regional de Baden-Wurtemberg —téngase en cuenta que Kandel no está ubicada en ese estado, sino en Renania-Palatinado— convocó a una manifestación a realizarse el 3 de marzo en la localidad bajo el lema de «Kandel está en todas partes», incitando al odio contra todos los refugiados en general, especialmente aquellos provenientes de países islámicos.

Ese día asistieron unos 4000 manifestantes de toda Alemania a Kandel, que cuenta con una población de apenas 9000 habitantes. El evento fue interpretado como un espaldarazo de la Alternativa para Alemania a grupos de extrema derecha, pues entre los participantes había integrantes de los Neonazis de la Tercera Vía, enemigos del Islam de Baviera, activistas de los Europeos Patriotas contra la Islamización de Occidente (Pegida), militantes de los Soldados de Odín y de los Ciudadanos del Reich, grupos de los cuales algunos se hallan bajo observación de los servicios de inteligencia alemanes. Al mismo tiempo hubo contramanifestaciones antifascistas con aproximadamente 500 participantes.

Todas estas muestras de xenofobia e incitación al odio lograron finalmente vencer la apatía de varios habitantes locales, que fundaron la unión “Somos Kandel” y el 24 de marzo lograron convocar a unas 2000 personas en contra de una manifestación derechista de aproximadamente 1000 participantes. Asistieron al evento a favor de los refugiados Malu Dreyer, presidenta regional de Renania-Palatinado, y otros políticos locales de alto rango.

El diario local Die Rheinpfalz deploró respecto al asesinato de la muchacha que «en Internet el odio predominara sobre el luto» y que tuviera que borrar de su página de Facebook por lo menos 800 comentarios porque «estaban cargados de odio hasta un punto intolerable, porque llamaban a la justicia por mano propia o al linchamiento, porque les faltaba toda conciencia de lo que es un Estado de derecho, porque estaban repletos de teorías de la conspiración».

El 7 de abril un ciudadano alemán condujo una camioneta contra las personas sentadas en las afueras de un restaurante en Münster, matando a 2, hiriendo a otras 20 y suicidándose después. Hasta ahora no hay indicios de que vaya a haber una polítización de este crimen. Pues parece que sólo cuando un criminal es extranjero, vale todo para estigmatizar a los que sean de su misma procedencia.

(Columna publicada en Altavoz el 16 de abril de 2018)

EL SISTEMA SODALICIO

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En su carta de presentación a los “Informes sobre Abusos y Respuesta en el Sodalicio de Vida Cristiana” —elaborados por tres expertos internacionales a sueldo del Sodalicio— Alessandro Moroni, superior general de la institución, tras hacer un breve recuento de los casos de abusos sexuales cometidos por Figari, tres sodálites y cuatro ex sodálites, señala: «Los expertos no han encontrado indicios de complicidad ni conspiración entre los presuntos abusadores».

Efectivamente, todo parece indicar que Luis Fernando Figari, Germán Doig, Virgilio Levaggi, Jeffery Daniels, Ricardo Trenemann, Daniel Murguía y los otros actuaron por cuenta propia y sin conocimiento de los demás, de modo que no habría habido una política sistemática secreta para cometer abusos sexuales en el Sodalicio. Prueba de ello es que, cuando fueron descubiertos los abusos en los casos de Levaggi, Daniels y Murguía, éstos fueron sancionados por las autoridades sodálites —con reclusión interna y suspensión de toda responsabilidad en los casos de Levaggi y Daniels, y con expulsión del Sodalicio en el caso de Murguía, en virtud de que su inconducta se hizo pública a través de la prensa—. Incluso Doig fue sancionado simbólicamente con expulsión post mortem, también debido a la circunstancia de que su caso se había hecho de conocimiento público.

Lo que sí hubo fue una política sistemática de encubrimiento, de modo que se buscó tapar cualquier incidente de abuso sexual. La expulsión sólo procedió cuando el caso se hizo público, con la excepción de Figari, quien —no obstante todo lo que se ha llegado a saber de él— fue tratado a cuerpo de rey hasta el día de hoy y sigue siendo oficialmente miembro del Sodalicio de Vida Cristiana.

Curioso en todo este modo de proceder es que las sanciones ad intra del Sodalicio fueron aplicadas por quienes también tenían en su trastienda personal varios abusos de este tipo. Levaggi fue sancionado por Figari, Daniels fue sancionado por Doig, y ante la opinión pública tanto Figari como Doig aparecían como defensores de una moral sexual adscrita al catolicismo más rancio.

Aún así, Figari y Doig poseían un talante personal muy distinto. Mientras Figari vivía en la opulencia, se regodeaba en el poder que tenía sobre otros y abusaba sexualmente de quien quisiera sin ningún tipo de remordimientos, Doig tenía un estilo de vida más austero y sacrificado, y a ojos de los que lo conocimos personalmente parecía seguir alimentado una búsqueda interior que lo condujera a la santidad. Dado que una persona de las características de Doig debe haber vivido atormentado por los delitos cometidos, desgarrado entre un abismo de perversión y la aspiración a unos fines nobles y elevados, no se descarta la tensión generada como una de las causas que lo habría llevado a la muerte, ya sea por una falla del corazón debido al stress ocasionado por su doble vida, ya sea porque decidiera terminar con su existencia por mano propia.

¿Qué tenían en común los abusadores sexuales mencionados? Pues que todos formaban parte de un sistema que no sólo permitía los abusos psicológicos y físicos, sino que había normalizado estos abusos hasta el punto de que quienes participaban del sistema terminaban incapacitados para darse cuenta de los daños que se les estaba infligiendo. Es un sistema vertical, donde quienes detentan cargos de responsabilidad no están sujetos a control respecto a lo que hacen con sus subordinados —sobre todo a puerta cerrada— y exigen una sumisión total (del entendimiento y la voluntad) como requisito indispensable para seguir perteneciendo a esa élite de elegidos que son los sodálites, donde a quienes obedecen se les arranca la posibilidad de denunciar o de quejarse de maltratos —los cuales no son reconocidos como tales—, donde existe la obligación de guardar silencio sobre todo lo que ocurre dentro de esta subcultura, tal como la llama en su blog José Rey de Castro, ex sodálite que estuvo 18 años bajo régimen de esclavitud moderna en el círculo íntimo de Figari.

Según su testimonio, este sistema, creado a imagen y semejanza de Figari, seguía subsistiendo hasta hace poco. Y si bien actualmente ya no habrían abusos sexuales, el sistema Sodalicio sigue intacto, anulando la libertad de quienes constituyen un engranaje más dentro de esa máquina.

(Columna publicada en Altavoz el 9 de abril de 2018)

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FUENTES

Informes sobre Abusos y Respuesta en el Sodalicio de Vida Cristiana (10 de febrero de 2017)
http://sodalicio.org/wp-content/uploads/2017/02/Informe-Abusos-Febrero2017.pdf

El blog de José Rey de Castro
http://www.reydecastro.me/

LA MUJER EN LA CRUZ

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Manifestante en Santiago de Chile (octubre de 2016)

«Como todos sabemos, hay en el huerto de Dios una diversidad variopinta. No todos los que nacieron como seres masculinos se sienten varones, y lo mismo en el lado femenino. Como seres humanos, merecen el respeto al que todos tenemos derecho. Me alegro por Thomas Neuwirth, que tuvo semejante éxito en su presentación como Conchita Wurst. Le deseo que este éxito no se le suba a la cabeza, e imploro para él la bendición de Dios sobre su vida».

Con estas palabras saludaba el cardenal Christoph Schönborn, arzobispo de Viena, el triunfo en el Festival de la Canción de Eurovisión 2014 —realizado en Copenhague (Dinamarca)— del austriaco Thomas Neuwirth alias “Conchita Wurst,” un cantante de apariencia andrógina, cabellos largos, rostro suave y melancólico ornado por finos bigotes y barba, ojos y labios maquillados, vestimenta de mujer sobre un cuerpo de contornos femeninos y, sin embargo, una figura que, con sus brazos extendidos en cruz sobre el escenario, resultaba familiar para muchos austriacos.

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Imagen de Santa Librada en el Museo Diocesano de Graz (Austria)

Pues en el Museo Diocesano de Graz (Austria) existe un crucifijo del siglo XVIII que muestra a una figura con los brazos extendidos que cualquiera tomaría por Cristo, con rostro fino, cabello ondulado, barba y bigote semejante a las representaciones populares del Corazón de Jesús, pero con la peculiaridad de que su cuerpo es de mujer —evidente en el busto así como en las anchas caderas—, enfundada en un vistoso vestido femenino de la época. Cuando en el año 2015 el servicio de correos de Austria puso en circulación estampillas con esta imagen, no pocos hicieron notar la semejanza con Conchita Wurst.

¿Se trata de la figura de un Cristo femenino, cuyo culto y devoción se remonta al siglo XV?

Actualmente, en el Museo de la Mujer en Merano (Tirol del Sur, Italia) se efectúa una exposición sobre esta compleja imagen de culto en la cual se funden hombre y mujer (con asentimiento eclesiástico) y que refleja no sólo las circunstancias sociales y la vida cotidiana de las mujeres de tiempos pasados, sino también una historia de violencia y de ansias de liberación.

Cuenta la leyenda —originada a mediados del siglo XV— que una joven princesa llamada Wilgefortis, hija de un rey pagano, se convirtió al cristianismo, se hizo bautizar y se opuso al matrimonio forzado que había pactado su padre. Éste, como castigo, la mandó encerrar en una mazmorra. Wilgefortis, quien había hecho voto de castidad, le pidió a Dios que la convirtiera en un ser repulsivo que no resultara atrayente para los hombres. Sus oraciones fueron escuchadas y le creció barba. Su progenitor, lleno de ira, decidió que si no quería tener como esposo a otro que no fuera Jesús, debía morir como él y la mandó crucificar.

La imagen de esta santa que nunca existió, conocida en español como Santa Librada o Liberata, se difundió a través de volantes y xilografías, y se convirtió en el refugio espiritual no sólo de las mujeres con problemas maritales y relacionados con la educación de los hijos, sino también de víctimas de violencia en el matrimonio, incesto y abuso sexual. Pues mientras que la iconografía de la época presentaba a Jesús crucificado como un varón físicamente retorcido y cargado de dolores, Santa Librada permanecía erguida serenamente en la cruz, como si estuviera más allá del sufrimiento.

Las representaciones modernas de mujeres crucificadas han sido consideradas por muchos católicos conservadores como blasfemas, pues asumen que sólo un varón ostenta la presencia física como para estar en la cruz. La exhibición del cuerpo femenino, calificada de pecado contra una pureza ilusoria —sobre todo en un contexto sagrado y de culto al dolor—, les resulta irritante. Sin embargo, no veo mejor manera para representar lo que muchas mujeres experimentan en el mundo contemporáneo: maltrato, abusos, violencia, discriminación, desprecio, cosificación sexual, desigualdad de oportunidades, etc.

El enfoque de género nos brinda una clave de interpretación para entender lo que simboliza la imagen andrógina de Santa Librada, en la cual cristalizaron los deseos de liberación de tantas mujeres oprimidas de épocas pasadas. Y nos permite entender cuáles son los retos del presente, incluso en la Iglesia católica, donde la mujer sigue estando subordinada a los varones y relegada a la sombra.

(Columna publicada el 2 de abril de 2018 en Altavoz)