EL PAPA QUE PACTÓ CON EL DIABLO

pio_xi

Papa Pío XI (1857-1939)

El Papa Pío XI logró que la Iglesia católica sobreviviera políticamente al régimen fascista de Benito Mussolini. El precio fue que pactó con el dictador, haciendo posible su ascenso y consolidación en el poder. Fue prácticamente un pacto con el diablo, que convertiría al Vaticano en cómplice silencioso de crímenes de lesa humanidad.

Es lo que cuenta el historiador estadounidense David Kertzer en su libro The Pope and Mussolini (2015) —gracias al cual recibió el Premio Pulitzer—, recientemente traducido al alemán.

Dice Kertzer: «El Papa vio algo en Mussolini que le gustó. No obstante todas sus diferencias, ambos hombres compartían algunos importantes valores. Ninguno tenía simpatía por la democracia parlamentaria. Ninguno creía en la libertad de expresión y de asociación. Ambos veían al comunismo como una grave amenaza. Ambos pensaban que Italia estaba hundida en una crisis y que el sistema político vigente no tenía salvación».

En los Pactos de Letrán de 1929, Mussolini reconoció la independencia y soberanía de la Santa Sede y creó el actual Estado Vaticano, a la vez que reconocía el catolicismo como religión oficial de Italia y garantizaba la enseñanza de la doctrina católica en las escuelas.

Aún así, hubo tiranteces en la relación. Y cuando Mussolini estableció leyes antisemitas similares a las del régimen nazi en Italia, a Pío XI le picó la conciencia. Mandó preparar el borrador de una encíclica (Humani Generis Unitas) y dio un potente discurso antirracista. Pero la muerte le llegó pronto y su sucesor Pío XII se encargó de que nada saliera a la luz. No era conveniente indisponerse ni con Mussolini ni con Hitler.

Como no lo fue con Fujimori, cardenal Cipriani.

(Columna publicada en Exitosa el 3 de diciembre de 2016)

________________________________________

El Papa Pío XI, cuyo verdadero nombre era Achille Ratti, tuvo la fama de ser una figura eclesial luminosa en el período de entreguerras, pues fomentó la participación de los laicos en la cristianización de la sociedad a través de la Acción Católica, le dio impulso a la actividad misionera y se preocupó sobremanera de la educación católica. Además, publicó varias encíclicas condenando las ideologías de su época perjudiciales para el hombre, la sociedad y la fe cristiana: el comunismo ateo, el capitalismo liberal, el nazismo y el fascismo. La encíclica sobre este último tema (Non abbiamo bisogno) fue escrita en 1931, dos años después de la firma de los Pactos de Letrán, como reacción a las acciones que Benito Mussolini tomó en contra de la Acción Católica. En ese texto se condena la supremacía del Estado que postula el fascismo e incluso se califica esta ideología como anticristiana.

No obstante, eso no impidió que el Vaticano bajo la conducción de Pío XI colaborara, aunque sea a regañadientes, con el régimen fascista. Las ventajas obtenidas para la Iglesia católica con los Pactos de Letrán, donde el punto central era la recuperación por parte de la Santa Sede de un territorio minúsculo pero autónomo y soberano, justificaban el tener que tragarse de vez en cuando sapos y culebras. Pues hay que decirlo, a Pío XI no le gustaba Mussolini. Eso no constituyo obstáculo para que hablara de él como «un hombre de la Providencia», enviado por Dios para solucionarle algunos problemillas a la Iglesia, entre ellos la incierta situación de la Santa Sede, que desde hacía más de 50 años —contados a partir de la pérdida de los Estados Pontificios en 1870— se encontraba en una especie de limbo político, sin derechos, sin influencia, sin soberanía territorial.

Por ésta y otras cosas —declarar a la religión católica como única reconocida por el Estado en Italia y reconocerle al matrimonio sacramental todos los derechos en lo civil, además de considerar obligatoria la enseñanza de la religión católica en todas las escuelas públicas—, la Iglesia animó a los católicos italianos a votar por los fascistas, contribuyendo así a su afianzamiento en el poder. Sin Pío XI, Mussolini no hubiera sido posible tal como nos lo ha transmitido la historia. Y eso no ocurrió sin que el papado tuviera que sacrificar de paso algunos valores cristianos en aras de su cuota de poder.

Ciertamente, Pío XI no se sentía muy cómodo con la situación, pero allí estaba su Secretario de Estado, el cardenal Eugenio Pacelli —posteriormente pontífice con el nombre de Pío XII—, quien le habría convencido de que no había otra alternativa.

Cuando en 1938 Pio XI, ya anciano y desilusionado, sopesó la posibilidad de romper la alianza con Mussolini debido a su proximidad al régimen nazi y a la entrada en vigencia de leyes antisemitas, no se le ocurrió mejor idea que mandar preparar el borrador de una encíclica contra el racismo y el antisemitismo al jesuita estadounidense John LaFarge, autor de Interracial Justice. Éste, abrumado por la tarea, solicitó ayuda al General de los Jesuitas, el P. Tadeusz Ledochowski, un antisemita radical que pensó que el Papa se había vuelto loco. De modo que le encargó a dos jesuitas “experimentados” que asistieran a LaFarge en la preparación del borrador. Estando éste ya listo éste en septiembre de 1938, fue enviado primero al jefe de redacción de La Civiltá Cattolica, el P. Enrico Rosa, quien en cuestión de antisemitismo le daba vueltas al P. Ledochowski. Como se comprenderá, no hubo ninguna premura en que el documento le llegara al Papa para su revisión. Cuando finalmente esto ocurrió en enero de 1939, ya era tarde: Pío XI yacía enfermo en su lecho de muerte.

En septiembre de 1938 el Papa había declarado a miembros del personal de la radio belga católica en un discurso durante una audiencia que era imposible para los cristianos participar del antisemitismo, pues espiritualmente todos somos semitas. Esto fue demasiado para el entorno papal. L’Osservatore Romano mencionó el discurso pero omitió sus palabras en defensa de los judíos. A la muerte de Pío XI en febrero de 1939, el cardenal Eugenio Pacelli ordenaría destruir todas las copias del discurso, y el borrador de la encíclica contra el antisemitismo sería archivado. Recién en el año 2001 saldría a la luz en tres versiones: una en inglés, otra en francés y otra en alemán.

Demasiado tarde comprendería el atormentado Pío XI que fue un gran error aliarse con el fascismo, pues éste por lo general sólo busca instrumentalizar la religión para sus propios fines totalitarios. Al final la religión sale debilitada y convertida en una sirviente muda de fines nefastos.

Y muchos católicos no han aprendido aún esta lección de la historia. A nivel mundial, son muchos los que —aún no gustándoles el candidato Donald Trump, cuyas ideas guardan más de una similitud con el fascismo— han creído que es la mejor opción para Presidente de los Estados Unidos, sin darse cuenta de que Trump no ha tenido ningún reparo en instrumentalizarlos para defender sus intereses.

Y a nivel local, el apoyo que le siguen dando tantos católicos conservadores a Keiko, la hija del dictador Alberto Fujimori, hace patente que el fustán fascista sigue siendo para ellos un anzuelo de enorme atractivo. Sin contar con la fascinación que ejerció sobre cientos de jóvenes el fascista Figari, uno de los más nefastos instrumentalizadores de la religión católica que haya habido. Por lo menos en tierras peruanas.

________________________________________

FUENTES

New Republic
How a Pope Helped Mussolini Rise to Power (March 8, 2014)
https://newrepublic.com/article/116501/pope-and-mussolini-david-i-kertzer-reviewed

katholisch.de
Revision eines Geschichtsbildes nötig? (18.09.2016)
http://www.katholisch.de/aktuelles/aktuelle-artikel/revision-eines-geschichtsbildes-notig

Der Spiegel
Papst Pius XI. und Mussolini: Pakt mit dem Teufel (27.11.2016)
http://www.spiegel.de/einestages/pakt-mit-dem-teufel-papst-pius-xi-und-der-faschismus-a-1122590.html

LA RECOMPOSICIÓN DE LA CRISMA DESPUÉS DEL SODALICIO

oswaldo_guayasamin_el_grito_no2_1983

“El grito n° 2” (1983), del pintor ecuatoriano Oswaldo Guayasamín (1919-1999)

El título no es mío propio. Ha sido tomado del libro La recomposición de la crisma (Guía para sobrevivir a los grandes ideales) [Thémata, Sevilla 2007], que escribiera un ex miembro del Opus Dei en España bajo el seudónimo de Satur Sangüesa, relatando en clave humorística su paso por la Obra. Y lo que describe guarda más de una semejanza con la experiencia de quienes pasaron por el Sodalicio. Sólo que una vez apagada la risa, cuando uno ya se ha librado del condicionamiento mental a que fue sometido, se revelan las heridas y cicatrices de un paisaje interior devastado donde, mal que bien, uno se descubre como un sobreviviente. Como tantos que han transitado en algún momento de su vida por el Sodalicio. Algunos más afortunados, albergando aún la esperanza en un rincón de su alma; otros, en cambio, habiendo perdido todo, incluso la fe en la humanidad.

Pero lo que tienen en común quienes han logrado dejar atrás las penurias pasadas es que, en un momento dado, se dan cuenta de que tienen por delante la titánica tarea de reconstruir sus existencias e integrarse en el mundo del común de los mortales, del cual fueron arrebatados psíquica y mentalmente a temprana edad.

Y ese proceso requiere muchas veces pagar un alto tributo. Pues el sistema de pensamiento y disciplina sodálite, prístino y puro en su fachada católica pero enfermizo en su aproximación a la naturaleza humana, ha logrado desequilibrar vidas enteras y hundirlas en un infierno de angustia y culpabilidad. Indudablemente, la falta de naturalidad hacia las pulsiones más normales de la psique humana suele generar un equilibrio frágil, donde el ascenso a las cumbres de una espiritualidad exigente y elevada termina con frecuencia en una caída a los abismos más tenebrosos de la existencia.

Eso es lo que habría ocurrido con Germán Doig, de quien oí decir durante mi primera época en comunidades sodálites que había alcanzado un grado tan alto de pureza, que ya no tenía ni sueños húmedos ni poluciones nocturnas —estado que yo mismo experimenté durante un breve período—. Eso es lo que habría ocurrido con quienes acabaron cometiendo delitos inconfesables que dañaron biografías enteras. Eso es lo que podría estar ocurriendo con tantos sodálites que aún siguen atrapados en las garras de la institución. Y eso es en parte lo que me ocurrió a mí, aunque lo mío se circunscribió a los límites de lo poco que aún había podido conservar de mi esfera privada.

Ya he contado en otra ocasión cómo me vi acechado por obsesiones sexuales que venían esporádicamente y ponían en zozobra el estilo de vida célibe al cual trataba de aferrarme como si fuera mi tabla de salvación, cuando en realidad era el puñal que se hundía en mi carne y me estaba matando de a pocos.

Y eso sólo fue el preámbulo de lo que vendría después.

Una vez que me dirigía hacia esa curiosa iglesia de estilo indefinido que existe en Magdalena del Mar con una enorme cúpula de color turquesa, a fin de confesarme, me llamó la atención un pedazo de papel roto atrapado en un arbusto seco en medio de un jardín polvoriento con hierbas secas, un jardín pequeño como otros muchos que en esas calles ocupaban el lugar entre la vereda y la calzada para los automóviles. Cogí el pedazo de papel para examinarlo. Era la foto de un acto sexual explícito, en blanco y negro, arrancada de una revista pornográfica barata, de esas que se vendían en los ’80 en los kioskos de Lima. Ni qué decir, fue como si una ventolera hubiera barrido como por ensalmo todos mis deseos de santidad. No fui a confesarme y regresé a la comunidad para consumar en solitario el pecado. ¿Qué era aquello que anulaba mi voluntad y convertía un impulso en irresistible? No lo sé, más aun cuando después de salir de comunidad ese mismo impulso perdería fuerza y se iría haciendo más manejable, no teniendo la urgente violencia de entonces.

Recuerdo todavía la angustia que me generó ese primer tropiezo con la imagen pornográfica y cómo, un día después, crucé con miedo aterrador la Av. Brasil en el momento en que iba a confesarme, temiendo con angustia que me atropellara un carro y terminará condenado en el infierno por haber muerto en estado de pecado mortal.

El asunto se fue complicando con el paso del tiempo, pues cuando después de días y semanas de tranquilidad se desataba otra vez el temporal, terminaba por comprar yo mismo la revista, que metía en la casa escondida en mi ropa y que tras consumar el hecho, eliminaba cortando en pedacitos que pasaba por el inodoro o quemaba en el techo o en algún parque solitario. Siempre tuve la esperanza de que estos incidentes fueran sólo pasajeros y que al final mi sincera opción por la santidad y por el estilo de vida que había elegido terminarían por apagar toda tentación y llevarme otra vez al estado de gracia física que ya alguna vez había experimentado. Lo que entonces no sospechaba era que ese mismo estilo de vida que se guardaba en la comunidad podía haber sido el caldo de cultivo del problema que estaba viviendo. Y lo que hubo podido ser meramente un tropiezo de juventud, que la mayoría de las personas dejan atrás a medida que maduran, creció subjetivamente a dimensiones de tragedia.

A lo de las revistas se sumó posteriormente las escapadas a cines de mala muerte con olor a ranciedad, donde se exhibían filmes pornográficos hechos de retazos de celuloide procedentes de varios rollos de películas distintas, llenos de rayones, puntos negros, manchas, en una pantalla vieja con restos de humedad y mal iluminada por el ruidoso proyector. Allí conocí en carne propia el anonimato de los hombres que no quieren ser reconocidos, vuelven el rostro cuando las luces del local se encienden y apuran el paso al salir de la sala, a fin de regresar a la vida normal luego de haber hecho un turbio paréntesis en sus existencias. Y luego la vida sigue igual, como si nada hubiera pasado. Pero la procesión va por dentro.

Todo esto, sin embargo, fue acompañado de un efecto colateral que podría considerar como positivo. Como constaté que podía darme escapadas a cines sin ser descubierto, aproveché esta circunstancia para ir a ver películas artísticas, que normalmente no tenían lugar en la comunidad.

Y eso me llevaría finalmente a una experiencia cinematográfica que gatillaría en mí una reflexión liberadora. Sería para mí un punto de quiebre. Pues —hay que decirlo— el debilitamiento de las rejas interiores que a uno le son construidas en la psique por el Sodalicio suele iniciarse con alguna experiencia clave, muchas veces relacionada con una disciplina artística, como puede ser el cine, la literatura o la música. O también a través del encuentro con alguna persona diferente de acentuada calidad humana.

En mi caso, el detonante fue la película Terciopelo azul (1986) de David Lynch, la cual, a través de una trama de policial noir, describe la vida entre dos mundos de su joven personaje —un mundo donde todo es luz e inocencia, y otro mundo donde se dan encuentro las peores pesadillas—. Queriendo mantener ambas dimensiones de su vida separadas, al final terminan mezclándose en la realidad, y con el doloroso sinceramiento viene la redención. En particular, son impresionantes las imágenes iniciales en un típico pueblo del countryside nortemericano, mostrando un mundo idílico, inocente, casi perfecto. La cámara se aproxima a un jardín donde un anciano riega las flores. Cuando éste sufre un accidente casero y cae desvanecido, la cámara lo sigue en su caída para luego hacer un zoom hacia la hierba de un verde saturado lleno de vida y mostrar finalmente un mundo subterráneo pululante de hormigas agresivas y oscuros presagios, subyacente a la feliz realidad ideal que hemos visto antes. La película está cargada de escenas tan intensas, algunas de rebuscada perversidad psicológica, que ocasionó que algunos espectadores se salieran del cine antes de terminar la función. Aún así, esta obra maestra de David Lynch caló tan hondo en mi conciencia, que no pude resistirme a verla posteriormente una segunda vez.

Sin embargo, yo continué viviendo falsariamente entre dos mundos, alimentando aún la ilusión de poder alcanzar la santidad mientras me debatía con mis fantasmas interiores, a la vez que que dejaba mensajes crípticos y simbólicos en varias de las canciones que componía, abrigando la esperanza de que alguien entendiera esos mensajes y me ayudara a salir del pozo en que me sentía hundido.

Lo que realmente me faltaba era regresar a la vida, aquélla en la que se desenvuelven las historias cotidianas de los seres humanos comunes y corrientes. Pero el proceso de recomposición de la crisma ya se había iniciado y seguiría paulatinamente su curso, alimentado en años posteriores por mas películas —varias de Woody Allen, El ciudadano Kane de Orson Welles, La strada y el Casanova de Federico Fellini, Érase una vez en América de Sergio Leone, El último tango en París de Bernardo Bertolucci— y lecturas varias, entre las que destaco las novelas y ensayos de Ernesto Sabato.

Me tomaría más de una década recobrar mi identidad perdida, desarmar las piezas de un rompecabezas mal armado, volver a armarlo con sustancia verdadera y respirar profundamente como alguien que logró sobrevivir a los efectos venenosos del gran ideal sodálite.

(Columna publicada en Altavoz el 27 de noviembre de 2016)

CATÓLICOS A FAVOR DE DONALD TRUMP

donald_trump_raymond_arroyo

Donald Trump entrevistado por Raymond Arroyo de EWTN (26 de octubre de 2016)

En las últimas elecciones presidenciales en Estados Unidos el 52% de los católicos votó por Donald Trump, contra el 45% que votó por Hillary Clinton.

Sin embargo, ese resultado no se explica sólo por una opción religiosa. Detrás se esconde una creencia turbia y peligrosa: la de la supremacía blanca en el marco de un chauvinismo centrado en la pretendida grandeza norteamericana.

Pues mientras 60% de los católicos blancos votaron por Trump, sólo el 26% de los católicos hispanos le dieron su voto, prefiriendo el 67% a la candidata demócrata. Incluso cuando la influyente cadena televisiva católica EWTN —a la cual pertenece ACI Prensa— tomó partido desvergonzadamente por el candidato republicano, difundiendo en la víspera de las elecciones un seductor mensaje suyo dirigido a los católicos.

Lo cierto es que los sectores más conservadores y reaccionarios del catolicismo están satisfechos con las últimas elecciones, pues según ellos se logrará por fin revertir la despenalización del aborto vigente en Estados Unidos desde 1973, se evitará que las clínicas católicas suministren anticonceptivos a pacientes que lo soliciten y se podrá anular la decisión de la Corte Suprema que legaliza el matrimonio homosexual. Sin que les importe dar solución a los problemas humanos que subyacen a estos temas.

A cambio, se considera como un mal menor el anuncio de la deportación masiva de indocumentados, el trato discriminatorio contra los musulmanes y otras minorías, el posible uso de armas de destrucción masiva si la situación lo requiere, etcétera. No creen que Trump vaya a poder hacerlo.

Como los obispos católicos que apoyaron a Hitler, no queriendo creer que fuera a cometer los crímenes que cometió.

(Columna publicada en Exitosa el 26 de noviembre de 2016)

________________________________________

El siguiente es el texto del mensaje de Donald Trump que fue propalado a través de la señal de EWTN:

«Los católicos son una parte importante de la historia de Estados Unidos. Estados Unidos se ha fortalecido con católicos que trabajan duro. Desde Nueva York a California, la historia católica es realmente extraordinaria y grandiosa.

Desde custodiar los derechos civiles a educar a millones de niños, sirviendo a los pobres y ayudando a definir el movimiento provida, sacerdotes y laicos católicos en todo el país han hecho innumerables contribuciones al éxito de Estados Unidos y a la historia de éxito de Estados Unidos.

Los políticos de Washington han sido hostiles a la Iglesia, han sido hostiles a los católicos, han sido hostiles a los miembros del catolicismo. Mi gobierno estará al lado de los católicos estadounidenses para promover los valores que todos compartimos como cristianos y estadounidenses. Que Dios os bendiga y Dios bendiga a los Estados Unidos de América. Haremos que Estados Unidos sea grande de nuevo».

Basta con tener dos dedos de frente para darse cuenta de que se trata de propaganda manipuladora, que subordina el catolicismo al fin patriotero de hacer que Estados Unidos sea grande de nuevo. Lo que Trump hizo realmente con este astuto mensaje fue hacerle una pasada de mano al egocentrismo colectivo de muchos católicos, que creen que deben votar por un gobierno simplemente porque no los va a molestar, aunque haya prometido molestar a millones de otras personas, atropellando sus derechos humanos. Además, sin tener en cuenta que la mayoría de los indocumentados que Trump piensa deportar son tan católicos como los católicos que se dejaron seducir por sus palabras y le endosaron su voto.

En otras palabras, Trump parece estar diciendo que apoyará a los católicos que apoyen sus planes de hacer América grande de nuevo, pero dudamos que haga lo mismo con aquellos católicos que tengan la valentía de criticarlo o poner en duda su ideal chauvinista. Y en esto se parece mucho a Adolf Hitler, que apoyó a la Iglesia católica en Alemania siempre y cuando estuviera subordinada a su proyecto pangermánico y mirara hacia otro lado cuando se trataba de crímenes de lesa humanidad.

El 26 de octubre el periodista católico Raymond Arroyo había entrevistado a Donald Trump en el programa World Over que se transmite a través de EWTN. Se vio a un entrevistador complaciente que parecía creer a pie juntillas —sin cuestionamiento alguno— la autoproclamación del entonces candidato republicano como un “provida” declarado, además de que omitió temas importantes pero incómodos para el entrevistado, como el trato a los inmigrantes mexicanos, la aplicación de la tortura por parte del ejército norteamericano, la pena de muerte, las relaciones con la comunidad internacional, etc. Da la impresión de que había un compromiso por parte de Arroyo de evitar tocar esos temas. A cambio, Donald Trump le habría respondido al entrevistador lo que éste quería oír, aun cuando lo que decía no tuviera mucho sustento en su biografía personal.

De lo que no nos queda duda es que el estilo autoritario, prepotente, impositivo, agresivo y poco dialogante de Trump ejerce un cierto atractivo sobre los sectores más conservadores del catolicismo, que prefieren poner su confianza en alguien que en esto se les asemeja aun cuando ello pueda derivar en una dictadura disfrazada de democracia. Pues la democracia no parece formar parte del acervo de sus valores.

________________________________________

FUENTES

InfoCatólica
Trumpazo: la mayoría de los católicos USA votaron por Trump (7 puntos de diferencia) (11.11.16)
http://infocatolica.com/blog/delapsis.php/1611110218-trumpazo-la-mayoria-de-los-ca

gloria.tv
Mensaje de Donald Trump a los católicos estadounidenses
https://gloria.tv/video/4L8iNB6o4mfF67J3RdjPRqxUU

Hispanidad
Carta de Trump a los católicos: “Los políticos de Washington han sido hostiles a la Iglesia” (09/11/2016)
http://www.hispanidad.com/carta-de-trump-a-los-catolicos-los-politicos-de-washington-han-sido-hostiles-a-la-iglesia.html

ACI Prensa
VIDEO: Entrevista de canal católico EWTN a Donald Trump con subtítulos en español (28 Oct. 16)
https://www.aciprensa.com/noticias/donald-trump-concede-entrevista-al-canal-catolico-ewtn-76827/

EL OBISPO SANCIONADO POR APOYAR A LAS VÍCTIMAS

thomas_gumbleton

Mons. Thomas Gumbleton (1930- ), obispo auxiliar emérito de Detroit (Estados Unidos), es una excepción en el episcopado católico estadounidense.

Con sensibilidad pastoral, decidió apoyar a las víctimas de abusos sexuales por parte del clero. En la primera década de este siglo se manifestó a favor de iniciativas legislativas en varios estados, que proponían abrir una ventana de tiempo de un año donde la prescripción del delito de abuso sexual quedara suspendida, de modo que las víctimas pudieran judicializar sus casos. En Ohio, los obispos habían hecho hasta lo imposible para tirarse abajo esa propuesta.

Pero lo que nadie sabía hasta entonces era que Gumbleton, a la edad de 15 años, había sido víctima de abuso sexual por parte de un sacerdote. Y recién 60 años después tomaba el valor para hacer público este incidente, aunque sin intenciones de iniciar ningún juicio.

En enero de 2006 decidió rendir su declaración escrita en Ohio, animado por su amiga Barbara Blaine del “Survivors Network of those Abused by Priests” (SNAP), a fin de apoyar una propuesta de ley que extendiera la prescripción de los delitos mencionados a 20 años a partir de la mayoría de edad de la víctima.

Poco después le llegó una carta del cardenal Giovanni Re de la Congregación para los Obispos, quien había sido informado por el Nuncio instigado por los obispos de Ohio. Se le acusaba de ir contra la comunión episcopal. Mons. Gumbleton, quien ya debía renunciar como obispo auxiliar por límite de edad, fue también obligado a dejar su labor pastoral en la parroquia de St. Leo.

Un claro aviso para quien ayude a las víctimas de abusos.

(Columna publicada en Exitosa el 19 de noviembre de 2016)

________________________________________

Antes de presentar su declaración ante la Legislatura de Ohio en enero de 2016, Mons. Gumbleton había dado una conferencia el 4 de noviembre de 2015 en Milwaukee en el marco de un evento organizado por el Survivors Network for those Abused by Priests (SNAP).

Hablando sobre la gravedad del abuso sexual y la actitud que hay que tomar al respecto, les había dicho a los asistentes que esperaba que su propia historia «pueda animar a algunos de ustedes a ser más activos en trabajar para que esto termine, aquello que incluso el Papa ha llamado un cáncer en la Iglesia católica, y para traer sanación a los sobrevivientes antes que nada y sanación a nuestra propia Iglesia».

«Mi testimonio ha aportado argumentos de por qué necesitamos efectuar este cambio», añadió entonces. «Yo también he pensado al respecto y quizás la cosa más persuasiva que puedo decirles a ustedes es que yo soy una víctima».

Y esto es lo que puso en su testimonio en Ohio: que un sacerdote abusó sexualmente de él cuando estaba en 9° grado en la escuela. «Yo no quiero exagerar diciendo que fui terriblemente dañado. No fue el tipo de abuso sexual que experimentan muchas de las víctimas», declararía Gumbleton a The Washington Post en una entrevista telefónica de enero de 2006. Pero él sabía por qué las víctimas de abuso sexual no interponen una demanda judicial dentro del período establecido por las leyes antes de que el delito prescriba, que en mucho estados es de dos a cinco años después de haberse producido el incidente. «Están intimidadas, avergonzadas, y simplemente lo reprimen. Yo puedo entender eso», dijo. «Yo nunca se lo conté a mis padres… Nunca se lo conté a nadie».

Respeto a los abusos que sufrió de adolescente, indicó que se trató de «tocamientos inapropiados por parte de un sacerdote», que tuvieron lugar en 1945 cuando estaba en 9° grado en el Seminario del Sagrado Corazón en Detroit. «Como ocurre con frecuencia en estos casos», el sacerdote lo invitó a él y a otro muchacho a pasar un fin de semana en una cabaña. «En algún momento empezaría a luchar cuerpo a cuerpo con uno de nosotros. Entonces metería sus manos en tus pantalones», relató.

A pesar de que era obispo en Michigan, Gumbleton no vio nada de malo en testimoniar en Ohio respecto a lo que él consideraba «un asunto nacional». «Le puede costar a la Iglesia algo de dinero, pero también puede traer una gran cantidad de sanación a un montón de víctimas», dijo. «He estado diciendo durante 10 años que estos casos deben ser tratados con sensibilidad pastoral, y no sólo de un modo legal contencioso. También creo firmemente que los obispos deberían hablarles a estas víctimas, y muy frecuentemente no lo han hecho».

Los obispos de Ohio se habían opuesto al proyecto legislativo que permitiría abrir una ventana de tiempo de un año para que las víctimas de abusos sexuales pudieran iniciar demandas contra la Iglesia católica, sin tener en cuenta la prescripción de los delitos. Consideraron que Gumbleton, al apoyar esta iniciativa a la cual ellos se oponían, había violado la “communio episcoporum” (comunión episcopal). De este hecho fue informado Gumbleton a tavés de una carta del Vaticano enviada al arzobispo de Detroit, Mons. Adam Maida. En consecuencia, fue obligado a renunciar a su labor pastoral en la parroquia de St. Leo en Detroit, donde había trabajado desde el año 1983.

Gumbleton declararía al National Catholic Reporter en enero de 2011 que, como obispo, había mantenido correspondencia con el Vaticano sobre varios temas, y por lo general éste se tomaba bastante tiempo para responder. Pero en este caso la carta del cardenal Giovanni Re de la Congregación para los Obispos le llegó al cardenal Maida en sólo diez días, señalando los cánones del Código de Derecho Canónico que supuestamente había infringido.

Si bien Gumbleton comprendía que debía dejar su puesto de obispo auxiliar, pues ya había pasado el límite de edad de 75 años estipulado por la ley canónica, no llegaba a comprender por qué también se le exigía que renunciara a su función de pastor en la parroquia a la que tanto amaba. Pese a sus protestas, el arzobispo Maida le exigió que lo hiciera.

«Eso me sorprendió, en parte porque ¿qué sabe el cardenal Re sobre lo que es bueno para una parroquia de Detroit, sobre quién debería o no debería ser pastor?», dijo Gumbleton. «¿Y por qué el arzobispo debería aceptar los requerimientos del cardenal Re? Pienso que, después de todo, él es el arzobispo». «Un cardenal que es cabeza de una congregación no tiene ningún tipo de jurisdicción o autoridad como ésa», añadió. «Así pues, ¿por qué debería Maida hacerle caso? Bueno, es parte de todo un sistema tipo club de los cardenales: tú no vas a ponerte en contra de otro cardenal. Y de este modo no se me nombró administrador, así que tuve que dejar la parroquia».

«Ahora que miro bien el asunto, todo fue tan irracional, porque soy retirado de la parroquia y no se me permite celebrar Misa allí… Yo puedo celebrar Misa en cualquier otro lugar de la diócesis. De modo que fue algo en contra de la gente», dijo. «Sin embargo, la única cosa que en mi opinión me debería haber sido permitida es continuar siendo pastor de la parroquia para beneficio de la gente, porque tenemos escasez de sacerdotes y desde entonces nadie ha sido designado pastor allí», continuó. «Eso es realmente doloroso en especial para una parroquia pequeña. Así que parece que fue vindicativo. No ayudó a a nadie y no fue apropiado para la gente de la parroquia ser castigada por lo que yo hice».

Lo peor es que, después de rendir su testimonio, ningún obispo se comunicó con él personalmente, no obstante que Gumbleton en ese momento ya tenía 30 años como obispo. «Yo los conozco a todos», declaró. «Me he encontrado con ellos en varias ocasiones… Ninguno me llamó para hablar sobre esto. Ahora bien, si estaban molestos, me podrían haber llamado y hacerme bronca y agarrarme a gritos si lo querían. O podrían haber preguntado: ¿por qué lo hiciste?»

A Gumbleton también se le ordenó no ir a ninguna otra diócesis sin el permiso explícito del obispo del lugar. «Y eso fue un intento, supongo, de prohibir que hable en público». Respecto a esa restricción, dijo: «No se siente muy a gusto ir a una diócesis para hablar y saber que el obispo de la diócesis preferiría que no estuvieras allí. Y, sin embargo, yo no dejo que eso me inhiba, de modo que hallo caminos para hablar en todo el país».

«Yo no estoy enfadado con los obispos», añadió Gumbleton. «Me siento mal básicamente por nuestra Iglesia. Siento que estamos perdiendo una oportunidad de ser sanados porque no queremos ver en lo profundo problemas que existen. Y tarde o temprano nos veremos forzados a tener que hacerlo».

Mons. Thomas Gumbleton fue en 1972 uno de los fundadores de Pax Christi USA, organización que promueve la paz, y su labor pastoral se ha caracterizado por su compromiso con los pobres y las minorías.

________________________________________

FUENTES

The Washington Post
Bishop Says Priest Abused Him as Teenager (January 11, 2006)
http://www.washingtonpost.com/wp-dyn/content/article/2006/01/10/AR2006011001818.html

National Catholic Reporter
Retired bishop asked to leave Detroit parish for testimony (Nov. 4, 2011)
https://www.ncronline.org/news/accountability/retired-bishop-asked-leave-detroit-parish-testimony
Vatican moved quickly to punish Gumbleton (Nov. 5, 2011)
https://www.ncronline.org/news/accountability/vatican-moved-quickly-punish-gumbleton

CARTA ABIERTA A UN CONTRATADO DEL SODALICIO

A Ian Elliott, consultor especialista en abusos contratado por el Sodalicio para atender a las víctimas

ian_elliott

Estimado Ian:

He decidido escribirte de manera abierta y pública, debido a que hasta ahora no he recibido respuesta al e-mail que te envié el 10 de noviembre respondiendo a tu desafortunado e-mail del 9 de noviembre.

En realidad, todo comenzó el 1° de mayo de este año, cuando cansado de esperar a que el Sodalicio se comunicara conmigo no obstante las promesas de atender personalmente a cada una de las víctimas —entre las cuáles me cuento yo como el caso N.º 6 según la Comisión de Ética para la Justicia y la Reconciliación—, decidí tomar la iniciativa y comunicarme con Rafael Ísmodes, uno de los pocos sodálites que, por su calidad humana y su falta de doblez, me ha inspirado siempre confianza. Ísmodes me remitió a José Ambrozic, con quien también llegué a hablar en un par de oportunidades. Fue Ambrozic quien me sugirió que hablara contigo vía Skype, cosa que se concretó el 8 de julio.

Después de haber expuesto partes de mi historia y aclarado mis opiniones sobre el Sodalicio y sobre lo que está pasando con la institución, me agradeciste amablemente por la conversación, prometiéndome que ibas a ocuparte de mi caso. La verdad es que me despreocupé del asunto, sabiendo que de parte del Sodalicio poco o nada se podía esperar.

Sin embargo, el día 2 de octubre me comunicaste que no te habías olvidado de mí y que estabas viendo mi caso; y el 3 de octubre me informaste que ibas a viajar a Alemania para entrevistarte con algunas víctimas y que podíamos fijar una fecha para tener una conversación personal. Ésta se realizó efectivamente el 28 de octubre en horas de la mañana en una elegante suite doble en el Grand Westin Frankfurt Hotel —que cuesta normalmente 520 euros la noche, costo asumido en su totalidad por el Sodalicio a fin de que tú pudieras cumplir con la noble misión de atender a las víctimas—.

Reconozco que fuiste muy amable y correcto. Lo cual me hizo desconfiar, pues de acuerdo a mi experiencia, un exceso de amabilidad suele ir acompañado proporcionalmente de falta de sinceridad y transparencia. Y no faltaron indicios que me confirmaron esta sospecha. Como cuando comenzaste a hablarme maravillas del actual Consejo Superior del Sodalicio. Ciertamente, estoy de acuerdo contigo en que sus miembros son muy amables y bienintencionados. Pero no es eso lo que está en cuestión, sino más bien si están en capacidad de comprender dónde radica el problema del Sodalicio y, en consecuencia, si pueden tomar las decisiones correctas para darle solución. Te dije claramente que no conozco a ningún sodálite cuya captación y reclutamiento interior no se haya iniciado en la adolescencia, en la gran mayoría de los casos antes de alcanzar la mayoría de edad. Con personas ya adultas nunca ha funcionado. Y que el hecho de haber crecido en un coto ideológico protegido les hace muy difícil comprender la realidad más allá de las anteojeras ideológicas que les han colocado desde temprana edad en sus mentes.

Más sorprendido quedé cuando me dijiste que para el actual Consejo Superior los problemas ya eran cosa del pasado y que el Sodalicio actual no era el mismo que el de antes. ¿De un pasado que se remonta hacia atrás recién a partir de octubre de 2015, cuando estalló el escándalo? Respuesta afirmativa. ¿En un año el Sodalicio ha dejado de ser el que yo conocí? ¿De veras has sido tan ingenuo como para tragarte ese rollo?

¿Y cómo iba el asunto de las reparaciones? Me dijiste que el Sodalicio había determinado un monto para ser repartido entre todas las víctimas. Te pregunté si te habían mostrado los documentos contables que muestran a cuánto a asciende su patrimonio actual para ver cuánto podían ofrecer realmente y hacer la recomendación que como profesional te correspondía hacer. No, no te los habían mostrado ni tampoco los pediste. Te bastó con que te dijeran cuál era el monto destinado a reparaciones, las cuales iban a ser asignadas de acuerdo a la gravedad del delito cometido, sin considerar los daños y perjuicios sufridos. Es decir, a alguien al que avasallaron sexualmente pero sólo estuvo vinculado un año le correspondería una indemnización elevada, mientras que a otro que sacrificó veinte años de su vida en el Sodalicio, experimentando continuos abusos psicológicos pero sin haber sufrido nunca abuso sexual, le correspondería una indemnización bastante más reducida, si es que no ninguna.

En tu obsesión por presentar las cosas de manera positiva, quisiste resaltar la bondad de los miembros del Consejo Superior, que estaban ofreciendo estas reparaciones voluntariamente sin estar obligados a ellas por ninguna ley. Como un favor merecedor de gratitud y una señal de buena voluntad. Y que el monto iba a ser algo superior a lo que podría ofrecer la justicia peruana, en el caso hipotético de que se ganara un juicio.

Lamento decirte que no puedo compartir esta opinión. Un favor es algo que hace alguien gratuitamente en beneficio de otro, sin que el primero le deba nada al segundo. Y eso no se cumple en el caso del Sodalicio, el cual tiene una deuda moral con todas las víctimas dañadas por miembros de la institución y su sistema. ¿Cómo puedes considerar como un favor lo que incluso la moral cristiana considera como un deber de conciencia, tal como se señala en las siguientes citas del Catecismo de la Iglesia Católica?

1459 Muchos pecados causan daño al prójimo. Es preciso hacer lo posible para repararlo (por ejemplo, restituir las cosas robadas, restablecer la reputación del que ha sido calumniado, compensar las heridas). La simple justicia exige esto.

2487 Toda falta cometida contra la justicia y la verdad entraña el deber de reparación, aunque su autor haya sido perdonado. Cuando es imposible reparar un daño públicamente, es preciso hacerlo en secreto; si el que ha sufrido un perjuicio no puede ser indemnizado directamente, es preciso darle satisfacción moralmente, en nombre de la caridad. Este deber de reparación se refiere también a las faltas cometidas contra la reputación del prójimo. Esta reparación, moral y a veces material, debe apreciarse según la medida del daño causado. Obliga en conciencia.

¿Me has querido dar a entender que las víctimas deberían estar agradecidas al Sodalicio por realizar algo que en realidad constituye una obligación moral a ser cumplida por los sodálites, más aún cuando se jactan de seguir las exigencias del Evangelio —y la ética que de ellas se desprende— hasta sus últimas consecuencias? ¿Que no haya una obligación legal —lo cual significa que las víctimas estarían jurídicamente inermes— implica que el cumplimiento de una grave obligación moral deba ser recibido con gratitud sumisa, más aún cuando me has dado a entender que si la víctima no considera justo el monto ofrecido, el Sodalicio le da el ultimátum de «tómalo o déjalo» y se desentiende del asunto, escudándose en la “ingratitud” de la víctima?

Por otra parte, determinar el monto de las reparaciones sobre la base de lo que se ofrecería en el sistema judicial peruano —que es deficitario, corrupto y con frecuencia favorece la impunidad— me parece miserable. El Sodalicio siempre presumió de querer cambiar el mundo y revertir las injusticias que en él se cometen. Ahora resulta que si el sistema judicial peruano permite una injusticia, entonces el Sodalicio se acomoda a la situación en la medida en que lo favorezca económicamente, y allí se acabaron sus deseos de luchar por un mundo mejor. ¿No te parece que las reparaciones deberían fijarse más bien sobre la base de criterios objetivos de justicia, teniendo en cuenta los daños y perjuicios ocasionados a las víctimas?

Éstas son reflexiones que podrían ayudar a otros, pues en mi caso el “comité de reparaciones” del Sodalicio ha decidido que yo no tengo derecho a una reparación —como me comunicaste en tu “amable” e-mail del 9 de noviembre— con el argumento de que puedo recibir un tratamiento psicológico gratuito bajo el sistema de salud alemán y, por lo tanto, el Sodalicio no cree que deba darme una ayuda en ese sentido.

La atención psicológica es uno de los puntos que me haría acreedor a una justa indemnización. Pero no es el único punto. ¿Qué hay del secuestro de los mejores años de mi juventud, que desperdicié siguiendo una ilusión fanática con una mente manipulada y habiendo perdido mi capacidad de decidir libremente con conocimiento de causa? ¿Qué hay de los daños infligidos a los lazos familiares, sobre todo a la relación con mi madre?¿Qué hay del continuo sentimiento de culpa que primero me fomentaron en las comunidades sodálites y luego me acompañó durante décadas por haber abandonado la vida comunitaria y que se tradujo también en sentimientos de inferioridad? ¿Qué hay de la marginación progresiva de que fui objeto en ambientes de la Familia Sodálite? ¿Qué hay de la errada orientación vocacional realizada por sodálites no profesionales, que finalmente me llevó a estudiar teología, una carrera que no me sirvió posteriormente para obtener un trabajo decentemente remunerado que me permitiera mantener a mi familia? ¿Qué hay de la falta absoluta de cotizaciones para un fondo de jubilación, que me asegurara una vejez digna? ¿Qué hay de los rumores difamatorios que miembros del Sodalicio echaron a correr para tirarse abajo mi reputación, tachándome de loco, desquiciado, anti-católico, amargado y vengativo? ¿No sabes que recientemente me encontré aquí en Alemania con un ex-sodálite a quien yo no conocía, cuyo padre —a quien tampoco conozco y que también estuvo vinculado a la Familia Sodálite— le había preguntado si yo padecía del síndrome de Asperger? Es sólo un ejemplo para que veas hasta dónde llegaron las calumnias. Sin contar con que también afectaron las relaciones al interior de mi actual núcleo familiar. ¿Cómo puede el Sodalicio reparar todo este daño o devolverme las cosas valiosas de la vida que perdí o que nunca pude vivir?

Te pongo a continuación las recomendaciones que hizo la Comisión de Ética para la Justicia y la Reconciliación en mi caso:

  1. Reconocimiento por parte del Superior General de su condición de víctima y pedido de disculpas por escrito.
  2. Devolución a la víctima de toda su información personal, particularmente la relativa a sus evaluaciones psicológicas.
  3. Informar por escrito a todas aquellas personas —sea que se encuentren dentro o fuera del SCV— del hecho que hubiesen sido evaluadas psicológicamente por personas no profesionales, pidiéndoles las disculpas del caso y devolviéndoles los documentos pertinentes.
  4. Otorgarle una compensación económica que indemnice los años de pertenencia al SCV, ante el inadecuado discernimiento vocacional sufrido.
  5. Otorgarle la reparación económica proporcional al daño sufrido, comprendiendo la afectación moral y material de la víctima.
  6. Otorgarle la compensación económica que le permita acceder a un tratamiento médico psiquiátrico y/o psicológico integral por el tiempo que los profesionales médicos determinen.
  7. Realizar las investigaciones necesarias al interior del SCV, en relación a los actos denunciados. Asimismo, que el SCV imponga a los responsables las sanciones correspondientes.

De las siete recomendaciones, hasta ahora el Sodalicio sólo ha cumplido parcialmente la número 2, y eso fue antes de que la Comisión emitiera cualquier informe, pues yo mismo decidí solicitar el 14 de diciembre de 2015 mi documentación al Superior General del Sodalicio Alessandro Moroni. Recibí una serie de escritos manuscritos elaborados por mí, la mayoría anteriores a 1981 y unos cuantos posteriores a esa fecha, pero las evaluaciones psicológicas que se me tomaron así como los informes de rutina sobre mí elaborados por superiores y consejeros espirituales habían desaparecido como por ensalmo. Según Moroni, no había nada más. ¿Nada más, considerando que viví más de once años en comunidades sodálites? Cuesta creerlo. ¿En qué momento desaparecieron esos documentos, si es que no fueron destruidos?

A la vista de los hechos, lamento mucho, estimado Ian, que en mi caso —y probablemente en varios casos más— hayas contribuido a que el Sodalicio no cumpla con su obligación moral de reparar —aunque sea simbólicamente— las heridas causadas, y se ignoren las recomendaciones hechas por una Comisión que trabajó de manera imparcial e independiente. Sin recibir ninguna remuneración, a diferencia de cualquier contratado, que se debe a quien le paga.

Un cordial saludo

Martin Scheuch

(Columna publicada en Altavoz el 13 de noviembre de 2016)

SODALICIO: LA GRAN MENTIRA DE LAS RECOMENDACIONES CUMPLIDAS

jose_ambrozic

José Ambrozic, Vicario General del Sodalicio de Vida Cristiana

El 4 de noviembre, el Canal S de Youtube —canal informativo del Sodalicio de Vida Cristiana que se ha dedicado últimamente a publicar videítos piadosos que casi nadie ve— publicó un video donde José Ambrozic, Vicario General del Sodalicio, hablaba sobre el proceso de reparaciones a las víctimas. En ese mensaje, Ambrozic decía textualmente lo siguiente:

«La Comisión [de Ética para la Justicia y la Reconciliación] fue instituida en noviembre del año pasado, pero fue instituida como parte de un plan más amplio que incluía a los otros expertos ya desde un primer momento dentro del plan. La Comisión era necesaria porque en ese momento había mucha desconfianza respecto de nuestra institución y en consecuencia necesitábamos una instancia independiente con una calificación de integridad que estuviera más allá de toda discusión. La Comisión entregó un informe general y luego informes específicos para cada una de las personas que autorizaron que se nos entregue sus informes, calificándolos como víctimas o recogiendo lo que ellos habían compartido. Del Informe General de la Comisión hubo once recomendaciones. De esas recomendaciones, cinco ya han sido totalmente cumplidas, tres dependen de la Santa Sede y tres son las que se refieren al proceso de atención a las víctimas, que están en proceso de estar siendo cumplidas».

Como las cifras no me cuadraban, decidí revisar las recomendaciones hechas por la Comisión para verificar si era cierta tanta maravilla. Éstos son los resultados. A continuación, las recomendaciones de la Comisión, seguidas de mis comentarios.

________________________________________

MEDIDAS RECOMENDADAS
  1. Repudio público a la conducta de Luis Fernando Figari, respecto de quien las autoridades correspondientes deberían adoptar la mayor sanción moral e institucional.

Aquí tenemos dos partes bien definidas. En la primera la Comisión afirma que ella misma está tomando la medida de repudiar públicamente a Figari. La segunda parte le toca a «las autoridades correspondientes», entre las cuales se cuentan también las autoridades del Sodalicio.

Si bien en un comunicado del 5 de abril de 2016 el Superior General del Sodalicio, Alessandro Moroni, consideró a Figari culpable de los abusos de que se le acusa y lo declaró persona non grata para la institución, todavía no se le ha aplicado la mayor sanción institucional —que sería la expulsión—, lo cual no requiere de autorización de la Santa Sede, como se ha hecho creer. En septiembre de 2007 el Sodalicio expulsó a Germán McKenzie por motivos que aún no han sido aclarados y en octubre del mismo año, a Daniel Murguía, por haber sido capturado por la policía en una situación pedófila en un hostal del centro de Lima. En ninguno de los dos casos se consultó a la Santa Sede antes de proceder.

Por otra parte, cuando a inicios de 2011 salieron a la luz los abusos cometidos por Germán Doig, la Oficina de Comunicaciones del Sodalicio de Vida Cristiana emitió un comunicado, donde se decía:

«Queremos dejar en claro que estas conductas contrarias a nuestra vocación cristiana y nuestros compromisos libremente emitidos ante Dios no sólo no pueden tener cabida en nuestra comunidad sino que deben ser denunciadas y rechazadas con energía, claridad y transparencia. Actos graves como estos conllevan un proceso de expulsión del Sodalicio».

Fue fácil decirlo de alguien que ya había fallecido. Pero cuando se trata de Figari, se aplicó otro rasero, donde la «energía, claridad y transparencia» brillaron por su ausencia. Parecería que esos actos repudiados sí tienen cabida en la la comunidad sodálite, dependiendo de quién sea el que los cometa.

Mientras tanto, la expulsión de Figari sigue siendo una asignación pendiente para el Sodalicio.

  1. Las víctimas de los abusos deben ser resarcidas. Sus testimonios revelan la necesidad urgente de ser atendidas médica, psicológica y espiritualmente, además de la compensación económica a la que tienen justo derecho y que debe ser considerada por el SCV con cada víctima en un auténtico proceso de reconciliación y justicia. Ello debe comprender una solicitud de perdón y desagravio, de manera personal y escrita, por parte del Superior General a cada una de las víctimas.
  2. Compensación por los daños personales sufridos por quienes fueron privados de un adecuado discernimiento vocacional, y en esa medida, obligados a prestar servicios no remunerados, incluso en condición de “servidumbre”.

Ambas recomendaciones se refieren al proceso de reparación de las víctimas. Ambrozic dice que actualmente están en proceso de cumplirlas. Aunque parece que no se están ciñendo a principios básicos de la moral cristiana, como el que señala el Catecismo de la Iglesia Católica [las negritas son mías]:

2487 Toda falta cometida contra la justicia y la verdad entraña el deber de reparación, aunque su autor haya sido perdonado. Cuando es imposible reparar un daño públicamente, es preciso hacerlo en secreto; si el que ha sufrido un perjuicio no puede ser indemnizado directamente, es preciso darle satisfacción moralmente, en nombre de la caridad. Este deber de reparación se refiere también a las faltas cometidas contra la reputación del prójimo. Esta reparación, moral y a veces material, debe apreciarse según la medida del daño causado. Obliga en conciencia.

Sobre la base de testimonios que me han llegado, las reparaciones materiales ofrecidas suelen ser irrisorias en relación con los daños sufridos, pudiendo el Sodalicio, con un patrimonio de varios cientos de millones dólares, ofrecer más para cumplir con este deber de justicia, y con frecuencia ni siquiera se toma en consideración la falta de un «adecuado discernimiento vocacional» como un daño que tiene consecuencias en toda la vida de una persona.

En lo que a mí se refiere —reconocido como víctima con el número 6 por la Comisión de Ética—, he hablado en un par de ocasiones con José Ambrozic, también he hablado en dos ocasiones con Ian Elliott, y nada en absoluto de ambas recomendaciones ha sido cumplido por la institución en mi caso individual. Incluso el 9 de noviembre se me comunicó que el “comité de reparaciones” había decidido que yo no tenía ningún derecho a una compensación económica.

  1. El SCV deberá proceder a la devolución inmediata de toda la documentación correspondiente a cada una de las personas que forma o formó parte de la institución, que así lo solicite.

Èste es otro punto de cuyo cumplimiento hay razones sobradas para dudar. Primero, porque no sabemos cuántas víctimas han solicitado su documentación. Segundo, porque resulta difícil verificar que se les haya entregado todos los documentos sobre su persona que hay en los archivos del Sodalicio.

Yo mismo, por iniciativa propia, solicité el 14 de diciembre de 2015 mi documentación al Superior General del Sodalicio Alessandro Moroni. Sólo recibí una serie de escritos manuscritos elaborados por mí, la mayoría anteriores a 1981 y unos cuantos posteriores a esa fecha, además de mi partida de nacimiento y mi certificado de bautismo. Pero las evaluaciones psicológicas que se me tomaron así como los informes de rutina sobre mí elaborados por superiores y consejeros espirituales en más de once años que viví en comunidades sodálites se habían esfumado. Sospecho que sólo me entregaron lo que quisieron, lo cual sería grave, pues el ocultamiento o desaparición de documentación es un delito grave.

  1. Reconocimiento de la condición de víctimas por parte de la Comisión a través de los respectivos informes individuales.

Este punto ya ha sido cumplido, porque es la Comisión de Ética la que tenía que hacerlo. Más bien, el Sodalicio se ha negado a reconocer en algunos casos la condición de víctima a personas que han sido reconocidas como tales por la Comisión.

  1. La Santa Sede con la premura del caso, debiera adoptar drásticas medidas para la pronta intervención del Sodalitium Christianae Vitae, disponiendo que su conducción esté a cargo de personas ajenas a su actual estructura organizacional.

Esta medida le correspondía aplicarla a la Santa Sede, y ésta lo ha hecho a medias, pues si bien hay una intervención y algunas limitaciones en el poder de decisión del Consejo Superior, la conducción sigue estando a cargo de personas pertenecientes a la estructura organizacional del Sodalicio.

  1. Las personas que ejercieron algún cargo en la organización del SCV, durante los años en que se permitieron los abusos denunciados, deben ser impedidas de ejercer algún cargo representativo al interior de la organización.

Definitivamente, esta recomendación no ha sido cumplida en ningún aspecto. No sé si el Sodalicio piensa que es algo que le correspondería a la Santa Sede, pero no creo que sea necesaria la intervención desde arriba para implementar la medida. Y «cargo representativo» no se refiere sólo a una función en el Consejo Superior, sino a cualquier cargo de autoridad en que se tenga a otros bajo mando o responsabilidad, como, por ejemplo, superior de comunidad, formador espiritual o consejero espiritual. Por de pronto, Alessandro Moroni y José Ambrozic tuvieron cargos representativos en momentos en que se permitieron abusos, y siguen allí, atornillados a sus puestos.

  1. Con ese propósito, y a efectos de cumplir el objetivo de este trabajo, la Comisión remitirá el presente informe y otros que lo acompañen, a la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica de la Santa Sede.

Le competía sólo a la Comisión cumplir esta recomendación, y así lo hizo. No es ningún mérito del Sodalicio que se haya cumplido.

  1. Después de haber recibido los testimonios de las víctimas, esta Comisión cree en conciencia, que la Santa Sede debiera disponer con urgencia las medidas necesarias para que Luis Fernando Figari sea efectivamente sancionado por los actos denunciados, dentro de las competencias correspondientes a la justicia eclesiástica.

La aplicación de esta medida la compete a la Santa Sede, y parece que hasta el momento poco se ha hecho al respecto.

  1. Publicación del presente informe en la página web de la Comisión: comisionetica.org

Esta recomendación también se cumplió no por mérito del Sodalicio, sino de la Comisión misma.

  1. La entrega del presente Informe al SCV, a la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica de la Santa Sede a través de la vía diplomática de la Nunciatura Apostólica y al Sr. Cardenal Juan Luis Cipriani Thorne, Arzobispo de Lima y Primado del Perú.

Ésta medida también le correspondía a la Comisión.

________________________________________

Sacando cuentas, tenemos sólo dos recomendaciones que se refieren estrictamente a la reparación de las víctimas, proceso que aún no ha finalizado, aunque ya hay varios casos en que hay un incumplimiento flagrante de parte de los responsables del Sodalicio.

Hay, además, una recomendación que ha sido cumplida parcialmente por el Sodalicio, una que no ha sido cumplida en absoluto y otra que no hay manera de verificar que se haya cumplido (la referente a la devolución de la documentación personal). Sólo hay dos recomendaciones que le competen estrictamente a la Santa Sede y hay otras cuatro que eran de responsabilidad exclusiva de la Comisión, las cuales fueron cumplidas a la brevedad posible.

En consecuencia, el Sodalicio no puede jactarse de haber cumplido ninguna de las medidas recomendadas de manera íntegra y completa, mucho menos arrogarse el cumplimiento de recomendaciones que sólo le competían a la Comisión.

¿Y qué decir de la explicación a posteriori de que la Comisión era «parte de un plan más amplio que incluía a los otros expertos ya desde un primer momento»? Pues si es así, tal como han se han desenvuelto los acontecimientos parece ser que la labor de los expertos —por lo menos la de Ian Elliott— ha consistido aparentemente en neutralizar en la medida de lo posible las recomendaciones generales e individuales de la Comisión, a fin de favorecer al Sodalicio dentro de una estrategia de control de daños. Francamente, hubiera sido mejor que el plan sólo hubiera incluido a la Comisión de Ética, y los cientos de miles de dólares que el Sodalicio debe haber gastado en honorarios, viajes, viáticos, alojamiento, etc. de los expertos lo hubiera destinado a un fondo como parte de las indemnizaciones a ser pagadas a las víctimas.

Por otra parte, Ambrozic señala que «el proceso empezó con contactar a las personas, a las víctimas que habían sido reconocidas por la comisión independiente…» No sucedió así conmigo, no obstante que yo, siendo el caso 6, era uno de los que debían haber contactado a la brevedad posible. Sabiendo por Álvaro Urbina, una víctima de Jeffery Daniels, que ya lo habían contactado a él, y cansado de esperar, tomé yo mismo la iniciativa y me comuniqué el 1° de mayo con Rafael Ísmodes, lo cual permitió posteriormente que conversara en un par de ocasiones con José Ambrozic y dos veces con Ian Elliott.

Conozco personalmente a José Ambrozic, lo aprecio de corazón y tengo una muy buena opinión de él. Por eso mismo, lamento dolorosamente que se haya prestado a ser la cara visible de un proceso que se está revelando en gran parte como una farsa más del Sodalicio de Vida Cristiana. Que de cristiano parece tener solamente la fachada exterior.

________________________________________

Video donde José Ambrozic explica lo que supuestamente está haciendo el Sodalicio de Vida Cristiana en el ámbito de las reparaciones:

SODALICIO: LA IMPARCIALIDAD DE UNA COMISIÓN

comision_de_etica

Admito que, cuando el Sodalicio convocó en noviembre de 2015 la Comisión de Ética para la Justicia y la Reconciliación a fin de atender a las víctimas, mi recelo fue grande. ¿Qué de bueno podía venir de una iniciativa convocada por el Sodalicio?

Sin embargo, la Comisión mostró su independencia desde el principio, modificando las directrices de procedimientos establecidas inicialmente por el Sodalicio y cambiando el objetivo principal de «atender, confortar y aliviar a las víctimas, contribuyendo en el proceso de reparación y reconciliación» por el de «esclarecer las imputaciones formuladas contra varios miembros del Sodalitium Christianae Vitae y conducir un proceso que, orientado por la búsqueda de la verdad, coadyuve a la reconciliación y promoción de la justicia con quienes se hayan visto afectados por hechos de alguno de sus miembros».

Tras enviar mi declaración en enero de este año, el 25 de febrero hablé vía Skype con los miembros de la Comisión. El trato fue correcto pero distante. No sentí una actitud amable ni comprometida conmigo como víctima.

De hecho, la Comisión no se puso del lado de las víctimas ni tampoco del lado del Sodalicio. Su modo de proceder cuasi-judicial —aunque sin peso jurídico— se ajustaba a una imparcialidad intachable. Eso explica también los contenidos de su Informe: secos, duros, pero precisos y objetivos. Pues la verdad había que decirla sin concesiones. Y eso era lo que todas las víctimas esperábamos.

Contrasta esto con la actitud amable de Ian Elliott, experto irlandés contratado por el Sodalicio, al informarles a varias víctimas que éste no cumplirá ninguna de las recomendaciones hechas por la Comisión para su caso individual.

(Columna publicada en Exitosa el 12 de noviembre de 2016)

________________________________________

En diciembre del año pasado escribí una crítica a la Comisión (ver UNA COMISIÓN PARA EL OLVIDO), basándome en los procedimientos estipulados originalmente para su funcionamiento y no en las personas que la conformaban. En febrero de 2016 la Comisión decidió establecer nuevas directrices —dejando mis críticas sin efecto—, convirtiéndose en lo que el Sodalicio aparentemente no quería que se convirtiera: una comisión de la verdad. Pues en los procedimientos originales se indicaba que su labor «debe centrarse en el alivio, recuperación y confortación de las presuntas víctimas» y no en la búsqueda de la verdad respecto a los hechos denunciados.

Felicito a los integrantes de la Comisión —el Dr. Manuel Sánchez-Palacios (abogado), la Dra. Rosario Fernández Figueroa (abogada), Mons. Carlos García Camader (obispo), la Dra. Maíta García Trovato (psiquiatra) y el Sr. Miguel Humberto Aguirre (periodista)— por su honestidad en el trabajo realizado. Se merecen mis mayores respetos.