LA LETRA MUERTA DEL SODALICIO

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Momento de “comunión fraterna” en los Ejercicios Espirituales durante la V Asamblea General del Sodalicio de Vida Cristiana

El 27 de enero finalizó la V Asamblea General del Sodalicio, la primera supervisada por altas autoridades eclesiásticas: el cardenal Joseph Tobin, delegado vaticano ad nutum para el Sodalicio; Mons. Noel Londoño, C.Ss.R., comisario apostólico; fray Guillermo Rodríguez, O.F.M, comisario apostólico adjunto y el P. Gianfranco Ghirlanda, S.J., asistente pontificio.

Participaron más de cien sodálites profesos perpetuos, entre ellos:

  • Ricardo Trenemann y Óscar Tokumura, denunciados penalmente por asociación ilícita para delinquir y lesiones graves, además de que el primero tiene en su haber denuncias de abusos sexuales cuando era superior de una comunidad en São Paulo, lo cual fue de conocimiento de Alessandro Moroni (según declaración ante la Fiscalía en febrero de 2017);
  • Luis Ferroggiaro, sacerdote denunciado mediáticamente por Jason Day y luego por unos padres de familia ante el arzobispado de Arequipa por comportamiento indebido con un menor;
  • Javier Leturia, denunciado por abuso sexual con una menor (según Rocío Figueroa), aunque Moroni declaró ante la Fiscalía que se trató de un pecado sexual consentido entre adultos;
  • Enrique Elías y Alessandro Moroni, denunciados penalmente por «encubrimiento personal y real, obstrucción a la justicia, omisión de denuncia [y] delitos contra la libertad sexual en calidad de cómplices» (Diario Correo).

Hasta ahora no se han investigado a fondo estas denuncias ni existe ningún comunicado oficial del Sodalicio sobre la situación estos sodálites aún en actividad. Aparentemente, siguen su vida felices y contentos como si no hubiera pasado nada y aparecen chinos de risa en la foto final oficial de la V Asamblea, junto con Jaime Baertl y José Ambrozic, quienes también tienen serios cuestionamientos.

En el comunicado de la V Asamblea del 26 de enero se dice:

«Reconocemos que en nuestro pasado, sobre todo en algunos ámbitos, se han dado prácticas o aproximaciones que no reflejaron el Evangelio y fueron incluso contrarias a la vocación que indignamente hemos recibido de Dios. Hubo autorreferencialidad, soberbia, poca apertura, poca capacidad de escucha y de autocrítica para aceptar los errores y faltas en su momento. Por todo ello pedimos perdón».

Sin embargo, el documento mismo respira “autorreferencialidad” por todos lados, como si los sodálites vivieran en un mundo paralelo. Dicen que no pueden considerar a Figari como un referente espiritual; sin embargo, varios textos publicados por otros sodálites y la doctrina que profesan actualmente sigue siendo un calco de lo que enseñaba y escribía Figari. Señalan que los abusos de Figari fueron «denunciados e investigados por nuestra comunidad y la Santa Sede», olvidando que ni el Sodalicio ni la Santa Sede hicieron las denuncias, sino las víctimas y el periodismo de investigación. Mencionan «las investigaciones que la comunidad solicitó y llevó a cabo con la ayuda de expertos externos», pero pasan por alto la investigación de años que realizaron Pedro Salinas y Paola Ugaz cristalizada en el libro Mitad monjes, mitad soldados, además de ignorar las investigaciones y análisis que yo mismo fui publicando desde noviembre de 2010 y que llevaron, por ejemplo, a que se conociera el caso de Jeffery Daniels gracias a los testimonios de Mauro Bartra y Álvaro Urbina. Y sobre todo no le dan ningún crédito a la Comisión de Ética para la Justicia y la Reconciliación convocada por el Sodalicio mismo, que determinó un número de más de cien víctimas, superior a las 66 de la comisión de expertos externos.

Sobre la base de la petición de perdón que se hace a las víctimas de abusos y maltratos y el compromiso de «seguir sanando estas heridas y sufrimientos en justicia y en caridad», el 31 de enero le envié un e-mail a cuatro sodálites (Alessandro Moroni, Fernando Vidal, José Ambrozic, Jorge Olaechea), solicitándoles los datos de contacto de José David Correa, el nuevo Superior General del Sodalicio, a fin de iniciar un diálogo reconciliador, pues —como les decía— entiendo que las palabras del comunicado «no están dichas para quedarse en el plano de lo general, sino que se está dispuesto a hacer esto mismo personalmente con cada uno de quienes han sido heridos o maltratados por los hechos luctuosos ocurridos en el Sodalicio». A día de hoy no he recibido respuesta.

Todo ello me lleva a la conclusión de que el Sodalicio sigue siendo el mismo de siempre. Hay falta de transparencia, pues a pesar de que ellos afirman que han cambiado, nadie sabe en qué consisten esos cambios. La soberbia de creerse dueños de la verdad sigue allí, manifiesta en su burda manipulación de la realidad. Siguen resistiéndose a las críticas, siendo emblemática la denuncia de Mons. Eguren contra los periodistas Pedro Salinas y Paola Ugaz, que han criticado con fundamento al Sodalicio y al arzobispo sodálite. Y su pedido de perdón a las víctimas en general parece ser sólo un mensaje para la platea, pues no han dado señales de querer hacer lo mismo personalmente con cada uno de los afectados.

Al final, su comunicado resulta ser letra muerta, mero papel mojado.

(Columna publicada en Altavoz el 4 de febrero de 2019)

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La “autorreferencialidad”, que aparece en el comunicado en el n.º 5, se manifiesta en el texto inmediatamente después ser mencionada.

«Con el auxilio del Espíritu, creemos haber dado un paso adelante en la toma de conciencia de estos hechos [contrarios al Evangelio] y sus alcances, para poder ver la realidad cada vez más con los ojos de Dios.

Esto nos ha llevado a ver las abundantes bendiciones que son también parte de nuestra historia. Atesoramos los momentos de comunión fraterna en torno al Señor, vividos en oración, amistad, solidaridad y apostolado que han forjado nuestra identidad y que hemos experimentado renovadamente durante nuestra Asamblea». (n.º 5-6).

Es decir, los sodálites consideran como bendiciones lo bien que lo han pasado entre ellos —y que lo siguen pasando—, y no mencionan lo mal que se lo hacen pasar a quienes decidan ya no participar de esta “comunión fraterna”. Cuando precisamente una señal de que se sigue el Evangelio sería la preocupación efectiva por aquellos que legítimamente han decidido separarse de la institución, sin que haya ninguna falta grave de por medio, y se enfrentan a una situación de desamparo y falta de oportunidades. Hasta ahora no hay señales por parte del Sodalicio de querer salir al encuentro de estas personas, sobre todo aquellas que han sido víctimas. Una vez cerrado el capítulo de la comisión de expertos externos, no se han implementado mecanismos de ayuda ni asignado personas para seguir atendiendo a las víctimas conocidas y a las que todavía puedan seguir apareciendo.

Otra cosa que deja muy mal sabor de boca es cuando se dice que

«agradecemos a la Sede Apostólica que nos permita llevar a cabo el proceso de residencia impuesta fuera de una comunidad sodálite de Luis Fernando Figari que las autoridades del Sodalicio pidieron hace varios años, y que hoy, habiendo sido rechazados sus recursos a la Signatura Apostólica, podrá hacerse efectivo» (n.º 7).

En vez de lamentarse de que no se haya podido finalmente expulsar del Sodalicio a Figari, «a quien no podemos considerar como un referente espiritual para nuestra vida sodálite», agradecen que por fin pueda vivir solo en una residencia, estando todos sus gastos solventados hasta el fin de sus días por el Sodalicio, una especie de “castigo” que ya quisiera recibir el común de los mortales.

Asimismo, recién nos enteramos de que era falso lo que Alessandro Moroni dijo en un comunicado del 10 de febrero de 2017:

«El Sr. Luis Fernando Figari será retirado de la comunidad sodálite, donde permanecía por orden de la Santa Sede y será destinado establemente a una residencia en la que no exista una comunidad del Sodalicio, y donde pueda llevar una vida modesta de oración y retiro.

Cumpliendo la orden de la Santa Sede, se proporcionará al señor Figari las condiciones adecuadas para una vida sobria, de recogimiento y oración, por los graves actos cometidos».

Eso explicaría la presencia del P. Gonzalo Len, del P. Héctor Velarde, de Kenneth Pierce y otros sodálites en el departamento de Figari en Roma.

Por otra parte, no sabemos cómo van a fiscalizar que Figari tenga efectivamente una vida de recogimiento y oración. Muy bien podría salir a pasear y viajar como le plazca, banquetearse a su gusto o ver pornografía con frecuencia —como era su costumbre—, entre otros placeres accesibles en su retiro burgués, sin que a ningún sodálite le importe un comino lo que él haga, como ocurrió durante las casi cuatro décadas en que fue Superior General del Sodalicio.

Si a los sodálites les interesara de verdad la justicia y el respeto hacia las víctimas, deberían estar viendo la manera en que Figari responda ante la justicia peruana por los delitos de que se le acusa y termine con sus huesos en la cárcel, en vez de protegerlo y considerar que es un castigo vivir fuera de una comunidad sodálite. Aquellos que hemos vivido en tales comunidades y nos hemos retirado de ellas sabemos que es todo lo contrario: una bendición y una liberación que Figari no merece. Además podrían ahorrarse el dinero dedicado al dispendioso sustento de Figari para invertirlo en reparaciones más justas para las víctimas.

A todo esto, hasta ahora nadie ha explicado de dónde proviene el dinero para pagarle sus honorarios al Dr. Armando Lengua Balbi, abogado de Figari y uno de los más caros del Perú. Considerando que desde los años 70 Figari nunca ha trabajado, suponemos que es el mismo Sodalicio el que estaría asumiendo estos costos, mientras que la mayoría de las víctimas no tienen dónde caerse muertas, muchos menos tienen lo suficiente como para costearse un abogado. De ser esto cierto, el Sodalicio estaría otra vez protegiendo al perpetrador y abusando de las víctimas.

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FOTO OFICIAL DE LA V ASAMBLEA GENERAL DEL SODALICIO
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De izquierda abajo y en el sentido de las agujas del reloj: Óscar Tokumura, Enrique Elías, Alessandro Moroni, Ricardo Trenemann, José Ambrozic, Luis Ferroggiaro, Jaime Baertl y Javier Leturia

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E-MAIL ENVIADO EL 31 DE ENERO DE 2019 A ALESSANDRO MORONI CON COPIA A FERNANDO VIDAL, JOSÉ AMBROZIC Y JORGE OLAECHEA

Estimado Sandro:

Considero un paso positivo, aunque tardío, que quienes actualmente forman parte del Consejo Superior del Sodalicio sean personas que no han tenido ningún cargo de responsabilidad en el momento en que ocurrieron los abusos en el Sodalicio, con lo cual están cumpliendo por fin con una de las recomendaciones de la Comisión de Ética para la Justicia y la Reconciliación, aunque sea parcialmente, pues todavía hace falta hacer lo mismo con todos los superiores de comunidades y consejeros espirituales.

Asimismo, le tomo la palabra a lo que se dice en el comunicado de la V Asamblea:

«Como Asamblea queremos pedir sincero perdón a las víctimas de estos abusos y maltratos. Renovamos nuestro compromiso por hacer todo lo que esté en nuestras manos para seguir sanando estas heridas y sufrimientos en justicia y en caridad, y evitar que acciones como éstas vuelvan a ocurrir» (n° 4).

«A quienes se han sentido heridos o se han distanciado, les rogamos acojan esta petición de perdón y esperamos con el paso del tiempo podamos restablecer la comunión y amistad» (n° 9).

Entiendo que estas sinceras palabras no están dichas para quedarse en el plano de lo general, sino que se está dispuesto a hacer esto mismo personalmente con cada uno de quienes han sido heridos o maltratados por los hechos luctuosos ocurridos en el Sodalicio.

Por eso mismo, te agradecería que me envíes las señas de José David Correa para poder iniciar un diálogo personal al respecto. Puede ser dirección de correo electrónico, teléfono fijo o móvil, o usuario de Skype.

Este pedido también se dirige a aquellos a quienes se envía este mensaje en copia.

En caso de no recibir respuesta o no se acceda a mi pedido, no quisiera que José David se entere a través de los medios de que he querido iniciar un diálogo reconciliador con él y sus subordinados me han negado esta posibilidad, además de que el comunicado del Sodalicio quedaría como letra muerta, como mero papel mojado.

Un cordial saludo

Martin Scheuch

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FUENTES

Caretas
El Canto de Moroni (Jueves, 2 de Marzo de 2017)
http://caretas.pe/sociedad/78370-el_canto__de_moroni

Diario Correo
Fiscalía pide documentos sobre Cipriani por presunto encubrimiento al Sodalicio (08 de Agosto del 2018)
https://diariocorreo.pe/peru/fiscalia-documentos-cipriani-presunto-encubrimiento-sodalicio-834784/

Sodalicio de Vida Cristiana
Mensaje de Alessandro Moroni sobre Luis Fernando Figari (10 Feb 2017)
https://sodalicio.org/comunicados/mensaje-de-alessandro-moroni-sobre-luis-fernando-figari/
Comunicado de la V Asamblea: Perdón y Reconciliación (27 Ene 2019)
https://sodalicio.org/noticias/comunicado-de-la-v-asamblea-perdon-y-reconciliacion/
Clausura de la V Asamblea y fin del Comisariamiento del Sodalicio (28 Ene 2019)
https://sodalicio.org/noticias/clausura-de-la-v-asamblea-y-fin-del-comisariamiento-del-sodalicio/

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SODALICIO: DE LA ESCLAVITUD A LA LIBERTAD

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José Rey de Castro (JRC) fue sodálite durante 21 años, 18 de los cuales perteneció al círculo íntimo de Figari, al cual sirvió prácticamente en calidad de esclavo (sirviente a tiempo completo de disponibilidad total), de la forma en que la Comisión para la Justicia y la Reconciliación convocada por el mismo Sodalicio señaló en su informe final (abril de 2016):

«El menoscabo físico, psicológico, espiritual y moral determinó una particular afectación, consistente en la pérdida de la autoestima y las capacidades de los jóvenes escogidos para servir de manera directa a Luis Fernando Figari, mediante la atención personalizada e ininterrumpida en sus distintas actividades. Estos jóvenes en algunos casos fueron privados de recibir la formación esperada hasta por más de 20 años, y más bien obligados a realizar tareas domésticas sin compensación económica alguna, bajo la premisa de estar al servicio del “Fundador”, lo que sugiere que dichas prácticas podrían enmarcarse en un supuesto de lo que se conoce como “esclavitud moderna” o “servidumbre”, que debiera ser investigado por las autoridades respectivas.»

Tras salir de la vida comunitaria en 2013, pasaron cinco años antes de que JRC, con ayuda de psicoterapia, conquistara finalmente la libertad para hablar de lo que vivió a la sombra de Figari. Y esto lo ha logrado rápidamente en comparación con otros. Yo, por ejemplo, desde mi salida de una comunidad sodálite en 1993, me demoré quince años en procesar mi experiencia, comprender lo que realmente había vivido y cambiar mi valoración del Sodalicio, y otros cuatro años más en vencer el miedo y comenzar a publicar mi testimonio. Porque hay que decirlo con todas sus letras: quien toma conciencia de lo que sufrió física y psicológicamente en el Sodalicio, tiene luego que extirpar el miedo que le impide hablar públicamente, como ocurre usualmente en quienes han roto los barrotes interiores implantados en su alma por grupos sectarios.

Las reflexiones de JRC en su blog desnudan el sistema de sojuzgamiento mental del Sodalicio y confirman lo que ya suponíamos: que ese sistema perverso —con o sin abusos sexuales— sigue estando en pie. Sus conclusiones son lapidarias:

«Me encantaría decirles a todos que el SCV es una espiritualidad pero, lo siento, no lo es. No nace de una experiencia de Dios y está totalmente “determinada por la situación”. Tampoco tiene un impulso hacia Dios sino hacia la más intramundana sed de poder, placer y dinero. Nunca vi a Figari realmente trabajar, su “trabajo intelectual” era esporádico y caprichoso, vivía del trabajo de los demás sodálites, y vivía muy bien.»

Muy interesantes son los retratos que hace con seudónimos de varios personajes claves, en los cuales creo identificar a Humberto del Castillo, psicólogo del Sodalicio; Oscar Tokumura, el despiadado verdugo de San Bartolo; Jaime Baertl, el cura amigo de los empresarios, con su proverbial hipocresía; Eduardo Regal, elegido por Figari para sucederlo; Luis Ferroggiaro, el cura melifluo, separado del Sodalicio por acusaciones de conductas indebidas con jóvenes; Alfredo Garland, el intelectual reservado pero carente de rigor académico —el cual una vez me dijo a mí personalmente que yo no servía para la vida intelectual—; Ignacio Blanco, el oscuro confidente de Figari; José Ambrozic, inteligente y leal, maltratado por Figari pero cómplice del sistema: Juan Carlos Len, “contador” no oficial del Sodalicio que se mantiene en la sombra.

JRC tiene una buena justificación para hablar de estos personajes:

«El no haber nunca ejercido la autoridad, me permite, gracias a Dios, tener esta visión de los hechos y, por otro lado, mi edad y el lugar en el que estaba me permitieron ser una persona de confianza para Figari y sus discípulos. A diferencia de otros que fueron obligados a hacer juramentos de confidencialidad, yo tengo plena libertad para narrar estos hechos y describir las personalidades de quienes conocí, sin que esto genere en mí escrúpulo alguno ni culpa.»

¿Borrón y cuenta nueva, como tantos le han sugerido? ¿Dar vuelta a la página y seguir adelante como si nada? ¿A lo pasado, pasado? Así no funciona la realidad, y esto lo comprende muy bien JRC:

«Si sintiera alivio porque fui maltratado y por la injusticia sufrida hasta el día de hoy, estaría orate. Gracias a Dios estoy en mi sano juicio y libre.»

(Columna publicada en Altavoz el 23 de abril de 2018)

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FUENTES

Comisión de Ética para la Justicia y la Reconciliación – Informe final (abril de 2016)
http://comisionetica.org/blog/2016/04/16/informe-final/

Mi vida en el Sodalicio (Blog personal de José Rey de Castro)
¿Una espiritualidad para nuestro tiempo?
https://www.mividaenelsodalicio.app/una-espiritualidad-para-nuestro-tiempo/
Augubu, el intelectual
https://www.mividaenelsodalicio.app/augubu-el-intelectual/
Corporación Sodalicio S.A.
https://www.mividaenelsodalicio.app/corporacion-sodalicio-s-a/