SODALICIO: EL MITO DEL CARISMA Y EL LEGADO DE FIGARI

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Un Sodalicio diezmado en una misa durante el curso de formación dictado por el P. Gianfranco Ghirlanda SJ (Lima, septiembre de 2017)

Habiendo pasado ya dos años desde que estalló el escándalo del Sodalicio con la publicación de Mitad monjes, mitad soldados de Pedro Salinas y Paola Ugaz, las aguas parecen haber vuelto a su cauce. O eso es lo que nos quisieran hacer creer los actuales miembros del Sodalicio. Como si todo el problema hubiera sido solamente Figari, el cual está ahora a buen recaudo en Roma gozando de una jubilación dorada, pero lejos de la comunidad sodálite. Sin embargo, la verdad es que el Sodalicio no ha tomado distancia de su legado.

En julio de este año el sacerdote sodálite Jorge Olaechea presentó su libro Rudolf Allers, psiquiatra de lo humano. Lo que no debería pasar inadvertido es que Figari recomendaba encarecidamente la lectura de Allers a sus seguidores, pues como psiquiatra católico lo consideraba uno de los escasos exponentes de una psiquiatría sana y equilibrada, mientras que los demás representantes de la ciencia psiquiátrica debían ser o ignorados o combatidos ideológicamente.

Asimismo, del 18 al 22 de septiembre más de 130 sódalites asistieron a un curso dictado por el P. Gianfranco Ghirlanda SJ, profesor de Derecho Canónico de la Universidad Gregoriana (Roma). Entre los temas que el jesuita italiano abordó está el del “carisma fundacional”, ese supuesto don que el Espíritu Santo otorga a un fundador de un instituto de vida consagrada para darle una tarea y una orientación, que finalmente se traduce en un beneficio espiritual para la Iglesia.

Resaltó que el “carisma” no es propiedad del fundador, el cuál es sólo un instrumento en las manos de Dios. El “carisma” pasa a todos los miembros y vive en ellos. Incluso planteó la posibilidad de que el fundador no haya vivido el “carisma” porque es un hombre que ha pecado, lo cual resulta al fin y al cabo un detalle irrelevante, pues el carisma ha pasado a los miembros del instituto y eso se traduce finalmente en obras buenas y frutos buenos.

Por supuesto, el Sodalicio, ni corto ni perezoso, ha puesto en la red un video donde el P. Ghirlanda expone brevemente esta doctrina.

Sin embargo, esto no es otra cosa que la justificación de la continuidad de una institución que nació torcida desde un principio y de la cual es legítimo dudar que haya sido guiada por un “carisma” del Espíritu Santo.

El Papa Francisco, en la audiencia general del 13 de noviembre de 2013, explicó que los carismas «son actitudes, inspiraciones e impulsos interiores que nacen en la conciencia y en la experiencia de determinadas personas, quienes están llamadas a ponerlas al servicio de la comunidad». Imposible desligarlos de la biografía del fundador. ¿Y no era acaso Figari un abusador sexual, un sádico y un manipulador de conciencias desde el momento en que fundó el Sodalicio?

El mismo Papa Francisco señala que «si un carisma […] sirve para afirmarse a sí mismo, hay que dudar si se trata de un carisma auténtico o de que sea vivido fielmente».

¿Qué carisma podría haber tenido un hombre que creó una institución que funcionó como una secta desde sus principios, secuestrando las mentes de menores de edad para luego abusar sexualmente de algunos cuando fueron mayores? ¿Qué carisma pueden haber recibido los miembros actuales, que relativizaron la verdad y maltrataron a muchas víctimas desconociendo la veracidad de sus testimonios, además de haber impedido que se conozca todo el alcance de los abusos? ¿Que obras y frutos buenos puede mostrar el Sodalicio, cuando por cada sodálite en actividad deben haber varias personas —entre las cuales me cuento yo— que han visto sus vidas afectadas negativamente? ¿Qué carisma puede ser aquel que ha dañado la imagen de la Iglesia católica y ha hecho que muchas personas pierdan su fe religiosa?

El P. Ghirlanda habló también de una “refundación” como un «volver al inicio que es la inspiración del Evangelio». ¿Nadie le ha contado que los peores abusos los cometió Figari en los inicios? ¿O que doctrinalmente el Sodalicio se guiaba entonces por el pensamiento fascista de la Falange Española? ¿O que los peores métodos de manipulación mental y lavado de cerebro fueron aplicados en esa época?

Hasta el Espíritu Santo debe estar arrastrándose de risa ante tanta estupidez humana.

(Columna publica en Altavoz el 6 de noviembre de 2017)

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FUENTES

ACI Prensa
Lanzan en Perú el libro “Rudolf Allers, Psiquiatra de lo Humano” (16. Jul. 17)
https://www.aciprensa.com/noticias/lanzan-en-peru-el-libro-rudolf-allers-psiquiatra-de-lo-humano-16274

Papa Francisco
Audiencia general (Plaza de San Pedro, miércoles 6 de noviembre de 2013)
http://w2.vatican.va/content/francesco/es/audiences/2013/documents/papa-francesco_20131106_udienza-generale.html

Página web oficial del Sodalicio de Vida Cristiana
Video: Conferencias del Padre Gianfranco Ghirlanda, S.J.
http://sodalicio.org/portfolio/video-conferencias-del-padre-gianfranco-ghirlanda-s-j/

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NOSOTROS, “CÓMPLICES” DE FIGARI

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Es una constante de la historia que los vencedores terminen declarando culpables de sus crímenes y delitos a sus víctimas. No otra cosa ocurrió después de la Segunda Guerra Mundial, donde ninguno de los vencedores fue juzgado por crímenes de lesa humanidad, cuando entran dentro de esta categoría las bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki además de los bombardeos a rajatabla de las ciudades alemanas, gratuitos e innecesarios, pues no afectaron el desarrollo de la guerra pero causaron destrucción y pérdidas de cientos de miles de vidas humanas. Y no vale decir que los civiles japoneses y alemanes fueron responsables de desatar una guerra de alcance mundial, cuando la mayoría de ellos hubieran preferido que se mantuviera la paz. Se les puede considerar sobrevivientes de una catástrofe, pero no autores de ella.

A nivel más individual, los abusadores sexuales que quedan impunes —y quienes los apoyan— suelen cargar sobre los hombros de las víctimas la culpa de lo sucedido. Y esto mismo hizo el Vaticano en el caso de Figari, cuando llamó “cómplices” a quienes fueron objeto de la lubricidad del maquiavélico fundador del Sodalicio de Vida Cristiana.

La lógica que sigue el Vaticano es jurídica, pero no por ello menos alejada de la realidad. Según el actual Código de Derecho Canónico, «la persona que ha cumplido dieciocho años es mayor; antes de esa edad, es menor» (canon 97 §1). Y a continuación, estipula que «la persona mayor tiene el pleno ejercicio de sus derechos» (canon 98 §1). Lo curioso es lo aplicable a los menores de edad que hayan cumplido por lo menos 16 años, a los cuales el Código de Derecho Canónico considera susceptibles de recibir una pena en caso de que cometan una infracción, aunque no gocen del ejercicio pleno de sus derechos (ver cánones 1323-1324). Es decir, son responsables e imputables de delitos.

Dado que la inmensa mayoría de los afectados por los actos pecaminosos de Figari contra el 6° mandamiento eran mayores de 16 años, que «en algunos casos […] han declarado estar conformes o no haber opuesto resistencia o de toda formas de no haber percibido, en aquel momento, constricción alguna de parte del Sr. Figari», el Vaticano concluye que «dichos actos, por lo tanto, pueden ser al máximo considerados gravemente pecaminosos», pero no configuran «un abuso de menores y/o violencia».

De modo que sólo en uno de los casos conocidos de Figari se podría hablar de abuso de menores, dado que la víctima tenía menos de 16 años. Todo esto resulta bastante relativo, si consideramos que hasta el año 1980 en el Perú la mayoría de edad se alcanzaba recién a los 21 años de edad. Por consiguiente, las víctimas de Figari en los ‘70 fueron todas menores de edad según la ley vigente.

Por otra parte, los tecnicismos jurídicos mencionados dejan indefensas a las víctimas, pues se obvia que quienes fuimos objeto de abusos sexuales, psicológicos y físicos nos hallábamos en una situación vulnerable, en un contexto donde era casi imposible ejercer resistencia, pues se nos había inculcado desde que éramos menores de edad que Figari era un elegido por Dios para llevar adelante una obra divina y, por consiguiente, le debíamos obediencia absoluta. Mientras fui sodálite, nunca estuve en capacidad de contradecir a Figari, y consentí a los dos correazos que se me dieron en la espalda desnuda, sin oponer resistencia.

Nosotros, víctimas de abusos sexuales, psicológicos y físicos, podremos ser considerados “cómplices” de Figari por ser mayores de edad con derechos plenos, pero en realidad estábamos esclavizados a la voluntad de un megalómano sádico y manipulador. Y eso lo reconoce el mismo Vaticano, cuando señala que Figari «utilizó estrategias y métodos de persuasión impropios, es decir solapados, arrogantes y de todos modos violentos e irrespetuosos del derecho a la inviolabilidad de la propia interioridad y discreción, y por lo tanto a la libertad de la persona humana de discernir con autonomía las propuestas o las decisiones».

Mientras se siga insistiendo en resaltar la edad de las víctimas —cuando casos de pederastia en el Sodalicio sólo serían los cometidos por Jeffery Daniels y Daniel Murguía— y no la naturaleza de los abusos, seguiremos desprotegidos y nunca se nos podrá hacer justicia.

(Columna publicada en Altavoz el 30 de octubre de 2017)

ENTREVISTA: EL CASO SODALICIO

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Recientemente Luis Enrique Baca, estudiante de Derecho en la Universidad de Lima y subdirector de coyuntura nacional en el medio digital Punto y Coma, ha publicado un artículo sobre la situación actual del caso Sodalicio (ver “Análisis: La impunidad del Sodalicio. Víctimas sin justicia”, 26 de julio de 2017), donde cita algunas declaraciones mías que yo le envié el 16 de junio como parte de las respuestas a un cuestionario que me hizo llegar el 8 de junio.

Considerando que la situación sobre el Sodalicio no ha cambiado en nada hasta el momento —y dado que mis reflexiones podrían ser de interés para más de uno—, publico ahora la entrevista completa.

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¿En qué situación está el caso Sodalicio?

La situación del caso Sodalicio es la que ya conocemos a través de los medios de prensa. Una sentencia suave y condescendiente de parte de la justicia eclesiástica, y un stand-by por el momento de parte de la justicia peruana.

¿Por qué cree que la Iglesia encubre a los pederastas?

El tema es muy complejo. Por una parte, la Iglesia se siente representada por aquellos que ostentan un cargo eclesiástico, ya sea que hayan recibido la ordenación sacerdotal o hayan hecho compromisos en una institución de vida consagrada. Todavía se sigue considerando los delitos de pederastia más que nada como faltas graves en las que caen las personas mencionadas y, por lo tanto, como piedras en el camino que no les impedirán restituirse y volver a su situación anterior, donde supuestamente seguirán sirviendo a la institución eclesial después de la prueba por la que el demonio los ha hecho pasar. Hasta ahora, no obstante algunos tímidos progresos, la Iglesia no ha asumido la perspectiva de las víctimas, a las cuales se ha presionado para que guarden silencio (y eviten el escándalo), a fin de evitar dañar la debida reputación que debe acompañar a esos elegidos de Dios. Y el buen nombre de la institución sigue poniéndose como prioridad, aunque se tenga que crucificar a las víctimas.

¿Cree que son efectivos los tribunales eclesiásticos? ¿Por qué?

Los tribunales eclesiásticos sólo han sido efectivos cuando se trata de censurar a teólogos disidentes o de suspender a clérigos díscolos, que se salen de la línea doctrinal y moral impuesta por el obispo de turno. Pero en lo que se refiere a delitos graves contra los derechos humanos de las personas, lo más normal es que los jueces se tomen todo el tiempo del mundo, se concluya que no hay pruebas tras una investigación que consiste básicamente en no hacer nada, o los delitos prescriban. He escrito sobre este tema en una columna publicada en Altavoz, que lleva el título de JUSTICIA ECLESIÁSTICA: LA IMPUNIDAD PROGRAMADA.

¿Por qué no se le juzga a Figari en fueros civiles? ¿Crees que lo verás preso algún día?

El proceso contra Figari está todavía en “veremos”. El Ministerio Público tiene que determinar todavía si procede una denuncia penal que dé lugar a un proceso judicial. Todo esto puede demorar años. No creo que nunca veamos a Figari tras las rejas, pues aún cuando hubiera una sentencia, la cosa derivaría en un asunto diplomático complicado, pues la Santa Sede, con su vergonzoso pronunciamiento sobre el caso, lo ha blindado de por vida.

¿Qué tanto te marcó el Sodalicio?

El Sodalicio me marcó, como ha marcado a tantos. Más aún, es prácticamente imposible pasar por el Sodalicio sin que eso deje huella en la psique personal de uno. Hasta ahora sigo lidiando con las consecuencias.

¿Los abusos del Sodalicio han cambiado tu percepción sobre la Iglesia católica en general?

Mi percepción sobre la Iglesia católica no ha cambiado básicamente debido a los abusos del Sodalicio. Ya antes de ocuparme del tema a fondo, yo me había informado sobre los abusos cometidos dentro de los Legionarios de Cristo (antes incluso de que la Santa Sede se pronunciara sobre el P. Marcial Maciel), y también de otros abusos psicológicos que son moneda corriente dentro del Opus Dei. Más bien, al contrastar esos datos con lo que yo había vivido dentro del Sodalicio, fue que poco a poco pude darme cuenta de que yo mismo había sido víctima de abusos psicológicos y físicos. Aún así, sigo siendo católico por convicción y motivos personales, que he explicitado en la columna POR QUÉ SIGO SIENDO CATÓLICO publicada en mi blog. Ciertamente, mi percepción de la Iglesia ha evolucionado, a la cual considero principalmente como un pueblo formado por fieles creyentes seguidores del Jesús de los Evangelios. Y lamentablemente, en la jerarquía eclesiástica abundan quienes no pueden ser considerados como tales, pues con sus actos traicionan las palabras de Jesús y crucifican a las víctimas de abusos. Ante esto, sólo se puede seguir siendo católico si uno asume como programa las palabras que Juana de Arco les dirigió a los jueces eclesiásticos que la condenaron a la hoguera: «Los hombres de Iglesia no son la Iglesia».

¿Te duele el papel que ha jugado el Congreso al darles la espalda?

No es el Congreso el que nos ha dado la espalda, cortando la posibilidad de una comisión investigadora, sino el fujimorismo, aliado natural de los sectores más conservadores y retrógrados del catolicismo. Una investigación a fondo en el Congreso hubiera sido una ventana abierta para que se sepa toda la verdad sobre el Sodalicio y sobre su sistema doctrinal y disciplinario que atenta contra derechos fundamentales de las personas y favorece la comisión de delitos contra la libertad y la propiedad privada. Esta propuesta ha sido llevada adelante por algunos congresistas de buena ley, entre los cuales destaca Alberto de Belaúnde. Los abusos sexuales, a los cuales tanta publicidad se ha dado, son solamente una consecuencia marginal de problemas más serios y graves, siendo que el problema del Sodalicio no es la pederastia (la inmensa mayoría de las víctimas de abusos sexuales en el Sodalicio eran ya mayores de edad o adolescentes con madurez sexual) sino la manipulación de las conciencias, el abuso de poder y la sujeción de la libertad interior de tantos jóvenes, cuyas vidas son dañadas permanentemente, comprometiendo seriamente su futuro y su desarrollo como personas normales.

¿Te parece contradictorio que los que han cometido abusos o encubierto abusos hoy sean los abanderados de la defensa de los niños en el caso de la ideología de género y #ConMisHijosNoTeMetas?

No me extraña, pues aquellos que cometieron o encubrieron abusos hasta ahora no han tomado conciencia del alcance de lo que hicieron, y siguen justificando esos actos como «rigores de la formación». Para ellos, las víctimas no son tales, sino personas con malas intenciones que malinterpretaron aquello que experimentaron en el Sodalicio. Y precisamente la moral puritana que propugnan, basada sobre una interpretación fundamentalista de los datos bíblicos y ciega a las investigaciones científicas sobre el tema del género, es el humus donde germinan aquellos impulsos enfermizos que terminan en la perpetración de abusos. No puede haber tolerancia ni una actitud sana hacia los demás en una moral represiva de la sexualidad real.

¿Cómo han lidiado los Papas con los casos de abuso?

Recién con Benedicto XVI comienzan a haber medidas que apuntan a combatir los casos de abuso sexual —que, como ya he indicado, es un problema marginal en el Sodalicio—. Las medidas anunciadas por el actual Papa Francisco, aparentemente más radicales que las del Papa Ratzinger, han sido un saludo a la bandera, pues todo parece indicar que han sido neutralizadas con relativo éxito por la Curia Romana. Sin embargo, considero que las medidas siguen siendo demasiado tibias respecto a la gravedad del problema. Y lo peor de todo es que muy poca atención se le ha prestado a los abusos psicológicos y físicos, que son la madre del cordero, pues constituyen el caldo de cultivo de los abusos sexuales, que son más infrecuentes.

¿Eliminar el celibato sería la solución?

La solución a un problema complejo no puede radicar en una medida simple. No podemos eliminar el derecho que una persona tiene a elegir el celibato, si considera que ése es su camino. Pero mantenerlo como una obligación para todos aquellos que quieren ser sacerdotes, no sólo no encuentra sustento sólido en la Biblia o en la Tradición de la Iglesia, sino que puede generar problemas de sexualidad truncada o reprimida en muchas personas buenas que aman su la vocación sacerdotal, pero que tienen que admitir dentro del paquete el celibato obligatorio. Como decía el difunto Cardenal Carlo Maria Martini, él no creía que todos los llamados al sacerdocio estuvieran también llamados al celibato. Por otra parte, el problema va más allá de esta práctica eclesial. Es en la actual doctrina católica sobre la sexualidad donde se hallan los gérmenes de varios abusos. Mientras no haya una reflexión más profunda sobre este tema, que no tenga miedo de revisar y replantear algunos conceptos, con o sin celibato seguirán habiendo abusos.

¿Crees que el Sodalicio es la única organización religiosa peruana involucrada en estos casos?

Toda organización cristiana basada en la autoridad absoluta, con estructuras verticales, con exigencia de obediencia total, con pensamiento único impuesto a todos sus miembros y con una interpretación fundamentalista de los textos bíblicos presentará con alta probabilidad casos de abusos como los que han ocurrido en el Sodalicio. En el contexto peruano, se me vienen a la mente instituciones como el Camino Neocatecumental, el Opus Dei, Pro Ecclesia Sancta y Lumen Dei, aunque no descarto casos de abusos en órdenes tradicionales, especialmente si el ambiente es muy conservador y puritano.

RIGORES DE LA FORMACIÓN

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Georg Ratzinger dirigiendo el coro de los Gorriones de la Catedral de Ratisbona en 1976

Cuando el 19 de julio apareció en la prensa alemana la noticia del informe sobre los abusos en el coro de los Gorriones de la Catedral de Ratisbona, una anciana del asilo donde trabajo, que estaba leyendo el periódico local, me dijo indignada que quienes habían perpetrado esas atrocidades debían ser castigados. Lo mismo pensé yo. Pero también me invadió cierta tristeza, pues sabía que en esos casos muy rara vez los culpables son castigados, los delitos en su mayoría han prescrito y las víctimas suelen ser dejadas a su suerte y tratadas como si ellas fueran el problema, y no quienes lo han sufrido y cargan todavía con las consecuencias.

Pues lo que describe el informe de 440 páginas, encargado por el actual obispo de Ratisbona al abogado independiente Ulrich Weber —que se demoró dos años en la investigación correspondiente y el procesamiento de datos—, es la descripción de un crimen colectivo.

Hasta ahora se ha logrado determinar el número de 547 víctimas, de las cuales 67 fueron objeto de abuso sexual y 500 de abuso físico, siendo que algunas de ellas sufrieron ambos tipos de abuso. El número de perpetradores en el período de 1945 a 1992 —año en que se registra el último incidente— es de 49, de los cuales 9 cometieron abusos sexuales y 45, abusos físicos. La mayoría de los abusos ocurrieron en las décadas de los ‘60 y ‘70.

Del informe se desprende que no se trata de casos aislados, aun cuando haya ex-alumnos de las escuelas del coro que no sufrieron abusos y guardan recuerdos gratos de su época escolar. Pero eso no descalifica para nada los crudos testimonios de las víctimas, ni anula el hecho de que se trató de un sistema educativo y de formación dominado por la violencia, el miedo y el desamparo, tanto en la escuelas preparatorias de Etterzhausen y Pielenhofen, como en el internado de la escuela secundaria en Ratisbona.

Al igual que en otras instituciones donde han ocurrido abusos similares —llámese Sodalicio o Legionarios de Cristo—, el sistema formativo estaba orientado a la suprema perfección, en este caso a la excelencia en el rendimiento musical y el éxito del coro. Con el fin de lograr la máxima disciplina y disponibilidad, se buscó quebrar la voluntad de los educandos, lo cual sirvió de base para la justificación de prácticas violatorias de derechos humanos fundamentales, traduciéndose esto principalmente en abusos físicos y psicológicos, ocurridos casi a diario a vista y paciencia de todos dentro de los recintos escolares, mientras que los abusos sexuales, poco frecuentes y ocasionales, se dieron a puerta cerrada, aunque pueden considerarse como consecuencia última de la lógica del sistema.

El informe da cuenta de métodos cuasi policíacos: control de la higiene corporal, de armarios, de correspondencia, de camas, de comidas, etc. Quien cometía alguna falta era castigado desproporcionadamente con golpes o humillaciones, siendo las bofetadas y los varapalos los métodos más frecuentes. Otros castigos eran verter la sopa caliente sobre los dedos de quien no quería tomarla; o ser obligado a comer lo que se vomitaba cuando uno se resistía a comer el “forraje” que se servía en el comedor.

El informe habla también de abusos sociales —restricción de la comunicación con otros mediante aislamiento, prohibiciones, alejamiento de amigos y de la familia, retención de bienes personales, negación parcial de alimentos, etc.—, lo cual permite el control sobre el entorno del educando y, a la vez, se evita que lo que ocurre dentro de la institución llegue a conocimiento de personas externas. Como cuando se revisaba cada carta que enviaban los alumnos a sus familiares, y se las retenía si contenían información no grata para la escuela, o se ordenaba al alumno escribirla nuevamente en términos más amables.

Ni que decir, no faltaron quienes alimentaron pensamientos suicidas, o incluso intentaron fugar de la escuela, siendo luego castigados severamente, sin que pasara nada. Pues hasta el año 2010 no se dio crédito a quienes denunciaron los horrores vividos.

Durante mucho tiempo se consideró que los castigos eran normales para la época. Simples rigores de la formación. El informe dice lo contrario. Las pesadillas recurrentes y los traumas de los afectados son prueba de ello.

(Columna publicada en Altavoz el 24 de julio de 2017)

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FUENTES

Ulrich Weber/ Johannes Baumeister
Vorfälle von Gewaltausübung an Schutzbefohlenen bei den Regensburger Domspatzen (18. Juli 2017)
http://www.uw-recht.org/fileadmin/user_upload/Abschlussbericht_Domspatzen.pdf

ZEIT ONLINE
Regensburger Domspatzen: Mindestens 547 Chorknaben wurden missbraucht (18. Juli 2017)
http://www.zeit.de/gesellschaft/2017-07/regensburger-domspatzen-abschlussbericht-misshandlung

Frankfurter Allgemeine
Missbrauch bei Domspatzen: Sadisten im geistlichen Gewand (18.07.2017)
http://www.faz.net/aktuell/politik/inland/domspatzen-bericht-zu-missbrauchsfaellen-vorgelegt-15111839.html

Süddeutsche Zeitung
Georg Ratzinger war Teil des Gewaltsystems bei den Regensburger Domspatzen (19. Juli 2017)
http://www.sueddeutsche.de/bayern/katholische-kirche-georg-ratzinger-war-teil-des-gewaltsystems-bei-den-regensburger-domspatzen-1.3594702

EL SODÁLITE QUE SE ATREVIÓ A DECLARAR ANTE LA COMISIÓN DE ÉTICA DEL SODALICIO

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César Oga en el año 2012

Cuando todavía era rector del Colegio San José de Cajicá, al norte de Bogotá, el entonces sodálite César Oga, nacido en Lima el 7 de agosto de 1975, decidió presentar su testimonio ante la Comisión de Ética para la Justicia y la Reconciliación, convocada por el Sodalicio. Rindió su declaración en marzo de 2016, lo cual habría sellado su destino, si es que no estaba sellado desde antes, cuando en marzo de 2015 escribió un análisis crítico del Sodalicio que envió a las autoridades correspondientes y que ya ha sido publicado en este blog (ver EL SODALICIO AL DESNUDO: REFLEXIÓN CRÍTICA DESDE ADENTRO).

Lo cierto es que César dejó de ser rector del colegio sodálite San José en junio de 2016, pidió licencia y finalmente enrumbó su vida por otros derroteros distintos a los que había seguido desde su adolescencia, cuando fue captado por el Sodalicio.

Antes de testimoniar ante la Comisión de Ética, redactó el 3 de marzo de 2016 un borrador con las ideas principales que le servirían para su declaración. El 15 de marzo me hizo llegar este documento, indicándome que todavía era sodálite activo.

Por este motivo y por la confidencialidad que le había prometido guardar, no me ha sido posible dar a conocer este texto hasta ahora. A continuación, el texto que César mismo me ha autorizado a que se publique siempre y cuando se omitan nombres de personas.

Su importancia radica en que presenta de manera sucinta y concreta los elementos que hacen del Sodalicio un sistema opresivo de pensamiento y disciplina que anula la personalidad y libertad de sus miembros, permitiendo que se cometan abusos de todo tipo. Asimismo, sugiere alguna medidas radicales que el Sodalicio debería implementar para poder reformarse, si eso es posible.

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DECLARACIÓN DE CÉSAR OGA ENTE LA COMISIÓN DE ÉTICA PARA LA JUSTICIA Y LA RECONCILIACIÓN (BORRADOR)

Antes que nada quiero agradecerles su tiempo y la labor que realizan para ayudar a hacer justicia a todas las personas que puedan haber sido afectadas por la organización y evitar futuros atropellos.

Quiero aclarar anticipadamente que esta declaración o denuncia no es a personas concretas sino a la lógica de un sistema u organización.

Mi hipótesis es que la organización está basada en unos principios autorreferenciales que privilegia a la organización por encima de la persona, y por lo tanto, esto la ha llevado a atropellos contra las individualidades y principios morales y éticos.

Esta absolutización de un principio autorreferente es una proyección de la personalidad del Fundador y quien para lograr la consecución de las metas institucionales creó una comprensión particular cerrada de la realidad con conceptos religiosos organizados y estructurados según esta conveniencia. Es lo que podríamos llamar una sistema de pensamiento.

El Sodalicio en su concepción de fondo es lo más parecido a una ideología basada en conceptos religiosos. La radiografía más clara de este fenómeno lo encontré en un texto del teólogo Romano Guardini que me gustaría citar:

«Desde el momento que existe una conciencia creyente que conoce la pura doctrina, y una autoridad que se encarga de defenderla, surge el peligro de la “ortodoxia”, esa mentalidad que cree que conservar la recta doctrina es ya la salvación, pero que en virtud de la pureza de la doctrina, atenta contra la dignidad de la conciencia. Desde el momento en que se instituye una regla de salvación, un culto y un ordenamiento comunitario, surge el peligro de pensar que su realización exacta es ya la santidad a los ojos de Dios. Desde el momento en que existe una jerarquía de las funciones y de los poderes, de la tradición y del derecho, surge el peligro de ver ya el reino de Dios en la autoridad y en la obediencia mismas. Tan pronto como en lo sagrado se establecen normas y se distingue entre correcto e incorrecto, amenaza el peligro de coartar desde allí la libertad de Dios y de enmarcar como en derechos lo que viene exclusivamente de su gracia… Por muy noble que sea un pensamiento, tan pronto como penetra en el corazón humano genera en él contradicción, mentira y maldad. Esto es lo que ocurre también con lo que viene de Dios.»

Pienso que el Sodalicio es un sistema de pensamiento de corte religioso que, al haber sido absoluto y totalizante, ha creado sus propias reglas de acción.

Cosmovisión: a este sistema totalizante de la realidad se le llamó, entre nosotros, cosmovisión sodálite. En otras palabras, el Sodalicio gozaba, por gracia de Dios, de una concepción del mundo con unas claves hermenéuticas propias que nos hacían aventajados para entender la realidad y el ser humano. Hay en todos nuestros manuales formativos el desarrollo de los que llamábamos antropología sodálite, nuestra exclusiva visión del hombre.

Esta cosmovisión tenía varios conceptos fuertes que nos inculcaban:

Concepto de la vocación: la vocación era concebida como una realidad ontológica que determinaba la estructura constitutiva de la persona y por lo tanto, no había otra opción sino responder o poner en riesgo la salvación y felicidad de la persona. Esta vocación ya venía en el ADN de la persona antes de nacer.

Estilo: el estilo es un concepto clave del ordenamiento sodálite. El estilo era la expresión en la vida de esta vocación. Así como el concepto del llamado o vocación, el estilo era un concepto totalizante. Había un estilo sodálite único en todo, vestir, pensar, actuar, en la decoración de las casas, en la estética en general, en el comportamiento ético, etc. Era por lo tanto un criterio moral para juzgar el comportamiento de los sodálites en todos los aspectos de su vida. Este concepto determinaba en lo cotidiano si el sodálite era fiel o infiel a su vocación.

Autoridad: siendo yo superior a una edad corta, 26 años, se nos enseñó que nosotros éramos los custodios del estilo y los que determinábamos lo que Dios quería para las personas. La autoridad sodálite era en su esencia controlista.

Estructura autoritaria: Luis Fernando para tener un poder absoluto e incuestionable de la organización creó una estructura de gobierno a su medida. Y en ese mismo sentido, la estructura de gobierno posicionaba a los superiores como elementos que garantizaban la unidad y cohesión comunitaria.

Constituciones: si uno lee las Constituciones del Sodalicio con esta clave puede ver que el documento está planteado para que el miembro de la organización sea un instrumento sujeto a la arbitrariedad de los superiores. Las premisas son:

  • La vocación sodálite es a la plena disponibilidad apostólica.
  • La obediencia es el compromiso fundamental del sodálite.
  • La obediencia debe ser en todo como la de Jesús al Padre.
  • Y nunca se establece los límites o alcances de la autoridad.

Este es el fondo de muchos excesos de los superiores que desde su capricho, y muchas veces, sin mala intención, generó atropellos contra sodálites que hoy se sienten heridos psicológicamente.

Otro aspecto de las amarguras de muchas personas tiene que ver con las prácticas de reclutamiento.

Reclutamiento: el apostolado vocacional o reclutamiento se hacía en el colegio, como ejemplo es que la actividad bandera del Sodalicio es Convivio. La mayoría de las vocaciones, por lo menos en la bonanza vocacional, han sido captadas en edades escolares, 17 años, en donde la persona no tiene suficiente criterio de juicio pero está predispuesta a opciones radicales. Siguiente al reclutamiento estaban las prácticas formativas.

Formación: la formación estaba orientada a quebrar la voluntad de la persona. Las dinámicas de la obediencia irracional, los ejercicios extremos, los castigos, las introspecciones psicológicas apuntaban a ello.

Antropología negativa: así llamo yo el aspecto formativo que ve a sodálite como un potencial pervertido sexual. Hay un freudianismo en la visión sexual sodálite. La muestra más clara de ello es la política de estar siempre acompañados.

Capitalización de la persona en beneficio de la comunidad: pienso que de aquí parte otra herida y frustración de muchas personas que hoy sienten una injusticia de la comunidad: haber entregado 10, 15, 20 años de sus vidas a favorecer a la organización con la única retribución del deber cumplido.

Injusticia laboral: si una persona que ha servido a la organización por 15 o más años toma conciencia de que ése no es su lugar, ésta está destinada a la más injusta situación de sostenimiento. Es decir: sin ningún dinero cotizado a un fondo de pensión, sin ninguna liquidación, sin seguro médico, sin una experiencia laboral que lo haga competitivo en el mundo. Además, los sodálites en su generalidad no perciben el sueldo de sus trabajos. Yo soy un ejemplo, durante nueve años como fundador y rector del colegio San José no he recibido un sueldo por ese trabajo.

Si bien hoy en día muchos de estos principios que se expresaban en normas y directrices explícitas ya no lo son, considero que la cultura interna está impregnada de ellos. Es común que dentro de la comunidad los que quedamos justificamos que el Sodalicio es una obra buena por los frutos. Pero no se considera la cantidad de personas que hoy en día están fuera de la comunidad con reparos, por decir lo menos. y si no, heridas en sus vidas. Valdría la pena hacer un cálculo estadístico de todos los sodálites que han pasado por comunidad pero que hoy están por fuera. Un cálculo somero es del 65%, y percibo que los que actualmente forman parte de la comunidad tienen un perfil común y es el que podría llamarse, sin mucha precisión, conservador, o que siguen por inercia en la organización por que dependen de ella.

Pienso, además, que una transformación en la actualidad, muy sutil por cierto, de todo este pensamiento de connotaciones ideológicas es la absoluta seguridad que se tiene entre los que aún quedamos, y especialmente de los superiores actuales, que el carisma o la comunidad es algo querido por Dios. Me parece particularmente peligroso entre nosotros esa afirmación, ya que si se parte de esa seguridad de elección divina, el riesgo de convertirnos nuevamente en mesías del mundo es muy grande.

Yo creo que la comunidad se va ir debilitando poco a poco. Las vocaciones son escasas, hay una crisis de identidad y un desánimo generalizado. Sus fundamentos conceptuales, su espiritualidad está en entredicho. Ha hecho daño a mucha gente y las pocas fuerzas que le quedan deberían estar destinadas a esta reparación.

Debo terminar diciendo que yo reconozco haber sido parte del sistema y por lo tanto victimario sobre todo cuando fui superior de una comunidad de formación. Y a la vez, hoy en día, me siento víctima del sistema de autoridad, representado en [Fulano] y [Zutano].

Ellos son un ejemplo de cómo pueden hacer mucho daño no con insultos, golpes y abusos sexuales sino creyéndose los poseedores de la verdad y sintiéndose con la autoridad para imponer sus puntos de vista o los defectos de su sensibilidad sobre las personas.

EL SODALICIO AL DESNUDO: REFLEXIÓN CRÍTICA DESDE ADENTRO

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César Oga, ex-sodálite peruano

El presente artículo fue publicado el 2 de mayo de 2017 en Altavoz con el título de SODALICIO: Publican revelador texto de exsodálite cuando aún estaba dentro del Sodalicio. Por motivos de formato periodístico, el texto fue abreviado sin eliminar nada esencial. Para quien tenga interés y paciencia, pongo aquí el texto completo a disposición de los lectores. Agradezco al equipo de Altavoz, en especial a Ariana Lira, por el interés que están poniendo en seguir ventilando el tema aún no resuelto del Sodalicio de Vida Cristiana.

El 10 de noviembre de 2015, a poco de estallar el escándalo del Sodalicio a fines de octubre del mismo año, me llegó un e-mail de una persona a la cual yo no conocía. Se trataba de César Oga, sodálite peruano residente en Colombia, entonces rector del Colegio San José en Cajicá, al norte de Bogotá. Allí me decía lo siguiente:

«Martín, he venido siguiendo desde hace mucho tu blog. Sigo siendo sodálite consagrado y creo firmemente que existen dramáticos vicios en el sistema sodálite. Quiero mandarte un escrito sobre críticas que ya venía expresando a mis autoridades varios años atrás. Ciertamente este escrito lo hice y lo envié al Consejo superior antes que suceda la actual catástrofe. Te lo envío solamente por si en algo alimenta tus reflexiones, al ser un testimonio de alguien que está adentro. Creo en tu crítica honesta y creo, además, que hay que criticar mucho desde fuera para ayudar a salvar la institución. Te pido eso sí discreción, no cites textualmente mi escrito ya que, como te dije, es de conocimiento del Consejo Superior y algún otro hermano. Por lo pronto, quiero manejar una prudencia. He visto también que mantienes los principios éticos de confidencialidad.»

El texto en cuestión, fechado el 6 de marzo de 2015, era un extenso y brillante análisis de las deficiencias y carencias del sistema sodálite, sin mención alguna a abusos de tipo sexual, pero con una descripción acertada de las condiciones y supuestos que permitieron que se cometieran abusos psicológicos y físicos, que —como ya se sabe— culminarían en algunos casos en abusos sexuales.

El comentario que le envié ese mismo día a César fue el siguiente:

«Desde hace años he venido insistiendo en que las ovejas negras que aparecían en la comunidad sodálite no eran casos aislados, sino síntomas de un sistema que tenía que ser sometido a análisis y autocrítica. Veo que en tu escrito haces precisamente eso que yo he estado indicando desde hace años. Y lo haces de manera estructurada, resumiendo de la mejor manera algunas intuiciones que yo he puesto en mis escritos, además de añadir otras más que son cosecha personal tuya.

Mi hermano Erwin y otra personas me han insistido continuamente en que el Sodalicio había cambiado y, por lo tanto, mis análisis eran injustos y faltos de caridad. Pero nunca se me dio detalles sobre en qué habían consistido los cambios. Y el feedback que yo recibía me hacía recordar los mismos vicios de siempre. Según leo en tu escrito, los problemas medulares han permanecido y los cambios parecen haberse limitado a aspectos cosméticos. Me queda claro que respondían a una buena intención, pero han sido del todo insuficientes.

Quiero recalcar lo que señalas sobre el aislamiento de la realidad. Te lo puedo poner con un ejemplo. Nunca escucharás de boca de un sodálite que los Beatles y Pink Floyd constituyan un aporte sustancial a la cultura musical de todos los tiempos. O que las películas de Federico Fellini, Luis Buñuel y David Lynch sean importantes para comprender la problemática del hombre de nuestros tiempos, incluso en su aspecto religioso. Ser a la vez teólogo y un amante del cine de Fellini y Buñuel, como lo era el P. Francesco Interdonato SJ —que fue profesor mío en la Facultad de Teología— es algo impensable en un sodálite. Y algo similar se puede decir decir de muchos campos de la cultura. En los temas de doctrina social, historia, arte en general, sexualidad, etc., etc., el Sodalicio se ha dedicado a repetir fórmulas propias de una ideología, en vez de confrontarse con la realidad en todos sus matices.

Sobre la inseguridad de Luis Fernando, no sé sí sabes de su miedo obsesivo a las enfermedades, hasta el punto de que alguien fue testigo de que desinfectaba con pañitos de alcohol toda manija o picaporte de puerta que tuviera que tocar con sus manos. Yo recuerdo que bastaba con que un sólo miembro de la comunidad estuviera resfriado para que cancelara una visita planeada. Y algo que le molestó mucho fue que la línea del arte en la palma de mi mano fuera más larga que en la suya.

En fin, el texto es sumamente interesante, como para leerlo varias veces. Es una lástima que no se pueda publicar ahora. Ten por seguro que lo guardaré en secreto, así como tengo otras comunicaciones más que no estoy autorizado a revelar.»

César Oga ya no es sodálite. Ni tampoco rector del colegio sodálite San José. Como ocurre con muchos miembros del Sodalicio que asumen una posición crítica —aunque ésta sea constructiva y formulada con las mejores intenciones—, las autoridades sodálites los invitan a poner las barbas en remojo y a efectuar una revisión de vida —o discernimiento, como lo llaman— para impulsarlos a encontrar en sí mismos y en sus problemas personales —reales o ficticios— la causa de sus dudas y su espíritu crítico. César no fue la excepción a la regla.

Ahora que ya tiene su vida bien encaminada fuera del Sodalicio, César me ha autorizado a publicar sus reflexiones, a fin de que quede constancia de los serios problemas que él vio en la institución y que —en su opinión— aún podrían solucionarse si se toman medidas drásticas correspondientes. Pero para eso, debe haber la voluntad de hacerlo. No vemos que la haya, pero —como siempre he sostenido— nunca es demasiado tarde para hacer lo correcto.

A continuación, ponemos a disposición el texto redactado por César Oga cuando todavía era sodálite. Por razones confidenciales, se ha omitido los nombres de algunas personas. Nos hallamos ante un documento importante, que amerita ser leído varias veces y que constituye una radiografía certera de la seria problemática que aún aqueja a la institución.

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6 de marzo de 2015

PERCEPCIONES DE UNA ERRADA CULTURA COMUNITARIA SODÁLITE

Autor: César Martín Oga Miranda

Antes de desarrollar mi percepción sobre aspectos de la vida y cultura interna de la comunidad es importante aclarar que la descripción que se realiza en este escrito se ubica en los años en los que Luis Fernando [Figari] fue Superior general y luego Eduardo [Regal] como continuador de sus políticas. La intención es poner en discusión percepciones y reflexiones personales de elementos de esta etapa de nuestra comunidad para llamar la atención de aquellos aspectos negativos que puedan estar vigentes en la cultura de la comunidad.

La base de este análisis parte del principio de que una obra es reflejo de su autor. En este orden de ideas el Sodalicio es una organización que en su etapa fundacional se ha fundamentado en un liderazgo único y absoluto de su fundador Luis Fernando. Esta personalidad estuvo acompañada de un colaborador incondicional que fue Germán Doig. Germán fue una especie de traductor e intérprete de las intuiciones de Luis Fernando. Su trabajo conjunto fue cerrado, no hubo una persona relevante que haya sido influyente en esta co-dirección.

Esto es más relevante aún por la cantidad de años que estuvo Luis Fernando a cargo del Sodalicio directamente, e indirectamente durante el gobierno de Eduardo Regal. Esta influencia se prolonga desde la fundación del Sodalicio (´71) hasta el 2013 cuando es elegido Sandro [Moroni] como nuevo Superior General. Por lo tanto se trata de una influencia prolongada que marcará la configuración del Sodalicio tanto en aspectos formales como en la cultura interna.

Luis Fernando va a proyectar su comprensión de la fe en la institución. Y esa comprensión y su posterior conceptualización van a configurar lo que hemos entendido como espiritualidad. Pero la figura de Luis Fernando en la institución va a desbordar dicha plasmación conceptual. Irá más allá. El día a día de la comunidad, como en cualquier realidad social, va a estar entretejida por relaciones humanas, sistemas de valor, comprensiones de la realidad y juicios que se desarrollarán en el gobierno de la comunidad y que, a la vez, irán configurando la cultura sodálite: ese ámbito intangible que constituye el “mundo” que influenciará la vida del sodálite.

Es por ello, que más allá de los aspectos formales y doctrinales que Luis Fernando establecerá como principios de la comunidad, su carácter y personalidad permearán la estructura de toda la comunidad y sobre todo, lo que vengo llamando, la cultura interna.

Este principio mencionado, de la influencia de Luis Fernando en la comunidad, tal vez tiene un par de consideraciones. La primera se refiere a la naturaleza misma del carácter de Luis Fernando. Su influencia no será como la de cualquier líder en su entorno. Una de las primeras características de su persona siempre fue su carácter fuerte, vehemente, impositiva y radical. Su palabra era incuestionable. Por lo menos para la generalidad de los sodálites. Esta inflexibilidad en su personalidad es una expresión de un aspecto más profundo y caracterológico: la auto-referencia a sí mismo. Pienso que este elemento se convertirá en una fuerte característica de la comunidad general: una institución auto-referente con, incluso, connotaciones mesiánicas.

Él es la personificación de una organización que se ha experimentado, por muchos años, como una espiritualidad con una exclusividad por encima de otras en la Iglesia. No son pocas las veces que he escuchado a Luis Fernando hablar de la espiritualidad sodálite como la decisiva en esta etapa de la historia de la Iglesia.

Un elemento que ha influenciado a esta especie de exclusividad de la espiritualidad sodálite es que la hemos considerado como una espiritualidad integral, no limitada a un aspecto de la realidad. Por ejemplo, nuestra visión de la fe. En nuestra espiritualidad le hemos añadido a la fe el adjetivo de “integral”. La espiritualidad sodálite tiene como característica la fe integral a diferencia de otras espiritualidades que enfatizan tan sólo alguna de sus dimensiones. Y precisamente por ello nuestro carisma, supuestamente, goza de una especial capacidad crítica de la realidad. Como resultado de esto nuestra posición para criticar la realidad es más completa y objetiva. A partir de allí creernos la medida de las cosas es un error en el que es fácil caer.

La segunda consideración sobre la influencia de la personalidad de Luis Fernando es que la comunidad por muchos años jamás cuestionó las actitudes y personalidad del Fundador. Todo lo contrario, incluso en aquellas cosas difíciles de aceptar por no ser razonables se le atribuía una especie de intuición sobrenatural propia de una persona iluminada por el Espíritu Santo.

Luis Fernando ha expresado por diversas conductas una personalidad egocéntrica, impositiva y caprichosa que podía llegar a atropellar la dignidad de las personas y era justificada por un falso concepto de celo por el Evangelio. Todo aquello que se interfiriera en su camino era considerado como un obstáculo para el desarrollo del Plan de Dios del cual él era un elegido para llevar a cabo.

PERSONALIDAD INSEGURA

Sin embargo, la contraparte de esta personalidad tan imponente era una inseguridad muy profunda frente a la realidad. Incluso diría que esto podría reflejar algunos rasgos de un escrúpulo espiritual. En este sentido puedo citar una frase que me dijera el padre Jaime [Baertl] acerca de Luis Fernando: “es la persona más insegura que he conocido en mi vida”. Sacando la exageración que pudiese tener por el momento coloquial de la conversación, definitivamente pienso que expresa un aspecto significativo de esta realidad.

Luis Fernando, creo yo, reflejó esta inseguridad de su personalidad en el estilo de vida que llevó. Fue un personaje que en la mayor parte de su vida, como fundador de la familia sodálite, vivió un estilo de vida ermitaño. Eran pocas las veces que él se exponía socialmente y cuando lo hacía, estas situaciones se desarrollaban en ámbitos controlados. Para ello se desplegaba una supervisión minuciosa de dichos espacios o situaciones. Luis Fernando repasaba los detalles de las situaciones en las que se iba a exponer. A eso se le llamó reverencia. A mi parecer esa atención escrupulosa a los detalles que podían ser factores “fuera de control” refleja algo de una tendencia obsesiva e insegura a la realidad.

Estos espacios controlados tenían como fin poner las condiciones para que Luis Fernando pudiese presentarse como el centro único de ese momento, para que pudiese ser escuchado con reverencia por un público dócil y que no cuestionase ninguna de sus palabras. Recuerdo que en alguna charla en donde era importunado por una pregunta que no fuese de su agrado la persona era avasallada por una reacción irascible y descalificadora de su parte.

Las personas no podían contradecirlo. Ni siquiera a modo de suscitar una sana discusión constructiva. Recuerdo una vez que hice un aporte luego de una charla que nos dio a unos superiores. Si bien mi comentario no fue, para nada, una crítica a sus ideas tampoco estuvo en sintonía con el ánimo de lo que él había expresado. Como respuesta me dijo que me pusiera un cuaderno frente a los ojos para tapar mi vista. Y me dijo que esa era mi comprensión de las cosas: “ciega”.

Por otro lado, su horario de vida cotidiana invertido me parece que refleja una especie de lejanía de la vida social convencional. Para llegar a él había que pasar por el control de sus asistentes y en los lugares públicos siempre tenía un séquito de personas que estaba pendiente de su seguridad. Luis Fernando siempre estaba rodeado de protocolos: su llegada a lugares públicos, las citas con él, las ceremonias litúrgicas, las reuniones en las comunidades, etc. Los excesivos protocolos son, muchas veces, maneras de evitar que las cosas tomen rumbos indeseados e inseguros.

PROTAGONISMO SODÁLITE

Este egocentrismo y auto-referencia de Luis Fernando, me parece, ha influenciado en el perfil de los sodálites en general. El protagonismo tan afianzado de los sodálites en medio de la familia espiritual me parece que es una expresión de ello. No son pocos los lugares en donde el Movimiento [de Vida Cristiana] ha tenido una sodálite-dependencia. Incluso han existido figuras caudillistas en medio del MVC como una especie de líderes religiosos en medio de la masa. En mi opinión personal los sodálites, como rasgo general, expresan un cierto deseo de protagonismo. No me parece descabellado pensarlo cuando antiguamente había un cierto imaginario acerca de los sodálites como personas “especiales”. Hasta hoy en día escucho el famoso calificativo “buena voz” para aquellos que consideramos podrían tener una vocación a la vida consagrada. Si los llamados a la vida consagrada somos los “buena voz”, los “patas bacanes”, entonces es obvio que pensemos que tenemos algo especial del común de personas. El deseo de reconocimiento o protagonismo sería consecuencia natural de ello. Alguna vez una persona adulta, que no carece de agudeza, me definió el MVC en Bogotá como una corte de aduladores de los sodálites. Sacando los filtros personales creo que algo de la realidad refleja esta expresión y algo de esto puede haber en otros lugares.

Yo me pregunto: de verdad, objetivamente, tenemos algo que nos hace especiales en medio de la familia espiritual y por eso hemos ocupado en justicia ese lugar; o nosotros hemos generado conductas y actitudes para colocarnos allí. Evidentemente, para mí, lo que ha sucedido es la segunda opción.

Pero asumir este centralismo y protagonismo no es fácil para personalidades comunes y corrientes como son la mayoría de sodálites. Y es que la gran mayoría de nosotros no somos nada cercanos a esa personalidad especial que está en nuestro imaginario inconsciente. Para poder tener este protagonismo, pienso que hemos desarrollado mecanismos análogos a los usados por Luis Fernando. Es decir: crear un entorno para posicionarnos en ese lugar de reconocimiento. En el caso de la generalidad al no contar con un séquito de personas y recursos como los de Luis Fernando que propiciaran este entorno, lo hemos hecho por nuestros propios medios con actitudes, formas y mecanismos de defensa para ser cercanos a la gente pero a la vez lejanos y así no se percaten de nuestros defectos. Hemos buscado tener el control de las cosas y nos hemos presentado como los intérpretes legítimos de la espiritualidad.

Como consecuencia de esta aproximación no natural a la realidad se ha generado más bien una torpeza para relacionarnos con ella. Expresión de ello es la rigidez con la que nos perciben algunas personas. Adicionalmente, ejemplo de estas maneras “cercanas-lejanas”, es que las personas de la familia espiritual les ha sido difícil, históricamente, criticarnos o cuestionar nuestras acciones.

Hace muy poco un agrupado me comentaba que para él la típica propuesta de un sodálite para conversar es una especie de cuestionario que busca hurgar en la otra persona y casi nunca hay una exposición del sodálite. Cuando lo hay, es más una apertura controlada que busca una respuesta del interlocutor.

Debo precisar que esto no se aplica a todos y cada uno de los sodálites sino que se trata de una generalidad pero que vale la pena considerar también como cultural.

LA AUTORIDAD

Una de las muchas inseguridades de Luis Fernando como fundador y superior general ha sido que la comunidad no funcione como un cuerpo sólido y sin fisuras. La unidad ha sido una aspiración de la comunidad como lo expresa las mismas Constituciones: unidad de ideales, de vida, de pensamiento, de oración; y podríamos añadir varios aspectos más no explicitados en este documento. Para lograr esta cohesión comunitaria me parece que Luis Fernando organizó un sistema basado en una autoridad fuerte y una obediencia irrestricta en todo.

La formación sodálite ha enfatizado una obediencia fundamentada en sí misma, sin otra razón que la misma obediencia. En el documento Huellas, se habla del valor en sí de la obediencia desde el punto de vista antropológico y cristológico. Por lo tanto, aquel que obedece, ya de por sí, opta por un camino de crecimiento humano. Un recurrente principio en la comunidad, aunque no escrito en un documento, ha sido “el que obedece nunca se equivoca”. Si bien se critica la obediencia ciega de la espiritualidad jesuita, con otras prácticas se ha llevado a que los sodálites obedezcan sin cuestionar a la autoridad. Antes el superior se entendía como la voz de Dios per se, sólo por haber recibido esa responsabilidad. Pienso que si bien para la mayoría de sodálites no se podía asumir racionalmente que el superior era siempre la voz de Dios, también se defendió el principio de que era un bien mayor obedecer antes que cuestionar la autoridad.

Una práctica formativa que se usaba en las experiencias comunitarias y en el centro de formación, aunque ya se ha moderado, eran las famosas dinámicas de la obediencia “irracional”. Eran prácticas para obedecer sin preguntar, sin pedir razones, especialmente de órdenes extremas y hasta absurdas. Una dinámica emblemática era la de comer ese revoltijo vomitivo de “comida” en las experiencias comunitarias. La irracionalidad de la orden era el sentido formativo de esta dinámica. Creo que hasta hace poco en San Bartolo esta práctica se llevaba a cabo en un semana llamada, eufemísticamente, semana del amor. ¿Acaso con eso no nos estaban formando para obedecer en toda circunstancia y sin pedir razones?

La autoridad era pues ejercida bajo una premisa de inseguridad: la inseguridad de la división comunitaria y la infidelidad. Una expresión de esto era también que años atrás el retenimiento de los miembros a la organización para que no se desvincularan era exagerada. Se evitaba a toda costa la salida de cualquier integrante. En varios casos, a pesar de haber manifestado un deseo honesto de salida, el sodálite era casi forzado a pasar por procesos indefinidos y prolongados para evitar aquello que era una mal en sí: la desvinculación de la comunidad. Se dieron casos dramáticos de personas no idóneas para la vida consagrada o personas que habían cometido faltas graves que, lógicamente, debían salir de comunidad y por el contrario se forzó una permanencia que terminaba siendo traumática y dolorosa. Hay varios casos que atestiguan esta lógica.

Podría decir que en el plano práctico y como un sistema de valor inconsciente de la comunidad había una equivocada inversión en la jerarquía de valores: el valor de la autoridad estaba por encima de la conciencia moral individual. Cuando, definitivamente, la conciencia moral nunca debe ser conculcada bajo ningún argumento. Es lo más sagrado de la persona humana; y la congruencia de la conciencia con la obediencia externa es un ámbito que no se puede forzar ni siquiera en nombre de Dios.

Finalmente quiero afirmar que en ningún ámbito social existe una autoridad sin límites. La autoridad sin límites se convierte en autoritarismo y puede llegar a la tiranía. En mi concepto varias acciones de Luis Fernando han rayado en actos tiránicos. Además este esquema de autoridad ha llevado, y tengo ejemplos de ello, a que los caprichos y limitaciones del superior de turno se filtren en decisiones que han afectado la vida y bienestar de los hermanos. Pienso que no se ha reflexionado y establecido con claridad los límites de la autoridad. Todo lo contrario se ha dilatado sus alcances hasta llegar a campos absurdos ya que son propios de la opinión y de las opciones personales. El respeto de Dios a la libertad humana debe iluminar este aspecto de la reflexión.

ANTROPOLOGÍA NEGATIVA

Un aspecto con el que se ejerció la autoridad en el Sodalicio fue la aproximación negativa a la persona. En la práctica las autoridades manifestaban, sin querer, que lo más patente de la persona era la posibilidad de su infidelidad. Esta aproximación ha sido una clara influencia directa de Luis Fernando a quien cada salida de un hermano le generaba una frustración que enfatizaba más esta aproximación.

Creo que esta aproximación negativa a la persona estaba representada de manera patente en la valoración de Luis Fernando de la sexualidad en el sodálite. Este me parece un tema complejo a tratar pero sólo puedo decir que había en Luis Fernando una recurrencia distorsionada en los temas de la sexualidad o de la homosexualidad manifestada en bromas y comentarios de doble sentido.

Por otro lado, la aproximación valorativa de la mujer en el Sodalicio siempre me ha parecido “medievalesca”. Ejemplo de esto es que en el argot sodálite a las mujeres comúnmente se les llamaba la “mostra”. También cualquier relación de un sodálite con una mujer era considerada sospechosa de plano. Un testimonio que tengo a mi alcance es que para Eduardo Regal los sodálites, como ideal, no debían dar consejería a mujeres. Incluso llegó a decirle a un sacerdote sodálite que los sacerdotes tampoco debían hacerlo.

Una persona cercana a Luis Fernando alguna vez me compartió que la disposición de que ningún sodálite estuviera solo, sino acompañado por alguien, tenía de fondo el temor a una infidelidad en el plano sexual. Para Luis Fernando esta compañía debía darse en todos los casos y sin ninguna excepción. Si no se llegó a aplicar esta norma de manera radical fue por la inviabilidad práctica de esta. Pero en la comunidad en donde él vivía esta medida sí se aplicaba hasta extremos antinaturales y difíciles de entender en la sociedad actual.

Yo mismo puedo dar testimonio que hace tan solo un par de meses se me presentó una excelente oportunidad de crecimiento profesional y personal realizando un viaje de seis semanas a Inglaterra, la cual se me negó, por medio de mi autoridad, por la sospecha de que fuera una causa de desvinculación. Cuando esta oportunidad tuve que ofrecérsela a otra persona, una mujer casada con tres hijos, se alegró enormemente por lo que significaba para ella, o para cualquier persona. Cuando le pregunté si tenía que preguntarle a su marido, en ese momento, ella me respondió con naturalidad que él entendería perfectamente y hasta se alegraría mucho. Lo que yo me pregunto es, por qué algo tan bueno en sí mismo y que lo es para una persona con responsabilidades familiares, o para cualquier persona común y corriente, no lo es para un consagrado.

Finalmente, creo, que un factor que ha influenciado en estos esquemas de desconfianza es la influencia de la idiosincrasia limeña marcada por un complejo social, que ve en el otro alguien que quiere sacar provecho subrepticiamente de los demás.

CONTROLISMO

Como esta visión desde la patología humana, evidentemente, implicaba un riesgo latente para la unidad de la comunidad, para evitar cualquier riesgo de infidelidad se creó una cultura controlista desde la autoridad. Para fundamentar esta autoridad se desarrolló una justificación de corte religioso en la línea de: el superior es la voz de Dios y el sodálite obedece en todo a semejanza de Cristo. Obviamente la falacia estaba en ese “todo” aplicado hacia una autoridad humana. Y para evitar cualquier posible rebeldía o engaño por parte del que obedece entonces se ejerció, lo que he llamado, un controlismo como cultura de gobierno. En la época más rancia se llegó a controlar la correspondencia de los sodálites o intervenir sus computadores. El sodálite debía estar bajo la supervisión detallada de la autoridad y no debía tener ámbitos personales que no estuvieran contemplados por ella. Esto generó una cultura en donde no había un límite claro entre el fuero interno y el control del superior. Si bien alguien con formación o una personalidad fuerte, podía cuestionar alguna intromisión de su superior, hay que tomar en cuenta que muchos sodálites jóvenes o sin criterio aceptaban sin mayor protesta y hasta con “generosidad” estos excesos.

Pienso que esta aproximación ha generado muchas anomalías en el desarrollo de la personalidad, afectividad y conciencia moral de sodálites. Incluso lo percibo como un marco que ha propiciado desviaciones en las conductas y consiguientemente caídas en contra de la propia vocación. Existe un principio en la educación humana que consiste en “tratar a la persona como quieres que ésta sea”. Este principio, evidentemente, está mediado por la dosificación de los espacios de autonomía de la persona. Pero prima la confianza en ella y su capacidad y deseo natural de hacer el bien, y que es más fuerte que su tendencia al mal. Creo que este principio no ha sido el más notorio en la pedagogía y en el gobierno del Sodalicio.

Aquí quisiera dar una apreciación personal. Creo que este controlismo también ha generado una estructura paternalista que castra la personalidad de los sodálites. Son muy pocos los sodálites que para mí expresan una personalidad de arrojo y diálogo intrépido con la cultura contemporánea. El controlismo es un entorpecimiento a la capacidad de iniciativa y audacia que pudiese haber en algunos; antes, a veces, la mata planteando, siempre, una suspicaz pregunta de: ¿no será que esto puede terminar siendo perjudicial? Entendiendo perjudicial como mundano o antievangélico. Mi limitación para hacer un viaje de crecimiento profesional a Inglaterra para un mejor servicio apostólico lo guardo como un ejemplo de ello.

Veo, hoy en día, la estructura comunitaria sodálite como un sistema proteccionista para personas que tienen miedo al mundo porque se los puede “comer”. Muy lejano está la imagen de ser punta de lanza en la cultura para transformarla en sus raíces, ideal con el que nos formaron de jóvenes.

En otros términos plantearía la siguiente pregunta, ¿hoy como comunidad podemos decir que una de nuestras características es estar en las periferias culturales, si salir unos “metros” fuera de la protección de la comunidad ya es motivo de inseguridad y sospecha?

ESTILO SODÁLITE

Un concepto que favoreció el controlismo en el Sodalicio fue el del estilo. Estilo en la definición de la comunidad era “el modo de vivir la espiritualidad”. Era la expresión vital de la espiritualidad sodálite. Como tal reflejaba lo esencial de la vocación y por lo tanto debía expresarse en todas las dimensiones de la vida. Por ello, el estilo abarcaba la totalidad de la persona.

He podido constatar en mi vida comunitaria que estilo sodálite podía abarcar desde una melodía de música, gustos en decoración, el estilo literario, la comida, la arquitectura, las lecturas, las películas, las maneras de expresarse, formas de hablar, sentimientos que podían producirte las cosas, en detalles minuciosos de la ropa: zapatos, pantalones, camisas, abrigos, lentes, etc.

El estilo como expresión de la vocación se expresaba en todo. Y así se caía en una visión absolutista que a la vez era formalista y rígida. Sin que se percatara de ello el estilo adquiría connotaciones culturales peruanas y connotaciones conservadoras provenientes de los sodálites que legislaron los distintos aspectos de este estilo en la historia del Sodalicio. Evidentemente por las razones antes expresadas los gustos de Luis Fernando configurarán algunos rasgos del estilo sodálite. Hoy por hoy me pregunto por qué y en qué momento un modelo de zapatos marca Clarcks se convirtieron en un criterio objetivo de nuestro estilo.

Otro criterio, relacionado al estilo, que se estableció en el imaginario sodálite fue el expresado en la pedagogía del silencio: la educación de afuera hacia dentro. Ello terminó siendo un criterio para darle un gran peso a los aspectos externos del estilo y una manera de juzgar, por medio de ellos, la intencionalidad y la conciencia de las personas. Así, algún aspecto que no estuviera dentro de los cánones del estilo podía reflejar un espíritu de mundanidad y hasta infidelidad evangélica.

Pero no es por eso que se convirtió en un criterio controlista, sino porque al ser un criterio para medir la unidad sodálite y una línea de fidelidad, entonces el superior era el legislador último del estilo. Recuerdo que en varias reuniones de superiores se hablaba de que el superior era el “custodio del estilo”. De hecho la reunión de superiores de 2005 tuvo esa idea como lema: “el superior, custodio del estilo”. Bajo esa ecuación los aspectos más insignificantes de la vida del sodálite quedaban sometidos al juicio del superior, juicio que podía llegar hasta el fondo de la conciencia personal.

Esta concepción rígida y exteriorista del estilo también ha contribuido a que los sodálites sean percibidos como personas hechas con el mismo molde. Al final de cuentas creo que si bien eso puede contribuir a una imagen de solidez institucional, creo que a la larga nos aleja de las personas y nos hace ver como gente ajena a sus vidas.

Lo más paradójico es que mientras en nuestras Pautas se habla de no caer en la uniformidad se ha establecido, en la cultura interna, un criterio de fidelidad en aspectos ridículos de formas.

COSMOVISIÓN DE LA REALIDAD

Al final de cuentas, la visión integral de la fe, el estilo propio y una aproximación a la realidad acuñada como sodálite han creado toda una cosmovisión intelectual en el Sodalicio. El Sodalicio se enorgullecía de tener una antropología “propia” que incluso se definía como integral.

Todo esto ha constituido un gran cuerpo doctrinal en donde el sodálite se tenía que “mover” intelectualmente. Era tan preciso este cuerpo que gozaba de su propia terminología para ser nombrado. Incluso se reinventaba los conceptos porque gozábamos de la aproximación correcta a la realidad. Entre algunos conceptos redefinidos están: Voluntad de Dios por Plan de Dios, Nuestro Dios por Dios Amor, Doctrina Social por Enseñanza Social, Esclava por Sierva, Jesucristo por Señor Jesús, Redención por Reconciliación, etc.

Eran tan evidente la estructuración de nuestra mente en este paradigma que la forma de expresarnos en los conceptos, las palabras, la aproximación era un molde para casi todos los sodálites. El escrito o producción literaria de un sodálite es difícil reconocerla con un sello personal. Y es que por lo general se sigue un patrón definido que condiciona el pensamiento particular.

Este cuerpo doctrinal tan universal, definido y sólido, así como esa auto-referencia institucional, ya descrita, ha propiciado un rasgo espiritual institucional tanto sutil como peligroso. Es un riesgo en toda la historia humana y religiosa que describe con agudeza Guardini y que prefiero transcribir:

«Desde el momento que existe una conciencia creyente que conoce la pura doctrina, y una autoridad que se encarga de defenderla, surge el peligro de la “ortodoxia”, esa mentalidad que cree que conservar la recta doctrina es ya la salvación, pero que en virtud de la pureza de la doctrina, atenta contra la dignidad de la conciencia. Desde el momento en que se instituye una regla de salvación, un culto y un ordenamiento comunitario, surge el peligro de pensar que su realización exacta es ya la santidad a los ojos de Dios. Desde el momento en que existe una jerarquía de las funciones y de los poderes, de la tradición y del derecho, surge el peligro de ver ya el reino de Dios en la autoridad y en la obediencia mismas. Tan pronto como en lo sagrado se establecen normas y se distingue entre correcto e incorrecto, amenaza el peligro de coartar desde allí la libertad de Dios y de enmarcar como en derechos lo que viene exclusivamente de su gracia… Por muy noble que sea un pensamiento, tan pronto como penetra en el corazón humano genera en él contradicción, mentira y maldad. Esto es lo que ocurre también con lo que viene de Dios.»

Pienso que las palabras de Guardini expresan rasgos de nuestra fisonomía espiritual como comunidad. Las posibles consecuencias no me atrevo a expresarlas por temor a convertirme en lo que él mismo advierte, que es el peligro del fariseísmo. Pero pienso que el condicionamiento doctrinal sodálite, nuestra “cosmovisión” cerrada, puede llegar a influenciar lo más profundo de nuestra conciencia moral. Yo lo he descubierto en mí y creo que no es fácil desarraigarse de estas visiones que comprometen la misma vida espiritual. Obviamente que en ello influye, en primer lugar, mis propias características personales, pero habernos creído en algún momento “la respuesta” ¿no tiene influencia en otros aspectos más sutiles en nuestra vida comunitaria y personal?

Creo que como comunidad hemos juzgado lo correcto e incorrecto, hemos llamado traidor al que se ha ido, hemos establecido la obediencia como el más alto valor para juzgar a las personas, hemos creído como comunidad que tenemos la verdad indiscutible en diversos debates, hemos determinado quién tiene vocación y quién no, hemos inventado la famosa categoría de “buen pata”, hemos ideologizado el concepto de lo “mundano”, hemos caído en proselitismos y creado mecanismos de convencimiento, etc.

Por otro lado, debemos preguntarnos qué tanto podemos percibir la realidad con toda su riqueza pensando desde dentro de este cuerpo doctrinal tan cerrado y que hemos considerado la verdad absoluta. Toda doctrina cerrada tiene el riesgo de convertirse en absolutismo y yo creo que hay rasgos de éste en nosotros. Hace unas semanas un hermano que participó en la VI Asamblea plenaria del MVC me decía que se sorprendía de como los sodálites siempre hablan con el tono de tener la razón.

Un ejemplo intelectual de reduccionismo sodálite, a mi parecer, es el de acercarnos a la realidad desde los conceptos de objetivo y subjetivo. Creo que filosóficamente hablando es muy reductivo pensar que podemos comprender las cosas dividiéndolas en esos dos conceptos incluso tan pobremente desarrollados por nosotros.

DESAJUSTES PERSONALES

Estoy seguro que muchas de estas reflexiones no harán eco en la sensibilidad de varios sodálites. Hasta es probable que se señalen como parte de mi problemática personal. Pero lo que sí pienso es que este sistema cerrado ha llevado a que muchas personas terminen por no encontrar un lugar en ella. La lista de personas inconformes y agobiadas en el Sodalicio es grande. Y si el motivo directo fue alguna caída o infidelidad habría que preguntarse qué influencia tuvo el sistema en ello.

Adicionalmente a esto planteo una hipótesis personal. Pienso que el desajuste personal que han sufrido y vienen sufriendo tantos hermanos en la comunidad expresado en sobrecargas de estrés, recurrencia en ayuda siquiátrica, enfermedades físicas ligadas, muchas de ellas, a crisis sicológicas, etc., no es consecuencia propiamente de un exceso de trabajo o falta de oración como está centrado en la reflexión actual sobre los ritmos de vida. En mi opinión, considerando la complejidad de cada caso, este desgaste tiene como una de sus causas un desajuste de la persona con respecto a la realidad.

Esto sería consecuencia del sistema sodálite ya que éste en sí está constituido sobre fundamentos que no responden al orden de la realidad. Por lo tanto, ha sometido a los sodálites a presiones antinaturales que terminan por quebrar sus estructuras humanas. Pongo el siguiente ejemplo: si a una autoridad se le dice, culturalmente hablando, que el rendimiento de su comunidad está ligada a “meter vocaciones” y hasta se le pone una meta numérica, algo que no depende de ninguna voluntad humana sino exclusivamente de Dios, es obvio que en algún momento, por la presión que la persona misma se autoimpone, su estructura se quiebre pues se trata de un requerimiento en contra de la lógica de la realidad. Si una persona vive permanentemente con exigencias de este tipo en su vida, la naturaleza reaccionará tarde o temprano. Lamentablemente, en muchos casos, ésta ha tenido que colapsar para dar signos de alarma.

Quiero acotar al ejemplo que di que hace tan sólo un par de meses el padre Jaime en una visita a la comunidad de Bogotá afirmó que lo único que nos falta a nuestra comunidad es “sacar vocaciones”. Así, que si hay personas que piensan que estas cosas ya no están vigentes debería considerar que, tal vez, la cultura de lo antinatural está más arraigada de lo que piensa.

CONCLUSIÓN

Quisiera terminar aclarando que esta es una descripción de mis impresiones personales de los hechos que he vivido en el Sodalicio. Julian Marías dice que la realidad no es un dato abstracto (objetivo), sino más bien una realidad insondable que se comprende en la complementariedad de miradas:

«Cuando se mira, por ejemplo, una cordillera, lo que se ve desde uno de sus lados es forzosamente distinto de lo que se ve desde el otro, justamente porque se trata de una realidad y de visiones reales de ella. Pueden y deben completarse, no desaparecer en una visión única que sería abstracta, que podría justificarse si se tratara de algo irreal, por ejemplo una figura geométrica.»

Planteo estas cuestiones como parte de mi percepción de la realidad con el deseo de que sean complementadas con las percepciones de otros. Soy consciente que mis resonancias a todos estos hechos son propias de mi sensibilidad personal, pero no por ello deja de ser un reflejo de la realidad, tal vez parcial, pero a la espera de ser complementada y enriquecida. Soy consciente de que Dios está en los entresijos de toda esta historia. Pero a la vez entiendo que la libertad humana puede ocultar o mostrar más claramente esa presencia. Por ello es necesario la auto-crítica, la aceptación y la reparación de los errores de nuestra cooperación.

Por último, no pretendo una condena de Luis Fernando. Él tiene su oportunidad de cambio como todos nosotros. Pero tampoco debemos pensar que esa personalidad y sus circunstancias no han influido en nuestra comunidad. Mi hipótesis es que ha influenciado más de lo que se reconoce hoy en día. Si en los años de nuestra historia el 90% del tiempo hemos estado bajo la influencia directa, en distinta medida, de Luis Fernando y su prolongación en Eduardo, ¿cómo podríamos pensar que la influencia no es profunda, o mejor dicho, cultural? Dejo el tema abierto para el diálogo.

EL CANON 1395 Y LA REVICTIMIZACIÓN DE LAS VÍCTIMAS

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Cardenal José Rodríguez Carballo, firmante de la nefasta resolución vaticana sobre el caso Figari

En la carta vaticana del 30 de enero de 2017 a Alessandro Moroni, Superior General del Sodalicio, se dice que «el Sr. Figari, con el fin de obtener la obediencia de los propios hermanos, utilizó estrategias y modos de persuasión impropios, es decir, solapados, arrogantes y de todos modos violentos e irrespetuosos del derecho a la inviolabilidad de la propia interioridad y discreción, y por lo tanto a la libertad de la persona humana de discernir con autonomía las propuestas o las decisiones».

Incluso admite que «siempre con el fin de manipular, de hacer dependientes y por lo tanto de controlar más que de dirigir las conciencias, […] el Sr. Figari ha solicitado también, de modo improcedente y en cualquier caso excesivo, confidencias en el delicado ámbito de la sexualidad, y en algunos casos ha cometido actos contrarios al VI Mandamiento».

Pero luego se dice que Figari no habría cometido abusos sexuales sino sólo pecados graves, interpretando antojadizamente el canon 1395 del Código de Derecho Canónico, el mismo que sirvió para determinar que el P. Fernando Karadima en Chile sí había cometido delitos sexuales.

El mentado canon habla de delitos contra el sexto mandamiento con «violencia o amenazas, o públicamente o con un menor que no haya cumplido dieciséis años de edad» cometidos por un clérigo, pero las leyes respecto a la expulsión de un miembro de un instituto de vida consagrada (cánones 695-740) establecen que quien cometa esos actos, puede ser expulsado aunque no sea clérigo.

Para el Vaticano, los violentos “modos de persuasión” que solía aplicar Figari se esfumaron repentinamente como por ensalmo en el momento de cometer esos actos, de modo que tampoco hubo “víctimas” sino “cómplices” del pecado mayores de 16 años, que es el límite de mayoría de edad que establece la Iglesia católica romana en su legislación, aún cuando para delitos sexuales cometidos por clérigos, el Papa Juan Pablo II elevó ese límite a 18 años en el año 2001.

Aun así, la carta vaticana reconoce que, según la documentación adicional presentada por Moroni, sí hubo por lo menos un “cómplice” menor de 16 años, es decir, una “víctima”.

Es evidente que quien manipula conciencias y seduce mediante engaños, aplica violencia psicológica para abusar de sus víctimas, aunque sean mayores de edad.

El Vaticano no ha querido ver esto y ha terminado participando en la revictimización de las víctimas.

(Columna publicada en Exitosa el 25 de marzo de 2017)