LOS ARCHIVOS SECRETOS DEL SODALICIO

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«Hay un expediente de cada sodálite en mi archivo, donde se guarda toda su información». Aunque en varias ocasiones le oí decir esto o algo similar a Luis Fernando Figari durante el tiempo que viví en comunidades sodálites, nunca supe ni donde estaba ubicado físicamente el archivo, ni quienes tenían acceso a él, mucho menos los documentos y papeles personales que podían haber sobre cada uno de los miembros del Sodalicio. ¿Estaban allí las pruebas psicológicas que nos habían tomado cuando todavía éramos menores de edad? ¿O el examen psicológico que se me tomó en el año 1993 cuando estaba en San Bartolo atravesando por una grave crisis personal? ¿Había allí informes elaborados por los superiores y consejeros espirituales? ¿Había allí un récord con los avances que se había hecho en el camino a la santidad, que consistía en ir asumiendo cada vez de manera más perfecta el estilo sodálite propuesto por Figari? ¿Estaban allí los resultados del examen médico, incluido palpamiento de testículos, que me había hecho, antes de que yo entrara a formar parte de una comunidad sodálite, Franco Attanasio —ex sodálite, quien era entonces el médico del Sodalicio y ahora es especialista en medicina interna del Grand River Health Center en Detroit (Michigan, Estados Unidos)—?

Lo cierto es que no tengo memoria de que haya habido ningún documento por el cual se formalizara oficialmente mi ingreso al Sodalicio de Vida Cristiana, así como tampoco hay documentos de cuando la gente se separa de la institución. Lo cual a la larga resultaba perjudicial para cualquier miembro y ex miembro del Sodalicio, pues sin acuerdo firmado entre ambas partes, no existe legalmente ninguna obligación formal de parte de la institución hacia sus integrantes. De ahí que quien ingresaba al Sodalicio, entraba a formar parte de una asociación donde las reglas sólo se formulaban oralmente, donde no se ponía por escrito cuáles eran los derechos y obligaciones de uno como miembro ni los deberes y obligaciones que tenía la institución hacia uno.

Si bien el texto de las promesas formales que culminaban en la de profeso —aspirante, probando, cuatro niveles de formando, consagrado temporal, consagrado perpetuo— contenían algunas obligaciones expresadas de manera muy general, uno por lo general ni siquiera recibía una copia de la promesa que había formulado. El texto de los ceremoniales sodálites era un material que se guardaba con celoso secreto y que no debía ser dado a conocer públicamente a nadie, mucho menos correr el riesgo de que llegara a manos extrañas imprimiendo alguno de los rituales de las promesas y entregándoselo a los que las emitían en ceremonias privadas.

Pero hay otro texto guardado con mucho mayor celo y sigilo, en el cual se encuentra la normativa que rige a la institución, a saber, los Estatutos del Sodalicio de Vida Cristiana, que fueron ligeramente modificados y recibieron la denominación de Constituciones en el momento en que el Sodalicio fue elevado al rango de sociedad de vida apostólica laical de derecho pontificio en el año 1997. Un ejemplar de los Estatutos o Constituciones era entregado a los sodálites que hacían por primera vez su profesión temporal, que es el paso previo a la profesión perpetua. Sin embargo, todo los sodálites están obligados a cumplir las normas allí estipuladas, incluso aquéllos de rangos inferiores, aun cuando no les sea permitido acceder al texto. Conocen las normas solamente por intermedio de sus superiores, a los cuales deben prestar una confianza ciega y rendirles obediencia absoluta. Esta situación es propicia a que se cometan abusos y atropellos, pues no hay modo de saber si lo que enuncian los superiores es del todo conforme a las reglas. Más aún, el Sodalicio nunca ha contado con mecanismos internos para denunciar abusos de autoridad.

En principio, Luis Fernando Figari señalaba que un sodálite debía obedecer a sus superiores en todo, aunque lo mandado le pareciera un absurdo y un sinsentido. Más aun, ni siquiera debía preguntar qué sentido tenía la orden, pues ello implicaba ya un acto de desobediencia al ser un cuestionamiento de la autoridad del superior. Sin embargo, admitía una excepción: no se debía obedecer si lo mandado iba contra la moral cristiana. El problema es que a un sodálite se le enseña a desconfiar de sí mismo y de su propio criterio, y a confiar ciegamente en los superiores. Desobedecer debido a una objeción de conciencia resultaba prácticamente imposible bajo estas condiciones, pues quien arguyera que no se sujetaba a la obediencia por razones morales terminaría siendo sometido a disciplina y cuestionado por decidir según su criterio personal qué era moralmente legítimo y qué no.

El mismo Óscar Tokumura fue cuestionado personalmente en San Bartolo debido su ensañamiento con algunas de las personas que estaban a su cargo por uno que otro sodálite, que fueron obligados a callar y a obedecer cuando le enrostraron sus excesos. Recurrir a instancias superiores no sirvió de nada, pues Tokumura contaba con el respaldo pleno del mismo Figari y del P. Jaime Baertl. Y he de suponer que ninguna de estas quejas fueron debidamente documentadas en un informe.

Volviendo al tema de los archivos, caí en la cuenta, habiendo pasado ya tanto tiempo desde que me desvinculé del Sodalicio, de que nunca había oficializado esa separación y no tenía ningún documento que acreditara tanto mi paso por el Sodalicio como el hecho que ya no era miembro de la institución. Además, si el Sodalicio aún mantenía documentación e información sobre mí en sus archivos, ya no tenía ningún derecho a seguir conservándola. Es así que a fines del año pasado le envié el siguiente e-mail a Alessandro Moroni, Superior General del Sodalicio de Vida Cristiana:

Lunes, 14 de diciembre de 2015

Estimado Sandro:

Veo con interés y expectativas los esfuerzos que estás haciendo para llevar adelante un proceso de revisión, renovación y reconciliación del Sodalicio, a fin eliminar de todo aquello que permitió que se cometieran sistemáticamente en la institución abusos psicológicos, físicos y sexuales y, de este modo, prepararse para servir nuevamente a la Iglesia siguiendo tras las huellas de Nuestro Señor Jesucristo.

Aún así, debo admitir que desde hace tiempo no descubro en el estilo y la espiritualidad sodálite mi propio camino como católico creyente en la Iglesia, y dado que nunca formalicé de manera oficial mi renuncia a seguir siendo adherente sodálite, aprovecho estas líneas para manifestarte mi decisión de romper irrevocablemente todo vínculo institucional con el Sodalicio.

Asimismo, solicito que se me devuelva toda la documentación sobre mi persona contenida en los archivos del Sodalicio, incluyendo la autobiografía de puño y letra que escribí, todos los resultados de las pruebas psicológicas que se me tomó en diversas etapas de mi vida, así como también la carta que escribí para ser admitido en comunidad y la carta que redacté para poder emitir mi compromiso de adherente sodálite. Considerando que no está estipulado en ningún reglamento interno cómo se ha de manejar y administrar estos papeles, ni el Sodalicio tiene tampoco autorización legal para guardar documentación personal de ex miembros, no quiero que se conserve ningún documento referente a mi persona en el archivo del Sodalicio, salvo aquellos en que se me mencione por motivos puramente historiográficos o en textos que hayan sido legítimamente publicados.

Un cordial saludo

Martin Scheuch

P.D. Quiero que sepas que no soy el único que sabe que te estoy enviando esta carta. Se trata de personas de confianza que verían con agrado que accedas a lo que te solicito. En aras de la objetividad, yo mismo vería eso como una buena señal e informaría al respecto en mi blog en términos positivos sobre el Sodalicio. Hace tiempo que deseo escribir cosas más positivas del Sodalicio —y algo de esto se puede encontrar desperdigado en mis escritos— pero lamentablemente son demasiadas las metidas de pata que se han cometido en los últimos tiempos como para tener que bajar la guardia. De todos modos, puedes contar con mi buena voluntad.

A los tres días Moroni me envió un acuse de recibo, prometiéndome acceder a lo que solicitaba a la brevedad posible. Recién el 20 de enero de 2016, previo enérgico recordatorio de mi parte enviado el 16 de enero, accedió a enviarme la documentación solicitada.

Semanas después recibí en mi domicilio en Alemania un sobre de manila conteniendo un conjunto de papeles amarillentos avejentados por el tiempo, además de un cuaderno Atlas de formato pequeño y algunas copias fotostáticas. Además de la carta confirmándome el tiempo que había vivido en comunidades sodálites y mi posterior permanencia en el Sodalicio como adherente sodálite (sodálite casado), redactada en términos correctos y cordiales, donde además me confirmaba mi pedido de «romper irrevocablemente todo vínculo institucional con el Sodalicio», había copias de de los siguientes documentos:

  • Carta dirigida al Superior del Sodalitium Christianae Vitae, del 17 de diciembre de 1981, solicitando entrar a vivir a una comunidad de formación.
  • Carta dirigida al Superior del Sodalitium Christianae Vitae, del 13 de agosto de 1988, solicitando realizar la profesión temporal en la institución.
  • Carta dirigida al Superior del Sodalitium Christianae Vitae, del 12 de agosto de 1991, solicitando renovar los compromisos temporales de profeso.
  • Carta dirigida al Superior del Sodalitium Christianae Vitae, del 17 de julio de 1993, solicitando licencia de la vida comunitaria por tres meses.

Moroni me había recalcado por e-mail que los «originales permanecerán en los archivos del Sodalicio de Vida Cristiana porque son documentos que fueron remitidos a las autoridades de la misma, tienen un valor histórico, registran los distintos pasos que diste cuando eras parte de la sociedad».

El primero de estos documentos fue redactado con máquina de escribir y los demás están escritos de puño y letra, en un lenguaje y estilo estandarizado conforme al pensamiento único que se implantaba a los sodálites. Comprendo que el Sodalicio quiera guardar los originales, pues en estas cartas aparecen frases como «esta decisión la he tomado libremente y por mi propia voluntad», «este anhelo mío es completamente libre, sin coacción de ningún tipo», «esta decisión la he tomado libre de toda coacción externa e interna», «he llegado con toda libertad a la conclusión de que…» Las cartas debían contener estas formulaciones para poder acceder a lo que allí se pedía. Las tres primeras las redacté estando bajo el código de la obediencia y en un contexto donde la posibilidad de otras opciones distintas ni siquiera se planteaba. En el Sodalicio a uno se le proponía ascender en la jerarquía de compromiso o quedarse en el mismo nivel, pero la posibilidad de retirarse de la vida comunitaria y no seguir el estilo de vida de un consagrado con obligación de obediencia y celibato ni siquiera se mencionaba. Era un tema tabú. Quienes han expresado este deseo lo han hecho después de varios meses de tortura interior, y las consecuencias siempre han sido que se pusiera a la persona en “etapa de discernimiento” —orientada a evitar en la medida de lo posible que el sujeto se aparte del camino señalado, pues ello se interpretaba como una traición al Plan de Dios—, la cual se podía prolongar durante meses, sin que en la mayoría de los casos la persona se sintiera en capacidad de imponerse y de decidir voluntariamente salir por la puerta delantera en el día y a la hora que quisiera. Incluso cuenta el brasileño Josenir Lopes Dettoni en un desgarrador testimonio (ver SODALICIO: UN TESTIMONIO BRASILEÑO) que un día decidió irse de San Bartolo y «al notar que yo me hallaba fuera de la comunidad cargando una maleta, un “hermano” corrió hasta la plaza, donde yo me encontraba, y me detuvo físicamente. Me agarró y no me dejó hasta que se llamara al superior […], momento a partir del cual continué detenido hasta que nuestra conversación me llevó al llanto y a más desequilibrio emocional. Acordamos entonces que yo necesitaba discernir más. Por lo tanto, salir de comunidad no siempre es tan sencillo». Por esa misma razón, muchos de quienes querían evitarse todos estos problemas, se largaban clandestinamente entre gallos y medianoche, sin que por ello dejaran de arrastrar consigo el trauma de sentirse realizando una acción cuasi-delictiva. A partir de entonces se convertían en personas non gratas para el Sodalicio y se les mencionaba con apelativos como “judas”, “traidor” o “innombrable”.

La última carta, donde expreso mi deseo de abandonar la vida comunitaria, está atravesada por un hondo sentimiento de fracaso y tristeza, pues —debido al formateo mental de que había sido objeto durante más de una década— veía la decisión que estaba tomando como una consecuencia de mis propios problemas e inconsistencias personales y no como lo que fue realmente, un primer paso para obtener la libertad y arriesgarme a buscar la felicidad humana en el mundo de los mortales comunes y corrientes. En ese momento no sospechaba que se trataría de un largo camino donde el fantasma del Sodalicio estaría, como una sombra, continuamente acechando mis pasos.

Además de copias de mi partida de nacimiento y de mi certificado de bautismo, había varios textos manuscritos que yo había redactado a pedido de mi consejero espiritual de entonces, Jaime Baertl, algunos de ellos inquietantes, por el hecho de que contenían revelaciones íntimas de mi vida personal puestas por escrito cuando yo todavía no había superado esa etapa crítica y borrascosa que es la adolescencia. Se trata de dos extensas autobiografías, una terminada en septiembre de 1979 y la otra en septiembre de 1980. Además, hay varias hojas de análisis personal, de recuento detallado de lo que yo consideraba mis pecados, de actitudes que debía cambiar y deberes que tenía que cumplir, así como una reflexión sobre el hombre como ser para la comunicación y una descripción de la tormentosa relación con mi madre. En otro texto hago una narración detallada de cosas importantes en mi vida que ocurrieron durante mi viaje de promoción a Huaraz con mi clase de 3° de secundaria del Colegio Alexander von Humboldt —téngase en cuenta que al año siguiente ingresaría a la Escuela Superior de Educación Profesional Ernst Wilhelm Middendorf con un régimen semi-universitario—. También hay un cuento de Navidad escrito a máquina que yo no recordaba haber escrito.

Actualmente me resulta preocupante que esos textos hayan estado en el archivo del Superior General a disposición de Luis Fernando Figari, pues allí se detalla hasta en su más íntimos rincones lo que era la vida personal de un muchacho desorientado en búsqueda de respuestas a las incógnitas de la existencia. Allí está todo lo que yo pensaba y sentía, todos mis anhelos y esperanzas, todos mis problemas adolescentes desde mis ansias de independencia, los conflictos con mi madre hasta las experiencias de autosatisfacción vinculadas al despertar sexual. Viéndolo desde la distancia, tomo conciencia del riesgo que significó para mí que ese material estuviera al alcance de un megalómano manipulador y abusador sexual como Figari.

Entre el material que recibí había también unas cuatro hojitas, una de ellas con el título “Ficha de entrevista espiritual”, escritas de puño y letra por Jaime Baertl. ¿Era lo único que había? Me cuesta creerlo. ¿Durante los once años que pasé en comunidad no se elaboró ningún informe sobre mí? ¿En qué se basaba entonces Luis Fernando para decidir si me quedaba en el mismo nivel de compromiso o pasaba al siguiente? ¿Dónde están mis resultados de la tan temida prueba oral sobre la doctrina sodálite que Luis Fernando junto con otros dos miembros de la cúpula tomaba en una especie de ritual solemne y secreto al final de la etapa de probando, cuya aprobación era requisito indispensable para pasar al nivel de formando? ¿No recibía Luis Fernando informes personales sobre cada sodálite para mover sus fichas en su ajedrez personal al final de cada año, es decir, para decidir qué sodálites iban a vivir en cada una de las comunidades durante el año siguiente? ¿Dónde fueron a parar las pruebas psicológicas que se me aplicó? El examen médico, ¿fue sólo una finta o también se emitió un informe? ¿Existió toda esta documentación? ¿O bien ha sido destruida, si es que no se guarda aún con sabe Dios qué fines? Porque de no haber existido, nos encontraríamos con un alto nivel de informalidad en el Sodalicio con las consecuencias que ello suele acarrear: abusos de autoridad, arbitrariedad, corrupción, ocultamiento de información, encubrimiento de delitos, impunidad.

Por otra parte, Moroni me confirmó que la documentación que me envió se encontraba en el archivo del Superior General, pero que podría haber otros documentos en otros archivos, entiendo que de los demás superiores. De lo cual se infiere no hay un archivo unitario ni una administración centralizada de la documentación. Y que la forma en que en el Sodalicio se han manejado los papeles personales es caótica.

Una de las recomendaciones de la Comisión de Ética para la Justicia y la Reconciliación es la siguiente (ver http://comisionetica.org/blog/2016/04/16/informe-final/): «El SCV deberá proceder a la devolución inmediata de toda la documentación correspondiente a cada una de las personas que forma o formó parte de la institución, que así lo solicite». Es un paso necesario que hay que dar, pues no es prudente ni recomendable que información sensible como la que he detallado arriba permanezca en manos de una institución que se ha caracterizado por su falta de transparencia y su deslealtad hacia quienes depositaron su confianza en ella.

Reconozco, por lo menos, que constituye un progreso que se me haya devuelto la documentación que ahora tengo en mis manos. En otras épocas eso hubiera sido impensable, pues quien abandonaba la institución era considerado como un renegado al que no se le debía ningún favor. Conozco por lo menos el caso de un muchacho que solicitó que se le devolvieran los originales de sus certificados de estudios para continuar con su formación profesional y el Sodalicio se negó a ello. Pues en la institución se asumió durante mucho tiempo como un dogma que a aquél que la abandonaba le iba a ir necesariamente mal en la vida. Y el Sodalicio se preocupó, en la medida de lo posible, de que así fuera efectivamente.

Quisiera terminar con una frase que pone Alessandro Moroni en la carta que me envió: «Le ruego al Señor que bendiga los nuevos caminos por los que Él te esté llevando. Te ofrezco mis oraciones por ti y tu familia». Agradezco estas intenciones y espero que sean una auténtica señal de que un verdadero cambio se está operando en el Sodalicio. Es lo que muchos esperan, incluyendo tantos que han sufrido daños graves de parte de la institución.

4 pensamientos en “LOS ARCHIVOS SECRETOS DEL SODALICIO

  1. Martín yo le diría a Sandro Moroni que màs bien le agradezca a Dios que te haya sacado de allì a tiempo. A pesar de los años que pasaste, saliste a tiempo para que se te abra el entendimiento y para que inicies una lucha que ya está dando sus frutos. Espero que se cumplan todas las recomendaciones de la Comisión y sigo a la expectativa de lo que sucederá con el monstruo Figari. Me gustaría saber si él tiene también condecoraciones o reconocimientos que le sean retirados así como se ha hecho en la localidad de Providencia, en Chile, donde le han retirado un reconocimiento al sacerdote pederasta Karadima.

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  2. El año pasado el ex-sodálite Enrique Prochazka fue entrevistado en televisión
    A los 19:52 min. menciona esos archivos secretos y el poder que le otorgan a Figari.

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  3. En las instituciones fascistas, mantener los aspectos constitucionales de estas en rincones oscuros es parte de la estrategia del control mental, muy al margen de qué tan intencional sea este procedimiento. Considero ridícula la afirmación de Moroni, donde dice que ellos “no son criminales ni secuestradores”. Moroni mismo ha encubierto muchísimo, y la forma en que la cúpula sodálite mantenía “atadas” a las conciencias de los sodas y aspirantes ha creado semejante dependencia psicológica. Eso es un secuestro con agravantes. Moroni no sabe de lo que habla, porque no puede saber de lo que habla.

    Mantener estatutos e información en la oscuridad evita que estos/a puedan ser formulados y evita que pueda articularse un diálogo con ellos, sea a través de una conciencia crítica o de las preferencias personales. Es una manera de obligar a una obediencia acrítica y absolutista desde que no se puede saber qué es concretamente aquello con lo que uno podría entrar en diálogo. Y es una forma de retorcer las estructuras sociales de la institución, deformando la sociabilización del grupo, obligándola a una verticalidad irreflexiva. La preferencia personal no puede jugar un rol contextual y la persona tiende a ignorarse a sí misma. El resultado es la despersonalización. Sería tan difícil entender esto ?

    En lo que respecta a las pruebas psicológicas, que estuvieron tan, pero tan mal hechas en el sodalicio : yo también pasé por alguna. En mi caso sería irrelevante pedir la devolución de estos documentos, ya que no me queda duda que los sodálites harían fotocopias antes de enviarlas. Y a fin de cuentas yo puedo analizarlos a ellos con mayor profundidad que ellos a mí. 😀

    Me pregunto cómo se habrá dado, que el archivo que se encontraba siempre cerca a figari haya pasado a manos de moroni, si es que es así (?). Entonces, sépanlo todos, aquí por lo menos hay un facto : estos archivos están ahora al alcance de moroni.

    Nadie que no se haya liberado del control mental, lo que no es fácil, puede asumir siquiera que no lo sigue utilizando él mismo con otras personas. Es otra carácterística del fascismo, el no poder ver la dependencia psicológica para con una institución, y es que no se ve porque se sigue siendo dependiente. Un círculo vicioso, un problema estructural, un aspecto sistémico. Entender este punto no creo que sea difícil, por lo menos para los no sodálites.

    Toda institución fascista urge de asumir los puntos de vista externos a ella, ya que ver a la enfermedad desde adentro – como enfermo – no sirve de mucho. Una característica inevitable del fascismo es no aceptar a estos puntos de vista externos, ni aunque se les trate de ayudar. Como sus cimientos se encuentran en el aire, no pueden arriesgar perderlos. Al notar que las acusaciones son ciertas se autoreducen a la verticalidad (mecanismo de defensa) y buscan un principio autoritario mayor a ellos para evitar la responsabilidad propia, buscan a una jerarquía mayor a quien ‘pasarle la responsabilidad’. Pero una confrontación, un diálogo real, un comportamiento adulto … a esto le tienen horror. Solo les queda hacer perro muerto, sobretodo si se les pone en evidencia.

    Otro que trabajó de esta forma, con archivos de control, era Edgar Hoover, quien encabezaba al FBI en los estados unidos, antes de que lo boten. Dicho sea de paso, otro que reprimía su homosexualidad y que creía que el control y la amenaza eran la A y la Z del poder.
    Irónico que lo perdió por un problema de confianza con su entorno. Así funciona la paranoia del narcisista, por temor a ser agredido mantiene todo bajo control, hasta que con ello genera desconfianza y él mismo termina siendo agredido. Sin embargo, no se sabe de él que haya tenido algo sexual con un menor de edad y en su entorno no quedaban quienes lo hubieran encubierto en esto. En lo demás sí fue encubierto, y los encubridores se quedaron con el poder en el FBI.

    La obediencia sin criterio se traiciona a sí misma. La desconfianza absoluta en el sello de Dios en el alma que cada quien lleva no juega rol alguno. Ay, los ciegos, y los que no quieren ni aprenden a abrir los ojos…, los cómodos, los inconcientes de la sociedad.

    Moroni, el encubridor, no sabe literalmente en lo que se ha metido ni tiene la menor idea de cómo salir; es un prisionero de la oscuridad que él mismo ayudó a construír. Comprendo porqué se le ve tan desequilibrado cuando hace sus videos, tan triste y confuso, con una mente tan controlada, que tiene que leerlo todo de un teleprompter o sobreactuar espontaneidad.

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  4. Sodálites :
    Las mejores técnicas de lavado de cerebro :
    https://actualidad.rt.com/sociedad/206630-tecnicas-lavado-cerebro
    Top 10 Brainwashing Techniques, and mind control :
    http://listverse.com/2016/04/29/top-10-brainwashing-and-mind-control-techniques/
    ———————————————–

    En el enlace de Rt (en español) faltaros los dos primeros puntos, que sí se encuentran (abajo) en el enlace del artículo en inglés. La descripción de estas técnicas de lavado cerebral son sorprendentemente iguales a las utilizadas por el sodalicio durante décadas. No les parece ?

    En los enlaces (cada punto explicado) :

    10) Cantar en grupo
    9 ) Aislamiento
    8 ) Dependencia y miedo
    7 ) Actividad físico-pedagógica (la utilizaba también ‘sendero luminoso’)
    6 ) Privación del sueño y fatiga
    5 ) Autocrítica y “señalar con el dedo”
    4 ) “Bombardeo de amor”
    3 ) Manipulación mística

    Los dos puntos faltantes (comentados por mí) vendrían a ser :

    2) Descalificar y destruir a sus críticos. Si bien en el enlace en inglés se habla de agresiones en el área jurídica para arruinar a los críticos de una institución, esto es algo que el sodalicio ha intentado de una manera diferente. Calculo que no les ha dado por denunciar a sus críticos por los riesgos de verse confrontados en juicios con lo que ellos mismos han hecho, a parte de los riesgos económicos, pero sí han amenazado con hacerlo y de esto hay pruebas en este mismo blog. El sodalicio intentó destruír a sus críticos a través de los medios de prensa, lo que – aparte – denota la influencia que tienen y con qué calidad moral la manejan. Hace muy poco de esto.

    1) **** “Thought-Terminating Clichés”. O “clichés para detener al pensamiento (crítico)”. Una institución totalitaria suele hacer uso de frases o contenidos prefabricados de palabras, que sirven para que los que dependen de ella no puedan “ponerse a pensar más” sobre un asunto en cuestión y forzar a las estructuras sociales a la conformidad de sus temas. A través de estos clichés se comprime la complejidad de los problemas humanos, y su alcance, en frases breves que suenan definitivas (reducción irreflexiva y condicionamiento social). Los que leyeron a Orwell (“1984”) recordarán el “newspeak” con el que el régimen totalitario controlaba a la población.

    El control del pensamiento individual y grupal desde la lengua > deforma inevitablemente a la identidad social de un grupo humano y destroza su moral, al forzarlo a subordinarse a principios ideales. Así todo lo empático pasa a un 2do rango, los obliga a la corrupción. No les parece conocido ? 😀 No les suena ? (Pero moroni sigue jurando que en el sodalicio no hay “ideología”, para llorar).

    El autor de este artículo (Robert Jay Lifton) ha puesto como ejemplo al oficial nazi Adolf Eichmann, mencionando a Hannah Arendt y su libro “la banalidad del mal”. Allí ella señala que el jefe de las SS hablaba con frecuencia en frases prefabricadas y clichés. Eichmann decía, p. ej., que quería “hacer la paz con sus antiguos enemigos”, pero Arendt llegó a la conclusión de que la frase carecía de sentido porque Eichmann no entendía la magnitud de sus crímenes en absoluto, los cuáles sólo podía concebir en el “idioma” del nacionalsocialismo. No les suena conocido ? La ideología por encima de la moral social ! La ideología es el idioma del fascismo. *

    Arendt llegó a la conclusión que durante la guerra “la sociedad alemana, de ochenta millones de personas, había sido ‘blindada’ contra la realidad y la objetividad por el auto-engaño, la mentira y la estupidez”.
    Cuántas frases repetitivas, clichés y fórmulas lingüísticas hubo y hay en el sodalicio ? La lengua como instrumento de control bajo una culpa anónima y una estructura fascista tácita, cuyos estatutos ni siquiera son conocidos por sus miembros : esto es el arma perfecta para que te vuelvas en burro, o nunca te bajes de uno. O ambos.

    ====================================

    * Están tipificados, este tipo de crímenes, en la ley peruana ? Pues o lo están o deberían estarlo, porque un crimen es un crimen ! O no ? La ley no puede hacer como que si el “lavado de cerebro” no existiese, algo que todos conocemos desde la historia, etc. (Habría que ver – por ejemplo – qué dice la ley sobre los movimientos neonazis).

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