¿COMPLICIDAD Y ENCUBRIMIENTO? – RESPUESTA A MONS. EGUREN

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Querido José Antonio:

Habiendo recibido la carta en que me solicitas rectificación de cierta información contenida en mi columna MONS. EGUREN, LA FACHADA RISUEÑA DEL SODALICIO, accedo a corregir cualquier información que demuestre ser inexacta o difamatoria, según la documentación que me has enviado.

Quisiera aclararte antes que nada que sólo me hago responsable de lo que digo y no de lo que entiendan los lectores. El uso del condicional suele ser una invitación al lector crítico para que saque sus propias conclusiones, en lugar de transmitirle una idea mascada y digerida que debería aceptar sin esfuerzo de su parte. Asimismo, implica de parte del que escribe una actitud abierta a precisiones ulteriores o correcciones. Una frase en condicional no es una afirmación tajante e indubitable, y si así lo entiende el lector, no se le puede atribuir la responsabilidad de ello al que escribe.

Por otra parte, cuando menciono que en tu escudo episcopal está la espada flamígera con la “M” de María, en ningún momento digo que seas el único donde esto ocurre. La mención de este dato se hace sólo para ilustrar tu identificación con el Sodalicio de Vida Cristiana. Tus referencias a Luis Fernando Figari y Germán Doig en palabras pronunciadas públicamente por ti, independientemente de que entonces no se supiera nada de los abusos sexuales cometidos por ambos, muestran la cercanía que tenías con ambos, no implicando necesariamente complicidad con sus delitos sexuales. No se trata en ninguna de estas cosas de «afirmaciones arbitrarias» que atribuya sólo a tu persona —como indicas en tu carta notarial— y, por lo tanto, no veo qué haya que rectificar aquí.

Entiendo que aún te sientes orgulloso de pertenecer al Sodalicio de Vida Cristiana, destacando en tus datos biográficos en la pagina web del Arzobispado de Piura que eres «uno de los miembros de la generación fundacional de esta Sociedad de Vida Apostólica de derecho pontificio». Asimismo, se señala de ti en tercera persona que «el 9 de julio de 1981 realizó sus compromisos perpetuos de plena disponibilidad apostólica en el Sodalicio de Vida Cristiana» y que «tras su ordenación sacerdotal [18 de diciembre de 1982], Monseñor Eguren realizó diversas labores de animación apostólica y espiritual en el Sodalicio».

Por eso mismo, afirmar que fuiste por poco tiempo superior de una comunidad sodálite y posteriormente asistente de espiritualidad en el Consejo Superior del Sodalicio no constituiría de ninguna manera información agraviante para ti, sino más bien motivo de orgullo. A no ser que consideres que el Sodalicio es en sí mismo un sistema perverso y el simple hecho de ocupar un puesto de responsabilidad mellaría la honra de cualquiera. Por lo tanto, a lo más podría tratarse en lo que afirmo de información supuestamente inexacta, pero de ninguna manera agraviante o que te cause perjuicio.

Me envías copia de un diploma del Instituto Teológico Pastoral del CELAM (Medellín, Colombia), que «confiere el presente Diploma a JOSÉ ANTONIO EGUREN ANSELMI quien durante el año de 1982 participó en los Cursos de Pastoral Fundamental y Espiritualidad – Liturgia», para tratar de demostrar que todo ese año estuviste en Medellín. Pero obvias mencionar que tanto actualmente como en ese entonces cada uno de esos cursos tenía una duración de uno o a lo más dos meses y se dictaban durante el segundo semestre del año. Con absoluta certeza, puedo afirmar que tú fuiste superior de la comunidad Nuestra Señora del Pilar (Barranco) antes de ser sustituido por Alfredo Garland, debido a que tenías que viajar a Colombia. Te recuerdo vívidamente en el comedor, con guayabera clara y pantalón oscuro, sentado a la mesa en la silla del superior, rodeado de otros sodálites, entre los cuales estaban José Ambrozic, Virgilio Levaggi, Alejandro Bermúdez, Alberto Gazzo, Alfredo Draxl, Eduardo Field, Juan Fernández, yo mismo y alguno que otro más cuyo rostro y nombre he olvidado.

Recuerda que el puesto de superior de una comunidad era un cargo de confianza que Figari otorgaba sólo a aquellas personas que estuvieran en condiciones de aplicar el sistema de disciplina sodálite que él había ideado.

Para que me retracte respecto a la afirmación de que fuiste superior de comunidad, sería necesaria otra documentación probatoria, pues la que me has enviado es insuficiente y no prueba nada. Te agradecería que me hicieras llegar copia de un certificado de estudios del Instituto Teológico Pastoral del CELAM indicando los tiempos en que se dictaron los cursos de los cuales participaste, o que recurras a los archivos del Sodalicio buscando registros de esa época indicando con fecha quiénes fueron los superiores de la comunidad Nuestra Señora del Pilar (Barranco). O mejor sería que me enviaras copia de tu registro migratorio.

Asimismo, sería bueno también que me envíes copia de los registros que supuestamente estarían en los archivos del Sodalicio, indicando quiénes formaron parte del Consejo Superior del Sodalicio desde el año 1978 hasta el año 2001, en que fuiste ordenado obispo. Sólo así podríamos estar seguros de que nunca formaste parte de «la instancia de gobierno del Sodalicio» —como señala la página web oficial de la institución—, pues hay varios testimonios que te recuerdan como asistente de espiritualidad durante un tiempo.

Por otra parte, en esa misma página web también se dice que «la máxima autoridad del Sodalitium es la Asamblea General, que representa a todos los sodálites y es un signo de la unión en la caridad. Esta se reúne ordinariamente cada seis años y son de su competencia todos los asuntos relacionados a la Sociedad, en especial la elección del Superior General y de los miembros de su consejo».

¿No te reconoces en esta foto de la II Asamblea General (diciembre de 2000), que muestra a lo que se considera la cúpula del Sodalicio? Y digo “cúpula”, porque es el mismo término que utilizó la Comisión de Ética para la Justicia y la Reconciliación en su Informe Final.

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¿No se te ve en esta otra foto de la IV Asamblea General (noviembre-diciembre 2012), presidiendo una celebración litúrgica?

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En todo caso, no dudo de que podrás acceder a la documentación que te solicito, considerando que me has enviado copia de un documento que yo autoricé que se le enviara al Sodalicio, a saber, el informe sobre mi caso emitido por la Comisión de Ética para la Justicia y la Reconciliación, en los términos establecidos por la misma Comisión, según e-mail del 16 de abril de 2016 que recibí de Janet Odar, Secretaria Técnica de la Comisión:

«…el informe individual consiste en un resumen de los hechos denunciados identificando al denunciante, denunciados, solicitud efectuada a la Comisión y recomendaciones que esta efectúa respecto de su caso particular a fin que sean implementadas por el SCV.

En tal sentido, a fin de poder requerir al SCV la implementación de las recomendaciones formuladas, la Comisión ha previsto remitir a dicha organización únicamente el informe individual correspondiente a su caso, salvo que Ud. no autorice dicha entrega, motivo por el cual agradeceremos se sirva indicarnos si brinda o no la autorización en mención».

No entiendo como tú, una persona que actualmente no goza de ningún cargo de autoridad en el Sodalicio, has podido acceder a este documento a fin de utilizarlo para otros fines que los previstos y, además, hacerlo público sin mi consentimiento. Se trata, por decir lo menos, de una falta de ética grave.

A partir de este hecho he de inferir que sigues gozando de cierta autoridad o ascendencia en la institución —o tienes vara, como se diría en lenguaje coloquial—. Y no deja de llamar la atención que lo utilices para tratar de demostrar tu inocencia, sin importarte el hecho de que, en mi caso personal, el Sodalicio no cumplió con ninguna de las recomendaciones contenidas en él. Más aún, ni siquiera tuvo el decoro de reconocerme como víctima.

Sobre la base de que tu nombre no aparece en el listado de denunciados, me dices que «usted no me denunció ante la “Comisión de Ética para la Justicia y la Reconciliación” como autor de algún acto de abuso, ni como encubridor de la cultura de abuso». En realidad, lo que menos me interesaba en ese momento era denunciar a personas, como lo expresé en un e-mail del 19 de enero de 2016 a la Comisión:

«Aclaro que la denuncia no es contra personas individuales sino contra el Sodalicio, pues fue el sistema institucional sodálite plasmado en una doctrina y una disciplina los que permitieron que se cometieran en perjuicio mío los abusos que detallo en el documento, creando el marco necesario para que ello ocurra».

No obstante, sí te mencioné en la denuncia que le envié tanto a la Comisión como a la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica:

«En diciembre de 1992, en la Comunidad Nuestra Sra. del Pilar, que se había trasladado nuevamente a Barranco, Alfredo Garland me castigó con no participar de las reuniones recreativas de la comunidad por tiempo indefinido, debido a que grabé cassettes para uso personal usando sus CDs de música clásica en su reproductor de CDs y sin su permiso. Debo indicar que los simples miembros de las comunidades teníamos entonces prohibido, por orden expresa de Luis Fernando Figari, escuchar todo tipo de música, salvo la que fuera de carácter religioso. Esa orden no se aplicaba a los superiores, que podían escuchar la música que creyeran conveniente. Un domingo, tarde en la noche, en que la comunidad estaba reunida en la salita destinada a estos fines, yo estaba fuera y debido al cansancio, me eché un rato a descansar en mi cama y me quedé dormido. Fui despertado violentamente por Alfredo Garland y José Antonio Eguren, y a modo de castigo, se me ordenó estar confinado en una habitación separada del resto de la casa, con prohibición de salir si no era para ir al baño, prohibición de hablar con cualquier miembro de la comunidad que no fuera José Antonio Eguren, prohibición de leer cualquier otra cosa que no fuera la Biblia y los escritos de autores espirituales que se proporcionara para hacer un retiro espiritual que me hiciera cambiar de actitud y me llevara a corregir mis “malos comportamientos”».

José Antonio, tu fuiste testigo y cómplice del maltrato de que yo fui objeto, que finalmente ocasionó que huyera en la madrugada a San Bartolo para pedir ayuda a una persona de confianza y, finalmente, terminara pasando siete angustiosos meses allí, deseando cada día que me sobreviniera la muerte. Y créeme cuando te digo que me demoré más de una década en procesar la experiencia y finalmente comprender que lo que me hicieron se trataba objetivamente de un abuso, cosa que al parecer tú todavía no has comprendido. Pues nunca has tenido ningún gesto de empatía, ninguna palabra de conmiseración hacia ninguna de las víctimas del Sodalicio, así como tampoco te has pronunciado nunca sobre Figari, Doig y compañía tras hacerse públicos los graves abusos de todo tipo que habían cometido. No has contribuido en nada a esclarecer los abusos psicológicos y físicos, pudiendo haberlo hecho.

Más aún, como me han confirmado varias personas, a poco de aparecer las denuncias de José Enrique Escardó en el año 2000, se convocó una reunión de adherentes (sodálites casados) en el Centro Pastoral Nuestra Señora de la Evangelización (San Borja) y tú les dijiste que todo lo que contaba Escardó era mentira y que no se podía decir lo contrario. Yo, si bien seguía siendo sodálite en ese entonces, al enterarme de esto admití para mis adentros que Escardó no mentía y así se lo comuniqué a varias personas amigas, aun cuando no estuviera de acuerdo con la forma en que Escardó hizo su denuncia. Tú, en cambio, hasta ahora no has admitido nada, mucho menos le has pedido disculpas a Escardó —reconocido oficialmente como víctima por el Sodalicio— por lo que le hiciste.

Te creo si dices que no sabías nada de los abusos sexuales perpetrados por las cabezas del Sodalicio y otros miembros de jerarquía inferior. Pero respecto a maltratos psicológicos y físicos —los cuales durante mucho tiempo nos acostumbramos a ver como normales debido al formateo mental que todos hemos sufrido en el Sodalicio—, ¿puedes decir que no viste nada? ¿No vivimos ambos en la misma comunidad en Nuestra Señora del Pilar, no sólo en Barranco sino también cuando temporalmente funcionó en La Aurora (Miraflores), y también en la comunidad de San Aelred (Magdalena del Mar)? Yo vi a miembros de comunidad castigados durmiendo en la escalera. ¿No los viste tú? Vi a varios obligados a tener que alimentarse sólo de pan y agua —o peor, de lechuga y agua— durante días. ¿No los viste tú también? En reuniones nocturnas donde tú también estabas presente vi también como se forzaba a los miembros de comunidad a revelar sus interioridades, sin ningún respeto por su derecho a la intimidad, muchas veces siendo objeto de humillaciones y de un lenguaje procaz y ofensivo. ¿Lo has olvidado? Yo te he visto contribuir a castigar con la ingestión de mezclas repugnantes de comida (postres mezclados con condimentos salados y picantes) a sodálites que estaban de prueba en la comunidad de San Aelred, bajo la responsabilidad de Virgilio Levaggi. ¿Te falla la memoria? Cuando yo estaba en San Bartolo en el año 1988, tú visitabas con frecuencia la comunidad para celebrar Misa y oír confesiones. Después te quedabas a comer y en las conversaciones te enterabas de las cosas que se hacían en San Bartolo. ¿Hasta ahora no has captado que varias de esas cosas eran abusos y maltratos? ¿Acaso no estuviste siempre de acuerdo con que nosotros, miembros de comunidad, mantuviéramos la mayor distancia posible hacia nuestros padres? Asimismo, cuando eras superior en Barranco, no podía llamar por teléfono ni salir a la esquina si no tenía permiso tuyo. Quien se ausentaba de la casa sin permiso era después severamente castigado. ¿No era esto una especie de coerción de nuestra libertad?

Y como corolario de todo esto, siempre gozaste de la confianza de Luis Fernando Figari, fuiste dócil para implementar todas las medidas dispuestas por él —que aplicaste fielmente en las «labores de animación apostólica y espiritual en el Sodalicio» que se mencionan en tu biografía— y nunca te manifestaste en contra de sus excesos y su estilo de vida hedonista —muy distinto al régimen espartano de vida que teníamos los sodálites ordinarios de las comunidades—, así como tampoco lo hiciste en contra de su lenguaje procaz y ofensivo y sus actitudes humillantes hacia varios hermanos de comunidad. Ni siquiera ahora ni en tiempos recientes, cuando ya mucho ha salido a la luz, has pronunciado una sola palabra al respecto.

Esto se condice con lo que señala el Informe Final de la Comisión de Ética para la Justicia y la Reconciliación:

«El comportamiento del superior general Luis Fernando Figari, estaba determinado básicamente por dar órdenes que no podían ser cuestionadas, el uso de un lenguaje vulgar y soez, el ejercicio de una dinámica independiente de la comunidad, el control de todas las actividades al interior de la institución y de la vida personal de sus miembros. Asimismo, se evidencia que los integrantes de la cúpula que entonces acompañaba a Luis Fernando Figari, con su silencio obsecuente, aprobaban esa conducta, pese a revelarse contraria al más elemental propósito de vida cristiana» (II, 4).

En ese sentido, no resulta gratuito afirmar que contribuiste «a implementar y aplicar las medidas de sometimiento mental que forman parte del sistema de disciplina sodálite», considerando que en tus funciones ad intra del Sodalicio siempre buscaste ser fiel a todas las directivas de Figari sin excepción.

De todos modos, no sé en qué medida eras consciente de lo que implicaban estas cosas en el momento de hacerlas y, conociéndote, no dudo de que hayas actuado de buena voluntad, por lo cual, retractándome de lo que dije en mi columna anterior, no puedo ahora afirmar con certeza que seas cómplice y encubridor. Pero independientemente de tus intenciones, lo que has hecho se parece objetivamente mucho a eso.

Respeto a la carta de 47 ex sodálites del 1° de junio de 2016, que fue un intento de desacreditar la denuncia que se presentó en contra de algunos miembros del Sodalicio por asociación ilícita para delinquir, secuestro y lesiones graves, ya he comentado al respecto en dos artículos que publiqué en mi blog —LA CORTE DE LOS 47 y LA VERGÜENZA PERDIDA—, a los cuales te remito.

A tu favor resta decir que eres un hombre muy simpático cuando te lo propones, cariñoso y sentimental, con aptitudes y cualidades para ser un buen pastor de la Iglesia —siempre y cuando el Sodalicio no esté de por medio— y que nunca te vi maltratar a nadie físicamente en el Sodalicio. Por eso mismo, mi mujer y yo te elegimos para que celebraras nuestro matrimonio, en una ceremonia que fue realmente hermosa. Sin embargo, mi amistad contigo no debería ser obstáculo para señalar los vicios en que has incurrido. Pues, como decía Aristóteles: «Soy amigo de Platón, pero soy más amigo de la verdad».

Y uno de esos vicios es haber comunicado a terceros nuestra constancia de matrimonio religioso, un documento oficial con datos personales que no tienen por qué ser de conocimiento público. Además, este documento no guarda ninguna relación en absoluto con el contenido del artículo periodístico que cuestionas, y solamente lo usas en aras de una especie de chantaje sentimental. Sin ninguna consideración ni respeto, te zurras en el deseo de mi mujer de mantenerse al margen de los asuntos del Sodalicio y la metes gratuita y arteramente en la colada, generándole una crisis de nervios. Esto me parece una canallada. ¿Quieres defender tu honra y haces algo que va en detrimento de ella? No lo entiendo.

Además, negar aquellos hechos que son evidentes no contribuye en nada a resguardar tu honra, sino que la daña aún más, así como el hecho de que denuncies penalmente o amenaces a quienes somos víctimas del Sodalicio y hemos arriesgado nuestra salud, tranquilidad, honra y reputación para que la verdad salga a la luz. Todavía estás a tiempo para comportarte dignamente, pidiéndole disculpas a las víctimas y contribuyendo con tu testimonio a esclarecer aún más la verdad sobre los abusos sistemáticos ocurridos en el Sodalicio. En tu posición, mantener silencio al respecto sólo mellará aun más tu honra. Y eso será únicamente de responsabilidad tuya.

Atentamente,

Martin Scheuch

(Carta abierta publicada en Altavoz el 27 de agosto de 2018)

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FUENTES

Altavoz
Carta notarial de Mons. José Antonio Eguren por columna de Martin Scheuch (24 de agosto, 2018)
https://altavoz.pe/2018/08/24/117852/carta-notarial-de-mons-jose-antonio-eguren-por-columna-de-martin-scheuch/

Comisión de Ética para la Justicia y la Reconciliación
Informe Final (abril de 2016)
http://comisionetica.org/blog/2016/04/16/informe-final/

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POST SCRIPTUM (29 de agosto de 2018)

La reunión con adherentes sodálites, en la cual José Antonio Eguren afirmó que todo lo que contaba José Enrique Escardó en sus artículos en la revista Gente era falso, se realizó en el Centro Pastoral Nuestra Señora de la Evangelización (San Borja) y no en la Parroquia Nuestra Señora de la Reconciliación (Camacho), como yo había puesto originalmente en mi carta —dato que ya ha sido corregido—. Así lo confirma el testimonio en Facebook del ex adherente sodálite Gerardo Barreto, quien reside actualmente en Estados Unidos, y que reproduzco aquí con ligeras correcciones de redacción:

«La reunión fue en el Centro Pastoral de San Borja, no en la Parroquia. Y lo sé porque yo fui uno de los que estuvo allí.

Ésa fue una reunión donde se nos mintió (“todo lo que escribe Escardó es falso”) y se nos instruyó a mentir (“y eso es lo que todos debemos decir”).

Recuerdo claramente la sensación de asco que me dio esto; sin embargo, en el esquema sodálite decidí racionalizar y darle el beneficio de la duda al “cura gordo”, como le llamábamos en esa época.

 ¡Yo tenía claro que lo que decía José Enrique Escardó era cierto! Fuera de contexto y narrado con mala intención, PERO CIERTO.

En esos día fue a Lima un amigo ex sodálite y le enseñé los escritos antes mencionados. Él se mató de risa (pues su fortaleza le ayudo a salir ileso de sus experiencia sodálite y San Bartolo fue casi una diversión para él), y me comentaba riéndose que la grada 17 fue su cama por meses… que hasta le agarró cariño a esa grada. Lo cual de alguna manera abona a mi comentario de que todo lo que escribía Escardó era cierto. Y que la reacción oficial del SCV fue la de la mentira».

 

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PERIODISMO Y ÉTICA: A 30 AÑOS DE LA CRISIS DE REHENES DE GLADBECK

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Dieter Degowski apuntando a la cabeza de Silke Bischoff mientras da una entrevista (Colonia, 17 de agosto de 1988)

El periodismo, un oficio que ha vivido episodios gloriosos e importantes a lo largo de su historia, también ha tenido momentos vergonzosos y lamentables debido a la falta de ética de algunos de sus representantes.

Este 18 de agosto se cumplieron 30 años de uno de estos incidentes sombríos: la crisis de rehenes de Gladbeck, pequeña ciudad alemana ubicada en Renania del Norte-Westfalia.

El 16 de agosto de 1988, Hans-Jürgen Rösner (31) y Dieter Degowski (32), amigos desde la edad escolar y cómplices de fechorías, ingresan con armas de fuego a las 7:55 de la mañana en la agencia del Deutsche Bank de Gladbeck. Sólo estaban allí un cajero y una asesora, ninguno de los cuales tenía la llave de la caja fuerte, por lo cual los atracadores deciden esperar al gerente de la sucursal. Cuando avistan un coche de la policía ante el local, la cual había sido advertida por un médico que tenía su consultorio en el mismo edificio, Rösner y Degowski toman de rehenes a los dos empleados y se atrincheran en el banco.

Lo que seguiría sería una sucesión de transgresiones a la ética periodística a lo largo de tres días, las cuales estorbarían el trabajo de la policía, impedirían una acción efectiva para terminar lo más pronto con el incidente, pondrían en riesgo vidas inocentes, siendo el saldo final de tres muertos.

El primero que se comunicó con los delincuentes fue un periodista del canal RTV plus, quien llamó a la agencia y le hizo una entrevista telefónica a uno de los secuestradores. A este periodista fue a quien le plantearon sus exigencias: 300,000 marcos y un automóvil para huir con los rehenes. La policía cumplió y a las 21:45 de la noche, bajo el foco de las videocámaras periodísticas, Rösner y Degowski —a quien se les unió Marion Löblich, la novia de Rösner— iniciarían un recorrido que los llevaría hasta Bremen, a unos 240 kilómetros al norte de Gladbeck, donde en la noche del 17 de agosto secuestrarían un autobús, tomando a 29 pasajeros de rehenes. Varios periodistas logran entrar con cámaras al vehículo y, con la anuencia de los secuestradores, toman fotos de hombres y mujeres, sin ninguna consideración a la angustia mortal que estaban experimentando, además de entrevistar a los secuestradores mientras sostenían sus armas contra las cabezas de los dos rehenes originales, que serían liberados poco después esa misma noche. La noticia se había convertido en un espectáculo para los medios.

Cuando en un restaurante de carretera en dirección de Hamburgo, Marion Löblich es detenida por la policía en el momento en que iba al baño, los secuestradores amenazan con matar rehenes si no la dejaban libre. Löblich es liberada, y aún así Degowski hiere mortalmente de un tiro en la cabeza al joven Emanuele de Giorgi (14). Esa misma noche muere el policía Ingo Hagen (31), asignado al caso, cuando su vehículo choca frontalmente contra un camión.

En el autobús los secuestradores cruzarían la frontera neerlandesa en horas de la madrugada del 18 de agosto, donde dejarían libres a los pasajeros a cambio de un automóvil ofrecido por la policía alemana, llevándose como rehenes sólo a Silke Bischoff (18) y a su amiga Ines Voitle.

Ese mismo día vuelven a cruzar la frontera, dirigiéndose hacia Colonia, donde en la zona peatonal, rodeados por un pelotón de periodistas, dan una conferencia de prensa desde el vehículo. En algunas fotos se puede apreciar a Degoswki sosteniendo una pistola contra la cabeza de Silke Bischoff mientras responde a las preguntas de los periodistas. Incluso un periodista se subió al automóvil de los secuestradores y durante una hora los guió hacia la autopista.

Poco después del mediodía el vehículo se dirigió hacia Frankfurt. Tras lograr chocarlo con un vehículo blindado y dejarlo inutilizado, la policía se engarzó en un tiroteo con los secuestradores, durante el cual murió Silke Bischoff herida por una bala proveniente del arma de Rösner.

Como resultado de la vergonzosa conducta de numerosos periodistas, que en aras del sensacionalismo mediático contribuyeron a potenciar un delito en vez de ponerle freno, el Consejo Alemán de Prensa decidió ampliar el Código de Prensa con la prohibición para cualquier periodista de entrevistar a los secuestradores durante una crisis de rehenes en proceso y de iniciar negociaciones con ellos por cuenta propia.

La gran lección que muchos aún no han aprendido es que un periodismo sin ética ni respeto por las víctimas de un acto criminal es tan condenable como el crimen mismo.

(Columna publicada en Altavoz el 20 de agosto de 2018)

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FUENTES

Wikipedia (en alemán)
Geiselnahme von Gladbeck
https://de.wikipedia.org/wiki/Geiselnahme_von_Gladbeck

SPIEGEL Online
Gladbecker Geiseldrama: “Ein Fall, der an die Nerven ging” (15.08.2018)
http://www.spiegel.de/einestages/gladbecker-geiseldrama-1988-ein-fall-der-an-die-nerven-ging-a-1222984.html

ZEIT Online
Geiselnahme von Gladbeck: Gaffen, auch wenn Menschen sterben (16. August 2018)
https://www.zeit.de/wissen/geschichte/2018-08/geiselnahme-gladbeck-hans-juergen-roesner-dieter-degowski-medien-skandal

MONS. EGUREN, LA FACHADA RISUEÑA DEL SODALICIO

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Mons. José Antonio Eguren (centro), rodeado de algunos miembros del Sodalicio —de izquierda a derecha: los sacerdotes Jaime Baertl, Jaime Gómez, Jorge Olaechea y el laico consagrado Fernando Vidal— después de la misa de ordenación sacerdotal de Jaime Gómez (Piura, 15/10/2016)

Mons. José Antonio Eguren es un hombre simpático y bonachón, con carisma y don de gentes, la sonrisa siempre a flor de labio, comprometido con su labor pastoral. Pero también está comprometido hasta la médula con el Sodalicio, uno de cuyos símbolos —la espada flamígera— figura en lugar destacado en su escudo episcopal.

Las pocas veces en que se ha manifestado sobre los escándalos del Sodalicio es para requerir que «su buen nombre sea respetado, un derecho que tiene todo individuo, y que se condice con el buen periodismo» (comunicado del 18 de mayo de 2016) o para exigirle mediante carta notarial del 20 de marzo de 2018 al periodista Pedro Salinas que se rectifique, pues el «derecho [a la libertad de opinión] no es irrestricto, sino que se debe ser muy cuidadoso de no dañar las honras ajenas».

Nunca ha tenido palabras de conmiseración hacia las víctimas. En enero de 2018 declaró que la intervención del Sodalicio sirve «para ayudar a superar los momentos difíciles que está viviendo [la organización]», haciendo la vista gorda de los momentos difíciles que hasta ahora viven los afectados por el Sodalicio.

No tenemos motivo para dudar de la honra que Mons. Eguren pueda haberse ganado con su labor estrictamente pastoral en la arquidiócesis de Piura. Sin embargo, en honor a la verdad hay que decir que su honra ya viene dañada desde el mismo momento en que formó parte de la cúpula del Sodalicio y contribuyó a implementar y aplicar las medidas de sometimiento mental que forman parte del sistema de disciplina sodálite.

Recuerdo que en algún momento del año 1982 fue por algunos meses superior de la comunidad Nuestra Señora del Pilar (Barranco) —es decir, el responsable de verificar que se aplicaran las medidas disciplinarias, incluidos castigos— y posteriormente también formó parte del Consejo Superior del Sodalicio.

Una vez que estaba de visita en la comunidad de San Aelred (Magdalena del Mar), durante la comida Virgilio Levaggi le ordenó a uno de los muchachos a su cargo que hiciera una mezcla repugnante con su postre —algo así como echarle ketchup, sal y pimienta a su arroz con leche— y se lo comiera. Eguren no sólo ayudó a hacer la mezcla, sino que aplaudió la ocurrencia, acompañándola de sonrisas cachosas y comentarios burlones.

Como uno de los curas que asistían con regularidad a las comunidades de San Bartolo para celebrar misa y oír confesiones, con frecuencia se quedaba allí a comer y así se enteraba de lo que ocurría en esas comunidades. Incluso habría sido testigo de algunos abusos y maltratos, aunque en esos momentos nadie, ni siquiera él, los consideraba como tales, debido a la perversa normalización de estas prácticas que había —y seguiría habiendo actualmente— en el Sodalicio.

Cuando en diciembre de 1992 intempestivamente se decidió en la comunidad de Barranco aislarme por tiempo indefinido en una habitación separada del resto de la casa, con permiso sólo para ir al baño y hablar exclusivamente con Eguren, éste colaboró entusiastamente en trasladar mis pocos bártulos del dormitorio común en el que me había quedado dormido esa noche hasta mi nuevo recinto de reclusión. Por supuesto que aprobó esta disposición emitida por el superior Alfredo Garland, la cual culminaría en mi huida de la casa durante la madrugada y una estadía de siete meses en San Bartolo acompañada de angustiosos deseos de morir.

Él mismo ha manifestado su cercanía con Germán Doig y Luis Fernando Figari:

«¡Cómo no recordar con afecto a mi amigo Germán Doig, amigo mío desde los cinco años de edad…!» (Ordenación episcopal, 7/4/2002)

«Gracias especialmente a ti, Luis Fernando, mi Padre fundador…» (Toma de posesión de la arquidiócesis de Piura, 22/8/2006)

Su talante diplomático y adulador, unido a su natural simpatía, han hecho que Mons. Eguren sepa cultivar buenas relaciones con las autoridades de turno, las fuerzas armadas y policiales e incluso con representantes del poder judicial. La fiscal Peralta, católica devota, decidió arbitrariamente excluirlo de la primera denuncia penal en contra del Sodalicio sin presentar ningún argumento.

Mientras siga callando lo que sabe y no decida distanciarse críticamente del Sodalicio —como si lo estaría haciendo el otro obispo sodálite, Mons. Kay Schmalhausen—, Mons. Eguren seguirá siendo un vulgar cómplice y encubridor.

(Columna publicada en Altavoz el 13 de agosto de 2018)

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FUENTES

Monseñor José Antonio Eguren Anselmi, S.C.V.
Mar adentro. Con los remos y con las velas (Vida y Espiritualidad, Lima 2007)

Arzobispado de Piura
Comunicado (18 de mayo de 2016)
https://web.archive.org/web/20170114104551/http://arzobispadodepiura.org/arzobispo/comunicados/comunicado-2/

Radio Cutivalú
Monseñor Eguren: Sodalicio siempre ha cooperado con las investigaciones (12 enero, 2018)
http://www.radiocutivalu.org/monsenor-sodalicio-siempre-ha-cooperado-las-investigaciones/

Pedro Salinas
La carta del sodálite Eguren (22/03/2018)
https://lavozatidebida.lamula.pe/2018/03/22/la-carta-del-sodalite-eguren/pedrosalinas/