EL GRAN AMOR DE UN CARDENAL ALEMÁN

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Cardenal Michael von Faulhaber (1869-1952)

El cardenal Michael von Faulhaber (1869-1952) fue de 1911 a 1917 obispo de Espira (Speyer) -diócesis cuya jurisdicción abarca el pueblo en el cual vivo- y posteriormente arzobispo de Múnich y Freising desde 1917 hasta su muerte.

Fue una personalidad ambigua no sólo en el campo de lo político —se opuso a todo tipo de antisemitismo y de maltrato de los judíos, pero buscó mantener buenas relaciones con la dictadura hitleriana—. También lo fue en el ámbito de la vida sentimental. Pues aun siendo un “santo varón” que había prometido vivir en celibato, entre 1938 y 1950 cultivó una amistad íntima con una mujer 17 años más joven que él.

Franziska Bösmiller (1886-1983), especialista en lengua y literatura germánica, trabajaba como maestra de escuela en Múnich. Nacida en una familia protestante, se convirtió posteriormente al catolicismo, y publicaba regularmente artículos de temas pedagógicos y religioso-filosóficos en revistas. Se le podría describir como una mujer moderna para su tiempo, con formación académica y pensamiento independiente, una profesional, a la cual le gustaba asistir a la tradicional festividad bávara del Oktoberfest así como ir a bañarse al lago en la época estival, lo cual no era entonces algo usual entre mujeres católicas.

El primer encuentro de ambos personajes ocurrió en diciembre de 1937, cuando Franziska recibió la comunión de manos de Faulhaber durante una misa en una iglesia de Múnich. El 8 de enero de 1938 visita oficialmente al cardenal, quedando impresionados el uno con el otro. A Franziska le sería encomendada la tarea de ordenar la biblioteca personal del prelado, así como ayudarlo a taquigrafiar y mecanografiar sus prédicas y preparar una colección histórica de personajes católicos que se hubieran opuesto al nazismo. A estos efectos, pasaría varias horas de la semana en el palacio arzobispal. A partir de ahí se desarrollaría una relación muy particular, siendo así que el cardenal la visitaría posteriormente por lo menos nueve veces en su vivienda personal.

La teóloga Antonia Leugers de la Universidad de Tubinga, quien ha tenido acceso al diario personal del prelado alemán —descubierto tras la muerte en 2010 de quien fuera su secretario personal— y al diario de Franziska, obtenido por un golpe de suerte cuando en 2013, durante unas jornadas académicas, se le acercó una sobrina nieta de la maestra para informarle que se hallaba en posesión familiar una maleta con varios documentos de Franziska, entre ellos el diario mencionado, investiga desde hace años esta amistad íntima y ha sacado a la luz el fascinante testimonio del amor entre un cardenal alemán y una cultivada mujer soltera, visto desde la perspectiva femenina de ésta última.

«Ésta es la verdadera belleza — la belleza de espíritu y cuerpo — está unión. Que tú seas así, que tu estés allí — que tú estés allí en el aliento de tu alma y de tu vida — es la razón por la que te amo así — mi Franziska», son palabras del cardenal Faulhaber reseñadas por la maestra en su diario.

La cosa no quedó solamente en declaraciones amorosas. Franziska describe otras manifestaciones como abrazos, besos, caricias y arrumacos. Una vez en 1940 Faulhaber estaba guardando reposo en un sanatorio. Allí recibió a Franziska, quien relata en su diario: «Me abraza y me sujeta tan amorosamente, me besa tiernamente, mientras me susurra siempre de nuevo: mi Sonntagskind» —cariñosa expresión alemana que se traduce literalmente como “niño de domingo” y equivale a la expresión “persona nacida con buena estrella”—.

En abril de 1943 Franziska pasa una hora junto al cardenal en el palacio episcopal. «Nuestro corazones se fortalecen mutuamente», escribe en su diario. «En la noche pienso en ti – eso te lo he prometido – durante el rosario – y cuando paseo», le habría dicho el cardenal enamorado.

Los encuentros se interrumpieron abruptamente cuando la vivienda de Franziska fue dañada durante un bombardeo aéreo en 1944, y dado que el cardenal —preocupado por su imagen pública— no quería correr el riesgo de que se conociera esta relación, no permitió que sus encuentros furtivos se realizaran en el palacio episcopal. La relación se fue enfriando y la última mención de un encuentro la hace Faulhaber en 1950 cuando señala el esfuerzo que cuesta hacer que Franziska (mencionada bajo seudónimo) se vaya… entre lágrimas.

Lo que en parte fue una historia muy hermosa, no pudo tener un desenlace feliz debido a la obligación de celibato que mantiene el clero católico romano. Un celibato que en la mayoría de los casos suele ser mera apariencia y no compromiso vivido. Y que necesita a gritos ser replanteado en la Iglesia católica.

(Columna publicada en Altavoz el 18 de junio de 2018)

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FUENTES

Süddeutsche Zeitung
Verbotene Liebe: Der strenge Kardinal und seine heimliche Liebschaft (30. April 2017)
http://www.sueddeutsche.de/muenchen/verbotene-liebe-der-strenge-kardinal-und-seine-heimliche-liebschaft-1.3483459

Die Rheinpfalz (edición impresa)
Blickpunkt: Der Kardinal und die Lehrerin – Eine außergewöhnliche Beziehung (14. Juni 2018)

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FIGARI: LA PATRAÑA DEL FUNDADOR

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En la página web oficial del Sodalicio se leía hasta octubre de 2015 en la reseña dedicada al fundador, que Figari, tras un proceso de conversión, decidió llevar a cabo «la fundación del Sodalitium Christianae Vitae, en 1971. En 1974 funda la Asociación de María Inmaculada (AMI) para mujeres».

Más adelante se lee: «Por invitación del Papa [Juan Pablo II] participó en la Jornada Mundial de la Juventud de 1984, pronunciando la Catequesis sobre el Amor en la Basílica de San Pablo Extramuros. Esa experiencia fue decisiva para la fundación del Movimiento de Vida Cristiana (MVC) en 1985. […] En 1991 fundó la Fraternidad Mariana de la Reconciliación, para mujeres que descubren el llamado a la vida consagrada laical. En 1995 fundó la Hermandad Nuestra Señora de la Reconciliación, dedicada a una advocación muy ligada a la espiritualidad sodálite. Años después en 1998 fundó otra asociación religiosa para mujeres, las Siervas del Plan de Dios».

Ésta es la historia oficial. Y si bien las paginas web de estas asociaciones han eliminado cualquier referencia a Figari, no se ha cuestionado la versión oficial y se sigue considerando a Figari como un fundador, o como dice la vergonzosa carta de la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica (30 de enero de 2017) que decidió el destino de Figari hasta ahora: «mediador de un carisma de origen divino».

Que Figari reúna las características para ser considerado como tal ha sido cuestionado por el ex-sodálite José Rey de Castro. Mediante documentos de los archivos del Sodalicio demuestra que el 8 de diciembre 1971 realizaron su primera promesa 9 miembros, de entre los cuales destacan Figari y Sergio Tapia Tapia —un abogado vinculado al sector ultramontano del catolicismo y defensor de militares conculcadores de derechos humanos—, los cuales en 1972 forman un triunvirato junto con el sacerdote marianista Gerald Haby, tras haberse reducido el grupo original a sólo cuatro miembros.

«Recién se formaba la SCV y la conciencia de que ésta tenía “tres miembros fundadores” era muy clara. Figari era uno más». Además, con fecha del 11 de septiembre de 1972, Tapia «redacta un documento con la intención de dar algunas “pautas para la mejor conducción de la Sodalitium en todos sus niveles”», donde esboza los principios y estructura que debería tener el nuevo grupo, con lo cual se «muestra que quien sistematiza y aclara asuntos fundamentales de la naciente organización no es Figari».

El nuevo grupo decide vivir la espiritualidad del P. Guillermo José Chaminade, que es el carisma de los marianistas. Con el paso del tiempo se añadirán ideas tomadas del Concilio Vaticano II, Pablo VI, Juan Pablo II, etc. No hay un nuevo carisma, ni una experiencia religiosa que lo sustente. En el caso de Figari no existe tal «“experiencia religiosa” puesto que el SCV es inventado por él en su mente narcisista con el fin de saciar sus desordenados anhelos, usando la espiritualidad marianista para crear un sistema de ideas —ideología— lo suficientemente coherente como para que se lo “compren” sus discípulos entusiasmados con la idea de “cambiar el mundo”».

En el caso de las otras asociaciones, también concurren motivaciones non sanctas.

En los ‘70 se iniciaron las Agrupaciones Marianas como semilleros del Sodalicio, en las cuales se buscaban vocaciones nuevas, y a quien no encajaba en el perfil sodálite, se le dejaba de prestar atención. Ante las multitudes de jóvenes de otros movimientos que Figari vio en 1984 en Roma —en un evento en cual yo también estuve presente—, se le ocurrió que no era buena idea desechar a quienes no fueran aptos para el Sodalicio, y decidió fundar el Movimiento de Vida Cristiana con el fin de vincular a los que él consideraba cristianos de segunda, así como a sus familiares y a representantes del sexo femenino.

En 1991 —según cuenta Rocío Figueroa—, Figari se apropió como supuesto fundador de un proyecto de vida consagrada para mujeres, iniciado en 1987 por la susodicha y otras cuatro compañeras, proyecto al que Figari —en conformidad con su habitual misoginia— nunca apoyó. Dice Rocío sinceramente: «agradezco a Dios todas esas lágrimas por la falta de interés de Luis Fernando, no sólo en esos 4 años sino en todos los años que siguieron donde como superiora tenía que rogarle a sus secretarios por una reunión al año. No. La Fraternidad no la hizo Figari. La hizo el Espíritu Santo con la ayuda de las primeras y con las que siguieron luego. Sí. Con miles de defectos. Sí, contaminadas. Pero no con un origen perverso ni malévolo como el que inspiró la creación del Sodalicio».

A las Siervas del Plan de Dios Figari las fundó porque —según le oí decir en varias ocasiones—, necesitaba monjas que cuidaran a los sodálites cuando éstos estuvieran viejos y enfermos. Es decir, como suministro de mano de obra gratuita en el ámbito de la enfermería.

Las autoridades de la Iglesia católica han sido benevolentes con Figari, a pesar de reconocer que ha cometido delitos graves, precisamente porque lo reconocen oficialmente como «fundador del Sodalitium Christianae Vitae». Ya es hora de dejar de lado esa patraña y reconocer que ni Figari fue guiado por un poder divino, ni es fundador en ningún sentido, ni el Sodalicio es una obra querida por Dios. Para muchos de los que aún somos creyentes, que todavía se crea eso en la Iglesia católica es un insulto para nuestra fe. Y una ofensa a la razón humana.

(Columna publicada en Altavoz el 11 de junio de 2018)

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FUENTES

Internet Archive
Reseña biográfica de Figari en la página web del Sodalicio (23 de octubre de 2015)
https://web.archive.org/web/20151023182315/http://sodalicio.org:80/luis-fernando-figari/

Mi vida en el Sodalicio (Blog personal de José Rey de Castro)
¿Una espiritualidad para nuestro tiempo?
https://www.mividaenelsodalicio.app/una-espiritualidad-para-nuestro-tiempo/
Ensayo de la verdad: los orígenes
https://www.mividaenelsodalicio.app/ensayo-de-la-verdad-los-origenes/
Figari ¿EL fundador?
https://www.mividaenelsodalicio.app/figari-el-fundador/
El otro fundador
https://www.mividaenelsodalicio.app/el-otro-fundador/

Rocieros (Blog personal de Rocío Figueroa)
El robo de la fundación (9 de junio de 2018)
http://rocio-figueroa.blogspot.com/2018/06/el-robo-de-la-fundacion.html

EYVI ÁGREDA Y LA PUERTA DEL INFIERNO

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Eyvi Ágreda (1995-2018)

Eyvi Ágreda murió el 1° de junio, tras cinco semanas y media de agonía, debido a las consecuencias del ataque homicida de Carlos Hualpa, su acosador, quien pensaba que si ella no le correspondía y no era para él, no iba a ser de nadie. Argumento que justificaba rociarla con gasolina y prenderle fuego. Esto ocurrió en medio de una sociedad que se considera mayoritariamente cristiana y dice defender los valores derivados del mandamiento del amor.

Eyvi murió por mano de quien decía amarla. Pero que en realidad sólo la quería como una posesión, como un objeto de su propiedad. Pues en estas tierras peruanas —que ya son uno de los lugares más peligrosos del mundo para ser mujer— subyace en el inconsciente colectivo que los varones son superiores a las mujeres y que éstas deben estar subordinadas a ellos. Y cuando se rompe ese “equilibrio”, son justificables —o por lo menos comprensibles— las reacciones furibundas masculinas que intentan poner orden para que todo vuelva a su sitio.

Un orden avalado por autoridades eclesiásticas como el cardenal Cipriani, quien llegó a afirmar que «muchas veces, la mujer se pone, como en un escaparate, provocando» y que «las campañas para dañar la dignidad de la mujer en su ser mujer y madre, queriendo imponer la llamada ideología de género, no son humanas».

Este tipo de enseñanzas no son nuevas entre los pastores de la Iglesia católica. Ya en el siglo IV San Agustín enseñaba: «Es Eva, la tentadora, de quien debemos cuidarnos en toda mujer… No alcanzo a ver de qué utilidad puede servir la mujer para el hombre, si se excluye la función de concebir niños». Consecuente con este enunciado, el obispo de Hipona infería que «las mujeres no deben ser iluminadas ni educadas en forma alguna. De hecho, deberían ser segregadas, ya que son causa de insidiosas e involuntarias erecciones en los santos varones».

Anteriormente en el siglo II San Clemente de Alejandría decía que «toda mujer debería enrojecer de vergüenza sólo de pensar que es mujer». Y Tertuliano, otro escritor cristiano y padre de la Iglesia, se dirigía así a las representantes del sexo femenino: «Mujer, deberías ir vestida siempre de luto y andrajos, presentándote como una penitente anegada en lágrimas, para redimir así tu pecado de haber perdido al género humano. Tú eres la puerta del infierno, tú fuiste la que rompió los sellos del árbol vedado: tú la primera que violaste la ley divina, tú la que corrompiste a aquél a quien el diablo no se atrevía a atacar de frente; tú, finalmente, fuiste la causa de que Jesucristo muriera».

Y sin embargo, las enseñanzas oficiales de la Iglesia en épocas recientes proclaman algo distinto. Por ejemplo, el Papa Juan Pablo II en su carta apostólica Mulieris dignitatem sobre la dignidad y vocación de la mujer, comentando una frase del libro del Génesis —«Hacia tu marido irá tu apetencia y él te dominará» (Gén 3, 16)—, dice: «Este “dominio” indica la alteración y la pérdida de la estabilidad de aquella igualdad fundamental, que en la “unidad de los dos” poseen el hombre y la mujer; y esto, sobre todo, con desventaja para la mujer, mientras que sólo la igualdad, resultante de la dignidad de ambos como personas, puede dar a la relación recíproca el carácter de una auténtica “communio personarum”» (n. 10).

Es decir, el dominio del hombre sobre la mujer es una realidad condenable, que debe ser sustituida por una relación donde haya igualdad de derechos. Lo cual no se diferencia de principios y valores fundamentales que defiende el enfoque de género.

El problema para muchos eclesiásticos es que del dicho al hecho, hay mucho trecho, y se siguen guiando por conceptos rancios y trasnochados, dentro de un sistema eclesial que no admite a las mujeres al mismo nivel que quienes detentan funciones de responsabilidad. Y que sigue considerando a las féminas como un peligro para la castidad de estos santos varones —castidad que frecuentemente ya está averiada por otros motivos no tan santos— y las relega al papel de sirvientas y colaboradoras sin retribución y sin voz propia.

Es un sistema que, con su indolencia, termina siendo cómplice mudo de feminicidios como el de Eyvi Ágreda.

(Columna publicada en Altavoz el 7 de junio de 2018)

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FUENTES

Las citas de los Padres de la Iglesia están tomadas de las siguientes páginas web:
http://www.episcopaleslatinos.org/pastoral/santospadres.htm
http://www.mujerpalabra.net/pensamiento/critica/frasesmachistasymisoginas_relig.htm

Carta apostólica Mulieris dignitatem del Sumo Pontífice Juan Pablo II sobre la dignidad y la vocación de la mujer con ocasión del Año Mariano (15 de agosto de 1988)
https://w2.vatican.va/content/john-paul-ii/es/apost_letters/1988/documents/hf_jp-ii_apl_19880815_mulieris-dignitatem.html

REFLEXIÓN CRÍTICA DE UN CATÓLICO SOBRE EL ABORTO

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Dibujos embriológicos de Ernst Haeckel (1834-1919)

El 25 de mayo el pueblo irlandés votó a favor de la legalización del aborto, en un país predominantemente católico pero donde la Iglesia ha perdido influencia debido a escándalos recientes. Esto es ocasión para aclarar, como católico crítico, cuál es mi posición sobre el tema.

Si bien la tradición cristiana considera el aborto como un pecado, hasta el año 1869 se consideraba que había grados en la culpa, dependiendo de cuándo se realizaba el acto. Desde antiguo, siguiendo al filósofo griego Aristóteles, se pensaba que el feto pasa por diversas etapas hasta el momento en que dispone de un alma racional y se le puede considerar humano. En su desarrollo tiene primero un alma vegetativa y después un alma animal. Ya San Agustín de Hipona en el siglo IV sostenía que un alma humana sólo puede existir en un cuerpo que tenga forma humana.

Según esto, en el derecho eclesiástico se distinguía entre el feto inanimado (sin alma) —hasta 80 días después de la concepción— y el feto animado (con alma), siendo considerado solamente el aborto de éste ultimo como un asesinato, sujeto a la pena máxima que es la excomunión. Por ejemplo, el Papa Inocencio III († 1216) dictaminó, en el caso de un monje cartujo cuya amante había abortado a instancias de aquél, que éste no era reo de homicidio pues el embrión todavía no había alcanzado el estado de ser animado.

Esta diferenciación fue abolida por el Papa Pío IX en 1869 mediante bula apostólica, determinando que el embrión recibe su alma en el momento de la concepción, aún cuando no haya prueba teológica ni científica que lo avale. Influyó en esta decisión la proclamación en 1854 del dogma de la Inmaculada Concepción, según el cual la Virgen María fue concebida sin pecado, por lo cual si el embrión no era ser humano desde su concepción, el dogma proclamado se vaciaba de contenido.

No obstante, el jesuita Karl Rahner, uno de los grandes teólogos del siglo XX, decía: «De las definiciones dogmáticas no se puede concluir que sea contrario a la fe asumir que el salto hacia la persona-espíritu ocurre recién en el desarrollo del embrión. Ningún teólogo puede afirmar que posee la prueba de que la interrupción del embarazo constituye en todos los casos el asesinato de un ser humano». Aun cuando se haya demostrado que el cigoto (óvulo fecundado) contiene el genotipo específico individual para el desarrollo de un ser humano único e irrepetible, la presencia de esa información en un conglomerado de células no demuestra fehacientemente que nos hallemos ante una persona humana en sentido propio.

A partir de entonces, la condena del aborto por parte de la Iglesia católica como un homicidio calificado se ha basado sobre una presunción indemostrable y, con el paso del tiempo, ha asumido la forma de verdad indiscutible. Se podría formular así: «creemos que la vida humana comienza desde el momento de la concepción, pero como no lo podemos demostrar irrefutablemente, condenamos el aborto en todo caso como un asesinato, ante la probabilidad de que el embrión sea efectivamente desde sus inicios una persona humana».

Yo no creo que el aborto sea un derecho de nadie y que se debe evitar en la medida de lo posible, pero soy consciente de que existen motivos que podrían justificar que una mujer tome esa decisión, por lo cual, en salvaguardia de la salud de las mujeres, el aborto bajo ciertas causales debería ser legal.

En Alemania, el aborto es ilegal según la ley constitucional (Grundgesetz). Sin embargo, está permitido si el embarazo pone en grave riesgo la salud de la madre (según atestado médico), en caso de violación (según atestado criminológico) o si la mujer considera que está en riesgo su salud psíquica, debiendo pasar por una consejería que le informe de las consecuencias del aborto y que tiende a ser disuasiva. De hecho, las cifras anuales de abortos han ido disminuyendo en Alemania desde 18.38 abortos por cada 100 nacimientos en 2001 hasta 13.45 en 2015, aunque en 2016 se dio un ligero repunte.

Sea como sea, como lo demuestra el caso de Uruguay, la legalización del aborto puede llevar a una disminución efectiva del número de abortos, que es lo que queremos todos los católicos.

(Columna publicada en Altavoz el 28 de mayo de 2018)

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FUENTES

Wikipedia (en alemán)
Schwangerschaftsabbruch
https://de.wikipedia.org/wiki/Schwangerschaftsabbruch

TN (Todo Noticias)
Debate sobre el aborto | Cuál fue el efecto de la legalización del aborto en Uruguay (28/02/2018)
https://tn.com.ar/internacional/uruguay-cual-fue-el-efecto-de-la-legalizacion-del-aborto_853783

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A continuación, anteriores artículos míos donde he abordado el tema del aborto:

EL CASO CHILENO: OBISPOS SIN CURA

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P. Felipe Berríos, S.J.

Se trata de un hecho inédito en la historia de la Iglesia católica. Nunca había ocurrido que el episcopado entero de un país presentara su renuncia ante el Papa. Así lo hizo el episcopado chileno el 18 de mayo, por no haber hecho casi nada frente a los casos de abusos sexuales cometidos por el clero o personal de la Iglesia.

Aunque, en honor a la verdad, hay que decir que sí hicieron algo. A saber, pusieron grandes esfuerzos en encubrir lo que era evidente, en presionar a los abogados para que buscarán una reducción de las acusaciones, en ignorar o desacreditar a las víctimas, en fin, en ver la manera de sacar el culo del asunto y quedar limpios de polvo y paja ante la opinión pública.

Sin embargo, lo que ha sido un hecho espectacular podría desinflarse en los siguientes meses. Pues difícilmente el Papa aceptará todas las renuncias y menos aún sustituirá a los 31 obispos en activo de Chile. El número de obispos que serán relevados será probablemente muy reducido.

Pues el problema que hay actualmente en la Iglesia católica no se circunscribe a las eminencias episcopales, sino que abarca también al clero, a los religiosos y al personal pastoral de Iglesia. No hay suficientes curas dignos de asumir una función pastoral que esté en consonancia con la imagen de Jesús que presentan los Evangelios, la de un profeta comprometido con los marginados y desposeídos, y crítico de las clases pudientes y las autoridades religiosas de su tiempo. Todo lo contrario de la imagen burguesa del obispo a la que nos hemos acostumbrado, la de un señor con traje negro o gris, de buenos modales y actuar diplomático, que busca siempre guardar las apariencias y quedar bien con todos, salvo con quienes sean activistas de izquierda, feministas comprometidas, homosexuales confesos o víctimas de abusos eclesiales que han dado a conocer públicamente los atropellos padecidos. Pues éste es el perfil conservador que se ha hecho moneda corriente entre el clero en las últimas décadas, no sólo en Chile sino también en el Perú y en toda la Iglesia universal.

Se entiende que alguien como el jesuita chileno Felipe Berríos —una de las pocas luminarias clericales en el país sudamericano— resulte incómodo al plantear las cosas con claridad, como hizo en una entrevista a El País de España en enero de este año: «Siento que la Iglesia Católica chilena está muy alejada de la gente, tremendamente cuestionada y con una jerarquía que no llega a los fieles. Se han acabado las comunidades de base y la pastoral se organizó en torno a grupos religiosos conservadores». Y describe a esta Iglesia como «callada, metida para adentro y que no va a la vanguardia de los cambios de la sociedad chilena». Su análisis es quirúrgico y doloroso: «Una Iglesia que basó toda su doctrina en la moral sexual —señalando a los divorciados, etcétera—, de pronto aparece como la que debiera pedir perdón. Fue un golpe fuerte y, aunque el espíritu religioso sigue vivo, la gente no ve que sea la Iglesia la que ayude a encontrarse con Jesucristo. Más bien la Iglesia se presenta como un estorbo, sobre todo para los jóvenes».

Tal como están las cosas, no parece que vaya a haber cambios importantes, pues no existe una generación clerical de recambio que tenga la misma claridad de ideas que el P. Berríos, a quien el cardenal Ricardo Ezzati, arzobispo de Santiago de Chile, buscó que se le abriera un proceso canónico en el año 2014 supuestamente por oponerse doctrinalmente al Magisterio de la Iglesia, según consta en un e-mail suyo dirigido al cardenal Francisco Javier Errázuriz, arzobispo emérito de Santiago, que se filtró a la opinión pública. Asimismo, Ezzati saboteó la posible designación del P. Berrios como capellán de La Moneda (el palacio presidencial chileno) y la designación de Juan Carlos Cruz, víctima del P. Karadima, como miembro de la Comisión Pontificia para la Protección de Menores.

Como en el caso chileno, quienes hemos sido víctimas de abuso en la Iglesia católica y aun mantenemos la fe, tendremos que seguir buscando a Jesús no en sus “representantes”, sino en los caminos polvorientos de nuestro día a día.

(Columna publicada en Altavoz el 21 de mayo de 2018)

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FUENTES

New York Times
Los obispos chilenos presentan su renuncia por casos de abuso sexual (18 de mayo de 2018)
https://www.nytimes.com/es/2018/05/18/obispo-papa-francisco-renuncia/

El País
Felipe Berríos | Sacerdote jesuita chileno
“Siento que la Iglesia católica chilena está muy alejada de la gente” (4 Ene 2018)
https://elpais.com/internacional/2018/01/04/america/1515088929_983366.html

The Clinic
Los correos entre Errázuriz y Ezzati que evidencian las maniobras contra Felipe Berríos y víctima del caso Karadima (09 Septiembre, 2015)
http://www.theclinic.cl/2015/09/09/los-correos-entre-errazuriz-y-ezzati-que-evidencian-las-maniobras-que-realizaron-contra-felipe-berrios-y-una-victima-del-caso-karadima/

MARX Y MARX

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Karl Marx (1818-1883)

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Card. Reinhard Marx (1953- )

 El 5 de mayo la ciudad de Tréveris (Trier, en alemán), ubicada en Renania-Palatinado —el estado federal donde yo vivo— celebró el bicentenario del nacimiento de Karl Marx, no sin que se generara cierta controversia al respecto. Pues las opiniones estaban divididas entre quienes decían que había que homenajear al genial filósofo, revolucionario, pensador social y economista, y quienes protestaban debido a que su pensamiento había inspirado regímenes dictatoriales que habían pisoteado derechos fundamentales y cargaban un número incalculable de muertos sobre sus espaldas.

Pero como señaló la socialdemócrata Malu Dreyer, actual jefa de gobierno de Renania-Palatinado, «no podemos responsabilizar a Marx de los crímenes cometidos en su nombre».

Lo cierto es que 200 años después de su nacimiento en Tréveris —ciudad que incluso ha dedicado una exposición histórico-cultural en su honor—, el pensamiento de Karl Marx —que yo mismo no comparto— sigue siendo de actualidad, sobre todo por sus análisis de cómo funciona el capitalismo y de por qué la riqueza generada se construye sobre la explotación y alienación de los obreros, sin mencionar las certeras predicciones de Marx respecto a las crisis cíclicas del capitalismo.

Asimismo, Karl Marx señalo que la religión puede convertirse en un elemento que perpetúa situaciones de opresión, al adormecer las conciencias y ofrecer una felicidad ilusoria que no permite tomar conciencia de la injusticia sufrida:

«La religión es el suspiro de la criatura oprimida, el sentimiento de un mundo sin corazón, así como el espíritu de una situación sin alma. Es el opio del pueblo. Se necesita la abolición de la religión entendida como felicidad ilusoria del pueblo para que pueda darse su felicidad real».

Porque una cosa es cierta: la religión puede ser utilizada para atentar contra derechos humanos fundamentales de la persona. Lo cual ciertamente no pertenece a la esencia de religioso —como sugiere Marx—, pues una religión correctamente entendida y vivida sanamente puede constituir una experiencia liberadora que amplíe los horizontes de una persona y la lleve a un compromiso social auténtico. Siempre y cuando se sea tolerante y respetuoso hacia quienes no comparten esa experiencia.

Y eso parece haberlo entendido bien el cardenal Reinhard Marx, arzobispo de Múnich y presidente de la Conferencia Episcopal Alemana, quien se ha opuesto a que un símbolo cristiano sea utilizado políticamente en contra de la neutralidad que debe mantener el Estado.

Pues resulta que el gabinete de ministros de Baviera decidió el 24 de abril de este año que, a partir de junio, todas las entidades del estado federal deberán contar con un crucifijo visible. Markus Söder, jefe de gobierno bávaro y miembro del partido conservador Unión Social Cristiana (CSU), ha fundamentado esta medida argumentando que busca expresar la impronta histórica y cultural de Baviera y ser un reconocimiento visible de los valores fundamentales del ordenamiento jurídico y social. «La cruz no es símbolo de una religión», declaró. «Esto no constituye ninguna transgresión contra la ley de neutralidad del Estado».

No lo ve así el cardenal Marx. En declaraciones del 29 de abril al Süddeutsche Zeitung criticó agriamente esta decisión. Se habría generado divisiones, desasosiego y confrontaciones. «Si se ve la cruz sólo como un símbolo cultural, entonces no se la ha entendido», declaró el prelado. «Pues la cruz sería expropiada en nombre del Estado». Pero al Estado no le corresponde explicar el significado de la cruz.

En una encuesta representativa publicada ese mismo día en Bild am Sonntag, 64% de los encuestados se manifestaba en contra de que se colgaran crucifijos en las entidades estatales. Marx considera que este debate público es importante y debe seguir. «¿Qué significa vivir en un país de impronta cristiana?» Si es así, se debe entones practicar la inclusión con todos: cristianos, musulmanes, judíos y no creyentes.

Mons. Wolfgang Bischof, obispo auxiliar de Múnich, declaró adicionalmente que «la cruz no es símbolo de Baviera y menos aún es un logo electoral». Pues aparentemente Söder quiere ganarse la pleitesía de los bávaros con esta medida para volver a ser reelegido.

Lo cierto es que tanto el Marx comunista como el Marx católico estarían de acuerdo en que la religión no debe usarse para transgredir derechos humanos de vigencia universal.

(Columna publicada en Altavoz el 14 de mayo de 2018)

LA VIOLACIÓN DE YOKO ONO

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Fotograma de “Satan’s Bed” (Michael Findlay, 1965)

Yoko Ono, pareja del ex-Beatle John Lennon hasta que éste fuera asesinado el 8 de diciembre de 1980 en Nueva York, nunca fue violada en la vida real. Pero sí en la ficción. Y ésta es la historia.

A fines de los años ’50 e inicios de los ’60, una serie de veredictos de la Corte Suprema de Estados Unidos permitieron la difusión comercial de películas que incluían escenas de sexo. Si bien hasta entonces sólo estaba permitido mostrar desnudos en campos nudistas, por tener contenido educativo, posteriormente los jueces determinaron que el sexo no se identificaba necesariamente con la obscenidad prohibida por ley en la conservadora sociedad norteamericana. De este modo se produjeron películas cuya única finalidad era mostrar gratuitamente desnudos femeninos —relativamente inocentes según los estándares actuales—, destinadas a los drive-ins y grindhouses —cuyo equivalente latinoamericano serían los cines de barrio dedicados a la proyección de películas de serie B —.

En 1964 el controvertido director de cine Russ Meyer (1922-2004) estrena Lorna, película en blanco y negro de ambiente rural dónde la protagonista no sólo muestra sus encantos, sino que es violada y golpeada. El film está muy lejos de ser una denuncia de la violencia contra la mujer, pues ese acto despertará el deseo erótico de la protagonista, quien —insatisfecha sexualmente con su marido— invitará al violador a su casa.

Este subgénero de películas de bajo presupuesto, donde se conjuga sexo con violencia es conocido como roughie (término derivado de la palabra inglesa rough, que significa rudo, áspero, brusco). Ciertamente, quiénes son objeto de violencia y codicia sexual son mujeres, expuestas en la pantalla para satisfacción de la audiencia mayoritariamente masculina de los grindhouses.

En 1965, el productor y director Michael Findlay (1938-1977), el más notorio de los cineastas dentro este subgénero, estrenó Satan’s Bed (La cama de Satán), protagonizada por una entonces desconocida Yoko Ono. Se trata en realidad de dos proyectos incompletos que Findlay editó más mal que bien en un sólo film en blanco y negro de poco más de una hora de duración, a fin de poder ser exhibido en los grindhouses. Y el tema recurrente es la violación y ultraje de mujeres.

En la primera historia —en realidad un film incompleto que iba a llamarse Judas City—, Yoko Ono es una inmigrante japonesa en Nueva York que se va a casar con un hombre que quiere dejar el negocio de las drogas, pero al cual se le pide a cambio que participe de un último trato. Mientras tanto su antiguo jefe, un gángster de poca monta, secuestra a la japonesa y la viola en dos ocasiones.

Y si bien nada de eso se muestra explícitamente en pantalla, en la historia paralela, que cuenta las andanzas de tres malandrines (dos hombres y una mujer), sus víctimas (bellas mujeres jóvenes) son mostradas desnudas o semidesnudas. También se muestra la brutalidad de que son objeto. Hasta que el final una de las víctimas logra escapar en ropa íntima, arrebatarle su arma a uno de los agresores (la fémina de la banda) y dar cuenta de ellos a puros balazos. No correrá la misma suerte Yoko Ono, quien tras escapar del departamento donde estaba prisionera, huirá por las calles de la gran ciudad con su victimario siguiéndole los pasos y finalmente morirá atropellada por un automóvil. El gángster mirará desde lejos a la occisa para alejarse luego, sin importarle una pizca lo que le haya pasado a quien sólo era para él un instrumento de placer.

Más de 50 años después la situación no parece haber cambiado. La violencia contra la mujer ahora nos llega a través de las pantallas de televisión o videos de Internet, y la reacción de muchos —sobre todo en sociedades machistas y conservadoras— es de indiferencia o incluso humorismo sarcástico frente a lo mostrado. Y quienes son conscientes de que no se puede permitir eso y toman la senda del activismo contestatario, suelen ser objeto de insultos, burlas y hasta agresiones de parte de los representantes del status quo. Pues, como hace más de 50 años, la violencia contra la mujer resulta con frecuencia un espectáculo disfrutable.

¿Sociedad de violadores? Si la intención es lo que vale, la respuesta es «sí».

(Columna publicada en Altavoz el 7 de mayo de 2018)