EL COMPONENTE ERÓTICO DEL ABUSO SEXUAL

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Detalle del cuadro “El monje y la monja” del pintor holandés Cornelis Cornelisz. van Haarlem (1562-1638)

Las ideas del siguiente texto han sido tomadas de un artículo de la psicoterapeuta alemana Dunja Voos (nacida en 1971), que escribe regularmente artículos de divulgación sobre psicología en su blog Medizin im Text [Medicina como Texto].

El abuso sexual tiene varios rostros y se presenta en muchas variantes. El abusador puede ser la propia pareja, el padre, la madre, los abuelos, los hermanos y, por lo general, cualquier persona en la cual la víctima haya depositado su confianza, como, por ejemplo, educadores, guías espirituales y religiosos de ambos sexos. Y, por supuesto, cualquier sacerdote. A mayor cercanía afectiva entre la víctima y el abusador, peores consecuencias suele tener el abuso en el afectado. En ese sentido, el abuso sexual perpetrado por la madre puede llegar a ser uno de los peores.

El abuso sexual es desagradable y repugnante. Las víctimas son siempre auténticas víctimas y si bien, por una parte, aborrecen lo que les ha sucedido, por otra parte, el componente “placentero” presente durante el acto —que genera sentimientos de culpa en la víctima— vuelve el asunto extremadamente complicado.

Los afectados muchas veces se sienten culpables porque perciben que de alguna manera participaron “voluntariamente” del acto. Creen que deben hacer acrobacias mentales para recordar y percibir el abuso como absolutamente perverso. Incluso hay algunos que, dependiendo del tipo de abuso, a veces han buscado inconscientemente las circunstancias propicias al abuso, lo cual ha ocurrido también tratándose de niños. Pues psicológicamente les era preferible una situación donde tuvieran la ilusión de mantener el control a ser violentados contra su voluntad porque, particularmente en el caso de personas con un trasfondo familiar disfuncional, encontraban en el abuso un sustituto del cariño y la atención que les faltaba y además porque en al abuso había fatalmente una chispa de placer. Eso explicaría en muchos casos la falta de resistencia física por parte de la víctima y el hecho —difícil de comprender— de que la víctima permitiera que los abusos se volvieran a cometer en repetidas ocasiones e incluso siguiera acudiendo donde su abusador.

Muchas víctimas se sienten tremendamente culpables, no sólo porque perciben todo lo sucedido como repulsivo, sino también porque hubo momentos que experimentaron como excitantes y eróticos. El problema está en que perciben el placer que sintieron como enfermizo, sin que puedan tomar conciencia de que el sentir placer es una parte sana de ellos, de la cual se abusó atrozmente.

El abuso sexual es sexo en el lugar incorrecto, con la persona incorrecta, en el momento incorrecto. Esa terrible situación puede venir mezclada con sentimientos placenteros. Estos sentimientos pueden gatillarse en una circunstancia amenazadora, porque de esa manera el cuerpo y el alma buscan protegerse a sí mismos. No siempre es así, pero en algunos afectados ocurre que sienten placer, a la vez que se sienten turbados por esos sentimientos.

De manera similar a como el cuerpo se desconecta cuando siente dolor demasiado intenso y la persona pierde el conocimiento, así la psique puede convertir un momento de suplicio y aturdimiento en “placer”, a fin de hacer soportable la mala experiencia.

Las víctimas son asaltadas durante los siguientes años —e incluso durante décadas— por sentimientos de culpa, tan pronto como surge el más mínimo sentimiento de supuesto “deleite” y “placer”. La terrible consecuencia es que posteriormente las víctimas, por lo general, rechazan el deleite, bienestar y placer, porque en ese entonces lo experimentaron en el lugar incorrecto, con la persona incorrecta, en el momento incorrecto. Muchos se cuestionan con angustia: “¿Soy un pervertido?”

El problema se manifiesta también que en muchas víctimas rechazan el placer aun cuando es correcto y adecuado, es decir, cuando surge en el lugar indicado, en el momento indicado y con la persona indicada.

Incluso cualquier situación que se asocie —aun remotamente— con cercanía corporal, erotismo, placer y sexualidad se convierte en una cuestión sumamente complicada, en una fuente de tormentos: búsqueda de pareja, clase de deportes, visita al médico, vacaciones en la playa, etc.

Muchas víctimas de abuso sexual evitan situaciones de cercanía corporal. No sólo para no tener que recordar lo repugnante de la experiencia de abuso, sino también para no traer a la memoria su propio placer teñido de temor y confusión, pues a sus ojos es algo reprochable cargado de culpa y vergüenza. Desenredar este embrollo de verdaderos sentimientos y concepciones morales es una tarea ardua que a los afectados les puede llevar décadas.

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FUENTE

Medizin im Text
Das Problem bei sexuellem (Kindes-)Missbrauch: die erotische Komponente (28.03.2019)
https://www.medizin-im-text.de/blog/2019/34430/ein-problem-bei-sexuellem-kindes-missbrauch-die-erotische-komponente/

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CENTINELAS DE LOS MALDITOS

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John Carradine como el P. Halliran en “The Sentinel” (Michael Winner, 1977)

Una noche de un viernes de la primavera limeña de 1978, día inicial del segundo Convivio (Congreso de Estudiantes Católicos) organizado por el Sodalicio de Vida Cristiana, se proyectó una película de terror calificada como mayores de 18 años a los jóvenes participantes, que cursaban 4° y 5° año de secundaria y aún eran menores de edad. Como era costumbre en el Sodalicio, los padres de familia no recibieron aviso ni fueron consultados previamente. Lo cual hubiera sido conveniente, pues el film, aunque con el paso del tiempo ha sido revalorizado por varios críticos cinematográficos, no tiene reparos en recurrir a escenas perturbadoras que podrían ser consideradas de mal gusto, incluyendo contenidos sexuales degradantes, deformaciones y mutilaciones humanas, y sobre todo la sangre y violencia propias del subgénero gore. Elementos más que suficientes en ese entonces como para ocasionar experiencias traumáticas en jóvenes sensibles.

Realizada dentro de la estela dejada por filmes como El exorcista (The Exorcist, William Friedkin, 1973) y La profecía (The Omen, Richard Donner, 1976), la cinta de terror Centinela de los malditos (The Sentinel, Michael Winner, 1977) resulta en su ambigüedad susceptible de una interpretación que le calzaría actualmente como guante al dedo no sólo al Sodalicio, sino también a instituciones religiosas similares, como los Legionarios de Cristo.

Pues cuenta la historia de Alison Parker, una joven modelo que se muda a una antigua y vetusta casona en Nueva York, donde moran el P. Halliran, un anciano sacerdote ciego que vive retirado en un aposento alto, siempre sentado ante su ventana, y otros vecinos de talante amistoso pero de extrañas costumbres, sobre todo durante la noche. Alison comienza a tener problemas de insomnio y angustia, y le asaltan recuerdos de sus dos intentos de suicidio, la primera vez cuando descubrió a su padre desnudo en la cama teniendo sexo con dos extravagantes mujeres que calzarían muy bien dentro de una película surrealista de Fellini, siendo a continuación abofeteada por su progenitor por meter las narices donde no debe, el cual le arranca el crucifijo que lleva al cuello —símbolo de su fe— antes de que ella logre encerrarse en el baño para cortarse las venas.

Ante las quejas por los ruidos ocasionados por sus insólitos vecinos, la agente inmobiliaria le comunicará, para su sorpresa, que en la casa sólo viven ella y el cura ciego. El comportamiento de sus inexistentes vecinos se volverá cada vez más surrealista y perturbador. El fantasma de su padre también se aparecerá en la mansión para agredirla y ¿abusar de ella?

Alison pronto sabrá que la mansión le pertenece a una sociedad secreta de sacerdotes católicos que se mantienen al margen de la Iglesia oficial y es una de las puertas del infierno. El sacerdote, cuya función es ser el centinela que impide que los demonios escapen, se halla cerca del fin de su vida y requiere ser relevado. Alison, con intentos de suicidio en su biografía —al igual que todos los centinelas que han habitado la casa—, es la candidata perfecta. De esta manera encontrará la redención de sus pecados y le será permitido entrar en el cielo.

Alison se verá hostigada por los demonios y condenados —entre los cuales se halla de súbito también su novio Michael, quien le revela haber sido asesinado tras haber matado a su mujer—, liderados por su vecino Charles Chazen —un anciano amable y dulce, de carácter seductor—, quienes tratarán de llevarla al suicidio a fin de acabar con la dinastía de centinelas que vigilan la casa.

Acosada por una horda de malditos salidos del infierno —entre los cuales también se encuentra su horroroso progenitor—, Alison caerá en la desesperación, pero cuando está a punto de cometer suicidio con el puñal que el anciano Charles ha colocado entre sus manos, uno de los sacerdotes de la sociedad secreta, Mons. Franchino, guiará al enfermo y debilitado P. Halliran —quien sostiene un crucifijo entre sus manos— hacia los demonios para hacerlos retroceder, salvar a Alison y permitir que asuma su nuevo puesto como centinela.

Cuando posteriormente la casa es demolida para construir nuevos departamentos, la agente inmobiliaria trata de convencer a una joven pareja de mudarse ahí, indicándoles que sólo hay dos inquilinos: un violinista y una vieja monja ciega. En la escena final la vemos a ella sentada ante la ventana que da hacia la bahía, cumpliendo su misión de centinela de los malditos.

Si asumimos que la antigua mansión de espacios vetustos y abandonados representa simbólicamente a la Iglesia católica, podríamos asumir que el mal habita en ella, representada en la figura horrorosa y atemorizante de los demonios que vemos en pantalla. Y, por lo tanto, se requieren centinelas para que ese mal no se manifieste. ¿Pero qué pasa cuando esos centinelas no cumplen su labor y se confabulan con los demonios, confiados en que su presencia amable a la luz del día constituye su verdadero rostro?

Eso es lo que parece haber ocurrido primero con los Legionarios de Cristo y posteriormente con el Sodalicio de Vida Cristiana. Son conocidos los abusos cometidos por los fundadores de ambas instituciones y por otros miembros de las mismas, hasta el punto de que se requirió la intervención vaticana de ambas sociedades. Y lo que ocurrió a continuación no se diferencia sustancialmente en ninguno de los dos casos.

En ambos la Santa Sede consideró que el problema se reducía a una mala conducta del fundador, que habría actuado en solitario engañando a los demás miembros del instituto —los cuales desconocían sus gravísimos desmanes y, actuando de buena fe, mantenían la obediencia al superior y vivían un estilo de vida comprometido y sincero al servicio de la difusión del Reino de Dios—. Por ejemplo, en el comunicado de la Santa Sede sobre la visita apostólica a la congregación de los Legionarios de Cristo (1 de mayo de 2010) se dice que los cinco obispos visitadores «han atestiguado que han hallado un gran número de religiosos ejemplares, rectos, con mucho talento, muchos de ellos jóvenes, que buscan a Cristo con auténtico fervor y que entregan toda su vida a difundir el Reino de Dios». Se habla del «celo sincero de la mayoría de los Legionarios, que se ha podido percibir en las visitas a las casas de la Congregación y a muchas de sus obras, muy apreciadas por bastantes personas…» En el párrafo final se afirma que «el Papa [Benedicto XVI] renueva su aliento a todos los Legionarios de Cristo, a sus familias, a los laicos comprometidos con el Movimiento Regnum Christi, en este momento difícil para la Congregación y para cada uno de ellos. Los exhorta a no perder de vista que su vocación, nacida de la llamada de Cristo y animada por el ideal de dar testimonio de su amor en el mundo, es un auténtico don de Dios, una riqueza para la Iglesia, el fundamento indestructible sobre el que construir su futuro personal y el de la Legión».

Sintomáticamente, el documento apenas tiene palabras referentes a las víctimas de abusos. Si bien se señala que «los comportamientos gravísimos y objetivamente inmorales del P. Maciel, confirmados por testimonios incontestables, representan a veces auténticos delitos y revelan una vida carente de escrúpulos y de verdadero sentimiento religioso», todo ello está orientado a resaltar la «sorpresa, desconcierto y dolor profundo» de los Legionarios al saber de la doble vida de su fundador. En otras palabras, parecería decir que las víctimas principales son los mismos Legionarios de Cristo, engañados por su perverso fundador que supo meterse a todos en el bolsillo. Por supuesto, al igual que cualquier villano de cómic, no habría necesitado ayuda de nadie ni de cómplices para poder desarrollar su doble vida criminal. «Dicha vida era desconocida por gran parte de los Legionarios, sobre todo por el sistema de relaciones construido por el P. Maciel, que había sabido hábilmente crearse coartadas, ganarse la confianza, familiaridad y silencio de los que lo rodeaban y fortalecer su propio papel de fundador carismático».

Aún así, se afirma que el camino de purificación de los Legionarios de Cristo «comportará también un diálogo sincero con quienes, dentro y fuera de la Legión, han sido víctimas de los abusos sexuales y del sistema de poder creado por el fundador». Palabras al viento, pues hasta ahora ninguna de las víctimas habría recibido ninguna disculpa pública personal, mucho menos una debida reparación. Y, como ocurriría después en el caso del Sodalicio, las únicas disculpas han sido generales, impersonales y de cara a la platea: «Queremos pedir perdón a todas aquellas personas que lo acusaron en el pasado y a quienes no se dio crédito o no se supo escuchar pues en su momento no podíamos imaginarnos estos comportamientos. Si resultase que ha habido alguna colaboración culpable, actuaremos según los principios de la justicia y caridad cristianas responsabilizando de sus hechos a estas personas» (Comunicado sobre las presentes circunstancias de la Legión de Cristo y del Movimiento Regnum Christi, 25 de marzo de 2010).

La circunscripción del problema de abusos en el Sodalicio a la persona del fundador también se da a entender en la carta de la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y Sociedades Apostólicas sobre el caso de Luis Fernando Figari, dirigida a Alessandro Moroni —entonces Superior General del Sodalicio— el 30 de enero de 2017, donde se admiten los actos contra el sexto mandamiento y abusos de autoridad de Figari, pero se libera a los demás miembros del Sodalicio de toda sospecha de complicidad con él, pues «el Visitador Apostólico [Mons. Fortunato Pablo Urcey] ha verificado que no se encuentran actualmente miembros de la sociedad de vida apostólica que sostengan al Sr. Figari o bien que estén particularmente ligados a él, en puestos de gobierno o en la formación». Asimismo, se asume que «tanto el Gobierno general como el conjunto del Sodalitium Christianae Vitae tiene clara conciencia de los errores cometidos en el pasado por el Sr. Figari y que resulta igualmente decidida la voluntad de dicho Gobierno general de liberarse del estilo de gobierno y formativo por él adoptados en el curso de los numerosos años en que ha dirigido el Sodalitium Christianae Vitae, así como de remediar, en el límite de lo posible y en todo caso de lo justo, los daños causados a cualquiera».

El fin que se debe alcanzar es «que se restablezca la justicia y se repare, o al menos se contribuya significativamente a reparar, los daños de cualquier género, provocados a quienquiera por el comportamiento del Sr. Figari, y sobre todo se inicie un rápido camino hacia la reconstitución de las divisiones y la reconstrucción de la serenidad y la paz en los ánimos de todos». Se podría concluir legítimamente de la carta que esta reparación no debería otorgársele a aquellas personas con las cuales Figari cometió «actos contrarios al VI Mandamiento», pues dado que eran mayores de 16 años y no opusieron resistencia, se les considera «cómplices». Además, dado que el Vaticano habría querido cargarle el bulto de todo el problema a Figari y habría hecho caso omiso de otras denuncias —como la mía, por ejemplo— que señalan responsabilidades colectivas y estructurales en el Sodalicio, la serenidad y la paz están muy lejos de ser reconstruidas en mis ánimos personales.

Por otra parte, actualmente se sabe, gracias a diversas investigaciones, que ni Marcial Maciel ni Luis Fernando Figari fueron los únicos abusadores dentro de sus respectivas instituciones.

El 5 de diciembre de 2013 el P. Sylvester Heereman, entonces vicario general de los Legionarios de Cristo, admitía que los abusadores sexuales en la congregación con culpabilidad demostrada eran nueve. Pero los clérigos denunciados habían sido más de treinta. Y no sabemos si entre ellos se contaba el sacerdote Fernando Martínez Suárez, recientemente denunciado en México por la conductora de televisión Ana Lucía Salazar por haber abusado de ella cuando tenía 8 años (entre 1991 y 1992) en el colegio que tenía la congregación en Cancún, caso que fue de conocimiento de los responsables de la Legión, pues los padres de la niña supieron de los abusos y fueron al colegio a hablar con las autoridades escolares, y al final desistieron de presentar una denuncia oficial por miedo a hacerle más daño a su hija. Seguramente tampoco estaba incluido el cura legionario irlandés John O’Reilly, quien fue sentenciado a cárcel en el año 2014 en Chile por haberse probado que abusó sexualmente de una menor de edad en el colegio Cumbres (Santiago de Chile) vinculado a los Legionarios, donde ejercía como capellán, aunque también hubo una segunda denuncia que no pudo ser probada a satisfacción del tribunal.

En el caso del Sodalicio, los abusadores sexuales serían por lo menos nueve, según los informes de la Comisión Applewhite-McChesney-Elliott (febrero de 2017), convocada por la misma institución sodálite.

Y no hay que olvidar en el caso de ambos fundadores a quienes los protegieron, ya sea quienes sabían o sospechaban de la doble vida del fundador y no hicieron nada, ya sea quienes —a pesar de todos los indicios incriminadores— optaron por salvar el buen nombre de la institución a toda costa y —a sabiendas o no— prefirieron no querer saber, no querer descorrer el velo para evitar sufrir una terrible y devastadora decepción. Resulta más que curioso el hecho de que los Legionarios defendieran la inocencia del P. Maciel incluso cuando el 19 de mayo de 2006 el Papa Benedicto XVI le impuso un castigo, prohibiéndole ejercer públicamente el ministerio sacerdotal y y obligándole a llevar una vida de oración y penitencia. Posteriormente, sin embargo, los comportamientos gravísimos e inmorales de Maciel aparecen «confirmados por testimonios incontestables» ante los visitadores apostólicos que se entrevistaron personalmente con más de mil legionarios, la mayoría de los cuales, cómo no, no sabían nada de esos comportamientos.

Sin lugar a dudas, las intervenciones de la Santa Sede en ambas instituciones se parecen bastante. Los centinelas enviados a visitar, supervisar y vigilar las mansiones institucionales fundadas por un par de malditos parecen haber rehuido su misión. O se les paseó el alma, o hubo intereses adjuntos que les llevaron a salvar el carisma donde parece que no hubo ninguno. Pues pretender que creamos que instituciones creadas y organizadas por mentes criminales que sólo buscaron su propio provecho personal son en realidad expresión de un carisma divino, más aún cuando se han evidenciado las características sectarias que han presentado ambas instituciones desde sus inicios, es como querer lograr la cuadratura del círculo.

¿Quiénes eran estos centinelas que no vieron más allá de sus narices? En el caso de los Legionarios de Cristo se nombró como visitadores apostólicos a Mons. Ricardo Blázquez Pérez, entonces arzobispo de Valladolid (España); Mons. Charles Joseph Chaput, OFMCap, entonces arzobispo de Denver (Estados Unidos); Mons. Ricardo Ezzati Andrello, SDB, entonces arzobispo de Concepción (Chile); Mons. Giuseppe Versaldi, Obispo de Alessandria; Mons. Ricardo Watty Urquidi, M.Sp.S, Obispo de Tepic (México), ya fallecido.

Una curiosa coincidencia es que Mons. Chaput, actual arzobispo de Filadelfia, sea quien le dio puerta de entrada al Sodalicio a Estados Unidos en su diócesis de Denver y los acogió posteriormente en su actual circunscripción eclesiástica. Como protector del Sodalicio, no ha condenado públicamente los abusos ni ha dicho hasta ahora ni una sola palabra sobre las víctimas. Sobre Mons. Ezzati hay que decir que posteriormente llegó a ser arzobispo de Santiago de Chile y ha sido acusado penalmente de haber encubierto casos de abusos sexuales en la Iglesia chilena, lo cual —unido al el descrédito popular— lo obligó a renunciar al cargo de arzobispo metropolitano de Santiago. En ambos encontramos razones más que suficientes para dudar de su imparcialidad en el momento de investigar a los Legionarios de Cristo.

Aunque no tenemos motivos para dudar de la calidad moral ni de la piedad cristiana de los otros tres obispos, el resultado de sus pericias hace dudar de su aptitud para investigar a un grupo religioso donde se han reportado abusos. Sus observaciones llevan a que en el comunicado del 2010 sólo se hable maravillas de los miembros de los Legionarios de Cristo y del Regnum Christi, el movimiento laical.

¿Acaso se esperaba encontrar otra cosa? ¿No es acaso natural que, ante una mirada observadora, quienes son investigados busquen presentar su mejor cara para demostrar que no es para tanto la cosa? ¿No habrían encontrado lo mismo o algo parecido en cualquier grupo religioso o en cualquier secta? ¿Acaso los casos concretos de abuso y elementos abusivos del sistema institucional van a salir en a la luz en conversaciones con los miembros comprometidos —es decir, amaestrados y estereotipados— de una institución religiosa como ésta? ¿No era acaso previsible que no fueran a encontrar nada extraño? Más bien, ¿no hubiera sido más adecuado conversar con quienes se han retirado de la institución, que deben tener motivos de peso para haber procedido así? ¿Por qué no se conversó con las víctimas, las cuales hubieran podido proporcionar información que los miembros comprometidos no estarían dispuestos a suministrar a fin de salvaguardar el buen nombre —e incluso la supervivencia— de la institución?

La Santa Sede persistiría en su costumbre de nombrar como visitadores a personas que no tienen ninguna capacitación en investigación de grupos religiosos ni han sido adiestrados en estrategias ni métodos para llevar adelante estas investigaciones. Igualmente, parece darse preferencia a las opiniones de obispos legos en la materia que a la de expertos independientes con formación científica.

Un caso bochornoso es el del visitador apostólico nombrado por la Santa Sede para el Sodalicio, Mons Fortunato Pablo Urcey, obispo de Chota, quien el 26 de octubre de 2015 declaró en una entrevista que no iba a conversar con las víctimas, tampoco iba a investigar a Figari, mucho menos iba a leer la investigación periodística Mitad monjes, mitad soldados de Pedro Salinas y Paola Ugaz. Dijo: «yo solo visitaré comunidades sodálites en el Perú. El objetivo es escuchar a cada uno de los miembros, conversar en ambiente de tranquilidad, libertad, tomar apuntes, y enviar el resultado de esta visita […]. Cuando visito las comunidades compartimos la eucaristía, la comida y un lonchecito en un ambiente de fraternidad y lejos de cualquier tipo de presión». Es decir, otra vez se buscaba la información crucial donde probablemente no se iba a encontrar. Y, por supuesto, «hay que salvar el carisma de este grupo de personas que llevan una orientación muy positiva dentro de la Iglesia», en vez de cuestionar si verdaderamente hay carisma en un grupo que tiene manifiestamente características sectarias. Nuevamente, la imparcialidad de otro centinela queda claramente en entredicho.

Un personaje que aparece en ambas historias es el P. Gianfranco Ghirlanda, quien primero como consejero del Delegado Pontificio para la Legión de Cristo, el cardenal Velasio De Paolis, y posteriormente como asistente pontificio para los Legionarios y el Regnum Christi ayudó a hacerle el lavado de cara de los hijos espirituales de Maciel, y ahora como delegado para la formación del Sodalicio de Vida Cristiana hará probablemente lo mismo con los retoños espirituales de Figari.

A decir verdad, poco se puede esperar de centinelas que no vigilan y que hacen componendas con los malos espíritus en vez de cortar por lo sano. Como en la película de Michael Winner, tal vez lo mejor sea demoler las estructuras vetustas y apolilladas de la Iglesia, habitadas por demonios de tiempos pasados, y encargar la vigilancia a nuevos centinelas. Y este puesto lo podrían asumir mejor, con más eficiencia y transparencia, quienes han sido víctimas de abusos. Y si se trata de mujeres, tradicionalmente marginadas en la estructura eclesiástica, mucho mejor. Tal vez entonces la Iglesia se halle por fin en buenas manos.

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FUENTES

Comunicado de la Santa Sede sobre la visita apostólica a la Congregación de los Legionarios de Cristo (1 de mayo de 2010)
http://www.vatican.va/resources/resources_comunicato-legionari-cristo-2010_sp.html

Comunicado sobre las presentes circunstancias de la Legión de Cristo y del Movimiento Regnum Christi (25 de marzo de 2010)
https://www.regnumchristi.org/es/comunicado-las-presentes-circunstancias-la-legion-cristo-del-movimiento-regnum-christi/

Carta del P. Sylvester Heereman, vicario general de los Legionarios de Cristo (5 de diciembre de 2013)
http://legrc.org/regnum_db/archivosWord_db/05122013esp.pdf

Sodalicio de Vida Cristiana
Pronunciamiento de la Santa Sede sobre el caso Luis Fernando Figari (10 Feb 2017)
https://sodalicio.org/wp-content/uploads/2017/02/Carta_Roma_2017.pdf

Útero.pe
Insólito: el investigador de la Iglesia para el caso Sodalicio no quiere leer el libro con las denuncias de abuso (27 octubre 2015)
http://utero.pe/2015/10/27/insolito-el-investigador-de-la-iglesia-para-el-caso-sodalicio-no-quiere-leer-el-libro-con-las-denuncias-de-abuso/

BBC Mundo
John O’Reilly, el legionario irlandés condenado en Chile por abusar de una menor (11 noviembre 2014)
https://www.bbc.com/mundo/noticias/2014/11/141111_perfil_oreilly_legionarios_millonarios_ch

Proceso
Legionarios de Cristo esquivan petición para resarcir abusos, acusan víctimas de Maciel (20 noviembre 2018)
https://www.proceso.com.mx/560417/legionarios-de-cristo-esquivan-peticion-para-resarcir-abusos-acusan-victimas-de-maciel

El País
La Iglesia mexicana encara la cumbre del Papa sobre pederastia alejada de las víctimas de Maciel (5 Ene 2019)
https://elpais.com/sociedad/2019/01/04/actualidad/1546632180_902051.html
Ana Lucía Salazar | Víctima de pederastia: “El trauma es que abusen de ti y digan que no es malo, que Dios está viendo” (10 May 2019)
https://elpais.com/sociedad/2019/05/09/actualidad/1557434866_359654.html

También se puede leer un artículo mío anterior sobre los Legionarios de Cristo:
UN LEGIONARIO SE BALANCEABA SOBRE LA TELA DE UNA ARAÑA…

¡CASTIGAD A LAS VÍCTIMAS, INDEMNIZAD A LOS ABUSADORES!

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Actual Consejo Superior del Sodalicio de Vida Cristiana, acompañado del P. Gianfranco Ghirlanda SJ, Mons. Noel Londoño y el P. Guillermo Rodríguez OFM

Estimados miembros del Consejo Superior del Sodalicio de Vida Cristiana:

Cansado de luchar por obtener justicia para las víctimas del Sodalicio —entre las cuales me cuento yo— sin que se avance mucho al respecto, he decidido dejar el camino de la confrontación y proponer un acuerdo que estoy seguro que nos dejará satisfechos a todos.

Propongo que se os devuelvan las indemnizaciones que hasta ahora habéis pagado por concepto de abusos cometidos y se interrumpan las que seguís pagando hasta ahora, y en cambio se apliquen castigos a todas las víctimas, tanto a las que habéis reconocido en cuanto tales cómo a las que les habéis negado esa gracia. En vez de indemnizarlas, castigadlas. Bien merecido se lo tienen por haber manchado el nombre de una institución de la Iglesia católica con sus habladurías, esgrimiendo testimonios discutibles sin pruebas materiales —como, por ejemplo, los calzoncillos manchados de sus supuestos abusadores—, sin corroboración por parte de otros testigos que hayan presenciado los hechos —a los cuales se les debía haber invitado gentilmente a entrar en la habitación antes de que ocurrieran los presuntos abusos—, además habiendo esperado décadas para recién hablar de lo que supuestamente les había ocurrido —tiempo más que suficiente como para justificar que no se acuerden de la fecha y hora exacta en que ocurrieron los hechos de referencia ni de otros detalles más minuciosos—.

Por todo lo dicho merecen el castigo máximo, que no es otro que el que se la ha impuesto a Luis Fernando Figari, cuyos delitos han sido corroborados por la Santa Sede y por investigadores independientes contratados por el Sodalicio—cuyos jugosos honorarios habrían garantizado un informe a gusto del cliente—. Que si no fuera por esta doble corroboración, hasta ahora el Sodalicio seguiría negando los delitos de su fundador y portador de un carisma divino, en virtud del cual se habrían cometido las gracias que las víctimas en su malevolencia no han sabido agradecer.

Por lo tanto, sugiero que se castigue a las víctimas:

  • pagándoles de por vida una vivienda en una ciudad europea de su elección (por supuesto, asumiendo todos los costos de los trámites de residencia);
  • costeando todos los gastos necesarios para una vida decorosa (alimentación, salud, vestido, educación, recreación, etc.);
  • otorgándoles una membresía vitalicia en el Sodalicio, que les permita gozar de todos los privilegios y beneficios de que goza un sodálite sin tener que cumplir con sus obligaciones;
  • prohibiéndoles comunicarse con ningún miembro del Sodalicio, a fin de no gozar del placer de su edificante conversación —sobre todo de ese diálogo habitual que es tan provechoso como hablar con la pared— y así evitar también que cualquier sodálite todavía en funciones se contagie y corra el peligro de comenzar a percibirse también como una víctima.

A Figari, en cambio, propongo que se le dé una indemnización por todo el daño que ha sufrido su honor —que es un bien que está por encima de toda verdad, como muy bien sabe Mons. Eguren—. Que se le premie con una salida honrosa del Sodalicio, institución ante la cual no tendrá ninguna obligación, ni tampoco ninguna exigencia de llevar una vida ascética y espiritual. Que se le den 10.000 dólares y nada más para que con ello cubra sus gastos en alimentación y en salud —quebrantada por el estilo de vida que se vio forzado a seguir en virtud de sus funciones de fundador y superior general—. Y si no tiene cómo costearse una vivienda, que se le ayude a regresar al Perú, donde tiene garantizados techo, comida y atención médica, por lo menos al principio mientras se halle bajo régimen de prisión preventiva.

Las víctimas, la mayoría de los cuales padecemos de un cierto masoquismo adquirido, estaremos muy contentas de ser castigadas severamente. Y Figari, vista la generosidad del Sodalicio que repara el daño producido al máximo de sus capacidades y posibilidades, deberá sentirse sumamente agradecido al ser recompensado y no castigado, perdonado y no condenado.

Pero no se os ocurra darle más de la cantidad indicada, no vaya a ser que se aproveche y se le exima de la dichosa oportunidad de enfrentarse a la más pura realidad, donde podrá desarrollar sus talentos para salir adelante y tener una vida exitosa.

Haced lo mismo o algo similar con los otros abusadores que todavía seguirían formando parte de la institución. No lo dudéis un instante. ¡Castigad a las víctimas, indemnizad a los abusadores!

EL HONOR PERDIDO DE DORIS WAGNER

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En 1974 el escritor alemán Heinrich Böll, católico crítico que dos años después se saldría de la Iglesia institucional sin perder un ápice de su fe, publicó El honor perdido de Katharina Blum. En esta obra Böll, galardonado con el Nobel de Literatura en 1972, describe cómo una mujer inocente es difamada y acosada por la prensa sensacionalista sólo por haber tenido una relación amorosa con un hombre al cual se le acusa falsamente de haber asaltado un banco y cometido un asesinato. Katharina Blum, con la honra manchada, es llevada a la desesperación y termina asesinando al periodista que la acosaba. En una entrevista en octubre de 1974, Böll revelaba la clave de aquel que es su relato más conocido: «La violencia de las palabras puede a veces ser peor que la de las bofetadas y las pistolas».

Doris Wagner, ex monja de Das Werk (La Obra) y víctima de abuso sexual en esa institución, si bien no ha caído en la desesperación y mucho menos ha matado a nadie, ha sido objeto de la violencia de las palabras cuando el 16 de mayo de este año se enteró a través de la revista mensual Herder Korrespondenz que un tribunal vaticano (la Signatura Apostólica) había absuelto a Hermann Geissler, sacerdote de Das Werk que le habría hecho propuestas indecorosas en el confesionario. Si bien delitos como éste —tipificados como graves en el derecho canónico e incluso con pena de expulsión del sacerdocio para el que lo cometa— son atendidos por la Congregación para la Doctrina de la Fe, dado que Geissler había trabajado durante años para ese dicasterio vaticano, se decidió que fuera la Signatura Apostólica, tribunal supremo de la Iglesia católica, la que viera el caso.

Aun cuando fue Doris la que dio la voz de alarma sobre el incidente durante el otoño europeo de 2018, obligando a que el P. Geissler renunciara el 28 de enero de 2019 a su puesto en la Congregación para la Doctrina de la Fe hasta que se aclararan las imputaciones, ella nunca fue informada de que se hubiera abierto un proceso. Durante las investigaciones previas envió un informe detallado sobre los hechos ocurridos en el año 2009, incluyendo además el testimonio de otra persona que relataba hechos que se asemejaban de manera casi idéntica a la experiencia que ella había vivido. Por parte del Vaticano se le advirtió que toda la correspondencia referente al caso debía mantenerse en secreto, siendo la vía postal la única vía de comunicación que le estaba permitida, no estándole permitido usar el correo electrónico, el fax o el teléfono. Asimismo tampoco se le permitió contratar a un abogado, por lo cual Doris se asesoró con un consejero jurídico especialista en derecho canónico, sin competencia para representarla en ningún proceso eclesiástico. Las cartas que envío a Roma con preguntas sobre cómo iba el asunto nunca fueron respondidas. La invitación que le fue cursada para un interrogatorio a fin de profundizar sobre algunos aspectos de su relato fue cancelada dos días antes de la fecha sin explicación de motivo.

Finalmente, sin haber escuchado a la parte denunciante, el tribunal asumió la versión del P. Geissler, quien se declaraba inocente de los cargos y aceptaba solamente una conducta imprudente no pecaminosa. Además, el decreto final —comunicado sólo al denunciado y a su superior y no a la denunciante— fue firmado no sólo por el Prefecto de la Signatura Apostólica, el cardenal Dominique Mamberti, sino también por el secretario del tribunal, el obispo Giuseppe Sciacca, amigo cercano de Das Werk que alguna vez fue de visita a una casa de la institución en Roma con ocasión de su nombramiento para la Signatura Apostólica y recibió de regalo un cuadro al óleo representando la escena bíblica del Ecce Homo.

Es comprensible la indignación de Doris Wagner ante la falta de transparencia e indicios de parcialidad de todo el proceso, teniendo en cuenta que la parte afectada no es tenida en cuenta y se le rehúsa toda información al respecto, dando lugar a una nueva revictimización.

Doris fue primero víctima de un sacerdote de Das Werk en el año 2008, quien abusó de su posición de poder y tuvo relaciones sexuales no consentidas con ella. Lamentablemente, este caso fue archivado en tribunales civiles y eclesiásticos porque Doris era mayor de edad cuando ocurrieron los hechos y supuestamente no opuso resistencia, sin que se tomara en cuenta que ella nunca quiso que eso ocurriera y sí hubo por lo menos resistencia verbal, pero estaba inmersa en una relación asimétrica donde su capacidad de resistencia ante quien era considerado un guía espiritual estaba prácticamente anulada.

El incidente con el P. Geissler, que ocurrió en 2009 cuando ella vivía en una casa de Das Werk en Roma, lo cuenta Doris en su libro autobiográfico Nicht mehr ich. Die wahre geschichte einer jungen Ordensfrau [Ya no soy yo. La verdadera historia de una joven religiosa] (Knaur, München 2014) con nombres ficticios, tanto de la institución como de las personas que forman o formaron parte de ella. A continuación pongo la traducción al español que he hecho del texto correspondiente, originalmente en alemán. En el relato el P. Ulf es en realidad el P. Hermann Geissler.

«Durante una de las conversaciones de formación sor Hilga me comunicó algo totalmente inesperado: “A partir de ahora ya no tienes que confesarte con el P. Konrad”. ¿Cómo había llegado a esa conclusión? Por mi parte nunca hubiera llegado a la idea de que podía solicitar otro confesor. En la Familia del Rey el acompañamiento espiritual y la guía externa eran ambos por igual fuentes de conocimiento no elegibles y dispuestas desde arriba, a las cuales el individuo se sometía con gratitud. Aún no sabía quien sería mi nuevo confesor, no obstante el P. Ulf se habría ofrecido. No me sorprendió en absoluto cómo sabía el P. Ulf antes que yo que debía tener un nuevo confesor. Esas cosas eran normales en la Familia del Rey. Los responsables siempre sabían todo y siempre lo sabían primero. Sor Hilga parecía indecisa. Por eso mismo yo reflexionaba sobre quién más podría ser el adecuado. La lista de los sacerdotes que vivían en la casa no era muy larga y otros no entraban en cuestión. “¿Por qué no el P. Ulf?”, dije después de todo. Tenía un nuevo confesor.

El P. Ulf era un hombre muy seguro de sí mismo, lo cual contrastaba curiosamente con su pequeña figura y su carácter infantil. Había tenido una peculiar y meteórica carrera. Tras terminar estudios en una pequeña escuela superior católica, había logrado en un solo año sustentar una tesis en el recientemente fundado Istituto Giovanni Paolo II, el mismo año fue ordenado sacerdote y apenas dos años después, a inicios de los 90, fue convocado a la Congregación para la Doctrina de la Fe. Desde entonces era allí un orgulloso funcionario. Conocía todos los escritos doctrinales de la Santa Sede más o menos de memoria, en cambio prácticamente no tenía conocimientos generales. El pensamiento científico no era precisamente su fuerte. Por encargo de la Congregación se ocupaba de cuestiones morales sobre la fecundación artificial y sobre el riesgo potencial para la juventud de Harry Potter.

Ya durante la primera confesión constaté que la dedicación del P. Ulf sobrepasaba ampliamente mis expectativas. Al principio estaba contenta, porque sentía que de alguna manera se preocupaba. Además, sus palabras no tenían el tono solemne y sombrío al que estaba acostumbrada con el P. Konrad. Lo único que al principio me extrañaba era su mirada resplandeciente. Ya había constatado frecuentemente que no me miraba a mí —y a otras hermanas— a los ojos, sino siempre al pecho. Eso tampoco variaba antes y después de la confesión. Pero así era él. En la Familia del Rey habíamos aprendido a no dejar que se suscitaran malos pensamientos debido a nimiedades como ésa, sino a albergar “pensamientos edificantes”. “Quizás por discreción no nos mira a los ojos”, pensaba yo. Y sucedió que recién caí de mi nube cuando ya no pude dudar de las intenciones del P. Ulf.

Una vez había finalizado la confesión de mis pecados, y nuevamente el P. Ulf no tenía cuándo terminar. Mientras él estaba sentado, yo estaba arrodillada todo el tiempo sobre la estrecha tabla de madera dispuesta para estos fines y me dolían las rodillas. De pronto bajó su voz. Ésta se volvió extrañamente suave, mientras acercaba su cabeza a la transparente rejilla de madera y en un inquietante tono íntimo dijo: “¿No me quiere decir algo, sor Doris?” Instintivamente me asaltó el miedo. Yo estaba arrodillada como si estuviera clavada y retenía el aliento. “Puede decírmelo tranquilamente, sor Doris”. ¡¿Qué es lo que quería, por Dios Santo?! “Usted también me gusta. ¿Cree usted que yo no me doy cuenta de que yo le gusto?”

Una mezcla de vértigo y repugnancia se apoderó de mí. ¡Este tipo baboso y arrogante! Vi sus ojos resplandecientes, sus labios ligeramente abiertos y sentí como se apoderaba de mí puro pánico. Sólo escuché la mitad de una frase: “Si bien no podemos casarnos, nosotros…”, y ya no escuché nada más. En mi cabeza sólo había un ruido susurrante. No sé si fue él quien se levantó primero o yo. Yo quería irme, pero él agarró mi mano, se acercó a mí y pegó su mejilla a la mía. Mis rodillas aun pudieron llevarme fuera de la habitación y por las escaleras hasta mi dormitorio. Luché por recuperar el control. Mi aliento era poco profundo y rápido, mi pulso estaba a cien y mis pensamientos revoloteaban desordenados. Poco a poco fui recobrando el juicio. No, no dejaría que vuelva a suceder. Esta vez yo era lo suficientemente fuerte, esta vez ya no estaba sola. Él no me podía hacer nada.

Le conté a Alwin lo que había pasado. Él se alarmó de inmediato y me dio todos los consejos posibles. Tampoco se arredraba ante medidas extremas y me explicó que una transgresión como ésa en la confesión tenía una pena en el derecho canónico. Pero yo le tenía miedo a medidas tan radicales. Yo debía reportarme ante el P. Ulf, el Padre Rector y sor Hilga, y ellos no verían ninguna necesidad en hacer algo contra el P. Ulf, sino al contrario. Me pondrían bajo presión. Aun así le prometí a Alwin hablar a la brevedad posible con sor Hilga al respecto y comunicarle a él como había ido esta conversación. Cuando llegó el momento, apenas pude juntar valor para decirle a sor Hilga lo que había ocurrido. Solamente pedí no tener que seguir confesándome con el P. Ulf. Cuando quiso saber por qué, intenté eludir la respuesta con las palabras que ella misma gustaba utilizar en otras ocasiones. “No es bueno simplemente”, dije. “Eso debería yo saberlo con mayor detalle”, porfió y me miró impacientemente. Ahora no me quedaba otra opción, y le dije lo que había ocurrido. Para mi sorpresa, sus facciones se relajaron. No estaba enojada ni con el P. Ulf ni conmigo. Simplemente dijo: “Sí, eso sucede frecuentemente con el P. Ulf. Sabes, él tiene un lado débil, como siempre. Allí nosotras como hermanas debemos tener especial cuidado”.

Mi estupor no tenía límites. No logré decir nada al respecto. Por lo menos fui liberada de él como confesor. Dado que aparentemente ninguno de los demás hermanos en la casa entraban en consideración, recibí permiso para poder ir a confesarme de inmediato a San Pedro».

Ante un relato que respira veracidad por todos sus poros hasta en sus más mínimos detalles, resulta inaudita la absolución del P. Geissler por el máximo tribunal eclesiástico, en un proceso donde no se han cumplido con las garantías mínimas que exigen los estándares judiciales actuales. Doris considera que en este momento de la historia de la Iglesia, en que los tribunales eclesiásticos se esfuerzan en presentarse como instancias efectivas e insobornables para la superación de los abusos —cosa que ya casi nadie cree—, esta decisión es una oportunidad perdida.

Imposible creerle entonces al titular de ACI Prensa del 17 de mayo de 2019, que reza «Ex funcionario vaticano acusado de acoso fue absuelto tras cuidadosa investigación», haciéndose eco del comunicado de prensa de la Signatura Apostólica de ese mismo día, donde dice: «se formó un Colegio compuesto por cinco miembros del mismo Tribunal Supremo, quienes, reunidos el 15 de mayo, emanaron el decreto de absolución del acusado, ya que no resultaba probada con la debida seguridad moral, luego de un examen cuidadoso del caso, la configuración del presunto delito grave».

Por supuesto, nadie sabe quiénes fueron esos cinco jueces y si se puede confiar en ellos, ni tampoco la argumentación que siguieron, ni los motivos por los cuales le dieron crédito a la versión del P. Geissler y consideraron inverosímil o falsa la versión de Doris, dejándola como una mentirosa difamadora o como una mujer desquiciada que se inventa historias o interpreta mal los gestos pastorales de afecto cariñoso de su padre confesor.

Porque lo cierto es que no se escuchó a la parte agraviada ni se le informó que se había abierto un proceso, no se le permitió absolver las dudas que pudiera haber sobre su testimonio, no se le permitió acceder a las actas del proceso ni tampoco tener un abogado que pudiera hacerlo y presentar objeciones. En resumen, no se le informó de nada, ni siquiera del resultado final del proceso.

Doris sospecha que se quiere sentar un precedente —nefasto a mi parecer—, pues las transgresiones contra religiosas de parte de sus confesores son frecuentes en forma alarmante, mientras que las condenas de los perpetradores son muy raras. Doris no conoce hasta ahora ningún caso en que esto haya ocurrido.

Ni yo tampoco. Porque si bien la solicitación (requerir favores sexuales durante la confesión) en la confesión sacramental se considera en el derecho eclesiástico como un delito grave, dado que se trata de un acto donde sólo están presentes el confesor y su víctima, el testimonio de ésta suele ser la única prueba de que se ha cometido esa canallada. Si a esto se le suma otro testimonio donde se repiten las mismas constantes con el mismo confesor, entonces bastaría con examinar la consistencia de la prueba testimonial para determinar su veracidad y validez.

El mensaje tácito que se está dando es que será difícil que a un clérigo confesor se le condene por el delito de solicitación. Y Doris concluye que se quiere que esto siga así.

Esta situación, que se extendería análogamente también a otros delitos que ven los tribunales eclesiásticos, no la cambia ni el Motu proprio “Vos estis lux mundi” del Papa Francisco del 7 de mayo de 2019 y que entrará en vigencia el 1° de junio, donde se establecen normas para el procesamiento de los casos de abusos sexuales en la Iglesia católica. Si bien el documento constituye un avance, facilitando que se hagan las denuncias de casos de abusos por parte del clero y de miembros de institutos de vida consagrada, a la vez que dificulta considerablemente el encubrimiento de estos delitos, dice muy poco sobre cómo se van a llevar los procesos en los tribunales eclesiásticos competentes, dejando intacta su estructura institucional tal como subsiste en la actualidad. Es decir, se mantiene la opacidad, la exigüidad de las comunicaciones y la falta de garantías jurídicas habituales en el mundo moderno, no dando ninguna seguridad de que se vaya a sancionar como es debido a los culpables. Sin una reforma jurídica eclesiástica en serio, la proclamada tolerancia cero se convierte en un saludo a la bandera.

No ha sido otra cosa lo que ha sucedido en mi caso. Mi denuncia contra el Sodalicio de Vida Cristiana por los abusos cometidos en mi perjuicio —incluyendo un abuso de confianza y poder con connotaciones sexuales— fue enviada a la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica en el año 2016 por partida doble —una vez por mí personalmente, y la otra por la diócesis de Espira (Speyer) con traducción al alemán— y a la Congregación para la Doctrina de la Fe en el año 2018. Nunca recibí ni siquiera un acuse de recibo, y no tengo ni la más remota idea de si se ha hecho algo con mi denuncia. Más aun, no abrigo ahora esperanzas de que alguno de estos dicasterios vaticanos haga algo, mucho menos después de cómo se ha manejado la denuncia de Doris Wagner. Una de las pocas esperanzas que queda de que se haga justicia es que algún día se lleve a la Iglesia católica institucional por casos como éste ante tribunales internacionales independientes y autónomos.

A Doris le habrán arrebatado el honor ciertas instancias de la Iglesia católica, pero ella lo está recuperando con creces a través de sus escritos y de su activismo a favor de los derechos de las mujeres en la Iglesia. Y a favor de una fe cristiana auténtica, que no esté supeditada a las estructuras machistas y patriarcales que aún subsisten en las altas esferas de la Iglesia católica.

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FUENTES

Las opiniones de Doris Wagner han sido tomadas de su cuenta de Twitter.

Herder Korrespondenz
Vatikangericht spricht “Werk”-Pater Hermann Geißler frei (16.5.2019)
https://www.herder.de/hk/kirche/vorwurf-der-sexuellen-bedraengung-im-beichtstuhl-vatikangericht-spricht-werk-pater-hermann-geissler-frei/

ACI Prensa
Ex funcionario vaticano acusado de acoso fue absuelto tras cuidadosa investigación (17 May. 19)
https://www.aciprensa.com/noticias/ex-funcionario-vaticano-acusado-de-acoso-fue-absuelto-tras-cuidadosa-investigacion-81581

Religion Digital
Mordazas, jueces “amigos” y sin escuchar a la víctima: el Vaticano exculpa a un cura de abusos a una monja (21.05.2019)
https://www.religiondigital.org/mundo/Mordazas-escuchar-victima-Vaticano-exculpa-cura-abusos-monja_0_2123487667.html

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Se puede ver también mis dos anteriores artículos sobre Doris Wagner:

EL SODALICIO, UNA LEYENDA AMERICANA

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Comunidad sodálite en Filadelfia (Pensilvania). De izquierda a derecha: Michael Gokie, Carlos Keen, Patrick Travers, José Ambrozic, Leonardo Negrini y Remigio Morales-Bermúdez

Los Estados Unidos de América construyeron su historia como una tierra de promisión, plasmada en un territorio donde podían vivir en libertad quienes eran perseguidos en otras partes por sus creencias políticas o religiosas. Por lo menos, ésa es la leyenda de una nación donde también han tenido cobijo la intolerancia, el racismo, la persecución política y la falta de libertad —manifiesta, por ejemplo, en el hecho de que Estados Unidos sea actualmente el país que tiene el mayor porcentaje de su población en prisión. También han encontrado cobijo bajo esa quimera de libertad numerosos grupos religiosos, amparados por una libertad de cultos que al principio no parece distinguir entre ejercicio sano de la religión y prácticas sectarias que atentan contra derechos humanos fundamentales.

Charles Chaput, arzobispo de Filadelfia (Pensilvania) desde julio de 2011, le abrió las puertas del país norteamericano al Sodalicio en el año 2003 —cuando todavía era arzobispo de Denver (Colorado)—, encargándoles al principio Camp St. Malo, un centro de retiros fuera de la ciudad, que luego sería destruido en el año 2011 por un incendio, permaneciendo cerrado desde entonces. Tras lluvias torrenciales seguidas de inundaciones en el año 2013, que destruyeron los terrenos aledaños y el Sendero Juan Pablo II —utilizado para caminatas al aire libre—, sólo la capilla permanece intacta. Actualmente se están haciendo trabajos de restauración para volver a poner en funciones el centro.

La comunidad sodálite, mientras tanto, se había mudado en octubre de 2010 a la Parroquia Holy Name, por encargo del mismo arzobispo Chaput. Actualmente es párroco de ella el sodálite Daniel Cardó, quien, a semejanza de esos forajidos del Lejano Oeste que tenían un pasado turbio y buscaban una nueva existencia callando lo que dejaron atrás, también estaría gozando de una nueva vida sin temores de tener que enfrentar la responsabilidad por los abusos que cometió en el pasado. Pues en lo que alguna vez fue el territorio de Colorado, pocos saben que su pastor viene también de un ámbito donde regía la ley del más fuerte, como relata el ex sodálite colombiano Andrés Felipe Cardona en su testimonio reproducido en el libro Mitad monjes, mitad soldados:

«A partir de mi promesa como sodálite, empezó mi martirio”, advierte Andrés. Al poco tiempo ingresó a a la comunidad El Carmen de Viboral, la llamada casa propedeútica. Y comenzó la “formación”. Una noche, en la casa, DC [Daniel Cardó] le dijo: “Te voy a dar once puñetazos en el estómago y no te puedes caer; si te caes, empiezo desde cero”. Andrés, por cierto, se cayó más de una vez. Y los golpes no pararon hasta después de treinta minutos. Andrés lloraba, pero aguantaba, porque DC le decía que era por su bien, para que se haga más hombre. Y más recio. Otra noche lo obligaron a comer una pizza podrida. En otra oportunidad, DC lo sorprendió con una afirmación: “Andrés, yo sé lo que haces en el baño. Quería dejarte esa inquietud”. Por un momento, Andrés hasta pensó que había cámaras escondidas en los sanitarios. Según el exsodálite colombiano, todos los días se presentaba una situación inesperada, de presión psicológica o de maltrato físico que él tomaba como “pruebas de formación”. Lo que más recuerda son los golpes de DC. “Eso ocurrió muchas veces”. Relata, por ejemplo, varias bofetadas que recibió en la cara por razones que considera absurdas».

Y Pedro Salinas añade en un artículo del 10 de enero de 2016:

«Andrés Felipe Cardona, por cierto, no ha sido ni la primera ni la última víctima de Cardó. He hablado con otros exsodálites que dan fe de haberlo visto haciendo lo mismo con sodálites aspirantes».

Finalmente, el sheriff Chaput se trasladaría al Este, tomando posesión de la arquidiócesis de Filadelfia en septiembre de 2011. A mediados de 2014 les confiaría a los sodálites la Parroquia de St. Agatha & St. James.

El 29 de noviembre de 2012 —cuando ya se habían hechos públicos los abusos cometidos por el difunto Germán Doig, el segundo en la cadena de mando del Sodalicio; Figari había renunciado al cargo de Superior General del Sodalicio y ya se sabía que había por lo menos una denuncia en contra de él por abuso sexual presentada en el Tribunal Eclesiástico Interdiocesano de Lima—, Mons. Chaput participa de la IV Asamblea General del Sodalicio con una conferencia, donde no duda en exponer su versión de la leyenda americana del Sodalicio:

«…los santos nos pertenecen a todos nosotros —y de muchas maneras, cada sodálite ha hecho la misma opción que hizo [San] Francisco [Javier], dejando atrás su antigua vida y siguiendo a Jesucristo—. Cada sodálite ha pagado un precio por su elección. Y cada uno de ustedes ha demostrado personalmente su amor a Dios y su capacidad de servir, tal como lo hizo Francisco, o no estarían hoy aquí como líderes.

Muy pocos americanos entienden el tipo de coraje que requirieron Alexi y Mario Salazar para dejar todo lo que tenían en el Perú, mudarse a los Estados Unidos, iniciar el Movimiento de Vida Cristiana y llegar a ser parte de la vida de mi pueblo como Iglesia y nación.

Muy pocos americanos saben de la persistencia que requirieron Rossana Goñi y sus hermanas para fundar la Fraternidad Mariana en Denver, o José Ambrozic y sus hermanos para iniciar el Sodalitium, o Alejandro Bermúdez para dar inicio a la Catholic News Agency [Agencia Católica de Noticias – ACI Prensa].

Muy pocos americanos conocen la paciencia y la humildad que exigieron todos estos esfuerzos apostólicos. Pero creo que yo sí sé — porque yo los vi dar fruto.

Dios ha hecho algo extraordinario a través del genio y la pasión de Luis Fernando [Figari], y también a través del celo de cada miembro del Sodalitium. Como obispo, he visto los resultados. De modo que antes de que yo haga algo más, tengo que decir: Gracias por su servicio a Jesucristo y su Iglesia».

Lo más chirriante de este mensaje es que presente como héroes que lucharon con denodado esfuerzo a personas que nunca habrían pasado realmente penurias, además de que habrían contado con la ayuda de la red de influencias eclesiásticas que habían armado Figari y compañía, y con el apoyo financiero proveniente de los negocios millonarios del Sodalicio. Yo también dejé todo lo que tenía en el Perú en noviembre de 2002, con la diferencia de que yo vine a la buena de Dios a Alemania, desempleado, prácticamente con una mano adelante y otra atrás. Como millones de migrantes. Y no por eso merezco ser elogiado como un héroe.

Además, no me consta qué precio habrían pagado los sodálites por tener la vida que tienen, pero no se compara con el precio en términos humanos que han tenido que pagar las víctimas de la institución. Se trata de una responsabilidad que no han reconocido ni asumido a satisfacción ni José Ambrozic, miembro de la generación fundacional del Sodalicio, ni Alejandro Bermúdez, personaje agresivo, abusivo y neurótico —además de manipulador de la información y propagador de fake news—, que en otras épocas hubiera tenido su retrato sobre un afiche con la palabra “Wanted” (“Se busca”).

Pues previamente a la llegada de Alexi y Mario Salazar a Denver, hubo allí otra pareja de la Familia Sodálite a la cual Bermúdez habría maltratado y aterrorizado psicológicamente, sólo porque solicitaron días de descanso para poder dedicarlos a su propia familia.

Esta triste historia ha sido pasada por alto en la conferencia de Mons. Chaput, que sigue estando disponible en inglés en la página oficial del Arzobispado de Filadelfia, lo cual ha sido objeto de críticas severas por parte de la organización sin fines de lucro SNAP (Survivors Network of those Abused by Priests − Red de Sobrevivientes de Abuso Sexual por Sacerdotes) en un comunicado de octubre de 2016.

Este mismo comunicado cuestiona también el apoyo que Chaput le ha dado al Sodalicio, obviando mencionar en absoluto los abusos criminales cometidos dentro de la institución. Asimismo, se critica que Chaput le haya encargado al sacerdote sodálite Carlos Keen y otros miembros laicos, a partir del año 2014, la conducción de los Newman Centers en la Universidad Drexel y la Universidad de Pensilvania

Los Newman Centers son algo así como centros pastorales católicos instalados en universidades no católicas, inspirándose en los escritos del cardenal británico John Henry Newman (1801-1890), el cual animaba a los estudiantes católicos a acudir a universidades seculares. El primer centro de este tipo fue fundado en 1888 en la Universidad de Oxford, y el primero en Estados Unidos fue precisamente el de la Universidad de Pensilvania, creado en 1893. Además de actividades litúrgicas —como misas, por ejemplo— y sesiones de dirección espiritual, se ofrecen otras actividades sociales y recreativas. En fin, el marco ideal para que el Sodalicio reproduzca su esquema de proselitismo y adoctrinamiento.

Ni el P. Carlos Keen (brasileño), ni el diácono Remigio Morales-Bermúdez (peruano), ni el filipino Nelson Villamor, ni el brasileño Leonardo Negrini, ni los sodálites americanos con pinta de cowboys Patrick Travers, Michael Gokie y Christopher Lanciotti (este último encargado de juventud en la parroquia del P. Cardó) han sido acusados de cometer abusos, pero eso no les quita que sean miembros y representantes de una organización religiosa que aún mantendría un sistema sectario propicio a que se cometan abusos de conciencia y espirituales, con su secuela inmediata de abusos físicos y psicológicos.

En su comunicado, SNAP lamentaba que el arzobispo Chaput no hubiera hecho absolutamente nada respecto a los clérigos que encubrieron los delitos sexuales de otros clérigos —136 acusados públicamente—, sancionándolos como es debido.

En épocas recientes, Mons. Chaput ha tenido declaraciones sobre el abuso sexual como la que sigue (17 de abril de 2018):

«El sufrimiento de las víctimas de abusos pasados es una cicatriz en el testimonio de la Iglesia y que tardará años en sanar. Algunos de los momentos más importantes que he tenido como un obispo han sido reuniones privadas con los sobrevivientes de abuso sexual. Su dolor y su lucha son reales, y admiro su valentía. Al hablar, y a veces rezar juntos, tratamos de encontrar un camino hacia la sanación. Yo espero que nuestro tiempo juntos sinceramente transmita, no solo mi dolor personal por la maldad hecha a ellos, sino también la dedicación incondicional de nuestra familia entera de la Iglesia a la seguridad de todos esos confiados a nuestro cuidado».

Declaraciones semejantes también hubo en boca del ex Superior General del Sodalicio, Alessandro Moroni. Sin embargo, la realidad es otra, pues en el Sodalicio no se ha sancionado efectivamente como es debido a ninguno de los abusadores —ni siquiera al fundador, que vive en un retiro dorado en Roma—, mucho menos a los cómplices y encubridores, y el maltrato y abandono de decenas de víctimas continúa.

Mons. Chaput tampoco ha tocado el Sodalicio ni con el pétalo de una rosa. Más bien, ha callado sobre los abusos perpetrados en la institución y ha seguido alimentando su leyenda.

En el año 1993, el cineasta Walter Hill estrenó su western histórico Geronimo: An American Legend, que obtuvo reacciones mixtas de parte de la crítica especializada, pero fue elogiado por grupos de nativos americanos. Porque esa leyenda, independientemente de su realidad histórica, llena una necesidad: alimenta los ideales de grandeza de la nación india, que nunca existió realmente como tal.

Mons. Chaput, hijo de una mujer nativa americana de la tribu de los potawatomi, lleva probablemente en su sangre la necesidad ancestral de construir leyendas que nutran sus ideales. Lamentablemente, éstos son ultraconservadores y retrógrados—posiblemente sea ésta la razón por la cual, no obstante la importancia histórica de la arquidiócesis de Filadelfia, no fue elevado al cardenalato en el consistorio del año 2016—. Y la leyenda americana del Sodalicio que él ha contribuido a forjar sólo refleja los ideales de grandeza de una institución cuya realidad es más pedestre y turbia. E incluso criminal.

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FUENTES

Archdiocese of Philadelphia
The New Communities and the ‘New Evangelization’ (Lima, Peru, November 29, 2012)
http://archphila.org/archbishop-chaput/statements/CJC_Lima%20Address_11-29-2012.pdf
Columna del arzobispo Chaput: Mes de prevención de abuso de niños (April 17, 2018)
http://archphila.org/columna-del-arzobispo-chaput-mes-de-prevencion-de-abuso-de-ninos/

Sodalicio de Vida Cristiana
“La fecundidad del Sodalitium, sus comunidades hermanas y movimientos viene de vivir la Nueva Evangelización” (19/12/12)
Se trata de una traducción al español (de regular calidad) de la conferencia de Mons. Chaput durante la IV Asamblea General del Sodalicio.
https://sodalicio.org/noticias/la-fecundidad-del-sodalitium-sus-comunidades-hermanas-y-movimientos-viene-de-vivir-la-nueva-evangelizacion/

Camp St. Malo – Visitor & Heritage Center
https://campstmalo.org

Holy Name Catholic Parish
https://holynamedenver.org

St. Agatha-St. James Parish
https://www.saintsaj.org

La voz a ti debida (Pedro Salinas)
Alejandro Bermúdez, el sodálite psicomatón (2015-12-04)
https://lavozatidebida.lamula.pe/2015/12/04/alejandro-bermudez-el-sodalite-psicomaton/pedrosalinas/
La doble cara de Cardó (2016-01-10)
https://lavozatidebida.lamula.pe/2016/01/10/la-doble-cara-de-cardo/pedrosalinas/
Cardó, Draxl, Elías y Moroni (2016-02-03)
https://lavozatidebida.lamula.pe/2016/02/03/cardo-draxl-elias-y-moroni/pedrosalinas/

The Inquirer
It’s where you’re taken at faith value (January 31, 2015)
Entrevista al P. Carlos Keen (en inglés)
https://www.philly.com/philly/entertainment/20150201_It_s_where_you_re_taken_at_faith_value.html

SNAP
PA–Victims blast Philly archbishop (October 24, 2016)
http://www.snapnetwork.org/pa_victims_blast_philly_archbishop

EX SODÁLITES VIP

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Gabriel Pereyra en la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas (UPC), septiembre de 2016

El 31 de enero de 2017, el ex sodálite arequipeño James Neyra Pacheco hizo pública a través de Facebook una carta enviada a Alessandro Moroni, entonces Superior General del Sodalicio de Vida Cristiana. Allí cuenta lo siguiente:

«Hacia mediados del año 2010, mientras vivía en la comunidad de Nuestra Señora del Mar en San Bartolo, fui sometido a una serie de medios absurdos dados por el superior de turno, bajo la excusa de que era un chico muy engreído y debía quebrar eso si quería permanecer en la comunidad y no ser un infiel que la traicionaría en algún momento de mi vida por mis engreimientos. Uno de esos medios, era nadar todas las mañanas tres islas [recorrido a nado ida y vuelta hasta un grupo de islotes que quedan en la bahía de la Rivera Norte] mientras el resto de los que vivían conmigo solo debían nadar una. Yo tenía que nadar las tres en el mismo tiempo que todos tenían para nadar una y estar listos para la oración de la mañana. Uno de esos días el mar estaba con un oleaje bastante anómalo y, como leímos posteriormente en las noticias, con olas bastantes grandes como no había habido en varios años. Dado al miedo que me generaron las olas, solo nadé una isla y me retiré del mar. Después de la oración de la mañana y participar de misa, nos sentamos a desayunar. Ahí le comenté al superior que sólo había nadado una isla porque el mar estaba muy bravo y me dio miedo. Después de que me trato de maricón y engreído, me dijo que como habían pasado dos horas desde el suceso, por cada hora era una isla más, por lo que debía ingresar nuevamente al mar de manera inmediata y nadar ahora las dos islas que me faltaban mas las dos sumadas por el tiempo transcurrido. Para ello el hasta hoy sodálite Garrett Johnson me fue a acompañar. En la primera isla, fui revolcado por una ola cerca a las rocas y jalado por la corriente hacia mar abierto y cada vez más cerca a la zona peligrosa, por sus olas y sus rocas, de Peñascal. Debido a la fuerza del mar, perdí los lentes de nadar y la ropa de baño, y tras varios minutos de soportar las fuertes olas y la corriente que me jalaba hacia abajo, me cansé y comencé a tomar agua y a ahogarme. Gracias a Dios, un tablista vio todo desde la Rivera Norte y entró a rescatarme con un amigo suyo también en tabla. Como de milagro, me sacó ya ahogándome y me subió a su tabla y pudo llevarme hasta la orilla en donde se encontraban varios pescadores que aplaudieron el rescate. Al llegar a la orilla estuve vomitando agua y fui ayudado por el entonces diácono Alejandro Gallegos, que me ayudó a subir a la casa. Tras este incidente, el superior me llamó a su oficina y me dijo que no sabía que el mar estaba tan grande y que disculpe por eso, pero que para no quedar traumado tenía que volver a meterme al mar más tarde y vencer el miedo, cosa que hice en horas de la tarde a pesar del miedo generado por tal experiencia cercana a la muerte».

¿Quién era este superior, que además habría prácticamente desahuciado a James cuando vio desde lejos que se estaba ahogando, asumiendo que ya no se podía hacer nada por él? Ciertamente habría hecho lo correcto al dar la orden de que nadie de la comunidad se metiera al mar e intentara salvarlo, pues en cuestión de normas de seguridad nunca se debe poner a otras personas en riesgo grave cuando se trata de salvar a otra persona que está en peligro. Sin embargo, el relato de James no lo exime de grave responsabilidad.

Según fuentes confiables, se trataría nada menos que de Gabriel Pereyra, quien contaría en su historial con haber sido secretario personal de Germán Doig —siendo el primero que lo habría visto muerto en la fatídica mañana del 13 de febrero del año 2001—, luego persona de confianza de Luis Fernando Figari —con quien habría vivido bajo el mismo techo en Santa Clara, recibiendo una formación para ser el probable sucesor de Doig— y finalmente formador y superior en San Bartolo. La carrera de Pereyra dentro del Sodalicio termina abruptamente después de que en el año 2011 se hacen públicos los abusos cometidos por Doig, pues por razones desconocidas decide separarse de la institución.

Inicia entonces una carrera meteórica de estudios en el año 2012, orientada a la administración de empresas con especialidad en liderazgo y coaching, que tendrá su punto de partida en la Pontificia Universidad Católica del Perú (2012-2014) y lo llevará a través de las siguientes instituciones: International Coaching Community (2013), EADA Business School (2013-2014), Kantor Institute (2015-2016), Barrett Values Centre (2016).

Sabemos que estos estudios no suelen ser gratuitos. Considerando que la mayoría de ex miembros de la institución sodálite han salido de ella prácticamente con una mano adelante y otra atrás, uno se pregunta de dónde salió el dinero para pagar esos costosos estudios especializados.

Porque hay que tener en cuenta que Pereyra no parece haber pasado por el ostracismo a que solían ser sometidos quienes abandonaban el Sodalicio, ni tampoco habría sido tachado de “traidor”. ¿Será más bien un colaborador, al igual que Gianfranco Conetta, director comercial de su actual empresa de coaching Human Growth, el cual es uno de los 47 ex sodálites firmantes de una carta pública del 1° de junio de 2016, donde quienes la suscriben manifiestan su apoyo al Sodalicio ante las denuncias presentadas ante el Ministerio Público contra varios miembros y ex miembros de la institución por los delitos de asociación ilícita para delinquir, secuestro y lesiones graves? ¿Tendrá algún significado que en su equipo trabajen de consultoras Sandra Sato, ex integrante de la Fraternidad Mariana de la Reconciliación —la rama femenina del Sodalicio— y Verónica Neuenschwander, hermana del sodálite aún en actividad Carlos Neuenschwander —ex miembro del Consejo Superior del Sodalicio, quien habría sido responsable del manejo del dinero y sobre todo de influir en el monto de las ridículas reparaciones que el Sodalicio habría pagado a algunas víctimas, previo compromiso notarial de guardar silencio de allí en adelante—? ¿Significa algo que haya tenido entre sus clientes al gerente de recursos humanos de la empresa minera Volcan, Alberto Gazzo, ex sodálite que fue ordenado sacerdote por el Papa Juan Pablo II y posteriormente colgó los hábitos, y que tendría mucho que contar, pues él fue durante un tiempo mi formador —y también de otros— y participó como ejecutor del sistema de abusos físicos y psicológicos que se aplicaba en el Sodalicio? ¿O significa algo también que uno de los que recomienda a la empresa de Pereya, tras haber sido su cliente, sea el presidente ejecutivo de SamCorp, José Sam —también ex sodálite y supuestamente amigo de Jaime Baertl hasta ahora—, que habría preferido mantener en silencio su paso a través del Sodalicio, un relato personal que evidenciaría los procedimientos sectarios que hubo en la institución?

El caso de Gabriel Pereyra no sería el único de estas características.

Cuando Virgilio Levaggi se separó en 1987 del Sodalicio, no obstante que semi-oficialmente pasó a ser el “Innombrable”, Luis Fernando Figari y Jaime Baertl habrían seguido cultivando relaciones con él, e incluso le habrían enviado regalos por su matrimonio. Levaggi llegaría con el tiempo a ser Director de la Oficina de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) para Centroamérica, Haití, Panamá y República Dominicana.

También está el caso de Germán McKenzie, quien el día anterior a su expulsión del Sodalicio en septiembre de 2007 habría tenido una conversación a puerta cerrada con el mismo Luis Fernando Figari en la comunidad del Centro Pastoral de San Borja y, según un testigo, habría bajado las escaleras junto a Figari agradeciéndole emocionado mientras Figari lo animaba a seguir siendo un buen católico. Aun así, McKenzie se convirtió en el expulsado público N.º 1 del Sodalicio, pues si antes había habido expulsiones de la institución, éstas no se habían comunicado públicamente a toda la Familia Sodálite como sí ocurrió en el caso de ésta. Mucho menos se habían indicado los motivos. La expulsión por “falta grave reiterada” de McKenzie no habría sido obstáculo para que contara con el apoyo de la institución sodálite en los estudios y la carrera académica que realizó en Estados Unidos y Canadá. Desde el año 2016 hasta la fecha es profesor adjunto de los colegios superiores St. Mark’s y Corpus Christi de la Universidad de Columbia Británica (Vancouver, Canadá).

Tanto Pereyra, Levaggi como McKenzie tienen en común haber ocupado altos cargos en el Sodalicio y, por lo tanto, deben contar con información sensible e importante de lo que ocurrió en la institución. Sin embargo, a Levaggi se le ha dejado caer en desgracia —por lo menos ante la opinión pública— debido a que resultarían irrefutables los testimonios que lo involucran en actos de abuso sexual, y así se consigna en los informes de la Comisión McChesney-Applewhite-Elliott convocada por el Sodalicio. Pereyra y McKenzie, en cambio, no parecen estar involucrados en casos de abuso sexual, pero su silencio sería muy valioso para el Sodalicio, al punto de que nos preguntamos si todo lo que miembros de la institución sodálite habrían hecho a su favor sería el precio tácito por mantener la boca cerrada. Lo cual también sería muy conveniente para ellos en caso de que tengan rabo de paja o esqueletos en el armario.

Se dice que nada es gratis en este mundo. Mucho menos el trato preferencial del que parecen haber gozado ciertos ex sodálites VIP.

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Para mayor información, remito a la información que he publicado anteriormente sobre

Virgilio Levaggi -> SODALICIO: EL OCASO DEL INNOMBRABLE
Germán McKenzie -> SODALICIO: EL EXPULSADO PÚBLICO NÚMERO UNO
Gabriel Pereyra -> DESERCIONES DEL SODALICIO

Recomiendo también revisar mi comentario sobre la carta firmada por 47 ex sodálites:
LA CORTE DE LOS 47

El testimonio completo del ex sodálite James Neyra se puede leer aquí:
https://www.facebook.com/permalink.php?story_fbid=1820951514834654&id=1816047405325065

MONS. EGUREN, LA CORRUPCIÓN Y LA JUSTICIA

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Mons. Eguren saludando a las autoridades policiales y militares durante la Santa Misa en la Solemnidad de Santa Rosa de Lima (Piura, 30 de agosto de 2018)

«Apreciadas autoridades políticas, judiciales, civiles y militares de Piura. Queridos hermanos y hermanas en el Señor Jesús, nuestro Salvador».

Con estas palabras iniciaba Mons. José Antonio Eguren, arzobispo de Piura y Tumbes, su homilía en el 197º Aniversario del Grito Libertario de Piura (4 de abril de 2018).

No era la primera vez ni sería la última en que se dirigiría con palabras similares a las autoridades de la región Piura, en celebraciones litúrgicas donde cultivaría amistades y mantendría buenas migas con gobernadores, jueces, alcaldes y oficiales de la Policía y de las Fuerzas Armadas.

En esta ocasión, como ya lo había hecho en un par de ocasiones, Mons. Eguren tocó el tema de la corrupción:

«Al comenzar el año, constatamos con dolor y estupor que la corrupción es el principal enemigo y mal que aflige al Perú. Los escándalos vividos en el año 2017, y que prometen seguir destapándose en el presente año, así lo manifiestan. La corrupción es la peor plaga social que puede haber; ella contamina todos los sectores de la vida social y es un mal tan corrosivo y dañino como el peor de los crímenes. Más aún la corrupción es un pecado gravísimo que acecha sobre todo a la persona que posee autoridad sobre los demás, porque cuando uno tiene autoridad se siente poderoso, se siente casi Dios».

Mas allá de la duda que nos genera sobre si las últimas palabras podrían ser consideradas autorreferenciales, lo cierto es que Mons. Eguren, fuera de recordarles a las autoridades algunos principios de moral cristiana, nunca ha señalado que el problema de la corrupción afecte en concreto a quienes tienen poder y autoridad en Piura y están presentes en las ceremonias eclesiásticas que él oficia.

Asimismo, Mons. Eguren no ha tenido ningún reparo en prodigarse en elogios de los miembros de la Primera Macro Región Policial de Piura y Tumbes durante una Misa oficiada el 5 de diciembre de 2018, con presencia —cómo no— de las principales autoridades políticas, civiles y militares de la región:

«Ser policía es una vocación que nace del corazón y se ve plasmada en la entrega permanente al servicio de la sociedad. Esa vocación tan hermosa y digna hace que cada policía se convierta en custodio del prójimo, los lleva a proteger a los demás, especialmente a los más indefensos y sus derechos inalienables. Hoy queremos reconocer los enormes sacrificios que ustedes realizan cada día con patriotismo y dedicación, buscando hacer realidad su lema institucional: Dios, Patria y Ley. El mal ejemplo de algunos malos policías para nada opaca el abnegado trabajo que la inmensa mayoría de ustedes realiza con tanto amor y entrega».

Sin embargo, ese mismo año El Tiempo, diario de Piura, publicaba el 22 de octubre una nota periodística donde decía: «Piura es una de las regiones a nivel nacional cuyos índices de corrupción son elevados y que, de acuerdo a información de la Procuraduría Pública Especializada en Delitos de Corrupción, en los últimos años la tendencia ha sido al incremento de estos casos». En esa misma nota se informaba que «para el titular de la Fiscalía Anticorrupción de Sullana, Luis Ramos Rioja, las municipalidades provinciales y distritales al igual que la Policía y los directorios de colegios son los sectores más propensos para incurrir en este tipo de actos» (el resaltado es mío).

Sin embargo, como si esta realidad no existiera, Mons. Eguren no duda en cuasi sacralizar la labor de los agentes de policía:

«…no hay nada que pueda renovar más vuestro compromiso que el saber que ustedes están del lado de Cristo y que combaten al enemigo bajo su guía y la de su Madre Santísima. Que esto los sostenga en su diaria lucha por hacer que el bien triunfe sobre el mal».

Algo que va en la misma línea de lo que les decía el arzobispo sodálite a los funcionarios del Poder Judicial en Piura, en una Misa con ocasión del Día del Juez (4 de agosto de 2010):

«…para ser personas íntegras debemos vivir cerca al Señor Jesús, fuente de la Verdad, de la justicia en plenitud, de todo bien. El juez que se esfuerza por ser un buen cristiano hará que esa fe redunde en sus funciones como juez. La unidad de vida con Jesucristo les dará además la fortaleza para anunciar la Verdad, implantar la justicia y así lograr la paz social… La autoridad que tiene un juez es entregada por el Estado, pero es también dada desde lo alto. Por eso cuando apliquen la justicia estén representando a la justicia de Dios».

Además de ser esto un añadido a lo que la ley dice —pues la Ley Orgánica del Poder Judicial dice escuetamente que «la potestad de administrar justicia emana del pueblo y se ejerce por el Poder Judicial a través de sus órganos» (Artículo 1) y nada más—, preocupa que Eguren ponga como condición de la integridad del juez el que viva «cerca al Señor Jesús, fuente de la Verdad, de la justicia en plenitud, de todo bien». Y está hablando no de la verdad de los hechos, sino de la Verdad en sentido religioso que él representa.

Con policías que combaten al enemigo guiados por Cristo y Santa María, y con jueces que están al servicio de la Verdad que emana de Cristo y que representan la justicia de Dios, ¿qué garantía hay de un juicio justo cuando una de las partes es un periodista agnóstico y la otra, un representante sobre la tierra de la Verdad suprema que enseña la Iglesia católica, no sólo para los católicos de a pie de su arquidiócesis, sino también para las autoridades de la región? Es decir, prácticamente un intocable.

La historia contemporánea —y yo diría incluso que toda la historia de la Iglesia— nos demuestra que siempre ha habido criminales y delincuentes entre los eclesiásticos, muchos de ellos rodeados durante mucho tiempo de un halo de impunidad, amparándose en el mito de la santidad de la institución eclesial. Que lo recuerde Mons. Eguren, pues su investidura episcopal no lo debe eximir de rendir cuentas de las graves omisiones y complicidades que haya podido tener en relación a los abusos cometidos en el Sodalicio.

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FUENTES

Arzobispado de Piura
DÍA DEL JUEZ ES CELEBRADO CON SANTA MISA EN LA CATEDRAL DE PIURA (04 de agosto de 2010)
http://arzobispadodepiura.org/noticias/locales/dia-del-juez-es-celebrado-con-santa-misa-en-la-catedral-de-piura/
ARZOBISPO METROPOLITANO HACE ENÉRGICO LLAMADO (04 de enero de 2018)
Santa Misa con ocasión del 197º Aniversario del Grito Libertario de Piura
http://arzobispadodepiura.org/noticias/arzobispo-metropolitano-energico-llamado/
«QUE SUS CORAZONES ARDAN DE AMOR POR SU MISIÓN Y POR LOS IDEALES POLICIALES» (06 de diciembre de 2018)
Santa Misa con ocasión del XXX Aniversario de la Policía Nacional del Perú
http://arzobispadodepiura.org/noticias/que-sus-corazones-ardan-de-amor-por-su-mision-y-por-los-ideales-policiales/

El Tiempo (El diario de Piura)
1.283 casos de corrupción en Piura involucran a 172 funcionarios
https://eltiempo.pe/1-283-casos-de-corrupcion-en-piura-involucran-a-172-funcionarios/