EL HOMBRE MÁS PELIGROSO DEL PLANETA

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El 15 de julio el comentarista Greg Gutfeld de Fox News describió al Papa Francisco como «el hombre más peligroso del planeta». Debido a las ideas de la encíclica Laudato si sobre el cuidado de la casa común, es decir, del planeta. No es el Papa de nuestros abuelos, sino un Papa moderno, al cual sólo se le falta el peinado rasta, un perro y su pañuelo en la cabeza para alinearse con el movimiento Occupy Wall Street.

El gobernador Jeb Bush, católico y posible candidato republicano a la presidencia, ha dicho: «Espero que el cura de mi parroquia no me castigue por decir esto, pero no tomo mis políticas económicas de mis obispos, cardenales o de mi Papa».

Michael McKenna, católico conservador y asesor republicano, considera que el Papa está «vendiendo una línea de socialismo de estilo latinoamericano» y que «no está en sintonía con la Iglesia católica de Estados Unidos».

Son indicios de que el Papa argentino está haciendo lo correcto. Pues el cristianismo enraizado en las palabras de Jesús siempre ha tenido un carácter cuestionador de cualquier sistema que no ponga al hombre común y corriente, especialmente a los pobres, como prioridad.

En los últimos tiempos hemos asistido al espectáculo de un cristianismo burgués acomodado a los requerimientos del capital, totalmente domesticado e indiferente hacia el sufrimiento —e incluso la muerte— que ocasiona la economía capitalista global. Para muchos, la Iglesia se ha convertido en un apéndice irrelevante, que ni incomoda ni merece mayor atención.

Francisco, el Papa impredecible pero consecuente con el mensaje rebelde de Jesús, está cambiando las cosas. Y despertando odios y recelos de parte de los poderosos.

(Columna publicada en Exitosa el 12 de agosto de 2015)

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CARTAS A MANUEL

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Manuel es un viejo amigo mío, adherente sodálite (sodálite llamado a la vida matrimonial), que en un momento crítico de mi vida donde yo ya había decido cortar los lazos que aún me mantenían vinculado al Sodalicio, accedió —a petición mía— a mantener un diálogo, bajo la condición de poder consultar lo que yo le comunicaba con otras personas de su confianza, a lo cual accedí gustosamente.

Manuel —quien también ha vivido durante años en comunidades sodálites aspirando en ese entonces a convertirse en un laico consagrado—, si bien compartía conmigo algunos puntos del diagnóstico que yo hacía de la institución, en otros aspectos mantuvo siempre una posición discrepante. Pues Manuel es un hombre de fidelidades primigenias, y a pesar de todos los problemas que veía en el Sodalicio, había decidido permanecer leal a la institución, con la esperanza de que las cosas mejoraran. Como de costumbre, sus críticas —aunque mucho más matizadas y suavizadas que las mías— le habían acarreado inconvenientes, y en un par de ocasiones se sintió obligado a autocensurarse en el blog que mantiene desde marzo de 2008. Las entradas “Ir a Dios” (19 de enero de 2011) y “Carta a Martin Scheuch” (1° de octubre de 2013) las borró al poco tiempo de publicarlas.

Manuel es un hombre de buen corazón, sentimientos frágiles e ideas sencillas y sin complicaciones, que decidió permanecer en el Sodalicio a fin de seguir poniendo el hombro para seguir empujando ese carro que con el tiempo se hace cada vez más pesado. Y aunque como todo ser humano Manuel también tiene sus debilidades, entre ellas no se encuentra la deslealtad ni la doblez de pensamiento. Manuel es alguien en quien se puede confiar y que nunca —que yo sepa— ha dejando a nadie en la estacada, aunque esa persona no participe de su ideología conservadora, si bien en su caso soplan en ella ocasionalmente vientos frescos que se agradecen.

Quiero reproducir aquí algunos párrafos de los correos electrónicos que le envié a Manuel, como testimonio del estado de ánimo en que me encontraba tras haber procesado durante meses lo que había sido una experiencia de décadas en el Sodalicio. Por razones obvias, omito toda referencia a asuntos de carácter privado y confidencial. Y por las mismas razones, no voy a transcribir las respuestas que me envió Manuel.

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Kirrweiler, 14 de enero de 2009

El día 1° de enero fuimos invitados por una pareja casada que vive en Neustadt an der Weinstrasse y que tiene dos hijos varones a visitar Schönstatt en Vallendar, lugar donde nació el Movimiento de Schönstatt. Él es alemán y ella ecuatoriana, y se conocieron a través de Schönstatt. Fue una experiencia muy grata, pues Schönstatt es un lugar de peregrinación donde acuden fieles católicos de todo el mundo, en especial de Latinoamérica, en busca de paz y experiencias espirituales de cercanía a Dios. Estuvimos en la capilla donde el P. Kentenich inició el movimiento, donde está expuesto continuamente el Santísimo, delante de la imagen de María característica de los schönstattianos. Fuimos a la vez a una liturgia navideña organizada por las monjas, con participación de los niños. Las canciones, cantadas con unción y sencillez, elevaban el espíritu. Fuimos finalmente a una Misa, donde por primera vez en Alemania desde que estoy aquí vi a un sacerdote celebrar una Misa con una reverencia similar a la de los sacerdotes sodálites, pero con mayor naturalidad.

El domingo que viene vamos a ir a una Misa de familia, pero ya no tan lejos —son dos horas de camino en coche—, sino en Herxheim, a 20 minutos de aquí [en coche]. Después de la Misa suele haber un almuerzo para confraternizar y conocerse mutuamente.

En estos momentos creo que necesitamos una comunidad a través de la cual podamos participar activamente de la Iglesia, que tenga una espiritualidad mariana y que ofrezca momentos de oración a la vez que reuniones donde poder profundizar en la fe y en nosotros mismos, con fidelidad garantizada a la tradición eclesial. Todo esto no nos lo ofrece la comunidad parroquial de nuestro pueblo, donde sólo hay reuniones para organizar Misas y otros eventos. El laico encargado de la comunidad es una persona de buen corazón y muy buenas intenciones, pero con una formación teológica llena de agujeros.

Hace poco más de 30 años hice mi promesa de sodálite mariae en el Sodalicio. Siempre he buscado con las mejores intenciones encontrar mi puesto y poner mis talentos al servicio de la misión del Sodalicio, manteniendo a la vez la fidelidad a mí mismo. Y aunque he ido madurando en el Sodalicio, en parte gracias a él, en parte no obstante él, nunca he terminado de encontrar mi lugar. Siempre se me ha considerado como alguien medio loco, poco confiable e imprevisible, que ha avanzado lentamente en las etapas de formación, mientras que otros de mi generación lo hacían aceleradamente. Aun después de salir de comunidad, confié casi a ciegas en los responsables del Sodalicio, creyendo que podría aportar a la misión con mayor libertad. Mientras tanto, algunas de las instituciones que creó el Sodalicio han ido cayendo y desapareciendo: una empresa de desarrollo de software para empresas (a cargo de Pepe Ambrozic), Editora Latina, Producciones San José, el Instituto Pedagógico Nuestra Señora de la Reconciliación. Los libros y artículos publicados han caído por lo general en una mediocridad consuetudinaria, donde no hay aportes significativos, ni se tiene la audacia de tocar temas nuevos e investigar a profundidad. Y, en mi caso, se me fue sometiendo paulatinamente a un ostracismo continuo, en que se me dejó de convocar para aportar musicalmente, para enseñar, para escribir, para participar de conversaciones intelectuales, etc. Una de las tantas razones por las que dejé Lima fue la búsqueda de una oportunidad de trabajar para la Iglesia. Hice una práctica en el arzobispado de Colonia, que finalmente no se tradujo en un puesto de trabajo. Para la Jornada Mundial de la Juventud [Colonia, 2005], organizamos los preparativos para que los miembros del Movimiento de Vida Cristiana contaran con techo y comida durante los días previos. Finalmente, con dolor de corazón, no pudimos participar de la Jornada, pues tuvimos que quedarnos en casa debido a que Alexander se enfermó.

Tengo ahora un trabajo tedioso y repetitivo, que nos permite vivir. Vivo con la angustia de conservar el trabajo para poder sostener a mi familia. [Mi mujer] quiere regresar al Perú. Yo lo haría si tuviera oportunidades de encontrar un trabajo decente. En el Sodalicio mis oportunidades, aun de colaborar gratuitamente, son prácticamente nulas. Colaborar con la Iglesia a través de otras instituciones y entidades resultaría dificíl, considerando que hay muchas que le tienen alergia —justificada o no— al Sodalicio y me considerarían todavía identificado con él […]. Mis mejores amigos ya no están el Sodalicio, o mantienen una relación lejana con él.

Me encuentro entre la espada y la pared, y no sé todavía cómo voy a salir de esta situación. Siempre hemos salido adelante, confiados en la inmensa bondad del Señor. Me pregunto si algún día podré encontrar lo que ansío. Pues todo me huele ahora a fracaso, salvo en lo personal, donde, a pesar de mis defectos y debilidades, encuentro la dignidad y la libertad de actuar con transparencia y sin haber nunca traicionado a nadie. Es muy duro eso de seguir la propia conciencia. El mundo está lleno de personas que la han traicionado para obtener bienes, poder y seguridad. Ése es el precio que han que pagar, y que conduce tarde o temprano a la soledad y la infelicidad.

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Kirrweiler, 19 de enero de 2009

Desde hace mucho tiempo he aprendido que la fidelidad es algo que se debe sobre todo a las personas. Desconfío de las fidelidades hacia entidades abstractas, instituciones en general. Cuando yo me caso, mi fidelidad es hacia mi mujer, no hacia el matrimonio. Del mismo modo entiendo mi fidelidad a la Iglesia como una relación personal con Jesucristo, pues la Iglesia se identifica con él. Si no fuera así, poco le deberíamos a una institución llena de personalidades que buscan mantener las buenas apariencias, pero que poco se preocupan por los “enfermos” que necesitan del médico, como decía Jesús en los Evangelios. Ejemplo de esto es lo poco que se ha hecho en la pastoral de divorciados y de homosexuales. En las vidas de los santos se suele encontrar con pasmosa frecuencia ejemplos de incomprensiones, medidas punitivas y rechazo por parte de autoridades eclesiales. Hasta la Madre Teresa de Calcuta ha tenido que pasar por esto.

Respecto a encontrar algo en Lima, ser inteligente y tener muchas capacidades puede ser una desventaja, pues para obtener un puesto de trabajo decente muchas veces se requiere una buena dosis de mediocridad, contactos personales y, sobre todo, disponibilidad para la complicidad en acciones de ética dudosa. No encontré eso en la cooperación alemana al desarrollo [GTZ], pero lo vi muy de cerca en los estudiantes de ESAN [Escuela de Negocios para graduados] cuando hablaban de sus trabajos. Si uno quiere ganar bien en Lima, se requiere inevitablemente traicionar la propia conciencia. [Un familiar cercano] me lo repetía: «Si quieres mantener un trabajo, tienes que callarte la boca y hacer todo lo que se te pida». En estos tiempos, la obediencia —en su peor sentido— parece estar muy en boga, mientras que la auténtica, que surge de la fe, la esperanza y el amor, es poco o nada apreciada.

Por otra parte, buscar trabajo es una de las actividades más agotadoras y frustrantes que pueda haber —si es que alguna vez has tenido que pasar por eso—. Como dicen muchos, «tienes que venderte bien a ti mismo», lo cual en un principio me resulta humillante. Lamentablemente, pertenece a la lógica inherente al capitalismo reducir a las personas —incluso a las mejor capacitadas— a la categoría de mercancías. He estado saltando de un trabajo a otro —un año medio acá, dos años allá, etc.—, sin encontrar nunca la seguridad de poder decir: aquí me quedo, aquí puedo envejecer tranquilo, garantizándole a mi familia el sustento y entregando mis fuerzas y energías a una tarea que valga verdaderamente la pena.

¿Regresar a Lima? Me da mucho miedo, además de que no cuento actualmente con los medios para hacerlo.

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Kirrweiler, 19 de enero de 2009

Cuando reflexiono sobre lo que he vivido, no soslayo lo que a mí me toca. Al enfocar la experiencia vivida desde aspectos determinados, se deja de apreciar otros aspectos. Pues es cierto que mucho de lo vivido fue necesario y bueno para madurar humanamente. Lo que me apena es el potencial humano perdido debido a rigidez de esquemas y falta de flexibilidad. Y, como creo que ya te dicho, no dudo de las buenas intenciones de la mayoría de los que todavía siguen. Sin embargo, las taras siguen ahí. En qué medida, no lo puedo decir desde la distancia.

Estoy terminando un texto sobre la historia no contada de Takillakkta, antes de que Javier Leturia asumiera las riendas del grupo. Es un mix donde hay de todo: alegrías y tristezas, elogios y críticas, encuentros y desencuentros. Creo que eso te permitirá entender algo más de lo que estoy viviendo. […]

Sobre el libro de Pedro Salinas [Mateo Diez], […] si bien es cierto que lo que cuenta siempre tiene un correlato en un hecho real, también es cierto que su visión es selectiva y la imagen que termina dando de la institución es falsa, por omisión de muchos hechos y dichos que forman parte positiva de ella.

Respecto a lo de jugar con cartas abiertas, a algunos les resultó, a otros no. Me contó [un ex sodálite] que cuando decidió ya no seguir en comunidad, prefirió abrir sus cartas para no tener que irse por la puerta falsa. Me dijo que eso sólo tuvo como consecuencia seis penosos meses de discernimiento forzado, que conllevaron mucho sufrimiento. Y considera que [esa persona] no es de los que se han querido sumar al corro de críticas de algunos ex miembros.

[…] Conozco a personas que no han tenido reparos en hacerme daño. Yo siempre he tenido reparos en hacerle daño a quien sea, incluso a quienes me han perjudicado. No sé si será debilidad, pero a veces siento más que nada compasión por esas personas, pues presiento en ellas fracaso e infelicidad personal, y me resulta imposible devolverles odio por lo que me han hecho. Tendría que violentarme a mí mismo para hacerlo.

Para finalizar, te mando un enlace, donde se pone fragmentos de una carta del P. Yves Congar, en la cual relata parte de su dolorosa experiencia como teólogo:

http://www.opuslibros.org/libros/Lavoz/capitulo_7.htm

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A raíz de este intercambio epistolar, Manuel publicó la siguiente entrada en su blog:

miércoles, 21 de enero de 2009

¿Profecía o institución?

Mantengo un ya largo intercambio epistolar con un querido amigo que hace una serie de críticas a la institución religiosa de la cual participo hace más de veinte años. Es decir —y lo digo sin la más mínima ironía— hace de profeta. Y lo hace muy bien. Me ha tocado el papel de defensor en esta polémica. Es decir: hago de institución. Y no sé si muy bien. Eso no importa.

Lo que quería decir es que ambas son dos tareas esenciales en la vida de la Iglesia. Dos carismas por usar la expresión paulina. Por un lado está la fidelidad a Dios en la institución que Él ha suscitado en un determinado momento de la historia. En el fondo es fidelidad a la propia experiencia de Él que en algún momento y a pesar de todas las debilidades de las personas que formamos la Iglesia nos ha llamado a colaborar en esa determinada parcela eclesial. Por eso existen muchos carismas y fundaciones en la Iglesia.

Del otro lado está la tarea del que, viendo de fuera, critica a la institución. En el fondo es también fidelidad a su propia experiencia de Dios a Quien por diversas y complejas razones ha encontrado mejor fuera que dentro. Debe ser fiel, seguir diciendo lo que tiene que decir y probablemente resistir una serie de injusticias en contra de él.

Si alguna de las dos tareas se desgaja del Amor de Dios tenemos una traición. En el primer caso se produce un fariseísmo y una idolatría de la institución que contradice la ley del Amor. En el segundo caso, se produce el afán neurótico y soberbio de disidencia que encierra al profeta en la amargura estéril. Como siempre, Dios es el único garante de la fidelidad y la oración el único camino para encontrarnos con Él en la vida diaria. Me atrevo a citar algunos ejemplos de ambas tareas realizadas en auténtica fidelidad: Juan Pablo II, Henri de Lubac, Yves Congar, Ratzinger…

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Sé que Manuel sufrió mucho cuando se hizo público en febrero de 2011 que el ya fallecido Vicario General del Sodalicio, Germán Doig, había cometido abusos sexuales en perjuicio de jóvenes que estaban bajo su responsabilidad. Yo también me sentí afectado, más aún por la gran estima que le tenía —y aún le tengo— a alguien a quien conocí personalmente y con el cual compartí comida y techo. Sin negar por eso la gravedad de los delitos cometidos.

Cuando ese mismo año un diario peruano dio a conocer una denuncia que había contra Luis Fernando Figari, fundador del Sodalicio ([ver http://diario16.pe/noticia/8687-denuncian-a-fundador-del-sodalicio-vida-cristiana-por-abuso-sexual), creí conveniente volver a escribirle a Manuel para comunicarle las reflexiones que habían suscitado en mí los últimos acontecimientos.

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Kirrweiler, 30 de agosto de 2011

Hola, Manuel:

¿Cómo estás? Sospecho que las cosas no deben estar yendo muy bien. Sobre todo ahora que se ha comenzado a dar a conocer lo que pudo haber hecho Luis Fernando. Porque no es cuestión de creer o no creer. Lo que he leído junto con lo que me han contado otras personas me hacen pensar que la acusación es sólida. Y eso es sólo la punta del iceberg. He tenido sospechas desde que salió a luz el caso de Daniel Murguía, y éstas se han acentuado cuando se reveló lo de Germán Doig, que no es en realidad la manzana podrida que han querido presentar. Sigo creyendo que era un hombre bueno con una faceta oscura y pervertida —¿quién no la tiene en mayor o menor grado?—, pero a la vez intuyo que fue víctima, como lo pudo haber sido también Daniel Murguía. Y hay otras víctimas que han callado durante mucho tiempo, algunas han perdido la fe, otras la han mantenido, otras simplemente han querido cubrir con el manto del olvido lo que han vivido. Yo no estoy entre esas víctimas, Manuel; lo único que sentí que fueron violados durante mucho tiempo fueron mi libertad y mi talento. Al final pude salvaguardar ambos, pero me convertí en una especie de paria a quien designaban como el “loco”, el “rayado”, y fui relegado a una especie de destierro tácito.

Lo que está pasando tiene muchas semejanzas con los Legionarios de Cristo, aunque no creo que Luis Fernando sea igual que Maciel. Me refiero a que las primeras víctimas [de Maciel] hicieron llegar sus denuncias por la vía oficial, y la cosa se estancó. Fue entonces que acudieron a la prensa, y la cosa comenzó a avanzar, no sin que los tildaran de calumniadores y falsarios. Sospecho que en el caso de la denuncia contra Luis Fernando ésta se ha quedado estancada en el arzobispado de Lima —sabemos que Cipriani es amigo del Sodalicio—, y la víctima ha creído conveniente hacérselo partícipe a la prensa. Y la reacción de la gente vinculada al Sodalicio ha sido en general la de señalar todo eso como falsedades. Casi nadie ha abierto una rendija a esta simple pregunta: ¿no podría ser cierto? Si pasó con Germán Doig, ¿por qué no con Luis Fernando? Más aún cuando lo que se cuenta en la denuncia no llega ni siquiera al nivel de un acto sexual con todas sus letras. Lo que se indica es bien moderado en comparación con lo que se contó de Germán Doig.

No creo equivocarme al decir que el Sodalicio va a la deriva. Han tenido que desterrar la memoria de quien iba a ser su modelo de santidad. Y ahora no saben cómo manejar lo que se viene con esta denuncia, que aún debe ser investigada. Te confieso que me preocupa lo que está pasando con el Sodalicio, no tanto por la institución —que si está al garete y se hunde, ni me va ni me viene—, sino más bien me preocupa la gente que se va a ver afectada. Hay allí quienes no ven otra manera de pertenecer a la Iglesia y participar de ella si no es a través del Sodalicio. Viven cobijados en ese mundo, y los otros católicos les son en gran medida ajenos. Hay gente también que vive de la ilusión de un ejército camino a la santidad, y tiene la mente bloqueada como para aceptar una fuerte dosis de realidad. Y están quienes […] han entregado su vida a la institución, algunos de ellos no tienen estudios, la mayoría carece de experiencia profesional, y tendrían que comenzar prácticamente desde cero en caso de que haya un hundimiento. Yo más bien espero que haya una reforma a fondo. Porque que algo se viene, se viene. La Santa Sede no puede demorarse en intervenir, pues corre el riesgo de seguir alimentando su mala fama de encubridora de religiosos de cuestionable reputación y perverso proceder.

Lo que me hace desconfiar de la palabra de Luis Fernando y gente cercana a él es que siempre han dicho públicamente que lo que contó [José Enrique] Escardó en sus famosos artículos y Pedro Salinas en su novela no es cierto, cuando yo sé con toda certeza que absolutamente todo lo que narraron es real o tiene un correlato en la realidad. Independientemente de que Salinas sea un agnóstico y Escardó un ateo declarado. En el Sodalicio siempre ha habido una versión oficial para cosas que han ocurrido, y luego uno se entera de que las cosas ocurrieron de manera distinta a como te las contaron.

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Desde entonces, mucha agua ha corrido bajo el puente.

De mis acercamientos al movimiento Schönstatt nos quedó en casa la hermosa costumbre de recibir una vez por mes a la Virgen Peregrina, una imagen de Santa María que va rotando de casa en casa entre un círculo de amigas del cual forma parte mi mujer.

De Luis Fernando no se conoce su paradero oficial, aunque la cúpula sodálite debe saber muy bien dónde se encuentra, cuál es su verdadero estado de salud y cuáles son los verdaderos motivos que lo llevaron a renunciar al puesto de Superior General. Es probable que aquello que sabemos de él sea sólo la punta del iceberg.

Manuel ha dejado de escribir sobre estos temas para dedicarse a asuntos más neutros y anodinos. Pero sé que su corazón sigue comprometido con la verdad, aunque ello implique sufrimientos y contrariedades. Y estoy convencido de que en personas como Manuel se halla la esperanza de que el Sodalicio realice los cambios que tenga que hacer, para ponerse de manera más humilde al servicio de todos los fieles que forman parte del Pueblo de Dios. Sin excepciones. Sin distinciones. Y sin actitudes triunfalistas.

Quiera Dios que haya en la institución más personas como Manuel que se entreguen a esta tarea sin miedo y con la audacia que da el auténtico amor. Para que salga a relucir la verdad que hace libre. «Pues no hay nada oculto que no haya de ser manifiesto, ni secreto que no haya de ser conocido y salga a la luz» (Lucas 8, 17).

SOMBRAS DEL PASADO

Reunión de antiguos sodálites en Chincha, Perú (julio 2015)

Reunión de antiguos sodálites en Chincha, Perú (julio 2015)

Como ya he relatado en algunas entradas de este blog, lo que gatilló en mí un proceso de reflexión y maduración que terminó en el año 2008 en mi decisión de apartarme del Sodalicio de Vida Cristiana, fue la inexplicable “expulsión” —dada a conocer públicamente en el Movimiento de Vida Cristiana— de Germán McKenzie, entonces Vicario General del Sodalicio, y la detención de Daniel Murguía, sodálite perteneciente al círculo cercano del entonces Superior General Luis Fernando Figari, cuando estaba fotografiando a un niño de la calle desnudo en un motel del centro de Lima. Ambos hechos ocurrieron en octubre de 2007.

De alguna manera, la interpretación que yo tenía hasta ese momento de los casi 30 años de mi vida transcurridos en el Sodalicio saltó en pedazos, y fue entonces que durante meses traté de reunir las piezas para volver a armar el cuadro. La decisión de desvincularme de una institución que había modelado prácticamente mi existencia no fue cosa de un momento, sino un proceso doloroso que se extendió a lo largo de varios meses, mientras trataba de armar nuevamente el rompecabezas, sabiendo que me abocaba a una tarea casi imposible, pues hasta el día de hoy siento que faltan piezas.

A lo largo del 2008, me dediqué a la tarea de ordenar mis recuerdos de lo que había sido mi experiencia sodálite, poniendo mis reflexiones por escrito. Es así que llegué a redactar cuatro textos, que me sirvieron personalmente para procesar la crisis por la que estaba pasando y plantearme cómo debía entender mi inserción en la Iglesia católica. Pues mi fe se mantuvo firme y sobrevivió a la tempestad, lo cual no ha ocurrido con otra personas que pasaron por experiencias similares. Estos cuatro escritos son los siguientes:

En un principio no tuve la intención de publicarlos. En los años 2009 y 2010 los compartí con algunas personas amigas en privado, a fin de saber su opinión, si lo que yo había plasmado en esos textos eran simplemente desvaríos de un loco desquiciado o si mi análisis tenía sustento en la realidad. Gracias a algunos comentarios fui corrigiendo los textos, llegando a la conclusión de que los problemas que yo percibía en el Sodalicio eran reales y preocupantes. Algo así como una bomba de tiempo que en el algún momento les iba a estallar en la cara.

Sólo cuando mis intentos de comunicar estas cosas al Sodalicio mismo fracasaron, cuando los abusos de Germán Doig fueron considerados oficialmente como una caso aislado —lo cual implicaba que en el Sodalicio no iba a haber una autocrítica institucional— y cuando constaté que la prensa secular no mostraba tener un conocimiento adecuado de la institución ni de la forma de ser de los sodálites, sólo entonces fue que decidí hacer pública esa información en este blog, que inicié a fines del año 2012, tras haber evaluado durante meses la situación. Se me presentaba como un deber de conciencia y como un acto de responsabilidad frente a todos aquellos que habían sido víctimas o que habían padecido sufrimientos debido a los graves problemas que aquejaban al Sodalicio.

De los cuatro textos que redacté, los primeros tres fueron publicados en mi blog con algunos cambios, correcciones y omitiendo alguna que otra información demasiado comprometedora o de carácter confidencial. Del cuarto texto he publicado algunos párrafos en la entrada FANTASMAS DEL SODALICIO.

Entre octubre de 2007 y noviembre de 2012 habían pasado cinco años, en que la lucha con mis fantasmas interiores había sido el pan de cada día, pero lo cual me permitió adquirir una libertad de conciencia como nunca la había tenido. Lo cual agradezco también a los pocos amigos que tuvieron el valor de escucharme y comunicarme sus opiniones francas y sinceras, a veces coincidentes con mis reflexiones, otra veces discrepantes.

En varios de los e-mails que escribí durante esos años he encontrado reflexiones mías que quiero rescatar por la frescura e inmediatez que transmiten, y porque son testimonio del proceso de maduración que me llevó a escribir largo y tendido sobre el Sodalicio de Vida Cristiana.

No voy a publicar los e-mails que me enviaron las personas con las que mantuve estos intercambios epistolares, pues muchos de los contenidos tienen carácter privado y confidencial, sino solamente lo que yo escribí, omitiendo por supuesto toda información de carácter exclusivamente privado.

Por ejemplo, el 13 de agosto de 2010 les envié a varios amigos un e-mail con un texto homenajeando a Eduardo Gildemeister, quien había fallecido hace poco, texto que reproduzco parcialmente en CARTA A UN AMIGO DESCONOCIDO. En el e-mail original se dice que yo había compuesto varias canciones dedicadas a otros seres queridos, «pero en esos tiempos me topé con la indiferencia de quienes habían comenzado a tener en menos mi música, y nunca recibieron difusión».

El 16 de agosto un amigo me escribió, diciéndome que no había necesidad de terminar mi misiva de esa manera y que ya era el momento de perdonar, que me reconciliara con el pasado, que no omitiera hacer bien dejando de transmitir una visión esperanzada y que renovara mi afán de santidad. «Yo te quiero pedir que no hagas más referencias a sombras del pasado que no hacen sino envolver ese don con un papel de regalo que lo desmerece».

El 17 de agosto le respondí lo que sigue a continuación. Se ha de tener en cuenta que todavía no se sabía nada sobre los abusos cometidos por Germán Doig.

Te agradezco tu preocupación, pero la cosa es mucho más compleja de lo que me planteas. No es la primera vez que alguien me habla de la necesidad de reconciliarme, partiendo del supuesto de que tengo problemas relacionados con un pasado no asimilado. La verdad del asunto es que ahora comprendo mucho mejor mi pasado —aunque todavía me falten piezas del rompecabezas— y, gracias a ello, mi fe está firme y anclada en Jesucristo y su Iglesia, con mayor libertad.

¿Piensas que no he perdonado, sólo porque menciono un hecho que es cierto, incluso teniendo la delicadeza de no mencionar nombres ni apellidos? Si deseas que te mencione a alguien, te puedo mencionar a Luis Fernando, a quien en ese entonces le entregué en la mano un cassette con composiciones recientes mías, y no recibí ninguna respuesta, ningún comentario, ni siquiera de alguno de sus subordinados. Ni las gracias… […]

No creo que la reconciliación consista en tapar con un manto de olvido las páginas incómodas del pasado. Eso no funciona. Tarde o temprano el pasado termina por pasar factura, como ha ocurrido con los Legionarios de Cristo y con los casos de pederastia que han ido saliendo a la luz en la Iglesia. El Sodalicio ha estado tapando su pasado sin procesarlo debidamente, sin mirarle a la cara. Podríamos decir que el Sodalicio no se ha reconciliado con su propia historia. ¿Te imaginas más adelante que alguien saque al descubierto, de manera documentada, las vinculaciones del Sodalicio con la ideología falangista (el fascismo español) o con grupos de ultraderecha de México y Argentina, que también las hubo? ¿O que se documente los abusos de autoridad y manipulación de conciencias que durante algún tiempo se practicaron —y que todavía podrían seguir dándose—? El asunto no es como para tomarlo a la ligera.

Mira esta noticia sobre el instituto de vida consagrada Miles Jesu (que significa “Milicia de Jesús”):

http://www.periodistadigital.com/religion/mundo/2010/07/30/fundador-miles-jesu-abusos-autoridad-iglesia-comisario-vaticano-religion.shtml

Así como se ha intervenido este instituto, se ha intervenido también a los Legionarios de Cristo —por razones que ya todos conocemos—, a Lumen Dei y se viene una intervención del Instituto del Verbo Encarnado, todas ellas asociaciones que tienen más de un punto en común con el Sodalicio. Como anécdota, esta noticia no ha sido publicada en ACI Prensa —por razones obvias—. […]

El pasado siempre nos acompaña. La cuestión es cómo lo tomamos: como un compañero a quien le miramos a la cara para comprendernos a nosotros mismos y aprender de los errores, o como una sombra que nos recuerda cosas que queremos olvidar y que escondemos debajo de la mesa. Si lo enterramos, saldrá a buscarnos y se convertirá en una pesadilla fantasmal.

Por todo lo dicho, creo que lo de la reconciliación es algo que ya no está en mis manos. Yo he hecho lo posible, nunca cerrándome al diálogo. Mantengo una buena comunicación con Manuel Rodríguez, por ejemplo. A quien me ha escrito, le he respondido con franqueza. Pero hay otras personas que o no se han atrevido a comunicarse conmigo, o no han tenido las ganas de hacerlo, o han recibido órdenes de ignorarme. No sé si cabe alguna posibilidad más. […]

¿Crees que hubo alguna vez interés de interpretar mis canciones posteriores a mi salida de comunidad? He compuesto incluso una Misa casi completa (“Misa de Cuerpo y Sangre Presente”). Pues no creo que haya habido interés. Ni creo que lo haya ahora.

Por otra parte, no se puede transmitir una visión esperanzada a través de medias verdades, omitiendo realidades incómodas o problemáticas. A la larga, este tipo de ilusiones se derrumban a ojos de la gente. El hacer el bien no puede basarse sobre una verdad maquillada y edulcorada, pues tarde o temprano revelaría su falsedad. Por eso mismo, no entiendo tus alusiones a la “omisión de hacer el bien”. Siempre he buscado hablar con el corazón con la mano. Y siento que logro mejor ese objetivo desde que mi lenguaje no está bajo la mediación de una ideología religiosa determinada.

¿Respecto a la santidad? Hay que tener cuidado. Es algo que se te escapa de las manos cuando piensas demasiado en ella, pues puede convertirse en una búsqueda egocéntrica de la propia perfección —lo cual es todo lo contrario de la santidad—. Es un don de Dios. Para recibirlo no hay que darle tantas vueltas ni traerla continuamente a la mente, sino simplemente buscar seguir tras las huellas de Jesús en esta vida, con toda sencillez y naturalidad, asumiendo que nada de lo humano nos es ajeno —como no lo fue para el Hijo de Dios—. Y recordar que la Iglesia enseña que nadie puede tener nunca personalmente la seguridad de estar en estado de gracia.

Bueno, aquí te mando estas reflexiones. Sé que están incompletas y que hay mucho más que tallar. Pero poco a poco…

Te mando un fuerte abrazo y no dudo de tus buenas intenciones.

Saludos

Martin

EL SAQUEO DE LOS PAÍSES POBRES

paises_ricos_paises_pobresUno de los axiomas del capitalismo neoliberal es la “teoría del chorreo”. Es decir, que mientras más facilidades se les ponga a los dueños del capital para que inviertan su dinero y obtengan jugosas ganancias, mejor para toda la sociedad, que se beneficiará con la creación de puestos de trabajo y con el bienestar que fluirá naturalmente de los bolsillos de los más ricos hacia los que menos tienen. Una flagrante mentira. Un mito jamás sustentado por los hechos, ni siquiera a nivel internacional.

The State of Finance for Developing Countries, 2014, un reciente estudio de Eurodad, una red que reúne a 49 organizaciones no gubernamentales de 19 países europeos, ha establecido que en el año 2012 hubo un flujo de 1078 billones de dólares de los países ricos hacia los pobres, mientras que en dirección contraria se transfirieron 2009 billones de dólares. Es decir, que por cada dólar suministrado por los países ricos a los pobres, éstos perdieron dos dólares a beneficio de los países ricos.

Mientras que de los países ricos provinieron fondos en inversión extranjera, remesas de migrantes y, en menor medida, ayuda para el desarrollo, papeles valores, obras caritativas y otros, de los países pobres salieron fondos en flujos ilegales (producto de actividades ilegales o ligadas a la evasión de impuestos), préstamos a los países ricos, ganancias obtenidas por inversionistas extranjeros y, en menor grado, intereses debidos por deuda externa.

El mundo está al revés. Los países pobres están prácticamente financiando a los ricos. Si este saqueo continúa, la brecha entre ellos será cada vez más grande. Una prueba más de la condición criminal del sistema capitalista actual.

(Columna publicada en Exitosa el 5 de agosto de 2015)

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FUENTES

Eurodad (European Network on Debt and Development)
The State of Finance for Developing Countries, 2014
http://www.eurodad.org/Entries/view/1546315/2014/12/15/The-State-of-Finance-for-Developing-Countries-2014

taz.de
Arm finanziert Reich (17.7.2015)
http://www.taz.de/!5213683/

ATTAC España
La teoría del chorreo (7 de octubre 2012)
http://www.attac.es/2012/10/07/la-teoria-del-chorreo/