LA HOMOSEXUALIDAD, EL SODALICIO Y LA IGLESIA CATÓLICA

jesus_bandera_gay

Hace algún tiempo un joven periodista gay peruano, habiendo leído algunos artículos míos en que abordaba el tema de la homosexualidad, se puso en contacto conmigo para solicitarme una entrevista sobre el tema, pidiéndome que hablara también sobre el Sodalicio y la actual enseñanza oficial de la Iglesia católica al respecto. Accedí gustosamente a este pedido, pues uno de los problemas que se da actualmente consiste en que casi ningún representante de la Iglesia católica ha entrado en diálogo con los homosexuales considerándolos como interlocutores válidos.

La doctrina católica sobre la homosexualidad —que no es dogma de fe— se basa sobre una interpretación fundamentalista de algunos textos bíblicos —sin hacer un análisis detallado del contexto en que se escribieron— y sobre un concepto de ley natural que cree conocer a fondo la naturaleza humana, discrepando —cuando lo considera conveniente— de los resultados verificables a los que llegan las disciplinas científicas. De modo que cuando la psicología moderna concluye que la homosexualidad no es un trastorno ni desorden ni síndrome ni nada por el estilo, ni mucho menos impide el sano desarrollo humano de una persona, muchos cristianos fundamentalistas, en vez de reflexionar sobre este dato y tratar de profundizar en él a la luz de los principios morales del Evangelio, sacan a relucir su espada para condenar esta conclusión, y de paso a todos aquellas personas que tienen una tendencia homosexual, la cual ellos mismos no han elegido. Y de este modo, omiten poner en práctica las mismas palabras de Jesús, quien dijo: «No juzguéis, para que no seáis juzgados, porque con el juicio con que juzgáis seréis juzgados, y con la medida con que medís se os medirá» (Mateo 7,1-3). Se trata del mismo Jesús que acoge en sus brazos a todos los seres humanos sin distinción.

Reproduzco aquí la entrevista que fue publicada en el blog La Revista Diversa el 5 de septiembre de este año (ver http://larevistadiversa.blogspot.de/2016/09/entrevista-martin-scheuch.html). Aclaro que sólo se trata de unas reflexiones y cuestionamientos efectuadas en ejercicio de la ley de la libertad que nos trae Cristo (ver Santiago 2, 12-13), sin pretender llegar a conclusiones definitivas, sino con la intención de promover una reflexión más profunda a nivel de Iglesia sobre la homosexualidad, pues lo que enseña el Catecismo de la Iglesia Católica (nn. 2357-2359) resulta —a la luz de las investigaciones científicas— insuficiente a todas vistas y no puede ser considerado en conciencia como una enseñanza completa y definitiva, requiriendo de un desarrollo ulterior.

________________________________________

¿Cómo surge este interés por escribir acerca del tema de la homosexualidad dentro de la iglesia Católica, a raíz de los casos del Sodalicio?

Yo me he ido enterando de los abusos sexuales en época muy tardía, porque no tuve conocimiento de eso en la época en que pertenecí al Sodalicio, y entre las víctimas se encuentran algunas personas que yo conocí personalmente y que no sabía en ese momento que eran gays. Incluso viví con uno de ellos en una comunidad. Y las recuerdo como personas muy correctas, sinceras y que trataron de vivir su vida cristiana de la mejor forma posible como laicos consagrados dentro de la moral sexual de la Iglesia Católica. En el Sodalicio siempre ha habido un discurso homofóbico —lo tenían Luis Fernando Figari y Germán Doig—, es decir, que la homosexualidad era una especie de síndrome psicológico y, por lo tanto, era algo que debía ser tratada de forma terapéutica y que podía ser curada. Esa continúa siendo la posición del portal católico ACI Prensa, dirigido por el sodálite Alejandro Bermúdez. Yo hablé personalmente con dos de las víctimas, que habían tratado de no manifestar su homosexualidad pero se habían dado de cabeza contra la pared porque era algo que no iban a poder cambiar, y que habían llegado a la conclusión de que la única forma de poder vivir en paz consigo mismos era aceptando su condición.

La posición oficial de la Iglesia Católica sigue condenando la homosexualidad —o por lo menos los actos homosexuales— como un pecado, ¿cierto?

La Iglesia Católica ha suavizado su postura desde la época en que la homosexualidad era considerada una aberración, hasta el momento actual en que no la señala como algo intrínsecamente pecaminoso, por lo cual el hecho mismo de ser homosexual no debe llevar a una discriminación de la persona. Pero sigue insistiendo en que los actos homosexuales, como tú lo dices, sí son pecado; por lo tanto, se les exige a los gays vivir en celibato.

Casi como ser eunucos o no tener sexualidad, y eso es lo que dice el Catecismo de la Iglesia Católica.

A mí no me gusta lo que dice el Catecismo, porque infiere que las personas homosexuales tienen un problema, una tara, y no habla de tratar con igualdad a los homosexuales, aunque sí con respeto, compasión y delicadeza. Por otra parte, no tengo una explicación de dónde viene la homosexualidad, y comparto lo que dice la Iglesia Católica en que su origen continúa siendo desconocido. Sabemos que la psicología señala que es una orientación sexual que no debería impedir el normal desarrollo de la persona que es gay o lesbiana.

Y a esto se añade el tema reproductivo dentro de la sexualidad humana.

Es otro punto por el cual la Iglesia Católica condena la relación sexual de dos hombres o dos mujeres: porque no pueden alcanzar ese fin, a diferencia de un hombre y una mujer. Pero ese fin puede faltar si existiera una imposibilidad de concebir. La formulación católica actual dice que todo acto sexual debe estar abierto a la vida, lo cual también es un problema, porque el acto sexual no sólo cumple una función procreativa, sino también de unión amorosa, goce, satisfacción y, por supuesto, el intercambio de fluidos favorece el sistema inmunológico, lo cual está demostrado científicamente.

De otro lado, uno de los rasgos de la sexualidad humana ha sido a lo largo de la historia también la búsqueda de la belleza.

Dentro del mundo católico existen algunos ejemplos de relación entre homosexualidad y belleza. Al respecto te puedo mencionar tres casos. Por ejemplo, el director de cine Franco Zeffirelli, quien dirigió Hermano Sol, Hermana Luna y Jesús de Nazaret es homosexual. Él lo ha reconocido públicamente, sin embargo lo ha tratado de forma discreta, sin demasiada publicidad, ni tampoco ha luchado por los derechos gay. Pero me pregunto si la belleza que encontramos en sus películas no se alimenta del hecho que sea gay. El otro ejemplo es el del escritor estadounidense Julien Green, que vivió en Francia y escribió en francés. En su obra está siempre presente el sentido de la culpa en relación al tema homosexual, pero desde una perspectiva más espiritual que corporal. Describe el enamoramiento platónico entre hombres. Y el tercer ejemplo es el escritor belga Maxence van der Meersch, quien escribió sobre el movimiento obrero católico francés en los años ‘30 en su novela El coraje de vivir, que era un libro de lectura obligada en el Sodalicio. Su última novela, que fue publicada póstumamente, es La máscara de carne, trata el tema de la homosexualidad. Describe allí la experiencia de un homosexual católico que tiene fe y trata de ser santo, pero se siente atraído por otros hombres como él. Al final se da cuenta que no puede cambiar su orientación, porque la homosexualidad no es algo que se pueda o deba combatir, es algo que forma parte de la persona, y aún así considera que personalmente todavía tiene madera para llegar a ser santo.

Al inicio de nuestra conversación mencionaste que las personas heterosexuales que rechazan o condenan la homosexualidad nunca se han preguntado acaso todo lo que vive una persona gay o lesbiana. Es la falta de empatía hacia el otro, lo mismo que observamos en la Iglesia católica.

Esta visión proviene de actitudes fundamentalistas. Hasta hace poco la mayoría de cargos importantes estaban en su mayoría en manos de clérigos muy conservadores, pegados al pie de la letra, que piensan que los textos doctrinales son igual de válidos para todos los tiempos, sin abrir la posibilidad de una reflexión y una evolución doctrinal. Y la evolución pasa por que se vaya profundizando el mensaje que nos ha revelado Cristo. En el caso del Perú existen sectores muy radicales. Un ejemplo muy claro es el cardenal Juan Luis Cipriani.

¿Cuál es la posición del Papa? A algunos católicos progresistas les encanta lo que dice al respecto e igualmente a algunos gays.

El tema es muy sensible. La Iglesia Católica considera que el matrimonio es tan sólo entre un hombre y una mujer. La propuesta de unión civil no implicaba una equivalencia con el matrimonio. Ahora, el miedo frente a la unión civil es que pueda llegar a ser la puerta hacia el matrimonio igualitario.

Y tú sabes que ahora lo que se pide es el matrimonio igualitario…

El problema con los fundamentalistas es que quieren que la ley civil se ajuste a la ley moral, donde rige todavía la Iglesia católica, y eso es peligroso. La moral busca el bien de la persona, la sociedad y la ley buscan el bien común. Las parejas del mismo sexo tienen el derecho a la igualdad ante la ley. Con respecto a la adopción no tengo una opinión definida, no estoy ni a favor ni en contra. Pero se ha demostrado, por ejemplo, que muchas parejas homosexuales han adoptado hijos y éstos han salido heterosexuales. No han buscado imponer su sexualidad, porque el descubrimiento de la identidad sexual se da de forma natural e individual.

En el tema de los curas gay dentro de la Iglesia Católica, David Berger habla de un gran número, entre 20 a 25 por ciento.

Lo más alarmante es que la cantidad de sacerdotes que observan el celibato es mucho más reducido.

Lo cual significa que se ejerce la actividad sexual dentro de la Iglesia Católica. Me pregunto: ¿por qué muchos chicos gays quieren estar en ese ambiente católico sabiendo que existe esta condena moral y religiosa?

Quien siendo gay se mete, piensa y quiere seguir la vocación sacerdotal, por ejemplo, cree que va a poder dejar al margen su sexualidad y llevar una especie de vida asexual, quedando el tema solucionado de esta manera. Lo mira como un camino de redención. El problema es que la mayoría que hacen su promesa de celibato tienen el propósito de cumplirlo, pero luego descubren que no poseen la capacidad de hacerlo. Y entran en una espiral infernal, caen repetidas veces, pero piensan que mientras lo mantengan en secreto, todo irá bien. Creo que una gran mayoría de clérigos tiene un conflicto interior, en la medida que esté oculto. No todos los sacerdotes están llamados a vivir en celibato, esto debería ser opcional.

¿Entonces la Iglesia Católica sabe quienes son los sacerdotes gay?

Muchos obispos lo saben. En el Sodalicio de Vida Cristiana también pasaba lo mismo: algunos superiores lo sabían. Pero mientras ellos permanecieran dentro del clóset, no ocurría nada.

¿Luis Fernando Figari sabía quien era o no gay dentro del Sodalicio?

Parece que sí lo sabía. Y si sospechaban que alguien lo era, lo ponían a prueba como en los casos que has leído en el libro Mitad monjes, mitad soldados, a fin de averiguarlo.

¿Tú nunca hubieras imaginado que Luis Fernando Figari fuera gay?

No. Y sin embargo hubo por ahí algún padre de familia que sí sospechó que Luis Fernando fuera homosexual. Recuerdo un comentario de mi madre que me dijo que tuviera cuidado, que se puede tratar de una secta donde hay maricones (ese era el lenguaje que se usaba por aquellos días). Yo compartía los mismos referentes.

Y felizmente que esto no te marcó de forma tal que luego con el tiempo no hayas desarrollado una empatía hacia el tema. Tú sabes que las personas que no se comunican se enferman, porque no pueden expresar lo que piensan, y eso ha sido una constante en muchas personas gay.

De hecho que sí. La iglesia le coloca el rótulo de origen desconocido, que deben ser tratados con respeto, delicadeza, deben ser integrados a la vida de la parroquia, pero condena el acto homosexual. Ahora bien, el acto homosexual es en sí mismo de carácter privado, y debería ser tratado en el confesionario.

Es como decirle a alguien: sé media persona, no completa. Y está ese morbo o fijación de la Iglesia católica con el sexo y la forma en que juzga la práctica carnal de dos hombres.

No sé por qué razones la iglesia tiene que estar indagando si alguien realiza el acto homosexual, porque eso debe tratarse en el confesionario y el sacerdote está allí para ver cómo ayuda a la persona. Por ejemplo, también se condena la práctica de la masturbación, un acto privado, porque no está abierta a la vida. Pero se tiene más tolerancia hacia este acto y no se discrimina a los masturbadores, indicando que deben recibir un trato especial con respeto, compasión y delicadeza. Yo no entiendo la marginación de los gays. No conozco ningún homosexual que haya tratado de convertir a un heterosexual en homosexual, pero si a heterosexuales que han tratado de convertir a los gays en lo que ellos llaman personas “normales”.

¿Qué crees que debe cambiar en la Iglesia católica respecto a la homosexualidad?

Creo, en primer lugar, que la moral del acto sexual no debe estar reducida al matrimonio, pues sabemos que los jóvenes practican el sexo y también algunos experimentan en la homosexualidad. Tú sabes que Klaus Mertes, jesuita alemán que en 2010 puso en el candelero el tema de los abusos sexuales en instituciones educativas católicas por primera vez en Alemania. Al final llegó a la conclusión de que dos sacerdotes del Colegio Canisio de Berlín, un colegio jesuita de élite, habían abusado de por lo menos cien alumnos. Él les escribió una carta a todos alumnos de esa promoción para pedirles perdón por lo que pudiera haber pasado pasado. Eso fue el destape. Mertes considera, entre las causas contextuales para que haya abusos de este tipo, la estructura de poder de la Iglesia Católica y la moral sexual, que requiere ser revisada. Mertes, en uno de sus libros, cuenta como un sacerdote de su comunidad se acercó a él para decirle: «Mira, yo soy homosexual y nunca he abusado de nadie». Él lo apoyo porque hacía una buena labor pastoral, pero no otros sacerdotes de la comunidad. El problema está en que se pasa por alto todos los estudios y descubrimientos que ha hecho la psicología moderna. Entonces la imagen que genera la misma Iglesia católica es la de ser una institución retrógrada que no quiere entrar en diálogo con la ciencia. Pero hay sacerdotes que están buscando una apertura. Siempre hay algún clérigo que decide optar por la persona y no por una doctrina que perjudique a la persona.

¿Cómo crees que la Iglesia católica deberían cambiar su actitud respecto a la homosexualidad y defender finalmente los derechos humanos de personas que en miles de casos han sufrido de odio, violencia, tortura, persecución, crímenes de odio y muerte?

No sé cómo lograr estos cambios, especialmente en sociedades donde una fuerte actitud homofóbica va unida a una interpretación fundamentalista y restrictiva de la fe cristiana. En todo caso, una buena señal sería que en las diferentes diócesis se implemente un trabajo pastoral con personas homosexuales, como recomendaba ya en 1986 una carta de la Congregación para la Doctrina de la Fe. Y el primer paso sería que los mismos obispos convoquen a homosexuales católicos que quieran participar de la vida de la Iglesia a una reunión para escuchar sus inquietudes y mostrarles que la Iglesia está con ellos. O si no quieren hacer esto ellos directamente, pueden designar a algunos sacerdotes para que lo hagan en su nombre. Eso sería algo muy hermoso, pero lamentablemente creo que todavía estamos muy lejos de ello.

EL PAPA FRANCISCO A FAVOR DEL ESTADO LAICO

papa_francisco_con_periodistas_de_la_croix

El Papa Francisco con los periodistas Guillaume Goubert y Sébastien Maillard del diario La Croix

«Los Estados deben ser laicos. Los Estados confesionales acaban mal. Eso va a contracorriente de la historia». Son palabras del Papa Francisco en la entrevista que le concedió el 9 de mayo al diario francés La Croix.

Pero un derecho fundamental que debe respetar todo Estado laico es la libertad religiosa. «Yo creo que una versión del laicismo acompañada de una ley sólida que garantice la libertad de religión ofrece un marco para ir hacia adelante. […] cada uno debe tener la libertad de expresar la propia fe».

Y si bien «es el Parlamento quien discute, argumenta, explica, razona» y aprueba las leyes, el Papa añade que «el derecho a la objeción de conciencia debe ser reconocido al interior de cada estructura jurídica, porque es un derecho humano«».

Para Francisco «el sistema económico mundial […] ha caído en la idolatría del dinero. El 80% de la riqueza de la humanidad se halla en manos de alrededor del 16% de la población». Sabemos que se refiere al capitalismo neoliberal, pues «un mercado completamente libre no funciona. Los mercados en sí son buenos, pero requieren de un punto de apoyo, un tercero, el Estado, que los controle y equilibre. Eso es lo que llamamos economía social de mercado».

Preguntado sobre la crisis de vocaciones sacerdotales, afirma, poniendo el ejemplo de Corea que durante 200 años fue evangelizada sólo por laicos, que «no se requieren necesariamente sacerdotes para evangelizar». Y que precisamente un gran peligro para la Iglesia es el clericalismo —la postura que centraliza las tareas eclesiales en los clérigos—.

En comparación, el cardenal Cipriani va a contracorriente del Papa. Y de la historia.

(Columna publicada en Exitosa el 21 de mayo de 2016)

________________________________________

La entrevista efectuada por los periodistas Guillaume Goubert y Sébastien Maillard del diario católico La Croix, aunque breve, toca temas fundamentales de actualidad como el terrorismo islámico, Europa y la islamofobia, la integración de los refugiados, el Estado laico y la economía de mercado, las leyes sobre eutanasia y unión civil de homosexuales, el derecho a la objeción de conciencia, la falta de vocaciones sacerdotales, el Sínodo de Familia y la sinodalidad católica.

ACI Prensa, al informar sobre esta entrevista, menciona sólo uno de los últimos temas que se abordó, a saber, la posibilidad del retorno a la comunión eclesial de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X, grupo cismático ultraconservador fundado por el difunto obispo Mons. Marcel Lefebvre.

Resultan sintomáticos los silencios de la agencia de noticias dirigida por el sodálite Alejandro Bermúdez. Aunque no me extraña, pues el informativo tiene una innegable postura islamófoba y ha defendido en el pasado propuestas cercanas a las de un Estado confesional —católico por supuesto, o por lo menos cristiano—, negando el principio de la autonomía de los poderes estatales y apoyando a grupos de presión que se oponen a leyes que no van de acuerdo con su ideología fundamentalista y reaccionaria. Sin mencionar su postura clericalista, que confunde obediencia a los pastores de la Iglesia con adulación, servilismo y falta de actitud crítica.

Para ACI Prensa lo único que vale la pena destacar de las sustanciosas declaraciones del Papa Francisco a La Croix es la posibilidad aún remota de concederle una prelatura personal a los lefebvrianos. Lo cual genera la impresión de que este informativo católico —cuya lectura ha sido siempre recomendada de manera irrestricta en círculos de la Familia Sodálite— se halla más cerca del integrismo retrógrado que del mundo moderno.

________________________________________

FUENTES

La Croix
Entretien exclusif avec le pape François (17/05/2016)
http://www.la-croix.com/Religion/Pape/Entretien-exclusif-avec-le-pape-Francois-2016-05-17-1200760636
INTERVIEW Pope Francis (17/05/2016)
http://www.la-croix.com/Religion/Pape/INTERVIEW-Pope-Francis-2016-05-17-1200760633
EXCLUSIF Interview avec le pape François : l’intégralité (19/05/2016)
http://www.la-croix.com/Religion/Pape/EXCLUSIF-Interview-avec-le-pape-Francois-l-integralite-2016-05-19-1200761289

ZENIT
Entrevista de La Croix al Papa: Islamismo, inmigración, integración y terrorismo (17 mayo 2016)
https://es.zenit.org/articles/la-entrevista-de-la-croix-al-papa-islamismo-inmigracion-integracion-y-terrorismo/
Entrevista de La Croix al Papa: Economía de mercado, eutanasia, objeción de conciencia y laicismo (17 mayo 2016)
https://es.zenit.org/articles/entrevista-de-la-croix-al-papa-economia-de-mercado-eutanasia-objecion-de-conciencia-y-laicismo/

ACI Prensa
Papa Francisco: Prelatura personal sería una posibilidad para lefebvristas (16 mayo 2016)
https://www.aciprensa.com/noticias/papa-francisco-prelatura-personal-seria-una-posibilidad-para-lefebvristas-85492/

LA POBREZA DE LOS SODÁLITES

o_dios_o_el_dinero

Cuando leí en un artículo de Pedro Salinas (ver https://lavozatidebida.lamula.pe/2016/04/28/haciendo-de-nostradamus/pedrosalinas/) que en la Asamblea General del Sodalicio de Vida Cristiana del año 2012 se había reportado en el balance económico de la institución un patrimonio que llegaba a unos 450 millones de dólares, me pregunté en qué momento comenzó a amasarse tamaña fortuna.

Pues en la década de los ’80 el Sodalicio intentó generar ingresos propios a través de iniciativas empresariales que terminaron fracasando por mala gestión:

  • Intellect, una empresa dedicada a la creación de software empresarial, a cargo de José Ambrozic;
  • Editora Latina, una imprenta gestionada por mi hermano Erwin Scheuch;
  • Producciones San José, una productora de medios audiovisuales que tuvo como gerente a Javier Pinto, un sodálite casado, y para la cual también trabajaron otros sodálites casados como Guillermo Ackermann y Gonzalo Valderrama.

En los años ’90 el Sodalicio incursionaría en la formación magisterial con el Instituto Superior Pedagógico (ISP) Nuestra Señora de la Reconciliación, que terminaría cerrando por falta de alumnado debido a estrategias erradas de marketing.

Sin embargo, en lo que sí se tuvo éxito desde un principio fue en la recaudación de donaciones principalmente a través de APRODEA (Asociación Promotora de Apostolado), entidad sin fines de lucro creada en 1978. Es natural que en el Perú, país dominado por oligarquías burguesas católicas y conservadoras, esa actividad tuviera éxito, especialmente si las donaciones iban destinadas a una institución que tenía como tarjeta de presentación su conservadurismo católico de derecha y su elitismo de integrantes de clase alta y clase media pudiente de la burguesía limeña. Las casas donde funcionaban las comunidades del Sodalicio fueron donadas o entregadas para su usufructo siempre y cuando se destinaran a fines religiosos. En 1985, a fines del segundo gobierno de Fernando Belaúnde se obtuvo en donación un extenso terreno, donde se inauguraría en 1987 el Centro Pastoral Nuestra Señora de la Evangelización en el distrito de San Borja. Por lo general, el Sodalicio casi nunca ha pagado un alquiler o una hipoteca por algún inmueble que haya obtenido. Asimismo, APRODEA estuvo muy activa durante el primer gobierno de Alan García (1985-1990), pues las normas legales de entonces beneficiaban a las empresas que hicieran donaciones. Y José Ambrozic, encargado de la asociación en esa época, supo aprovechar muy bien estas circunstancias.

Por otra parte, muy pocos han tenido acceso a la información sobre a cuánto ascendía el patrimonio del Sodalicio, pues se trata de un dato que siempre se ha mantenido en secreto incluso para la gran mayoría de los miembros de la institución, aun cuando varios de ellos hayan contribuido con su trabajo a generar e incrementar este capital.

Más bien, quienes vivíamos el día a día en las comunidades sodálites teníamos la impresión de que las donaciones alcanzaban con las justas para cubrir los gastos, pues el presupuesto asignado semanalmente para alimentos, limpieza y mantenimiento era muy ajustado, al punto de que se comía austeramente y muchas veces los encargados de temporalidades —es decir, de administrar el presupuesto doméstico— tenían que hacer milagros para alimentar satisfactoriamente a toda la tropa.

Yo mismo fui encargado de temporalidades en varias ocasiones, y confieso que había que ser muy creativo para que la comida alcanzara: poner la mitad de carne molida en la salsa roja de los fideos y reemplazar la otra mitad con cebolla, aprovechar los restos de la ensalada para hacer una crema de verduras, hacer con más frecuencia platos rendidores como polenta o arroz chaufa, comprar lengua de vaca en vez de bistec, etcétera. Una vez no me alcanzaron los limones para un jugo hecho a partir de una piña desabrida que se iba a beber en el desayuno, así que le puse un poco de vinagre. Los miembros de la comunidad bebieron gustosamente el jugo, pero después casi me matan al enterarse del ingrediente “secreto” que había añadido.

Para ahorrar, las verduras y frutas no las comprábamos ni en el mercado de la zona ni en supermercados, sino en La Parada y en el Mercado Mayorista de Frutas, en el distrito de La Victoria. Recuerdo que cuando vivía en la comunidad sodálite San Aelred y José Ambrozic era el superior, nos despertábamos los sábados en la madrugada y, en una camioneta con tolva abierta, nos íbamos yo, Ambrozic al volante y otro miembro cualquiera de la comunidad a La Parada. Mientras Ambrozic se quedaba cuidando el vehículo, el otro sodálite y yo, cada uno con un enorme saco de yute y dinero en efectivo en el bolsillo, nos dirigíamos a pie a través de las calles malolientes y regadas de basura hacia el mercado mayorista de verduras, donde nos deteníamos en cada puesto para comprar papas, yucas, camotes, cebollas, zanahorias, tomates, lechugas, coles, etcétera, etcétera, hasta que los sacos estuvieran llenos, pues se necesitaba una ingente cantidad de alimentos para nutrir a una comunidad que solía tener en promedio unos diez integrantes. Luego, con el saco a cuestas, regresábamos entre el tumulto y la algarabía del mercado de esa zona popular hasta el lugar donde nos esperaba Ambrozic. Había que estar siempre alerta, pues esa zona era una de las más peligrosas de Lima.

Una vez, antes de entrar propiamente al mercado, caminando a lo largo de una calle donde algunos ambulantes tempraneros vendían jugo de naranja recién exprimido, panes con jamonada barata y otras viandas para el desayuno en sus carretillas, me adelanté un poco y de pronto me saltó encima una banda de “pirañitas” que me tumbaron en el suelo, a la vez que sentía varias manos que hurgaban en los bolsillos de mi pantalón mientras trataba de defenderme como un gato panza arriba. El otro miembro de la comunidad que venía detrás mío, poseedor de una boca descomunal capaz de albergar una manzana entera, llegó corriendo gritando como si se hubieran desatado las trompetas del Apocalipsis, y los pequeños delincuentes salieron despavoridos, pensando que se les venía encima más de una persona. Por suerte, el dinero lo tenía en un bolsillo de la casaca, y allí no se les había ocurrido hurgar a los menores asaltantes. Ni qué decir, hicimos las compras como de costumbre, y después nos dirigimos al Mercado Mayorista de Frutas. Aquí las compras se hacían con mayor tranquilidad, pues los pasillos eran anchos y espaciosos, aunque más de una vez fui testigo de alguna madre con sus hijos hurgando entre los montones de restos de frutas podridas que los comerciantes arrojaban en medio de los pasillos.

De paso queda decir que Ambrozic, poseedor de un carácter enigmático e introvertido y una personalidad reflexiva e inteligente que irradiaba sencillez e inspiraba respeto, a diferencia de otros superiores de comunidad que nunca se “rebajaban” a realizar las actividades que requerían esfuerzo físico reservadas a sus subordinados, sí se levantaba a horas tempranas para arriesgarse a ir con nosotros hasta ese submundo informal que era La Parada, así como también hacía ejercicios y compartía el estilo de vida austero de quienes no teníamos ningún rango en la institución.

En las mismas comunidades tampoco disfrutábamos de lujos. Recuerdo que cuando en diciembre de 1981 me mudé a la comunidad sodálite Nuestra Señora del Pilar en Barranco, compartí al principio un mismo dormitorio con Alfredo Draxl y Eduardo Field en la planta alta. Los armarios sencillos de triplay barato que solían ponerse para guardar la ropa y que servían a la vez de separación de ambiente para que las camas tuvieran cierta privacidad, todavía no habían sido instalados. Tampoco había cortinas en las ventanas, de modo que cambiarse de ropa significaba tener que agacharse para que nadie lo viera a uno desnudo desde la calle. Sólo había una antigua cómoda con cajones y una inmensa caja de cartón para que pusiéramos algunos objetos personales. Pasaría un mes antes de que estuvieran instalados los armarios y colocadas las cortinas.

Los espacios de la planta baja —una sala de reuniones, una sala de estar, un comedor— fueron amoblados con muebles donados, lo cual le daba a a los ambientes una estética ambigua e indefinida. Y las sillas que teníamos delante de nuestros escritorios —si así se le puede llamar a unas mesas de madera sencillas y espartanas— eran cualquier cosa menos cómodas. En general, el mobiliario que había en las casas de comunidad en que viví era barato en precio y calidad.

A resumidas cuentas, el Sodalicio sólo les proporcionaba techo y comida a los sodálites de comunidad. Cualquier gasto adicional tenía que ser cubierto por el afectado, para lo cual el recurso más frecuente era darle un buen sablazo a los progenitores. Aunque ocasionalmente el Sodalicio también ha cubierto algunos gastos eventuales de algún que otro miembro ordinario, cuándo éste no contaba con los recursos necesarios. Pero se trataba de excepciones.

Uno de los problemas más graves es que la mayoría no teníamos seguro médico. Durante el tiempo que pasé en comunidad recuerdo haber ido muy pocas veces al médico. Estaba la visita de rutina al oftalmólogo para que me recetara los lentes correctos, y las dos veces que me puse grave estando en San Bartolo —una vez con un absceso enorme de pus en la garganta y la otra vez con una inflamación en la espalda que me impedía caminar si no era agarrado a las paredes— me llevaron donde un especialista. Cualquier otra enfermedad se trataba de manera casera. Y esto comenzaba incluso antes de entrar a vivir en comunidad.

Cuando Jaime Baertl era mi consejero espiritual a fines de los años ’70, una vez le comenté que estaba fastidiado por una picazón continua en la ingle ocasionada por hongos en la zona genital. Normalmente mi madre me llevaba al dermatólogo, quien recetaba los consabidos ungüentos que requerían una paciente aplicación a diario durante varias semanas. Pero esta vez Baertl tenía la solución perfecta: un remedio que me iba a quitar los hongos de un día para otro. Fue al baño y sacó una botella medio vacía sin etiqueta de ningún tipo con un líquido turbio color caramelo, y me dijo: «Agarras un algodón, te pones el líquido en los huevos, y ya está. Vas a ver a Judas calato, porque arde como la conchasumadre, pero para mañana ya estás curado. José Antonio se lo puso, y vieras cómo gritaba el gordo pidiendo misericordia». Yo, confiado en que el Sodalicio hacía milagros a través de sus guías espirituales, apliqué la cura, aguanté el ardor con estoicismo, y al día siguiente los hongos habían desaparecido llevándose de paso un buen trozo de pellejo reseco de los dos gemelos situados en la zona sagrada.

Y en comunidad recuerdo que en el caso de resfriados comunes, cuando no parecían funcionar las antigripales que aliviaban los síntomas, tomábamos sin receta ni consejo médico el antibiótico Bactrim. Jaime Baertl recomendaba tomar para cualquier gripe —cosa que él mismo hacía— un potente antibiótico de amplio espectro cuyo nombre no recuerdo, que tenía efectos secundarios bastante molestos: mareos, dolores de cabeza, indigestión y pérdida de concentración. Era como matar una hormiga con una bazuca. Yo lo tomé por orden de Luis Fernando Figari una vez que tenía síntomas de bronquitis —una tos áspera persistente que no se me iba— con el resultado de que estuve grogui varios días. Y es que en cuestiones médicas también había que tener confianza en el gurú supremo, que aseveraba que los médicos son iguales que los brujos y los chamanes: adivinan cuál es el mal que uno tiene y recetan cosas basadas en la pura creencia en sus virtudes curativas. Luis Fernando creía saber con certeza cuál médico era confiable y cuál no. Algo parecido pensaba de los psicólogos, pues —según él— la mayoría tenían una concepción errada del ser humano, y sólo podía ser buen psicólogo quien compartiera la visión cristiana del hombre. Por eso mismo, en caso de un trastorno psicológico, uno sólo podía tratarse con los psicólogos que Figari designara, quien evitaba así de paso que profesionales independientes se enteraran de las cosas extrañas a las que se veían sometidos los miembros de las comunidades sodálites.

Recuerdo que en San Bartolo dos muchachos que tenían poca experiencia con el mar fueron obligados a saltar del peñón que había en medio de la bahía. Como cayeron en mala posición, el impacto con el agua desde tremenda altura les produjo desgarrones en la zona anal. El superior, con buen criterio, los llevó al día siguiente al médico sin consultar previamente con Luis Fernando. El galeno, después de examinar a cada uno por separado, les preguntó cómo se habían hecho esas heridas. Los muchachos le dijeron en qué circunstancias se habían producido. El médico se mostraba algo escéptico ante esa historia, así que comenzó a preguntarles dónde, cómo y con quien vivían. Cuando le dijeron que vivían en un balneario de playa junto con otros jóvenes dedicados a la vida espiritual, el médico comenzó a sonreír y hacerle guiños cómplices a la enfermera. Según él, las heridas sólo podían haberse producido por “contusión directa” y no se tragaba la versión de que la causa pudiese ser la superficie marítima después de un arriesgado salto desde lo alto de un peñón. Tenía que haber otra causa de visos inconfesables. El superior adivinó los pensamientos del médico y decidió de ahí en adelante acudir sólo a los médicos que recomendara Figari.

Además de las actividades de formación, en las comunidades nos ocupábamos por turnos de poner la mesa para el desayuno, el almuerzo y la cena, de lavar los platos y las ollas después de la cena, de limpiar a fondo la casa los días sábados. También hice trabajos de corrección de textos. Por ejemplo, a mí me entregaban las pruebas de las Memorias de Luis Fernando Figari antes de su publicación para que las revisara y corrigiera los errores ortográficos y gramaticales que tuvieran. Asimismo, hice correcciones de libros enteros para la Asociación Vida y Espiritualidad, además de contribuir habitualmente con reseñas de libros y algún que otro artículo para la revista que publicaba la asociación. Nunca recibí ninguna retribución económica por estos trabajos, pues se nos había inculcado el concepto de que cualquier trabajo en beneficio del Sodalicio debía ser realizado gratuitamente dentro del espíritu de generosidad y entrega que caracterizaba a la misión apostólica. A decir verdad, como no tenía otro punto de referencia, me parecía de lo más normal trabajar por nada.

Cuando comencé a dar clases en el Instituto Superior Pedagógico Catequético (ISPEC) y en el Instituto Superior Pedagógico Marcelino Champagnat, debía entregar la mayor parte de mis ingresos al encargado de temporalidades de la comunidad, quedándome sólo con una pequeña suma para gastos personales. Nunca supe cómo se utilizaba el dinero, pues los sodálites de a pie sin cargos de responsabilidad no se enteran de qué cosa se hace con la plata ni de cuánto dispone la comunidad, muchos menos de cuál es el monto total del patrimonio que posee el Sodalicio.

El estilo austero de vida que aún mantengo lo aprendí en las comunidades sodálites, un modo de vida que contrastaba con el que llevaba Luis Fernando Figari, a quien se le tenían que satisfacer todos sus gustos en lo referente a comida y comodidades. Además, disfrutaba del privilegio de poder viajar todos los años, llevando como compañía a algunos sodálites de su círculo cercano, entre los cuales estaban Germán Doig, Virgilio Levaggi, Alfredo Garland, Juan Carlos Len y Jaime Baertl. Los destinos preferidos eran España, México y Argentina, de donde regresaba cargado de libros difíciles de conseguir en Lima, la mayoría de orientación ideológica tradicionalista y fundamentalista. Posteriormente Luis Fernando incluiría entre sus destinos frecuentes Italia, Estados Unidos y otros países adonde se estaba expandiendo el Sodalicio.

Se hospedaba en buenos hoteles. Otros sodálites, cuando teníamos que viajar, no gozábamos de los mismos privilegios. Recuerdo que en 1984, cuando viajé a Roma para participar en el Jubileo de los Jóvenes, evento germen de lo que hoy se conoce como Jornadas Mundiales de la Juventud, tuve que pedirle dinero como bolsa de viaje a mi madre, quien sólo pudo darme con mucho esfuerzo 300 dólares. Con esa cantidad debía pagar mis costos de mantenimiento en Europa durante un mes. El pasaje de ida y vuelta a Roma no costó nada. Los organizadores había donado una cantidad de pasajes gratuitos al Sodalicio de Vida Cristiana, uno de los tantos movimientos que había sido invitado al evento, y uno de esos pasajes me tocó a mí debido a mi condición de miembro del grupo musical Takillakkta. Además, pesaba también la circunstancia de que mis padres no contaban con dinero suficiente para financiarme el pasaje.

En ese entonces Takillakkta estaba conformado por Alejandro Bermúdez (zampoñas y voz principal), Ricardo Trenemann (charango), Mario “Pepe” Quezada (percusión) y yo (guitarra). Luis Cappelleti se unió a nosotros como invitado para cantar y acompañarnos con la guitarra. Y también venían con nosotros Emilio Garreaud y Humberto del Castillo.

Lo cierto es que no fue fácil, pero en esa ocasión pude sobrevivir en Europa durante un mes con sólo 300 dólares. En Roma nos alojamos gratuitamente en la casa de una congregación de monjas, donde el desayuno estaba incluido. Durante los días del Jubileo de los Jóvenes el almuerzo fue gratis, y para los almuerzos de los otros días así como para las cenas acudíamos a cualquier tavola calda, que eran locales donde se puede comer pizza y pasta a precios económicos.

Para la última semana, estaba planeado a hacer un periplo rápido por Europa para encontrarnos finalmente con Luis Fernando Figari y su comitiva en Madrid, integrada por Germán Doig, Virgilio Levaggi, Jaime Baertl y Juan Carlos Len. El grupo que iba a aventurarse en ese tour de force estaba conformado por los que he mencionado más arriba menos Alejandro Bermúdez, quien, como miembro privilegiado del círculo íntimo de Figari, iba a ir directo en avión a Madrid para encontrarse con su majestad suprema y coordinar ciertos asuntos. Lo cual ciertamente significaba un alivio para los demás, pues aunque Alejandro tenía sus momentos de buen humor y podía ser muy simpático y agradable en el trato cotidiano, se convertía en una tortura insoportable cuando las cosas no venían como él esperaba y el mal humor lo transformaba en la versión más despiadada de Mr. Hyde.

El trayecto fue así: Roma – Venecia – Viena – Colonia – Amsterdam – París – Zaragoza – Madrid. Para no tener que pagar alojamiento, tomábamos el tren cuando estaba anocheciendo y dormíamos allí como podíamos hasta llegar a la siguiente estación. Sólo nos alojamos en hoteles al alcance de nuestro bolsillo una noche en París y dos en Madrid. En Colonia y Amsterdam nos detuvimos solamente unas horas. Y el último día “Pepe” Quezada, Ricardo Trenemann y yo, los únicos del grupo que no habíamos podido costearnos un vuelo de regreso de Madrid a Lima, tuvimos que hacer un largo y pesado viaje en tren a Roma, pues nuestro vuelo de regreso al Perú partía de allí. Lamentablemente, por circunstancias ajenas a nuestra voluntad —llámese demora imprevista de una conexión ferroviaria—, no llegamos a tiempo al aeropuerto y tuvimos que tomar el próximo vuelo al día siguiente. Las mismas monjas que nos habían alojado antes nos acogieron esa noche, pues no teníamos ni dónde caernos muertos. Pero como ya teníamos fama de no ser tan vivos y pendejos (taimados) como otros sodálites, al enterarse del incidente nos pusieron injustamente durante un tiempo el mote de “el tonto, el loco y el despistado”. Como decía frecuentemente Jaime Baertl, resumiendo su filosofía de vida: «Se te perdona que seas pecador, pero no que seas cojudo».

Demás esta decir que los únicos que podían disfrutar regularmente de viajes de “vacaciones” eran Luis Fernando y los miembros de su comitiva. Para los sodálites ordinarios nunca había vacaciones, lo cual se justificaba a través de la siguiente frase: «El demonio nunca toma vacaciones; por lo tanto, quienes lo combaten tampoco deben tomarlas». En los inicios de las comunidades sodálites ni siquiera el domingo era considerado como un día para descansar y relajarse, y se mantenía la disciplina de todos los días de levantarse temprano después de haber dormido poco. Hasta que en un momento dado comenzaron a multiplicarse los casos de sodálites que repentinamente comenzaban a hablar incoherencias, como si por momentos hubieran perdido la razón. Fue entonces que Luis Fernando decidió que en las comunidades se podía dormir más largo los domingos, dejando a criterio de cada uno el momento de levantarse.

Cuando en julio de 1993 salí de la vida comunitaria, apenas tenía un título de licenciado en teología y mis ingresos se reducían a lo que ganaba por algunas horas de clase en el ISPEC. Germán Doig me ofreció hacer la traducción de un libro del alemán al español, originalmente escrito por el sacerdote y experto en ciencias sociales alemán Theodor Herr, que fue publicado por la Asociación Vida y Espiritualidad en 1994 bajo el título de Reconciliación en lugar de conflicto. Por ese trabajo recibí unos 300 dólares. No hubo ningún contrato de por medio.

A los 30 años cumplidos me hallaba en una situación precaria. Mis ingresos eran reducidos, por lo cual me fui vivir con una tía abuela que habitaba la antigua casona de mi difunta abuela, acompañada de la hija de una cocinera a la que mi abuela había criado y una empleada abancaína con dos hijas menores. A mi tía abuela le pasaba una parte de mis ingresos para ayudar con los gastos de alimentación y de la casa. Además, no contaba con seguro médico, nunca había cotizado para una jubilación, no tenía ahorros y mis perspectivas a futuro en el campo laboral eran sombrías. De parte del Sodalicio no había recibido casi ninguna ayuda, no obstante que yo seguía manteniendo mi fidelidad a la institución y estaba dispuesto a colaborar en el cumplimiento de su misión.

En ese momento tampoco se me ocurrió reclamar nada por los derechos de autor de 22 canciones que yo había compuesto y que habían sido publicadas por Takillakkta en los álbumes “América de nuestra fe” (1989), “Reconciliación” (1990), “Navidad en mi tierra” (1991) y “América 500 años” (1992), cuyos derechos había cedido a ICTYS (Instituto Cultural Teatral y Social) por órdenes superiores. Jaime Baertl, encargado de la entidad mencionada, un día me presentó un papel para que lo firmara diciéndome que consistía en la cesión de mis derechos de autor a ICTYS y que no era necesario que lo leyera. Como yo todavía me regía por el código de la obediencia y mantenía una confianza ciega en las autoridades del Sodalicio, firmé simplemente. Hasta ahora no sé lo que decía el papel, pues nunca me fue entregada una copia. Lo cierto que es que los álbumes de Takillakkta se vendieron relativamente bien y yo nunca recibí un puto céntimo por las canciones que había compuesto.

Durante los años ’90 salí adelante como pude, trabajando como profesor de diversas materias —religión, lengua española, economía política, filosofía, alemán— en colegios privados durante la mañana, por lo general con una remuneración baja o mediana. Trabajé en el Colegio San Ignacio de Recalde, el Colegio Peruano Chino 10 de Octubre, el Colegio San Felipe, el Colegio Santa Úrsula y el Colegio Peruano-Alemán Augusto Weberbauer. En las tardes seguí dando clases de teología en el ISPEC.

En el año 1999 Germán McKenzie, entonces Superior Regional de Perú, me invitó a dar clases en el nuevo Instituto Superior Pedagógico Nuestra Señora de la Reconciliación, que funcionaba durante las tardes en el Colegio Nuestra Señora de la Reconciliación (Monterrico), centro educativo gestionado por el Sodalicio. Lo cierto es que me sentía a gusto dando clases de teología y filosofía en ese instituto, aunque la remuneración no era muy alta, pero en lo laboral hubo algunos problemas que hicieron que me preguntara si realmente valía la pena seguir buscando puestos de trabajo vinculados al Sodalicio.

En ese entonces, por recomendación de Germán McKenzie, se había contratado como director a Luis Augusto Chiappe, un hombre de muy buen corazón que tenía experiencia en la educación superior y al cual le habían encargado diseñar estrategias de marketing para atraer alumnado al instituto. Le tomé mucho afecto a Luis Augusto, a quien la fascinaban las canciones que interpretaba Annie Lennox, integrante del dúo pop Eurythmics. Siempre recibía a la gente con una cálida y generosa sonrisa que le iluminaba su rostro barbado y bonachón. Fue él quien me hizo conocer más el cine de Dario Argento —de quien yo había visto la fascinante y misteriosa Inferno (1980)—, prestándome dos de sus películas en vídeo: Tenebre (1982) y Opera (1987), y gracias a él pude ver por primera vez la obra maestra de Fritz Lang, Metropolis (1927), película del cine mudo que ha sido declarada patrimonio cultural de la humanidad por la UNESCO.

Una vez Luis Augusto nos dio una mala noticia a los docentes: la remuneración del mes no se nos iba a pagar a tiempo. Y entre pregunta aquí, pregunta allá, finalmente la paga fue retenida durante tres meses. Luis Augusto me informó que según Jaime Baertl —quien era el que administraba el dinero— no había plata y que teníamos que esperar hasta que recibieran un pago pendiente. Curiosamente, de las instituciones y empresas para las que he trabajado, ésta ha sido la única donde alguna vez se han demorado en pagarme lo que me debían, sin importarles las consecuencias que ello tuviera sobre la economía familiar de los que allí laboraban con dedicación y esfuerzo. Y con un compromiso apostólico hacia el Sodalicio. Hasta ahora no llego a entender por qué no recurrieron a un préstamo en vez cometer esa injusticia con nosotros.

En otra ocasión, Luis Augusto me confió que Jaime Baertl lo había presionado para sacarme del instituto, cosa a lo que él se negó, considerando que yo era uno de los docentes de mejor calidad con los que contaban. Y despedir a un profesor era relativamente fácil, pues nadie del cuerpo docente había firmado un contrato. Aun cuando no cumplíamos con las condiciones para estar bajo ése régimen, los docentes éramos considerados como trabajadores independientes que tenían que extender un recibo por honorarios antes de recibir su remuneración en efectivo. Cuando le pregunté a Germán McKenzie si era cierto que Jaime Baertl se había opuesto a que yo continuara como docente en el instituto, me dijo que no sabía nada al respecto y que él estaba contento con la labor que yo estaba desempeñando.

Luis Augusto fue proponiendo estrategias de marketing juveniles y novedosas, que aparentemente fueron rechazadas porque no se ajustaban a la sobriedad del estilo sodálite. Al final, él también tuvo que irse. Lo encontré un día en su oficina, donde me comunicó la triste noticia. De repente, sacó un talonario de recibos y yo, extrañado, le pregunté para qué eran. «Tengo que llenar uno y entregarlo para que me paguen lo que me deben», fue su respuesta. Era algo inaudito. El director del instituto tampoco estaba en planilla sino que recibía honorarios profesionales como un trabajador independiente. Y, de paso, se ahorraban el pago de los beneficios sociales.

Con la salida de Luis Augusto, nunca más volví a ser convocado para dar clases en el Instituto Superior Pedagógico Nuestra Señora de la Reconciliación. Jamás se me explicó por qué.

Cuando le comenté a un sodálite casado de la vieja guardia cómo había sido mi experiencia laboral en el instituto, éste me dijo una frase que hasta ahora guardo en la memoria: «Colabora con ellos en las obras apostólicas, pero nunca trabajes para ellos». Él también había tenido experiencia de lo mal empleador que era el Sodalicio.

O del doble juego que algunos sodálites hacían con las personas que confiaban en ellos, donde por delante se decía una cosa mientras que por detrás era otra la que se hacía o se pensaba. Me ocurrió, por ejemplo, con Alfredo Draxl, quien era entonces director del Colegio San Pedro en La Molina. A fines de 1999 terminó mi contrato con el Colegio Santa Úrsula, donde había enseñado alemán, y supe que en el Colegio San Pedro estaban buscando un profesor de alemán. Me comuniqué con Draxl para ofrecerle mis servicios. Él me dijo que le parecía bien, pero primero tenían que hacerme una prueba de aptitud. Después de haberme sometido a esta prueba escrita, me llamó para reunirme con él y, sin mostrarme ningún resultado, me dijo que lamentablemente no había alcanzado un puntaje satisfactorio y que no me podían contratar. Le agradecí, y a otra cosa, mariposa.

Poco tiempo después supe que un amigo mío, que tenía a sus hijos en el Colegio San Pedro, le había preguntado a Draxl qué había sido de mi postulación al puesto de profesor de alemán. La respuesta lo dejó atónito. Draxl le dijo que yo era una persona conflictiva, que iba a tener problemas con otros miembros del cuerpo docente, sobre todo las mujeres, y que prefería mantenerme lejos. Y supongo que a Draxl no se le debe haber movido un sólo musculo de su pétrea cara dura al decir esto.

Meses más tarde entré a trabajar como profesor de alemán en el Colegio Peruano-Alemán Augusto Weberbauer. Fue mi último trabajo como maestro de escuela, pues entonces ya estaba haciendo estudios para obtener un MBA (Master of Business Administration) en ESAN (Escuela de Negocios para Graduados). Mi siguiente trabajo sería en proyectos de la GTZ (Deutsche Gesellschaft für Technische Zusammenarbeit), un organismo de la cooperación alemana para los países en desarrollo. Y a la vez sería convocado por José Luis Pérez Guadalupe, director del Instituto de Teología Pastoral “Fray Martín” de la diócesis de Chosica, a colaborar como docente en el Curso de Teología a Distancia que se efectuaba en el verano y estaba destinado principalmente a catequistas y profesores de religión, la mayoría de ellos provenientes de provincias. Fue para mí una hermosa experiencia de Iglesia.

Lo cierto es que a partir de los años ’90, cuando el Sodalicio comenzó a gestionar colegios, institutos, universidades, cementerios y otras empresas, su patrimonio se fue incrementando exponencialmente, mientras quienes trabajábamos para algunas de sus iniciativas empresariales debíamos contentarnos con remuneraciones que alcanzaban sólo para mantenernos por encima del nivel de subsistencia.

¿Cómo se compagina esto con la pobreza que Jesús predica en los Evangelios? Hay que entender, primero, que los sodálites consagrados sólo hacen promesas de obediencia y celibato. La pobreza, sin embargo, también es una exigencia que aparece en la ideología sodálite, pero se habla más que nada de “espíritu de pobreza” y de “comunicación de bienes”. Esto queda bien resumido en el siguiente texto, extraído de Camino hacia Dios N.º 176, publicación sobre espiritualidad sodálite destinada a miembros del Movimiento de Vida Cristiana (ver http://www.caminohaciadios.com/chd-por-numero/206-176-buscad-el-reino-de-dios-y-el-resto-se-os-dara-por-anadidura):

«La pobreza que viene a ensalzar Nuestro Señor Jesucristo no es pues una mera carencia de bienes materiales. (…) Pero tampoco es un mero desprendimiento “espiritual” de los bienes. Se trata ante todo de una actitud interior, de una apertura, de una espera que sólo puede ser llenada por el Señor.»

«No se trata aquí de mirar negativamente nuestra realidad personal y el esfuerzo que hacemos por poseer bienes materiales. Intentemos, más bien, tener una mirada sobrenatural ante estas realidades materiales y aprender a vivir un sano desapego de los bienes materiales y su comunicación generosa con los que los necesitan.»

A diferencia de otros institutos de vida consagrada, donde los miembros no poseen más que algunos objetos personales y los demás bienes son de la comunidad, en el Sodalicio se permite la posesión de todo tipo de bien, haciendo la salvedad de que hay que ser generosos con ellos y ponerlos a disposición de otros hermanos de comunidad cuando los necesiten. Lo cierto es que esto no impedía que hubiera diferencias entre los miembros de las comunidades en cuanto al dinero de que disponían, los equipos electrónicos que tenían, la ropa que usaban, los libros y CDs que compraban, y en algunos casos el vehículo automotor propio que poseían. Bienes que no siempre eran compartidos con otros hermanos menos pudientes de la comunidad.

Si bien se había asumido como propia la indicación de que hay que vivir la “dinámica de lo provisional” —expresión acuñada por el Hno. Roger Schutz de la comunidad ecuménica de Taizé—, en realidad había algunos sodálites que tenían bien cimentada su existencia en base a una nutrida cuenta bancaria, sobre todo si el sujeto provenía de la clase alta. En el caso del fundador Luis Fernando Figari, resulta difícil imaginarse que haya plasmado en su vida ni siquiera la interpretación alambicada de la pobreza que pregona el Sodalicio, cuando su estilo de vida era cualquier cosa menos espartano, gozaba de más comodidades que cualquier miembro de la comunidad, se permitía más gustos y placeres, con el agravante de que nunca ha trabajado ni generado ingresos propios desde que lo expulsaron del Colegio Santa María de los Marianistas en la década de los ’70.

Aún con toda la austeridad que había en el día a día de las comunidades sodálites, confieso que la auténtica “dinámica de lo provisional” la viví en en carne propia recién cuando salí de comunidad y tuve que enfrentar las preocupaciones por el sustento diario que comparten la mayoría de los mortales. Y díganme si no es verdadera pobreza evangélica ganar sólo lo necesario —y a veces menos—, no pudiendo acumular bienes suntuarios, en consonancia con lo que manda Jesús en los Evangelios. Porque la interpretación para cristianos burgueses que el Sodalicio hace de la pobreza, planteando la absurda posibilidad de ricos no apegados a sus bienes y con espíritu de pobre, no le ha impedido acumular a lo largo de los años, con procedimientos no siempre limpios, millones de dólares supuestamente en beneficio de obras sociales y educativas de bien cristiano, aunque no sé si encajen dentro de esta descripción las cuantiosas sumas invertidas en eventos aparatosos y multitudinarios con fines proselitistas a mayor gloria de Figari, los congresos internacionales con gastos de viaje y alojamiento pagados para todos los expositores nacionales y foráneos, los montos desembolsados para las vacaciones anuales en el extranjero de Figari y su comitiva, o los gastos de representación para agasajar a obispos, curas y personalidades internacionales del mundo católico conservador, sobre todo si algunos de estos personajes tenían influencias en el Vaticano o a altos niveles de la Iglesia latinoamericana. Por ejemplo, no sé cuánto debe debe haber costado la botella de whisky Johnnie Walker Etiqueta Negra que una vez me pidieron que le llevara a su habitación al cardenal Alfonso López Trujillo, a quien invitaban también a restaurantes exclusivos para que pudiera degustar una los platos que más le gustaba: las conchas de abanico a la parmesana.

Los sodálites consagrados hacen promesa de guardar la castidad a través del celibato, pero parece que para algunos esto se interpretaba en la práctica como “castidad de espíritu”, porque de cuerpo no lo era. De modo similar, la pobreza evangélica ha sido interpretada como “pobreza de espíritu”, supuestamente compatible con la acumulación exagerada e injustificable de bienes materiales por parte de unos cuantos sodálites. El sentido común nos llama a designar esto como riqueza y a recordar las palabras de Jesús en los Evangelios: «De cierto os digo que difícilmente entrará un rico en el reino de los cielos» (Mateo 19, 23). O las descarnadas palabras del apóstol Santiago: «¡Vamos ahora, ricos! Llorad y aullad por las miserias que os vendrán. Vuestras riquezas están podridas y vuestras ropas, comidas de polilla. Vuestro oro y plata están enmohecidos y su moho testificará contra vosotros y devorará del todo vuestros cuerpos como fuego. Habéis acumulado tesoros para los días finales» (Santiago 5, 1-3).

LA RESPONSABILIDAD DEL CARDENAL CIPRIANI EN EL CASO SODALICIO

rivva_cipriani_mendoza

El cardenal Cipriani con los sacerdotes sodálites Juan Carlos Rivva y Juan Mendoza

Mientras que el Sodalicio está en el ojo del huracán, el cardenal Cipriani está pasando piola y guarda silencio. No es para menos, pues este instituto de vida consagrada que tiene su cuartel general en la arquidiócesis de Lima y que desde hace más de cuatro décadas ha cometido abusos en perjuicio de jóvenes bajo su responsabilidad, siempre ha apoyado a Cipriani en todas sus iniciativas.

Mons. Eguren y Mons. Schmalhausen, obispos sodálites, firmaron la carta del 28 de agosto de 2015 para respaldar a Cipriani en el asunto de los plagios en un artículo publicado en el diario El Comercio. Asimismo, ACI Prensa, la agencia de noticias dirigida por el sodálite Alejandro Bermúdez, siempre ha mostrado su apoyo incondicional a Cipriani, informando de manera complaciente y servil sobre cualquier palabra o actividad del arzobispo limeño.

Cipriani ha defendido su inocencia, argumentando que el tribunal eclesiástico interdiocesano, donde ingresaron las denuncias contra Figari, es autónomo y que él como moderador sólo cumple funciones administrativas, pero no ve los casos. Pues resulta que en el derecho canónico no existe esa figura, ya que todo tribunal eclesiástico diocesano o interdiocesano debe tener un obispo a la cabeza, el cual tiene potestad judicial como juez de primera instancia.

El cardenal Cipriani, ignorando directivas vaticanas, no ha elevado denuncia ante las autoridades civiles por los delitos señalados. Tampoco se ha comunicado con las víctimas para informarles sobre el estado de las denuncias, ni para acogerlas pastoralmente.

Nunca más que ahora son actuales las palabras que Juana de Arco le dirigió a los obispos del tribunal eclesiástico que la condenó: «Los hombres de Iglesia no son la Iglesia».

(Columna publicada en Exitosa el 23 de abril de 2016)

________________________________________

El día 9 de abril, el cardenal Cipriani en su programa de radio Diálogos de Fe volvió a lavarse las manos respecto a las denuncias contra el Sodalicio de Vida Cristiana. Cipriani acusó a los medios de querer embarrarlo, cuando él supuestamente no tendría nada que ver con el caso Sodalicio, aun cuando las denuncias contra Figari hayan ingresado en el tribunal interdiocesano que está bajo su responsabilidad.

Según Cipriani, este tribunal «es autónomo, tiene un vicario judicial y da cuenta a sus clientes, no a los obispos». Los obispos miembros dejarían su responsabilidad, canónicamente hablando, en manos del tribunal y éste ya no dependería de ellos. Cipriani sólo se enteraría de asuntos locales referentes a la arquidiócesis limeña, porque el tribunal se lo diría, «pero si presentan una denuncia diciendo “no quiero que se sepa mi nombre”, y contra una persona que es el superior general y fundador de la institución, el tribunal, sin tener nada que consultarme, sin tener nada que ver yo en el asunto, eleva todo de manera inmediata […] a Roma».

La responsabilidad de Cipriani como moderador se circunscribiría a funciones logísticas: «que tengan dinero, que tengan luz, que tengan agua, que tengan computadora, que funcione logísticamente el tribunal».

La pregunta es para qué necesita el tribunal un obispo moderador, si bastaría con contratar a un administrador, que podría desempeñar las mismas funciones.

Además, esto no es lo más grave, pues si nos tomamos el trabajo de verificar qué es lo que dice el actual Código de Derecho Canónico sobre los tribunales interdiocesanos, encontraremos algo muy distinto a lo que dice Cipriani. Dice el Código:

«En sustitución de los tribunales diocesanos […], varios Obispos diocesanos, con la aprobación de la Sede Apostólica, pueden constituir de común acuerdo un tribunal único de primera instancia para sus diócesis; en este caso, el grupo de Obispos o el Obispo designado por ellos tienen todas las potestades que corresponden al Obispo diocesano sobre su tribunal.» (c.1423 §1)

¿Y cuáles son estas potestades?

«En cada diócesis, y para todas las causas no exceptuadas expresamente por el derecho, el juez de primera instancia es el Obispo diocesano, que puede ejercer la potestad judicial por sí mismo o por medio de otros de acuerdo con los cánones que siguen.» (c.1419 §1)

Tambien se dice que «todo Obispo diocesano debe nombrar un Vicario judicial u Oficial con potestad ordinaria de juzgar» (c.1420 §1) y que «el Vicario judicial constituye un solo tribunal con el Obispo, pero no puede juzgar las causas que el Obispo se haya reservado» (c.1420 §2). Y es evidente que para poder reservarse ciertas causas, es indispensable que el obispo conozca los contenidos de todas las causas abiertas en el tribunal.

En conclusión, un tribunal interdiocesano no puede ser una instancia que actúe al margen de los obispos que lo han constituido y ser gestionado sin injerencia alguna de ellos o del obispo designado para moderarlo, el cual tiene potestad judicial. No hay ninguna ninguna norma que autorice a un tribunal eclesiástico, sea diocesano o interdiocesano, a actuar de manera autónoma.

El responsable último del tribunal interdiocesano de Lima es, por lo tanto, el arzobispo Cipriani, que tiene, según la ley de la Iglesia, las funciones de un juez de primera instancia. Por consiguiente, es su responsabilidad estar al tanto de las denuncias, sobre todo de aquellas que se refieran a delitos graves.

Si bien es cierto que la denuncia contra Figari debía ser remitida a Roma, pues se trata de un miembro de un instituto de derecho pontificio, también es cierto que según directivas vaticanas, al tener conocimiento del contenido de las denuncias, debía haberse atenido a las leyes civiles peruanas —a saber, que el conocimiento de un delito obliga a denunciarlo—, según la Carta Circular del 3 de mayo de 2011 de la Congregación para la Doctrina de la Fe:

«El abuso sexual de menores no es sólo un delito canónico, sino también un crimen perseguido por la autoridad civil. Si bien las relaciones con la autoridad civil difieran en los diversos países, es importante cooperar en el ámbito de las respectivas competencias. En particular, sin prejuicio del foro interno o sacramental, siempre se siguen las prescripciones de las leyes civiles en lo referente a remitir los delitos a las legítimas autoridades. Naturalmente, esta colaboración no se refiere sólo a los casos de abuso sexual cometido por clérigos, sino también a aquellos casos de abuso en los que estuviera implicado el personal religioso o laico que coopera en las estructuras eclesiásticas.»

Asimismo, el cardenal Cipriani tenía una obligación pastoral que no ha cumplido, la de atender personalmente a las víctimas, según lo indicado en una Carta del Papa Francisco del 2 de febrero de 2015:

«Corresponde al Obispo diocesano y a los Superiores mayores la tarea de verificar que en las parroquias y en otras instituciones de la Iglesia se garantice la seguridad de los menores y los adultos vulnerables. […] Los Pastores y los responsables de las comunidades religiosas han de estar disponibles para el encuentro con los que han sufrido abusos y sus seres queridos: se trata de valiosas ocasiones para escuchar y pedir perdón a los que han sufrido mucho.»

El cardenal Cipriani no se ha comunicado con las víctimas ni para consultarles si podía elevar denuncia ante la Fiscalía —como era su deber—, ni para informarles sobre el estado de las denuncias, ni para acogerlas pastoralmente.

O bien ha mentido para salvar su propio pellejo, o ha ignorado las leyes y directivas de la Iglesia, cometiendo negligencia grave al no asumir las responsabilidades estipuladas en el derecho canónico para quien como obispo está encargado de un tribunal eclesiástico interdiocesano.

El resultado ya lo sabemos. Las víctimas quedan desamparadas y los lobos hacen presa del rebaño mientras el pastor se lava las manos como Pilatos.

________________________________________

Ya son conocidas las polémicas intervenciones y acciones que ha tenido el cardenal Cipriani como arzobispo de Lima. Menos conocidas son sus iniciativas “pastorales” como arzobispo de Ayacucho, documentadas en el libro Cipriani: El teólogo de Fujimori (2000) del periodista ayacuchano Magno Sosa (ver http://www.voltairenet.org/IMG/pdf/LIBRO_MAGNO_SOSA_EL_TEOLOGO_DE_FUJIMORI.pdf).

Allí se relata cómo al principio Cipriani se opuso a la elección de Fujimori como Presidente del Perú —principalmente debido a que éste contaba con el apoyo de un nutrido grupo de evangélicos— y favoreció la opción neoliberal y derechista de Mario Vargas Llosa. Pero cuando Fujimori llega al poder, los papeles se invierten. El 3 de julio de 1992 Fujimori viaja a Ayacucho para participar, junto a Cipriani, en el desfile cívico militar en la Plaza de Armas de Ayacucho y allí le entrega al eclesiástico del Opus Dei un cheque por un millón de nuevos soles para la refacción de las iglesias de Ayacucho. A partir de entonces sólo habría condescendencias de parte de Cipriani hacia el déspota. Como una prostituta, habría vendido sus favores por un monto de dinero.

________________________________________

FUENTES

Congregación para la Doctrina de la Fe
Carta Circular – Subsidio para las Conferencias Episcopales en la preparación de Líneas Guía para tratar los casos de abuso sexual de menores por parte del clero (3 de mayo de 2011)
http://www.vatican.va/roman_curia/congregations/cfaith/documents/rc_con_cfaith_doc_20110503_abuso-minori_sp.html

Papa Francisco
Carta a los Presidentes de las Conferencias Episcopales y a los Superiores de los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica acerca de la Pontificia Comisión para la tutela de menores (2 de febrero de 2015)
http://w2.vatican.va/content/francesco/es/letters/2015/documents/papa-francesco_20150202_lettera-pontificia-commissione-tutela-minori.html

RPP Noticias – Diálogos de Fe
Cardenal Juan Luis Cipriani│El voto por voluntad (09/04/2016)

PREGUNTAS INCÓMODAS A ALESSANDRO MORONI, SUPERIOR GENERAL DEL SODALICIO

sandro_moroni

¿Por qué tengo que enterarme de que se me está pidiendo perdón de manera colectiva e impersonal y no a través de una comunicación personalizada?

¿Por qué el P. Jean Pierre Teullet, quien tomó posición a favor de las víctimas, se separará del Sodalicio, y ya ha sido acogido por el P. Guillermo Leguía, quien descubrió su vocación sacerdotal en el Sodalicio pero decidió seguirla fuera de él?

¿Por que el P. Marcio Paulo de Souza, sacerdote sodálite brasileño, ha pedido licencia, paso previo a salirse de la institución?

¿Por qué Mons. Kay Schmalhausen, obispo sodálite y actual prelado de Ayaviri, ha solicitado lo mismo y se ha mudado de una comunidad sodálite al seminario de la prelatura?

¿Por qué el P. Jaime Baertl ha sido enviado a Estados Unidos, Óscar Tokumura a Argentina y Eduardo Regal a Colombia?

¿Por qué al día siguiente de tu mensaje se publica en la página web de la Familia Sodálite un video de jóvenes pintones con vestimenta muy parecida —el mismo estilo de pantalón y polo, y todos con las mismas sandalias—, dando impresión de cerebros lavados, hablando maravillas del Sodalicio en un lenguaje estandarizado, en lo que parece ser propaganda vocacional y un burdo intento de lavada de cara de la institución? Yo también tuve hace tres décadas la misma pinta —al parecer, la moda sodálite no evoluciona— y hubiera dicho con las mismas palabras exactamente lo mismo.

¿Sabías que yo no fui propiamente víctima de Figari sino de toda una estructura ideológica y disciplinaria? ¿Cuánto tiempo necesitarán para darse cuenta de que el problema no consiste en casos aislados sino en el sistema mismo?

(Columna publicada en Exitosa el 9 de abril de 2016)

________________________________________

Tras meses de lucha, me derrumbé emocionalmente cuando oí que se expulsaba a Luis Fernando Figari del Sodalicio y se le declaraba persona non grata. La decisión, correcta aunque tardía, me parece insuficiente e incongruente con la manera de actuar que ha tenido el Sodalicio hasta hace poco.

Tras la publicación de Mitad monjes, mitad soldados, se inició una partida de ajedrez, donde los responsables del Sodalicio, sabiendo que la caída del rey era inevitable, comenzaron a mover sus fichas a fin de llegar a una posición de tablas (empate). Lo insólito es que la cúpula del Sodalicio sabía mucho antes de la publicación del libro de los abusos cometidos por Figari y no hicieron nada al respecto. El mensaje reciente suena a qué han visto que el jaque mate era inminente, y han decidido sacrificar al rey con el fin de salvar el honor de la institución.

En el mensaje de Moroni no percibo empatía con las víctimas, pues pedir perdón de manera general y en abstracto no reemplaza la comunicación directa con cada uno de los que fuimos víctimas de abusos.

Además, Moroni parece atribuirles la culpa exclusivamente a Figari y algunos miembros del Sodalicio. Sin embargo, los abusos que se cometieron en mi perjuicio no partían de voluntades individuales, sino de todo un sistema doctrinal y de disciplina orientado al dominio de las mentes y las voluntades, previo lavado de cerebro. Sacar las manzanas podridas no soluciona el problema de fondo, pues el sistema sigue intacto en el presente.

(Comentario publicado en la revista Somos del diario El Comercio el 9 de abril de 2016)

________________________________________

La expulsión del fundador del Sodalicio es una medida que se debió haber tomado en el momento en que se supo que había cometido abusos sexuales contra miembros jóvenes de la institución, así como se hizo con Daniel Murguía en el año 2007 cuando ni siquiera habían pasado 24 horas desde su detención en un hostal del centro de Lima, donde fue capturado in fraganti en compañía de un menor de edad.

Según lo que relata el P. Jean Pierre Teullet en la carta que dirigió a Fernando Vidal, asistente general de comunicaciones del Sodalicio, en octubre de 2015, las autoridades sodálites ya tenían conocimiento de los delitos de Figari antes de que saliera a la luz la investigación periodística de Pedro Salinas y Paola Ugaz (ver UNA CARTA DEL P. JEAN-PIERE TEULLET, SODÁLITE). Allí se menciona que desde el año 2011 las autoridades sodálites buscaron descalificar las denuncias presentadas contra Figari, y entre ellas se menciona a dos personas con nombre y apellido, a saber, Eduardo Regal y Alessandro Moroni, sobreentendiéndose que el mismo Vidal también se cuenta entre los que obstruían toda investigación. El P. Teullet recalca que la primera denuncia la presento 7 años antes de la fecha de la carta, lo cual nos remite al año 2008 como el primer momento demostrado en que las autoridades sodálites tuvieron conocimiento de alguna acusación contra Figari.

Si bien la expulsión de Figari ha sido un paso en la dirección correcta, poco hay de heroico y valiente por parte de Moroni y del Consejo Superior en haber aplicado esa sanción, pues si no es por la presión mediática y por razones de fuerza mayor —llámese administración vaticana—, dudo de que se hubiera llegado a ese extremo. Dado que el silencio y el encubrimiento han sido políticas habituales del Sodalicio respecto a los casos de abusos sexuales que han ido detectándose en la institución desde época tan temprana como la década de los ’80 (ver ¿HISTORIA DE ENCUBRIMIENTOS EN EL SODALICIO?), es probable que se hubiera hecho lo mismo con Figari si la opinión pública no llegaba a enterarse del asunto.

Por eso mismo, indigna que Alejandro Bermúdez, director de ACI Prensa, quien en uno de sus Puntos de Vista (https://www.aciprensa.com/podcast/archivo.php?pod_id=4) se jacta de haber ido informando sobre las acusaciones y las medidas tomadas por la comunidad sodálite cuando de lo único que ha informado es de los comunicados emitidos oficialmente por el Sodalicio, agradezca la valentía y transparencia de sus autoridades, cuando de parte de la cúpula sodálite sólo se ha evidenciado hasta el momento una casi absoluta falta de transparencia y escasa valentía para enfrentar abiertamente las acusaciones. A excepción de Alessandro Moroni, que le concedió una entrevista al diario El Comercio en octubre del año pasado (ver http://elcomercio.pe/lima/sucesos/como-diablos-pudo-pasado-esto-sodalicio-noticia-1850794), ¿alguien ha visto a algún otro miembro más de la cúpula sodálite dando la cara y saliendo a hablar en público sobre las imputaciones de abusos de toda índole que se habrían cometido en la institución?

Además, ¿dónde están los agradecimientos de Alejandro Bermúdez a todos aquellos que dedicaron tiempo y esfuerzo para que se conozca la verdad? Porque aquellos que denunciaron los atropellos de que habían sido objeto en el Sodalicio han tenido que asumir altos costos personales: varios han pasado por momentos de angustia; algunos han caído en depresiones y han tenido que recurrir a ayuda profesional; otros siguen tomando pastillas por prescripción médica hasta el día de hoy; hay quien ha visto deteriorarse sus lazos familiares e incluso destruirse su matrimonio, o ha experimentado cómo amigos de toda la vida le daban la espalda; otros han sido objeto de campañas de difamación y desprestigio, o han visto mellada su vida profesional porque les fueron negadas oportunidades laborales debido a influencias que movieron miembros destacados del Sodalicio; hay quienes permaneciendo como fieles creyentes dentro de la Iglesia católica han sido tildados de enemigos de la fe cristiana o calumniados como locos, desequilibrados, inmorales y renegados, y todos han tenido que oír amenazas de que iban a arder en el infierno y nunca iban a encontrar la felicidad en esta vida. Aún así, asumieron los riesgos y tuvieron el valor de luchar durante años para que la verdad salga a la luz, y lo hicieron con transparencia, sinceridad, apertura y sin ocultar segundas intenciones. Y venciendo el miedo ante las posibles represalias.

Espero que de una vez por todas Alessandro Moroni actúe correctamente y que por fin se haga justicia.

________________________________________

FUENTES

Incluyo a continuación los dos videos a los que se hace referencia en este artículo:

________________________________________

POST SCRIPTUM (10 de abril de 2016)

Si bien la información que pongo en mi columna de Exitosa la he recibido de buenas fuentes, dado el hermetismo con que el Sodalicio siempre ha manejado los asuntos internos de la institución, cabe la posibilidad de que los datos obtenidos por mis fuentes no siempre sean del todo correctos.

Un comentarista de este blog ha confirmado que:

  • el P. Jean Pierre Teullet ha solicitado licencia —y no conozco ningún caso de alguien con licencia que después haya decidido reintegrarse al Sodalicio—;
  • Mons. Schmalhausen está viviendo en el seminario de su prelatura —cosa que usualmente no hacen los obispos, y el ejemplo más claro es Mons. Cipriani—;
  • el P. Jaime Baertl está viviendo actualmente en Lima —lo cual no descarta que se haya ido a los Estados Unidos y luego regresado al Perú—;
  • Óscar Tokumura vive en Lima pero nadie sabe dónde —¿lo han visto? ¿o no estará todavía en Argentina?

Por otra parte, me asegura que el P. Marcio Paulo de Souza no ha solicitado licencia, aunque sí se encuentra en un tiempo de reflexión. El mismo P. Marcio Paulo ha publicado lo siguiente en su cuenta de Facebook:

Hoy un gran amigo me advirtió que en el blog Líneas Torcidas del Señor Martin Scheuch dice lo siguiente:
«¿Por que el P. Marcio Paulo de Souza, sacerdote sodálite brasileño, ha pedido licencia, paso previo a salirse de la institución?»
Al respecto quiero decir dos cosas:
1) Desmiento categóricamente el contenido de esa afirmación. NO HE PEDIDO LICENCIA del Sodalicio.
2) Y perdono al autor de esas líneas por su afirmación infundada.
Bendiciones del Resucitado para todos.

Agradezco esta información adicional, que —aunque no aclare del todo lo que está pasando ad intra del Sodalicio— permitirá a los lectores hacerse una mejor idea.

Además, conociendo al P. Marcio Paulo, un hombre sencillo de buen corazón, no creo que se sienta orgulloso de todas las cosas que han sucedido en el Sodalicio. Y lamento que también se haya atenido a la omertá o ley del silencio propio de asociaciones delictivas, callando en todos los colores del arco iris su opinión sobre aquello de lo que ha llegado a enterarse. O tal vez sabe que si hablara podría pasarle lo mismo que le pasó al P. Jean Pierre Teullet, sodálite en actividad que tuvo el coraje de denunciar a su fundador y oponerse a las estrategias de encubrimiento y a las mentiras de la cúpula sodálite: que le hagan la vida imposible y al final termine en proceso de separarse del Sodalicio.

Por otra parte, aun si la información que publiqué es incorrecta, no hay nada que tenga que ser perdonado, pues en estos tiempos decir que alguien se está saliendo del Sodalicio no constituye ningún agravio, sino todo lo contrario, un elogio que honra a la persona.

De todos modos, haciéndole honores a la verdad, publico cualquier corrección que sea necesaria.

LOS HIJOS DE LA SANTA PROSTITUTA

manuel_tamayo

P. Manuel Tamayo Pinto-Bazurco, director del Centro de Estudios y Comunicación (CDSCO), durante un evento en la Universidad de Piura (julio de 2014)

San Ambrosio, obispo de Milán en el siglo IV, llegó a designar a la Iglesia como “casta meretriz”. Dicho de otro modo, como santa prostituta, como una realidad donde conviven los abismos del pecado con las cimas de la santidad. Y como buena prostituta, a esta mujer tampoco le faltan algunos retoños que son unos auténticos hijos de puta. Peores aún que aquellos que han cometido actos de pederastia aprovechando su investidura pastoral. Me refiero a aquellos que relativizan o justifican la pederastia, o pretenden echarle la culpa a las víctimas.

Recordemos, por ejemplo, al obispo de Tenerife Bernardo Álvarez, quien en diciembre de 2007 declaró al diario local La Opinión lo siguiente: «Puede haber menores que sí lo consientan y, de hecho, los hay. Hay adolescentes de 13 años que son menores y están perfectamente de acuerdo y, además, deseándolo. Incluso si te descuidas te provocan. Esto de la sexualidad es algo más complejo de lo que parece».

Igual de desafortunadas fueron las declaraciones de Mons. José Leopoldo González, obispo auxiliar de Guadalajara (México) y vocero de la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM), en septiembre de 2009. Una reportera, haciendo alusión a la detención del P. Rafael Muñiz López por estar supuestamente vinculado a una red de pornografía infantil, le preguntó si esto no generará desconfianza de la gente hacia sus párrocos. «No, al contrario, entre más humanos nos vean, más nos van a apreciar», fue la respuesta del prelado.

En mayo de 2010, Mons. Dadeus Grings, arzobispo de Porto Alegre (Brasil), le echaba la culpa a la sociedad, diciendo que «la sociedad actual es pedófila, ése es el problema. Entonces fácilmente las personas caen en eso. El hecho de denunciar es un signo positivo». Y luego arremete contra los homosexuales: «Cuando la sexualidad es banalizada, es claro que va a alcanzar todos los casos. El homosexualismo es un caso. Antiguamente no se hablaba del homosexual. Y era discriminado. Cuando se comienza a decir que ellos tienen derechos, derecho a manifestarse públicamente, de aquí a dentro de poco van a tener derechos los pedófilos». Y si bien afirmó que los abusos sexuales de religiosos contra niños y adolescentes deben ser castigados, recalcó que para «la Iglesia acusar a sus propios hijos es un poco extraño».

Pero cuando se trata de los hijos ajenos, parece que vale todo. En septiembre de este año se ha sabido que Mons. Robert Cunningham, obispo de Siracusa (estado de Nueva York, EE.UU.), cuando el 14 de octubre de 2011 se le preguntó en un tribunal si consideraba que un niño violado por un sacerdote había cometido pecado, respondió: «El chico es culpable». Y luego insinuó que el menor podría haber alentado la violación y haberla consentido.

No falta quien haya atribuido a la situación familiar de la víctima el hecho de que ésta haya sido objeto de abuso. En octubre de 2013, Mons. Józef Michalik, arzobispo de Przemyśl y Presidente de la Conferencia Episcopal Polaca, dijo que cuando un niño de una familia con problemas «busca acercarse a otros, pierde el rumbo y hace que la otra persona también lo pierda. […] Algunos casos de abusos podrían haber sido evitados si la relación entre los padres fuese una relación sana. […] Habitualmente escuchamos que un comportamiento equivocado o un abuso se produce cuando el niño está buscando afecto». Posteriormente, Michalik tuvo que disculparse por estas palabras, recalcando que «por supuesto que el niño es inocente y no debe ser objeto de ningún abuso, y claro que el abuso no es causado por el niño» en lo que se puede considerar una marcha hacia atrás a medias.

El caso más reciente es el del sacerdote Gino Flaim, de 75 años de edad, que ejercía su labor pastoral en una parroquia de Trento (Italia). El 7 de octubre de este año fue suspendido de sus funciones por haber hecho declaraciones polémicas a una cadena de televisión: «La pedofilia puedo entenderla, la homosexualidad no lo sé. […] He estado mucho con niños, los conozco y sé que por desgracia hay algunos que buscan afecto porque no lo tienen en casa y pueden encontrar a algún sacerdote que cede». Añadió después que los niños son «en buena parte» la causa de que los religiosos cometan abusos sexuales contra ellos.

A esta sarta de acusadores de las víctimas y defensores del estado clerical —que no de la Iglesia, pues constituyen una vergüenza para ella— se ha venido a unir recientemente en el Perú un renombrado miembro del Opus Dei, el P. Manuel Tamayo Pinto-Bazurco, quien el 11 de noviembre de este año escribió lo siguiente en su blog Adeamus (ver http://adeamus.blogspot.com):

«Se debe tener en cuenta que en los abusos con menores hay grandes diferencias en cuanto a la edad. No es lo mismo tener 10 años que 15.

Cuando la víctima, ya mayor, acusa un hecho del pasado y dice que a los 15 años era inocente y no sabía nada, es difícil creerle. Un adolescente de 15 años sabe bien lo que está pasando y si colabora con acciones impropias tiene también culpabilidad.

En el momento del hecho no era una “mansa paloma” inocente que no sabía nada. Estamos de acuerdo en que puede haber engaño y una imposición de la parte abusiva y que eso debe castigarse porque es una falta grave, que además podría calificarse como delincuencial; pero hay que tener en cuenta que a los 15 años la mayoría de los chicos sabe perfectamente lo que está ocurriendo en los aspectos sexuales. Otra cosa sería si la víctima tuviera un retardo mental.

La segunda pregunta es sobre la familia: ¿dónde están los papás? Si el hijo está sufriendo por unas acciones impropias y por un acoso ¿los papás no se dieron cuenta?, ¿no hay acaso una responsabilidad de los padres? ¿no hay la suficiente confianza en el hijo para que exista una comunicación y lo cuente todo? En estos casos parece que los papás no aparecen en escena. Y esos chicos, que son víctimas, ¿no tendrían un tío o un hermano mayor de confianza? ¿podían guardar tanto tiempo algo tan grave?, ¿les ha afectado realmente?

Y los amigos ¿dónde están?, ¿tampoco se enteraron? No hubo ninguno que contara algún suceso de estos a los amigos, ¿se pudo guardar el secreto tantos años? Conociendo a los jóvenes es difícil que el tema no se haya ventilado de alguna manera.

Las otras preguntas que quedan tampoco tienen una respuesta clara: si los métodos fueron tan malos y perniciosos como dicen algunos ¿cómo se explica que existan personas muy bien formadas que continúan fieles haciendo labores apostólicas de gran calidad?, ¿cómo se pueden extender, y con prestigio, por muchas ciudades difundiendo obras de apostolado encomiables y admirables? acaso la falta de una o dos personas, aunque sean de gran jerarquía ¿puede manchar a todos?»

Quiero dirigirme a usted ahora, P. Tamayo, a fin de que sepa cuánto me ofenden sus palabras.

Yo fui víctima de abusos psicológicos y físicos en el Sodalicio de Vida Cristiana, al cual pertenecí formalmente durante 30 años, 11 de los cuales los pasé en una comunidad sodálite. Cuando era un adolescente de 16 años, mi consejero espiritual —quien todavía sigue activo en el Sodalicio y goza de una buena reputación que no merece— me pidió que me desvistiera totalmente y que simulara una fornicación con una enorme silla que había en la salita donde estábamos reunidos, lo cual hice muy torpemente y sintiendo una gran incomodidad. Si bien es cierto que yo no era una “mansa paloma” y algunas cosas sabía y había visto sobre el sexo, también es cierto que nunca en mi vida había tenido relaciones sexuales con nadie y, como muchos otros jóvenes a esa edad, tampoco tenía la madurez ni la osadía como para embarcarme en una relación amorosa con sexo incluido. De hecho, ese incidente era la primera vez en mi vida en que alguien me pedía que realizara un acto de connotación sexual, aunque fuera simulado.

¿Cree usted que le conté eso a mis padres? En ese momento, la persona en quien más confianza tenía era mi consejero espiritual, y de hecho me había ayudado a superar algunos problemas personales que tenía. Y después del incidente la relación con él se mantuvo como si nada hubiera pasado. Sin embargo, él fue también quien me incitó a enfrentarme abiertamente con mi madre y ahondar el conflicto que por causa de mi adolescencia yo ya tenía con ella. Él mismo se burlaba de mi progenitora delante mío y me animaba a hacer lo mismo. Cuando ella lo llamó por teléfono para decirle «me están robando a mi hijo», él le respondió «señora, el ladrón cree que todos son de su misma condición». Junto al bien que pueda haberme hecho, manipuló mi conciencia, enseñándome a pensar y actuar como un sodálite de pensamiento único, obediencia acrítica y actitud fanatizada, y abusó de mi confianza al pedirme que realizara algo que en una situación normal se consideraría un acto impropio.

¿Usted cree de veras que yo les hubiera contado ese incidente a otras personas, más aún cuando se trataba de algo que me hizo sentir incomodidad y vergüenza? ¿Sabe que han tenido que pasar décadas para que yo tuviera el valor de contar a otros lo que me pasó? ¿No se ha dado cuenta usted de que lo que sucede a puerta cerrada se puede mantener oculto durante años, e incluso hay quienes se van con su secreto a la tumba?

¿Dónde está la actitud de acogida hacia las víctimas que usted menciona en su escrito Las campanas de los acusadores, en el cual usted califica las denuncias mediáticas que se han hecho de persecución contra la Iglesia? Yo, católico creyente y miembro vivo de la Iglesia, soy uno de los que han presentado su testimonio. ¿Me consideraría usted un perseguidor de la Iglesia, cuando mi preocupación actual se dirige hacia todos los miembros de la Familia Sodálite que se sienten desilusionados y traicionados en su confianza debido al escándalo ocasionado por el conocimiento de los abusos cometidos dentro del Sodalicio de Vida Cristiana? Parece que la acogida que podemos esperar de usted es la misma que tuvieron las víctimas denunciantes de los abusos de Figari por parte del arzobispo Cipriani, miembro también del Opus Dei y partícipe de sus mismas ideas. A saber, la indiferencia, el desprecio y el olvido.

Lamento decirlo, P. Tamayo, pero usted sigue la religión de los fariseos, estirpe con ínfulas elitistas —al igual que el fundador de su Opus Dei y muchos de sus seguidores— que ondea la decencia burguesa como carta de ciudadanía en la Iglesia y que se preocupa sólo de la moral y las buenas apariencias, y no la religión de Jesús, que no teme mancharse los pies con el barro del camino, que acoge a todos los que sufren sin ponerles una carga pesada sobre sus hombros y que cree en el poder curativo de la verdad, de la justicia, del amor y de la misericordia.

________________________________________

FUENTES

El País
El obispo de Tenerife afirma que algunos menores incitan al abuso sexual (27 de diciembre de 2007)
http://sociedad.elpais.com/sociedad/2007/12/27/actualidad/1198710001_850215.html

Religión Digital
“Los casos de pederastia humanizan a los curas”. Lo que el vocero del Episcopado Mexicano quiso decir. (24 de abril de  2009)
http://blogs.periodistadigital.com/sursumcorda.php/2009/04/24/-los-casos-de-pederastia-humanizan-a-los

La Nación
“La sociedad es pedófila”, lanzó un obispo brasileño (6 de mayo de 2010)
http://www.lanacion.com.ar/1261760-la-sociedad-es-pedofila-lanzo-un-obispo-brasileno

El Plural
Polémica por otro obispo que acusó a los niños de provocar los abusos sexuales (20 de septiembre de 2015)
http://www.elplural.com/2015/09/20/polemica-por-otro-obispo-que-acusa-a-los-ninos-de-provocar-los-abusos-sexuales/

El Universal
Obispo polaco sugiere que pederastia es culpa de niños (24 de octubre de 2013)
http://archivo.eluniversal.com.mx/el-mundo/2013/jozef-michalik-960472.html

El Tiempo
Escándalo: cura dice entender la pedofilia, pero no la homosexualidad (7 de octubre de 2015)
http://www.eltiempo.com/mundo/europa/sacerdote-prefiere-la-pedofilia-y-no-la-homosexualidad/16397080

SOBREVIVIENTE DEL SODALICIO

Pepe #A (1933), dibujo del pintor estadounidense Paul Cadmus (1904-1999)

Pepe #A (1933), dibujo del pintor estadounidense Paul Cadmus (1904-1999)

Como sobreviviente del Sodalicio, alguna vez escribí una denuncia contra la institución que —por motivos personales y familiares— nunca llegué a formalizar. He aquí un extracto.

«En 1979, cuando yo tenía 16 años, asistía semanalmente a la Comunidad de San Aelred en Magdalena del Mar para tener sesiones de consejería espiritual. Como es usual en muchas comunidades sodálites, había espacios para recibir a la gente que venía de visita, separados del resto de la vivienda por una puerta con la palabra PRIVADO.

En uno de estos espacios, durante una conversación que había llegado a un punto muerto debido a que yo me resistía a hablar sobre ciertos asuntos personales, el consejero me dijo que iba a entrar al PRIVADO para pedirle a Germán Doig permiso para hacer algo. Al poco tiempo regresó y me ordenó que me desnudara por completo. Inicialmente tuve reparos, pero luego insistió en que lo hiciera, indicándome que era para mi bien.

Después me pidió que hiciera como que fornicaba una enorme silla que había en la salita. Simulé de manera torpe que fornicaba la silla —no sabía nada en lo referente a la experiencia de tener relaciones sexuales, pues nunca había tenido una—, sintiendo incomodidad durante el incidente.

El consejero no miró directamente lo que hacía, sino que apoyaba una mano suya sobre su frente y me observaba de reojo, dándome la impresión de que se sentía avergonzado. La cosa no duró mucho, pues en un momento me dijo que ya era suficiente y que me vistiera. Sentí que se me había aplicado violencia psicológica, y ciertamente me hallaba más predispuesto a hablar sobre mis asuntos personales.»

(Columna publicada en Exitosa el 21 de octubre de 2015)

________________________________________

No es la primera vez que publico esta extraña anécdota autobiográfica. Aparece con un poco más de detalle en mi post GERMÁN DOIG: ENTRETELONES DE UNA REVELACIÓN ESCANDALOSA. Originalmente estaba incluida en mi escrito OBEDIENCIA Y REBELDÍA, que di a conocer a varias personas de manera privada en el año 2009, entre ellas un sodálite consagrado con un cargo de responsabilidad.

Cuando al fin decidí publicar este escrito en mi blog en enero de 2013 —convencido de que ésta era la única alternativa que me quedaba para que el Sodalicio finalmente tomara cartas en el asunto e iniciara una reforma de su sistema disciplinario o se suscitara una intervención por parte de las autoridades eclesiales—, omití adrede este relato, pues no quería que la atención se desviara hacia algo que revestía escándalo y morbo, además de que anímicamente todavía no me sentía preparado para dar a conocer un hecho que había quedado enterrado en mi memoria durante décadas. Por otra parte, OBEDIENCIA Y REBELDÍA es para mí un texto importante, pues explica —en mi opinión— el meollo del problema que aqueja a toda la institución y de donde surgen todos los abusos físicos y psicológicos —y en última instancia los abusos sexuales—, a saber, la manipulación de las conciencias y la restricción interior de la libertad de las personas.

Desde noviembre de 2012 hasta marzo de 2014 el tema principal de mis escritos fueron el Sodalicio y la Familia Sodálite, denunciando situaciones y problemas e invitando a los responsables a tomar las medidas correctivas del caso. ¿Fueron acogidas estas denuncias? Nunca en mi vida, desde que era sodálite hasta ahora, hubo una acogida oficial de las críticas que yo hice. Y desde que comencé a poner mis críticas primero en mi blog LA GUITARRA ROTA —de manera más sutil—, y después en éste, LAS LÍNEAS TORCIDAS, se ha buscado la manera de evitar que yo siga publicando. Dado que esto no ha sido posible, se ha intentado difamarme y desacreditarme personalmente sobre todo a través de comentarios en este blog. Y es probable que lo mismo se haya hecho a nivel de habladurías en el ambiente social de Lima y otros lugares.

El intento más reciente es un comentario publicado en mi post SILENCIANDO A LOS INOCENTES de alguien que tiene el seudónimo de Roberto Rajuela y que, haciéndose pasar por psiquiatra, describe un supuesto caso de síndrome de Asperger con elementos tomados selectivamente de mi historia personal o manipulados para que encajen con el diagnóstico. Allí dice:

Al llegar la pubertad encontró un grupo religioso y se volvió un fanático. La fase púber de ruptura con los padres encontró una causa a la cual adherirse y vio en sus padres una suerte de opositores a los que había que combatir. Las dificultades de comunicación propias del autismo ya hacían mella en ese periodo. Roto el lazo con los padres, ya que el aspie necesita una referencia, las nuevas eran los que lideraban el grupo.

Llegada la mayoría de edad ingreso a vivir en el grupo religioso. Como todo grupo religioso había reglas, jefes, horarios y rituales. Entusiasmado en un primer momento con el tiempo llegó el desencanto. Le era muy difícil manejar las reglas, seguir a los jefes, aceptar horarios. Siendo todavía el síndrome de Asperger poco conocido, los integrantes del grupo lo trataban como alguien normal, con sus excentricidades, pero dentro de todo como uno más. Pero él no se percibía igual, sino muy vulnerable y sensible a los tratos en el grupo. Con el tiempo las dificultades se hicieron patentes, la persona aparentemente llegó hasta la depresión no diagnosticada. Finalmente tuvo que abandonar la casa. Pero aún no había diagnóstico de Asperger.

Me pregunto a qué síntoma corresponde la anécdota que he contado. ¿Debí mostrar agrado y placer en esa situación incómoda, para mostrar que estaba dispuesto a cumplir las reglas y seguir a los jefes hasta el final, con servicio completo incluido?

Ciertamente, yo experimenté la situación más como un abuso psicológico que como un abuso sexual. Y son sobre todo abusos psicológicos los que he denunciado en este blog, sin que por parte del Sodalicio haya habido nunca una acogida de estas inquietudes. Mi dirección de e-mail es pública, saben cuál es mi número de teléfono y mi usuario de Skype, saben dónde vivo y cuál es la dirección de mi domicilio en Alemania. ¿Por qué, en las contadas ocasiones en que alguien del Sodalicio se ha dirigido a mí, ha sido para cuestionar la publicación de mis escritos, bajo el argumento de que estoy sacando a la luz asuntos que pertenecen exclusivamente a la vida privada de las personas?

Todas estas experiencias contradicen lo que el Sodalicio manifiesta en su último comunicado:

Todo testimonio de inconductas cometidas por algún sodálite presentado ante las autoridades actuales del Sodalicio ha sido acogido, investigado y, cuando se ha confirmado, hemos ofrecido ayuda a las personas afectadas según la caridad y la justicia, y hemos tomado con los responsables las medidas que corresponde según derecho.

Hay suficiente información en mi blog que amerita una investigación por parte de la institución, y no los intentos de descalificación de los que he sido objeto.

Si el Sodalicio está interesado en cumplir con lo que promete, con gusto les daré el nombre del consejero que menciono en el escrito presente. Se trata de un sodálite de la primera generación, actualmente miembro destacado de la institución. Se pueden comunicar conmigo por e-mail, teléfono o Skype (usario: martinscheuch). Si esto no ocurre, entonces sabremos que su comunicado es puro papel mojado.

Por otra parte, quiero resaltar que el Sodalicio ha admitido los abusos sexuales de su ex Vicario General Germán Doig y supuestamente de su ex Superior General Luis Fernando Figari. Pero nunca a lo largo de su historia ha admitido que se hayan cometido abusos psicológicos en la institución. Más bien, ha justificado siempre sus prácticas como parte de un sistema de disciplina legítimo, y aquellos que critican estas prácticas han sido tildados de cobardes, débiles y traidores o, en el mejor de los casos, de personas sin vocación que no están hechas para ese estilo de vida. Francamente, yo no creo que ninguna persona esté hecha para soportar abusos o prácticas contrarias a la dignidad humana, tenga o no tenga vocación. Y quien sufre bajo una disciplina así y guarda silencio, no sólo es una víctima, sino una víctima cómplice o prisionera de una cárcel interior de la cual todavía no ha podido escapar.

Creo que el último comunicado oficial del Sodalicio no solamente es tibio, sino que aparentemente oculta —bajo el manto de generalidades y de frases bien sonantes y socialmente aceptables— el deseo de dejar las cosas tal como están y cargar la culpa de los abusos sobre las ovejas negras, individualizadas, los famosos “casos aislados”. Como de costumbre, la imagen institucional debe quedar indemne a toda costa, así como el sistema que la respalda, sin importar cuántos individuos deban ser sacrificados para estos fines.

En el caso de Figari la cosa se complica, pues sin Figari el Sodalicio no es nada. De Figari viene la ideología religiosa —o espiritualidad, si se la quiere llamar así— que sirve de base a la institución y que todos los sodálites tienen que meterse entre ceja y ceja; de él proviene todo el sistema de disciplina que aún se sigue aplicando; dé él dimana esa veneración por su figura que a muchos les será difícil arrancar de raíz de su corazón.

Uno de los más acérrimos partidarios de Figari sería Alejandro Bermúdez, director de ACI Prensa, quien hasta el momento no ha informado absolutamente nada sobre los escándalos recientes del Sodalicio a través de su agencia de noticias. Lo cual demuestra su falta de ética y profesionalismo periodístico. Pues no consideramos plausible que no se haya enterado de este acontecimiento tan importante para la Iglesia católica en el Perú. Aunque el Sodalicio haya continuamente repetido que ACI Prensa es una iniciativa personal del sodálite Alejandro Bermúdez y que no está vinculado a la agencia, este silencio desmentiría ese enunciado y confirmaría la vinculación que existe entre la agencia y el Sodalicio. Y también su complicidad en guardar silencio en la medida en que lo permitan las circunstancias.

La esperanza es lo último que se pierde. Y por eso aún esperamos que algún representante calificado del Sodalicio salga a dar la cara y responda sincera y abiertamente a las preguntas que todos nos formulamos. Que así sea.

________________________________________

POST SCRIPTUM (22 de octubre de 2015)

El día de ayer el Sodalicio ha emitido un segundo comunicado sobre el caso Figari —esta vez firmado por Alessandro Moroni, actual Superior General de la institución, y no por Fernando Vidal, encargado de comunicaciones—, corrigiendo las ambigüedades y falsedades del primer comunicado, admitiendo expresamente que Figari está siendo investigado por abusos sexuales y de otra índole y comprometiéndose a tomar medidas concretas, como son la cooperación con las autoridades civiles y eclesiásticas, y la creación de una comisión ad hoc con participación de expertos externos para investigar los hechos y salir al encuentro de las personas afectadas.

Saludo con satisfacción este comunicado, pues lo que allí se dice va más allá de lo que se hubiera podido esperar del Sodalicio en circunstancias normales.

Por otra parte, las discrepancias que existen entre ambos comunicados serían un indicio de que en el mismo Sodalicio habría una división interna entre aquellos que quieren que se aplique la justicia con todo su peso y aquellos que siguen protegiendo a Figari —tal vez convencidos aún de su inocencia o justificando sus extrañas prácticas— con el fin de salvaguardar la imagen de la institución. Cuando en realidad esta imagen ya ha sido gravemente dañada, no sólo por los presuntos delitos del Fundador, sino también por la torpe y burda maniobra que constituye el primer comunicado.

Les doy desde aquí mi aliento y apoyo a todos aquellos que, como el P. Jean Pierre Teullet, no han temido enfrentarse desde dentro a la estructura de mando que hay en el Sodalicio, a fin de que la verdad prevalezca, cueste lo que cueste. En hombres como ellos está la esperanza de que el Sodalicio se renueve y deje el lastre y la porquería que lo han acompañado a lo largo de su azarosa historia.

________________________________________

FUENTES

Comunicado – Sodalicio en relación a su Fundador (19/10/15)
http://sodalicio.org/noticias/sodalicio-comunicado-con-relacion-a-su-fundador/

Comunicado – Superior del Sodalicio explica la situación del Fundador (21/10/15)
http://sodalicio.org/comunicados/comunicado-superior-del-sodalicio-explica-situacion-de-su-fundador-2/