JULIO GUZMÁN Y LOS OPORTUNISTAS

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El año pasado mi mujer, que realizó estudios escolares en el Colegio Sagrados Corazones Recoleta de Lima, me hizo saber que un antiguo compañero de clase suyo, recordado por su empeño, entusiasmo, simpatía y buenas notas escolares, había decidido postular como candidato a la Presidencia de la República. Se trataba nada menos que de Julio Guzmán.

Cuando todavía era un desconocido, seguimos en YouTube algunas de las entrevistas que concedió a algunos medios. Me dio la impresión de una persona voluntariosa de buena intenciones, pero con cierta ingenuidad respecto a cómo se maneja la política en el Perú. Aún así, personalmente se perfilaba mejor que cualquiera de los candidatos de partidos tradicionales, no obstante algunos reparos de mi parte.

A Lourdes Flores, que ha tachado ciertas candidaturas de “aventureras” e “improvisadas” por su falta de experiencia, habría que decirle que si bien algunos candidatos parecen estar avalados por partidos con experiencia de gobierno —llámese aprismo, pepecismo, fujimorismo, acciopopulismo, etc.—, la mayoría de peruanos están decepcionados con ellos precisamente porque tienen experiencia de haber sido gobernados por representantes de esos partidos, y haber sido gobernados mal. Además de que han participado de la corrupción omnipresente, mal endémico en el Perú, los verdaderos favorecidos por sus políticas de gobierno han sido un porcentaje reducido de la población.

Si bien la propuesta de gobierno que más se acerca a mis convicciones socialcristianas es la de Verónika Mendoza, no vería con malos ojos que acceda a la presidencia una persona de historial ético intachable como Julio Guzmán. Y que pasen al basurero de la historia los oportunistas que desde hace décadas han regido los destinos políticos del Perú.

(Columna publicada en Exitosa el 27 de febrero de 2016)

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EL PAPA SOÑADO POR UN PERIODISTA CRÍTICO

Hanspeter Oschwald (1943-2015), periodista

Hanspeter Oschwald (1943-2015), periodista

Hanspeter Oschwald (1943-2015), educado en un ambiente católico en una localidad tradicional de la Selva Negra, fue un periodista que se especializó en el tema de la Iglesia católica desde una perspectiva muy crítica. En un capítulo de uno de sus últimos libros Fugando del capellán. Cómo la Iglesia nos quitó la fe (2011) —amargo ajuste de cuentas con una Iglesia católica en crisis— hace una descripción profética de lo que sería para él el Papa ideal.

Todavía con Benedicto XVI como Pontífice, Oschwald sueña ingenuamente con un Papa proveniente de Sudamérica, un pastor de almas dedicado a los pobres, intelectualmente modesto y de vida sencilla y austera. En vez de presentarse como custodio de la tradición y como maestro y pastor supremo, simplemente pide a la multitud congregada en la Plaza de San Pedro que rece por él para conducir a la Iglesia hacia un futuro mejor.

Este Papa quiere concentrarse en lo esencial de la fe y regresar a las raíces, relativizando lo históricamente condicionado. Una vez asumido el cargo, ordena suspender toda investigación contra teólogos críticos de la Iglesia. En su primera encíclica invita a todos los católicos a buscar respuestas en el amor de Dios y a confiar conscientemente en la Iglesia, no obstante todos sus errores. No hay condena de nadie por ninguna parte. Y promete una mayor descentralización en la gestión eclesial.

Aunque Oschwald vio su sueño cumplido antes de morir, su pronóstico era reservado. Un Papa así encontraría resistencia de parte de la curia y los católicos tradicionales, y finalmente poco es lo que podría hacer. Pues el Vaticano actual sigue siendo hostil a las necesarias reformas.

(Columna publicada en Exitosa el 20 de febrero de 2016)

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El capítulo de su libro donde Hanspeter Oschwald hace la descripción de lo que para él sería el Papa ideal lleva el título de “Pedro Pablo I: Mi cándido sueño de un Papa de los orígenes”. Aunque hay algunos detalles que no se han cumplido en la persona del Papa Francisco, son asombrosas las coincidencias con la figura pontificia descrita en este texto cuasi profético, publicado en julio de 2011 —dos años antes de la elección del actual Pontífice—. He aquí el texto del periodista alemán.

«Desde el inicio de mi época de periodismo eclesial, más exactamente a partir de 1969, el año de mi primer trabajo como corresponsal en Roma, me mueve un sueño. Éste siempre ha ido cambiando y se ha ido profundizando en consonancia con mis experiencias respecto a la Iglesia. Se trata de la pregunta por el Papa adecuado. ¿Cómo debería ser? En 1969 conocí a Pablo VI, el indeciso, en 1978 a Juan Pablo II, el amable y sencillo catequista, que se atrevía a ver en Dios también a una madre. En el mismo año siguió Juan Pablo II, abierto en las formas pero en lo interior un freno ultraconservador de reformas y un supuesto luchador por la libertad, para el cual no tenía importancia la libertad de los oprimidos, sino el deseo de que pudieran ser católicos sin cortapisas. Después vino el Papa alemán Benedicto XVI, que ya años antes había cimentado teológicamente el fundamentalismo de Karol Wojtyla y del cual los alemanes olvidaron, en su repentina euforia papal, que hasta el martes 19 de abril de 2005 a las 18:00 horas había sido la personificación de todos los problemas que los católicos alemanes modernos tenían con Roma.

Este sueño que se ha ido actualizando esporádicamente desde hace 40 años trata de un Papa que habría podido dar fin a la crisis de la Iglesia ministerial que ya se preveía desde 1969. Al final, me hice la siguiente imagen: es elegido un pastor de almas dedicado a los pobres proveniente de Sudamérica, un sacerdote intelectualmente modesto, un pastor que convence por su sencillez y pobreza. Después de haber sido elegido se halla, como manda la tradición, en la Sala de las Lágrimas en la Basílica de San Pedro. Éste es el momento silencioso en el cual el nuevo Papa, tras aceptar la elección, se introduce en su nueva identidad. Simbólicamente, con el cambio de vestidura consuma el paso de obispo a representante de Cristo en la tierra, a Pontifex Maximus y todos aquellos títulos no bíblicos que le es permitido llevar. Ahora se cubre con las blancas vestiduras papales, que llevará hasta su muerte. Lo asaltan, mientra tanto, muchos pensamientos. ¿Por qué me han elegido precisamente a mí, después de un prestigioso teólogo intelectual y después de un seductor de los medios de comunicación? ¿Por qué a mí, proveniente de un barrio pobre en Sudamérica? ¿Qué tengo yo que me haya predestinado a guiar a la Iglesia católica, que cuenta con más de mil millones de miembros? ¿Es la ausencia de esperanzas, la carencia de alternativas, después de que la Iglesia en todo el mundo ha perdido en convocatoria, perfil y credibilidad, incluso allí donde su imagen se presenta ostensiblemente hermosa, como en África?

Había dudado en la elección del nombre. Ratzinger quería la conversión de Occidente y tomó a San Benito (Benedictus, en latín) como modelo. Juan Pablo I y II querían continuar la herencia de sus predecesores. Él, sin embargo, quiere regresar a los orígenes, y así fue su humilde propuesta electoral en el cónclave. Reflexión sobre lo que es importante, y no sobre lo que está históricamente condicionado, lo que es prescindible, concentración sobre todo lo que es indispensablemente necesario para la fe, lo que la caracteriza auténticamente. A eso aspira. Primero quería por eso llamarse sólo Pedro II, después se decidió por Pedro Pablo I, sabiendo bien, según la tradición, que sólo con Pedro se inició el papado. Pero con Pablo el cristianismo tomó forma. Entonces debía remitirse a ambos. Los electores hallaron sugestivo el pensamiento y estaban convencidos de que en la crisis el intento valía la pena. Si fracasaba, los reaccionarios, que habían sido neutralizados momentáneamente debido a que no habían hallado ninguna respuesta a la crisis, podrían imponerse de nuevo.

En mi escenario, entre tanto, el nuevo Papa se ha cambiado de ropa y está listo para su gran aparición en el balcón central de la Basílica de San Pedro. Que el Papa esta vez tampoco sería italiano estaba claro para los observadores ya desde antes de la elección, pues ya en 2005 durante la elección de Ratzinger su mayor competidor era de América Latina, el cardenal Jorge Mario Bergoglio. Italia, entonces como ahora, ni tenía cardenales destacados adecuados para ser Papa, ni el país laicizado, que de católico sólo tiene la apariencia, presentaba una personalidad que pudiera mostrarle a la Iglesia un futuro mejor. Las respuestas italianas, y con ellas las europeas, a la crisis de la Iglesia no convencían. Los reformadores, que podrían haber estado a favor de una segunda Reforma, no habían sido admitidos en la cúpula. Y el Tercer Mundo carecía de personalidades, pues junto a la deficiente formación universitaria de los teólogos, los nuncios papales, según las instrucciones, proponían a Roma para los nombramientos de obispos y cardenales predominantemente a oportunistas. Únicamente en Sudamérica de manera puntual, obedeciendo a la necesidad y no siguiendo el impulso romano, se imponían purpurados irrelevantes. Cuando finalmente ya ha llegado el momento de su aparición, no esperan tantos creyentes en la plaza, como ocurrió con sus predecesores, para celebrar al nuevo Papa. Anteriormente la Plaza de San Pedro desbordaba, y los reporteros escuchaban con devoción las primeras palabras del nuevo Pontífice, que eran entendidas en el estilo del “No tengáis miedo” de Karol Wojtyla.

El sudamericano Pedro Pablo I no se sirve a sí mismo y no habla del humilde siervo en la viña del Señor. No obstante la elección de su nombre, que ciertamente suscita incógnitas, no se pone a sí mismo en la lista de más de 365 nombres del ministerio petrino, sobre el cual estaría edificada la Iglesia. No habla de su autoridad como custodio de la tradición, como maestro y pastor supremo. Les pide a los allí congregados sólo su oración, para que pueda guiar a todos y junto con ellos a la Iglesia hacia un futuro mejor.

A los prefectos y presidentes de los ministerios curiales, de los dicasterios, de las congregaciones y consejos los deja por el momento en el cargo. Al cardenal secretario de Estado y a los sustitutos, al ministro del interior del Vaticano, los confirma asimismo, pero a todos les da una clara instrucción. Hasta nueva orden no se iniciará ningún proceso contra críticos de la Iglesia, ninguna investigación magisterial contra supuestos desviacionistas y no se emitirá ningún nuevo decreto, sea cual sea la materia.

La curia es conminada a guardar silencio, lo más difícil para ella, pero lo que sin embargo mejor hace. Esto no llama la atención particularmente, dado que de todos modos las directivas romanas sólo tenían un eco restringido. Por momentos parecería que ya no hay curia, pero nadie la echa de menos. Con algunas excepciones, que poco tienen que ver con el pueblo. Ardorosos tradicionalistas y reaccionarios intentan de la manera habitual forzar al Papa mediante reclamos y protestas a comprometerse en desistir de las libertades modernas y darle su bendición a formas tradicionalistas. Pero nada sucede. Incluso los denunciantes chocan con un silencio pasivo. El Papa deja que se ignore a los progresistas y que los conservadores caigan en el vacío.

Casi un año dura esa inusual situación de enmudecimiento romano. Los vaticanistas ya apenas visitan la sala de prensa. Los casilleros de la prensa rara vez se llenan, y lo poco que puede ser compartido de comunicaciones cotidianas sobre celebraciones de misas y actividades papales, lo buscan en Internet. Algunos periódicos consideran si no deberían retirar a sus corresponsales permanentes del Vaticano.

La tranquilidad, sin embargo, sólo encubre engañosamente una actividad del todo inusual. Pues el Papa prepara su declaración de gobierno, que, como de costumbre, tendrá la forma de una encíclica. Al respecto, la curia ha estado sumamente activa, pero no hacia afuera. Cada dicasterio debe elaborar una evaluación de las situación, que se remonte por lo menos hasta el Concilio en 1965. El nuevo Papa espera una justificación histórica y actual de su existencia. ¿Cómo y en qué situación han surgido los cargos, y que han hecho favor de los creyentes (no a favor de la Iglesia)?

La otrora todopoderosa Congregación para la Doctrina de la Fe debe de pronto reflexionar sobre la estela de sangre que ha dejado en la historia como Santa Inquisición, sobre de qué manera tan contraria a la dignidad humana y anticristiana ha perseguido a herejes y críticos, sobre qué poco ha tenido en cuenta los derechos fundamentales y las enseñanzas de Cristo. ¿Cómo ha justificado los dogmas de la Iglesia? ¿Gozan éstos todavía de consistencia o el mundo ha cambiado de tal manera, que incluso habría que suprimir de repente algún dogma?

La murmuración sobre este examen de conciencia se desborda entonces hacia afuera. Y el Vaticano como tema se vuelve otra vez interesante, aun cuando ninguno de los observadores, que pudieron así mantener sus trabajos, sabe adónde va. El nuevo Papa suscita incógnitas, y nadie puede interpretarlo correctamente. ¿Qué significa todo esto? Algún que otro cardenal de curia ya especula en conversaciones privadas sobre la posibilidad de destituir al Papa. Cuestionar verdades proclamadas, tomar en serio las teologías modernas, que no ponen a la Biblia como absoluta, sino que reconocen los análisis históricos, hermenéuticos, religioso-científicos y filosóficos, todo esto resulta incompatible con la certeza de sí misma que tiene la Iglesia católica. Cuando el Papa interroga de manera tan crítica a la propia Iglesia, roza de manera tan cercana la herejía, que los cardenales se verían en el derecho de destituirlo. Todavía nadie se atreve a especular en voz alta al respecto. Pero en los periódicos romanos se filtran de tanto en tanto indiscreciones que, por el momento, son difíciles de interpretar. […]

Pedro Pablo reflexiona y escribe finalmente su encíclica. En ella convoca a todos los católicos a buscar respuestas a todas las preguntas en el amor de Dios, a seguir con confianza a la Iglesia a pesar de todos sus errores, pues el designio misterioso de Dios guiará todo hacia el bien. Así y todo no hay ninguna condena. Algunos procesos son archivados, y la Congregación para la Doctrina de la Fe sufre recortes. El Papa también asegura que permitirá más descentralización en la Iglesia católica. Ha despertado esperanzas, pero ha logrado poco, porque el miedo a la responsabilidad, el miedo a las consecuencias, tal vez un cisma, bloquean al Papa. La memoria temerosa del antiguo orden es más fuerte. Las mejores intenciones se desmenuzan de este modo ante el peso de la tradición.

Finalmente, Pedro Pablo debe reconocer que de Roma no se puede esperar una verdadera reforma. Pero esto se lo guarda para sí mismo. Éste y el siguiente cónclave no van cambiar nada. Ahí termina mi sueño.»

(Traducción al español: Martin Scheuch)

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FUENTE

Hanspeter Oschwald, Auf der Flucht vor dem Kaplan. Wie uns die Kirche den Glauben austrieb [Fugando del capellán. Cómo la Iglesia nos quitó la fe], Piper, München 2011.

PREGUNTAS A LA COMISIÓN DEL SODALICIO

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El 14 de enero envié por correo ordinario mi denuncia de abusos psicológicos y físicos sufridos en el Sodalicio de Vida Cristiana a la Comisión de Ética para la Justicia y la Reconciliación. Ésta me dio acuse de recibo vía e-mail el 3 de febrero, aunque ya conocían el texto de mi denuncia con anterioridad, pues les fue proporcionada por un sodálite de confianza, a quien yo le había enviado la misma documentación por e-mail el 27 de octubre del año pasado.

En un e-mail del 19 de febrero enviado a la Comisión puse la siguiente aclaración: «Aclaro que la denuncia no es contra personas individuales sino contra el Sodalicio, pues fue el sistema institucional sodálite plasmado en una doctrina y una disciplina los que permitieron que se cometieran en perjuicio mío los abusos que detallo en el documento, creando el marco necesario para que ello ocurra».

A día de hoy no he recibido ninguna notificación adicional, invitándome a declarar y hacer las precisiones del caso, aun cuando he consignado mi número de teléfono en Alemania y mi usuario de Skype.

¿Qué pasa, señores de la Comisión? ¿Qué están esperando? ¿Sólo les interesa las denuncias contra Figari a fin de embarrarlo únicamente a él y dejar a la institución libre de polvo y paja?

¿Alcanzará el fondo asignado de 500 mil dólares para indemnizar a las víctimas? Sólo las casas de San Bartolo puestas a la venta por el Sodalicio están valuadas en más de 4 millones de dólares. ¿No creen que ese monto debería usarse para indemnizar a las víctimas, en vez de destinarse a abogados para limpiar la reputación de los abusadores?

(Columna publicada en Exitosa el 13 de febrero de 2016)

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Según información publicada por la inmobiliaria Alberto Arribas en el portal adondevivir, éstos son los precios solicitados por las que fueran casas de formación del Sodalicio en San Bartolo.

Casa de playa en la Ribera Sur, lote 5 S/ 1,806,000 (US$ 602,000)
Casa de playa en la Ribera Sur, lote 24 S/ 1,713,000 (US$ 571,000)
Casa en la Av. San José de San Martín,
zona Costa Norte Baja, lote 50
S/ 7,329,000 (US$ 2,443,000)

Lo cual hace un total de US$ 3,616,00. Si a esto le sumamos lo que se estaría pidiendo por una cuarta casa de playa, ubicada al centro de la Ribera Sur, el monto superaría los 4 millones de dólares. Esto sin tener en cuenta los ingresos que el Sodalicio recibirá por la venta de la casa donde vivía Luis Fernando Figari, ubicada en La Pinta 130 (San Isidro), y de las dos casas con jardines y una piscina ubicadas en Santa Clara (Ate), cerca del Hotel El Pueblo.

Por eso mismo, resulta ridículo que se haya asignado un fondo de US$ 500,000 para indemnizar a las víctimas que presenten su denuncia ante la Comisión de Ética para la Justicia y la Reconciliación. Pues los montos a ser desembolsados deben ayudar a mitigar el sufrimiento de personas que han sido dañadas de por vida y ayudar a cubrir ampliamente los gastos médicos y psicoterapéuticos en que han incurrido estas personas, además de compensar las oportunidades perdidas en cuanto a estudios y trabajo debido al tiempo vivido en comunidades sodálites.

Al respecto, cabe mencionar de manera ilustrativa el caso de Andreas Huckele, quien junto con un compañero suyo fueron las primeras víctimas que denunciaron los abusos sexuales sufridos en la Escuela de Odenwald (ver mi post LA ESCUELA DE ODENWALD Y EL SODALICIO). En julio de 2010, debido a la incomprensión con la que continuamente se topaba, decidió poner por escrito las razones que justificaban la indemnización que estaba solicitando y por la cual estaba luchando desde hacía meses.

He aquí el texto tal como aparece en el libro que escribió bajo el seudónimo de Jürgen Behrens, «Wie laut soll ich denn noch schreien?» Die Odenwaldschule und der sexuelle Missbrauch, Rowohlt, Reinbeck bei Hamburg 2011 [«¿Cuán fuerte debo aún gritar?» La Escuela de Odenwald y el abuso sexual].

«¡Los pagos indemnizatorios a las víctimas cumplen funciones importantes!

Una de esas funciones es simbólica.
En una cultura material como la nuestra, en la cual el valor de algo o alguien se expresa en una cifra en euros, la designación de un daño en euros tiene un alto valor representativo, en particular cuando se trata de un daño personal, es decir, un daño respecto al cual puede haber únicamente un reconocimiento pero no una reparación. El pago de una indemnización es el reconocimiento y designación de una culpa y pone fin al sentimiento de culpa compartida y participación de las víctimas en el delito.
¡Las víctimas no pudieron decir que “no”!
Que actualmente sean pocas las víctimas que reclaman indemnizaciones forma parte del daño ocasionado por la violencia sexual que tuvieron que padecer y soportar las víctimas. En la medida en que se asume que la mayoría de las víctimas no elevan reclamaciones materiales y de este modo la minoría de las víctimas que reclaman indemnizaciones con cifras concretas son marginadas nuevamente, los responsables de la institución mantienen el comportamiento lesivo.
“Pues recién cuando en nuestra sociedad se pagan grandes sumas de dinero de manera voluntaria, se reconoce dolorosamente la culpa”.
Prof. Volkmar Sigush, sexólogo, Frankfurt am Main, Erziehung und Wissenschaft, 6/2010, GEW.

Una de esas funciones es práctica.
El pago de una indemnización mitiga el daño ocasionado. Los sobrevivientes de violencia sexual se hallan asegurados en la vida por debajo del promedio. Los costos de tratamientos son altos y no siempre son asumidos por los seguros médicos. Los montos asignados para medidas terapéuticas se agotan antes de terminar el tratamiento. Biografías quebradas, retrasos en la formación profesional y vínculos laborales interrumpidos pueden observarse de manera acumulada en las víctimas. Una provisión adecuada para la vejez con frecuencia no se da.

Una de esas funciones es moral.
Quien ha ocasionado daño tiene en nuestra cultura la obligación de resarcirlo. Esta obligación es independiente del derecho penal y civil. Por eso mismo, la institución está obligada a tomar distancia del alegato de la prescripción y hacer frente a su obligación moral.
Los pagos indemnizatorios deben ser fijados con montos tan elevados que no se ofenda a las víctimas. ¡Un sufrimiento de por vida no puede ser compensado con limosnas!»

(Traducción al español: Martin Scheuch)

EL PARÁSITO FIGARI

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Hormiga zombi con hongo parásito “Ophiocordyceps unilateralis” en la cabeza

El Sodalicio de Vida Cristiana fue fundado y gobernado durante casi cuatro décadas por un parásito. Pues no se sabe que Figari haya tenido un trabajo remunerado después de que fuera profesor de educación cívica en el Colegio Maristas San Isidro y de religión en el Colegio Santa María (Marianistas). El resto de su vida —incluso hasta ahora— ha vivido del trabajo de otros. Y de manera injusta y despiadada, pues muchos de los que hemos trabajado duro y parejo durante toda nuestra vida no podemos costearnos las viviendas de lujo que ha tenido ni los viajes internacionales de los cuales ha gozado cada año. Mucho menos disponemos de miles de dólares para pagar los obscenos honorarios de un abogado que buscará dejar sin efectos las demandas judiciales que puedan haber contra quien creó todo un sistema para abusar física, psicológica y sexualmente de jóvenes que creyeron en su prédica pseudo-cristiana. Mientras tanto, disfruta de un exilio dorado en Roma, donde espera pasar los últimos años de su vida en la más absoluta impunidad, atendido por miembros de su círculo íntimo que todavía le deben guardar fanática devoción y respeto.

Ni siquiera en las mismas comunidades sodálites podíamos disfrutar de los caprichos gastronómicos que alimentaban su cada vez más abultada barriga. Lo digo con conocimiento de causa, pues yo mismo fui encargado de temporalidades (administrador de ingresos y egresos) de un par de comunidades sodálites, y uno prácticamente tenía que hacer magia para que el dinero que ingresaba semanalmente alcanzara para dar de comer adecuadamente a todos los miembros de la comunidad, sin contar los gastos en aseo y limpieza, agua, luz y teléfono. Fue entonces cuando aprendí a ser austero y creativo en la economía doméstica. No hay mal que por bien no venga.

Todo esto no pasaría de ser meramente anecdótico a no ser por el hecho de que el influjo parasitario de Figari va más allá de un mero estilo de vida sanguijuelesco. Figari, además, ha parasitado las mentes y las voluntades de quienes creímos en él y en su proyecto. Como esos hongos que infectan a ciertas hormigas, toman el control de sus sistemas nerviosos y alteran su comportamiento hasta producirles la muerte, sólo con el fin de sobrevivir y mantener la especie. O como las larvas de la glyptapanteles —una especie de avispa— que manipulan el comportamiento de las orugas en que se alojan, llevándolas a mantenerse inmóviles y a dejar de alimentarse, convirtiéndolas en guardianas agresivas de los capullos de los insectos hasta que éstos se desarrollan, abandonan a la oruga y éste muere. Pues el sistema de formación sodálite estaba orientado a implantar a Figari en lo más íntimo de nuestra personalidad, convirtiéndonos prácticamente en zombis con apariencia de personas normales, pero siendo en realidad defensores irracionales de un pensamiento único —el de Figari— y ejecutores autómatas de su voluntad, hasta el punto de estar dispuestos a entregar nuestras vidas por la supervivencia del zángano supremo.

Eso explicaría las reacciones que están teniendo muchos sodálites ante el escándalo que se desató en octubre del año pasado con la publicación de Mitad monjes, mitad soldados. Infectados por el virus Figari, han desarrollado una personalidad ficticia encima de sus personalidades reales, que los lleva a decir y hacer cosas que una persona en sus plenos cabales no diría ni haría. Sus mentes están tomadas y manipuladas sin que ellos se den cuenta y sus voluntades están al servicio de la supervivencia del sistema que es la encarnación misma del espíritu de Figari. Pues aún cuando éste desapareciera del mapa, su nefasta influencia seguiría viva en las estructuras institucionales —pensamiento, disciplina, jerarquía, normas— inficionando a quienes caigan en las redes de su sistema de formación y adoctrinamiento.

Una de las maneras en que se lograba esta especie de “lavado de cerebro” era a través de la práctica de la sustitución de criterios, tal como se plantea en un texto relativamente reciente publicado en la página web Camino Hacia Dios del Movimiento de Vida Cristiana (ver http://caminohaciadios.com/chd-por-numero/576-los-criterios-evangelicos):

«El discípulo de Jesús debe aspirar, como dice San Pablo […], a tener la mente de Cristo (ver 1 Cor 2, 16; Ef 4, 24), es decir, debe aprender a pensar como Él (sus modos de aproximarse a la realidad, su razonamiento, su valoración de las cosas, tener sus mismos criterios, etc.) de modo que toda su actividad responda a ese “nuevo pensar”. Ese nuevo pensar, precisamente, debe estar nutrido de los criterios del Evangelio, de las “medidas” que el Señor nos da para avanzar correctamente. […]

¿Cuáles son, entonces, los criterios “evangélicos”? Son todos aquellos criterios que el Señor Jesús nos ha enseñado. Estos criterios nos ayudan a juzgar la realidad como Él y a actuar con coherencia. ¿Dónde los encontramos? En la vida y las palabras del Señor. En la Sagrada Escritura, y particularmente en los Evangelios, encontramos muchísimos criterios que nos pueden iluminar en lo cotidiano. […]

¿Y de quién podemos aprender a dejarnos guiar por los criterios evangélicos? Los santos son grandes maestros para vivir según el Evangelio. Entre ellos, de modo especial, Santa María. Ella, cuyo corazón late al unísono con el de su Hijo, nos educa a mirar la realidad desde el Evangelio y a discernir nutridos de la misma mirada de amor del Señor.»

El problema radica en que era el mismo Figari quien proporcionaba la hermenéutica para interpretar qué criterios debían extraerse de la Sagrada Escritura. «El pensamiento sodálite es la clave para entender e interpretar la realidad», decía Figari. Pero ese pensamiento no era la creación colectiva de una comunidad, desarrollado y profundizado en el tiempo a través de un diálogo y reflexión constantes, sino expresión ideológica de la única mente del parásito. Figari era el criterio de lo que debía ser considerado como verdad y norma de vida para los sodálites, y éstos tenían que ajustarse y acomodarse a lo que Figari determinaba. Más aún, lo que pensaban y escribían los sodálites sólo tenía validez en la medida en que reflejara el pensamiento único de Figari. No había lugar para reflexiones personales propias.

La mención a Santa María en el texto citado no deja de ser relevante, pues los datos que aparecen sobre ella en la Sagrada Escritura son tan escasos, que la reflexión sobre cuáles habían sido sus criterios se derivaba principalmente de especulaciones espirituales y pseudo-teológicas que Figari presentaba como si se trataran de revelaciones divinas inspiradas por el Espíritu Santo. De este modo, la Virgen María era utilizada como una especie de comodín para que Figari pudiera inocular de contrabando sus gérmenes en los cerebros huéspedes.

Creyendo seguir tras las huellas del Jesús de los Evangelios, muchos sodálites caminamos como zombis por una senda errada con mentes refractarias a cualquier atisbo de sensatez, idolatrando a Figari en el santuario de nuestras conciencias y defendiendo la institución contra viento y marea.

Extirpar ese parásito del interior de uno es un proceso largo y doloroso, pues —al igual que el “alien” de la película homónima de Ridley Scott— se nutre de nuestra misma vida, dándonos la ilusión de estar caminando en la verdad por la senda correcta. Y aunque a ojos de los demás aparentábamos estar sanos, por dentro teníamos un bicho que carcomía nuestras energías psíquicas y espirituales y nos impedía desarrollar todo nuestro potencial humano. Yo me demoré décadas en librarme de la enfermedad, y aún tengo cicatrices en el alma que probablemente requieran de ayuda profesional. Así como la han necesitado muchos de los que pasaron por esa licuadora de la psique que es el Sodalicio de Vida Cristiana.

No puedo decir con exactitud cuáles sean los remedios para este virus en cada caso personal, pero a mí me sirvieron mucho la literatura y el cine como arte, en la medida en que me abrieron ventanas a la riqueza de la realidad terrena y humana en toda su profundidad y me permitieron descubrir cuán estrecha era la cárcel interior en la que estaba encerrado. Tuve que matar a Figari en mí, componiendo una canción que me arranqué de las entrañas y cuya letra transcribo a continuación.

USTED

usted nunca se entregó
al calor de una mujer
usted nunca tuvo
pasión con locura

usted nunca quiso ser
un amante al amanecer
usted nunca supo
de amor con ternura

usted creyó rescindir
el pretérito y el porvenir
convocando un futuro
para santos y puros
de frugal sumisión
sin migajas para la ocasión

y usted nunca atardeció
con un hijo llamado dolor
que temblando está por la fiebre
que llorando está por el hambre
que creciendo está como un hombre
que buscando está libertad
en el suelo fecundo
de sus sueños oriundos
consumando jocundo el rumor
de su amor por el mundo
su fervor vagabundo
sepultando el difunto pendón
de usted
de usted

usted prohibió caminar
por la vida sin su cristal
usted siempre impuso
sus filosofías

usted quiso disecar
los latidos al palpitar
usted puso muros
a la poesía

usted sólo permitió
los vocablos de su fogón
y sin nombre de alma
el espíritu empalma
con carencia de olor
con ausencia de sangre y color

y usted nunca traspasó
los linderos de su mansión
donde el niño juega con la araña
y el amigo espera en la montaña
y el anciano sueña en la pestaña
del poeta que tañe al amor
con sus manos cansadas
de arrugar madrugadas
conjurando su arcada el valor
de auscultar la calzada
y ocupar barricadas
rubricando su espada un adiós
a usted
a usted

Ya lo decía yo en un texto que publiqué en agosto de 2013 (ver FIGARI, El ÍDOLO CAÍDO):

«Para quien quiera desvincularse del Sodalicio y del formateo mental que sufren quienes han pasado por la institución, es necesario y saludable mandar a la mierda de manera simbólica a Figari, derrumbar el ídolo que ha sido colocado en el altar del propio recinto interior y al cual durante años se le ha rendido pleitesía, asimilando su pensamiento y sus criterios, buscando agradarle mediante una obediencia complaciente y absoluta, y manteniendo una ceguera obsecuente ante sus debilidades humanas y sus desvaríos intelectuales.»

Por eso mismo, la solución al escándalo del Sodalicio no terminaría con la expulsión de Figari o con su hipotética muerte debido a una penosa enfermedad —eufemismo para designar el cáncer que dice padecer— en un futuro no muy lejano. Mientras el Sodalicio siga siendo en esencia lo mismo que es ahora, Figari seguirá vivo en la institución como un fantasma que se resiste a dejar de penar en la mansión que él mismo invadió hasta el más recóndito recoveco con su mórbida presencia.

PLAGIO Y CORRUPCIÓN

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El 2 de abril de 2012 el Presidente de Hungría, Pál Schmitt, tuvo que renunciar a su cargo luego de que la Universidad Semmelweis de Budapest inhabilitara su título académico de doctor en ciencias deportivas debido a plagios masivos en su tesis doctoral.

Algo similar ocurrió en Alemania cuando el 23 de febrero de 2011 la Universidad de Bayreuth inhabilitó el doctorado en derecho del entonces Ministro de Defensa Karl-Theodor zu Guttenberg debido a que se comprobaron plagios en 369 páginas de las 393 que tenía su tesis. No obstante ser considerado un favorito como próximo candidato a canciller y contar con el apoyo de Angela Merkel, tuvo que renunciar a su cargo y retirarse de la política.

Lo mismo pasó con la Ministra de Educación e Investigación Annette Schavans, quien luego de ser inhabilitado su doctorado en ciencias de la educación en febrero de 2013, puso su cargo a disposición.

Desde marzo de 2011 la página web VroniPlag Wiki se ha dedicado a examinar tesis académicas que caían bajo sospecha y ha contribuido a que a 26 personalidades de la vida pública alemana se les inhabilite su título académico, con los consiguientes efectos jurídicos.

El plagio en una investigación académica no puede ser considerado una mera “criollada” que permita concederle un título que le abrirá oportunidades laborales, empresariales o políticas a una persona que demuestra de este modo ser incompetente en su área. Este tipo de plagio es una modalidad más del cáncer de la corrupción.

Que César Acuña, después de conocerse sus múltiples plagios, siga en campaña muestra que la tolerancia hacia la corrupción es una enfermedad incurable en el Perú.

(Columna publicada en Exitosa el 6 de febrero de 2016)

ABUSO SEXUAL Y MACHISMO

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Desenfreno machista durante los sanfermines del año 2013 (Pamplona, España)

El abuso sexual sufrido por menores de edad —no importa de qué sexo sean— deja secuelas post-traumáticas que acompañarán a la persona durante toda su vida. Sin embargo, la sociedad suele tener más comprensión hacia el perpetrador si las víctimas son jóvenes adolescentes de sexo femenino, y ser más dura y condenatoria si las víctimas eran varones. Pues se parte de la falsa idea de que el impulso sexual masculino se torna incontrolable cuando una mujer se le presenta al sujeto con características sexuales seductoras según la cultura, de modo que la responsabilidad de una agresión sexual termina siendo compartida por las mujeres, si es que no se les atribuye toda la culpa.

El sacerdote sodálite Jürgen Daum, en su libro Sexualidad y castidad (Universidad Católica San Pablo, Arequipa 2013), afirma lo siguiente:

«Las chicas no se dan cuenta de su poder de provocación en los hombres. En la manera que se vistan las van a tratar».

Lamentablemente, no encontramos esta afirmación moralista compatible con lo que Jesús enseña en el Evangelio:

«La lámpara del cuerpo es el ojo. Cuando tu ojo es bueno, también todo tu cuerpo está lleno de luz; pero cuando tu ojo es maligno, también tu cuerpo está en tinieblas» (Lucas 11, 34).

De modo que quien tiene una mirada sana y una conciencia limpia, verá en la prostituta a la mujer que merece todo respeto en razón de su dignidad humana, mientras que quien tiene la mirada sucia y la conciencia turbia, verá en la mujer virgen y pudorosa al objeto sexual que puede poseer. Quien comprende esto maduramente y le ha perdido el miedo a la sexualidad, podrá también admirar la belleza de un desnudo natural sin dejarse llevar por deseos inconfesables. Pues la maldad no radica en el cuerpo humano creado bueno por Dios, sino en la mirada que lo observa con malas intenciones.

Pues, como dice San Pablo, no hay nada que sea impuro en sí mismo:

«Yo sé, y confío en el Señor Jesús, que nada es impuro en sí mismo; pero para el que piensa que algo es impuro, para él lo es» (Romanos 14, 14).

En contextos conservadores y fundamentalistas con el añadido de un fuerte elemento machista —considerando lo masculino como superior a lo femenino y cargando la responsabilidad de muchos problemas sobre los hombros de lo femenino—, donde además se insiste obsesivamente en la perversidad del mundo y se busca generar continuos sentimientos de culpa en los sujetos, no es de extrañar que se dé una sexualidad reprimida que, por eso mismo, termina saliéndose de su cauce y descontrolándose. Y llevando a los sujetos a cometer acciones reprobables de manera casi compulsiva. El P. Daum no tendrá que mirar muy lejos para verificar este fenómeno, pues en la misma sociedad de vida apostólica a la que pertenece, el Sodalicio de Vida Cristiana, deben haber varios casos.

La siguiente reflexión de Rocío Figueroa, que ahora reproduzco con la debida autorización, toca este tema de manera sucinta y vigorosa, teniendo en cuenta que ella misma fue víctima de un abuso sexual (tocamientos indebidos) por parte de una figura líder en el Sodalicio cuando todavía era menor de edad.

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EL MACHISMO INCLUSO EN EL ABUSO SEXUAL
por Rocío Figueroa

La característica del abuso sexual por parte de un sacerdote o religioso es que involucra a un menor de edad en actividades sexuales utilizando su poder espiritual (director espiritual, animador, superior) y violando la confianza. La característica del abuso es justamente la asimetría en la relación (adulto-menor, padre espiritual-aconsejado, superior-inferior).

Lo más trágico de todo es que en Latinoamérica seguimos con una mentalidad machista al evaluar el abuso sexual. Si se trata de un abuso de un adulto hacia una mujer menor de edad, entonces “fue sólo un desliz”, “ella lo sedujo”, “fueron amantes”. ¡No, señores! Si un adulto en una situación de poder entra en una relación teniendo actividades sexuales de cualquier tipo con un menor de edad, sea hombre o mujer, eso es abuso sexual aquí en la China o en Tombuctú.

Si tienes una hija de 16 años y un profesor, confesor o director espiritual que le dobla la edad la induce a actividades sexuales, ¿dirías que se “enamoraron”? No. Aunque la menor de edad se haya encaprichado. Es justamente la técnica de seducción. Es un abuso.

El abuso sexual lo podemos definir según Reinhart (1987)1 como la exposición de un menor de edad a la estimulación sexual inapropiada para su edad y para su desarrollo psicológico. Schechter & Roberge (1976)2 lo definen como la involucración sexual de jóvenes o niños inmaduros en actividades sexuales que no entienden completamente y a las cuales no pueden dar su consentimiento libre.

La característica del abuso sexual por parte de un sacerdote o consagrado es la traición de un menor de edad por una persona en posición de poder y confianza que está autorizada a ejercer el liderazgo espiritual. El abuso envuelve una sexualización traumática del menor de edad, haya o no el perpetrador usado la fuerza o la coerción (Reinhart 1987).

Se habla de abuso sexual a tres niveles: exposición de un menor de edad a cuestiones sexuales lejos de su madurez sexual (revistas, imágenes, conversaciones), tocamientos de manera sexual, intentos de relaciones sexuales de cualquier tipo. Y lo que se añade a un abuso por parte de un religioso es que se utiliza a “Dios” y la relación espiritual de confianza en el escenario del abuso.

1 Reinhart M.A., “Sexual abuse of battered young children”. Pediatr Emerg Care, 1987.
2 Schechter, M. & Roberge, L., “Child Sexual Abuse”. In: Child Abuse and Neglect. The Family and the Community. Helfer, R., Kempe, C. (Eds). Cambridge, Ballinger, 1976.

Texto original: http://rocio-figueroa.blogspot.de/2016/01/el-machismo-incluso-en-el-abuso-sexual.html

SODALICIO Y VIOLENCIA

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Quienes hemos vivido años en comunidades sodálites, somos conscientes de la violencia casi cotidiana a la que fuimos sometidos, sobre todo en lo verbal y psicológico, pues la disciplina sodálite, bajo la apariencia de una configuración con la persona de Cristo, estaba orientada a la anulación de la voluntad propia y al sometimiento de la libertad personal a los dictados de una ideología cristiana fundamentalista.

Ya lo había señalado en mi post TESTIMONIO COMPLETO:

«…si bien hay casos excepcionales de maltrato extremo, relatados por varios testigos, se trata de hechos ocasionales, pues el maltrato más frecuente son las conversaciones y reuniones para ir metiendo la propia ideología en las cabezas de las personas, donde se recurre con frecuencia a la burla, el insulto, la orden de guardar silencio e incluso a veces a las amenazas de castigos (ayunos obligados, privación de sueño, actividades absurdas sin ninguna finalidad, etc.). Ni qué decir, por lo general la autoestima sale bien perjudicada.»

La violencia ha sido un constitutivo latente de la misma estructura del Sodalicio, y no es de extrañar que haya eclosionado en varias ocasiones de manera feroz y destructiva, dejando un reguero de sobrevivientes con heridas y cicatrices en su psique y hasta en su cuerpo.

He aquí una reflexión de Rocío Figueroa sobre cómo la violencia está en la raíz de los abusos de toda índole que se han destapado en el Sodalicio de Vida Cristiana.

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LA DINÁMICA DE VIOLENCIA EN EL SODALICIO DE VIDA CRISTIANA
por Rocío Figueroa

Me parece importante comprender que lo que está en la base de los abusos sexuales es sobre todo una búsqueda insaciable de poder y violencia por parte de los perpetradores.

El teólogo R. Ruard Ganzevoort en su artículo “Violence within the church” (“La violencia dentro de la Iglesia”, 2003) realiza un análisis muy agudo de las dinámicas de violencia y poder ante el abuso sexual en la Iglesia. Él señala cuatro etapas, de las cuales al menos las tres primeras se han dado tal cual en el escándalo del Sodalicio de Vida Cristiana.

1. Silencio antes de la tormenta:

– La violencia está presente pero no se manifiesta a la comunidad.

– Sólo pocos miembros son conscientes y sufren la violencia por parte de perpetradores, pero no es un conocimiento colectivo.

– Este primer estadio provee la estructura para las dinámicas de poder, de modo tal que los perpetradores generan una autoridad rígida y vertical que lleva al silencio.

2. Explota la bomba:

– Erupción del caos.

– Se dan encuentros violentos, disputas y reproches.

– Las víctimas se convierten en el chivo expiatorio de la comunidad. Son ellas y no el perpetrador el origen del escándalo. (Me sorprende, porque sucedió tal cual, con agravios de toda índole.)

– Muchos quieren regresar al silencio.

3. Ruptura de relaciones:

– Distintas perspectivas en el foro:

  • la perspectiva de las víctimas (en el caso del Sodalicio exigen justicia);
  • la perspectiva de los perpetradores (en el caso del Sodalicio el perpetrador niega toda responsabilidad).

– Los espectadores: algunos neutrales, otros salvadores de las víctimas, otros salvadores de los perpetradores.

4. Restauración:

– No se puede regresar a como era antes.

– Sólo se puede reconstruir si se reconoce el impacto de la violencia.

– No hay posibilidad de restauración si no se reconoce el mal causado.

– Preguntas que una comunidad tiene que hacerse:

  • ¿Qué significa que la violencia haya estado en medio de nosotros?
  • ¿Cómo podemos entender que la violencia de la comunidad nos haya llenado de rabia?
  • ¿Cómo hacer para que nuestra comunidad no tenga tendencias violentas?

Texto original: http://rocio-figueroa.blogspot.de/2015/12/la-dinamica-de-violencia-en-el-scv.html

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FUENTE

R. Ruard Ganzevoort, Violence within the church. Paper for the 2nd International NOSTER Conference, Soesterberg NL 21-01-2003.
http://www.ruardganzevoort.nl/pdf/2003_Violence.pdf