LA PUNTA DEL ICEBERG

la_punta_del_icebergDebo confesar que yo nunca vi nada.

Durante el tiempo que viví en comunidades sodálites no observé nada que me llevara a pensar que se cometían abusos sexuales de gravedad. Yo mismo no puedo confirmar ninguno de estos abusos, salvo el que se cometió conmigo cuando tenía 16 años y que para mí fue más bien un abuso psicológico con una marcada connotación sexual (ver SOBREVIVIENTE DEL SODALICIO).

Sin embargo, en el año 2008, tres años antes de que se diera a conocer que Germán Doig había abusado de jóvenes a su cargo, yo ya había llegado a la conclusión de que podían haber varios sodálites con una sexualidad desbordada que los llevaba a tener una doble vida. El caso de Daniel Murguía, atrapado in fraganti por la policía en octubre de 2007 cuando fotografiaba a un menor de edad al cual le había practicado una felación, me trajo a la memoria los años de angustia que yo había vivido en comunidad, acosado por obsesiones sexuales que aparecían con fuerza inusitada cada cierto tiempo y me hundían en abismos de culpabilidad y tragedia. Hasta ese momento había considerado lo mío como un caso aislado, como expresión de una debilidad personal que me había llevado al fracaso en mis deseos de plasmar el ideal sodálite dentro de un estilo de vida propio de un laico consagrado y célibe.

Lo de Murguía me llevó a replantear este supuesto. ¿Era yo el que que había fallado o eran más bien el estilo y la disciplina sodálites los que habían generado las condiciones para que yo desarrollara esas tendencias enfermizas, alejadas de un desarrollo sano de la sexualidad? Murguía, a quien yo recordaba como un joven de carácter dulce y bondadoso, se convirtió para mí en ese entonces en la punta del iceberg. Él también era uno de aquellos en quienes la sexualidad se había salido de su cauce.

Más aún, al ir reconstruyendo en base a mis recuerdos la manera cómo se trataba el tema de la sexualidad en las comunidades sodálites, fui armando un cuadro con una serie de indicios inquietantes que hacían presentir algo turbio en el fondo (ver SODALICIO Y SEXO). Recordé entonces los casos de sodálites consagrados que habían tenido problemas de faldas y que habían vivido en las mismas comunidades donde yo estaba: un joven considerado sodálite ejemplar que fue traído de Chincha para estar en observación en la comunidad Nuestra Señora del Pilar por haberse liado con una chica; otro que sintió atracción por una mujer casada que trabajaba en su oficina y no resistió la tentación de acostarse con ella y echar todo por la borda; otro que se enamoró de una joven vecina y fue visto besándose en la boca con ella en la camioneta combi en la cual había salido a hacer unos encargos. Éste último pasó sus últimas noches en la comunidad sufriendo pesadillas; yo mismo escuchaba sus gritos cuando se despertaba angustiado en medio de la noche. Y en San Bartolo, a donde eran enviados para “discernimiento espiritual” todos estos casos problemáticos, vi a otro consagrado que también había sido traído de Chincha, el cual siempre estaba bajo vigilancia de otros dos sodálites cuando salía a rezar el rosario en el malecón. En ocasiones, no pudo evitar quedarse mirando a alguna que otra chica en bikini que se soleaba en la playa. Algo sumamente normal. Pero dada su condición de vida, esta normalidad había degenerado en algo obsesivo.

Aun cuando no sabía cuántos eran los sodálites obsesionados con lo sexual y tampoco hasta dónde eran capaces de llegar a fin de satisfacer sus pulsiones, tuve la certeza de que el sistema de disciplina del Sodalicio era una bomba de tiempo que podía explotar en cualquier momento, si no se tomaban medidas correctivas.

¿Cómo había llegado yo a este punto, que me permitió romper el control mental o influencia social que ejerce el Sodalicio sobre aquellos que han seguido sus derroteros? Se trata de un largo proceso que ya se había iniciado en Lima cuando pasé de ser un laico consagrado con promesas temporales a ser un simple sodálite con vocación al matrimonio —y, por ende, dejé de vivir en comunidad—. Este proceso se profundizó cuando me radiqué en Alemania —todavía considerándome miembro activo del Sodalicio— y comencé a leer literatura crítica sobre el Opus Dei, lo cual me llevó a tomar conciencia de las características sectarias y fundamentalistas de esta organización de la Iglesia católica. Curiosamente, estas características coincidían con muchas que yo veía en el Sodalicio y en el Movimiento de Vida Cristiana.

Por ejemplo, he encontrado un e-mail mío del 15 de febrero de 2005, en el cual le escribía a un amigo mis reflexiones sobre el Christian Life Movement USA (Movimiento de Vida Cristiana en Estados Unidos) en base a los mensajes que había leído en el Yahoo Group CLMUSA, que fue creado por el Dr. Luis Ráez a fin de mantener la comunicación entre miembros del Movimiento de Vida Cristiana que residían en los Estados Unidos y en otros países del extranjero:

Se me han ocurrido [algunas] características que acercan al Christian Life Movement USA al fundamentalismo, en base a lo que he observado en el Yahoo Group:

  • Excesiva preocupación por que todos piensen lo mismo, incluso en asuntos discutibles en los cuales es legítimo tener diversidad de opiniones.
  • Actitud paternalista de las personas que se sienten “formadas” con respecto a los que son nuevos o recientes en el grupo; eso lleva a falta de disponibilidad para aprender de esas personas en lo que pueden aportar desde su bagaje cultural y su formación.
  • Preocupación excesiva por temas de moral familiar y sexual: de hecho, temas como el aborto, el preservativo, la homosexualidad, etc. son tocados con bastante frecuencia, especialmente por quienes conducen el CLM (MVC) en USA.
  • Acento bastante marcado sobre temas espirituales y poca atención a los problemas cotidianos con que el común de la gente se topa en el mundo.
  • Reducción espiritualista: muchos problemas son explicados puramente desde una interpretación espiritual (el demonio, el pecado, el mundo, el paganismo como causas, por ejemplo). Si bien éstas son causas remotas, es necesario ir también a las causas próximas para poder enfrentar los problemas.
  • Preocupación “farisaica” por la santidad ajena. Algunos de los “antiguos” o “formados” me escribieron preocupados por mi santidad, asumiendo que algunas de mis reflexiones eran producto de una crisis espiritual. Por supuesto, sin atender a los contenidos mismos de mis mensajes ni a la lógica implicada en ellos.

Este e-mail, cuyo contenido también se puede aplicar a la Familia Sodálite en general, fue enviado con copia a un sodálite que es actualmente sacerdote. Pues mis reflexiones de entonces nunca fueron clandestinas, sino que siempre fueron compartidas con personas vinculadas al Sodalicio o al Movimiento de Vida Cristiana. Lo cual no se tradujo en esfuerzos de cambio, sino más bien en que yo fuera calificado de loco problemático que estaba pasando por una crisis espiritual.

Al mismo tiempo, ya me había enterado de las acusaciones que había contra el P. Marcial Maciel, fundador de los Legionarios de Cristo, las cuales me parecían absolutamente verosímiles. También había leído sobre las características que presentaba esta organización católica. Otra vez las semejanzas con el Sodalicio saltaban a la vista.

Cuando el 19 de mayo de 2006 el Papa Benedicto XVI condenó a Maciel a «una vida de oración y penitencia» sin especificar cuáles eran los delitos que había cometido, envié a varios miembros de la Familia Sodálite información que había encontrado en Internet sobre los delitos de pederastia cometidos por el cuestionado fundador. En general, casi ninguno de los destinatarios quiso darle crédito a las acusaciones, considerándolas una especie de complot contra la Iglesia por parte de personas mal intencionadas. Nadie creía que el fundador de una institución tan ideológicamente cercana al Sodalicio hubiera cometido delitos de semejante calibre. Si uno revisa las noticias que publicaba ACI Prensa en ese entonces, comprobará que la agencia de noticias se hizo eco de la versión de los Legionarios de Cristo, quienes seguían creyendo que su progenitor espiritual era un santo y que la sanción era un especie de prueba divina para afianzar su fidelidad a Dios y a la Iglesia. Eso cambiaría recién en febrero de 2009, cuando los mismos Legionarios de Cristo confirmaron la vida sexual secreta de su fundador. Cosa que da que pensar, pues el Sodalicio no ha confirmado todavía con absoluta claridad la culpabilidad de Figari en los abusos cometidos, sino sólo de manera indirecta y en términos bien diplomáticos y tibios.

Como anécdota puedo contar que en julio de 2007, cuando andaba buscando trabajo, postulé a un puesto de asistente de recaudación de fondos para una oficina católica con sede en Colonia, que resultó ser la filial de los Legionarios de Cristo en Alemania. Tuve una entrevista con Charles Mollenhauer, responsable de la oficina, y luego fui invitado a visitar el seminario de la congregación en Bad Münstereifel, cerca de Colonia, donde mantuve una breve conversación con un sacerdote que me sondeó personalmente, a fin de ver sí yo era la persona adecuada para ocupar el puesto vacante. El estilo y la decoración del seminario, con salitas externas para recibir a los visitantes, me parecieron muy similares a las de las comunidades sodálites. De igual manera, el tipo de preguntas que me hizo el clérigo así como el estilo de comportarse me dieron la impresión de esta hablando con un sacerdote sodálite. Finalmente, el trabajo no llegó a concretarse, aun cuando en ese momento yo estaba dispuesto a colaborar con una institución de la Iglesia católica no obstante los cuestionamientos que había en torno a su fundador.

Con todo este bagaje de conocimientos, sumado a los desórdenes personales que yo mismo había sufrido bajo la disciplina sodálite cuando viví en comunidad, sólo había que sacar las cuentas y la conclusión a la que se llegaba era preocupante.

Cuando en febrero de 2011 se reveló a través de Diario16 que Germán Doig había abusado sexualmente de varios jóvenes sodálites, yo ya había sido informado previamente por un sodálite consagrado que estaba al tanto de las reflexiones que había hecho yo sobre el Sodalicio. Dado que ya sabían por entonces en la institución sodálite que en algún momento iba a salir la noticia en la prensa, habían decidido informar oficialmente sobre el asunto a todos los miembros de la Familia Sodalite.

Poco tiempo después, una persona con la que yo había hablado en muy pocas ocasiones en el pasado y con la cual no guardaba mucha cercanía se comunicó conmigo a través de Skype. Se trataba de Rocío Figueroa. Ella y Pedro Salinas estaban buscando comunicarse con ex sodálites para que hablaran de su experiencia en el Sodalicio. Éste fue el inicio de una comunicación que pronto se convertiría en colaboración a fin de desenmascarar al Sodalicio y, eventualmente, lograr que la Santa Sede tomara cartas en el asunto. Pues tanto ellos como yo estábamos convencidos de que el problema era estructural y no de “casos aislados”.

Durante los años 2011 y 2012 la comunicación se realizó principalmente a través de correo electrónico. Posteriormente varias de las comunicaciones se harían a través de Skype. Compartí con Pedro y con Rocío las reflexiones que hasta ese momento había plasmado en varios escritos. Asimismo, le proporcioné a Pedro los nombres de varias personas que, en mi opinión, podían ser contactadas para obtener información desconocida sobre el Sodalicio. Mi e-mail del 21 de febrero de 2011 terminaba con una advertencia profética:

…si deseas llevar la investigación a buen término, deberás prepararte para la guerra sucia. Los sodálites nunca responden directamente a los argumentos, sino que aplican estrategias para desacreditar a las personas, perjudicarlas económicamente y hacerlas callar. Las agresiones verbales estarán a la orden del día. Pero si nadie se atreve a contar la verdadera historia, no sé quien lo hará. Te deseo suerte.

Asimismo, el 24 de febrero de 2011 le envié a Pedro una lista de preguntas, muchas de las cuales han sido respondidas en el libro Mitad monjes, mitad soldados:

Creo que hay algunas preguntas clave que requieren de una investigación y que ameritan ser respondidas para entender el desarrollo del Sodalicio.

  • ¿Quiénes fundaron el Sodalicio?
  • ¿Quiénes conformaban el grupo de estudios del cual salió el Sodalicio?
  • ¿Qué tipos de estudios hacían? ¿Qué orientación tenían?
  • ¿A qué asociaciones o grupos perteneció Luis Fernando Figari antes de que el Sodalicio fuera fundado?
  • ¿Qué pasó en el Colegio Santa María para que fuera expulsado como profesor a inicios de los ’70? Sólo conozco la versión de Luis Fernando.
  • ¿Por qué también terminó saliendo del Colegio Maristas San Isidro?
  • ¿Qué contactos tenía Luis Fernando en España, Argentina y México, y cuáles eran los grupos con los que había entrado en contacto?

Al principio tuve mis reparos hacia Pedro Salinas, pues sabía que era agnóstico y yo no estaba de acuerdo con algunas de las críticas que había publicado contra la Iglesia y contra el Papa Benedicto XVI. Esto fue lo que le escribí el 7 de marzo de 2011:

A partir de todo el material que te he enviado, habrás visto que mi posición sigue siendo la de alguien que sigue manteniendo la fe, cosa que espero que respetes, así como yo respetaré tu posición, sea cual sea. Pues son temas de conciencia, que no pueden ser juzgados legítimamente por nadie en este mundo.

Así como para unos la Iglesia es la institución, para otros —entre los cuales me cuento— se trata de algo más complicado, que abarca la historia de un pueblo, un colectivo con su pasado/presente/futuro, con todas sus contradicciones, con múltiples tendencias encontradas, donde algo misterioso, incomprensible, inabarcable se manifiesta, y que yo desde mi propia experiencia no puedo negar. Es un devenir histórico con abundantes líneas torcidas, que van armando un rompecabezas cuyo acabado final nunca veremos. Y donde siempre faltará una que otra pieza. Todo lo contrario de la imagen idílica de Iglesia que se nos pintó en el Sodalicio, pues —como en la realidad misma— en la Iglesia no todo parece ser lo que es.

No digo esto por ganas de filosofar, sino porque sólo sobre este trasfondo se entienden algunas de las afirmaciones que aparecen en los textos que te adjunto a este e-mail.

El primero es un e-mail que le envié el 25 de enero de 2011 a Manuel Rodríguez, con mis impresiones sobre el caso de Germán Doig [ver CARTAS A MANUEL].

El segundo texto es más delicado, pues toca el tema de la sexualidad dentro del Sodalicio. Lo escribí en agosto del 2008. Tal vez estén allí algunas de las claves para entender los casos de “doble vida” [ver SODALICIO Y SEXO].

Pedro me respondió ese mismo día:

Que yo haya perdido la fe y me haya vuelto un agnóstico, ojo, no significa que mire con desprecio al resto que no comulga con mi posición de descreído, que, es verdad, también es bastante crítica de la institución eclesial católica. Si algo, creo, he aprendido es a ser tolerante con todo el mundo. Por encima de las ideas creo que está el valor de las personas. Y si ellas me inspiran aprecio y respeto, como en tu caso, las valoraciones ideológicas, filosóficas, religiosas o políticas, o lo que sean, no me van a llevar al sendero de demonizar, etiquetar o calificar o polarizar puntos de vista.

Que me ponga radical en mis columnas, no significa que lo sea en lo personal. Usualmente mis artículos tienen cierta carga de extremismo, o de ironía, o de pesimismo, o de algo así, para provocar y generar reacciones. Nada más. Solamente me pongo intolerante con la intolerancia, aunque la frase me haya salido medio huachafa.

De manera similar a como había ocurrido en otros casos de escándalos sexuales dentro de la Iglesia católica, sabíamos que nada se iba a hacer si el asunto no se ventilaba en la prensa, de preferencia internacional. Uno de los primeros intentos de lograr este objetivo se presentó con el periodista Thomas Seiterich, quien escribe regularmente para la revista Publik-Forum de los católicos críticos alemanes, el cual tenía que escribir un artículo sobre los casos de abusos sexuales en América Latina donde se mencionara al P. Marcial Maciel y el entonces reciente caso de Germán Doig. En comunicación telefónica con él, le conté algo de lo que yo ya sabía y le di los datos para que pudiera contactar a Pedro Salinas, quien le proporcionó información adicional. El artículo apareció en la edición del 21 de octubre de 2011 bajo el título de Absturz eines Papstfreundes [Caída de un amigo del Papa] (ver https://www.publik-forum.de/Publik-Forum-20-2011/absturz-eines-papstfreundes o http://www.wir-sind-kirche.de/?id=393&id_entry=3703) y aunque a grosso modo la información era correcta, el escrito tenía un estilo sensacionalista, algunos datos errados, otros inventados, e iba acompañado de una foto de Germán Doig y otra de unos niños de piel cobriza bien vestidos para su Primera Comunión, lo cual lamentablemente daba una imagen errónea de quienes habían sido las víctimas de Doig.

El artículo no tuvo mayor resonancia y pasó sin pena ni gloria. Pero me confirmó en la convicción de que sólo alguien que había sido miembro del Sodalicio y lo había experimentado desde dentro estaba en capacidad de suministrar un perfil acucioso de la institución y describir con exactitud su problemática. Poco a poco me fui dando cuenta de que lo que yo sabía iba a ser de vital importancia para sacar adelante la investigación de Pedro Salinas y Paola Ugaz. Y que en algún momento tendría que hacer públicas mis reflexiones. ¿Cómo? Aún no lo sabía.

“Dar la vuelta a la página” y olvidarme del asunto me parecía una cobardía, más aun cuando era consciente de que había víctimas que habían visto arruinadas sus vidas por causa de los abusos. Además, había otra razón de fe: no quería tener que rendirle cuentas a Dios de haber callado, cuando tenía la capacidad de ver a fondo el quid los problemas y disponía de abundante información sobre el tema, enriquecida con lecturas diversas.

Lo demás es historia conocida. En noviembre de 2012 comencé a publicar en este blog por decisión propia los textos que había ido preparando, a fin de ir desmenuzando paso a paso el sistema ideológico y disciplinario del Sodalicio. Fue una tarea ardua que al final rindió sus frutos. Aún antes de que estallara el escándalo, a través de artículos y entrevistas que aparecieron en Diario16 y La República, e incluso en una revista ecuménica de Alemania, Welt-Sichten, en su edición de noviembre de 2014. El artículo lleva el título Option für die Reichen [Opción por los ricos] (ver https://www.welt-sichten.org/artikel/25553/option-fuer-die-reichen?page=all) y fue redactado por Hildegard Willer, una periodista alemana que reside habitualmente en Lima (Perú), quien se puso en contacto conmigo a través de Skype para conversar largo y tendido sobre el Sodalicio. Como quería tener también la versión sodálite y no solamente la de la parte crítica, me comuniqué con mi hermano Erwin Scheuch, quien accedió a concederle una entrevista. El resultado, aunque adolece de algunas imprecisiones menores, constituye uno de los artículos más equilibrados y objetivos sobre el Sodalicio que haya sido escrito por alguien ajeno a la institución.

Por último, he de reconocer que la investigación de Pedro Salinas y Paola Ugaz siempre se desarrolló con la más absoluta discreción. Nunca se me dio a conocer los contenidos de los testimonios anónimos, ni nunca supe quienes eran los verdaderos nombres detrás de los seudónimos. Nunca supe los nombres de las víctimas de Germán Doig y Luis Fernando Figari. Atando cabos y hurgando en el desván de mi memoria podía deducir algunos hechos y circunstancias, y a veces le planteaba estos razonamientos a Pedro, a ver qué opinaba y si podía confirmarme que andaba por el buen camino. Debo admitir que a veces él mismo se sorprendía, pues lo que yo le planteaba no se le había ocurrido hasta ese momento, y en ocasiones se convertía en un dato interesante que le ayudaba a hacer avanzar la investigación, que a fin de cuentas es de mérito suyo y de Paola.

Como ya he señalado, yo mismo no puedo confirmar ningún abuso sexual, salvo el que se cometió conmigo cuando tenía 16 años. Sin embargo, fui testigo de muchos abusos psicológicos y físicos, y yo mismo fui víctima de ellos. Yo mismo puedo corroborar la veracidad de otros testimonios que aparecen en Mitad monjes, mitad soldados, sobre todo los de Pedro Salinas y José Enrique Escardó. Lo cual constituye una razón suficiente y de peso para ser contactado por la Fiscalía. Hasta ahora eso no ha ocurrido, no obstante que yo mismo he manifestado abiertamente que el testimonio de Matías es el mío, además de que tengo una dirección de e-mail conocida de todos.

A fin de ahorrarle tiempo y esfuerzo a la fiscal María del Pilar Peralta, en caso de que quiera comunicarse conmigo por otra otra vía, incluyo aquí mis datos personales:

Nombre completo: Teodoro Martín Scheuch Pool
Nombre en Alemania: Martin Scheuch
Documento de identidad: DNI 07732277
Teléfono: 0049-6347-9829882
Correo electrónico: lineastorcidas@yahoo.de
Usuario de Skype: martinscheuch

Espero que se tomen cartas en el asunto y se haga una investigación seria, que permita establecer la existencia de delitos en perjuicio de quienes somos víctimas del Sodalicio. No sería poco, aun cuando no se pueda castigar a los culpables. Que así sea.

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EL DÍA DE LOS INOCENTES

 «Yo me lavo las manos en inocencia.» ... y una vez más el rey queda en pie ...


«Yo me lavo las manos en inocencia.»
… y una vez más el rey queda en pie …
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En mi columna del 17 de junio intitulada LA INOCENCIA PERVERTIDA informaba sobre el cierre de un kindergarten católico en la diócesis de Maguncia, debido a presuntos abusos físicos, psicológicos y sexuales cometidos sistemáticamente en la institución por los mismos niños.

El 24 de octubre la Fiscalía de Maguncia archivó el caso, pues no se encontraron pruebas ni indicios de los supuestos abusos. 32 niños fueron interrogados por personal especializado de la policía. Asimismo, se interrogó a 35 padres de familia y personas relacionadas, así como a 10 testigos además de algunos pediatras. No se halló nada.

Los investigadores asumen que ciertos acontecimientos en la institución educativa fueron malinterpretados por algunos padres de familia, y finalmente los rumores generaron una realidad que en verdad no existía. De todos modos, cómo se llegó a tales sospechas es algo que todavía no ha sido aclarado y permanece aún en el misterio.

El escándalo por abuso sexual se desinfló, para ser reemplazado por otro escándalo, a saber, la manera de proceder de los responsables de la diócesis con los siete educadores —un varón y seis mujeres— que trabajaban en el jardín de infantes. Fueron despedidos intempestivamente, sin ser citados para escuchar su versión de los hechos. Lo cual implicaba el fin de sus carreras profesionales.

Una vez sabido que las denuncias carecían de fundamento, el vicario general de la diócesis, Dietmar Giebelmann, justificó el proceder del obispado, señalando que en su momento las denuncias eran verosímiles y que había que actuar preventivamente para evitar mayores daños.

No hubo ni disculpas ni reivindicaciones. Pues es frecuente en la jerarquía católica buscar chivos expiatorios para tapar sus propios pecados.

(Columna publicada en Exitosa el 26 de diciembre de 2015)

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FUENTES

SWR
Kita in Mainz-Weisenau: Keine Hinweise auf Missbrauch unter Kindern (24.11.2015)
http://www.swr.de/landesschau-aktuell/rp/kita-in-mainz-weisenau-keine-hinweise-auf-missbrauch-unter-kindern/-/id=1682/did=16525518/nid=1682/ltmsyp/

Frankfurter Allgemeine
In der angeblichen Skandal-Kita ist wohl gar nichts passiert (24.11.2015)
http://www.faz.net/aktuell/gesellschaft/in-der-mainzer-skandal-kita-ist-wohl-gar-nichts-passiert-13929729.html

Süddeutsche Zeitung
Mainzer Missbrauchsskandal hat offenbar nie stattgefunden (24.11.2015)
http://www.sueddeutsche.de/panorama/kindertagesstaette-mainzer-missbrauchsskandal-hat-offenbar-nie-stattgefunden-1.2752410

Allgemeine Zeitung
Kita Mainz-Weisenau: Ist tatsächlich nichts passiert? – Die Leitende Oberstaatsanwältin Andrea Keller im Interview (27.11.2015)
http://www.allgemeine-zeitung.de/politik/rheinland-pfalz/kita-mainz-weisenau-ist-tatsaechlich-nichts-passiert-die-leitende-oberstaatsanwaeltin-andrea-keller-im-interview_16414554.htm

LA NAVIDAD DEL VIEJO SOLITARIO

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En Alemania la Navidad es una fiesta familiar. Pero sólo de la familia conformada por el núcleo familiar de padres e hijos que todavía viven en el hogar. Por lo general, ni los abuelos ni los tíos ni los primos son invitados a pasar juntos la Nochebuena. Aun cuando algún pariente viva solo y no tenga con quién celebrar. Ya se le hará una visita el 25 o el 26 de diciembre, ambos días festivos no laborables en este país. Hay ancianos confinados en asilos que ni siquiera tienen ese consuelo.

En diciembre de 2002 yo estaba solo en Wuppertal. Había llegado hace un mes a Alemania en busca de las oportunidades laborales que el Perú me negaba. Por suerte, una familia polaca me invitó a pasar la Nochebuena con ellos.

Después de la cena navideña y la Misa de Gallo, acompañé a un amigo alemán, quien se había ofrecido a regresar a sus casas con su camioneta a los solitarios que habían sido invitados por voluntarios a celebrar la Navidad en el pabellón municipal.

Estaba repleto de gente, la mayoría ancianos. Uno de los que recogimos tenía una enfermedad que lo tenía atado a una silla de ruedas. No podía caminar, ni siquiera hablar bien. Hubo que cargarlo, pues no se podía valer por sí mismo.

Su vivienda constaba de una sola habitación, donde su única compañía era un enorme televisor. Pero ese viejo solitario había llamado por teléfono a un taxi y, sin saber cómo regresaría, había acudido al pabellón municipal para no pasar solo la Navidad.

Una víctima más de la indiferencia de muchos que se llaman incluso cristianos.

(Columna publicada en Exitosa el 19 de diciembre de 2015)

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Este relato forma parte de una de mis primeras “Crónicas desde Wuppertal”, que escribí al poco de tiempo de estar viviendo en Alemania. A continuación, reproduzco el texto original completo.

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NAVIDAD EN ALEMANIA

Wuppertal, 25 de diciembre de 2002

¡Hola a todos!

Quiero contarles mi experiencia de haber pasado la Navidad en Alemania.

Ciertamente, es distinto el ambiente que se respira aquí en comparación con el Perú. Como en todas partes, la Navidad se ve amenazada de perder su sentido debido al consumismo imperante. Pero todavía queda bastante de las tradiciones cristianas. Y los alemanes se ponen muy sentimentales por estas épocas. “Stille Nacht, heilige Nacht” (“Noche de paz, noche de amor”) es cantado casi como si fuera un himno nacional. He visto ojos al borde de las lágrimas cuando se interpretaba esta hermosa canción.

A las cuatro de la tarde hubo una representación del nacimiento realizada por niños en la iglesia parroquial. Hubo bastante música y canto. La música juega aquí un papel importante. En la iglesia hay un órgano enorme, que es interpretado durante todas las celebraciones litúrgicas por un músico contratado. A veces también se toca además trompeta, flautas, instrumentos de cuerda y teclado. El coro de niños había ensayado bastante, y se escuchó muy bien lo que cantaron.

Luego fui invitado a cenar a casa de una familia polaca. Antes de la comida tomaron una oblea grande, con motivos religiosos en altorrelieve, y la partieron y repartieron entre todos. Es un símbolo de que se desea a todos lo mejor para el año que viene. De comida hubo pescado con puré de papás y chucrut (Sauerkraut, para los puristas; y para los indoctos, coles blancas fermentadas). Luego cantamos algunas canciones navideñas, hubo repartición de regalos y comimos galletas y dulces navideños. El árbol de Navidad, como es costumbre aquí, había sido colocado el mismo día 24 de diciembre. Tenía juego de luces; lo tradicional es colocar velas y encenderlas.

Luego, a las nueve de la noche, fue la primera Misa de Navidad. A las once y media de la noche se iba a celebrar otra en italiano. Antes de la misa, una pequeña orquesta de vientos, conformada por parroquianos, interpretó algunas canciones navideñas. El aire se llenó de magia con esa música. Y eso iba a continuar durante la misa, donde al órgano se sumó un coro polifónico. El pregón navideño fue de lo más solemne que he escuchado, y musicalmente alcanzó cotas de perfección que nunca he escuchado en Lima, ni siquiera cuando lo cantaba ese curita gordo tan simpático con dizque tan buena voz que todos conocemos.

Terminada la misa, acompañé a Rony John y a su hijo Martin a hacer una obra de caridad. Aquí en Alemania hay muchas personas que viven solas, en especial ancianos, pero también divorciados, personas que duermen en la calle, etc. Para ellos, algunos voluntarios organizan desde hace años una celebración navideña en el pabellón municipal de Wuppertal. Comienza a eso de las seis de la tarde y se prolonga hasta las once de la noche. A los presentes se les da de comer, se les regala un pequeño obsequio y se hace un show navideño. Pero cuando esta actividad termina, ya no está en funciones ningún tipo de transporte público. Los organizadores convocan de diversas maneras (por ejemplo, anuncios en los periódicos) a personas que estén voluntariamente dispuestas a regresar en su vehículo particular a los solitarios que han asistido al evento. Y desde hace algunos años Rony, en su camioneta combi, colabora en regresar a algunas personas a sus domicilios.

Quedé impresionado al ver el tamaño del pabellón municipal y de ver lo repleto que estaba, y todas eran personas que no contaban con un familiares o amigos con los cuales pasar la Nochebuena. Esta vez se subieron a la camioneta de Rony tres ancianas y dos ancianos. Había que ayudarlos a subirse con los regalos al vehículo. Tuvimos que dejar a otra señora de edad, porque fue imposible, no obstante nuestra ayuda, lograr que subiera. El caso más dramático fue el de uno de los ancianos, que estaba en silla de ruedas, con una dolencia que le impedía mover una pierna y hablar con buena dicción. Aún así, logramos subirlo, y la silla de ruedas fue colocada en la parte de atrás de la camioneta. En todo esto nos ayudó uno de los voluntarios que participaba en la realización del evento.

Dejamos en su casa primero a este anciano. Si había habido dificultades para subirlo, también las hubo para bajarlo, pues ya no estaba el voluntario, pero entre Rony, su hijo y yo lo logramos. Empujé la silla de ruedas hasta la habitación donde vivía el señor, quien requirió de nuestra ayuda para abrir la puerta y luego para sacarse la chaqueta. En su habitaciín, por supuesto, había un televisor grande. Este aparato se convierte aquí en un sucedáneo para olvidar la soledad, pero ésta siempre suele reaparecer revestida de crueldad y amargura.

¿Cómo había hecho este anciano inválido para llegar al pabellón municipal? Él mismo nos lo dijo: había llamado por teléfono a un taxi. ¡Qué terrible debe haber sido la soledad de este hombre para intentar llegar a un sitio donde podía encontrar gente en la Nochebuena, aun estando en una situación en que muchos no se tomarían la espantosa molestia de tener que salir de su casa! Ante este pensamiento se me hizo un nudo en la garganta, y casi lloré por los pobres que hay aquí en Alemania, que nunca se van a morir de hambre, que no corren peligro de dormir a la intemperie, pero que carecen del amor y la compañía de alguien que se preocupe personalmente de ellos. ¡Y cuán insuficientes, aunque dignas de encomio, son las iniciativas que se realizan para aliviar su sufrimiento! Los pobres del Perú carecen de muchas cosas, pero poseen riquezas que aquí se han perdido.

Dejamos a los demás ancianos en sus casas, y llegando a mi habitación, me puse a dormir.

Hoy día en la mañana ha habido misa con canto gregoriano. Era como para elevarse hasta las nubes.

Mi almuerzo navideño, con el P. Ulrich Lemke y dos religiosas de la comunidad italiana, fue copioso, como suelen ser los almuerzos navideños: jamón crudo, jamón cocido, queso, alcachofas, espinacas, asado de res, pato, vino tinto, y finalmente, pandoro (una especie de panetón sin pasas ni frutas confitadas) con vino espumante.

Mañana continuarán las celebraciones navideñas, durante lo que se llama el segundo día de Navidad, que también es festivo no laborable. En la mañana se celebrará la Misa de San Esteban Mártir. A esa misa viene más gente que a la del 25 de diciembre. Y muchas familia van a seguir teniendo comidas navideñas, particularmente con los parientes.

El clima está ligeramente caliente para estas épocas. Todavía, en lo que va del año, no ha caído nieve, aunque de vez en cuando suele caer lluvia.

A todos los deseo una feliz Navidad y que el Año Nuevo sea mejor que el que ha pasado.

Saludos

Martin

EL CUENTO DE HADAS DEL SODALICIO SEGÚN MONS. TOMASI

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Durante décadas el Sodalicio nos ha contado su propia historia oficial, maquillando algunos hechos y omitiendo otros, arrancando las páginas incómodas de su pasado y su presente, como si se tratara de un cuento de hadas plasmado por obra y gracia de la varita mágica del Espíritu Santo. La publicación de Mitad monjes, mitad soldados de Pedro Salinas y Paola Ugaz nos reveló los recovecos de una historia mucho más terrena, donde junto a grandes ideales y aspiraciones de grandeza no faltaron los intereses turbios, los conflictos humanos y las acciones inmorales, que traspasan en ocasiones la frontera de lo delictivo.

He de admitir que el Sodalicio es una línea torcida que ha servido a muchas personas para descubrir un camino espiritual que le diera sentido a su existencia, pero también ha dejado un reguero de vidas destruidas, de gente que ha perdido la fe en Dios y la confianza en la Iglesia, de familias que han sufrido el distanciamiento de sus hijos, o que los han recuperado con profundas heridas psicológicas y un futuro profesional incierto.

Y cuando creíamos que este cuento de hadas había sido arrinconado en el desván del olvido, entra en escena Mons. Adriano Tomasi, obispo auxiliar de Lima, para volver a ponerlo sobre el tapete durante la Misa del 44° Aniversario del Sodalicio de Vida Cristiana y consolar con esta visión idílica las conciencias de los sufridos miembros de la Familia Sodálite. Éstas fueron textualmente sus palabras:

«Hace 44 años Luis Fernando y quienes entonces le acompañaban, no pudieron encontrar otra fecha más acorde con el amor y la devoción del todo particular que profesaban a nuestra Santa Madre que esta fiesta de la Inmaculada, la “Tota Pulchra”, y por eso el 8 de diciembre de 1971 daban vida al Sodalicio de Vida Cristiana, al que más adelante se integrarán las Fraternas y las Siervas.

Era el Sodalicio, una nueva realidad eclesial que suscitaba el Espíritu Santo como fruto del Concilio Vaticano II, terminado pocos años antes, una nueva realidad que ha dado y sigue dando grandes frutos que nacen de un nuevo carisma, que enriquece a la Iglesia con grandes dones espirituales, distinguiéndose por la fidelidad a la Iglesia y a los Pastores, en el servicio generoso y la caridad a los más amados de Jesús y en la evangelización a través de religiosos y religiosas, laicos y laicas consagrados, bien preparados para asumir los desafíos de nuestros tiempos y testimoniar a Cristo y su Evangelio en todo lugar donde la Iglesia les llame.»

Quiero dirigirme ahora a usted, estimado Mons. Tomasi.

Ya que menciona a Figari, si tanto era «el amor y la devoción particular que profesaba a nuestra Santa Madre», ¿eso le impidió someter homosexualmente a varios jóvenes miembros del Sodalicio desde los inicios de la institución? ¿Cometió esos abusos en honor de la Virgen María? ¿Estaba lleno de buenas intenciones cuando decidió “espiritualizar” de la manera que todos ya sabemos a quienes él había elegido para integrar un círculo íntimo en torno a su persona?

Que el Sodalicio haya sido suscitado por el Espíritu Santo entra dentro del campo de lo indemostrable. Quien quiera creer lo contrario, no va contra ninguna verdad de fe. Y hacerlo puede constituir la base para una terapia sanadora que permita librarse de la manipulación de la conciencia y de la libertad que con frecuencia se ha practicado en la institución. Si usted, ante todo lo que ha salido a luz, dijera que tiene dudas de que el Espíritu Santo haya suscitado el Sodalicio, no sabe cuánto bien haría a tantas personas que temen abandonar la institución por temor a convertirse en traidores de la voluntad divina. Ni se imagina el hermoso don que sería para esas personas tener la oportunidad de decidir con plena voluntad cuál es el camino que van a tomar. Le garantizo que muchos mantendrían la fe y seguirían sirviendo a la Iglesia, al contrario de aquellos que un día descubrieron amargamente que habían sido objeto de manipulación y terminaron alejándose decepcionados no sólo de la Iglesia, sino de todo lo que oliera a religión. No los culpo.

Ahora bien, ¿podría usted decirme cuáles son los «grandes dones espirituales» con los que el Sodalicio enriquece a la Iglesia que no se hallen presentes en otras familias espirituales del Pueblo de Dios? ¿Y cuáles son los frutos a los cuales usted se refiere? Pues si bien es cierto que a través del Sodalicio muchos han encontrado la fe cristiana —entre los cuales me cuento yo mismo—, también es cierto que a lo largo de su historia son muchos más los que han dejado la institución que los que han permanecido en ella (ver mi post FANTASMAS DEL SODALICIO). Y la mayoría de estos ex sodálites no encuentran motivos para mostrarse agradecidos por las cosas buenas que recibieron, pues —haciendo un balance— son mayores los daños que les fueron infligidos. Hasta sé de muchos que han tenido que pasar por terapias psicológicas, mientras que otros no han podido recuperarse del todo hasta ahora y viven con el alma hecha pedazos.

Por otra parte, ¿le parece a usted que el Sodalicio se distingue por «la fidelidad a la Iglesia y a los Pastores»? Que yo sepa, lo que fundó Figari no parece ser una organización que haya estado al servicio del Pueblo de Dios en general, sino más bien parece haber seguido una agenda propia para adquirir poder e influencia en la Iglesia y en las élites de la sociedad. Figari y compañía supieron manejar muy bien las relaciones públicas con los obispos, mientras que para adentro ni se imagina lo que decían de los mismos: que el cardenal Juan Landázuri Ricketts era un payaso, que el cardenal Augusto Vargas Alzamora era un débil de carácter y así por el estilo. Ni hablar de Mons. Luis Bambarén —quien llegó a ser Presidente de la Conferencia Episcopal Peruana—, sobre el cual jamás escuché un comentario positivo de boca de un sodálite. Yo ya no vivía en comunidad en la época del cardenal Cipriani, por lo cual no sé qué opinaban sobre él al interior de las comunidades sodálites. Pero sospecho que lo que se decía de él entre bambalinas no debe ser muy halagador.

Por otra parte, la “fidelidad” a los obispos siempre se ha guiado por la postura doctrinal que tuviera el prelado —que debía coincidir a grandes rasgos con la ideología conservadora y fundamentalista del Sodalicio— o por las ventajas que pudiera obtener la institución a nivel eclesial. En caso de estar en buenas migas con un obispo, hiciera lo que hiciera, siempre había que defenderlo, aun cuando tuviera actuaciones cuestionables. Por eso mismo, nunca encontrará de parte de ningún miembro activo del Sodalicio ninguna crítica a Mons. Cipriani, por lo menos en público. Y a eso no lo podemos llamar fidelidad, sino adulación y renuncia a todo razonamiento crítico y sensato.

Por otra parte, ¿cree usted de verdad que quienes se hallan vinculados al Sodalicio están «bien preparados para asumir los desafíos de nuestros tiempos y testimoniar a Cristo y su Evangelio en todo lugar donde la Iglesia les llame»? ¿De dónde saca usted eso? Que yo sepa, la formación que se ha impartido en la Familia Sodálite nunca ha sido sometida a una revisión por parte de profesionales independientes —teólogos, educadores, psicólogos, etc.— a fin de verificar que sea buena, correcta y adecuada. Yo, que he sido formado en el Sodalicio, tengo una impresión distinta. En el Sodalicio no se le enseña a la gente a pensar, a reflexionar personalmente con libertad, a ver los distintos aspectos de un problema de la manera más objetiva posible. Más bien, se le dice qué debe pensar, qué lenguaje debe utilizar y, sobre todo, se le exige resignar el raciocinio y acallar todo cuestionamiento para obedecer sin chistar y aceptar todo lo que venga de la institución como verdad absoluta. Si usted cree que gente con una “preparación” así es la más indicada para «asumir los desafíos de nuestros tiempos» y dar testimonio de Cristo, discrepo.

Además, debe usted tener en cuenta que el Sodalicio suele afirmar que asume las enseñanzas de la Sagrada Escritura, la Tradición y el Magisterio de la Iglesia sin interpretación, cuando en realidad adopta una de las interpretaciones más peligrosas que puede haber: la del fundamentalismo, que se queda en la letra y pierde de vista el espíritu de las cosas. De ahí la rigidez y la intolerancia —incluso hacia otros grupos y miembros legítimos del Pueblo de Dios— que han estado presentes en el Sodalicio desde su época fundacional.

Por otra parte, basta con entrar en contacto real con la cultura de nuestro tiempo para darse cuenta de que, por su temática y su alcance, la formación impartida en el Sodalicio es mediocre y estrecha de miras, al igual que lo es el “pensamiento” de Luis Fernando Figari. De tal palo, tal astilla.

Finalmente, estimado Mons Tomasi, me preocupa que haya usted tachado de meros «chismes y prejuicios» las revelaciones escandalosas sobre el Sodalicio, quitándole gravedad al asunto. Más aún, cita las siguientes palabras de Chesterton para buscar darle ánimo a los atribulados miembros de la Familia Sodálite —los cuales, en su mayoría, no tienen ni arte ni parte en lo que ha pasado—: «Quien no ama a la Iglesia ve los defectos de sus hijos e hijas. Quien la ama todavía los ve mejor: pero no ve solamente esos defectos, ve también sus virtudes, que todavía hoy, a pesar de tantas crisis, las hay en abundancia».

Estoy totalmente de acuerdo con estas palabras. Pero tenga en cuenta que Chesterton se refería a la Iglesia y no a un grupo particular dentro de ella. Estas palabras no son aplicables al Sodalicio por las siguientes razones:

  • porque el Sodalicio no es lo mismo que la Iglesia —aunque forme parte de ella—;
  • porque quienes lo critican, entre los cuales hay creyentes y no creyentes, no descalifican por eso a toda la Iglesia; incluso hay varios que aman a la Iglesia y quisieran que ésta tome cartas en el asunto y haga justicia;
  • porque no se está señalando tanto los defectos de los sodálites como denunciando hechos graves lesivos de la dignidad humana de las víctimas y atentatorios contra sus derechos humanos, perpetrados de manera sistemática en la institución.

Disculpe que se lo diga con estas palabras, Mons. Tomasi, pero en un caso como éste, la ingenuidad constituye un error que puede tener consecuencias catastróficas, sobre todo al pedirle a la gente que se dedique a la oración y obras de misericordia sin hacer caso de lo que usted llama «avalancha de críticas y acusaciones», dejando que «que quien tiene la debida autoridad y responsabilidad, asuma la delicada tarea de soportar las críticas y acusaciones y de asesorarse debidamente para tomar las medidas oportunas y responder a la justicia». Es todo lo contrario de la actitud del buen samaritano, que se preocupó del hombre herido, mientras que el sacerdote y el levita pasaron de largo. Quién sabe, tal vez le hubieran echado a la víctima la culpa de sus desdichas, o probablemente tenían responsabilidades más importantes que atender, como, por ejemplo, instruir a jóvenes discípulos en las artes de la experiencia espiritual.

A los miembros de la Familia Sodálite que tengan la conciencia limpia y deseos de seguir sirviendo al Pueblo de Dios que es la Iglesia, les sugiero que no se contenten con medidas paliativas y frases de consuelo que no resuelven nada, sino que sigan buscando sinceramente la forma de caminar tras las huellas del Jesús auténtico, aquél que nos muestran los Evangelios. Y actúen con la libertad de los hijos de Dios, sabiendo que las personas son más importantes que las instituciones, y la verdad, más urgente y necesaria que las apariencias y las buenas formas. «Si vosotros permanecéis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos; y conoceréis la verdad y la verdad os hará libres» (Evangelio de Juan 8, 31-32).

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La homilia completa de Mons. Adriano Tomasi el día 8 de diciembre en la Parroquia Nuestra Señora de la Reconciliación (Camacho, Lima) se puede leer aquí:
http://sodalicio.org/noticias/vayan-entregandose-mas-a-la-oracion-a-la-caridad-y-a-la-misericordia/

EL EXTRAÑO EXILIO BURGUÉS DE UN OBISPO PERUANO

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Mons. Nemesio Rivera Meza

A tan sólo 10 kilómetros de donde vivo, allí donde comienza el Bosque del Palatinado sobre las colinas, se divisa el pintoresco y acogedor pueblo vitivinícola de Sankt Martin. Cuenta la gente del lugar que allí vivió un obispo peruano, sustentado por una familia rica y pudiente. ¿Historia verdadera o leyenda basada en rumores? De ser cierto, ¿qué hacía un obispo peruano en Alemania?

Investigando un poco, me topé con la insólita historia de Mons. Nemesio Rivera Meza (1918-2007), quien fue primer obispo de Huacho de 1958 a 1960, siendo luego nombrado obispo de Cajamarca.

Su antecesor, Mons. Pablo Ramírez Taboada, fue el iniciador de las visitas episcopales a todas las parroquias de la diócesis, para asegurarse de que la atención pastoral llegara a todos. Una verdadera revolución para la época.

Mons. Rivera Meza no compartía esta visión pastoral, encontrando la oposición de fieles laicos y presbíteros cajamarquinos. Al cabo de un año tuvo que dimitir y largarse. Y se largó a Alemania, a este pueblito de la diócesis de Espira, donde vivió desde 1961 hasta su regreso al Perú en 1996, frisando los 78 años de edad.

¿Qué misterio en la vida de este eclesiástico gris y olvidado —al punto de que en Cajamarca se le recuerda como un paréntesis intrascendente en la sucesión episcopal— lo llevó a vivir confinado 35 años sin misión oficial en un poblado germano?

En 2002 recibió la Medalla de Oro de Santo Toribio de Mogrovejo por su servicio a la Iglesia en el Perú. Algo inaudito, pues fue un pastor rechazado por su grey, que después nunca más volvió a asumir ninguna labor pastoral conocida.

(Columna publicada en Exitosa el 12 de diciembre de 2015)

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FUENTES

Wikipedia (en alemán)
Nemesio Rivera Meza
https://de.wikipedia.org/wiki/Nemesio_Rivera_Meza
Medalla de Oro de Santo Toribio de Mogrovejo
https://de.wikipedia.org/wiki/Medalla_de_Oro_de_Santo_Toribio_de_Mogrovejo

Die Strukturen der Kirche von Cajamarca (bis 2003)
http://cajamarca.de/download/strukturen.pdf

UNA COMISIÓN PARA EL OLVIDO

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Comisión de Ética para la Justicia y la Reconciliación

Hay un cuasi dogma en el que creen los sodálites, a saber, que el Sodalicio es una obra querida por Dios dentro de un Plan preconcebido por el pensamiento divino y, por lo tanto, siempre es guiado por el Espíritu Santo. En consecuencia, el Sodalicio se concibe a sí mismo como una entidad buena en esencia, cuya legitimidad es un asunto que queda fuera de discusión. Pues su existencia se halla avalada por el poder divino.

Eso explicaría por qué siempre se ha buscado defender la institución a toda costa, y los abusos cometidos por sus miembros han sido entendidos como acciones ajenas a la estructura y disciplina del Sodalicio, como excrecencias que pueden ser extirpadas de un cuerpo sano por naturaleza.

Sin embargo, quienes han cometido abusos psicológicos dentro de la institución lo han hecho siguiendo la disciplina que se practica habitualmente en el Sodalicio desde sus inicios y han actuado en muchos casos de buena voluntad, sin tomar conciencia de lo errado de ciertas prácticas. Y la misma estructura verticalista, donde la obediencia incondicional es el valor supremo, constituye el caldo de cultivo donde pueden germinar los abusos sexuales, ciertamente mucho menos frecuentes que los abusos psicológicos y físicos, pero igualmente enraizados en una estructura de poder que facilita la manipulación de quienes se hallan sometidos a ella.

Aquí conviene citar a Alberto Moncada, ex miembro del Opus Dei, quien opina que la causa principal de la pederastia eclesial es el poder irrestricto sobre personas confiadas al cuidado del personal religioso, no el celibato (ver http://www.rebelion.org/noticia.php?id=86202):

«Los curas y monjas pederastas lo son no tanto por su eventual represión sexual cuanto por gozar de una situación de poder respecto de los menores que les están confiados. Es posible que si estuvieran emparejados hubieran sido menos pederastas pero también hay casados pederastas que tienen en común con los clérigos y monjas su fácil acceso a los menores y su situación de poder respecto a ellos».

Además, se ha de tener en cuenta que los abusos psicológicos y físicos cometidos en el Sodalicio —a diferencia de los sexuales— no se efectuaron a puerta cerrada, sino de manera abierta a vista y paciencia de otros sodálites. Y la mayoría de esos otros sodálites consideraron esos sucesos como lo más normal del mundo. Un mundo extraño con leyes propias que gozan de validez sólo ad intra de las comunidades sodálites, donde sus miembros han pasado por un proceso de “formación” que ha moldeado su mente y su psique en el formato de un pensamiento único que justifica los excesos como ayudas para forjar el carácter. Y que se zurra en la libertad individual y en los derechos humanos de las personas, por lo menos de aquellas que aceptaron formar parte de una comunidad sodálite. Es la plasmación en carne viva de la célebre frase “los derechos humanos, esa cojudez…”

El problema no sólo es de personas individuales, sino de un sistema institucional que requiere de una reforma a fondo. Y probablemente es tanto lo que haya que reformar, que lo mejor sería suprimirlo e iniciar algo completamente nuevo con aquellos sodálites que hayan tomado conciencia de la gravedad del problema y quieran seguir prestando su colaboración al Pueblo de Dios y seguir entregando su vida a una generosa misión apostólica.

Ante todo esto, resultan patéticas las palabras que pronunciara Alessandro Moroni, Superior General del Sodalicio, en una entrevista concedida al diario El Comercio (ver http://elcomercio.pe/lima/sucesos/como-diablos-pudo-pasado-esto-sodalicio-noticia-1850794): «Sufrimos por las víctimas de violencia o abuso y por la toma de conciencia sobre la situación. Uno se pregunta cómo diablos pudo haber ocurrido esto en el Sodalicio. Parece de locos». Digo “patéticas”, porque los abusos ocurrieron en el Sodalicio desde sus inicios. No se trata de actos a los cuales se llegó progresivamente a lo largo del tiempo, sino que estuvieron presentes como un estigma desde la época fundacional. Y fueron posibles gracias a la estructura verticalista y autoritaria que el Sodalicio asumió desde un principio. Moroni debería más bien analizar por qué durante tanto tiempo se consideraron normales los abusos psicológicos y físicos de los cuáles él mismo fue testigo —e incluso ocasionalmente perpetrador— y cómo es posible que durante décadas casi nadie se haya dado cuenta de abusos sexuales o que éstos hayan sido encubiertos por aquellos pocos que sí estaban enterados.

Por el momento, el Sodalicio está prácticamente desfondado. La base teórica en que se fundamentan su pensamiento —o ideología— y su espiritualidad proviene casi en su totalidad de Luis Fernando Figari. Hemos de suponer que sus escritos deben haber sido proscritos actualmente y no se sigue recomendando su lectura. Al igual que ocurrió en el pasado con los escritos de Virgilio Levaggi —ex sodálite que se separó de la institución por motivos aún no aclarados— y con los de Germán Doig, que fueron sacados de circulación y dejados de mencionar, como si nunca hubieran existido. De este modo, todos los miembros Familia Sodálite se quedan sin textos donde puedan conocer las ideas que los guían institucionalmente. Salvo que sigan circulando textos oficiales o semi-oficiales anónimos o de otros sodálites, que —como suele ocurrir con todo escrito generado dentro del recinto institucional— no contendrán ninguna idea que no tenga sus raíces en el pensamiento de Figari.

La creación de una Comisión de Ética para la Justicia y la Reconciliación —si bien presenta el aspecto de una iniciativa loable que va más allá de lo que el Sodalicio ha hecho habitualmente en el pasado— resulta insuficiente si no se toma al toro por las astas y no se va al fondo del problema.

Tal como se indica en los procedimientos de la Comisión convocada por el Sodalicio de Vida Cristiana, su labor «debe centrarse en el alivio, recuperación y confortación de las presuntas víctimas» y, en caso de que se presuma razonablemente que haya delito, se informará a las autoridades judiciales correspondientes. Todo esto, siempre y cuando sea la víctima quien decida presentar su caso ante la Comisión en un sobre de manila enviado a una casilla postal, cumpliendo con los requisitos indicados.

La Comisión no tiene como objetivo determinar el alcance de los abusos cometidos por Luis Fernando Figari y otros sodálites en agravio de menores de edad y jóvenes, calcular un estimado del número de víctimas, ni investigar hasta qué punto la misma estructura y disciplina del Sodalicio podrían ser la causa de que algunos sodálites se hayan convertido en abusadores sistemáticos que maltrataron psicológica y físicamente —y en algunos casos sexualmente— a quienes estaban bajo su responsabilidad.

Para emitir sus decisiones, la Comisión tendrá únicamente como fuente el testimonio de la víctima, la documentación que ésta pueda presentar y los documentos que le proporcione el Superior General del Sodalicio. Con todo esto, la Comisión no investigará la verdad de los hechos sino que únicamente decidirá si la queja es «ciertamente no válida» o «potencialmente válida». Si bien se escuchará a la víctima, no se interrogará al acusado, ni se convocará a otros testigos, y sólo en caso de que se informe a las autoridades judiciales, se le informará por escrito de las acusaciones al Superior General del Sodalicio.

Todos los procedimientos serán confidenciales, y no se revelará el contenido de las acusaciones —salvo que se proceda a una denuncia judicial— ni tampoco los nombres de las víctimas. Lo cual es hasta cierto punto correcto y aceptable. ¿Pero qué pasa si una víctima quiere que su caso sea puesto al alcance de la opinión pública o incluso que se revele su nombre?

No nos hallamos, pues, ante una auténtica “comisión de la verdad”, de esas que finalmente elaboran un informe de conocimiento público para que la historia no se repita. Mucho menos se harán sugerencias al Sodalicio para que haga las reformas estructurales del caso, por lo menos en lo referente a ciertas prácticas. Como ya lo he indicado, el enfoque con que está concebida la Comisión es la de que el problema no radica en la institución, sino en algunas personas individuales que han cometido abusos aprovechándose de su cargo y amparándose ilegítimamente en ella. Se está asumiendo el supuesto de las “manzanas podridas”, cuya eliminación solucionará el problema y dejará como residuo la imagen impoluta de una institución que nunca ha cuestionado a fondo la misma armazón que la sostiene, pues se parte por axioma de que es buena en sí misma. Anteriormente se hablaba de “casos aislados”, tumores cuya extirpación evitaría el avance de la enfermedad y devolvería la salud a una institución sana por esencia. El enfoque parece no haber cambiado. En el fondo es el mismo concepto de antes el que ha asumido ahora el Sodalicio: la institución es santa e intocable, mientras que son las personas las que fallan, traicionando el espíritu con que fue creada.

Finalmente, ¿cuál es la solución que la Comisión les ofrecerá a las víctimas? A quienes lo requieran, se les ofrecerá «una sanación espiritual, que sólo puede ser ofrecida por un sacerdote». Por ese motivo «la Comisión incluye a un obispo. El Sodalicio de Vida Cristiana cree que esto es apropiado porque el enfoque de la Comisión, junto con la búsqueda de la verdad y la justicia, está en la ayuda concreta, la reconciliación y la caridad cristiana». Se trata de un motivo débil, pues sólo las víctimas que hayan mantenido la fe —aunque no todas— buscarán la ayuda de un sacerdote, y en ese caso se tratará probablemente de un sacerdote amigo o recomendado por alguien cercano, que no tenga ninguna cercanía al Sodalicio. Y esto no parece cumplirse en Mons. Carlos García Camader, que no sólo es obispo de la diócesis de Lurín donde funcionan las casas de formación de San Bartolo, sino que también parece estar en buenas migas con el Sodalicio. Además, fue uno de los obispos que firmaron una carta de apoyo al cardenal Cipriani cuando El Comercio informó que no iba a publicar ningún artículo suyo más debido al escándalo ocasionado por haber plagiado de un libro del Papa Ratzinger, que ni siquiera forma parte del Magisterio oficial de la Iglesia (ver http://www.zenit.org/es/articles/peru-obispos-respaldan-a-su-cardenal-tras-acusacion-de-plagio). A decir verdad, ser atendido espiritualmente por un clérigo que justifica faltas contra la honestidad intelectual y mira con buenos ojos a Cipriani, cuya actitud hacia las víctimas del Sodalicio ya es de todos conocida, está probablemente muy lejos de ser una experiencia reconfortante y reconciliadora.

Otra solución será el ofrecimiento de una compensación económica, que —de ser aceptada— requerirá de la víctima que firme un acuerdo de solución ante Notario Público. Se trata en el fondo de un acuerdo extrajudicial, el cual implicaría que la víctima acepte no tener nada más que reclamar al Sodalicio. Lo que no queda claro es si se obligaría a la víctima a mantener la confidencialidad respecto a su caso, es decir, a guardar silencio —por lo menos en público— de los detalles de su historia. El hecho de que los mismos comisionados deban firmar un acuerdo de confidencialidad nos lleva a suponer que así es.

Los procedimientos de la Comisión no contemplan otro tipo de soluciones para las víctimas. No tienen en cuenta que algunas víctimas no buscan una compensación económica, sino que el Sodalicio reconozca públicamente su responsabilidad en los abusos de los que esta persona fue objeto, pida disculpas e implemente las medidas pertinentes para que esas cosas no vuelvan a suceder. Lo cual ciertamente implica que sus casos se pongan en conocimiento de la opinión pública.

Cito textualmente un párrafo de los procedimientos: «La información compartida por las presuntas víctimas es personal y privada. Para proteger los intereses de las presuntas víctimas, ninguna información proporcionada a la Comisión será compartida con ninguna otra persona fuera de la Comisión, salvo para los casos indicados en el presente documento». Se refiere a aquellos casos donde se determine un delito que origine una denuncia que deba ser elevada a los tribunales civiles o eclesiásticos. Y en este caso, sólo el Superior General del Sodalicio será informado.

Como ya he señalado antes, parecería que se busca atender a las víctimas, pero en la práctica esta atención conduce a un mero “dar vuelta a la página” sin consecuencias para la institución, o a una especie de “compra” del silencio del afectado a cambio de dinero en efectivo. Y que todo se mantenga en el más absoluto secreto. A esto le llaman justicia y reconciliación.

Por otra parte, si existe la posibilidad de llegar a un acuerdo extrajudicial, ¿por qué al abogado de la víctima se le relega al mero rol de observador, negándole la posibilidad de meter cuchara en el asunto? ¿Por qué se le obliga también a firmar un acuerdo de confidencialidad en caso de que asista a la presentación de la víctima ante la Comisión? ¿Cuál es el monto del fondo para compensaciones de que dispone la Comisión? ¿Por qué la Comisión no podrá dar información a nadie en absoluto, ni siquiera a la víctima, de cómo se determinó una compensación?

En resumen, sólo los comisionados se enterarán de los abusos, ofrecerán soluciones a las víctimas que implicarían también el silencio de las mismas y —dado que han firmado un acuerdo de confidencialidad— no podrán dar ninguna información sobre los abusos cometidos en el Sodalicio, ni siquiera ocultando bajo seudónimos los nombres reales de las personas afectada. El Sodalicio presentará la imagen de que efectivamente se ha preocupado de las víctimas, aunque en realidad lo único que ha quedado a salvo, por el momento, es la imagen de una institución que no ha cuestionado para nada su estructura doctrinal y disciplinaria y ha cargado la responsabilidad de los abusos sobre personas individuales, las famosas “manzanas podridas” o “casos aislados”. No habrá ningún “informe de la verdad”, ningún cuestionamiento de peso, y el Sodalicio, bien gracias y feliz de la vida.

Sólo resta decir que a quienes hemos sido víctimas del Sodalicio no nos sirve una Comisión donde rijan las normas de un confesionario, donde incluso la documentación que podamos presentar será destruida pasados cinco años. No queremos que nuestras historias sean cubiertas por el manto del olvido y que todos nuestros sufrimientos hayan sido en vano. No nos basta con que los responsables del Sodalicio digan que éste ha cambiado respecto a lo que era antes, y que por el bien de la Iglesia y de todos los miembros de la Familia Sodálite es mejor olvidar la historia pasada. Queremos que se llegue hasta la raíz del problema, que se reconozcan las responsabilidades y se nos pidan disculpas públicas, restituyendo así nuestro honor mancillado, y se garantice mediante un control externo que los cambios institucionales sean efectivos. Queremos que se mantenga la memoria de los abusos y del daño que se nos hizo. No por un afán de revancha, sino simplemente para que la historia no se repita. Nunca más. Que así sea.

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El hecho de que esté previsto que la documentación incluida en el archivo de la Comisión de Ética para la Justicia y la Reconciliación sea destruida en el lapso de cinco años me trae a la mente otro tema delicado también relacionado con documentos confidenciales: el del archivo secreto del Sodalicio. En ese archivo Figari fue coleccionando autobiografías de los sodálites escritas de puño y letra, resultados de pruebas psicológicas —muchas de ellas realizadas cuando el candidato era menor de edad—, informes y anotaciones de los consejeros y directores espirituales, de los fomadores, de los superiores de comunidades, etc.

Gran parte de la documentación generada no se ciñe a ningún procedimiento estipulado en ninguna norma escrita de la institución y su posesión podría tener visos ilegales, pues hay pruebas psicológicas realizadas a menores de edad sin autorización de los padres, además de documentación obtenida dentro del régimen de obediencia sin que haya una autorización explícita de la persona —mucho menos escrita y debidamente firmada— para la conservación de esos documentos en el archivo sodálite.

Lo menos que podría hacer actualmente el Sodalicio, en aras de la transparencia, es devolver toda la documentación pertinente a quienes actualmente ya no son miembros de la institución, y darle copias de los documentos correspondientes a los sodálites en actividad, pues tienen el derecho a saber qué información personal sobre ellos se guarda en ese archivo. Y, sobre todo, deberá garantizarse que Luis Fernando Figari no tenga acceso en absoluto al archivo, sino sólo el Superior General del Sodalicio por el momento, a la vez que se busca la manera de recurrir a una auditoría externa para ver qué hacer con toda esa documentación.

Para concluir, hago manifiesta mi voluntad de que se me devuelva toda la documentación personal sobre mí que se halla en ese archivo, solicitud que haré llegar oficialmente por carta a Alessandro Moroni, Superior General del Sodalicio de Vida Cristiana.

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La página web oficial de la Comisión de Ética para la Justicia y la Reconciliación es:
http://comisionetica.org/

HITLER Y FIGARI

hitler figari

“El Nazi”. Ése era uno de los apodos con que era conocido Luis Fernando Figari en su época escolar en el Colegio Santa María de Monterrico.

Curiosamente, el chileno Franz Pfeiffer Richter, fundador del Partido Nacional Socialista Obrero de Chile y autor de Los neo-nazis en Sudamérica (1978), menciona en su libro a un tal Luis Figari como el “dirigente peruano” vinculado al Frente Nacional Socialista en el Perú.

Y en las épocas iniciales del Sodalicio, uno de los libros que encarecidamente recomendaba Figari era Piloto de Stukas de Hans-Ulrich Rudel, piloto de la Luftwaffe durante la Segunda Guerra Mundial que nunca renegó del nazismo.

¿Hay semejanzas entre Figari y Hitler?

Adolf Hitler fue en su infancia y juventud en Austria un sujeto gris, que no destacó en nada. De bajo rendimiento escolar, con pretensiones artísticas de resultados mediocres —patentes en sus acuarelas—, nunca obtuvo un rango militar superior al de cabo, pues carecía de dotes de mando. Posteriormente desarrollaría una ideología de dudosa calidad intelectual y crearía un mundo propio donde él sería objeto de culto, llevando a una nación entera al abismo.

A Figari también se le recuerda como un personaje gris en el colegio, que no sobresalía en nada. Aunque siempre tuvo ínfulas intelectuales, sus escritos revelan sin embargo un pensamiento ideologizado, de corto alcance y mediocre. Y alejado de la realidad. También el creó un mundo propio —en mucho menor escala—, donde él era el centro y donde podía disponer de las personas a su antojo.

Y ciertamente también habría suscrito lo que Hitler proponía en 1923: «Respetar al superior, no contradecir a nadie, obedecer a ciegas».

(Columna publicada en Exitosa el 5 de diciembre de 2015)

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Margaret Thaler Singer (1921-2003) fue una psicólogica clínica estadounidense que se dedicó al estudio de los cultos o grupos de características sectarias. Lo que ella señala sobre los líderes de cultos puede aplicarse a grosso modo también a líderes como Hitler y Figari. He aquí la traducción de un pasaje de su libro Cults in Our Midst (Jossey-Bass Publishers, San Francisco 1995):

«Un culto es un espejo de lo que hay en el interior del líder del culto. No se le ponen limitaciones. Puede hacer que sus deseos y fantasías tomen vida en el mundo que crea a su alrededor. Puede llevar a personas a cumplir sus órdenes. Puede hacer del mundo que lo rodea realmente su mundo. Lo que la mayoría de los líderes de cultos logran es similar a las fantasías de un niño que juega, creando un mundo con juguetes y utensilios. En ese mundo de juego el niño se siente omnipotente y crea un ámbito propio por unos minutos o por unas horas. Mueve los muñecos. Están a sus órdenes. Le devuelven sus propias palabras. Los escarmienta como quiere. Es todopoderoso y hace que su fantasía tome vida. Cuando veo las mesas de juego y las colecciones de juguetes que algunos terapeutas de niños tienen en sus oficinas, pienso que un líder de culto debe mirar alrededor y colocar personas en su mundo creado tanto como el niño crea sobre la mesa de juego un mundo que refleja sus deseos y fantasías. La diferencia está en que el líder de culto tiene a seres humanos de verdad a sus órdenes cuando crea un mundo en torno suyo que brota del interior de su cabeza.

Las nociones idiosincráticas del líder del culto impregnan el sistema que pone en operación. No hay ninguna retroalimentación. No se permite ninguna crítica. Cuando al final logra que sus seguidores sean lo suficientemente obedientes, puede ejercer poder ilimitado y hacer que sus seguidores realicen cualquier acto que él ordene. Se convierte en el director más poderoso que uno se pueda imaginar. No meramente un director de juguetes y actores, sino un director de vidas reales en actos reales basados en sus deseos y fantasías. Así como el niño mueve juguetes en un paisaje imaginario, el líder del culto mueve, dirige, reprende —incluso mata— a aquellos que desobedecen.»