SODALICIO Y SEXO

«El hombre no es ni ángel ni bestia. Y la mala suerte dispone que quien quiere hacer el ángel hace la bestia.»
PASCAL

einsamkeit

La detención de Daniel Murguía, laico consagrado del Sodalicio de Vida Cristiana, en octubre de 2007 en un hostal del centro de Lima, mientras fotografiaba a un niño de la calle desnudo, causó en mí una profunda impresión, sobre todo porque se trataba de una persona a quien yo conocí de cerca. Y porque es una de la últimas personas en las que hubiera pensado si me hubieran dicho que había en el Sodalicio alguien capaz de cometer tales acciones. ¿Qué había sucedido para que una persona de un carácter tan dulce, afable, tranquilo y espiritual como Daniel terminara cometiendo algo tan reprobable? ¿Cómo podía haber mantenido ese vicio oculto en una comunidad que siempre ha proclamado que busca la santidad de sus miembros y se enorgullece de mantener estándares altos de exigencia cristiana entre sus filas? ¿Había alguna relación entre el estilo y la disciplina que se vive en las comunidades sodálites y el hecho de que uno de sus miembros buscara darle rienda libre a su sexualidad de esa manera?

Todo esto gatilló en mi una serie de reflexiones, que me llevaron a hacer una revisión de mi historia personal y analizar lo que yo mismo había vivido en comunidades sodálites entre diciembre de 1981 y julio de 1993 –donde alcancé el rango de profeso temporal–, lo cual me llevó finalmente a la decisión de desvincularme definitivamente de la institución. Habiendo consultado a un sacerdote alemán del movimiento Schönstatt sobre qué debía hacer con esas reflexiones –pues no tenía en ese momento la decisión de hacerlas públicas–, me sugirió que se las comunicara a alguien que tuviera un puesto de responsabilidad en el Sodalicio, a fin de que en la institución tuvieran conocimiento de ello y eventualmente se tomaran las medidas correctivas del caso. Esto es efectivamente lo que hice en la primera oportunidad que tuve de viajar a Lima. Hablé con una persona de confianza del Sodalicio, a quien sigo apreciando y de cuya integridad moral no tengo dudas, manifestándole mis preocupaciones, pues aunque yo ya no compartía la manera de interpretar y vivir el mensaje cristiano que tiene el Sodalicio, aún seguía y sigo identificándome como cristiano católico en el Pueblo de Dios que es la Iglesia, y, por lo tanto, me sentía responsable, en base a lo que sabía, de lo que pudiera suceder con la personas que de buena voluntad y con las mejores intenciones siguen perteneciendo al Sodalicio, el cual sin duda también forma parte del Pueblo de Dios. Lo cierto es que la conversación en un café de Miraflores (Lima) no pudo ser más decepcionante. Según el esquema aprendido en la institución, el sodálite interpretó mis reflexiones como críticas o ataques producto de problemas psicológicos míos y trató de llevar el diálogo hacia el campo de lo personal, escollo que esquivé de inmediato replicando que yo no había venido a hablar para ser sometido a psicoanálisis. En lo demás, tuve la impresión de estar ante una pared que no quería escuchar, dialogar ni saber nada sobre lo que yo de buena fe le estaba comunicando. Parecía como que él y el Sodalicio formaran una sola cosa –a semejanza de lo que ocurre con el colectivo de los borgs en una de las películas de la serie Star Trek–. El Sodalicio se había convertido en una entidad que debía quedar indemne a toda costa, y las personas concretas pasaban a ocupar un segundo lugar.

Aunque yo nunca llegué a enterarme de casos de abusos sexuales cuando todavía era miembro del Sodalicio, sin embargo, el análisis de lo que yo mismo había vivido, sumado a información adicional que llegó posteriormente a mi conocimento, hicieron que no me resultara tan sorpresivo el que se haya destapado un asunto de tal calibre como el del caso Murguía. Esperaba que algo así volvería a ocurrir en un futuro cercano. Cuando se supo que Germán Doig, Vicario General del Sodalicio –es decir, el segundo en la cadena de mando–, fallecido el 13 de febrero de 2001, había abusado sexualmente de por lo menos tres jóvenes menores de edad, lo que me causó sorpresa no fue tanto el hecho mismo, sino quién era el perpetrador, pues conocí personalmente a Germán y siempre me pareció una persona intachable, generosa y entregada, de gran calidad humana. ¿Cómo era posible que un hombre así –querido, admirado y considerado un ejemplo de vida– hubiera llegado a cometer tales acciones? ¿Qué es lo que había sucedido en su vida para que de candidato a santo –a quien se la había considerado durante diez años como tal, con estampitas incluidas para rezar por su futura beatificación– pasara a ser recordado como un abusador de jóvenes menores de edad?

Esto me lleva a exponer mis reflexiones sobre cómo se ha manejado el tema de la sexualidad al interior de las comunidades sodálites, y en el Sodalicio en general. Quiero recalcar que estas consideraciones no son definitivas, y sólo pretenden poner sobre la mesa un tema que debe ser sometido a debate.

He de decir que la mejor información sobre sexualidad, hecha con mucha reverencia y delicadeza, se la escuché a José Ambrozic durante mi primer retiro en el año 1978, cuando yo acababa de cumplir 15 años de edad. Todas las informaciones posteriores que escuché en retiros, charlas y conferencias se incluían bajo el tema de la castidad y el celibato. No hubo jamás una profundización en el sentido de la sexualidad humana, ni desarrollo sobre sus diversos aspectos en la vida concreta de las personas. En el Sodalicio tampoco se ha publicado ningún libro sobre el tema. Y cuando se habla sobre sexo en otras publicaciones, se enfoca el tema casi exclusivamente desde la moral.

Eso no implica que el tema estuviera ausente en las comunidades. Un libro de lectura recurrente era Voluntad y sexualidad del neurofisiólogo católico Paul Chauchard, uno de los fundadores de la Facultad de Ciencias de la Sexualidad de la Universidad Católica de Lovaina (Belgica). El tema también estaba presente en algunas obras de Ignace Lepp, sacerdote y psicólogo francés que había militado en el comunismo marxista, las cuales se leían en las comunidades, como Psicología de la amistad e Higiene del alma. Y también en el libro Control cerebral y emocional del jesuita Narciso Irala, manual voluntarista de autoayuda personal, con una visión demasiado simplista de la sexualidad humana. Pero todo iba dirigido a un control de las manifestaciones sexuales, en vistas a la práctica de la continencia. Todo ello no resultaría problemático, si no es porque no estaba complementado por una comprensión amplia de la sexualidad. Si bien en el Sodalicio se asumía conceptualmente que la sexualidad era positiva, creada por Dios para el bien del ser humano –como se expresa en las enseñanzas de la Iglesia–, esto se decía a personas que en los sótanos de su inconsciente percibían el sexo como un peligro, como una fiera dispuesta a morder al primer descuido y arrebatar a su víctima hacia las cloacas de la perdición. La sensación que yo siempre tuve en las comunidades –y que creo que compartían muchos– era que un pecado de tipo sexual era un tragedia, que producía una herida difícil de curar. La pureza era un tesoro que había que preservar a toda costa, garantía de una entrega total a Dios, sello de libertad en vistas a una disponibilidad plena para las obras espirituales y apostólicas. Esta doble percepción de la sexualidad –teóricamente como buena, existencialmente como un peligro– llevaba a una especie de esquizofrenia personal y colectiva en las comunidades. Y a la falta de una actitud natural hacia todo lo relacionado con el sexo.

Tengo fundados motivos para sospechar que esta situación tenía sus orígenes en el mismo Luis Fernando Figari, Superior General del Sodalicio hasta diciembre de 2010. Hay frases suyas que reflejan esta visión negativa de la sexualidad, como, por ejemplo, cuando le escuché decir que muchas parejas sólo veían el matrimonio como una licencia para fornicar aceptada socialmente. Este enunciado –lo he sabido mucho tiempo después– no se ajusta a la realidad, pues la gran mayoría de las personas que se casan lo hacen por amor –aun cuando todavía tengan que madurar en este amor–, del cual es parte la intimidad sexual. Las personas que sólo buscan sexo lo encuentran fuera del matrimonio y a escondidas –lo cual también se acepta socialmente, siempre y cuando esas relaciones permanezcan secretas–. También le oí una vez decir a Luis Fernando: fulano de tal –refiriéndose al primer sodálite casado–, «que se cacha todos los días a su mujer, no puede tener la misma entrega y disponibilidad que un sodálite que vive en celibato». Este enunciado refleja no solamente una visión despectiva del acto sexual, sino también una ignorancia de la frecuencia con que los esposos suelen buscar momentos íntimos.

El lenguaje sexualizado era muy frecuente en el ambiente sodálite, integrado por varones exclusivamente, donde la falta sexual grave más común –si es que se daba– era la masturbación. Y a eso hacían alusión ciertas expresiones utilizadas frecuentemente. Cuando alguien andaba dándole vueltas a pensamientos inútiles, se decía que «se pajeaba mentalmente» o que era un «pajero mental». Había otro tipo de alusiones sexuales. Cuando alguien había sido engañado o engatusado, se decía que «le metieron la rata». «No me jodas» era la exclamación para expresar fastidio y exigir que a uno no lo molesten. «Esto me pone arrecho» indicaba entusiasmo o emoción ante algo. Los órganos genitales eran mencionados con términos vulgares como “pinga”, “pichula”, “verga”, “chucha” o “papa”, casi nunca según los términos correctos y neutros: “pene” o “vagina”, o simplemente “genitales”. Era, en fin, un lenguaje de hombres solos, en parte debido a que ese lenguaje se emplea frecuentemente en los ambientes masculinos limeños. Utilizado en el seno de comunidades de personas llamadas a la vida consagrada –y, por lo tanto, al celibato– adquiría una connotación curiosa, sobre todo porque no se limitaba solamente a las palabras, sino que también abarcaba contenidos. Pues también se contaban a veces chistes subidos de tono y anécdotas picantes en la familiaridad de los coloquios cotidianos. No obstante que no todos caían en este juego –hubo personas que siempre mantuvieron un lenguaje correcto–, la comunicación con expresiones vulgares era algo permitido. Mas aun cuando afloraba con frecuencia en el lenguaje que utilizaba el mismo Figari en conversaciones comunitarias y privadas. Recuerdo que una vez le dijo a un sodálite que finalizaba su mes de prueba en una comunidad, para saber si se había decidido por la vida consagrada: «¿Todavía quieres meter el Volkswagen en el garaje?» El sodálite no entendió a que se refería y se le tuvo que explicar que Luis Fernando se estaba refiriendo al acto sexual. Con risas de por medio, por supuesto.

Todo esto podría parecer humano, muy humano, a no ser porque parecía esconder un magma latente de turbiedad, que corría subterráneo sin ser percibido y que podía subir a la superficie en el momento menos pensado, como ocurrió en los casos de Daniel Murguía y Germán Doig. No sé si ese lenguaje procaz era una manera de exorcizar simbólicamente lo que se veía como un peligro latente, quitándole peso y gravedad al fantasma del sexo, o un intento de integrar de alguna manera el instinto sexual en la vida de personas que debían abstenerse de una vida sexual activa. De hecho, el impulso sexual no era reconocido como instinto. Pues en enunciados teóricos se postulaba que lo que el común de la gente denomina “instinto sexual” debe ser designado como “tendencia sexual”, dado que los instintos son propios de los animales y tienen un carácter irresistible, pero una tendencia puede ser domada y controlada por el espíritu humano. Sin embargo, esta teoría era contradicha por la práctica, puesto que se tenía como norma que la estrategia frente a toda tentación sexual debía ser la huida. El diálogo con una tentación sexual conducía inevitablemente a la caída. Por lo tanto, era imprescindible huir. ¿En qué quedamos? ¿No se trata solamente de una tendencia, que puede ser manejada? ¿Cuál es el poder de esta tendencia que, cuando se le hace frente, actúa como un instinto que arrastra irracionalmente al ser humano, sin que éste pueda resistirse? Estudios recientes de tomografías en parejas copulando han demostrado que el cerebro desconecta el área del entendimiento durante el acto sexual. ¿Qué es, entonces, instinto o tendencia? Creo que el tema amerita una profundización, considerando que la definición comúnmente aceptada de instinto –«pauta heredada de comportamiento, no aprendida, orientada a la conservación de la vida del individuo y de la especie»– no es contraria a la dignidad del ser humano, aunque reviste características cualitativamente distintas a la de los animales debido a la naturaleza a la vez espiritual y carnal del hombre. Y que comprender esto y asumirlo es condición necesaria para tener una afectividad sana, que permita vivir el amor sexual en el matrimonio o el celibato en el caso de las personas de vida consagrada.

Muchas de las ideas sobre sexualidad que aparecen en el pensamiento elaborado por Luis Fernando Figari –y que se asumen tal cual en la espiritualidad sodálite– son puro producto de la especulación racional, en base a lo que él ha leído. Caracterizar a la sexualidad como tendencia encaja perfectamente en su concepción del hombre. El problema está en si eso corresponde a la realidad, tal como se da en la vida cotidiana de los seres humanos. Si hay muchas divergencias, ahí está el concepto de pecado para explicarlas. A fin de cuentas, es la teoría la que debe quedar indemne, la que debe permanecer, independientemente de lo que suceda en la carne viva de la realidad.

Había mucha ignorancia respecto a la naturaleza femenina entre los sodálites consagrados, tanto en sus manifestaciones psíquicas como físicas. Muy poco se sabe de la psicología femenina real en las comunidades, pues se absolutiza la idea de que lo femenino por excelencia está representado por la Virgen María. Los textos de Luis Fernando abundan en este paradigma. El problema radica en que muchas de las especulaciones que se hacen se basan en una idealización de lo femenino, que no entronca verdaderamente con las situaciones de la vida real. Recuerdo cómo se criticaba una de las últimas escenas de Jesús de Nazaret (Franco Zeffirelli, 1977) en que aparece María gritando de dolor ante Jesús muerto, su hijo entrañable, levantando el cuerpo y dejándolo caer, como si quisiera volverlo a la vida. Se decía que María era la Mujer Fuerte, y que no podía haber llorado de esa manera, con un llanto que parecía acercarla a la desesperación. Y, sin embargo, eso es profundamente humano y no tiene nada de pecaminoso. Situaciones más cotidianas –y que no afectan en nada la virginidad de María– hubieran sido impensables: José besando a María, José atendiendo a María cuanto tenía su período, José admirando su belleza física y su gracia espiritual con mirada respetuosa, María acariciando a su esposo cuándo éste se sentía agobiado, María y José discutiendo debido a los malentendidos propios y naturales de la comunicación entre un hombre y una mujer, buscando llegar a una comprensión mutua –¿era, en fin, un verdadero matrimonio o una farsa?–. En fin, se me ocurren tantas situaciones que no podrían pasar por la cabeza de Luis Fernando, pues la falta la experiencia.

Me parece que, en general, se veía a la sexualidad real como una amenaza que acechaba en la sombra. Por ejemplo, existía la norma de que los miembros de comunidad durmieran por lo menos de a tres en los dormitorios, pues de a dos se corría el peligro de que ocurriera algún hecho impropio. Me es desconocido qué es lo que motivó a Luis Fernando a dar una norma así, si alguna experiencia de la cual hubiera tenido conocimiento, algo que hubiera ocurrido en alguna de las comunidades o simplemente el sentido común.

Si a esto le sumamos una cierta misoginia, muy común entre sodálites consagrados, se forma un escenario propicio a las tragedias. Hay quienes decían, medio en broma, medio en serio: «Mujer buena, sólo la propia madre y la Virgen María». Subyacía la percepción de que lo femenino es por naturaleza retorcido y seductor. Se creía que una amistad entre un consagrado y una fémina era muy peligrosa, pues podía culminar en una atracción fatal –¿otra vez la tendencia con características de instinto?–. Por eso mismo, se cuidaba mucho de que ningún sodálite de comunidad, especialmente los más jóvenes, tuvieran algún contacto o comunicación con mujeres, salvo las empleadas de servicio y la señoras casadas y/o de cierta edad. La frase coloquial que mejor expresa esta misoginia era una que escuché de algunos superiores y que atribuían a Luis Fernando: «¡A la mujer, con la punta del zapato!» En las mismas comunidades sodálites se designaba a algunas de las integrantes de la Asociación de María Inmaculada y de la Fraternidad Mariana de la Reconciliación, asociaciones femeninas fundada por Figari en los años 1974 y 1991 respectivamente, con apodos burlones como “Benito”, “Cucho” –en alusión a personajes de la serie animada Don Gato y su pandilla–, “Gato Gordo”, “Pichón de Gorila”, “Sargento” y “Carapulcra” –haciendo referencia a un plato típico de la cocina peruana que se hace con “papa seca”, expresión que en doble sentido y referida a una mujer adquiere una connotación vulgar y obscena–. Creo que esta costumbre de hacer mofa de algunas mujeres era una manera simbólica de conjurar el peligro que se percibía en lo femenino en estado de juventud. Y un caldo de cultivo para que germinaran en los subterráneos del alma las pulsiones más oscuras.

Esa percepción de lo femenino como fuente de tentaciones se evidencia en el siguiente hecho: para darle clases de formación al primer grupo de mujeres que formarían la Fraternidad Mariana de la Reconciliación, Luis Fernando eligió a un sodálite –ahora ex-sodálite– de quien él sabía que era homosexual y que no iba a experimentar ninguna atracción por personas del sexo femenino. De esta manera evitaba poner en peligro a otro sodálite de orientación heterosexual.

Me acuerdo que a inicios de los ’90, cuando todavía no había estallado la crisis personal que ocasionaría mi salida de comunidad a mediados del año 1993, conversaba mucho con una amiga después de la Misa en la parroquia alemana San José en Miraflores, pues su conversación me siempre me había parecido interesante y estimulante. Ella, de profesión comunicadora, había trabajado un tiempo en ACI Prensa y había dejado luego ese puesto por discrepancias con su director, Alejandro Bermúdez, y la política informativa de la agencia. Llegamos a tener una amistad muy cercana, que seguiríamos cultivando luego de haber regresado yo a los lares mundanos y que se mantiene hasta ahora, sin que nunca hubiera de por medio una atracción sexual en vistas a un compromiso. Ella había percibido que detrás mío siempre había un sodálite, siempre el mismo, vigilándome e inmiscuyéndose, como queriendo alejarme de un peligro latente. Cuando ella quería conversar con él, se mostraba retraído y parecía querer acabar a toda costa la conversación. Una vez ella le dijo en su cara: «¿Por qué me rehuyes? ¿Es que tienes miedo de mí, o miedo de ti mismo?» Por supuesto que no hubo respuesta, sólo evasivas. Mi amistad sincera con ella contradice la idea difundida entre los sodálites de que una amistad profunda entre un hombre y una mujer no es posible, sin que devenga en una relación íntima.

Todo este desconocimiento de lo femenino lleva también a una distorsión de la idea de lo masculino, que se presenta en el Sodalicio con un tinte marcadamente machista. Luis Fernando hablaba del «estilo viril que nos caracteriza». Los sodálites son concebidos como soldados que están dispuestos a los mayores sacrificios y privaciones, sin quejarse ni protestar. Quien protesta o discute es considerado susceptible y subjetivo y se comporta como una «hembrita, con tetas y todo». En este marco, una observación constructiva crítica de las condiciones de vida a las que éramos sometidos resultaba imposible. Y se daban las condiciones para un maltrato sistemático de las personas.

Se vivía también una especie de paranoia, buscando controlar lo que pasaba delante de la mirada de los sodálites. Todas las semanas se compraba la revista Caretas, que el superior leía en primer lugar, la cual era luego puesta a disposición de los demás miembros de la comunidad, con la última página arrancada, aquella donde aparecía una chica desnuda. Cuando veíamos juntos una película, generalmente el fin de semana tarde en la noche, apenas aparecía una escena amorosa o de sexo, el superior apretaba el botón “fast forward” del control remoto hasta que hubiera pasado la escena. Lo curioso es que demasiadas de las películas que veíamos contenían alguna de estas escenas. Veíamos muchas películas de acción hollywoodenses o del cine de serie B, que exaltaban la fuerza masculina y que incluían generalmente, por razones puramente comerciales, alguna que otra escena erótica gratuita. El buen cine también tenía su lugar en las comunidades, pero eran más la veces en que se recurría al visionado de bodrios entretenidos. El cine de calidad artística no era el indicado para esas noches sabatinas, cuando los ánimos estaban cansados. Películas antiguas o de directores con perspectiva artística eran sistemáticamente dejadas de lado. El mismo Luis Fernando recomendaba películas de acción con actores como Sylvester Stallone, Arnold Schwarzenegger o Jean-Claude van Damme, películas de artes marciales, comedias de humor grueso o dramas religiosos con nada sutiles mensajes piadosos y personajes estereotipados. Germán Doig se resistía a ver una película si sabía que era en blanco y negro o muy antigua (con la sola excepción de Los diez mandamientos y Ben-Hur). Los dramas en general eran poco o nada valorados.

Las técnicas para vivir el celibato tenían cierta efectividad. El secreto consistía en tenernos continuamente ocupados, con muy pocos momentos libres, y hacernos terminar el día cansados. Esto se complementaba con ejercicios físicos y duchas de agua fría. Había que controlar los pensamientos y guardar los sentidos –sobre todo la vista–, a fin de orientar todo lo que pasaba por nuestro entendimiento, todos nuestros sentimientos, todo lo que hacíamos, hacia el cumplimiento de los fines del Sodalicio: la transformación del mundo a través de la propia transformación interior y el apostolado. Medios para lograr estos fines eran la oración (meditación u oración mental, lectura bíblica, lectura espiritual, rosario, examen de conciencia, laudes matinales y completas nocturnas, todos los días salvo sábados, los cuales se dedicaban a la limpieza y el apostolado, y domingos, dedicados al descanso), el estudio de la doctrina y espiritualidad cristianas (en consonancia con la ideología sodálite) y el trabajo apostólico (reuniones, docencia en colegios e institutos, conversaciones personales, actividades recreativas con posibles candidatos). Toda esta disciplina, con el tiempo, llegaba a influir el inconsciente, hasta el punto de que muchos dejaban incluso de tener sueños húmedos, cosa que, según algunos informes, también se ha verificado en seguidores de sectas que practican el control mental. Durante mi primer año en una comunidad sodálite –donde pasé un primer mes en aislamiento total sin tener permitido leer periódicos ni revistas, escuchar radio, ver televisión ni salir a la calle salvo en contadas ocasiones y siempre acompañado–, llegué a experimentar tras algunos meses este estado. Sin embargo, se trataba de una situación muy frágil, teniendo en cuenta el principio de que aquello que se niega termina por tomar revancha y ocasionar tempestades. La inocencia se me fue cuando ingresó a la comunidad un sodálite, futuro sacerdote, que tenía un lenguaje bastante vulgar y sexualizado. De escucharlo a diario, los sueños húmedos regresaron y nunca más volví a experimentar lo que en ese momento identifiqué como una especie de estado físico de gracia.

Con el tiempo, cuando comencé a sentir el agotamiento ante una disciplina que se mostraba férrea e inflexible, me despeñé por un abismo de angustia hacia sótanos de amargura, producto de esta visión irreal de la sexualidad unida a un sentimiento sobredimensionado de culpabilidad. Me vi azotado por obsesiones que aparecían ocasionalmente entre lapsos de serenidad que podían prolongarse durante semanas, hasta que otra vez se desataba la tempestad. Sólo he encontrado cierta tranquilidad cuando salí de comunidad, cultivé amistades con miembros del género femenino y fui conociendo los secretos de la sexualidad humana tal como la experimenta el común de los mortales.

Lo que yo viví tal vez sea sólo una experiencia más entre otras. Pues así como yo lo mantuve en secreto –y aparentemente nunca nadie se dio cuenta de lo que me estaba sucediendo–, así podría haber otros que hayan vivido algo semejante. Nadie sabe hasta ahora con certeza qué se alberga debajo de la superficie de la vida sodálite, y los casos de Murguía y Doig podría bien ser solamente la punta de un iceberg, desconocido incluso para la gran mayoría de los miembros del Sodalicio, pues los vicios privados nunca salen a la luz, a no ser que sean descubiertos “in fraganti”.

Todo comenzó cuando, en medio de sueños llenos de imágenes eróticas, me despertaba en la noche y vivía la angustia de experimentar las reacciones corporales correspondientes, sin poder acallarlas y regresar a un estado de indiferente serenidad. Había entonces una especie de sentimiento atenazante de culpabilidad, de estar socavando lo que supuestamente era uno de los pilares del estado de vida al que estaba llamado, junto con una inmensa vergüenza que me llevaba a callar y no pedir ayuda. Pues el elevado concepto de espiritualidad que continuamente se nos machacaba, resaltando que el camino hacia la santidad era el horizonte absoluto de nuestras vidas, no era compatible con las bajezas de la debilidad humana. Hacer conocidas esas bajezas en medio de una comunidad de personas llamadas al celibato asemejaba una tragedia, y quizás admitir dolorosamente que se era incapaz de seguir el ideal de la vida consagrada sodálite. Sobre todo cuando Luis Fernando resaltaba que de las por él llamadas “inconsistencias”, las que se referían a la obediencia y la sexualidad, sí eran profundas, incapacitaban a la persona para seguir viviendo en una comunidad sodálite.

Mi problema aparecía esporádicamente, luego de días y semanas llenas de una apacible serenidad interior. Y así fueron pasando meses hasta que fui a parar a la desaparecida comunidad San Aelred en la Av. Brasil, en uno de esos traslados de rutina que se efectuaban al final de cada año. Tras una de esas noches de angustia, en que los límites entre la resistencia y el consentimiento se difuminaban en una nube de incertidumbre, recurrí a Germán Doig, superior de la comunidad, para pedirle consejo y ayuda. Su reacción inmediata fue de asombro y estupefacción, soltando una breve exclamación, y ahí quedó todo el asunto. No hubo una conversación sobre el tema ni volvió a abordarme al respecto en los días venideros. Me quedó claro que estaba sólo en mi lucha y que los únicos consejos que iba a recibir eran los de los sacerdotes con quienes me confesaba, los cuales, en su mayoría, no pertenecían al Sodalicio.

Siempre tuve la esperanza de que estos incidentes fueran sólo pasajeros y que al final mi sincera opción por la santidad y por el tipo de vida que había elegido terminarían por eliminar toda tentación y llevarme otra vez al estado de gracia física que había ya alguna vez experimentado en mi vida. Lo que entonces no sospechaba era que el estilo de vida que se tenía en la comunidad podía haber sido el caldo de cultivo del problema que estaba viviendo. Y lo que hubiera podido ser meramente un tropiezo de juventud, que la mayoría de las personas dejan atrás a medida que maduran, creció subjetivamente a dimensiones de tragedia.

A veces era tan violentos los impulsos, que en ocasiones recurrí a las pastillas de alcanfor para calmarme. Era el mismo Luis Fernando quien había hablado de las propiedades inhibitorias del alcanfor. ¿Por qué lo había mencionado en una reunión comunitaria? ¿Tenía conocimiento de los peligros a que nosotros, varones consagrados, estábamos sometidos en la comunidad? ¿O estaba hablando de su propia experiencia? Son preguntas que quedarán sin respuesta. Lo cierto es que bastaba oler una de esas pastillas cuadradas blancas para sentir cierta calma. Pero la raíz del problema todavía estaba viva. Y llegaba el momento en que hasta el alcanfor no servía. En un par de ocasiones terminé tragándome la pastilla, sin saber que no son aptas para el consumo humano. Experimenté cierta tranquilidad, pero a la vez una alteración de la percepción sensorial que se traducía en mareos y una sensación de estar como volando. Tenía que echarme a descansar, aduciendo dolores de cabeza, y esperar a que los efectos se diluyeran.

¿Qué era aquello que atenazaba mi voluntad y convertía un impulso en casi irresistible? No lo sé, más aun cuando después de salir de comunidad ese mismo impulso perdería fuerza y se iría haciendo más manejable, no teniendo la urgente violencia de ese entonces, a la vez que yo adquiría una mayor naturalidad para abordar temas referentes a la sexualidad, sin perder el respeto debido ni banalizar esa dimensión tan importante del ser humano. Fue recién cuando pude aprender a admirar la belleza de un desnudo humano sin temor a las obsesiones malsanas. Pues «del corazón proceden los malos pensamientos» (Evangelio de Mateo 15, 19) y no de aquello que Dios ha creado y ha llamado bueno.

De alguna manera, en esa época fui dejando en mis canciones huellas de lo que estaba viviendo. Como, por ejemplo, en una canción dedicada a la Virgen, “Madre María”, que comienza así:

A la espesura de mal trayectoria
llegaba mi historia oscura,
porque nací en la orfandad,
sin la inocencia que da la cordura.
Flora de cosas más puras
maduran las horas hasta la juntura
de mi cintura lustral
con el oro espiritual
que encontré, vagabundo,
entre insectos inmundos
que pueblan mi ser,
escarbando las joyas
que me hacen creer
que será mi victoria
de una mujer.

En mi última época en San Bartolo, balneario al sur de Lima donde el Sodalicio mantiene casas de formación, compuse una canción que intitulé “Sueño de amor en mi soledad desnuda”, que comienza así:

En mi soledad desnuda
el gusano de la nada
perforaba a bocanadas
un infierno sin salida
por la angustia acumulada
en el fondo de la herida
y la costra envejecida
de mi carne avergonzada
por la llaga tan temida
de la esperanza podrida
en mi espalda lacerada
por la mano abandonada
de vestigios de la vida
y la piel ennegrecida
y mortal…

¿Cómo explicar esta situación de intensa angustia que viví ocasionalmente durante años, y de la cual aparentemente nadie se dio cuenta? Creo que tratar de comprender esto nos permitiría entender cómo pudo haber un pedófilo en el seno de una comunidad sodálite y que pasara desapercibido. Y nos abre a la posibilidad, que considero muy probable, de que haya otros “topos”, sodálites consagrados que tienen una doble vida. Pues las condiciones están dadas: ignorancia respecto a muchos aspectos de la sexualidad humana (masculina, pero sobre todo femenina), concepto de la mujer cargado a la vez de misoginia y de una idealización irreal en base al modelo de la Virgen María, desconocimiento de aspectos esenciales de la sexualidad de pareja y la vida conyugal (que no tienen que ser necesariamente aprendidos por experiencia directa), temor a los impulsos sexuales, falta de confianza para hablar abierta y seriamente sobre estos temas (y no en tono de broma y con lenguaje vulgar, como una especie de intento de exorcizar sombras que acechan en la trastienda), abordaje de estos temas casi exclusivamente desde el aspecto moral y de manera muy general (con una mentalidad rígida y muy poca capacidad para adaptarse a situaciones concretas), sobredimensionamiento de la gravedad de los pecados contra el sexto mandamiento.

Tengo algunas hipótesis que podrían explicar por qué nadie se dio cuenta de los casos de Murguía y Doig.

Los sodálites de comunidad –y en particular los superiores– tienen una agenda diaria tan apretada, llena de actividades espirituales personales que cumplir, además de sus obligaciones fuera de la comunidad, de modo que les queda poco tiempo para preocuparse de los problemas personales de las personas con la que conviven. Para eso hay momentos comunitarios. De hecho, yo pocas veces sentí en una comunidad que alguien estuviera continuamente pendiente de mí y se preocupara por mí de una manera particular. El agobiamiento frente a tantas cosas que cumplir es frecuente, pero son raros los momentos en que se pueda descansar, pues, como decía Luis Fernando, «el demonio no toma nunca vacaciones», por lo cual el sodálite, que está en continua lucha contra el espíritu del mal, tampoco puede permitírselas. Esto se manifiesta en los apretados horarios que hay cumplir. Como ejemplo ilustrativo, se puede mencionar la hojita de control de actividades espirituales, donde uno tenía que marcar a diario si había efectuado las siguientes actividades: oración mental o meditación, lectura bíblica, lectura espiritual, lectura sodálite, rosario, visita al Santísimo, laudes, completas y eventualmente Misa. Si por algún motivo no se había podido cumplir con alguna obligación, esta debía realizarse antes de irse a dormir, pero no antes de que terminara el momento comunitario que solía prolongarse hasta casi la medianoche. Pero tampoco había mecanismos efectivos para controlar si se había cumplido con todas las obligaciones. Nunca se podía saber con certeza qué había estado haciendo un sodálite en el tiempo señalado por él en la hojita, aunque me consta que la mayoría, en lo posible, cumplíamos religiosamente con todo lo indicado allí, aunque reconozco que a veces me tomé una que otra libertad a fin de evitar el malestar de tener que hacer una actividad espiritual forzado a altas horas de la noche cuando uno necesitaba verdaderamente descansar. Lo cierto es que, cuando se es superior de una comunidad, la falta de control es absoluta, pues nadie en la comunidad está autorizado a pedirle cuentas a un superior de lo que hace con su tiempo.

Se da por supuesta la confianza entre los miembros de la comunidad, lo cual no constituiría ningún problema si no es porque esta confianza se basa más que nada sobre un enunciado tipo decreto («un sodálite sólo puede confiar en otro sodálite») y no en un conocimiento personal de cada miembro, con una aproximación de respeto hacia las diferencias personales y la vida privada de cada uno. En la vida real, la confianza es algo que se va ganando, en la medida en que uno va cultivando una amistad. En las comunidades esta confianza se da por supuesta, dado que se define a priori al Sodalicio como «una comunidad de amigos en el Señor». Es por ese motivo que cuando sale a la luz que un miembro de comunidad ha incurrido en algún tipo de engaño o mentira hacia otro miembro o la comunidad toda, se reacciona con sorpresa y se percibe ese acto como una traición, como un delito de gravedad. Pocas veces se busca averiguar qué circunstancias concretas han llevado a ese miembro al engaño. Y frecuentemente son las mismas condiciones agobiantes de la vida en comunidad las que favorecen ese tipo de hechos. Por otra parte, se vive una doble moral, pues esa transparencia que se exige al interior de la comunidad no se exige hacia fuera de la comunidad, donde se admite el encubrimiento de hechos, la manipulación de datos o incluso la mentira –lo cual es evidente en algunas de las declaraciones oficiales o semioficiales que se han dado sobre hechos ocurridos en el Sodalicio–.

Hay muchos miembros de comunidad que viven absorbidos por el ideal que postula la ideología religiosa sodálite, totalmente centrando su universo personal en ella, de tal modo que les resulta difícil ver más allá de estos postulados. Siendo el Sodalicio por definición una comunidad de llamados a una vocación concreta, de elegidos, se les hace difícil poder vislumbrar un lado oscuro entre tantos amigos llamados a la santidad, que comparten una misma cosmovisión, un mismo lenguaje, unas mismas costumbres. Viven en una especie de estado de gracia, con la ilusión de estar avanzando en el camino de la santidad –digo ilusión, pues, como enseña la Iglesia, nadie puede saber con certeza si está en estado de gracia o no–, en una especie de esfera de cristal, donde las inquietudes comunes del común de los mortales les son ajenas. Poco saben de angustias económicas, de preocupaciones por los miembros de la familia –donde resulta impensable expulsar a un miembro del hogar–, de momentos de diversión cuyo sentido mismo es perder el tiempo sólo para compartir momentos juntos, de altibajos sentimentales, de discusiones y desencuentros con personas con las que uno tiene que convivir por un tiempo indeterminado –el esposo y la esposa– o durante muchos años –como son los hijos–, sin que eso signifique dejar de acoger y querer con cariño y ternura. Personas con desconocimiento de los entresijos comunes y corrientes de la vida familiar difícilmente pueden percibir el drama de los que viven con un pie en el lado oscuro de la vida. Aunque se ha querido comparar a las comunidades con familias, hay muchas diferencias, entre las cuales señalo algunas fundamentales. A un hijo caído nunca se le expulsa de la familia, sino que se le recibe siempre con cariño y preocupación, sin condiciones, con los brazos abiertos, como el padre misericordioso con el hijo pródigo. Los padres también tienen que disculparse ante los hijos, cosa que nunca he visto que haya hecho un superior ante ninguno de sus subordinados.

Nadie sabe cuántos sodálites cuentan con una doble vida. También los que ocultan sus vicios privados suelen ser ciegos a los vicios privados de otros. Están tan agobiados por su drama personal, que les es difícil ver que haya otros como ellos en la misma situación. Más aun cuando la angustia se hace opresiva, pues se tiene el miedo de estar cometiendo un acto de alta traición, o de estar al borde de un abismo frente al cual, en caso de caer, no hay salvación posible. De allí el deseo de perseverar de estas personas, sin atisbar la posibilidad de plantearse una salida honrosa de la comunidad y buscar una solución a su problema mediante una integración a las condiciones normales de vida en el mundo. Le he oído muchas veces repetir a Luis Fernando: «El que está llamado a una vocación particular y se aparta de ella, pone en peligro su propia salvación. Le será difícil, si no imposible, llegar a ser feliz, pues ha abandonado el único camino por el que podía alcanzar la felicidad.» Ni qué decir que una visión tan simplista de un tema tan complejo no lo compartiría ni la misma Virgen María, a quién Dios llamó al matrimonio para hacerle andar por el camino del celibato consagrado. ¿Qué impide, pues, que Dios llame a alguien a la vida consagrada temporalmente, para luego guiarlo hacia la vida matrimonial? ¿O qué el llamado de Dios tenga varias etapas, una de las cuales sea pasar por una institución perteneciente a la Iglesia, institución que no es absoluta ni infalible ni perdurable como la Iglesia misma, para luego continuar por un camino que forma parte de la historia personal y que es coherente con la propia conciencia, en fidelidad a Dios y a la Iglesia? Como la Madre Teresa de Calcuta, que abandonó una institución de vida religiosa para seguir un camino propio, sin saber adónde le llevaría, para terminar siendo ella misma fundadora de una congregación religiosa, donde –hasta donde yo sé– se respeta la libertad de sus miembros de seguir en ella o apartarse.

Por otra parte, la continua vigilancia de los otros, que se expresa con preferencia en la corrección fraterna, genera un clima de suave pero permanente tensión. No creo que haya nada más insano que preocuparse por que otros sean santos y aplicar una serie de normas tendientes a lograr este fin. Me hace recordar a los fariseos del Evangelio, que ponían cargas sobre los demás pero por dentro estaban llenos de soberbia y crueldad. Quedan de esta manera justificadas las normas más duras y severas, sin consideración a la conciencia de las personas. Si no entiendo mal, el llamado de Dios a la santidad es algo personal, pero no se plantea nunca como el trabajo de unos por que otros sean santos. Preocuparnos podemos, apoyar y acompañar también, dar testimonio de nuestras propias vidas, pero de ninguna manera invadir el espacio sagrado de la conciencia y tratar de forzar a alguien para que sea santo mediante normas coactivas, cuyo incumplimiento se sanciona con castigos.

Esa continua sensación de no tener la propia vida en las manos, de no poder tomar decisiones por uno mismo, contribuye a crear las condiciones para que las personas se busquen espacios donde puedan vivir aunque sea la ilusión de un destino propio, que sólo ellas conocen y donde lo que sucede depende sólo de sí mismas. Y a los sótanos de la existencia no llega la influencia de los superiores y sus normas. Arriba puede continuar el teatro de este mundo, mientras abajo se desarrolla algo turbio pero que se parece más a la vida

Creo que la eliminación de la vida privada en las comunidades genera en muchos la búsqueda de escapes hacia espacios donde poder cultivar intereses propios. En comunidad se puede practicar un muy limitado número deportes los sábados o domingos, se puede escuchar música religiosa –y Takillakkta hasta el hartazgo–, pero no se puede ser fan de los Beatles, coleccionar estampillas, ver habitualmente películas de arte o ser aficionado a los automóviles. Pues se parte del supuesto de que tenemos muy poco tiempo en este mundo, y ese tiempo hay que aprovecharlo en alcanzar la propia santidad o procurar que los demás la alcancen. Constituye una infidelidad emplear el tiempo en actividades que no estén orientadas de alguna manera al combate espiritual o al apostolado. De este modo, las actividades que conocemos como hobbies son reducidas a su mínima expresión. Al no poder tener hobbies de manera abierta, surge en algunos la necesidad de tenerlos por lo bajo, y cuando se tiene que hacer cosas en las sombras, crece la posibilidad de dedicarse a algo turbio.

Todas estas obsesiones nocturnas que he descrito pueden convivir en una persona junto con un deseo auténtico de santidad. Aspira sinceramente a lo mejor y a lo más noble, y se siente a la vez víctima de unas pulsiones que le resulta difícil controlar. En este sentido, resulta incorrecto definir a Murguía y a Doig por los vicios en que cayeron y juzgarlos sólo desde esta perspectiva, pues el lado luminoso de sus vidas es tan real como el lado oscuro. Y sobre todo en el caso de Germán Doig, se debería conservar todo lo bueno y valioso que aportó al Sodalicio y al Movimiento de Vida Cristiana, pues el desarrollo de la institución no se explica sin él. Querer borrar su memoria constituiría un acto de suicidio histórico e institucional.

La convivencia de un lado luminoso y otro oscuro suele expresarse en ese continuo sentimiento de ser un miserable pecador, que está presente en muchos sodálites de comunidad y que es fomentado de manera marcada por la ideología sodálite, pudiendo ser un indicio de esa disociación esquizofrénica que ocasionaría la disciplina sodálite. En el peor de los casos, puede incluso dar lugar a casos de doble vida. Lo de ser un miserable pecador se lo he escuchado hasta al mismo Luis Fernando, pero sin conocer detalles de esas miserias que tiene que cargar. Y si bien es cierto que una mirada atenta descubre defectos morales en Luis Fernando –como también es natural que los tenga todo ser humano–, era mal visto formularlos verbalmente, comentarlos con alguien, e impensable decírselos al mismo Luis Fernando en su cara. El superior es pecador porque por definición todo hombre lo es, pero de sus pecados en concreto ni se habla, ni se piensa, ni se mencionan, pues ello se interpreta automáticamente como crítica malsana, rebelión, infidelidad. La corrección fraterna parece ser sólo para los subordinados.

Yo mismo no he estado directamente en contacto con casos de otros sodálites con una doble vida. Pero sé que se han dado estos casos desde que existen las comunidades sodálites, muchas de la cuales se crearon en los años ’80. Sé de sodálites que estuvieron implicados en affaires amorosos mientras vivían en comunidad. A su vez, vivieron sus propios dramas, siendo tratados casi como convictos de delitos graves. Uno de ellos vivió sus últimos meses en comunidad con normas estrictas y libertad limitada. Otro fue enviado a San Bartolo, donde cada vez que quería dar un paseo alguien debía acompañarlo y vigilarlo. Durante más de un mes estuvo prohibido hablar con él. Otro más gritaba en las noches acosado por pesadillas de Dios sabe qué horrores, mientras se le trataba como alguien destinado a la celda de los condenados a muerte. Pues salir de una comunidad, luego de haber sido “llamado por el Señor”, era equivalente a la infelicidad en este mundo y la condenación eterna en el otro.

Todavía se puede reflexionar mucho sobre este tema. Quiero interrumpir por ahora el hilo de mi pensamiento, pues temo revivir antiguas heridas. Lo que más duele es presentir el derrumbe de algo en que se cifraron muchas esperanzas. Afortunadamente, he puesto mi fidelidad desde hace mucho tiempo en Cristo y en la Iglesia. Fui llamado a un compromiso con la Iglesia, el Cuerpo vivo de Cristo, a través del Sodalicio. He buscado ir más allá, pues el Sodalicio se ha quedado estancado en el pasado, en una ideología fija, en su propio pequeño universo, y ha dejado librados a su suerte a quienes le dedicaron con generosidad y sinceridad años de su vida. Tengo la certeza de que la fidelidad a la Iglesia está por encima de todo, y dejar atrás un compromiso con una institución que no está ya a la altura de las circunstancias y que prefiere mirarse el ombligo antes que respetar la pluralidad de opciones dentro de la Iglesia, manteniendo la práctica de subordinar las tareas evangelizadoras a sus propios intereses, es también un signo de coherencia y una respuesta madura al llamado de Dios.

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47 pensamientos en “SODALICIO Y SEXO

  1. Ignoro si en la actualidad han implementado, o desarrollado temas que brinden una mejor orientación sexual; sobre todo para quienes estén en proceso de discernimiento vocacional.

    En los noventa era común decir que si tal o cual persona hacia una opción hacia la vida matrimonial era un “echado” (mediocre y sin valor para asumir nuevos retos apostólicos).

    El lenguaje era sumamente sexualisado como bien describes, al punto de tener connotaciones de tipo homosexual, y los chistes sexistas al por mayor. Algunos de los hermanos que discernían conmigo vocación (grupo de discernimiento) me expresaban sus temores pues, sentían ciertas inclinaciones o simples dudas –imagino que propias del despertar sexual; tendríamos un promedio entre 14 y 19 años; y no planteaban sus inquietudes o certezas por temor de ser ridiculizados. Por ejemplo: en aquella época contaba con 15 años y lo máximo que pude hacer en muchas ocasiones es escucharlos, hablarles de la misericordia de Dios -hasta donde un chico de 15 años puede hacerlo- y en contadas ocasiones convencerlos de hablar en privado con sus concejeros –que en casi todos los caso soltaban la misma respuesta; “no te preocupes eso se cura con ejercicios”, en otros casos sencillamente no los volvía a ver más dentro del SCV o del MVC.
    A modo de anécdota recuerdo que en un concejo comunitario a los que habíamos pasado a vivir una experiencia comunitaria(de 5 a 10 chiquillos) a uno de nosotros a voz en cuello le preguntaban si ya había comenzado a soñar con hombres desnudos, que eso era común cuando en comunidad se vive; y paso seguido el Consejero de un alto cargo dentro del MVC; soltaba infidencias de un aconsejado suyo y que obviamente no se encontraba presente , con 2 años en comunidad ya la que todos conocíamos para ese tipo de actitudes había una frase “lo vendía calato” y por obvias razones mato la confianza de muchos; o al menos sembró la interrogante ¿Cuánto sabrían los demás de nuestras intimidades? Lo único cierto, es que después de ese concejo comunitario; que se realizaban por lo menos uno cada mes o dos cuanto mucho; todos solo hablaban de sus triunfos apostólicos o alguna duda teológica, muy raro que alguien soltara prenda; por lo que se procedía a violentarlos haciendo lo que conocíamos como el “entrí” (juego de palabras derivados de la lectio -El en si; en mi-) y efectivamente entrabamos dentro de él y escarbábamos en su miseria y no parábamos hasta que en llanto profundo admitiera su miseria y lamentablemente yo era un alumno aplicado y casi un experto en eso menesteres todo un perro de presa y es algo de lo cual me arrepiento sinceramente.
    Ahora en honor a la verdad al menos en mi primera fase de vinculado tuve buenos concejeros fue en mi etapa de experiencia comunitaria donde la cosa se hizo más violenta sicológicamente hablando. ¿Sería por ello que Luis Fernando no quería Sicólogos (entiéndase por sodalites sicólogos) dentro del Sodalicio- aunque actualmente sin LF al mando hay un par que están incursionando en esa área? ¿Quizás también por ello que todas las vocaciones son menores de edad –al menos yo no llegue a conocer a ningún grupo de discernimiento con mayores de 23?

    Con lo expuesto, no es raro que sucedan tantas cosas; había represión, burla y poca caridad ¿Quién en su sano juicio se arriesgaría a abrir su alma completamente? En realidad pocos, muy pocos eran los transparentes. Ojala y no todos hayan tenido la experiencia narrada al menos de los que conoci en el tiempo, tengo las misma referencias. En todo caso rescatar lo bueno y prescindir de metodos innecesarios.

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  2. Tu escrito me recuerda esas palabras : “Amigo, a lo que vienes? Con esto comenzaría para hacerte una recomendación: ¡Perdona! Tus hipótesis y lecturas de la realidad merecen eso que es el abc del cristianismo “perdón” y esto, se extiende a ti mismo. Con tantos años que mencionas y no haberte dado cuenta del “aparato de manipulación” que dejas entrever en tu opinión… y, no siendo tu una persona limitada, sino por el contrario inteligente y culta creo que merecería que te perdones a ti mismo. ¡Tantos años ¿no habrás sido participe de ese y esos errores? ¿tus sonrisas y permanencia no hablan de que “eres uno de ellos”? Por esto amigo, ¡perdona a tus amigos y a tus enemigos! Eso es evangélico. Pero algo más. Es de cristianos, (si todavía aún lo eres, no lo se) : El pedir disculpas. Claro, si te nace, el pedir las disculpas. Nadie te obliga. Pedirlas en privado las privadas y públicas las que han dañado públicamente a otros. Me parece que esto del “perdón” se aplica a toda realidad humana, institución, grupo, agrupación para poder construir una sociedad y cualquier proyecto comunitario o familiar. No solo diría que es cristiano, sino muy humano el promover la Reconciliación por el bien de todos los que vivimos en este planeta. Y una palabra más para finalizar, de San Juan escribe en una de sus cartas : “quien dice que no tiene pecado, miente”.

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    • ¿Pedir perdón? ¿Acaso el SCV lo ha hecho como es debido?
      El tema de los excesos en los métodos de adoctrinamiento y reglas de disciplina no es nuevo. Hace unos José E. Escardó empezó a escribir sobre ello
      ¿Y Qué hizo el sodalitium? ejercer presión para silenciarlo; hoy el Sr. Scheuch tiene la valentía de revelar estos detalles,
      ¿Y le exigen que primero tiene que disculparse? !Qué tal cuajo!

      Cuando salió a la luz el caso D. Murguía el SCV se limitó a decir que había sido expulsado, en el caso de G. Doig y dada la gravedad del asunto emitieron
      un breve comunicado que dejó interrogantes abiertas.
      ¿Qué vino después? el revisionismo, la amnesia colectiva, borrar todo vestigio de su existencia, un “suicidio institucional” como señala el creador de este blog, pues se trata del N⁰ 2 del SCV , formado y seleccionado por el mismo fundador como su sucesor , que sin duda contribuyó de modo considerable y decisivo a elaborar los estatutos, diseñar los métodos de captación y adoctrinamiento, establecer las reglas de disciplina; en suma, darle forma a un estilo de vida que devino en caldo de cultivo de excesos y malos tratos.

      Los jóvenes que hoy se unen al MVC y SCV no tienen la menor idea de quién fue Germán, no encontrarán referencias de él en los websites oficiales de la institución, jamás tendrán en sus manos un ejemplar de “El Silencio” o “Iglesia y Marxismo”…¿Y los mayores, los que hoy frisan los 40 o más años?

      En su prédica ochentera los sodálites enfatizaban mucho la lucha contra la “escotosis”,…tal parece que con respecto a Germán los miembros antiguos viven inmersos en ella, y esa escotosis los lleva a exigir que aquel que expone una crítica fundada debe disculparse primero.

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    • Solo unas palabras para Guillermo M.: el uso de falacias ad hominem puede resultar persuasivo/disuasivo en ocasiones. Pero incluso cuando se sabe utilizarlas -que no es tu caso, sin ofender-, revelan, a mi modo de ver, muy poca capacidad argumentativa, incluso lógica en ocasiones. Me gustaría saber qué ARGUMENTOS -no ataques personales al autor disfrazados de “recomendaciones”- puedes ofrecer para mantener una discusión seria sobre las reflexiones del autor respecto de los sodálites y la sexualidad. Sinceramente me interesa mucho la discusión de sus ideas, al margen de los datos que presenta, lamentablemente, sin referencia a fuente alguna. Estaré atenta a leerte con detenimiento. Saludos. Beatriz

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    • guillermo por lo que leo , no es que no hay perdón, pero siempre es bueno la reflexion y profundizacion para ayudar a muchos que aun no pueden con el peso de esos años de “santidad”. me recuerdo mucho de usted y se que es un hombre bondadoso. Es hora de empezar a pensar en las ovejas perdidas por las confusiones de los idealistas utopicos que manipularon generaciones de Pubertos probablemente con la mejor de las intenciones y con lo que hace Martin se reflexiona un poco . bendito sea Dios.

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  3. Lo descrito es común en toda comunidad (léase secta) construida por autoiluminados basados en una exégesis bastante primariosa y estereotipada de escrituras religiosas. Sus normas que limitan la propia naturaleza generan decisiones terribles (políticas, administrativas, etc.), conductas propias de personas reprimidas y amargadas. Resulta curiosa la composición social (no confundir con nivel de ingresos) de los miembros del Sodalicio, donde una mayoría posee caracteres fenotípicos europeos, que en una sociedad subordinada y racista como la peruana, les otorga una ventaja institucional de facto; este carácter eurocentrista (obvio por sus documentos, ni que decir de sus alusiones a José Antonio Primo de Rivera, etc.) les debe generar mucha angustia y amargura a la hora de buscar vocaciones; de ahí su intolerancia a la movilidad interna y externa de sus miembros. Como toda comunidad excluyente en un universo pluriétnico y social, construye comunidades para los “no puros” a los cuales asignan labores auxiliares, dado que la “misión” es para la comunidad élite: Movimiento de Vida Cristiana (MVC), la Fraternidad Mariana de la Reconciliación, las Siervas del Plan de Dios. La conducta del pedófilo cuasi santo que describe, es (como bien lo afirma) la punta del iceberg que provoca su propia estructura. Todo ello ubica a esa “comunidad” en las antípodas de lo que desea transmitir. Si hubiera un “reality show” del Sodalicio, sería un programa de una pasmosa cadencia donde el terror y la pornografía alcanzarían niveles mayúsculos.

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    • Señor Iván: Se nota que no conoce ni ha conocido Ud, a fondo las comunidades en mención. Tanto como yo conozco su apellido y los reality show con los que se habría entretenido. Jamás duré ni tres minutos delante de la TV mirando alguno y ojo no por sugerencia de terceros. Si me dices que es Ud. un católico podré escuchar su corrección fraterna sobre las instituciones de la Iglesia pero si es un enemigo de la Iglesia la tomaré como si viniera de tal ¿o es Ud. un ferviente católico? Esto por seguir una sabia recomendación bíblica: “No le pidas un consejo al envidioso sobre generosidad y al botarate sobre ahorrar” … ¿secta dice Ud? También se pensó eso del cristianismo y en su tiempo sobre los franciscanos o los jesuitas y dominicos y así sobre tantas grupos que hoy representan nuevos vientos del Espiritu que Ud. quizá no conozca. En fin, pero fácil es escribir creo que hay que tener el valor para mirar desde dentro y luego hacerse un concepto claro, real, acorde con la Verdad y la Verdad es que en la Iglesia encontrará que está constituida por justos y pecadores. Yo me considero un pecador que intenta ser justo ¿Ud?

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  4. Me parece una reflexión válida y valiente. Asimismo, considero que es constructiva, porque obliga, quienes han vivido una experiencia como la tuya y a quienes no, a pensar no solo en las situaciones oscuras que un régimen de vida así puede generar, sino principalmente sobre la condición humana. Tu reflexión me queda claro no tiene nada que ver con la denuncia de estos aspectos que pueden ser portada de un diario que vive de escándalo sino la necesidad de pensarnos desde una dimensión integral como seres humanos. Me queda claro también que el Sr. Montezuma ha reaccionado de la misma forma que describes la reacción de algunos líderes del movimiento, o tal vez peor, porque ni siquiera ha sido capaz de mantener silencio, tal ha creido que atacarte pueda ser la mejor forma de desvalidarte. Gracias por compartir tu experiencia. Saludos.

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    • Señor Lucas creo que Martín es lo suficientemente inteligente y podrá decir si se siente atacado o que con ello invalido sus argumentos. Yo no cuestiono en ningún momento sus argumentos, lecturas y relecturas. Yo lo que cuestiono es ¿como puede ser que alguien que ha vivido tantos años, como el mismo lo mencionó, no se haya dado cuenta de lo que le pasaba delante de las narices? ¿no habrá festejado también el y se habrá frotado las manos ante tanta supuesta maldad y malicia que asoma en sus comentarios? ¡Vaya que santo varón! Entonces o no se dio cuenta o tales cosas no existieron o es un grandísimo cómplice que ahora quiere lavarse las manos como Pilato. Yo más bien pensaría lo segundo. Mi llamado final al “perdón” creo que le podrían curar “estos pasajes tan nefastos” de su historia y otros previos a su ingreso en la Institución que le tendió la mano, como toda institución, parroquia, comunidad cristiana. Suele suceder que ello se busca e intenta hacer con sus imperfecciones y limitaciones toda comunidad y familia. ¡Perdonar! ¡perdonar! ¡perdonar! Esto es lo que debe intentar hacer este amigo a quien estimo y aprecio. Será motivo para rezar por él y tenerlo más presente. Quizá la oración sea mejor y más constructivo que estos rollos por los que agradezco su paciencia sino le agradó mi reacción.

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  5. Señor Montezuma, solo dos acotaciones: 1) Respeto que usted tenga una posición sobre el tema y particularmente sobre la reflexión que hace Martín, no tengo la mínima intención de restarle valor, siempre y cuando la pueda sostener de manera argumentada. 2) Lo que ocurre es que nuevamente veo que su posición y/o defensa se basa sobre el ataque, lo que algunos especialistas llamarían una argumentación falaz, y para ejemplo cito: “Yo no cuestiono en ningún momento sus argumentos, lecturas y relecturas. Yo lo que cuestiono es ¿como puede ser que alguien que ha vivido tantos años, como el mismo lo mencionó, no se haya dado cuenta de lo que le pasaba delante de las narices? ¿no habrá festejado también el y se habrá frotado las manos ante tanta supuesta maldad y malicia que asoma en sus comentarios? ¡Vaya que santo varón! Entonces o no se dio cuenta o tales cosas no existieron o es un grandísimo cómplice que ahora quiere lavarse las manos como Pilato…” Si no cuestiona sus argumentos, lecturas y relecturas, cómo puede formular los cuestionamientos que hace después. Una lectura cuidadosa, no parcializada y más objetiva, tal ve pueda ayudar a compreder mejor la visión de Martín sobre la experiencia que vivió.

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  6. Bueno, Señor Montezuma, si seguimos la linea de sus silogismos categóricos falaces “para conocer tienen que haber estado ahí”, no se pudiera opinar de nada, dado que la experiencia directa tampoco es suficiente (“para opinar de los mongoles, tenias que haber vivido con Gengis khan” o algo similar). Me extraña eso si, que solicite ese tipo de validaciones en alguien que da a la fe un peso determinante en su modo de pensar. Cuando hice referencia a un “reality show” lo hice como una analogía de algo tan popular como el vocabulario que internamente los soladites practican, nada mas. No digo que “no veo esos programas” ya que no es necesario decirlo, ni tengo que señalarlo explícitamente dado que algunos conocidos verán mis comentarios. Tampoco recurriré a la práctica (por cierto muy común en las sectas) de recurrir a citas de textos (depende de la traducción y la edición por supuesto) para sustentar mi posición, ya que eso se presta para todo y con las diversas contradicciones que hay al interior de las mismas se pierde el objetivo. Sobre “los nuevos vientos del espíritu”, eso es subjetivo in extremis; con ese criterio siempre habrá nuevos vientos, y por ende es una tautología, al menos que considere “nuevos vientos” ciertas posiciones que simplemente daban prioridad a otros preceptos u otros compromisos, que obviamente usted no comparte. Solo hice una breve descripción, que es valida dada su aplicación a diversas sectas, si desea puedo expandir el concepto de secta: a) La asociación es voluntaria (inducida o fomentada obviamente), b) La
    afiliación supone cierta exigencia personal o sometida a examen c) Pretensión de exclusividad d) Élite interna a la que se le asigne un conocimiento o habilidades especiales e) Aspiración a la “perfección” (según lo que para ellos es perfecto, por supuesto). etc.etc. Cualidades que cumple con holgura y satisfacción el Sodalicio. Y la verdad, con minúsculas, es que hay justos en todos lados, pero proporcionalmente creo que no hay tantos predicadores que faltan a sus propios principios como en estas sectas autoiluminadas.

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  7. Las reflexiones-relatos de Martín me parecen muy bien fundamentadas, con peso propio. No creo que sean ataques y mucho menos expresiones de resentmiento. Merecen ser sopesadas una por una con toda seriedad. Y el el sodalicio es el primero que debería tomarlas en serio… pero lamentablemente el pensamiento sodálite tiene un terrible vicio: es autosuficiente, incapaz de autocriticarse, considera cualquier discrepancia como un ataque personal y malintencionado. Nada hay más terrible que eso, pues condena a quedarse en el error para siempre… mirándose el ombligo, como bien ha escrito.

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  8. Guilermo, te recuerdo que el mismo Señor nos exhorta de denuciar: 2Tim 4-6. Somos muchas personas afectdas sicológicmente y que tenemos daños que hemos sufrido el el SCV, (por correo interno te puedo dar mi nombre y mencionarte el tratamiento que tengo que seguir), así que lo que menos podemos hacer como cristianos es DENUNCIAR. Denunciar no es sinónimo de no perdonar o de resentemiento, pero si no denunciamos entonces seríamos cómplices de abusos, atropellos y malos procedimientos y en el fondo seríamos otros Pilatos más que nos lavaríamos las manos. No estoy deacuerdo c0n tu posición, la lógica que utilizas es darle el significado de silencio al perdón, y definitivamente ese no es el significado del perdón. El mismo SCV, ACI y el MVC han denunciado y denuncian muchas cosas que en la Iglesia y en las personas no están bien, entonces de acuerdo a esto:el SCV, ACI y el MVC son resentidos!!! tú les dirías a ellos que se callen y que perdonen??? no te entiendo, no entiendo tu proceder, ni tu lógica.

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  9. Hablando de los temas que toca el autor, sobre el concepto del matrimonio en el SCV, me resulta curioso esa secta retroceda incluso a la escolástica medieval, ignorando incluso el texto de Juan Pablo II (Familiaris consortio), donde acepta en la pareja cierto afán de placer sexual (Claro, nuestro cancerbero saltará inmediatamente tratando de refutar lo anterior, previa lectura, espero, de dicho texto); y el miedo este de los celibatarios a las mujeres es una rémora más que “nuevos vientos”, esta fobia se puede remontar a Agustin o a Crisóstomo en su tratado “Sobre el sacerdocio”, la educación de “lideres” sin personalidad en una obediencia llena de temores hacia sus señores, no es la mejor manera de formar Líderes, en especial en un escenario donde el “diablo no descansa”, por ello los resultados cualitativos y cuantitativos visibles que en vez de generar nuevos verdaderos aires de renovación, provocan reacciones tristes, llenas de ira y venganza (dame tu nombre cobarde… corolario: Para acusarte y ya verás…), actitudes (pecados capitales) que por lo menos se merecerían fuertes sanciones (auto infligidas por supuesto), que deberían estar escritas en sus hojitas diarias. No cumplirlas será un engaño real a su vocación y compromiso.

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  10. El sexo siempre genera un gran revuelo. Bien Martín, has dado en el clavo, el post con mayor cantidad de lecturas y de comentarios. ¡Todo un éxito!. Estuve pensando, aunque la mayoría dirá que no he pensado, que oponerse a lo escrito por Martín en su blog es una pérdida de tiempo.
    Explico mi posición, la mayoría de personas que comenta y escribe en este blog, tiene ahora una FE ciega en lo que escribe Martín, el CLUB DE FANS DE MARTÍN. Estoy seguro que eso no es lo que quiere Martín, pero indudablemente se formó un club de fans.
    Guillermo, le escribe a Martín, no a los miembros del CLUB DE FANS que PERDONE. De inmediato han surgido los defensores de Martín, teniendo la misma actitud que éstos señalan tienen los miembros del SCV y de la familia sodálite. Atacan, no entienden razones, no comprenden que el diálogo no es con ellos, es con Martín y que si quieren dialogar tienen que ubicarse en coordenadas diferentes a las que se encuentran.
    Claro, ¿cómo van a permitir un ataque a Martín, si él es quién tuvo la valentía y el coraje de escribir, lo que ellos no han escrito? ¿Cómo van a decir que los escritos de Martín son exagerados, tediosos narrativos, puritanos y chismosones? Eso no es posible.
    Lucas le responde a Guillermo que debe quedarse callado, ¡no se puede opinar en contra de lo escrito por Martín!. Dan por sentado que todo lo que escribe Martín es verdad y es como se vive en las comunidades sodálites, Guillermo les dice que no es cierto, gran osadía la de Guillermo; responden: “él solo quiere defender al SCV”; por lo tanto su testimonio es inválido, inclusive aparece un señor que inicia una argumentación psicologista sobre sectas, generaliza, tira barro, da muestra de su “gran conocimiento” y pretende tener la razón sobre lo que se vive en las comunidades del SCV, él tiene más razón que alguien que ha vivido en ellas. Aparecen víctimas de los abusos de la forma de vida en las comunidades sodálites, escriben con dramatismo, tratamientos psicológicos de 15 años por culpa del SCV y no es solo el que escribe, sino que él conoce un montón de personas más. ¿Cómo se puede refutar contra eso? Si lo refutas, eres un maldito pues no comprendes que el SCV trauma a las personas y los lleva al psiquiatra.
    Finalmente, aparece alguien que utilizando su cuenta de FACEBOOK endosa delitos sexuales a una persona sin pruebas solo con su dicho y para terminar de embarrar al resto nuevamente manifiesta sin pruebas: ” y no creo que solo fue Jeffery Daniels, Germán y Daniel”. Lo curioso es que no pone su nombre, claro es fácil ocultarse en el anonimato. Podría yo también señalar que esta persona cometió x delitos y tranquilamente esconderme tras un pseudónimo. Mi estimado anónimo, si eres víctima de los abusos de un delincuente sexual denúncialo, úbicalo y mételo preso, pero por favor no tires barro a personas que no tienen nada que ver en el supuesto delito que cometieron contra tu persona.
    Quieren que el SCV pida perdón, reclaman perdón, bueno hasta ahora nadie les asegura que escribiendo en el blog de Martín obtengan el perdón que quieren. Tampoco se aseguran que el SCV ponga una foto de GDK en sus comunidades y centros pastorales del MVC con una leyenda: DELINCUENTE SEXUAL, para que todos los nuevos miembros lo lean y sepan a dónde están ingresando, no vaya a existir algún otro delincuente sexual escondido y finalmente no quieren que nadie defienda al SCV.
    Hacen alarde de saber la verdad: el SCV se vió obligado a detener la causa de GDK, por presión de los familiares y víctimas, ante la amenaza de ir a la prensa. Pero, van aclarando que no se refieren a todos los sodálites, sino a los que deben estar escondidos en esas comunidades y pretenden separar a la paja del trigo luego de tirar barro a la institución entera. Recuerden que las instituciones no existen físicamente, los que existen son los miembros así que sus disquisiciones por diferenciar a la institución de las personas son erróneas. Es mejor decir claramente, las siguientes personas. Pero con pruebas no con dichos.
    Escribir en este blog es gratis y al parecer no tiene ninguna consecuencia, puedo embarrar a quién quiero, sobre todo si pertenezco al nuevo CLUB DE FANS DE MARTÍN.
    Seguramente me responderán los defensores de Martín, dirán que no pienso, que formo parte de la banda de delincuentes que no quiere que se sepa la verdad, que no razono, que lea mi comentario el cual no tiene nada de cristiano, que no es posible que alguien escriba de esa manera, que mi comentario es inmaduro y saca de contexto todo lo que se ha escrito en el blog, que me cierro a dialogar con quienes no piensan como yo, que no tengo ni un poco de autocrítica, todas esas respuestas y otras se me vienen a la mente.
    Les respondo por adelantado, sigan disfrutando de la saga contra el SCV, sigan escribiendo y tirando barro, eso los calmará y los tranquilizará cada semana, podrán regocijarse, pedir justicia en un blog, pedir que el SCV pida perdón, pedir que pongan una foto de GDK con su letrero correspondiente, pedir que la Iglesia elimine al SCV, pedir que el SCV cambie y que todos los jóvenes sepan lo que en su opinión es el SCV y la Familia Sodálite. Todo esto lo pedirán desde la comodidad de su escritorio, valientes de computadora.
    Sigan así, lograrán los cien comentarios.

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  11. Para Martín, creo que tu accionar no logra tu objetivo. Según entendí en post previos, tu interés es lograr un cambio en el SCV, quizás esté equivocado y tu intención sea destruirlo. Hasta ahora lo que estás logrando es que tus opiniones, muchas de ellas subjetivas, sean creídas al pie de la letra por tu CLUB DE FANS y compartidas por los principales enemigos del SCV.
    Por eso creo que hiciste muy bien en citar a Pascal:
    «El hombre no es ni ángel ni bestia. Y la mala suerte dispone que quien quiere hacer el ángel hace la bestia.»
    No te molestes en contestarme, al igual que cualquier miembro del CLUB DE FANS, considerarán esto un ataque a la persona, lo que demostrará que son bastante reduccionistas y están comenzando a tenerte una FE ciega.

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    • Para Jorge

      Jorge mi estimado Jorge cuando uno quiere mucho a una institucion corre el riesgo de ser subjetivo, y tu ya lo eres mucho, prefieres tapar el sol con un dedo, lo que se hace en san bartolo y las demas casas no es una enseñanza de Dios sino algo que se le ocurrio a la mente de los fundadores, no pienses que estas defendiendo a la iglesia ni nada estas defendiendo a unos enfermos y pobres de mente, los que escriben aca son personas que ya han llegado a tener personalidad y se dan cuenta que lo malo es malo, tu todavia no, y te has enfrascado a defender mas de lo necesario a tu institucion, el sodalicio con suerte desaparecera y sera un ejemplo mas de lo que nunca debio ser, acuerdate de la frase por sus frutos los conoceran, y ya se esta conociendo como son uds.

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  12. Creo conveniente hacer algunas aclaraciones, dado que veo que en la discusión se me han atribuido muchas cosas que no son ciertas.

    Ya en el año 1993 comencé a manifestar algunas críticas al SCV, por la forma en que se había manejado el asunto de mis canciones, haciendo algunos cambios inconsultos en las letras de las mismas, y también respecto a la deficiencias que yo veía en la formación intelectual. Por supuesto, las críticas no fueron acogidas. Desde ese entonces y con el paso de los años intenté abrir un diálogo sobre algunos puntos adicionales que me parecían cuestionables tanto en el SCV como en el MVC. Todos esos intentos fueron infructuosos y no pasaron de las personas concretas con las que hablé. Más aún, como todavía seguía creyendo en el llamado divino que había recibido el SCV, busqué de mil y una maneras aportar con mis talentos y capacidades en su misión. Lo que efectivamente sucedió es materia como para escribir otro post: poco a poco fui siendo relegado de toda responsabilidad que tuviera en alguna actividad del SCV o del MVC; por lo bajo se hicieron correr rumores infundados sobre mi persona: que estaba medio loco, que tenía ideas raras, que estaba en crisis porque había compuesto canciones de amor y no religiosas, etc., etc. En parte debido a una difícil situación económica familiar, pero también en parte debido a la situación descrita, tomé la difícil decisión de migrar a Alemania, para conseguir un trabajo decente y también para trabajar apostólicamente por el SCV y el MVC donde nadie me conociera y donde no tuviera que lidiar con los prejuicios que sobre mí corrían en Lima.

    Ya en Alemania manifesté muchas de mis críticas de manera abierta, enviando algunas de ellas a sodálites con altos cargos de responsabilidad. Los únicos comentarios que recibí vinieron de personas vinculadas al SCV que no vivían en comunidad o de emevecistas. Los sodálites de comunidad ‒con la excepción de Alejandro Bermúdez y sus ladridos de perro de chacra‒ nunca se dignaron responderme. Después se me ha criticado el hecho de que no planteara las cosas al interior del SCV. Pues mis críticas siempre fueron hechas de manera abierta, mi dirección de correo electrónico nunca fue un secreto, y si alguien estaba en desacuerdo con lo que yo comentaba, bastaba con escribirme un e-mail. Nadie de comunidad jamás lo hizo.

    ¿Guardo rencor por todo ello? De ninguna manera. La cerrazón del SCV abrio mi corazón a la amplia riqueza y variedad de la Iglesia y a la vasta humanidad del mundo. Más aún, no guardo animadversión contra nadie y con gusto me sentaría a tomar un café o un vino con cualquiera para conversar sobre estas cosas. Mis reflexiones no tienen la intención de hacer daño a nadie en lo personal, sino evidenciar los graves problemas que ha presentado el SCV y que han sido silenciados sistemáticamente. Por eso mismo, menciono nombres sólo cuando ello es necesario o inevitable. A Guillermo, mi ahijado, le agradezco sus palabras y por la idea que me ha inspirado: escribir un post con una lista de todo lo que debe ser perdonado. Pues el perdón no equivale al silencio ni a la impunidad. Y tengo la impresión de que prefieres que calle, lo cual en conciencia no puedo hacer, pues he conocido demasiados testimonios de gente que ha sido dañada psíquicamente por las “técnicas” de formación aplicadas en el SCV. Asimismo, puedes deleitarte con algunas de mis mejores canciones, nunca interpretadas por Takillakkta, en mi blog LA GUITARRA ROTA. Mi talento de compositor de canciones-poemas no se ha ido al traste, sino que ha dado sus mejores frutos después de salir de comunidad.

    ¿Que por qué no hablé antes, si sabía de estas cosas? Porque durante años confié en que hubiera un cambio de actitud en el SCV, hasta que me fue evidente que eso era como pedir peras al olmo. Y también porque, si bien tuve conocimiento de varios puntos, hasta entonces eran piezas de un rompecabezas que yo había armado según la imagen del SCV que tenía metida en la cabeza. Hasta que en un momento uno se da cuenta de que las piezas no calzan y que el rompecabezas está mal armado. En un momento dado, las piezas volaron por el aire y tuve que volver a armarlo, desconcertado yo mismo por la imagen que ahora se me presentaba. Todo adquiría un nuevo significado. He consultado con varias personas de confianza el cuadro que se me presentaba, y me quedó claro que me estaba acercando a la verdad, una verdad inquietante que difícilmente podía ser puesta en duda. Ten en cuenta que muchas personas necesitan años, a veces más de una década para procesar lo vivido en el SCV.

    Aún así, en lo que he publicado no cuento todos los detalles de lo que sé. Hay cosas que he dejado en el tintero, a fin de no caer en extremos sensacionalistas. Asimismo, muchos nombres han sido omitidos. Éste no es el lugar adecuado para hacer acusaciones. Los nombres y muchos detalles que desconozco deben estar en las denuncias que duermen el sueño de los justos en el arzobispado de Lima.

    Respecto al comentario de Jorge, quien me acusa de querer atraer la atención en base a temas espinosos, debo decir que me ha causado mucha gracia, sobre todo lo del “club de fans de Martin”. Su comentario me parece una excelente muestra literaria del género del humor involuntario. Sobre todo porque hace un buen uso de recursos retóricos pero no presenta argumentos lógicos referentes a los contenidos que yo he expuesto.

    Por último, quisiera comentar algo sobre el anonimato. El poder expresarse de manera anónima es algo a lo que se tiene derecho, sobre todo en el ámbito de Internet. Hay muchas cosas ciertas que algunos no se atreverían a decir o testimoniar, si no se garantizara su anonimato, pues existe el temor de represalias, medidas punitivas, acoso, etc. De ninguna manera es un acto de cobardía. Lo que alguien dice de manera anónima puede ser discutido, debatido e incluso contradicho. La atención se centrará en los contenidos y no en la persona concreta que los haya emitido. Y admito que sobre el caso de Jeffery Daniels no sé por el momento absolutamente nada. Pero dada la cantidad de testigos que hay, es algo que merecería ser investigado. No estamos hablando de meros vicios privados, sino de delitos que en cualquier sociedad sana se ventilan en el fuero penal.

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  13. Amigos pensaba no mirar este blog sino hasta el lunes pero hoy temprano leí algo que dije para mis adentros: se los compartiré. No se entienda como un escape lo que pongo, tampoco una renuncia a la verdad. Lamento profundamente lo sucedido con algunos hermanos. Sinceramente el día que vi estando en Cusco lo sucedido con Daniel, no lo pude creer, se me salieron las lágrimas de pena. Ese no era el Daniel que conocí. Como tampoco no somos verdaderamente nosotros mismos cuando nos dejamos llevar por la ira, la envidia, la lujuria, y cualquiera de las mezquindades en las que incurrimos. Esta suma de cosas sorprendentes representaron un pesar y tomé algunas acciones personales y entre otras el visitarlo (a Daniel) en el Penal. El me dijo que había pecado. Yo no insistí en mayores narrativas ni preguntas excepto solamente quería saber de su salud y estar un rato con el hermano acompañándole en medio de un ambiente repugnante. El entorno me hizo pensar desde que entré que, así habría de ser el infierno y lo confirmé. Creo que muy probablemente así deba ser esa Pocilga. Amigos, no digo que no hagan y tomen las medidas y las medicinas que necesiten y aquello que vean conveniente. Una institución la conforman personas. Nosotros los que amamos el ideal de seguir al Señor y caminar al lado de nuestra Madre, que nos enamoramos del ideal de Ensayar la Verdad, nos exige el asumir la Verdad. Esa Verdad es Jesús el Señor, su Palabra. Nosotros vimos y vivimos de cerca a hermanos y amigos que nos transmitían con su ejemplo y su palabra el camino propuesto por el Señor y, cayeron (como muchas veces nosotros y fuimos animados y levantados). ¿Las gravísimas faltas desacredita a la Institución? ¡Qué sería de la Iglesia, nuestra Madre! ¿Eso nos desacredita? Si nosotros quienes jamás hemos incurrido en faltas de ese tipo graves pero nos acompañan múltiples mediocridades y fallos como pecados (que seguramente no cesan ni cesarán en el corto plazo) ¿vamos a proceder como aquel individuo que narra el Evangelio al cual se le perdonaron sus deudas, y tenía luego del cuello a un deudor al cual ahorcaba diciéndole “págame lo que me debes” ? Amigos, recordemos esto de la Palabra : “Misericordia quiero y no sacrificios porque la misericordia triunfa sobre el Juicio”. Les dejo el texto abajo que era lo que me trajo en un primer momento poner, es del Eclesiástico 28. Espero les sirva: Un abrazo fraternal para todos. Una cosa más: disculpa amigo Ciudad habla.

    Del vengativo se vengará el Señor
    y llevará estrecha cuenta de sus culpas
    Perdona la ofensa a tu prójimo
    y se te perdonarán los pecados cuando lo pidas.
    ¿Cómo puede un hombre guardar rencor a otro y pedir la salud al Señor?
    No tiene compasión de su semejante ,
    ¿y pide perdón de sus pecados?
    Si él, que es un simple mortal, conserva la ira,
    ¿quién le perdonará pecados?
    Piensa en tu fin y acaba con tu enojo,
    piensa en la muerte y en la corrupción, y guarda los mandamientos.
    Recuerda los mandamientos y no te enojes con tu prójimo,
    recuerda la alianza del Señor, y perdona las ofensas.

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  14. Buenos días a todos, yo opiné en un texto anterior a este, con palabras simples, pudiendo haberlo realizado como todos ustedes con bonitas palabras y buena construcción argumentativa….. pero es que me canso.
    Cuando entré a vivir a comunidad siendo muy joven, en la pared de la casa había una frase grandota al lado de una imagen de Luis Fernando que decía “EL SODALICIO ES LO QUE LOS SODALITES SON” paro lo que me pone a pensar mucho, cuando dicen que esto es solo de casos aislados y no de la comunidad.
    Yo siento que fui agredido sexualmente de una manera muy cruel y nunca me tocaron mis partes íntimas (pues la sexualidad no solo es el acto carnal) ya que entré al Sodalició sin ninguna experiencia sexual carnal y Salí de la misma manera, pero en los 10 años de mi estadía no hubo un día que no se me insistiera en el mismo tema, con las preguntas casi enfermizas de si me gustaban los hombres, de si los miraba y que si lo hacía en que parte los miraba, hasta llegar el punto de que en una reunión de comunidad el superior afirmar que él sabía yo actos indebidos hacía en la ducha, cuando puedo jurar que en el tiempo que estuve en comunidad nunca ni siquiera me masturbé. Siento que fue tal su insistencias que en el momento de salir de comunidad me generé la necesidad de pagarle a una mujer trabajadora sexual para salir de la duda, pero de igual manera accedí a tener relaciones con un hombre para sopesar que me gustaba mas. Para lo cual hoy después de haber madurado un poco veo innecesarios los métodos que utilice de autoafirmación, pero en ese tiempo tenia bien poco información sobre lo sexual, solo las voces contantes de prohibir la homosexualidad pero siempre estar hablando de ella. Pero creo sinceramente que tanta insistencia en el tema generó grandes dudas en mí, que me llevaron a vivir en una inseguridad constante sobre mi mismo.
    Recuerdo también como mi consejero hoy sacerdote sodalite, disfrutaba a cabalidad que le contara con detalles mis sueños nocturnos para después terminar con una bofetada en mi cara.
    Etc etc etc…………

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  15. Estimado Guillermo:

    Que con la Palabra de Dios se pueden justificar muchas cosas es algo que está fuera de duda. Como cuando en el Sodalicio se hacía una lectura antojadiza del capítulo 10 del Evangelio de Mateo para justificar el hecho de poner a adolescentes menores de edad en contra de sus padres, los cuales en su mayoría eran también católicos. ¿Sabías que un agrupado mariano le dijo a su madre que no le debía ninguna obediencia, pues él había sido solamente fruto de un placer sexual suyo? No sé a qué te refieres con sana hermenéutica, pero la que se ha aplicado en el Sodalicio no parece caer dentro de esta categoría, pues adolece en muchos casos de fundamentalismo. Y la hermenéutica que se debía aplicar era decidida a dedo por el mismo Luis Fernando Figari. Los demás miembros del Sodalicio tenían que asumirla a rajatabla.

    ¿Que lea a Santo Tomás de Aquino? Más que alegría y vida, lo que encuentro en sus textos es aburrimiento, sin negar el valor que puedan tener. San Juan Crisóstomo es de otro lote, pues el tío andaba con los pies en tierra y tenía una aproximación a los problemas morales que tenía en cuenta las circunstancias concretas de las personas. Lo que no sé es a qué viene este rollo, pues yo también te podría recomendar muchos escritos interesantes que leer. Pero no lo voy a hacer, pues el asunto aquí no es qué ha leído uno, sino qué es lo que uno piensa personalmente y por cuenta propia. Lo demás son insumos.

    Tu admiración por el P. Almonte muestra sorprendentemente una amplitud de criterios que agradezco, pues recuerdo a este sacerdote dominico como un partidario acérrimo de la teología de la liberación. Por eso mismo, tengo dudas de que hubiera reprobado la cita que hago. Más bien, he de suponer que hubiera estado contra cualquier interpretación fundamentalista del Evangelio.

    Por otra parte, insisto en que de mi parte no hay rencor ni enojo, sino un deseo de comprender a fondo qué es ese fenómeno llamado Sodalicio y ayudar a otras personas que puedan haber tenido experiencias similares a la mía. ¿Tengo algo personal contra alguien? En realidad, no. Con gusto me sentaría a conversar y dialogar con quien acepte mi invitación. Nunca he estado cerrado al diálogo.

    Te agradezco por tu cita del Eclesiástico, pero si con ella quieres decirme que soy un vengativo, que no perdono las ofensas y que estoy cargado de rencor, creo que sobra. Esas cosas es preferible que las digas directamente sin escudarte en un texto bíblico. Aunque no te lo recomiendo, pues más que revelar quién soy, eso mismo revelaría la confusión que hay en tu corazón, siendo que no puedes concebir en tu caso una pertenencia a la Iglesia sin Sodalicio de por medio.

    Las alusiones a problemas personales míos es un golpe bajo e indigno de una persona como tú. ¿Quién no los tiene? No te culpo. En el Sodalicio siempre se ha aplicado este esquema: quien critica a la institución tiene problemas personales serios. Además, hay cosas que nadie en su sano juicio consideraría como problemas, pero en el Sodalicio si las consideran así, como, por ejemplo, pensar críticamente, dialogar con no cristianos, criticar a Cipriani, tener un amigo homosexual sin necesidad de serlo uno mismo, dejar que un periodista independiente entreviste a Figari, etc.

    Por último, quiero recordarte que me vinculé al Sodalicio en 1978 y tomé la decisión de apartarme definitivamente en 2008. Durante estos 30 años persistí tercamente en una lealtad a prueba de balas a la institución, no obstante los problemas que veía y el trato que recibí. Veía ese amor imposible como un acto de dignidad personal y una muestra de agradecimiento por lo bueno que recibí. Hasta que llegó el momento en que comprendí que persistir en esa lealtad me hacía más daño que bien, algo así como poner el pecho sobre la espina, y que no podía ser cómplice de evidentes aspectos cuestionables que han ido saliendo a la luz. Entonces “recordé la alianza del Señor”, “pensé en la muerte y en la corrupción” y decidí no irme a la tumba sin haber dado a conocer lo que el Sodalicio ha ocultado sistemáticamente sobre su historia y sus prácticas. Y volver mis ojos hacia la belleza de ese Pueblo de Dios llamado Iglesia, del cual sigo formando parte por obra y gracia de Dios.

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  16. Para Tito. Demasiados pederastas? Lo mejor es denunciar a quién tiene la posibilidad de sancionar y condenar a alguien. Lo demás es inútil. Me dices que es para saber si el SCV da a luz a pederastas. Pues muy bien, denuncia ante la Justicia Peruana y que intervengan a la institución. Si quieres de verdad que se sancionen a los culpables. No pierdas el tiempo.
    Para Sebastián, no creo que este sea el mejor lugar para pedir CARIDAD, JUSTICIA y ACCIÓN. Pídelo ante quién sí puede conceder JUSTICIA?. Este espacio es realmente eficaz para sancionar al delincuente? Creo que no, sirve para la chismografía y suposiciones, que si el SCV sabía o no… se sigue confundiendo a las personas con la institución.

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    • Vamos Jorge; creo que lo puedes hacer mejor; todo lugar es bueno para pedir Caridad y Justicia; (quizás entiendas justicia con linchamineto, que creeme no es el caso). Se piden que hablen dentro del SCV; MCV; y con las victimas; que comenten que acciones se tomarón ante determinados hechos (no lo limitaremos al tema de abuso sexual; existió también otros tipos de abuso) Ahorá; ¿realmente crees que no lo sabian?; ¿realmente crees que no se hablo con ellos?. Bueno si no quieres creerlo; el tiempo se encargara de hacerlo.

      Por lo que veo no eres de Perú; y al parecer; gracias a Dios haz tenido una experiencia exenta de estos errores. Pero, somos muchos los que hemos pasado por este tipo de situaciones descritas y no deseamos que se repitan (las acciones malas) en ninguna institución Católica.

      Estimado Jorge; estos espacios surgen porque desde adentro no hay respuestas o acogidas a las correcciones; o quizás no haya una buena comunicación o crean que no es necesario brindarlas (esto último sería un craso error). De corazón espero que no tengas que pasar por ese trance y experimentar lo que vivimos los que nos atrevimos hablar, sobre todo si trabajas dentro de alguna institución perteneciente al SCV.

      Como veo, las cosas son bien faciles; el SCV se pronuncia y aclara los puntos sin necesidad de hacer un expectaculo o citar cada caso en particular o dar detalles innecesarios (salvo a las victimas que soliciten informaciín detallada); comenta las estrategias a desarrollar para evitar estos casos y san se acabo. No hay más que hablar pues no darian pie a más. Ahora si a pesar de realizarse lo comentado vez que se continua en lo mismo. Di lo que quieras. Pero como van las cosas; si no quieres enterarte de más ya no sigas leyendo pues te hace mal, te escandalizas y no das soluciones. Solo atacas y atacas a quienes han vivido lo que tu no. Si quieres hacer algo productivo reza por nosotros y por los del SCV. Como vez la solución es bien simple.

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  17. Sebastíán: Ahora opinar diferente a lo que ustedes opinan es atacarlos? Es decir, todo el mundo tiene que estar de acuerdo con ustedes, tienes el mismo comportamiento con tus opiniones que criticas a los que “defienden” al SCV.
    Nunca he sido testigo de abusos sexuales, tengo más de 20 años relacionado con el SCV y el MVC. He visto abusos y excesos psicológicos pero ahora han cambiado muchos métodos. No estoy seguro que todos busquen lo que tú planteas. Sería bueno leer el comentario del resto de personas. Creo que si hay delincuentes, estos deben ser denunciados y de ser culpables condenados. No hay otra manera de encontrar una verdadera justicia. Si fuese cierto que como institución supieron de los delitos que se le imputan a Daniels estaríamos ante un delito y me reservo la opinión sobre su tipificación. En el caso de Murguía y GDK, el SCV afirma que no se conocieron los hechos, hasta ahora no se ha demostrado lo contrario y creeme que prefiero creer en el SCV que en gente como Pedro Salinas o Paola Ugaz. Alguien tiene que demostrar lo contrario y debe ser en un proceso judicial, no en un libro de medio pelo. Entiendo que en el caso de GDK, ha existido una conversación clara con las víctimas, en el caso de Murguía los casos han sido fuera del SCV, no hay ninguna víctima presentada dentro del ámbito del SCV o MVC, no se ha mostrado hasta el momento ninguna denuncia. Concuerdo en que es necesario que la institución, a ejemplo de la Iglesia Católica, establezca controles para que no ocurran este tipo de hechos, inclusive si no son ciertas las denuncias contra Daniels, pues ya se tiene el antecedente de GDK. Un defecto que encuentro en sus opiniones es que involucran siempre a toda la institución, eso no es posible, deben realizar la diferencia entre institución y miembros. De lo contrario, la afirmación la Iglesia esconde a pederastas sería válida.
    Espero que ahora me haya esforzado más (al menos al nivel que tú esperabas) y ten por seguro que no me “pongo mal”al leer lo que escriben.
    Rezaré por tí y espero que tú lo hagas por mí.

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  18. Vale la pena contestar a cualquier comentario planteado de buena manera, a no ser que uno carezca de argumentos sólidos que aportar. Decir que no se le piensa dedicar más tiempo constituye un acto de descortesía y mala educación. Siempre he considerado enunciados similares (“no tengo tiempo para ti” / “no pienso dedicarte más tiempo” / “mi tiempo es muy importante como para gastarlo en ti”) como un punto en contra de la persona que los pronuncia. Además de que tus comentarios, Jorge, son “fiel muestra” de otra cosa.

    Lo cierto es que negar de antemano cualquier relación entre los casos que se han mencionado y la institución misma es algo que va contra la sana lógica, pues ciertamente podría haber una relación, y eso tiene que ser investigado y analizado. En el Perú –y probablemente en otros países– pasa algo similar con el Ejército y la Policía, donde la corrupcción está enquistada como una enfermedad. Cuando uno de sus miembros comete una acción escandalosa o delictiva, se habla del “mal elemento” que es un “caso aislado” y que no afecta para nada el buen nombre de la institución. Tal cual, como si fuera un dogma, antes de haber investigado.

    En el caso del Sodalicio, desde que tengo memoria se ha buscado sobre todo mantener el buen nombre de la institución, aunque ello significara perjudicar el buen nombre de las personas. Para que te hagas una idea, te cuento que, aproximadamente un mes antes de la detención de Daniel Murguía, Germán McKenzie, Superior Regional del Perú, fue expulsado oficialmente del Sodalicio. Se dijo en ese entonces que era debido a reiteradas faltas graves, sin que se mencionara en concreto en que consistían esas faltas. Comprenderás que cuando ocurrio lo de Murguía, se comenzó a rumorear que las supuestas “faltas graves” de McKenzie iban también en la misma dirección, lo cual el Sodalicio desmintió tajantemente, otra vez sin especificar cuáles había sido esas faltas. Lo curioso es que McKenzie recibió apoyo del Sodalicio, e incluso sucedió en su puesto de la Niagara University (Ontario, Canadá) a Raúl Masseur, otro sodálite. No he encontrado indicios de que McKenzie haya cometido faltas graves, y todo parece haber sido una estratagema para mantener en alto el nombre del Sodalicio ante el caso de un Profeso Perpetuo con un alto cargo de responsabilidad, que ya no quería seguir manteniendo ese estilo de vida por motivos que aún no me son del todo claros. Pero que puedo suponer, considerando que conocí muy de cerca a McKenzie y le sigo teniendo en alta estima como una persona de gran calidad humana.

    El esquema siempre ha sido el mismo. El Sodalicio es intachable, quienes fallan son sus miembros. Los casos graves son siempre “casos aislados” y nadie tenía conocimiento de ellos. Y siempre afirman tener una actitud abierta, cuando en asuntos cuestionables sólo han informado como con cuentagotas de aquello que sabían que no podían impedir que se supiera a través de otros medios.

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  19. Martín, por un tema de tiempo, no pude seguir con el diálogo y responderte.

    Sobre el tema de Mac, es algo que sólo le compete a él y a nadie más. Es un punto cerrado que lamentablemente tú lo abriste, cuando no tenías más información que suposiciones, eso te pinta de cuerpo entero.
    Claro que no corriges ningún post, me refiero que todos aquellos que secundan tus opiniones y posiciones no reciben ninguna aclaración o solicitud de corrección pese a que son erróneos los comentarios en muchos casos. Pero a quienes como yo comentamos y opinamos de manera distinta, siempre nos esperará un comentario de aclaración o corrección de Martín. Hay un doble rasero?
    Qué bueno que la Iglesia es la retaguardia del mundo. La Iglesia dejaría de lado su enseñanza sobre moral para ponerse a la vanguardia o a la mitad del mundo. Gracias a Dios que eso no ha pasado. Ser pensador y autodenominarse católico, no te libra del error.
    Sobre el celibato, claro que debe estar vinculado para el estado de vida clerical, es lo que la Iglesia nos enseña y exige a los sacerdotes del rito latino, a diferencia de los sacerdotes de las iglesias orientales. Es lo que se enseña en el Catecismo de la Iglesia Católica, numerales 1579 y 1580. Si bien no es un dogma de fe, es una disciplina de la Iglesia Católica tener sacerdotes que vivan como lo hizo el Señor Jesús. Confías más en tu juicio que en lo que enseña la Iglesia? Por qué cuestionas el celibato?
    Sobre los otros tipos de familia, tienes que evangelizarlas, son personas que deben conocer a Dios, ¿en algún momento mencioné a este tipo de familias? Creo que te equivocas por no leer bien mi comentario. Sobre los homosexuales, dramatizas la situación y omites lo señalado por el Catecismo de la Iglesia Católica en los numerales 2357 y ss. Claro que hay lugar para ellos en la Iglesia, pero la Iglesia les pide que vivan la castidad, pues los actos homosexuales son: depravaciones graves e intrínsecamente desordenados. No me digas que en las uniones homosexuales no existen actos homosexuales que la Iglesia no aprueba? Por favor, no seas ingenuo Martín. No puedes promover las uniones homosexuales sino la castidad en los homosexuales, eso es lo que propone la Iglesia y claro que hay que evangelizarlos y tratarlos con caridad para que se acerquen, al igual que tú y yo, a la perfección cristiana.
    Y concuerdo contigo que el Señor Jesús habría invitado a sentarse junto con él a homosexuales, pero sabes una cosa, tú tendenciosamente olvidas algo, siempre el Señor Jesús perdonaba los pecados de quienes se reunían con él pero también les pedía que NO PEQUEN MÁS. Eso es lo que tú tendenciosamente olvidas y claro que les pediría el Señor Jesús a los homosexuales que no pequen más. Es decir, aquellos que no sean célibes, luego de encontrarse con Jesús, deberían ser célibes. Así de sencillo.
    La pederastía, el abuso psicológico y cualquier tipo de violencia debe ser sancionado por la ley penal, no te parece eso correcto? Soluciona los problemas la ley penal? No, pero da un su castigo a aquel que transgrede un bien jurídico protegido. En el caso del aborto, creo que a quién deberían meter preso es al médico que procura el aborto, no a la madre.
    Debes leer más el tema de las relaciones sexuales con adolescentes, no es tan sencillo como lo planteas, hay un vacío legal en el Perú, que dejan en indefensión a los menores de edad.
    Sobre la Teología de la Liberación del padre Gustavo Gutiérrez, aplicas un doble rasero, si la Iglesia la aprobó aplaudes esta aprobación y no hay ningún cuestionamiento. Pero la Iglesia también aprobó el Sodalitium, en este caso, tú cuestionas la aprobación, criticas, señalas que se puede haber engañado e inducido al error a la Iglesia y que no todo lo que aprueba la Iglesia es correcto y lo comparas con el caso de los Legionarios de Cristo, pero claro como el SCV se opone a la Teología de la Liberación, para ti eso significa que debes ponerte de lado del padre Gutiérrez, no hay nada que opinar en contra. Pues decídete la Iglesia se equivoca o no?. Como dirían en España, se te ve el plumero.
    Finalmente, leí los post siguientes. Realmente, te consideras un intelectual como te autodenominas?

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    • Estimado Jorge:

      – El asunto de Mac dejó muchas preguntas abiertas que hasta ahora no han sido respondidas a satisfacción. Está muy lejos de ser un asunto cerrado. Yo no he abierto nada, pues el tema todavía no está cerrado, aunque hayan pasado los años. Es cierto que el tema le compete personalmente a Mac, pero también le compete a la gente que se vio afectada por este asunto, y en cierto sentido guarda relación con la imagen pública del Sodalicio.

      – No hay un doble rasero. Aplico el mismo para todos. Ese rasero me hace estar de acuerdo con unos, y en desacuerdo con otros. A esos otros les respondo y les doy mis razones de por qué estoy en desacuerdo. A los primeros no necesito responderles, pues estoy de acuerdo con ellos.

      – Ser la retaguadia implca no tener un rol directivo en la conducción de la historia. Para muchos en el mundo actual la Iglesia es una realidad meramente anecdótica, lateral, irrelevante. Y muchos miembros de la Iglesia han hecho méritos para que ésta se gane esos calificativos. No tiene nada que ver con la moral, la cual puede ser interpretada en el espíritu de la enseñanzas de Jesús, o de manera fundamentalista y rígida, sin considerar la realidad de las personas y las situaciones concretas. No creo que la enseñanza moral de la Iglesia deba cambiar en sus principios fundamentales, pero sí deberían cambiar ciertas interpretaciones que no le hacen justicia ni a los Evangelios ni a las personas humanas concretas. Esto contribuirá a que la Iglesia pase de la irrelevancia a un puesto de vanguardia.

      – Yo no cuestiono la disciplina del celibato. Yo, así como varios obispos, sacerdotes, religiosos y laicos, propongo que se discuta la aplicación de esta disciplina, y si es conveniente obligar a los clérigos del rito latino a guardarla por decreto, o si sería conveniente permitir la ordenación de hombres casados. El Catecismo refleja la enseñanza actual de la Iglesia y no tiene el rango de revelación divina inmutable. Si más adelante cambia la diciplina de la Iglesia en este aspecto, pues habrá que cambiar también el Catecismo en los párrafos pertinentes.

      – Jesús les pedía a todos que no pequen más, pero no andaba controlando como una especie de Gran Hermano (Big Brother) si la gente cumplía con sus indicaciones. Respecto a los homosexuales, lo único que condena la Iglesia son los actos sexuales entre homosexuales, y el matrimonio entre sujetos de esta condición, precisamente porque el acto sexual es connatural al matrimonio. Sin embargo, una unión civil no equiparable al matrimonio y, por lo tanto, sin los derechos propios de la unión matrimonial, podría ser algo totalmente legítimo. Así de sencillo.

      – Respecto al tema de las relaciones sexuales con adolescentes, no necesariamente hay mayor comprensión por el hecho de leer más. Hay lecturas que te ocultan la realidad, y al final terminas entendiendo menos el asunto, creyendo que lo entiendes mejor sólo por el hecho de haber leído. La materia es compleja, no lo dudo. Sea como sea, no deberías preocuparte tanto por la ley, pues en el Perú la mayoría de las leyes están como pintadas en la pared, y la protección de los menores dependerá mucho de lo que hagan los padres, no de lo diga un texto jurídico.

      – La Iglesia, después de pedir aclaraciones al P. Gutiérrez, ha considerado que estas aclaraciones son suficientes como para concluir que su pensamiento es conforme con la doctrina católica. No hay nada que objetar, y no veo indicios de falta de transparencia en todo este proceso. En el caso del Sodalicio, la “aprobación” a la que te refieres implica su elevación a sociedad de vida apostólica de derecho pontificio. Este procedimiento es llevado a cabo por un dicasterio vaticano, la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica. Se trata de un reconocimiento de que la institución cumple con los requisitos jurídicos para acceder al rango de derecho pontificio. Y como en toda cuestión jurídica, los responsables pueden equivocarse o ser inducidos a error. Aquí no está en juego la infabilidad de la Iglesia.

      – Finalmente, nunca he afirmado que me considero un intelectual. Más bien, me considero sólo una persona pensante con una cultura universal mediana. Lo único que te agradecería es que tu formación académica, si es que la tienes, se vea reflejada también en tus comentarios, y evites las falacias ad hominem, los adjetivos calificativos aplicados a mi persona, y los juicios gratuitos y apresurados sobre mis intenciones.

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  20. Dirijo esta minúscula misiva a todos los lectores que siempre comparten sus comentarios (es la primera vez que me atrevo a escribir aquí),
    Te escribe un joven universitario, felicitándote por el coraje y la valentía de realizar estas publicaciones que tienen muchísima precisión en las ideas. Asi mismo, la lectura de tus textos me recuerdan a un personaje de los años 30 – que podemos encontrar en youtube – que exponía, en otros escenarios, ante una descontenta población alemana que sufría los efectos de la primera guerra mundial. Este personaje tenía una potente capacidad discursiva que llegó a convencer a millones de personas a ir a una guerra que como todos sabemos, acabó en un lamentable desastre y donde jamás se lograron los objetivos del valiente personaje.
    El peligro del discurso – y de esto hablan los grandes intelectuales de la comunicación y discursos políticos – es que no hay reparo en decir lo que uno quiere. Tal es la gravedad del peligro, que yo podría ahora declarar que he recibido testimonios de “x” personas que han sido víctimas de abusos sexuales por parte del sr. Martín Seuch. Seguidamente podría inaugurar un blog o un microblog para postear todos los supuestos testimonios (narrado en primera persona, obviamente), y como se trata de testimonios inventados, esto permitiría al autor del blog desarrollar párrafos extensos, contundentes de una carga negativa hacia la persona que estoy denunciando. Por su puesto, más fácil es inventar textos que producirlos. En la universidad, soy testigo de una gran cantidad de alumnos que inventan sus trabajos para evitar la aburrida investigación científica. Es lamentable, pero imagino que de esa manera – tendría que contrastarlo un psicólogo – el mitómano logra liberar energías. La lealtad de la palabra – sin que esto signifique la bajeza de la capacidad verbal – se pierde hoy, de una manera casi instantánea, lo cual creo puede ocurrir con mayor facilidad en adultos mayores (quienes tienen un mayor conocimiento de las cosas).
    Admiro tus publicaciones, he quedado casi convencido de tus palabras que a simple análisis, no permiten detectar indicios de rencor o remordimiento, pero que tras un análisis semiótico general, revela peligrosas intenciones para inculcar una serie de ideas a un colectivo social y también, posicionar ciertas características a una sociedad eclesial que vive en una dinámica reconciliadora.

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  21. Sexo y orgullo, dos temas críticos en el proceso de manipulación del agrupado. Cuando te sientes culpable y poco valioso, se han derrumbado tus protecciones psicológicas naturales, y así vulnerable, eres presa fácil de asumir los argumentos del manipulador. Yo fui agrupado a mediados de los 80´ y eran frecuentes las preguntas, indagaciones sistemáticas por parte del “asesor” acerca de las prácticas sexuales de cada uno, que culminaban en culpabilizaciones; pero, tambien eran frecuentes los ataques a quien se sentía orgulloso y una valoración de quien aceptaba con llanto que era un acomplejado y un atorrante. Tuve la impresión que era una condición para avanzar en el proceso de control emocional del agrupado. Quizá por eso no se deseaba tener gente que descubra dichos fines, por ejemplo sodalites psicólogos. Felicitaciones Martin. Por cierto sabes algo de mi amigo Carlos Acuña.

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  22. Yo vivi 8 años en comunidad y puedo corroborar, como ya varios lo han hecho, que lo narrado por Martin es verdad, yo mismo vivi situaciones parecidas. Creo que el problema fundamental es el abuso de poder. Los asuntos sexuales son mas escandalosos y serán probablemente una de las causas de la caída del SCV.

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  23. Martín, te conozco y es verdad que varias veces escuché comentarios de que te habías vuelto loco. Es verdad que eres diferente, quizá un poco extraño porque dices lo que piensas y lo dices directo, que se puedan filtrar entre lo que dices una carga pasional, puede ser… Porque así como tu cuentas lo que viviste y los excesos que cometieron y con otros hermanos es difícil y comprensible que se filtre dicha pasión.
    Yo también puedo dar fe de lo que dices y lo que se dice es verdad, respecto a los maltratos sicológicos y abusos de autoridad de parte de algunos sodálites, digo algunos porque no se puede meter en el mismo saco a todos, hay muchos que son personas muy buenas y que le hacen mucho bien al SCV y a la Iglesia . Sin embargo hay otros miembros principalmente de la etapa inicial del SCV (1973) que en su afán de ser fieles a lo aprendido del fundador, cometieron torpezas y causaron mucho daño a las personas y las generaciones siguientes fueron aprendiendo de ellos (lo bueno y lo malo). La pena que me da es que demuestran una grave falta de HUMILDAD y eso lo veo porque no son capaces de pedir disculpas o perdón por los daños cometidos. Yo pido a Dios transforme el corazón del cura Jaime B. este señor “hombre de Dios” amado por los sodálites, maltratador de personas, no es abusador sexual, pero le falta la humildad para pedir perdón por todo el daño sicológico que le ha hecho a muchas personas incluyéndome. Seguramente se ha confesado y debe ser una espina en su corazón darse cuenta de lo bajo que puede caer, pero eso no basta… Debería empezar por hacer el ejercicio de recordar a cada una de las personas a las cuales ha maltratado (seguramente le tomará mucho tiempo en escribir) y poco a poco ir pidiéndoles perdón personalmente, eso no solo remediaría su culpa sino que ayudaría a todos aquellos quienes hemos sufrido sus maltratos a fuerza de gritos, insultos con groserías y humillaciones. Sí eso hacía el Sr, Don Jaime, espero que haya cambiado porque no he vuelto a tratar con él.

    Por otro lado leyendo la lista de personas acusados de abuso sexual, me sorprendió ver la noticia de Daniel, peor aún la de GDK a quien admiraba y confieso sigo admirando más allá de su pecado escandaloso, era un amigo que siempre escuchaba y entiendo que por lo escandaloso del tema el SCV tenga que borrar todo lo referente a él, estoy seguro que más de un sodálite en el interior de su corazón aún le guarda afecto, quién no tenga pecado que tire la primera piedra.
    Lo de Jeffery era un secreto a voces cuando se le decía el “monje” muchos agrupados del MVC hablaban del porqué lo habían aislado, pero la consigna era callar.

    Otro que tenía claras inclinaciones homosexuales era un ex sodálite llamado Oscar Miñan que por el año 1994 aprox desapareció del SCV y eso lo puedo decir porque dentro de una comunidad del SCV en una diálogo conmigo cuando no había nadie en la casa, de pronto se sentó cerca de mí y me comenzó a acariciar la mano, obviamente yo bastante jóven pero seguro de mi viriladad me alejé, pero sin embargo no comprendo por qué nunca lo mencioné. Al poco tiempo lo encontré en el colegio Inmaculada, ya él desvinculado al SCV y con sonrisa esquiva se alejó. ¿Qué pasó con él? Sólo el SCV sabe la respuesta.

    A pesar de todo ello yo no considero que el Sodalicio como institución sea algo malo, al contrario yo puedo decir que conocí al Señor y me encontré con él en sus filas, pero hay que cambiar la manera de pensar (eso que llaman metanoia) y no creerse de verdad los mejores, que los carismáticos (carismaniáticos como despectivamente los llaman) o los “parroquieiros” son inferiores, yo aprendí a valorar cada soplo del Espíritu Santo como una respuesta concreta a Dios en un lugar determinado. Y el SCV también viene de Dios pero el corazón de varios sodálites está dañado, con soberbia, vanidad, especialmente los de la guardia vieja. Me he enterado que hay vientos nuevos, nuevos superior Sandro que hay superiores jóvenes en las comunidades, que los viejos han dado “un paso al costado” para que los jóvenes descontaminados renueven y refloten el Sodalicio.
    Ruego al Señor para que así sea, para gloria de Dios y ayuda para la salvación de los hombres.
    J.

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  24. Dentro de las comunidades era secreto a voces las diversas situaciones que ocurrían. La falta de control sobre los “Hermanos mayores” hacían notar los vacíos que se iban presentando y dejando de lado, a todas luces sabia que caerían por su propio peso y que el tiempo me dio la razón. Veía como hermanos de comunidades salían muy temprano por la mañana y regresaban a la hora de cena, díganme señores, ¿quien los controlaba? ¿que hacían todo el día?, ¿apostolado?, salían solos y regresaban solos, ¿quien certificaba ello? ¿Quién respaldaba su testimonio de dar razones sobre su día?. Si bien es cierto todos ya eran adultos y ninguno anda en pañales como para estar detrás de ellos, pero el estilo de vida que llevan, las tentaciones y todo aquello que pueda ir en contra de los principios por los cuales viven y consagran su vida se ven expuestos y vulnerables ante cualquier situación y más aún si estaban solos.Esto era mas notorio con aquellos hermanos que ya tenían en comunidad varios años, quiero destacar que estos sucesos no ocurría con todos, tan sólo con algunos de ellos, pero basta que uno se descarrile como para pintar a todas las ovejas de negras o al menos a ir probando una gama de colores y dejando así un variopinto de posibilidades que alteran o dañan la imagen de una institución. Anticipando a aquellos comentarios sobre el porque no lo dije o no hice nada al respecto, pues les diré, las jerarquías internas son muy marcadas y estaba en formación, en ese momento mi único deber era hacer miles de ejercicios, rezar y aprenderme de memoria libros, no era parte del repertorio el refutar, tan solo el obedecer.

    En comunidad se hablaba mucho sobre una frase que a veces se distorsionaba, “Yo soy guardián de mi hermano” y ojo digo “guardián” quien es quien vela, custodia, cuida y no “policía” quien es agente sancionador o fiscalizador. Apelar nuevamente a esto o reforzarlo sería buen punto, si aún no han dado solución a este viejo problema.

    He sido testigo, no de todo, pero si de varias cosas que se hablan por este medio. El caso de la nueva corriente de “Monjes Sodalites”, que era solamente una pantalla para ir alejando a aquellos que estaban presentando problemas dentro de las distintas comunidades, como fue el caso de Jeffery Daniels Valderrama, de quien ya se sabe que hizo y porque desapareció. Haciendo un paréntesis, estos actos me hicieron recordar las formas de manejar algunas situaciones incomodas de la alta sociedad limeña de antaño, el mandar a los hijos que al extranjero para que no sean una vergüenza o no dañen la imagen de la familia ante la sociedad. Casualidad, quizás.

    He visto muchas denuncias sobre abusos sexuales e inclusive abusos de autoridad descritas en este blog, de las cuales no hablare más al respecto, porque ya mucho se ha dicho sobre ello, pero veo que nadie a mencionado sobre los “Abusos de confianza” e “Invasiones o irrupciones” dentro de relaciones formales, parejas casadas, agrupados que formaron familia, ex sodalites o fraternas que descubrieron su vocación a la vida matrimonial y que por continuar una vida de Fé bien encaminada, hacían que Sodalites consagrados fuesen sus consejeros, esperanzados que con ese acompañamiento, su vida cristiana, se vuelva lo que se espera, cotidiana.

    Jamás y digo jamás pensaron que en algunos casos estaban metiendo al propio enemigo en casa. Cuando un hombre se involucra con una mujer casada es pecado, pero y aquellos que estando en comunidad, me refiero a consagrados, se involucraron de la misma forma, metiéndose por los palos en la relación, eso también es inaceptable y eso es como si fuera una violación, traicionando la confianza de la pareja y al final quebrando una unión sagrada.
    Considero y puedo entender la debilidad de la carne, pero que la comunidad aún lo mantenga dentro de sus filas y sólo lo saque del país destacándolo a otra comunidad, ¿Eso va a hacer que el problema desaparezca? ¿Eso va a impedir que no vuelva a ocurrir?. ¿Creen realmente que la pareja que sufrió este hecho y que no es el único caso, podrá realmente superarlo siendo este señor un personaje representativo dentro de la familia sodalite?

    Una vez escuche, “Gallina que pica huevos, aunque le rompan el pico”.

    Creo que todas estas situaciones empujar a realizar una reorganización dentro de las comunidades y sus miembros, esperemos que así sea.

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    • Mucho se ha opinado en este blog sobre las causas y consecuencias de una ´forma ideologizada de pretender entender el cristianismo. Del fascismo rsultante y las disfunciones sociales, estructuralmente, pero para variar, tanto sodálites como opus dei le tienen miedo a estos argumentos, considerándolos como argumentos procedientes de ‘izquierdas’ lo cual es una soberana estupidez. Estos argumentos proceden de la cultura general de los terapeutas que conocen estas problemáticas de paporreta desde hace ya varias décadas. Aquí se refugian personas con semejantes conflictos sexuales, porque – en realidad – no se admite la sexualidad como tema, sino que se subordina a una estructura fascista gracias a una conveniencia polítizada, que parte desde quienes financian estas instituciones y demarcan los escondidos ‘contactos’ y ‘redes’ defendiendo conocidos intereses. Al final hay niños y adolescentes y parejas, etc. que pagan los platos rotos.

      Hablar de una ‘reorganización’ podría resultar bastante utópico, lamentablemente. Este problema es mucho más profundo, si bien las causas psicológicos pueden alumbrarse, las políticas siguen escondiéndose tras las sombras.

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  25. Hola Martin
    Soy Ivonne amiga y ex hermana de agrupación de Maria Eleana. Aun sigo en contacto con ella gracias al Facebook.

    Me siento abrumada por todo lo q se esta dando a conocer.

    Soy mamá de 2 niñas y 1 niño a quienes cuido, y trato de proteger de los peligros del mundo.

    No hace falta decirte q haces bien en publicar tu blog. Todos deberian colaborar.

    Me da rabia y tristeza recordar a Jeffery cuando yo frecuentaba el CP de San Borja. Siempre rodeado de niños. Me parece una pesadilla.

    Debería hacerse algo sobre él que está libre. Hay niños en peligro. Y sobre quienes lo dejaron marcharse impune.

    Tienes mi apoyo y quisiera poder hacer algo.

    Solo puedo orar.

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  26. A todos : Recientemente se ha sabido de más casos de abuso sexual y psicológico, siendo uno de los principales autores nada menos que su fundador Luis Fernando Figari, y qué decir del Director del colegio San Pedro ?sólo resta y es necesario, sean llevados a la justicia civil, basta de cambios de puestos y países. Éso se llama encubrimiento, los que también tendrían que ser investigados. Y BASTA DE USAR EL NOMBRE DE DIOS, SOLIDARIDAD, SANTIDAD etc, para someter psicológica , mental y corporal a las personas.
    No dejaremos usen su poder y entorno para manejar a la sociedad, a los organismos y evitar ser castigados, retirados definitivamente de todos los países donde haya llegado sus tentáculos.
    Estamos atentos, no quedará impune, no podrán conseguir haya sido una ola que pasó y nadie se acuerda.
    2015

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    • El director del colegio San Pedro, en La Molina, es Alfredo Draxl. Quisiera saber qué es lo que ud. quiere decir sobre él (?)
      En todo caso (para mí) fue y sigue siendo uno de los encubridores de los abusos sexuales a menores de edad por parte de figari y de los abusos físicos y psicológicos del sistema sodálite, y no creo que un encubridor deba estar en un puesto como ese ! Pero los padres de familia prefieren evidentemente su estatus a los riesgos, qué se puede decir ? Draxl estaba presente en la época en la que estaban sucediendo todas esas cosas, o no ?

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  27. Pingback: LA PUNTA DEL ICEBERG | LAS LÍNEAS TORCIDAS

  28. Te agradezco Martin tu valentía para hablar lo que muchos decian entredientes o pensaban en sus momentos de inspiracion. Se que hace un buen tiempo lo haces…yo estaba autosecuestrado en el Sodalicio asi lo veo ahora y nunca lei tus reflexiones que me parecen muy acertadas y interesantes viniendo de alguien que ha vivido tantos años en comunidad Sodalite. No eres el unico en haber pasado por esas angustias en lo referente a la vida sexual y afectiva yo tambien sufri mucho en el Sodalicio en ese aspecto luego me tope con la realidad y me aleje. Ahora vivo en Canada en Quebec y como tu he puesto mi confianza en Cristo y la Iglesia en el sentido mas universal y ecuménico de ésta.Te quería sugerir la lectura de las obras de una sexóloga que es religiosa y que debe ser una de las pocas personas que tiene un PHD en la materia que me han ayudado mucho se llama Marie Paul Ross si puedes leer en francés seria genial no se si existan versiones en ingles ojala. Recibe un saludo y un deseo de un año 2016 estupendo en la alegria y esperanza de nuestro dulce Jesús

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  29. Entiendo que cuando una persona pertenece a una comunidad, asociación, grupo o lo que fuere por su propio gusto, no mida sus esfuerzos por defenderla, incluso haciendo parecer poco inteligentes, renegados, rencorosos, o cualquier otro calificativo que sirva a sus intereses, a quienes tienen la valentía de hablar de lo que vivieron allí, tratando de que la sociedad conozca lo que sucede en estos lugares o, tal vez, buscando que se sancionen este tipo de delitos. Yo estudié muchos años con los sodálites en la Facultad de Teología Pontificia y Civil de Lima, y debo decir que eran personas absolutamente antipáticas, cerradas, imposibles de tratar por quienes éramos “los demás”. Y cuando los veía tan rubilindos y ojiverdes, me preguntaba ¿No es este un antitestimonio del amor de Dios? ¿Cómo puede alguien que se piense inteligente, pertenecer a una institución que sólo suma a sus listas gente con estas características? ¿Por qué la necesidad de estar rodeados solo de personas bien en una institución que tiene como principal misión hablar del amor de Dios? ¿No podemos darnos cuenta que tomando solo este punto podríamos concluir que es una institución rara? (¿Podría algún sodálite responderme esto?) Ojalá la justicia humana y la divina, no tarden en llegar y realmente haga lo que se de hacer. Desaparecer a esta organización que, valgan verdades, está demás en la Iglesia y le otorga una imagen contra la cual luchamos muchos que pertenecemos a ella.

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  30. Pingback: MI HERMANO SODÁLITE | LAS LÍNEAS TORCIDAS

  31. no voy a entrar a responder a nadie, simplemente quiero manifestar mi solidaridad y mis oraciones por todos los que han sido afectados física, psicológica o sexualmente por algún miembro del SCV. Soy una emevecista que ve con mucho dolor la verdad que está saliendo a la luz. Cuánto dolor… cuánto dolor!!! Aunque yo no sea ninguna autoridad, y quizá soy una total desconocida para la mayoría de sodálites, quiero pedir perdón a todas aquellas víctimas, porque son mis hermanos espirituales los que los lastimaron. Perdón, rogaré a Dios cada día para que sane sus heridas, les de su Gracia para perdonar, y los ayude a continuar con esperanza y con un corazón libre de rencor, que sólo afecta a quien lo vive. Yo confío, y sé que hay muchos hermanos sodálites verdaderamente seguidores de Cristo en la caridad, pero también hay otros que lejos de vivir la caridad se dejaron llevar por la soberbia, y de la soberbia no puede salir nada bueno. Ruego a Dios y a Santa María por unos y por otros, pues todos somos necesitados de la misericordia de Dios.

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  32. Estimado Martín:

    No te conozco, pero a raíz del libro de Pedro Salinas, sigo con especial interés todo lo relacionado al Sodalicio. Descubrí tu blog hace algunas semanas y he leído ya algunas entradas, y esta vez me animo a comentar por lo mucho que me identifico con este post.

    Soy mujer y soy católica “no practicante” (aunque en realidad es probable que los que forman parte de la Iglesia activamente consideren esto una contradicción y que en estricto lo mío no es catolicismo, pero llamarme a mí misma como una persona que no profesa una religión pero se adhiere a los valores católicos no me parece del todo exacto, ya que además creo en Dios Padre, Jesucristo, el Espíritu Santo, la Virgen María, los santos, etc.).

    Bueno, como decía, me considero una persona católica “no practicante” que desde muy niña tuvo un vínculo especial con Dios… me sucedieron algunas cosas que luego interpreté como señales de que Dios me amaba de una manera especial, que me había elegido para permanecer cerca de Él y ser un instrumento de su paz, de su amor… estudié en un colegio de monjas (y para ser exacta, el nido también) y recuerdo a algunas madres con especial cariño porque creo que eran personas llenas de Dios. Así también, recuerdo algunas otras que me hicieron cuestionar cómo personas tan mundanas y poco virtuosas podían ser ordenadas como religiosas… en especial, recuerdo a una monja que venía del África que todo lo veía castigo… que si hablabas, que si no traías tu pandereta hecha de chapitas (porque si llevabas una pandereta real -comprada-, te la decomisaba, no sin antes reprenderte con ira porque ella dijo bien claro que la pandereta era de cha-pi-tas atravesadas por un alambre y, al decomisarla, desaparecía para toda la vida a tu pandereta), que si tenías algo bonito, de colores que podía distraer… en fin, mi mente es muy generosa y ha borrado o bloqueado muchos de estos recuerdos, pero lo que sí me acuerdo es a la menuda monja africana reprendiéndonos de manera furibunda, haciéndonos pasar al frente del salón cuando consideraba que habíamos hecho algo malo… y exponernos ante todas las demás como ejemplo de lo que no se debía hacer… tengo un recuerdo no muy claro de chicas al frente con la cabeza baja, avergonzadas, mientras aquella monja nos hacía cantar o recitar quién sabe qué al resto del salón… recuerdo el franco pánico que le tuve a aquella monja y recuerdo la única vez que me sacó al frente con una compañerita por hablar en un momento en el que no se podía hablar. Éramos niñas de seis años.

    Aún así, recuerdo que a los 9, cuando me confesé por primera vez sentí un alivio, una paz y una tremenda alegría al sentirme totalmente limpia de todos mis pecados, y recibir la Primera Comunión fue algo importante para mí. Sin embargo, los años pasaron en ese colegio, con clases de religión semanales que no calaban en nosotras… y es que es difícil alimentar tu fe si las encargadas de hacerlo son personas a las que no percibes como personas llenas de Dios. Creo que eso se ve reflejado en las estadísticas: de mi promoción pocas son católicas practicantes, creo que las podría contar con los dedos de las manos (de una promoción de 70 chicas, apróximadamente) y de ellas, varias se convirtieron en católicas entusiastas años después de salir del Colegio. Algunas ateas o agnósticas. Ninguna religiosa.

    En secundaria, la misma monja a la que habíamos querido y que se encargó de la preparación de nuestra Primera Comunión, tomó otra actitud frente a nosotras, y casi casi catalogando a la promoción completa como ovejas descarriadas, pasó de ser esa madre a la que todas queríamos, a ser esa monja que no nos tenía mucha simpatía, tan es así que en quinto de secundaria decidió no confirmarnos porque le parecía que si lo hacíamos no era porque en verdad queríamos confirmar nuestra fe sino porque era lo indicado según las convenciones sociales y así no nos podía confirmar, por lo que si queríamos confirmarnos, debíamos buscar cada una una parroquia e ir a hacerlo por nuestra cuenta, que eso demostraría que en verdad queríamos confirmar nuestra fe y pues si era así, adelante. Recuerdo que aquello fue un escándalo porque porque fuimos la primera promoción a las que se les negó la Confirmación (y quizás la última, no lo sé) y eso nos hacía ver y sentirnos como seres abyectos, tanto así que no nos podían confirmar. Sin embargo, por otro lado, entendía la posición de aquella madre acerca de que no estaba bien que nos confirmáramos por cumplir con una convención social y no por el real significado de aquel sacramento, que era precisamente confirmar nuestra fe, lo que no me parecía era que sentía que justas pagábamos por pecadoras.

    Cuando estaba por iniciar mis preparativos para confirmarme junto algunas amigas del colegio, conocí a un chico que enredó todo lo que tenía en la cabeza… él venía del Carmelitas y tampoco se había confirmado, tenía mi misma edad y me contó que fue porque había empezado a cuestionar que la religión católica era la religión “correcta” y que estaba por convertirse a la religión evangélica… fue muy convincente porque aquél chico tenía una fuerte vocación y yo con mi inexperiencia y falta de teoría, no sabía bien cómo rebatir a sus argumentos y citas bíblicas… pasé tiempos muy oscuros pensando en que si me quedaba en la religión católica por comodidad, habiéndoseme evidenciado esto era pecado mortal y no alcanzaría el Cielo, así que sin guía ni ayuda empecé a leer ávidamente la Biblia, interpretando lo que leía como buenamente podía con las pocas herramientas que mi formación católica y mis pocos años me proveían, con los textitos de ayuda que traía mi Biblia como pies de página. La pasé muy mal en esa época, más aún porque pasé por experiencias sobrenaturales que hoy pienso (o quiero pensar) fueron sueños o alucinaciones producto de la angustia y la psicosis desarrollada por esta gran confusión. Estas experiencias tenían que ver con la lucha del Bien y el Mal sobre mí, por ver cuál vencería y se quedaba conmigo. El Bien lo representaba la religión “correcta” y el Mal, todo lo demás. Así me la pasé buena parte del año 2000 y todo el 2001, leyendo con angustia la Biblia, teniendo breves momentos de sosiego en los que pensaba que estaba haciendo las cosas bien e iba por el camino correcto, pero lo que más recuerdo de ese tiempo es la angustia permanente y el dolor profundo en mi alma… En el año 2001 empecé a desvariar y cada pequeña decisión se la consultaba a Dios… desde si debía ir a mi cuarto, si debía comer algo, si debía callar o hablar… y le pedía a Dios que se manifestara a través de movimiento (o falta de este) de las hojas de un árbol que tenía en casa, o algo similar… para cualquier decisión, por minúscula que sea, le pedía a Dios que se me manifieste para actuar de acuerdo a su voluntad…

    Recuerdo que ya al final del 2001 agotada psicológicamente por todo lo que había pasado, vi un documental de Discovery Channel donde un chico le pasaba algo similar a lo que cuento: cada decisión se la consultaba a Dios, y mostraba que, por ejemplo, le consultaba a Dios qué debía vestir ese día y si no sentía que Dios se le manifestaba podía estar horas de horas sin decidir qué ponerse y eventualmente, ya no salía a la calle. Lo presentaron en un documental sobre desórdenes psicológicos. A mí, que andaba en permanente estado de delirio, esto ya me parecía una exageración, pero me acuerdo que ahí fui consciente que yo no estaba muy lejos de ello y que lo mío era quizás ya un desorden psicológico. Eso, aunado al ver a muchas personas vivir su fe con alegría y sin tanto temor hizo que finalmente, a mis 17 años, después de pasar algo de un año y medio leyendo y reflexionando acerca de la religión, decidí que no había una “religión correcta”, que Dios no me negaría el Cielo si actúo procurando el bien y que todas las religiones eran una interpretación del mismo Dios y que en lo medular, todas compartían los mismos principios, así que no importaría si me quedaba en la religión católica o si me convertía al evangelismo, me hacía mormona, judía o incluso musulmana, si actuaba teniendo estos principios como mi Norte todo estaría bien.

    Cuando entré a la Universidad en el 2002 una de las primeras cosas que hice fue inscribirme para hacer la Confirmación allí. Fui a algunas de las sesiones de preparación, pero recuerdo que no sentía que movieran algo en mí, no sentía que alimentaban mi fe, por lo que decidí no confirmarme con ellos y me propuse averiguar y encontrar un lugar que cumpla con mis altas expectativas, para así empezar a vivir mi fe a plenitud. Sin embargo, las exigencias de la Universidad y el no saber por dónde buscar, a dónde acudir, postergaron infinitamente esto. Ahora tengo 32 años, no me encuentro confirmada, y mi fe se ha visto disuelta con el paso de los años… pero algo que no se va de mí todavía es esa llama que se me enciende dentro del corazón cuando siento que me acerco a Dios, esa emoción y a la vez opresión en el pecho cuando me siento cerca y a la vez lejos de Él, porque siento que aún me escucha, me quiere, me ayuda y me protege, pero yo estoy tan mal con Él porque desde el colegio que no me confieso, no comulgo y casi nunca voy a Misa, siento que le he fallado, a pesar de que trato de vivir una vida acorde a los principios y valores cristianos, y aún reflexiono mucho acerca de mis acciones y la manera en la que me conduzco por la vida. En fin. Espero que esto termine pronto, como lo vengo deseando años de años, y empiece a formar parte activa de la Iglesia.

    Tu blog, todo lo que van publicando Pedro Salinas y Paola Ugaz, las denuncias de José Enrique Escardó y todos los demás que han levantado su voz públicamente, de alguna manera no solo ayudan a las demás víctimas del Sodalicio, a prevenir que las cosas que a ustedes les pasaron no les pasen también a otras personas que aún forman parte de él, y a la misma Iglesia, contribuyendo a que instituciones vinculadas o adscritas a Ella no continúen corrompiendo el legado de Cristo; sino que todo esto tiene un impacto también en personas como yo, que aún no terminan de encontrar su lugar en el mundo en relación a los temas vinculados a Dios. Leyéndolos ahora sé por dónde no acercarme y a la vez entiendo que lo que me pasó a mí no es un caso aislado, que muchas veces sin el consejo y una guía espiritual adecuada, nuestro deseo por acercarnos a Dios puede llevarnos a lugares muy oscuros, mental y físicamente. Mis desvaríos en torno a la religión los afronté sola, pero sé que con la guía adecuada no la habría pasado tan mal en ese tiempo; asimismo, también sé que si hubiera tenido cercanía a la familia Sodálite, quizás podría ser hoy una de ustedes, y es que me importaba tanto y era tan moldeable que creo que mi cabecita habría aceptado sin mayores cuestionamientos la disciplina y el maltrato que se me impusiese en nombre de Dios y el hacerme agradable a Él, es por eso me identifico tanto.

    Wow, he escrito de corrido y sin parar. Originalmente, solo iba a postear un breve comentario y terminé haciendo tremenda catarsis. Es que este post, Martin, lo he leído con detenimiento y he aprehendido cada reflexión que haces, y es que lo malo no siempre es malo per se y sin cuestionamientos, una persona buena y de intenciones nobles puede terminar con la mente hecha trizas. Queda claro en el caso de las víctimas, pero me parece que tu reflexión acerca de los victimarios es realmente valiosa y creo que terminas entendiendo con acierto lo que pudo pasar con Murguía y Doig, que terminaron siendo víctimas-victimarios de una institución con preceptos y reglas que los dañó permanentemente. Es eso con lo que me quedo hoy, y con el sentir que mi lucha interna y desvaríos en torno a la fe es algo que le pudo pasar a cualquiera al que le importen estos temas y no tiene una guía adecuada.

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    • Hola Muscaris, si mi opinión te sirve de algo,
      Quién sabe no podrás encontrar todas las respuestas a tus preguntas. En la filosofía es el amor a la pregunta – y no a la respuesta – lo que determina su substancia. Todo es un proceso, y los procesos no se detienen sino al final de los tiempos. En situaciones confusas, que tanto abundan, y a travé de la fe, las preguntas que no se pierden – muy al margen de lograr una respuesta – indican que hay algo que amas y que estás persiguiendo, tan sólo que muchas de las explicaciones clásicas no te convencen, o no te llenan.

      La fe es una aventura, un riesgo, una pregunta firme y estable, y un inmenso respeto por el misterio. El que busque garantías que vaya a un centro comercial a comprarse un celular. 🙂

      Es difícil de entender, pero el hecho de no dejar nunca todas esas preguntas de lado es la mejor respuesta que te hayas podido dar. Si amas a Dios lo buscas, si no lo amas, te estacionas en una respuesta creíble y dejas de buscarlo. Ningún ser humano va a poder satisfacer ese hambre sino Dios mismo, pregúntale a su Hijo y no a los hombres.

      Saludos

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