INCONSISTENCIAS Y FALSEDADES EN LOS INFORMES DEL SODALICIO

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Ian Elliott y Kathleen McChesney, autores junto con Monica Applewhite de los informes del Sodalicio

A lo largo del tiempo, el Sodalicio siempre ha ido acomodando su propia historia de acuerdo a su visión cambiante de la institución, arrancando las páginas incómodas del pasado, ocultando hechos y reinterpretando otros de manera benigna. Sin embargo, en la actualidad le resulta imposible negar hechos luctuosos que han sido documentados y verificados por la investigación periodística y corroborados por testimonios de innegable verosimilitud. Sólo les queda el recurso de reinterpretar los acontecimientos. Y para estos fines son muy útiles los dos informes evacuados por los tres expertos internacionales, contratados por una suma en dólares que desconocemos, pero que suponemos tan alta y escandalosa, que el Sodalicio no se atrevería a hacerla pública.

Ambos informes, dados a conocer a la opinión pública el 14 de febrero de este año, tienen fecha del 10 de febrero, último día del reciente cónclave sodálite realizado desde el 7 de febrero en la Casa de Retiros de los Pasionistas en La Molina, estando presente el delegado vaticano, el cardenal Joseph William Tobin (ver http://caretas.pe/sociedad/78233-diluyendo_el_pecado).

Los informes llevan como título, a saber:

  • Abusos Perpetrados por el Sr. Luis Fernando Figari y el Abuso Sexual a Menores por parte de Ex Sodálites
  • Abusos Perpetrados por Sodálites y Respuestas del SCV a las Acusaciones de Abuso

Si bien el primer informe presenta abundante información que valida no sólo lo que relata el libro Mitad monjes, mitad soldados de Pedro Salinas y Paola Ugaz, sino también lo que yo escribí en mi blog Las Líneas Torcidas a partir de noviembre de 2012, también presenta inexactitudes sobre la reacción que tuvieron las autoridades sodálites ante los casos de abusos.

Por ejemplo, se dice que Figari le prohibió en el año 2008 al entonces Vicario General Eduardo Regal reunirse con Rocío Figueroa, quien había dado a conocer un caso de abuso de una joven de 16 años por parte de Germán Doig, ante lo cual Regal decidió desobedecer a Figari e iniciar una investigación para determinar si había otras víctimas. Según el primer informe, tras investigar durante dos años, «Regal determinó que Doig había abusado de otros menores de edad y en 2011, en contra de los deseos de Figari, informó a la comunidad del SCV y al público que Doig había cometido actos que eran “contrarios a su promesa de celibato”, aunque no reveló que Doig había abusado de menores. Esta noticia conmocionó a la mayoría de los miembros de la comunidad del SCV, y a unos cuantos sodálites aún hoy se les hace difícil creer que Doig era un abusador».

Asimismo, Regal sería el artífice de la renuncia de Figari, pues en el año 2010 él «y otros en el Consejo Superior se encontraban extremamente preocupados por el comportamiento y las acciones de Figari, particularmente por su maltrato y abuso de los hermanos en la comunidad y personas en la familia espiritual del SCV. Ellos creían que la conducta de Figari, que era bien conocida por muchos de los miembros, era totalmente incompatible con la vida de un sodálite. Como resultado, Regal tomó el paso radical y sin precedentes de pedir a Figari que se retirara de la vida pública para llevar una vida de conversión, retiro y oración. Le prohibió aparecer en actividades públicas del SCV, del Movimiento de Vida Cristiana o en los eventos de la familia SCV, le prohibió presentarse a sí mismo como autoridad del SCV o en representación de la misma, así como asistir a Misas de aniversario o Misas públicas, publicar libros nuevos y participar en el Consejo Pontificio de Laicos. Pero los demás miembros de la comunidad no conocían estas medidas y creían que su retiro obedecía a motivos de salud».

La verdad es otra. En el libro Mitad monjes, mitad soldados se cuenta que fue Rocío Figueroa, —que había seguido investigando y contactando a más víctimas de Doig— quien le habría exigido a Regal el cierre de la causa de beatificación de Doig y la renuncia de Figari. Ésta se concretó el 8 de diciembre de 2010 y fue anunciada por el mismo Figari, aduciendo motivos de salud, tal como informó oficialmente ACI Prensa (ver https://www.aciprensa.com/noticias/fundador-anuncia-nueva-etapa-para-la-familia-sodalite/).

El 15 de julio de 2016, el mismo Regal hizo declaraciones en la Fiscalía que contradicen el papel heroico que le atribuyen los informes:

PREGUNTADO DIGA: Indique usted si conoce el motivo de por qué Luis Fernando FIGARI RODRIGO dejó de ser Superior General.
Dijo: Que sí, conozco. En el año 2010 FIGARI sufrió una operación médica complicada al abdomen, luego de dicha operación se le presentaron infartos cerebrales múltiples que lo dejaron incapacitado para el gobierno, sus capacidades intelectuales y físicas quedaron disminuidas y por lo tanto era indispensable poder contar con un Superior general en ejercicio, es así que varios sodálites, entre ellos yo, le recomendamos encarecidamente que deje el puesto de servicio de Superior General para poder tener un gobierno efectivo.

PREGUNTADO DIGA: Indique usted si en el periodo que fue usted Superior General, recibió denunciados por miembros del SCV por abusos cometidos contra ellos por Luis Fernando FIGARI.
Dijo: Que recibí denuncias y en cada caso procedí según el debido proceso en el marco ya explicado de las atribuciones del Superior General en el que debe existir verosimilitud, pruebas suficientes para, según eso, verificar si hay delito tipificado y vigente y abrir proceso o descartar dichas denuncias o proceder a medidas disciplinarias o administrativas. En ninguna de las denuncias que recibí, luego de investigar, encontré los elementos señalados.

Que Regal desestimó las denuncias contra Figari lo confirma el P. Jean Pierre Teullet en su célebre carta interna del 20 de octubre de 2015 (ver UNA CARTA DEL P. JEAN PIERRE TEULLET, SODÁLITE):

«En mayo del 2012, luego de varios meses de dialogo infructuoso con las autoridades, 4 sodálites presentamos formalmente “pedidos de investigación” contra el Hno. Luis Fernando Figari por actos graves e inmorales cometidos por él […]. Estos pedidos fueron desestimados, primero por el superior general de entonces, el Hno. Eduardo Regal, y luego, al ser presentados nuevamente por mí de modo formal en abril del 2013 al nuevo superior general, el Hno. Alessandro Moroni, fueron también desestimados por él. En ambos casos, nunca se realizó una investigación formal […]. Nunca se erigió un jurado, nunca se nos solicitó el testimonio formal, nunca hubo actas, nunca se dio un dictamen, y menos se nos respondió de modo formal la conclusión de dicho proceso».

Respecto a la interrupción del proceso de beatificación de Doig, tampoco hubo transparencia de parte del Sodalicio. El proceso fue interrumpido recién a fines de 2010, aduciendo que Doig no había alcanzado la heroicidad de virtudes, siendo que ya habían desde antes claras evidencias de los abusos perpetrados por él. Mientras tanto, se siguió promoviendo su figura como la de un sodálite ejemplar —«el mejor entre nosotros» según Figari— hasta el último momento.

El comunicado de Regal se hizo sólo internamente y de manera discreta —supongo que para “evitar el escándalo”—, no de manera pública, como señala falsamente el informe correspondiente. La noticia recién se dio a conocer a la opinión pública con la edición del 1° de febrero de 2011 de Diario16, gracias a que Rocío Figueroa pudo filtrar la información a la prensa con la ayuda de Pedro Salinas. Hasta ese momento, todos los esfuerzos de las autoridades del Sodalicio se habían concentrado en evitar que se dieran a conocer los hechos, a saber, que Doig había abusado sexualmente de jóvenes a su cargo.

Respecto a Jeffery Daniels, se cuenta que estuvo aislado en San Bartolo desde 1998 hasta poco después de la muerte de Germán Doig en el año 2001. El primer informe señala que «fuera de algunas autoridades como Figari y Doig, nadie sabía la verdadera razón por la cual Daniels se encontraba aislado o la amenaza que representaba para los menores».

Sin embargo, poco antes se señala que en el año 1997 un amigo de una de las víctimas le contó a un sodálite que Daniels había abusado de su amigo, y este sodálite se lo contó al Superior Regional. «El Superior regional contactó a Doig, quien al momento se encontraba en Roma con Figari. Doig le indicó al Superior regional que enviara al agresor al centro de formación de San Bartolo para un período de retiro hasta que se pudiera determinar un mejor curso de acción y que él, Doig, se encargaría de las familias de las víctimas. Doig también informó a Figari sobre el tema. El Superior regional realizó investigaciones adicionales y determinó que Daniels había abusado de hasta ocho jóvenes menores de edad. Después de que Doig y Figari regresaron de Roma, asistieron a la siguiente reunión del Consejo Superior donde la situación de Daniels fue tema de discusión».

¿Quiénes, además de Doig, formaban parte del Consejo Superior en ese momento?

De las declaraciones ante la Fiscalía de los acusados penalmente en el caso Sodalicio, se desprende que los otros miembros del Consejo Superior eran Jaime Baertl, José Ambrozic, Erwin Scheuch y una cuarta persona cuyo nombre desconocemos. Además, Oscar Tokumura ha declarado que tuvo conocimiento de los abusos de Jeffery Daniels en el año 1997, y cuando asumió el cargo de superior en San Bartolo, Daniels ya se encontraba allí. Su predecesor en el puesto de superior, Miguel Salazar, también habría conocido los motivos que llevaron a su aislamiento.

Salvo el primer sodálite mencionado de nombre desconocido, al cual se puede considerar inocente dado que comunicó de buena fe y adecuadamente el primer abuso conocido de Daniels a la autoridad correspondiente, los demás sodálites con cargos de responsabilidad —un total de 9 personas— no hicieron absolutamente nada para que Daniels fuera sancionado y serían cómplices de encubrimiento y haberlo ayudado a sustraerse a la justicia.

Después de verificar esto, uno se pregunta si los sodálites que tuvieron o tienen puestos de responsabilidad en la institución les dijeron toda la verdad a los expertos. O al contrario, como ocurrió en la Fiscalía, mintieron a diestra y siniestra. Pues cuesta admitir como cierto lo que dice el siguiente texto tomado del segundo informe: «Desafortunadamente, algunos imitaron el comportamiento manipulador y cruel de Figari durante estos diálogos, a pesar de que se sentían incómodos al hacerlo. Sólo un pequeño número de sodálites, por ejemplo, Doig, Regal, el P. Jaime Baertl, y algunos de los secretarios más cercanos a Figari, se sintieron empoderados para confrontarlo sobre su conducta». Resulta difícil creer que alguien como Regal —quien no le dio crédito a las denuncias contra Figari— se haya enfrentado a él. Pero aún más difícil resulta creer que lo haya hecho el P. Baertl, de quien no conozco que nunca jamás haya hecho ninguna crítica contra Figari, que lo ha defendido a capa y espada, y —según recuerdo— solía mantener una actitud aduladora hacia el fundador. Además de que se le parecía mucho en la manera como manipulaba las conciencias ajenas, y era tanto o más vulgar y procaz en su lenguaje que el mismo Figari.

El intento de salvar a la institución a como dé lugar —constante perversa que ha estado presente a lo largo de toda la historia del Sodalicio— también se halla presente en varias partes de los informes. Como, por ejemplo, en el siguiente texto del segundo informe: «La mayoría de los sodálites eran, y son, personas piadosas, con un carácter bueno y moral, atraídos por el Evangelio y los aspectos positivos de la cultura del SCV. Estos sodálites inspiraron y sirvieron como modelos y directores espirituales para los jóvenes, los aspirantes y sus compañeros sodálites. No fue, entonces, la cultura del SCV la que causó que los agresores cometieran actos de abuso, pero hubo autoridades o sodálites mayores que permitieron o alentaron abusos físicos y psicológicos».

Lo que sigue a continuación contradice este enunciado, pues se analizan elementos de la cultura institucional que crearon un ambiente favorable a que se cometieran abusos: el carácter icónico de Figari como personificación de la cultura del SCV, que debía ser imitado por todos; la naturaleza reservada del SCV y su falta de transparencia; el esfuerzo por desarrollar una organización religiosa casi militar; la obediencia total que se exigía a los sodálites. «A la luz de sus promesas de total obediencia a las autoridades del SCV, algunos sodálites se sintieron presionados a obedecer a sus superiores en todos los asuntos, incluso cuando se les ordenaba que trataran a sus hermanos de manera nociva para su bienestar físico o mental».

Es decir, la misma cultura del Sodalicio favoreció que personas buenas, piadosas y moralmente rectas cometieran actos repudiables. La bondad y rectitud moral de muchos sodálites —de lo cual yo mismo puedo dar fe— no puede ser considerado argumento para negar que la enfermedad estaría en el sistema, en la misma arquitectura institucional y cultural del Sodalicio.

«Los expertos no han encontrado indicios de complicidad ni conspiración entre los presuntos abusadores», señala Alessandro Moroni en la carta preliminar a los informes. «Los expertos identificaron ciertos elementos de la cultura del Sodalicio que, de alguna manera permitieron que estos reprobables hechos hayan podido ocurrir». Lo cual no hace más que confirmar que el problema sí estaba en la cultura del Sodalicio, generada desde arriba por el mismo Figari. Pues el hecho de que personas que no se coludieron cometieran abusos similares apunta a que la raíz del problema se halla en el sistema en que están insertos, como señala el testimonio de un formador: «Abusé y fui duro porque así me formé, de hecho mi formación fue aún peor. Simplemente no conocía otra manera. Me avergüenzo de lo que hice».

Finalmente, cuando uno revisa las fuentes de los informes se puede verificar una omisión grave. Los expertos no hablaron en ningún momento con ninguno de los integrantes de la Comisión de Ética para la Justicia y la Reconciliación. Era de esperarse, pues el Sodalicio ha estado siempre interesado en quitarle peso al informe emitido por esta Comisión, y esto se refleja en el segundo informe cuando se dice que ésta «no llevó a cabo una investigación exhaustiva de todas las denuncias reportadas ni examinó la cultura actual del SCV». Esta conclusión se basa sólo en el texto del Informe Final, y no tiene carácter concluyente desde el momento en que no se convocó a ninguno de los comisionados para interrogarlos sobre la manera en se realizaron las sesiones de trabajo. A diferencia de los expertos contratados por el Sodalicio, trabajaron de manera independiente sin recibir remuneración alguna. Lo único que para ellos personalmente estaba en juego era su reputación, la cual ha quedado indemne al comprometerse en la búsqueda de la verdad sin concesiones a intereses institucionales.

Los informes del Sodalicio no dan respuesta satisfactoria a todos los interrogantes, dejan muchas verdades en la sombra y generan muchas preguntas que requerirían de una investigación más a fondo. De ahí la urgencia y necesidad de que se establezca una comisión investigadora en el Congreso de la República. Para que se sepa al fin toda la verdad, sin maquillajes ni interpretaciones interesadas.

(Columna publicada en Altavoz el 19 de febrero de 2017)

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FUENTES

Informes sobre Abusos y Respuesta en el Sodalicio de Vida Cristiana (10 de febrero de 2017)
http://sodalicio.org/wp-content/uploads/2017/02/Informe-Abusos-Febrero2017.pdf

Declaraciones indagatorias de Alessandro Moroni, José Ambrozic, Erwin Scheuch, Eduardo Regal, Óscar Tokumura y Jaime Baertl ante la Fiscalía de la Nación
https://scvleaks.wixsite.com/scvleaks

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CAZADORES DE VAMPIROS

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Los recientes informes del Sodalicio, elaborados por tres expertos internacionales, se asemejan a esas películas de terror que la productora británica Hammer produjo en los años ‘50 y ‘60. A las anécdotas terroríficas protagonizadas por cuatro seres monstruosos (Luis Fernando Figari, Germán Doig, Jeffery Daniels y Virgilio Levaggi) se suman las andanzas de dos Van Helsing que buscaron combatir a estos vampiros de almas: Eduardo Regal y Alessandro Moroni.

Pues no otra cosa nos transmiten los relatos consignados.

Regal, desobedeciendo a Figari, decidió investigar a Doig tras una denuncia que presentó Rocío Figueroa —siendo ésta la única vez que se la menciona en los informes—. Como Vicario General, habría llevado adelante la investigación que terminó con la fama de santidad de Doig, comunicándole el resultado a la Familia Sodálite. El mismo Regal fue quien, sin presiones externas, habría solicitado a Figari que se retire de la vida pública debido a su maltrato y abuso de los hermanos en la comunidad, ocasionando su renuncia.

Cuando Moroni toma la posta de Regal como Superior General, no se queda atrás en hazañas heroicas. Por propia iniciativa, aísla a Figari en Roma y continúa con la investigación a fin de llegar a la verdad, declarándolo finalmente “persona non grata”.

La caída de Figari se debe atribuir a estos dos cazadores de vampiros.

No a la labor que realizó Rocío Figueroa en silencio durante seis años cargados de sufrimientos, sin recibir apoyo del Sodalicio. Ni tampoco a lo que escribí desde fines de 2012 a 2015 —tres años que fueron un infierno— describiendo el perverso sistema sodálite. Mucho menos a los valerosos denunciantes, ni a Pedro Salinas, ni a Paola Ugaz.

(Columna publicada en Exitosa el 18 de febrero de 2017)

EL CANTO DEL TROVADOR SOLITARIO

"El guitarrista", dibujo del pintor ecuatoriano Oswaldo Guayasamín (1919-1999)

“El guitarrista”, dibujo del pintor ecuatoriano Oswaldo Guayasamín (1919-1999)

Recibí recientemente un e-mail de un anónimo que había escrito un semblanza mía, con la petición de publicarla en mi blog. Esta persona, cuya identidad no he podido determinar con certeza, me aclaraba que «como premisa, usted no me es del todo simpático, pero eso no significa que tenga un enorme aprecio a su sinceridad y búsqueda honesta de la verdad». Considerando que, si bien he recibido a lo largo de estos años mensajes de aliento y apoyo, también es cierto que no han faltado los mensajes agresivos y difamatorios que —aunque uno no lo quiera— van haciendo mella en el alma, he decidido acceder a su petición. Encontrar reconocimiento después de tantos años de lucha e incomprensiones resulta una bocanada de aire fresco que se agradece. Gracias, estimado autor anónimo, por este hermoso mensaje que reproduzco a continuación.

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EL CANTO DEL TROVADOR SOLITARIO
Autor anónimo

Conocí a Martin Scheuch hace ya varios años, pero al inicio lo único que sabía de él era que muchas de las canciones de Misa que se cantaban en el Sodalicio —especialmente las más hermosas, profundas y distintas— le pertenecían. Por lo tanto, cuando era aún chico admiraba su capacidad de composición y la calidad de sus letras. Ciertamente yo era muy joven —rondaba los 15 años de edad— y sólo sabía que Martin dignificaba a la Iglesia y al Sodalicio con su canto, especialmente con las últimas composiciones que le conocí como “Santo Toribio y el dragón”, “Trabajando” y tantas otras.

Con el paso de los años lo conocí un poco más, aunque únicamente mediante el diálogo sobre temas de común interés, buscando comprender y escrutar la realidad. Usualmente mi posición era siempre al inicio discordante, en parte por la manera cruda o el humor negro que un tanto lo caracterizaban tal vez por su herencia familiar, pero era imposible no percibir la agudeza de su pensamiento. Asimismo, el diálogo era siempre abierto y él cambiaba de parecer si los argumentos, sobre todo los hechos, eran verificados. Criticaba en él que esperaba demasiado de la gente, y su tozudez de no aceptar la incapacidad de quien tenía al frente, pero esta tozudez y obsesión era tema del Sodalicio, que lo había marcado realmente como a un esclavo, al cual con fierro caliente le habían marcado la piel, pero de su alma. Así dediqué muchas horas de mi vida a escucharlo con su suma atención y contrasté con él miles de ideas y reflexiones, y tal vez con algo de mayéutica liderada por Martin, se fue vislumbrando un claro perfil de lo que significada el Sodalicio en su complejidad, en cuyo nombre hay una clave programática del todo discutible, pero ése es otro cantar.

Me consta que por durante años Martin no quiso hacer pública sus reflexiones, y como cristiano, buscó primero al hermano —literalmente— y a otros hermanos de su comunidad para corregir, hablar, explicar, pero no fue comprendido, pues posiblemente el hermano estaba capturado por una manera de pensar que le hacía imposible captar lo que decía Martin. Asimismo, me consta que él trató por muchos medios de ser escuchado, habló y contactó personas vinculadas al Sodalicio —de hecho su mismo hermano era una persona de suma importancia y responsabilidad en el Sodalicio—. El hecho es que no fue escuchado y mucho menos comprendido.

Me consta también que yo le decía: «Martin, esto debe saberlo la Santa Sede». Martin buscó a muchos, habló con un sacerdote, pidió consejo, habló con su conciencia, y ésta —como era de esperarse— no podía callar dado el tremendo error que él veía al frente. Así, Martin fue escribiendo sobre diversos temas, y fue enfrentando esa doctrina del “pensamiento único”.

La primera censura que recuerdo fue cuando se opuso en un Yahoo Group del Movimiento de Vida Cristiana en Estados Unidos (CLMUSA) a las opiniones —muy parecidas al protestantismo fundamentalista— sobre el voto republicano vs. democrático, y Martin tan sólo expuso la doctrina católica con citas con punto y coma. Recuerdo que lo vetaron en dicho foro. También se enfrentó a ACI Prensa por su amarillismo católico, crítica que le valió no pocos insultos y nuevamente ser criticado por muchos, señalado como loco, irresponsable e incluso traidor. El tema de fondo aún no tenía el valor de explicitarlo. Pero el canto venía por dentro, el dolor y la impotencia también.

Así, procedió a crear su primer blog, La Guitarra Rota, un espacio del todo personal del compositor de posiblemente una gran cantidad de canciones cantadas por el Sodalicio en una época. En dicho blog —leído por poquísimos— daba su protesta de cómo la ideologia sodálite, en el ámbito artístico, había acallado la manifestación del alma del artista. Este blog le valió muchos problemas con su hermano y familia, y quisieron acallar este más que humilde blog, pero el seguía manifestando su crítica —silenciosa y privada— ante lo que veía, pero no fue escuchado.

Así, el tiempo fue pasando, y su reflexión se fue ahondando, hasta que llegó el tiempo en que otros que intentaban ser escuchados eran acallados, y decidieron en honor a la verdad hacer públicas las críticas con gran temor de lo que podía significar en términos de sufrimiento personal, familiar y profesional. Así surgió el simple blog Las Líneas Torcidas, que tenía una claro destinatario en mi opinión: el Sodalicio, al cual como profeta le cantaba y gritaba denunciando dentro de la institución la presencia también de una ideología de auténticos “lobos rapaces”, especialmente en lo referido al pensamiento del fundador, y él denunció este sistema de pensamiento como un estilo fascista alejado de la doctrina católica y describiendo un perfil del todo oscuro de su fundador.

Su canto, como siempre, era el de un notable compositor, con pocos errores y acordes disonantes como para que aquellos con simple oreja pudieran claramente comprender. Así, Martin perfilo la ideología de Figari, su daño causado a muchos y su lejanía de la doctrina católica, la cual Martin —como licenciado en teología y profesional en la materia— sabía bien que no correspondía a la enseñanza cristiana, como hoy indica con gran honestidad la Comisión de Ética para la Justicia y la Reconciliación, la misma —no olvidemos— que fue convocada por el Sodalicio, lo cual indica, —queramos o no— que al menos un grupo al interior desea un cambio sincero, pero se encuentra en la encrucijada creada por el genio e ingenio de Figari, y sus tentáculos de poder, sobre todo en la mente.

Hoy Martin por enésima vez ha sido considerado por algunos un tipo que «está mal y sigue criticando», que «posiblemente está algo loco», o que «es un amargado», pero se han olvidado de que Martin sigue siendo el muchacho que siempre quiso cantar y expresar su profundo anhelo de libertad y de justicia.

Lo cierto es que el Sodalicio tiene un gran deuda con Martin en cinco aspectos: (1) por el daño que le ha causado sobre todo a su realidad familiar, típico del Sodalicio de Figari; (2) por el daño económico que le ha causado al no ayudarlo a insertarse luego de salir de comunidad, pues era crítico con la institución; (3) por el daño a su buen nombre, ya de larga data vejado; (4) si aplica, por los derechos de autor de sus canciones nunca compensadas que yo sepa; (5) por el enorme bien que sus reflexiones, por lo que su “nuevo canto” ha ofrecido y ofrece al Sodalicio. Si no fuera por este nuevo canto de Martin, estoy más que seguro de que la verdad no se hubiera esclarecido de manera tan evidente. Son muchos —junto con otras personas como Rocío Figueroa, Pedro Salinas y muchos cuyos nombres no conocemos— quienes han contribuido consciente o inconscientemente con la Iglesia a desterrar lobos rapaces. De este grupo Martin es alguien a quien el Sodalicio y muchos de sus miembros pasados, presentes y futuros le deben muchísimo. Espero que Martin sea compensado moral y económicamente.

Finalmente, deben saber que su canto no podrá ser acallado. Si no, no sería Martin. Y él sigue criticando pues ve que la institución, al menos por lo que se percibe a través de sus comunicados bien intencionados, aún no sale del gravísimo sistema creado por Figari, donde —como en Momo, aquella historia de Michael Ende— los hombres grises se roban el color de la vida.

Sodalicio, escucha también a Martin. Acógelo. Déjate ayudar por él, que —aunque crítico— busca tu bien. Son pocos aquellos capaces de captar lo que él ha visto, sustentado y documentado diría científicamente. Él puede ayudar sinceramente, aunque este comentario pueda parecerte iluso, pero no lo es, pues se subestimó su fuerza, y aquí lo tienen: la verdad le dio la razón.

Finalmente éste también es el reconocimiento a una víctima del Sodalicio, que le ha dado y le sigue dando mucho más de lo que éste puede imaginar. Agradézcanselo, pues sigue buscando su bien.

ABUSO SEXUAL Y MACHISMO

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Desenfreno machista durante los sanfermines del año 2013 (Pamplona, España)

El abuso sexual sufrido por menores de edad —no importa de qué sexo sean— deja secuelas post-traumáticas que acompañarán a la persona durante toda su vida. Sin embargo, la sociedad suele tener más comprensión hacia el perpetrador si las víctimas son jóvenes adolescentes de sexo femenino, y ser más dura y condenatoria si las víctimas eran varones. Pues se parte de la falsa idea de que el impulso sexual masculino se torna incontrolable cuando una mujer se le presenta al sujeto con características sexuales seductoras según la cultura, de modo que la responsabilidad de una agresión sexual termina siendo compartida por las mujeres, si es que no se les atribuye toda la culpa.

El sacerdote sodálite Jürgen Daum, en su libro Sexualidad y castidad (Universidad Católica San Pablo, Arequipa 2013), afirma lo siguiente:

«Las chicas no se dan cuenta de su poder de provocación en los hombres. En la manera que se vistan las van a tratar».

Lamentablemente, no encontramos esta afirmación moralista compatible con lo que Jesús enseña en el Evangelio:

«La lámpara del cuerpo es el ojo. Cuando tu ojo es bueno, también todo tu cuerpo está lleno de luz; pero cuando tu ojo es maligno, también tu cuerpo está en tinieblas» (Lucas 11, 34).

De modo que quien tiene una mirada sana y una conciencia limpia, verá en la prostituta a la mujer que merece todo respeto en razón de su dignidad humana, mientras que quien tiene la mirada sucia y la conciencia turbia, verá en la mujer virgen y pudorosa al objeto sexual que puede poseer. Quien comprende esto maduramente y le ha perdido el miedo a la sexualidad, podrá también admirar la belleza de un desnudo natural sin dejarse llevar por deseos inconfesables. Pues la maldad no radica en el cuerpo humano creado bueno por Dios, sino en la mirada que lo observa con malas intenciones.

Pues, como dice San Pablo, no hay nada que sea impuro en sí mismo:

«Yo sé, y confío en el Señor Jesús, que nada es impuro en sí mismo; pero para el que piensa que algo es impuro, para él lo es» (Romanos 14, 14).

En contextos conservadores y fundamentalistas con el añadido de un fuerte elemento machista —considerando lo masculino como superior a lo femenino y cargando la responsabilidad de muchos problemas sobre los hombros de lo femenino—, donde además se insiste obsesivamente en la perversidad del mundo y se busca generar continuos sentimientos de culpa en los sujetos, no es de extrañar que se dé una sexualidad reprimida que, por eso mismo, termina saliéndose de su cauce y descontrolándose. Y llevando a los sujetos a cometer acciones reprobables de manera casi compulsiva. El P. Daum no tendrá que mirar muy lejos para verificar este fenómeno, pues en la misma sociedad de vida apostólica a la que pertenece, el Sodalicio de Vida Cristiana, deben haber varios casos.

La siguiente reflexión de Rocío Figueroa, que ahora reproduzco con la debida autorización, toca este tema de manera sucinta y vigorosa, teniendo en cuenta que ella misma fue víctima de un abuso sexual (tocamientos indebidos) por parte de una figura líder en el Sodalicio cuando todavía era menor de edad.

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EL MACHISMO INCLUSO EN EL ABUSO SEXUAL
por Rocío Figueroa

La característica del abuso sexual por parte de un sacerdote o religioso es que involucra a un menor de edad en actividades sexuales utilizando su poder espiritual (director espiritual, animador, superior) y violando la confianza. La característica del abuso es justamente la asimetría en la relación (adulto-menor, padre espiritual-aconsejado, superior-inferior).

Lo más trágico de todo es que en Latinoamérica seguimos con una mentalidad machista al evaluar el abuso sexual. Si se trata de un abuso de un adulto hacia una mujer menor de edad, entonces “fue sólo un desliz”, “ella lo sedujo”, “fueron amantes”. ¡No, señores! Si un adulto en una situación de poder entra en una relación teniendo actividades sexuales de cualquier tipo con un menor de edad, sea hombre o mujer, eso es abuso sexual aquí en la China o en Tombuctú.

Si tienes una hija de 16 años y un profesor, confesor o director espiritual que le dobla la edad la induce a actividades sexuales, ¿dirías que se “enamoraron”? No. Aunque la menor de edad se haya encaprichado. Es justamente la técnica de seducción. Es un abuso.

El abuso sexual lo podemos definir según Reinhart (1987)1 como la exposición de un menor de edad a la estimulación sexual inapropiada para su edad y para su desarrollo psicológico. Schechter & Roberge (1976)2 lo definen como la involucración sexual de jóvenes o niños inmaduros en actividades sexuales que no entienden completamente y a las cuales no pueden dar su consentimiento libre.

La característica del abuso sexual por parte de un sacerdote o consagrado es la traición de un menor de edad por una persona en posición de poder y confianza que está autorizada a ejercer el liderazgo espiritual. El abuso envuelve una sexualización traumática del menor de edad, haya o no el perpetrador usado la fuerza o la coerción (Reinhart 1987).

Se habla de abuso sexual a tres niveles: exposición de un menor de edad a cuestiones sexuales lejos de su madurez sexual (revistas, imágenes, conversaciones), tocamientos de manera sexual, intentos de relaciones sexuales de cualquier tipo. Y lo que se añade a un abuso por parte de un religioso es que se utiliza a “Dios” y la relación espiritual de confianza en el escenario del abuso.

1 Reinhart M.A., “Sexual abuse of battered young children”. Pediatr Emerg Care, 1987.
2 Schechter, M. & Roberge, L., “Child Sexual Abuse”. In: Child Abuse and Neglect. The Family and the Community. Helfer, R., Kempe, C. (Eds). Cambridge, Ballinger, 1976.

Texto original: http://rocio-figueroa.blogspot.de/2016/01/el-machismo-incluso-en-el-abuso-sexual.html

EL NEO-GNOSTICISMO DEL “ILUMINADO” FIGARI

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Luis Fernando Figari creía ser poseedor de un pensamiento único, recibido por inspiración del Espíritu Santo, que lo convertía en un elegido, apto para liderar un grupo cristiano de élite capaz de transformar el mundo.

Han pasado más de 40 años desde que se iniciara esta empresa religiosa, y ese pensamiento ha mostrado no ser más que una colección de lugares comunes agrupados en una síntesis fundamentalista mediocre que más se parece a una ideología que a una espiritualidad viva y en desarrollo.

Por otra parte, es casi nula la influencia que ha tenido el Sodalicio en la configuración del mundo a lo largo de estas cuatro décadas. Lo que la institución sí ha logrado cambiar drásticamente son las vidas de decenas de jóvenes, que han visto truncadas sus esperanzas y han sido gravemente dañados en sus historias personales.

Reproduzco a continuación, con la debida autorización, un texto de Rocío Figueroa, donde analiza el tipo de conocimiento que postulaba Figari y que yo recuerdo como una amalgama de teología tradicional y espiritualidad vetusta con parches de filosofía trasnochada, integrismo fascista, esoterismo hindú, psicología especulativa y ciencia-ficción apocalíptica.

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LOS PROBLEMAS TEOLÓGICOS DEL SODALICIO: EL NEO-GNOSTICISMO DE FIGARI
por Rocío Figueroa

No se puede deslindar la teología de la vida moral de Figari, justamente porque la teología es la reflexión sobre la Revelación y de cómo se vive la fe en la historia. La teología no nace en una biblioteca, sino en el discipulado. Si el fundador fue un pederasta, hay que revisar la reflexión de la fe y su aplicación en la historia que nace del perpetrador. Porque fe y vida, teología y vida, espiritualidad y vida no se pueden separar.

Como bien sabemos, el gnosticismo fue una secta al interior de la Iglesia que confundió a muchos creyentes y buscaba llegar a la salvación a través del “conocimiento” y la “iluminación”. Un elemento típico de un grupo con características sectarias es que el fundador se presenta como el “iluminado”. Figari nos hacía creer que él con la mirada podía analizar el alma de los otros y que su pensamiento era único. Él mismo desarrolló una teoría que siguió vigente al menos hasta el año 2010. A todos sus cercanos nos mandó a leer la novela El hombre demolido de Alfred Bester, que trataba de una sociedad con un grupo de “ésperes”, telépatas iluminados que podían leer la mente de los otros y tener cierto poder sobre los demás. Figari además decidía quienes eran los “ésperes” de la comunidad y a éstos se les rendía un respeto reverencial, porque tenían algo que los demás no teníamos. No sólo eso, un par de consagrados tenía la responsabilidad de darle un fundamento teórico desde la psicología a esta teoría. Y así lo hicieron.

Esta teoría de los “iluminados” es la misma que tenía la secta del gnosticismo en los inicios del cristianismo. Obviamente, esta doctrina de los “ésperes” no llegó al Movimiento de Vida Cristiana —¡gracias a Dios!—, sino que se quedó en el grupo de los “iluminados”, o sea, los consagrados.

Figari se consideraba tan iluminado que no dejaba que nadie escribiera libros. Los que logramos publicar alguno, fue bajo su total revisión y control. Y siempre señalaba: «tienes que ser fiel a mi pensamiento». Es más, recuerdo que la parte más creativa, personal y experiencial de uno de mis artículos me la cortó sin problema, pues no expresaba “su pensamiento”. O sea no expresaba el pensamiento del “iluminado”.

Creo que uno de los aspectos de esta “iluminación” y “gnosis” que influyó a todos fue la desmedida importancia que Figari le dio a la “fe en la mente”, justamente al “conocimiento como medio de salvación”. Una importancia que puede ser muy dañina si no se equilibra con la fe en el corazón y la fe en la acción.

Como bien sabemos, Figari tenía una actitud muy negativa hacia toda la dimensión afectiva de la fe y de las relaciones humanas. En sus estudios sobre perpetradores sexuales (Comprehending and Rehabilitating Roman Catholic Clergy Offenders of Child Sexual Abuse, Journal of Child Sexual Abuse, 24:7, 772-795), Jane Anderson afirma que estos tienen serios problemas afectivos y éstos los manifiestan en medidas represivas hacia los sentimientos de los demás.

Si un sodálite era muy afectivo, Figari lo llamaba públicamente “desordenado” y este calificativo se hizo famoso en el Movimiento. Alguien que fuera muy sensible era llamado susceptible, alguien muy afectivo o emocional era acusado despectivamente de “feeling” o “hembrita”. Por eso incluso las canciones tenían que ser militantes, agresivas y mostrar poca sensibilidad.

Al mismo tiempo la “fe en la acción” de Figari dejaba mucho que desear: nunca lo vimos trabajando con los pobres, ni visitando a los enfermos, ni siendo caritativo. No sabía pedir perdón y si alguien se equivocaba, tenía todo menos caridad. El juicio sobre Figari se lo dejo a Dios, pero sí puedo evaluar sus actos. Entonces al presentar una fe desvinculada de los afectos y del núcleo de la caridad nos quedamos con una ideología, una doctrina vacía.

El cardenal John Henry Newman consideraba un gran peligro sobrevalorar aquello que se puede argumentar explícitamente y olvidar que las “razones reales” comprometen a toda la persona y no sólo la capacidad de articular un argumento. Según él, «una cognición desencarnada era un camino reductivo y falso; sólo una razón existencialmente integrada podría alcanzar la verdad religiosa»1. En este sentido, una persona que creó una espiritualidad y ésta no estaba integrada en su vida, ¿podía acaso alcanzar realmente la verdad religiosa?

Por ello, creo que es importante re-evaluar el equilibrio entre las dimensiones de la fe y la valoración que se da a éstas y sobre todo desterrar toda pretensión de “iluminación”. Considero además que la dimensión afectiva y cordial de la fe es un elemento a integrar de manera más sana.

El peligro de darle una sobre-importancia a la “fe en la mente” es que se corre el riesgo del empirismo racionalista del que habla Newman, de creernos nuestras ideas, de pensar que somos buenos porque pensamos cosas buenas, de creernos dueños de la verdad o superiores al resto. En eso Dietrich von Hildebrandt es muy agudo al darle la centralidad al “corazón” como centro de pensamientos, afectos y emociones.

Figari, en cambio, todo el tiempo centraba la importancia en la mente refiriéndose a San Pablo. que invitaba a convertirse a través de la renovación de la mente. Sin embargo, no se puede leer sólo un pasaje de la Biblia para definir la conversión. Hay que leerla toda integralmente y el centro de la conversión Jesús la repetía sin cesar: «ama a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a ti mismo». Éste fue el núcleo del mensaje de Cristo.

En eso creo que es importante la recomendación de Romano Guardini, quien señala que la bondad es el valor por excelencia que incluso valida el criterio de verdad: con frecuencia se olvida de que uno puede «saber mucho, ser un experto, crear, tener poder, disfrutar de la vida en los más diferentes aspectos…, pero si no soy bueno me falta lo verdaderamente definitivo»2.

Verdad sin bondad es ideología. Recordemos que incluso los demonios reconocían que Jesús era Hijo de Dios, estaban muy bien formados, pero no eran buenos. Entonces la validez de la espiritualidad estará no tanto en tener ideas muy “ortodoxas”, sino en la bondad de seguir el Evangelio con sinceridad de corazón y rectitud de conciencia.

1 Romano Guardini, Ética. Lecciones en la Universidad de Munich, BAC, Madrid, 2000, 75.
2 M. P. Gallagher, «Allargare l’intelletto verso l’amore», en: L. Leuzzi ed., La carità intellettuale. Percorsi culturali per un nuovo umanesimo, Città del Vaticano 2007, 20.

Texto original: http://rocio-figueroa.blogspot.de/2015/12/los-problemas-teologicos-del-sodalicio_12.html

EL INCÓGNITO PLAN DEL “DIOS” FIGARI

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La expresión “Plan de Dios”, central en la ideología sodálite desarrollada por Luis Fernando Figari, tiene raíces bíblicas. San Pablo, cuando habla de la buena nueva de las riquezas de Cristo que ha sido llamado a anunciar, señala que también tiene la misión de «aclarar a todos cuál sea el plan del misterio escondido desde los siglos en Dios, el creador de todas las cosas» (Efesios 3, 9). Sin embargo, esto que se refiere al designio de salvación que Dios tiene para toda la humanidad no puede ser extrapolado a la vida de cada persona en particular, y mucho menos se puede pretender que un guía espiritual conozca cuál es el rumbo que debe tomar el destino personal de cada uno de sus subordinados para ajustarse a ese plan divino. Pues es algo que pasa por la conciencia personal de cada uno y que, a fin de cuentas, sólo puede saber Dios en toda su amplitud, pues sólo Él, que conoce y comprende los corazones, tiene la potestad de juzgar a los seres humanos.

Y parece que esa potestad se la apropió Figari, pues dentro de su concepción inmovilista del Plan de Dios, quien era miembro del Sodalicio de Vida Cristiana, lo era por obediencia a los designios de Dios para su vida, y quien se apartaba de la institución incurría en una falta gravísima que le iba a acarrear la infelicidad en este mundo y, con cierta probabilidad, la condena eterna en la otra vida.

En mi post OBEDIENCIA Y REBELDÍA escribí lo siguiente:

«La obediencia es presentada en la ideología sodálite como un camino de libertad, en la medida en que libera de todas las ataduras y hace a la persona disponible para el cumplimiento del Plan de Dios. ¿Pero qué Plan de Dios? Aquel que se expresa en el pensamiento de una sola persona, Luis Fernando Figari. ¿Y que ataduras? Todas aquellas que nos vinculan a la normalidad en este mundo, incluidas las de la responsabilidad y la propia conciencia. ¡Y hay que ver los malabares dialécticos que se hacen para justificar este concepto de libertad como renuncia a decidir por sí mismo!»

Este concepto fundamentalista y sin matices del Plan de Dios sirvió de instrumento para que muchos de los que pasaron por el Sodalicio sufrieran angustia y depresiones, pues apartarse de la institución implicaba una traición radical a lo que Dios supuestamente había planeado desde toda la eternidad. En mi caso, cuando me vi en la necesidad de tomar la decisión de apartarme de la vida consagrada, significó meses de tortura interior que me llevaron incluso a desear la muerte.

Rocío Figueroa ha escrito unas valiosas reflexiones sobre este tema, que ahora reproduzco con autorización suya.

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LOS PROBLEMAS TEOLÓGICOS DEL SODALICIO: ¿PLAN DE DIOS?
por Rocío Figueroa

Escribo no con un afán polémico ni destructivo. Después del destape de los eventos de abusos sexuales, psicológicos y físicos por parte de Figari y algunos miembros del Sodalicio no son pocos los que me preguntan: ¿acaso puede salvarse una institución cuyos fundamentos fueron construidos para manipular las conciencias y que tenía serios problemas en sus concepciones y métodos?

No creo que se pueda hablar de “elementos positivos” y “elementos negativos” de la Familia Sodálite, porque estaríamos equiparando las barbaridades que se cometieron con las bondades que algunas personas recibieron. Como me dijo alguien: es como decir que un papá violaba a sus hijos, pero ¡ojo!, también era bueno porque traía pan a la casa.

El fundador tuvo desde los inicios un comportamiento macabro, cruel, manipulando a los jóvenes y abusando de su poder y dominio. Y utilizó para ello la religión. Eso no es sólo un elemento “negativo”, sino que está en la constitución misma del Sodalicio. No hay posibilidad de seguir adelante si no se va a los cimientos de la institución.

Pero como diría San Agustín, incluso cuando un mal pastor habla sobre Cristo, nosotros no seguíamos al mal pastor, seguíamos las palabras bondadosas de Cristo. El gran problema es que entre las muchas palabras de Figari habían unas que eran “propias” y que las hacía pasar como divinas, y otras que eran realmente de Cristo.

Por eso pienso que toca para esta institución una etapa de profunda revisión y discernimiento de aquello que viene de Figari mismo y aquello que viene del Evangelio. El Evangelio es rico, vivo y puede resucitar a una institución que hoy se está desangrando.

Por ello, como dice el Eclesiastés, hay «un tiempo para destruir y un tiempo para construir» (Ecl 3, 3). Y si el Sodalicio y todas las personas involucradas quieren construir sobre fundamentos sólidos, sobre el mismo Evangelio y el mismo Cristo, sería bueno primero “destruir” todo aquello que viene directamente de un pensamiento retorcido como el de Figari, obviamente dando por hecho que la expulsión de Figari, como diría el cardenal Cipriani, es fundamental, pues dejarlo sería un acto de complicidad ante tan tremendos crímenes.

Por ello, con un afán de una crítica constructiva comenzaré por uno de los temas más queridos por Figari: el “Plan de Dios”.

Una cosa que siempre me llamó la atención es que Figari nos prohibía a todos usar la expresión “voluntad de Dios”, que estaba esparcida por todos los dichos de Cristo y que se encuentra en todos los Evangelios. Él cambió esta expresión por “Plan de Dios”.

Y siempre me pregunté ¿Por qué le tiene tanta aversión a la voluntad de Dios? A la luz de los hechos lo comprendo. En general, un movimiento totalitario depende totalmente de las ideas del líder y de las doctrinas del grupo dirigidas por el líder. Es decir, el pensamiento de Figari era más importante que incluso la Biblia misma. Él prohibía ciertas expresiones bíblicas y consideraba que la expresión “Plan de Dios” era más válida que la misma palabra de Cristo.

Una vez, cuando se lo pregunté de manera muy crítica, me dijo que “voluntad de Dios” no es un buen concepto, pues se puede pensar en una voluntad caprichosa e incomprensible de Dios, mientras “Plan de Dios” apela más a la inteligencia y a un orden por Dios establecido, es más comprensible. Con su respuesta entiendo que él mismo manifestaba así su deseo de control, incluso del mismo Dios. Él no quería un Dios que no se comprenda, sino un Dios que él podía dominar y dominar a otros con su razón.

Por ello creo que sería bueno entender el concepto como lo hace San Pablo como un “plan misterioso de Dios” incapaz de ser conocido en su totalidad y abierto a la dimensión mistérica, y obviamente complementarlo con la voluntad de Dios, que pone el acento en la imposibilidad de dominarla o controlarla.

Por otro lado, hay que criticar que, por supuesto, el intérprete de ese Plan de Dios era el mismo Figari y él extendía este poder a los que éramos superiores. Me sorprende la soberbia que podíamos tener de pensar que podíamos saber cuál era el Plan de Dios para alguien, incluso la mentira de pensar que sabíamos cuál era la vocación de alguien.

Pero justamente eso respondía a esa retorcida postura de que uno es capaz de saber cuál es el Plan de Dios, como si Dios tuviese un proyecto ya escrito y todos teníamos que descubrirlo, ¡y ay de ti si no lo cumplías!

Dios es más disímil de nosotros que parecido. Y esto parece que se ha olvidado en el Sodalicio. Dios es Dios para los que creen en Él, no alguien que puede ser descifrado como un ejercicio mental.

Incluso una oración diaria que se dice en las comunidades reza: «cumplir el Plan de Dios en cada situación concreta de mi vida». ¿Acaso es posible saber cuál es el Plan de Dios en cada situación concreta de tu vida? ¿Acaso el ser humano es capaz de leer la mente de Dios y aplicarla en cada momento? Recuerdo que este tema generaba en muchas personas una especie de ansiedad y escrúpulos de no saber si se estaba cumpliendo o no con el Plan de Dios.

Sin embargo, es mucho más sano justamente la “misteriosa voluntad de Dios”. Porque como dice la Escritura, los planes de los hombres están lejos de los planes de Dios, y nunca podemos saber a cabalidad cuál es la voluntad de Dios, justamente porque es Dios.

Cosa curiosa: la palabra “Plan de Dios” no lo encuentras ni una sola vez en la boca de Jesús. ¿No sería mejor regresar al Evangelio?

La voluntad de Dios la intuyes, la sigues con tu conciencia, entre sombras y oscuridad. El Evangelio nos da grandes pistas, la vida de Jesús da grandes luces, pero aplicarlo a la realidad concreta con toda su complejidad siempre es un camino riesgoso. Pues la fe es más un camino de oscuridad que de luz, como la vida misma, llena de incertidumbres y angustias. La secta busca la seguridad y tranquilidad de la vida. La verdadera religión no quita la incertidumbre de la fe.

La voluntad de Dios para el hombre es más incierta, más arriesgada. Incluye la libertad humana, los cambios, un Dios que no tiene un “plan” ya constituido, sino que lo puede ir cambiando porque para Él no hay pasado, presente y futuro, sino un hoy continuo que, junto con la libertad humana, va siempre siendo remodelado y adaptado pr Él.

En ese misterioso camino de la fe, para Dios no hay un “plan futuro” sino un hoy siempre nuevo que va tejiéndose entre su amor y la libertad siempre creativa del ser humano.

Texto original: http://rocio-figueroa.blogspot.de/2015/12/los-problemas-teologicos-del-sodalicio.html

LA PUNTA DEL ICEBERG

la_punta_del_icebergDebo confesar que yo nunca vi nada.

Durante el tiempo que viví en comunidades sodálites no observé nada que me llevara a pensar que se cometían abusos sexuales de gravedad. Yo mismo no puedo confirmar ninguno de estos abusos, salvo el que se cometió conmigo cuando tenía 16 años y que para mí fue más bien un abuso psicológico con una marcada connotación sexual (ver SOBREVIVIENTE DEL SODALICIO).

Sin embargo, en el año 2008, tres años antes de que se diera a conocer que Germán Doig había abusado de jóvenes a su cargo, yo ya había llegado a la conclusión de que podían haber varios sodálites con una sexualidad desbordada que los llevaba a tener una doble vida. El caso de Daniel Murguía, atrapado in fraganti por la policía en octubre de 2007 cuando fotografiaba a un menor de edad al cual le había practicado una felación, me trajo a la memoria los años de angustia que yo había vivido en comunidad, acosado por obsesiones sexuales que aparecían con fuerza inusitada cada cierto tiempo y me hundían en abismos de culpabilidad y tragedia. Hasta ese momento había considerado lo mío como un caso aislado, como expresión de una debilidad personal que me había llevado al fracaso en mis deseos de plasmar el ideal sodálite dentro de un estilo de vida propio de un laico consagrado y célibe.

Lo de Murguía me llevó a replantear este supuesto. ¿Era yo el que que había fallado o eran más bien el estilo y la disciplina sodálites los que habían generado las condiciones para que yo desarrollara esas tendencias enfermizas, alejadas de un desarrollo sano de la sexualidad? Murguía, a quien yo recordaba como un joven de carácter dulce y bondadoso, se convirtió para mí en ese entonces en la punta del iceberg. Él también era uno de aquellos en quienes la sexualidad se había salido de su cauce.

Más aún, al ir reconstruyendo en base a mis recuerdos la manera cómo se trataba el tema de la sexualidad en las comunidades sodálites, fui armando un cuadro con una serie de indicios inquietantes que hacían presentir algo turbio en el fondo (ver SODALICIO Y SEXO). Recordé entonces los casos de sodálites consagrados que habían tenido problemas de faldas y que habían vivido en las mismas comunidades donde yo estaba: un joven considerado sodálite ejemplar que fue traído de Chincha para estar en observación en la comunidad Nuestra Señora del Pilar por haberse liado con una chica; otro que sintió atracción por una mujer casada que trabajaba en su oficina y no resistió la tentación de acostarse con ella y echar todo por la borda; otro que se enamoró de una joven vecina y fue visto besándose en la boca con ella en la camioneta combi en la cual había salido a hacer unos encargos. Éste último pasó sus últimas noches en la comunidad sufriendo pesadillas; yo mismo escuchaba sus gritos cuando se despertaba angustiado en medio de la noche. Y en San Bartolo, a donde eran enviados para “discernimiento espiritual” todos estos casos problemáticos, vi a otro consagrado que también había sido traído de Chincha, el cual siempre estaba bajo vigilancia de otros dos sodálites cuando salía a rezar el rosario en el malecón. En ocasiones, no pudo evitar quedarse mirando a alguna que otra chica en bikini que se soleaba en la playa. Algo sumamente normal. Pero dada su condición de vida, esta normalidad había degenerado en algo obsesivo.

Aun cuando no sabía cuántos eran los sodálites obsesionados con lo sexual y tampoco hasta dónde eran capaces de llegar a fin de satisfacer sus pulsiones, tuve la certeza de que el sistema de disciplina del Sodalicio era una bomba de tiempo que podía explotar en cualquier momento, si no se tomaban medidas correctivas.

¿Cómo había llegado yo a este punto, que me permitió romper el control mental o influencia social que ejerce el Sodalicio sobre aquellos que han seguido sus derroteros? Se trata de un largo proceso que ya se había iniciado en Lima cuando pasé de ser un laico consagrado con promesas temporales a ser un simple sodálite con vocación al matrimonio —y, por ende, dejé de vivir en comunidad—. Este proceso se profundizó cuando me radiqué en Alemania —todavía considerándome miembro activo del Sodalicio— y comencé a leer literatura crítica sobre el Opus Dei, lo cual me llevó a tomar conciencia de las características sectarias y fundamentalistas de esta organización de la Iglesia católica. Curiosamente, estas características coincidían con muchas que yo veía en el Sodalicio y en el Movimiento de Vida Cristiana.

Por ejemplo, he encontrado un e-mail mío del 15 de febrero de 2005, en el cual le escribía a un amigo mis reflexiones sobre el Christian Life Movement USA (Movimiento de Vida Cristiana en Estados Unidos) en base a los mensajes que había leído en el Yahoo Group CLMUSA, que fue creado por el Dr. Luis Ráez a fin de mantener la comunicación entre miembros del Movimiento de Vida Cristiana que residían en los Estados Unidos y en otros países del extranjero:

Se me han ocurrido [algunas] características que acercan al Christian Life Movement USA al fundamentalismo, en base a lo que he observado en el Yahoo Group:

  • Excesiva preocupación por que todos piensen lo mismo, incluso en asuntos discutibles en los cuales es legítimo tener diversidad de opiniones.
  • Actitud paternalista de las personas que se sienten “formadas” con respecto a los que son nuevos o recientes en el grupo; eso lleva a falta de disponibilidad para aprender de esas personas en lo que pueden aportar desde su bagaje cultural y su formación.
  • Preocupación excesiva por temas de moral familiar y sexual: de hecho, temas como el aborto, el preservativo, la homosexualidad, etc. son tocados con bastante frecuencia, especialmente por quienes conducen el CLM (MVC) en USA.
  • Acento bastante marcado sobre temas espirituales y poca atención a los problemas cotidianos con que el común de la gente se topa en el mundo.
  • Reducción espiritualista: muchos problemas son explicados puramente desde una interpretación espiritual (el demonio, el pecado, el mundo, el paganismo como causas, por ejemplo). Si bien éstas son causas remotas, es necesario ir también a las causas próximas para poder enfrentar los problemas.
  • Preocupación “farisaica” por la santidad ajena. Algunos de los “antiguos” o “formados” me escribieron preocupados por mi santidad, asumiendo que algunas de mis reflexiones eran producto de una crisis espiritual. Por supuesto, sin atender a los contenidos mismos de mis mensajes ni a la lógica implicada en ellos.

Este e-mail, cuyo contenido también se puede aplicar a la Familia Sodálite en general, fue enviado con copia a un sodálite que es actualmente sacerdote. Pues mis reflexiones de entonces nunca fueron clandestinas, sino que siempre fueron compartidas con personas vinculadas al Sodalicio o al Movimiento de Vida Cristiana. Lo cual no se tradujo en esfuerzos de cambio, sino más bien en que yo fuera calificado de loco problemático que estaba pasando por una crisis espiritual.

Al mismo tiempo, ya me había enterado de las acusaciones que había contra el P. Marcial Maciel, fundador de los Legionarios de Cristo, las cuales me parecían absolutamente verosímiles. También había leído sobre las características que presentaba esta organización católica. Otra vez las semejanzas con el Sodalicio saltaban a la vista.

Cuando el 19 de mayo de 2006 el Papa Benedicto XVI condenó a Maciel a «una vida de oración y penitencia» sin especificar cuáles eran los delitos que había cometido, envié a varios miembros de la Familia Sodálite información que había encontrado en Internet sobre los delitos de pederastia cometidos por el cuestionado fundador. En general, casi ninguno de los destinatarios quiso darle crédito a las acusaciones, considerándolas una especie de complot contra la Iglesia por parte de personas mal intencionadas. Nadie creía que el fundador de una institución tan ideológicamente cercana al Sodalicio hubiera cometido delitos de semejante calibre. Si uno revisa las noticias que publicaba ACI Prensa en ese entonces, comprobará que la agencia de noticias se hizo eco de la versión de los Legionarios de Cristo, quienes seguían creyendo que su progenitor espiritual era un santo y que la sanción era un especie de prueba divina para afianzar su fidelidad a Dios y a la Iglesia. Eso cambiaría recién en febrero de 2009, cuando los mismos Legionarios de Cristo confirmaron la vida sexual secreta de su fundador. Cosa que da que pensar, pues el Sodalicio no ha confirmado todavía con absoluta claridad la culpabilidad de Figari en los abusos cometidos, sino sólo de manera indirecta y en términos bien diplomáticos y tibios.

Como anécdota puedo contar que en julio de 2007, cuando andaba buscando trabajo, postulé a un puesto de asistente de recaudación de fondos para una oficina católica con sede en Colonia, que resultó ser la filial de los Legionarios de Cristo en Alemania. Tuve una entrevista con Charles Mollenhauer, responsable de la oficina, y luego fui invitado a visitar el seminario de la congregación en Bad Münstereifel, cerca de Colonia, donde mantuve una breve conversación con un sacerdote que me sondeó personalmente, a fin de ver sí yo era la persona adecuada para ocupar el puesto vacante. El estilo y la decoración del seminario, con salitas externas para recibir a los visitantes, me parecieron muy similares a las de las comunidades sodálites. De igual manera, el tipo de preguntas que me hizo el clérigo así como el estilo de comportarse me dieron la impresión de esta hablando con un sacerdote sodálite. Finalmente, el trabajo no llegó a concretarse, aun cuando en ese momento yo estaba dispuesto a colaborar con una institución de la Iglesia católica no obstante los cuestionamientos que había en torno a su fundador.

Con todo este bagaje de conocimientos, sumado a los desórdenes personales que yo mismo había sufrido bajo la disciplina sodálite cuando viví en comunidad, sólo había que sacar las cuentas y la conclusión a la que se llegaba era preocupante.

Cuando en febrero de 2011 se reveló a través de Diario16 que Germán Doig había abusado sexualmente de varios jóvenes sodálites, yo ya había sido informado previamente por un sodálite consagrado que estaba al tanto de las reflexiones que había hecho yo sobre el Sodalicio. Dado que ya sabían por entonces en la institución sodálite que en algún momento iba a salir la noticia en la prensa, habían decidido informar oficialmente sobre el asunto a todos los miembros de la Familia Sodalite.

Poco tiempo después, una persona con la que yo había hablado en muy pocas ocasiones en el pasado y con la cual no guardaba mucha cercanía se comunicó conmigo a través de Skype. Se trataba de Rocío Figueroa. Ella y Pedro Salinas estaban buscando comunicarse con ex sodálites para que hablaran de su experiencia en el Sodalicio. Éste fue el inicio de una comunicación que pronto se convertiría en colaboración a fin de desenmascarar al Sodalicio y, eventualmente, lograr que la Santa Sede tomara cartas en el asunto. Pues tanto ellos como yo estábamos convencidos de que el problema era estructural y no de “casos aislados”.

Durante los años 2011 y 2012 la comunicación se realizó principalmente a través de correo electrónico. Posteriormente varias de las comunicaciones se harían a través de Skype. Compartí con Pedro y con Rocío las reflexiones que hasta ese momento había plasmado en varios escritos. Asimismo, le proporcioné a Pedro los nombres de varias personas que, en mi opinión, podían ser contactadas para obtener información desconocida sobre el Sodalicio. Mi e-mail del 21 de febrero de 2011 terminaba con una advertencia profética:

…si deseas llevar la investigación a buen término, deberás prepararte para la guerra sucia. Los sodálites nunca responden directamente a los argumentos, sino que aplican estrategias para desacreditar a las personas, perjudicarlas económicamente y hacerlas callar. Las agresiones verbales estarán a la orden del día. Pero si nadie se atreve a contar la verdadera historia, no sé quien lo hará. Te deseo suerte.

Asimismo, el 24 de febrero de 2011 le envié a Pedro una lista de preguntas, muchas de las cuales han sido respondidas en el libro Mitad monjes, mitad soldados:

Creo que hay algunas preguntas clave que requieren de una investigación y que ameritan ser respondidas para entender el desarrollo del Sodalicio.

  • ¿Quiénes fundaron el Sodalicio?
  • ¿Quiénes conformaban el grupo de estudios del cual salió el Sodalicio?
  • ¿Qué tipos de estudios hacían? ¿Qué orientación tenían?
  • ¿A qué asociaciones o grupos perteneció Luis Fernando Figari antes de que el Sodalicio fuera fundado?
  • ¿Qué pasó en el Colegio Santa María para que fuera expulsado como profesor a inicios de los ’70? Sólo conozco la versión de Luis Fernando.
  • ¿Por qué también terminó saliendo del Colegio Maristas San Isidro?
  • ¿Qué contactos tenía Luis Fernando en España, Argentina y México, y cuáles eran los grupos con los que había entrado en contacto?

Al principio tuve mis reparos hacia Pedro Salinas, pues sabía que era agnóstico y yo no estaba de acuerdo con algunas de las críticas que había publicado contra la Iglesia y contra el Papa Benedicto XVI. Esto fue lo que le escribí el 7 de marzo de 2011:

A partir de todo el material que te he enviado, habrás visto que mi posición sigue siendo la de alguien que sigue manteniendo la fe, cosa que espero que respetes, así como yo respetaré tu posición, sea cual sea. Pues son temas de conciencia, que no pueden ser juzgados legítimamente por nadie en este mundo.

Así como para unos la Iglesia es la institución, para otros —entre los cuales me cuento— se trata de algo más complicado, que abarca la historia de un pueblo, un colectivo con su pasado/presente/futuro, con todas sus contradicciones, con múltiples tendencias encontradas, donde algo misterioso, incomprensible, inabarcable se manifiesta, y que yo desde mi propia experiencia no puedo negar. Es un devenir histórico con abundantes líneas torcidas, que van armando un rompecabezas cuyo acabado final nunca veremos. Y donde siempre faltará una que otra pieza. Todo lo contrario de la imagen idílica de Iglesia que se nos pintó en el Sodalicio, pues —como en la realidad misma— en la Iglesia no todo parece ser lo que es.

No digo esto por ganas de filosofar, sino porque sólo sobre este trasfondo se entienden algunas de las afirmaciones que aparecen en los textos que te adjunto a este e-mail.

El primero es un e-mail que le envié el 25 de enero de 2011 a Manuel Rodríguez, con mis impresiones sobre el caso de Germán Doig [ver CARTAS A MANUEL].

El segundo texto es más delicado, pues toca el tema de la sexualidad dentro del Sodalicio. Lo escribí en agosto del 2008. Tal vez estén allí algunas de las claves para entender los casos de “doble vida” [ver SODALICIO Y SEXO].

Pedro me respondió ese mismo día:

Que yo haya perdido la fe y me haya vuelto un agnóstico, ojo, no significa que mire con desprecio al resto que no comulga con mi posición de descreído, que, es verdad, también es bastante crítica de la institución eclesial católica. Si algo, creo, he aprendido es a ser tolerante con todo el mundo. Por encima de las ideas creo que está el valor de las personas. Y si ellas me inspiran aprecio y respeto, como en tu caso, las valoraciones ideológicas, filosóficas, religiosas o políticas, o lo que sean, no me van a llevar al sendero de demonizar, etiquetar o calificar o polarizar puntos de vista.

Que me ponga radical en mis columnas, no significa que lo sea en lo personal. Usualmente mis artículos tienen cierta carga de extremismo, o de ironía, o de pesimismo, o de algo así, para provocar y generar reacciones. Nada más. Solamente me pongo intolerante con la intolerancia, aunque la frase me haya salido medio huachafa.

De manera similar a como había ocurrido en otros casos de escándalos sexuales dentro de la Iglesia católica, sabíamos que nada se iba a hacer si el asunto no se ventilaba en la prensa, de preferencia internacional. Uno de los primeros intentos de lograr este objetivo se presentó con el periodista Thomas Seiterich, quien escribe regularmente para la revista Publik-Forum de los católicos críticos alemanes, el cual tenía que escribir un artículo sobre los casos de abusos sexuales en América Latina donde se mencionara al P. Marcial Maciel y el entonces reciente caso de Germán Doig. En comunicación telefónica con él, le conté algo de lo que yo ya sabía y le di los datos para que pudiera contactar a Pedro Salinas, quien le proporcionó información adicional. El artículo apareció en la edición del 21 de octubre de 2011 bajo el título de Absturz eines Papstfreundes [Caída de un amigo del Papa] (ver https://www.publik-forum.de/Publik-Forum-20-2011/absturz-eines-papstfreundes o http://www.wir-sind-kirche.de/?id=393&id_entry=3703) y aunque a grosso modo la información era correcta, el escrito tenía un estilo sensacionalista, algunos datos errados, otros inventados, e iba acompañado de una foto de Germán Doig y otra de unos niños de piel cobriza bien vestidos para su Primera Comunión, lo cual lamentablemente daba una imagen errónea de quienes habían sido las víctimas de Doig.

El artículo no tuvo mayor resonancia y pasó sin pena ni gloria. Pero me confirmó en la convicción de que sólo alguien que había sido miembro del Sodalicio y lo había experimentado desde dentro estaba en capacidad de suministrar un perfil acucioso de la institución y describir con exactitud su problemática. Poco a poco me fui dando cuenta de que lo que yo sabía iba a ser de vital importancia para sacar adelante la investigación de Pedro Salinas y Paola Ugaz. Y que en algún momento tendría que hacer públicas mis reflexiones. ¿Cómo? Aún no lo sabía.

“Dar la vuelta a la página” y olvidarme del asunto me parecía una cobardía, más aun cuando era consciente de que había víctimas que habían visto arruinadas sus vidas por causa de los abusos. Además, había otra razón de fe: no quería tener que rendirle cuentas a Dios de haber callado, cuando tenía la capacidad de ver a fondo el quid los problemas y disponía de abundante información sobre el tema, enriquecida con lecturas diversas.

Lo demás es historia conocida. En noviembre de 2012 comencé a publicar en este blog por decisión propia los textos que había ido preparando, a fin de ir desmenuzando paso a paso el sistema ideológico y disciplinario del Sodalicio. Fue una tarea ardua que al final rindió sus frutos. Aún antes de que estallara el escándalo, a través de artículos y entrevistas que aparecieron en Diario16 y La República, e incluso en una revista ecuménica de Alemania, Welt-Sichten, en su edición de noviembre de 2014. El artículo lleva el título Option für die Reichen [Opción por los ricos] (ver https://www.welt-sichten.org/artikel/25553/option-fuer-die-reichen?page=all) y fue redactado por Hildegard Willer, una periodista alemana que reside habitualmente en Lima (Perú), quien se puso en contacto conmigo a través de Skype para conversar largo y tendido sobre el Sodalicio. Como quería tener también la versión sodálite y no solamente la de la parte crítica, me comuniqué con mi hermano Erwin Scheuch, quien accedió a concederle una entrevista. El resultado, aunque adolece de algunas imprecisiones menores, constituye uno de los artículos más equilibrados y objetivos sobre el Sodalicio que haya sido escrito por alguien ajeno a la institución.

Por último, he de reconocer que la investigación de Pedro Salinas y Paola Ugaz siempre se desarrolló con la más absoluta discreción. Nunca se me dio a conocer los contenidos de los testimonios anónimos, ni nunca supe quienes eran los verdaderos nombres detrás de los seudónimos. Nunca supe los nombres de las víctimas de Germán Doig y Luis Fernando Figari. Atando cabos y hurgando en el desván de mi memoria podía deducir algunos hechos y circunstancias, y a veces le planteaba estos razonamientos a Pedro, a ver qué opinaba y si podía confirmarme que andaba por el buen camino. Debo admitir que a veces él mismo se sorprendía, pues lo que yo le planteaba no se le había ocurrido hasta ese momento, y en ocasiones se convertía en un dato interesante que le ayudaba a hacer avanzar la investigación, que a fin de cuentas es de mérito suyo y de Paola.

Como ya he señalado, yo mismo no puedo confirmar ningún abuso sexual, salvo el que se cometió conmigo cuando tenía 16 años. Sin embargo, fui testigo de muchos abusos psicológicos y físicos, y yo mismo fui víctima de ellos. Yo mismo puedo corroborar la veracidad de otros testimonios que aparecen en Mitad monjes, mitad soldados, sobre todo los de Pedro Salinas y José Enrique Escardó. Lo cual constituye una razón suficiente y de peso para ser contactado por la Fiscalía. Hasta ahora eso no ha ocurrido, no obstante que yo mismo he manifestado abiertamente que el testimonio de Matías es el mío, además de que tengo una dirección de e-mail conocida de todos.

A fin de ahorrarle tiempo y esfuerzo a la fiscal María del Pilar Peralta, en caso de que quiera comunicarse conmigo por otra otra vía, incluyo aquí mis datos personales:

Nombre completo: Teodoro Martín Scheuch Pool
Nombre en Alemania: Martin Scheuch
Documento de identidad: DNI 07732277
Teléfono: 0049-6347-9829882
Correo electrónico: lineastorcidas@yahoo.de
Usuario de Skype: martinscheuch

Espero que se tomen cartas en el asunto y se haga una investigación seria, que permita establecer la existencia de delitos en perjuicio de quienes somos víctimas del Sodalicio. No sería poco, aun cuando no se pueda castigar a los culpables. Que así sea.