EL SADISMO DE FIGARI

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Christopher Lee como Dolmancé en “Eugenie …the Story of Her Journey Into Perversion” (Jesús Franco, 1970)

1983. Un sábado en la noche en la desaparecida comunidad sodálite de San Aelred, ubicada entonces en la Av. Brasil 3029, Magdalena del Mar (Lima).

Como todos los sábados, era día de visita de Luis Fernando Figari, quien se había hecho presente con su por entonces inseparable secretario Juan Carlos Len, el segundo de los hermanos Len Álvarez. Toda la comunidad estaba reunida en una oscura salita de la primera planta. Entre otros, estaban allí Germán Doig (superior de la comunidad), Alejandro Bermúdez (actual director de ACI Prensa) y Gustavo Sánchez (actual director del Centro de Investigación de la Facultad de Teología Pontificia y Civil de Lima). Y yo estaba en el centro de ese grupo, a cuatro patas como un perro, con el polo levantado, luego de haber recibido por orden de Figari un correazo en la espalda propinado por Miguel “Paco” Pallete (ex-sodálite), a quien le picó la conciencia y dudó antes de ejecutar lo mandado, por lo cual Figari tuvo que repetir la orden.

Yo no podía ver la marca roja que el cuero había dejado en mi espalda, pero los otros presentes sí. Y cuando vino el segundo correazo, aguanté el castigo estoicamente. Cuando “Paco” iba a propinar el tercer azote con la correa, me vinieron temblores musculares sólo ante la idea del dolor incluso antes de haberlo sentido, visto lo cual Figari decidió abortar el experimento. Pues precisamente eso era lo que supuestamente estaba haciendo. Yo no estaba siendo azotado por haber cometido ninguna falta, sino porque Figari quería demostrar con un ejemplo práctico que los castigos corporales no sirven para avanzar en el camino de la perfección cristiana, sino que mucho mejores son las mortificaciones espirituales. Eso lo explicó mientras yo estaba de pie a su costado y él me abrazaba con el brazo derecho.

Sin embargo, hay quien, al conocer los hechos que describo, me ha preguntado: «¿Eso lo hizo Figari por tu bien o porque le producía placer a él? Pues lo que describes parece un acto sadomasoquista.» La duda me ha acompañado desde entonces.

El informe final elaborado por los expertos contratados por el Sodalicio dice que «Figari fue descrito por muchas personas como alguien que parecía disfrutar al observar a aspirantes y hermanos más jóvenes experimentar dolor, incomodidad y miedo. Un ex sodálite [Pedro Salinas] reportó que una vez Figari le quemó el brazo con una vela prendida para que demuestre ser “obediente” y “recio”. Varios hermanos reportaron que Figari deliberadamente le permitía a su perro amenazarlos, incluyendo hacer que el perro muerda a dos de ellos. A las víctimas les parecía que Figari pensaba que estas acciones reforzaban su poder sobre ellos o que eran perversamente graciosas. Varios sodálites recordaron que en ocasiones Figari parecía ser sádico.»

Un testimonio señala que Figari a veces usaba un látigo de paja entretejida con puntas metálicas para castigar en el torso desnudo a algunos sodálites, o le indicaba a otro sodálite que aplicara el castigo mientras él se dedicaba solamente a observar.

En esto no hace más que manifestarse como un fiel seguidor de los protagonistas de las novelas del Marqués de Sade.

He visto recientemente dos espléndidas adaptaciones cinematográficas de sus obras, ambas dirigidas por el polémico cineasta español Jesús Franco: Marqués de Sade: Justine (1969) y Eugenie: Historia de una perversión (1970). En esta última, Dolmancé —interpretado magníficamente por Christopher Lee—, líder de una secta que sigue los principios sadianos, culmina la obra de educación a la inversa de la joven protagonista, es decir, pervertirla mediante prácticas sexuales que incluyen castigo físico hasta convertirla en asesina de su tutora y maestra. Y de este modo alcanzar la felicidad. Pues para los libertinos sadianos, la virtud sólo conlleva padecimientos en esta vida, mientras que la práctica del vicio con fines egoístas, sin retroceder ante el delito, lleva al placer máximo y al éxito.

«Sostuve mis extravíos con razonamientos. No me puse a dudar. Vencí, arranqué de raíz, supe destruir en mi corazón todo lo que podía estorbar mis placeres.» Son palabras del Marqués de Sade que podría suscribir el mismo Figari. Pues las virtudes que él defendía en público eran sólo fachada de los vicios que practicaba en privado.

(Columna publicada en Altavoz el 18 de septiembre de 2017)

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ENTREVISTA: EL CASO SODALICIO

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Recientemente Luis Enrique Baca, estudiante de Derecho en la Universidad de Lima y subdirector de coyuntura nacional en el medio digital Punto y Coma, ha publicado un artículo sobre la situación actual del caso Sodalicio (ver “Análisis: La impunidad del Sodalicio. Víctimas sin justicia”, 26 de julio de 2017), donde cita algunas declaraciones mías que yo le envié el 16 de junio como parte de las respuestas a un cuestionario que me hizo llegar el 8 de junio.

Considerando que la situación sobre el Sodalicio no ha cambiado en nada hasta el momento —y dado que mis reflexiones podrían ser de interés para más de uno—, publico ahora la entrevista completa.

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¿En qué situación está el caso Sodalicio?

La situación del caso Sodalicio es la que ya conocemos a través de los medios de prensa. Una sentencia suave y condescendiente de parte de la justicia eclesiástica, y un stand-by por el momento de parte de la justicia peruana.

¿Por qué cree que la Iglesia encubre a los pederastas?

El tema es muy complejo. Por una parte, la Iglesia se siente representada por aquellos que ostentan un cargo eclesiástico, ya sea que hayan recibido la ordenación sacerdotal o hayan hecho compromisos en una institución de vida consagrada. Todavía se sigue considerando los delitos de pederastia más que nada como faltas graves en las que caen las personas mencionadas y, por lo tanto, como piedras en el camino que no les impedirán restituirse y volver a su situación anterior, donde supuestamente seguirán sirviendo a la institución eclesial después de la prueba por la que el demonio los ha hecho pasar. Hasta ahora, no obstante algunos tímidos progresos, la Iglesia no ha asumido la perspectiva de las víctimas, a las cuales se ha presionado para que guarden silencio (y eviten el escándalo), a fin de evitar dañar la debida reputación que debe acompañar a esos elegidos de Dios. Y el buen nombre de la institución sigue poniéndose como prioridad, aunque se tenga que crucificar a las víctimas.

¿Cree que son efectivos los tribunales eclesiásticos? ¿Por qué?

Los tribunales eclesiásticos sólo han sido efectivos cuando se trata de censurar a teólogos disidentes o de suspender a clérigos díscolos, que se salen de la línea doctrinal y moral impuesta por el obispo de turno. Pero en lo que se refiere a delitos graves contra los derechos humanos de las personas, lo más normal es que los jueces se tomen todo el tiempo del mundo, se concluya que no hay pruebas tras una investigación que consiste básicamente en no hacer nada, o los delitos prescriban. He escrito sobre este tema en una columna publicada en Altavoz, que lleva el título de JUSTICIA ECLESIÁSTICA: LA IMPUNIDAD PROGRAMADA.

¿Por qué no se le juzga a Figari en fueros civiles? ¿Crees que lo verás preso algún día?

El proceso contra Figari está todavía en “veremos”. El Ministerio Público tiene que determinar todavía si procede una denuncia penal que dé lugar a un proceso judicial. Todo esto puede demorar años. No creo que nunca veamos a Figari tras las rejas, pues aún cuando hubiera una sentencia, la cosa derivaría en un asunto diplomático complicado, pues la Santa Sede, con su vergonzoso pronunciamiento sobre el caso, lo ha blindado de por vida.

¿Qué tanto te marcó el Sodalicio?

El Sodalicio me marcó, como ha marcado a tantos. Más aún, es prácticamente imposible pasar por el Sodalicio sin que eso deje huella en la psique personal de uno. Hasta ahora sigo lidiando con las consecuencias.

¿Los abusos del Sodalicio han cambiado tu percepción sobre la Iglesia católica en general?

Mi percepción sobre la Iglesia católica no ha cambiado básicamente debido a los abusos del Sodalicio. Ya antes de ocuparme del tema a fondo, yo me había informado sobre los abusos cometidos dentro de los Legionarios de Cristo (antes incluso de que la Santa Sede se pronunciara sobre el P. Marcial Maciel), y también de otros abusos psicológicos que son moneda corriente dentro del Opus Dei. Más bien, al contrastar esos datos con lo que yo había vivido dentro del Sodalicio, fue que poco a poco pude darme cuenta de que yo mismo había sido víctima de abusos psicológicos y físicos. Aún así, sigo siendo católico por convicción y motivos personales, que he explicitado en la columna POR QUÉ SIGO SIENDO CATÓLICO publicada en mi blog. Ciertamente, mi percepción de la Iglesia ha evolucionado, a la cual considero principalmente como un pueblo formado por fieles creyentes seguidores del Jesús de los Evangelios. Y lamentablemente, en la jerarquía eclesiástica abundan quienes no pueden ser considerados como tales, pues con sus actos traicionan las palabras de Jesús y crucifican a las víctimas de abusos. Ante esto, sólo se puede seguir siendo católico si uno asume como programa las palabras que Juana de Arco les dirigió a los jueces eclesiásticos que la condenaron a la hoguera: «Los hombres de Iglesia no son la Iglesia».

¿Te duele el papel que ha jugado el Congreso al darles la espalda?

No es el Congreso el que nos ha dado la espalda, cortando la posibilidad de una comisión investigadora, sino el fujimorismo, aliado natural de los sectores más conservadores y retrógrados del catolicismo. Una investigación a fondo en el Congreso hubiera sido una ventana abierta para que se sepa toda la verdad sobre el Sodalicio y sobre su sistema doctrinal y disciplinario que atenta contra derechos fundamentales de las personas y favorece la comisión de delitos contra la libertad y la propiedad privada. Esta propuesta ha sido llevada adelante por algunos congresistas de buena ley, entre los cuales destaca Alberto de Belaúnde. Los abusos sexuales, a los cuales tanta publicidad se ha dado, son solamente una consecuencia marginal de problemas más serios y graves, siendo que el problema del Sodalicio no es la pederastia (la inmensa mayoría de las víctimas de abusos sexuales en el Sodalicio eran ya mayores de edad o adolescentes con madurez sexual) sino la manipulación de las conciencias, el abuso de poder y la sujeción de la libertad interior de tantos jóvenes, cuyas vidas son dañadas permanentemente, comprometiendo seriamente su futuro y su desarrollo como personas normales.

¿Te parece contradictorio que los que han cometido abusos o encubierto abusos hoy sean los abanderados de la defensa de los niños en el caso de la ideología de género y #ConMisHijosNoTeMetas?

No me extraña, pues aquellos que cometieron o encubrieron abusos hasta ahora no han tomado conciencia del alcance de lo que hicieron, y siguen justificando esos actos como «rigores de la formación». Para ellos, las víctimas no son tales, sino personas con malas intenciones que malinterpretaron aquello que experimentaron en el Sodalicio. Y precisamente la moral puritana que propugnan, basada sobre una interpretación fundamentalista de los datos bíblicos y ciega a las investigaciones científicas sobre el tema del género, es el humus donde germinan aquellos impulsos enfermizos que terminan en la perpetración de abusos. No puede haber tolerancia ni una actitud sana hacia los demás en una moral represiva de la sexualidad real.

¿Cómo han lidiado los Papas con los casos de abuso?

Recién con Benedicto XVI comienzan a haber medidas que apuntan a combatir los casos de abuso sexual —que, como ya he indicado, es un problema marginal en el Sodalicio—. Las medidas anunciadas por el actual Papa Francisco, aparentemente más radicales que las del Papa Ratzinger, han sido un saludo a la bandera, pues todo parece indicar que han sido neutralizadas con relativo éxito por la Curia Romana. Sin embargo, considero que las medidas siguen siendo demasiado tibias respecto a la gravedad del problema. Y lo peor de todo es que muy poca atención se le ha prestado a los abusos psicológicos y físicos, que son la madre del cordero, pues constituyen el caldo de cultivo de los abusos sexuales, que son más infrecuentes.

¿Eliminar el celibato sería la solución?

La solución a un problema complejo no puede radicar en una medida simple. No podemos eliminar el derecho que una persona tiene a elegir el celibato, si considera que ése es su camino. Pero mantenerlo como una obligación para todos aquellos que quieren ser sacerdotes, no sólo no encuentra sustento sólido en la Biblia o en la Tradición de la Iglesia, sino que puede generar problemas de sexualidad truncada o reprimida en muchas personas buenas que aman su la vocación sacerdotal, pero que tienen que admitir dentro del paquete el celibato obligatorio. Como decía el difunto Cardenal Carlo Maria Martini, él no creía que todos los llamados al sacerdocio estuvieran también llamados al celibato. Por otra parte, el problema va más allá de esta práctica eclesial. Es en la actual doctrina católica sobre la sexualidad donde se hallan los gérmenes de varios abusos. Mientras no haya una reflexión más profunda sobre este tema, que no tenga miedo de revisar y replantear algunos conceptos, con o sin celibato seguirán habiendo abusos.

¿Crees que el Sodalicio es la única organización religiosa peruana involucrada en estos casos?

Toda organización cristiana basada en la autoridad absoluta, con estructuras verticales, con exigencia de obediencia total, con pensamiento único impuesto a todos sus miembros y con una interpretación fundamentalista de los textos bíblicos presentará con alta probabilidad casos de abusos como los que han ocurrido en el Sodalicio. En el contexto peruano, se me vienen a la mente instituciones como el Camino Neocatecumental, el Opus Dei, Pro Ecclesia Sancta y Lumen Dei, aunque no descarto casos de abusos en órdenes tradicionales, especialmente si el ambiente es muy conservador y puritano.

PSICOLOGÍA EN EL SODALICIO: MANIPULACIÓN DE LA HISTORIA PERSONAL

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Humberto del Castillo Drago

Alejandro no era blanco ni tenía ojos azules ni un apellido de abolengo, su familia —de clase media estándar limeña— tampoco era adinerada, pero él era un muchacho inteligente y voluntarioso. Y estas cualidades eran suficientes como para que se le perdonara el no contar con los otros requisitos que los sodálites de la primera mitad de los ‘90 buscaban en los candidatos al Sodalicio. Al igual que la inmensa mayoría de quienes actualmente integran la institución, el primer contacto con ella se inició cuando Alejandro era aún menor de edad.

De participar en actividades deportivas junto con un grupo de amigos del barrio en el Centro Pastoral de San Borja por pura curiosidad, a sus catorce años fue pronto asimilado a una agrupación mariana liderada por Humberto del Castillo Drago, sodálite desde 1982, conocido por su proverbial patanería y su fidelidad a rajatabla a Luis Fernando Figari, a quien seguía refiriéndose cariñosamente en febrero de 2014 —en el marco de una entrevista en el canal católico EWTN— como «mi fundador», reconociéndole que «siempre ha sido inspirado por el Espíritu».

Actualmente Del Castillo Drago es Fundador y Director General del Centro de Desarrollo Integral de la Persona Areté en Medellín (Colombia), psicólogo egresado de la Fundación Universitaria Católica del Norte y propugnador de lo que él llama “psicoterapia de la reconciliación”.

Tras leer su único libro publicado hasta ahora, Reconciliación de la historia personal, en su segunda edición de 2016, me da la impresión en muchas partes de estar leyendo al mismo Luis Fernando Figari, pues la teoría psicológica que ahí se expone sin mayor sustento científico es la misma doctrina que proponía Figari y en la cual basó la formación impartida a los miembros del Sodalicio de Vida Cristiana y de todas las asociaciones vinculadas al Movimiento de Vida Cristiana.

La gran diferencia con la primera edición de 2015 es que se han eliminado las abundantes referencias a Figari en el texto. Y aunque el nombre haya desaparecido, la doctrina —aunque disfrazada de opinión profesional de un psicólogo— sigue siendo la misma, a saber: que sólo la antropología cristiana —la de Figari, por supuesto— constituye la base para una auténtica psicoterapia curativa, siendo el concepto de “pecado” la raíz de todos los trastornos psicológicos y, por lo tanto, el encuentro con Dios se presenta como una condición sine qua non para una curación efectiva. La “teología de la reconciliación” de Figari impregna el libro de cabo a rabo.

Del Castillo, al igual que Figari, desconfía de la mayoría de corrientes psicológicas científicas y propone la necesidad de una psicología cristiana, sin darse cuenta de lo absurdo de ese planteamiento, como si también pudiera haber una psicología musulmana, judía, budista o atea, siendo que el dato religioso, si bien puede ser estudiado por la psicología, no debe formar parte de su definición ni determinar su metodología. Pues se corre el riesgo de caer en la ideología religiosa, que constituye la base de todos los fundamentalismos. Y que puede terminar haciéndole daño a quienes se les aplica un tratamiento inspirado en ella, sin respetar su libertad de conciencia.

Que es lo que, al fin y al cabo, Humberto del Castillo —mucho antes de convertirse en el psicólogo de bandera del Sodalicio— hizo con Alejandro, cuando lo sometió a una disciplina férrea de ejercicios, de crítica constante, de lavado de cerebro, hasta hacerle creer que tenía vocación sodálite. Incluso se le prohibió tener enamorada.

Por supuesto, todo ello no sólo sin conocimiento de sus padres, sino incluso generando aversión hacia ellos —«tu papá es un huevón y tu mamá es una loca»—.

Más aún, cuando a los 15 de años de edad fue derivado por Del Castillo hacia una psicóloga del Movimiento de Vida Cristiana para que ésta le tomara unos tests psicológicos, tampoco se les informó a sus padres. Pero Del Castillo recibió los resultados, lo cual le sirvió para seguir manipulando la conciencia del joven adolescente.

Alejandro nunca llegó a ser sodálite. Aunque le costó tomar la decisión —pues se sentía un traidor—, resolvió alejarse del grupo teniendo 17 años de edad.

Esto me lo confió en una larga conversación personal en junio de este año.

(Columna publicada en Altavoz el 31 de julio de 2017)

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Tengo el recuerdo de Humberto del Castillo como una persona no muy brillante intelectualmente, pero con una gran capacidad para el “apostolado” —es decir, atraer nuevos adeptos al Sodalicio— haciendo gala de un estilo matonesco, lenguaje soez y prepotencia consuetudinaria, pero sin dar señas de alterarse emocionalmente, a semejanza de Marlon Brando en la película El Padrino.

Me resultan curiosas las reflexiones que hace sobre la familia como «el primer núcleo social… donde la persona alcanza la plenitud personal», cuando yo mismo he sido testigo de varios casos en los que contribuyó al alejamiento de los hijos de su entorno familiar, a fin de guiarlos hacia un compromiso definitivo con el Sodalicio. Me consta, asimismo, su lealtad a prueba de balas hacia Figari, sobre el cual —luego de conocidos sus delitos— no se ha pronunciado públicamente, ni siquiera para sacar distancia al respecto.

Quien quiera leer algunos textos más de su ideología religiosa de auto-ayuda, puede consultar su blog Psicología & Virtud, donde hasta septiembre de 2015 —cuando ya había sido publicada la primera edición de Reconciliación de la historia personal (marzo de 2015)— se seguía citando a Figari con devota admiración. Más aún, gran parte de los textos disponibles en el blog fueron incorporados al libro.

RIGORES DE LA FORMACIÓN

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Georg Ratzinger dirigiendo el coro de los Gorriones de la Catedral de Ratisbona en 1976

Cuando el 19 de julio apareció en la prensa alemana la noticia del informe sobre los abusos en el coro de los Gorriones de la Catedral de Ratisbona, una anciana del asilo donde trabajo, que estaba leyendo el periódico local, me dijo indignada que quienes habían perpetrado esas atrocidades debían ser castigados. Lo mismo pensé yo. Pero también me invadió cierta tristeza, pues sabía que en esos casos muy rara vez los culpables son castigados, los delitos en su mayoría han prescrito y las víctimas suelen ser dejadas a su suerte y tratadas como si ellas fueran el problema, y no quienes lo han sufrido y cargan todavía con las consecuencias.

Pues lo que describe el informe de 440 páginas, encargado por el actual obispo de Ratisbona al abogado independiente Ulrich Weber —que se demoró dos años en la investigación correspondiente y el procesamiento de datos—, es la descripción de un crimen colectivo.

Hasta ahora se ha logrado determinar el número de 547 víctimas, de las cuales 67 fueron objeto de abuso sexual y 500 de abuso físico, siendo que algunas de ellas sufrieron ambos tipos de abuso. El número de perpetradores en el período de 1945 a 1992 —año en que se registra el último incidente— es de 49, de los cuales 9 cometieron abusos sexuales y 45, abusos físicos. La mayoría de los abusos ocurrieron en las décadas de los ‘60 y ‘70.

Del informe se desprende que no se trata de casos aislados, aun cuando haya ex-alumnos de las escuelas del coro que no sufrieron abusos y guardan recuerdos gratos de su época escolar. Pero eso no descalifica para nada los crudos testimonios de las víctimas, ni anula el hecho de que se trató de un sistema educativo y de formación dominado por la violencia, el miedo y el desamparo, tanto en la escuelas preparatorias de Etterzhausen y Pielenhofen, como en el internado de la escuela secundaria en Ratisbona.

Al igual que en otras instituciones donde han ocurrido abusos similares —llámese Sodalicio o Legionarios de Cristo—, el sistema formativo estaba orientado a la suprema perfección, en este caso a la excelencia en el rendimiento musical y el éxito del coro. Con el fin de lograr la máxima disciplina y disponibilidad, se buscó quebrar la voluntad de los educandos, lo cual sirvió de base para la justificación de prácticas violatorias de derechos humanos fundamentales, traduciéndose esto principalmente en abusos físicos y psicológicos, ocurridos casi a diario a vista y paciencia de todos dentro de los recintos escolares, mientras que los abusos sexuales, poco frecuentes y ocasionales, se dieron a puerta cerrada, aunque pueden considerarse como consecuencia última de la lógica del sistema.

El informe da cuenta de métodos cuasi policíacos: control de la higiene corporal, de armarios, de correspondencia, de camas, de comidas, etc. Quien cometía alguna falta era castigado desproporcionadamente con golpes o humillaciones, siendo las bofetadas y los varapalos los métodos más frecuentes. Otros castigos eran verter la sopa caliente sobre los dedos de quien no quería tomarla; o ser obligado a comer lo que se vomitaba cuando uno se resistía a comer el “forraje” que se servía en el comedor.

El informe habla también de abusos sociales —restricción de la comunicación con otros mediante aislamiento, prohibiciones, alejamiento de amigos y de la familia, retención de bienes personales, negación parcial de alimentos, etc.—, lo cual permite el control sobre el entorno del educando y, a la vez, se evita que lo que ocurre dentro de la institución llegue a conocimiento de personas externas. Como cuando se revisaba cada carta que enviaban los alumnos a sus familiares, y se las retenía si contenían información no grata para la escuela, o se ordenaba al alumno escribirla nuevamente en términos más amables.

Ni que decir, no faltaron quienes alimentaron pensamientos suicidas, o incluso intentaron fugar de la escuela, siendo luego castigados severamente, sin que pasara nada. Pues hasta el año 2010 no se dio crédito a quienes denunciaron los horrores vividos.

Durante mucho tiempo se consideró que los castigos eran normales para la época. Simples rigores de la formación. El informe dice lo contrario. Las pesadillas recurrentes y los traumas de los afectados son prueba de ello.

(Columna publicada en Altavoz el 24 de julio de 2017)

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FUENTES

Ulrich Weber/ Johannes Baumeister
Vorfälle von Gewaltausübung an Schutzbefohlenen bei den Regensburger Domspatzen (18. Juli 2017)
http://www.uw-recht.org/fileadmin/user_upload/Abschlussbericht_Domspatzen.pdf

ZEIT ONLINE
Regensburger Domspatzen: Mindestens 547 Chorknaben wurden missbraucht (18. Juli 2017)
http://www.zeit.de/gesellschaft/2017-07/regensburger-domspatzen-abschlussbericht-misshandlung

Frankfurter Allgemeine
Missbrauch bei Domspatzen: Sadisten im geistlichen Gewand (18.07.2017)
http://www.faz.net/aktuell/politik/inland/domspatzen-bericht-zu-missbrauchsfaellen-vorgelegt-15111839.html

Süddeutsche Zeitung
Georg Ratzinger war Teil des Gewaltsystems bei den Regensburger Domspatzen (19. Juli 2017)
http://www.sueddeutsche.de/bayern/katholische-kirche-georg-ratzinger-war-teil-des-gewaltsystems-bei-den-regensburger-domspatzen-1.3594702

AGRADECIMIENTOS VATICANOS A UN PRESUNTO ENCUBRIDOR Y ABUSADOR SEXUAL POR SERVICIOS PRESTADOS

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El cardenal George Pell junto al Papa Francisco

Cuando el 30 de enero de 2017 la Santa Sede emitió el comunicado sobre el caso Figari, reconociendo parcialmente sus delitos, uno de los atenuantes para justificar el suave castigo que se le dio —si es que puede considerarse castigo— fue que «el Sr. Figari es sin embargo de considerar como el fundador del Sodalitium Christianae Vitae y por lo tanto como el mediador de un carisma divino».

Poco faltó para que se le diera las gracias por todos los servicios prestados a la Iglesia, los cuales deben ser tan valiosos y considerables que, en comparación, poco cuentan unos cuantos «actos contra el VI mandamiento«» que, además, «han ocurrido en un pasado muy remoto». Como si sólo por ese hecho ya no tuvieran el poder de haber arruinado vidas enteras.

Es proverbial y conocida la lentitud e ineptitud de los tribunales eclesiásticos para procesar las denuncias de abusos sexuales, además de que la misma ley eclesial, al poner tiempos relativamente cortos para la prescripción de delitos tan graves, garantiza que éstos nunca sean castigados con las penas que les corresponderían. Por otra parte, las “investigaciones” de la Santa Sede carecen de rigor y hasta ahora no se sabe que se haya convocado a víctimas de abusos para interrogarlas y requerir mayores detalles, permitiendo que sus testimonios puedan ser examinados acuciosamente y, eventualmente, verificados como pruebas decisivas de la culpabilidad del acusado. Antes de llegar a ese punto, se prefieren soluciones ambiguas y castigos dorados.

Por eso mismo, aunque no sorprende, resulta escandalosa y vergonzosa la posición que ha tomado la Santa Sede ante las graves acusaciones hechas por la justicia australiana en contra del cardenal George Pell. Mientras que en otros casos se ha suspendido a eclesiásticos de todas las funciones propias de su cargo —incluyendo las pastorales y sacramentales— hasta que se aclararan las denuncias de abusos en su contra, a Pell sólo se le hado «un período de excedencia para poderse defender».

Todo parece indicar que la Santa Sede da por supuesta la inocencia del prelado vaticano, pues no tiene ningún reparo en agradecerle por los servicios prestados: «El Santo Padre, que ha podido apreciar la honestidad del Cardenal Pell durante los tres años de trabajo en la Curia Romana, le está agradecido por su colaboración y, en particular, por su enérgico empeño a favor de las reformas en el sector económico y administrativo y por su activa participación en el Consejo de los Cardenales (C9)».

Además, se hace una defensa abierta de Pell como alguien que ha combatido efectivamente los abusos sexuales contra menores: «se recuerda que el Cardenal Pell ha condenado desde hace décadas abiertamente y repetidamente los abusos cometidos contra menores como actos inmorales e intolerables; ha cooperado en el pasado con las Autoridades australianas (por ejemplo, en las declaraciones ante la Royal Commission), ha apoyado la creación de la Comisión Pontificia para la Tutela de los Menores y, finalmente, como Obispo diocesano en Australia, ha introducido sistemas y procedimientos para la protección de los menores y para garantizar la asistencia a las víctimas de abusos».

Y a decir verdad, la mentada Comisión Pontificia no pasa de ser hasta ahora un mero saludo a la bandera, sin logros que mostrar en la lucha contra la pederastia eclesial. Por otra parte, los sistemas y procedimientos de protección establecidos por Pell se parecen mucho al sistema de reparaciones instituido por el Sodalicio para “ayudar” a las víctimas: ha servido para llevar a cabo un control de daños, buscando obtener el silencio de las víctimas y pagarles lo menos posible en concepto de indemnizaciones.

Finalmente, el comunicado sobre Pell muestra que a nivel de la Santa Sede aún no se tiene conciencia del nivel de incoherencia que puede haber en los abusadores sexuales. Ni Marcial Maciel, ni Fernando Karadima, ni Luis Fernando Figari jamás enseñaron públicamente nada que se apartara de la moral cristiana. Y eso no fue obstáculo para que cometieran delitos que ningún cristiano avalaría. En consecuencia, se puede esgrimir a favor del cardenal Pell todo lo que se quiera que dice el comunicado. Eso no significa que no pueda haber cometido graves abusos sexuales. Sólo esperamos que esta vez se haga justicia.

(Columna publicada en Altavoz el 3 de julio de 2017)

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FUENTE

Religión Digital
Pell deja la Secretaría de Economía y regresa a Australia para defenderse de las acusaciones de abusos a menores
http://www.periodistadigital.com/religion/vaticano/2017/06/29/la-policia-australiana-acusa-al-cardenal-pell-de-abusos-sexuales-a-menores-religion-iglesia-vaticano-pederastia-australia.shtml

A LA MEMORIA DE UN CURA SODÁLITE

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Jürgen Daum, sacerdote sodálite, ha fallecido el 17 de mayo, víctima de cáncer.

Estuvo en mi misma promoción escolar en el Colegio Alexander von Humboldt. De carácter tranquilo y poco avispado, lo recuerdo como una persona bondadosa desde esa época, aunque nunca llegamos a ser amigos.

Mientras que yo fui captado por el Sodalicio gracias a mis vínculos con alumnos del Colegio Santa María (Marianistas) de Monterrico, Jürgen llegó al Sodalicio posteriormente a través de Giancarlo Bancalari, un vecino suyo, alumno del Colegio Antonio Raimondi.

Originalmente de religión protestante, Jürgen fue invitado a un retiro sin que los organizadores supieran de su confesión luterana, y pasó por las mismas dinámicas que se aplicaron en los retiros para iniciar el sometimiento psicológico de los jóvenes adolescentes que ingresarían al Sodalicio. Pues hasta ahora no se sabe de nadie en absoluto que se haya unido al Sodalicio siendo un adulto pleno. Y, por supuesto, el proceso siempre se dio al margen de los progenitores, sin comunicarse nunca directamente con ellos. Su paso hacia la Iglesia católica se hizo cuando aún era menor de edad, bajo la atenta supervisión de Virgilio Levaggi.

Siempre negó haber sufrido un lavado de cerebro y mantuvo su fidelidad al Sodalicio hasta el final, sin esbozar crítica alguna.

En octubre de 2013 concedió una entrevista al canal católico EWTN, donde dijo —entre otras cosas— que vivir con Figari «es vivir con un padre, y un padre que quiere lo mejor para sus hijos. Y en ese querer lo mejor para sus hijos, es exigente pero también es muy amoroso. Es un padre que, como todo padre, puede tener sus errores, sus dificultades, pero también es un padre que tiene la capacidad de saber pedir perdón, por sus errores y dificultades, y decir lo que siempre recuerdo que él nos decía a nosotros: “un padre quiere que sus hijos sean mejor que uno”».

En ese entonces ya se sabía que había una denuncia contra Figari, y yo ya había publicado una descripción desmitificadora del fundador en mi blog. Y según cuenta Óscar Osterling, Jürgen fue testigo mudo de algunos abusos cometidos por Figari.

Aún así, fue siempre un sacerdote ejemplar, de corazón benévolo y comprensivo. Quién sabe si los escándalos y una cierta dosis de decepción lo predispusieron físicamente a desarrollar la enfermedad que lo mató. Pues fue un hombre bueno, a pesar del Sodalicio, no gracias a él.

(Columna publicada en Exitosa el 20 de mayo de 2017)

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Se puede ver la entrevista al P. Jürgen Daum en el programa “Nuestra fe en vivo” de EWTN, emitido el 28 de octubre de 2013:

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El Sodalicio ha tenido pocos muertos a lo largo de su historia. El muerto más ilustre, Germán Doig —a quien se buscó presentar como un modelo de vida y una señal de que el Sodalicio era camino de santidad— resultó ser un bluff. Carlos Paredes, laico consagrado, y Sergio Ferreyros, laico casado, ambos fallecidos en el año 1995, fueron objeto de sentidos homenajes que buscaron presentarlos como frutos del camino sodálite, pero su recuerdo se ha ido difuminando con el tiempo.

No me extrañaría que se termine utilizando la memoria del querido P. Jürgen Daum como medio para lavarle la cara al Sodalicio y presentarlo como una institución que da frutos de santidad. Cuando es precisamente esta institución la que ha echado algunas sombras sobre el perfil personal de quien fue una persona de conciencia limpia.

Las “manzanas podridas” fueron fruto del sistema de disciplina que instauró Figari y reflejan el espíritu de una institución totalitaria, vertical y manipuladora de las conciencias de sus miembros, la mayoría de ellas personas buenas —sin lugar a dudas— a las que nunca se les ha enseñado a vivir la verdadera libertad de los hijos de Dios. Aquella libertad que nos libera de las garras del pensamiento ideológico —aunque se vista de colores religiosos— y que nos permite hallar belleza y vida en los incógnitos avatares de la historia de este mundo nuestro —el de los humanos de carne y hueso— sin necesidad de juzgarlo ni condenarlo inmisericordemente.

EL SODÁLITE QUE SE ATREVIÓ A DECLARAR ANTE LA COMISIÓN DE ÉTICA DEL SODALICIO

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César Oga en el año 2012

Cuando todavía era rector del Colegio San José de Cajicá, al norte de Bogotá, el entonces sodálite César Oga, nacido en Lima el 7 de agosto de 1975, decidió presentar su testimonio ante la Comisión de Ética para la Justicia y la Reconciliación, convocada por el Sodalicio. Rindió su declaración en marzo de 2016, lo cual habría sellado su destino, si es que no estaba sellado desde antes, cuando en marzo de 2015 escribió un análisis crítico del Sodalicio que envió a las autoridades correspondientes y que ya ha sido publicado en este blog (ver EL SODALICIO AL DESNUDO: REFLEXIÓN CRÍTICA DESDE ADENTRO).

Lo cierto es que César dejó de ser rector del colegio sodálite San José en junio de 2016, pidió licencia y finalmente enrumbó su vida por otros derroteros distintos a los que había seguido desde su adolescencia, cuando fue captado por el Sodalicio.

Antes de testimoniar ante la Comisión de Ética, redactó el 3 de marzo de 2016 un borrador con las ideas principales que le servirían para su declaración. El 15 de marzo me hizo llegar este documento, indicándome que todavía era sodálite activo.

Por este motivo y por la confidencialidad que le había prometido guardar, no me ha sido posible dar a conocer este texto hasta ahora. A continuación, el texto que César mismo me ha autorizado a que se publique siempre y cuando se omitan nombres de personas.

Su importancia radica en que presenta de manera sucinta y concreta los elementos que hacen del Sodalicio un sistema opresivo de pensamiento y disciplina que anula la personalidad y libertad de sus miembros, permitiendo que se cometan abusos de todo tipo. Asimismo, sugiere alguna medidas radicales que el Sodalicio debería implementar para poder reformarse, si eso es posible.

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DECLARACIÓN DE CÉSAR OGA ENTE LA COMISIÓN DE ÉTICA PARA LA JUSTICIA Y LA RECONCILIACIÓN (BORRADOR)

Antes que nada quiero agradecerles su tiempo y la labor que realizan para ayudar a hacer justicia a todas las personas que puedan haber sido afectadas por la organización y evitar futuros atropellos.

Quiero aclarar anticipadamente que esta declaración o denuncia no es a personas concretas sino a la lógica de un sistema u organización.

Mi hipótesis es que la organización está basada en unos principios autorreferenciales que privilegia a la organización por encima de la persona, y por lo tanto, esto la ha llevado a atropellos contra las individualidades y principios morales y éticos.

Esta absolutización de un principio autorreferente es una proyección de la personalidad del Fundador y quien para lograr la consecución de las metas institucionales creó una comprensión particular cerrada de la realidad con conceptos religiosos organizados y estructurados según esta conveniencia. Es lo que podríamos llamar una sistema de pensamiento.

El Sodalicio en su concepción de fondo es lo más parecido a una ideología basada en conceptos religiosos. La radiografía más clara de este fenómeno lo encontré en un texto del teólogo Romano Guardini que me gustaría citar:

«Desde el momento que existe una conciencia creyente que conoce la pura doctrina, y una autoridad que se encarga de defenderla, surge el peligro de la “ortodoxia”, esa mentalidad que cree que conservar la recta doctrina es ya la salvación, pero que en virtud de la pureza de la doctrina, atenta contra la dignidad de la conciencia. Desde el momento en que se instituye una regla de salvación, un culto y un ordenamiento comunitario, surge el peligro de pensar que su realización exacta es ya la santidad a los ojos de Dios. Desde el momento en que existe una jerarquía de las funciones y de los poderes, de la tradición y del derecho, surge el peligro de ver ya el reino de Dios en la autoridad y en la obediencia mismas. Tan pronto como en lo sagrado se establecen normas y se distingue entre correcto e incorrecto, amenaza el peligro de coartar desde allí la libertad de Dios y de enmarcar como en derechos lo que viene exclusivamente de su gracia… Por muy noble que sea un pensamiento, tan pronto como penetra en el corazón humano genera en él contradicción, mentira y maldad. Esto es lo que ocurre también con lo que viene de Dios.»

Pienso que el Sodalicio es un sistema de pensamiento de corte religioso que, al haber sido absoluto y totalizante, ha creado sus propias reglas de acción.

Cosmovisión: a este sistema totalizante de la realidad se le llamó, entre nosotros, cosmovisión sodálite. En otras palabras, el Sodalicio gozaba, por gracia de Dios, de una concepción del mundo con unas claves hermenéuticas propias que nos hacían aventajados para entender la realidad y el ser humano. Hay en todos nuestros manuales formativos el desarrollo de los que llamábamos antropología sodálite, nuestra exclusiva visión del hombre.

Esta cosmovisión tenía varios conceptos fuertes que nos inculcaban:

Concepto de la vocación: la vocación era concebida como una realidad ontológica que determinaba la estructura constitutiva de la persona y por lo tanto, no había otra opción sino responder o poner en riesgo la salvación y felicidad de la persona. Esta vocación ya venía en el ADN de la persona antes de nacer.

Estilo: el estilo es un concepto clave del ordenamiento sodálite. El estilo era la expresión en la vida de esta vocación. Así como el concepto del llamado o vocación, el estilo era un concepto totalizante. Había un estilo sodálite único en todo, vestir, pensar, actuar, en la decoración de las casas, en la estética en general, en el comportamiento ético, etc. Era por lo tanto un criterio moral para juzgar el comportamiento de los sodálites en todos los aspectos de su vida. Este concepto determinaba en lo cotidiano si el sodálite era fiel o infiel a su vocación.

Autoridad: siendo yo superior a una edad corta, 26 años, se nos enseñó que nosotros éramos los custodios del estilo y los que determinábamos lo que Dios quería para las personas. La autoridad sodálite era en su esencia controlista.

Estructura autoritaria: Luis Fernando para tener un poder absoluto e incuestionable de la organización creó una estructura de gobierno a su medida. Y en ese mismo sentido, la estructura de gobierno posicionaba a los superiores como elementos que garantizaban la unidad y cohesión comunitaria.

Constituciones: si uno lee las Constituciones del Sodalicio con esta clave puede ver que el documento está planteado para que el miembro de la organización sea un instrumento sujeto a la arbitrariedad de los superiores. Las premisas son:

  • La vocación sodálite es a la plena disponibilidad apostólica.
  • La obediencia es el compromiso fundamental del sodálite.
  • La obediencia debe ser en todo como la de Jesús al Padre.
  • Y nunca se establece los límites o alcances de la autoridad.

Este es el fondo de muchos excesos de los superiores que desde su capricho, y muchas veces, sin mala intención, generó atropellos contra sodálites que hoy se sienten heridos psicológicamente.

Otro aspecto de las amarguras de muchas personas tiene que ver con las prácticas de reclutamiento.

Reclutamiento: el apostolado vocacional o reclutamiento se hacía en el colegio, como ejemplo es que la actividad bandera del Sodalicio es Convivio. La mayoría de las vocaciones, por lo menos en la bonanza vocacional, han sido captadas en edades escolares, 17 años, en donde la persona no tiene suficiente criterio de juicio pero está predispuesta a opciones radicales. Siguiente al reclutamiento estaban las prácticas formativas.

Formación: la formación estaba orientada a quebrar la voluntad de la persona. Las dinámicas de la obediencia irracional, los ejercicios extremos, los castigos, las introspecciones psicológicas apuntaban a ello.

Antropología negativa: así llamo yo el aspecto formativo que ve a sodálite como un potencial pervertido sexual. Hay un freudianismo en la visión sexual sodálite. La muestra más clara de ello es la política de estar siempre acompañados.

Capitalización de la persona en beneficio de la comunidad: pienso que de aquí parte otra herida y frustración de muchas personas que hoy sienten una injusticia de la comunidad: haber entregado 10, 15, 20 años de sus vidas a favorecer a la organización con la única retribución del deber cumplido.

Injusticia laboral: si una persona que ha servido a la organización por 15 o más años toma conciencia de que ése no es su lugar, ésta está destinada a la más injusta situación de sostenimiento. Es decir: sin ningún dinero cotizado a un fondo de pensión, sin ninguna liquidación, sin seguro médico, sin una experiencia laboral que lo haga competitivo en el mundo. Además, los sodálites en su generalidad no perciben el sueldo de sus trabajos. Yo soy un ejemplo, durante nueve años como fundador y rector del colegio San José no he recibido un sueldo por ese trabajo.

Si bien hoy en día muchos de estos principios que se expresaban en normas y directrices explícitas ya no lo son, considero que la cultura interna está impregnada de ellos. Es común que dentro de la comunidad los que quedamos justificamos que el Sodalicio es una obra buena por los frutos. Pero no se considera la cantidad de personas que hoy en día están fuera de la comunidad con reparos, por decir lo menos. y si no, heridas en sus vidas. Valdría la pena hacer un cálculo estadístico de todos los sodálites que han pasado por comunidad pero que hoy están por fuera. Un cálculo somero es del 65%, y percibo que los que actualmente forman parte de la comunidad tienen un perfil común y es el que podría llamarse, sin mucha precisión, conservador, o que siguen por inercia en la organización por que dependen de ella.

Pienso, además, que una transformación en la actualidad, muy sutil por cierto, de todo este pensamiento de connotaciones ideológicas es la absoluta seguridad que se tiene entre los que aún quedamos, y especialmente de los superiores actuales, que el carisma o la comunidad es algo querido por Dios. Me parece particularmente peligroso entre nosotros esa afirmación, ya que si se parte de esa seguridad de elección divina, el riesgo de convertirnos nuevamente en mesías del mundo es muy grande.

Yo creo que la comunidad se va ir debilitando poco a poco. Las vocaciones son escasas, hay una crisis de identidad y un desánimo generalizado. Sus fundamentos conceptuales, su espiritualidad está en entredicho. Ha hecho daño a mucha gente y las pocas fuerzas que le quedan deberían estar destinadas a esta reparación.

Debo terminar diciendo que yo reconozco haber sido parte del sistema y por lo tanto victimario sobre todo cuando fui superior de una comunidad de formación. Y a la vez, hoy en día, me siento víctima del sistema de autoridad, representado en [Fulano] y [Zutano].

Ellos son un ejemplo de cómo pueden hacer mucho daño no con insultos, golpes y abusos sexuales sino creyéndose los poseedores de la verdad y sintiéndose con la autoridad para imponer sus puntos de vista o los defectos de su sensibilidad sobre las personas.