GLOSAS A UN COMUNICADO DEL TREMENDO ARZOBISPO

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Mons. Eguren durante el Día del Juez (4 de agosto de 2016) con el Dr. Juan Carlos Checkley Soria, entonces Presidente de la Corte Superior de Justicia de Piura

El 14 de febrero de 2019 la Oficina de Prensa y Comunicaciones del Arzobispado de Piura emitió un comunicado, respondiendo a diversos cuestionamientos referentes a la querella interpuesta por Mons. José Antonio Eguren Anselmi en contra de Pedro Salinas, que ha terminado en primera instancia con una condena del periodista a un año de prisión suspendida, 120 días de trabajo comunitario y una reparación civil de 80 mil nuevo soles.

Reproduzco el comunicado entero (ver http://arzobispadodepiura.org/cuadro-derecho-pagina-inicio/comunicado-ante-la-sentencia-por-difamacion-contra-el-periodista-pedro-salinas-chacaltana/) incluyendo en cursivas mis comentarios personales.

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COMUNICADO DEL ARZOBISPADO DE PIURA POR EL CASO DEL SEÑOR PEDRO SALINAS

Ante todo lo que en estos días se viene diciendo en los diferentes medios de comunicación respecto a la querella interpuesta por el Arzobispo Metropolitano de Piura y la sentencia contra el periodista Pedro Salinas Chacaltana, es conveniente precisar y aclarar algunos puntos.

SOBRE LA QUERELLA Y SENTENCIA POR DIFAMACIÓN

1. En relación a la sentencia condenatoria contra el periodista Pedro Salinas Chacaltana, pronunciada por la Jueza del Primer Juzgado Unipersonal Penal de Piura el día lunes 8 de abril, debemos indicar que Mons. Eguren nunca tuvo la intención de que se llegara a este extremo. A él, le apena mucho que se haya tenido que llegar hasta esta instancia.

Mons. Eguren nunca ha salido a declarar nada sobre la querella interpuesta contra Pedro Salinas. Siendo el demandante, tampoco se ha hecho presente en ninguna audiencia ni tampoco ha hecho personalmente ninguna declaración pública respecto a los sentimientos que le suscita este proceso. Dicho de otro modo, Mons. Eguren nunca ha dado la cara ni ha solicitado una cita para dialogar con Pedro Salinas y manifestarle el enorme pesar que siente por haber iniciado esta querella. Así como el Sodalicio ha evitado en lo posible un diálogo personal con las víctimas, de igual manera Mons. Eguren ha evitado tener que pedirle disculpas en persona a Salinas, víctima reconocida de la institución sodálite, por haberse visto obligado a querellarlo. Recién nos enteramos que abriga tan nobles sentimientos a través de un impersonal comunicado escrito. ¿Será sincero? Porque el papel lo aguanta todo.

2. La querella ha sido el último recurso que le ha quedado a Mons. Eguren ante la reiterada negativa del Señor Salinas a rectificarse y a llegar a algún tipo de conciliación. Que quede claro que la querella no es ninguna forma de venganza sino el último recurso que le ha quedado a Mons. Eguren para defender su honor y buen nombre, los cuales se vieron lesionados por las afirmaciones del Sr. Salinas. Reiteramos que si se llegó a este punto es porque el Sr. Salinas no quiso rectificar sus afirmaciones difamatorias y desestimó toda la información que se le hizo llegar, vía notarial, lo cual probaba que lo que decía era falso. A pesar de ello él continuó utilizando en sus publicaciones afirmaciones irreproducibles y abiertamente denigrantes contra Mons. Eguren.

La información que Mons. Eguren le hizo llegar a Pedro Salinas no demuestra la falsedad de lo que éste había escrito (ver https://lavozatidebida.lamula.pe/2018/03/22/la-carta-del-sodalite-eguren/pedrosalinas/).

Salinas no podía en conciencia rectificarse porque ninguna de sus afirmaciones sobre Mons. Eguren era inventada por él ni carecía de una sustento lógico y racional basado sobre hechos conocidos. Mons. Eguren no parece darse cuenta de que el hecho de que no existan denuncias judiciales contra él no significa necesariamente que lo que se ha relatado sobre él sea falso, pues —que yo sepa— el poder judicial no es la fuente última de la verdad ni la medida de todas las cosas en este aciago mundo en que vivimos.

Por otra parte, nada de lo que dijo Salinas resulta irreproducible salvo para beatas mojigatas que besan anillos episcopales y reverencian sotanas santurronas. Y si la información contenida en lo dicho es veraz y plausible, ¿dónde están las afirmaciones denigrantes? Resulta contradictorio acusar a alguien de haber hecho ciertas afirmaciones, pero no reproducirlas debido a que son “irreproducibles”. Lo correcto es informar a los lectores, transcribiendo esas afirmaciones, y dejar que ellos opinen.

3. La querella contra el Señor Salinas NO ha sido motivada por la investigación, ni por ninguna de las afirmaciones contenidas en su libro “Mitad Monjes y Mitad Soldados”. El Sr. Salinas ha intentado reiteradamente vincular la querella a su investigación periodística sobre los casos de abusos cometidos al interior del Sodalicio, lo cual es falso. La querella se sustenta exclusivamente en dos afirmaciones suyas. Él ha dicho que, Mons. Eguren es el creador del sistema de abusos físicos, psicológicos y sexuales al interior del Sodalicio, que es un abusador y encubridor. La otra, es que es el personaje clave de una trama de tráfico de tierras realizadas en la ciudad de Piura por la organización criminal “La Gran Cruz”.

Curiosamente, Mons Eguren no ha querellado a José Enrique Escardó, quien ha relatado abusos que habría cometido aquél en perjuicio suyo. Desde hace 19 años Escardó ha reiterado varias veces su historia sin desdecirse ni un ápice de lo dicho, y esta cosas también afectarían negativamente la honra del prelado sodálite, incluso más que las afirmaciones de Pedro Salinas y Paola Ugaz.

Yo tampoco he sido querellado, no obstante haber recibido una carta de Eguren pidiéndome una rectificación de mi artículo MONS EGUREN, LA FACHADA RISUEÑA DEL SODALICIO. En lo único que me he retractado es en el uso de los términos de “cómplice” y “encubridor”, indicando que no podía juzgar si Eguren era consciente de lo que implicaban las cosas que vimos juntos, y que yo he identificado posteriormente como abusos en toda regla (ver ¿COMPLICIDAD Y ENCUBRIMIENTO? – RESPUESTA A MONS. EGUREN). Sin embargo, no hay duda de que él también vio esas cosas, e incluso participó de una medida punitiva hacia mí que atentaba contra derechos fundamentales de la persona y que me sumió en una crisis de tal calibre, que durante siete meses suscitaría en mí deseos de que me sobreviniera la muerte.

Como ya he indicado, no sé en qué medida Mons. Eguren ha tomado conciencia de la gravedad de esos hechos que han sido tan frecuentes en las comunidades sodálites. En caso de que todavía crea que son meros “rigores de la formación”, podría ponerse en duda su capacidad moral y psicológica para seguir desempeñando el cargo de pastor de la Iglesia, dado que no se hallaría en situación de discernir adecuadamente situaciones que atentan contra la integridad física y psicológica de las personas.

Tampoco ha demando a Daniel Yovera, el periodista que hizo la investigación para el documental de Al Jazeera que involucra a Mons. Eguren en una cuestión de tráfico de tierras en Piura. Mucho menos se ha atrevido a denunciar a la cadena televisiva Al Jazeera. Ni siquiera ha querellado a Samuel Alberca, al principal testigo —no el único— que lo implica en acciones criminales, echándolo calato al agua.

Los únicos demandados son Pedro Salinas y Paola Ugaz, que tienen en común ser co-autores del libro “Mitad monjes, mitad soldados”. Es cierto que no los demanda por afirmaciones hechas en el libro. Pero dado que hay otras personas a las que con mayor razón debería haber demandado por afectar en mayor medida su honor y no lo ha hecho, no es gratuito suponer que la razón remota de las querellas contra ambos periodistas sería el haber destapado los abusos del Sodalicio con su investigación periodística.

Por otra parte, lo que ha dicho Pedro Salinas textualmente en su artículo “El Juan Barros peruano” es lo siguiente:

«La primera denuncia que se hace en el año 2000 contra el Sodalicio, formulada por el periodista José Enrique Escardó, es contra el sodálite Eguren, dicho sea de paso, uno de los discípulos directos y cercanos de Luis Fernando Figari, y miembro de la denominada “generación fundacional”. O sea, alguien que, como Germán Doig, Virgilio Levaggi y Jaime Baertl, le conocen todas sus cosas al fundador del Sodalicio.

Por eso, el símil con Barros le cae como un guante. Pero no solo ello. Eguren es además señalado en diversos reportajes de investigación, como presuntamente implicado en casos de tráficos de terrenos en la ciudad de Piura, y vinculado a la organización criminal La Gran Cruz. Sobre esto puede verse el reportaje de investigación que hizo hace unos meses la cadena Al Jazeera o leer el libro El Origen de la Hidra (Aguilar, 2017), de Charlie Becerra».

En su posterior comentario a la carta notarial que le envió Mons. Eguren, Salinas dice lo siguiente:

«…estábamos —y seguimos— convencidos de que Eguren, uno de los sodálites más antiguos, miembro de la denominada “generación fundacional”, es decir, parte del grupo de sodálites de confianza de Figari, y partícipe de este tipo de maltratos seriales que reseña José Enrique Escardó, no fue ajeno a esta cultura de abusos y atropellos, en la que se humilló y vejó a demasiados jóvenes, que, hoy por hoy, padecen, como mínimo, de síndrome de estrés postraumático».

Salinas en ningún momento ha dicho que Mons. Eguren haya sido creador del sistema de abusos, sino que como miembro de la generación fundacional —hecho consignado en la reseña autobiográfica del prelado que aparece en la página web del Arzobispado de Piura— no habría sido ajeno a este sistema de abusos físicos y psicológicos (los sexuales ni los menciona, ni acusa a Mons. Eguren de haberlos planeado o promovido). Tampoco dice taxativamente que él sea “pieza clave” del tráfico de tierras en Piura realizado por la banda criminal La Gran Cruz, sino que señala que el documental de investigación periodística de Al Jazeera lo involucra en este asunto.

En otra palabras, Pedro Salinas habría sido condenado no por lo que dijo literalmente —que no encajaría propiamente dentro del concepto de difamación—, sino por lo que Eguren dice que Salinas ha dicho.

4. La querella interpuesta al Señor Salinas ha sido totalmente a título personal por lo que rechazamos tajantemente que el Sodalicio de Vida Cristiana esté detrás de ella como malintencionadamente se viene afirmando.

Si la querella ha sido a título personal, ¿por qué entonces el comunicado de Eguren sobre este asunto no se realiza a título personal, sino que es publicado oficialmente por la Oficina de Prensa y Comunicaciones del Arzobispado de Piura? Que yo sepa, no es el Arzobispado de Piura el que ha iniciado la querella, ni tampoco es un asunto en el cual se vea involucrada toda la entidad arzobispal. ¿No estaría Eguren utilizando la circunscripción eclesiástica confiada a su jurisdicción para fines meramente personales? Si Rafael Rey tuviera un litigio judicial que sólo lo involucrara a él como persona, ¿cualquier comunicado aclaratorio debería hacerse a través del Banco Central de Reserva?

A esto hay hay que añadir que, cuando se sospecha que el Sodalicio está detrás de las querella, no hay mala intención sino indicios. Como, por ejemplo, la constancia emitida el 4 de diciembre de 2018 por Fernando Vidal, entonces Vicario General del Sodalicio, donde se señala que «no existe ninguna mención, acusación ni referencia a Mons. José Antonio Eguren Anselmi» en los dos informes emitidos por las comisiones convocadas por el Sodalicio —siendo que ambos documentos no mencionan a casi nadie por su nombre (sólo se menciona a Figari en uno de ellos y a cinco abusadores en el otro, anonimizando a otros cuatro)— y en los informes personales elaborados por la Comisión de Ética para la Justicia y la Reconciliación de que dispone el Sodalicio, que no son ni la tercera parte de la totalidad de informes que fueron emitidos. Asimismo, cuando Mons. Eguren envió una carta notarial a Altavoz pidiendo la rectificación de un artículo escrito por mí (MONS. EGUREN, LA FACHADA RISUEÑA DEL SODALICIO), adjuntó una copia de mi informe personal, siendo así que la Comisión de Ética había remitido esa informe a las autoridades del Sodalicio sólo para la implementación de las recomendaciones. Mons. Eguren no tenía por qué tener acceso a ese documento, y aún así el Sodalicio le facilitó una copia.

El Sodalicio parecería estar guardándole las espaldas a Mons. Eguren y hasta ahora no ha emitido ningún comunicado oficial haciendo un deslinde frente a las acciones legales iniciadas por el arzobispo de Piura y Tumbes.

5. Frente a las afirmaciones del Sr. Salinas de que la intención de Mons. Eguren es “meterlo preso” y “beneficiarse” con la reparación civil, debemos afirmar que desde la primera audiencia de la querella, el abogado de Mons. Eguren, siguiendo su pedido, solicitó a la Jueza que en caso de ser encontrado culpable el Sr. Salinas no recibiese condena de cárcel efectiva. Por tanto, desde antes que comenzase el juicio, el Sr. Salinas ya sabía que no iba ir a prisión si lo condenaban. En cuanto al dinero de la reparación civil cabe precisar también que desde el primer momento éste fue donado al Centro de Reposo de los Hermanos de San Juan de Dios en Piura, obra que no tiene relación alguna con el Sodalicio de Vida Cristiana.

Aquí hay algo que huele a chamusquina. En una denuncia penal, ¿puede la parte afectada determinar cómo se ha de aplicar la pena? ¿No es la jueza la que debe decidir en base a la ley, con absoluta independencia y sin influencia del denunciante?

Por otra parte, ¿cuál es el beneficio de no sufrir pena de carcelería comparado con el daño que se le hace a un periodista cuando arbitraria e injustamente se le condena por difamación? Mons. Eguren estaría tratando de parecer bondadoso, pero no le liga. Esto podría traducirse así: «te perjudico gravemente en tu oficio, pero debes agradecerme por no ir a la cárcel gracias a la influencia que ejerzo sobre la jueza». De Ripley.

Por otra parte, me parece muy loable que Mons Eguren quiera hacer una donación a una obra caritativa en Piura, pero lo correcto sería que la haga con su propio dinero y no con el que le está sacando a un periodista que no dispone de ese monto. No es muy caritativo que digamos, ni compatible con el amor cristiano, hacer una obra de caridad arruinando a otro y sin mojarse uno.

6. La querella se presentó en Piura porque el artículo 5 del Código Procesal Penal indica que el lugar del delito es también aquel donde se producen sus efectos. En este caso, el lugar es innegablemente Piura, donde Mons. Eguren ejerce su trabajo pastoral.

¿O sea que los efectos de la supuesta difamación se restringirían únicamente a Piura? ¿O sea que Pedro Salinas publica un artículo de opinión con motivo de la participación de Eguren en la Misa del Papa Francisco en Trujillo, adonde asistieron periodistas no sólo del Perú sino también de medios internacionales, y sólo lo leyeron en Piura? Lo que ahí se dice, ¿no ha tenido resonancia a nivel nacional en el Perú?

El artículo citado del Código Procesal Penal dice lo siguiente: «El lugar de comisión de un delito es aquél en el cual el autor o partícipe ha actuado u omitido la obligación de actuar o en el que se producen sus efectos». No se trataría de dos opciones a elegir, sino que la segunda se aplicaría por defecto cuando la primera no sea posible. Pedro Salinas publicó su artículo en La Mula, medio informativo que tiene su sede en Lima, por lo cual desde un principio el proceso judicial debió realizarse en esta ciudad.

7. Es conveniente señalar además que el proceso se ha llevado con toda corrección siguiendo el nuevo Código Procesal Penal vigente en Piura, por lo que no ha habido ninguna irregularidad durante el proceso.

Esto no le compete dictaminarlo al Arzobispo de Piura, sino al Poder Judicial.

Por de pronto, sólo yo declaré como testigo via Skype mientras que otros testigos fueron excluidos sin razón suficiente, con lo cual la defensa de Salinas no contó con todos los medios para demostrar que lo que había afirmado el periodista podía ser corroborado por otros. Asimismo, el modo de proceder del abogado de Eguren, el Sr. Percy García Cavero, ante mi testimonio no estuvo exento de irregularidades. Tras hacerme preguntas complejas me exigía que respondiera con “sí” o con “no” (es decir, me sugería las únicas respuestas admisibles para él) y me interrumpía cuando yo quería hacer una explicación a fin de situar mi respuesta en un contexto. Por ejemplo, me preguntó si el Sodalicio me había reconocido como víctima, requiriéndome contestar con un “sí” o con un “no”, supuestamente con el fin de deslegitimar lo que yo había relatado sobre Eguren. Al final le respondí que no había sido reconocido como víctima por la institución victimaria, pero sí por la Comisión de Ética para la Justicia y la Reconciliación. Me preguntó si Salinas y yo coordinábamos cuando íbamos a escribir algo, sugiriendo que había una especie de conspiración contra la Iglesia católica y contra Mons. Eguren, y le dije claramente que no, que yo era católico creyente y Salinas, agnóstico. A continuación, me preguntó si yo había tenido comunicaciones telefónicas con Salinas en la cual habíamos compartido información. En conclusión, no indagó sobre los hechos que yo había relatado respecto al comportamiento de Eguren en las comunidades sodálites, sino que buscó sacar conclusiones de hechos circunstanciales, a fin de demostrar que había un plan siniestro en contra del representante de la Iglesia católica en Piura. Por supuesto, la jueza no dijo nada y dejó actuar al Sr. García Cavero.

8. Frente a las afirmaciones acerca del omnímodo poder que Mons. Eguren tendría en Piura, y en particular sobre las autoridades judiciales de la Región, el fallo por mayoría de la Segunda Sala de Apelaciones de la Corte Superior de Justicia de Piura del día 11 de abril pasado, que ha decidido trasladar a la ciudad de Lima la querella interpuesta por él contra la Sra. Paola Margot Ugaz Cruz por difamación agravada, desvirtúa esta falsedad que viene siendo divulgada arbitraria y abusivamente una y otra vez tanto por el Sr. Salinas como por la Sra. Ugaz creando así mucha desinformación en la opinión pública y una presión mediática pocas veces antes vista.

Esto no demuestra nada. Más bien sería un indicio de que las probabilidades de demostrar las acusaciones contra Paola Ugaz y obtener una sentencia condenatoria son reducidas, por lo cual se permitiría que la querella interpuesta sea trasladada a Lima a fin de aparentar imparcialidad.

Lo que sí demuestra esto es la arbitrariedad con la que ha procedido el Poder Judicial en Piura. El documental en el cual aparece Paola Ugaz fue lanzado al aire por la cadena Al Jazeera, que tiene su sede en Doha (Catar), mientras que el artículo cuestionado de Pedro Salinas fue publicado por La Mula, con sede en Lima (Perú). Además, dadas las similitudes de ambas querellas, el proceso judicial de Salinas debería haber sido trasladado a Lima desde un principio. Razón de más para pedir la nulidad de todo el proceso.

9. Se afirma falsamente que la querella que ha interpuesto Mons. Eguren es una amenaza a la libertad de expresión. Frente a ello debemos decir que la libertad de expresión si bien es un gran valor a promover en nuestra sociedad democrática, no es un valor absoluto y tiene límites: el respeto al honor y al buen nombre de las personas. En ese sentido la sentencia no constituye una mordaza a la libertad de expresión.

Lo que el comunicado olvida mencionar es que el derecho al honor y al buen nombre también tiene sus límites, como por ejemplo cuando en la labor periodística se tiene que investigar la verdad en un asunto que afecta al bien común y se llega a conclusiones sobre personas públicas que pueden dejar mal paradas a éstas. Esto encuentra justificación en la más rancia doctrina moral católica. Como decía Santo Tomás de Aquino: «También puede suceder a veces que uno diga palabras que atacan la fama del prójimo no porque lo quiera, sino por otros motivos. Y esta no es una detracción en sentido verdadero y propio, sino que lo es solo materialmente y como per accidens. Más aún, si uno profiere palabras lesivas de la fama de otro por un fin bueno o necesario, respetando las debidas circunstancias, no es un pecado y no se puede hablar de maledicencia» (S.Th., II-II, q.73, a.2, c).

10. Es verdad que el Santo Padre Francisco ha agradecido la labor de los periodistas, que mediante sus investigaciones contribuyen a denunciar los abusos dentro de la Iglesia para así castigarlos y asistir a las víctimas, y Mons. Eguren se une a ese agradecimiento, pero no es menos cierto que el Papa Francisco también les ha recordado a los periodistas que éstos deben evitar cuatro pecados o cuatro actitudes malas: la desinformación, la calumnia, la difamación y el amor a los escándalos (coprofilia) (Entrevista al periodista español Jordi Évole del 31 de marzo pasado). En relación a la calumnia, el Papa pregunta al periodista Évole: “Además (refiriéndose al poder que hoy en día tienen los medios de comunicación), ¿quién le va a hacer juicio? Nadie. Por ahí uno se atreve”.

Lo que no quiere ver Mons. Eguren es que la primera parte de este párrafo se aplica a Pedro Salinas y a Paola Ugaz, mientras que sólo en su imaginación calenturienta se les aplicaría lo segundo. Hasta ahora no se ha demostrado fehacientemente que hayan caído en esas actitudes negativas.

11. En ningún momento Mons. Eguren ha pretendido que lo que se ha investigado sobre los abusos en el Sodalicio sea falso y no hayan víctimas. Desde un primer momento declaró que hay víctimas y que hay responsables, y que ellos tendrán que asumir las consecuencias, pero no se puede hacer una imputación o acusación generalizada. No se puede decir que todos los miembros de Sodalicio fueron abusadores.

¿Y cuándo va a asumir Mons. Eguren las consecuencias de lo que le hizo a José Enrique Escardó y de lo que me hizo a mí? ¿Cuando va a dar el paso de admitir vaga y generalmente que hubo víctimas, a reconocerlas individualmente y pedirles perdón por el daño que se les hizo en la institución a la cuál él sigue perteneciendo? Es cierto que no se puede meter a todos los miembros del Sodalicio en un mismo saco. ¿Pero acaso no se puede decir que el mismo sistema de disciplina sodálite es pernicioso pues habría permitido y propiciado que se cometan abusos? ¿No se puede decir que quienes han estado cerca de Figari y han participado desde un principio en la plasmación y configuración del Sodalicio —y además han tenido puestos de responsabilidad— son también co-responsables de un sistema basado sobre el abuso de poder —con la obediencia absoluta como única respuesta admisible— y que incluye los abusos psicológicos y físicos en el paquete?

No es cierto que todos los miembros del Sodalicio hayan sido abusadores —por lo menos conscientemente—, pero también es cierto que todos los que tuvieron puestos de autoridad o responsabilidad sobre otros habrían cometido abusos, porque el mismo sistema se los exigía. Era de precepto “entrarle a la gente” (mediante introspecciones que violaban el derecho a la intimidad), “sacarle la mierda”, humillar a los que tenían opinión propia diferente al pensamiento único sodálite, doblegar a los que se resistían a exigencias excesivas, generar desconfianza y hasta desprecio hacia los propios progenitores, someter los intereses de estudio y profesionales de uno a lo que decidieran los superiores, aplicar castigos desproporcionados por faltas menores o por acciones que en un contexto normal no hubieran sido consideradas como faltas, exigir el cumplimiento de órdenes absurdas muchas veces agotadoras y extenuantes, aplicar métodos salvajes de formación sobre todo en las casas de San Bartolo, dejar desprotegidos a los sodálites de comunidades sin seguro de salud ni de jubilación, mantener a algunos sodálites de comunidades al servicio del fundador las 24 horas del día sin remuneración ni descanso suficiente, etc. Y todo esto lo sabía Eguren. ¿Lo seguirá avalando? Hasta ahora no ha dicho nada al respecto.

SOBRE EL PRONUNCIAMIENTO DE LA PRESIDENCIA DE LA CONFERENCIA EPISCOPAL PERUANA

Al respecto debemos aclarar que NO se trata de un Comunicado de “Los Obispos de Perú”, sino tan sólo de la Presidencia, al cual se ha adherido el nuevo Arzobispo de Lima.

Es cierto que el comunicado es sólo de la Presidencia de la Conferencia Episcopal Peruana, pero también es obvio que esta instancia no habría dado ese paso si no contara con el apoyo de la gran mayoría de los obispos peruanos. Asimismo, este tipo de medidas suelen tomarse cuando no han dado resultado las medidas previas efectuadas de manera personal. ¿O acaso Mons. Eguren va a negar que varios hermanos obispos ya le habrían aconsejado desistir de la querella por el perjuicio que le ocasiona a la imagen de la Iglesia católica en el Perú? En ese sentido van las palabras de Mons. Reinaldo Nann, obispo de Caravelí: «Fraternidad sí, pero también corrección fraterna. La crisis de los abusos sexuales nos ha mostrado que no puede haber un espíritu de cuerpo cuando se trata de crímenes a los menores».

Es sensato suponer que son muchos los obispos peruanos que no quieren caer bajo la presunción de haber encubierto abusos y no quieren exponerse al riesgo de que el Papa Francisco envíe investigadores al Perú para ver qué hay detrás de todo este asunto. «…no son solo dos obispos los que no están de acuerdo con monseñor Eguren, son muchos. Y no quiero que la opinión publica me identifique a mí ni a la Iglesia con el apoyo a un cuestionado obispo del Sodalicio», señala Mons. Nann. Marcar una distancia frente a Mons. Eguren —quien, no obstante haber estado en la institución sodálite prácticamente desde sus inicios, no se ha manifestado sobre los abusos ni le ha dedicado palabras a las víctimas, recayendo sobre él la sospecha de ser un encubridor— parecería ser lo más recomendable, a fin de evitar que a todos les caiga el guante en mayor o menor medida.

En estos días no han sido pocas las llamadas y mensajes de solidaridad que Mons. Eguren ha recibido de varios Obispos del Perú, así como de sacerdotes, y laicos, a los cuales agradece profundamente, por su cercanía, fraternidad y oraciones.

Es curioso que el comunicado no mencione números ni siquiera aproximados. ¿Esos obispos del Perú son la mayoría? ¿Esos sacerdotes y laicos son representativos? Recordemos que hasta Mons. Cipriani, uno de los obispos más impopulares entre sus hermanos en el episcopado, tenía su corte de ayayeros.

Como hemos comunicado en su momento, este pronunciamiento se ha realizado apresuradamente sin tener el texto íntegro de la sentencia que recién será leído el lunes 22 de abril por la Jueza del Primer Juzgado Unipersonal Penal de Piura, ya que lo que se ha adelantado el pasado lunes 08 de abril ha sido únicamente el fallo condenatorio.

Basta con saber que hay un fallo condenatorio contra Pedro Salinas para que se justifique el pronunciamiento conjunto de la Presidencia de la Conferencia Episcopal Peruana y el Arzobispo Metropolitano de Lima. El conocimiento del texto íntegro de la sentencia no va a dar luz nueva sobre los datos conocidos, ni va a cambiar el hecho de que un arzobispo sodálite querelló a quienes destaparon los abusos del Sodalicio mediante una investigación periodística —reconocida como seria incluso por la Congregación para la Doctrina de la Fe—, mientras guardó silencio sobre los abusos psicológicos y físicos de los cuales tuvo conocimiento en la institución a la cual todavía pertenece.

San Miguel de Piura, 14 de abril de 2019.

OFICINA DE PRENSA Y COMUNICACIONES

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REFERENCIAS

Pedro Salinas
El Juan Barros peruano (2018-01-20)
https://lavozatidebida.lamula.pe/2018/01/20/el-juan-barros-peruano/pedrosalinas/
La carta del sodálite Eguren (2018-03-22)
https://lavozatidebida.lamula.pe/2018/03/22/la-carta-del-sodalite-eguren/pedrosalinas/

Conferencia Episcopal Peruana
Comunicado sobre la decisión judicial contra un periodista por el caso Sodalitium (10 de abril de 2019)
http://iglesia.org.pe/2019/04/10/comunicado-de-la-conferencia-episcopal-peruana-y-el-arzobispo-de-lima-sobre-la-sentencia-contra-un-periodista-por-el-caso-sodalitium/

Reinaldo Nann, Obispo de Caravelí
¿Pleitos entre obispos? (14 Abr 2019)
https://larepublica.pe/politica/1449433-pleitos-obispos

Al Jazeera
Peru: The Sodalium Scandal (17.12.2016)

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LAS LAGUNAS MENTALES DEL DOCTOR MENDOZA

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El doctor Carlos Mendoza Angulo, a quien parece que le gusta alardear verbalmente de sus títulos y maestrías en ciencias psiquiátricas tanto como de sus membresías en importantes asociaciones del ramo de la psiquiatría, se presentó el 18 de marzo de 2019 en el Congreso ante la Comisión de Abusos contra Menores presidida por Alberto de Belaúnde para presentar sus descargos ante diversos testimonios que lo comprometen en prácticas cuestionables en el tratamiento de algunos personas entonces vinculadas al Sodalicio de Vida Cristiana.

Mendoza dio su versión de lo que recordaba de aquellos hechos. Aparentemente sus recuerdos están llenos de lagunas que, en caso de no ser intencionales y premeditadas, requerirían que el susodicho se someta urgentemente a una psicoterapia para mejorar la memoria.

Cuando el congresista De Belaúnde le pregunta sobre sus relaciones con el Movimiento de Vida Cristiana (MVC), admite que perteneció a él cuando estaba en la universidad pero que su participación se limitó a la asistencia a algunas charlas y conferencias, y eventualmente a alguna misa. Cuando se le pregunta sobre Luis Fernando Figari, Germán Doig, Jaime Baertl y Eduardo Regal, dice que sabe quiénes son, pero niega conocerlos, pues su relación con ellos se limitaría a haber participado de charlas, eventos o misas, donde actuaban de expositores o, en el caso de Jaime Baertl, de sacerdote celebrante de una que otra misa. «No puedo decir que lo conozco, esa frase desborda ampliamente lo que yo puedo decir de él», dice sobre Figari. Algo similar dice de Doig: «conocerlo, eso queda muy grande, es una frase muy grande». Es decir, los habría visto siempre desde lejos y nunca habría mantenido una conversación con ninguno de los mencionados ni habría interactuado personalmente con ellos. De José Ambrozic dice que es amigo suyo, una buena persona, al que ve con muy poca frecuencia, una vez al año, dado que reside en Estados Unidos. Admite que lo conoció en relación con el MVC cuando estaba en la universidad. También la lejanía es lo que caracterizaría esta relación de amistad.

Mendoza también admite haber participado en sus primeros años de matrimonio del Movimiento de Vida Cristiana a través de un grupo de Nazaret, donde se reunía con su esposa y otras parejas para hablar de cómo educar a los hijos, cómo llevar bien el matrimonio, etc. Posteriormente su participación—sobre todo como padre de familia del Colegio San Pedro— consistiría en que «podría haber ido algunas misas, podría haber participado de alguna kermesse, pero nunca de otra forma», concluye.

Ese resumen de su paso por el Movimiento de Vida Cristiana resulta bastante desmemoriado, por decir lo menos. O tal vez se haya activado en él algún mecanismo de defensa que habría desactivado algunas zonas de su cerebro y que como psiquiatra no ha podido identificar.

Pues Carlos Mendoza fue en la década de los 90 miembro activo de una agrupación mariana del Movimiento de Vida Cristiana integrada por estudiantes de la Universidad Cayetano Heredia, entre ellos Santiago Márquez, Fernando Llanos, Juan Carlos Tirado, Carlos Contreras y Paul Ramos. Esa agrupación estuvo bajo la responsabilidad de José Ambrozic como animador, pero también yo me hice cargo de ella por algún tiempo.

Habían reuniones semanales, donde se tocaban diversos temas relacionados con la fe y la moral cristianas, siempre desde la perspectiva de la espiritualidad sodálite. Recuerdo que Mendoza tuvo siempre un marcado interés en cómo conjugar con las ciencias médicas la antropología cristiana que propugnaba Figari como propia de la ideología sodálite. Recuerdo asimismo que una que otra vez después de algunas misas del MVC mantuvo conversaciones con el mismo Luis Fernando Figari en persona.

Y si bien Mendoza niega “conocer” a Figari, parece que Figari lo conocía bien a él. Pues nunca permitió que ningún sodálite fuera tratado por ningún médico a quien él no conociera y en quien no tuviera absoluta confianza.

Figari desconfiaba en general de los psiquiatras, pues no creía en el carácter científico de sus conocimientos académicos. Según él, detrás de las conclusiones de los psiquiatras y de sus tratamientos médicos había una determinada concepción ideológica de la naturaleza humana. Y si ésta concepción no era la correcta, entonces no sólo los enunciados “científicos” estaban viciados, sino que se le podía producir un daño psicológico y moral al paciente al recomendarle medidas incompatibles con la ética cristiana. Para Figari, un psiquiatra o un psicólogo sólo podía ayudar a sus pacientes si tenía un concepto cristiano del ser humano, o por lo menos ideas que se aproximaran bastante a eso.

Este modo de pensar de Figari no sólo forma parte de mis recuerdos personales, sino que ha quedado plasmado en un artículo suyo de 2005 sobre el psiquiatra austriaco Rudolf Allers (1883-1963), ferviente católico, a quien cita adscribiéndose a sus ideas:

«“Se me ha hecho más y más evidente que la teoría y la práctica de la psiquiatría dependen, en buena parte, de las ideas generales sobre la naturaleza humana que prevalecen en sucesivas fases de la historia. Nunca antes la historia se ha movido a tal velocidad, como lo ha hecho desde el fin del siglo (XIX). En consecuencia, nunca antes han ocurrido tan profundos cambios en todas las disciplinas empíricas y teoréticas. La psiquiatría está envuelta en este proceso al igual que las otras disciplinas, o tal vez más que ellas. Pues el modo en que el psiquiatra concibe sus problemas y su tarea depende, lo sepa o no, de la manera en la que concibe la naturaleza humana. Pero el desarrollar la visión del hombre pertenece a la filosofía”. Así escribía Allers en 1961. Para él la psicología, psiquiatría, psicoterapia requieren de una “antropología filosófica”, es decir de una “filosofía comprensiva de la naturaleza humana”. Y ello supone, entre otras cosas, el método correcto.

En este sentido nuestro autor subrayaba también la cercana relación que, para muchos psiquiatras, se estaba produciendo con la filosofía. Sin embargo, Allers advertía: “El psiquiatra se inclina fácilmente a hacer su propia filosofía, pues le parece que ello da sustento a los puntos de vista sugeridos por su experiencia. Pero, dicha experiencia, a su vez, está forjada por el clima intelectual en el cual el psiquiatra creció y en el que se mueve”. En 1961 se dirige a una corriente psiquiátrica en Estados Unidos que había importado de Europa una perspectiva heideggeriana, y procura demostrar cómo quienes han asumido algunas ideas de Martin Heidegger no lo han entendido del todo. Como conclusión decía que era necesario ponerse en una perspectiva metodológicamente correcta, una perspectiva que permitiese evaluar las diversas concepciones desde un punto de vista histórico amplio. Así daba razón del resultado de su periplo en búsqueda de la verdad sobre el ser humano y del modo de ayudar a los que sufren interiormente. El recorrido de la psiquiatría a la filosofía. Hoy estas ideas de Allers resultan incómodas para muchos. Sin embargo, para quien aspire a acercarse con seriedad a estas disciplinas resulta inevitable dialogar con el gran maestro austriaco y evaluar el alcance de sus planteamientos. En efecto, en los últimos años son cada vez más numerosas las voces que vienen advirtiendo sobre la presencia de ideologías en la base de diversas disciplinas académicas, que usualmente se presentan como neutras».

Por todo lo dicho, el interés de Figari en un futuro psiquiatra que habría sido formado según los cánones de la espiritualidad sodálite dentro del Movimiento de Vida Cristiana habría sido grande. Habría visto en Mendoza alguien que garantizaría un tratamiento respetuoso de los principios y valores de la doctrina y la disciplina sodálites. Y que no cuestionaría las prácticas abusivas que se aplicaban en las comunidades sodálites y mantendría siempre la discreción en consideración a una institución incuestionable que se creía suscitada por el Espíritu Santo.

Eso explicaría por qué Jeffery Daniels le fue enviado para ser sometido a tratamiento, y posteriormente un número considerable de miembros del Sodalicio de Vida Cristiana. No es incorrecto, por lo tanto, afirmar que Mendoza se convirtió en “el psicológo de los sodálites”, cosa que él ha tratado de refutar en el Congreso aduciendo que los sodálites eran un porcentaje mínimo del total de sus pacientes (menos del 1%) y que algunos sodálites también se habrían tratado con otros psiquiatras, aunque sólo pudo mencionar el nombre del doctor Santiago Márquez, otro miembro del MVC. Se trata de un argumento que cae en el vacío, pues nunca nadie ha afirmado que su clientela se reduzca exclusivamente a miembros del Sodalicio y que no trate a otros pacientes. Lo que se ha querido resaltar es que a partir del año 2000 la inmensa mayoría de sodálites que requirieron de tratamiento psiquiátrico habrían pasado por sus manos. El número de unos diez sodálites al año que el doctor Mendoza menciona en sus descargos es considerable para un colectivo que bordea actualmente los 160 miembros con vocación a la vida consagrada.

Confiar sus vástagos espirituales a un psiquiatra cualquiera conocido sólo por recomendaciones hubiera sido impensable para Figari. Y ni pensar en un especialista que fuera agnóstico, ateo o con una interpretación radicalmente distinta de la fe cristiana a la que se acostumbraba en ámbitos de la Familia Sodálite. Tenía que ser católico comprometido y con la misma interpretación conservadora y fundamentalista de la fe católica que él tenía. Y parece que Mendoza cumplía con estos requisitos, pues durante su época de participación en Nazaret (grupo que forma parte del MVC) se le habría invitado a hacer el compromiso de adherencia al Sodalicio. Tras consultarlo con su mujer, habrían decidido ambos no dar este paso por motivos personales.

Aun así habría seguido manteniendo lazos con la institución sodálite. En diciembre de 2014 es invitado por el sacerdote sodálite Jürgen Daum para una entrevista sobre la pornografía en el programa de televisión La Opción V. Este proyecto se caracteriza por tener una interpretación conservadora de la moral sexual de la Iglesia, incluida la categorización de la homosexualidad como una tendencia desviada antinatural. Es de hacer notar que el P. Daum nunca invitó a su programa a nadie que no estuviera totalmente de acuerdo con su visión de la sexualidad humana.

La relación con Germán Doig tampoco habría sido tan lejana como quiere hacernos creer Mendoza, quien en el Congreso ha confesado que el fútbol es una de sus grandes pasiones. Quizá fue por eso mismo que el secretario de Doig en los 90, Klaus Berckholtz, lo habría incluido habitualmente en una lista de invitados a jugar fulbito con Germán —otro apasionado del balompié— los miércoles al mediodía en el Centro Pastoral de San Borja, cita a la que Mendoza frecuentemente le habría rendido honores con su asistencia.

Cuando se le confronta con el hecho de que su hijo Carlos estuvo becado en el Colegio San Pedro y que eso habría sido una forma subrepticia de pago por los servicios prestados como psiquiatra al Sodalicio, Mendoza lo niega tajantemente. Sin embargo, tampoco explica satisfactoriamente por qué su hijo obtuvo esa beca, así como tampoco da razones de por qué eligió precisamente ese colegio para la educación de sus dos hijos, considerando que hay colegios católicos de igual o mejor nivel académico que el San Pedro pero que no se hallan entre los veinte colegios más caros del Perú.

«Es un chico brillante, becado por eso tal vez», dice Mendoza de su hijo Carlos ante el congresista De Belaúnde. El “tal vez” lo traiciona. ¿Acaso no sabe con certeza los motivos que llevaron a que su propio hijo obtuviera una beca en una institución educativa privada? ¿Nunca se lo comunicaron? ¿No será ésta otra de sus convenientes y oportunas lagunas mentales?

Nunca he sabido de un colegio privado en Lima que beque a sus alumnos sólo por ser brillantes. Si éste fuera el caso del San Pedro, entiendo que deberían haber otros alumnos “brillantes” en el mismo colegio premiados con una beca. Además, hechos como éste ameritarían ser informados en la sección de noticias de la misma página web del colegio. Sin embargo, no encontramos nada de eso.

En el Perú es usual que las instituciones educativas privadas ofrezcan becas a los alumnos bajo dos condiciones: 1) que la situación económica de los padres se haya deteriorado hasta el punto de no poder pagar las pensiones mensuales, 2) que el alumno tenga un buen rendimiento académico.

No tengo cómo verificar si se cumple la segunda condición en el caso de los Mendoza, pero definitivamente no parece cumplirse la primera desde el mismo momento en que nos enteramos de que en 2014, el mismo año en que el primogénito egresa del colegio, toda la familia se va de vacaciones a Punta Sal.

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El doctor Carlos Mendoza y su familia vacacionando en Punta Sal (2014)

Según la cuenta de Facebook de Carlos Mendoza Chuy, en los años mencionados a continuación estuvo en los siguientes lugares:

2010 – Denver (Estados Unidos)
2011 – San Diego (Estados Unidos)
2011 – Asís (Italia)
2011 – Roma (Italia)
2013 – San Francisco (Estados Unidos)
2013 – Los Angeles (Estados Unidos)
2013 – Rio de Janeiro (Brasil)

Dado que aún era menor de edad, suponemos que los pasajes y los costos de viaje fueron pagados por sus padres. De lo cual se deduce que la situación económica de los Mendoza no habría sido tan precaria como para acceder a una beca en el marco de las condiciones habituales en que suelen ofrecerlas los colegios privados.

En resumen, hay una serie de hechos que hasta ahora no han sido explicados satisfactoriamente:

  1. El doctor Carlos Mendoza les da tratamiento a varios sodálites de comunidades sin exigirles ningún pago.
  2. Mendoza matricula a sus hijos en el Colegio San Pedro —que «forma parte de la familia Sodálite» según su página web— cuando esta institución todavía no contaba con años suficientes de existencia como para poder evaluar su nivel académico y habiendo otros colegios católicos en el mercado de muy buen nivel académico y mucho más económicos que el San Pedro.
  3. Al hijo mayor de Mendoza, Carlos Mendoza Chuy, se le otorga una beca sin que su padre sepa decir con certeza cuál es el motivo. O a lo mejor lo sabe, pero sería muy comprometedor decirlo.

Las explicaciones de Carlos Mendoza en el Congreso son a todas luces insatisfactorias. Aquí basta con unir los puntos para llegar a una hipótesis altamente probable. Esa tarea se la dejo al lector.

Sea como sea, las lagunas mentales del doctor Mendoza echarían una sombra de duda sobre la rigurosidad con las que pueda haber llevado las historias clínicas de sus pacientes sodálites. El mismo Mendoza ha manifestado que sólo él y el paciente tenían acceso a esas historias, con la diferencia de que sólo él era quien podía introducir datos e información en esos documentos, sin necesidad de consultarle previamente al paciente. Considerando los agujeros negros que se evidencian en su memoria en lo que se relacione con el Sodalicio, esas historias no podrían ser consideradas fidedignas por lo menos hasta que hayan sido sometidas a una auditoría externa. O hasta que el mismo paciente verifique si los datos contenidos en ellas concuerdan con lo que efectivamente sucedió en las sesiones de terapia y con lo que le comunicó en su momento el doctor Mendoza. Sería conveniente, por lo tanto, que los sodálites y ex-sodálites que hayan pasado por las manos de este psicoterapeuta le soliciten copia de sus historias médicas y las revisen concienzudamente.

Y al doctor Mendoza le recomendaríamos que empiece a tomar habitualmente Memorex, a ver si así se le refresca mejor la memoria y evita tantas lagunas mentales comprometedoras cuando tiene que declarar sobre sus vinculaciones con el Sodalicio.

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FUENTES

Congreso de la República del Perú
Comisión Investigadora de Abusos Sexuales contra Menores de Edad en Organizaciones

 

Luis Fernando Figari
Un pensador inexplicablemente olvidado: Reaparece el Dr. Allers (2005)
https://web.archive.org/web/20070321075705/http://www.rudolfallers.info/figari2.html

La Opción V
¿Cómo puedo dejar de ver pornografía? (Diciembre 11, 2014)
https://laopcionv.wordpress.com/2014/12/11/manejo-de-la-adiccion-a-la-pornografia/#more-2871

DRAXL SEGÚN DRAXL

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Siempre es saludable conocer la otra versión de los hechos. Las denuncias contra Alfredo Draxl reiteradas por José Enrique Escardó desde el año 2000 debían ser contrastadas con el testimonio del denunciado. Lamentablemente el Sodalicio, la organización a la cual pertenecía Draxl, se dedicó a desacreditar al denunciante en vez de aclarar los hechos y las circunstancias en que ocurrieron.

Draxl ha tenido que ser convocado ante la Comisión de Abusos contra Menores que preside el congresista Alberto de Belaúnde para presentar sus descargos (20 de marzo de 2019). No bastando con eso, el testimonio de Escardó sobre los abusos sufridos de parte de Draxl han vuelto a circular en las redes sociales, obligándolo finalmente a renunciar a su puesto de director del Liceo Naval “Almirante Guise” —previa intervención del Ministerio de Educación y de la Marina de Guerra, responsable de la mencionada institución educativa—.

Ahora que Draxl ya no es miembro del Sodalicio, goza finalmente de la libertad de poder comunicar lo que quiera sin tener que consultarlo previamente con autoridades a las cuales les debía una obediencia sumisa y absoluta («antes no podía hablar porque me debía a otras instituciones»). En consecuencia, ha aprovechado esta prerrogativa de las personas conscientes de su dignidad para presentar su propia versión de lo sucedido, junto con una apología de su propia vida. Apologia pro vita sua, como diría en el siglo XIX el cardenal John Henry Newman —guardando diferencias abismales, por cierto—.

Reproduzco aquí el texto publicado por Alfredo Draxl el 2 de abril en Facebook (https://www.facebook.com/alfredo.draxl/posts/10157507381600832) y que a mí me ha llegado en formato PDF, seguido de mis comentarios en forma epistolar.

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Kleinfischlingen, 6 de abril de 2019

Estimado Alfredo:

Te felicito porque ahora comienzas a comprender que muchas de las prácticas abusivas de formación que se aplicaron en el Sodalicio formaban parte de un sistema viciado. Según tus propias palabras, «veo con claridad que hubo un sistema y unas prácticas formativas que estuvieron muy mal. Más allá de las buenas intenciones y los idealismos, por la idea de una formación casi militar se cometieron excesos totalmente fuera de lugar, más aún, en una comunidad religiosa».

Aun cuando pides disculpas por estas prácticas —«con toda sinceridad, reitero mis disculpas porque por inexperiencia y juventud, no supe cuestionar qué disciplinas y exigencias que en aquella época se consideraban prácticas formativas, eran negativas y duras»—, todavía te faltaría mucho para reconocer estos abusos como tales en todas sus dimensiones. Te traiciona el lenguaje ambiguo que usas y la valoración que haces del relato de Escardó como una distorsión de los hechos, rechazándolo como una caricatura, pues «no soy, ni he sido nunca, ni con él ni con nadie, la persona abusadora y agresiva que describe». De lo cual se infiere que probablemente no vayas a dar el paso desde las disculpas generales a que nos ha acostumbrado el Sodalicio a las disculpas personales por los abusos cometidos. Si bien el Sodalicio ha admitido oficialmente los abusos sexuales de algunos de sus miembros —tachándolos conveniente y arbitrariamente de “casos aislados” y “manzanas podridas”—, nunca ha admitido lo que tú tímidamente comienzas a admitir: que hubo abusos psicológicos y físicos propiciados por un sistema nefasto, que nos convirtió a todos en abusadores no obstante nuestras buenas intenciones. ¿Te veremos algún día pidiéndole disculpas personalmente a Escardó? Soñar no cuesta nada y puede ser incluso hermoso, aunque después la realidad nos desdiga.

Si bien tú puedes tener el mejor concepto de ti mismo y aducir que nunca tuviste malas intenciones al obedecer las normativas emanadas de Figari, al seguir el estilo de vida sodálite y al aplicarles medidas disciplinarias inapropiadas a otros, eso no te excusa de haber sido un abusador que ha contribuido a generarle traumas a alguien como José Enrique Escardó y probablemente a algunos más. Aunque hayas actuado de buena voluntad. Aunque en el fondo el problema no seas tú, sino el sistema de disciplina que sostiene a la institución sodálite. Aunque creas que son cosas del pasado e ignores que las ramificaciones de ese sistema han subsistido hasta bien entrado el siglo XXI y probablemente todavía existan.

Dices que «los colegios fueron mi pasión y mi ocupación a tiempo completo en el Sodalicio». Pero omites decir que más que los colegios, el Sodalicio habría sido tu principal interés y preocupación durante todo ese tiempo. Porque Figari se encargó de meternos en la cabeza a todos los que pasamos por la organización que uno es sodálite antes que nada y que el Sodalicio tiene prioridad por encima de todo. ¿Fuiste acaso una excepción? Pues no conozco a ningún sodálite cuyo vida no gire con exclusividad en torno al Sodalicio.

Incluso pongo en duda que hubieras podido seguir una carrera profesional en el área de la pedagogía si no es porque eso estaba en los planes de Figari, el cual quería que se fundaran colegios para que los adherentes sodálites pudieran matricular allí a sus hijos y éstos pudieran recibir una educación totalmente impregnada de la ideología sodálite, y también para difundir su así llamada “espiritualidad” con sus supuestos valores y criterios y así disponer de una cantera humana para ganar nuevos adeptos entre los menores de edad que estudiaran en sus escuelas. El servicio educativo como tal nunca fue una prioridad para Figari, sino que debía estar subordinado a los fines proselitistas del Sodalicio. Así de sencillo.

Recuerdo que cuando en el año 2002 decidí junto con mi mujer matricular a mi hija Carolina en el Colegio Alexander von Humboldt, recibí muchas críticas y presión de otros miembros del Sodalicio, sobre todo adherentes. ¿Cómo, siendo nosotros adherentes sodálites, no íbamos a meter a nuestra hija en el Colegio Villa Caritas, donde iba a recibir una formación cristiana conforme con la doctrina y espiritualidad sodálite?

Reitero mi sospecha de que a ti se te permitió terminar la carrera universitaria de educación sólo porque Figari necesitaba de un pedagogo con título universitario para dirigir su principal proyecto en el ámbito escolar: el Colegio San Pedro. No creo que hayas tenido que competir con nadie para ocupar el puesto de director de ese plantel. Pues así cómo habrías sido seleccionado a dedo por Figari para trabajar en el Colegio Santa María de Chincha y adquirir experiencia, así habrías sido elegido a dedo para dirigir el nuevo colegio para varones en La Molina. Aunque importante, el hecho de que fueras un educador titulado no habría sido relevante en la decisión para que asumieras ese puesto, sino el hecho de ser un consagrado sodálite. Asimismo, la dirección de la Red de Colegios Sodálites te habría sido asignada principalmente porque eras un consagrado sodálite, que además contaba con una formación pedagógica.

La primera vez que habrías obtenido un puesto de trabajo en concurso y por mérito propio habría sido cuando postulaste al puesto de director en el Liceo Naval “Almirante Guise”. Lamentablemente, tu ineptitud moral para reconocer claramente los abusos graves que alguna vez cometiste ha jugado en tu contra.

Hasta ahora no pareces haber entendido donde radica el problema. No es una cuestión de capacidad profesional, sino una cuestión ética. Durante treinta años has puesto tus aptitudes profesionales al servicio de un sistema sectario y proselitista, haciendo la vista gorda de los abusos psicológicos y físicos que gracias a él se han cometido (o interpretándolos como rigores —ahora inaceptables— de la formación) y considerando que debías defender sobre todo la imagen de la institución sodálite por encima de las personas.

Y parece que en el Colegio San Pedro han aprendido esta lección, pues en vez de invitar a la abogada Giselle Reátegui a conversar, con el fin de aclarar las denuncias que ésta ha hecho, se ha anunciado que se van tomar medidas legales para combatir lo que se considera una difamación. En vez de acoger a una presunta víctima, se busca ahora desacreditarla a fin de resguardar el prestigio del colegio. Prestigio, además, que sólo parece existir en la subjetividad de miembros del personal del colegio y de algunos padres de familia, pues ni el San Pedro ni el Villa Caritas suelen figurar en los estudios que hacen algunas universidades sobre cuáles son los mejores colegios del Perú en base al rendimiento académico de sus alumnos.

No debiste haber esperado 19 años para aclarar las denuncias hechas en tu contra por José Enrique Escardó. Tu silencio te ha hecho cómplice de los dichos difamatorios que se echaron a andar en perjuicio suyo y de las acciones para perjudicarlo laboralmente. No sólo ha sido víctima cuando ocurrieron los abusos que él narra en la década de los ‘80. Ha sido también víctima durante todos esos años en que no se dio crédito a su testimonio. ¿Y ahora quieres tú presentarte como víctima, cuando dices que «a mediados de marzo, la versión de parte que el señor Escardó puso a circular fue recogida y amplificada sin mayor contraste por las redes sociales y algunos personajes públicos. Sin pruebas, sin siquiera un proceso legal o administrativo, se me juzgó y condenó públicamente, y debí renunciar a mi trabajo para evitar afectar a la Institución que me acogió»?

Has tenido casi dos décadas para presentar tu versión de lo ocurrido y no lo has hecho. ¿Y ahora te quejas de que por fin se le dé crédito a Escardó —sin que eso signifique necesariamente que se tenga que avalar algunas frases desafortunadas que éste ha tuiteado en medio de su alegría al ver una luz de esperanza—?

Ahora ya es tarde, estimado Alfredo. Y sólo tú tienes la culpa de lo que te ha pasado. Tú y la institución a la cual ya no perteneces y que probablemente no moverá ningún dedo para sacarte del hoyo.

Un cordial saludo,
tu hermano en Cristo

Martin

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REFERENCIAS

El quinto pie del Gato
Draxl, el deformador (27 de enero de 2016)
https://elquintopie.blogspot.com/2016/01/draxl-el-deformador.html

La República
La escuela del terror del Sodalicio (25 Mar 2019)
https://larepublica.pe/politica/1437064-escuela-terror-sodalicio

ALFREDO DRAXL POR EL INODORO

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Alfredo Draxl y yo nos conocemos desde los albores del Sodalicio. Fue con ocasión de su cumpleaños de 1978 celebrado en la casona donde vivía en el barrio de San Antonio (Miraflores) que tuve una conversación en solitario con Virgilio Levaggi en el automóvil de éste, donde me hizo preguntas íntimas a las cuales yo respondí a veces con la verdad, a veces con medias verdades. Sin embargo, eso me hizo colocarlo dentro de la lista de diez personas que más habían influido sobre mí en la autobiografía que escribí por encargo de Jaime Baertl. Yo tenía entonces tan sólo quince años de edad, y ya contaba con un consejero espiritual que averiguaba todo sobre mi vida sin que mis padres estuvieran informados al respecto.

En diciembre de 1981 Alfredo Draxl, Eduardo Field y yo fuimos admitidos en la recientemente fundada comunidad sodálite Nuestra Señora del Pilar (Barranco), adonde ya se habían mudado Levaggi, José Ambrozic, Emilio Garreaud, Alberto Gazzo, Alejandro Bermúdez y José Antonio Eguren como superior de la comunidad.

Allí comenzó el maltrato al que Draxl se acostumbraría muy pronto. El primer día, durante la cena, Alfredo —quien había estado leyendo el Ejercicio de perfección y virtudes cristianas de Alonso Rodríguez, un jesuita del siglo XVI— comentó lo recios que eran los jesuitas de antaño. «Recios, ¿no?», le replicó Gazzo, nuestro formador. «Para que veas lo que es ser recio, tú y Eduardo van a comer ahora en el piso». Draxl, quien buscaba ganar puntos en la valoración de sus superiores sodálites, obedeció sin rechistar y puso cara de estar contento con el castigo. No así Eduardo, quien puso cara de maldecir a Draxl por el comentario que había hecho y en virtud del cual él recibía un castigo gratuitamente.

Un día sabado —día de limpieza— en que yo estaba limpiando uno de los dos baños del segundo piso de la casa mientras Draxl limpiaba el otro, escuché un sonido de vidrios rotos e inmediatamente unos pasos presurosos viniendo hacia donde yo estaba. Entró Draxl con gesto angustiado, metió un pie en el inodoro y gritó con desesperación: “¡Jala! ¡Jala!” Sin pensarlo dos veces, jalé imaginándome al susodicho yéndose con toda su humanidad por el desagüe. Lo único que sucedió es que salió un chorro de agua que le mojó el pie y la pantorrilla, y a continuación Draxl respiró aliviado. No por haberse librado de pasar por el inodoro, sino porque durante la limpieza se le había roto una botella con ácido muriático y su contenido corrosivo le había caído en el pie, y no se le ocurrió mejor manera de diluir el ácido para que no le quemara la piel.

Lo cierto es que después de sus declaraciones en el Congreso ante la Comisión de Abusos contra Menores presidida por Alberto de Belaúnde (20 de marzo de 2019), la idea de Draxl yéndose por el inodoro ha asaltado mi fantasía recurrentemente, como si de un acto de catarsis liberadora se tratara.

Recuerdo a Draxl como una persona ingenua y poco avispada, pero de carácter reflexivo, siempre y cuando tuviera un guía que le proporcionara la materia de reflexión. De este modo fue forjando su carácter para convertirse en un sodálite poco expresivo pero fiel al modelo de pensamiento que se le había inculcado, con un servilismo ideológico como pocos y una obediencia a prueba de balas. Nunca fue de aquellos que se atrevieran a cuestionar nada.

Sabiendo que el año pasado se había retirado del Sodalicio, decidí darle el beneficio de la duda en el momento en que me enteré que estaba declarando ante la comisión que preside el congresista Alberto de Belaúnde. Los prácticas abusivas a que había sometido a José Enrique Escardó no eran distintas a las que otros formadores sodálites —todavía en el anonimato— habían aplicado. Draxl no fue un abusador al cual se le pueda considerar como una excepción, sino un fiel cumplidor del sistema de disciplina sodálite como tantos otros. Y no se sabe que haya continuado aplicando estas medidas una vez que dejó de ser formador en comunidades sodálites y se dedicó a su rol de educador. De hecho, no existe en este sentido ninguna queja o denuncia contra él.

Esperaba que tuviera una actitud crítica ante el Sodalicio y su propio pasado en la institución. Lamentablemente, eso no ocurrió. Si bien admitió los hechos que denunció quien lo señala como un abusador —aunque relativizándolos al llamarlos “estupideces”—, se dedicó más que nada a justificar esos hechos como medidas de formación legítimas en su momento, realizadas incluso en un contexto lúdico, pero negó su carga de violencia y que fueran abusos. Eso sería pura interpretación subjetiva de Escardó.

Si aceptamos la versión de Draxl, tendríamos que asumir que los déficits psicológicos de Escardó son autogenerados: él mismo se lesionó psicológicamente porque malinterpretó como abusos lo que eran meramente prácticas duras de la formación. Hasta negó que la orden de dormir en escaleras fuera un castigo; más bien, era parte habitual del programa de formación a fin de habituarse a dormir en situaciones incómodas. Yo personalmente debo haber tenido una mala formación en el Sodalicio, pues nunca tuve que dormir sobre una escalera, pero sí fue testigo de varios miembros de la comunidad que tuvieron que hacerlo a manera de castigo y nunca en otra circunstancia. Quizás a Draxl se le olvidó en su momento explicarle a Escardó los beneficios pedagógicos y formativos de esa medida antes de aplicársela.

Negó también que menores de edad hubieran hecho promesas de pertenencia al Sodalicio. Es el caso de la promesa de aspirante, que yo emití en diciembre de 1980 a los 17 años de edad en una ceremonia sólo para sodálites y agrupados marianos en la capilla del Colegio Santa Úrsula (San Isidro), tras el rezo comunitario del Santo Rosario. Draxl alegó que no se trataba de una promesa vinculante, que sólo implicaba vivir las promesas del Bautismo, que no era un compromiso de vida religiosa, que era un compromiso general. Y lo comparó con la consagración a María que se realiza en algunos colegios de monjas.

Y entonces, ¿por qué se seleccionaba sólo a algunos agrupados marianos para que hicieran este compromiso y no a otros? ¿Por qué te felicitaban todos como nuevo miembro del Sodalicio de Vida Cristiana? ¿Por qué se te pedía que no les contaras a tus padres que habías hecho esta promesa? ¿Por qué se le exigía a uno a partir de entonces la asistencia obligatoria a un grupo de aspirantes, además de la obediencia a quienes tenían autoridad en el Sodalicio? ¿Por qué se consideraba a los aspirantes que se largaban como “traidores” a la vocación sodálite?

Lo que ha quedado claro después de estas declaraciones es que la deserción de Draxl del Sodalicio no ha sido ni ideológica ni mental, sino debida a motivos personales tras un proceso de “discernimiento”, término que en el Sodalicio significa una reflexión profunda sobre el propio estado de vida. Traducido en sencillo: tras unas cuatro décadas de pertenencia al Sodalicio con vocación a la vida consagrada, Draxl habría descubierto que ésa no era su vocación. Lo que no creo probable es que alguien tan servil hacia la institución haya tenido problemas con la obediencia, sino más bien con el celibato. Y quién sabe, tal vez ya haya una mujer en su vida.

Según las Constituciones del Sodalicio, a un profeso perpetuo que deja de serlo no se le permite seguir siendo miembro del Sodalicio, ni siquiera como adherente (sodálite casado). Eso explicaría la insólita separación de Draxl de la institución que lo apadrinó durante décadas y de la cual él sería cómplice con su silencio culpable.

Draxl ha perdido la oportunidad de hacer un deslinde, asumiendo una actitud crítica respecto al bullying al que sometió a Escardó y pidiéndole perdón personalmente. Se ha puesto del lado de la institución victimaria. Si bien su prestigio profesional como educador podría quedar en pie, su autoridad moral se ha ido definitivamente a pique y ha quedado deslegitimado como responsable de niños y jóvenes en proceso de formación, pues se muestra incapaz de identificar y reconocer prácticas abusivas como tales.

En ese sentido, es él mismo el que ha accionado la palanca y pasado todo su prestigio por el inodoro. Ahora está solo. En el Sodalicio la institución prima sobre las amistades. Ningún sodálite ha salido a defenderlo y tampoco es probable que ninguno lo haga.

Todavía está a tiempo de reaccionar como para que todo lo queda de su vida no termine yéndose por el desagüe.

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FUENTE

Congreso de la República del Perú
Comisión Investigadora de Abusos Sexuales contra Menores de Edad en Organizaciones

DESERCIONES DEL SODALICIO

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Gabriel Pereyra, uno de los desertores más importantes del Sodalicio

Cuando Alessandro Moroni, entonces Superior General del Sodalicio de Vida Cristiana, declaró el 20 de noviembre de 2018 ante la comisión del Congreso que preside el congresista Alberto de Belaúnde, reveló que son aproximadamente 160 los miembros del Sodalicio que viven un estilo de vida consagrada en comunidades, es decir, con promesas de obediencia y celibato. Es decir, unos cuatro gatos en comparación con otras instituciones religiosas, más aún si consideramos que en el año 1993, cuando por fin pude salir de la órbita de la vida comunitaria sodálite, el número de sodálites en actividad sería de unos 120. Eso no significa que no hayan seguido reclutando a un número considerable de miembros mediante sus usuales métodos agresivos de proselitismo. Lo que ocurre es que las defecciones también han sido numerosas a lo largo de su historia, hasta el punto de que el número de ex-miembros de la institución sería un múltiplo de la cantidad de miembros actuales.

En ese sentido, el Sodalicio ha funcionado como el sistema digestivo, asimilando lo que estuviera a su alcance para luego terminar desechándolo, hecho mierda en la mayoría de los casos. Como ha ocurrido, por ejemplo, con José Rey de Castro, quien tras haber vivido bajo un régimen de esclavitud moderna al servicio directo de Luis Fernando Figari durante décadas, arrastra un síndrome de estrés postraumático con consecuencias cardíacas además de dificultades de concentración y socialización, lo cual lo ha incapacitado para realizar determinados trabajos y reinsertarse plenamente en la sociedad. Un video reciente difundido en Facebook (https://www.facebook.com/oscarost/videos/10213555748788893/) lo muestra fuera de control vociferando en un restaurante de Santiago de Surco, indignado ante la propuesta de un par de curas sodálites que le ofrecen pagarle sólo una terapia a la vez que se le niega la justa reparación que se le debe por los daños personales sufridos y los años perdidos, mientras que a Figari se le “castiga” con una residencia propia en Roma y todos los gastos pagados de una vida decorosa hasta el fin de sus días. Se trata del mismo Sodalicio que en el comunicado final de su V Asamblea General dice que quiere «pedir sincero perdón a las víctimas de estos abusos y maltratos. Renovamos nuestro compromiso por hacer todo lo que esté en nuestras manos para seguir sanando estas heridas y sufrimientos en justicia y en caridad».

No a todos los que deciden separarse de la institución les ha ido tan mal. Por ejemplo, está el caso de Gabriel Pereyra, quien habría sido el primero en encontrar muerto a Germán Doig —cuyo certificado de defunción habría sido firmado por un ginecólogo perteneciente al Movimiento de Vida Cristiana sin que a éste se le permitiera ver el cadáver—. Pereyra habría sido apadrinado por Figari como un candidato a sucesor de Doig. Sin embargo, decidió separarse del Sodalicio al poco tiempo de hacerse públicos los abusos sexuales de Doig a través de la prensa escrita. Sería un testigo importante por los años transcurridos en el Sodalicio, por las responsabilidades que le fueron confiadas y por conocer las circunstancias que rodearon la misteriosa muerte de Doig. Hasta ahora no ha abierto la boca y ese silencio habría sido recompensado, pues parece que le va muy bien con su empresa de coaching empresarial Human Growth.

Las defecciones son muchas, y algunas de ellas importantes, como la de Javier Rodríguez Canales, quien fue asistente de apostolado en el Consejo Superior del Sodalicio cuando estallaron los escándalos en el año 2015; Gianfranco Zamudio, asistente de instrucción de ese mismo Consejo; Sebastián Correa Ehlers, el cura estrella del Sodalicio en Chile y durante algún tiempo director del Centro de Estudios Católicos —cuya página web está inactiva desde septiembre de 2016—; Alfredo Draxl —de parte de quien José Enrique Escardó sufrió graves abusos psicológicos y físicos—, actualmente director del Liceo Naval “Almirante Guise”; y faltan mencionar varios sacerdotes que recientemente han colgado los hábitos.

Por supuesto, el Sodalicio no comunica oficialmente estas deserciones. Al contrario, a través de videos ocasionales que cuelga en su página web, con ceremonias litúrgicas donde aparecen ordenaciones de diáconos y sacerdotes o emisiones de promesas vinculantes por parte de nuevos laicos consagrados perpetuos, intenta maquillar los fracasos de su historia y presentar una imagen de institución triunfante bendecida por Dios y por la Iglesia.

La verdadera historia del Sodalicio está en las heridas psicológicas y espirituales de aquellos que han desertado de la institución, historia de la cual apenas se sabe una pequeñísima parte. Recién está empezando a ser contada.

CURAS VIOLANDO NIÑOS

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Miembros y simpatizantes de la organización global de víctimas de abusos ECA (Ending Clergy Abuse) en la Plaza San Pedro en el Vaticano (18 de febrero de 2019)

Cuando se habla de abuso sexual en la Iglesia, inmediatamente se viene a la cabeza de muchos, incluidos periodistas, el cliché de “curas violando niños”. Ocurre que la nefasta plaga del abuso sexual es en realidad mucho más amplia y compleja de lo que expresa esa frase, y flaco favor se le hace a cientos de miles de víctimas cuando se trata de describir el fenómeno con esas tres palabras.

Primero, porque los abusadores no sólo se cuentan entre los sacerdotes y obispos, sino también entre personas con autoridad sobre otros en la Iglesia, es decir, religiosos y religiosas así como laicos con una responsabilidad pastoral.

Segundo, la violación se entiende comúnmente como forzar a otro a un acto sexual mediante violencia física o amenazas. Y la mayoría de los casos conocidos de abuso sexual carecen de estos componentes, pues lo que hubo fue seducción, engaño, manipulación mental y abuso de confianza dentro de una relación espiritual asimétrica, donde la víctima se encontraba en situación vulnerable frente a un agresor en el cual confiaba como representante de un poder divino.

Para complicar más aún las cosas, estas circunstancias no se consideran en el Código de Derecho Canónico (canon 1395), donde sólo hay penas para «el clérigo que cometa […] un delito contra el sexto mandamiento del Decálogo» cuando «este delito haya sido cometido con violencia o amenazas, o públicamente o con un menor que no haya cumplido dieciséis años de edad». En los demás casos ni siquiera se hace la diferencia entre si hubo consentimiento libre en la contraparte del clérigo fornicario o puro sometimiento por miedo, perplejidad, vergüenza o quién sabe qué más motivos que atenazan la voluntad de quienes se encuentran en tal situación. Para el derecho eclesiástico, si de parte del clérigo no hubo violencia ni amenazas, su contraparte no puede ser considerada una “víctima” sino un “cómplice de pecado”.

Tercero, los abusos contra niños constituyen sólo la punta del iceberg del problema, pues por cada niño víctima de abusos hay varios adultos que han sido sometidos sexualmente por clérigos y personal pastoral de la Iglesia católica. Circunscribir el delito sexual a las acciones cometidas en perjuicio de niños invisibiliza a tantas víctimas mayores de edad que han sufrido algo similar.

Con frecuencia me he sentido fastidiado cuando periodistas o participantes de las redes sociales han querido aplicar el dictamen de “curas violando niños” al Sodalicio, consiguiendo así únicamente soterrar las verdaderas dimensiones del problema.

Ninguno de los abusadores sexuales identificados hasta ahora en el Sodalicio son curas, sino laicos consagrados, es decir, algo así como religiosos sin hábitos.

En el Sodalicio nunca se violó a nadie. Todos los abusos sexuales fueron perpetrados mediante el engaño y el abuso de confianza, obteniendo de este modo el consentimiento de la víctima. Éste consentimiento no era libre, pues se basaba sobre una especie de lavado de cerebro y de reforma mental lograda mediante adoctrinamiento y manipulación psicológica.

Además, por lo que se sabe hasta ahora, no ha habido ningún niño entre las víctimas. Ciertamente hubo abusos de jóvenes menores de edad, la mayoría de ellos imputables a Jeffery Daniels, pero el perfil de las víctimas de los demás abusadores, incluyendo a Figari, corresponde mayormente a la de jóvenes que ya habían alcanzado la mayoría de edad.

Caracterizar a Luis Fernando Figari como un “violador de niños” esquiva el problema y no ayuda a afrontarlo. Pues Figari era más que nada un carismático persuasor, un seductor de mentes, que sometía psicológicamente a sus seguidores y anulaba sus voluntades, con las mismas estrategias que empleaban otros líderes de sectas. Para ello analizaba las características psicológicas de sus posibles víctimas a fin de escoger sólo a aquéllas que pudieran caer en su trampa. Y si por algún rezago de conciencia alguna de ellas mostraba resistencia a sus avances, usualmente era dejada de lado y se libraba del abuso sexual, pero no del abuso psicológico que era pan de todos los días en las comunidades sodálites.

Si se quiere avanzar en la prevención y en el logro de justicia en el caso Sodalicio, hay que entender la estructura del abuso sexual que no es propiamente “violación” y el abuso psicólogico que subyace al anterior, además de visibilizar correctamente a las víctimas como adolescentes menores de edad pero principalmente jóvenes mayores de edad en situación vulnerable.

Lo demás —la continua repetición de clichés sensacionalistas sobre la pederastia clerical— no ayuda.

(Columna publicada en Altavoz el 25 de febrero de 2019)

EL CASO JEFFERY DANIELS Y LA DOCUMENTACIÓN INTERNA DEL SODALICIO

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Fernando Vidal, Alessandro Moroni y Claudio Cajina en el Congreso de la República (20 de noviembre de 2018)

«Yo me enteré de toda la información, o parte de la información, relativa a [Jeffery Daniels] cuando yo recién asumí como Superior General. No recuerdo ya exactamente si por informes que leí y que se encontraban en los archivos o por las informaciones periodísticas que comenzaron a salir desde fines del 2012 o del 2013», declaraba con voz vacilante el entonces Superior General del Sodalicio, Alessandro Moroni, el 20 de noviembre de 2018 ante la comisión del Congreso presidida por Alberto de Belaúnde.

Las “informaciones periodísticas” sólo pueden referirse a algunos comentarios anónimos (o con seudónimo) que fueron hechos a mi escrito SODALICIO Y SEXO publicado el 30 de enero de 2013 en mi blog Las Líneas Torcidas, o a mi escrito ¿HISTORIA DE ENCUBRIMIENTOS EN EL SODALICIO? publicado el 23 de septiembre del mismo año en el blog, donde hago una recopilación de los comentarios anteriores, pues el primer informe periodístico propiamente dicho sobre Jeffery Daniels sería una nota teniendo como fuente el testimonio de Mauro Bartra, publicada a fines de octubre de 2015 en Exitosa [ver JEFFERY DANIELS, SODÁLITE].

La memoria parece fallarle a Moroni cuando intenta precisar cómo tomó conocimiento de las fechorías de Jeffery Daniels. Cuando Alberto de Belaúnde le pregunta: «¿Cuando usted asume como Superior General recibe entre la documentación alguna información sobre el caso Daniels?», se queda callado en actitud pensativa sin saber qué contestar, y mientras le cede la palabra a Fernando Vidal, Vicario General del Sodalicio, para ganar tiempo, consulta con su abogado Claudio Cajina, sentado a su costado.

Vidal comenta que no recuerda si se enteraron del tema «porque alguien nos comentó o porque salió alguna nota», pero viendo que era un tema que había que aclarar, «comenzamos a buscar archivos y había muy poca información».

De repente, Moroni recuerda repentinamente que «se empezó a hacer un trabajo de recopilación, porque no existía documentación escrita», comunicándose con una que otra persona de esa época para que le contara lo que sabían. «Había información poca, parcial, supuestos (sic)», añade después, contradiciéndose con lo que acaba de decir. Y cuando Alberto de Belaúnde le pide que precise de qué tipo de documentación se trataba, Moroni enumera una evaluación psiquiátrica, una evaluación psicológica, documentos con indicaciones de trabajos espirituales y lecturas que se le pidió a Daniels que hiciera durante su reclusión en San Bartolo, e-mails intercambiados entre Daniels y Germán McKenzie (entonces Superior Regional del Perú), informes de testimonios iniciales que databan de diciembre de 1997 o enero de 1998, el informe de un careo con Daniel donde éste admite haber cometido abusos con tres menores.

Las contradicciones en las que caen Moroni y Vidal son evidentes. Lo cierto es que Moroni no admitió públicamente los delitos de Daniels sino hasta después de la publicación de Mitad monjes, mitad soldados, en una entrevista concedida a El Comercio el 26 de octubre de 2015.

El manejo descrito de la documentación interna va en la línea de lo que señalaba la Comisión de Ética para la Justicia y la Reconciliación:

«Para el ingreso y permanencia de los miembros de la institución, no se estableció un manual, directivas, lineamientos o documentos similares que permitieran saber a quienes se interesaban en ingresar a la misma, qué prácticas iban a realizar, los horarios, exigencias y demás condiciones de vida en comunidad. Tampoco existían lineamientos a seguir por quienes tenían a su cargo la formación de los nuevos miembros de la institución.

Dada la inexistencia de dichos lineamientos, las condiciones al interior de la institución solo fueron conocidas por quiénes las vivieron o ejercieron, no pudiendo ser verificadas o contrastadas a la fecha con alguna documentación objetiva».

Se puede concluir que el manejo de la documentación interna habría sido desordenada además de caótica y por lo tanto, sin procedimientos claros de levantamiento de información para los archivos, el Sodalicio se habría gestionado principalmente de manera oral. El flujo de información interna habría sido escaso y controlado por una pequeña cúpula. La mayoría de los demás miembros no habrían recibido ninguna información sobre hechos graves ocurridos al interior de la institución. Aparentemente, tampoco necesitaban esta información, pues su única obligación era obedecer.

Al igual que Moroni no supo —o no quiso saber— nada de los abusos hasta que fueron ventilados públicamente, asimismo el nuevo Superior General José David Correa y su nuevo Consejo Superior sabrían poco o nada de la manera en que se procedió internamente con las víctimas del Sodalicio, debiendo asumir como definitivo lo actuado por el anterior cuerpo directivo de la institución.

Elegir para que dirijan el Sodalicio a quienes sólo han tenido la obligación de obedecer sin espíritu crítico y no han recibido mayor información tiene una gran ventaja: no están en capacidad de revisar lo hecho con las víctimas y tampoco podrán hablar de lo que no saben. El silencio y el blindaje están garantizados.

(Columna publicada en Altavoz el 18 de febrero de 2019)

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FUENTES

Yo, Sobreviviente del Sodalicio de Vida Cristiana
“Doig, Figari y McKenzie lo recluyeron” Caso Daniels (1)

El Comercio
“Cómo diablos pudo haber pasado esto en el Sodalicio”. Entrevista al superior Alessandro Moroni (26.10.2015)
https://elcomercio.pe/lima/diablos-pudo-haber-pasado-esto-sodalicio-235305