HISTORIA CRIMINAL DEL CRISTIANISMO

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Karlheinz Deschner (1924-2014), escritor y ensayista alemán, es recordado sobre todo por su monumental obra en diez tomos Historia criminal del cristianismo. Obra polémica pero inconclusa, pues llega sólo hasta el siglo XVIII, fue publicada entre 1986 y 2013, debiendo el autor darla por concluida con el décimo tomo debido a problemas de salud. Deschner fallecería un año después.

Su obra completa, que abarca novelas, colecciones de aforismos y ensayos, se centra en los estudios históricos del cristianismo y de la Iglesia, a los cuales —siguiendo la tradición del Iluminismo del siglo XVIII— considera como enemigos de la humanidad.

Nacido en el seno de una familia católica, se educó en centros educativos gestionados por religiosos y, tras sobrevivir al servicio militar durante la Segunda Guerra Mundial, realizó estudios en la Escuela Superior Teológico-Filosófica de Bamberg (1946-1947) y asistió entre 1947 y 1951 a lecciones de literatura, derecho, filosofía, teología e historia en la Universidad de Wurzburgo, en la cual se graduó.

¿Qué circunstancias de la vida llevarían a este prometedor intelectual formado en los cotos del catolicismo a convertirse en uno de sus detractores más acérrimos?

Si bien sus primeras obras críticas sobre el cristianismo aparecieron a fines de los años ‘50, ya en 1951 a Deschner le había sido aplicada por el entonces obispo de Wurzburgo, Julius Döpfner, la máxima sanción que contempla la Iglesia católica: la excomunión. El motivo no pudo ser más trivial: Deschner se había casado civilmente con la divorciada Elfi Tuch, su compañera sentimental. Para la Iglesia, la pareja vivía en pecado y a Deschner se le exigió anular el matrimonio contraído, cosa que se negó a hacer. Ya influido entonces por los escritos de Nietzsche, Kant y Schopenhauer, a Deschner le importó un carajo lo que hiciera una Iglesia capaz de cometer lo que actualmente sería considerado como un atropello contra derechos fundamentales de la persona.

El análisis histórico del cristianismo que hace Deschner no parte de una intención destructiva sino de un imperativo ético, como señala en el primer tomo de su obra magna:

«¿Por qué no habríamos de aplicar al cristianismo su propia escala de medida bíblica, o en ocasiones incluso patrística? ¿No dicen ellos mismos que “por sus frutos los conoceréis”?

Como cualquier otro crítico social yo soy partidario de una historiografía valorativa. Considero la historia desde un compromiso ético, que me parece tan útil como necesario, de “humanisme historique”. Para mí, una injusticia o un crimen cometidos hace quinientos, mil, mil quinientos años son tan actuales e indignantes como los cometidos hoy o los que sucederán dentro de mil o de cinco mil años».

Y la contradicción que encuentra entre lo que predican y lo que hacen los cristianos, sobre todo en los más altos niveles jerárquicos, alimentan su creencia en la criminalidad del cristianismo:

«Como es sabido, hay una contradicción flagrante entre la vida de los cristianos y las creencias que profesan, contradicción a la que, desde siempre, se ha tratado de quitar importancia señalando la eterna oposición entre lo ideal y lo real… […] “…cuando siglo tras siglo y milenio tras milenio alguien realiza lo contrario de lo que predica, es cuando se convierte, por acción y efecto de toda su historia, en paradigma, personificación y culminación absoluta de la criminalidad a escala histórica mundial”, como dije yo durante una conferencia, en 1969, lo que me valió una visita al juzgado».

Se ha acusado a Deschner de falta de rigurosidad en el tratamiento de sus fuentes históricas, de no poner los hechos en su contexto y de omitir todo lo bueno que ha hecho el cristianismo a lo largo de su historia milenaria. O de que la acumulación de hechos delictivos reseñados por el autor —cuya veracidad histórica nadie ha puesto en duda— no justificarían metodológicamente la conclusión de que la Iglesia sea una organización criminal.

Argumentos similares hemos escuchado ante los abusos sexuales masivos en la Iglesia católica, donde incluso algunos obispos se cuentan entre los perpetradores y la gran mayoría habrían sido encubridores, a fin de “evitar el escándalo” y defender la imagen de “santidad” de la Iglesia.

De lo que no tenemos duda —especialmente aquellos que somos católicos con conciencia crítica— es que, si Deschner todavía estuviera vivo, tendría suficiente material histórico como para cerrar con broche de oro su Historia criminal del cristianismo.

(Columna publicada en Altavoz el 17 de septiembre de 2018)

 

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ALEMANIA vs PERÚ: UNA EXPERIENCIA PERSONAL

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El Wirsol Rhein-Neckar-Arena, estadio de fútbol ubicado en la pequeña ciudad de Sinsheim (estado de Baden-Wurtemberg, Alemania) tiene un aforo de aproximadamente 25,500 personas. Rebosaba de alemanes que iban a apoyar a su equipo, pero más numerosa era la multitud de peruanos, muchos de los cuales habían cruzado la frontera y venido desde Italia, Francia, España —por mencionar algunos países solamente— para hacerle barra a la blanquirroja y reencontrarse con sus paisanos en una experiencia de peruanidad, de identidad nacional basada en los valores más sencillos: cercanía, fraternidad, acogida y aceptación de la variopinta multiplicidad étnica de nuestro país, cariño, alegría. Pues en el exilio semi-voluntario que la mayoría hemos elegido, en busca de un futuro mejor, las barreras racistas y discriminatorias que existen en nuestro país tienden a difuminarse.

Y allí estaba yo ese domingo 9 de septiembre en la noche acompañado de mi mujer, mi hijo y un grupo reducido de amigos alemanes y peruanos para presenciar por primera vez en mi vida un partido de la selección peruana de fútbol, esta vez contra el seleccionado alemán.

Porque, a decir verdad, nunca me ha apasionado el deporte rey, hasta el punto de que ni siquiera seguí los partidos del Mundial de Fútbol, bastándome con saber los resultados. Recuerdo que de niño pasé algunos momentos ingratos en el colegio cuando algunos compañeros me preguntaron de qué club deportivo peruano era yo hincha, y yo ingenuamente respondí que de ninguno. Y ciertamente, me hicieron sentir como un ser anormal, una criatura bajada de otro planeta. Pues en muchos círculos de la sociedad peruana no se concibe que alguien no esté interesado por el fútbol, o que no tenga grabado en su corazón la lealtad y afición a un equipo determinado.

Aquí en Alemania, en cambio, se puede pasar piola. No tener interés por el fútbol es una inclinación que se respeta, y apenas existe presión social para que eso cambie.

En fin, allí estaba yo por la razón circunstancial de que mi mujer había decidido comprar entradas para el partido y porque quería ver de cerca el esfuerzo de nuestros futbolistas por destacar en un deporte que mueve multitudes. Más que el juego mismo, me interesaba el desempeño humano de mis compatriotas, provenientes todos de sectores sociales más cercanos al perfil promedio de la población peruana, es decir, gente del pueblo con piel indígena, negra, cobriza, mezclada, ajena a los ideales de publicidad de la mayoría de las grandes entidades comerciales del Perú. Gente que ha experimentado alguna vez en su vida lo que es verdaderamente sudar la camiseta y trabajar con denuedo y esfuerzo para tener no mucho, sino lo necesario para una vida digna, y a veces menos que eso.

Valió la pena la experiencia. Ver a los peruanos medirse de igual a igual con Alemania —aunque hayan perdido habiendo podido ganar, de haber aprovechado bien todas las oportunidades de gol que dejaron pasar— es algo que no se olvida y es una señal de que el futuro del Perú se halla en la gente de a pie —en este caso literalmente— y no en aquellos que dicen representarlos en las altas esferas políticas, judiciales y empresariales, donde la corrupción ha podrido la gran mayoría de las instituciones. A destacar, el cartel que llevaba un grupo de peruanos en la tribuna alta con la inscripción «¡Referéndum ya!»

Paradójicamente, las derrotas ajustadas de la selección peruana contra los Países Bajos y Alemania se convierten en una alegoría de lo que pasa en el Perú. Mientras que la corrupción campea en todo el sistema, los peruanos comunes y corrientes difícilmente podrán obtener victorias notables no obstante sus esfuerzos por salir adelante.

Aún así, los peruanos de corazón seguimos irradiando alegría y entusiasmo contagioso. Eso también se vio en el estadio, donde peruanos y alemanes —mezclados pacíficamente en las tribunas— vitorearon a sus equipos cada uno a su estilo. Y no faltaron alemanes emparejados con peruanas que también llevaban puesta la camiseta de Perú. Uno incluso con el escudo de Uchiza en la parte trasera y una pequeña bandera alemana cosida a la altura izquierda del pecho.

En este microcosmos de un partido amistoso entre Perú y Alemania se pudo entrever lo mejor de la peruanidad, aquello que nos arranca el grito: «¡Viva el Perú, carajo!»

(Columna publicada en Altavoz el 11 de septiembre de 2018)

PERIODISMO Y ÉTICA: A 30 AÑOS DE LA CRISIS DE REHENES DE GLADBECK

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Dieter Degowski apuntando a la cabeza de Silke Bischoff mientras da una entrevista (Colonia, 17 de agosto de 1988)

El periodismo, un oficio que ha vivido episodios gloriosos e importantes a lo largo de su historia, también ha tenido momentos vergonzosos y lamentables debido a la falta de ética de algunos de sus representantes.

Este 18 de agosto se cumplieron 30 años de uno de estos incidentes sombríos: la crisis de rehenes de Gladbeck, pequeña ciudad alemana ubicada en Renania del Norte-Westfalia.

El 16 de agosto de 1988, Hans-Jürgen Rösner (31) y Dieter Degowski (32), amigos desde la edad escolar y cómplices de fechorías, ingresan con armas de fuego a las 7:55 de la mañana en la agencia del Deutsche Bank de Gladbeck. Sólo estaban allí un cajero y una asesora, ninguno de los cuales tenía la llave de la caja fuerte, por lo cual los atracadores deciden esperar al gerente de la sucursal. Cuando avistan un coche de la policía ante el local, la cual había sido advertida por un médico que tenía su consultorio en el mismo edificio, Rösner y Degowski toman de rehenes a los dos empleados y se atrincheran en el banco.

Lo que seguiría sería una sucesión de transgresiones a la ética periodística a lo largo de tres días, las cuales estorbarían el trabajo de la policía, impedirían una acción efectiva para terminar lo más pronto con el incidente, pondrían en riesgo vidas inocentes, siendo el saldo final de tres muertos.

El primero que se comunicó con los delincuentes fue un periodista del canal RTV plus, quien llamó a la agencia y le hizo una entrevista telefónica a uno de los secuestradores. A este periodista fue a quien le plantearon sus exigencias: 300,000 marcos y un automóvil para huir con los rehenes. La policía cumplió y a las 21:45 de la noche, bajo el foco de las videocámaras periodísticas, Rösner y Degowski —a quien se les unió Marion Löblich, la novia de Rösner— iniciarían un recorrido que los llevaría hasta Bremen, a unos 240 kilómetros al norte de Gladbeck, donde en la noche del 17 de agosto secuestrarían un autobús, tomando a 29 pasajeros de rehenes. Varios periodistas logran entrar con cámaras al vehículo y, con la anuencia de los secuestradores, toman fotos de hombres y mujeres, sin ninguna consideración a la angustia mortal que estaban experimentando, además de entrevistar a los secuestradores mientras sostenían sus armas contra las cabezas de los dos rehenes originales, que serían liberados poco después esa misma noche. La noticia se había convertido en un espectáculo para los medios.

Cuando en un restaurante de carretera en dirección de Hamburgo, Marion Löblich es detenida por la policía en el momento en que iba al baño, los secuestradores amenazan con matar rehenes si no la dejaban libre. Löblich es liberada, y aún así Degowski hiere mortalmente de un tiro en la cabeza al joven Emanuele de Giorgi (14). Esa misma noche muere el policía Ingo Hagen (31), asignado al caso, cuando su vehículo choca frontalmente contra un camión.

En el autobús los secuestradores cruzarían la frontera neerlandesa en horas de la madrugada del 18 de agosto, donde dejarían libres a los pasajeros a cambio de un automóvil ofrecido por la policía alemana, llevándose como rehenes sólo a Silke Bischoff (18) y a su amiga Ines Voitle.

Ese mismo día vuelven a cruzar la frontera, dirigiéndose hacia Colonia, donde en la zona peatonal, rodeados por un pelotón de periodistas, dan una conferencia de prensa desde el vehículo. En algunas fotos se puede apreciar a Degoswki sosteniendo una pistola contra la cabeza de Silke Bischoff mientras responde a las preguntas de los periodistas. Incluso un periodista se subió al automóvil de los secuestradores y durante una hora los guió hacia la autopista.

Poco después del mediodía el vehículo se dirigió hacia Frankfurt. Tras lograr chocarlo con un vehículo blindado y dejarlo inutilizado, la policía se engarzó en un tiroteo con los secuestradores, durante el cual murió Silke Bischoff herida por una bala proveniente del arma de Rösner.

Como resultado de la vergonzosa conducta de numerosos periodistas, que en aras del sensacionalismo mediático contribuyeron a potenciar un delito en vez de ponerle freno, el Consejo Alemán de Prensa decidió ampliar el Código de Prensa con la prohibición para cualquier periodista de entrevistar a los secuestradores durante una crisis de rehenes en proceso y de iniciar negociaciones con ellos por cuenta propia.

La gran lección que muchos aún no han aprendido es que un periodismo sin ética ni respeto por las víctimas de un acto criminal es tan condenable como el crimen mismo.

(Columna publicada en Altavoz el 20 de agosto de 2018)

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FUENTES

Wikipedia (en alemán)
Geiselnahme von Gladbeck
https://de.wikipedia.org/wiki/Geiselnahme_von_Gladbeck

SPIEGEL Online
Gladbecker Geiseldrama: “Ein Fall, der an die Nerven ging” (15.08.2018)
http://www.spiegel.de/einestages/gladbecker-geiseldrama-1988-ein-fall-der-an-die-nerven-ging-a-1222984.html

ZEIT Online
Geiselnahme von Gladbeck: Gaffen, auch wenn Menschen sterben (16. August 2018)
https://www.zeit.de/wissen/geschichte/2018-08/geiselnahme-gladbeck-hans-juergen-roesner-dieter-degowski-medien-skandal

LA CORRUPCIÓN NUESTRA DE CADA DÍA

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Para comprender todo el alcance y gravedad de la corrupción que hay en el Perú, se requiere haber vivido en sociedades donde ese problema sea marginal y no inherente al sistema. Como en Alemania, donde resultan altas la confianza en la policía (86%) y en el poder judicial (72%) y se mantienen aceptables la confianza en el parlamento alemán o Bundestag (59%) y en el gobierno o poder ejecutivo (54%). Sin embargo, es baja la confianza en los partidos políticos (36%) y mucho peor en las grandes empresas (18%), pues es allí —sobre todo en la industria automovilística— donde se han concentrado los mayores casos de corrupción.

Los alemanes suelen ser bien organizados y eso se refleja también en el área delictiva. Los delitos de poca monta, como el asalto a mano armada y el robo callejero, van en retroceso en las estadísticas, mientras que las defraudaciones, estafas y malversaciones valiéndose de estructuras corporativas propias del capitalismo —que engrosan lo que se conoce como delincuencia financiera o “delitos de cuello blanco”— constituyen una de las áreas criminales que más ha crecido en Alemania. En este país, si uno quiere robar a lo grande, tiene que fundar una empresa.

No obstante lo dicho, la corrupción no ha tomado todo el sistema como en el Perú, y la sociedad, aplicando mecanismo democráticos, reacciona saludablemente frente a brotes de corrupción que se han dado en empresas como Volkswagen, Audi, Porsche, Daimler y BMW. Hay varios procesos judiciales en marcha y probablemente varios altos directivos terminen entre rejas.

En el Perú, en cambio, desde que tengo memoria, la corrupción es un cáncer que corroe todo el sistema y ante el cual la mayoría de los peruanos han claudicado moralmente a fin de poder sobrevivir. Siempre he encontrado en el país una capitulación colectiva ante la corrupción, expresada en frases resignadas como «así son las cosas» y «qué se va a hacer». Y recuerdo que mi madre, con las mejores intenciones, intentaba prepararme para salir adelante en un sociedad corrupta con frases como «no confíes en nadie, ni siquiera en tu propia madre», o «cuando tengas un puesto de trabajo, quédate siempre callada la boca». Pues quien se atreviera a luchar contra las lacras del sistema, terminaba siendo indefectiblemente su víctima.

Pero cuando uno está metido en la miasma, ni siquiera tiene uno la claridad de mente como para ver como los tentáculos del monstruo se meten hasta en las más insignificantes rendijas. Y uno se vuelve cómplice sin darse cuenta. Como cuando a inicios del año ‘90, acercándose el final del primer gobierno de Alan García, éste decidió vaciar en lo posible las arcas del Estado para dejar a su posible sucesor —Mario Vargas Llosa, quien aún se perfilaba como el futuro ganador de las próximas elecciones presidenciales— una situación inmanejable. En ese entonces yo terminaba mis estudios de licenciatura en la Facultad de Teología Pontifica y Civil de Lima, y el representante de los alumnos nos comunicó que una entidad estatal estaba dispuesta a pagar parte de nuestras pensiones sin requisito alguno de nuestra parte. Por supuesto que aceptamos esa plata regalada, sin saber que le hacíamos el juego a la corrupción.

O cuando llegué a Alemania en el año 2002, el entonces embajador del Perú en Berlín, amigo de la familia de mi mujer, me ofreció como un favor la ayuda gratuita de traductoras que trabajaban para la embajada. Yo acepté sin rechistar —sin conciencia de estar haciendo algo malo— que personal pagado con dinero del Estado peruano, proveniente de los impuestos de todos los peruanos, revisara mi currículum vitae y me ayudara a preparar mi documentación para postular a un puesto de trabajo en Alemania.

De diciembre de 1980 a julio de 1993 viví en comunidades del Sodalicio de Vida Cristiana, una asociación católica peruana que ha asimilado hasta la médula la cultura de corrupción que hay en el Perú y es hasta ahora una de sus expresiones más prístinas, sobre todo en sus manejos de dinero, su gestión de influencias con personajes prominentes de la Iglesia y de la sociedad peruana, y sus estratagemas para escurrirse de la justicia.

Por lo mismo, ante las recientes revelaciones de audios que sólo evidencian una lacra que ha acompañado mórbidamente la historia peruana, siguen siendo tremendamente actuales las palabras de Alfonso Quiroz en su libro de lectura obligatoria Historia de la corrupción en el Perú, publicado por primera vez en inglés en el año 2008:

«Se requiere de una reforma constitucional exhaustiva para así garantizar una independencia efectiva de los tres poderes del estado, la existencia de pesos y contrapesos, la descentralización y la erradicación de las fuerzas informales opuestas a las instituciones formales que regulan las interacciones sociales modernas. Debido al impacto histórico de la corrupción en el Perú, toda reforma constitucional debiera estar guiada hacia mecanismos con los cuales ponerle freno a esta antigua y dañina práctica.[…] Una reforma judicial exhaustiva debiera buscar modernizar, simplificar y reducir los costos de los juicios, y contemplar cierto grado de supervisión ciudadana hacia los jueces. Otra cuestión persistente que requiere de acción urgente es la reestructuración exhaustiva del sistema de educación pública, acosado por el bajo salario de los maestros y las huelgas políticamente motivadas. Solamente una ciudadanía realmente informada y educada podrá vencer la recalcitrante «cultura» de la corrupción. Los jóvenes peruanos tienen el derecho a que se les enseñe el valor de las instituciones y los daños que la corrupción causa.»

(Columna publicada en Altavoz el 16 de julio de 2018)

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Los datos estadísticos sobre los niveles de confianza en Alemania han sido tomados del portal Statista y corresponden a la primavera de 2018. Téngase en cuenta que el portal hace dos mediciones anuales mediante encuestas, una en primavera y la otra en otoño. Los porcentajes varían en el tiempo, pero las fluctuaciones son relativamente pequeñas.

ENTREVISTA A UNA VÍCTIMA OLVIDADA DEL SODALICIO

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Fuente: Deutsche Welle

En abril de 2016 el periodista Beto Villar me comunicó que iba a estar en Alemania —específicamente en la ciudad de Colonia— para entrevistar a dos víctimas del Sodalicio —una de ellas Álvaro Urbina— y me solicitó una entrevista para un reportaje sobre el Sodalicio que iba a ser emitido en el programa Punto Final (Latina), entonces a cargo de Nicolás Lúcar. Quedamos en encontrarnos en la estación de tren de Mannheim, situada a unos 200 kilómetros al sureste de Colonia y a unos 30 kilómetros del pueblo donde vivo. Recuerdo que el día estaba soleado y el clima era agradable, pues estaba comenzando la primavera.

Sólo unos brevísimos fragmentos de la entrevista fueron incluidos en el reportaje, quizás debido a que yo no tenía muchas cosas escandalosas que contar. Incluso admití que nunca había visto ningún abuso sexual en el Sodalicio ni yo mismo lo había experimentado. Omití el incidente en que Jaime Baertl me pidió que me desnudara y simulara fornicar una silla enorme —que más parecía un trono de rey que otra cosa—, pues lo consideraba más como un acto de manipulación psicológica de connotación sexual, pero no un abuso sexual propiamente dicho. Además, siempre he insistido en que el sometimiento psicológico a que varios fuimos expuestos en el Sodalicio, con la consiguiente falta de libertad, es lo que más daño nos ha causado, y resaltar el incidente con Jaime Baertl podía desviar la atención de lo sustancial, de lo que realmente importaba.

Recientemente, Beto ha editado la entrevista y la ha publicado casi en su totalidad con el siguiente comentario:

«Conocí a Martín Scheuch en el 2016, cuando viajé a Alemania a entrevistarlo a él y a otras dos víctimas del Sodalicio de Vida Cristiana. Lo recuerdo hasta hoy: calmado aunque por momentos ansioso, con una mirada dura y la sonrisa nerviosa. Nos conocimos en una estación de tren a una hora de Colonia, donde yo me hospedé. Semanas antes habíamos coordinado la reunión por correo. Cuando le di la mano, no sospechaba que hoy, más de dos años después de todo ello, la vida lo seguiría tratando con injusticia. A pesar de la contundencia de su denuncia, el Sodalicio le ha negado la reparación que muchos otros han recibido y menos la psicoterapia que necesita. Apenas algunos segundos de esta entrevista de más de una hora apareció en los reportajes que emitimos poco después en Punto Final, de Latina, Perú. Hoy la publico en su totalidad para ayudar a entender el daño que los abusadores físicos y sexuales del Sodalicio, Luis Fernando Figari a la cabeza, han hecho en sus víctimas.»

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Algunas cosas han cambiado desde entonces. El Sodalicio, a través del “experto” contratado Ian Elliott, se negó a reconocerme como víctima, no obstante que proporcioné mayores detalles de los abusos que sufrí. La relación de acontecimientos ligados a esta infame negativa han sido descritos por mí en dos posts anteriores:

Por otra parte, para salir del desempleo, en junio de ese mismo año inicié una capacitación de cinco meses —pagada por la Oficina de Trabajo— para convertirme, de manera acreditada, en acompañante de ancianos con demencia. Desde enero de 2017 estoy trabajando en una residencia de ancianos, dedicándome al acompañamiento y activación de personas de la tercera edad, en su mayoría con demencia senil, para lo cual me están sirviendo de ayuda mis habilidades musicales con la guitarra y la armónica, que me permiten interpretar antiguas canciones populares alemanas junto con los ancianos. Tampoco han faltado momentos en que he tenido que acompañar a alguna que otra anciana en su lecho de muerte. Pero en general la preocupación por mantener la calidad de vida de quienes se acercan al final de su existencia —mediante actividades que le den un sentido a su día a día— y traer un poco de alegría a la nebulosa mental que la mayoría de ellos habitan, es un trabajo, aunque no bien remunerado, sí lleno de satisfacciones, de experiencias enriquecedoras y de enseñanzas vitales, provenientes de aquellos que ya han vivido y que, no obstante sus limitaciones, gozan de una sabiduría humana admirable.

ALEMANIA EN EL MUNDIAL: UN PAÍS HUMILLADO

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Rusia 2018. Alemania fue eliminada del Mundial en la fase de grupos por primera vez en su historia. Una derrota humillante, considerando además que el equipo alemán salió último en su grupo, cuando cuando desde el 2002 no había bajado del tercer puesto y llegó a ser campeón mundial en cuatro ocasiones (1954, 1974, 1990 y 2014).

“El fin del delirio de grandeza”, titulaba el semanario Die Zeit el comentario de su corresponsal en Rusia (“Das Ende der Selbstherrlichkeit”, Oliver Fritsch, 27/06/2018). Éste señalaba que lo ocurrido en Kazán el miércoles fue muy humano, pues cuando se tiene éxito es cuando más errores se cometen.

“¡Somos el número uno en el mundo!” cantaba la hinchada alemana, incluso ante el torpe y desastroso juego de la selección alemana contra el seleccionado de Corea de Sur durante el segundo tiempo del partido. A los hinchas les está permitido ilusionarse, pero aparentemente también creían esto los mánagers, entrenadores, jugadores, expertos y medios deportivos. No se aquilató suficientemente al hecho de que, después del triunfo de Rio de Janeiro en 2014, no le ha sido fácil a la selección alemana obtener triunfos sobre adversarios fuertes. En tiempos recientes el fútbol alemán no ha sido tan bueno como muchos creen.

Y eso se ha reflejado en la actuación del equipo alemán en el Mundial, donde sólo ha brillado durante el segundo tiempo del partido contra Suecia, y no sólo por méritos propios, sino también con un poco de suerte, que evitó que les cobraran un penal a favor de Suecia e hizo que pudieran meter el gol de gracia en el último minuto del juego. El resto ha sido una performance desvalida, exangüe y, en el mejor de los casos, mediocre.

Todo lo contrario de la publicidad que se hizo, sobrevalorando en extremo las cualidades de los futbolistas germanos. “Best never rest” (“lo mejor nunca descansa”) fue uno de los slogans publicitarios más difundidos. Probablemente ningún equipo ha ido con tanta arrogancia al torneo máximo de la FIFA.

Bajo ese supuesto, se merecían el alojamiento en un local de cinco estrellas —con spa incluido— a las puertas de Moscú, de donde a ningún jugador le estaba permitido ausentarse. La sensación era la de estar en un lujoso campo de trabajo forzado. “No estamos aquí de vacaciones. Queremos ser campeones del mundo”, dijo Olivier Bierhoff, el mánager del seleccionado alemán. Si por lo menos hubiera dicho que estaban allí para jugar fútbol.

«Se tiene la impresión de que muchos en Alemania se habrían alegrado, si hoy hubiéramos sido eliminados», dijo el goleador Toni Kroos después del ajustado triunfo de 2 a 1 sobre Suecia. Un triunfo que otorgó una nueva aunque fugaz esperanza después de la derrota ante México.

El fútbol ha sido siempre una válvula de escape, que refleja de alguna manera la situación de la sociedad en la que se vive. Así fue la victoria en 1954, conocida como “el milagro de Berna”, que le dio ánimo y valor a un país convaleciente en la época de la posguerra. El título de 1990 en Italia fue la victoria de la Alemania reunificada tras la caída del Muro de Berlín. El 2006 fue el triunfo de una Alemania hospitalaria, abierta al mundo, viviendo su “cuento de hadas de verano”. La copa FIFA del 2014 en Rio de Janeiro recayó sobre una Alemania en auge, bonanza, soltura y euforia.

Ahora hay nubes que se ciernen sobre la sociedad alemana, en momentos en que se está cuestionando la política sobre refugiados que ha sostenido Angela Merkel y se está convirtiendo ese tema en un caballito de batalla para obtener votos en las próximas elecciones regionales en Baviera, defendiendo un ideal nacionalista de cultura alemana que hace recordar los tiempos de Hitler. Lo cual está también siendo aprovechado por la Alternativa para Alemania, un partido de derecha extrema que pretende convertir a Europa en una fortaleza refractaria a la ayuda humanitaria debida a los inmigrantes. Jens Maier, diputado de esta agrupación política en el Bundestag, comentó a través de Twitter: «¡Sin Özil habríamos ganado!», aludiendo a un jugador turco-alemán que juega para la selección y que fue criticado por aparecer en unas fotos junto a Erdogan, el actual presidente de Turquía. Sin duda, una expresión más de la xenofobia creciente buscando un chivo expiatorio.

De este modo, el fútbol alemán se despide de sus ilusiones y deberá entrar obligadamente en un período de reflexión, donde los esfuerzos deberán estar concentrados en aprender a jugar mejor en equipo y asumir las contiendas con una actitud más modesta y humilde. Y lo mismo se aplica a la sociedad alemana, que deberá mantener una política inclusiva hacia todos y enriquecerse con el aporte humano de todos aquellos que huyen de países en situación precaria y buscan refugio en países donde se se juegue limpio y se respeten los derechos de todos. De todos en absoluto.

(Columna publicada en Altavoz el 2 de julio de 2018)

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FUENTES

ZEIT ONLINE
Deutsches WM-Aus: Das Ende der Selbstherrlichkeit (27. Juni 2018)
https://www.zeit.de/sport/2018-06/deutschland-fussball-wm-aus

taz
Kommentar Deutsche Elf in Russland: Gut, dass es vorbei ist (28.6.2018)
http://www.taz.de/Kommentar-Deutsche-Elf-in-Russland/!5516750/

t-online.de
Deutschland, eine Sommerdepression (28.06.2018)
https://www.t-online.de/nachrichten/deutschland/innenpolitik/id_84017046/deutschland-eine-sommerdepression-kurswechsel-fuer-merkel-und-loew-.html

EL GRAN AMOR DE UN CARDENAL ALEMÁN

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Cardenal Michael von Faulhaber (1869-1952)

El cardenal Michael von Faulhaber (1869-1952) fue de 1911 a 1917 obispo de Espira (Speyer) —diócesis cuya jurisdicción abarca el pueblo en el cual vivo— y posteriormente arzobispo de Múnich y Freising desde 1917 hasta su muerte.

Fue una personalidad ambigua no sólo en el campo de lo político —se opuso a todo tipo de antisemitismo y de maltrato de los judíos, pero buscó mantener buenas relaciones con la dictadura hitleriana—. También lo fue en el ámbito de la vida sentimental. Pues aun siendo un “santo varón” que había prometido vivir en celibato, entre 1938 y 1950 cultivó una amistad íntima con una mujer 17 años más joven que él.

Franziska Bösmiller (1886-1983), especialista en lengua y literatura germánica, trabajaba como maestra de escuela en Múnich. Nacida en una familia protestante, se convirtió posteriormente al catolicismo, y publicaba regularmente artículos de temas pedagógicos y religioso-filosóficos en revistas. Se le podría describir como una mujer moderna para su tiempo, con formación académica y pensamiento independiente, una profesional, a la cual le gustaba asistir a la tradicional festividad bávara del Oktoberfest así como ir a bañarse al lago en la época estival, lo cual no era entonces algo usual entre mujeres católicas.

El primer encuentro de ambos personajes ocurrió en diciembre de 1937, cuando Franziska recibió la comunión de manos de Faulhaber durante una misa en una iglesia de Múnich. El 8 de enero de 1938 visita oficialmente al cardenal, quedando impresionados el uno con el otro. A Franziska le sería encomendada la tarea de ordenar la biblioteca personal del prelado, así como ayudarlo a taquigrafiar y mecanografiar sus prédicas y preparar una colección histórica de personajes católicos que se hubieran opuesto al nazismo. A estos efectos, pasaría varias horas de la semana en el palacio arzobispal. A partir de ahí se desarrollaría una relación muy particular, siendo así que el cardenal la visitaría posteriormente por lo menos nueve veces en su vivienda personal.

La teóloga Antonia Leugers de la Universidad de Tubinga, quien ha tenido acceso al diario personal del prelado alemán —descubierto tras la muerte en 2010 de quien fuera su secretario personal— y al diario de Franziska, obtenido por un golpe de suerte cuando en 2013, durante unas jornadas académicas, se le acercó una sobrina nieta de la maestra para informarle que se hallaba en posesión familiar una maleta con varios documentos de Franziska, entre ellos el diario mencionado, investiga desde hace años esta amistad íntima y ha sacado a la luz el fascinante testimonio del amor entre un cardenal alemán y una cultivada mujer soltera, visto desde la perspectiva femenina de ésta última.

«Ésta es la verdadera belleza — la belleza de espíritu y cuerpo — está unión. Que tú seas así, que tu estés allí — que tú estés allí en el aliento de tu alma y de tu vida — es la razón por la que te amo así — mi Franziska», son palabras del cardenal Faulhaber reseñadas por la maestra en su diario.

La cosa no quedó solamente en declaraciones amorosas. Franziska describe otras manifestaciones como abrazos, besos, caricias y arrumacos. Una vez en 1940 Faulhaber estaba guardando reposo en un sanatorio. Allí recibió a Franziska, quien relata en su diario: «Me abraza y me sujeta tan amorosamente, me besa tiernamente, mientras me susurra siempre de nuevo: mi Sonntagskind» —cariñosa expresión alemana que se traduce literalmente como “niño de domingo” y equivale a la expresión “persona nacida con buena estrella”—.

En abril de 1943 Franziska pasa una hora junto al cardenal en el palacio episcopal. «Nuestro corazones se fortalecen mutuamente», escribe en su diario. «En la noche pienso en ti – eso te lo he prometido – durante el rosario – y cuando paseo», le habría dicho el cardenal enamorado.

Los encuentros se interrumpieron abruptamente cuando la vivienda de Franziska fue dañada durante un bombardeo aéreo en 1944, y dado que el cardenal —preocupado por su imagen pública— no quería correr el riesgo de que se conociera esta relación, no permitió que sus encuentros furtivos se realizaran en el palacio episcopal. La relación se fue enfriando y la última mención de un encuentro la hace Faulhaber en 1950 cuando señala el esfuerzo que cuesta hacer que Franziska (mencionada bajo seudónimo) se vaya… entre lágrimas.

Lo que en parte fue una historia muy hermosa, no pudo tener un desenlace feliz debido a la obligación de celibato que mantiene el clero católico romano. Un celibato que en la mayoría de los casos suele ser mera apariencia y no compromiso vivido. Y que necesita a gritos ser replanteado en la Iglesia católica.

(Columna publicada en Altavoz el 18 de junio de 2018)

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FUENTES

Süddeutsche Zeitung
Verbotene Liebe: Der strenge Kardinal und seine heimliche Liebschaft (30. April 2017)
http://www.sueddeutsche.de/muenchen/verbotene-liebe-der-strenge-kardinal-und-seine-heimliche-liebschaft-1.3483459

Die Rheinpfalz (edición impresa)
Blickpunkt: Der Kardinal und die Lehrerin – Eine außergewöhnliche Beziehung (14. Juni 2018)