LA REVOLUCIÓN ROBADA

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Mujeres manifestantes en Petrogrado (febrero de 2017)

Hace cien años se inició la Revolución Rusa, acontecimiento que marcó la historia del siglo XX y cuyas consecuencias llegan hasta el día de hoy. Pues fue este acontecimiento el que encumbró la figura de Vladímir Ilich Uliánov (Lenin) hasta entonces una figura irrelevante en el panorama mundial y el que puso en la palestra del pensamiento político, social y económico las ideas de un intelectual que hasta entonces era uno más de los filósofos sociales del siglo XIX. Me refiero a Karl Marx, que hubiera caído en el olvido de no ser por la Revolución Rusa.

Sin embargo, la historia oficial que se nos ha contado oculta las circunstancias verdaderas que gatillaron este acontecimiento histórico. Pues la revolución no comenzó con Lenin —un pasajero que llegó tarde a la cita y que se trepó en un segundo momento al tren de un fenómeno social que ya estaba en marcha— ni tampoco fueron marxistas sus primeros protagonistas.

Las circunstancias para un estallido social ya estaban dadas desde hace tiempo en una Rusia con un régimen autocrático y represivo, donde el Zar hacía y deshacía como quería. La revolución de 1905, si bien fracasó, obligó al zar a instaurar la Duma, una asamblea legislativa que tuvo una vida muy corta y azarosa, sin que lograra ninguna de las reformas necesarias para la modernización de Rusia, nación anclada todavía a un sistema feudal que perpetuaba la miseria y la pobreza y que, a la vez, tenía un proletariado creciente en las grandes ciudades con una industria incipiente.

Ni siquiera el primer ministro Piotr Stolypin, un zarista acérrimo que ejerció el cargo de 1905 a 1911 intentando reformas sociales que beneficiaran sobre todo a los campesinos y generaran una clase media agraria propietaria de sus tierras, logró mejoras que evitaran un revolución. Abandonado a su suerte por la aristocracia rusa y por el mismo Zar que veían con malos ojos un empoderamiento de los menos favorecidos aun cuando eso favoreciera sus intereses de seguir gobernando, Stolypin recibió dos balazos de un radical socialista en la ópera de Kiev el 1° de septiembre de 1911. Moriría cuatro días más tarde.

A inicios de 1917, las sucesivas derrotas de Rusia en la Primera Guerra Mundial, los abusos de los oficiales hacia la soldadesca, la escasez, el hambre, unidos a un crudo invierno, ya anunciaban un estallido.

El 23 de febrero, Día Internacional de la Mujer, una multitud formada por mujeres reclamando pan e igualdad de oportunidades, y gritando «¡Abajo el Zar!», marcharon por las calles de Petrogrado (la actual San Petersburgo). Al mediodía, las trabajadoras textiles de Víborg, al norte de la ciudad, se declararon en huelga. Este chispazo inicial protagonizado por mujeres recibiría posteriormente el apoyo de obreros y soldados, organizados en asambleas democráticas (soviets). Vendrían días turbulentos, los enfrentamientos se cobrarían unas cien víctimas, pero al final al Zar no le quedaría más remedio que abdicar, formándose un gobierno provisional con liberales progresistas.

El fin de la monarquía se sintió como una liberación, pues las diferencias sociales habían quedado borradas de un día para otro. Pero a la alegría le sucedieron tensiones entre el gobierno provisional y los soviets, aplazamiento de las reformas, prolongación de la guerra y las rencillas entre partidos que querían arrogarse la representación del pueblo, generándose un clima de anarquía.

Mientras tanto, Lenin, líder de los bolcheviques —una fracción socialista minoritaria pero extremista—, quien gozaba de un exilio dorado en Zúrich (Suiza), tuvo noticia de la revolución y vio en ello la oportunidad de llegar al poder e iniciar una lucha mundial contra el capitalismo, de acuerdo a sus principios dogmáticos y radicales. Con la aquiescencia del gobierno alemán —el cual veía en él un posible elemento desestabilizador del enemigo ruso— cruzó Alemania en un tren sellado y en abril llegó —vía Suecia y Finlandia— a Petrogrado.

Lo demás es historia conocida. En octubre los bolcheviques tomaron violentamente el poder por medio de las armas, e iniciaron una dictadura que a lo largo de los años se cobraría cruentamente millones de víctimas. Y todo gracias al robo y usurpación de una revolución que ellos no habían iniciado, sino las mujeres del pueblo que sólo pedían pan.

(Columna publicada en Altavoz el 16 de octubre de 2017)

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VOTAR EN ALEMANIA

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Logo de la AfD (Alternativa para Alemania) sobre un muro agrietado

Ayer hubo elecciones generales en Alemania. Dado que cuento con la nacionalidad alemana —además de la peruana—, pude ir a votar.

El procedimiento es mucho más sencillo que en las elecciones peruanas. Semanas antes recibí una carta informándome que estoy habilitado para votar, indicando el local y la fecha de votación. Dado que vivo en un pueblo, el local de votación queda a sólo unos 100 metros de mi casa. Si por algún motivo hubiera estado impedido de acudir al local —enfermedad o viaje de vacaciones, por ejemplo—, hubiera podido solicitar que me envíen una cédula para enviar mi voto por correo.

Fui con la carta —que es lo único que tenía que presentar— al local, me dieron la cédula y marqué en la cabina el partido de mi preferencia. No tuve que buscar mi nombre en un planillón, ubicar la mesa de votación, ni tampoco firmar ningún documento, dejar impresa mi huella digital o manchar mi dedo con tinta indeleble.

El ambiente que se respira ese día, tanto en localidades pequeñas como en las grandes ciudades, no difiere en nada de cualquier otro domingo. No hay despliegue policial en las calles, ni tampoco aglomeramientos de gente. Eso se debe a la sencillez del acto de votación y al hecho de que el voto es un derecho pero no una obligación. Su carácter opcional no obliga a nadie a perder su tiempo cuando se ha tomado la decisión en conciencia de no participar en la contienda electoral.

Por otra parte, no hay segunda vuelta. Los votantes no eligen directamente a los candidatos a canciller, sino que votan por un partido, determinando así el número de representantes que accederán al Bundestag (Parlamento Federal). Dado que se requiere de más del 50% de representantes para formar gobierno, lo normal es que por lo menos dos partidos armen una coalición —formalizada en un acuerdo-contrato de cumplimiento obligatorio— que permite la formación de un gobierno, donde si bien el canciller lo pone el partido con más votos, las cuotas de poder en el gobierno se reparten proporcionalmente entre los partidos participantes de la coalición. De este modo, desde la Segunda Guerra Mundial no ha habido en Alemania ningún gobierno de un solo partido, ni tampoco puede darse el caso de un Parlamento que se oponga al poder ejecutivo.

En los últimos tiempos, han solido tener representación en el Parlamento Federal los dos partidos mayores —los cristianodemócratas de la alianza CDU (Unión Demócrata Cristiana) / CSU (Unión Social Cristiana) y los socialdemócratas del SPD (Partido Socialdemócrata de Alemania)— junto con otros partidos menores con cierta tradición política: los liberales del FDP (Partido Democrático Libre), los ecologistas del partido de los Verdes y la Izquierda.

Este año un partido recién creado en 2013 coloca por primera vez representantes en el Parlamento, ubicándose con el 13% de los votos como la tercera fuerza política de Alemania. Me refiero a la AfD (Alternativa para Alemania), una agrupación populista de derecha que pregona el retorno a los valores nacionales tradicionales de una Alemania que ya no existe mayoritariamente —pues el país germano es ahora multicultural—. En defensa de esos “valores” del pueblo alemán, propone la disolución de la eurozona y la abolición del euro, el fortalecimiento de la familia tradicional y la lucha contra la “ideología de genero”, mayores restricciones al ingreso de refugiados en Alemania y abandono de la política de integración que hasta el momento se ha tenido, prohibición de todos los signos externos del Islam —al cual consideran como un cuerpo extraño en la sociedad alemana—, renuncia a toda medida orientada a evitar el calentamiento global —por ejemplo, las leyes de energías renovables y de ahorro de energía, vigentes en la actualidad—, pues el cambio climático sería una mera ficción.

Además, resulta preocupante que varios miembros del partido estén bajo la vigilancia de los servicios de seguridad nacional debido a su cercanía a grupos de extrema derecha o neonazis.

Constatamos, pues, que el fenómeno del populismo de derecha —representado en EE.UU. por Donald Trump y en el Perú por los fujimoristas— también tiene sus corifeos en Alemania. Afortunadamente, el sistema no permite que lleguen a constituir una amenaza a la democracia. Por ahora.

(Columna publicada en Altavoz el 25 de septiembre de 2017)

LA ESPADA DE DAMOCLES DE LA ENERGÍA NUCLEAR

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Central nuclear de Philippsburg, vista desde la ciudad

El viernes 1° de septiembre se ha iniciado en Alemania la repartición gratuita de pastillas de yodo en la región de Aquisgrán, cerca de la frontera belga. ¿Para qué sirven estas pastillas? Para prevenir el cáncer de la glándula tiroides en caso de una exposición a radiactividad. Señal de que las autoridades alemanes consideran que la posibilidad de un accidente nuclear es realmente alta.

Pues Aquisgrán queda a sólo 70 kilómetros de la central nuclear de Tihange en Bélgica, que cuenta con tres reactores, de los cuales el número 2 había sido puesto fuera de servicio en el año 2012, debido a presentar unas 2000 grietas capilares en su estructura de hormigón. En un estilo que recuerda al actual alcalde de Lima, Luis Castañeda, la entidad supervisora concluyó que las grietas ya estaban allí desde 1979, año de construcción del reactor nuclear y, por lo tanto, si no había pasado nada hasta entonces, no representaban ningún peligro.

El reactor fue puesto nuevamente en servicio en junio de 2013, hasta que en marzo de 2014 las autoridades belgas ordenaron pararlo debido a “resultados inesperados” en unos tests de resistencia mecánica. El paro fue temporal, pues sólo duró hasta el verano de 2015. Ya en febrero de ese mismo año se supo que las grietas habían aumentado de 2000 a 3150. Sin contar con otros problemas, que han afectado durante años no solamente al reactor 2 sino también al 1 de Tihange, y al reactor 3 de la otra central nuclear belga en Doel.

Es un problema que no afecta solamente a unas cuantas centrales en territorio belga. Parecería ser un problema inherente a la generación pacífica de energía a partir de la fisión nuclear.

Desde el balcón de mi casa en Kleinfischlingen se puede divisar a lo lejos en dirección al Rin, en días sin nubes, los dos reactores de la central nuclear de Philippsburg, ubicada a unos 25 kilómetros de mi pueblo. Aunque no tan graves como los de Tihange, esta central también ha tenido problemas desde su inicio de operaciones en 1979.

En noviembre de 2011 el reactor 2 fue puesto fuera de servicio debido a una junta hermética defectuosa. Cuando se quiso ponerlo en operación nuevamente en 2016, el gobierno regional de Baden-Wurtemberg negó la autorización, debido a que se descubrió que ocho controles de rutina debidamente documentados no se habían efectuado en la realidad.

Ya en junio de este año, en la región donde vivo, se ha efectuado una descentralización de las provisiones de pastillas de yodo, para que estuvieran disponibles de manera más rápida para la población en caso de una catástrofe nuclear. Hasta entonces millones de pastillas estaban almacenadas en Alzey, Ludwigshafen, Saarburg y Landau, ubicada a 8 kilómetros de donde yo vivo. Antes en sólo cuatro puntos de acopio, ahora están repartidas en las comunas.

Para personas como yo, que estamos en la cincuentena, esa medida de prevención resulta irrelevante, pues las pastillas de yodo sólo deben ser ingeridas por personas que tengan un máximo de 45 años. Por encima de esa edad, los posibles efectos secundarios (hiperfunción de la glándula tiroides, alteraciones del ritmo cardíaco y aumento de probabilidad de infarto) son más peligrosos que el riesgo de contraer cáncer a la tiroides.

Durante mucho tiempo considerada una alternativa “limpia” frente a otros medios para generar energía, la fisión nuclear se considera ahora una opción de alto riesgo, pues en caso de un accidente, las consecuencias pueden ser fatales, como quedó demostrado por los accidentes de Chernóbil en la actual Ucrania y Fukushima en Japón. Sin embargo, hay turbios intereses económicos en juego, y aunque la Unión Europea ya ha tomado la decisión de ir cerrando paulatinamente las centrales nucleares, los plazos se han ido alargando. Se suponía que en el año 2015 la central de Tihange iba a ser puesta definitivamente fuera de servicio, pero el gobierno belga extendió los plazos hasta el 2023 para el reactor 2, y hasta el 2025 para los otros dos reactores.

Mientras tanto, el riesgo de un accidente nuclear pende como una espada de Damocles sobre la población. Pues cuando se le da primacía a los intereses económicos, la vida de la gente no vale nada.

(Columna publicada en Altavoz el 4 de septiembre de 2017)

UN MILLÓN DE VÍCTIMAS DE ABUSO SEXUAL

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El año pasado, tras haber escrito regularmente sobre la problemática del Sodalicio desde noviembre de 2012, me sometí finalmente a unas sesiones de psicoterapia para ver qué efectos había dejado en mí la experiencia de haber estado vinculado unos 30 años a la institución (desde 1978 hasta 2008).

Ciertamente, no es éste el tema de esta columna. Pero sirve de introducción lo que sucedió cuando se lo comuniqué a mi asesora de la Oficina de Trabajo, tras yo haber terminado abruptamente una práctica fallida para ser cuidador de ancianos en un asilo de Caritas. La asesora, una mujer de buen corazón pero de carácter nervioso, me señaló lo importante que era someterse a terapia cuando se había sido objeto de abusos, pues eso mejoraba las perspectivas laborales de uno mismo. Y me confesó que su padre —un señor católico comprometido con la parroquia— había abusado sexualmente de ella desde su tierna infancia hasta entrada la adolescencia. Y que su madre se había hecho de la vista gorda, hasta que ella decidió alejarse de la casa paterna. A consecuencia de ello, le era imposible seguir creyendo en Dios y en la Iglesia, y había tenido una vida afectiva y laboral azarosa, llena de contratiempos y frustraciones, hasta que por fin había conseguido ese puesto en la Oficina de Trabajo, que esperaba mantener hasta su jubilación.

Su historia no es un caso aislado. Lo acaba de confirmar recientemente el informe preliminar de la Comisión Independiente para Afrontar los Abusos Sexuales de Menores (Unabhängige Kommission zur Aufarbeitung sexuellen Kindesmissbrauchs), hecho público en junio de este año.

La Comisión, formada por encargo del Parlamento Federal Alemán (Bundestag), inició sus labores el 26 de enero de 2016 y tiene programado seguir en funciones hasta el 31 de marzo de 2019. Su misión consiste en investigar todas las formas de abuso sexual de niños y jóvenes ocurridos en la República Federal de Alemania y en la desaparecida República Democrática Alemana. El objetivo es determinar las dimensiones, tipos y consecuencias de la violencia sexual contra menores y así impulsar un amplio debate político y ciudadano sobre un tema que sigue siendo considerado tabú. Y que afectaría a alrededor de un millón de menores en Alemania, según declaraciones de Sabine Andresen, presidenta de la Comisión.

Hasta ahora se ha escuchado a 200 testigos y se ha recibido 170 testimonios escritos. Son alrededor de 1000 personas las que se han comunicado con la Comisión. Tantas, que resulta imposible atenderlas a todas, más aún cuando el presupuesto asignado resulta insuficiente.

Entre los testigos, las mujeres superan ampliamente en número a los hombres. Las víctimas tienen en promedio una edad de entre 30 y 50 años. Y el 70% de los casos de abuso ocurrieron en la familia o en el entorno más cercano. Con frecuencia, otros familiares supieron del abuso, pero no hicieron nada para proteger a los menores. En especial las madres de familia —que en algunos casos también abusaron de sus propios hijos— fueron en su mayoría cómplices silenciosas, que toleraron el abuso, ya sea por impotencia ante los hechos, ya sea por hallarse en una situación vulnerable de dependencia o de violencia en la relación de pareja. Además, influyeron el miedo a perder la pareja o a desintegrar la familia, así como experiencias propias de abusos sufridos. Algunos menores fueron incluso agredidos sexualmente por más de un familiar —por ejemplo, primero por el abuelo y años después por el padre—, hasta el punto de que varios expertos hablan de un abuso organizado dentro de la familia.

El abuso no sólo genera consecuencias traumáticas de por vida en las víctimas, sino que también tiene consecuencias sociales: la mayoría de ellas no alcanzan un estatus social por encima del nivel de la pobreza.

«La violencia sexual ejercida sobre muchachos y muchachas puede destruir vidas», declaró Katarina Barley, la actual Ministra Federal de Familia.

Una tarea pendiente que abordará la Comisión es el abuso en instituciones educacionales y formativas, como la Iglesia católica, las iglesias evangélicas, los jardines de infancia, escuelas e internados, las asociaciones deportivas, los movimientos juveniles, etc.

Se trata de una labor esclarecedora necesaria, a fin de combatir un crimen sistemático enquistado en la sociedad.

(Columna publicada en Altavoz el 17 de julio de 2017)

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FUENTES

Unabhängige Kommission zur Aufarbeitung sexuellen Kindesmissbrauchs
Geschichte die zählen – Zwischenbericht (Juni 2017)
https://www.aufarbeitungskommission.de/wp-content/uploads/2017/06/Zwischenbericht_Aufarbeitungskommission_Juni_2017.pdf

Kölner Stadt-Anzeiger
Bericht zu Kindesmissbrauch Insbesondere Mütter haben Übergriffe häufig geduldet (14.06.17)
http://www.ksta.de/politik/bericht-zu-kindesmissbrauch-insbesondere-muetter-haben-uebergriffe-haeufig-geduldet-27795018
Kindesmissbrauch in Deutschland: Zwischen Liebe und Hass (14.06.17)
http://www.ksta.de/politik/kindesmissbrauch-in-deutschland-zwischen-liebe-und-hass-27796460

stern
Sexueller Missbrauch in Familien oft geduldet (14. Juni 2017)
http://www.stern.de/news/sexueller-missbrauch-in-familien-oft-geduldet-7494612.html

ZEIT ONLINE
Sexueller Kindesmissbrauch: Mütter glauben ihren Kindern nicht (14. Juni 2017)
http://www.zeit.de/politik/2017-06/sexueller-kindesmissbrauch-kommission-aufarbeitung-bericht

EL TERRORISMO DE DERECHA

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Víctimas mortales de la violencia derechista en Alemania

Berlín, 19 de diciembre de 2016. El tunecino Anis Amri enfila un camión contra los asistentes a un mercado navideño. 12 personas mueren en este atentado terrorista de trasfondo islámico, mientras 55 quedan heridas.

Se trata de las primeras —y hasta ahora únicas— víctimas mortales del terrorismo islámico en territorio alemán.

Alemania es un país que ya ha tenido experiencias con el terrorismo en su pasado. El grupo de izquierda revolucionaria Rote Armee Fraktion (RAF) —Fracción del Ejército Rojo, en español—, que se mantuvo activo entre la década de los ‘70 y los ‘90, arrojó un saldo de 33 muertos y más de 200 heridos en acciones terroristas.

Pero el peor atentado terrorista de la posguerra se le atribuye no a la izquierda, sino al extremismo de derecha, de orientación ideológica neonazi. El 26 de septiembre de 1980, Gundolf Köhler, miembro del Wehrsportgruppe Hoffmann, hizo estallar una bomba a la entrada principal del Oktoberfest en Múnich, causando la muerte de 13 personas —incluido él mismo— e hiriendo a otras 211.

Hasta ahora no se sabe exactamente el número de víctimas mortales que ha causado la derecha extremista en Alemania. El Bundeskriminalamt (Oficina Federal de Investigación Criminal) reseña oficialmente 75 muertos entre 1990 y 2015, mientras que la Fundación Amadeu Antonio —una sociedad sin fines de lucro que combate el antisemitismo, el racismo y el extremismo de derecha— indica que son por lo menos 178 las víctimas mortales en ese mismo período.

El panorama internacional al respecto en el mundo occidental no es muy distinto al de Alemania. En Estados Unidos, el Nation Institute junto con el Center for Investigative Reporting han publicado recientemente una investigación que llega a la conclusión de que entre 2008 y 2016 hubo en el país 115 atentados ejecutados por supremacistas blancos de extrema derecha, mientras que sólo fueron 63 los atentados con un trasfondo islámico. Y aun en estos últimos casos, el terror no suele venir de mano de inmigrantes, sino de personas nacidas en suelo estadounidense. En total, 87% de las personas que cometieron los atentados nacieron en los Estados Unidos.

La decisión de Donald Trump de impedir el ingreso de viajeros de 6 países de mayoría musulmana —Libia, Irán, Yemen, Somalia, Sudán y Siria— por razones de seguridad no tiene ningún sustento en la realidad, pues según señala el estudio mencionado, sólo el 1% de los autores de los atentados provenían de alguno de estos países.

El peligro real no se halla más allá de las fronteras de los Estados Unidos, sino que se encuentra en el seno de una sociedad donde, al igual que en Alemania, aumentan los adeptos a los grupos radicales de derecha de orientación fascista. Lo cual se agrava en Estados Unidos cuando se antepone el derecho a portar armas al derecho de vivir en paz, o cuando se tiene un Presidente que ha tenido declaraciones que suscribiría cualquier supremacista blanco y que, cabalgando sobre el lomo de una ignorancia supina, busca un chivo expiatorio en la religión islámica y mira para otro lado cuando los criminales son de casa. Por ejemplo, se demoró tres días en condenar el asesinato de dos hombres en Portland (Oregon) el 26 de mayo de este año, que fueron apuñalados por salir en defensa de dos jóvenes musulmanas, cuando no duda en condenar de inmediato cualquier acción criminal realizada por terroristas islámicos.

Además, no tiene en cuenta —o no le importa— que la inmensa mayoría de las víctimas del terrorismo a nivel mundial son musulmanes, y negarles la acogida cuando huyen de una situación que pone en riesgo su integridad o sus vidas, lesiona derechos humanos fundamentales y constituye un crimen de lesa humanidad.

Mientras la muerte de personas de rasgos occidentales en atentados terroristas islámicos siga siendo noticia de primera plana, a la vez que se “invisibiliza” a las víctimas musulmanas —mucho mayores en número—, muertas por mano tanto de extremistas islámicos o filo-fascistas como por obra de dictaduras antidemocráticas o potencias militares de ocupación, el mundo seguirá siendo para las grandes mayorías un lugar ingrato para vivir, donde la paz se vislumbra cada vez más como un sueño lejano.

(Columna publicada en Altavoz el 10 de julio de 2017)

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FUENTES

HuffPost
Most Of America’s Terrorists Are White, And Not Muslim (24/06/2017)
http://www.huffingtonpost.com.au/2017/06/25/most-of-america-s-terrorists-are-white-and-not-muslim_a_22980088/

ZEIT ONLINE
US-Studie: Rechtsextremisten in USA größere Gefahr als Islamisten (26. Juni 2017)
http://www.zeit.de/gesellschaft/zeitgeschehen/2017-06/us-studie-terrorismus-rechtsextremismus-islamismus

Wikipedia (en alemán)
Todesopfer rechtsextremer Gewalt in der Bundesrepublik Deutschland
https://de.wikipedia.org/wiki/Todesopfer_rechtsextremer_Gewalt_in_der_Bundesrepublik_Deutschland

Mut gegen rechte Gewalt
Todesopfer rechter Gewalt seit 1990 (30.07.2015)
https://www.mut-gegen-rechte-gewalt.de/news/chronik-der-gewalt/todesopfer-rechtsextremer-und-rassistischer-gewalt-seit-1990

HELMUT KOHL, UN ÍDOLO CON PIES DE BARRO

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Helmut Kohl (1930-2017)

La residencia de ancianos donde trabajo en Mutterstadt, pueblo de ambiente provinciano en el estado de Renania-Palatinado, queda sólo a 8 kilómetros y medio de la casa en Ludwigshafen donde falleció el ex-canciller Helmut Kohl el 16 de junio.

Si bien Ludwigshafen es una ciudad grande que forma una continuidad urbana con Mannheim, ambas separadas sólo por el río Rin, no deja de ser un lugar donde impera la mentalidad provinciana que caracteriza a la región del Palatinado. Y algo que se le criticó a quien fuera canciller de Alemania entre 1982 y 1998 fue un talante provinciano que no sobrepasaba el nivel de la sabiduría campesina, junto con un anti-intelectualismo rampante.

Kohl tuvo humanamente poco destacable, salvo su talento pragmático para llegar al poder y mantenerse en él. Y salir indemne de los escándalos que tachonaron su carrera política, entre los cuales destaca el de donaciones no declaradas por 2.1 millones de marcos a su partido —la Unión Demócrata Cristiana— en violación de la ley de partidos que él mismo había firmado como canciller. Este impasse le costó en el año 2000 la presidencia honorífica de su partido. Aun cuando se negó a revelar los nombre de los donantes —pues les había dado su palabra de honor de mantenerse callado—, el caso quedó impune.

La prensa alemana se ha prodigado en elogios, llamándolo el canciller de la unidad, padre del euro, ciudadano de honor de Europa, canciller eterno, uno de los últimos patriotas, un coloso a favor de la paz, sin faltar los epítetos cursis como “el canciller de los corazones” o “el coloso del Rin”.

Sin embargo, Kohl había prometido durante la campaña electoral de 1982 que iba a reducir a la mitad el número de extranjeros residentes en Alemania. Y no veía ninguna posibilidad de diálogo con el socialismo, en el cual veía al enemigo primordial, según su lema: «uno debe acostarse tarde y levantarse temprano, si se quiere vencer el socialismo». No es de extrañar que Die Tageszeitung (taz), diario izquierdista, no se haya sumado al coro de elogios y haya señalado las ambigüedades del personaje, recibiendo críticas de quienes no quieren empañar la memoria de un hombre que buscó acallar a todos los que intentaran empañar su buen nombre. Incluyendo a miembros de su propia familia.

En contra de la imagen de una familia ejemplar que Kohl —por intereses políticos— había transmitido continuamente, sus hijos Walter y Peter publicaron relatos, donde mostraban a un padre ausente y una madre enferma, atormentada por la soledad y el desamparo. Hannelore Kohl, que sufría de alergia a la luz, se había suicidado el 5 de junio de 2001. Y Helmut Kohl le quitó el habla a sus hijos hasta su muerte. A ninguno de ellos se le permitió ver el cadáver de su padre. Y no se sabe si están invitados al entierro el 1° de julio en la ciudad de Espira, en cuya catedral medieval habrá una ceremonia funeraria europea para quien fue un católico conservador de derechas.

El gran logro de Kohl, la unificación de Alemania, fue debido a una circunstancia que ni él mismo pudo prever: la descomposición del aparato estatal de Alemania Oriental y las protestas a lo largo del país comunista que culminaron con la caída del Muro de Berlín y la apertura de las fronteras. Pero Kohl supo aprovechar la coyuntura para incorporar los estados de la antigua Alemania Oriental a la República Federal de Alemania, cuando estaba perdiendo popularidad entre los votantes. No obstante, la cuota de desempleo en Alemania subiría de 7.3% en 1991 a 12.7% en 1997. Aún así, la unificación como símbolo de cara al pueblo pesó para su reelección en 1994.

Es indiscutible la labor que realizó Kohl para fortalecer la Unión Europea. No hay que negarle méritos a un estratega que supo aferrarse astutamente al poder y cumplir la máxima tácita que guía a la gran mayoría de los políticos: «disfrazar su interés particular de interés general». Y que luego son elevados a la categoría de ídolos sin importar su orientación ideológica —recuérdese a Ronald Reagan o a Fidel Castro, por mencionar a algunos—. Pero no son más que ídolos con pies de barro.

(Columna publicada en Altavoz el 26 de junio de 2017)

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FUENTES

taz.de
Altkanzler Helmut Kohl ist gestorben: Er ist Geschichte (16.6.2017)
http://www.taz.de/Altkanzler-Helmut-Kohl-ist-gestorben/!5421741/
Blumen der Scham. Zum Abschied keine Nelken (24.6.2017)
http://www.taz.de/Blumen-der-Scham/!5419859/

Zeit Online
Helmut Kohl: Lieber Langeweile als Faschismus (17. Juni 2017)
http://www.zeit.de/gesellschaft/zeitgeschehen/2017-06/helmut-kohl-intellektuelle-nachruf

Der Spiegel
Die Kohls: Ein Familiendrama (17.06.2017)
http://www.spiegel.de/panorama/gesellschaft/helmut-kohl-und-seine-familie-a-1152645.html

TURISMO Y DISCRIMINACIÓN

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Este año mi mujer y mi hijo de quince años visitaran el Perú después de años de ausencia. Aprovechando la ocasión, harán también un recorrido turístico por el Cusco y lugares aledaños.

Al reservar los pasajes aéreos y el tour, nos hemos topado con una ingrata sorpresa. Mi hijo, aun siendo peruano de nacimiento, tendrá que pagar más que mi mujer dado que sólo cuenta con pasaporte alemán. Incluso a mi mujer, por el sólo hecho de residir en Alemania, le cobrarán más que a un peruano residente en el Perú. Y el servicio que mi hijo recibirá no será ni una pizca mejor que el que se les ofrece a quienes pagan menos.

Desde hace tiempo hay denuncias de discriminación contra PeruRail, la empresa que ofrece servicios de transporte ferroviario a Machu Picchu entre otros, en agravio de turistas peruanos. Uno de los casos emblemáticos, ocurrido en el año 2007, es el del músico peruano Luis Becerra, que formó en Italia la agrupación de danzas latinoamericanas Takillakta y que tuvo que viajar a Machu Picchu en un tren sólo para peruanos junto con su hija menor, mientras que su esposa italiana fue obligada a viajar en el tren sólo para turistas extranjeros.

Lo peor de todo es que PeruRail sigue manteniendo una actitud discriminatoria dividiendo a sus clientes en nacionales y extranjeros, ofreciéndoles un servicio diferenciado. Y discriminando también a los extranjeros, al cobrarles un precio de unos 120 dólares de ida y vuelta por un trecho de unos 60 km, cuando en Alemania esa misma distancia en tren de lujo cuesta unos 40 euros. Y no me van a decir que los costos operativos en el Perú son mayores que en Alemania.

Este esquema parece atravesar toda la rama turística en el Perú: tratar mal al turista nacional y cobrarle caro al extranjero. Se parte del supuesto de que quien viene de fuera del país necesariamente debe tener mucho dinero en el bolsillo para pagar cualquier precio que se le exija, por irracional que sea.

¿Los resultados? Mientras que unos 3.7 millones de turistas extranjeros habrían visitado el Perú en 2016, en Chile —un país con menos atractivos turísticos— se alcanzó ese mismo año la cifra de 5.6 millones de turistas extranjeros.

Bajo la premisa de que el precio se fija de acuerdo a lo que se está dispuesto a pagar —y no de acuerdo a criterios objetivos y razonables de costo/beneficio—, el Perú es un país caro para extranjeros, que preferirán otros destinos.

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Esta columna fue publicada incompleta —sin previo aviso— el 17 de julio de 2017 en Exitosa, a pesar de mantenerse dentro de los límites de extensión. Esto, unido a la circunstancia del cese del periodista Juan Carlos Tafur como director de ese medio, me ha llevado a la decisión de no seguir colaborando con ese diario. La columna completa fue publicada el mismo día por Altavoz, medio que gentilmente me ha ofrecido un espacio los lunes para colaborar con una columna semanal.