LA CORRUPCIÓN NUESTRA DE CADA DÍA

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Para comprender todo el alcance y gravedad de la corrupción que hay en el Perú, se requiere haber vivido en sociedades donde ese problema sea marginal y no inherente al sistema. Como en Alemania, donde resultan altas la confianza en la policía (86%) y en el poder judicial (72%) y se mantienen aceptables la confianza en el parlamento alemán o Bundestag (59%) y en el gobierno o poder ejecutivo (54%). Sin embargo, es baja la confianza en los partidos políticos (36%) y mucho peor en las grandes empresas (18%), pues es allí —sobre todo en la industria automovilística— donde se han concentrado los mayores casos de corrupción.

Los alemanes suelen ser bien organizados y eso se refleja también en el área delictiva. Los delitos de poca monta, como el asalto a mano armada y el robo callejero, van en retroceso en las estadísticas, mientras que las defraudaciones, estafas y malversaciones valiéndose de estructuras corporativas propias del capitalismo —que engrosan lo que se conoce como delincuencia financiera o “delitos de cuello blanco”— constituyen una de las áreas criminales que más ha crecido en Alemania. En este país, si uno quiere robar a lo grande, tiene que fundar una empresa.

No obstante lo dicho, la corrupción no ha tomado todo el sistema como en el Perú, y la sociedad, aplicando mecanismo democráticos, reacciona saludablemente frente a brotes de corrupción que se han dado en empresas como Volkswagen, Audi, Porsche, Daimler y BMW. Hay varios procesos judiciales en marcha y probablemente varios altos directivos terminen entre rejas.

En el Perú, en cambio, desde que tengo memoria, la corrupción es un cáncer que corroe todo el sistema y ante el cual la mayoría de los peruanos han claudicado moralmente a fin de poder sobrevivir. Siempre he encontrado en el país una capitulación colectiva ante la corrupción, expresada en frases resignadas como «así son las cosas» y «qué se va a hacer». Y recuerdo que mi madre, con las mejores intenciones, intentaba prepararme para salir adelante en un sociedad corrupta con frases como «no confíes en nadie, ni siquiera en tu propia madre», o «cuando tengas un puesto de trabajo, quédate siempre callada la boca». Pues quien se atreviera a luchar contra las lacras del sistema, terminaba siendo indefectiblemente su víctima.

Pero cuando uno está metido en la miasma, ni siquiera tiene uno la claridad de mente como para ver como los tentáculos del monstruo se meten hasta en las más insignificantes rendijas. Y uno se vuelve cómplice sin darse cuenta. Como cuando a inicios del año ‘90, acercándose el final del primer gobierno de Alan García, éste decidió vaciar en lo posible las arcas del Estado para dejar a su posible sucesor —Mario Vargas Llosa, quien aún se perfilaba como el futuro ganador de las próximas elecciones presidenciales— una situación inmanejable. En ese entonces yo terminaba mis estudios de licenciatura en la Facultad de Teología Pontifica y Civil de Lima, y el representante de los alumnos nos comunicó que una entidad estatal estaba dispuesta a pagar parte de nuestras pensiones sin requisito alguno de nuestra parte. Por supuesto que aceptamos esa plata regalada, sin saber que le hacíamos el juego a la corrupción.

O cuando llegué a Alemania en el año 2002, el entonces embajador del Perú en Berlín, amigo de la familia de mi mujer, me ofreció como un favor la ayuda gratuita de traductoras que trabajaban para la embajada. Yo acepté sin rechistar —sin conciencia de estar haciendo algo malo— que personal pagado con dinero del Estado peruano, proveniente de los impuestos de todos los peruanos, revisara mi currículum vitae y me ayudara a preparar mi documentación para postular a un puesto de trabajo en Alemania.

De diciembre de 1980 a julio de 1993 viví en comunidades del Sodalicio de Vida Cristiana, una asociación católica peruana que ha asimilado hasta la médula la cultura de corrupción que hay en el Perú y es hasta ahora una de sus expresiones más prístinas, sobre todo en sus manejos de dinero, su gestión de influencias con personajes prominentes de la Iglesia y de la sociedad peruana, y sus estratagemas para escurrirse de la justicia.

Por lo mismo, ante las recientes revelaciones de audios que sólo evidencian una lacra que ha acompañado mórbidamente la historia peruana, siguen siendo tremendamente actuales las palabras de Alfonso Quiroz en su libro de lectura obligatoria Historia de la corrupción en el Perú, publicado por primera vez en inglés en el año 2008:

«Se requiere de una reforma constitucional exhaustiva para así garantizar una independencia efectiva de los tres poderes del estado, la existencia de pesos y contrapesos, la descentralización y la erradicación de las fuerzas informales opuestas a las instituciones formales que regulan las interacciones sociales modernas. Debido al impacto histórico de la corrupción en el Perú, toda reforma constitucional debiera estar guiada hacia mecanismos con los cuales ponerle freno a esta antigua y dañina práctica.[…] Una reforma judicial exhaustiva debiera buscar modernizar, simplificar y reducir los costos de los juicios, y contemplar cierto grado de supervisión ciudadana hacia los jueces. Otra cuestión persistente que requiere de acción urgente es la reestructuración exhaustiva del sistema de educación pública, acosado por el bajo salario de los maestros y las huelgas políticamente motivadas. Solamente una ciudadanía realmente informada y educada podrá vencer la recalcitrante «cultura» de la corrupción. Los jóvenes peruanos tienen el derecho a que se les enseñe el valor de las instituciones y los daños que la corrupción causa.»

(Columna publicada en Altavoz el 16 de julio de 2018)

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Los datos estadísticos sobre los niveles de confianza en Alemania han sido tomados del portal Statista y corresponden a la primavera de 2018. Téngase en cuenta que el portal hace dos mediciones anuales mediante encuestas, una en primavera y la otra en otoño. Los porcentajes varían en el tiempo, pero las fluctuaciones son relativamente pequeñas.

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ENTREVISTA A UNA VÍCTIMA OLVIDADA DEL SODALICIO

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Fuente: Deutsche Welle

En abril de 2016 el periodista Beto Villar me comunicó que iba a estar en Alemania —específicamente en la ciudad de Colonia— para entrevistar a dos víctimas del Sodalicio —una de ellas Álvaro Urbina— y me solicitó una entrevista para un reportaje sobre el Sodalicio que iba a ser emitido en el programa Punto Final (Latina), entonces a cargo de Nicolás Lúcar. Quedamos en encontrarnos en la estación de tren de Mannheim, situada a unos 200 kilómetros al sureste de Colonia y a unos 30 kilómetros del pueblo donde vivo. Recuerdo que el día estaba soleado y el clima era agradable, pues estaba comenzando la primavera.

Sólo unos brevísimos fragmentos de la entrevista fueron incluidos en el reportaje, quizás debido a que yo no tenía muchas cosas escandalosas que contar. Incluso admití que nunca había visto ningún abuso sexual en el Sodalicio ni yo mismo lo había experimentado. Omití el incidente en que Jaime Baertl me pidió que me desnudara y simulara fornicar una silla enorme —que más parecía un trono de rey que otra cosa—, pues lo consideraba más como un acto de manipulación psicológica de connotación sexual, pero no un abuso sexual propiamente dicho. Además, siempre he insistido en que el sometimiento psicológico a que varios fuimos expuestos en el Sodalicio, con la consiguiente falta de libertad, es lo que más daño nos ha causado, y resaltar el incidente con Jaime Baertl podía desviar la atención de lo sustancial, de lo que realmente importaba.

Recientemente, Beto ha editado la entrevista y la ha publicado casi en su totalidad con el siguiente comentario:

«Conocí a Martín Scheuch en el 2016, cuando viajé a Alemania a entrevistarlo a él y a otras dos víctimas del Sodalicio de Vida Cristiana. Lo recuerdo hasta hoy: calmado aunque por momentos ansioso, con una mirada dura y la sonrisa nerviosa. Nos conocimos en una estación de tren a una hora de Colonia, donde yo me hospedé. Semanas antes habíamos coordinado la reunión por correo. Cuando le di la mano, no sospechaba que hoy, más de dos años después de todo ello, la vida lo seguiría tratando con injusticia. A pesar de la contundencia de su denuncia, el Sodalicio le ha negado la reparación que muchos otros han recibido y menos la psicoterapia que necesita. Apenas algunos segundos de esta entrevista de más de una hora apareció en los reportajes que emitimos poco después en Punto Final, de Latina, Perú. Hoy la publico en su totalidad para ayudar a entender el daño que los abusadores físicos y sexuales del Sodalicio, Luis Fernando Figari a la cabeza, han hecho en sus víctimas.»

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Algunas cosas han cambiado desde entonces. El Sodalicio, a través del “experto” contratado Ian Elliott, se negó a reconocerme como víctima, no obstante que proporcioné mayores detalles de los abusos que sufrí. La relación de acontecimientos ligados a esta infame negativa han sido descritos por mí en dos posts anteriores:

Por otra parte, para salir del desempleo, en junio de ese mismo año inicié una capacitación de cinco meses —pagada por la Oficina de Trabajo— para convertirme, de manera acreditada, en acompañante de ancianos con demencia. Desde enero de 2017 estoy trabajando en una residencia de ancianos, dedicándome al acompañamiento y activación de personas de la tercera edad, en su mayoría con demencia senil, para lo cual me están sirviendo de ayuda mis habilidades musicales con la guitarra y la armónica, que me permiten interpretar antiguas canciones populares alemanas junto con los ancianos. Tampoco han faltado momentos en que he tenido que acompañar a alguna que otra anciana en su lecho de muerte. Pero en general la preocupación por mantener la calidad de vida de quienes se acercan al final de su existencia —mediante actividades que le den un sentido a su día a día— y traer un poco de alegría a la nebulosa mental que la mayoría de ellos habitan, es un trabajo, aunque no bien remunerado, sí lleno de satisfacciones, de experiencias enriquecedoras y de enseñanzas vitales, provenientes de aquellos que ya han vivido y que, no obstante sus limitaciones, gozan de una sabiduría humana admirable.

ALEMANIA EN EL MUNDIAL: UN PAÍS HUMILLADO

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Rusia 2018. Alemania fue eliminada del Mundial en la fase de grupos por primera vez en su historia. Una derrota humillante, considerando además que el equipo alemán salió último en su grupo, cuando cuando desde el 2002 no había bajado del tercer puesto y llegó a ser campeón mundial en cuatro ocasiones (1954, 1974, 1990 y 2014).

“El fin del delirio de grandeza”, titulaba el semanario Die Zeit el comentario de su corresponsal en Rusia (“Das Ende der Selbstherrlichkeit”, Oliver Fritsch, 27/06/2018). Éste señalaba que lo ocurrido en Kazán el miércoles fue muy humano, pues cuando se tiene éxito es cuando más errores se cometen.

“¡Somos el número uno en el mundo!” cantaba la hinchada alemana, incluso ante el torpe y desastroso juego de la selección alemana contra el seleccionado de Corea de Sur durante el segundo tiempo del partido. A los hinchas les está permitido ilusionarse, pero aparentemente también creían esto los mánagers, entrenadores, jugadores, expertos y medios deportivos. No se aquilató suficientemente al hecho de que, después del triunfo de Rio de Janeiro en 2014, no le ha sido fácil a la selección alemana obtener triunfos sobre adversarios fuertes. En tiempos recientes el fútbol alemán no ha sido tan bueno como muchos creen.

Y eso se ha reflejado en la actuación del equipo alemán en el Mundial, donde sólo ha brillado durante el segundo tiempo del partido contra Suecia, y no sólo por méritos propios, sino también con un poco de suerte, que evitó que les cobraran un penal a favor de Suecia e hizo que pudieran meter el gol de gracia en el último minuto del juego. El resto ha sido una performance desvalida, exangüe y, en el mejor de los casos, mediocre.

Todo lo contrario de la publicidad que se hizo, sobrevalorando en extremo las cualidades de los futbolistas germanos. “Best never rest” (“lo mejor nunca descansa”) fue uno de los slogans publicitarios más difundidos. Probablemente ningún equipo ha ido con tanta arrogancia al torneo máximo de la FIFA.

Bajo ese supuesto, se merecían el alojamiento en un local de cinco estrellas —con spa incluido— a las puertas de Moscú, de donde a ningún jugador le estaba permitido ausentarse. La sensación era la de estar en un lujoso campo de trabajo forzado. “No estamos aquí de vacaciones. Queremos ser campeones del mundo”, dijo Olivier Bierhoff, el mánager del seleccionado alemán. Si por lo menos hubiera dicho que estaban allí para jugar fútbol.

«Se tiene la impresión de que muchos en Alemania se habrían alegrado, si hoy hubiéramos sido eliminados», dijo el goleador Toni Kroos después del ajustado triunfo de 2 a 1 sobre Suecia. Un triunfo que otorgó una nueva aunque fugaz esperanza después de la derrota ante México.

El fútbol ha sido siempre una válvula de escape, que refleja de alguna manera la situación de la sociedad en la que se vive. Así fue la victoria en 1954, conocida como “el milagro de Berna”, que le dio ánimo y valor a un país convaleciente en la época de la posguerra. El título de 1990 en Italia fue la victoria de la Alemania reunificada tras la caída del Muro de Berlín. El 2006 fue el triunfo de una Alemania hospitalaria, abierta al mundo, viviendo su “cuento de hadas de verano”. La copa FIFA del 2014 en Rio de Janeiro recayó sobre una Alemania en auge, bonanza, soltura y euforia.

Ahora hay nubes que se ciernen sobre la sociedad alemana, en momentos en que se está cuestionando la política sobre refugiados que ha sostenido Angela Merkel y se está convirtiendo ese tema en un caballito de batalla para obtener votos en las próximas elecciones regionales en Baviera, defendiendo un ideal nacionalista de cultura alemana que hace recordar los tiempos de Hitler. Lo cual está también siendo aprovechado por la Alternativa para Alemania, un partido de derecha extrema que pretende convertir a Europa en una fortaleza refractaria a la ayuda humanitaria debida a los inmigrantes. Jens Maier, diputado de esta agrupación política en el Bundestag, comentó a través de Twitter: «¡Sin Özil habríamos ganado!», aludiendo a un jugador turco-alemán que juega para la selección y que fue criticado por aparecer en unas fotos junto a Erdogan, el actual presidente de Turquía. Sin duda, una expresión más de la xenofobia creciente buscando un chivo expiatorio.

De este modo, el fútbol alemán se despide de sus ilusiones y deberá entrar obligadamente en un período de reflexión, donde los esfuerzos deberán estar concentrados en aprender a jugar mejor en equipo y asumir las contiendas con una actitud más modesta y humilde. Y lo mismo se aplica a la sociedad alemana, que deberá mantener una política inclusiva hacia todos y enriquecerse con el aporte humano de todos aquellos que huyen de países en situación precaria y buscan refugio en países donde se se juegue limpio y se respeten los derechos de todos. De todos en absoluto.

(Columna publicada en Altavoz el 2 de julio de 2018)

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FUENTES

ZEIT ONLINE
Deutsches WM-Aus: Das Ende der Selbstherrlichkeit (27. Juni 2018)
https://www.zeit.de/sport/2018-06/deutschland-fussball-wm-aus

taz
Kommentar Deutsche Elf in Russland: Gut, dass es vorbei ist (28.6.2018)
http://www.taz.de/Kommentar-Deutsche-Elf-in-Russland/!5516750/

t-online.de
Deutschland, eine Sommerdepression (28.06.2018)
https://www.t-online.de/nachrichten/deutschland/innenpolitik/id_84017046/deutschland-eine-sommerdepression-kurswechsel-fuer-merkel-und-loew-.html

EL GRAN AMOR DE UN CARDENAL ALEMÁN

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Cardenal Michael von Faulhaber (1869-1952)

El cardenal Michael von Faulhaber (1869-1952) fue de 1911 a 1917 obispo de Espira (Speyer) —diócesis cuya jurisdicción abarca el pueblo en el cual vivo— y posteriormente arzobispo de Múnich y Freising desde 1917 hasta su muerte.

Fue una personalidad ambigua no sólo en el campo de lo político —se opuso a todo tipo de antisemitismo y de maltrato de los judíos, pero buscó mantener buenas relaciones con la dictadura hitleriana—. También lo fue en el ámbito de la vida sentimental. Pues aun siendo un “santo varón” que había prometido vivir en celibato, entre 1938 y 1950 cultivó una amistad íntima con una mujer 17 años más joven que él.

Franziska Bösmiller (1886-1983), especialista en lengua y literatura germánica, trabajaba como maestra de escuela en Múnich. Nacida en una familia protestante, se convirtió posteriormente al catolicismo, y publicaba regularmente artículos de temas pedagógicos y religioso-filosóficos en revistas. Se le podría describir como una mujer moderna para su tiempo, con formación académica y pensamiento independiente, una profesional, a la cual le gustaba asistir a la tradicional festividad bávara del Oktoberfest así como ir a bañarse al lago en la época estival, lo cual no era entonces algo usual entre mujeres católicas.

El primer encuentro de ambos personajes ocurrió en diciembre de 1937, cuando Franziska recibió la comunión de manos de Faulhaber durante una misa en una iglesia de Múnich. El 8 de enero de 1938 visita oficialmente al cardenal, quedando impresionados el uno con el otro. A Franziska le sería encomendada la tarea de ordenar la biblioteca personal del prelado, así como ayudarlo a taquigrafiar y mecanografiar sus prédicas y preparar una colección histórica de personajes católicos que se hubieran opuesto al nazismo. A estos efectos, pasaría varias horas de la semana en el palacio arzobispal. A partir de ahí se desarrollaría una relación muy particular, siendo así que el cardenal la visitaría posteriormente por lo menos nueve veces en su vivienda personal.

La teóloga Antonia Leugers de la Universidad de Tubinga, quien ha tenido acceso al diario personal del prelado alemán —descubierto tras la muerte en 2010 de quien fuera su secretario personal— y al diario de Franziska, obtenido por un golpe de suerte cuando en 2013, durante unas jornadas académicas, se le acercó una sobrina nieta de la maestra para informarle que se hallaba en posesión familiar una maleta con varios documentos de Franziska, entre ellos el diario mencionado, investiga desde hace años esta amistad íntima y ha sacado a la luz el fascinante testimonio del amor entre un cardenal alemán y una cultivada mujer soltera, visto desde la perspectiva femenina de ésta última.

«Ésta es la verdadera belleza — la belleza de espíritu y cuerpo — está unión. Que tú seas así, que tu estés allí — que tú estés allí en el aliento de tu alma y de tu vida — es la razón por la que te amo así — mi Franziska», son palabras del cardenal Faulhaber reseñadas por la maestra en su diario.

La cosa no quedó solamente en declaraciones amorosas. Franziska describe otras manifestaciones como abrazos, besos, caricias y arrumacos. Una vez en 1940 Faulhaber estaba guardando reposo en un sanatorio. Allí recibió a Franziska, quien relata en su diario: «Me abraza y me sujeta tan amorosamente, me besa tiernamente, mientras me susurra siempre de nuevo: mi Sonntagskind» —cariñosa expresión alemana que se traduce literalmente como “niño de domingo” y equivale a la expresión “persona nacida con buena estrella”—.

En abril de 1943 Franziska pasa una hora junto al cardenal en el palacio episcopal. «Nuestro corazones se fortalecen mutuamente», escribe en su diario. «En la noche pienso en ti – eso te lo he prometido – durante el rosario – y cuando paseo», le habría dicho el cardenal enamorado.

Los encuentros se interrumpieron abruptamente cuando la vivienda de Franziska fue dañada durante un bombardeo aéreo en 1944, y dado que el cardenal —preocupado por su imagen pública— no quería correr el riesgo de que se conociera esta relación, no permitió que sus encuentros furtivos se realizaran en el palacio episcopal. La relación se fue enfriando y la última mención de un encuentro la hace Faulhaber en 1950 cuando señala el esfuerzo que cuesta hacer que Franziska (mencionada bajo seudónimo) se vaya… entre lágrimas.

Lo que en parte fue una historia muy hermosa, no pudo tener un desenlace feliz debido a la obligación de celibato que mantiene el clero católico romano. Un celibato que en la mayoría de los casos suele ser mera apariencia y no compromiso vivido. Y que necesita a gritos ser replanteado en la Iglesia católica.

(Columna publicada en Altavoz el 18 de junio de 2018)

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FUENTES

Süddeutsche Zeitung
Verbotene Liebe: Der strenge Kardinal und seine heimliche Liebschaft (30. April 2017)
http://www.sueddeutsche.de/muenchen/verbotene-liebe-der-strenge-kardinal-und-seine-heimliche-liebschaft-1.3483459

Die Rheinpfalz (edición impresa)
Blickpunkt: Der Kardinal und die Lehrerin – Eine außergewöhnliche Beziehung (14. Juni 2018)

LA INFAME POLITIZACIÓN DE UN CRIMEN PASIONAL

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Manifestación derechista en Kandel (3 de marzo de 2018)

Kandel es un apacible centro poblado situado a unos 25 kilómetros del pueblito vitivinícola donde resido en Alemania. En los últimos meses su tranquilidad se ha visto perturbada por acontecimientos que lo han convertido en foco de un problema que divide a toda la población alemana: la xenofobia y el racismo derivado de la defensa de supuestos valores patrióticos.

Todo comenzó con un crimen pasional, que nunca debió haber sobrepasado los límites de lo meramente policíaco.

El 27 de diciembre de 2017, una joven de 15 años fue apuñalada en el local de una conocida cadena de droguerías por un joven que asistía a su misma escuela y que había sido su pareja hasta inicios del mismo mes. Pero había una circunstancia que fue instrumentalizada por la prensa basura y los grupos de extrema derecha: el joven es un refugiado afgano.

Por ejemplo, Bild-Zeitung, un diario sensacionalista y el de mayor circulación en toda Alemania, publicó el siguiente titular: «Afgano (15) apuñala a muchacha alemana».

El 30 de diciembre unas 200 personas realizaron una manifestación en Kandel respondiendo a un llamamiento de la Alternativa para Alemania, joven partido de extrema derecha que en las últimas elecciones de 2017 se convirtió sorpresivamente en la tercera fuerza política del país gracias a su representación parlamentaria en el Bundestag.

El 2 de enero de 2018 hubo una marcha de 400 simpatizantes de la “Unión de Mujeres de Kandel”, asociación fantasma promovida por el extremista de derecha Marco Kurz, que quería así generar la impresión de que eran las mismas mujeres y madres de Kandel quienes estaban detrás del evento. Los participantes gritaron consignas como «¡Merkel debe irse!»

El 28 de enero se hicieron presentes en Kandel unos 1000 manifestantes, de los cuales unos 100 pertenecían a grupos de extrema derecha. Esta vez hubo una contramanifestación de la “Unión Alzarse contra el Racismo – Palatinado del Sur” con cerca de 150 participantes.

Pero lo peor aún estaba por venir. Christina Baum, diputada de la Alternativa para Alemania en el parlamento regional de Baden-Wurtemberg —téngase en cuenta que Kandel no está ubicada en ese estado, sino en Renania-Palatinado— convocó a una manifestación a realizarse el 3 de marzo en la localidad bajo el lema de «Kandel está en todas partes», incitando al odio contra todos los refugiados en general, especialmente aquellos provenientes de países islámicos.

Ese día asistieron unos 4000 manifestantes de toda Alemania a Kandel, que cuenta con una población de apenas 9000 habitantes. El evento fue interpretado como un espaldarazo de la Alternativa para Alemania a grupos de extrema derecha, pues entre los participantes había integrantes de los Neonazis de la Tercera Vía, enemigos del Islam de Baviera, activistas de los Europeos Patriotas contra la Islamización de Occidente (Pegida), militantes de los Soldados de Odín y de los Ciudadanos del Reich, grupos de los cuales algunos se hallan bajo observación de los servicios de inteligencia alemanes. Al mismo tiempo hubo contramanifestaciones antifascistas con aproximadamente 500 participantes.

Todas estas muestras de xenofobia e incitación al odio lograron finalmente vencer la apatía de varios habitantes locales, que fundaron la unión “Somos Kandel” y el 24 de marzo lograron convocar a unas 2000 personas en contra de una manifestación derechista de aproximadamente 1000 participantes. Asistieron al evento a favor de los refugiados Malu Dreyer, presidenta regional de Renania-Palatinado, y otros políticos locales de alto rango.

El diario local Die Rheinpfalz deploró respecto al asesinato de la muchacha que «en Internet el odio predominara sobre el luto» y que tuviera que borrar de su página de Facebook por lo menos 800 comentarios porque «estaban cargados de odio hasta un punto intolerable, porque llamaban a la justicia por mano propia o al linchamiento, porque les faltaba toda conciencia de lo que es un Estado de derecho, porque estaban repletos de teorías de la conspiración».

El 7 de abril un ciudadano alemán condujo una camioneta contra las personas sentadas en las afueras de un restaurante en Münster, matando a 2, hiriendo a otras 20 y suicidándose después. Hasta ahora no hay indicios de que vaya a haber una polítización de este crimen. Pues parece que sólo cuando un criminal es extranjero, vale todo para estigmatizar a los que sean de su misma procedencia.

(Columna publicada en Altavoz el 16 de abril de 2018)

DISCRIMINACIÓN XENÓFOBA DE LOS POBRES EN ALEMANIA

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Refugiados trabajando como practicantes en la Tafel de Dormagen (Renania del Norte-Westfalia)

En 1993, hace 25 años, se inauguró la primera Tafel (banco de alimentos) en Berlín, una institución benéfica sin fines de lucro que recolecta alimentos aún en estado comestible que ya no pueden comercializarse en el circuito económico y, en vez de ser eliminados, son repartidos gratuitamente entre gente necesitada o a cambio de un pago simbólico.

Actualmente existen en Alemania más de 900 de estas instituciones benéficas, operadas principalmente por voluntarios.

Estas entidades no forman parte del sistema social alemán, el cual prevé un ingreso mínimo que cubra las necesidades materiales básicas requeridas para una vida digna (vivienda, vestido, alimentos, etc.) destinado a aquellas personas que estén en situación de desempleo crónico o por algún motivo de peso no puedan integrarse al mercado laboral —como, por ejemplo, las madres solteras que tienen que atender a sus hijos menores—. Frecuentemente ese ingreso mínimo no está del todo bien calculado y no alcanza para cubrir todos los gastos. Las Tafel ayudan a suplir ese déficit.

A fin de poder acceder a los servicios de los bancos de alimentos, se requiere una membresía, para lo cual se exige presentar un certificado de estar recibiendo o bien la prestación estatal del ingreso mínimo —conocida también como Hartz IV—, o bien un subsidio estatal para pagar la vivienda —prueba de que el sueldo neto que la persona recibe no alcanza para pagar todas sus cuentas—, o bien algún otro documento que acredite que sólo se tiene como ingreso lo mínimo necesario para vivir o incluso menos de lo necesario.

Desde el 10 de enero de este año la Tafel de Essen (Renania del Norte-Westfalia) destaca un documento adicional: el DNI o pasaporte. Pues a partir de esa fecha se decidió que sólo serían atendidos quienes tuvieran la nacionalidad alemana. La razón: el enorme flujo de refugiados había ocasionado que la clientela de la Tafel estuviera conformada por 75% de extranjeros. Además, la presencia de gente joven de apariencia extraña, comportamiento inusual y lengua desconocida espantaba a las abuelitas alemanas en situación de pobreza que requerían de los servicios de la Tafel.

Esta decisión despertó indignación entre varios políticos alemanes —que la calificaron como un acto injusto de discriminación—, incluida la canciller Angela Merkel, quien dijo que «no debían hacerse ese tipo de categorizaciones», que eso no era bueno, pero que mostraba «la presión que existe», en alusión a su política de acogida e integración de los refugiados.

En una encuesta reciente del Instituto INSA —criticado por su cercanía a la Alternativa para Alemania, partido populista de derecha extrema relativamente nuevo— el 57.6% de los encuestados estaba de acuerdo con la decisión tomada por la Tafel de Essen, mientras que sólo 27.2% se mostraba en contra.

Incluso el futuro Ministro de Salud Jens Spahn —de la Unión Demócrata Cristiana, partido de la Merkel— echó leña al fuego al mostrarse de acuerdo con la decisión tomada en Essen, añadiendo que aun si no existieran las Tafel, nadie debería pasar hambre en Alemania, pues no se es pobre cuando se recibe el ingreso mínimo, el cual garantiza que cada uno tenga lo necesario para vivir. Por lo menos en teoría, digo yo. Pues, al igual que él, casi ningún político ha pasado por la experiencia de tener sólo 4.77 euros al día para comer y beber.

El problema es complejo y evidencia los conflictos que hay en la sociedad alemana actual entre ricos y pobres, entre quienes gozan de la nacionalidad alemana y quienes vienen de afuera en calidad de inmigrantes. Y se olvida que la constitución alemana se inicia con un texto que proclama que la dignidad humana es inviolable y que es obligación del Estado respetarla y protegerla, ley suprema aplicable a todo aquel que se encuentre en territorio alemán sin distinción de nacionalidad. Una discriminación de los pobres por su país de procedencia sería, por lo tanto, inconstitucional.

Además, son muchos las extranjeros que trabajan en Alemania y pagan impuestos. Algunos supermercados que donan alimentos a la Tafel de Essen también emplean a trabajadores extranjeros.

Mientras tanto, en Essen han anunciado este domingo que la Tafel volverá a atender a extranjeros a fines de marzo.

Esperamos que esta medida sea permanente.

(Columna publicada en Altavoz el 12 de marzo de 2018)

367 DÍAS EN PRISIÓN PREVENTIVA POR EJERCER EL PERIODISMO

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Deniz Yücel, reportero de “Die Welt”

Deniz Yücel (nacido en 1973 en Flörsheim am Main) es un periodista turco-alemán, que trabaja para el renombrado diario “Die Welt”.

El 16 de febrero, tras 367 días de prisión preventiva en Estambul (Turquía) sin que se elevara una denuncia formal, fue puesto en libertad por el poder judicial del país gobernado por el presidente Erdogan, líder de un régimen de apariencia democrática pero que no oculta su verdadero rostro dictatorial.

Ese mismo día la fiscalía turca formalizó la denuncia acusándolo de propaganda de una organización terrorista e incitación del pueblo al odio y la hostilidad contra el gobierno turco, pidiendo una pena de 18 años de cárcel.

Supuestamente Yücel habría descrito las intervenciones de las fuerzas armadas turcas contra el PKK (Partido de los Trabajadores de Kurdistán) —organización catalogada como terrorista en Turquía, Estados Unidos y la Unión Europea— como “limpieza étnica”. Asimismo, en una entrevista con Cemil Bayik, un comandante del PKK, habría intentado presentar al partido como una organización política legítima. Aunque es discutible si es eso lo que Yücel efectivamente quiso decir, esa manera de informar está protegida en Alemania por el derecho a la libertad de expresión.

Dado que no tenía restricciones de viaje, el mismo día pudo viajar a Berlín. Actualmente se encuentra fuera de Alemania a buen resguardo en un destino desconocido. Sin embargo, aún no es un hombre libre, pues en la eventualidad de que un tribunal turco lo condenara, estaría seguro en Alemania, pero no en otros países con tratados de extradición con Turquía y, por lo tanto, sufriría restricciones para viajar.

El caso de Deniz Yücel se convirtió en Alemania en un emblema de la libertad de expresión de la que debe gozar la profesión periodística, sobre todo en un país como Turquía que mantiene a unos 150 periodistas encarcelados.

Su liberación no ha significado, sin embargo, un cambio en la política de represión de la libertad de prensa que mantiene el régimen de Erdogan. El mismo día en que salió de prisión tres importantes periodistas turcos fueron condenados a cadena perpetua, sin haber hecho otra cosa que practicar responsablemente su oficio periodístico.

«Aún no sé por qué fui detenido hace un año, más exactamente, por qué hace un año fui tomado como rehén – y tampoco sé por qué fui liberado hoy», declaró Yücel en Berlín. Así como su encarcelamiento nada habría tenido que ver con el derecho y la justicia, su liberación tampoco tendría nada que ver con eso.

Hay que tener en cuenta que en enero de este año su abogado le comunicó que el gobierno alemán estaba viendo la posibilidad de intercambiarlo por la autorización para que fabricantes de armamento militar le vendieran éste a Turquía, o incluso intercambiarlo por seguidores del movimiento de Gülen, al cual Erdogan acusa de estar tras el fallido golpe de Estado de julio de 2016. La respuesta de Yücel fue contundente: «No estoy disponible para tratos sucios».

Lo cierto es que, aunque el ministro de relaciones exteriores Sigmar Gabriel ha negado que haya habido un trato, la liberación de Yücel se ha dado en un momento en que el gobierno de Angela Merkel ya había anunciado oficialmente que había que mejorar las relaciones con Turquía. Y uno de los obstáculos para estos efectos era la arbitraria prisión preventiva de Yücel.

De modo que Erdogan habría dado de esta manera una señal de buena voluntad y allanado el camino no sólo para acceder al mercado de armamento sino también para conseguir aliados en la OTAN y estrechar lazos comerciales con Alemania, lo cual permitiría mejorar la economía turca, que ya comienza a hacer agua. Por otra parte, la notoriedad que había alcanzado Yücel gracias a su cautiverio se desmorona y lo que él escriba posteriormente no tendría mayor impacto en una Turquía donde se mantiene a los medios de prensa controlados mediante la intimidación.

Lo cual nos deja un sabor amargo a quienes seguimos creyendo en la libertad de prensa como una de las bases fundamentales de la democracia. Pues aquí, como en el Perú, la justicia parece ser negociable en aras de intereses políticos y los derechos humanos de quienes informan concienzudamente cuentan sólo como una mercancía de cambio.

(Columna publicada en Altavoz el 19 de febrero de 2018)