LA INFAME POLITIZACIÓN DE UN CRIMEN PASIONAL

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Manifestación derechista en Kandel (3 de marzo de 2018)

Kandel es un apacible centro poblado situado a unos 25 kilómetros del pueblito vitivinícola donde resido en Alemania. En los últimos meses su tranquilidad se ha visto perturbada por acontecimientos que lo han convertido en foco de un problema que divide a toda la población alemana: la xenofobia y el racismo derivado de la defensa de supuestos valores patrióticos.

Todo comenzó con un crimen pasional, que nunca debió haber sobrepasado los límites de lo meramente policíaco.

El 27 de diciembre de 2017, una joven de 15 años fue apuñalada en el local de una conocida cadena de droguerías por un joven que asistía a su misma escuela y que había sido su pareja hasta inicios del mismo mes. Pero había una circunstancia que fue instrumentalizada por la prensa basura y los grupos de extrema derecha: el joven es un refugiado afgano.

Por ejemplo, Bild-Zeitung, un diario sensacionalista y el de mayor circulación en toda Alemania, publicó el siguiente titular: «Afgano (15) apuñala a muchacha alemana».

El 30 de diciembre unas 200 personas realizaron una manifestación en Kandel respondiendo a un llamamiento de la Alternativa para Alemania, joven partido de extrema derecha que en las últimas elecciones de 2017 se convirtió sorpresivamente en la tercera fuerza política del país gracias a su representación parlamentaria en el Bundestag.

El 2 de enero de 2018 hubo una marcha de 400 simpatizantes de la “Unión de Mujeres de Kandel”, asociación fantasma promovida por el extremista de derecha Marco Kurz, que quería así generar la impresión de que eran las mismas mujeres y madres de Kandel quienes estaban detrás del evento. Los participantes gritaron consignas como «¡Merkel debe irse!»

El 28 de enero se hicieron presentes en Kandel unos 1000 manifestantes, de los cuales unos 100 pertenecían a grupos de extrema derecha. Esta vez hubo una contramanifestación de la “Unión Alzarse contra el Racismo – Palatinado del Sur” con cerca de 150 participantes.

Pero lo peor aún estaba por venir. Christina Baum, diputada de la Alternativa para Alemania en el parlamento regional de Baden-Wurtemberg —téngase en cuenta que Kandel no está ubicada en ese estado, sino en Renania-Palatinado— convocó a una manifestación a realizarse el 3 de marzo en la localidad bajo el lema de «Kandel está en todas partes», incitando al odio contra todos los refugiados en general, especialmente aquellos provenientes de países islámicos.

Ese día asistieron unos 4000 manifestantes de toda Alemania a Kandel, que cuenta con una población de apenas 9000 habitantes. El evento fue interpretado como un espaldarazo de la Alternativa para Alemania a grupos de extrema derecha, pues entre los participantes había integrantes de los Neonazis de la Tercera Vía, enemigos del Islam de Baviera, activistas de los Europeos Patriotas contra la Islamización de Occidente (Pegida), militantes de los Soldados de Odín y de los Ciudadanos del Reich, grupos de los cuales algunos se hallan bajo observación de los servicios de inteligencia alemanes. Al mismo tiempo hubo contramanifestaciones antifascistas con aproximadamente 500 participantes.

Todas estas muestras de xenofobia e incitación al odio lograron finalmente vencer la apatía de varios habitantes locales, que fundaron la unión “Somos Kandel” y el 24 de marzo lograron convocar a unas 2000 personas en contra de una manifestación derechista de aproximadamente 1000 participantes. Asistieron al evento a favor de los refugiados Malu Dreyer, presidenta regional de Renania-Palatinado, y otros políticos locales de alto rango.

El diario local Die Rheinpfalz deploró respecto al asesinato de la muchacha que «en Internet el odio predominara sobre el luto» y que tuviera que borrar de su página de Facebook por lo menos 800 comentarios porque «estaban cargados de odio hasta un punto intolerable, porque llamaban a la justicia por mano propia o al linchamiento, porque les faltaba toda conciencia de lo que es un Estado de derecho, porque estaban repletos de teorías de la conspiración».

El 7 de abril un ciudadano alemán condujo una camioneta contra las personas sentadas en las afueras de un restaurante en Münster, matando a 2, hiriendo a otras 20 y suicidándose después. Hasta ahora no hay indicios de que vaya a haber una polítización de este crimen. Pues parece que sólo cuando un criminal es extranjero, vale todo para estigmatizar a los que sean de su misma procedencia.

(Columna publicada en Altavoz el 16 de abril de 2018)

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DISCRIMINACIÓN XENÓFOBA DE LOS POBRES EN ALEMANIA

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Refugiados trabajando como practicantes en la Tafel de Dormagen (Renania del Norte-Westfalia)

En 1993, hace 25 años, se inauguró la primera Tafel (banco de alimentos) en Berlín, una institución benéfica sin fines de lucro que recolecta alimentos aún en estado comestible que ya no pueden comercializarse en el circuito económico y, en vez de ser eliminados, son repartidos gratuitamente entre gente necesitada o a cambio de un pago simbólico.

Actualmente existen en Alemania más de 900 de estas instituciones benéficas, operadas principalmente por voluntarios.

Estas entidades no forman parte del sistema social alemán, el cual prevé un ingreso mínimo que cubra las necesidades materiales básicas requeridas para una vida digna (vivienda, vestido, alimentos, etc.) destinado a aquellas personas que estén en situación de desempleo crónico o por algún motivo de peso no puedan integrarse al mercado laboral —como, por ejemplo, las madres solteras que tienen que atender a sus hijos menores—. Frecuentemente ese ingreso mínimo no está del todo bien calculado y no alcanza para cubrir todos los gastos. Las Tafel ayudan a suplir ese déficit.

A fin de poder acceder a los servicios de los bancos de alimentos, se requiere una membresía, para lo cual se exige presentar un certificado de estar recibiendo o bien la prestación estatal del ingreso mínimo —conocida también como Hartz IV—, o bien un subsidio estatal para pagar la vivienda —prueba de que el sueldo neto que la persona recibe no alcanza para pagar todas sus cuentas—, o bien algún otro documento que acredite que sólo se tiene como ingreso lo mínimo necesario para vivir o incluso menos de lo necesario.

Desde el 10 de enero de este año la Tafel de Essen (Renania del Norte-Westfalia) destaca un documento adicional: el DNI o pasaporte. Pues a partir de esa fecha se decidió que sólo serían atendidos quienes tuvieran la nacionalidad alemana. La razón: el enorme flujo de refugiados había ocasionado que la clientela de la Tafel estuviera conformada por 75% de extranjeros. Además, la presencia de gente joven de apariencia extraña, comportamiento inusual y lengua desconocida espantaba a las abuelitas alemanas en situación de pobreza que requerían de los servicios de la Tafel.

Esta decisión despertó indignación entre varios políticos alemanes —que la calificaron como un acto injusto de discriminación—, incluida la canciller Angela Merkel, quien dijo que «no debían hacerse ese tipo de categorizaciones», que eso no era bueno, pero que mostraba «la presión que existe», en alusión a su política de acogida e integración de los refugiados.

En una encuesta reciente del Instituto INSA —criticado por su cercanía a la Alternativa para Alemania, partido populista de derecha extrema relativamente nuevo— el 57.6% de los encuestados estaba de acuerdo con la decisión tomada por la Tafel de Essen, mientras que sólo 27.2% se mostraba en contra.

Incluso el futuro Ministro de Salud Jens Spahn —de la Unión Demócrata Cristiana, partido de la Merkel— echó leña al fuego al mostrarse de acuerdo con la decisión tomada en Essen, añadiendo que aun si no existieran las Tafel, nadie debería pasar hambre en Alemania, pues no se es pobre cuando se recibe el ingreso mínimo, el cual garantiza que cada uno tenga lo necesario para vivir. Por lo menos en teoría, digo yo. Pues, al igual que él, casi ningún político ha pasado por la experiencia de tener sólo 4.77 euros al día para comer y beber.

El problema es complejo y evidencia los conflictos que hay en la sociedad alemana actual entre ricos y pobres, entre quienes gozan de la nacionalidad alemana y quienes vienen de afuera en calidad de inmigrantes. Y se olvida que la constitución alemana se inicia con un texto que proclama que la dignidad humana es inviolable y que es obligación del Estado respetarla y protegerla, ley suprema aplicable a todo aquel que se encuentre en territorio alemán sin distinción de nacionalidad. Una discriminación de los pobres por su país de procedencia sería, por lo tanto, inconstitucional.

Además, son muchos las extranjeros que trabajan en Alemania y pagan impuestos. Algunos supermercados que donan alimentos a la Tafel de Essen también emplean a trabajadores extranjeros.

Mientras tanto, en Essen han anunciado este domingo que la Tafel volverá a atender a extranjeros a fines de marzo.

Esperamos que esta medida sea permanente.

(Columna publicada en Altavoz el 12 de marzo de 2018)

367 DÍAS EN PRISIÓN PREVENTIVA POR EJERCER EL PERIODISMO

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Deniz Yücel, reportero de “Die Welt”

Deniz Yücel (nacido en 1973 en Flörsheim am Main) es un periodista turco-alemán, que trabaja para el renombrado diario “Die Welt”.

El 16 de febrero, tras 367 días de prisión preventiva en Estambul (Turquía) sin que se elevara una denuncia formal, fue puesto en libertad por el poder judicial del país gobernado por el presidente Erdogan, líder de un régimen de apariencia democrática pero que no oculta su verdadero rostro dictatorial.

Ese mismo día la fiscalía turca formalizó la denuncia acusándolo de propaganda de una organización terrorista e incitación del pueblo al odio y la hostilidad contra el gobierno turco, pidiendo una pena de 18 años de cárcel.

Supuestamente Yücel habría descrito las intervenciones de las fuerzas armadas turcas contra el PKK (Partido de los Trabajadores de Kurdistán) —organización catalogada como terrorista en Turquía, Estados Unidos y la Unión Europea— como “limpieza étnica”. Asimismo, en una entrevista con Cemil Bayik, un comandante del PKK, habría intentado presentar al partido como una organización política legítima. Aunque es discutible si es eso lo que Yücel efectivamente quiso decir, esa manera de informar está protegida en Alemania por el derecho a la libertad de expresión.

Dado que no tenía restricciones de viaje, el mismo día pudo viajar a Berlín. Actualmente se encuentra fuera de Alemania a buen resguardo en un destino desconocido. Sin embargo, aún no es un hombre libre, pues en la eventualidad de que un tribunal turco lo condenara, estaría seguro en Alemania, pero no en otros países con tratados de extradición con Turquía y, por lo tanto, sufriría restricciones para viajar.

El caso de Deniz Yücel se convirtió en Alemania en un emblema de la libertad de expresión de la que debe gozar la profesión periodística, sobre todo en un país como Turquía que mantiene a unos 150 periodistas encarcelados.

Su liberación no ha significado, sin embargo, un cambio en la política de represión de la libertad de prensa que mantiene el régimen de Erdogan. El mismo día en que salió de prisión tres importantes periodistas turcos fueron condenados a cadena perpetua, sin haber hecho otra cosa que practicar responsablemente su oficio periodístico.

«Aún no sé por qué fui detenido hace un año, más exactamente, por qué hace un año fui tomado como rehén – y tampoco sé por qué fui liberado hoy», declaró Yücel en Berlín. Así como su encarcelamiento nada habría tenido que ver con el derecho y la justicia, su liberación tampoco tendría nada que ver con eso.

Hay que tener en cuenta que en enero de este año su abogado le comunicó que el gobierno alemán estaba viendo la posibilidad de intercambiarlo por la autorización para que fabricantes de armamento militar le vendieran éste a Turquía, o incluso intercambiarlo por seguidores del movimiento de Gülen, al cual Erdogan acusa de estar tras el fallido golpe de Estado de julio de 2016. La respuesta de Yücel fue contundente: «No estoy disponible para tratos sucios».

Lo cierto es que, aunque el ministro de relaciones exteriores Sigmar Gabriel ha negado que haya habido un trato, la liberación de Yücel se ha dado en un momento en que el gobierno de Angela Merkel ya había anunciado oficialmente que había que mejorar las relaciones con Turquía. Y uno de los obstáculos para estos efectos era la arbitraria prisión preventiva de Yücel.

De modo que Erdogan habría dado de esta manera una señal de buena voluntad y allanado el camino no sólo para acceder al mercado de armamento sino también para conseguir aliados en la OTAN y estrechar lazos comerciales con Alemania, lo cual permitiría mejorar la economía turca, que ya comienza a hacer agua. Por otra parte, la notoriedad que había alcanzado Yücel gracias a su cautiverio se desmorona y lo que él escriba posteriormente no tendría mayor impacto en una Turquía donde se mantiene a los medios de prensa controlados mediante la intimidación.

Lo cual nos deja un sabor amargo a quienes seguimos creyendo en la libertad de prensa como una de las bases fundamentales de la democracia. Pues aquí, como en el Perú, la justicia parece ser negociable en aras de intereses políticos y los derechos humanos de quienes informan concienzudamente cuentan sólo como una mercancía de cambio.

(Columna publicada en Altavoz el 19 de febrero de 2018)

INDULTANDO A HITLER

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En la hipótesis contrafáctica de que Adolf Hitler hubiera sobrevivido a la Segunda Guerra Mundial, hubiera sido condenado por sus crímenes a cadena perpetua y tuviera la misma edad que Alberto Fujimori, eso nos ubicaría en el año 1968, cuando Kurt Georg Kiesinger —antiguo miembro del partido nazi— era canciller de Alemania, el cual, finalizada la guerra, fue categorizado como “simpatizante” del nazismo, y si bien pasó 18 meses en campos de prisioneros, al final superó exitosamente el proceso de “desnazificación”, por lo menos en lo formal, y se enroló en la Unión Demócrata Cristiana (CDU), partido conservador fundado por Konrad Adenauer.

El año ‘68 fue también el de las protestas estudiantiles, sobre todo de jóvenes idealistas de izquierda que abominaban de la indolencia que tenían muchos miembros de la generación de sus padres hacia los crímenes del nazismo.

El 7 de noviembre de 1968, la activista Beate Klarsfeld —esposa de un francés de ascendencia judía-—lo abofeteó públicamente en el transcurso de una Convención de la CDU, gritándole: «¡Kiesinger! ¡Nazi! ¡Renuncia!» Klarsfeld fue condenada a un año de prisión, pero la pena nunca se aplicó, porque la apelación interpuesta implicaba sacar los trapitos sucios de Kiesinger al aire. El proceso fue aplazado indefinidamente, y Kiesinger nunca hizo aclaraciones ni habló públicamente sobre este incidente en todo el resto de su vida.

En 1968 el tema del régimen nazi era tabú en Alemania y ni siquiera se abordaba en las clases de historia. Pero, a pesar del tiempo transcurrido, Hitler seguía teniendo muchos admiradores en secreto, incluso entre algunos jóvenes, admiración que se ha mantenido hasta el día de hoy. ¿Razones? Hitler estabilizó la economía deteriorada de un país que venía de una democracia inestable, donde los partidos tradicionales habían perdido credibilidad y apoyo. Cuando en 1930 el partido nazi se convirtió en la segunda fuerza política en el Parlamento, no sólo comenzaron a financiarlo varios empresarios, sino también la aseguradora Allianz, el Deutsche Bank y el Dresdner Bank.

Hitler fue nombrado canciller el 30 de enero de 1933, siguiendo procedimientos constitucionales en un régimen democrático, pero una vez en el poder buscó la manera de controlar los poderes legislativo y judicial desde el ejecutivo. El incendio del Reichstag, ocurrido el 27 de febrero, le permitió a Hitler obtener del presidente Hindenburg un decreto de urgencia, «mediante el cual podía abolir la libertad de prensa, el derecho a la libre expresión, el derecho a la privacidad de las comunicaciones y el respeto a la propiedad privada» (Wikipedia).

Sin haber obtenido aún una mayoría parlamentaria en las subsiguientes elecciones del 5 de abril, en aplicación del decreto de urgencia removió a los 81 diputados comunistas de sus curules y la cantidad necesaria de socialdemócratas para obtener mayoría y votar una ley habilitante que transfería las funciones del Reichstag al canciller por cuatro años. Luego vendría la designación de jueces favorables al gobierno.

Durante la dictadura hitleriana se beneficiaron grandes empresas alemanas que todavía existen (BMW, VW, Audi, Bayer, BASF, Hugo Boss, Deutsche Bank, Degussa, etc.), algunas de ellas sobre todo por la mano de obra barata suministrada por los campos de concentración.

En conclusión, se puede estabilizar la economía a la vez que se socava la democracia y se violan derechos humanos fundamentales. Y eso es algo que repitió Fujimori en otro contexto, promoviendo el capitalismo salvaje que postula el neoliberalismo —con la aquiescencia de la mayoría de empresarios peruanos—, flexibilizando los estándares de protección ambiental y dejando sin protección a los trabajadores mediante el recorte de derechos adquiridos y generando un aumento de la desigualdad social, uno de los principales enemigos del desarrollo.

Que se puede generar riqueza de otro modo, sin afectar el bienestar social, lo demuestran los países nórdicos de Europa, donde existe una economía social de mercado.

Ni Hitler ni Fujimori mataron a nadie con sus propias manos, pero ambos fueron —en diferente medida— autores mediatos de crímenes inexcusables. Y de prácticas eugenésicas atroces —en el caso de Hitler con los judíos, en el de Fujimori con las esterilizaciones masivas de mujeres autóctonas—. ¿Es lícito olvidar esos delitos en aras del bienestar producido? De ninguna manera. Indultar a Fujimori es como que Kiesinger hubiera indultado a Hitler.

(Columna publicada en Altavoz el 2 de enero de 2018)

LAS NAVIDADES DE LAS GENERACIONES PASADAS

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Como trabajador social especializado en el acompañamiento de ancianos con demencia, suelo vivir una serie de experiencias que me confrontan con los enigmas de la existencia desnuda, de esta vida nuestra que bascula entre la nada y la muerte, entre el misterio del nacimiento y un agónico final que a nuestros ojos humanos parece ser la extinción definitiva de toda una biografía cargada de recuerdos, momentos inolvidables y golpes de destino que dejan siempre un poso de amargura en el alma. Y cuando se acerca la Navidad, todo esto aflora con mayor intensidad, sobre todo entre los seres humanos que viven sus últimos días en un entorno no familiar como es el de un asilo de ancianos.

El 19 de diciembre fue oficialmente el almuerzo navideño en el asilo donde trabajo. A sus moradores, la mayoría de ellos octogenarios y nonagenarios, se les sirvió una comida especial: asado de res acompañado de col morada, vainitas envueltas en tocino y papas, regado con vino tinto y blanco de la región. De postre hubo helado de vainilla y canela en forma de estrella y tiramisú. Estuvo también presente un músico aficionado, un sexagenario del pueblo, que cantó canciones navideñas alemanas al compás de un ukelele y una armónica. Y varios ancianos, aquellos a los que la demencia y las enfermedades aún no les habían robado la memoria y las facultades auditivas y comunicativas, cantaron también esos cantos preñados de nostalgia y de una época que se fue.

Porque en la era de las comunicaciones digitales y las redes sociales, la mayoría de los jóvenes ya no le dedican tiempo a cantar los villancicos tradicionales, o a preparar galletas navideñas como lo hicieron sus ancestros, o a dedicar parte de su tiempo a las manualidades que ocuparon las horas libres de sus abuelos y les dieron un sentido creador y satisfacción generosa a las Navidades ancestrales. Pues, como se cree comúnmente en Alemania, lo que se hace en casa es mejor, sabe mejor y se siente mejor que lo que se obtiene ya hecho en el supermercado.

Y en estas épocas suele resurgir esa nostalgia por el hogar y por la familia, siendo particularmente difícil mi tarea de explicarles a ancianas con facultades cognitivas disminuidas que no pueden irse a la casa donde alguna vez vivieron —porque ya nadie vive allí o ha cambiado de dueño— y que continuamente buscan la manera de alcanzar la calle para cumplir un sueño ahora imposible.

En general, los ancianos suelen contentarse con poco, siempre que sea ofrecido con amabilidad y generosidad sinceras. Pues, a diferencia de las generaciones actuales que miden el valor de los regalos por lo que han costado y ambicionan mucho, los miembros de esa generación que están en el epílogo de sus vidas padecieron pobreza, carestía y escasez en una infancia desplegada en los difíciles años de la posguerra, marcada también por la ausencia de varios seres queridos que nunca regresaron, a quienes ahora recuerdan entre las nieblas de la demencia como si aún estuvieran vivos, como si en cualquier momento pudieran presentarse para hacerles una visita.

Ellos siguen siendo la memoria de una época donde el fenómeno comercial del presente aún no existía y donde los rituales navideños seguían un ritmo pausado que permitían el encuentro de las personas en un ambiente de alegría y acogida. Y de recogimiento hogareño, pues tanto en Alemania como en los países nórdicos —donde el frío invernal invita a buscar el íntimo calor del hogar— la Navidad se vive como una celebración de gozosa melancolía y expresivo sosiego y tranquilidad.

También hay uno que otro anciano que no recibirá la visita de nadie en estas Navidades, para los cuales poco consuelo será la tradicional cena de Nochebuena con salchichas vienesas, mostaza y ensalada de papas. Ancianos a los cuales se les han muerto los familiares más cercanos, o éstos viven demasiado lejos, o simplemente no quieren volver a verlos por desavenencias familiares irreconciliables. Los que trabajamos en el asilo haremos nuestros mejores esfuerzos para que también sientan compañía y calor humano en estas Navidades.

Y, sobre todo, buscaremos rescatar y conservar el espíritu de la Navidad de esas generaciones pasadas.

(Columna publicada en Altavoz el 25 de diciembre de 2017)

UN PERUANO DE LOS ANDES CONTRA UN CONSORCIO ENERGÉTICO DE ALEMANIA

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Saúl Luciano Lliuya (Foto: Pascale Sury)

RWE es un consorcio del sector energético, el segundo más grande en este ramo en Alemania. Sin embargo, su actividad no se ha limitado a este país, sino —como suele ocurrir en tiempos de la globalización— sus tentáculos operativos se extienden hasta Estados Unidos, Gran Bretaña, Bélgica, Austria, la República Checa, Turquía y varios países del Este de Europa. Y su negocio energético tiene consecuencias sombrías a nivel mundial. Pues la generación de energía a través de la quema de lignito, una especie de carbón mineral, ha convertido a esta empresa en el mayor emisor en Europa de dióxido de carbono (CO2), gas cuya proliferación contribuye a aumentar el “efecto invernadero” en la atmósfera, generando lo que se conoce como calentamiento global.

No obstante que la empresa afirma estar comprometida con la generación de energía a partir de recursos renovables —energía solar o eólica, por ejemplo—, se opone a los proyectos de darle fin a la generación de energía a partir del lignito. Asimismo, cuando el gobierno de Angela Merkel declaró en 2011 una moratoria para abandonar paulatinamente la generación energética a partir de la fisión atómica y poner fuera de servicio los siete reactores más antiguos —lo cual afectaba a los dos reactores de la central de Biblis, de propiedad de RWE—, la empresa logró mediante una denuncia que un tribunal declarara inválida la moratoria en la región y en 2014 efectuó una denuncia civil para obtener unos 200 millones de euros del gobierno en concepto de compensación por lucro cesante.

Saúl Luciano Lliuya es un campesino andino de la zona de Huaraz, que trabaja también como guía de montaña. Durante años él y su padre han observado los cambios climáticos que afectan a la zona, entre ellos la progresiva desaparición de los glaciares. En 2014 hablaron con un asesor agrícola sobre las causas del calentamiento global y los efectos en su región. Entre esos efectos se halla el derretimiento de un glaciar que alimenta una laguna ubicada más arriba de Huaraz, con la amenaza de que un desprendimiento ocasione un rebalse de la laguna y un aluvión que ocasionaría daños irreparables en la ciudad. Y la consiguiente pérdida del hogar de Saúl Luciano. ¿Por qué tendría él que pagar las consecuencias de lo que otros han causado? ¿No sería una tremenda injusticia?

Asesorado por Germanwatch, una asociación alemana sin fines de lucro que lucha por la justicia global y la preservación de las bases de subsistencia de las poblaciones vulnerables, el campesino peruano elevó en noviembre de 2015 una denuncia contra RWE ante el tribunal regional de la ciudad de Essen, donde el consorcio tiene su sede principal, sobre la base de que es responsable del 0,47% de las emisiones totales de CO2 desde el inicio de la industrialización de Europa, según un estudio de 2014. Dado que, ante una eventual inundación catastrófica de Huaraz, las medidas de protección —entre ellas la construcción de un dique— costarían unos 3.5 millones de euros, a RWE le correspondería abonar el costo parcial de 17,000 euros en concepto de indemnización.

En diciembre de 2016 la denuncia fue archivada. En enero de 2017 Saúl Luciano apeló ante el tribunal regional superior de Hamm, pues según su abogada Roda Verheyen, la razón para el archivamiento no considera la relación de los hechos y presupone la falta de una causalidad jurídica. Pues RWE argumentó que no se le podía hacer individualmente responsable del calentamiento global cuando son muchos los que contribuyen a este efecto. Verheyen, sin embargo, considera que no porque haya muchos causantes de un hecho determinado queda anulada la responsabilidad legal de cada uno por separado.

En mayo de este año el tribunal de Hamm determinó que la denuncia procedía y que el recurso de apelación debía efectuarse oralmente el 13 de noviembre. El 30 de noviembre, poco después de que Saúl Luciano hubiese prestado su declaración en Alemania y tras haber regresado al Perú, el tribunal decidió que era procedente pasar a la fase probatoria, que será evaluada por expertos independientes.

Se trata de un hecho sin precedentes, que puede dar pie a que las grandes empresas asuman finalmente su responsabilidad global y dejen de actuar con impunidad absoluta.

(Columna publicada en Altavoz el 4 de diciembre de 2017)

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FUENTES

Germanwatch
FRAGEN und ANTWORTEN zum FALL HUARAZ
https://germanwatch.org/de/14577
Klimagerechtigkeit braucht Ihre Unterstützung – Der Fall Huaraz zeigt die besondere Verantwortung großer Energiekonzerne auf (4/2017)
https://germanwatch.org/de/download/18321.pdf
Historischer Durchbruch mit weltweiter Relevanz bei “Klimaklage” (30. Nov. 2017)
https://germanwatch.org/14794

WDR
“Wenn es dem Globus zu heiß wird” (16.11.2017)
Reportaje de media hora (en alemán) sobre el caso Huaraz y Saúl Luciano Lliuya
https://www1.wdr.de/mediathek/video/sendungen/tag-sieben/video-wenn-es-dem-globus-zu-heiss-wird-100.html

LA OTRA CARA DEL BIENESTAR ECONÓMICO ALEMÁN

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Personas sin techo en Berlín (2016)

El 24 de septiembre, el partido de Angela Merkel volvió a ganar las elecciones generales en Alemania por cuarta vez consecutiva. Sin embargo, los resultados han estado muy lejos de ser un triunfo rotundo. Pues la alianza CDU (Unión Demócrata Cristiana) / CSU (Unión Social Cristiana) alcanzó sólo 32.9% de los votos, es decir, 8.6% menos que en las elecciones anteriores de 2013. Asimismo, el segundo partido más grande de Alemania, el de los socialdemócratas, obtuvo el 20.5% de los votos, 5.2% menos que la vez anterior, en lo que ha sido su peor resultado electoral desde que existe la República Federal de Alemania. Más bien, la Alternativa por Alemania, un partido nacionalista de extrema derecha, con un discurso conservador y populista, pasó por primera vez la valla del 5%, y con 12.6% de los votos se convirtió de un día para otro en la tercera fuerza política de Alemania.

¿Cómo se explica este resultado tan preocupante en un país que, además de tener la economía más pujante de Europa, es la cuarta potencia económica a nivel mundial, después de Estados Unidos, China y Japón? ¿Un país donde la tasa de desempleo, que bordea actualmente el 5%, es una de las más bajas en toda su historia?

Este descontento creciente puede encontrar una explicación en los resultados del último Informe sobre Riqueza y Pobreza (abril de 2017), elaborado por el Ministerio Federal de Trabajo y lo Social y discutido el miércoles 28 de junio en el Parlamento Federal, donde se concluye que la pobreza ha ido aumentando en el país, afectando en la actualidad a un 15.7% de la población. Esto resulta escandaloso en un país del Primer Mundo que se jacta de su avance económico, pero que parece haber descuidado el bienestar social de su población más vulnerable.

Hay que tener en cuenta que en Alemania la pobreza se define según parámetros distintos a los de los países del Tercer Mundo. Se considera pobre a quien tiene ingresos mensuales inferiores al 60% del ingreso medio. Es decir, quien vive solo y recibe menos de 917 euros al mes es considerado pobre. O una familia con dos hijos que recibe menos de 1,978 hasta 2,355 euros al mes —dependiendo de la edad de los hijos— se encuentra debajo de la línea de pobreza. Estas cifras consideran el costo de vida en Alemania, donde los precios de los alquileres y servicios son relativamente altos.

En cifras reales, eso hace unas 13 millones de personas que viven amenazadas por la pobreza y un total de 2.5 millones de niños que crecen en hogares pobres.

Lo alarmante es que, según la Bundesarbeitsgemeinschaft Wohnungslosenhilfe (Comunidad Federal de Trabajo de Ayuda a los Sin Domicilio), el número de personas sin domicilio aumentó entre 2014 y 2016 en un 150%, alcanzando la cifra de 860,000 personas, de las cuales 52,000 viven prácticamente en la calle, sometidos a los rigores de la intemperie. Esa cifra no se explica solamente por la alta migración en Alemania, sino también por el aumento de los alquileres —sobre todo en las grandes ciudades—, el decrecimiento de los salarios —cada vez más bajos— y la falta de una buena política de vivienda por parte del gobierno. Pues —aunque les suene raro a quienes viven bajo regímenes capitalistas neoliberales— en Alemania la responsabilidad de que todos cuenten con un techo sobre sus cabezas al alcance de sus bolsillos le corresponde al Estado.

Los pronósticos no son nada halagadores. Se calcula que para el año 2018 el número de personas sin domicilio llegará a 1.2 millones.

Ante todo esto, muchos se preguntan si estamos ante un error del sistema, o más bien si el sistema mismo es un gran error. Pues obtener un alto grado de desarrollo económico con una pobreza y una desigualdad crecientes es algo que entra en el ámbito de lo kafkiano, más aun cuando la mitad inferior de la población sólo goza en total del 1% del producto neto interno, mientras que el 10% superior acapara el 50%.

Nos topamos, pues, con el lado oscuro de un régimen que ha privilegiado cada vez más los intereses económicos en detrimento del bienestar mayoritario de la población.

(Columna publicada en Altavoz el 20 de noviembre de 2017)

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FUENTES

Bundesministerium für Arbeit und Soziales
Lebenslagen in Deutschland: Der Fünfte Armuts- und Reichtumsbericht der Bundesregierung (April 2017)
http://www.armuts-und-reichtumsbericht.de/DE/Bericht/Der-fuenfte-Bericht/Der-Bericht/der-bericht.html
También está disponible aquí un sumario ejecutivo en inglés del Informe sobre Riqueza y Pobreza.

ZEIT ONLINE
Armutsbericht 2017 : Wie arm sind die Deutschen? (2. März 2017)
http://www.zeit.de/wirtschaft/2017-03/armutsbericht-2017-deutschland-paritaetischer-wohlfahrtsverband-faq
Wohnungslosigkeit: 860.000 Menschen in Deutschland haben keine Wohnung (14. November 2017)
http://www.zeit.de/gesellschaft/zeitgeschehen/2017-11/wohnungslosigkeit-obdachlose-fluechtlinge-armut

taz.de
Bundestagsdebatte zum Armutsbericht: Armes Deutschland (26.6.2017)
http://www.taz.de/Bundestagsdebatte-zum-Armutsbericht/!5425468/