UN PERUANO DE LOS ANDES CONTRA UN CONSORCIO ENERGÉTICO DE ALEMANIA

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Saúl Luciano Lliuya (Foto: Pascale Sury)

RWE es un consorcio del sector energético, el segundo más grande en este ramo en Alemania. Sin embargo, su actividad no se ha limitado a este país, sino —como suele ocurrir en tiempos de la globalización— sus tentáculos operativos se extienden hasta Estados Unidos, Gran Bretaña, Bélgica, Austria, la República Checa, Turquía y varios países del Este de Europa. Y su negocio energético tiene consecuencias sombrías a nivel mundial. Pues la generación de energía a través de la quema de lignito, una especie de carbón mineral, ha convertido a esta empresa en el mayor emisor en Europa de dióxido de carbono (CO2), gas cuya proliferación contribuye a aumentar el “efecto invernadero” en la atmósfera, generando lo que se conoce como calentamiento global.

No obstante que la empresa afirma estar comprometida con la generación de energía a partir de recursos renovables —energía solar o eólica, por ejemplo—, se opone a los proyectos de darle fin a la generación de energía a partir del lignito. Asimismo, cuando el gobierno de Angela Merkel declaró en 2011 una moratoria para abandonar paulatinamente la generación energética a partir de la fisión atómica y poner fuera de servicio los siete reactores más antiguos —lo cual afectaba a los dos reactores de la central de Biblis, de propiedad de RWE—, la empresa logró mediante una denuncia que un tribunal declarara inválida la moratoria en la región y en 2014 efectuó una denuncia civil para obtener unos 200 millones de euros del gobierno en concepto de compensación por lucro cesante.

Saúl Luciano Lliuya es un campesino andino de la zona de Huaraz, que trabaja también como guía de montaña. Durante años él y su padre han observado los cambios climáticos que afectan a la zona, entre ellos la progresiva desaparición de los glaciares. En 2014 hablaron con un asesor agrícola sobre las causas del calentamiento global y los efectos en su región. Entre esos efectos se halla el derretimiento de un glaciar que alimenta una laguna ubicada más arriba de Huaraz, con la amenaza de que un desprendimiento ocasione un rebalse de la laguna y un aluvión que ocasionaría daños irreparables en la ciudad. Y la consiguiente pérdida del hogar de Saúl Luciano. ¿Por qué tendría él que pagar las consecuencias de lo que otros han causado? ¿No sería una tremenda injusticia?

Asesorado por Germanwatch, una asociación alemana sin fines de lucro que lucha por la justicia global y la preservación de las bases de subsistencia de las poblaciones vulnerables, el campesino peruano elevó en noviembre de 2015 una denuncia contra RWE ante el tribunal regional de la ciudad de Essen, donde el consorcio tiene su sede principal, sobre la base de que es responsable del 0,47% de las emisiones totales de CO2 desde el inicio de la industrialización de Europa, según un estudio de 2014. Dado que, ante una eventual inundación catastrófica de Huaraz, las medidas de protección —entre ellas la construcción de un dique— costarían unos 3.5 millones de euros, a RWE le correspondería abonar el costo parcial de 17,000 euros en concepto de indemnización.

En diciembre de 2016 la denuncia fue archivada. En enero de 2017 Saúl Luciano apeló ante el tribunal regional superior de Hamm, pues según su abogada Roda Verheyen, la razón para el archivamiento no considera la relación de los hechos y presupone la falta de una causalidad jurídica. Pues RWE argumentó que no se le podía hacer individualmente responsable del calentamiento global cuando son muchos los que contribuyen a este efecto. Verheyen, sin embargo, considera que no porque haya muchos causantes de un hecho determinado queda anulada la responsabilidad legal de cada uno por separado.

En mayo de este año el tribunal de Hamm determinó que la denuncia procedía y que el recurso de apelación debía efectuarse oralmente el 13 de noviembre. El 30 de noviembre, poco después de que Saúl Luciano hubiese prestado su declaración en Alemania y tras haber regresado al Perú, el tribunal decidió que era procedente pasar a la fase probatoria, que será evaluada por expertos independientes.

Se trata de un hecho sin precedentes, que puede dar pie a que las grandes empresas asuman finalmente su responsabilidad global y dejen de actuar con impunidad absoluta.

(Columna publicada en Altavoz el 4 de diciembre de 2017)

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FUENTES

Germanwatch
FRAGEN und ANTWORTEN zum FALL HUARAZ
https://germanwatch.org/de/14577
Klimagerechtigkeit braucht Ihre Unterstützung – Der Fall Huaraz zeigt die besondere Verantwortung großer Energiekonzerne auf (4/2017)
https://germanwatch.org/de/download/18321.pdf
Historischer Durchbruch mit weltweiter Relevanz bei “Klimaklage” (30. Nov. 2017)
https://germanwatch.org/14794

WDR
“Wenn es dem Globus zu heiß wird” (16.11.2017)
Reportaje de media hora (en alemán) sobre el caso Huaraz y Saúl Luciano Lliuya
https://www1.wdr.de/mediathek/video/sendungen/tag-sieben/video-wenn-es-dem-globus-zu-heiss-wird-100.html

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TURISMO Y DISCRIMINACIÓN

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Este año mi mujer y mi hijo de quince años visitaran el Perú después de años de ausencia. Aprovechando la ocasión, harán también un recorrido turístico por el Cusco y lugares aledaños.

Al reservar los pasajes aéreos y el tour, nos hemos topado con una ingrata sorpresa. Mi hijo, aun siendo peruano de nacimiento, tendrá que pagar más que mi mujer dado que sólo cuenta con pasaporte alemán. Incluso a mi mujer, por el sólo hecho de residir en Alemania, le cobrarán más que a un peruano residente en el Perú. Y el servicio que mi hijo recibirá no será ni una pizca mejor que el que se les ofrece a quienes pagan menos.

Desde hace tiempo hay denuncias de discriminación contra PeruRail, la empresa que ofrece servicios de transporte ferroviario a Machu Picchu entre otros, en agravio de turistas peruanos. Uno de los casos emblemáticos, ocurrido en el año 2007, es el del músico peruano Luis Becerra, que formó en Italia la agrupación de danzas latinoamericanas Takillakta y que tuvo que viajar a Machu Picchu en un tren sólo para peruanos junto con su hija menor, mientras que su esposa italiana fue obligada a viajar en el tren sólo para turistas extranjeros.

Lo peor de todo es que PeruRail sigue manteniendo una actitud discriminatoria dividiendo a sus clientes en nacionales y extranjeros, ofreciéndoles un servicio diferenciado. Y discriminando también a los extranjeros, al cobrarles un precio de unos 120 dólares de ida y vuelta por un trecho de unos 60 km, cuando en Alemania esa misma distancia en tren de lujo cuesta unos 40 euros. Y no me van a decir que los costos operativos en el Perú son mayores que en Alemania.

Este esquema parece atravesar toda la rama turística en el Perú: tratar mal al turista nacional y cobrarle caro al extranjero. Se parte del supuesto de que quien viene de fuera del país necesariamente debe tener mucho dinero en el bolsillo para pagar cualquier precio que se le exija, por irracional que sea.

¿Los resultados? Mientras que unos 3.7 millones de turistas extranjeros habrían visitado el Perú en 2016, en Chile —un país con menos atractivos turísticos— se alcanzó ese mismo año la cifra de 5.6 millones de turistas extranjeros.

Bajo la premisa de que el precio se fija de acuerdo a lo que se está dispuesto a pagar —y no de acuerdo a criterios objetivos y razonables de costo/beneficio—, el Perú es un país caro para extranjeros, que preferirán otros destinos.

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Esta columna fue publicada incompleta —sin previo aviso— el 17 de julio de 2017 en Exitosa, a pesar de mantenerse dentro de los límites de extensión. Esto, unido a la circunstancia del cese del periodista Juan Carlos Tafur como director de ese medio, me ha llevado a la decisión de no seguir colaborando con ese diario. La columna completa fue publicada el mismo día por Altavoz, medio que gentilmente me ha ofrecido un espacio los lunes para colaborar con una columna semanal.

INUNDADOS POR LA CORRUPCIÓN Y LA DESIDIA

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Los desastres naturales no son previsibles, pero sí sus consecuencias. Y éstas se pueden evitar o minimizar mediante medidas de prevención debidamente planificadas y ejecutadas. Cuando esto no se hace por desidia, irresponsabilidad o corrupción, se debe buscar determinar las responsabilidades para que los culpables sean sancionados y se tomen las medidas a fin de que las víctimas reciban la ayuda debida que les permita reparar el daño sufrido.

Esto es lo que se intenta hacer en un país como Alemania, que cuenta con regiones que suelen sufrir cada cierto tiempo inundaciones con niveles de agua que superan ampliamente los que hubo en Piura. Por ejemplo, el 3 de junio de 2013 el agua subió más de 12 metros en Passau, ciudad de la Baja-Baviera cerca a la frontera con Austria.

Sin embargo, aunque los daños materiales fueron cuantiosos en los siete países de Europa Central afectados por las inundaciones, la catástrofe sólo se cobró oficialmente 25 vidas humanas.

En Alemania se formó una red de solidaridad que permitió no sólo socorrer temporalmente a los damnificados, sino ayudarles a recuperar la existencia que habían perdido. Y mayores daños se evitaron gracias a medidas de prevención efectuadas en años anteriores.

En el Perú, donde impera la corrupción y el clientelismo político por donde se mire, las autoridades pasan por alto las medidas de prevención. Como esa breve parte del muro de contención que faltaba cerca de la calle Huancavelica en Piura, reemplazada por una baranda precaria que no impidió el paso del agua, aun cuando el caudal del río era menor que durante el fenómeno del Niño de 1998. Un pequeño detalle, pero suficiente como para ocasionar el inédito aniego del centro de la ciudad y afectar la vida de tantos ciudadanos, que deberán correr con los costos de aquello que perdieron en la riada.

Pues eso es lo que suele ocurrir sistemáticamente en el Perú. La corrupción institucionalizada —cuyo interés es el beneficio propio y no el de los ciudadanos comunes y corrientes— desatiende a la población y no se preocupa por su bienestar y seguridad. Cuando viene la catástrofe, los responsables se lavan las manos y se cubren con un manto de impunidad, mientras los más desfavorecidos pagan los platos rotos por pérdidas que pudieron ser evitadas.

Encomiable la ayuda solidaria de tantos peruanos, pero no es suficiente mientras persista el cáncer de la corrupción.

(Columna publicada en Exitosa el 1° de abril de 2017)

SER Y NO SER PERUANO

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Pedro Pablo Kuczynski, presidente del Perú

Nací y crecí en el Perú. Tengo ancestros alemanes, ingleses, escoceses, españoles y peruanos de la selva iquiteña por mi abuela Hernández. Mi abuelo Scheuch nació en Chile, hijo de un alemán que tuvo que exiliarse por razones políticas en el siglo XIX.

De niño mi jornada cotidiana se dividía en dos: la mañana, que transcurría en un ambiente alemán en el Colegio Alexander von Humboldt, y la tarde, dentro de un entorno de clase media limeña.

Y aunque nunca he llegado a dominar el alemán a la perfección, adquirí la nacionalidad alemana —sin perder la peruana— cuando a la muerte de mi abuela salieron a la luz documentos que demostraban que mi padre había sido registrado como alemán por mi abuelo en la embajada alemana.

Cuando fui descubriendo que el estilo de clase media burguesa era una ilusión, un sueño entre murallas ajeno a la cruda realidad del común de los peruanos, me atreví a saltar el muro y a convertirme en un disidente de mi estrato social, comprometido de corazón con el Perú profundo.

Tuve que emigrar a Alemania por razones similares a las que emigran otros peruanos: falta de oportunidades laborales y hartazgo ante la injusticia, la discriminación y la corrupción que uno encuentra volteando la esquina.

Y aun sintiéndome en parte alemán, al Perú lo llevo siempre adentro. Como también debe ocurrir con PPK [Pedro Pablo Kuczynski], hijo de padre alemán de raíces judío-polacas y madre franco-suiza, peruano por su historia personal y por decisión propia.

Ser peruano —o alemán— ya no depende de la sangre, sino del amor por la gente del país en que uno vive o ha vivido.

(Columna publicada en Exitosa el 30 de julio de 2016)

EL PERSISTENTE HEDOR DE LA DEMOCRACIA PERUANA

ratasDesde que tengo mayoría de edad y soy apto para votar en las elecciones peruanas, tengo memoria de haber emitido mi voto sin mayor convicción, eligiendo el mal menor. Es decir, he votado por aquel candidato que menos apestaba ética y políticamente. Incluso aquellos candidatos que no llevaban encima el acre hedor de la corrupción, apestaban a intereses privados y elitistas que poco tenían que ver con el bienestar de la población en general, mucho menos con la promoción de los peruanos más pobres y desfavorecidos. Como buenos políticos, sabían disfrazar su propio interés privado de interés público por el bien común.

La situación no parece haber mejorado con el tiempo. El debate electoral actual se ha centrado en las vidas nada impecables de la mayoría de los candidatos, el argumento basado en ideas ha sido sustituido por el insulto, y los organismos electorales se han convertido en participantes activos favoreciendo indirectamente a algunos candidatos, en lugar de ser árbitros imparciales que garanticen los derechos básicos tanto de candidatos como de electores. La ley no se ha aplicado con equidad y criterio.

No debería extrañarnos que, según el índice de democracia de The Economist del año 2015, el Perú sea catalogado como una democracia imperfecta —salvándose sólo por 58 décimas de punto de caer en la categoría de régimen híbrido, es decir, con un sistema democrático averiado— y se sitúe en calidad democrática por debajo de países africanos como Lesotho, Ghana y Botswana, y de países latinoamericanos donde la corrupción y la violencia campean a sus anchas, como Colombia y El Salvador.

Efluvios de la persistente corrupción hacen que las actuales elecciones hiedan.

(Columna publicada en Exitosa el 12 de marzo de 2016)

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FUENTE

Wikipedia (en inglés)
Democracy Index
https://en.wikipedia.org/wiki/Democracy_Index

JULIO GUZMÁN Y LOS OPORTUNISTAS

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El año pasado mi mujer, que realizó estudios escolares en el Colegio Sagrados Corazones Recoleta de Lima, me hizo saber que un antiguo compañero de clase suyo, recordado por su empeño, entusiasmo, simpatía y buenas notas escolares, había decidido postular como candidato a la Presidencia de la República. Se trataba nada menos que de Julio Guzmán.

Cuando todavía era un desconocido, seguimos en YouTube algunas de las entrevistas que concedió a algunos medios. Me dio la impresión de una persona voluntariosa de buena intenciones, pero con cierta ingenuidad respecto a cómo se maneja la política en el Perú. Aún así, personalmente se perfilaba mejor que cualquiera de los candidatos de partidos tradicionales, no obstante algunos reparos de mi parte.

A Lourdes Flores, que ha tachado ciertas candidaturas de “aventureras” e “improvisadas” por su falta de experiencia, habría que decirle que si bien algunos candidatos parecen estar avalados por partidos con experiencia de gobierno —llámese aprismo, pepecismo, fujimorismo, acciopopulismo, etc.—, la mayoría de peruanos están decepcionados con ellos precisamente porque tienen experiencia de haber sido gobernados por representantes de esos partidos, y haber sido gobernados mal. Además de que han participado de la corrupción omnipresente, mal endémico en el Perú, los verdaderos favorecidos por sus políticas de gobierno han sido un porcentaje reducido de la población.

Si bien la propuesta de gobierno que más se acerca a mis convicciones socialcristianas es la de Verónika Mendoza, no vería con malos ojos que acceda a la presidencia una persona de historial ético intachable como Julio Guzmán. Y que pasen al basurero de la historia los oportunistas que desde hace décadas han regido los destinos políticos del Perú.

(Columna publicada en Exitosa el 27 de febrero de 2016)

EL EXTRAÑO EXILIO BURGUÉS DE UN OBISPO PERUANO

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Mons. Nemesio Rivera Meza

A tan sólo 10 kilómetros de donde vivo, allí donde comienza el Bosque del Palatinado sobre las colinas, se divisa el pintoresco y acogedor pueblo vitivinícola de Sankt Martin. Cuenta la gente del lugar que allí vivió un obispo peruano, sustentado por una familia rica y pudiente. ¿Historia verdadera o leyenda basada en rumores? De ser cierto, ¿qué hacía un obispo peruano en Alemania?

Investigando un poco, me topé con la insólita historia de Mons. Nemesio Rivera Meza (1918-2007), quien fue primer obispo de Huacho de 1958 a 1960, siendo luego nombrado obispo de Cajamarca.

Su antecesor, Mons. Pablo Ramírez Taboada, fue el iniciador de las visitas episcopales a todas las parroquias de la diócesis, para asegurarse de que la atención pastoral llegara a todos. Una verdadera revolución para la época.

Mons. Rivera Meza no compartía esta visión pastoral, encontrando la oposición de fieles laicos y presbíteros cajamarquinos. Al cabo de un año tuvo que dimitir y largarse. Y se largó a Alemania, a este pueblito de la diócesis de Espira, donde vivió desde 1961 hasta su regreso al Perú en 1996, frisando los 78 años de edad.

¿Qué misterio en la vida de este eclesiástico gris y olvidado —al punto de que en Cajamarca se le recuerda como un paréntesis intrascendente en la sucesión episcopal— lo llevó a vivir confinado 35 años sin misión oficial en un poblado germano?

En 2002 recibió la Medalla de Oro de Santo Toribio de Mogrovejo por su servicio a la Iglesia en el Perú. Algo inaudito, pues fue un pastor rechazado por su grey, que después nunca más volvió a asumir ninguna labor pastoral conocida.

(Columna publicada en Exitosa el 12 de diciembre de 2015)

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FUENTES

Wikipedia (en alemán)
Nemesio Rivera Meza
https://de.wikipedia.org/wiki/Nemesio_Rivera_Meza
Medalla de Oro de Santo Toribio de Mogrovejo
https://de.wikipedia.org/wiki/Medalla_de_Oro_de_Santo_Toribio_de_Mogrovejo

Die Strukturen der Kirche von Cajamarca (bis 2003)
http://cajamarca.de/download/strukturen.pdf