FIGARI: LA PATRAÑA DEL FUNDADOR

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En la página web oficial del Sodalicio se leía hasta octubre de 2015 en la reseña dedicada al fundador, que Figari, tras un proceso de conversión, decidió llevar a cabo «la fundación del Sodalitium Christianae Vitae, en 1971. En 1974 funda la Asociación de María Inmaculada (AMI) para mujeres».

Más adelante se lee: «Por invitación del Papa [Juan Pablo II] participó en la Jornada Mundial de la Juventud de 1984, pronunciando la Catequesis sobre el Amor en la Basílica de San Pablo Extramuros. Esa experiencia fue decisiva para la fundación del Movimiento de Vida Cristiana (MVC) en 1985. […] En 1991 fundó la Fraternidad Mariana de la Reconciliación, para mujeres que descubren el llamado a la vida consagrada laical. En 1995 fundó la Hermandad Nuestra Señora de la Reconciliación, dedicada a una advocación muy ligada a la espiritualidad sodálite. Años después en 1998 fundó otra asociación religiosa para mujeres, las Siervas del Plan de Dios».

Ésta es la historia oficial. Y si bien las paginas web de estas asociaciones han eliminado cualquier referencia a Figari, no se ha cuestionado la versión oficial y se sigue considerando a Figari como un fundador, o como dice la vergonzosa carta de la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica (30 de enero de 2017) que decidió el destino de Figari hasta ahora: «mediador de un carisma de origen divino».

Que Figari reúna las características para ser considerado como tal ha sido cuestionado por el ex-sodálite José Rey de Castro. Mediante documentos de los archivos del Sodalicio demuestra que el 8 de diciembre 1971 realizaron su primera promesa 9 miembros, de entre los cuales destacan Figari y Sergio Tapia Tapia —un abogado vinculado al sector ultramontano del catolicismo y defensor de militares conculcadores de derechos humanos—, los cuales en 1972 forman un triunvirato junto con el sacerdote marianista Gerald Haby, tras haberse reducido el grupo original a sólo cuatro miembros.

«Recién se formaba la SCV y la conciencia de que ésta tenía “tres miembros fundadores” era muy clara. Figari era uno más». Además, con fecha del 11 de septiembre de 1972, Tapia «redacta un documento con la intención de dar algunas “pautas para la mejor conducción de la Sodalitium en todos sus niveles”», donde esboza los principios y estructura que debería tener el nuevo grupo, con lo cual se «muestra que quien sistematiza y aclara asuntos fundamentales de la naciente organización no es Figari».

El nuevo grupo decide vivir la espiritualidad del P. Guillermo José Chaminade, que es el carisma de los marianistas. Con el paso del tiempo se añadirán ideas tomadas del Concilio Vaticano II, Pablo VI, Juan Pablo II, etc. No hay un nuevo carisma, ni una experiencia religiosa que lo sustente. En el caso de Figari no existe tal «“experiencia religiosa” puesto que el SCV es inventado por él en su mente narcisista con el fin de saciar sus desordenados anhelos, usando la espiritualidad marianista para crear un sistema de ideas —ideología— lo suficientemente coherente como para que se lo “compren” sus discípulos entusiasmados con la idea de “cambiar el mundo”».

En el caso de las otras asociaciones, también concurren motivaciones non sanctas.

En los ‘70 se iniciaron las Agrupaciones Marianas como semilleros del Sodalicio, en las cuales se buscaban vocaciones nuevas, y a quien no encajaba en el perfil sodálite, se le dejaba de prestar atención. Ante las multitudes de jóvenes de otros movimientos que Figari vio en 1984 en Roma —en un evento en cual yo también estuve presente—, se le ocurrió que no era buena idea desechar a quienes no fueran aptos para el Sodalicio, y decidió fundar el Movimiento de Vida Cristiana con el fin de vincular a los que él consideraba cristianos de segunda, así como a sus familiares y a representantes del sexo femenino.

En 1991 —según cuenta Rocío Figueroa—, Figari se apropió como supuesto fundador de un proyecto de vida consagrada para mujeres, iniciado en 1987 por la susodicha y otras cuatro compañeras, proyecto al que Figari —en conformidad con su habitual misoginia— nunca apoyó. Dice Rocío sinceramente: «agradezco a Dios todas esas lágrimas por la falta de interés de Luis Fernando, no sólo en esos 4 años sino en todos los años que siguieron donde como superiora tenía que rogarle a sus secretarios por una reunión al año. No. La Fraternidad no la hizo Figari. La hizo el Espíritu Santo con la ayuda de las primeras y con las que siguieron luego. Sí. Con miles de defectos. Sí, contaminadas. Pero no con un origen perverso ni malévolo como el que inspiró la creación del Sodalicio».

A las Siervas del Plan de Dios Figari las fundó porque —según le oí decir en varias ocasiones—, necesitaba monjas que cuidaran a los sodálites cuando éstos estuvieran viejos y enfermos. Es decir, como suministro de mano de obra gratuita en el ámbito de la enfermería.

Las autoridades de la Iglesia católica han sido benevolentes con Figari, a pesar de reconocer que ha cometido delitos graves, precisamente porque lo reconocen oficialmente como «fundador del Sodalitium Christianae Vitae». Ya es hora de dejar de lado esa patraña y reconocer que ni Figari fue guiado por un poder divino, ni es fundador en ningún sentido, ni el Sodalicio es una obra querida por Dios. Para muchos de los que aún somos creyentes, que todavía se crea eso en la Iglesia católica es un insulto para nuestra fe. Y una ofensa a la razón humana.

(Columna publicada en Altavoz el 11 de junio de 2018)

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FUENTES

Internet Archive
Reseña biográfica de Figari en la página web del Sodalicio (23 de octubre de 2015)
https://web.archive.org/web/20151023182315/http://sodalicio.org:80/luis-fernando-figari/

Mi vida en el Sodalicio (Blog personal de José Rey de Castro)
¿Una espiritualidad para nuestro tiempo?
https://www.mividaenelsodalicio.app/una-espiritualidad-para-nuestro-tiempo/
Ensayo de la verdad: los orígenes
https://www.mividaenelsodalicio.app/ensayo-de-la-verdad-los-origenes/
Figari ¿EL fundador?
https://www.mividaenelsodalicio.app/figari-el-fundador/
El otro fundador
https://www.mividaenelsodalicio.app/el-otro-fundador/

Rocieros (Blog personal de Rocío Figueroa)
El robo de la fundación (9 de junio de 2018)
http://rocio-figueroa.blogspot.com/2018/06/el-robo-de-la-fundacion.html

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SODALICIO: LOS ESCLAVOS DEL FUNDADOR

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La Comisión de Ética para la Justicia y la Reconciliación, convocada por el mismo Sodalicio, habla en su Informe Final de «jóvenes escogidos para servir de manera directa a Luis Fernando Figari, mediante la atención personalizada e ininterrumpida en sus distintas actividades. Estos jóvenes en algunos casos fueron privados de recibir la formación esperada hasta por más de 20 años, y más bien obligados a realizar tareas domésticas sin compensación económica alguna, bajo la premisa de estar al servicio del “Fundador”, lo que sugiere que dichas prácticas podrían enmarcarse en un supuesto de lo que se conoce como “esclavitud moderna” o “servidumbre”, que debiera ser investigado por las autoridades respectivas».

Figari siempre contó con algunos jóvenes sodálites que debían estar disponibles para cumplir cualquier deseo o capricho suyo sin ninguna remuneración a cambio, como esclavos modernos. Varios de ellos nunca pudieron realizar estudios. A alguno que otro se le permitió sólo estudiar teología.

Conocí personalmente a varios de esos sodálites, la mayoría de los cuales ya se han separado de la institución. Además de realizar tareas domésticas y cumplir con encargos, algunos de ellos tenían funciones específicas como encargarse de los videos y archivos, o tomar fotografías en eventos donde Figari fuera el centro de atención, o hacer de cocinero personal del gurú de la secta.

Daniel Murguía, el sodálite que fue expulsado ipso facto tras hacerse público que había sido capturado por la policía en una situación pedófila con un niño de la calle en un hostal del centro de Lima, fue uno de esos “esclavos”. De buena fuente sé que una de sus funciones era editar las películas que Figari hacía ver en ocasiones a los sodálites que vivían con él en la comunidad de San Jóse (Santa Clara), eliminando las escenas eróticas y de sexo. El mismo Figari habría dicho de él: «¿Saben quién es el que hace los cortes de las películas que vemos? Daniel. ¿Y saben por qué? Porque es el más puro entre nosotros».

Quienes también tienen vidas “robadas” son aquellos que cumplieron funciones de secretario personal de Figari, siguiéndolo como su sombra a tiempo completo. Entre ellos, hay quienes todavía permanecen en la institución, como Juan Carlos Len e Ignacio Blanco, el cual ha acompañado a Figari en su retiro romano. Y dada su cercanía con el fundador y el hecho de que no han abierto su boca para contar lo que saben, probablemente sigan creyendo en la autoproclamada inocencia de quien ha sido señalado por decenas de testigos como un megalómano abusador. Pues padecen de una esclavitud más profunda que afectaría de una u otra manera a la mayoría de los sodálites que permanecen en la institución: la esclavitud mental.

Si bien la institución a través de su actual superior Alessandro Moroni aceptó en un comunicado del 4 de enero de 2016 que Luis Fernado Figari ya no puede ser considerado un referente espiritual y que «sus textos no pueden ni deben ser difundidos, ni ser mencionados en charlas, homilías, en la formación y meditaciones», eso no es suficiente para librarse del influjo de Figari sobre la institución. El único pensamiento válido en el Sodalicio durante toda su historia ha sido el de Figari. Por eso mismo, los contenidos de los textos publicados con su nombre se repiten hasta la saciedad en una infinidad de textos escritos por otros sodálites o anónimos que se siguen usando para la formación intelectual y espiritual de todos los miembros de la Familia Sodálite. La estructura institucional del Sodalicio, su disciplina, sus modos y costumbres siguen siendo los mismos que ideó Figari. Un sistema que sirvió para invadir las conciencias de los jóvenes adeptos, manipularlos mediante una ideología religiosa y restringir de este modo su libertad y su capacidad de decisión.

La falta de un auténtico espíritu crítico ha llevado a que hasta ahora nadie en el Sodalicio haya cuestionado la figura de Figari como un fundador religioso, supuestamente poseedor de un carisma proveniente del Espíritu Santo, el cuál él mismo habría instrumentalizado para su ventaja, no ejércitándolo según la voluntad de Dios, sin que ello signifique que el carisma no sea auténtico. Si no se es capaz de cuestionar esto, la esclavitud hacia Figari continúa.

Pues fue el mismo Figari quien fabricó su prestigio de un fundador a la par de los fundadores de antiguas órdenes religiosas; fue él mismo quien se encargó —personalmente o a través de otros— de mover influencias para conseguir el apoyo de ciertas jerarquías eclesiásticas; fue él mismo quien a sabiendas ocultó la verdadera historia de los orígenes del Sodalicio, además de hacer desaparecer de las comunidades sodálites no solamente literatura fascista sino una serie de escritos que forman parte esencial de la historia institucional, como sus discursos introductorios a las memorias de fin de año —que van de 1976 a 1986— y que probablemente nunca fueron enviados a Roma como parte de la documentación requerida para obtener la aprobación pontificia. Y fue el mismo Figari quien cometió sistemáticamente abusos en perjuicio de jóvenes desde un principio, mientras ponía los cimientos del poder que iría a adquirir con el paso de los años.

Si todo eso es obra del Espíritu Santo, me chupo el dedo.

Mientras en el Sodalicio sigan creyendo en la validez de su “carisma aprobado por la Iglesia” —aprobación obtenida probablemente ocultando información y con métodos dudosos y cuestionables—, seguirán siendo esclavos de Figari.

(Columna publicada en Altavoz el 14 de octubre de 2016)

EL SODALICIO, UNA SECTA DESTRUCTIVA

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Pregúntesele a un sodálite si el Sodalicio es una secta y lo negara categóricamente. Sacará a relucir la conformidad de la institución con la más rancia doctrina católica, la comunión con la Iglesia, la obediencia al Papa, la asistencia divina que se manifiesta en un carisma espiritual (o don del Espíritu Santo confiado a un grupo de elegidos para cumplir una misión sobrenatural en estos lares terrenos), el supuesto bien que se ha hecho a tantos creyentes que han visto renovada su fe en Dios y en la Iglesia, y —por supuesto— la aprobación pontificia recibida en el año 1997.

¿Qué se esconde detrás de este argot eclesiástico, que poco o nada nos dice a quienes andamos con los pies en tierra y hemos conocido los testimonios de tantas personas que han sido dañadas psicológicamente —presentando algunas incluso daños físicos permanentes— o que han tomado conciencia de que los años pasados en el Sodalicio les fueron robados a sus vidas mediante el engaño, la manipulación y el fraude? Pues fraude es que a uno le prometan un camino de realización personal que contribuiría supuestamente a cambiar el mundo, y al final uno descubra —tras años de desintoxicación mental— que el mundo no se ha movido ni un ápice en la dirección indicada debido a la acción del Sodalicio, y que lo único que ha sufrido cambio es la propia personalidad, afectada en su capacidad de elegir libremente y sometida a los imperativos de un pensamiento único de corte fundamentalista, maniqueo y retrógrado.

Afortunadamente, para los psicólogos y sociólogos que estudian científicamente el fenómeno de las sectas resultan irrelevantes los contenidos doctrinales o la dependencia de un grupo de una institución aceptada socialmente, como es la Iglesia católica. Lo que resulta determinante son los comportamientos sociales que tengan los grupos.

Si un grupo utiliza técnicas de persuasión coercitiva para la captación de sus miembros, que desestructuran la personalidad previa del adepto, o bien por su dinámica vital debilita o destruye los lazos del miembro con su entorno social habitual (llámese familia, amigos, etc.) previo al ingreso al grupo, o conculca derechos humanos y jurídicos inalienables de la persona garantizados en un estado de derecho, se le puede considerar una secta destructiva, independientemente de cuál sea su ideología o su prestigio social.

Si a esto le sumamos una especie de culto mágico a la personalidad del líder, un secretismo que calla ciertas prácticas que se dan al interior del grupo y mantiene ocultos ciertos objetivos, además de sostener un régimen autoritario basado en la obediencia absoluta, subordinando a las personas a los fines grupales, tenemos un perfil sectario completo.

Y todas estas características han estado presentes de una u otra manera en el Sodalicio. Y también en varios grupos y movimientos de la Iglesia católica que han surgido a lo largo del siglo XX. Gordon Urquhart, un ex focolarino británico, no duda en calificarlos de “sectas católicas” en su libro The Pope’s Armada: Unlocking the Secrets of Mysterious and Powerful New Sects in the Church (1995), donde analiza en detalle a grupos como los Focolares, los Neocatecumenales y Comunión y Liberación.

Estas características sectarias explicarían la falta de acciones concretas por parte de la cúpula del Sodalicio para erradicar las causas de los abusos y ofrecer soluciones satisfactorias a las víctimas. Porque el Sodalicio parte del supuesto de que su misión divina es mucho más importante que los daños que hayamos sufrido las víctimas. Y mientras sienta que tiene el respaldo de las autoridades eclesiásticas, no moverá un solo dedo para cortar el problema de raíz.

El quid del asunto está en que sus miembros siguen creyendo que la institución ha sido convocada por Dios, cuando este dato proviene única y exclusivamente de su fundador, un megalómano pederasta que aprovechó las estructuras institucionales y a sus miembros para darse una vida cómoda y regalada. Tampoco es compatible con la voluntad divina el crear una institución con una disciplina que ha dañado en serie a cientos de miembros y ex miembros.

Y aún cuando el Superior General Alessandro Moroni ha prohibido los escritos de Figari en la institución, en todos los textos que se siguen usando para la formación y la meditación en la Familia Sodálite continúa estando presente Figari con sus ideas. El pensamiento del fundador ha sido el único válido en toda la historia del Sodalicio.

El supuesto bien hecho a tantas personas que siguen viviendo su fe católica en las diversas asociaciones vinculadas al Sodalicio no justifica las salvajadas que sufrieron un número considerable de víctimas. Y la aprobación pontificia —un requisito jurídico establecido en el Código de Derecho Canónico para los institutos religiosos de derecho pontificio y no un aval emitido por el mismo Espíritu Santo— no tiene ningún valor ni legitimidad si fue obtenida ocultando información y sobre la base de un intenso trabajo de lobby movido por influencias cardenalicias, entre las cuales se hallaba con toda probabilidad la mano del cuestionado cardenal Alfonso López Trujillo.

Actualmente, muy pocos les creerían su cuento de hadas. O que no tienen características sectarias.

(Columna publicada en Altavoz el 8 de septiembre de 2016)

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FUENTE

Jorge Erdely (editor)
Sectas destructivas: un análisis científico (PECR Publicaciones para el Estudio Científico de las Religiones, 2003)
http://www.opus-info.org/index.php?title=Sectas_Destructivas:_un_análisis_científico

EL CUENTO DE HADAS DEL SODALICIO SEGÚN MONS. TOMASI

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Durante décadas el Sodalicio nos ha contado su propia historia oficial, maquillando algunos hechos y omitiendo otros, arrancando las páginas incómodas de su pasado y su presente, como si se tratara de un cuento de hadas plasmado por obra y gracia de la varita mágica del Espíritu Santo. La publicación de Mitad monjes, mitad soldados de Pedro Salinas y Paola Ugaz nos reveló los recovecos de una historia mucho más terrena, donde junto a grandes ideales y aspiraciones de grandeza no faltaron los intereses turbios, los conflictos humanos y las acciones inmorales, que traspasan en ocasiones la frontera de lo delictivo.

He de admitir que el Sodalicio es una línea torcida que ha servido a muchas personas para descubrir un camino espiritual que le diera sentido a su existencia, pero también ha dejado un reguero de vidas destruidas, de gente que ha perdido la fe en Dios y la confianza en la Iglesia, de familias que han sufrido el distanciamiento de sus hijos, o que los han recuperado con profundas heridas psicológicas y un futuro profesional incierto.

Y cuando creíamos que este cuento de hadas había sido arrinconado en el desván del olvido, entra en escena Mons. Adriano Tomasi, obispo auxiliar de Lima, para volver a ponerlo sobre el tapete durante la Misa del 44° Aniversario del Sodalicio de Vida Cristiana y consolar con esta visión idílica las conciencias de los sufridos miembros de la Familia Sodálite. Éstas fueron textualmente sus palabras:

«Hace 44 años Luis Fernando y quienes entonces le acompañaban, no pudieron encontrar otra fecha más acorde con el amor y la devoción del todo particular que profesaban a nuestra Santa Madre que esta fiesta de la Inmaculada, la “Tota Pulchra”, y por eso el 8 de diciembre de 1971 daban vida al Sodalicio de Vida Cristiana, al que más adelante se integrarán las Fraternas y las Siervas.

Era el Sodalicio, una nueva realidad eclesial que suscitaba el Espíritu Santo como fruto del Concilio Vaticano II, terminado pocos años antes, una nueva realidad que ha dado y sigue dando grandes frutos que nacen de un nuevo carisma, que enriquece a la Iglesia con grandes dones espirituales, distinguiéndose por la fidelidad a la Iglesia y a los Pastores, en el servicio generoso y la caridad a los más amados de Jesús y en la evangelización a través de religiosos y religiosas, laicos y laicas consagrados, bien preparados para asumir los desafíos de nuestros tiempos y testimoniar a Cristo y su Evangelio en todo lugar donde la Iglesia les llame.»

Quiero dirigirme ahora a usted, estimado Mons. Tomasi.

Ya que menciona a Figari, si tanto era «el amor y la devoción particular que profesaba a nuestra Santa Madre», ¿eso le impidió someter homosexualmente a varios jóvenes miembros del Sodalicio desde los inicios de la institución? ¿Cometió esos abusos en honor de la Virgen María? ¿Estaba lleno de buenas intenciones cuando decidió “espiritualizar” de la manera que todos ya sabemos a quienes él había elegido para integrar un círculo íntimo en torno a su persona?

Que el Sodalicio haya sido suscitado por el Espíritu Santo entra dentro del campo de lo indemostrable. Quien quiera creer lo contrario, no va contra ninguna verdad de fe. Y hacerlo puede constituir la base para una terapia sanadora que permita librarse de la manipulación de la conciencia y de la libertad que con frecuencia se ha practicado en la institución. Si usted, ante todo lo que ha salido a luz, dijera que tiene dudas de que el Espíritu Santo haya suscitado el Sodalicio, no sabe cuánto bien haría a tantas personas que temen abandonar la institución por temor a convertirse en traidores de la voluntad divina. Ni se imagina el hermoso don que sería para esas personas tener la oportunidad de decidir con plena voluntad cuál es el camino que van a tomar. Le garantizo que muchos mantendrían la fe y seguirían sirviendo a la Iglesia, al contrario de aquellos que un día descubrieron amargamente que habían sido objeto de manipulación y terminaron alejándose decepcionados no sólo de la Iglesia, sino de todo lo que oliera a religión. No los culpo.

Ahora bien, ¿podría usted decirme cuáles son los «grandes dones espirituales» con los que el Sodalicio enriquece a la Iglesia que no se hallen presentes en otras familias espirituales del Pueblo de Dios? ¿Y cuáles son los frutos a los cuales usted se refiere? Pues si bien es cierto que a través del Sodalicio muchos han encontrado la fe cristiana —entre los cuales me cuento yo mismo—, también es cierto que a lo largo de su historia son muchos más los que han dejado la institución que los que han permanecido en ella (ver mi post FANTASMAS DEL SODALICIO). Y la mayoría de estos ex sodálites no encuentran motivos para mostrarse agradecidos por las cosas buenas que recibieron, pues —haciendo un balance— son mayores los daños que les fueron infligidos. Hasta sé de muchos que han tenido que pasar por terapias psicológicas, mientras que otros no han podido recuperarse del todo hasta ahora y viven con el alma hecha pedazos.

Por otra parte, ¿le parece a usted que el Sodalicio se distingue por «la fidelidad a la Iglesia y a los Pastores»? Que yo sepa, lo que fundó Figari no parece ser una organización que haya estado al servicio del Pueblo de Dios en general, sino más bien parece haber seguido una agenda propia para adquirir poder e influencia en la Iglesia y en las élites de la sociedad. Figari y compañía supieron manejar muy bien las relaciones públicas con los obispos, mientras que para adentro ni se imagina lo que decían de los mismos: que el cardenal Juan Landázuri Ricketts era un payaso, que el cardenal Augusto Vargas Alzamora era un débil de carácter y así por el estilo. Ni hablar de Mons. Luis Bambarén —quien llegó a ser Presidente de la Conferencia Episcopal Peruana—, sobre el cual jamás escuché un comentario positivo de boca de un sodálite. Yo ya no vivía en comunidad en la época del cardenal Cipriani, por lo cual no sé qué opinaban sobre él al interior de las comunidades sodálites. Pero sospecho que lo que se decía de él entre bambalinas no debe ser muy halagador.

Por otra parte, la “fidelidad” a los obispos siempre se ha guiado por la postura doctrinal que tuviera el prelado —que debía coincidir a grandes rasgos con la ideología conservadora y fundamentalista del Sodalicio— o por las ventajas que pudiera obtener la institución a nivel eclesial. En caso de estar en buenas migas con un obispo, hiciera lo que hiciera, siempre había que defenderlo, aun cuando tuviera actuaciones cuestionables. Por eso mismo, nunca encontrará de parte de ningún miembro activo del Sodalicio ninguna crítica a Mons. Cipriani, por lo menos en público. Y a eso no lo podemos llamar fidelidad, sino adulación y renuncia a todo razonamiento crítico y sensato.

Por otra parte, ¿cree usted de verdad que quienes se hallan vinculados al Sodalicio están «bien preparados para asumir los desafíos de nuestros tiempos y testimoniar a Cristo y su Evangelio en todo lugar donde la Iglesia les llame»? ¿De dónde saca usted eso? Que yo sepa, la formación que se ha impartido en la Familia Sodálite nunca ha sido sometida a una revisión por parte de profesionales independientes —teólogos, educadores, psicólogos, etc.— a fin de verificar que sea buena, correcta y adecuada. Yo, que he sido formado en el Sodalicio, tengo una impresión distinta. En el Sodalicio no se le enseña a la gente a pensar, a reflexionar personalmente con libertad, a ver los distintos aspectos de un problema de la manera más objetiva posible. Más bien, se le dice qué debe pensar, qué lenguaje debe utilizar y, sobre todo, se le exige resignar el raciocinio y acallar todo cuestionamiento para obedecer sin chistar y aceptar todo lo que venga de la institución como verdad absoluta. Si usted cree que gente con una “preparación” así es la más indicada para «asumir los desafíos de nuestros tiempos» y dar testimonio de Cristo, discrepo.

Además, debe usted tener en cuenta que el Sodalicio suele afirmar que asume las enseñanzas de la Sagrada Escritura, la Tradición y el Magisterio de la Iglesia sin interpretación, cuando en realidad adopta una de las interpretaciones más peligrosas que puede haber: la del fundamentalismo, que se queda en la letra y pierde de vista el espíritu de las cosas. De ahí la rigidez y la intolerancia —incluso hacia otros grupos y miembros legítimos del Pueblo de Dios— que han estado presentes en el Sodalicio desde su época fundacional.

Por otra parte, basta con entrar en contacto real con la cultura de nuestro tiempo para darse cuenta de que, por su temática y su alcance, la formación impartida en el Sodalicio es mediocre y estrecha de miras, al igual que lo es el “pensamiento” de Luis Fernando Figari. De tal palo, tal astilla.

Finalmente, estimado Mons Tomasi, me preocupa que haya usted tachado de meros «chismes y prejuicios» las revelaciones escandalosas sobre el Sodalicio, quitándole gravedad al asunto. Más aún, cita las siguientes palabras de Chesterton para buscar darle ánimo a los atribulados miembros de la Familia Sodálite —los cuales, en su mayoría, no tienen ni arte ni parte en lo que ha pasado—: «Quien no ama a la Iglesia ve los defectos de sus hijos e hijas. Quien la ama todavía los ve mejor: pero no ve solamente esos defectos, ve también sus virtudes, que todavía hoy, a pesar de tantas crisis, las hay en abundancia».

Estoy totalmente de acuerdo con estas palabras. Pero tenga en cuenta que Chesterton se refería a la Iglesia y no a un grupo particular dentro de ella. Estas palabras no son aplicables al Sodalicio por las siguientes razones:

  • porque el Sodalicio no es lo mismo que la Iglesia —aunque forme parte de ella—;
  • porque quienes lo critican, entre los cuales hay creyentes y no creyentes, no descalifican por eso a toda la Iglesia; incluso hay varios que aman a la Iglesia y quisieran que ésta tome cartas en el asunto y haga justicia;
  • porque no se está señalando tanto los defectos de los sodálites como denunciando hechos graves lesivos de la dignidad humana de las víctimas y atentatorios contra sus derechos humanos, perpetrados de manera sistemática en la institución.

Disculpe que se lo diga con estas palabras, Mons. Tomasi, pero en un caso como éste, la ingenuidad constituye un error que puede tener consecuencias catastróficas, sobre todo al pedirle a la gente que se dedique a la oración y obras de misericordia sin hacer caso de lo que usted llama «avalancha de críticas y acusaciones», dejando que «que quien tiene la debida autoridad y responsabilidad, asuma la delicada tarea de soportar las críticas y acusaciones y de asesorarse debidamente para tomar las medidas oportunas y responder a la justicia». Es todo lo contrario de la actitud del buen samaritano, que se preocupó del hombre herido, mientras que el sacerdote y el levita pasaron de largo. Quién sabe, tal vez le hubieran echado a la víctima la culpa de sus desdichas, o probablemente tenían responsabilidades más importantes que atender, como, por ejemplo, instruir a jóvenes discípulos en las artes de la experiencia espiritual.

A los miembros de la Familia Sodálite que tengan la conciencia limpia y deseos de seguir sirviendo al Pueblo de Dios que es la Iglesia, les sugiero que no se contenten con medidas paliativas y frases de consuelo que no resuelven nada, sino que sigan buscando sinceramente la forma de caminar tras las huellas del Jesús auténtico, aquél que nos muestran los Evangelios. Y actúen con la libertad de los hijos de Dios, sabiendo que las personas son más importantes que las instituciones, y la verdad, más urgente y necesaria que las apariencias y las buenas formas. «Si vosotros permanecéis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos; y conoceréis la verdad y la verdad os hará libres» (Evangelio de Juan 8, 31-32).

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La homilia completa de Mons. Adriano Tomasi el día 8 de diciembre en la Parroquia Nuestra Señora de la Reconciliación (Camacho, Lima) se puede leer aquí:
http://sodalicio.org/noticias/vayan-entregandose-mas-a-la-oracion-a-la-caridad-y-a-la-misericordia/