EYVI ÁGREDA Y LA PUERTA DEL INFIERNO

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Eyvi Ágreda (1995-2018)

Eyvi Ágreda murió el 1° de junio, tras cinco semanas y media de agonía, debido a las consecuencias del ataque homicida de Carlos Hualpa, su acosador, quien pensaba que si ella no le correspondía y no era para él, no iba a ser de nadie. Argumento que justificaba rociarla con gasolina y prenderle fuego. Esto ocurrió en medio de una sociedad que se considera mayoritariamente cristiana y dice defender los valores derivados del mandamiento del amor.

Eyvi murió por mano de quien decía amarla. Pero que en realidad sólo la quería como una posesión, como un objeto de su propiedad. Pues en estas tierras peruanas —que ya son uno de los lugares más peligrosos del mundo para ser mujer— subyace en el inconsciente colectivo que los varones son superiores a las mujeres y que éstas deben estar subordinadas a ellos. Y cuando se rompe ese “equilibrio”, son justificables —o por lo menos comprensibles— las reacciones furibundas masculinas que intentan poner orden para que todo vuelva a su sitio.

Un orden avalado por autoridades eclesiásticas como el cardenal Cipriani, quien llegó a afirmar que «muchas veces, la mujer se pone, como en un escaparate, provocando» y que «las campañas para dañar la dignidad de la mujer en su ser mujer y madre, queriendo imponer la llamada ideología de género, no son humanas».

Este tipo de enseñanzas no son nuevas entre los pastores de la Iglesia católica. Ya en el siglo IV San Agustín enseñaba: «Es Eva, la tentadora, de quien debemos cuidarnos en toda mujer… No alcanzo a ver de qué utilidad puede servir la mujer para el hombre, si se excluye la función de concebir niños». Consecuente con este enunciado, el obispo de Hipona infería que «las mujeres no deben ser iluminadas ni educadas en forma alguna. De hecho, deberían ser segregadas, ya que son causa de insidiosas e involuntarias erecciones en los santos varones».

Anteriormente en el siglo II San Clemente de Alejandría decía que «toda mujer debería enrojecer de vergüenza sólo de pensar que es mujer». Y Tertuliano, otro escritor cristiano y padre de la Iglesia, se dirigía así a las representantes del sexo femenino: «Mujer, deberías ir vestida siempre de luto y andrajos, presentándote como una penitente anegada en lágrimas, para redimir así tu pecado de haber perdido al género humano. Tú eres la puerta del infierno, tú fuiste la que rompió los sellos del árbol vedado: tú la primera que violaste la ley divina, tú la que corrompiste a aquél a quien el diablo no se atrevía a atacar de frente; tú, finalmente, fuiste la causa de que Jesucristo muriera».

Y sin embargo, las enseñanzas oficiales de la Iglesia en épocas recientes proclaman algo distinto. Por ejemplo, el Papa Juan Pablo II en su carta apostólica Mulieris dignitatem sobre la dignidad y vocación de la mujer, comentando una frase del libro del Génesis —«Hacia tu marido irá tu apetencia y él te dominará» (Gén 3, 16)—, dice: «Este “dominio” indica la alteración y la pérdida de la estabilidad de aquella igualdad fundamental, que en la “unidad de los dos” poseen el hombre y la mujer; y esto, sobre todo, con desventaja para la mujer, mientras que sólo la igualdad, resultante de la dignidad de ambos como personas, puede dar a la relación recíproca el carácter de una auténtica “communio personarum”» (n. 10).

Es decir, el dominio del hombre sobre la mujer es una realidad condenable, que debe ser sustituida por una relación donde haya igualdad de derechos. Lo cual no se diferencia de principios y valores fundamentales que defiende el enfoque de género.

El problema para muchos eclesiásticos es que del dicho al hecho, hay mucho trecho, y se siguen guiando por conceptos rancios y trasnochados, dentro de un sistema eclesial que no admite a las mujeres al mismo nivel que quienes detentan funciones de responsabilidad. Y que sigue considerando a las féminas como un peligro para la castidad de estos santos varones —castidad que frecuentemente ya está averiada por otros motivos no tan santos— y las relega al papel de sirvientas y colaboradoras sin retribución y sin voz propia.

Es un sistema que, con su indolencia, termina siendo cómplice mudo de feminicidios como el de Eyvi Ágreda.

(Columna publicada en Altavoz el 7 de junio de 2018)

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FUENTES

Las citas de los Padres de la Iglesia están tomadas de las siguientes páginas web:
http://www.episcopaleslatinos.org/pastoral/santospadres.htm
http://www.mujerpalabra.net/pensamiento/critica/frasesmachistasymisoginas_relig.htm

Carta apostólica Mulieris dignitatem del Sumo Pontífice Juan Pablo II sobre la dignidad y la vocación de la mujer con ocasión del Año Mariano (15 de agosto de 1988)
https://w2.vatican.va/content/john-paul-ii/es/apost_letters/1988/documents/hf_jp-ii_apl_19880815_mulieris-dignitatem.html

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EL CARDENAL CANALLA

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Cardenal Juan Luis Cipriani, arzobispo de Lima

Escuchar al cardenal Cipriani en su programa radial Diálogo de Fe no resulta una experiencia saludable para el aparato digestivo, a no ser que uno esté dispuesto a ser cómplice de sus afirmaciones sin sustento o a permanecer ciego a los baches de lógica que tachonan su discurso.

El 30 de septiembre fue uno de esos momentos espectaculares donde el prelado opusdeísta sacó a relucir las rastreras cualidades que ocasionan vergüenza ajena entre muchos de aquellos católicos nacidos en tierras peruanas. Como yo, por ejemplo.

Refiriéndose a la polémica sobre la Costa Verde como lugar elegido para la misa del Papa Francisco en enero del 2018, Cipriani asevera que se trata de una discusión fabricada, generada por el gobierno, pues la decisión ya había sido tomada hace dos meses. ¿Por quién? Por él como obispo del lugar y supuestamente por el Vaticano —que entendemos aceptará el lugar propuesto por la autoridad eclesiástica local, suponiendo que cumplirá con las normativas y protocolos requeridos para eventos de esa magnitud—.

«En ningún momento se decidió que el Gobierno podía o que el presidente Kuczynski tomara decisiones de dónde es la misa», proclama el representante de su propia ideología conservadora que no de la Iglesia católica, invadiendo ilegítimamente el fuero gubernamental de un Estado laico.

En otro momento dice:

«No es el Presidente de la República el que decide el lugar dónde va a ir el Papa. Como es lógico, respetamos su opinión y nos parece muy válida, pero no le digas a Pedro Pablo Kuczynski que esté viendo cuál es lugar más adecuado».

«¿El Estado no tiene derecho de decir aquí sí, aquí no?», le pregunta su siempre condescendiente entrevistador —pues como persona de argumentos endebles, Cipriani nunca ha tenido el valor de someterse a una verdadera entrevista, incisiva e inteligente—.

«El Estado tiene una opinión, no hables de derecho. ¿La Iglesia no tiene derecho para decir dónde va a predicar el Papa?»

Poniendo los puntos sobre las íes, la autoridad eclesiástica no puede decidir dónde se realizará un evento multitudinario presidido por el jefe de un estado extranjero —que no otra cosa es el Papa— en territorio nacional, sin que el Presidente de la República tenga parte en el asunto.

Que yo sepa, la Iglesia no tiene la facultad de decidir dónde se va a realizar un evento multitudinario, en este caso de corte religioso, sobre todo si se efectúa en un espacio público de un país con un Estado laico. Puede proponer el lugar, lo cual deberá ser analizado por las autoridades civiles correspondientes, que pueden dar su autorización o denegarla.

Por otra parte, Cipriani aplaude el oficio de INDECI [Instituto Nacional de Defensa Civil] del 28 de septiembre que considera la Costa Verde apta para el evento, pero con su costumbre de nunca analizar con razonamiento crítico, pasa por alto que INDECI sólo aplica los criterios de permanencia y accesibilidad para concluir que allí se puede realizar un evento de concentración masiva. No toma en cuenta los riesgos que señala el Colegio de Arquitectos en su nota de prensa del 27 de septiembre, como son los eventuales maretazos, tsunami, terremoto, caídas de piedras del acantilado —que sin necesidad de sismo ya han matado personas en esa zona—. Incluso una falsa alarma podría producir un comportamiento inadecuado de los asistentes, ocasionando masivos daños personales y muertes.

Además, si asisten muchas más personas que las 800 mil permitidas, la Costa Verde deja de ser un lugar “seguro” para convertirse en una trampa mortal, en caso de que ocurra algo. ¿Cómo se va a controlar el número de asistentes a un evento de entrada libre? Y en caso de poner barreras, considerando que se calcula una afluencia de más de un millón de personas, ¿cómo evitar el riesgo de un tumulto con consecuencias fatales entre los que se queden fuera?

Cipriani solamente tiene oídos para la conclusión de INDECI. El gobierno tiene su opinión. Los periodistas críticos a su posición —hacia los cuales expresa manifiesto desprecio—, también tienen sus opiniones, las cuales no le interesan.

Típico de un canalla impermeable al diálogo, que sólo quiere salir en la foto con el Papa, aun poniendo en riesgo la seguridad de cientos de miles de personas.

(Columna publicada en Altavoz el 2 de octubre de 2017)

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El 23 de julio de 2011 el cardenal Cipriani no tuvo más que palabras elogiosas para Alan García al final de su gobierno. El 29 de junio de ese año había asistido a la ceremonia de inauguración del Cristo del Pacífico, donado por la corrupta empresa Odebrecht, y le había otorgado su bendición a la estatua. Esos dos hechos fueron para mí la gota que colmó el vaso —pues Cipriani tiene el don de revolverme el hígado desde que fue mi profesor de teología moral en la Facultad de Teología Pontificia y Civil de Lima en el año 1983—.

Fue entonces que compuse la canción “El arzobispo y el presidente”, publicada originalmente el 7 de septiembre de 2011 en mi blog LA GUITARRA ROTA.

Si bien las circunstancias históricas han cambiado, la descripción en términos literarios de Cipriani que hay en mi canción sigue estando vigente.

EL ARZOBISPO Y EL PRESIDENTE
Autor y compositor: Martin Scheuch

quiere el arzobispo
una efigie de almacén
coronando un risco
de arena y oropel

tiene el presidente
su ego en un cartel
tiene un expediente
de sangre y de cuartel

el arzobispo asiente
al olor del muladar
elogia al presidente
y su Cristo frente al mar

cena el arzobispo en un recinto miltar
con el presidente que ha dejado asesinar
a mi pueblo, a mi pueblo querido
a mi gente de barro y olvido
al paisano, al obrero, al caído
al anciano, a la mujer y al niño
al minero, al país campesino
al indígena y al peregrino
al enfermo, al distinto, al perdido
a los hombres que son mis amigos

tiene el arzobispo
un aire a rigidez
un talante arisco
y modales de marqués

tiene el presidente
costumbres de doblez
cada vez que miente
y miente cada vez

el arzobispo tiene
un instinto comercial
encomia al presidente
como hombre muy cabal

cena el presidente en el palacio arzobispal
con el arzobispo que ha olvidado respetar
a mi pueblo, a mi pueblo querido
a mi gente de barro y olvido
al paisano, al obrero, al caído
al anciano, a la mujer y al niño
al minero, al país campesino
al indígena y al peregrino
al enfermo, al distinto, al perdido
a los hombres que son mis amigos

cree el arzobispo
que mora en un vergel
nunca ha padecido
de hambre en su dintel

tiene el presidente
figura de tonel
tiene el pueblo dientes
y nada que morder

el arzobispo rinde
su verbo al capital
alaba al presidente
en su emisión radial

se ha ido el presidente, otro ocupa su lugar
se queda el arzobispo que jamás quiso escuchar
a mi pueblo, a mi pueblo querido
a mi gente de barro y olvido
al paisano, al obrero, al caído
al anciano, a la mujer y al niño
al minero, al país campesino
al indígena y al peregrino
al enfermo, al distinto, al perdido
a los hombres que son mis amigos

He aquí una demo que grabé de la canción y que fue publicada por La Mula:

LA CACA DEL CARDENAL CIPRIANI

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El sábado 7 de enero en su radioprograma “Diálogo de Fe” el cardenal Cipriani caricaturizó la posición de quienes defienden la igualdad —social, cultural, económica, etc.— de géneros y se refirió a este tema con las siguientes palabras: «Si salimos de este gran engaño, de que todo se puede hacer —no cohíbas a nadie, déjalos tranquilos—, bueno, si el niño puede en lugar de comer un poco de carne, comer caca, déjalo pues».

Sería bueno hacer un breve recuento de algunas veces en que el cardenal nos ha querido alimentar con caca en vez de darnos un alimento sustancioso para el intelecto y el corazón.

– Cuando en 2013 se refirió al obispo Gabino Miranda, acusado de pedofilia, diciendo: «No hagamos leña del árbol caído».

– Tras un silencio de una semana una vez conocidos los abusos del Sodalicio, cuando dijo: «¡Jamás y por ningún motivo la Iglesia puede permitir que se ofenda a Dios por personas que deben dar ejemplo de Dios!» Ninguna alusión a las víctimas, con las cuales nunca ha querido hablar. Es el mal ejemplo lo que parecía molestarle.

– Cuando criticó un comunicado de la Conferencia Episcopal Peruana sobre la pena de muerte, poco tiempo después de que la candidata Keiko Fujimori propusiera la pena de muerte para violadores de niños.

– Cuando le echó la culpa a las niñas de salir embarazadas y abortar: «Las estadísticas nos dicen que hay abortos de niñas, pero no es porque hayan abusado de las niñas, sino porque muchas veces la mujer se pone como en un escaparate, provocando».

Son sólo algunas perlas del amplio repertorio fecal del cardenal Cipriani.

(Columna publicada en Exitosa el 14 de enero de 2017)

EL CRISTIANISMO CASTRADO

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A inicios de los ‘90, cuando todavía era sodálite con promesa de celibato, conversaba mucho con una amiga a la salida de Misa. Ella notó que siempre había cerca otro sodálite vigilándome, quizás para alejame de un peligro latente. Cuando ella quería conversar con él, él se retraía y hablaba con evasivas, hasta que un día ella le dijo: «¿Por qué me rehuyes? ¿Es que tienes miedo de mí, o miedo de ti mismo?»

Porque el miedo a las mujeres, a aquellas que según el cardenal Cipriani se ponen en “escaparates”, es en realidad miedo a la sexualidad natural que forma parte de la identidad del ser humano. Una sexualidad que ciertas interpretaciones del cristianismo pretenden neutralizar, considerándola como un enemigo que hay que dominar o, por lo menos, encerrar dentro de ciertos límites, fuera de los cuales siempre se comete pecado mortal.

El cardenal Cipriani nos ha sugerido que él también siente la “provocación” de las mujeres, dándonos a entender que es tan humano como el común de los mortales. Sólo le falta integrar ese sentimiento dentro de un sano concepto de la sexualidad y un respeto hacia toda mujer.

Decía Gustave Thibon que el santo ve en la prostituta a la mujer que puede santificarse, y el pervertido ve en la virgen consagrada a la mujer que puede poseer. El problema no está en las mujeres, sino —como decía Jesús en los Evangelios— en el corazón del hombre, de donde salen, entre otros males, las fornicaciones y la lujuria [ver Marcos 7,21-23]. Es el mismo Jesús al que fariseos de mentalidad similar a la de Cipriani le recriminaron que fuera amigo de putas [ver Mateo 9,11; 21,31].

(Columna publicada en Exitosa el 6 de agosto de 2016)

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Ya que he mencionado a Gustave Thibon (1903-2001), uno de los pensadores católicos más interesantes y profundos del siglo XX, influenciado no sólo por escritores católicos como Léon Bloy y Jacques Maritain sino también por el filósofo alemán Friedrich Nietzsche, quiero reproducir aquí un texto suyo sobre la sexualidad humana y el celibato incluido en su libro de 1959 La crisis moderna del amor (ver http://hispanismo.org/religion/18201-la-crisis-moderna-del-amor-gustave-thibon.html):

…el ejercicio normal de la sexualidad frena innegablemente el impulso espiritual, si no en tanto que virtud, al menos en tanto que experiencia vivida de las cosas de Dios. Pero correlativamente, limita las posibilidades de ilusión. Aquel que vive las realidades del amor humano en toda su densidad y plenitud terrestres, corre menos riesgo de confundirlas con Dios que aquel cuyo ideal o vocación no dejan a las pasiones una salida confesable más allá del amor sobrenatural. Una mujer joven —el ejemplo hace contrapeso al que he citado antes— me decía poco después de su matrimonio: “Ahora encuentro mucho menos ardor y dulzura en la oración, pero lo poco que me queda me parece más verdadero que antes.”

Sin embargo, no olvidemos que la sublimación de las pasiones no es privilegio exclusivo de los seres consagrados a la castidad. La sexualidad vale lo que vale el hombre completo: un alma naturalmente elevada trasciende, espiritualiza siempre más o menos las imágenes y los deseos que se refieren al sexo. En la vida conyugal hay igualmente una sublimación progresiva que es tan normal como necesaria. A la efervescencia carnal e imaginativa del “primer amor”, a la vez tan embriagador y efímero, normalmente debe suceder una ternura más tranquila y más pura, una comunión más espiritual. Si no se produce esta evolución, la unidad de la pareja no resiste los golpes del tiempo. Esta sublimación es menos completa y total que la de las almas consagradas a la vida religiosa; en cierto sentido, también es más difícil, puesto que las cosas de la carne, aceptadas y vividas en toda su realidad, son difíciles de levantar. Pero donde la operación tiene éxito, esta dificultad es una garantía de solidez.

Igualmente, ya hemos hecho observar que la abstinencia sexual completa, al facilitar la libertad y la soledad interiores, al alejar de nosotros los lazos más fuertes y los deberes más absorbentes de aquí abajo, favorece poderosamente la elevación espiritual. Su papel no es menos importante por ser negativo: al barrer el terreno delante del ideal, hace más fácil el “despegue” hacia el cielo. La historia de la santidad muestra claramente que es una de las mayores condiciones para la conquista de lo absoluto. Pero esta ventaja comporta terribles inconvenientes: el camino empinado expone a los vértigos más graves y a los peores riesgos de caída. Si el ser consagrado a la continencia no sabe aceptar el aislamiento y el vacío interiores, si no cambia en sí, mediante un sacrificio incondicional y total, la dirección y el nivel del ardor pasional, su sensualidad se insinuará por caminos torcidos en otros territorios del alma, del mismo modo como un río parado en su curso hacia el mar transforma a su alrededor las tierras en pantanos. Nunca hay que olvidar: “Aire gracioso con que la avara sensualidad sabe mendigar un trozo de espíritu cuando se le niega un trozo de carne” (Nietzsche). Obsérvese que ésta es la tendencia de tantos ideales y devociones equívocos, impuros y estériles como los pantanos, y que por su falta de densidad y realismo humano, se sitúan psicológica y moralmente muy al margen de la vida normal. Los “espirituales” creen demasiado fácilmente que han superado la plenitud terrestre cuando ni siquiera la han alcanzado. Sé bien que se puede superar sobrevolando, es decir, sin contacto casual y directo con la tierra, al igual que los santos. Pero también se puede, al igual que los iluminados, soñar que se vuela, y permanecer por debajo del realismo humano, es decir, en el sueño y la mentira. La continencia es un medio de perfección que sólo vale según el uso que de él se hace. Y si se usa mal, cuanto más noble y sutil es el instrumento, más grave el daño.

Estas reflexiones pueden ser completadas con lo que escribe el sacerdote del Opus Dei Antonio Ruiz Retegui (1945-2000) en su libro El ser humano y su mundo, jamás publicado oficialmente por sus críticas veladas a la institución a la que pertenecía (ver http://www.opuslibros.org/libros/Retegui/indice.htm):

Cuando se afirma, por ejemplo, que quien tiene una entrega a Dios en el celibato sabe mucho más del amor que los que viven un amor de enamoramiento intenso, se entra en un terreno peligroso. En efecto, muchas veces quien vive bien un amor humano tiene la afectividad más equilibrada que quien tiene que luchar violentamente con sentimientos o afectos que se le presentan con una riqueza vehemente, y experimenta en sí mismo que ha de sacrificar inclinaciones muy profundas y naturales. Especialmente cuando esa entrega en el celibato ha sido fruto no de un enamoramiento efectivo del Señor, sino de un proceso mucho más ambiguo.

Esta situación no es infrecuente pues, en efecto, las personas no tienen el instrumental intelectual para entender lo que les sucede, ya que se les impone casi violentamente una interpretación de la realidad en términos muy determinados. Entonces no es raro que quien es objetiva y subjetivamente un hombre triste y un tanto amargado, sólo sepa decir que él es de lo más alegre que hay en el mundo. Esta situación engendra necesariamente graves distorsiones mentales y psíquicas. En cualquier caso, es principio de que surjan personalidades inmaduras que, bajo una fraseología rígida, son personas faltas de alegría, con amargura de fondo y con las energías activas gravemente debilitadas.

* * *

Quien reciba la llamada a la virginidad o al celibato, habrá de ser una persona de sexualidad serena y fácilmente dominable. Eso no significa que sean personas incapaces de enamorarse y de sentir el consuelo del amor humano, sino solamente que esa capacidad no se presente como una fuerza activa de particular intensidad. Si la tensión sexual afectiva o corporal es muy grande, será señal de que no se debe seguir el camino de la virginidad: “Mejor es casarse que abrasarse”.

* * *

Sólo el amor de enamoramiento por Jesucristo puede fundamentar ciertas formas de entrega en la Iglesia. En concreto, la llamada al celibato es una llamada a una entrega, a una renuncia, que sólo puede tener como fundamento propio el amor de enamoramiento hacia el Señor. Quienes son llamados por Dios al celibato deben ser personas, no tanto “muy sacrificadas” o de autodominio fuerte como para renunciar a algo tan hermoso como es el amor humano, sino personas que sean arrebatadas por un amor por Jesucristo que tenga las características del amor exclusivo, “amor de doncel”, amor de enamoramiento, amor de “Amigo y Amado”. Sólo en un amor así puede enraizar la renuncia al amor humano que no sea mero sacrificio, aunque fuera un sacrificio hecho en virtud del amor a Dios.

Si no está sobre esa roca viva, el compromiso de la virginidad o del celibato, se convierte en una exigencia excesiva e inhumana, en un precepto exigente que será cumplido a fuerza de una vigilancia y una desconfianza violenta porque despoja a la persona de aquel asentamiento en el mundo que reconocíamos como consecuencia directa de la comunión de vida de los enamorados. Quien está meramente “soltero” no tiene aún esa situación existencial, y quien “sacrifica” su enamoramiento como ofrenda a Dios en una mera negación de sí mismo, tampoco. Sólo quien vive realmente enamorado de una persona o de Jesucristo, se encuentra en la situación de seguridad existencial a la que nos referimos.

Como se ha dicho ya, esta forma de amor a Jesucristo, no es dada a todos. Tampoco puede imponerse ni plantearse como un deber moral o como asunto de generosidad. Es, como el enamoramiento natural humano, un don, un regalo indeducible, algo que acontece de manera inesperada, y que hay que saber reconocer adecuadamente para no caer en equívocos que podrían resultar de consecuencias funestas. […]

…el amor humano conlleva en sí mismo la llamada a una situación vital que es signo de la seguridad en la existencia. El enamoramiento a Jesucristo debe experimentarse como principio de un fundamento en la existencia que sea nuevo y más profundo. Si esto no se advierte, la vida del supuesto enamorado de Cristo podría quedar como suspendida en el vacío. A este respecto, existe el peligro de sustituir el apoyo en el amor de Jesucristo por una situación institucional que ofrezca un entorno de seguridad vital que sea lo que en realidad sustituya a la seguridad existencial que es consecuencia de la comunión matrimonial. Por eso, las instituciones vocacionales que implican celibato o virginidad, procuran ofrecer a esas personas una protección ambiental que las haga sentirse firmes en la vida en el mundo. Los entregados a Dios en el celibato o la virginidad suelen decir que, así como otros están asentados en la vida por medio del matrimonio, ellos están asentados sobre el amor esponsal a Jesucristo. Pero es posible que, en la práctica, tengan su seguridad vital confiada a la protección que surge de la protección institucional. Entonces, el amor a Jesucristo resulta en la práctica sustituido por el amor a la institución.

SI EL CARDENAL CIPRIANI ESTUVIERA CASADO

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Si el cardenal Cipriani estuviera casado, sabría muy de cerca qué es lo quiere una mujer y si se quedaría contenta con ser únicamente un ama de casa cuya única ocupación es el hogar, como él mismo ha enseñado en varias oportunidades.

También descubriría en su propia carne la belleza del encuentro sexual entre un hombre y una mujer que se aman, y dudo que se atrevería a condenar el sexo en general como un falso dios.

Si tuviera hijos, probablemente sabría lo que es tener en su casa a alguien que es carne de la propia carne, pero que no piensa como uno mismo y aún así se le sigue amando con respeto y cariño, sin tratar de imponerle ninguna norma moral que vaya contra su conciencia.

Y si un hijo le saliera homosexual —lo cual ocurre hasta en los hogares más católicos—, tendría tal vez un corazón más abierto a la misericordia y la comprensión, en vez de juzgarlo como una anormalidad de la naturaleza.

Sería tal vez un pastor con olor a oveja antes que un predicador con cara de piedra y olor a naftalina, dispuesto a condenar con una severidad inmisercorde y ajena al amor de Jesús.

Consideraría como una bendición del cielo que actualmente haya en todo el mundo unos 90,000 sacerdotes casados (más del 20% del clero católico) y como absurda la prohibición que tienen la mayoría de ejercer su ministerio sacerdotal.

Y se solidarizaría con aquellos pocos obispos españoles que en contados casos han hecho la vista gorda y han permitido que curas casados sigan celebrando los sacramentos y atendiendo pastoralmente a la grey.

(Columna publicada en Exitosa el 23 de julio de 2016)

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El celibato clerical no es un dogma de fe, sino una disciplina que la Iglesia católica romana estableció en un tiempo y circunstancias determinados. Como tal, este asunto puede ser modificado, sin que ello signifique una merma en los contenidos de la fe cristiana.

Está sujeto a discusión si está práctica es adecuada para los tiempos actuales, y si resulta conveniente en lo personal para muchos de los sacerdotes que ejercen su ministerio en una sociedad muy diferente a la de tiempos pasados.

Así resume el ya fallecido cardenal Carlo Maria Martini los orígenes del celibato clerical en el libro-entrevista Coloquios nocturnos en Jerusalén, publicado originalmente en alemán en el año 2008:

En todas las Iglesias fuera de la católica romana los sacerdotes pueden casarse. También pueden hacerlo en la Iglesia greco-católica. La idea de que los sacerdotes no deben casarse surgió a partir del monacato. Las mujeres y los hombres viven en comunidades monásticas o bien como eremitas a fin de seguir a Jesús en su celibato. Quieren ser plenamente libres para el servicio a Dios. «Amar a Dios con todo el corazón, con toda el alma y con todas las fuerzas», como dice el credo de Israel, lo es realmente todo para algunas personas. Ellas arriesgan su vida por amor de él.

Para el celibato es importante que una comunidad brinde al sacerdote un ámbito de amor y de cobijo. El sacerdote no debe sentirse solo, aunque los tiempos más importantes de su vida son los tiempos. Pero no habría que olvidar que también la Iglesia católica romana sólo regulo jurídicamente el celibato de los sacerdotes en el concilio de Trento, en el siglo XVI, aunque la obligación del celibato existía desde el siglo XI.

Ello no implica una desestimación del celibato como tal, sobre el cual el cardenal Martini aclara lo siguiente [las negritas son mías]:

Esta forma de vida es extremadamente exigente y presupone una profunda religiosidad, una buena comunidad y personalidades fuertes, pero sobre todo la vocación a la vida célibe. Tal vez, no todos los hombres que estén llamados al sacerdocio tengan ese carisma. En nuestro caso, la Iglesia deberá desarrollar inventiva. Hoy en día se confían cada vez más comunidades a un sólo párroco, o las diócesis importan sacerdotes de culturas foráneas. Esto no puede ser una solución a largo plazo. De todos modos hay que discutir la posibilidad de ordenar a viri probati, es decir, a hombres experimentados y probados en la fe y en el trato con los demás.

En la misma línea, el Papa Francisco ha resaltado el valor del celibato como un estado de vida legítimo dentro de la Iglesia, que no es ni superior ni inferior al estado de vida matrimonial.

La virginidad es una forma de amar. Como signo, nos recuerda la premura del Reino, la urgencia de entregarse al servicio evangelizador sin reservas (cf. 1 Co 7,32), y es un reflejo de la plenitud del cielo donde «ni los hombres se casarán ni las mujer tomarán esposo» (Mt 22,30). San Pablo la recomendaba porque esperaba un pronto regreso de Jesucristo, y quería que todos se concentraran sólo en la evangelización: «El momento es apremiante» (1 Co 7,29). Sin embargo, dejaba claro que era una opinión personal o un deseo suyo (cf. 1 Co 7,6-8) y no un pedido de Cristo: «No tengo precepto del Señor» (1 Co 7,25). Al mismo tiempo, reconocía el valor de los diferentes llamados: «cada cual tiene su propio don de Dios, unos de un modo y otros de otro» (1 Co 7,7). En este sentido, san Juan Pablo II dijo que los textos bíblicos «no dan fundamento ni para sostener la “inferioridad” del matrimonio, ni la “superioridad” de la virginidad o del celibato» [Catequesis (14 abril 1982), 1: L’Osservatore Romano, ed. semanal en lengua española, 18 de abril de 1982, p. 3] en razón de la abstención sexual. Más que hablar de la superioridad de la virginidad en todo sentido, parece adecuado mostrar que los distintos estados de vida se complementan, de tal manera que uno puede ser más perfecto en algún sentido y otro puede serlo desde otro punto de vista. […]

La virginidad tiene el valor simbólico del amor que no necesita poseer al otro, y refleja así la libertad del Reino de los Cielos. Es una invitación a los esposos para que vivan su amor conyugal en la perspectiva del amor definitivo a Cristo, como un camino común hacia la plenitud del Reino. A su vez, el amor de los esposos tiene otros valores simbólicos: por una parte, es un peculiar reflejo de la Trinidad. La Trinidad es unidad plena, pero en la cual existe también la distinción. Además, la familia es un signo cristológico, porque manifiesta la cercanía de Dios que comparte la vida del ser humano uniéndose a él en la Encarnación, en la Cruz y en la Resurrección: cada cónyuge se hace «una sola carne» con el otro y se ofrece a sí mismo para compartirlo todo con él hasta el fin. Mientras la virginidad es un signo «escatológico» de Cristo resucitado, el matrimonio es un signo «histórico» para los que caminamos en la tierra, un signo del Cristo terreno que aceptó unirse a nosotros y se entregó hasta darnos su sangre. La virginidad y el matrimonio son, y deben ser, formas diferentes de amar, porque «el hombre no puede vivir sin amor. Él permanece para sí mismo un ser incomprensible, su vida está privada de sentido si no se le revela el amor» [Id., Carta enc. Redemptor hominis (4 marzo 1979), 10: AAS 71 (1979), 274]. (Papa Francisco, Exhortación apostólica Amoris laetitia, 159 y 161).

Todo esto se inserta dentro de una visión sumamente positiva de la sexualidad humana, que ha sorprendido a más de uno y escandalizado a aquellos que prefieren seguir viendo pecados en la mayoría de las expresiones sexuales del ser humano:

Dios mismo creó la sexualidad, que es un regalo maravilloso para sus creaturas. Cuando se la cultiva y se evita su descontrol, es para impedir que se produzca el «empobrecimiento de un valor auténtico» [Juan Pablo II, Catequesis (22 octubre 1980), 5: L’Osservatore Romano, ed. semanal en lengua española, 26 de octubre de 1980, p. 3]. San Juan Pablo II rechazó que la enseñanza de la Iglesia lleve a «una negación del valor del sexo humano», o que simplemente lo tolere «por la necesidad misma de la procreación» [Ibíd., 3]. La necesidad sexual de los esposos no es objeto de menosprecio, y «no se trata en modo alguno de poner en cuestión esa necesidad» [Id., Catequesis (24 septiembre 1980), 4: L’Osservatore Romano, ed. semanal en lengua española, 28 de septiembre de 1980, p. 3].

A quienes temen que en la educación de las pasiones y de la sexualidad se perjudique la espontaneidad del amor sexuado, san Juan Pablo II les respondía que el ser humano «está llamado a la plena y madura espontaneidad de las relaciones», que «es el fruto gradual del discernimiento de los impulsos del propio corazón» [Catequesis (12 noviembre 1980), 2: L’Osservatore Romano, ed. semanal en lengua española, 16 de noviembre de 1980, p. 3]. Es algo que se conquista, ya que todo ser humano «debe aprender con perseverancia y coherencia lo que es el significado del cuerpo». [Ibíd., 4] La sexualidad no es un recurso para gratificar o entretener, ya que es un lenguaje interpersonal donde el otro es tomado en serio, con su sagrado e inviolable valor. Así, «el corazón humano se hace partícipe, por decirlo así, de otra espontaneidad» [Ibíd., 5]. En este contexto, el erotismo aparece como manifestación específicamente humana de la sexualidad. En él se puede encontrar «el significado esponsalicio del cuerpo y la auténtica dignidad del don» [Ibíd., 1: L’Osservatore Romano, ed. semanal en lengua española, 16 de noviembre de 1980, p. 3]. En sus catequesis sobre la teología del cuerpo humano, enseñó que la corporeidad sexuada «es no sólo fuente de fecundidad y procreación», sino que posee «la capacidad de expresar el amor: ese amor precisamente en el que el hombre-persona se convierte en don» [Id., Catequesis (16 enero 1980), 1: L’Osservatore Romano, ed. semanal en lengua española, 20 de enero de 1980, p. 3]. El más sano erotismo, si bien está unido a una búsqueda de placer, supone la admiración, y por eso puede humanizar los impulsos.

Entonces, de ninguna manera podemos entender la dimensión erótica del amor como un mal permitido o como un peso a tolerar por el bien de la familia, sino como don de Dios que embellece el encuentro de los esposos. Siendo una pasión sublimada por un amor que admira la dignidad del otro, llega a ser una «plena y limpísima afirmación amorosa», que nos muestra de qué maravillas es capaz el corazón humano y así, por un momento, «se siente que la existencia humana ha sido un éxito» [Josef Pieper, Über die Liebe, Múnich 2014, 174-175]. (Papa Francisco, Exhortación apostólica Amoris laetitia, 150-152)

El Papa Francisco también señala los problemas que acarrea un celibato vivido sin amor, ante los cuales resplandece en comparación muchas veces el testimonio de amor de muchas personas casadas:

El celibato corre el peligro de ser una cómoda soledad, que da libertad para moverse con autonomía, para cambiar de lugares, de tareas y de opciones, para disponer del propio dinero, para frecuentar personas diversas según la atracción del momento. En ese caso, resplandece el testimonio de las personas casadas. Quienes han sido llamados a la virginidad pueden encontrar en algunos matrimonios un signo claro de la generosa e inquebrantable fidelidad de Dios a su Alianza, que estimule sus corazones a una disponibilidad más concreta y oblativa. Porque hay personas casadas que mantienen su fidelidad cuando su cónyuge se ha vuelto físicamente desagradable, o cuando no satisface las propias necesidades, a pesar de que muchas ofertas inviten a la infidelidad o al abandono. Una mujer puede cuidar a su esposo enfermo y allí, junto a la Cruz, vuelve a dar el «sí» de su amor hasta la muerte. En ese amor se manifiesta de un modo deslumbrante la dignidad del amante, dignidad como reflejo de la caridad, puesto que es propio de la caridad amar, más que ser amado [Cf. Tomás de Aquino, Summa Theologiae II-II, q. 27, a. 1]. También podemos advertir en muchas familias una capacidad de servicio oblativo y tierno ante hijos difíciles e incluso desagradecidos. Esto hace de esos padres un signo del amor libre y desinteresado de Jesús. Todo esto se convierte en una invitación a las personas célibes para que vivan su entrega por el Reino con mayor generosidad y disponibilidad. Hoy, la secularización ha desdibujado el valor de una unión para toda la vida y ha debilitado la riqueza de la entrega matrimonial, por lo cual «es preciso profundizar en los aspectos positivos del amor conyugal» [Pontificio Consejo para la Familia, Familia, matrimonio y uniones de hecho (26 julio 2000), 40]. (Papa Francisco, Exhortación apostólica Amoris laetitia, 162)

Si tanto la virginidad y el celibato como el matrimonio con una vida sexual activa pueden considerarse como formas de amar que simbolizan de distinta manera el amor de Dios hacia los hombres, ¿tiene sentido todavía que la Iglesia católica romana vincule obligatoriamente —salvo en el caso de los diáconos casados— el precepto del celibato con el estado clerical? ¿No sería más conforme con la libertad de los hijos de Dios —e incluso con lo que enseña Jesús en los Evangelios y San Pablo en sus epístolas— que se deje a la decisión de quienes aspiran al estado clerical si optan por casarse o por vivir el celibato? De este modo los sacerdotes podrían elegir como estado de vida aquél  que sea más conforme con sus características y capacidades personales, sin menoscabo de su misión pastoral.

Porque los problemas del celibato obligatorio para todos los sacerdotes saltan a la vista. En el libro La vida sexual del clero, publicado en 1995 por el periodista español Pepe Rodríguez, especialista en cuestiones religiosas, se incluyen algunas estadísticas reveladoras sobre la sexualidad del clero español. Según ellas, el 95% se masturba habitualmente y 60% mantienen relaciones sexuales. 65% tienen una orientación heterosexual mientras que 35% son homosexuales. Y lo más sorprendente es que entre aquellos que practican el sexo con otras personas, el 64% comenzó a tener relaciones entre los 40 y 55 años de edad.

Dado que no ha habido ningún cambio sustancial en la disciplina de la Iglesia desde entonces, es muy probable que las cifras actuales sean muy semejantes a las de hace veinte años. Y si bien hasta ahora no hay ningún estudio que haya demostrado fehacientemente que existe una relación entre celibato obligatorio y abusos sexuales de menores, tampoco se ha demostrado que no la haya.

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Sea como sea, podríamos concluir que para muchos sacerdotes el celibato se presenta como una carga pesada, como una fachada que oculta una vida sexual practicada en la sombra y sembrada de sentimientos de culpa y frustración. Que la Iglesia les dé la oportunidad de casarse y formar una familia a la vez que los confirme en su ministerio sacerdotal no traería consecuencias negativas ni para ellos ni para la grey que atienden, y probablemente conllevaría un enriquecimiento sustancial y palpable de su labor pastoral. Y también ayudaría a contrarrestar la crisis de vocaciones sacerdotales que sufre actualmente la Iglesia.

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FUENTES

ÚTERO.PE
Cipriani: La mujer vela por que la ropa esté limpia (14 Marzo 2014)
http://utero.pe/2014/03/14/cipriani-la-mujer-vela-por-que-la-ropa-este-limpia/

ACI Prensa
Sexo y dinero son “dioses” falsos y agresivos, alerta Cardenal Cipriani (20 Abril 2015)
https://www.aciprensa.com/noticias/sexo-y-dinero-son-dioses-falsos-y-agresivos-alerta-cardenal-cipriani-93415/

El País
La lucha de los 90.000 curas casados de la Iglesia católica (01 Noviembre 2015)
http://politica.elpais.com/politica/2015/11/01/actualidad/1446374179_827110.html

Card. Carlo Maria Martini – Georg Sporschill, Coloquios nocturnos en Jerusalén, San Pablo, Madrid 2008
https://de.scribd.com/doc/232506044/La-Vida-Sexual-Del-Clero-Pepe-Rodriguez

Pepe Rodríguez, La vida sexual del clero, Ediciones B, Barcelona 1995
https://de.scribd.com/doc/232506044/La-Vida-Sexual-Del-Clero-Pepe-Rodriguez

Sitio web de Pepe Rodríguez
Resumen de conclusiones estadísticas sobre la conducta sexual del clero católico
http://www.pepe-rodriguez.com/Sexo_clero/Sexo_clero_estadist.htm

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Quien quiera conocer la apasionante historia un sacerdote suizo que se casó y después regresó al ministerio sacerdotal en la prelatura de Ayaviri, le recomiendo mi post EL AZAROSO CAMINO DE LA FE DE OTTO BRUN.

EL TRIBUNAL ECLESIÁSTICO INTERDIOCESANO DE LIMA Y EL CASO FIGARI

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El 2 de junio de este año el portal de noticias eclesiales Crux, fundado y dirigido por John Allen Jr., prestigioso vaticanista estadounidense que ha colaborado con el National Catholic Reporter (NCR) y actualmente colabora con Cable News Network (CNN) y con National Public Padio (NPR), publicó un artículo sobre la situación de las denuncias contra Luis Fernando Figari en el Vaticano y la actuación del Tribunal Eclesiástico Interdiocesano de Lima en todo este asunto.

El británico Austen Ivereigh, autor del artículo, tuvo también acceso a una carta del 17 de mayo de 2016 dirigida a los obispos miembros del Tribunal Eclesiástico por el P. Víctor Huapaya Quispe, Vicario Judicial y Presidente del mismo, cuya traducción al inglés fue publicada también en Crux. Lo que sigue a continuación es la traducción al español del artículo de Ivereigh, revisada y autorizada por él mismo, junto con el texto original de la carta mencionada.

De ser cierto lo que dice la carta, quedaría demostrado que el P. Huapaya, encargado del tribunal, hizo jurídicamente lo correcto, al tramitar a su debido tiempo las cuatro denuncias presentadas y hacerles posterior seguimiento. Si bien eso libra al cardenal Cipriani, arzobispo de Lima, de cualquier sospecha de no haber tramitado debidamente las graves denuncias contra el fundador del Sodalicio de Vida Cristiana, no lo excusa de haber tenido una actuación pastoral lamentable hacia las víctimas de los abusos señalados, haciendo caso omiso de recomendaciones hechas a estos efectos por el mismo Papa Francisco (ver LA RESPONSABILIDAD DEL CARDENAL CIPRIANI EN EL CASO SODALICIO).

En todo caso, en el ámbito judicial la pelota no está desde hace tiempo en la cancha del Tribunal Eclesiástico que modera Cipriani, sino en el terreno de la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y para las Sociedades de Vida Apostólica. Y la inacción que se ha manifestado a nivel de la Santa Sede en este asunto es motivo de perplejidad, si no de desilusión y desesperanza. Y de vergüenza ajena por ciertas autoridades de la Iglesia católica, a la que uno sigue perteneciendo como fiel creyente por convicción y llamado.

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FUNCIONARIO ECLESIÁSTICO AFIRMA QUE AL VATICANO LE TOMÓ AÑOS PARA ACTUAR RESPECTO A CARGOS DE ABUSOS
por Austen Ivereigh
Traducción al español: Martin Scheuch

Un documento obtenido por Crux, relacionado con acusaciones de abusos sexuales y de otro tipo en contra del fundador de un poderoso movimiento católico laico en el Perú, señala que el Vaticano fue informado de los cargos ya en mayo de 2011 pero sustancialmente no tomó ninguna acción en cuatro años.

Una carta con fecha del 17 de mayo de 2016 dirigida a los obispos del Perú por el principal tribunal eclesiástico del país enumera los múltiples pasos tomados para informar a Roma de las acusaciones en contra de Luis Fernando Figari, fundador del Sodalitium Christinae Vitae (SCV) y expresa la creciente frustración ante la falta de respuesta.

En abril de 2015 el Vaticano designo a un visitador local para investigar los cargos, y recientemente en el último mes designó al arzobispo estadounidense Joseph Tobin de Indianapolis, un ex funcionario vaticano, como su delegado para guiar un proceso de reforma.

En respuesta a un requerimiento de Crux, el vocero vaticano, P. Federico Lombardi, dijo que la demora se debía a “la complejidad y diversidad de las posiciones e interpretaciones” respecto a las acusaciones en contra de Figari, así como a asuntos legales.

La carta del 17 de mayo del P. Víctor Huapaya, presidente del principal tribunal eclesiástico en Lima, capital del Perú, muestra que el tribunal envió prestamente las tres denuncias de las víctimas de Figari en el año 2011 a los funcionarios en Roma, así como una cuarta en el año 2013.

Las denuncias fueron enviadas por Huapaya a la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y para las Sociedades de Vida Apostólica del Vaticano.

La congregación tiene responsabilidad directa sobre el SCV, el cual, como instituto internacional de vida consagrada, no está sujeto a la autoridad de los obispos locales peruanos sino que responde directamente a Roma.

La carta muestra también claramente la creciente irritación de Huapaya a lo largo de esos cuatro años ante la falta de respuesta de la congregación, suscitando interrogantes sobre la capacidad del Vaticano de tomar al toro por las astas.

A inicios de mayo, al SCV —conocido como “Sodalicio” en el Perú— le fue comunicado que no podía tomar decisiones sin la autorización del Vaticano, y su fundador fue retirado del lujoso departamento facilitado por el Sodalicio en el centro de Roma.

Un comunicado del Sodalicio no dio detalles sobre adónde ha sido trasladado Figari, sino solamente que se trata de “un lugar más aislado y acorde a los requerimientos que la Santa Sede ha pedido para continuar con sus investigaciones”.

Crux entiende que se trata de una habitación en una casa gestionada por una orden religiosa en las afueras de Roma.

Hasta el momento Figari no ha sido juzgado ni sentenciado, ya sea por las autoridades civiles en el Peru ya sea por la Iglesia en sus propios tribunales.

El SCV, que incluye a también a mujeres consagradas laicas y sacaerdotes, es gobernado por un grupo de laicos célibes conocidos como “sodálites”. Habiendo recibido aprobación pontificia en 1997, tiene aproximadamente 20,000 miembros en la actualidad en Brasil, Colombia, Costa Rica, Chile, Ecuador, Estados Unidos e Italia, además del Perú.

Conocido por su ortodoxia, disciplina y celo evangélico, el grupo gestiona escuelas y obras sociales de prestigio, pero sus críticos lo ven como una reacción de clase alta católica contra el catolicismo más orientado hacia la justicia social en América Latina, en seguimiento del Concilio Vaticano II (1962-1965).

El escándalo que involucra a Figari se hizo público en octubre del año pasado, cuando un periodista del diario La República, que también es ex miembro del SCV, publicó un libro conteniendo testimonios explosivos de cinco ex miembros del Sodalicio que prefirieron permanecer anónimos.

Mitad monjes, mitad soldados, escrito por el periodista Pedro Salinas junto con Paola Ugaz, documentaba abusos sexuales y físicos, muchas veces contra menores, a lo largo de varios años, principalmente en la década de los ’70, perpetrados por un núcleo íntimo de miembros masculinos consagrados que seguían servilmente a Figari.

A inicios de abril de este año, el Superior General del SCV, Alessandro Moroni, finalmente admitió los abusos, pidió perdón a las víctimas y repudió públicamente a Figari.

Las autoridades judiciales peruanas comenzaron a investigar las acusaciones en diciembre del año pasado, pero debido a que la víctimas no querían ser identificadas, se vieron obligadas a archivar el caso.

Según Salinas, las víctimas temían ser expuestas por nada: debido a que los casos de abuso habían prescrito según la ley peruana, consideraban improbable que se les haga justicia.

Mucho antes del libro de Salinas, tres víctimas mencionadas en éste ya habían denunciado los abusos al Tribunal Interdiocesano de Lima en el año 2011.

Los tres denunciantes —quienes se sentían más cómodos recurriendo a un proceso eclesiástico debido a que garantizaba confidencialidad— son conocidos en la documentación del tribunal como “Santiago”, “Lucas” y “Juan”.

Escribiendo en La República, Salinas denuncia que las acusaciones enviadas al tribunal de Lima nunca llegaron a Roma, y señala al moderador del tribunal, el arzobispo de Lima, Cardenal Juan Luis Cipriani, como el causante.

Nunca quedó claro dónde terminaron o qué pasó con estas delicadas y gravísimas demandas”, escribía Salinas en su artículo.

Pero la carta a la que ha tenido acceso Crux hace ver las cosas bajo una luz diferente, mostrando que la Iglesia peruana actuó raudamente, enviando cada una de las cuatro denuncias contra el Sodalitium a la Congregación para Religiosos.

La primera fue la de “Santiago”, quien entregó una acusación escrita contra Figari el 16 de mayo de 2011. Una semana después, Huapaya envió el documento a la Congregación para Religiosos acompañado de una carta suya con fecha de 24 de mayo de 2011.

El tribunal recibió una segunda denuncia contra Figari enviada desde la Arquidiócesis de Colonia, Alemania, en una carta con fecha de 24 de mayo de 2011. Huapaya envió los documentos a la Congregación para religiosos el 9 de septiembre de 2011.

Algunos días después, vía la nunciatura apostólica en Lima, la Congregación dio acuse de recibo de las dos cartas.

La tercera denuncia fue del autor, Salinas, el cual le escribió al tribunal el 13 de septiembre de 201, la cual fue remitida a Roma por Huapaya casi un mes después.

En enero de 2012, Huapaya le escribió al prefecto brasileño de la Congregación, Cardenal João Braz de Aviz, requiriéndole tomar medidas. Tres meses después recibió una respuesta del subsecretario de la Congregación, confirmándole la recepción de su carta así como de las denuncias contra el SCV.

Más de un año después, en septiembre de 2013 —seis meses después de la elección del Papa Francisco— Huapaya tuvo un encuentro con el P. Waldemar Barszcz de la Congregación para Religiosos, el cual nuevamente le confirmó la recepción de su carta así como de las denuncias contra Figari.

Le manifesté mi honda preocupación por la falta de una acción de parte del Dicasterio frente a estas denuncias y el sufrimiento consiguiente de las víctimas”, recuerda Huapaya en su carta a los obispos.

(“Dicasterio” es la expresión general para referirse a un departamento vaticano.)

Un mes después, no habiendo recibido noticias, Huapaya recibió una cuarta denuncia. El 25 de octubre de 2013 un sacerdote y tres miembros del SCV solicitaron al tribunal que la conducta de Figari sea investigada.

Los documentos fueron remitidos a la Congregación para los Religiosos algunos días después, el 2 de diciembre, acompañados de una carta de Huapaya a Braz de Aviz.

Le insistí [al Prefecto] en que teniendo en cuenta los hechos dados a conocer a su Congregación había una falta de respeto hacia las víctimas”, recuerda Huapaya, “y le reiteré la urgencia de una acción del Dicasterio por ser casos de su competencia, como expresé desde el primer momento”.

Seis meses después, en julio de 2014, el enviado papal al Perú, el arzobispo James Patrick Green, nacido en Filadelfia, le solicitó a Huapaya que lo informe sobre el caso Figari. Algunos día después de la reunión, Huapaya remitió a a Green los documentos relevantes, insistiendo nuevamente en la necesidad de actuar a la brevedad posible.

Llegados a este punto, más de tres años habían pasado desde que la primera acusación interpuesta ante el tribunal fuera enviada a Roma. Transcurriría casi un año entero antes de que Roma respondiera.

El 22 de abril de 2015 la Congregación para Religiosos designó a un obispo peruano, Fortunato Pablo Urcey de Chota, para que llevara adelante una investigación inicial.

El 4 de mayo de 2016 el Vaticano decidió intervenir directamente el gobierno del SCV, designado a Tobin como el delegado de la Congregación, con potestad de vetar decisiones de su cuerpo de gobierno.

Figari, sin embargo, permanece libre, aparentemente debido a un vacío en las reformas a la ley canónica sobre cómo manejar la crisis del abuso sexual clerical.

Cuando en el año 2003 el Papa Juan Pablo II autorizó la derogación de la prescripción en el caso de abuso sexual contra menores, la modificación se aplicaba a sacerdotes, no a laicos o religiosos. Dado que Figari es un laico, la prescripción por lo tanto es aplicable en su caso.

Pero la pregunta que aún permanece es por qué, durante tanto tiempo, ha habido tan poca respuesta por parte del Vaticano.

Lombardi, el vocero del Vaticano, le comentó a Crux por e-mail que la Congregación se había esforzado mucho en actuar prudentemente “dada la complejidad y diversidad de las posiciones e interpretaciones en torno a Figari y al Sodalitium”, así como debido a “consideraciones de carácter legal”.

Era necesario llevar adelante un análisis exhaustivo, teniendo en mente el contexto eclesial y social del Perú y el hecho de que estas acusaciones no reunían los requisitos necesarios para ser consideradas como base para una acción de la Congregación,” dijo Lombardi en su declaración.

Desde las primeas acusaciones [contra Figari] a las cuales se refiere la carta [del tribunal], la documentación ha crecido y está siendo evaluada a la luz de posibles decisiones que deban ser tomadas”, añadió.

Un de los lideres del SCV que no quiso ser identificado le dijo a Crux que la preocupación por las víctimas y por compensarlas es actualmente una prioridad en el Sodalitium, pero que llevar a Figari ante la justicia continua siendo un reto debido al estado actual de las leyes.

Desde diciembre “hemos estado rogando al Vaticano para que exclaustre a la fuerza a Figari”, dijo, queriendo siginificar que se le expulse formalmente del grupo, pero dado que Figari no está vinculado por votos religiosos, niega las acusaciones, no se arrepiente y está siendo defendido por aun abogado de alto nivel, el miembro señaló que la Congregación vaticana estaría temiendo que cualquier resolución contra él podría ser apelada.

Por ahora, la continua impunidad, combinada con evidencias de falta previa de acción por parte de Roma, sólo puede contribuir a la frustración de las víctimas.

Publicado originalmente en inglés en Crux el 2 de junio de 2016:
http://cruxnow.com/church/2016/06/02/church-official-says-vatican-took-years-to-act-on-abuse-charges/

BREVE NOTA ACLARATORIA
por Martin Scheuch

El Sodalicio como asociación de vida apostólica laical no tiene integrantes femeninas. Luis Fernando Figari fundaría, además del Sodalicio, dos asociaciones de vida consagrada para mujeres: la Fraternidad Mariana de la Reconciliación y las Siervas del Plan de Dios. Por otra parte, el Sodalicio tiene actualmente 39 comunidades con un promedio estimado de 8 miembros por comunidad, lo cual daría un resultado de aproximadamente unos 300 sodálites en activo. El número de 20,000 miembros probablemente incluya a los integrantes del Movimiento de Vida Cristiana, formado por diferentes grupos y asociaciones que agrupan a todos aquellos que quieren participar de la espiritualidad sodálite pero que no pertenecen al Sodalicio propiamente dicho.

La tercera denuncia no es de Pedro Salinas ni fue escrita por él. Salinas sólo llevó la denuncia de “Lucas” al tribunal eclesiástico y la entregó personalmente al P. Huapaya.

La Fiscalía en el Perú todavía no ha archivado oficialmente las denuncias contra Figari. Pero la investigación por abusos sexuales no tiene futuro, pues los delitos han prescrito. Por eso mismo, con ayuda de abogados profesionales, cinco víctimas han presentado una denuncia penal que amplía la investigación de la Fiscalía con delitos que no prescriben: asociación ilícita para delinquir, secuestro y lesiones graves (de tipo psicológico sobre todo). Los denunciantes son José Enrique Escardó, Martín López de Romaña, Vicente López de Romaña, Óscar Osterling y Pedro Salinas. Los denunciados son Luis Fernando Figari, Jaime Baertl, José Ambrozic, Virgilio Levaggi, José Antonio Eguren, Eduardo Regal, Óscar Tokumura y Erwin Scheuch.

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CARTA DEL P. VÍCTOR HUAPAYA QUISPE A LOS OBISPOS MIEMBROS DEL TRIBUNAL ECLESIÁSTICO INTERDIOCESANO DE LIMA SOBRE EL CASO FIGARI

Lima, 17 de mayo del 2016

Señores Arzobispos y Obispos
Miembros del Coetus del Tribunal Eclesiástico Interdiocesano de Lima
Presente

Excelencias:

Las reiteradas noticias y comentarios aparecidos en algunos medios de comunicación social, que hacen referencia a las denuncias presentadas ante este Tribunal contra el Sr. Luis Fernando Figari, Fundador del Sodalicio de Vida Cristiana, desinforman a la opinión pública con relatos sesgados y muchas veces falsos. Dan a entender que este Tribunal no ha actuado de modo correcto y transparente y llegan a afirmar, de manera calumniosa, que se ha querido encubrir las cuatro denuncias que aquí se recibieron.

Con el deseo de ayudarlos a conocer lo ocurrido me veo en el deber y en la necesidad de dirigirme a ustedes, Señores Obispos miembros del coetus del Tribunal, para informarles de algunos hechos procesales que les ayudarán a entender mejor la situación.

I. Relato y breve descripción de cómo y cuándo se presentaron las cuatro denuncias que se recibieron en este Tribunal:

1. Primera denuncia: El 16 de mayo del 2011 a las doce del día se presentó al Tribunal el denunciante (hoy él se identifica como “Santiago”) en compañía de un familiar y entregó por escrito una denuncia contra el Sr. Luis Fernando Figari. El 24 de mayo de 2011, con carta mía, envié la denuncia al Prefecto de la Congregación para la Vida Consagrada y Sociedades de Vida Apostólica.

2. Segunda denuncia: Desde la Arquidiócesis de Colonia se recibió una denuncia contra el Sr. Luis Fernando Figari, fechada el 24 de mayo de 2011. El 9 de setiembre de 2011 se envió la denuncia al mismo Prefecto de la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y Sociedades de Vida Apostólica.

Con fecha 14 de setiembre de 2011, recibí carta de Monseñor Kevin Randall (e.i.) de la Nunciatura Apostólica en el Perú, en la que acusa recibo de los documentos que le había entregado hasta ese momento, entre los cuales se mencionan las dos cartas anteriores.

3. Tercera denuncia: El Sr. Pedro Salinas entregó en este Tribunal una denuncia fechada el 13 de septiembre del 2011, la misma que envíe al Prefecto de la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y Sociedades de Vida Apostólica el 10 de octubre de 2011.

4. Cuarta denuncia: Con fecha 25 de octubre de 2013 un sacerdote acompañó su petición y la de tres miembros del Sodalicio de Vida Cristiana para que se investigue la conducta del Sr. Luis Fernando Figari. El día 2 de diciembre del 2013 remití la documentación al Prefecto de la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y Sociedades de Vida Apostólica.

Como se puede apreciar en esta primera parte procesal, la rapidez con la que se enviaron las denuncias es total y no admite ninguna duda de negligencia y menos de encubrimiento por parte de este Tribunal.

II. Relato de cómo y cuándo solicité la atención urgente de estas cuatro denuncias al Prefecto de la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y Sociedades de Vida Apostólica:

1. El 4 de enero del 2012 escribí al Prefecto de la Congregación solicitando una pronta respuesta y la intervención de la Congregación en las denuncias presentadas, por ser competencia de su Dicasterio.

2. El 25 de abril de 2012 recibí la única respuesta de la Congregación del Padre Sebastiano Paciolla O. Cist., Subsecretario de la Congregación, en la que acusan recibo de las cartas y denuncias recibidas.

3. El 16 de septiembre de 2013 viajé a Roma y fui recibido en la Congregación por el Padre Waldemar Barszcz (TOR). Me informó que habían recibido la documentación de las denuncias. Le manifesté mi honda preocupación por la falta de una acción de parte del Dicasterio frente a estas denuncias y el sufrimiento consiguiente de las víctimas

4. El 2 de diciembre del 2013, en la carta al Prefecto adjuntando la cuarta denuncia, le insistí en que teniendo en cuenta los hechos dados a conocer a su Congregación había una falta de respeto hacia las víctimas y le reiteré la urgencia de una acción del Dicasterio por ser casos de su competencia, como expresé desde el primer momento.

5. El 2 de julio de 2014, el Nuncio me citó en la Nunciatura y me solicitó que le informe sobre el caso del Sr. Luis Fernando Figari. El 9 de Julio de 2014 le envié con carta mía la documentación que hace referencia a la denuncias contra Sr. Luis Fernando Figari y le reiteré la necesidad de una actuación directa y cuanto antes de la Congregación.

III. Otros hechos de particular interés relacionados a este tema:

1. El 21 de octubre del 2015 este Tribunal publicó un Comunicado precisando la autonomía y competencia del Tribunal y dando a conocer que las denuncias recibidas fueron puestas en conocimiento de las instancias vaticanas de manera inmediata, como se puede verificar con las fechas de mis cartas que les he detallado.

2. El 18 de noviembre de 2015 envié una carta al Presidente de la Conferencia Episcopal, y a todos ustedes miembros del coetus, expresándoles respetuosamente mis observaciones al Comunicado de la Presidencia de la CEP y haciendo referencia al “Subsidio para las Conferencias Episcopales en la preparación de Líneas Guía para tratar los casos de abuso sexual de menores por parte del clero (16 de mayo del 2011)”. Hasta el momento no he recibido respuesta a esa carta ni se ha aprobado ni distribuido esta Guía para el uso de los Obispos en el Perú, siendo un tema tan urgente, sugerido además por la Santa Sede.

IV. Ultimas decisiones de la Santa Sede al respecto:

1. Con fecha 22 de abril de 2015 la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y Sociedades de Vida Apostólica, con Decreto firmado por el Arzobispo Secretario, nombra a S.E. Monseñor Fortunato Pablo Urcey, OAR, Prelado de Chota Visitador apostólico ad inquirendum et referendum para todas las casas y los miembros del Sodalitium Christianae Vitae.

Le solicita que, dadas las informaciones llegadas y las acusaciones de comportamientos impropios dirigidas al Fundador Sr. Luis Fernando Figari, deberá verificar la real autenticidad de todas las acusaciones formuladas tanto recientes como en el pasado.

2. Con fecha 4 de mayo de 2016, la Santa Sede nombra al Arzobispo Joseph Tobin CSSR, Delegado “ad nutum” de la Congregación de Religiosos para el Sodalitium.

Omito intencionadamente abordar el contenido mismo de las denuncias, por la reserva propia que compete a este Tribunal, y que hemos respetado escrupulosamente en todo momento. Permítanme insistir asimismo en que el Tribunal a mi cargo no tiene competencia para resolver estas denuncias, como la misma Santa Sede lo ha demostrado claramente al nombrar primero al Visitador Apostólico y luego ahora al Delegado ad nutum.

Les agradezco el tiempo y atención que han dedicado a esta carta, que era necesario dirigirles por el derecho que nos asiste de respetar la honra de todas y cada una de las personas, especialmente de las víctimas, y también de las instituciones de la Iglesia. Quedo a su disposición para cualquier aclaración o consulta que personalmente deseen dirigirme y pido a Dios los ilumine y acompañé en la delicada tarea de pastores de sus iglesias locales.

Les pido también una oración por este servidor que humildemente procura servir a todos ustedes miembros del coetus de este Tribunal Eclesiástico Interdiocesano.

Cordialmente en el Señor,

Pbro. Víctor Luis Huapaya Quispe
Presidente del Tribunal Interdiocesano

Copia a los miembros del Coetus:
Monseñor Salvador Piñeiro, Arzobispo de Ayacucho (Presidente de la CEP); Cardenal Juan Luis Cipriani, Arzobispo de Lima; Monseñor Pedro Barreto S.J., Arzobispo de Huancayo; Monseñor José Luis del Palacio, Obispo del Callao; Monseñor Lino Paniza OFM cap., Obispo de Carabayllo; Monseñor Norberto Strotman MSC, Obispo de Chosica; Monseñor Carlos García, Obispo de Lurín; Monseñor Ricardo García, Obispo de Cañete-Yauyos; Monseñor Héctor Vera, Obispo de Ica; Monseñor Isidro Barrio, Obispo de Huancavelica; Monseñor Antonio Santarsiero OSJ, Obispo de Huacho; Monseñor Ivo Baldi, Obispo de Huari; Monseñor Miguel Olartua OSA, Obispo de Iquitos; Monseñor Juan Carlos Vera MSC, Obispo Castrense; Monseñor Gaetano Galbuser SDB, Obispo de Pucallpa; Monseñor Tomás Oliver OFM, Obispo del Vicariato de Requena; Monseñor Javier Travieso CMF, Obispo del Vicariato San José del Amazonas; Monseñor Anton Zerdin OFM, Obispo del Vicariato de San Ramón; Pbro. Felipe Ochante, Administrador Diocesano de Tarma; Monseñor Neri Menor Vargas, Obispo electo de Huánuco.

EL CATÓLICO FUJIMORISTA

keiko_cipriani

Se sabe que una parte significativa de quienes se consideran católicos comprometidos votarán por la hija del ex dictador. Sólo porque se ha manifestado en contra de la despenalización del aborto y de la unión civil entre homosexuales.

Su conciencia moral la reducen a estos dos puntos, y no les importan los vínculos con el narcotráfico, la propagación de mentiras, los signos de corrupción presentes en la campaña, la defensa de la pena de muerte ni la amenaza autoritaria que representa la candidata.

El católico fujimorista mira con buenos ojos el autoritarismo, le agrada la mano dura —pues cree firmemente que a él no le va a afectar—, ve con gusto la imposición de ideas sin necesidad de dialogar ni negociar. Así como obnubila su capacidad crítica ante la ilusa promesa de seguridad unida a la represión que postula Fuerza Popular, de igual manera le rinde pleitesía al cardenal Cipriani y arrodilla servilmente su pensamiento ante sus exabruptos doctrinales —como condenar la pena de muerte cuando la defiende Alan García, pero considerarla un asunto de conciencia cuando la defiende Keiko Fujimori—.

Al católico fujimorista le interesa que las leyes se ajusten a sus convicciones morales aunque el país se caiga en pedazos, se conmueve ante los gestos de asistencialismo social —sin importarle que se usen sólo con fines clientelistas— y nunca se le verá marchando al lado de las mujeres esterilizadas a la fuerza, de los deudos de los asesinados por el Grupo Colina o de los jóvenes amantes de la libertad y la democracia.

Tampoco le importa que puedan haber muertos y desaparecidos. Pues es ciego al sufrimiento y a la injusticia.

(Columna publicada en Exitosa el 4 de junio de 2016)

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Agradezco a Ricardo Sánchez Serra, columnista católico del diario fujimorista La Razón, quien —gracias a sus comentarios en Twitter— me sirvió de inspiración para este escrito. Los artículos que perpetra con cierta regularidad pueden leerse en su blog personal (ver http://rsanchezserra.blogspot.com).