LA RESPONSABILIDAD DEL CARDENAL CIPRIANI EN EL CASO SODALICIO

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El cardenal Cipriani con los sacerdotes sodálites Juan Carlos Rivva y Juan Mendoza

Mientras que el Sodalicio está en el ojo del huracán, el cardenal Cipriani está pasando piola y guarda silencio. No es para menos, pues este instituto de vida consagrada que tiene su cuartel general en la arquidiócesis de Lima y que desde hace más de cuatro décadas ha cometido abusos en perjuicio de jóvenes bajo su responsabilidad, siempre ha apoyado a Cipriani en todas sus iniciativas.

Mons. Eguren y Mons. Schmalhausen, obispos sodálites, firmaron la carta del 28 de agosto de 2015 para respaldar a Cipriani en el asunto de los plagios en un artículo publicado en el diario El Comercio. Asimismo, ACI Prensa, la agencia de noticias dirigida por el sodálite Alejandro Bermúdez, siempre ha mostrado su apoyo incondicional a Cipriani, informando de manera complaciente y servil sobre cualquier palabra o actividad del arzobispo limeño.

Cipriani ha defendido su inocencia, argumentando que el tribunal eclesiástico interdiocesano, donde ingresaron las denuncias contra Figari, es autónomo y que él como moderador sólo cumple funciones administrativas, pero no ve los casos. Pues resulta que en el derecho canónico no existe esa figura, ya que todo tribunal eclesiástico diocesano o interdiocesano debe tener un obispo a la cabeza, el cual tiene potestad judicial como juez de primera instancia.

El cardenal Cipriani, ignorando directivas vaticanas, no ha elevado denuncia ante las autoridades civiles por los delitos señalados. Tampoco se ha comunicado con las víctimas para informarles sobre el estado de las denuncias, ni para acogerlas pastoralmente.

Nunca más que ahora son actuales las palabras que Juana de Arco le dirigió a los obispos del tribunal eclesiástico que la condenó: «Los hombres de Iglesia no son la Iglesia».

(Columna publicada en Exitosa el 23 de abril de 2016)

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El día 9 de abril, el cardenal Cipriani en su programa de radio Diálogos de Fe volvió a lavarse las manos respecto a las denuncias contra el Sodalicio de Vida Cristiana. Cipriani acusó a los medios de querer embarrarlo, cuando él supuestamente no tendría nada que ver con el caso Sodalicio, aun cuando las denuncias contra Figari hayan ingresado en el tribunal interdiocesano que está bajo su responsabilidad.

Según Cipriani, este tribunal «es autónomo, tiene un vicario judicial y da cuenta a sus clientes, no a los obispos». Los obispos miembros dejarían su responsabilidad, canónicamente hablando, en manos del tribunal y éste ya no dependería de ellos. Cipriani sólo se enteraría de asuntos locales referentes a la arquidiócesis limeña, porque el tribunal se lo diría, «pero si presentan una denuncia diciendo “no quiero que se sepa mi nombre”, y contra una persona que es el superior general y fundador de la institución, el tribunal, sin tener nada que consultarme, sin tener nada que ver yo en el asunto, eleva todo de manera inmediata […] a Roma».

La responsabilidad de Cipriani como moderador se circunscribiría a funciones logísticas: «que tengan dinero, que tengan luz, que tengan agua, que tengan computadora, que funcione logísticamente el tribunal».

La pregunta es para qué necesita el tribunal un obispo moderador, si bastaría con contratar a un administrador, que podría desempeñar las mismas funciones.

Además, esto no es lo más grave, pues si nos tomamos el trabajo de verificar qué es lo que dice el actual Código de Derecho Canónico sobre los tribunales interdiocesanos, encontraremos algo muy distinto a lo que dice Cipriani. Dice el Código:

«En sustitución de los tribunales diocesanos […], varios Obispos diocesanos, con la aprobación de la Sede Apostólica, pueden constituir de común acuerdo un tribunal único de primera instancia para sus diócesis; en este caso, el grupo de Obispos o el Obispo designado por ellos tienen todas las potestades que corresponden al Obispo diocesano sobre su tribunal.» (c.1423 §1)

¿Y cuáles son estas potestades?

«En cada diócesis, y para todas las causas no exceptuadas expresamente por el derecho, el juez de primera instancia es el Obispo diocesano, que puede ejercer la potestad judicial por sí mismo o por medio de otros de acuerdo con los cánones que siguen.» (c.1419 §1)

Tambien se dice que «todo Obispo diocesano debe nombrar un Vicario judicial u Oficial con potestad ordinaria de juzgar» (c.1420 §1) y que «el Vicario judicial constituye un solo tribunal con el Obispo, pero no puede juzgar las causas que el Obispo se haya reservado» (c.1420 §2). Y es evidente que para poder reservarse ciertas causas, es indispensable que el obispo conozca los contenidos de todas las causas abiertas en el tribunal.

En conclusión, un tribunal interdiocesano no puede ser una instancia que actúe al margen de los obispos que lo han constituido y ser gestionado sin injerencia alguna de ellos o del obispo designado para moderarlo, el cual tiene potestad judicial. No hay ninguna ninguna norma que autorice a un tribunal eclesiástico, sea diocesano o interdiocesano, a actuar de manera autónoma.

El responsable último del tribunal interdiocesano de Lima es, por lo tanto, el arzobispo Cipriani, que tiene, según la ley de la Iglesia, las funciones de un juez de primera instancia. Por consiguiente, es su responsabilidad estar al tanto de las denuncias, sobre todo de aquellas que se refieran a delitos graves.

Si bien es cierto que la denuncia contra Figari debía ser remitida a Roma, pues se trata de un miembro de un instituto de derecho pontificio, también es cierto que según directivas vaticanas, al tener conocimiento del contenido de las denuncias, debía haberse atenido a las leyes civiles peruanas —a saber, que el conocimiento de un delito obliga a denunciarlo—, según la Carta Circular del 3 de mayo de 2011 de la Congregación para la Doctrina de la Fe:

«El abuso sexual de menores no es sólo un delito canónico, sino también un crimen perseguido por la autoridad civil. Si bien las relaciones con la autoridad civil difieran en los diversos países, es importante cooperar en el ámbito de las respectivas competencias. En particular, sin prejuicio del foro interno o sacramental, siempre se siguen las prescripciones de las leyes civiles en lo referente a remitir los delitos a las legítimas autoridades. Naturalmente, esta colaboración no se refiere sólo a los casos de abuso sexual cometido por clérigos, sino también a aquellos casos de abuso en los que estuviera implicado el personal religioso o laico que coopera en las estructuras eclesiásticas.»

Asimismo, el cardenal Cipriani tenía una obligación pastoral que no ha cumplido, la de atender personalmente a las víctimas, según lo indicado en una Carta del Papa Francisco del 2 de febrero de 2015:

«Corresponde al Obispo diocesano y a los Superiores mayores la tarea de verificar que en las parroquias y en otras instituciones de la Iglesia se garantice la seguridad de los menores y los adultos vulnerables. […] Los Pastores y los responsables de las comunidades religiosas han de estar disponibles para el encuentro con los que han sufrido abusos y sus seres queridos: se trata de valiosas ocasiones para escuchar y pedir perdón a los que han sufrido mucho.»

El cardenal Cipriani no se ha comunicado con las víctimas ni para consultarles si podía elevar denuncia ante la Fiscalía —como era su deber—, ni para informarles sobre el estado de las denuncias, ni para acogerlas pastoralmente.

O bien ha mentido para salvar su propio pellejo, o ha ignorado las leyes y directivas de la Iglesia, cometiendo negligencia grave al no asumir las responsabilidades estipuladas en el derecho canónico para quien como obispo está encargado de un tribunal eclesiástico interdiocesano.

El resultado ya lo sabemos. Las víctimas quedan desamparadas y los lobos hacen presa del rebaño mientras el pastor se lava las manos como Pilatos.

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Ya son conocidas las polémicas intervenciones y acciones que ha tenido el cardenal Cipriani como arzobispo de Lima. Menos conocidas son sus iniciativas “pastorales” como arzobispo de Ayacucho, documentadas en el libro Cipriani: El teólogo de Fujimori (2000) del periodista ayacuchano Magno Sosa (ver http://www.voltairenet.org/IMG/pdf/LIBRO_MAGNO_SOSA_EL_TEOLOGO_DE_FUJIMORI.pdf).

Allí se relata cómo al principio Cipriani se opuso a la elección de Fujimori como Presidente del Perú —principalmente debido a que éste contaba con el apoyo de un nutrido grupo de evangélicos— y favoreció la opción neoliberal y derechista de Mario Vargas Llosa. Pero cuando Fujimori llega al poder, los papeles se invierten. El 3 de julio de 1992 Fujimori viaja a Ayacucho para participar, junto a Cipriani, en el desfile cívico militar en la Plaza de Armas de Ayacucho y allí le entrega al eclesiástico del Opus Dei un cheque por un millón de nuevos soles para la refacción de las iglesias de Ayacucho. A partir de entonces sólo habría condescendencias de parte de Cipriani hacia el déspota. Como una prostituta, habría vendido sus favores por un monto de dinero.

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FUENTES

Congregación para la Doctrina de la Fe
Carta Circular – Subsidio para las Conferencias Episcopales en la preparación de Líneas Guía para tratar los casos de abuso sexual de menores por parte del clero (3 de mayo de 2011)
http://www.vatican.va/roman_curia/congregations/cfaith/documents/rc_con_cfaith_doc_20110503_abuso-minori_sp.html

Papa Francisco
Carta a los Presidentes de las Conferencias Episcopales y a los Superiores de los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica acerca de la Pontificia Comisión para la tutela de menores (2 de febrero de 2015)
http://w2.vatican.va/content/francesco/es/letters/2015/documents/papa-francesco_20150202_lettera-pontificia-commissione-tutela-minori.html

RPP Noticias – Diálogos de Fe
Cardenal Juan Luis Cipriani│El voto por voluntad (09/04/2016)

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9 pensamientos en “LA RESPONSABILIDAD DEL CARDENAL CIPRIANI EN EL CASO SODALICIO

  1. Algo me dice que frente a esta clarísima argumentación, la única estrategia de Cipriani será “hacer perro muerto”. Si no, no tengo la menor idea de lo que podría contestar. :/

    Por más fexibilidad que uno quiera regalar en esto, estamos frente a un cardenal corrupto. Quisiera saber qué es lo que hará la Iglesia … (?)

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  2. Si el papa Francisco es consecuente con su decision de reforma de la iglesia y de lo que significa el crimen de abuso sexual de menores deberia destituir a los abusadores y su complice Cipriani y someterlos a la justicia ordinaria.

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  3. Es muy positivo que la CEJR haya asumido su tarea con seriedad (en realidad, esto debería ser lo esperado de cualquier institución en el país – pública, privada, religiosa o no… pero no lo es). Las instituciones (incluyendo las religiosas) tienden a hacer espíritu de cuerpo y minimizar/negar problemas. Pero con ello no se corrige nada – a los propios se les da a entender que tienen patente de corso; los extraños que están enterados confirman sus críticas a la decadencia moral de la institución. Por el contrario, aunque dolorosa, una postura como la adoptada por la CEJR fortalece a la iglesia en tanto una de sus comunidades, que gozó de mucho poder, recursos económicos y licencia para criticar a todos desde una pretendida santidad, deba verse con humildad a sí misma, como Juana Inés, como ‘la peor de todas’ (o una de las peores de estas épocas – vayamos a saber qué ha pasado en la historia). En este caso, confiamos en que por temas de principio, la CEJR actuó con la verdad – y hay que decirlo, para sorpresa de muchos propios y muchos extraños. Nadie avanza sin ser pasible de crítica. Esta historia era un secreto a voces en la iglesia católica peruana que muchos han sido complices en no visibilizar antes.

    Esto´último es importante porque, a mi entender, la CEJR fue establecida por el SVC con la idea de que actuara como buffer, como mecanismo de contención que bajara el tono de las denuncias y planteara una lectura alternativa que hiciera más facil para los ‘propios’ manejar la situación, y facilitara al sistema judicial el usar pinzas en este caso. Porque, debemos decirlo, el Ministerio Público y Poder Judicial no necesitaban de la CEJR para proceder – deberían haber actuado de oficio y/o al presentarse denuncias directas.

    Sin embargo, la sorpresa de un informe de la CEJR sin contemplaciones en la contundencia de su denuncia deja descolocados a varios actores:

    – Aquellos dentro del sistema de justicia que esperaban que el tema se diluyera y la CEJR relativizara las denuncias, para no importunar a aliados y poderosos, ya no pueden dejar de actuar.

    – Los líderes del SVC han perdido total legitimidad y deben esperar los procesos que surjan tanto de la justicia civil como del Vaticano

    – El cardenal Cipriani, si bien trató de distanciarse de problema y sentar una posición crítica recientemente, tendrá dificultad para negar responsabilidades desde 2011 cuando ciertas denuncias fueron presentadas al Tribunal Eclesiástico (‘moderado’ por Cipriani) y remitidas al Vaticano sin (a) contacto inmediato con la víctima; (b) denuncia a la justicia local; (c) ningún tipo de reacción durante 5 años. Como se le interprete (arrogancia, complicidad, extrema frialdad) esta actitud fue contraria al pedido expreso del anterior papa de que estas denuncias fueran transmitidas a la justicia civil. Por cierto, los rumores sobre las practicas del SVC son mucho más antiguos, y varios sectores de la jerarquía católica peruana, particularmente el Arzobispado de Lima, deberían haber intervenido.

    Por lo anterior, si esto se va a tomar en serio, el papel de Cipriani en este abuso sistemático de los derechos fundamentales de las personas debería ser investigado por la justicia peruana. Esperamos que, siguiendo el ejemplo de la CEJR, y por el bien de la igualdad ante la ley en el país, esto se haga, y se haga con seriedad.

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    • “Los líderes del SVC han perdido total legitimidad y deben esperar los procesos que surjan tanto de la justicia civil como del Vaticano”.

      Si, ahora bien, los sodálites con el poder en la mano aún no salen de su paranoia y han vuelto a contratar personas “para que investiguen”. En otras palabras : no aceptan los resultados de su propia comisión, y es que no calcularon que quien pone personas intachables a trabajar, estas nunca van a arriesgar la reputación que con duro y largo trabajo han acumulado a través de las décadas. Entonces estas tratarán de ser exactas y formularán lo que puedan probar 100 %. Y así fue.

      Qué sentido tiene aquí volver a investigar ? De qué quieren enterarse que no sepan ya ?

      Algo me dice que ellos creen que todo se trata de un ‘complot’, o algo por el estilo y esta vez los investigados vamos a ser nosotros. 😀 En una de esas la quieren ‘salvar’ con el cuento del ‘complot’. Como fuere, yo – por lo menos – no tendría el menor problema en conversar con alguno de los que han contratado ahora, con toda la sinceridad del caso. O de repente quieren profundizar en los temas Ferroggiaro, Treneman o Levaggi, y así adelantarse antes de que lo publiquen otros. Esto parece no acabar.

      Los rumores más antiguos que yo recuerdo eran “lavado cerebral”, ideología, racismo, clasismo y homosexualidad. Se escuchaba ya en los 80′ en ambientes universitarios, aparte que yo mismo fui testigo en algunos casos de los primeros 4 puntos.

      No creo que el Vaticano haga mucho desde que persisten problemas estructurales que comparten. Según la ley mucho ha prescrito, no todo. Queda el argumento del impedimento a la justicia. Pero lo que más queda son los sinceros de corazón que en ese movimiento han tenido la voz aguantada durante años, y que vendrían a ser los únicos que podrían reflotar eso. Pero parecen no estar organizados …

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  4. Este artículo como otros muchos que escribes, me parece muy tendencioso. Iré al punto:
    Las denuncias que llegaron al tribunal eclesiástico fueron de forma aisladas, con el pedido de reserva de identidad de las propias victimas y los abusos denunciados eran de hace más de 30 años en promedio.
    En este sentido el Cardenal no tenía la potestad de denunciar al ministerio público estos caso, porque era hacer públicas las identidades de las víctimas. Asimismo por la antigüedad de los hechos esos delitos civilmente habían prescrito. Por otro lado este tribunal tiene procedimientos para atender a la victimas que denuncian estos casos de abusos, que van desde asesoría legal de ser el caso hasta acogimiento pastoral. Decir que debió ser el mismo Cardenal el que debió llamar a las victimas, preguntarles si denunciaba o no ante la fiscalía es de por sí muy tendencioso.

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    • Aun cuando las víctimas hubieran pedido reserva de sus nombres —cosa que ni siquiera a ti te consta, pues he de suponer que no has tenido acceso a la documentación de las denuncias—, el responsable último del tribunal eclesiástico —que es el obispo encargado según el Código de Derecho Canónico, es decir, Cipriani— estaba en la obligación de cumplir con las leyes civiles y presentar denuncia una vez conocido el delito, salvo que las víctimas lo eximieran expresamente de esta responsabilidad, para lo cual tenían que ser consultadas, lo cual no hizo ni el vicario judicial ni Cipriani, según sé de buena fuente. En cuanto a la asesoría legal y el acogimiento pastoral, las víctimas denunciantes no vieron nada de nada, pues ni fueron asesoradas ni fueron acogidas en todos estos años. Fuera de lo estrictamente necesario para la entrega de las denuncias, nadie se comunicó con las víctimas. Y si había que hacer una acción pastoral con ellas, ¿quien era el responsable: el funcionario eclesiástico designado por Cipriani o aquel que por ser obispo está encargado del cuidado pastoral de la arquidiócesis? Lo que es tendencioso y engañoso a más no poder son las explicaciones que ha dado Cipriani, sin citar ni un solo documento eclesial que lo avale. Ante esto, no me queda duda de que debe dar un paso al lado, pues las ovejas saben que no pueden confiar en un pastor así.

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  5. Pingback: EL TRIBUNAL ECLESIÁSTICO INTERDIOCESANO DE LIMA Y EL CASO FIGARI | LAS LÍNEAS TORCIDAS

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