SEPULCROS BLANQUEADOS

cementerio

Hace unos días llegó a mis manos el libro Mitad monjes, mitad soldados de Pedro Salinas y Paola Ugaz, y el día viernes terminé de leerlo. Salvo algún que otro detalle puntual, no conocía los contenidos de los testimonios, pues durante la elaboración del libro fueron guardados en absoluta reserva. Ahora que los he leído, reconozco a uno que otro testigo tras de su seudónimo, así como varios de los nombres de aquellos sodálites que son mencionados sólo con iniciales. Pues yo formé parte de esa historia y en esos testimonios encuentro varias de las piezas faltantes del rompecabezas en que se había convertido mi experiencia en el Sodalicio de Vida Cristiana.

Ya no debería resultar un secreto para nadie que yo soy Matías. Allá en el año 2011, en los inicios de esta investigación periodística, cuando primero Rocío Figueroa y después Pedro Salinas tomaron contacto conmigo, yo ya había pasado por todo un proceso catártico de análisis personal de mi experiencia sodálite, plasmado en reflexiones personales que había puesto por escrito, y por eso mismo accedí a darles mi testimonio. En ese momento creímos conveniente utilizar un seudónimo, pues algunas personas de mi entorno familiar siguen efectiva o afectivamente vinculadas al Sodalicio, además de que entre varios amigos y conocidos de la Familia Sodálite se identificaba a Pedro como un enemigo de la Iglesia. Dentro de la lógica perversa de que quien expresa críticas debe ser considerado un atacante de dudosas intenciones, cualquier vinculación mía con Pedro Salinas podía prestarse a malinterpretaciones. Como, por ejemplo, que yo también estaría formando parte de un supuesto complot contra el Sodalicio e incluso contra la Iglesia, no obstante que siempre me he definido como católico y miembro comprometido del Pueblo de Dios y, en consonancia, he mantenido una fe viva en Dios y en el Jesús que nos transmiten los Evangelios.

Seguirían cuatro años en yo mismo iría madurando esas reflexiones críticas, abordando diversos aspectos de aquello de lo que fui testigo en el Sodalicio. Comencé a publicarlas a partir de noviembre de 2012 en este blog, lo cual me trajo como consecuencia ser objeto de suspicacias e incomprensiones en mi entorno familiar y en el círculo de amigos y conocidos que había tenido hasta ese entonces. Y no faltaron, por supuesto, los intentos de acallarme, las agresiones y los insultos disfrazados de comentario mesurado. Pero no tenía otra alternativa. Cuando hay un deber de conciencia de por medio, difícilmente se le puede relegar al desván de la memoria, “voltear la página” y seguir viviendo tranquilamente como si nada hubiera pasado, como si todo hubiera sido solamente un mal sueño, más aun cuando sabía que había víctimas cuyas vidas habían sido dañadas permanentemente por los abusos sufridos.

Después de leer el libro, veo confirmadas algunas de las intuiciones que tuve. El problema del Sodalicio no se reduce a unas cuantas “manzanas podridas” que manipularon un sistema de pensamiento y disciplina para satisfacer sus ansias desmedidas de poder y dominio, y en algunos casos llegaron a prácticas sexuales de sometimiento. Es el sistema mismo el que está viciado, pues genera personas a las que se les ha reestructurado el pensamiento y la personalidad mediante técnicas de persuasión y manipulación psicológica, las cuales a la vez repiten con otros las mismas técnicas y los mismos abusos que se cometieron con ellas. Y muchas veces sin malas intenciones, de buena voluntad, queriendo hacer el bien y, en la mayoría de los casos, sin ser conscientes del carácter dañino y perjudicial de esas prácticas. Yo mismo, cuando era sodálite, apliqué en grupos que estaban bajo mi responsabilidad algunas de estas metodologías de intrusión en las conciencias ajenas y poco respetuosas de la libertad humana. Los abusos sexuales, que parecen haber ocurrido en la institución con mucha menor frecuencia que los psicológicos, son sólo la cereza que corona la torta.

Pero el problema no se limita sólo al Sodalicio. Un sistema así sólo pudo haber funcionado en el seno de una sociedad enferma cuyos valores están trastocados. Donde las apariencias importan más que el ser, el “qué dirán” se sobrepone a la verdad, y la buena fama u honra de quienes no la merecen prima sobre los derechos de las víctimas de abusos. Se trata de una sociedad donde las víctimas son consideradas culpables a priori: quien ha sufrido un robo es culpable por no haber tomado todas las precauciones del caso; quien fue agredido físicamente es culpable por no haber previsto la situación; quien es víctima de una violación es culpable de haber seducido al victimario o de haber consentido en los preámbulos a cosas que supuestamente no debía consentir.

En el caso de los abusos sexuales, la sombra de la vergüenza se añade a la culpabilidad propia fabulada por la víctima y la encierra con su secreto inconfesable en una soledad agobiante. Y esto, en medio de una sociedad que está predispuesta a encubrir el delito y a no querer saber nada sobre abusos cometidos por personajes con buena reputación, pero que no está dispuesta a perdonar el escándalo de que los abusos salgan a la luz, mucho menos acoger y atender a las víctimas y ayudarlas a cicatrizar las profundas heridas causadas en ellos por los victimarios. No hay que destruir reputaciones —se dice—, pero sí se considera lícito olvidar que hay existencias destruidas cuyos ojos secos ya no pueden derramar más lágrimas y que llevan en su alma lesiones perdurables de difícil curación.

Se trata de una sociedad que practica la religión de los fariseos y no la de Jesús, aun cuando se proclama católica, según la siguiente cita del Evangelio de Mateo:

«¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas!, porque sois semejantes a sepulcros blanqueados, que por fuera, a la verdad, se muestran hermosos, pero por dentro están llenos de huesos de muertos y de toda inmundicia. Así también vosotros por fuera, a la verdad, os mostráis justos a los hombres, pero por dentro estáis llenos de hipocresía e iniquidad.» (Mateo 23, 27-28).

¿Cuántas veces el Sodalicio ha dado preferencia a la imagen intocable de la institución, denigrando y difamando a quienes sufrieron abusos en ella y se atrevieron a hablar y a llamar las cosas por su nombre? ¿Cuántas veces se ha traído a colación la reputación social y eclesial de personas y obras en el Sodalicio como argumento para probar que en la institución no pueden haberse dado delitos como los que se señalan en el libro de Pedro Salinas? ¿Cuántas veces han sacado a relucir su carácter de instituto católico con aprobación pontificia para esquivar las críticas legítimas que se les venían haciendo desde hace tiempo? ¿Cuántas veces personas respetables han salido al frente a defender a los sodálites frente a lo que ellas consideraban —y siguen considerando— calumnias y difamaciones? ¿Cuántas personas han cerrado los ojos y los oídos y todavía se resisten a admitir una realidad que se muestra en toda su crudeza, simplemente porque resulta inconcebible que cosas así ocurran en una institución que se ha solido identificar con la Iglesia católica, ha contribuido con cientos de vocaciones religiosas —incluyendo sacerdotes— a la vida eclesial y ostenta una fachada amable de religiosidad tradicional, santidad y buenas obras?

Sobre el papel que han jugado diversas instancias de la sociedad, son particularmente reveladoras las declaraciones del oftalmólogo arequipeño Héctor Guillén a los medios, tal como lo consigna la revista mexicana Proceso (ver http://www.proceso.com.mx/?p=420734):

«Guillén asegura que cuando comenzó a investigar al Sodalicio en el año 2000 en seguida descubrió “que Figari era un pederasta. Ya había indicios muy claros de que este señor era un pervertido y había violado a varias personas”.

“Conversé con el presidente de la asociación psiquiátrica y me mencionó que había habido estos delitos pero que nadie lo escuchaba y que todo esto se mantenía oculto en la alta sociedad de Lima. También hablé con otros psiquiatras pero no querían salir a la luz. No había denuncias. Nadie quería hablar”, abunda.

“Acudí a jueces, abogados, a psiquiatras, a sacerdotes, a organizaciones de derechos humanos y todos me decían que no se podía hacer nada. Una desidia total de parte de todos los estamentos sociales”, denuncia.»

La sociedad peruana —sobre todo a través de integrantes de los estratos más altos— ha participado en este juego de ignorancia voluntaria y encubrimiento. La Iglesia católica en el Perú también ha participado en él a través de algunos de sus representantes, ya sea mediante recomendaciones elogiosas y apoyo abierto, ya sea mediante sus silencios y omisiones. Son muy pocos los que se han atrevido a arriesgar su propio pellejo y reputación para hablar en público de aquello que algunos ya sabían con certeza y otros sospechaban desde hace tiempo. Y ni hablar de aquellos que supieron de alguna persona cercana que había sido víctima, y prefirieron callar y no hacer nada por miedo al “qué dirán”, por guardar las apariencias o por otras razones ocultas —algunas de ellas ciertamente comprensibles—, sin ninguna consideración a otras posibles víctimas que pudieran haber.

Y digo “comprensibles”, porque hay personas que se han comunicado conmigo para que elimine sus nombres de algunos comentarios dejados por usuarios en mi blog. Pues no quieren aparecer con nombre y apellido en la historia del lado oscuro del Sodalicio y poner en juego su reputación en una sociedad que condena sin preguntar, que lanza la piedra y esconde la mano, que dice defender un concepto de decencia basada en valores cristianos y luego se hace la vista gorda si los victimarios son gente decente de buena reputación, que vuelve a revictimizar a las víctimas acusándolas de mentirosas o exageradas o haciendo presión para que revelen sus nombres y se expongan a la opinión pública, mientras protege a los victimarios y a sus cómplices con el falaz argumento de que no hay pruebas —como si los numerosos testimonios que hay no tuvieran ningún valor probatorio— a fin de preservar la buena imagen de una Iglesia que tiene en el Perú al arzobispo Cipriani como uno de sus máximos representantes. A nivel mediático, por lo menos.

Como cristiano creyente, como miembro vivo de la Iglesia católica, siento vergüenza ajena cuando constato el fariseísmo que muchos han adoptado en vez de seguir tras las huellas de un Jesús que, como víctima de una de las mayores injusticias de la historia, fue condenado siendo inocente y terminó siendo objeto de abusos físicos, psicológicos —y posiblemente sexuales— de parte de los guardias que lo maltrataron con sadismo y crueldad. Pero al fin y al cabo, eso no parece interesarle a quienes sólo buscan guardar las apariencias, presentar la imagen de un Jesús adaptado a sus intereses personales y de clase, y mantener una imagen de decencia y santidad similar a la que proyectaban los fariseos en su tiempo. Y terminan siendo, al igual que ellos, buena apariencia por fuera y podredumbre por dentro. En fin, repugnantes sepulcros blanqueados.

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NOTA IMPORTANTE

Debido a los problemas que he señalado en este escrito, no considero conveniente que algunos usuarios, amparándose en un anonimato ciertamente legítimo, comiencen a revelar nombres y apellidos de terceros que han sido víctimas o que tienen entre sus parientes o conocidos a alguna víctima. No es intención de este bloguero generar problemas adicionales a quienes, por motivos que respeto, no quieren que sus nombres sean revelados. Por eso mismo, se ha implementado la moderación de comentarios, de modo que cualquier comentario requerirá ser aprobado por el autor de este blog antes de poder ser accesible al público en general.

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Por último, quiero traer a colación un texto de Antonio Ruiz Retegui —sacerdote del Opus Dei hasta su muerte en el año 2000, pero cuyas últimas obras no han sido dadas a la imprenta por la Obra debido a sus contenidos críticos— que ya he reproducido una vez en este blog en el post GERMÁN DOIG: UNA INTERPRETACIÓN, pero que nos puede servir en esta ocasión para entender por qué muchas personas aún se niegan a aceptar los abusos cometidos en el Sodalicio que han sido dados a conocer recientemente a la opinión pública:

«Efectivamente, “la condición humana no soporta demasiada realidad”, y por eso tiende a enmarcarla en una visión esquemática, ordenada y limpia, fácil de entender y de aceptar. Además, quizá esos intentos de “visiones claras” respondan al empeño por lograr una armonía en el mundo, que en realidad no existe, pero que se experimenta como necesaria para poder vivir sin demasiado compromiso y esfuerzo.

Ante la experiencia de estos contrastes entre los convencionales ortodoxos y los denunciadores díscolos y escandalizadores, se intuye que hay en verdad una tendencia a ocultar la realidad real para presentarla convenientemente maquillada y que esta tendencia nos hace muchas veces perder la realidad del mundo, e ignorar unas dimensiones dolorosas, incomprensibles, de la existencia de muchas personas, que es más amplia de lo que se piensa. Por eso parece que los denunciadores se gozan cuando la realidad presenta hechos que rompen las explicaciones convencionales, como el terremoto de Lisboa en medio del optimista siglo XVIII, que suponen un descalabro para la civilización, cuando suceden catástrofes o salen a la luz hechos mezquinos o miserias vulgares en personajes propuestos como modelos convencionales, que desmienten las explicaciones simplistas de los bienpensantes.» (Antonio Ruiz Retegui, El ser humano y su mundo)

8 pensamientos en “SEPULCROS BLANQUEADOS

  1. Martin,

    Por lo visto hemos llegado a las mismas conclusiones al completar la lectura del libro. Al remontarse a los orígenes del SVC, este permite entender, incluso a quienes no han sido parte del mismo, la lógica de esta historia. Obviamente no ocurre en el vacío – durante el último año he visto las peliculas “Obediencia Perfecta” y “El Bosque de Karadima” y el principio general es similar: por el deseo de una trascendencia elitista ofrecida seductoramente a jóvenes vulnerables, estos entran en una maquinaria que es poderosísima, porque fanatiza a sus miembros, pero mantiene cierto nivel de formas externas que permiten considerar lo extraño como ‘santo’, y utiliza el discurso divino para consolidar ese poder. Se convierte en una profecía autocumplida. El poder simbólico de la institución en el medio social (el resto de la iglesia, o la sociedad en su conjunto) tiene un correlato en el poder que se logra, mediante el control fanático, sobre mentes y cuerpos de los miembros, que hace posible todo tipo de abusos. Lo irónico es que, si bien la institución se fortalece con los ataques externos, termina debilitándose de forma irreversible cuando cada vez más miembros fanatizados logran recuperar, a partir de la resiliencia, cierta visión crítica de su situación, y reconociendo su experiencia como una de abuso. Esa revelación de la verdad interior de la institución suele expresar un contraste tan radical con su mensaje de santidad (y con su práctica rabiosamente farisea), que resulta profundamente perversa.

    A mi me llama particularmente la atención la claridad de los vínculos con organizaciones e ideologías fascistas, que terminan justificándose a partir de un terror al ‘avance de un enemigo externo’, generalmente ‘el comunismo’. Posiblemente el objetivo implícito de muchas de estas organizaciones es la preservación de valores tradicionalistas y de una Iglesia integrista pre-conciliar, y los métodos son fascistas (o, al revés, el ADN fascista se justifica implícitamente para luchar contra el comunismo en la iglesia, o con el enemigo de turno, según la prédica de ‘Mateo Diez’; aunque explícitamente se usa el discurso de una búsqueda de la santidad). En tal sentido, es imposible que el resto de la iglesia no se haya percatado de este pensamiento que, como fascista, es profundamente anti-cristiano (por mejor disfrazado que esté). Es inaceptable que la iglesia del siglo XXI siga aceptando estas posturas ultraconservadoras, pues todo lo ‘ultra’ necesita oponerse a su enemigo de turno por cualquier vía posible, sin límites. Lo ultra es siempre más cercano al mal que al bien. Esta tolerancia no solo a las fechorías de individuos, sino hacia la existencia de instituciones que terminan siendo sectarias, debería ser seriamente revisada por la iglesia (y la justicia internacional).

    Finalmente, me llama tambien la atención cómo el SVC logró arrebatar de muchas familias tradicionales y con poder económico a tantos jóvenes durante cuatro décadas, sin que esto explotase antes. Fuera del temor a la incredulidad de otros, y la conciencia del poder al que se enfrentaban, posiblemente, una vez recuperados estos ‘hijos pródigos’, jugó un papel el deseo de olvidarlo todo (por parte de las víctimas), respetado por sus familiares, aunque habría que preguntarse si en algun caso las familias prefirieron simplemente ‘evitar escándalos’. Si todo esto pudo pasar con los hijos de sectores ‘más favorecidos’ de la población peruana, habría que imaginarse qué puede pasar con aquellos que no tienen voz ni recursos (economicos, sociales, culturales) para enfrentarse a los abusos.

    En fin, seguimos en comunicación. Gracias por tu excelente trabajo.

    Carlos

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  2. @ Carlos,
    Claras palabras, estoy totalmente de acuerdo.
    Lo único : “Lo irónico es que, si bien la institución se fortalece con los ataques externos, termina debilitándose de forma irreversible cuando cada vez más miembros fanatizados logran recuperar, a partir de la resiliencia, cierta visión crítica de su situación, y reconociendo su experiencia como una de abuso.”
    ————

    – Esto se daría en función a la ‘identidad sodálite clásica’, la de hasta ahora. La que sigue creyendo que la sistematización de los abusos se puede subordinar a la meta de fortalecer a sus integrantes, sin entender lo que hizo realmente de ellos : abusadores equivocados.

    Más bien diría que a través de la visión crítica que pueden ganar con todo esto > tienen la oportunidad de volverse más fuertes en sentido real y cristiano, si es que fuesen capaces de reformular su identidad espiritual y describirse como lo que realmente son, no como lo que pretenden/creen ser (observar el fino límite territorial entre “pretender” y “creer”, el narcisimo lo explica).
    Cambiar el contexto de esa resiliencia, que si bien podría entenderse como el lograr regresar a su ‘forma original’, cuestiona exactamente eso. Cuál es el origen del sodalicio ?
    Lo vuelvo a decir : no hay nada más triste que quien se colgó durante décadas el cartón de “radical” ahora se mire los pies en busca de sus raíces. Pero sospecho que no son capaces de eso, de rebelarse y de empezar otra vez. El drama de “cómo echar raíces ?”, si no se tienen.

    Aún ahora el fanatismo parece ser más fuerte. Hay quienes dicen que no tendría sentido intentarlo y que es preferible que la historia del sodalicio termine. *** Serán capaces de admitir que son semilla y no planta ? ***

    La palabra fascismo es muy joven y va ganando contenido a través de la historia en cuanto que se desmenuzan sus orígenes y causas, y también sus consecuencias. Hoy se habla de una noción extendida de esa palabra, yo creo que estamos intentando entenderla. La simpatía con otras organizaciones fascistas se da en los orígenes del sodalicio no solamente por las compatibilidades en las formas de estructura social (compatibles, y de fácil integración) sino por los contenidos. Se da la misma dinámica de excluír e incluír (integrar, según ellos). :/
    En “Mitad monjes, mitad soldados” figari es descrito como racista, antisemita, intolerante, megalómano, grosero, cruel, admirador de Hitler, Mussolini y de José Antonio Primo de Rivera (quien fundase la Falange Española). Cabe más fascismo en los orígenes del sodalicio ?

    No sabría decir si el rol de la justicia y/o de la Iglesia son suficientes para cuestionar la existencia de grupos sectarios en la Iglesia, creo que este rol le pertenece a la sociedad a través de una institución neutral y que todavía no existe.

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  3. Estimado Sr. Martin: Mi perspectiva de la Orden es muy diferente de la que Ud. tiene. Muy por el contrario, lo que observé ahí fue un lugar donde las personas se esforzaban al máximo por vivir la Santidad, la comunidad y el ejercicio de la caridad sirviendo a los más necesitados. Para nada observé ese control mental o manipulación que usted habla. Finalmente, el mundo está lleno de estímulos positivos o negativos, de buenas y malas personas, dentro y fuera de los grupos religiosos, pero es uno quien decide y toma decisiones y escoge dónde quiere permanecer y cuánto tiempo de su vida le va a dedicar. En el caso de la vocación, uno se la entrega a Dios no a los humanos, jamás se debe renegar de ella o abandonarla frente a las dificultades o decepciones de la vida. Le comparto que me encantaría leer un blog mucho más positivo y constructivo, considero que tiene el talento para proponer algo a la gran familia de la Iglesia. Le reitero que sólo construyendo se sanan las heridas y se re-escribe la historia personal. Cuándo emprenderá ese camino? ya es tiempo…

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    • Hannah Arendt le denominó “la banalidad del mal”. Un fenómeno humano que describe, cómo es que personas comunes que en lo cotidiano pueden ser sensibles incluso al sufrimiento de un animalito, pueden mostrar una falta absoluta de empatía ante el sufrimiento de seres humanos, incluso cercanos.
      Arendt decía que lo que fallaba en estas personas era la capacidad de reflexión, esto es, una especie de renuncia de la persona a la facultad humana de juzgar moralmente un acto u hecho vivido o cercano. Para que algo así pudiera suceder tenía que darse un contexto en el que la legalidad recubriera todos esos actos, no sólo de un discurso ideológico (en el caso de SCV religioso), sino que sus integrantes estén sometidos a situaciones de terror.
      En términos de sociedad esto sucedió con el pueblo alemán con Hitler y el ruso con Stalin. A nivel institucional el mecanismo requiere de aislamiento, esto es, ubicar a la institución como en una especie de virtuoso castillo sitiado por los agentes del mal. Algo como, “Nosotros los SCV representamos el bien, los que nos miran desde afuera el mal, a quienes hay que salvar del demonio que constantemente nos acosa”. Para los nazis el mal estaba representado por los judíos a quienes era necesario exterminar, quien no actuara en esa línea era traidor al Fúhrer. Por supuesto que ello no era evidente ante los ojos del mundo, la propaganda nazi se encargó de ocultarlo hacía afuera, mientras que hacía adentro lo que reinaba era el terror para quienes reflexionaban y el completo alineamiento a la ideología nazi para quienes renunciaron a juzgar moralmente.

      En los tres años que vengo siguiendo las discusiones de este blog he observado este comportamiento ante las denuncias y los argumentos de Martín y otras personas. En este último mes, el efecto del libro de Pedro Salinas ha sido de horror para nuestras conciencias morales. ¿Qué hace que ese horror no opere en la conciencia de personas que aún defienden la indefendible posición de Figari y el SCV?. ¿A esto se refería Mateo con lo de “sepulcro blanqueado”?

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      • Creo que en parte tiene que ver con lo que se distingue en el experimento de Stanley Milgram, en la inercia de la verticalidad autoritarista y en la obnubilación de la conciencia. En el mal hábito de no desarrollarla y de no dejarse construír por sí mismo a través de una reflexión. En toda institución fascista hay despersonalización. Más aún, tomando en cuenta la construcción de la cúpula a través de las patologías complementarias se entiende que hay una disposición para crear una atmósfera poco empática. Personas que están acostumbradas al ostracismo y cuya vida social se reduce a lograr metas a través de otros – como prioridad -, pero no a compartir sin exclusiones.
        Algo de lo que adolescen la gran mayoría de las instituciones políticas.
        Hay gente enferma que nunca tuvo una preocupación real y personal por otros. Esta estrategia semivoluntaria de despersonalización es un reflejo de la psyche de los miembros de la cúpula. Sigo creyendo que entre líder enfermo e institución hay un vínculo gramaticalmente psicográmico, que se puede “leer” desde las proyecciones del ‘líder’ a través de la “huella” que deja en las estructuras sociales de su grupo. No es un grupo libre que puede hacerle caso, es uno que “tiene” que hacerle caso, a pesar de que no es así.

        Estaría diferenciando entre el fascismo institucional, el de su punta autoritaria y el de la sociedad. Serían 3 cosas por diferenciar, para entender mejor las interacciones entre ellas.

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    • ” (…)…lo que observé ahí fue un lugar donde las personas se esforzaban al máximo por vivir la Santidad, la comunidad y el ejercicio de la cridad … (…)”
      —————-

      Si lees el libro de salinas y cientos de comentarios de este blog, no crees entonces que hay un sinfín de cosas que no viste ? Porqué intentas relativizar lo que ignoras, si es que lo ignoras ? Eso no tiene el menor sentido.

      Acaso no intentaban uds. seguir al “estilo sodálite” hace un par de meses ? Y ACASO LAS CARACTERÍSTICAS DE ESE “ESTILO” NO GUARDAN RELACIÓN CON LOS IDEALISMOS FACHOS DE FIGARI ? Y si el “estilo sodálite” es una farsa, entonces qué es lo que ha cambiado allí en estos dos últimos meses ? Esta es una pregunta importante.

      El sodalicio es un movimiento de inspiración fascista – es un facto -, tierra infértil para las semillas que fueron llegando, semillas que sufren de una crisis de identidad y se juran ser plantas, y que hasta hace poco repetían toda la parafernalia ideológica sodálite. La mayoría aún lo hace por más que hayan bajado el volumen, ahora la susurran entre cómplices. Ni siquiera aceptan los cimientos fachos sobre los que descansan, tenemos que describírselos nosotros. No están a la altura de realizar una autocrítica fundamental. La alternativa es que se reconozcan como hierba mala, y si son más inteligentes : como semillas en busca de tierra fértil.

      El carácter de todo fascismo es sistémico, y la más usual de sus características es que sus miembros creen que no lo son, porque no gozan de la perspectiva de mirar ese sistema desde afuera. Se encuentran en otro estado de conciencia y no han podido entender ni sus propias libertades ni sus conciencias reflexivas con la pasión que corresponde.
      En toda institución fascista a lo largo de la historia sus miembros se consideran inocentes, creen que sus ideales son válidos, los errores y crímenes son aislados y la culpa la tiene la cúpula. El color con el que tiñe el fascismo es invisible para el que está adentro.
      Sieeeempreee iguaaaal.

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  4. En el siglo XXI, un llamado a la fe no puede exigir la supresión de la capacidad crítica de las personas – por el contrario, la diversidad interna de la iglesia refleja que es una institución de seres humanos que buscan algo en conjunto, algunos más sincera y comprometidamente que otros, aunque piensan de maneras muy disímiles, y todos clamando de alguna manera estar buscando (o, algunos, representar) la verdad. Frente a esa diversidad es fundamental que las personas preserven su libertad. Creo, ademas, que una fe confirmada constantemente en plena libertad es más verdadera que una fé que se ‘elige’ en el aislamiento, el dogma y el temor.

    La mayor parte de movimientos fanáticos funcionan así, con una policía del pensamiento de la que todos se hacen parte, y que termina por ser capaz de cualquier cosa. Esto se ha visto en lo que se llaman sectas católicas y en muchos credos evangélicos. Solo hay en ellos diferencia de matices, discurso, contexto y actores con fenómenos islámicos que produjeron y producen mucha destrucción, como Al Kaeda e ISIS, y, sin ir tan lejos, en el maoísmo de Sendero Luminoso.

    No conozco el SVC por dentro, pero no dudo que dentro de él haya personas de bien, así como personas que, sin ser parte de la organización, tuvieron siempre una buena experiencia con sus miembros. No puedo creer, sin embargo, que adultos que se quedaron en el centro del SVC y fueron adquiriendo posiciones de mayor jerarquía, lo hayan seguido viendo como modelo de santidad – habría que disociar demasiado. Más bien lo que ocurre es que se cae en el cinismo total, uno se corrompe.

    Entiendo que muchachos jóvenes que se formaron en el SVC hayan creído en un inicio que el modelo de formación tenía sentido, e imagino que, en el aislamiento que el modelo les imponía, fue muy difícil, en quienes ‘se despertaron’, ver su experiencia de una forma distinta. Y lo fue porque implicaba reconocer muchas cosas: no solo sentirse engañados y maltratados, sino tambien sentirse cómplices, darse cuenta de lo que perdieron, y todo lo demás.

    Uno de los aspectos más sórdidos de la historia recientemente revelada es, sin duda, el contraste entre la realidad interna, de un lado, y el fariseísmo del activo discurso político – particularmente en lo que refleja el portal web oficiosamente vinculado al SVC. Para cualquiera que mantenga cierta conciencia crítica dentro de la iglesia debe ser una tortura leer un portal como ese (y otros, de línea similar) que emplean el maniqueismo sin ningun miramiento, y que se dedican a posicionarse a favor (ciegamente a favor) o en contra (ferozmente en contra) de todo lo que incluyen en sus contenidos (no digo ‘informan’ porque es lo que menos hacen). A fin de cuentas ese tipo de prensa funciona solo para los propios, pues es difícil que no genere urticaria – no digo en personas ajenas a la iglesia católica, sino incluso en católicos con los pies en la tierra, que entienden que el mundo no se clasifica en personas (o acciones) ‘buenas’ y ‘malas’, sino que tiene una configuración mucho más compleja y sutil, en cuyo análisis respetuoso y dialogante probablemente descansa una parte fundamental de lo que ahora llamaríamos ‘verdad’.

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    • La pág. web del sodalicio ha sido siempre, hasta ahora, un portal de propaganda donde quedan subrayados los ideales de los sodálites. Ideales contrapuestos a su realidad pecadora y a su forma ciegamente angosta y débil de entender e interpretar su propia espiritualidad.

      El tipo de ideales que reemplazan a la realidad, por lo tanto idealismo.

      Es el típico malentendido de quien no está a la altura de diferenciar lo que se es, que no es sino lo que uno quisiera ser y no se es. Pero parece que sigue siendo pedirle peras al olmo. Idéntica a casi (ACI) prensa.
      Cómo pedirle visión a quien se le ha inculcado la ceguera en una escuela de ciegos y que obliga verticalmente a la mudez y se ha acostumbrado a la soberbia de la sordera ?

      Si bien el sodalicio a fin de cuentas no tiene un rostro, pretende reflejarlo en esa presencia web, similar a cuando un niño se disfraza o las niñitas juegan a la ‘cocinita’.

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