EL MOVIMIENTO

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Resumo con mis propias palabras el testimonio de un ex miembro de un movimiento de inspiración cristiana.

«Recuerdo con gusto los congresos que se realizaban periódicamente, pues representaban un cambio respecto a la rutina diaria de una vida supuestamente basada en la Biblia. Durante tres días cientos de personas correctamente vestidas, acicaladas y limpias se sentaban en filas y escuchaban absortos charlas, conferencias y ponencias. Los temas siempre eran los mismos: el Señor, nuestra fidelidad al Señor, el apostolado, cómo el apostolado demuestra nuestra fidelidad al Señor, por qué el apostolado es tan urgente, las señales del fin de los tiempos, el consejo directivo, nuestra lealtad hacia el consejo directivo, por qué debemos estar atentos a lo que dispone el consejo directivo.

»Consignas de aliento, lemas repetidos, normas de conducta, reglas de apostolado para los soldados de Cristo y la exégesis bíblica se engranaban unos con otros a lo largo de las actividades del programa. Nos comprometíamos a luchar contra el demonio, éramos animados a tener más celo y devoción, se nos fomentaba y exigía sentido de comunidad: nosotros contra los demás, contra el resto del mundo. Ésa era la conclusión que nos mantenía unidos. Por supuesto, no había conferencia que no nos emocionara y que no aplaudiéramos a rabiar.

»No importaba cuántas dudas se tuviera en la vida cotidiana. Después de eso tres días parecían cuestiones secundarias a no tener en cuenta. Este sentimiento de formar un nosotros colectivo era alimentado por los cantos de la asamblea, al inicio de las actividades, durante éstas y al final. Y cuando después de tres días entonábamos el canto final con voz más fuerte que de costumbre, se me ponía la piel de gallina. Nosotros contra el resto del mundo. No eran solamente palabras, era nuestro sentimiento vital.

»Asimismo, teníamos nuestra publicación mensual, con textos redactados por líderes del movimiento, donde se nos ofrecía el “alimento espiritual”, es decir, los temas sobre los cuales debíamos reflexionar, aderezados con citas bíblicas e indicaciones de cómo debíamos entender esos pasajes de la Biblia. Por supuesto, no estaba permitido criticar esos textos, y quien lo hiciera era mal visto, si es que no arriesgaba una amonestación.

»Pero todo esto no se podía comparar con la publicación de un nuevo libro escrito por alguien destacado del movimiento. Se trataba de un acontecimiento especial, donde en la presentación oficial del libro se animaba a los participantes a comprarlo como si se tratara de la revelación de un pensamiento infalible que debía ser tenido en cuenta casi como si de la Biblia se tratara.

»Por supuesto, el movimiento resaltaba la importancia de la familia y la vida, consideraba la homosexualidad como una perversión y condenaba todo tipo de actividad sexual fuera del matrimonio. Si bien la sexualidad era considerada como un don natural de Dios, que no debía ser sobrevalorado, al acentuar continuamente este aspecto para condenar sus desviaciones, terminaba haciéndose una sobrevaloración poco natural y distorsionada del tema. Casi se podía tener la impresión de que el sexo en todas sus variantes y conceptualizaciones teóricas era el tema principal del movimiento. En toda charla y ponencia se resaltaba la inmoralidad del mundo con sus pérfidas tentaciones; en cada segunda ponencia se hablaba de las ventajas de la castidad y el celibato; en cada tercera, se ponía ejemplos de la decadencia masiva de las costumbres en la industria del entretenimiento (el cine y la televisión, por ejemplo).

»Y, por supuesto, se decía que la gente joven que iniciaba relaciones amorosas a gusto y placer y luego las terminaba estaba practicando para su futuro divorcio. Y los divorciados, ciertamente, eran mal vistos —sobre todo si se habían vuelto a casar— y considerados indignos de pertenecer al movimiento».

Aunque así lo parezca, no estoy hablando del Movimiento de Vida Cristiana, cuyo Coordinador General es nombrado por el Superior General del Sodalicio y que sigue a pie juntillas la espiritualidad sodálite. O mejor dicho, la ideología sodálite. La información la he tomado y adaptado del libro Goodbye, Jehova! (2014), publicado en alemán, donde Mischa Anouk relata cómo dejó la secta de los Testigos de Jehová. He puesto “el Señor” donde dice “Jehová” y “apostolado” donde dice “servicio de predicación”, pues mal que bien son términos equivalentes.

Las semejanzas no son pura coincidencia, sino inevitables.

(Columna publicada en Altavoz el 17 de diciembre de 2018)

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ABUSO SEXUAL EN LA IGLESIA: LOS HOMOSEXUALES COMO CHIVO EXPIATORIO

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El cardenal Gerhard Ludwig Müller es considerado un teólogo de doctrina firme. Entre sus aspectos positivos está el haber reconocido la conformidad de la teología de la liberación del P. Gustavo Gutiérrez con la fe de la Iglesia. Considerado uno de los pilares del pontificado de Benedicto XVI, quien lo nombró en el año 2012 prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe —dicasterio que se encarga de la supervisión de la recta doctrina católica y, entre otras cosas, de los abusos sexuales cometidos por clérigos—, el año pasado cesó en el cargo tras haberse cumplido el período de cinco años para el que fue elegido.

Muchos saludan que Müller ya no esté a cargo de ese dicasterio, considerando que en 2010 afirmó que detrás de los informes mediáticos de abusos en instituciones católicas existe una campaña de desprestigio de la Iglesia. Asimismo, se le acusa de haber obstaculizado durante cinco años la aclaración de los abusos cometidos en el coro infantil y juvenil de los Gorriones de la Catedral de Rastisbona, diócesis de la cual fue obispo. Se sabe además que a un cura condenado en 1999 por abuso sexual lo volvió a colocar como administrador parroquial, recayendo éste en el delito. En su defensa, Müller adujo que contaba con un dictamen psiquiátrico que aseguraba que no se habían encontrado tendencias pedófilas en el susodicho.

Recientemente ha concedido una entrevista —publicada el 21 de noviembre— a LifeSite (un sitio web católico conservador), donde atribuye los abusos cometidos en la Iglesia a la homosexualidad de muchos clérigos. Partiendo del hecho de que el 80% de los menores víctimas de abusos eran varones, concluye que la mayoría de los abusadores han buscado víctimas masculinas siguiendo el desorden profundo de sus pasiones. Más aún, en su opinión no existen hombres o incluso sacerdotes homosexuales, porque Dios sólo ha creado hombre y mujer para que tengan una comunión sexual exclusivamente en el matrimonio. Lo que se sale de eso es fornicación y abuso de la sexualidad. Con lo cual recae en la opinión, no sustentada por ninguna disciplina científica, de que la homosexualidad es una perversión y de que allí estaría la causa de los abusos. Cuando afirma que sólo un hombre que ha aprendido a controlarse a sí mismo cumple con las condiciones morales para ser ordenado sacerdote, obvia que eso es aplicable a cualquiera, heterosexual u homosexual.

Ni siquiera el Papa Francisco se libra de compartir esta visión homofóbica. En el reciente libro La fuerza de la vocación, una extensa entrevista con el claretiano Fernando Prado, dice lo siguiente:

«En la vida consagrada y en la vida sacerdotal, ese tipo de afectos [la orientación homosexual] no tienen cabida. Por eso, la Iglesia recomienda que las personas con esa tendencia arraigada no sean aceptadas al ministerio ni a la vida consagrada. El ministerio o la vida consagrada no es su lugar. A los curas, religiosos y religiosas homosexuales, hay que urgirles a vivir íntegramente el celibato y, sobre todo, que sean exquisitamente responsables, procurando no escandalizar nunca ni a sus comunidades ni al santo pueblo fiel de Dios viviendo una doble vida. Es mejor que dejen el ministerio o su vida consagrada antes que vivir una doble vida».

Fuera de que el tema del celibato obligatorio para clérigos es un asunto que pide ser discutido por varios episcopados a nivel mundial —incluyendo las conferencias episcopales australiana y alemana—, las palabras del Papa podrían aplicarse igualmente a personas heterosexuales.

El P. Klaus Mertes S.J., quien develara los primeros casos de abusos sexuales en una institución católica en Alemania en el año 2010, criticó agriamente las palabras de Müller como «arrogancia clerical cuajada en dogma». Según él, el problema radica en una moral sexual católica caduca —que debe ser replanteada con urgencia— y en la discriminación de las personas homosexuales, negándoles además la posibilidad de seguir una vocación religiosa o clerical aceptando su condición personal.

Si se aplicara lo que dicen el cardenal Müller y el Papa, podríamos estar ad portas de una purga entre el clero católico, que afectaría a cualquiera que sea homosexual. No sólo se perjudicaría a muchos clérigos y religiosos homosexuales inocentes, sino que el sistema clerical autoritario que favorece el abuso y su encubrimiento quedaría incólume.

(Columna publicada en Altavoz el 3 de diciembre de 2018)

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FUENTES

LifeSite
INTERVIEW: Cdl. Müller on abuse crisis and its link to homosexuality in priesthood (November 21, 2018)
https://www.lifesitenews.com/blogs/interview-cdl.-mueller-on-abuse-crisis-and-its-link-to-homosexuality-in-pri

katholisch.de
Mertes: Kardinal Müller hat überhaupt nichts verstanden (23.11.2018)
https://www.katholisch.de/aktuelles/aktuelle-artikel/mertes-kardinal-muller-hat-uberhaupt-nichts-verstanden

Religión Digital
Papa: “El ministerio o la vida consagrada no es el lugar (de los homosexuales)” (30 de noviembre de 2018)
https://www.periodistadigital.com/religion/libros/2018/11/30/papa-iglesia-religion-dios-jesus-libro-lgtb-gays-homosexuales-religiosos.shtml

EL JESUITA SANCIONADO POR NO SER HOMÓFOBO

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P. Ansgar Wucherpfennig S.J.

«No podemos hacernos responsables de excluir de la Iglesia a seres humanos, para las cuales la homosexualidad forma parte de su identidad. No somos un establecimiento disciplinario».

Así se se expresaba en 2017 el jesuita Ansgar Wucherpfennig (1965- ), rector de la Escuela Superior Filosófica-Teológica Sankt Georgen (Frankfurt) y persona de contacto de la Iglesia católica —junto con la agente pastoral Helga Weidemann— para gays y lesbianas en la región.

Como ejemplo de la buena labor realizada se puede mencionar el caso de Thomas Michael (nombre ficticio), homosexual católico creyente, quien en el año 2008 había decidido oficialmente separarse de la Iglesia. Le molestaba la posición oficial de ésta en el trato con los homosexuales. La gota que colmó el vaso fue la separación de su cargo del párroco de Wetzlar, Peter Kollas, por parte del ultraconservador obispo Franz-Peter Tebartz-van Elst —actualmente separado de su cargo por escandalos financieros en su diócesis—, debido a que junto con un párroco luterano había concedido la bendición eclesiástica a una pareja homosexual tras su unión civil.

En el año 2015, tras mantener conversaciones con Wucherpfennig, Thomas Michael —actualmente un sexagenario— decidió regresar a la Iglesia católica, pues vio que la actitud de parte de representantes de la Iglesia era otra, más abierta y atenta a las personas individuales. Y todo gracias a que la Iglesia local en Frankfurt ofrecía consejería para homosexuales —de la cual participaba el jesuita Wucherpfennig— con el lema: «Ver al ser humano. Atención pastoral para hombres y mujeres homosexuales».

«Nunca he tenido la sensación de que haga algo injusto con mi homosexualidad. Dios me ha creado con este deseo. ¿Por qué debería él rechazarme a causa de este motivo?», declaró el gay católico.

¿Por qué seres humanos como Thomas Michael deberían cambiar, y no la Iglesia? A estas reflexiones llegaba Wucherpfennig. «La Iglesia, con este servicio de atención pastoral, ha puesto en claro —para muchos demasiado tarde— que en la Iglesia hay homosexualidad… Y que está permitido que haya…»

Recientemente esta posición humanista de acogida a la diferencia sexual ha tenido consecuencias para el P. Wucherpfennig. En febrero de 2018 fue nuevamente elegido —por tercera vez consecutiva— para ejercer el rectorado de Sankt Georgen por un período adicional de dos años, a iniciarse el 1° de octubre. Sin embargo, el 7 de octubre se hizo público que la Congregación para la Educación Católica, uno de los dicasterios de la Curia romana, se había negado a concederle el “nihil obstat” —“nada obsta”, permiso para poder ejercer un cargo docente en una institución educativa católica—, alegando unas declaraciones que el jesuita había hecho a la Neue Frankfurter Presse en octubre de 2016.

A la pregunta:

«He leído que usted ha bendecido parejas homosexuales. ¿Por qué la Iglesia católica tiene una postura tan negativa hacia los homosexuales?»

había respondido lo siguiente:

«Mi impresión es que se trata de pasajes bíblicos arraigados y en parte formulados ambiguamente. Por ejemplo, por San Pablo en la Carta a los Romanos. Las relaciones homosexuales en la Antigüedad eran situaciones de fuerte dependencia y sumisión. El amor debería ser una relación libre e igualitaria, de ninguna manera con desnivel. Eso es lo que propiamente quería decir San Pablo, según mi hipótesis».

Mientras que la decisión ha generado controversia, el jesuita no tiene pensado retractarse por una cuestión de conciencia. A favor de él y en contra de la decisión de Roma se han declarado el actual obispo de Limburgo Georg Bätzing, el provincial de los jesuitas Johannes Siebner, el decano de la ciudad de Frankfurt Johannes zu Eltz y el canonista Thomas Schüller, así como el Consejo de Facultades Teológicas Católicas, los Colectivos de Teología Católica, la sección alemana de la Sociedad Europea de Teología Católica y el Fórum de Teólogas Católicas en una declaración conjunta.

Ante esto —y a fin de evitar mayores conflictos— Roma ha dado su brazo a torcer, ofreciendo una posible solución: que sea el P. Arturo Sosa, superior general de los jesuitas, quien garantice la “recta doctrina” del P. Wucherpfennig. Con lo cual, en la práctica, Roma declina su responsabilidad y Wucherpfennig podría asumir el rectorado de Sankt Georgen si así lo decide el P. Sosa.

Es una señal de que las cosas están cambiando y de que la cúpula de la Iglesia católica no podrá seguir tomando autoritariamente decisiones arbitrarias sin encontrar resistencia de parte del catolicismo reflexivo y pensante.

(Columna publicada en Altavoz el 5 de noviembre de 2018)

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FUENTES

Frankfurter Rundschau
Sankt Georgen Zu liberal für den Vatikan (07.10.2018)
http://www.fr.de/frankfurt/sankt-georgen-zu-liberal-fuer-den-vatikan-a-1597049,0#artpager-1597049-1

ZEIT ONLINE
Hochschule Sankt Georgen: Vatikan verweigert Berufung von Rektor Ansgar Wucherpfennig (8. Oktober 2018)
https://www.zeit.de/gesellschaft/zeitgeschehen/2018-10/hochschule-sankt-georgen-ansgar-wucherpfennig-vatikan-homosexualitaet-jesuiten

Neue Frankfurter Presse
Im Interview: Rektor der katholischen Hochschule St. Georgen — Prof. Wucherpfennig, was macht einen guten Jesuiten aus? (14.10.2016)
http://www.fnp.de/lokales/frankfurt/Prof-Wucherpfennig-was-macht-einen-guten-Jesuiten-aus;art675,2265963

Frankfurter Allgemeine
Seelsorgeangebot in Frankfurt: Homosexuell, katholisch, willkommen (04.05.2017)
http://www.faz.net/aktuell/rhein-main/homosexuell-katholisch-willkommen-seelsorgeangebot-in-frankfurt-14999359.html

Herder Korrespondenz
Streit ums Nihil obstat : Vatikan setzt im Fall Wucherpfennig auf Deeskalation (24.10.2018)
https://www.herder-korrespondenz.de/kirche/papst-und-vatikan/vatikan-setzt-im-fall-wucherpfennig-auf-deeskalation

ABUSO SEXUAL CLERICAL: SIETE MEDIDAS QUE AYUDARÍAN

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El 25 de septiembre de este año los obispos alemanes reunidos en Fulda dieron a conocer los resultados del proyecto de investigación “Abuso sexual contra menores de edad de parte de sacerdotes, diáconos y religiosos católicos dentro del ámbito de la Conferencia Episcopal Alemana”, elaborado por un equipo de expertos contratados por la misma conferencia episcopal. Dos días días más tarde, el 27 de septiembre, se anunciaron las medidas que se iban a tomar para combatir el flagelo del abuso sexual, de dimensiones alarmantes según el estudio.

Este estudio, aun cuando contiene cifras impresionantes, presenta serias deficiencias y no estaría reflejando las verdaderas dimensiones del problema, como ya lo he señalado en un post anterior (ver INFORME SOBRE ABUSO SEXUAL ECLESIÁSTICO EN ALEMANIA: UN SALUDO A LA BANDERA).

Las medidas acordadas por los obispos fueron las siguientes:

Punto 1: Involucración de las víctimas y de expertos externos

Punto 2: Estandarización en la gestión de las actas de personal

Punto 3: Centros de atención independientes, adicionales a los diocesanos

Punto 4: Monitoreo vinculante en lo referente a intervención y prevención

Punto 5: Revisión de las prestaciones de reconocimiento a las víctimas

Punto 6: Esclarecimiento de la responsabilidad institucional

Punto 7: Discusión sobre celibato y moral sexual

Matthias Katsch, vocero de la asociación de víctimas “Eckiger Tisch” (“Mesa Angular”), ha señalado que “estos anuncios insuficientes nos dejan estupefactos”. Pues, ciertamente, poco concreto hay en ellas, comenzando porque no se delimitan las responsabilidades personales de los numerosos abusos cometidos ni tampoco se indica claramente cómo se va a reparar el daño producido a las víctimas, mucho menos se propone un plan de indemnizaciones justas y satisfactorias. Además, todo queda bajo responsabilidad y tutela de los mismos eclesiásticos que forman parte del sistema que ha hecho posible los abusos a gran escala y que ha protegido a los abusadores y dejado desamparadas a las víctimas

El día 27 de septiembre apareció en el prestigioso semanario “Die Zeit” un interesante artículo, proponiendo siete medidas alternativas a las de los obispos. Dado que estas medidas trascienden el ámbito regional y, en cierta medida, atañen a toda la Iglesia universal, he creído conveniente hacer una traducción al español para contribuir a la difusión de estas medidas. Aunque dudo, por lo que sabemos del aparato eclesiástico actual, que se vayan a poner en práctica, por más necesarias y urgentes que sean.

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Abuso sexual: ¡No hablar, sino actuar!

Siete medidas contra el abuso clerical que realmente ayudarían

por Hannes Leitlein y Merle Schmalenbach

Tomado de ZEIT Nr. 40/2018

1. Indemnizad a las víctimas

Hasta 5,000 euros de indemnización por persona: ésta es el monto que ha ofrecido la Iglesia en el año 2011 a las víctimas de abusos. En ese entonces, las asociaciones de víctimas lo consideraron “mezquino”. Ciertamente el sufrimiento de las víctimas no se puede expresar en cifras. Pero eso no es motivo para dejarlo sólo en sumas simbólicas y palabras calurosas. «Las disculpas evacuadas de manera rutinaria no nos aportan nada a las víctimas», indica Heiko Schnitzler de la asociación “Eckiger Tisch Bonn” [“Mesa Angular de Bonn”]. «Cuando se trata de reparación, las disculpas y oraciones no constituyen la moneda de cambio en esta sociedad, sino el dinero». A algunas víctimas el abuso las ha sacado de los rieles de tal manera, que han interrumpido la escuela o posteriormente su formación. Luchan durante una vida entera con la debacle económica. Aquí la Iglesia debe intervenir. Esto también es válido para los costos de terapias, que no son cubiertos por las cajas o seguros de salud.

«La mejor solución sería un fondo nacional bajo el manto de la Conferencia Episcopal Alemana», señala el canonista Thomas Schüller de la Universidad de Münster. En este escenario las diócesis ricas contribuirían voluntariamente con un mayor monto que las pobres, en interés propio: al fin al cabo la opinión pública no distingue entre cada una de las diócesis. Si una diócesis tiene mala fama, eso afecta a la Iglesia entera. Sobre la adjudicación del dinero a las víctimas según este modelo las decisiones serían tomadas por una comisión independiente, conformada por laicos. Que se cumpla esto es ciertamente improbable. «La Iglesia en Alemania practica aun hoy en día una política de pequeños estados como en el siglo XVIII y con seguridad no va a lograr ponerse de acuerdo sobre un programa tan fundamental».

2. Posibilitad una investigación independiente

El presente estudio sobre abusos no satisface los requerimientos de lo que puede ser llamado “esclarecimiento sin lagunas”. En el año 2010 las 27 diócesis, por presión de la opinión pública, encargaron un estudio independiente. La cooperación con el Instituto de Investigación Criminológica de Baja Sajonia se interrumpió. Su entonces director, Christian Pfeiffer, explicó en aquella ocasión que el estudio habría fracasado «ante el deseo de censura y control por parte de la Iglesia». Él se había opuesto a que la Iglesia quisiera cambiar el contrato vigente a posteriori con el fin de controlar los textos de investigación y poder incluso prohibir su publicación.

La Conferencia Episcopal, por el contrario, puso fin a la cooperación oficialmente debido a «diferencias irreconciliables». Un acuerdo sobre protección de datos y derechos personales habría lamentablemente naufragado, y según la Conferencia Episcopal, Pfeiffer habría evidenciado «diletantismo y falta de seriedad». La Conferencia Episcopal encargó otro nuevo estudio, que fue presentado el pasado martes [25 de septiembre] en Fulda, después de que ZEIT hubiera publicado hace dos semanas los primeros resultados. En este estudio los investigadores no tuvieron acceso completo a las actas, sino que personal eclesiástico y abogados de las diócesis entregaron las actas requeridas sólo a petición. La institución que debía ser investigada controló la investigación. Si la Iglesia católica quiere recuperar su credibilidad, debe ahora abrir todas las actas, en el Vaticano, en las conferencias episcopales y en las diócesis. Y debe dejar que expertos independientes investiguen a gran escala.

3. Intervenid con mayor dureza

La Iglesia no está inactiva, pero no procede con suficiente determinación contra los abusadores: en el año 2001 el Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, el posterior Papa Benedicto XVI, preparó un escrito sobre delitos graves (“De delictis gravioribus”). Recomendaba al clero denunciar los casos de abusos a la justicia penal de cada país. En en el año 2010 la Congregación para la Doctrina de la Fe modificó este texto y elevó el plazo de prescripción del abuso a 20 años.

En el mismo año los obispos alemanes endurecieron sus “Líneas directrices para el manejo del abuso sexual”. La aplicación de estas líneas directrices, sin embargo, se controla insuficientemente. Además, todavía hay escollos eclesiásticos que dificultan un esclarecimiento: entre éstos se halla el canon 490 § 3 del Código de Derecho Canónico referente al archivo secreto episcopal, que establece que ningún acta del archivo podrá ser entregada a terceros [«No deben sacarse documentos del archivo o armario secreto»]. “Sin embargo, allí están depositadas todas las actas de investigación y algunas veces las actas de un proceso penal sobre delitos sexuales, lo que dificulta el esclarecimiento de casos de abuso”, dice Thomas Schüller.

Altamente problemático es en este sentido también el canon 489 § 2 del Código de Derecho Canónico: estipula que las actas deben ser destruidas diez años después de una sentencia condenatoria o de la muerte del clérigo inculpado [«Todos los años deben destruirse los documentos de aquellas causas criminales en materia de costumbres cuyos reos hayan fallecido ya, o que han sido resueltas con sentencia condenatoria diez años antes, debiendo conservarse un breve resumen del hecho junto con el texto de la sentencia definitiva»]. Por otra parte, las víctimas requieren frecuentemente de décadas para poder confrontarse con el abuso sufrido. Por eso mismo, la Royal Commission en Australia está exigiendo una obligación de custodia de las actas de por lo menos 45 años.

4. Profesionalizad vuestras estructuras

Es la falta de transparencia, arrogancia y espíritu de cuerpo de párrocos, obispos y cardenales lo que recién ha hecho posible el abuso a tan grande escala y el encubrimiento, según muestra el estudio. La Iglesia católica debe superar estas estructuras de poder. Si bien ya ahora se contrata a personal cualificado no consagrado para tareas centrales, el poder de decisión ultimo sigue residiendo ahora como antes en el grupo cada vez más reducido de los eclesiásticos.

Un medio que ya desde hace tiempo es común y corriente en las organizaciones modernas podría ayudar: la auditoría, es decir, una instancia independiente de control para cada nivel de la Iglesia, que revise si, por ejemplo, se aplican las “Líneas directrices para el manejo del abuso sexual” de la Conferencia Episcopal Alemana.

Una Iglesia que le otorgara más influencia a los laicos y les diera también competencia de decisión frente a los eclesiásticos estaría protegida contra la formación de grupúsculos elitistas entre los clérigos y con eso también contra las tendencias de encubrimiento. Podría comenzarse con un auditor al lado del obispo de Tréveris Stephan Ackermann, el encargado de abusos de la Conferencia Episcopal.

5. No hagáis responsables a los homosexuales

La homosexualidad, ahora como antes, es satanizada en la Iglesia católica. La búsqueda de un chivo expiatorio en 2018, en consecuencia, también concluyó rápidamente: ¡fue el lobby homosexual! Pero este antiguo prejuicio homófobo no nos lleva a los perpetradores, más bien estigmatiza a inocentes. Hombres heterosexuales y no pedófilos también abusan de muchachos menores de edad. Eso lo confirman también los investigadores: una causa del abuso no sería la orientación sexual.

En el abuso no se trata de sexo, sino de violencia sexualizada. Las estructuras de poder que posibilitan este tipo de agresiones las hay de manera extendida entre sacerdotes, dice el padre jesuita y ex director del Colegio Canisio de Berlín, Klaus Mertes, quien en el año 2010 reveló a la opinión pública el abuso en su institución: «Yo hablo, en lugar de eso, de redes de alianzas entre hombres. También heterosexuales forman parte de ellas». Refutar el prejuicio del lobby homosexual, tomar distancia de estas redes de alianzas entre hombres y, de esta manera, quitarles la base, sería un primer paso.

6. Poned en tela de juicio el celibato

En qué medida el celibato convierte en abusadores a los sacerdotes es discutible. El estudio de abuso, sin embargo, arroja nuevamente una sombra sobre la continencia: si bien son responsables de abuso 5.1% de los sacerdotes diocesanos que viven en celibato, lo son solamente 1% de los diáconos en ejercicio, a los cuales les está permitido casarse. ¿Por qué entre sacerdotes diocesanos es más alta la probabilidad de convertirse en abusadores? Esta pregunta debe hacérsela la Iglesia católica, y discutir esta relación. Incluso bajo la presunción de que el sacerdocio atraería a personas sexualmente inmaduras, como señala el psicoterapeuta Wunibal Müller y como los investigadores del estudio suponen, esto debe ser analizado.

Mientras que la Conferencia Episcopal Australiana debate el final del celibato obligatorio, también en Alemania se escuchan las primeras voces, como el deán de la ciudad de Frankfurt, Johannes zu Eltz, que ha cuestionado la obligación de los sacerdotes católicos de no casarse.

7. Convocad un sínodo

Realizar según lo planeado el sínodo sobre los jóvenes en otoño, mientras que a nivel mundial se discute sobre el abuso de menores de edad, causa una impresión bastante ajena a la realidad. Lo que se necesita urgentemente, en lugar de esto, es un sínodo sobre el abuso, y mejor si es con participación de jóvenes. «El tema afecta a la Iglesia a nivel mundial, aun cuando continentes como África o Asia no quieran admitirlo», dice Thomas Schüller. Cómo sería el desarrollo de tal sínodo sobre abuso lo ha esbozado ya el obispo británico de Portsmouth en una carta al Papa: primero debería llevarse a cabo un congreso, al cual asistan obispos pero que sería organizado por laicos. Éstos deberían poder demostrar una particular competencia en el tema del abuso.

Los resultados del congreso podrían entonces ser utilizados en una sesión formal del sínodo de los obispos en Roma. En realidad hasta ahora soló se ha previsto una cumbre eclesiástica entre el 21 y el 24 de febrero, en la cual el Papa Francisco recibirá a los presidentes de todas las conferencias episcopales de nivel nacional. Esta cumbre llega casi medio año muy tarde, no están permitidos laicos, y algunos de los mismos participantes tienen antecedentes como encubridores.

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FUENTES

tagesschau.de
Beschluss der Bischöfe: Sieben-Punkte-Plan gegen Missbrauch (27.09.2018)
https://www.tagesschau.de/inland/massnahmen-missbrauch-katholische-kirche-101.html

Bistum Magdeburg
7-Punkte-Plan gegen Missbrauch: Wie die Bischöfe Missbrauch verhindern und bekämpfen wollen (kna)
https://www.bistum-magdeburg.de/aktuelles-termine/nachrichten/mhg_studie_empfehlungen.html

ZEIT ONLINE
Sexueller Missbrauch: Nicht reden, handeln! (28. September 2018)
https://www.zeit.de/2018/40/sexueller-missbrauch-katholische-kirche-massnahmen

LA SANTA INTRANSIGENCIA

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Toni Reis (centro) y David Harrad con sus hijos adoptivos en octubre de 2015

Toni Reis y David Harrad, un brasileño de 53 años y un inglés de 59, son homosexuales. Conviven desde hace 27 años en la ciudad de Curitiba (Paraná, Brasil). Son también defensores de la adopción tardía, como una forma de proporcionar una familia a muchos niños y adolescentes que viven en situación de pobreza y carecen de estructuras familiares estables y adecuadas.

Consecuentes con estos principios, adoptaron a tres niños provenientes de una favela de Rio de Janeiro —Alyson, Jéssica y Filipe, que tienen actualmente 16, 14 y 11 años de edad—, no sin ciertas dificultades. La primera adopción —la de Alyson en 2011— se hizo efectiva tras seis años de trámites y espera, mientras que las de Jéssica y Filipe en 2014 fueron más rápidas.

Como católicos creyentes, pidieron en 2014 que sus hijos adoptivos fueran bautizados en la Iglesia católica, lo cual les fue concedido recién este año por Dom José Antonio Peruzzo, arzobispo de Curitiba. El bautismo se efectuó en la Catedral el 23 de abril de 2017.

El 4 de junio de este año Toni y David, junto con sus hijos adoptivos, le enviaron una carta al Papa Francisco, describiendo su situación familiar y relatando su historia. Solicitaban la bendición de Su Santidad como confirmación de acogida y de su fe en la Iglesia católica.

Sorpresivamente, llegó una carta de la Secretaría de Estado del Vaticano —con fecha de 10 de julio de 2017 y dirigida sólo a Toni—, firmada por Mons Paolo Borgia, asesor de Asuntos Generales, donde decía, entre otras cosas: «El Papa Francisco les desea felicidades, invocando para su familia la abundancia de las gracias divinas, para que vivan constante y fielmente la condición de cristianos, como buenos hijos de Dios y de la Iglesia». Y, por supuesto, les concedía la ansiada bendición apostólica.

Cuando el 4 de agosto la familia regresó de un largo viaje por Europa y pudo leer la carta, el regocijo fue grande. En entrevista telefónica con Agence France-Presse (AFP), Toni declaró lo siguiente: «No esperábamos una respuesta. Recibir una carta del Vaticano con sello, fotografía autografiada del Papa ¡es la gloria! […] Significa un gran avance en una institución que quemaba a los gays durante la Inquisición y ahora nos manda un oficio felicitando a nuestra familia. Estoy muy feliz, ya me puedo morir tranquilo».

Sin embargo, lo que sucedió después hizo que la cosa pasara de color rosa a color hormiga. Pues el Vaticano sacó a relucir su proverbial intransigencia —no obstante las palabras de apertura que ha tenido frecuentemente el Papa Francisco— y declaró oficialmente a través de la periodista Paloma García Ovejero, viceportavoz de la sala de prensa vaticana, que «la carta del Papa es una respuesta muy general a una de las miles de cartas que él recibe cada día y no puede responder de forma personalizada. […] Es falso que se trate de una respuesta a la pareja».

Así que ya saben, estimados lectores católicos, las cartas de respuesta del Vaticano a sus fieles se producen en serie y con un texto estándar, y no constituyen respuesta personalizada a ninguna de las situaciones o inquietudes que ustedes han puesto con mucho esfuerzo y dedicación sobre el papel.

Si bien la respuesta no implicaba necesariamente la aprobación de la unión civil homosexual, un gesto de acogida a posteriori de esta pareja de homosexuales de buena voluntad hubiera sido una buena señal de parte de una Iglesia, que más que creer en el amor del Jesús de los Evangelios, parece hacerse eco de una impresentable enseñanza del fundador del Opus Dei, Escrivá de Balaguer, quien resumía la santidad en tres puntos: «la santa intransigencia, la santa coacción y la santa desvergüenza» (Camino, 387). E intransigente y desvergonzado, por ejemplo, fue el comentario homofóbico que tuiteó el opusdeísta Rafael Rey el 7 de agosto cuando alguien sugirió que él podía ser homosexual: «Jajá! Oe “perro”, como tú te autocalificas, pregúntale a tu mamá si soy homosexual. Y dame tu DNI y demuestra que no eres un cobarde!»

Mientras sigan habiendo tantos en la Iglesia que crean que su intransigencia es una virtud divina, la institución seguirá deslizándose cada vez más hacia la irrelevancia absoluta.

(Columna publicada en Altavoz el 14 de agosto de 2017)

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Sólo queda decir que Toni Reis es una personalidad pública conocida en el Brasil y, en cierta medida, a nivel internacional. Activista de derechos humanos, es presidente de la ONG Grupo Dignidade, que trabaja por la promoción y los derechos de las personas LGTB. También es secretario general de la Associação Brasileira de Gays, Lésbicas e Transgêneros (ABGLT), miembro del concejo internacional de la Hirschfeld-Eddy-Stiftung (Fundación Hirschfeld Eddy) —creada en Berlín en el año 2007 para promover el respeto de los derechos humanos del colectivo LGTB— y coordinador para América Latina de la Association for Integral Health and Citizenship in Latin America and the Caribbean (ASICAL). Es maestro y especialista en sexualidad humana y dinámicas de grupo. Además, posee el grado académico de máster de filosofía en los campos de ética y sexualidad.

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FUENTES

Religión Digital
El Papa Francisco felicita a una pareja gay por el bautismo católico de sus tres hijos (08 de agosto de 2017)
http://www.periodistadigital.com/religion/vaticano/2017/08/08/religion-iglesia-vaticano-brasil-el-papa-francisco-felicita-a-una-pareja-gay-por-el-bautismo-catolico-de-sus-tres-hijos-toni-reis-david-harrad.shtml
El Vaticano: “La carta del Papa es una respuesta muy general” (09 de agosto de 2017)
http://www.periodistadigital.com/religion/vaticano/2017/08/09/religion-iglesia-vaticano-la-carta-del-papa-francisco-es-una-respuesta-muy-general-aclara-sus-felicitaciones-a-los-gays-brasilenos-bautismo-hijos.shtml
“Desde el primer momento aclaramos que los que hablan son una pareja homoafectiva” (10 de agosto de 2017)
http://www.periodistadigital.com/religion/america/2017/08/10/religion-iglesia-vaticano-brasil-pareja-gay-felicitada-por-el-papa-francisco-bautismo-hijos-aclaramos-que-los-que-hablan-son-una-pareja-homoafectiva.shtml

LOS FUNDAMENTALISTAS CONTRA EL MINISTRO SAAVEDRA

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Jaime Saavedra Chanduví, Ministro de Educación del Perú

«Vive su sexualidad de manera responsable y placentera, respetando la diversidad en un marco de derechos. Establece relaciones afectivas positivas basadas en la reciprocidad, el respeto, el consentimiento y el cuidado del otro. Identifica signos de violencia en las relaciones de amistad o pareja. Argumenta la importancia de tomar decisiones responsables en la vivencia de la sexualidad en relación a su proyecto de vida.»

Aunque correctas y compatibles con la doctrina cristiana basada sobre las enseñanzas de los Evangelios, estas palabras tomadas del Currículo Nacional de la Educación Básica suenan irritantes a oídos de cristianos fundamentalistas —tanto católicos como evangélicos—, para quienes una vivencia de la sexualidad en estos términos se asocia con libertinaje, promiscuidad, desviaciones sexuales y los pecados más graves imaginables. Pues en sus mentalidades sexófobas una falta contra la “pureza” es una catástrofe cuasi-apocalíptica, mientras que la ausencia de tolerancia, de respeto hacia la conciencia ajena, de aceptación de la diversidad humana no les parecen graves, e incluso creen que debe fomentarse en ciertos casos. Como, por ejemplo, contra aquellas personas que descubren —no deciden— su orientación homosexual y se sienten orgullosos con todo derecho de su identidad gay.

Las razones —mejor dicho, sinrazones— esgrimidas contra el ministro Saavedra en el Congreso son sólo el pretexto para tumbarse a un funcionario que no transa con autoritarismos, discriminaciones ni ignorancia endémica, sino que busca una educación para todos los peruanos basada sobre el conocimiento, la libertad, el respeto, la responsabilidad y la solidaridad.

El lobby fundamentalista detrás del fujimorismo sólo quiere una sociedad donde se enseñe a los niños a obedecer a la autoridad. Y donde se perpetúe la ignorancia.

(Columna publicada en Exitosa el 10 de diciembre de 2016)

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Recomiendo leer sobre el tema el excelente artículo “Los fariseos de la palabra” (29 noviembre, 2016) de Rosa María Palacios:
http://rosamariapalacios.pe/2016/11/29/los-fariseos-de-la-palabra/

LA HOMOSEXUALIDAD, EL SODALICIO Y LA IGLESIA CATÓLICA

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Hace algún tiempo un joven periodista gay peruano, habiendo leído algunos artículos míos en que abordaba el tema de la homosexualidad, se puso en contacto conmigo para solicitarme una entrevista sobre el tema, pidiéndome que hablara también sobre el Sodalicio y la actual enseñanza oficial de la Iglesia católica al respecto. Accedí gustosamente a este pedido, pues uno de los problemas que se da actualmente consiste en que casi ningún representante de la Iglesia católica ha entrado en diálogo con los homosexuales considerándolos como interlocutores válidos.

La doctrina católica sobre la homosexualidad —que no es dogma de fe— se basa sobre una interpretación fundamentalista de algunos textos bíblicos —sin hacer un análisis detallado del contexto en que se escribieron— y sobre un concepto de ley natural que cree conocer a fondo la naturaleza humana, discrepando —cuando lo considera conveniente— de los resultados verificables a los que llegan las disciplinas científicas. De modo que cuando la psicología moderna concluye que la homosexualidad no es un trastorno ni desorden ni síndrome ni nada por el estilo, ni mucho menos impide el sano desarrollo humano de una persona, muchos cristianos fundamentalistas, en vez de reflexionar sobre este dato y tratar de profundizar en él a la luz de los principios morales del Evangelio, sacan a relucir su espada para condenar esta conclusión, y de paso a todos aquellas personas que tienen una tendencia homosexual, la cual ellos mismos no han elegido. Y de este modo, omiten poner en práctica las mismas palabras de Jesús, quien dijo: «No juzguéis, para que no seáis juzgados, porque con el juicio con que juzgáis seréis juzgados, y con la medida con que medís se os medirá» (Mateo 7,1-3). Se trata del mismo Jesús que acoge en sus brazos a todos los seres humanos sin distinción.

Reproduzco aquí la entrevista que fue publicada en el blog La Revista Diversa el 5 de septiembre de este año (ver http://larevistadiversa.blogspot.de/2016/09/entrevista-martin-scheuch.html). Aclaro que sólo se trata de unas reflexiones y cuestionamientos efectuadas en ejercicio de la ley de la libertad que nos trae Cristo (ver Santiago 2, 12-13), sin pretender llegar a conclusiones definitivas, sino con la intención de promover una reflexión más profunda a nivel de Iglesia sobre la homosexualidad, pues lo que enseña el Catecismo de la Iglesia Católica (nn. 2357-2359) resulta —a la luz de las investigaciones científicas— insuficiente a todas vistas y no puede ser considerado en conciencia como una enseñanza completa y definitiva, requiriendo de un desarrollo ulterior.

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¿Cómo surge este interés por escribir acerca del tema de la homosexualidad dentro de la iglesia Católica, a raíz de los casos del Sodalicio?

Yo me he ido enterando de los abusos sexuales en época muy tardía, porque no tuve conocimiento de eso en la época en que pertenecí al Sodalicio, y entre las víctimas se encuentran algunas personas que yo conocí personalmente y que no sabía en ese momento que eran gays. Incluso viví con uno de ellos en una comunidad. Y las recuerdo como personas muy correctas, sinceras y que trataron de vivir su vida cristiana de la mejor forma posible como laicos consagrados dentro de la moral sexual de la Iglesia Católica. En el Sodalicio siempre ha habido un discurso homofóbico —lo tenían Luis Fernando Figari y Germán Doig—, es decir, que la homosexualidad era una especie de síndrome psicológico y, por lo tanto, era algo que debía ser tratada de forma terapéutica y que podía ser curada. Esa continúa siendo la posición del portal católico ACI Prensa, dirigido por el sodálite Alejandro Bermúdez. Yo hablé personalmente con dos de las víctimas, que habían tratado de no manifestar su homosexualidad pero se habían dado de cabeza contra la pared porque era algo que no iban a poder cambiar, y que habían llegado a la conclusión de que la única forma de poder vivir en paz consigo mismos era aceptando su condición.

La posición oficial de la Iglesia Católica sigue condenando la homosexualidad —o por lo menos los actos homosexuales— como un pecado, ¿cierto?

La Iglesia Católica ha suavizado su postura desde la época en que la homosexualidad era considerada una aberración, hasta el momento actual en que no la señala como algo intrínsecamente pecaminoso, por lo cual el hecho mismo de ser homosexual no debe llevar a una discriminación de la persona. Pero sigue insistiendo en que los actos homosexuales, como tú lo dices, sí son pecado; por lo tanto, se les exige a los gays vivir en celibato.

Casi como ser eunucos o no tener sexualidad, y eso es lo que dice el Catecismo de la Iglesia Católica.

A mí no me gusta lo que dice el Catecismo, porque infiere que las personas homosexuales tienen un problema, una tara, y no habla de tratar con igualdad a los homosexuales, aunque sí con respeto, compasión y delicadeza. Por otra parte, no tengo una explicación de dónde viene la homosexualidad, y comparto lo que dice la Iglesia Católica en que su origen continúa siendo desconocido. Sabemos que la psicología señala que es una orientación sexual que no debería impedir el normal desarrollo de la persona que es gay o lesbiana.

Y a esto se añade el tema reproductivo dentro de la sexualidad humana.

Es otro punto por el cual la Iglesia Católica condena la relación sexual de dos hombres o dos mujeres: porque no pueden alcanzar ese fin, a diferencia de un hombre y una mujer. Pero ese fin puede faltar si existiera una imposibilidad de concebir. La formulación católica actual dice que todo acto sexual debe estar abierto a la vida, lo cual también es un problema, porque el acto sexual no sólo cumple una función procreativa, sino también de unión amorosa, goce, satisfacción y, por supuesto, el intercambio de fluidos favorece el sistema inmunológico, lo cual está demostrado científicamente.

De otro lado, uno de los rasgos de la sexualidad humana ha sido a lo largo de la historia también la búsqueda de la belleza.

Dentro del mundo católico existen algunos ejemplos de relación entre homosexualidad y belleza. Al respecto te puedo mencionar tres casos. Por ejemplo, el director de cine Franco Zeffirelli, quien dirigió Hermano Sol, Hermana Luna y Jesús de Nazaret es homosexual. Él lo ha reconocido públicamente, sin embargo lo ha tratado de forma discreta, sin demasiada publicidad, ni tampoco ha luchado por los derechos gay. Pero me pregunto si la belleza que encontramos en sus películas no se alimenta del hecho que sea gay. El otro ejemplo es el del escritor estadounidense Julien Green, que vivió en Francia y escribió en francés. En su obra está siempre presente el sentido de la culpa en relación al tema homosexual, pero desde una perspectiva más espiritual que corporal. Describe el enamoramiento platónico entre hombres. Y el tercer ejemplo es el escritor belga Maxence van der Meersch, quien escribió sobre el movimiento obrero católico francés en los años 30 en su novela El coraje de vivir, que era un libro de lectura obligada en el Sodalicio. Su última novela, que fue publicada póstumamente, es La máscara de carne, trata el tema de la homosexualidad. Describe allí la experiencia de un homosexual católico que tiene fe y trata de ser santo, pero se siente atraído por otros hombres como él. Al final se da cuenta que no puede cambiar su orientación, porque la homosexualidad no es algo que se pueda o deba combatir, es algo que forma parte de la persona, y aún así considera que personalmente todavía tiene madera para llegar a ser santo.

Al inicio de nuestra conversación mencionaste que las personas heterosexuales que rechazan o condenan la homosexualidad nunca se han preguntado acaso todo lo que vive una persona gay o lesbiana. Es la falta de empatía hacia el otro, lo mismo que observamos en la Iglesia católica.

Esta visión proviene de actitudes fundamentalistas. Hasta hace poco la mayoría de cargos importantes estaban en su mayoría en manos de clérigos muy conservadores, pegados al pie de la letra, que piensan que los textos doctrinales son igual de válidos para todos los tiempos, sin abrir la posibilidad de una reflexión y una evolución doctrinal. Y la evolución pasa por que se vaya profundizando el mensaje que nos ha revelado Cristo. En el caso del Perú existen sectores muy radicales. Un ejemplo muy claro es el cardenal Juan Luis Cipriani.

¿Cuál es la posición del Papa? A algunos católicos progresistas les encanta lo que dice al respecto e igualmente a algunos gays.

El tema es muy sensible. La Iglesia Católica considera que el matrimonio es tan sólo entre un hombre y una mujer. La propuesta de unión civil no implicaba una equivalencia con el matrimonio. Ahora, el miedo frente a la unión civil es que pueda llegar a ser la puerta hacia el matrimonio igualitario.

Y tú sabes que ahora lo que se pide es el matrimonio igualitario…

El problema con los fundamentalistas es que quieren que la ley civil se ajuste a la ley moral, donde rige todavía la Iglesia católica, y eso es peligroso. La moral busca el bien de la persona, la sociedad y la ley buscan el bien común. Las parejas del mismo sexo tienen el derecho a la igualdad ante la ley. Con respecto a la adopción no tengo una opinión definida, no estoy ni a favor ni en contra. Pero se ha demostrado, por ejemplo, que muchas parejas homosexuales han adoptado hijos y éstos han salido heterosexuales. No han buscado imponer su sexualidad, porque el descubrimiento de la identidad sexual se da de forma natural e individual.

En el tema de los curas gay dentro de la Iglesia Católica, David Berger habla de un gran número, entre 20 a 25 por ciento.

Lo más alarmante es que la cantidad de sacerdotes que observan el celibato es mucho más reducido.

Lo cual significa que se ejerce la actividad sexual dentro de la Iglesia Católica. Me pregunto: ¿por qué muchos chicos gays quieren estar en ese ambiente católico sabiendo que existe esta condena moral y religiosa?

Quien siendo gay se mete, piensa y quiere seguir la vocación sacerdotal, por ejemplo, cree que va a poder dejar al margen su sexualidad y llevar una especie de vida asexual, quedando el tema solucionado de esta manera. Lo mira como un camino de redención. El problema es que la mayoría que hacen su promesa de celibato tienen el propósito de cumplirlo, pero luego descubren que no poseen la capacidad de hacerlo. Y entran en una espiral infernal, caen repetidas veces, pero piensan que mientras lo mantengan en secreto, todo irá bien. Creo que una gran mayoría de clérigos tiene un conflicto interior, en la medida que esté oculto. No todos los sacerdotes están llamados a vivir en celibato, esto debería ser opcional.

¿Entonces la Iglesia Católica sabe quienes son los sacerdotes gay?

Muchos obispos lo saben. En el Sodalicio de Vida Cristiana también pasaba lo mismo: algunos superiores lo sabían. Pero mientras ellos permanecieran dentro del clóset, no ocurría nada.

¿Luis Fernando Figari sabía quien era o no gay dentro del Sodalicio?

Parece que sí lo sabía. Y si sospechaban que alguien lo era, lo ponían a prueba como en los casos que has leído en el libro Mitad monjes, mitad soldados, a fin de averiguarlo.

¿Tú nunca hubieras imaginado que Luis Fernando Figari fuera gay?

No. Y sin embargo hubo por ahí algún padre de familia que sí sospechó que Luis Fernando fuera homosexual. Recuerdo un comentario de mi madre que me dijo que tuviera cuidado, que se puede tratar de una secta donde hay maricones (ese era el lenguaje que se usaba por aquellos días). Yo compartía los mismos referentes.

Y felizmente que esto no te marcó de forma tal que luego con el tiempo no hayas desarrollado una empatía hacia el tema. Tú sabes que las personas que no se comunican se enferman, porque no pueden expresar lo que piensan, y eso ha sido una constante en muchas personas gay.

De hecho que sí. La iglesia le coloca el rótulo de origen desconocido, que deben ser tratados con respeto, delicadeza, deben ser integrados a la vida de la parroquia, pero condena el acto homosexual. Ahora bien, el acto homosexual es en sí mismo de carácter privado, y debería ser tratado en el confesionario.

Es como decirle a alguien: sé media persona, no completa. Y está ese morbo o fijación de la Iglesia católica con el sexo y la forma en que juzga la práctica carnal de dos hombres.

No sé por qué razones la iglesia tiene que estar indagando si alguien realiza el acto homosexual, porque eso debe tratarse en el confesionario y el sacerdote está allí para ver cómo ayuda a la persona. Por ejemplo, también se condena la práctica de la masturbación, un acto privado, porque no está abierta a la vida. Pero se tiene más tolerancia hacia este acto y no se discrimina a los masturbadores, indicando que deben recibir un trato especial con respeto, compasión y delicadeza. Yo no entiendo la marginación de los gays. No conozco ningún homosexual que haya tratado de convertir a un heterosexual en homosexual, pero si a heterosexuales que han tratado de convertir a los gays en lo que ellos llaman personas “normales”.

¿Qué crees que debe cambiar en la Iglesia católica respecto a la homosexualidad?

Creo, en primer lugar, que la moral del acto sexual no debe estar reducida al matrimonio, pues sabemos que los jóvenes practican el sexo y también algunos experimentan en la homosexualidad. Tú sabes que Klaus Mertes, jesuita alemán, en 2010 puso en el candelero el tema de los abusos sexuales en instituciones educativas católicas por primera vez en Alemania. Al final llegó a la conclusión de que dos sacerdotes del Colegio Canisio de Berlín, un colegio jesuita de élite, habían abusado de por lo menos cien alumnos. Él les escribió una carta a todos los alumnos de esa promoción para pedirles perdón por lo que pudiera haber pasado pasado. Eso fue el destape. Mertes considera, entre las causas contextuales para que haya abusos de este tipo, la estructura de poder de la Iglesia Católica y la moral sexual, que requiere ser revisada. Mertes, en uno de sus libros, cuenta como un sacerdote de su comunidad se acercó a él para decirle: «Mira, yo soy homosexual y nunca he abusado de nadie». Él lo apoyo porque hacía una buena labor pastoral, pero no otros sacerdotes de la comunidad. El problema está en que se pasa por alto todos los estudios y descubrimientos que ha hecho la psicología moderna. Entonces la imagen que genera la misma Iglesia católica es la de ser una institución retrógrada que no quiere entrar en diálogo con la ciencia. Pero hay sacerdotes que están buscando una apertura. Siempre hay algún clérigo que decide optar por la persona y no por una doctrina que perjudique a la persona.

¿Cómo crees que la Iglesia católica deberían cambiar su actitud respecto a la homosexualidad y defender finalmente los derechos humanos de personas que en miles de casos han sufrido de odio, violencia, tortura, persecución, crímenes de odio y muerte?

No sé cómo lograr estos cambios, especialmente en sociedades donde una fuerte actitud homofóbica va unida a una interpretación fundamentalista y restrictiva de la fe cristiana. En todo caso, una buena señal sería que en las diferentes diócesis se implemente un trabajo pastoral con personas homosexuales, como recomendaba ya en 1986 una carta de la Congregación para la Doctrina de la Fe. Y el primer paso sería que los mismos obispos convoquen a homosexuales católicos que quieran participar de la vida de la Iglesia a una reunión para escuchar sus inquietudes y mostrarles que la Iglesia está con ellos. O si no quieren hacer esto ellos directamente, pueden designar a algunos sacerdotes para que lo hagan en su nombre. Eso sería algo muy hermoso, pero lamentablemente creo que todavía estamos muy lejos de ello.