LOS TESOROS DE LA IGLESIA

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Cuenta la leyenda que en el siglo III el prefecto de Roma le exigió al diácono San Lorenzo que le entregara las riquezas de la Iglesia. Él se presentó con todos los pobres y enfermos a quienes ayudaba, diciéndole que ésos eran los verdaderos tesoros de la Iglesia. El incidente le costó ser condenado a morir a fuego lento en una parrilla.

Los tiempos parecen haber cambiado y las instituciones eclesiásticas no parecen querer acumular actualmente esos tesoros humanos, sino bienes más tangibles.

El 20 de junio la arquidiócesis de Múnich —a la cual pertenecen 1.7 millones de católicos— presentó públicamente su balance financiero, calculando su patrimonio en unos 5.5 mil millones de euros. Y éso es sólo una parte, pues no se han incluido los bienes de las 750 parroquias, iglesias capitulares ni conventos de la arquidiócesis. Colonia —que cuenta con mayor número de católicos— tenía en 2014 un patrimonio de 3.4 mil millones de euros. Y la arquidiócesis de Paderborn, 4 mil millones de euros.

Estos actos de transparencia son una reacción al escándalo producido en 2014 por el entonces obispo de Limburgo, Franz Tebartz-van Elst, que invirtió más de 30 millones de euros en su residencia episcopal. Con la consiguiente sangría de católicos escandalizados, que abandonaron la Iglesia y dejaron de pagar el impuesto eclesial. Sólo en concepto de ese impuesto, Múnich recibió en 2015 unos 570 millones de euros.

El vicario general de Múnich, Peter Beer, declaró que esas posibilidades que tienen no son un fin en sí mismo, para tener una vida bonita y cómoda, sino para cumplir con su misión.

¿No es parte de esa misión dar testimonio de pobreza evangélica?

(Columna publicada en Exitosa el 26 de junio de 2016)

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Una detallada relación del escándalo ocasionado por el obispo Franz Tebartz-van Elst se puede leer en mi post UN PRÍNCIPE DE LA IGLESIA.

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FUENTES

BR
Erzbistum München hat sechs Milliarden Euro Vermögen (20.06.2016)
http://www.br.de/nachrichten/kirche-finanzen-transparenz-100.html

Die Welt
So reich ist die katholische Kirche wirklich (20.06.2016)
http://www.welt.de/wirtschaft/article156376890/So-reich-ist-die-katholische-Kirche-wirklich.html

Die Zeit
Erzbistum München legt Milliardenvermögen offen (20.06.2016)
http://www.zeit.de/wirtschaft/2016-06/katholische-kirche-erzbistum-muenchen-freising-vermoegen

EL TRIBUNAL ECLESIÁSTICO INTERDIOCESANO DE LIMA Y EL CASO FIGARI

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El 2 de junio de este año el portal de noticias eclesiales Crux, fundado y dirigido por John Allen Jr., prestigioso vaticanista estadounidense que ha colaborado con el National Catholic Reporter (NCR) y actualmente colabora con Cable News Network (CNN) y con National Public Padio (NPR), publicó un artículo sobre la situación de las denuncias contra Luis Fernando Figari en el Vaticano y la actuación del Tribunal Eclesiástico Interdiocesano de Lima en todo este asunto.

El británico Austen Ivereigh, autor del artículo, tuvo también acceso a una carta del 17 de mayo de 2016 dirigida a los obispos miembros del Tribunal Eclesiástico por el P. Víctor Huapaya Quispe, Vicario Judicial y Presidente del mismo, cuya traducción al inglés fue publicada también en Crux. Lo que sigue a continuación es la traducción al español del artículo de Ivereigh, revisada y autorizada por él mismo, junto con el texto original de la carta mencionada.

De ser cierto lo que dice la carta, quedaría demostrado que el P. Huapaya, encargado del tribunal, hizo jurídicamente lo correcto, al tramitar a su debido tiempo las cuatro denuncias presentadas y hacerles posterior seguimiento. Si bien eso libra al cardenal Cipriani, arzobispo de Lima, de cualquier sospecha de no haber tramitado debidamente las graves denuncias contra el fundador del Sodalicio de Vida Cristiana, no lo excusa de haber tenido una actuación pastoral lamentable hacia las víctimas de los abusos señalados, haciendo caso omiso de recomendaciones hechas a estos efectos por el mismo Papa Francisco (ver LA RESPONSABILIDAD DEL CARDENAL CIPRIANI EN EL CASO SODALICIO).

En todo caso, en el ámbito judicial la pelota no está desde hace tiempo en la cancha del Tribunal Eclesiástico que modera Cipriani, sino en el terreno de la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y para las Sociedades de Vida Apostólica. Y la inacción que se ha manifestado a nivel de la Santa Sede en este asunto es motivo de perplejidad, si no de desilusión y desesperanza. Y de vergüenza ajena por ciertas autoridades de la Iglesia católica, a la que uno sigue perteneciendo como fiel creyente por convicción y llamado.

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FUNCIONARIO ECLESIÁSTICO AFIRMA QUE AL VATICANO LE TOMÓ AÑOS PARA ACTUAR RESPECTO A CARGOS DE ABUSOS
por Austen Ivereigh
Traducción al español: Martin Scheuch

Un documento obtenido por Crux, relacionado con acusaciones de abusos sexuales y de otro tipo en contra del fundador de un poderoso movimiento católico laico en el Perú, señala que el Vaticano fue informado de los cargos ya en mayo de 2011 pero sustancialmente no tomó ninguna acción en cuatro años.

Una carta con fecha del 17 de mayo de 2016 dirigida a los obispos del Perú por el principal tribunal eclesiástico del país enumera los múltiples pasos tomados para informar a Roma de las acusaciones en contra de Luis Fernando Figari, fundador del Sodalitium Christinae Vitae (SCV) y expresa la creciente frustración ante la falta de respuesta.

En abril de 2015 el Vaticano designo a un visitador local para investigar los cargos, y recientemente en el último mes designó al arzobispo estadounidense Joseph Tobin de Indianapolis, un ex funcionario vaticano, como su delegado para guiar un proceso de reforma.

En respuesta a un requerimiento de Crux, el vocero vaticano, P. Federico Lombardi, dijo que la demora se debía a “la complejidad y diversidad de las posiciones e interpretaciones” respecto a las acusaciones en contra de Figari, así como a asuntos legales.

La carta del 17 de mayo del P. Víctor Huapaya, presidente del principal tribunal eclesiástico en Lima, capital del Perú, muestra que el tribunal envió prestamente las tres denuncias de las víctimas de Figari en el año 2011 a los funcionarios en Roma, así como una cuarta en el año 2013.

Las denuncias fueron enviadas por Huapaya a la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y para las Sociedades de Vida Apostólica del Vaticano.

La congregación tiene responsabilidad directa sobre el SCV, el cual, como instituto internacional de vida consagrada, no está sujeto a la autoridad de los obispos locales peruanos sino que responde directamente a Roma.

La carta muestra también claramente la creciente irritación de Huapaya a lo largo de esos cuatro años ante la falta de respuesta de la congregación, suscitando interrogantes sobre la capacidad del Vaticano de tomar al toro por las astas.

A inicios de mayo, al SCV —conocido como “Sodalicio” en el Perú— le fue comunicado que no podía tomar decisiones sin la autorización del Vaticano, y su fundador fue retirado del lujoso departamento facilitado por el Sodalicio en el centro de Roma.

Un comunicado del Sodalicio no dio detalles sobre adónde ha sido trasladado Figari, sino solamente que se trata de “un lugar más aislado y acorde a los requerimientos que la Santa Sede ha pedido para continuar con sus investigaciones”.

Crux entiende que se trata de una habitación en una casa gestionada por una orden religiosa en las afueras de Roma.

Hasta el momento Figari no ha sido juzgado ni sentenciado, ya sea por las autoridades civiles en el Peru ya sea por la Iglesia en sus propios tribunales.

El SCV, que incluye a también a mujeres consagradas laicas y sacaerdotes, es gobernado por un grupo de laicos célibes conocidos como “sodálites”. Habiendo recibido aprobación pontificia en 1997, tiene aproximadamente 20,000 miembros en la actualidad en Brasil, Colombia, Costa Rica, Chile, Ecuador, Estados Unidos e Italia, además del Perú.

Conocido por su ortodoxia, disciplina y celo evangélico, el grupo gestiona escuelas y obras sociales de prestigio, pero sus críticos lo ven como una reacción de clase alta católica contra el catolicismo más orientado hacia la justicia social en América Latina, en seguimiento del Concilio Vaticano II (1962-1965).

El escándalo que involucra a Figari se hizo público en octubre del año pasado, cuando un periodista del diario La República, que también es ex miembro del SCV, publicó un libro conteniendo testimonios explosivos de cinco ex miembros del Sodalicio que prefirieron permanecer anónimos.

Mitad monjes, mitad soldados, escrito por el periodista Pedro Salinas junto con Paola Ugaz, documentaba abusos sexuales y físicos, muchas veces contra menores, a lo largo de varios años, principalmente en la década de los ’70, perpetrados por un núcleo íntimo de miembros masculinos consagrados que seguían servilmente a Figari.

A inicios de abril de este año, el Superior General del SCV, Alessandro Moroni, finalmente admitió los abusos, pidió perdón a las víctimas y repudió públicamente a Figari.

Las autoridades judiciales peruanas comenzaron a investigar las acusaciones en diciembre del año pasado, pero debido a que la víctimas no querían ser identificadas, se vieron obligadas a archivar el caso.

Según Salinas, las víctimas temían ser expuestas por nada: debido a que los casos de abuso habían prescrito según la ley peruana, consideraban improbable que se les haga justicia.

Mucho antes del libro de Salinas, tres víctimas mencionadas en éste ya habían denunciado los abusos al Tribunal Interdiocesano de Lima en el año 2011.

Los tres denunciantes —quienes se sentían más cómodos recurriendo a un proceso eclesiástico debido a que garantizaba confidencialidad— son conocidos en la documentación del tribunal como “Santiago”, “Lucas” y “Juan”.

Escribiendo en La República, Salinas denuncia que las acusaciones enviadas al tribunal de Lima nunca llegaron a Roma, y señala al moderador del tribunal, el arzobispo de Lima, Cardenal Juan Luis Cipriani, como el causante.

Nunca quedó claro dónde terminaron o qué pasó con estas delicadas y gravísimas demandas”, escribía Salinas en su artículo.

Pero la carta a la que ha tenido acceso Crux hace ver las cosas bajo una luz diferente, mostrando que la Iglesia peruana actuó raudamente, enviando cada una de las cuatro denuncias contra el Sodalitium a la Congregación para Religiosos.

La primera fue la de “Santiago”, quien entregó una acusación escrita contra Figari el 16 de mayo de 2011. Una semana después, Huapaya envió el documento a la Congregación para Religiosos acompañado de una carta suya con fecha de 24 de mayo de 2011.

El tribunal recibió una segunda denuncia contra Figari enviada desde la Arquidiócesis de Colonia, Alemania, en una carta con fecha de 24 de mayo de 2011. Huapaya envió los documentos a la Congregación para religiosos el 9 de septiembre de 2011.

Algunos días después, vía la nunciatura apostólica en Lima, la Congregación dio acuse de recibo de las dos cartas.

La tercera denuncia fue del autor, Salinas, el cual le escribió al tribunal el 13 de septiembre de 201, la cual fue remitida a Roma por Huapaya casi un mes después.

En enero de 2012, Huapaya le escribió al prefecto brasileño de la Congregación, Cardenal João Braz de Aviz, requiriéndole tomar medidas. Tres meses después recibió una respuesta del subsecretario de la Congregación, confirmándole la recepción de su carta así como de las denuncias contra el SCV.

Más de un año después, en septiembre de 2013 —seis meses después de la elección del Papa Francisco— Huapaya tuvo un encuentro con el P. Waldemar Barszcz de la Congregación para Religiosos, el cual nuevamente le confirmó la recepción de su carta así como de las denuncias contra Figari.

Le manifesté mi honda preocupación por la falta de una acción de parte del Dicasterio frente a estas denuncias y el sufrimiento consiguiente de las víctimas”, recuerda Huapaya en su carta a los obispos.

(“Dicasterio” es la expresión general para referirse a un departamento vaticano.)

Un mes después, no habiendo recibido noticias, Huapaya recibió una cuarta denuncia. El 25 de octubre de 2013 un sacerdote y tres miembros del SCV solicitaron al tribunal que la conducta de Figari sea investigada.

Los documentos fueron remitidos a la Congregación para los Religiosos algunos días después, el 2 de diciembre, acompañados de una carta de Huapaya a Braz de Aviz.

Le insistí [al Prefecto] en que teniendo en cuenta los hechos dados a conocer a su Congregación había una falta de respeto hacia las víctimas”, recuerda Huapaya, “y le reiteré la urgencia de una acción del Dicasterio por ser casos de su competencia, como expresé desde el primer momento”.

Seis meses después, en julio de 2014, el enviado papal al Perú, el arzobispo James Patrick Green, nacido en Filadelfia, le solicitó a Huapaya que lo informe sobre el caso Figari. Algunos día después de la reunión, Huapaya remitió a a Green los documentos relevantes, insistiendo nuevamente en la necesidad de actuar a la brevedad posible.

Llegados a este punto, más de tres años habían pasado desde que la primera acusación interpuesta ante el tribunal fuera enviada a Roma. Transcurriría casi un año entero antes de que Roma respondiera.

El 22 de abril de 2015 la Congregación para Religiosos designó a un obispo peruano, Fortunato Pablo Urcey de Chota, para que llevara adelante una investigación inicial.

El 4 de mayo de 2016 el Vaticano decidió intervenir directamente el gobierno del SCV, designado a Tobin como el delegado de la Congregación, con potestad de vetar decisiones de su cuerpo de gobierno.

Figari, sin embargo, permanece libre, aparentemente debido a un vacío en las reformas a la ley canónica sobre cómo manejar la crisis del abuso sexual clerical.

Cuando en el año 2003 el Papa Juan Pablo II autorizó la derogación de la prescripción en el caso de abuso sexual contra menores, la modificación se aplicaba a sacerdotes, no a laicos o religiosos. Dado que Figari es un laico, la prescripción por lo tanto es aplicable en su caso.

Pero la pregunta que aún permanece es por qué, durante tanto tiempo, ha habido tan poca respuesta por parte del Vaticano.

Lombardi, el vocero del Vaticano, le comentó a Crux por e-mail que la Congregación se había esforzado mucho en actuar prudentemente “dada la complejidad y diversidad de las posiciones e interpretaciones en torno a Figari y al Sodalitium”, así como debido a “consideraciones de carácter legal”.

Era necesario llevar adelante un análisis exhaustivo, teniendo en mente el contexto eclesial y social del Perú y el hecho de que estas acusaciones no reunían los requisitos necesarios para ser consideradas como base para una acción de la Congregación,” dijo Lombardi en su declaración.

Desde las primeas acusaciones [contra Figari] a las cuales se refiere la carta [del tribunal], la documentación ha crecido y está siendo evaluada a la luz de posibles decisiones que deban ser tomadas”, añadió.

Un de los lideres del SCV que no quiso ser identificado le dijo a Crux que la preocupación por las víctimas y por compensarlas es actualmente una prioridad en el Sodalitium, pero que llevar a Figari ante la justicia continua siendo un reto debido al estado actual de las leyes.

Desde diciembre “hemos estado rogando al Vaticano para que exclaustre a la fuerza a Figari”, dijo, queriendo siginificar que se le expulse formalmente del grupo, pero dado que Figari no está vinculado por votos religiosos, niega las acusaciones, no se arrepiente y está siendo defendido por aun abogado de alto nivel, el miembro señaló que la Congregación vaticana estaría temiendo que cualquier resolución contra él podría ser apelada.

Por ahora, la continua impunidad, combinada con evidencias de falta previa de acción por parte de Roma, sólo puede contribuir a la frustración de las víctimas.

Publicado originalmente en inglés en Crux el 2 de junio de 2016:
http://cruxnow.com/church/2016/06/02/church-official-says-vatican-took-years-to-act-on-abuse-charges/

BREVE NOTA ACLARATORIA
por Martin Scheuch

El Sodalicio como asociación de vida apostólica laical no tiene integrantes femeninas. Luis Fernando Figari fundaría, además del Sodalicio, dos asociaciones de vida consagrada para mujeres: la Fraternidad Mariana de la Reconciliación y las Siervas del Plan de Dios. Por otra parte, el Sodalicio tiene actualmente 39 comunidades con un promedio estimado de 8 miembros por comunidad, lo cual daría un resultado de aproximadamente unos 300 sodálites en activo. El número de 20,000 miembros probablemente incluya a los integrantes del Movimiento de Vida Cristiana, formado por diferentes grupos y asociaciones que agrupan a todos aquellos que quieren participar de la espiritualidad sodálite pero que no pertenecen al Sodalicio propiamente dicho.

La tercera denuncia no es de Pedro Salinas ni fue escrita por él. Salinas sólo llevó la denuncia de “Lucas” al tribunal eclesiástico y la entregó personalmente al P. Huapaya.

La Fiscalía en el Perú todavía no ha archivado oficialmente las denuncias contra Figari. Pero la investigación por abusos sexuales no tiene futuro, pues los delitos han prescrito. Por eso mismo, con ayuda de abogados profesionales, cinco víctimas han presentado una denuncia penal que amplía la investigación de la Fiscalía con delitos que no prescriben: asociación ilícita para delinquir, secuestro y lesiones graves (de tipo psicológico sobre todo). Los denunciantes son José Enrique Escardó, Martín López de Romaña, Vicente López de Romaña, Óscar Osterling y Pedro Salinas. Los denunciados son Luis Fernando Figari, Jaime Baertl, José Ambrozic, Virgilio Levaggi, José Antonio Eguren, Eduardo Regal, Óscar Tokumura y Erwin Scheuch.

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CARTA DEL P. VÍCTOR HUAPAYA QUISPE A LOS OBISPOS MIEMBROS DEL TRIBUNAL ECLESIÁSTICO INTERDIOCESANO DE LIMA SOBRE EL CASO FIGARI

Lima, 17 de mayo del 2016

Señores Arzobispos y Obispos
Miembros del Coetus del Tribunal Eclesiástico Interdiocesano de Lima
Presente

Excelencias:

Las reiteradas noticias y comentarios aparecidos en algunos medios de comunicación social, que hacen referencia a las denuncias presentadas ante este Tribunal contra el Sr. Luis Fernando Figari, Fundador del Sodalicio de Vida Cristiana, desinforman a la opinión pública con relatos sesgados y muchas veces falsos. Dan a entender que este Tribunal no ha actuado de modo correcto y transparente y llegan a afirmar, de manera calumniosa, que se ha querido encubrir las cuatro denuncias que aquí se recibieron.

Con el deseo de ayudarlos a conocer lo ocurrido me veo en el deber y en la necesidad de dirigirme a ustedes, Señores Obispos miembros del coetus del Tribunal, para informarles de algunos hechos procesales que les ayudarán a entender mejor la situación.

I. Relato y breve descripción de cómo y cuándo se presentaron las cuatro denuncias que se recibieron en este Tribunal:

1. Primera denuncia: El 16 de mayo del 2011 a las doce del día se presentó al Tribunal el denunciante (hoy él se identifica como “Santiago”) en compañía de un familiar y entregó por escrito una denuncia contra el Sr. Luis Fernando Figari. El 24 de mayo de 2011, con carta mía, envié la denuncia al Prefecto de la Congregación para la Vida Consagrada y Sociedades de Vida Apostólica.

2. Segunda denuncia: Desde la Arquidiócesis de Colonia se recibió una denuncia contra el Sr. Luis Fernando Figari, fechada el 24 de mayo de 2011. El 9 de setiembre de 2011 se envió la denuncia al mismo Prefecto de la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y Sociedades de Vida Apostólica.

Con fecha 14 de setiembre de 2011, recibí carta de Monseñor Kevin Randall (e.i.) de la Nunciatura Apostólica en el Perú, en la que acusa recibo de los documentos que le había entregado hasta ese momento, entre los cuales se mencionan las dos cartas anteriores.

3. Tercera denuncia: El Sr. Pedro Salinas entregó en este Tribunal una denuncia fechada el 13 de septiembre del 2011, la misma que envíe al Prefecto de la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y Sociedades de Vida Apostólica el 10 de octubre de 2011.

4. Cuarta denuncia: Con fecha 25 de octubre de 2013 un sacerdote acompañó su petición y la de tres miembros del Sodalicio de Vida Cristiana para que se investigue la conducta del Sr. Luis Fernando Figari. El día 2 de diciembre del 2013 remití la documentación al Prefecto de la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y Sociedades de Vida Apostólica.

Como se puede apreciar en esta primera parte procesal, la rapidez con la que se enviaron las denuncias es total y no admite ninguna duda de negligencia y menos de encubrimiento por parte de este Tribunal.

II. Relato de cómo y cuándo solicité la atención urgente de estas cuatro denuncias al Prefecto de la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y Sociedades de Vida Apostólica:

1. El 4 de enero del 2012 escribí al Prefecto de la Congregación solicitando una pronta respuesta y la intervención de la Congregación en las denuncias presentadas, por ser competencia de su Dicasterio.

2. El 25 de abril de 2012 recibí la única respuesta de la Congregación del Padre Sebastiano Paciolla O. Cist., Subsecretario de la Congregación, en la que acusan recibo de las cartas y denuncias recibidas.

3. El 16 de septiembre de 2013 viajé a Roma y fui recibido en la Congregación por el Padre Waldemar Barszcz (TOR). Me informó que habían recibido la documentación de las denuncias. Le manifesté mi honda preocupación por la falta de una acción de parte del Dicasterio frente a estas denuncias y el sufrimiento consiguiente de las víctimas

4. El 2 de diciembre del 2013, en la carta al Prefecto adjuntando la cuarta denuncia, le insistí en que teniendo en cuenta los hechos dados a conocer a su Congregación había una falta de respeto hacia las víctimas y le reiteré la urgencia de una acción del Dicasterio por ser casos de su competencia, como expresé desde el primer momento.

5. El 2 de julio de 2014, el Nuncio me citó en la Nunciatura y me solicitó que le informe sobre el caso del Sr. Luis Fernando Figari. El 9 de Julio de 2014 le envié con carta mía la documentación que hace referencia a la denuncias contra Sr. Luis Fernando Figari y le reiteré la necesidad de una actuación directa y cuanto antes de la Congregación.

III. Otros hechos de particular interés relacionados a este tema:

1. El 21 de octubre del 2015 este Tribunal publicó un Comunicado precisando la autonomía y competencia del Tribunal y dando a conocer que las denuncias recibidas fueron puestas en conocimiento de las instancias vaticanas de manera inmediata, como se puede verificar con las fechas de mis cartas que les he detallado.

2. El 18 de noviembre de 2015 envié una carta al Presidente de la Conferencia Episcopal, y a todos ustedes miembros del coetus, expresándoles respetuosamente mis observaciones al Comunicado de la Presidencia de la CEP y haciendo referencia al “Subsidio para las Conferencias Episcopales en la preparación de Líneas Guía para tratar los casos de abuso sexual de menores por parte del clero (16 de mayo del 2011)”. Hasta el momento no he recibido respuesta a esa carta ni se ha aprobado ni distribuido esta Guía para el uso de los Obispos en el Perú, siendo un tema tan urgente, sugerido además por la Santa Sede.

IV. Ultimas decisiones de la Santa Sede al respecto:

1. Con fecha 22 de abril de 2015 la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y Sociedades de Vida Apostólica, con Decreto firmado por el Arzobispo Secretario, nombra a S.E. Monseñor Fortunato Pablo Urcey, OAR, Prelado de Chota Visitador apostólico ad inquirendum et referendum para todas las casas y los miembros del Sodalitium Christianae Vitae.

Le solicita que, dadas las informaciones llegadas y las acusaciones de comportamientos impropios dirigidas al Fundador Sr. Luis Fernando Figari, deberá verificar la real autenticidad de todas las acusaciones formuladas tanto recientes como en el pasado.

2. Con fecha 4 de mayo de 2016, la Santa Sede nombra al Arzobispo Joseph Tobin CSSR, Delegado “ad nutum” de la Congregación de Religiosos para el Sodalitium.

Omito intencionadamente abordar el contenido mismo de las denuncias, por la reserva propia que compete a este Tribunal, y que hemos respetado escrupulosamente en todo momento. Permítanme insistir asimismo en que el Tribunal a mi cargo no tiene competencia para resolver estas denuncias, como la misma Santa Sede lo ha demostrado claramente al nombrar primero al Visitador Apostólico y luego ahora al Delegado ad nutum.

Les agradezco el tiempo y atención que han dedicado a esta carta, que era necesario dirigirles por el derecho que nos asiste de respetar la honra de todas y cada una de las personas, especialmente de las víctimas, y también de las instituciones de la Iglesia. Quedo a su disposición para cualquier aclaración o consulta que personalmente deseen dirigirme y pido a Dios los ilumine y acompañé en la delicada tarea de pastores de sus iglesias locales.

Les pido también una oración por este servidor que humildemente procura servir a todos ustedes miembros del coetus de este Tribunal Eclesiástico Interdiocesano.

Cordialmente en el Señor,

Pbro. Víctor Luis Huapaya Quispe
Presidente del Tribunal Interdiocesano

Copia a los miembros del Coetus:
Monseñor Salvador Piñeiro, Arzobispo de Ayacucho (Presidente de la CEP); Cardenal Juan Luis Cipriani, Arzobispo de Lima; Monseñor Pedro Barreto S.J., Arzobispo de Huancayo; Monseñor José Luis del Palacio, Obispo del Callao; Monseñor Lino Paniza OFM cap., Obispo de Carabayllo; Monseñor Norberto Strotman MSC, Obispo de Chosica; Monseñor Carlos García, Obispo de Lurín; Monseñor Ricardo García, Obispo de Cañete-Yauyos; Monseñor Héctor Vera, Obispo de Ica; Monseñor Isidro Barrio, Obispo de Huancavelica; Monseñor Antonio Santarsiero OSJ, Obispo de Huacho; Monseñor Ivo Baldi, Obispo de Huari; Monseñor Miguel Olartua OSA, Obispo de Iquitos; Monseñor Juan Carlos Vera MSC, Obispo Castrense; Monseñor Gaetano Galbuser SDB, Obispo de Pucallpa; Monseñor Tomás Oliver OFM, Obispo del Vicariato de Requena; Monseñor Javier Travieso CMF, Obispo del Vicariato San José del Amazonas; Monseñor Anton Zerdin OFM, Obispo del Vicariato de San Ramón; Pbro. Felipe Ochante, Administrador Diocesano de Tarma; Monseñor Neri Menor Vargas, Obispo electo de Huánuco.

MORIR EN ORLANDO

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Víctimas de la masacre en la discoteca gay Pulse, Orlando (EE.UU.)

El 12 de junio murieron 50 personas —incluido el autor del atentado— en un club gay de Orlando. Se trata de la masacre más numerosa en contra de la comunidad homosexual en Estados Unidos y del atentado terrorista con más víctimas desde el 11 de septiembre de 2001 en el país del norte.

El hecho de que el asesino, Omar Mateen, de nacionalidad estadounidense, tenga ascendencia afgana y se haya declarado previamente simpatizante del Estado Islámico, además de haber emitido comentarios homofóbicos, sexistas y racistas, nos presenta un cuadro complejo, sujeto a múltiples interpretaciones.

¿Se trata de la reacción violenta de un desquiciado más, que sufrió actos de discriminación y decidió vengarse irracionalmente, como ya ha ocurrido anteriormente? ¿Se trataba de un musulmán que se radicalizó y tomó contacto con uno que otro representante del extremismo islámico? ¿O se trataba de alguien que odiaba a los homosexuales en general sobre la base de principios religiosos ultraconservadores y fundamentalistas?

Pues este tipo de animadversión la encontramos también entre quienes se consideran católicos “en estado puro”, como Carlos Polo Samaniego, director de la Oficina para América Latina del Population Research Institute (PRI), cuyo primer comentario en Twitter al saber de la masacre fue: «Los que practican violencia contra personas homosexuales son los mejores aliados de grupos políticos LGTB». Y si bien reconoce que quienes cometen tales actos merecen la cárcel, su preocupación principal no está en las víctimas, sino en que no se use la tragedia para defender derechos homosexuales.

Ni siquiera los de su propio hijo que lleva su mismo nombre, Carlos Polo, un joven y decidido activista gay del Movimiento Homosexual de Lima (MHOL).

(Columna publicada en Exitosa el 18 de junio de 2016)

LA VERGÜENZA PERDIDA

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Cuando, al final de la Segunda Guerra Mundial, los aliados ingresaron a los campos de exterminio de judíos que habían sido creados y gestionados por el régimen nazi y dieron a conocer al mundo las dimensiones de la masacre genocida, millones de ciudadanos alemanes se avergonzaron de haber prestado su apoyo al gobierno de Hitler y tal vez se habrán preguntado: «¿cómo hemos llegado a esto? ¿cómo nos pudo suceder esto?» Muchos recién se enteraban y tomaban conciencia del calibre moral de los líderes a quienes habían apoyado. No se trataba en su mayoría de personas malintencionadas ni perversas, sino de gente común y corriente como tú y yo que había creído en un seductor de masas que les había devuelto la dignidad y había llevado el país a un relativo bienestar económico y social. Sin embargo, muchos no habían querido ver el lado oscuro de ese régimen, aun cuando indicios no faltaban. Miraron a otro lado e hicieron oídos sordos cuando se encontraron con señales que hablaban de un lado siniestro y tenebroso que les estaba costando la vida a millones de seres humanos. El sistema que tanto bien les había hecho no podía ser cuestionado ni puesto en peligro. Y así fue hasta que terminó la guerra y Alemania se convirtió en una nación vencida bélicamente, a lo cual se sumó una derrota moral de dimensiones incalculables.

Curiosamente, cuando me uní al Sodalicio de Vida Cristiana en la década de los ’70, se nos inculcaba que el holocausto judío no era solamente de responsabilidad del gobierno nazi, sino que los mismos judíos eran en parte culpables de lo que les habían hecho debido a sus malos manejos políticos y económicos que formaban parte de un complot perverso para dominar el mundo y sojuzgar la cristiandad. Asimismo, en base a argumentos de autores fascistas, aprendíamos a relativizar el número de víctimas del holocausto judío, reduciéndolo de 6 millones a menos de 1 millón. La inflación de los números se debía supuestamente a la manipulación histórica que habían realizado los maquiavélicos judíos.

Y el Sodalicio aprendió muy bien este esquema de negación de datos históricos comprobados, aplicándolo a su misma historia. Hasta la publicación del libro Mitad monjes, mitad soldados, la negación de su lado oscuro —reverso de un lado luminoso que encandila a mucha gente de buena voluntad— había sido casi total. El caso de Germán Doig había sido considerado como una anomalía, como una traición a lo que el Sodalicio era en su esencia, y no como parte del sistema mismo. Pero cuando además de los actos execrables de quien fuera el segundo en la cadena de mando de la institución, salió a la luz que el fundador mismo, Luis Fernando Figari, había perpetrado abusos diversos —así como otros miembros de la institución—, la situación se volvió más compleja y se resistía a ser interpretada como un simple cúmulo de “casos aislados”.

Aún así, hay quienes siguen sosteniendo la misma teoría y, asumiendo que el Sodalicio es una obra querida por Dios y es bueno en sí mismo, creen que no puede ser considerado una organización criminal debido a que «nos consta la permanencia en el SCV de muchos miembros que son personas de buena voluntad con una clara vocación y actuar al servicio del prójimo, de la Iglesia y de la sociedad». Así se expresa una carta firmada originalmente por 47 «ex integrantes del Sodalicio de Vida Cristiana» y que recientemente han aumentado a 69. Como ya he señalado en un post anterior (ver LA CORTE DE LOS 47), se trata de una colección de rúbricas algo engañosa, pues la mayoría de los firmantes siguen manteniendo una relación cercana con el Sodalicio o se han integrado al Movimiento de Vida Cristiana, un conjunto de diversas asociaciones que agrupan a personas que se comprometen a vivir la espiritualidad sodálite y colaboran con las obras apostólicas del Sodalicio. La mayoría de los firmantes son demasiado jóvenes como para haber sido testigos de las cosas que ocurrieron en el Sodalicio en los años ’70, ’80 y ’90, décadas en las que se concentra hasta ahora la mayor parte de los casos de abuso. Lo más delirante es cuando se trata de hacer pasar por ex sodálites a por lo menos seis adherentes sodálites (sodálites casados): Rafael Álvarez Calderón, Julián Echandía, Marcos Nieto, Andrés Corrales, Edwin Esquivias y Óscar Álvarez. Agradezco a los adherentes sodálites de las primeras generaciones —como Raúl Guinea, Julio Pacheco, Gonzalo Valderrama, Jorge Scerpella, Javier Pinto y Enrique Lanata— que no se hayan prestado a esta farsa.

Óscar Álvarez, uno de los firmantes, no ha tenido ningún reparo en calificar mi anterior escrito de «artículo poco serio (por no decir otra cosa) […], donde juzga nuestro actuar, descalificándonos por pensar distinto a él, donde invalida nuestra libertad de pensamiento por el hecho de ser algunos adherentes, o algunos estar trabajando en obras o empresas de la familia espiritual, o por haber vivido en comunidad un mes».

Héctor Castañeda, uno de los pajes más obsecuentes de esta corte de los milagros, llega a afirmar sin exhibir ningún argumento que «lo que hizo Martin Scheuch es realmente penoso. Lo pinta de cuerpo entero. Pero bueno, solito se quema».

Voy a resumirles algunos datos referentes a hechos ocurridos recientemente, a fin de que reconsideren su evaluación tan desafortunada de lo que he escrito.

El Sodalicio ha sido intervenido por autoridades vaticanas de la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y para las Sociedades de Vida Apostólica, designándose un delegado para estos fines, el arzobispo de Indianapolis Mons. Joseph William Tobin, quien tiene la misión de ayudar a la institución a superar las «graves dificultades» que se encontró durante la visita apostólica de Mons. Fortunato Pablo Urcey. Intervenciones de este tipo sólo se dan cuando los problemas que sufre la institución lindan con lo delictivo, como ocurrió con los Legionarios de Cristo, la Unión Lumen Dei y la Comunidad de las Bienaventuranzas.

Cuando los problemas se limitan a un par de miembros de la institución que actuaron pérfidamente sin conocimiento de las autoridades, se procede a separarlos y con ello se da por solucionada una buena parte del problema. Pero cuando nos hallamos ante toda una gavilla de perpetradores de abusos sexuales, psicológicos y físicos que actuaron avalados por el sistema o sin que nadie se diera cuenta, amparados por una indolencia e indiferencia mayoritaria que era permitida e incluso fomentada por la misma disciplina y que llevaba a los miembros de la institución a no querer mirar detrás de tantos indicios que en sí mismos eran preocupantes, entonces se justifica una intervención.

¿Es esto motivo para sentirse orgulloso de pertenecer o haber pertenecido a la institución? No lo creo. ¿Sirve de algo resaltar las «obras de bien realizadas por ella, cuyos frutos han sido a todas luces beneficiosos para nuestra sociedad»? La institución puede tener muchas obras benéficas y sociales. No lo niego. Pero ciertamente los abusos reseñados no forman parte de esas obras, las cuales no deberían ser usadas de contrapeso para negar los delitos que se habrían cometido a su sombra. El libro Mitad monjes, mitad soldados presenta 29 testimonios de abusos. Se trata sólo de la punta del iceberg, pues hay testimonios adicionales que no pudieron ser incluidos en el libro porque los afectados decidieron dar marcha atrás ante las posibles consecuencias jurídicas. Lo cual no invalida sus testimonios. Posteriormente han aparecido otros casos en los medios de comunicación, sin contar con las aproximadamente 100 denuncias que se hicieron llegar a la Comisión de Ética para la Justicia y la Reconciliación, algunas de las cuales correspondían a testigos que ya habían prestado su colaboración con el libro de Pedro Salinas y Paola Ugaz.

Comparando ese enorme número de víctimas con la cantidad de miembros que tiene actualmente el Sodalicio —39 comunidades con un promedio de 8 miembros por comunidad, es decir, poco más de 300 sodálites consagrados, sin contar los adherentes sodálites—, se puede apreciar la dimensión de los abusos. Es altamente improbable que se haya tratado de “casos aislados” atribuibles a unos pocos sodálites que actuaron por su cuenta. Es la estructura misma del sistema la que estaba mal, permitiendo que unos cuantos cometieran sus fechorías de manera concertada —que es lo que define a una organización criminal— mientras, mediante un autoritarismo vertical basado en la obediencia absoluta, se conseguía que todos aquellos sodálites bienintencionados que participaban de buena fe en la institución permanecieran en la ignorancia de aquellos que se cocinaba más arriba. Y si veían o sospechaban algo, el efectivo lavado de cerebro o control mental logrado a través de una formación psicológicamente intrusiva y manipuladora de conciencias era suficiente para que no categorizaran como abusos aquello que podían haber visto u oído. Por eso mismo, es sumamente recomendable que los 69 firmantes se sometan a un peritaje psicológico independiente. O que acudan a terapia, como lo hemos hechos varios de los que hemos sido víctimas de este sistema, diseñado en sus orígenes por una mente psicópata. Porque el quid del asunto es el sistema.

Así lo describía yo en el texto de la denuncia que envié a la vez a la Comisión de Ética para la Justicia y la Reconciliación y a la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y para las Sociedades de Vida Apostólica en enero de este año: «Mediante el presente escrito quiero denunciar algunos hechos cuestionables de los que fui víctima en el Sodalicio, referentes a abusos psicológicos y manipulación de conciencia a los que fui sometido, incluyendo una incidencia de connotaciones sexuales. No es mi intención mediante la relación de estos hechos desprestigiar a la Iglesia católica, de la cual sigo siendo miembro comprometido y fiel creyente en el Señor Jesús por llamado y por convicción, sino más bien llamar la atención sobre acciones cuestionables realizados por miembros de Sodalicio, acciones que fueron avaladas por la disciplina y el sistema de formación que se aplicaron y que contaron con la aprobación de personas responsables dentro de la institución». Y en un e-mail que envié el día 19 de enero a la Comisión de Ética añadía lo siguiente: «Aclaro que la denuncia no es contra personas individuales sino contra el Sodalicio, pues fue el sistema institucional sodálite plasmado en una doctrina y una disciplina los que permitieron que se cometieran en perjuicio mío los abusos que detallo en el documento, creando el marco necesario para que ello ocurra».

¿Hay razones para estar orgullosos de ser o haber sido sodálites cuando el sistema mismo y las personas que actuaron amparados en él causaron daños graves a por lo menos unas 100 víctimas ? ¿Las buenas obras que tanto se menciona son acaso suficientes como para negar que se cometieron crímenes de manera sistemática y organizada dentro de la institución? ¿No ha habido acaso saqueo psicológico y material de los integrantes del Sodalicio en beneficio de una cúpula de privilegiados —cúpula que no tenemos motivos para identificar con el actual Consejo Superior del Sodalicio—? ¿Se puede defender a capa y espada la “buena reputación” de la institución cuando ésta se halla actualmente intervenida por «dificultades graves»? ¿Por qué los firmantes no le escriben a la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y para las Sociedades de Vida Apostólica, solicitándole que de una vez por todas ponga término a la intervención del Sodalicio, pues a esa situación también se le aplicaría que «nos está afectando de manera personal, familiar y laboral al ser víctimas de un señalamiento o juzgamiento por haber sido ex integrantes del Sodalicio de Vida Cristiana»?

Se necesita haber perdido la vergüenza para desestimar tan ligeramente acusaciones fundamentadas que deberían dar lugar a las investigaciones correspondientes. Al declarar su fe en «la acción de Dios en esta Comunidad y en muchas obras de bien realizadas por ella, cuyos frutos han sido a todas luces beneficiosos para nuestra sociedad», los firmantes parecen cerrar los ojos a la pérfida acción humana que también se ha manifestado en obras desviadas en esta Comunidad, cuyos frutos han sido a todas luces perjudiciales para nuestras sociedad y para las víctimas, muchas de las cuales han sido dañadas de por vida, atribuyendo los abusos a voluntades individuales sin considerar que actuaron como miembros de la institución dentro de un sistema que permitía esto e incluso lo avalaba, especialmente en el caso de abusos psicológicos y físicos.

¿Acaso Luis Fernando Figari fundó el Sodalicio para cumplir la voluntad de Dios y hacer santa a la gente, o para satisfacer sus ansias de poder y dar rienda suelta a otros deseos inconfesables? Lo cierto es que no sólo él sino también otros miembros de la generación fundacional y de la cúpula se valieron de las estructuras de la organización para realizar acciones reprochables y delitos que van desde violación de derechos humanos básicos hasta manejos económicos cuestionables. ¿Acaso las buenas intenciones y las experiencias positivas de los que vinieron después sirven para borrar esos hechos? ¿Basta con desvincularlos mentalmente del sistema en que se produjeron, para concluir que el sistema es bueno y que «la gran generalización que se ha hecho por algunos denunciantes y algunos medios de difusión nos está afectando de manera personal, familiar y laboral al ser víctimas de un señalamiento o juzgamiento por haber sido ex integrantes del Sodalicio de Vida Cristiana, esto debido a la poca responsabilidad para diferenciar y separar claramente a los actores acusados de los delitos del resto de los miembros y ex miembros de la comunidad, quienes tienen y tenemos el derecho de poder continuar con nuestras vidas sin vernos afectados por la irresponsable actuación de otros»?

Pero aún no es tarde. Todavía es tiempo para mirar las cosas con perspectiva. En vez de estar preocupándose por las consecuencias que pueda tener en los ámbitos personal, familiar y laboral la imagen de una institución a la que se ha pertenecido —o se sigue perteneciendo emocionalmente—, hay que preocuparse por que la verdad y la justicia se abran paso.

Todavía estamos a tiempo para recuperar la vergüenza perdida.

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FUENTE

Carta de ex sodálites
https://www.facebook.com/Carta-de-ex-sodálites-1106167949422156/

¿EL FIN DEL NEOLIBERALISMO?

neoliberalismo

En el fragor de la contienda electoral, donde ganó Pedro Pablo Kuczynski (PPK), un economista de raigambre demócrata pero de ideología neoliberal, pasó desapercibida la noticia de que tres renombrados economistas del Departamento de Investigación del Fondo Monetario Internacional —Jonathan Ostry, Prakash Loungani y Davide Furceri— publicaron en la revista trimestral de la entidad el artículo Neoliberalismo: ¿sobrevalorado?, admitiendo que el neoliberalismo no ha logrado los fines propuestos.

«“En lugar de promover el crecimiento”, las políticas de austeridad propiciadas por el neoliberalismo han hecho que se reduzcan las regulaciones para limitar el movimiento de capitales y que, de hecho, “aumente la desigualdad”. Esta desigualdad “podría por sí misma debilitar el crecimiento…”. Por lo tanto, señala el informe, “los responsables políticos deberían estar mucho más abiertos a la redistribución [de la riqueza] de lo que lo están”», señala Benjamin Dangl en la revista Counterpunch.

La periodista antiglobalización Naomi Klein ya había descrito en su libro La doctrina del shock (2007) cómo el capitalismo neoliberal ha buscado siempre dinamitar los mecanismos democráticos para imponer sus políticas, que suelen afectar negativamente al grueso de la población en beneficio de una élite económica.

El neoliberalismo necesitó de la dictadura de Pinochet para dar sus primeros pasos en Chile, de la mano dura de Margaret Thatcher para imponerse en el Reino Unido, de la dictadura de Alberto Fujimori para afianzarse en el Perú y generar una de las sociedades más desiguales del planeta, del autoritarismo de Putin para dominar mafiosamente la economía rusa.

Los países con mayor bienestar económico para todos no siguen el modelo neoliberal, sino una economía social de mercado. No lo olvide, PPK.

(Columna publicada en Exitosa el 11 de junio de 2016)

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FUENTES

International Monetary Fund
Neoliberalism: Oversold?
http://www.imf.org/external/pubs/ft/fandd/2016/06/ostry.htm

Rebelión
El FMI admite que el neoliberalismo es un fracaso
http://www.rebelion.org/noticia.php?id=213052

LA CORTE DE LOS 47

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Recientemente ha sido publicada una carta con fecha de 1° de junio de 2016 y firmada por 47 ex sodálites rechazando la denuncia ampliatoria por asociación ilícita para delinquir, secuestro y lesiones graves interpuesta el 10 de mayo de 2016 por cinco ex sodálites (José Enrique Escardó, Martín López de Romaña, Vicente López de Romaña, Óscar Osterling y Pedro Salinas) en contra de siete integrantes y un ex integrante del Sodalicio de Vida Cristiana y presentada el 12 de mayo en una rueda de prensa en el local de Miraflores del estudio de abogados Benites, Forno & Ugaz.

Al revisar la lista de firmantes, he podido constatar que conozco personalmente sólo a siete de los signatarios. Los demás nombres me son desconocidos o corresponden a personas que no he tratado personalmente. Y de entre esos siete, cinco de ellos son adherentes sodálites, es decir, varones que emiten junto con sus respectivas cónyuges un compromiso de adhesión al Sodalicio en vistas a vivir la espiritualidad sodálite en la vida matrimonial. Y de entre esos cinco, sólo dos han vivido un tiempo relativamente largo en comunidades sodálites. Los otros tres habrán vivido en comunidades a lo más un mes, en lo que se conoce como período de prueba.

Para mayor detalle, quienes siguen siendo adherentes sodálites —según la información de que dispongo— y, por lo tanto, aún mantienen una vinculación institucional con el Sodalicio de Vida Cristiana, son: Rafael Álvarez Calderón, Julián Echandía, Marcos Nieto, Edwin Esquivias y Óscar Álvarez. Si en algún momento en época reciente dejaron de ser adherentes, me gustaría saber cuándo y por qué motivos.

Los dos primeros, al igual que muchos de los que estuvimos en comunidades sodálites en los ’80, también pasaron por San Bartolo y sufrieron maltratos. A Rafael un día el superior le volcó un plato de ensalada en la cabeza durante el almuerzo. No sé si él seguirá considerando ese incidente como algo normal e inofensivo, algo así como una medida educativa que él aplicaría sin ningún escrúpulo con alguno de sus hijos. Asimismo, él sería la persona que se acercó a mi hermano Erwin y que le habría sugerido que yo podría tener el síndrome de Asperger. Eso explicaría —según algunos— mi supuesta falta de empatía al no considerar el daño que habría hecho a varias personas al exponer a la luz pública —con supuesta falta de ética— lo que ocurría en las comunidades sodálites. Se trataría de un intento de desacreditar al mensajero e incitarlo a guardar silencio. Ahora sabemos dónde se hallaba en realidad la falta de ética y de vergüenza.

Julián Echandía también sufrió maltratos en San Bartolo, de lo cual puede dar mejor testimonio Pedro Salinas, quien vivió junto con él en una de las comunidades sodálites del balneario sureño. Un día, siendo encargado de temporalidades de la comunidad Nuestra Señora de Guadalupe, Julián se olvidó de tener preparada a tiempo la comida para un visitante ilustre, Mons Emilio Vallebuona (entonces obispo de Huaraz), y hubo que improvisar un plan de emergencia para cocinar fideos, del cual me encargué yo. Como castigo, a Julián lo tuvieron toda una noche sin dormir limpiando repetidamente la casa. Asimismo, cuando tiempo después pasó por la crisis personal que terminaría con su salida de comunidad, lo recluyeron en San Bartolo, y estaba prohibido dirigirle la palabra. Si quería salir a pasear por el malecón, a rezar el rosario por ejemplo, dos miembros de la comunidad tenían que seguirlo de cerca y vigilarlo continuamente. Se trataba de un situación similar a la de un secuestro, pues Julián no hubiera podido irse si es que lo hubiera querido.

Los otros firmantes a los que conozco personalmente son José Salazar, un hombre bonachón y de buen corazón, incapaz de matar una mosca, y un joven muchacho que es hijo de un adherente sodálite amigo mío.

Respecto a los demás nombres, se trata en el caso de algunos de personas evidentemente vinculadas con entidades gestionadas desde el Sodalicio de Vida Cristiana.

Alejandro Estenós y Rodolfo Castro mantienen una relación laboral con la Universidad Católica San Pablo de Arequipa —fundada y administrada por el Sodalicio—, el primero como docente investigador y el segundo como docente ordinario, investigador adscrito y director del Instituto para el Matrimonio y la Famila.

Claudio Ávalos es gerente administrativo de la Asociación Cultural Vida y Espiritualidad (VE), que se dedica, entre otras cosas, a la publicación y distribución de los libros y folletos escritos por miembros del Sodalicio y de la Familia Sodálite.

Esteban Pacheco y José Luis Villalobos aparecen como colaboradores del Centro de Estudios Católicos (CEC), una página web dedicada «al estudio, la reflexión y el diálogo sobre diversas realidades humanas iluminadas por la riqueza de la fe» y que es gestionada por sodálites.

Hans Ortiz ha sido hasta no hace mucho (diciembre de 2012) coordinador del Movimiento de Vida Cristiana, entidad integrada por diversas asociaciones de laicos y laicas no consagrados de cualquier sexo y edad que desean vivir de acuerdo a la espiritualidad sodálite.

Juan Andrés Coriat ha sido, entre marzo de 2012 y diciembre de 2013, profesor en los colegios Villa Caritas y San Pedro, ambos de propiedad del Sodalicio. Además, actualmente colabora con la producción audiovisual del Sodalicio de Vida Cristiana.

Ésta es someramente la información que he podido obtener. Por lo tanto, cuando la carta dice que quienes la firman son ex integrantes del Sodalicio, no se debe entender que se trata de personas sin ninguna vinculación actual con el Sodalicio. No me extrañaría que la mayoría de los firmantes que no conozco personalmente sigan comprometidos con el Movimiento de Vida Cristiana —al cual podríamos definir como una versión light del Sodalicio abierta a todo tipo de personas— y que, por lo tanto, no se trate de personas mental y psicológicamente independientes, sino de cortesanos de la institución que todavía se sienten inconscientemente constreñidos a rendirle pleitesía.

Por otra parte, he de suponer que la gran mayoría de los firmantes —salvo seis de los siete que he mencionado— son personas jóvenes que se unieron al Sodalicio después de mi partida del Perú hacia Alemania en noviembre de 2002. Por consiguiente, no pudieron conocer de primera mano lo que ocurrió en las comunidades sodálites entre los’70 y los ’90, sino que su experiencia se reduciría al Sodalicio de las dos primeras décadas del siglo XXI.

Además, se debe tener en cuenta que quienes sufrieron abusos han tenido que pasar por un largo y doloroso proceso de toma de conciencia que culmina con el reconocimiento de haber sido víctimas de acciones que atentaban contra sus derechos humanos y que les han causado lesiones psicológicas perdurables. Superar el lavado de cerebro —o formateo mental— efectuado en el Sodalicio puede tomar más de una década después de abandonar una comunidad sodálite. En el caso de los firmantes jóvenes, todavía es muy pronto como para que se den cuenta si les han lavado el cerebro o no. Yo, por ejemplo, hasta el año 2007 tuve una posición favorable hacia el Sodalicio y hubiera defendido la institución a capa y espada, aún cuando ya había grietas en mi valoración global de la institución.

Asimismo, se pueden constatar ciertos vacíos en el documento: sólo se repudia las conductas descritas como delitos contra la libertad sexual. ¿Y los abusos psicológicos y físicos? ¿Consideran que no son tan graves como para mencionarlos y repudiarlos explícitamente? ¿O piensan que éstos no se dieron en el Sodalicio y son puras fantasías de quienes supuestamente odian la institución? Pues resulta que más adelante en la carta son mencionados bajo el término general de “abusos”, pero son atribuidos a algunos de los cinco ex sodálites que aparecen como agraviados en la denuncia del 10 de mayo: «Rechazamos a algunas de las personas que presentaron la denuncia arriba indicada y que han salido a enarbolar la bandera de la verdad y la justicia a través de sus denuncias; señalándose ellos mismos como víctimas, pero que en algunos casos no han sido capaces de reconocer sus propios errores y abusos cometidos contra varios integrantes de la Familia Sodálite e incluso contra algunos de los firmantes. Por lo cual, les exigimos en aras a la verdad y justicia, tan exigida por ellos, que pidan perdón por cada uno de los actos y que reparen, de ser el caso, a cada una de las personas que han y hemos sido víctimas de ellos». Resulta evidente que no se están refiriendo a abusos sexuales.

Conozco a José Enrique Escardó, el cual vivió algunos años en comunidades sodálites al mismo tiempo que yo, aunque nunca coincidimos en la misma comunidad. Nunca tuvo ningún cargo de responsabilidad y nunca supe de él que hubiera hecho nada que pueda describirse como abuso.

Pedro Salinas ha admitido que durante su pertenencia al Sodalicio cometió abusos piscológicos contra otros miembros, pero nada que se diferenciara sustancialmente de lo que hacían otros sodálites que habían recibido la misma formación y las mismas indicaciones. De hecho, supuestamente él sería uno más de los que practicaron una especie de bullying contra Julián Echandía en una de las comunidades de San Bartolo, según se infiere de lo narrado en su novela Mateo Diez (Jaime Campodónico/Editor, Lima 2002).

De los otros tres denunciantes no puedo decir nada, pues no conozco toda su historia, pero nadie los ha acusado de haber cometido abusos sexuales, y aquellos otros “abusos” a los que hace alusión la misiva de los cortesanos no creo que se refieran a acciones distintas o peores a las que han realizado otros sodálites de comunidad. Pues es moneda común en el Sodalicio que alguien que ha sido víctima de maltratos psicológicos no tenga conciencia de esto debido al formateo mental del cual ha sido objeto y finalmente termine haciéndole a otros cosas similares a las que antes le hicieron a él. Y algo que una persona normal y en sus cabales no haría, termina haciéndolo no en virtud de ser él mismo sino en virtud de ser sodálite. Nos hallamos ante un sistema perverso que transforma a las víctimas en victimarios, aunque tenga toda la apariencia de una espiritualidad profundamente cristiana que lleva a quienes la siguen hacia la santidad. Objetivo que en más de cuatro décadas de existencia no parece haber alcanzado ninguno de los miembros del Sodalicio, mucho menos aquél que fue considerado como «el mejor entre nosotros».

Por otra parte, me extraña la memoria selectiva que tienen los cortesanos en su misiva al exigirles a algunas de las víctimas denunciantes —no se se sabe quiénes en concreto, porque no se especifica— que respondan de sus actos de abuso, pero no se exige lo mismo de otros sodálites que siguen formando parte de la institución y que han realizado cosas similares o peores. Lo curioso es que esto significa que algunos de los signatarios reconocen haber sido víctimas de abusos en el Sodalicio por parte de una persona que entonces también era sodálite y que nunca fue cuestionada en su actuar por la institución misma.

Es necesario reconocer que los abusos psicológicos no partían de iniciativas personales de quienes tenían puestos de responsabilidad, sino que era un modus operandi conforme con la disciplina sodálite. No conozco a ningún superior sodálite que no haya cometido abusos en mayor o menor grado. Por ahí nos acercamos al concepto de que se trata de un sistema organizado que mediante un lavado de cerebro destruía algunas barreras morales en la mente de los sodálites, haciendo que consideraran aceptables y necesarios métodos punitivos y correctivos que atentaban contra derechos fundamentales de la persona. De ahí que muchos sodálites digan que no han visto abusos en las comunidades. En realidad sí los han visto, pero no los han categorizado como tales. Y como ya lo he señalado, la mayoría de los firmantes son demasiado jóvenes como para darse cuenta de si efectivamente les lavaron el cerebro o les formatearon la mente. El modo de actuar del Sodalicio, desde que tengo memoria, ha seguido siempre este esquema delictivo, independientemente de que las personas que hayan formado parte de él sean conscientes o no de ello, o hayan actuado incluso con las mejores intenciones.

Esto pone también en entredicho la frase donde dicen «todos los firmantes hemos ingresado al Sodalicio de Vida Cristiana de manera libre y consensuada». En la carta que dirigí a Luis Fernando Figari, Superior del Sodalicio, el 17 de diciembre de 1981, solicitando entrar a vivir a una comunidad sodálite, escribí lo siguiente: «esta decisión la he tomado libremente y por mi propia voluntad». Sin embargo, la decisión de pertenecer al Sodalicio ya la había tomado previamente a los 15 años de edad gracias al intenso trabajo de proselitismo que se hizo conmigo y que no estuvo exento de manipulación psicológica —según constato ahora con la madurez que dan los años—. En las cartas que escribí en agosto de 1988 solicitando hacer mi profesión temporal, y en agosto de 1991, pidiendo que se me permita renovar por dos años este compromiso, aparecen expresiones similares, dando a entender que mi decisión era libre y consensuada. Sin embargo, el margen de decisión era muy estrecho debido al formateo mental que se me había efectuado. No existía la posibilidad de tomar una decisión libre de toda coacción interna, pues el asunto se planteaba como una elección entre la vocación a la que Dios lo llamaba a uno —único camino para alcanzar la santidad y la felicidad— o el apartarse de ella —lo cual se consideraba una traición y un camino seguro hacia la infelicidad y probablemente hacia la condenación eterna—. No habían otras posibilidades. Salvo la de “descubrir” a través de un tortuoso y largo discernimiento que la vocación de uno era otra. Pero esto era prácticamente la última salida, que se proponía sólo cuando se veía que el sujeto estaba cayendo en una situación desesperada que ponía en riesgo su estabilidad emocional. Y que en algunos casos estuvo acompañada de pensamientos suicidas.

Me gustaría saber a qué edad los firmantes tomaron la decisión interior de formar parte del Sodalicio de Vida Cristiana —independientemente de cuándo la formalizaron— y si recibieron información adecuada sobre otras opciones de vida y otros caminos alternativos. Casi todos los que conozco de la lista fueron captados antes de alcanzar la mayoría de edad, y los demás son demasiado jóvenes como para que no haya ocurrido lo mismo.

Además, en el supuesto de que sus experiencias personales hayan sido globalmente positivas, ¿qué derecho les da eso para negar que algunos miembros del Sodalicio hayan aprovechado la fachada religiosa de la institución para infligir lesiones graves psicológicas a quienes debían proteger; para manipular las mentes de menores de edad e inducirlos a unirse a la institución, sin informar debidamente a sus padres o tutores; para destruir o deteriorar las relaciones familiares de jóvenes adolescentes y hacerlos dependientes de los responsables del Sodalicio; para mantenerlos secuestrados no con los barrotes metálicos de una cárcel sino con las cadenas interiores del miedo a tomar la decisión equivocada y condenarse eternamente; para realizar negocios millonarios violando derechos laborales o incluso apoderándose ilegítimamente de propiedades ajenas y evadiendo impuestos; para violar la correspondencia ajena incluyendo correos electrónicos; y finalmente, para tener carne joven disponible que sirviera para saciar el apetito sexual de unos cuantos jerarcas de la institución?

Además, ¿qué saben estos cortesanos en su mayoría de lo que pasó en las comunidades sodálites en las décadas de los ’70, ’80 y ’90? ¿Acaso han podido enterarse al respecto, si el mismo Sodalicio ha tenido la costumbre de borrar de su historia todo lo que no quiere que se sepa y presentarle a cada nueva generación una versión de cuento de hadas de su pasado? ¿Creen que con decir «durante nuestra pertenencia al SCV nuestra labor no tuvo relación alguna con actividades ilícitas de ningún tipo» queda demostrado que determinadas personas que han sido denunciadas no aprovecharon las estructuras de la organización para cometer delitos?

Que quede claro que yo tampoco realicé actividades ilícitas en el Sodalicio y puedo suscribir lo que dice la carta: «nos consta la permanencia en el SCV de muchos miembros que son personas de buena voluntad con una clara vocación [a] actuar al servicio del prójimo, de la Iglesia y de la sociedad». Lamentablemente, esto no constituye una prueba fehaciente de que las acusaciones sean infundadas, según la explicación que da el ex sodálite Gonzalo Cano en su artículo Demonios y ¿ángeles? – Una reflexión sobre la mentira perversa, publicado hace tres años (ver https://dibanaciones.lamula.pe/2013/08/23/demonios-y-angeles/gonzalocano/):

«Una persona sedienta de poder (consciente o inconscientemente) necesitaba captar voluntades para su propósito. Para esto, necesitaba captar gente sensible, inteligente y, por supuesto, manipulable. Estas personas tenían que ser menores que él y si eran adolescentes idealistas sin padre o con problemas con la figura paterna, mejor. Para someter esas voluntades, se les tenía que “formar” y para formarlos, primero había que “romperlos” psicológicamente hasta que estuvieran listos para obedecer ciegamente. El camino a la obediencia podía ser largo, pero si era minuciosamente preparado, era posible. Se los podía romper con exigencias físicas, con exigencias de trabajo, con insultos, con humillaciones, haciéndolos sentirse “impuros”, con sentimiento de culpa, amenazándolos con repetir los mismos defectos de sus padres, dándoles un sentido a su vida (que sería justamente servir a esta persona “tocada” por Dios) o simplemente manteniéndolos económicamente. Claro, como [en] todo grupo surgirían las pugnas y las purgas en el camino por ser “la mano derecha” y esa mano podría ser cambiada siempre según el capricho del líder, cosa que los tenía a todos permanentemente “en vilo” y listos para todo. Y la coartada era cualquier cosa. En este caso, mi teoría apuntaba a la religión, pero podría ser política, dinero, placer o cualquier otra cosa que haga que una persona sea poderosa. Lo principal era el poder, la ideología lo secundario (aunque para los “fieles” tendría que parecer que no importara el poder y que todo era la ideología). Eso con respecto al grupo central.

Luego habría que buscar posibles “piezas de recambio”. Un número de gente que con el tiempo se podría formar para ampliar las redes de poder. Pero tenía que ser gente especial, similar al primer grupo en potencia. A estos no se les daría toda la información, pero se les seduciría permanentemente para que sueñen con pertenecer al grupo principal y que en la medida de sus ganas (y de sus problemas psicológicos bien manipulados) estuvieran dispuestos a hacer todo o a callar todo lo que vieran por miedo, obediencia, arribismo o estupidez. A este segundo grupo le llamé “menú”.

Y, finalmente, tendrían que conseguir la famosa “cortina de humo”, que son los miles y miles de cojudos que pueden ser convocados bajo un ideal y que sólo sirven para que los perversos iniciales avancen con su plan de poder. Este tercer grupo es siempre gente buena, bien intencionada, realmente sincera y sana, pero que dado que son buenos y no se imaginan cómo procede la perversión, creen a los líderes y depositan en ellos su confianza al punto [de] que a pesar de que sean descubiertos uno por uno, afirmen siempre que son un “caso aislado” según les dicen los que siguen dirigiendo el grupo. Esta gente es inocente hasta cierto punto, pero como me dijo una vez un sacerdote: “Los mongolitos (por la gente Down) se van al cielo; los cojudos, no.”

De este tercer grupo se puede acceder también al segundo y en pocos casos al [primero]. Los del segundo grupo siempre serán buscados específicamente. Las proporciones que calculé serían así: 5% del total del grupo son los perversos/perversos; 10% los futuros perversos o cojudos que observan y no se dan cuenta de lo que está pasando; y el resto, cortina de humo.»

En consecuencia, «los actores acusados de los delitos» no pueden ser separados del resto de los miembros, como si hubieran actuado al margen o en contra del sistema en el cual estaban insertos. Ellos habrían estado interesados en seguir manteniendo el sistema tal como existió desde sus inicios, a fin de cometer sus actos delictivos, no sé si con plena conciencia. No sabemos hasta dónde llega la infección de ese virus del formateo mental que Figari inoculó en la institución desde sus inicios (ver EL PARÁSITO FIGARI).

Ciertamente, hay muchas personas inocentes que han sido manipuladas, a las cuales se les ha ocultado sistemáticamente información y que han participado o siguen participando del Sodalicio de Vida Cristiana de buena voluntad y con las mejores intenciones, buscando tener una vida coherente con la fe cristiana, creyendo que fines sagrados son los únicos fines que tiene y ha tenido la institución. Pero no deben olvidar que eso puede cumplir perfectamente las funciones de una cortina de humo. Así como cortina de humo parece ser esta carta firmada por 47 cortesanos del Sodalicio.

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FUENTES

Denuncia penal ampliatoria contra 7 miembros y 1 ex miembro del Sodalitium Christianae Vitae (interpuesta el 10 de mayo de 2016)
https://de.scribd.com/doc/312903379/Denuncia-Sodalitium-Christianae-Vitae

Carta de 47 ex sodálites rechazando denuncia penal contra el Sodalicio (01 de junio de 2016)
https://de.scribd.com/doc/314749279/Carta-ex-soda-lites

EL CATÓLICO FUJIMORISTA

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Se sabe que una parte significativa de quienes se consideran católicos comprometidos votarán por la hija del ex dictador. Sólo porque se ha manifestado en contra de la despenalización del aborto y de la unión civil entre homosexuales.

Su conciencia moral la reducen a estos dos puntos, y no les importan los vínculos con el narcotráfico, la propagación de mentiras, los signos de corrupción presentes en la campaña, la defensa de la pena de muerte ni la amenaza autoritaria que representa la candidata.

El católico fujimorista mira con buenos ojos el autoritarismo, le agrada la mano dura —pues cree firmemente que a él no le va a afectar—, ve con gusto la imposición de ideas sin necesidad de dialogar ni negociar. Así como obnubila su capacidad crítica ante la ilusa promesa de seguridad unida a la represión que postula Fuerza Popular, de igual manera le rinde pleitesía al cardenal Cipriani y arrodilla servilmente su pensamiento ante sus exabruptos doctrinales —como condenar la pena de muerte cuando la defiende Alan García, pero considerarla un asunto de conciencia cuando la defiende Keiko Fujimori—.

Al católico fujimorista le interesa que las leyes se ajusten a sus convicciones morales aunque el país se caiga en pedazos, se conmueve ante los gestos de asistencialismo social —sin importarle que se usen sólo con fines clientelistas— y nunca se le verá marchando al lado de las mujeres esterilizadas a la fuerza, de los deudos de los asesinados por el Grupo Colina o de los jóvenes amantes de la libertad y la democracia.

Tampoco le importa que puedan haber muertos y desaparecidos. Pues es ciego al sufrimiento y a la injusticia.

(Columna publicada en Exitosa el 4 de junio de 2016)

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Agradezco a Ricardo Sánchez Serra, columnista católico del diario fujimorista La Razón, quien —gracias a sus comentarios en Twitter— me sirvió de inspiración para este escrito. Los artículos que perpetra con cierta regularidad pueden leerse en su blog personal (ver http://rsanchezserra.blogspot.com).