EL EFECTO CIPRIANI

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El 18 de julio la Conferencia Episcopal Alemana dio a conocer su estadística anual. En el año 2013, 178,805 personas abandonaron la Iglesia católica, 51% más que el año anterior.

Esta dramática cifra se atribuye al efecto Tebartz-van Elst, en alusión al defenestrado obispo de Limburgo, que gastó más de 31 millones de euros en el acondicionamiento de su residencia episcopal, además de mentir sistemáticamente sobre los costos verdaderos del proyecto.

Ni siquiera el efecto Francisco ha podido frenar esta sangría de fieles en una institución que pasa por una aguda crisis de confianza. Desde la Reunificación Alemana en 1990, la Iglesia católica en ese país ha perdido más del 14% de su feligresía.

¿Y como van las cosas en el Perú?

El Latinobarómetro, en un estudio de opinión pública que cuenta con el respaldo de IPSOS Apoyo, señala que los católicos en el Perú pasaron de ser 90% de la población en 1996 a 77% en el año 2013. Ese 13% menos respecto a la población significa en términos absolutos que el Perú ha perdido el 14.5% del total de sus fieles católicos en menos tiempo que Alemania.

Es en 1996 que Mons. Cipriani comienza a tener relevancia debido al rol desempeñado en la crisis de los rehenes del MRTA [Movimiento Revolucionario Túpac Amaru]. En 1999 se convierte en arzobispo de Lima. Si bien nunca ha sido elegido Presidente de la Conferencia Episcopal, con su postura conservadora y retrógrada es considerado por la opinión pública como la cara visible de la Iglesia católica en el Perú. Una imagen no atrayente que podría haber ahuyentado a varios católicos. ¿Podríamos hablar de un efecto Cipriani?

(Columna publicada en Exitosa Diario el 30 de julio de 2014)

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Si tenemos en cuenta sólo a los católicos en el Perú sin considerar al resto de la población, la Iglesia católica efectivamente ha perdido entre 1996 y 2013 un 14.5% de su feligresía. En 17 años ha tenido un decrecimiento porcentual similar al que la Iglesia católica alemana ha tenido en 23 años, de 1990 a 2013. La diferencia está en que las cifras sobre la Iglesia en el Perú provienen de encuestas de opinión hechas por entidades independientes —pues en los registros oficiales aquellos que ya no se consideran católicos siguen apareciendo como tales—, mientras que en Alemania los cifras provienen directamente de registros oficiales.

Tanto en Alemania como en Austria la pertenencia a la Iglesia está vinculada al pago de un impuesto que recauda el Estado mediante descuentos del ingreso mensual, con el fin de sostener económicamente a la institución eclesial. Quien no quiera pagar el impuesto, tiene que rellenar un formulario mediante el cual solicita salirse de la Iglesia. La información es enviada a la parroquia correspondiente, a fin de que se registre que esa persona ya no pertenece a la Iglesia católica. Los efectos son parecidos a los de una excomunión: al sujeto pierde el derecho a recibir los sacramentos, no puede casarse religiosamente, no puede bautizar a sus hijos, no puede oficiar de padrino o madrina, etc. Aunque hay muchos casos en que los sacerdotes se hacen la vista gorda y siguen administrando la comunión a esa persona y confesándola, si ésta lo solicita. Pues muchas veces el salirse formalmente de la Iglesia no implica un abandono de la fe.

En Alemania hay muchas personas creyentes que se siguen considerando católicas no obstante haberse formalmente separado de la Iglesia, pues consideran en conciencia que no pueden apoyar económicamente a una institución que con frecuencia no es transparente en la gestión de los fondos que recibe y cuenta con obispos, sacerdotes y religiosos que causan escándalo por diferentes motivos. Lo curioso es que estos católicos son objeto de una “excomunión” territorial, pues más allá de las fronteras de Alemania, si siguen manteniendo la fe, tienen todos los derechos de un católico común y corriente y nadie les va a negar los sacramentos. Con lo cual el número efectivo de católicos en Alemania sería mayor que lo que registran las cifras oficiales, si consideramos a aquellos católicos en situación irregular que no son considerados como tales en Alemania, pero sí fuera de sus fronteras. El teólogo católico homosexual David Berger, por ejemplo, se sigue considerando católico aunque se haya separado formalmente de la institución eclesial en Alemania, y como tal sigue cultivando un espíritu religioso y asistiendo a celebraciones litúrgicas católicas.

En el Perú no existe la posibilidad de separarse formalmente de la Iglesia católica. De ahí la importancia de las encuestas de opinión, que permiten saber cuántos peruanos se siguen identificando como católicos. Y aquellos que en los resultados de esas encuestas aparecen como no católicos, no lo son definitivamente, aunque haya registros en los libros parroquiales que aseguren lo contrario.

La desbandada de católicos en el Perú —donde la mayoría de los ex católicos se han unido a alguna confesión cristiana evangélica— ha coincidido con la hegemonía de obispos conservadores en las principales diócesis peruanas (Lima, El Callao, Arequipa, Ayacucho, Cuzco, Piura, Puno), que aglutinan al grueso de la población peruana. Ni siquiera en la época de los cardenales Juan Landázuri-Ricketts y Augusto Vargas Alzamora —arzobispos de Lima sucesivamente antes de Cipriani— hubo una sangría de fieles de tales proporciones. Ambos eran conocidos por su tolerancia y comprensión, y tenían una mayor apertura al sano pluralismo que debe haber en la Iglesia, permitiendo convivir en un mismo redil a partidarios de la teología de la liberación con grupos conservadores de derecha, además de otros grupos con otros estilos y espiritualidades, como los carismáticos, por ejemplo. Como debe ser cuando se vive un auténtico espíritu de comunión eclesial.

El viraje hacia la derecha de gran parte del episcopado peruano parece haberle hecho un flaco favor a la Iglesia. El conservadurismo predominante no ha podido evitar la disminución de fieles en la Iglesia católica, y probablemente ha contribuido a que ello ocurra mediante posiciones rígidas, su falta de diálogo, su inmovilismo, su autoritarismo y su poca apertura a las preocupaciones reales de la gente y del mundo.

Finalmente, las acusaciones que hacían los conservadores respecto a que la teología de la liberación habría alejado a muchos fieles de la Iglesia no sólo han quedado como meras suposiciones, sino que les han regresado como un boomerang, asestándoles un golpe en la cabeza. Esperamos que ese golpe les abra los ojos y les permita corregir el rumbo, contribuyendo a mostrar el rostro de una Iglesia humilde comprometida con este mundo y presente en medio de sus problemas, que no está allí para juzgar sino para manifestar la misericordia de Dios y atraer a la gente sin excluir a nadie hacia ese Reino de Amor que inauguró Jesús de Nazaret con una vida humana como pocas y divina como ella sola.

Nunca es tarde para llevar a la práctica las siguientes palabras del Concilio Vaticano II:

«Los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres de nuestro tiempo, sobre todo de los pobres y de cuantos sufren, son a la vez gozos y esperanzas, tristezas y angustias de los discípulos de Cristo. Nada hay verdaderamente humano que no encuentre eco en su corazón. La comunidad cristiana está integrada por hombres que, reunidos en Cristo, son guiados por el Espíritu Santo en su peregrinar hacia el reino del Padre y han recibido la buena nueva de la salvación para comunicarla a todos. La Iglesia por ello se siente íntima y realmente solidaria del genero humano y de su historia» (Constitución pastoral Gaudium et spes sobre la Iglesia en el mundo actual, 1).

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FUENTES

Die Welt
Kirchenaustritte nehmen um mehr als 50 Prozent zu (18.07.14)
http://www.welt.de/politik/deutschland/article130306812/Kirchenaustritte-nehmen-um-mehr-als-50-Prozent-zu.html

Corporación Latinobarómetro
Las religiones en tiempos del Papa Francisco (26 de Abril de 2014 / Santiago de Chile)
http://liportal.giz.de/fileadmin/user_upload/oeffentlich/Honduras/40_gesellschaft/LAS_RELIGIONES_EN_TIEMPOS_DEL_PAPA_FRANCISCO.pdf

Sobre el ex-obispo de Limburgo, Franz-Peter Tebartz-van Elst, se puede ver mi post UN PRÍNCIPE DE LA IGLESIA.

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CALIDAD DE EXPORTACIÓN

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Café sudamericano de venta en una cadena alemana de supermercados

Sobre la envoltura de algunos productos peruanos que se venden en el país se puede ver el sello de “calidad de exportación”. ¿Motivo de orgullo? Más bien, motivo de vergüenza.

Este sello es impensable en países donde existen unos estándares mínimos de calidad y donde todos los productos disponibles en el mercado pueden ser exportados, simplemente porque ostentan una calidad que es buena para los habitantes de ese país. No ocurre así en el Perú.

El mejor cacao es exportado para que empresas en Suiza, Alemania y Bélgica puedan fabricar un chocolate de óptima calidad, mientras que el peor cacao, aquel que no se puede exportar, es destinado a la fabricación de chocolates para el mercado peruano.

Asimismo, el Perú produce uno de los mejores cafés del mundo. Lo he podido comprobar aquí en Alemania, país donde se toma más café que cerveza y donde se puede conseguir café peruano en supermercados y tiendas especializadas. Pero en el Perú mismo, donde se consume mayormente café instantáneo de baja calidad, es muy difícil encontrar esta calidad de café.

“Calidad de exportación” significa que hay otra calidad más corriente, que es la comúnmente se ofrece a los peruanos, mostrando un oculto desprecio por la propia gente, a la vez que se hace depender el desarrollo económico y social de la satisfacción de intereses foráneos, hacia los cuales deben fluir los mejores frutos del Perú. Una especie de neocolonialismo.

Un claro paso hacia el auténtico desarrollo se habrá dado cuando las empresas produzcan principalmente para el mercado interno y la “calidad de exportación” sea el estándar accesible para la mayoría de los peruanos.

(Columna publicada en Exitosa Diario el 23 de julio de 2014)

ADIÓS, LUMEN DEI

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La Unión Lumen Dei es una asociación privada de fieles, con un sector sacerdotal, otro femenino comunitario y otro matrimonial, fundada originalmente en 1967 en el Cusco por el jesuita español Rodrigo Molina, aunque bajo otro nombre. Posteriormente se expandiría hacia España, asumiendo bajo su responsabilidad varios centros educativos.

Debido a graves problemas que se venían sucediendo en la institución —cuyos detalles siguen siendo desconocidos—, la Santa Sede decidió intervenirla en mayo de 2008, destituyendo a sus autoridades y nombrando a Mons. Fernando Sebastián Comisario Pontificio de Lumen Dei. En abril de 2011, Mons Jesús Sanz Montes, quien había asumido ese puesto en mayo de 2009, declaró que no había indicios de abusos sexuales ni malversaciones de fondos, aunque hubieran algunas cuestiones que precisaban tomar decisiones.

Lo cierto es que hace poco la Santa Sede decidió darle una última oportunidad a esta institución, que tenía prohibido admitir nuevas vocaciones sacerdotales, poniendo como condición la revisión de las constituciones, el traslado del seminario a otra sede para garantizar una formación teológica apropiada y la claridad jurídica en la gestión de fondos.

La rebelión —propia de los conservadores cuando la Santa Sede no se ajusta a su propio bagaje ideológico— ya se había manifestado con la primera intervención y tomó cauces espectaculares. El 90% de los miembros se dio de baja. Y Lumen Dei pasó prácticamente a la historia.

Los Legionarios de Cristo, Miles Jesu, el Instituto del Verbo Encarnado, la Comunidad de las Bienaventuranzas son instituciones conservadoras católicas que también han sido intervenidas en mayor o menor grado por abusos sexuales, psicológicos y/o financieros.

¿Quién sigue? ¿El Sodalicio de Vida Cristiana?

(Columna publicada en Exitosa Diario el 16 de julio de 2014)

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Información más detallada sobre los últimos acontecimientos en torno a Lumen Dei se puede leer en Religión Digital:

La Santa Sede somete a la Unión Lumen Dei y la mayoría de sus miembros se dan de baja (9 de julio de 2014)
http://www.periodistadigital.com/religion/vaticano/2014/07/09/la-santa-sede-somete-a-la-union-lumen-dei-y-la-mayoria-de-sus-miembros-se-dan-de-baja-religion-iglesia-vaticano-braz-aviz-carballo-disidentes.shtml

Asimismo, resulta de interés una antigua nota informativa en El País, de España:

Los curas integristas de Lumen Dei atemorizaron a los niños de Jarandilla durante varios años (13 de enero de 1996)
http://elpais.com/diario/1996/01/13/sociedad/821487606_850215.html

EL “ALEGRE” SEMINARIO DIOCESANO DE SANKT PÖLTEN

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Sankt Pölten es una pequeña e idílica ciudad en los Alpes austriacos. Hace diez años fue también escenario de un escándalo sexual que remeció a la Iglesia católica.

Todo comenzó cuando se filtraron a la prensa algunas fotografías compremetedoras. En una de ellas aparecía Wolfgang Rothe, vicerrector del seminario diocesano y a la vez secretario y consejero del obispo local Kurt Krenn, dándole un beso francés a un seminarista. Posteriormente saldría a la luz otra foto que mostraba al rector Ulrich Küchl rodeando con su brazo izquierdo a otro seminarista y tocándole con la mano derecha el “paquete”.

Tras un toma y daca de acusaciones y réplicas, la policía intervino y, luego de requisar varias PC del seminario, encontró almacenadas en sus discos duros unas 40,000 imágenes de contenido sexual, desde representaciones zoofílicas hasta pornografía infantil, además de fotografías comprometedoras de varios seminaristas.

Las posteriores investigaciones nos muestran un cuadro propio de épocas turbulentas: prácticas homosexuales fomentadas por autoridades del seminario, fiestas gay en horas nocturnas, romances prohibidos entre jóvenes candidatos al sacerdocio, acusaciones de acosos pedofílicos cometidos por seminaristas en parroquias circundantes e incluso la misteriosa muerte de un seminarista que apareció flotando en el río. ¿Suicidio?

El obispo Krenn, miembro del Opus Dei, autoritario impulsor de una corriente tradicionalista en su diócesis, quien se había mostrado siempre orgulloso de su seminario y no sospechaba de las consecuencias de una moral puritana, conservadora y represiva, no dijo esta boca es mía.

Finalmente, tras la renuncia del rector y el vicerrector, la Santa Sede intervino, el seminario fue clausurado y el cuestionado obispo opusdeísta fue cesado definitivamente. Como debe ser.

(Columna publicada en Exitosa Diario el 9 de julio de 2014)

LO QUE CIPRIANI NO APRENDIÓ SOBRE EL ABORTO

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Cardenal Juan Luis Cipriani, arzobispo de Lima

Conocí a Juan Luis Cipriani en 1983 cuando yo era un joven estudiante de teología y él profesor de teología moral en la Facultad de Teología Pontificia y Civil de Lima.

Como profesor era bastante mediocre, pues sus pocas luces y su espíritu sectario asimilado en el Opus Dei no le permitían tener la libertad de pensamiento como para profundizar humanamente en las situaciones éticas concretas que nos presenta la vida. Pero como repetidor de manuales y fórmulas anquilosadas, era un experto.

Aún así, parece que no llegó a memorizar todo. Pues su oposición tajante y sin distinciones al aborto terapéutico no está refrendada por ningún moralista católico serio, ni encuentra sustento en la doctrina del Magisterio de la Iglesia.

Dice la Carta de los Agentes Sanitarios (1995) del Pontificio Consejo para la Pastoral de los Agentes Sanitarios: «Cuando el aborto viene como consecuencia prevista pero no intencionada ni querida, simplemente tolerada, de un acto terapéutico inevitable para la salud de la madre, éste es moralmente legitimo. El aborto es consecuencia indirecta de un acto en sí no abortivo».

Asimismo, el vocero de la Santa Sede, P. Lombardi, declaró en marzo de 2009, después de una visita del anterior Pontífice a Angola (África): «Benedicto XVI no ha dicho que haya que rechazar el aborto indirecto -terapéutico-, sólo se ha expresado contra los programas de salud reproductiva que defienden el aborto como medio de control de la natalidad».

¿Cómo, cómo? ¿O sea que en ciertas circunstancias y dadas ciertas condiciones un aborto terapéutico puede ser moralmente legítimo? ¿Te has enterado, Juan Luis? Todavía estás a tiempo de aprender. Aprende pues, hermano.

(Columna publicada en Exitosa Diario el 2 de julio de 2014)

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Ciertamente, junto con la Iglesia católica, me opongo por principio al aborto, y considero que un aborto sólo es permisible cuando está en juego la salud o la vida de la madre.

Dice el Catecismo de la Iglesia Católica: «La vida humana debe ser respetada y protegida de manera absoluta desde el momento de la concepción. Desde el primer momento de su existencia, el ser humano debe ver reconocidos sus derechos de persona, entre los cuales está el derecho inviolable de todo ser inocente a la vida» (n. 2270).

El problema en qué se entiende por “vida humana”. San Agustín y Santo Tomás de Aquino sostenían que ésta empieza 40 días después de la fecundación, cuando al embrión le es insuflada el alma de parte de Dios. La Iglesia asumió esta doctrina como posición oficial durante unos tres siglos, a partir del Concilio de Trento. Recién en el siglo XIX con el Papa Pío IX se asume la doctrina de que la vida humana comienza con la concepción.

Las ciencias tampoco están de acuerdo sobre cuándo comienza una vida humana. Cito las palabras de Frei Betto, en un artículo de marzo de 2009: «Para la genética, el feto es humano a partir de la segmentación. Para la ginecología-obstetricia, desde la anidación. Para la neurofisiología, sólo cuando se forma el cerebro. Y para la psicosociología, cuando se da una relación personalizada».

La doctrina actual de la Iglesia no se basa en ninguna evidencia incuestionable ni en ningún dato que esté contenido en la revelación divina. Tampoco es dogma de fe. Más bien, parecería ser que se asume la idea de que la vida humana se inicia con la fecundación del óvulo en base a la falta de una certeza absoluta. Por si las dudas. Como no se tiene cómo determinar cuando comienza exactamente la vida humana, se va por lo seguro y se dictamina que la existencia propiamente humana se inicia en la concepción, con lo cual un óvulo fecundado deberá ser considerado un ser humano. Lo cual no deja de presentar problemas y dificultades. Pues actualmente se sabe que es enorme la cantidad de óvulos fecundados que no llegan a anidar en el útero y son expulsados de manera natural y espontánea. Aun sin la aplicación de métodos anticonceptivos artificiales, por cada niño que nace hay varios óvulos fecundados —o “niños concebidos”, si asumimos lo que enseña la Iglesia— que son desechados y eliminados por la naturaleza sin intervención humana. Con lo cual Dios, el creador y diseñador del sistema de reproducción humana, se convertiría en el mayor abortista del mundo. Y francamente, me cuesta aceptar este absurdo.

La Declaración sobre el aborto (1974) de la Congregación para la Doctrina de la Fe intentó darle un sustento científico a la posición actual de la Iglesia, afirmando que la ciencia genética «ha demostrado que desde el primer instante queda fijado el programa de lo que será este ser viviente: un hombre, individual, con sus notas características ya bien determinadas. Con la fecundación ha comenzado la aventura de una vida humana, cada una de cuyas grandes capacidades exige tiempo, un largo tiempo, para ponerse a punto y estar en condiciones de actuar. Desde el momento de la fecundación del óvulo, queda inaugurada una vida que no es ni la del padre ni la de la madre, sino la de un nuevo ser humano que se desarrolla por sí mismo. No llegará a ser nunca humano si no lo es ya entonces» (n.12). Lo cual ciertamente no disipa las dudas, pues la presencia de toda la información genética de un posible ser humano en una célula viva no es indicio suficiente de encontrarnos con absoluta certeza ante una vida humana en sentido propio. Por eso mismo, no extraña que se termine incluyendo la siguiente cláusula: «desde el punto de vista moral, esto es cierto: aunque hubiese duda sobre la cuestión de si el fruto de la concepción es ya una persona humana, es objetivamente un pecado grave el atreverse a afrontar el riesgo de un homicidio» (n. 13). En otras palabras, se trata de lo mismo que ya he señalado: si hay dudas, se va por lo seguro.

Sea como sea, en casos en que corra peligro la vida de la madre o haya riesgo de daño permanente para su salud, se justificaría, a manera de excepción, una intervención quirúrgica que tenga como consecuencia no deseada la muerte del embrión, la cual, dadas las circunstancias, sería tolerada como un mal que es necesario aceptar.

Como católico creyente sigo considerando que el aborto directo procurado como fin o como medio para otros fines que no sean la vida o la salud de la madre es un delito grave, y no puede ser considerado como un derecho de nadie, así como tampoco existe el derecho a la aplicación de la pena de muerte, que es inmoral desde todo punto de vista y sobre la cual, lamentablemente, la Iglesia católica no se ha pronunciado todavía con la misma “claridad” con la que se pronuncia sobre el aborto. Una “claridad” con puntos ambiguos, que no justifica de ninguna manera los exabruptos de los representantes de los sectores más conservadores de la Iglesia, que tildan de “asesinos” a quienes por una u otra razón han optado por un aborto, o designan a una guía de aborto terapéutico como “guía para matar”. Pero ya se sabe que la discusión alturada y respetuosa no forma parte de las costumbres de quienes pertenecen a la “derecha bruta y achorada”, que también cuenta con “dignos” ejemplares y eminencias en la Iglesia católica.

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A través de los enlaces correspondientes se pueden leer los siguientes materiales de referencia:

Congregación para la Doctrina de la Fe
Declaración sobre el aborto (25 de junio de 1974)
http://www.vatican.va/roman_curia/congregations/cfaith/documents/rc_con_cfaith_doc_19741118_declaration-abortion_sp.html

Pontificio Consejo para la Pastoral de los Agentes Sanitarios
Carta de los Agentes Sanitarios (1995)
http://www.vatican.va/roman_curia/pontifical_councils/hlthwork/documents/rc_pc_hlthwork_doc_19950101_charter_sp.html

Religión Digital
Artículo de Frei Betto sobre el aborto (13 de marzo de 2009)
http://blogs.periodistadigital.com/religion.php/2009/03/17/p223768

ABC
El Vaticano no condena el aborto terapéutico si permite la cura de la madre (21 de marzo de 2009)
http://www.abc.es/20090321/nacional-sociedad/vaticano-condena-aborto-terapeutico-200903211955.html