UN PAÍS DERROTADO

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Desde que tengo memoria siempre he tenido en el Perú la sensación de vivir en un país derrotado.

Uno de mis primeros recuerdos de la infancia se remonta a 1968, cuando me padre me comentó, mientras conducía su viejo automóvil Opel por el centro de Miraflores, que había habido un golpe de estado y los militares habían tomado el poder.

Si bien el Gobierno de la Revolución de la Fuerza Armada —como se denominó a sí mismo— significó una derrota para las clases medias —a la cual pertenecía mi familia—, muchos años después sabría que también significó una derrota para los más pobres, cuyas esperanzas de un cambio social se vieron frustradas por quienes plantearon reformas necesarias en un país hasta entonces dominado por la oligarquía y atravesado por injusticias y desigualdades clamorosas, pero que no supieron plasmar las medidas correctas para lograr fines tan encomiables.

La crisis económica y los problemas sociales se acentuaron, hasta el punto de que en 1980, con el regreso de la democracia, se eligió como Presidente de la República al mismo que había generado la crisis que llevó a la dictadura del Gral. Juan Velasco Alvarado, a saber, al arquitecto Fernando Belaúnde Terry, una figura ambigua, pues durante su segundo gobierno el Perú sufrió una de sus derrotas más graves dentro del rosario de derrotas que han jalonado su historia: la del surgimiento de Sendero Luminoso, cuyo accionar Belaúnde no supo combatir cuando era todavía un grupo incipiente, permitiendo con su incompetencia que el problema se convirtiera en un cáncer de consecuencias nefastas.

Y entre esas consecuencias no sólo están los asesinados por la organización terrorista, sino también los desaparecidos y muertos por la Policía y las Fuerzas Armadas, siendo su número mayor durante el gobierno acciopopulista que durante cualquiera de los gobiernos que siguieron, los cuales continuarían asentando esa sensación de derrota enquistada en el inconsciente colectivo de los peruanos.

La consiguiente victoria sobre el terrorismo no significó un triunfo sobre los conflictos sociales, la desigualdad social, el clasismo y el racismo subyacentes a todos los niveles de la sociedad, el desprecio y la falta de apoyo hacia el talento personal y colectivo, la mediocridad de la clase política, la prepotencia de los poderosos, los abusos de quienes detentan el poder económico, la falta de solidaridad, la corrupción generalizada, etc.

Los gobiernos de Alan García, Alberto Fujimori, Alejandro Toledo, Ollanta Humala, Pedro Pablo Kuczynski, serían incapaces —por diversos motivos— de generar las condiciones para la construcción de un Perú del cual podamos sentirnos orgullosos todos los peruanos. Y eso se refleja en el hecho de que más del 10% de la población peruana vive en condición de migrante en el extranjero.

Poniendo el acento sobre lo económico —que es como poner la carreta delante de los bueyes—, los gobiernos se olvidarían del enorme y valioso potencial humano que hay en la gente sencilla, la cual se alza frente a la adversidad y constituye la piedra fundamental para llevar a un país al desarrollo. Gente como la que yo conocí en mis épocas de docente de instituto pedagógico, que dentro de las limitaciones impuestas por un país derrotado sacaban lo mejor de sí mismos para dedicarse, en este caso, a la heroica tarea de educar moral y religiosamente a nuevas generaciones de peruanos.

Gente como la de la actual selección peruana de fútbol, cuyas ajustadas derrotas en el Mundial han sido una muestra de empeño, dedicación, sacrificio, entrega y dignidad. No importa que hayan perdido. Porque lo que se ha visto es un triunfo de lo mejor de la peruanidad, de lucha denodada y esfuerzo limpio por alcanzar una meta, de dignidad ante la adversidad, de esperanza confiada en el futuro. El equipo de Gareca no es un equipo derrotado, sino un equipo que ha mantenido la frente en alto y siguió luchando hasta el final, sin caer en la trampa del juego sucio.

Alemania, después de la Segunda Guerra Mundial, pasó de ser un país material y moralmente derrotado a lo que es ahora gracias a su gente. El Perú también dejará de ser un país derrotado cuando los gobiernos apuesten por la gente. Gente como la de nuestra selección de fútbol, de la cual podemos estar orgullosos.

(Columna publicada en Altavoz el 25 de junio de 2018)

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EL GRAN AMOR DE UN CARDENAL ALEMÁN

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Cardenal Michael von Faulhaber (1869-1952)

El cardenal Michael von Faulhaber (1869-1952) fue de 1911 a 1917 obispo de Espira (Speyer) —diócesis cuya jurisdicción abarca el pueblo en el cual vivo— y posteriormente arzobispo de Múnich y Freising desde 1917 hasta su muerte.

Fue una personalidad ambigua no sólo en el campo de lo político —se opuso a todo tipo de antisemitismo y de maltrato de los judíos, pero buscó mantener buenas relaciones con la dictadura hitleriana—. También lo fue en el ámbito de la vida sentimental. Pues aun siendo un “santo varón” que había prometido vivir en celibato, entre 1938 y 1950 cultivó una amistad íntima con una mujer 17 años más joven que él.

Franziska Bösmiller (1886-1983), especialista en lengua y literatura germánica, trabajaba como maestra de escuela en Múnich. Nacida en una familia protestante, se convirtió posteriormente al catolicismo, y publicaba regularmente artículos de temas pedagógicos y religioso-filosóficos en revistas. Se le podría describir como una mujer moderna para su tiempo, con formación académica y pensamiento independiente, una profesional, a la cual le gustaba asistir a la tradicional festividad bávara del Oktoberfest así como ir a bañarse al lago en la época estival, lo cual no era entonces algo usual entre mujeres católicas.

El primer encuentro de ambos personajes ocurrió en diciembre de 1937, cuando Franziska recibió la comunión de manos de Faulhaber durante una misa en una iglesia de Múnich. El 8 de enero de 1938 visita oficialmente al cardenal, quedando impresionados el uno con el otro. A Franziska le sería encomendada la tarea de ordenar la biblioteca personal del prelado, así como ayudarlo a taquigrafiar y mecanografiar sus prédicas y preparar una colección histórica de personajes católicos que se hubieran opuesto al nazismo. A estos efectos, pasaría varias horas de la semana en el palacio arzobispal. A partir de ahí se desarrollaría una relación muy particular, siendo así que el cardenal la visitaría posteriormente por lo menos nueve veces en su vivienda personal.

La teóloga Antonia Leugers de la Universidad de Tubinga, quien ha tenido acceso al diario personal del prelado alemán —descubierto tras la muerte en 2010 de quien fuera su secretario personal— y al diario de Franziska, obtenido por un golpe de suerte cuando en 2013, durante unas jornadas académicas, se le acercó una sobrina nieta de la maestra para informarle que se hallaba en posesión familiar una maleta con varios documentos de Franziska, entre ellos el diario mencionado, investiga desde hace años esta amistad íntima y ha sacado a la luz el fascinante testimonio del amor entre un cardenal alemán y una cultivada mujer soltera, visto desde la perspectiva femenina de ésta última.

«Ésta es la verdadera belleza — la belleza de espíritu y cuerpo — está unión. Que tú seas así, que tu estés allí — que tú estés allí en el aliento de tu alma y de tu vida — es la razón por la que te amo así — mi Franziska», son palabras del cardenal Faulhaber reseñadas por la maestra en su diario.

La cosa no quedó solamente en declaraciones amorosas. Franziska describe otras manifestaciones como abrazos, besos, caricias y arrumacos. Una vez en 1940 Faulhaber estaba guardando reposo en un sanatorio. Allí recibió a Franziska, quien relata en su diario: «Me abraza y me sujeta tan amorosamente, me besa tiernamente, mientras me susurra siempre de nuevo: mi Sonntagskind» —cariñosa expresión alemana que se traduce literalmente como “niño de domingo” y equivale a la expresión “persona nacida con buena estrella”—.

En abril de 1943 Franziska pasa una hora junto al cardenal en el palacio episcopal. «Nuestro corazones se fortalecen mutuamente», escribe en su diario. «En la noche pienso en ti – eso te lo he prometido – durante el rosario – y cuando paseo», le habría dicho el cardenal enamorado.

Los encuentros se interrumpieron abruptamente cuando la vivienda de Franziska fue dañada durante un bombardeo aéreo en 1944, y dado que el cardenal —preocupado por su imagen pública— no quería correr el riesgo de que se conociera esta relación, no permitió que sus encuentros furtivos se realizaran en el palacio episcopal. La relación se fue enfriando y la última mención de un encuentro la hace Faulhaber en 1950 cuando señala el esfuerzo que cuesta hacer que Franziska (mencionada bajo seudónimo) se vaya… entre lágrimas.

Lo que en parte fue una historia muy hermosa, no pudo tener un desenlace feliz debido a la obligación de celibato que mantiene el clero católico romano. Un celibato que en la mayoría de los casos suele ser mera apariencia y no compromiso vivido. Y que necesita a gritos ser replanteado en la Iglesia católica.

(Columna publicada en Altavoz el 18 de junio de 2018)

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FUENTES

Süddeutsche Zeitung
Verbotene Liebe: Der strenge Kardinal und seine heimliche Liebschaft (30. April 2017)
http://www.sueddeutsche.de/muenchen/verbotene-liebe-der-strenge-kardinal-und-seine-heimliche-liebschaft-1.3483459

Die Rheinpfalz (edición impresa)
Blickpunkt: Der Kardinal und die Lehrerin – Eine außergewöhnliche Beziehung (14. Juni 2018)

FIGARI: LA PATRAÑA DEL FUNDADOR

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En la página web oficial del Sodalicio se leía hasta octubre de 2015 en la reseña dedicada al fundador, que Figari, tras un proceso de conversión, decidió llevar a cabo «la fundación del Sodalitium Christianae Vitae, en 1971. En 1974 funda la Asociación de María Inmaculada (AMI) para mujeres».

Más adelante se lee: «Por invitación del Papa [Juan Pablo II] participó en la Jornada Mundial de la Juventud de 1984, pronunciando la Catequesis sobre el Amor en la Basílica de San Pablo Extramuros. Esa experiencia fue decisiva para la fundación del Movimiento de Vida Cristiana (MVC) en 1985. […] En 1991 fundó la Fraternidad Mariana de la Reconciliación, para mujeres que descubren el llamado a la vida consagrada laical. En 1995 fundó la Hermandad Nuestra Señora de la Reconciliación, dedicada a una advocación muy ligada a la espiritualidad sodálite. Años después en 1998 fundó otra asociación religiosa para mujeres, las Siervas del Plan de Dios».

Ésta es la historia oficial. Y si bien las paginas web de estas asociaciones han eliminado cualquier referencia a Figari, no se ha cuestionado la versión oficial y se sigue considerando a Figari como un fundador, o como dice la vergonzosa carta de la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica (30 de enero de 2017) que decidió el destino de Figari hasta ahora: «mediador de un carisma de origen divino».

Que Figari reúna las características para ser considerado como tal ha sido cuestionado por el ex-sodálite José Rey de Castro. Mediante documentos de los archivos del Sodalicio demuestra que el 8 de diciembre 1971 realizaron su primera promesa 9 miembros, de entre los cuales destacan Figari y Sergio Tapia Tapia —un abogado vinculado al sector ultramontano del catolicismo y defensor de militares conculcadores de derechos humanos—, los cuales en 1972 forman un triunvirato junto con el sacerdote marianista Gerald Haby, tras haberse reducido el grupo original a sólo cuatro miembros.

«Recién se formaba la SCV y la conciencia de que ésta tenía “tres miembros fundadores” era muy clara. Figari era uno más». Además, con fecha del 11 de septiembre de 1972, Tapia «redacta un documento con la intención de dar algunas “pautas para la mejor conducción de la Sodalitium en todos sus niveles”», donde esboza los principios y estructura que debería tener el nuevo grupo, con lo cual se «muestra que quien sistematiza y aclara asuntos fundamentales de la naciente organización no es Figari».

El nuevo grupo decide vivir la espiritualidad del P. Guillermo José Chaminade, que es el carisma de los marianistas. Con el paso del tiempo se añadirán ideas tomadas del Concilio Vaticano II, Pablo VI, Juan Pablo II, etc. No hay un nuevo carisma, ni una experiencia religiosa que lo sustente. En el caso de Figari no existe tal «“experiencia religiosa” puesto que el SCV es inventado por él en su mente narcisista con el fin de saciar sus desordenados anhelos, usando la espiritualidad marianista para crear un sistema de ideas —ideología— lo suficientemente coherente como para que se lo “compren” sus discípulos entusiasmados con la idea de “cambiar el mundo”».

En el caso de las otras asociaciones, también concurren motivaciones non sanctas.

En los ‘70 se iniciaron las Agrupaciones Marianas como semilleros del Sodalicio, en las cuales se buscaban vocaciones nuevas, y a quien no encajaba en el perfil sodálite, se le dejaba de prestar atención. Ante las multitudes de jóvenes de otros movimientos que Figari vio en 1984 en Roma —en un evento en cual yo también estuve presente—, se le ocurrió que no era buena idea desechar a quienes no fueran aptos para el Sodalicio, y decidió fundar el Movimiento de Vida Cristiana con el fin de vincular a los que él consideraba cristianos de segunda, así como a sus familiares y a representantes del sexo femenino.

En 1991 —según cuenta Rocío Figueroa—, Figari se apropió como supuesto fundador de un proyecto de vida consagrada para mujeres, iniciado en 1987 por la susodicha y otras cuatro compañeras, proyecto al que Figari —en conformidad con su habitual misoginia— nunca apoyó. Dice Rocío sinceramente: «agradezco a Dios todas esas lágrimas por la falta de interés de Luis Fernando, no sólo en esos 4 años sino en todos los años que siguieron donde como superiora tenía que rogarle a sus secretarios por una reunión al año. No. La Fraternidad no la hizo Figari. La hizo el Espíritu Santo con la ayuda de las primeras y con las que siguieron luego. Sí. Con miles de defectos. Sí, contaminadas. Pero no con un origen perverso ni malévolo como el que inspiró la creación del Sodalicio».

A las Siervas del Plan de Dios Figari las fundó porque —según le oí decir en varias ocasiones—, necesitaba monjas que cuidaran a los sodálites cuando éstos estuvieran viejos y enfermos. Es decir, como suministro de mano de obra gratuita en el ámbito de la enfermería.

Las autoridades de la Iglesia católica han sido benevolentes con Figari, a pesar de reconocer que ha cometido delitos graves, precisamente porque lo reconocen oficialmente como «fundador del Sodalitium Christianae Vitae». Ya es hora de dejar de lado esa patraña y reconocer que ni Figari fue guiado por un poder divino, ni es fundador en ningún sentido, ni el Sodalicio es una obra querida por Dios. Para muchos de los que aún somos creyentes, que todavía se crea eso en la Iglesia católica es un insulto para nuestra fe. Y una ofensa a la razón humana.

(Columna publicada en Altavoz el 11 de junio de 2018)

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FUENTES

Internet Archive
Reseña biográfica de Figari en la página web del Sodalicio (23 de octubre de 2015)
https://web.archive.org/web/20151023182315/http://sodalicio.org:80/luis-fernando-figari/

Mi vida en el Sodalicio (Blog personal de José Rey de Castro)
¿Una espiritualidad para nuestro tiempo?
https://www.mividaenelsodalicio.app/una-espiritualidad-para-nuestro-tiempo/
Ensayo de la verdad: los orígenes
https://www.mividaenelsodalicio.app/ensayo-de-la-verdad-los-origenes/
Figari ¿EL fundador?
https://www.mividaenelsodalicio.app/figari-el-fundador/
El otro fundador
https://www.mividaenelsodalicio.app/el-otro-fundador/

Rocieros (Blog personal de Rocío Figueroa)
El robo de la fundación (9 de junio de 2018)
http://rocio-figueroa.blogspot.com/2018/06/el-robo-de-la-fundacion.html

EYVI ÁGREDA Y LA PUERTA DEL INFIERNO

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Eyvi Ágreda (1995-2018)

Eyvi Ágreda murió el 1° de junio, tras cinco semanas y media de agonía, debido a las consecuencias del ataque homicida de Carlos Hualpa, su acosador, quien pensaba que si ella no le correspondía y no era para él, no iba a ser de nadie. Argumento que justificaba rociarla con gasolina y prenderle fuego. Esto ocurrió en medio de una sociedad que se considera mayoritariamente cristiana y dice defender los valores derivados del mandamiento del amor.

Eyvi murió por mano de quien decía amarla. Pero que en realidad sólo la quería como una posesión, como un objeto de su propiedad. Pues en estas tierras peruanas —que ya son uno de los lugares más peligrosos del mundo para ser mujer— subyace en el inconsciente colectivo que los varones son superiores a las mujeres y que éstas deben estar subordinadas a ellos. Y cuando se rompe ese “equilibrio”, son justificables —o por lo menos comprensibles— las reacciones furibundas masculinas que intentan poner orden para que todo vuelva a su sitio.

Un orden avalado por autoridades eclesiásticas como el cardenal Cipriani, quien llegó a afirmar que «muchas veces, la mujer se pone, como en un escaparate, provocando» y que «las campañas para dañar la dignidad de la mujer en su ser mujer y madre, queriendo imponer la llamada ideología de género, no son humanas».

Este tipo de enseñanzas no son nuevas entre los pastores de la Iglesia católica. Ya en el siglo IV San Agustín enseñaba: «Es Eva, la tentadora, de quien debemos cuidarnos en toda mujer… No alcanzo a ver de qué utilidad puede servir la mujer para el hombre, si se excluye la función de concebir niños». Consecuente con este enunciado, el obispo de Hipona infería que «las mujeres no deben ser iluminadas ni educadas en forma alguna. De hecho, deberían ser segregadas, ya que son causa de insidiosas e involuntarias erecciones en los santos varones».

Anteriormente en el siglo II San Clemente de Alejandría decía que «toda mujer debería enrojecer de vergüenza sólo de pensar que es mujer». Y Tertuliano, otro escritor cristiano y padre de la Iglesia, se dirigía así a las representantes del sexo femenino: «Mujer, deberías ir vestida siempre de luto y andrajos, presentándote como una penitente anegada en lágrimas, para redimir así tu pecado de haber perdido al género humano. Tú eres la puerta del infierno, tú fuiste la que rompió los sellos del árbol vedado: tú la primera que violaste la ley divina, tú la que corrompiste a aquél a quien el diablo no se atrevía a atacar de frente; tú, finalmente, fuiste la causa de que Jesucristo muriera».

Y sin embargo, las enseñanzas oficiales de la Iglesia en épocas recientes proclaman algo distinto. Por ejemplo, el Papa Juan Pablo II en su carta apostólica Mulieris dignitatem sobre la dignidad y vocación de la mujer, comentando una frase del libro del Génesis —«Hacia tu marido irá tu apetencia y él te dominará» (Gén 3, 16)—, dice: «Este “dominio” indica la alteración y la pérdida de la estabilidad de aquella igualdad fundamental, que en la “unidad de los dos” poseen el hombre y la mujer; y esto, sobre todo, con desventaja para la mujer, mientras que sólo la igualdad, resultante de la dignidad de ambos como personas, puede dar a la relación recíproca el carácter de una auténtica “communio personarum”» (n. 10).

Es decir, el dominio del hombre sobre la mujer es una realidad condenable, que debe ser sustituida por una relación donde haya igualdad de derechos. Lo cual no se diferencia de principios y valores fundamentales que defiende el enfoque de género.

El problema para muchos eclesiásticos es que del dicho al hecho, hay mucho trecho, y se siguen guiando por conceptos rancios y trasnochados, dentro de un sistema eclesial que no admite a las mujeres al mismo nivel que quienes detentan funciones de responsabilidad. Y que sigue considerando a las féminas como un peligro para la castidad de estos santos varones —castidad que frecuentemente ya está averiada por otros motivos no tan santos— y las relega al papel de sirvientas y colaboradoras sin retribución y sin voz propia.

Es un sistema que, con su indolencia, termina siendo cómplice mudo de feminicidios como el de Eyvi Ágreda.

(Columna publicada en Altavoz el 7 de junio de 2018)

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FUENTES

Las citas de los Padres de la Iglesia están tomadas de las siguientes páginas web:
http://www.episcopaleslatinos.org/pastoral/santospadres.htm
http://www.mujerpalabra.net/pensamiento/critica/frasesmachistasymisoginas_relig.htm

Carta apostólica Mulieris dignitatem del Sumo Pontífice Juan Pablo II sobre la dignidad y la vocación de la mujer con ocasión del Año Mariano (15 de agosto de 1988)
https://w2.vatican.va/content/john-paul-ii/es/apost_letters/1988/documents/hf_jp-ii_apl_19880815_mulieris-dignitatem.html