EL SODALICIO BLINDANDO A MONS. EGUREN

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Reunión de sodálites con Mons. Eguren en el centro, y un poco más a la izquierda, Alessandro Moroni y Fernando Vidal

«¿Existe algún tipo de posición institucional respecto del Sodalicio a esta denuncia [de Mons. Eguren contra Pedro Salinas y Paola Ugaz]?» —preguntó el congresista Alberto de Belaúnde a Alessandro Moroni, Superior General del Sodalicio, y Fernando Vidal, Vicario General de la institución, en una sesión efectuada el 20 de noviembre de 2018.

«No, ninguna. Nosotros ni hemos alentado ni estamos detrás. La denuncia es un acto personal de Mons Eguren, que entendemos que es su derecho de hacerlo pero que ni lo apoyamos ni lo hemos alentado ni nada» —respondió Moroni.

Recientemente ha llegado a mis manos una copia de una constancia a favor de Mons. Eguren, emitida el 4 de diciembre de 2018 por Fernando Vidal en su calidad de Vicario General del Sodalicio de Vida Cristiana, que contradice abiertamente las declaraciones de Moroni en el Congreso. En este documento se asegura que no hay ninguna mención, acusación o referencia a Mons. Eguren en ninguno de los informes emitidos por las dos comisiones que convocó el Sodalicio para investigar los casos de abusos.

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La forma en que este documento pretende blindar a Eguren no puede ser más burda y grosera, por las razones que voy a exponer.

Janet Odar, secretaria de la Comisión de Ética para la Justicia y la Reconciliación, me escribió el 15 de abril de 2016: «el informe general será hecho público sin identificar a persona alguna». A la única persona a la que se identifica en ese informe con nombre y apellido es a Luis Fernando Figari, por razones obvias.

Respecto a los informes personales, es probable que en ninguno de 32 informes que fueron remitidos al Sodalicio haya alguna mención a Eguren. Pero lo que no se menciona es que esos informes personales les fueron remitidos al Sodalicio sólo porque las personas a que se refieren lo autorizaron, no porque fueran los únicos casos en que la comisión identificó víctimas, como parece dar a entender el informe posterior de los expertos internacionales.

De buena fuente sé que los casos tratados por esta primera comisión fueron más de cien, y las personas con las que habría hablado la comisión serían muchas más que las sesenta que menciona la segunda comisión. El número de víctimas que no autorizaron el envío de sus informes personales al Sodalicio superaría ampliamente el de las que sí lo autorizaron. Vidal no puede asegurar legítimamente que no se menciona a Eguren en la totalidad de los informes personales.

Por otra parte, los informes personales eran confiados al Sodalicio para «la implementación de las recomendaciones formuladas», según Janet Odar. Utilizarlos para otros fines —en este caso para favorecer los intereses de Mons. Eguren— está fuera de todo comportamiento ético. Tengo entendido que no hay autorización para revelar públicamente información, sea cual sea, sobre la base de lo que dicen o lo que no dicen estos informes.

Respecto a los dos informes de los expertos internacionales, existen dudas fundadas de que los que publicó el Sodalicio sean los mismos informes que los expertos le entregaron en sus manos al Superior General del Sodalicio. Los informes no fueron publicados ni presentados por los expertos mismos, sino por el Sodalicio, la parte investigada. Es decir, no fueron publicados por una instancia independiente.

Además, su brevedad y estilo fragmentario, así como la omisión de algunos nombres, hacen pensar que el Sodalicio se habría reservado el derecho de edición, de modo que los textos que fueron liberados a la opinión pública habrían sido editados, abreviados y acomodados. De hecho, se anonimizan los nombres de cuatro acusados como perpetradores, lo cual no puede provenir de investigadores que cumplan su tarea profesionalmente. Asimismo, los informes no cumplen a cabalidad con los estándares para este tipo de investigaciones y presentan varias inconsistencias.

Considerando que sólo se menciona a cinco acusados de perpetradores por su nombre (Figari, Doig, Levaggi, Daniels y Murguía) y no se menciona los nombres de quienes estuvieron al tanto de los abusos cometidos en la institución y decidieron callar y no hacer nada para favorecer a la institución, la no mención de Eguren en estos informes carece de todo valor.

El 8 de enero le pedí explicaciones por e-mail sobre esta constancia a Alessandro Moroni y a Fernando Vidal. A día de hoy no he recibido ninguna respuesta.

Y eso sólo confirma lo que siempre se ha verificado en la institución: que cuando se afirma que una iniciativa es decisión personal de un sodálite, en realidad la institución está encubriendo su responsabilidad y lavándose las manos. Como Pilatos.

(Columna publicada en Altavoz el 14 de enero de 2019)

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La primera comisión trabajó con transparencia, manteniendo a la vez el sigilo y la reserva donde las circunstancias lo requerían, respetando la voluntad y los derechos de las personas que acudieron a ella. A cada uno de los que rindieron su testimonio ante esta comisión se le envió un informe personal, que podía ser remitido al Sodalicio solamente si la persona lo autorizaba. Además, el informe general fue publicado por los comisionados, sin que nadie del Sodalicio estuviera autorizado a quitar ni una tilde del texto final. En fin, fue un trabajo hecho con transparencia absoluta, donde los comisionados rehusaron recibir ninguna remuneración a fin de garantizar la objetividad de sus conclusiones.

No sabemos cuáles fueron las condiciones pactadas entre el Sodalicio y los expertos internacionales que conformaron la segunda comisión, pues los contratos no se han hecho públicos. No sabemos si el Sodalicio tenía derecho a influir en los informes que iban a ser dados a conocer a la opinión pública. Suponemos que las autoridades sodálites metieron mano en los informes debido a las inconsistencias que presentan y que yo ya he señalado en mi artículo INCONSISTENCIAS Y FALSEDADES EN LOS INFORMES DEL SODALICIO. Asimismo, mayoritariamente era el mismo Sodalicio el que proveía a los expertos de insumos en lo referente a información, lo cual puede haber falseado algunas de las conclusiones.

En mi caso, la primera comisión me reconoció como víctima. La segunda, a pesar de que mi testimonio es uno de los más sólidos, desestimó la verosimilitud de mi relato, tal como me escribió Alessandro Moroni en un e-mail del 31 de enero de 2017:

«…en el testimonio que nos hiciste llegar relataste un episodio que también has descrito por medios de alcance público y que, según los informes que nos hizo llegar la Comisión, también les relataste a ellos. Eso fue encomendado entonces al investigador profesional asignado para estos casos, y en su informe indica que no encontró evidencias para afirmar la verosimilitud de este caso.

Según refirió el Sr. Elliott, en la entrevista que tuvo contigo no fue relatado ningún episodio específico, sino más bien una serie de opiniones sobre tu experiencia en general, y también sobre las cosas que consideras que están o han estado mal en el SCV y deben cambiar. El Sr. Elliott presentó su evaluación a los demás miembros del comité de reparaciones, en el cual él mismo participa. La conclusión unánime fue que, según los criterios establecidos en un comienzo, no correspondía una reparación en el marco de este programa de asistencia».

Por supuesto, nunca se me explicó cuáles fueron esos criterios, a pesar de que solicité esa información, así cómo nunca recibí ninguna respuesta de Ian Elliott cuando le solicité en más de una ocasión que me aclarara por qué yo había sido excluido del programa de reparaciones.

El 22 de diciembre de 2018 le escribí a Moroni, solicitándole aclaraciones sobre cómo se había manejado mi caso, pues no tenía la certeza de que la denuncia que había llegado a sus manos el 27 de octubre de 2015 se la hubiera pasado a ninguno de los expertos internacionales, no obstante que Ian Elliott me aseguro el 28 de octubre en Frankfurt que conocía mi historia y no tenía por qué entrar en los detalles. Como es de esperar, no he recibido ninguna respuesta hasta el día de hoy.

Esa denuncia —que es la misma que fue enviada posteriormente a la Comisión de Ética para la Justicia y la Reconciliación, a la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica (Roma) y a la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada (Ciudad del Vaticano)— es importante, porque en ella doy testimonio de un abuso y maltrato psicológico grave que sufrí en la Comunidad Nuestra Señora del Pilar (Barranco, Lima) en diciembre de 1992, del cual fue cómplice y participante José Antonio Eguren.

La primera comisión trabajó ad honorem y de manera independiente y recibió todos los documentos probatorios requeridos de las mismas víctimas, mientras que la segunda fue pagada y la documentación requerida fue proporcionada por el Sodalicio mismo, la parte investigada. A esto hay sumarle la barrera cultural y del idioma, problema que no tenía la primera comisión.

Asimismo, en la primera comisión se establecieron procedimientos claros para que las víctimas pudieran contactar a los comisionados y se sabía perfectamente cuáles eran los pasos que se iban a seguir. En el caso de la segunda comisión, nunca hubo procedimientos claros al respecto, con el resultado de que su trabajo se extendió más tiempo y sólo lograron identificar a 66 víctimas —varias de las cuales ya habían presentado su caso ante la primera comisión—, mientras que la primera comisión reconoció más de 100 víctimas, y no 32, como señala el informe de los expertos internacionales. 32 son sólo los casos de víctimas que autorizaron que una copia de sus informes personales fuera enviado al Sodalicio. ¿Metieron aquí mano las autoridades sodálites en el informe de los expertos o les dieron información totalmente sesgada?

Por otra parte, la primera comisión envió un informe personal a cada una de las personas que se presentaron ante ella. La segunda no hizo esto, además de que se negó a responder a las víctimas que solicitaron a Ian Elliott explicaciones por el monto irrisorio de las reparaciones en comparación con el daño sufrido o por no haber sido incluidas en el programa de reparaciones.

La independencia de la comisión de expertos también queda en entredicho desde el momento en que Ian Elliott tenía que consultar el caso de cada víctima con un comité integrado por los sodálites José Ambrozic y Fernando Vidal, el abogado del Sodalicio Claudio Cajina y Scott Browning, abogado norteamericano «que nos diseñó todos los protocolos y las etapas con las cuales terminamos abordando este proceso de asistencia, escucha y reparación», según declaró Alessandro Moroni en el Congreso. De lo que no queda duda es que este comité no tenía nada de independiente y estaba conformado por personas que tenían como tarea defender los intereses del Sodalicio prioritariamente. Como eran ellos los que decidían si se debía reparar o no a una víctima y el monto de cada reparación, al final Ian Elliott terminó convirtiéndose en el recadero y mayordomo irlandés del amo y señor que le paga sus honorarios.

Finalmente, la intención de desacreditar a la primera comisión resulta evidente en esta conclusión del informe de los expertos internacionales: «La Comisión [de Ética para la Justicia y la Reconciliación] no llevó a cabo una investigación exhaustiva de todas las denuncias reportadas ni examinó la cultura actual del SCV».

Se trata de una afirmación gratuita desde el momento en que ninguno de los expertos se entrevistó con ninguno de los integrantes de la primera comisión. Además, si uno lee los informes, encontrará mucho más análisis de la cultura del SCV en el informe general de la primera comisión que en los informes de la segunda. La cultura actual del SCV resulta irrelevante para determinar por qué sucedieron los abusos. Pero para los expertos sí parece relevante, o más bien para el Sodalicio. Ian Elliott me insistió frecuentemente que el Sodalicio había cambiado. Los casos de José Rey de Castro y Renzo Orbegozo, la forma en que se manejó mi caso, las continuas deserciones que ha tenido la institución, las declaraciones de los sodálites en la Fiscalía y las explicaciones de Moroni y Vidal sobre la denuncia de Eguren me llevan a pensar lo contrario.

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OTRA TEORÍA DE LA CONSPIRACIÓN MÁS

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Conferencia de Prensa en Lima (enero de 2018), organizada por LaMula y PROMSEX con miembros del proyecto internacional Ending Clergy Abuse. ¿Activistas o conspiradores?

Las teorías de la conspiración constituyen armas poderosas para intentar desacreditar a los adversarios políticos. Tienen la ventaja de que no es necesario demostrar nada ante la opinión pública, sino simplemente presentar un puñado de informaciones seleccionadas acompañadas de otro tanto de fake news para luego pretender validar una interpretación general que no responde a la realidad, pero sí a los temores y prejuicios subconscientes de la audiencia. Eso lo saben quienes dirigieron la campaña electoral de Donald Trump, y en tierras peruanas, mal que bien, lo saben quienes forman parte del entorno de Keiko Fujimori.

Y también lo saben algunos representantes de los sectores más conservadores y retrógados de la Iglesia católica. Entre los cuales cabe mencionar a Luciano Revoredo, director del informativo online La Abeja —que reúne a varios columnistas poco conocidos de pensamiento con olor a naftalina, o de dudosa reputación intelectual, como Mar Mounier—, quien ha lanzado recientemente la teoría de que existe «una red internacional que tiene como objetivo principal la ejecución de un pacto llamado “Acuerdo de Varsovia”, que se sustenta en un proyecto más grande llamado “The Accountability Project”, cuyo fin último es acusar a la Iglesia Católica por crímenes de lesa humanidad frente a la CIDH [Corte Interamericana de Derechos Humanos]». Algo así como una nueva versión actualizada de lo que antiguamente se conocía como la conjura masónica para destruir a la Iglesia y crear un nuevo orden mundial.

Conocí personalmente a Revoredo cuando él frecuentaba las Agrupaciones Marianas en la década de los 80 y me consta que se sentía atraído por el lado nacionalista y filo-fascista de la prédica de algunos sodálites de las primeras generaciones, aunque él lo llamaría más bien pensamiento cristiano occidental. En ese entonces también creía en el mito de la conjura judeo-masónica para gobernar el mundo. Ahora son otros los enemigos que en su imaginario ultramontano buscan perjudicar a la Iglesia, aquella que tendría entre sus mejores representantes en el Perú a Mons. Cipriani y Mons. Eguren, obispos ante los cuales no duda en arrodillar su conciencia y su escaso espíritu crítico. Y los enemigos son ahora los activistas que luchan coordinadamente a nivel internacional a favor de la justicia para las víctimas de abusos sexuales en la Iglesia católica. Entre los cuales se cuenta Pedro Salinas, quien participa abiertamente de The Accountability Project (TAP), conocido actualmente como el proyecto de justicia global Ending Clergy Abuse (ECA).

Para Revoredo «Salinas es un peón de una estrategia mucho más grande, cuyos actores bailan al mismo compás que organizaciones internacionales que buscan socavar los valores de la vida y la familia sobre los que están asentadas nuestras sociedades. Para lograr esos objetivos desprestigiar —y si es posible destruir— a la Iglesia es un paso fundamental». Pura teoría de la conspiración, pues el director de La Abeja no presenta ninguna prueba que sustente esta interpretación.

En el documento de The Accountability Project se indica que su objetivo principal es: «Procesar a la Iglesia Católica por crímenes de lesa humanidad por incitar y encubrir la violación y el asalto sexual de niños por parte de sacerdotes». Este proyecto, iniciado en 2017, fue motivado ante la constatación del encubrimiento sistemático de abusos y la falta de una administración de justicia satisfactoria de parte de las autoridades de la Iglesia católica. Haciendo que ésta tenga que rendir cuentas de esos delitos ante tribunales internacionales, se busca dar pasos agigantados en la lucha contra la pederastia eclesial, cosa que la gran mayoría de los jerarcas católicos han omitido. Se trata, pues, de una iniciativa loable.

En la cabeza de Revoredo no entra que la Iglesia pueda ser denunciada por crímenes de lesa humanidad, y prefiere colocarse del lado de la institución transgresora antes que empatizar con el sufrimiento de las víctimas, a las cuales les ha dedicado escasísimas líneas en la página web que dirige cuando se ha pronunciado sobre el Sodalicio, para él una «obra encomiable» en la cual «recibí una formación moral y religiosa que agradeceré siempre». «Si volviera a tener 18 años, sin duda, volvería a tocar las puertas de esa gran obra de Dios», expresa en un artículo de 2015 quien desde un principio desestimó el trabajo de investigación periodística Mitad monjes, mitad soldados de Pedro Salinas, calificándolo de «libraco sensacionalista».

A decir verdad, pocas cosas más sensacionalistas que la teoría de la conspiración que descaradamente evacua Revoredo.

(Columna publicada en Altavoz el 19 de noviembre de 2018)

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FUENTES

La Abeja
Acerca del Sodalio (22 octubre 2015)
http://laabeja.pe/de-opini%C3%B3n/columna-del-director-luciano-revoredo/348-acerca-del-sodalicio.html
Pedro Salinas: cuando atacar a la Iglesia es un negocio (05 noviembre 2018)
http://laabeja.pe/de-opini%C3%B3n/columna-del-director-luciano-revoredo/2149-pedro-salinas-y-el-negocio-de-atacar-a-la-la-iglesia.html
Necesaria aclaración a Pedro Salinas (08 noviembre 2018)
http://laabeja.pe/de-opini%C3%B3n/columna-del-director-luciano-revoredo/2157-necesaria-aclaraci%C3%B3n-a-pedro-salinas.html

Ending Clergy Abuse
Brief History of ECA
https://www.ecaglobal.org/history-of-eca/

SODALICIO: EL MITO DEL CARISMA Y EL LEGADO DE FIGARI

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Un Sodalicio diezmado en una misa durante el curso de formación dictado por el P. Gianfranco Ghirlanda SJ (Lima, septiembre de 2017)

Habiendo pasado ya dos años desde que estalló el escándalo del Sodalicio con la publicación de Mitad monjes, mitad soldados de Pedro Salinas y Paola Ugaz, las aguas parecen haber vuelto a su cauce. O eso es lo que nos quisieran hacer creer los actuales miembros del Sodalicio. Como si todo el problema hubiera sido solamente Figari, el cual está ahora a buen recaudo en Roma gozando de una jubilación dorada, pero lejos de la comunidad sodálite. Sin embargo, la verdad es que el Sodalicio no ha tomado distancia de su legado.

En julio de este año el sacerdote sodálite Jorge Olaechea presentó su libro Rudolf Allers, psiquiatra de lo humano. Lo que no debería pasar inadvertido es que Figari recomendaba encarecidamente la lectura de Allers a sus seguidores, pues como psiquiatra católico lo consideraba uno de los escasos exponentes de una psiquiatría sana y equilibrada, mientras que los demás representantes de la ciencia psiquiátrica debían ser o ignorados o combatidos ideológicamente.

Asimismo, del 18 al 22 de septiembre más de 130 sódalites asistieron a un curso dictado por el P. Gianfranco Ghirlanda SJ, profesor de Derecho Canónico de la Universidad Gregoriana (Roma). Entre los temas que el jesuita italiano abordó está el del “carisma fundacional”, ese supuesto don que el Espíritu Santo otorga a un fundador de un instituto de vida consagrada para darle una tarea y una orientación, que finalmente se traduce en un beneficio espiritual para la Iglesia.

Resaltó que el “carisma” no es propiedad del fundador, el cuál es sólo un instrumento en las manos de Dios. El “carisma” pasa a todos los miembros y vive en ellos. Incluso planteó la posibilidad de que el fundador no haya vivido el “carisma” porque es un hombre que ha pecado, lo cual resulta al fin y al cabo un detalle irrelevante, pues el carisma ha pasado a los miembros del instituto y eso se traduce finalmente en obras buenas y frutos buenos.

Por supuesto, el Sodalicio, ni corto ni perezoso, ha puesto en la red un video donde el P. Ghirlanda expone brevemente esta doctrina.

Sin embargo, esto no es otra cosa que la justificación de la continuidad de una institución que nació torcida desde un principio y de la cual es legítimo dudar que haya sido guiada por un “carisma” del Espíritu Santo.

El Papa Francisco, en la audiencia general del 13 de noviembre de 2013, explicó que los carismas «son actitudes, inspiraciones e impulsos interiores que nacen en la conciencia y en la experiencia de determinadas personas, quienes están llamadas a ponerlas al servicio de la comunidad». Imposible desligarlos de la biografía del fundador. ¿Y no era acaso Figari un abusador sexual, un sádico y un manipulador de conciencias desde el momento en que fundó el Sodalicio?

El mismo Papa Francisco señala que «si un carisma […] sirve para afirmarse a sí mismo, hay que dudar si se trata de un carisma auténtico o de que sea vivido fielmente».

¿Qué carisma podría haber tenido un hombre que creó una institución que funcionó como una secta desde sus principios, secuestrando las mentes de menores de edad para luego abusar sexualmente de algunos cuando fueron mayores? ¿Qué carisma pueden haber recibido los miembros actuales, que relativizaron la verdad y maltrataron a muchas víctimas desconociendo la veracidad de sus testimonios, además de haber impedido que se conozca todo el alcance de los abusos? ¿Que obras y frutos buenos puede mostrar el Sodalicio, cuando por cada sodálite en actividad deben haber varias personas —entre las cuales me cuento yo— que han visto sus vidas afectadas negativamente? ¿Qué carisma puede ser aquel que ha dañado la imagen de la Iglesia católica y ha hecho que muchas personas pierdan su fe religiosa?

El P. Ghirlanda habló también de una “refundación” como un «volver al inicio que es la inspiración del Evangelio». ¿Nadie le ha contado que los peores abusos los cometió Figari en los inicios? ¿O que doctrinalmente el Sodalicio se guiaba entonces por el pensamiento fascista de la Falange Española? ¿O que los peores métodos de manipulación mental y lavado de cerebro fueron aplicados en esa época?

Hasta el Espíritu Santo debe estar arrastrándose de risa ante tanta estupidez humana.

(Columna publica en Altavoz el 6 de noviembre de 2017)

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FUENTES

ACI Prensa
Lanzan en Perú el libro “Rudolf Allers, Psiquiatra de lo Humano” (16. Jul. 17)
https://www.aciprensa.com/noticias/lanzan-en-peru-el-libro-rudolf-allers-psiquiatra-de-lo-humano-16274

Papa Francisco
Audiencia general (Plaza de San Pedro, miércoles 6 de noviembre de 2013)
http://w2.vatican.va/content/francesco/es/audiences/2013/documents/papa-francesco_20131106_udienza-generale.html

Página web oficial del Sodalicio de Vida Cristiana
Video: Conferencias del Padre Gianfranco Ghirlanda, S.J.
http://sodalicio.org/portfolio/video-conferencias-del-padre-gianfranco-ghirlanda-s-j/

LA ARQUITECTURA DEL ABUSO: EL CASO BAERTL

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Jaime Baertl, haciendo “apostolado” con niños en los años 70

Jaime Baertl, cuando fue interrogado por la Comisión de Ética para la Justicia y la Reconciliación, habría negado aquel incidente en que me habría ordenado que fornicara una silla, aduciendo que la salita donde yo dije que habría sucedido el hecho tenía una ventana hacia la calle y, por lo tanto, se hallaba a la vista de cualquiera lo que sucediera en ese recinto, o en todo caso la puerta tenía un ventanillo que permitía ver lo que sucedía dentro del cuarto.

El 8 de julio de 2016 en la Fiscalía de la Nación negó también este mismo hecho que yo he denunciado.

Alessandro Moroni, en un e-mail del 31 de enero de este año, me comentó al respecto:

«En el testimonio que nos hiciste llegar relataste un episodio que también has descrito por medios de alcance público y que, según los informes que nos hizo llegar la Comisión, también les relataste a ellos. Eso fue encomendado entonces al investigador profesional asignado para estos casos, y en su informe indica que no encontró evidencias para afirmar la verosimilitud de este caso».

Pues resulta que este “investigador profesional” nunca se puso en contacto conmigo para averiguar más detalles sobre el incidente, los cuales se los hubiera dado con mucho gusto. Ni siquiera Ian Elliott, uno de los “expertos” contratados por el Sodalicio —con quien hablé en persona en una ocasión y por Skype en un par de ocasiones más— me interrogó con minuciosidad sobre el tema. Pues si lo hubiera hecho, le hubiera dado la información adicional que voy a poner en este escrito.

Fue en la segunda comunidad fundada por el Sodalicio, denominada “San Aelred”, ubicada en la Av. Brasil 3029 (Magdalena del Mar), donde ocurrieron los hechos. Contrariamente a lo que Baertl declaró en la Fiscalía, él nunca fue superior de esa comunidad, sino más bien de la primera comunidad sodálite, ubicada en el Óvalo Brasil en Jesús María, allí donde la Av. Brasil se cruza con la Av. San Felipe. Era una comunidad más pequeña con capacidad para 4 ó 5 personas. Desde allí se dirigía Baertl a la otra comunidad, que quedaba a menos de un kilómetro de distancia, donde yo tenía consejo espiritual con él una vez por semana.

Lo mejor es hacerse una idea adecuada del lugar de los hechos. Para ello he hecho un plano de la planta baja de la casa, tal cómo era cuando fue adquirida por el Sodalicio. En un segundo plano incluyo las modificaciones arquitectónicas que se hicieron en el inmueble. Las proporciones son aproximadas, dado que no poseo medidas exactas, pero la distribución de los espacios habitacionales es correcta, y puede ser confirmada por innumerables testigos que conocieron la casa. Aún cuando ésta ya no exista, pues en su lugar se ha construido un edificio de departamentos, en la misma recta de la Av. Brasil todavía existen casas similares.

Plano 1: Inmueble Av. Brasil 3029, Magdalena del Mar, adquirido por el Sodalicio en 1978 (planta baja)

av_brasil_3029_plano_1Como se puede ver, la casa tenía dos amplias salas conectadas entre sí y con el comedor, lo cual permitía que la luz que entraba por la ventana externa y la puerta de la terraza iluminara todos los espacios de manera distribuida. Asimismo, la cocina tenía una ventana que daba a la lavandería, y la iluminación diurna de la sala estaba garantizada por unas ventanales que había en la pared de la escalera. Debajo de ésta había un pequeño espacio, que albergaba un baño de visitas.

Veamos cómo la intervención del Sodalicio para acomodar el inmueble a sus necesidades convertiría esta casa luminosa en una mansión más lúgubre y sombría.

Plano 2: Comunidad sodálite “San Aelred”, a partir de 1979 (planta baja)

av_brasil_3029_plano_2Éstas fueron las principales modificaciones que se hicieron:

  • Se construyó una pared con una ventana donde estaba el portón del garaje, y éste fue convertido en un aula de instrucción, con un gran pizarrón en la pared del fondo y carpetas de salón de clase.
  • La vía de entrada al garaje y el jardín externo fueron convertidos en estacionamiento de vehículos motorizados.
  • La sala 1 fue divida en dos mediante una pared para así ganar una salita de reuniones y una salita de consejos. Se clausuró el acceso original para construir dos entradas con sus respectivas puertas y se tapió la comunicación con la sala 2, ahora biblioteca. Nótese que la salita de consejos no tiene ventanas. Sólo se podía estar allí con luz artificial. Las puertas fueron en un principio de cuerpo entero, pero tiempo después se mandó hacer unos ventanillos en ellas, para que se pudiera ver quiénes estaban en cada una de las salitas.
  • La sala 2, convertida ahora en biblioteca, llegaría a ser el lugar más oscuro de la casa, pues se puso paneles de madera y puertas en todas las aberturas que tenía, de modo que cuando nos encerrábamos allí para estudiar tranquilamente con luz artificial, parecía una escena sacada de un cuento de terror gótico.
  • Se puso paneles de madera y vidrio con una puerta entre el pasillo de entrada y la sala de estar, restándole así más luminosidad a la casa. En esa puerta había un letrero que decía PRIVADO, pues marcaba el límite entre la zona adonde sólo podían entrar los miembros de la comunidad y la zona de visitantes.
  • Se construyó una estrecha capilla en el jardín, con bancas pegadas las paredes y el altar en el medio. La iluminación, garantizada por unos angostos ventanillos verticales, era escasa pero suficiente.

En la sala de estar ocurrió el siguiente incidente, que incluí en mi denuncia presentada ante la Comisión de Ética para la Justicia y la Reconcilación y posteriormente enviada a la Congregación para los Institutos de Vida Religiosa y las Sociedades de Vida Apostólica:

«En diciembre de 1983 fui trasladado a la mencionada comunidad de San Aelred. El superior de esa comunidad era entonces Germán Doig. En ese entonces, era común que los sábados en la noche nos visitara Luis Fernando Figari para conversar a profundidad sobre temas de interés para el Sodalicio, examinar la marcha de la comunidad y aplicar dinámicas de grupo orientadas a fortalecer nuestras convicciones sodálites. En una de esas reuniones Figari pretendió demostrar lo inútiles que son las mortificaciones corporales y que la ascética basada en el dolor físico no tenía mucho sentido y fomentaba la soberbia; que más bien eran beneficiosas las mortificaciones espirituales, a las cuales se da prioridad en la espiritualidad sodálite. Para ello, me pidió que me pusiera a cuatro patas —como un perro— en medio de la salita en la que estábamos reunidos y me levantara la camisa, dejando la espalda libre. Luego le pidió a [Paco] que tomara una correa y me propinara un golpe con ella. [Paco] dudó en ejecutar la orden, pero al final lo hizo debido que Figari insistió. Ese primer correazo, además de dejarme una marca, me hizo temblar de los pies a la cabeza. A continuación, Figari insistió en que se me diera un segundo correazo, lo cual [Paco] obedeció sin chistar. Cuando pensé que iba a venir el tercer correazo, la sola idea me produjo espasmos como si ya lo hubiera recibido. Figari dio a [Paco] la orden de no continuar, y me preguntó cómo me sentía. Le dije que bien. Había aprendido, como tantos otros, a soportar pruebas físicas en el Sodalicio y estaba mentalmente programado para sentirme orgulloso de haber sido latigueado. Figari comentó que las mortificaciones físicas tendían a alimentar la soberbia y no tenían el valor mismo valor que las mortificaciones espirituales, que implicaban asumir con alegría los sufrimientos que de por sí trae la vida».

Pero en esa misma casa había ocurrido años antes, en 1979, el incidente en que Jaime Baertl me ordenó desnudarme y fornicar con una silla, precisamente en la salita de consejos.

Al respecto, hay que hacer ciertas aclaraciones en honor a la verdad, pues el hecho ha sido exagerado por la prensa, a tal punto que se ha perdido objetividad en la representación de lo que realmente ocurrió.

Sin que yo supiera lo que venía después, Baertl me dio la orden de desnudarme dos veces, pues la primera vez dudé de si había escuchado lo que había escuchado y mostré reticencia en hacerlo. Finalmente, lo hice porque confiaba en Baertl como mi guía espiritual que supuestamente sabía lo que estaba haciendo para mayor bien mío. Aún así, tuvo que ordenarme después que me sacara también el calzoncillo, pues yo asumí que cumplía con lo mandado quedándome con esta prenda puesta.

Asimismo, la orden de “cachar” la enorme silla —utilizando el mismo lenguaje empleado entonces por Baertl— fue dada dos veces, pues la primera vez no podía creer lo que se me estaba ordenando y me parecía absurdo. La segunda vez obedecí, poniéndome detrás del respaldar, que me llegaba hasta el mentón y pasando mi miembro a través del espacio que separaba el respaldar del asiento propiamente dicho. Hice un par de movimientos torpes tratando de imitar lo que es un coito —experiencia que nunca había tenido en mi vida—, pero simplemente no pude hacer lo que Baertl me había ordenado, pues la incomodidad que sentía me había hecho perder naturalidad en los movimientos y me había generado cierta rigidez corporal.

La cosa duró menos de un minuto, después de lo cual Baertl me ordenó vestirme de nuevo. No hubo nada de erótico en esa experiencia, en una habitación pequeña sin ventanas iluminada sólo por la luz amarillenta que provenía de un bombillo. De hecho, la experiencia la sentí más bien como inhibitoria de toda libido sexual.

El mismo Jaime Baertl no intentó en ningún momento sacar provecho sexual para sí de la situación, sino que, ocupando un asiento cerca de la otra esquina de la habitación, se tapaba la cara con la mano y miraba sólo de reojo, como si la situación fuera también incómoda para él.

Hay que tener en cuenta que antes de aplicar la medida, Baertl me había dicho que esperara un poco, pues tenía que consultar algo con el superior de la casa, que en ese entones era Germán Doig. Cuando regresó, me explicó que había que romper mis barreras interiores, pues la conversación había llegado a un punto muerto, cosa que Baertl atribuyó a bloqueos psicológicos que yo tenía producto de experiencias traumáticas en mi familia. Por eso mismo, lo que hizo conmigo no llega a la categoría de abuso sexual, sino a lo que los expertos de los informes del Sodalicio han llamado manipulación sexual. O, dicho de otro modo, sería un acto de abuso psicológico con connotación sexual.

Tras haberme vuelto a vestir, yo mismo sentí que se me había hecho violencia interior, pero entonces no categoricé eso como algo malo y reprobable, pues en el Sodalicio a uno lo mentalizaban para aceptar como normal actos de violencia psicológica contra uno mismo o contra otros. Eran habituales en el apostolado y el acompañamiento espiritual.

Sólo con el paso de los años, cuando uno aprende a conocer mejor el mundo y se confronta con la realidad, es que se llega a categorizar ciertas experiencias pasadas como abusos, a la vez que se toma conciencia del daño que han dejado en la propia psique.

Y eso es lo que a mí me pasó con ésta y otras experiencias.

Algunos de los abusadores han alegado que hubo consentimiento de la otra parte, y ése ha sido el argumento principal esgrimido por la reciente resolución vaticana para negar que Figari cometió abusos (ver http://sodalicio.org/wp-content/uploads/2017/02/Carta_Roma_2017.pdf).

¿Hubo consentimiento de mi parte? En cierto sentido sí lo hubo, pues Baertl nunca me obligó a la fuerza a desnudarme, mucho menos me obligó a fornicar la silla cuando mis torpes intentos demostraron que no iba a poder hacerlo. Pero se trataba de un consentimiento muy imperfecto y débil, pues en esa pequeña habitación me encontraba a merced de mi consejero espiritual, y en base a la confianza que le tenía y la autoridad que como guía espiritual ejercía sobre mí, había muy poco margen para no acatar la orden, más aún cuando yo debía tener entonces tan sólo unos 16 años.

Respecto a este incidente, le escribí lo siguiente a Alessandro Moroni el 31 de enero de este año:

«La primera vez que lo puse por escrito fue en el año 2008, aunque ya anteriormente se lo había contado a algunas personas. Puedo demostrar esto por un e-mail que le envié en enero de 2009 a Manuel Rodríguez. No había la intención de hacer público este incidente. A fines del mismo año mi hermano Erwin recibió el mismo documento en que se narraba este incidente. Yo tenía entonces la intención de advertir a las autoridades sodálites para que tomaran las medidas necesarias, de ninguna manera la intención de hacerlo público. La primera vez que menciono el incidente de manera pública, aunque sin mencionar a Baertl por su nombre, es en mi post ELOGIO DEL SODALICIO del 11 de enero de 2013. Los reparos que personalmente tenía para hacer de conocimiento público este incidente, ¿no son acaso un indicio de que no lo inventé sino de que efectivamente ocurrió?»

Más aún, en ese momento ni siquiera estaba enterado de los abusos sexuales cometidos por ningún sodálite, salvo el caso de Daniel Murguía. Mi vinculación con Pedro Salinas y Rocío Figueroa recién se iniciaría en el año 2011, por lo cual la hipótesis de una campaña premeditada contra el Sodalicio queda descartada.

¿Puedo acaso haberme imaginado todos estos detalles? ¿No sería lógico que, en caso de querer inventar algo, recurriera a una historia más estándar, basada en abusos sexuales vividos por otros? Lo que a mí me ocurrió es tan insólito, que ni yo mismo pude comprender durante décadas qué es lo que realmente había pasado. Y durante todo el tiempo que mi mente estuvo secuestrada por la ideología sodálite, ni siquiera me planteé una explicación. Simplemente había pasado y durante años el incidente quedó guardado en el desván de mi memoria, sin que yo le prestara atención o me atreviera a sacarlo a la luz.

Jaime Baertl debe sentirse contento de que mi historia haya sido considerada como inverosímil por sus expertos contratados. Pero su alegría probablemente sea frágil y fugaz. Pues si todavía no tiene síntomas de Alzheimer, estoy seguro de que el recuerdo de lo que pasó lo acompañará hasta la tumba. Y quizás incluso hasta después, cuando tenga que explicar ante el juicio de la eternidad por qué traicionó tan arteramente su misión sacerdotal de ser testigo de la verdad.

(Columna publicada en Altavoz el 6 de marzo de 2017)

SODALICIO: EN HONOR A LA VERDAD

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En el año 2011, cuando el 1° de febrero de 2011 Diario16 reveló los abusos sexuales de Germán Doig y poco después de que Pedro Salinas me hubiera contactado para la investigación que estaba haciendo, llegamos ambos a la conclusión de que si el tema no llegaba a la prensa internacional, nada se iba a hacer al respecto. Así lo confirmaban los casos de los Legionarios de Cristo en México y del P. Fernando Karadima en Chile.

Es así que meses después contacto con el periodista Thomas Seiterich de Publik-Forum, revista de los católicos críticos alemanes, quien había escrito anteriormente sobre la Iglesia católica en el Perú. Seiterich se mostró interesado en el tema que le proponía y acordamos una cita telefónica con Pedro Salinas, para que le pudiera dar mayores detalles sobre el caso de Germán Doig.

El artículo apareció en la edición escrita del 21 de octubre de 2011 bajo el título de “Absturz eines Papstfreundes” [“Caída de un amigo del Papa”] (ver https://www.wir-sind-kirche.de/?id=393&id_entry=3703), lamentablemente mezclando información correcta con datos errados, como que los activistas del Sodalicio azuzaban conflictos en las parroquias locales, o que el P. Gonzalo Len era de la orden de los palotinos y miembro de la Congregación para las Causas de los Santos de los Santos, o que Germán Doig fue uno de los co-fundadores del Sodalicio y que había actuado violentamente contra jóvenes a su cargo, o que responsables del Sodalicio estaba envueltos en un escándalo de pornografía infantil. Muchos de estos datos provenían de diversas fuentes sensacionalistas y sesgadas en Internet, que el mismo Seiterich no contrastó adecuadamente ni conmigo ni con Pedro Salinas. Lo peor de todo es que el texto iba acompañado de una foto de Germán Doig y otra de unos niños de piel cobriza bien vestidos para su Primera Comunión, lo cual lamentablemente daba una imagen totlamente errónea de quienes habían sido las víctimas de Doig. Pues Germán Doig —hasta donde se sabe— nunca abusó de niños, sino de jóvenes de clase media de ascendencia europea bien entrados en la adolescencia.

Ante la frustración de que no se viera reflejada la problemática real del Sodalicio en la prensa, poco a poco fue madurando en mí la idea de publicar yo mismo sobre el tema. Sólo quien hubiera vivido la experiencia de ser sodálite podía comprender los parámetros de acuerdo a los cuales funcionaba la institución, que se escapan a lo que normalmente espera el común de la gente de una comunidad religiosa. Además, era tanto la información que había acumulado en mi memoria, sumado a lo que había leído sobre instituciones que guardan semejanzas con el Sodalicio —en concreto, Opus Dei y Legionarios de Cristo—, que me sentí urgido de dar a conocer de manera pública mis experiencias y mis reflexiones sobre el tema. Fue así que comencé —con bastante temor y recelo— a publicar en noviembre de 2012 textos sobre el Sodalicio en mi blog Las Líneas Torcidas.

En todo lo que he escrito he buscado ceñirme a una lógica rigurosa, poniendo sólo lo que recuerdo con claridad y analizando el sistema sodálite sobre la base de supuestos debidamente fundados o, por lo menos, altamente probables. En el caso de hechos que conocía por terceros, no le he dado crédito a meros rumores, sino que he buscado verificar la verosimilitud de los hechos en cuestión así como la solidez de mis fuentes. Todo ello no me ha librado de caer ocasionalmente en errores menores respecto a ciertos hechos puntuales, lo cual no invalida los análisis efectuados.

Aun cuando mi hermano Erwin Scheuch haya declarado sobre mí lo siguiente el 11 de julio de 2016 en la Fiscalía de la Nación: «Quiero indicar que los relatos que se exponen en su blog están muy descontextualizados y no pueden ser tomados como ciertos». ¡Por supuesto que están descontextualizados! Es que prescinden del contexto de la interpretación sodálite, que ve «rigores de la formación» donde cualquier persona normal vería maltratos. Además, mis textos están libres de la contextualización que ofrece la ideología sodálite, la cual ha permitido que las cabezas del Sodalicio manejen los hechos de su historia institucional como les da la gana. Mis relatos no son ciertos dentro de la visión sodálite supurada por Figari que todavía inficiona las mentes de tantos y los ciega a la realidad. Pero sí son ciertos como testimonios de alguien que siempre ha intentado ser honesto con la verdad.

Y eso lo corroboraría el hecho innegable de que durante el tiempo que llevo escribiendo sobre el Sodalicio, no ha habido nunca ninguna refutación pública de nadie a ninguno de mis escritos. Al parecer, la política seguida por el Sodalicio ha sido la de ignorarme por completo, mientras que por lo bajo se hacían correr rumores sobre mi supuesta pérdida de la fe y mi odio hacia la Iglesia —cosas absolutamente falsas— así como sobre una supuesta enfermedad mental ubicada dentro del espectro del autismo, que yo padecería: el síndrome de Asperger.

Sin embargo, a medida que se ha ido desarrollando el caso Sodalicio, he visto que el sensacionalismo que yo quería evitar con mis escritos ha vuelto otra vez a ocupar la palestra y ha propiciado una visión distorsionada del tema. Ése fue el motivo que me llevó a escribir mi DEFENSA DEL SODALICIO, que no es otra otra cosa que una defensa de la verdad, sin que ello signifique que yo haya dejado de ser crítico de la institución.

Es así, por ejemplo, que quienes acusan a miembros del Sodalicio de ser pederastas, yerran el blanco. Pues si bien hay menores de edad entre las víctimas, no se encontrará niños, es decir, menores que aún no han entrado en la pubertad, salvo en el caso de Daniel Murguía, del cual sólo se conoce una víctima infantil que no guardaba ninguna relación con el Sodalicio.

Asimismo, en el Sodalicio nunca se violó a nadie, en el sentido de obligar por la fuerza a alguien a tener actos de contenido sexual. Lo que hubo fue seducción, engaño, manipulación de conciencias, en fin, violencia psicológica para obtener un consentimiento despojado de libertad y decisión propia. Es así que la acusación de violadores que se le cuelga al Sodalicio también cae en saco roto.

El mismo Virgilio Levaggi le respondió al periodista José Alejandro Godoy lo siguiente: «Jamás he forzado a nadie a tener relaciones sexuales, de ninguna naturaleza, en contra de su voluntad» (ver https://web.archive.org/web/20161007192429/http://www.desdeeltercerpiso.com/2016/10/sodalicio-el-caso-levaggi/). ¿Entonces fue con voluntad consentida? ¿Y de qué tipo de consentimiento se trató? ¿El de una persona que estaba en capacidad de decidir con conocimiento de causa? ¿O el de alguien que estaba en situación de subordinación afectiva hacia un guía espiritual en quien confiaba absolutamente y a quien le rendía una obediencia total?

Pues las informaciones sensacionalistas centradas en los abusos sexuales de algunos guías espirituales del Sodalicio terminan desviándonos del problema principal, que no atañe sólo a unas cuantas de personas dentro de la institución, sino a la estructura institucional misma: el control de las conciencias mediante una disciplina que acentuaba la obediencia absoluta y que se expresaba en un verticalismo que terminaba por anular la libertad personal, tal como lo expresé en un texto fundamental que redacté originalmente en el año 2008 y publiqué en enero de 2013 en mi blog (ver OBEDIENCIA Y REBELDÍA), del cual cito un párrafo:

«La obediencia es presentada en la ideología sodálite como un camino de libertad, en la medida en que libera de todas las ataduras y hace a la persona disponible para el cumplimiento del Plan de Dios. ¿Pero qué Plan de Dios? Aquel que se expresa en el pensamiento de una sola persona, Luis Fernando Figari. ¿Y que ataduras? Todas aquellas que nos vinculan a la normalidad en este mundo, incluidas las de la responsabilidad y la propia conciencia. ¡Y hay que ver los malabares dialécticos que se hacen para justificar este concepto de libertad como renuncia a decidir por sí mismo!»

Allí se halla la fuente de todos los abusos, que parten de la violencia psicológica para derivar luego en maltratos físicos y, excepcionalmente, en abusos sexuales.

Los responsables actuales del Sodalicio sólo han querido ver este último tipo de abusos, pues eso les permite individualizar a unas cuantas cabezas de turco como culpables y dejar intocado todo el sistema que favoreció que se cometieran múltiples atropellos. Pero ese sistema sigue vivo, y se seguirá cobrando víctimas mientras no sea desmontado.

El tema de los abusos sexuales, aunque evidente, puede hacer las veces de cortina de humo para que no se vea la problemática real. Y eso parecen haberlo aprendido muy bien los responsables actuales del Sodalicio, que buscan salvar el pellejo —y con él todo el sistema creado por Figari— mediante unos cuantos chivos expiatorios. No en vano deben sentirse contentos de que la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica haya reconocido a Figari como «fundador del Sodalitium Christianae Vitae y como mediador de un carisma de origen divino», pues eso confirmaría como sagrada a la institución, que seguiría teniendo validez gracias a la mediación efectuada por Figari. El Vaticano da por demostrado lo indemostrable, y pone implícitamente a Figari como figura legitimadora del Sodalicio. Increíble, pero cierto.

Sólo espero que una posible comisión investigadora en el Congreso de la República aborde el tema de manera integral, sin caer en sensacionalismos ni versiones tergiversadas. Pues la verdad desnuda es lo suficientemente atroz como para hacer innecesarias las exageraciones falsarias, presentes sobre todo en las redes sociales y en algunos medios de comunicación mal informados.

INCONSISTENCIAS Y FALSEDADES EN LOS INFORMES DEL SODALICIO

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Ian Elliott y Kathleen McChesney, autores junto con Monica Applewhite de los informes del Sodalicio

A lo largo del tiempo, el Sodalicio siempre ha ido acomodando su propia historia de acuerdo a su visión cambiante de la institución, arrancando las páginas incómodas del pasado, ocultando hechos y reinterpretando otros de manera benigna. Sin embargo, en la actualidad le resulta imposible negar hechos luctuosos que han sido documentados y verificados por la investigación periodística y corroborados por testimonios de innegable verosimilitud. Sólo les queda el recurso de reinterpretar los acontecimientos. Y para estos fines son muy útiles los dos informes evacuados por los tres expertos internacionales, contratados por una suma en dólares que desconocemos, pero que suponemos tan alta y escandalosa, que el Sodalicio no se atrevería a hacerla pública.

Ambos informes, dados a conocer a la opinión pública el 14 de febrero de este año, tienen fecha del 10 de febrero, último día del reciente cónclave sodálite realizado desde el 7 de febrero en la Casa de Retiros de los Pasionistas en La Molina, estando presente el delegado vaticano, el cardenal Joseph William Tobin (ver http://caretas.pe/sociedad/78233-diluyendo_el_pecado).

Los informes llevan como título, a saber:

  • Abusos Perpetrados por el Sr. Luis Fernando Figari y el Abuso Sexual a Menores por parte de Ex Sodálites
  • Abusos Perpetrados por Sodálites y Respuestas del SCV a las Acusaciones de Abuso

Si bien el primer informe presenta abundante información que valida no sólo lo que relata el libro Mitad monjes, mitad soldados de Pedro Salinas y Paola Ugaz, sino también lo que yo escribí en mi blog Las Líneas Torcidas a partir de noviembre de 2012, también presenta inexactitudes sobre la reacción que tuvieron las autoridades sodálites ante los casos de abusos.

Por ejemplo, se dice que Figari le prohibió en el año 2008 al entonces Vicario General Eduardo Regal reunirse con Rocío Figueroa, quien había dado a conocer un caso de abuso de una joven de 16 años por parte de Germán Doig, ante lo cual Regal decidió desobedecer a Figari e iniciar una investigación para determinar si había otras víctimas. Según el primer informe, tras investigar durante dos años, «Regal determinó que Doig había abusado de otros menores de edad y en 2011, en contra de los deseos de Figari, informó a la comunidad del SCV y al público que Doig había cometido actos que eran “contrarios a su promesa de celibato”, aunque no reveló que Doig había abusado de menores. Esta noticia conmocionó a la mayoría de los miembros de la comunidad del SCV, y a unos cuantos sodálites aún hoy se les hace difícil creer que Doig era un abusador».

Asimismo, Regal sería el artífice de la renuncia de Figari, pues en el año 2010 él «y otros en el Consejo Superior se encontraban extremamente preocupados por el comportamiento y las acciones de Figari, particularmente por su maltrato y abuso de los hermanos en la comunidad y personas en la familia espiritual del SCV. Ellos creían que la conducta de Figari, que era bien conocida por muchos de los miembros, era totalmente incompatible con la vida de un sodálite. Como resultado, Regal tomó el paso radical y sin precedentes de pedir a Figari que se retirara de la vida pública para llevar una vida de conversión, retiro y oración. Le prohibió aparecer en actividades públicas del SCV, del Movimiento de Vida Cristiana o en los eventos de la familia SCV, le prohibió presentarse a sí mismo como autoridad del SCV o en representación de la misma, así como asistir a Misas de aniversario o Misas públicas, publicar libros nuevos y participar en el Consejo Pontificio de Laicos. Pero los demás miembros de la comunidad no conocían estas medidas y creían que su retiro obedecía a motivos de salud».

La verdad es otra. En el libro Mitad monjes, mitad soldados se cuenta que fue Rocío Figueroa, —que había seguido investigando y contactando a más víctimas de Doig— quien le habría exigido a Regal el cierre de la causa de beatificación de Doig y la renuncia de Figari. Ésta se concretó el 8 de diciembre de 2010 y fue anunciada por el mismo Figari, aduciendo motivos de salud, tal como informó oficialmente ACI Prensa (ver https://www.aciprensa.com/noticias/fundador-anuncia-nueva-etapa-para-la-familia-sodalite/).

El 15 de julio de 2016, el mismo Regal hizo declaraciones en la Fiscalía que contradicen el papel heroico que le atribuyen los informes:

PREGUNTADO DIGA: Indique usted si conoce el motivo de por qué Luis Fernando FIGARI RODRIGO dejó de ser Superior General.
Dijo: Que sí, conozco. En el año 2010 FIGARI sufrió una operación médica complicada al abdomen, luego de dicha operación se le presentaron infartos cerebrales múltiples que lo dejaron incapacitado para el gobierno, sus capacidades intelectuales y físicas quedaron disminuidas y por lo tanto era indispensable poder contar con un Superior general en ejercicio, es así que varios sodálites, entre ellos yo, le recomendamos encarecidamente que deje el puesto de servicio de Superior General para poder tener un gobierno efectivo.

PREGUNTADO DIGA: Indique usted si en el periodo que fue usted Superior General, recibió denunciados por miembros del SCV por abusos cometidos contra ellos por Luis Fernando FIGARI.
Dijo: Que recibí denuncias y en cada caso procedí según el debido proceso en el marco ya explicado de las atribuciones del Superior General en el que debe existir verosimilitud, pruebas suficientes para, según eso, verificar si hay delito tipificado y vigente y abrir proceso o descartar dichas denuncias o proceder a medidas disciplinarias o administrativas. En ninguna de las denuncias que recibí, luego de investigar, encontré los elementos señalados.

Que Regal desestimó las denuncias contra Figari lo confirma el P. Jean Pierre Teullet en su célebre carta interna del 20 de octubre de 2015 (ver UNA CARTA DEL P. JEAN PIERRE TEULLET, SODÁLITE):

«En mayo del 2012, luego de varios meses de dialogo infructuoso con las autoridades, 4 sodálites presentamos formalmente “pedidos de investigación” contra el Hno. Luis Fernando Figari por actos graves e inmorales cometidos por él […]. Estos pedidos fueron desestimados, primero por el superior general de entonces, el Hno. Eduardo Regal, y luego, al ser presentados nuevamente por mí de modo formal en abril del 2013 al nuevo superior general, el Hno. Alessandro Moroni, fueron también desestimados por él. En ambos casos, nunca se realizó una investigación formal […]. Nunca se erigió un jurado, nunca se nos solicitó el testimonio formal, nunca hubo actas, nunca se dio un dictamen, y menos se nos respondió de modo formal la conclusión de dicho proceso».

Respecto a la interrupción del proceso de beatificación de Doig, tampoco hubo transparencia de parte del Sodalicio. El proceso fue interrumpido recién a fines de 2010, aduciendo que Doig no había alcanzado la heroicidad de virtudes, siendo que ya habían desde antes claras evidencias de los abusos perpetrados por él. Mientras tanto, se siguió promoviendo su figura como la de un sodálite ejemplar —«el mejor entre nosotros» según Figari— hasta el último momento.

El comunicado de Regal se hizo sólo internamente y de manera discreta —supongo que para “evitar el escándalo”—, no de manera pública, como señala falsamente el informe correspondiente. La noticia recién se dio a conocer a la opinión pública con la edición del 1° de febrero de 2011 de Diario16, gracias a que Rocío Figueroa pudo filtrar la información a la prensa con la ayuda de Pedro Salinas. Hasta ese momento, todos los esfuerzos de las autoridades del Sodalicio se habían concentrado en evitar que se dieran a conocer los hechos, a saber, que Doig había abusado sexualmente de jóvenes a su cargo.

Respecto a Jeffery Daniels, se cuenta que estuvo aislado en San Bartolo desde 1998 hasta poco después de la muerte de Germán Doig en el año 2001. El primer informe señala que «fuera de algunas autoridades como Figari y Doig, nadie sabía la verdadera razón por la cual Daniels se encontraba aislado o la amenaza que representaba para los menores».

Sin embargo, poco antes se señala que en el año 1997 un amigo de una de las víctimas le contó a un sodálite que Daniels había abusado de su amigo, y este sodálite se lo contó al Superior Regional. «El Superior regional contactó a Doig, quien al momento se encontraba en Roma con Figari. Doig le indicó al Superior regional que enviara al agresor al centro de formación de San Bartolo para un período de retiro hasta que se pudiera determinar un mejor curso de acción y que él, Doig, se encargaría de las familias de las víctimas. Doig también informó a Figari sobre el tema. El Superior regional realizó investigaciones adicionales y determinó que Daniels había abusado de hasta ocho jóvenes menores de edad. Después de que Doig y Figari regresaron de Roma, asistieron a la siguiente reunión del Consejo Superior donde la situación de Daniels fue tema de discusión».

¿Quiénes, además de Doig, formaban parte del Consejo Superior en ese momento?

De las declaraciones ante la Fiscalía de los acusados penalmente en el caso Sodalicio, se desprende que los otros miembros del Consejo Superior eran Jaime Baertl, José Ambrozic, Erwin Scheuch y una cuarta persona cuyo nombre desconocemos. Además, Oscar Tokumura ha declarado que tuvo conocimiento de los abusos de Jeffery Daniels en el año 1997, y cuando asumió el cargo de superior en San Bartolo, Daniels ya se encontraba allí. Su predecesor en el puesto de superior, Miguel Salazar, también habría conocido los motivos que llevaron a su aislamiento.

Salvo el primer sodálite mencionado de nombre desconocido, al cual se puede considerar inocente dado que comunicó de buena fe y adecuadamente el primer abuso conocido de Daniels a la autoridad correspondiente, los demás sodálites con cargos de responsabilidad —un total de 9 personas— no hicieron absolutamente nada para que Daniels fuera sancionado y serían cómplices de encubrimiento y haberlo ayudado a sustraerse a la justicia.

Después de verificar esto, uno se pregunta si los sodálites que tuvieron o tienen puestos de responsabilidad en la institución les dijeron toda la verdad a los expertos. O al contrario, como ocurrió en la Fiscalía, mintieron a diestra y siniestra. Pues cuesta admitir como cierto lo que dice el siguiente texto tomado del segundo informe: «Desafortunadamente, algunos imitaron el comportamiento manipulador y cruel de Figari durante estos diálogos, a pesar de que se sentían incómodos al hacerlo. Sólo un pequeño número de sodálites, por ejemplo, Doig, Regal, el P. Jaime Baertl, y algunos de los secretarios más cercanos a Figari, se sintieron empoderados para confrontarlo sobre su conducta». Resulta difícil creer que alguien como Regal —quien no le dio crédito a las denuncias contra Figari— se haya enfrentado a él. Pero aún más difícil resulta creer que lo haya hecho el P. Baertl, de quien no conozco que nunca jamás haya hecho ninguna crítica contra Figari, que lo ha defendido a capa y espada, y —según recuerdo— solía mantener una actitud aduladora hacia el fundador. Además de que se le parecía mucho en la manera como manipulaba las conciencias ajenas, y era tanto o más vulgar y procaz en su lenguaje que el mismo Figari.

El intento de salvar a la institución a como dé lugar —constante perversa que ha estado presente a lo largo de toda la historia del Sodalicio— también se halla presente en varias partes de los informes. Como, por ejemplo, en el siguiente texto del segundo informe: «La mayoría de los sodálites eran, y son, personas piadosas, con un carácter bueno y moral, atraídos por el Evangelio y los aspectos positivos de la cultura del SCV. Estos sodálites inspiraron y sirvieron como modelos y directores espirituales para los jóvenes, los aspirantes y sus compañeros sodálites. No fue, entonces, la cultura del SCV la que causó que los agresores cometieran actos de abuso, pero hubo autoridades o sodálites mayores que permitieron o alentaron abusos físicos y psicológicos».

Lo que sigue a continuación contradice este enunciado, pues se analizan elementos de la cultura institucional que crearon un ambiente favorable a que se cometieran abusos: el carácter icónico de Figari como personificación de la cultura del SCV, que debía ser imitado por todos; la naturaleza reservada del SCV y su falta de transparencia; el esfuerzo por desarrollar una organización religiosa casi militar; la obediencia total que se exigía a los sodálites. «A la luz de sus promesas de total obediencia a las autoridades del SCV, algunos sodálites se sintieron presionados a obedecer a sus superiores en todos los asuntos, incluso cuando se les ordenaba que trataran a sus hermanos de manera nociva para su bienestar físico o mental».

Es decir, la misma cultura del Sodalicio favoreció que personas buenas, piadosas y moralmente rectas cometieran actos repudiables. La bondad y rectitud moral de muchos sodálites —de lo cual yo mismo puedo dar fe— no puede ser considerado argumento para negar que la enfermedad estaría en el sistema, en la misma arquitectura institucional y cultural del Sodalicio.

«Los expertos no han encontrado indicios de complicidad ni conspiración entre los presuntos abusadores», señala Alessandro Moroni en la carta preliminar a los informes. «Los expertos identificaron ciertos elementos de la cultura del Sodalicio que, de alguna manera permitieron que estos reprobables hechos hayan podido ocurrir». Lo cual no hace más que confirmar que el problema sí estaba en la cultura del Sodalicio, generada desde arriba por el mismo Figari. Pues el hecho de que personas que no se coludieron cometieran abusos similares apunta a que la raíz del problema se halla en el sistema en que están insertos, como señala el testimonio de un formador: «Abusé y fui duro porque así me formé, de hecho mi formación fue aún peor. Simplemente no conocía otra manera. Me avergüenzo de lo que hice».

Finalmente, cuando uno revisa las fuentes de los informes se puede verificar una omisión grave. Los expertos no hablaron en ningún momento con ninguno de los integrantes de la Comisión de Ética para la Justicia y la Reconciliación. Era de esperarse, pues el Sodalicio ha estado siempre interesado en quitarle peso al informe emitido por esta Comisión, y esto se refleja en el segundo informe cuando se dice que ésta «no llevó a cabo una investigación exhaustiva de todas las denuncias reportadas ni examinó la cultura actual del SCV». Esta conclusión se basa sólo en el texto del Informe Final, y no tiene carácter concluyente desde el momento en que no se convocó a ninguno de los comisionados para interrogarlos sobre la manera en se realizaron las sesiones de trabajo. A diferencia de los expertos contratados por el Sodalicio, trabajaron de manera independiente sin recibir remuneración alguna. Lo único que para ellos personalmente estaba en juego era su reputación, la cual ha quedado indemne al comprometerse en la búsqueda de la verdad sin concesiones a intereses institucionales.

Los informes del Sodalicio no dan respuesta satisfactoria a todos los interrogantes, dejan muchas verdades en la sombra y generan muchas preguntas que requerirían de una investigación más a fondo. De ahí la urgencia y necesidad de que se establezca una comisión investigadora en el Congreso de la República. Para que se sepa al fin toda la verdad, sin maquillajes ni interpretaciones interesadas.

(Columna publicada en Altavoz el 19 de febrero de 2017)

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FUENTES

Informes sobre Abusos y Respuesta en el Sodalicio de Vida Cristiana (10 de febrero de 2017)
http://sodalicio.org/wp-content/uploads/2017/02/Informe-Abusos-Febrero2017.pdf

Declaraciones indagatorias de Alessandro Moroni, José Ambrozic, Erwin Scheuch, Eduardo Regal, Óscar Tokumura y Jaime Baertl ante la Fiscalía de la Nación
https://scvleaks.wixsite.com/scvleaks

CAZADORES DE VAMPIROS

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Peter Cushing en “Las novias de Drácula” (Terence Fisher, 1960)

Los recientes informes del Sodalicio, elaborados por tres expertos internacionales, se asemejan a esas películas de terror que la productora británica Hammer produjo en los años 50 y 60. A las anécdotas terroríficas protagonizadas por cuatro seres monstruosos (Luis Fernando Figari, Germán Doig, Jeffery Daniels y Virgilio Levaggi) se suman las andanzas de dos Van Helsing que buscaron combatir a estos vampiros de almas: Eduardo Regal y Alessandro Moroni.

Pues no otra cosa nos transmiten los relatos consignados.

Regal, desobedeciendo a Figari, decidió investigar a Doig tras una denuncia que presentó Rocío Figueroa —siendo ésta la única vez que se la menciona en los informes—. Como Vicario General, habría llevado adelante la investigación que terminó con la fama de santidad de Doig, comunicándole el resultado a la Familia Sodálite. El mismo Regal fue quien, sin presiones externas, habría solicitado a Figari que se retire de la vida pública debido a su maltrato y abuso de los hermanos en la comunidad, ocasionando su renuncia.

Cuando Moroni toma la posta de Regal como Superior General, no se queda atrás en hazañas heroicas. Por propia iniciativa, aísla a Figari en Roma y continúa con la investigación a fin de llegar a la verdad, declarándolo finalmente “persona non grata”.

La caída de Figari se debe atribuir a estos dos cazadores de vampiros.

No a la labor que realizó Rocío Figueroa en silencio durante seis años cargados de sufrimientos, sin recibir apoyo del Sodalicio. Ni tampoco a lo que escribí desde fines de 2012 a 2015 —tres años que fueron un infierno— describiendo el perverso sistema sodálite. Mucho menos a los valerosos denunciantes, ni a Pedro Salinas, ni a Paola Ugaz.

(Columna publicada en Exitosa el 18 de febrero de 2017)