AGRADECIMIENTOS VATICANOS A UN PRESUNTO ENCUBRIDOR Y ABUSADOR SEXUAL POR SERVICIOS PRESTADOS

card_george_pell_papa_francisco

El cardenal George Pell junto al Papa Francisco

Cuando el 30 de enero de 2017 la Santa Sede emitió el comunicado sobre el caso Figari, reconociendo parcialmente sus delitos, uno de los atenuantes para justificar el suave castigo que se le dio —si es que puede considerarse castigo— fue que «el Sr. Figari es sin embargo de considerar como el fundador del Sodalitium Christianae Vitae y por lo tanto como el mediador de un carisma divino».

Poco faltó para que se le diera las gracias por todos los servicios prestados a la Iglesia, los cuales deben ser tan valiosos y considerables que, en comparación, poco cuentan unos cuantos «actos contra el VI mandamiento«» que, además, «han ocurrido en un pasado muy remoto». Como si sólo por ese hecho ya no tuvieran el poder de haber arruinado vidas enteras.

Es proverbial y conocida la lentitud e ineptitud de los tribunales eclesiásticos para procesar las denuncias de abusos sexuales, además de que la misma ley eclesial, al poner tiempos relativamente cortos para la prescripción de delitos tan graves, garantiza que éstos nunca sean castigados con las penas que les corresponderían. Por otra parte, las “investigaciones” de la Santa Sede carecen de rigor y hasta ahora no se sabe que se haya convocado a víctimas de abusos para interrogarlas y requerir mayores detalles, permitiendo que sus testimonios puedan ser examinados acuciosamente y, eventualmente, verificados como pruebas decisivas de la culpabilidad del acusado. Antes de llegar a ese punto, se prefieren soluciones ambiguas y castigos dorados.

Por eso mismo, aunque no sorprende, resulta escandalosa y vergonzosa la posición que ha tomado la Santa Sede ante las graves acusaciones hechas por la justicia australiana en contra del cardenal George Pell. Mientras que en otros casos se ha suspendido a eclesiásticos de todas las funciones propias de su cargo —incluyendo las pastorales y sacramentales— hasta que se aclararan las denuncias de abusos en su contra, a Pell sólo se le hado «un período de excedencia para poderse defender».

Todo parece indicar que la Santa Sede da por supuesta la inocencia del prelado vaticano, pues no tiene ningún reparo en agradecerle por los servicios prestados: «El Santo Padre, que ha podido apreciar la honestidad del Cardenal Pell durante los tres años de trabajo en la Curia Romana, le está agradecido por su colaboración y, en particular, por su enérgico empeño a favor de las reformas en el sector económico y administrativo y por su activa participación en el Consejo de los Cardenales (C9)».

Además, se hace una defensa abierta de Pell como alguien que ha combatido efectivamente los abusos sexuales contra menores: «se recuerda que el Cardenal Pell ha condenado desde hace décadas abiertamente y repetidamente los abusos cometidos contra menores como actos inmorales e intolerables; ha cooperado en el pasado con las Autoridades australianas (por ejemplo, en las declaraciones ante la Royal Commission), ha apoyado la creación de la Comisión Pontificia para la Tutela de los Menores y, finalmente, como Obispo diocesano en Australia, ha introducido sistemas y procedimientos para la protección de los menores y para garantizar la asistencia a las víctimas de abusos».

Y a decir verdad, la mentada Comisión Pontificia no pasa de ser hasta ahora un mero saludo a la bandera, sin logros que mostrar en la lucha contra la pederastia eclesial. Por otra parte, los sistemas y procedimientos de protección establecidos por Pell se parecen mucho al sistema de reparaciones instituido por el Sodalicio para “ayudar” a las víctimas: ha servido para llevar a cabo un control de daños, buscando obtener el silencio de las víctimas y pagarles lo menos posible en concepto de indemnizaciones.

Finalmente, el comunicado sobre Pell muestra que a nivel de la Santa Sede aún no se tiene conciencia del nivel de incoherencia que puede haber en los abusadores sexuales. Ni Marcial Maciel, ni Fernando Karadima, ni Luis Fernando Figari jamás enseñaron públicamente nada que se apartara de la moral cristiana. Y eso no fue obstáculo para que cometieran delitos que ningún cristiano avalaría. En consecuencia, se puede esgrimir a favor del cardenal Pell todo lo que se quiera que dice el comunicado. Eso no significa que no pueda haber cometido graves abusos sexuales. Sólo esperamos que esta vez se haga justicia.

(Columna publicada en Altavoz el 3 de julio de 2017)

________________________________________

FUENTE

Religión Digital
Pell deja la Secretaría de Economía y regresa a Australia para defenderse de las acusaciones de abusos a menores
http://www.periodistadigital.com/religion/vaticano/2017/06/29/la-policia-australiana-acusa-al-cardenal-pell-de-abusos-sexuales-a-menores-religion-iglesia-vaticano-pederastia-australia.shtml

COLONIA DIGNIDAD: EL TESTIGO

Wolfgang Kneese en la actualidad

Wolfgang Kneese en la actualidad

En febrero de este año se estrenó en Alemania la película comercial Colonia, protagonizada por Emma Watson, Daniel Brühl y Michael Nyqvist, y dirigida por el alemán Florian Gallenberger. Se trata de un thriller de suspenso y acción, cuya trama tiene como trasfondo el asentamiento de alemanes Colonia Dignidad, fundado en 1961 en Chile cerca de la ciudad de Parral por el líder bautista Paul Schäfer, quien no sólo le lavó el cerebro a los más de 300 miembros de la secta y abusó sexualmente de manera sistemática de niños y jóvenes, sino que también colaboró con la dictadura de Pinochet en la represión, tortura y desaparición de presos políticos. Ésta es la historia de Wolfgang Müller —quien posteriormente se casaría con Heike Kneese y asumiría el apellido de su mujer—, el primero que logró escapar en Chile de lo que prácticamente era un campo de detención de personas sometidas física y psicológicamente, relatada en una entrevista concedida este año al prestigioso semanario DIE ZEIT de Alemania.

________________________________________

COLONIA DIGNIDAD: EL TESTIGO

Wolfgang Kneese fue el primero que escapó de la secta bautista Colonia Dignidad en Chile. En 1966 dio a conocer públicamente el horror… y es hasta el día de hoy el perseguidor más implacable de los victimarios alemanes.

Entrevista: Evelyn Finger (publicada en DIE ZEIT el 25 de febrero de 2016)

Al final de la conversación menciona una condición para su publicación. Hay una frase más que debe aparecer de todas maneras. Se halla enmarcada en la habitación de su esposa Heike. “Permita tranquilamente que ella se la muestre”. ¿Qué más puede venir? ¿Después de dos días de entrevista? Después del informe del siglo sobre cautiverio, tortura y fuga de Colonia Dignidad. La secta lo obligó desde 1961 en Chile a participar en la construcción de un asentamiento cercado, donde se atormentó sistemáticamente a seres humanos, incluyéndolo a él. Hasta que Wolfgang Kneese pasó de víctima a ser una amenaza para los victimarios. Gracias a él y a su esposa, el jefe del asentamiento fue finalmente capturado en 2005. Hoy da cuenta al respecto fríamente, pero también sonriente y lloroso. Sólo aquella frase enmarcada no la pronuncia, quizá porque podría sonar sentimental… como sacada del film Colonia con Daniel Brühl y Emma Watson. Así dice: “En la orilla de la vida se encuentra muy rara vez una piedra preciosa como tú, querida Heike”. Ésa debe ser la frase. Porque esta historia de fuga es también una historia de amor.

DIE ZEIT: Señor Kneese, cundo usted tenía 12 años, su madre lo envió de vacaciones a un centro bautista en la pequeña localidad de Heide cerca de Bonn. Posteriormente fue secuestrado y llevado de allí a Chile. ¿Cuándo se dio cuenta de que había caído en una secta violenta?

Wolfgang Kneese: En el acto. La primera noche en Heide el trabajador social juvenil Paul Schäfer me llamó a su habitación y me violó… como lo hacía cada noche con mínimo un muchacho. Por favor, no me pregunte detalles. A un redactor en jefe le dije en su cara hace décadas en un talkshow que el publico es lo suficientemente inteligente como para hacerse una idea de lo que es abuso sexual. Yo ya no me voy a poner al desnudo.

DIE ZEIT: Sin embargo, antes tuvo que hablar al respecto. En 1966 después de su fuga, usted se dirigió directamente a la prensa y también declaró a la policía chilena. ¿No dudó en absoluto?

Wolfgang Kneese: No. Yo asumí las declaraciones de manera muy consciente. Pues en ese momento no había nadie en el mundo que pudiera denunciar el régimen chileno de terror de Schäfer.

DIE ZEIT: ¿Por qué, a decir verdad, antes de usted nadie había fugado del asentamiento en Chile?

Wolfgang Kneese: Porque la mayoría estaban sometidos al jefe de la secta Paul Schäfer. Querían creer lo que él predicaba: decencia, benevolencia, bondad, laboriosidad. Se mataban trabajando desde temprano hasta tarde, renunciaban a toda alegría, porque consideraban que eso era grato a Dios… y de este modo incrementaban el poder de un pequeño círculo de hombres. Quien quería escapar de ellos arriesgaba su vida. Pues la Colonia se hallaba situada en algún lugar en territorio pre-andino, teníamos que talar el bosque virgen y al principio alimentarnos de conejos salvajes, y la localidad grande más cercana, Parral, estaba a kilómetros de distancia. Si bien en mi época todavía no había la cerca con alambre de púas, nosotros sin embargo pusimos los pilares de los cimientos. Los vigilantes ya tenían coches, armas, perros doberman y pastores alemanes amaestrados. En cierto modo, nosotros construimos nuestra propia cárcel.

DIE ZEIT: Usted intentó escapar tres veces, logró llegar incluso hasta la capital Santiago, pero fue regresado a la fuerza. ¿Por qué, al final, logró fugarse?

Wolfgang Kneese: Porque no tenía nada más que perder. Yo sabía que no sobreviviría mucho tiempo más en el asentamiento. En castigo por los dos primeros intentos de fuga fue golpeado casi hasta morir. Una vez casi no podía sacarme la camisa del cuerpo, porque estaba pegada a la piel debido a tanta sangre. Además fui aislado, tuve prohibición de hablar durante un año y sólo me estaba permitido abandonar mi celda vigilado para ir a trabajar.

DIE ZEIT: ¿Se atuvo a la prohibición de hablar?

Wolfgang Kneese: Sí, pues después de una semana, en todo caso, la voz ya no funciona correctamente. Una vez dije “Buenos días”, y hubo de nuevo golpes con las correas. Además debía tomar pastillas que me producían cansancio y mareos, a tal punto que el piso se me ondulaba. Mi capacidad de concentración estaba enormemente mermada, la voluntad debilitada. Uno se sentía incapaz de voltear un cubo con agua, pero aún así fui enviado al andamio o a la sierra circular con hojas de sierra del tamaño de un hombre. Entonces desarrollé un método para mantener las pastillas en la boca y escupirlas inadvertidamente. Cuando esto se descubrió, recibí inyecciones. En algún momento escuché como mis vigilantes especulaban que yo no aguantaría mucho más. Eso fue el detonante de la tercera fuga.

DIE ZEIT: ¿Nadie se solidarizó con usted?

Wolfgang Kneese: No, de eso se encargaban el sistema Schäfer con sus métodos de servicio secreto. Cuando uno hablaba sin permiso con otro, el oyente era aquel que era castigado más severamente. Y la mayoría de los colonos tenían una misión auténtica, ellos pensaban ciertamente que a causa de mi rebeldía su mundo perfecto se dañaba y manchaba.

DIE ZEIT: Pero Schäfer violaba a los niños de la Colonia. ¿No sabían esto los otros?

Wolfgang Kneese: Algunos sí, pero Schäfer maltrataba en secreto, de día aparecía gustosamente como el buen tío Paul, el consolador y conciliador. Una vez me vencí a mí mismo y le hablé a otro muchacho de las violaciones nocturnas, él se volteó y se fue corriendo. Todos nosotros jóvenes sabíamos bien al respecto. Pero muchos adultos no querían ver. Se consideraban elegidos, pues Schäfer les hacía creer que eran una élite de fe y que a través de él ya tenían un sitio en el cielo. Quien se volvía contra el maestro, por decirlo así, apostataba de Cristo y debía arder en condenación eterna.

DIE ZEIT: ¿Por qué no creyó usted en eso?

Wolfgang Kneese: Porque Schäfer no hacía lo que predicaba. Porque no me siento a gusto cuando se me impone algo y siempre he tenido una fuerte necesidad de libertad. Quizás también porque mi madre y mi tía estaban en contacto con los bautistas, aunque yo mismo no fui educado piadosamente.

DIE ZEIT: No obstante, no se atrevió durante los cuatro primeros años en el centro juvenil de Heide a quejarse ante alguien de su sufrimiento.

Wolfgang Kneese: Me avergonzaba. Y como en todas las sectas, todo comenzó con love bombing: como novato eres recibido entusiastamente, tú aún no has dicho nada, pero ya todos aplauden. Te sientes bienvenido, abrazado, amado. Que Schäfer a la vez se inmiscuyera con sus anormalidades, era algo que estaba en otra página.

DIE ZEIT: ¿Tampoco le dijo nada su madre?

Wolfgang Kneese: No era una madre fuerte, porque ella misma estaba traumatizada. En el último verano de la guerra huyó embarazada de Prusia Oriental, en caravana sobre la bahía congelada, y en el camino fue violada por soldados. Luego me trajo al mundo en septiembre en un refugio antiaéreo abandonado en Eppendorf (Hamburgo). Recién en Heide, donde los bautistas, fui inundado de afecto y por eso mismo me erá más difícil categorizar el abuso simultáneo. Mucho más tarde comprendí que quien de niño apenas recibe amor, difícilmente puede rechazar a violadores, porque por fin es abrazado de una vez y recibe calor. De este modo me convertí en el jugoso botín del demonio.

DIE ZEIT: ¿Que hizo contra sus recuerdos?

Wolfgang Kneese: Al principio sólo estaba feliz de poder ser libre, y con pánico de ser devuelto a la Colonia. Cuando mis perseguidores se liaron en Santiago en una batalla callejera con la policía, eso se convirtió en una novela policíaca. Una vez que regresé a Alemania con 21 años de edad, intenté arrojarme en la vida, desfogar mi rabia en la pista de baile.

DIE ZEIT: ¿Funcionó?

Wolfgang Kneese: No. En el camino de regreso a casa me golpeé a veces las manos contra las paredes hasta sangrar. Una vez tuve una novia que era tan inestable como yo. Éramos como dos personas a punto de ahogarse, ninguna de las cuales podía nadar, pero que se aferraban la una a la otra. El resultado fue entonces una hija, de lo cual estoy actualmente contento… pero aún así zozobramos como pareja. Busqué entonces ayuda en libros, en autores difíciles como Søren Kierkegaard y Sigmund Freud, pues yo quería entender el alma humana.

DIE ZEIT: ¿Hay alguna percepción que se le haya quedado grabada?

Wolfgang Kneese: Sí. Que ser utilizado y arrojado le puede robar a un ser humano la fe en casi todo. Yo he perdido por causa de Schäfer mi confianza primigenia.

DIE ZEIT: ¿La podría encontrar de nuevo?

Wolfgang Kneese: No. Sólo recibirla regalada. Hasta el día de hoy yo no confío en nadie. La única persona en la cual confío está sentada delante suyo. (mira a su esposa Heike)

Heike Kneese ha estado sentada a la mesa durante la conversación escuchando atentamente, sólo ocasionalmente ha añadido algo. Se nota que conoce la historia de Colonia Dignidad casi tan bien como su esposo. La lucha de él se ha convertido en su lucha. Pero ella la lleva a su propia manera.

Heike Kneese: Cuando en 1987 fundamos una asociación de víctimas, los bautistas en Alemania nos acusaron de que queríamos venganza. Nosotros, sin embargo, queríamos justicia: darle término al terror y proteger a los niños.

Wolfgang Kneese: Después de que hube salido de Chile, vinieron tiempos peores aún.

Heike Kneese: Schäfer apoyó a partir de 1973 a Pinochet y se hizo así intocable durante años. En la película de Florian Gallenberger sobre la Colonia pareciera como que los partidarios de Allende sólo fueron torturados por chilenos. En realidad, sin embargo, en la Colonia los alemanes torturaban y formaban a torturadores.

DIE ZEIT: Señora Kneese, ¿cuando se enteró de que su esposo había sobrevivido a este infame asentamiento? ¿lo supo antes de que llegaran a ser pareja?

Heike Kneese: No. Wolfgang no me daba la impresión de ser vulnerable ni reservado. Me enamoré de él porque era un tipo soberano y seguro de sí mismo. Trabajábamos en la misma empresa, y cuando me llamó por primera vez, quería de inmediato viajar al extranjero conmigo. (ríe)

Wolfgang Kneese: Yo ya te conocía desde hace tiempo, había flirteado contigo en el comedor de la empresa, sólo que tú no te diste cuenta. (ríe)

Heike Kneese: Es cierto. Yo era miope y no me puse mis gafas.

Wolfgang Kneese: ¡Y de este modo desperdicié mi profundo afecto en una futura amada, que ni siquiera me vio! Después me escurrí de largo ante las puertas de las oficinas para averiguar dónde trabajaba. Pues desde que había visto a Heike, pensaba: (pausa prolongada, tratando de mantener la compostura) Ésta es la mujer de mi vida.

Heike Kneese: Nueve meses después hicimos un viaje por Europa, y en una playa de Portugal me contaste por primera vez de la Colonia. Eso fue en el año 1982, y yo tenía 23 años. Wolfgang me dio un folleto de Amnesty International, allí estaban los informes de torturas de dos hombres y una mujer chilenos, que sobrevivieron a la Colonia. Todos fueron maltratados con descargas eléctricas, incluso en los genitales. Wolfgang se reunió con los testigos y pudo ampliar sus declaraciones, porque él conocía el lugar. Ellos mismos habían estado en los sótanos, con los ojos vendados la mayor parte de las veces.

Wolfgang Kneese: Yo quería primero probar si Heike podía soportar esos relatos.

Heike Kneese: Cuando estuvo más o menos seguro de que yo no huiría gritando, inició su relato. Era triste, pero yo lo acepté, formaba parte de él. Yo no quería salvarlo. No tenía ningún síndrome de enfermera.

Wolfgang Kneese: Bueno, te fuiste a vivir conmigo cuando me rompí el brazo.

Heike Kneese: Pero eso sucedió sobre el río Alster congelado. No pudiste patinar sobre hielo.

Wolfgang Kneese: Tú sí. Y yo quería impresionarte.

Heike Kneese: (ríe) Siempre me gustó el valor de Wolfgang para lograr lo imposible. Su perseverancia. En todo caso, no pasó mucho tiempo antes de que nos dirigiéramos ambos al Ministerio de Asuntos Exteriores en Bonn para tener reuniones sobre la Colonia, informamos a escuelas, y sobre todo intentamos encontrar a las familias alemanas de las personas secuestradas por Schäfer, con el objetivo de ganarlas para la lucha jurídica contra la secta. Eso fue difícil. Muchos no querían creer hasta el último momento que sus familiares habían caído en manos de alguien que era un corruptor de menores en vez de una figura redentora.

DIE ZEIT: Usted batalló hasta 2005 por la captura de Paul Schäfer. ¿Nunca pensó en rendirse?

Heike Kneese: No. Es decir, cuando uno quería rendirse, el otro lo levantaba. Yo creo que Dios siempre permitió que siguiéramos adelante.

DIE ZEIT: ¿Entonces usted cree en Dios?

Heike Kneese: Yo lo veo como una fuerza y una fuente que me puede ayudar a seguir siendo buena. Para eso, sin embargo, no necesito de ninguna Iglesia.

DIE ZEIT: Amnesty International, contrariamente a ustedes, fracasó de forma lamentable en llevar a Schäfer a la cárcel.

Wolfgang Kneese: Se quedaron colgados con 160.000 marcos alemanas de costos procesales, porque la Colonia podía permitirse los defensores más caros.

DIE ZEIT: ¿No tuvo usted, señora Kneese, miedo por su esposo cuando viajó a Chile en los ‘80 y ‘90 para reunirse con aliados?

Heike Kneese: Por supuesto. Él visitó, por ejemplo, a las familias de niños chilenos que habían sufrido abusos por parte de Schäfer, y organizó a médicos para que las víctimas pudieran ser examinadas. Ya antes de que se iniciaran sus procesos, habíamos fundado para ellas un proyecto de ayuda. El abogado instructor en Chile dijo una vez que si salieran a la luz todos los delitos de la Colonia, habría un conflicto diplomático entre Alemania y Chile. Wolfgang tenía entonces muy buenos guardaespaldas, una vez yo también viajé con él. Por supuesto que a veces me preocupaba si él podría resistir todo eso. Incluso ahora nuevamente, cuando mirábamos en el cine la película sobre la Colonia. ¡Ese escalofriante ladrar de los perros guardianes! (lo mira) Tú tampoco pudiste durante muchos años soportar el color rojo.

Wolfgang Kneese: Yo como prisionero en la Colonia, tenía que vestir de día ropa roja y de noche blanca, las suelas de mis zapatos tenían un diseño especial para poder seguirme mejor. Finalmente, me fugué vestido de rojo.

DIE ZEIT: Por favor, cuéntenos de su última fuga.

Wolfgang Kneese: Pues bien, era verano de 1966. Lo peor después de mis dos fugas fallidas me resultaban las miradas de los otros: ¡traidor! Antes sólo me sentía solo, ahora tenía 320 enemigos. Y después atrajeron a mi madre a Chile y la torturaron con descargas eléctricas. Se le podían ver las quemaduras en las sienes hasta el final de su vida. Yo odié abismalmente a esos torturadores, que se llamaban a sí mismos cristianos.

DIE ZEIT: ¿Cómo preparó su fuga?

Wolfgang Kneese: En nada. Me largué una noche cálida de verano, cuando el nivel del río cercano estaba bajo, a campo traviesa en pantalones cortos. Eso habría de cobrarse venganza muy pronto. Sólo había llegado hasta la mitad del lecho del río, cuando sonaron las sirenas y soltaron a los perros. En la otra orilla estaba yo de pronto delante de un arbusto de zarzamora de cinco metros de alto. Cuando los ladridos se acercaban, salté al seto espinoso y rodé al otro lado, me abalancé cerro arriba y me metí en el bosque. Del hecho de que ninguno de los perros amaestrados quiso lanzarse al seto, puede deducirse como me veía yo después.

DIE ZEIT: Usted no tenía nada para comer o beber.

Wolfgang Kneese: Zarzamoras, al fin y al cabo. Recién de noche me atreví a ir hacia la carretera, pero tendiéndome siempre como un indio sobre la tierra, para escuchar, pues mis perseguidores venían en jeeps sin luces. En un puente que yo tenía que cruzar ya habían colocado un piquete. Yo me escurrí para dormir en el bosque, me cubrí con ramas y recé: ¡Dios, si es tu voluntad, ayúdame! Después pasé de largo ante el piquete, y antes de que pudieran echar a correr, me abalancé por encima del parapeto y corrí y corrí…

DIE ZEIT: ¿Quién fue el primero que lo ayudó?

Wolfgang Kneese: Unos campesinos pobres en una cantina de pueblo, varias millas adelante. Allí me metí a hurtadillas la siguiente noche, todavía sangrando por las espinas. ¡Los chilenos me miraban como si fuera una aparición! Y entonces juntaron dinero, me vistieron con otras prendas y me metieron en el baúl de un coche de un taxista amigo, el cual me llevó pasando el piquete de la Colonia hasta una diminuta estación de tren. Allí alguien me regaló las monedas que faltaban para un boleto a Santiago. Desde entonces siempre ayudo, cuando alguien me lo suplica. ¿Quién sabe? En todo caso, llegué a Santiago, y la embajada alemana me ocultó en una asilo de ancianos. Cuando los perseguidores de la Colonia descubrieron esto y se acercaron, yo ya había desencadenado una avalancha de prensa, y la policía chilena me protegió, liándose a golpes con los colonos en plena calle. Eso también salió en el periódico.

DIE ZEIT: Pero aparentemente no le sirvió de nada, pues después usted tuvo que huir incluso a pie a través de una cresta de los Andes hacia Argentina.

Wolfgang Kneese: Eso acaeció, porque yo no tenía pasaporte. Y porque Schäfer envió a dos de sus hombres para declarar en contra de mí. Uno de ellos fue el posteriormente infame Hartmut Hopp, contra el cual hay actualmente una orden de detención y el cual me escribió hace años una carta de disculpas. Pero en ese entonces, 1966, prestaron juramento falso ante el juzgado, diciendo que yo era un ladrón de caballos y un homosexual. Asimismo se inició un proceso en la ciudad de Parral, controlada por la Colonia. El director de la cárcel, sin embargo, me creyó…

DIE ZEIT: ¿Estuvo usted en la cárcel?

Wolfgang Kneese: En prisión preventiva. Pero yo era más libre que en la Colonia. Todos los días venían debido al alboroto de prensa simpatizantes, muchachas chilenas, incluso la ZDF [Zweites Deutsches Fernsehen, canal de televisión pública de Alemania]. Pero después fuimos advertidos de que no iba a haber un fallo justo, porque el juez habría sido sobornado, y yo sólo tenía un defensor de oficio barato… cuando salí libre bajo fianza, hui hacia Argentina. Suena aventurero, pero fue con riesgo de mi propia vida. Por cierto, las mantas de llama que llevé conmigo están actualmente en nuestro coche.

DIE ZEIT: ¿Y su madre?

Wolfgang Kneese: Antes de que yo despareciera de Chile, la policía pudo liberarla de la Colonia en base a mis declaraciones. (guarda silencio) Cuando la volví a ver, estaba tan maltrecha, confundida, tenía cabellos blancos como la nieve, que pensé que morir hubiera sido más misericordioso. (guarda silencio, llora) Normalmente hubiera evitado el tema. Duele tanto. Tú piensas que ya has cerrado el acto, y luego a los 70 años lloras como una magdalena.

DIE ZEIT: ¿Pudo hacer algo por su madre?

Wolfgang Kneese: Si ese día hubiera tenido un arma, hubiera arrasado con la Colonia. El aspecto de mi madre mantuvo en marcha el motor de mi odio durante todas estas décadas, hasta que Schäfer fue encontrado en Argentina. Eso lo logramos con la ayuda de un joven, brillante y maravilloso abogado llamado Hernán Fernández. ¡Un día quisiera levantarle un monumento! Y a través del trabajo de un equipo de cámara chileno, que durante un año se ocupó del caso. Yo asesoré a los periodistas y a Hernán, al cual apoyamos desde hace años con dinero, como también a los niños chilenos afectados, cuyos padres presentaron una denuncia. Eso fue posible sólo a través de donaciones del mecenas hamburgués Jan Philipp Reemtsma. Gracias a él fundamos una asociación sin fines de lucro. Sin él todos los planes habrían fracasado debido a falta de dinero.

DIE ZEIT: Frau Kneese, ¿recuerda todavía cuando fue arrestado Schäfer?

Heike Kneese: ¡Fue un momento maravilloso e indescriptible! Qué pena que no lo pudimos vivir juntos. Wolfgang se encontraba en ese momento de camino a Chile. Yo lloré, y nuestro teléfono sonaba como loco.

DIE ZEIT: ¿Qué fue lo más difícil para ustedes dos?

Heike Kneese: Yo hubiera querido a veces que ambos andáramos más despreocupados.

Wolfgang Kneese: Más tiempo de a dos.

Heike Kneese: Quizás podamos en algún momento poner punto final a todo. O por lo menos un punto.

Wolfgang Kneese: Nuestro abogado dice que hemos logrado mucho, pero aun así estamos todavía al principio.

________________________________________

DETRÁS DE LA HISTORIA
Recién a través de Wolfgang Kneese supieron por primera vez la política y la opinión pública lo que era la Colonia Dignidad en Chile desde 1961: no una sociedad benefactora, sino una secta en la que se violaba, golpeaba e incluso se mataba. Desde su fuga en 1966 Kneese realiza labor de esclarecimento al respecto. Su archivo de prensa incluye miles de artículos. En 1982 conoció a Heike Kneese en la editorial hamburguesa Gruner + Jahr. La pareja inició la comunidad de emergencia y de intereses de los afectados por la Colonia Dignidad y le encargó a Norbert Blüm que suspendiera los pagos en blanco por jubilación a los miembros. En 1996 Wolfgang Kneese repitió en Chile sus declaraciones sobre el jefe de la secta Paul Schäfer, dado que los antiguos expedientes habían desaparecido. Desde entonces los Kneese apoyan al abogado Hernán Fernández, el cual demandó con éxito a Paul Schäfer en nombre de niños chilenos violados. Fernández logró la condena del principal victimario y lo localizó en Argentina. Desde 2015 Heike Kneese trabaja como secretaria de redacción en DIE ZEIT. Por primera vez, ella y su esposo cuentan los antecedentes personales de su lucha.

________________________________________

(Traducción al español: Martin Scheuch)

Artículo original en DIE ZEIT
Der Zeuge (25. Februar 2016)
http://www.zeit.de/2016/10/colonia-dignidad-interview-wolfgang-kneese

EL CANTO MANCILLADO DE LOS GORRIONES

georg_ratzinger_regensburger_domspatzen

Georg Ratzinger, director de los Regensburger Domspatzen de 1964 a 1994, durante un ensayo (noviembre de 1989)

Los Gorriones de la Catedral es un famoso coro de niños y jóvenes varones de la ciudad bávara de Ratisbona en Alemania. Los integrantes cuentan con una escuela primaria (anteriormente ubicada en Etterzhausen y Pielenhofen) y una escuela secundaria de orientación musical en Ratisbona.

En marzo de 2010 se supo de víctimas de abusos físicos y sexuales entre los muchachos del coro.

La diócesis declaró en febrero de 2015 que tenía 72 denuncias de casos ocurridos entre 1953 y 1992. Sin embargo, el 8 de enero de este año el abogado Ulrich Weber, encargado por la diócesis de investigar el asunto, declaró que por lo menos 231 menores habían sido gravemente golpeados o maltratados en ese período. 50 de ellos fueron objeto de abusos sexuales, que iban desde tocamientos indebidos hasta violaciones. Añadiendo un cálculo estadístico de casos no denunciados, la cifra podría acercarse a uno de cada tres, es decir, entre 700 y 800 menores.

Cuando se abusa de un niño, éste se demora décadas en procesar el trauma. Los recuerdos quedan reprimidos como mecanismo de supervivencia. Su psique queda dañada de por vida, y a veces nunca logra verbalizar lo sucedido.

Respecto al Sodalicio, se ha hablado de abusos de jóvenes. Pero el Sodalicio también trabajó con niños menores de 13 años en los ’70 en campamentos-retiros conocidos como DyN (Dios y Naturaleza). Y quienes dirigían esta actividad eran miembros de la primera generación, como Germán Doig y otros sodálites pertenecientes al círculo íntimo de Figari. ¿Sabremos algún día de testimonios que nos cuenten cómo se desarrollaron esas actividades al aire libre en lugares apartados, fuera de todo control parental?

(Columna publicada en Exitosa el 16 de enero de 2016)

________________________________________

El 7 de enero de 2015 la televisión estatal alemana ARD propaló un documental sobre los abusos del coro catedralicio de menores de Ratisbona con el título de Sünden an den Sängerknaben – Die Akte Regensburger Domspatzen [Pecados contra los niños cantores – El acta de los Gorriones de la Catedral de Ratisbona], donde cuatro víctimas dan testimonio no sólo de los que le hicieron durante su época de internado (palizas brutales, humillaciones, privación de bebida y comida, tocamientos indebidos de los genitales, penetración anal, etc.) sino también de la falta de transparencia e indolencia de los representantes de la Iglesia. He aquí algunas joyitas pronunciadas por los responsables, que demuestran la poca voluntad en ese entonces de dar a conocer la verdad en toda su dimensión.

Clemens Neck, vocero del obispado, relativiza los testimonios:
«Para el obispado estos cuestionamientos [entiéndase palizas, lesiones corporales, cochinadas y violaciones anales] significan muchas conversaciones, también escuchar, investigar, e incluso también el estudio de las actas, interrogatorios.»

El obispado guarda silencio «para proteger a las víctimas» (???).

Georg Ratzinger, director del coro de 1964 a 1994 y hermano de Josef Ratzinger, alias Papa Benedicto XVI, se negó a declarar:
«Este tipo de procesos están bajo secreto pontificio.»

Geedo Paprotta, el abogado mejor pagado del obispado de Ratisbona, hace declaraciones sólo para decir que no está en capacidad de opinar:
«No quisiera decir nada al respecto.»
«Yo no me voy a pronunciar sobre casos particulares.»
«Al respecto no debo ni puedo decir nada.»

El cardenal Gerhard Ludwig Müller, Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe y ex obispo de Ratisbona, también calla:
«No se puede hacer ninguna declaración debido a que hay que observar el secreto pontificio.»

El Dr. Martin Linder, encargado de los casos de abusos por parte del obispado de Ratisbona, hace una afirmación insólita:
«El perpetrador también tiene intereses, que deben ser representados.»

Y, como dice una de las víctimas, las leyes eclesiásticas están hechas de tal manera que los procesos duran años, mientras que las víctimas siguen luchando personalmente después de décadas con las consecuencias de los abusos perpetrados contra ellas, y al final el abusador ya está demasiado viejo o enfermo para que se le aplique una sanción, o bien ha muerto. Y a las víctimas, que se las lleve el carajo.

________________________________________

FUENTES

Die Zeit
Neue Zahlen zu Missbrauch bei Regensburger Domspatzen (7. Januar 2016)
http://www.zeit.de/gesellschaft/zeitgeschehen/2016-01/missbrauchs-skandal-regensburger-domspatzen-katholische-kirche

FOCUS
Mindestens 231 Kinder bei Regensburger Domspatzen misshandelt (08.01.2016)
http://www.focus.de/panorama/welt/kirche-bericht-mehr-kinder-bei-regensburger-domspatzen-misshandelt_id_5196776.html

ARD
Documental “Sünden an den Sängerknaben – Die Akte Regensburger Domspatzen” (en alemán)

LA INSTITUCIÓN Y LAS VÍCTIMAS

p_klaus_mertes

P. Klaus Mertes SJ, ex rector del Colegio Canisio de Berlín

El P. Klaus Mertes SJ (nacido en Bonn en 1954), siendo todavía rector del Colegio Canisio de Berlín, envió una carta fechada el 20 de enero de 2010 a unos 600 ex alumnos, revelando que había habido casos de abusos sexuales en la institución en las décadas de los ’70 y los ’80 por parte de dos sacerdotes jesuitas, que posteriormente colgaron los hábitos. En la misiva, el P. Mertes les pedía perdón a aquellos que pudieran haber sido víctimas de tales abusos. Con este valiente escrito desencadenó una avalancha de revelaciones de casos de abusos en la Iglesia católica alemana y en otras instituciones que trabajan con niños y jóvenes, lo cual le valió ser galardonado en el año 2011 con el Premio Ciudadano Gustav Heinemann, que otorga el Partido Socialdemócrata de Alemania a personas que destacan por su coraje civil.

Desde entonces ha concedido entrevistas a diversos medios y ha publicado artículos donde reflexiona sobre el problema de los abusos sexuales en la Iglesia católica. La siguiente ponencia resulta de interés para todo aquel que haya seguido el caso del Sodalicio de Vida Cristiana, pues de alguna manera explica cómo reaccionan las instituciones ante los testimonios de las víctimas y da algunas pautas y principios para afrontar el problema desde una perspectiva eclesial y cristiana.

________________________________________

DECLARACIÓN EN EL CONGRESO ECLESIAL ECUMÉNICO EN MÚNICH, 14/05/2010
por el P. Klaus Mertes SJ

1. Víctimas e institución

Forman parte del abuso dos aspectos: el hecho del abuso en sentido estricto así como la reacción desmesurada de la institución en la que ocurre el abuso. Este segundo aspecto les duele aún hoy a muchas víctimas, con frecuencia mucho más que el primer aspecto del abuso. Los afectados, efectivamente, se comunican con la institución (en mi caso, el Colegio Canisio), no con los perpetradores. Muchos ya no quieren tener nada que ver con los perpetradores reales. Pero quieren esclarecer su relación con la institución, quizás reconciliarse.

Ante esta situación la institución interpelada debe tomar la decisión fundamental de cómo quiere encarar a las víctimas. Las víctimas quieren hablar con los representantes de la institución en la cual fueron sometidas a abusos. De modo que salgo a hacerles frente en cuanto tal. Yo, en mi condición de jesuita, de sacerdote y de rector de la escuela, pertenezco a la institución y no me distancio de la institución, precisamente mucho menos en mi encuentro con las víctimas. No les haría ningún servicio a las víctimas si yo me solidarizara con ellas en contra de la institución. Las víctimas necesitan de alguien que les confirme lo siguiente: Sí, vosotras estáis donde mí en la dirección correcta, para narrar vuestras historias, mostrar vuestro enojo, denunciar y poner exigencias.

Todos los intentos de la institución por su parte de presentarse como víctima de los perpetradores o incluso como víctima de las declaraciones de las víctimas yerran el blanco. En cierto modo estas reinterpretaciones del propio punto de partida son una continuación del abuso. Asumir la perspectiva de las víctimas significa para sí mismo como representantes de la institución lo siguiente: nosotros no somos las víctimas, sino que las víctimas son las víctimas.

2. Víctimas en conflicto con la institución

En el simposio de los jesuitas en Semana Santa hemos hablado unos con otros sobre lo que significa como Iglesia o como orden en concreto asumir la perspectiva de las víctimas. O dicho de otro modo, darle prioridad a la perspectiva de las víctimas sobre los intereses de imagen de la institución. La prioridad de la perspectiva de las víctimas es algo que se desprende claramente del Evangelio. Pero es muy difícil asumir realmente esta perspectiva. Un hermano informaba en su grupo de conversación de lo difícil que le resultó descubrir que, contra toda retórica, estaba de facto tan fuertemente cautivo de la perspectiva de la institución, que requirió de semanas para comprender lo que significaba el cambio hacia la perspectiva de las víctimas.

Un proceso particularmente difícil para nosotros jesuitas fue confrontarnos con la carta abierta de un grupo de víctimas dirigida a nosotros. El tono era duro, agresivo, acusatorio, exigente y, según nos pareció a muchos, injusto con nosotros. Es fácil permanecer en la perspectiva de las víctimas mientras las víctimas sean meramente pasivas. Pero las víctimas son más que sólo víctimas. Tienen una historia de supervivencia tras de sí, una lucha por sobrevivir, o siguen luchando aún, décadas después del abuso. El asumir la perspectiva de las víctimas no puede ir condicionado a que las víctimas sean amables y amistosas y le ahorren conflictos a la institución.

De ninguna manera se trata en la perspectiva de las víctimas de una especie romanticismo, con una visión idealizada de las víctimas. También esto corresponde al sentido del Evangelio: los pobres no son simplemente los buenos, los inocentes amables. No obstante y precisamente con su actitud espinosa, tienen algo que decirle a la institución. La promesa del Evangelio, tal como como yo la entiendo, es así: lo que Dios quiere de mí o de nosotros como Iglesia, lo hallamos en el encuentro con las víctimas. Eso no quiere decir que las víctimas siempre tengan la razón. Pero una Iglesia que cierra sus oídos a las víctimas, o que las escucha para ayudarlas de arriba para abajo, no hallará lo que el Espíritu tiene que decirle ahora y hoy.

3. Abuso y sexualidad

Algunos alumnos del Colegio Canisio escribieron en 1981 a las autoridades entonces accesibles para ellos: “El ámbito de la pedagogía sexual se halla bajo la única responsabilidad del guía espiritual. Un intercambio razonable no tiene lugar. No hay una persona femenina de referencia para muchachas adolescentes. La sexualidad es declarada tabú, y se intenta guiar e influenciar la sexualidad con prohibiciones. Nos remitimos más en concreto al problema tampoco resuelto en la doctrina católica de los jóvenes homosexuales, que se ven sometidos a cargas pesadas y son muchas veces abandonados con sus problemas y tiene que enterarse de que tienen opiniones sobre la sexualidad que van contra las buenas costumbres y son antinaturales”. Sabemos hoy que quienes aquí hablan fueron víctimas. La pregunta que me atormenta es la siguiente: ¿Que nos ha impedido escuchar tales quejas y preguntar qué experiencias concretas se hallan detrás? ¿Y qué nos impide hoy escuchar cuando las víctimas hablan de nuestra pedagogía y pastoral? ¿Nos bloquea de tal manera la idea de que podría haber ciertamente víctimas de nuestra pastoral, que no escuchamos más?

Quisiera mencionar un aspecto: no poder escuchar y no poder hablar van juntos. Quien no puede hablar, tampoco puede escuchar. Por supuesto que quien quiere escuchar, también debe poder callar. Aquí no nos referimos al silencio oyente. Más bien me refiero a ese quedarse sin palabras que tiene que ver con ocultamiento, con callar temeroso. El quedarse sin palabras es el precio del silencio. Esto también es válido para las instituciones. Me parece que aquí se halla una pregunta importante: ¿Hay temas para los cuales nosotros como Iglesia no tenemos palabras? ¿Nos quedamos sin palabras porque la verdad que hay que enunciar es demasiado amarga, demasiado desagradable? ¿Nos quedamos sin palabras hasta el punto de que debemos hacer callar a las víctimas cuando hablan?

Las víctimas debieron confrontarse durante años con temas sobre los cuales no habían sido escuchadas, y tampoco lo fueron posteriormente, pero sobre los cuales se les había enseñado mucho y aún hoy se les enseña: obsesiones pedagógico-sexuales, cuyos frutos son sentimientos de culpa en el manejo de la propia sexualidad, sentimientos de culpa respecto a la propia homosexualidad, respecto a la masturbación iniciada por el perpetrador; pero también una relación infantil hacia las autoridades, miedo hacia los propios pensamientos y dudas que sean divergentes, y muchas otras cosas más. Para las víctimas estas experiencias forman parte del sabor católico del abuso. Esto debe ser tomado en serio. Aquí no se puede decir sencillamente que todo se debe a malentendidos. Si tomamos espiritualmente en serio que la Iglesia pude aprender algo del encuentro con las víctimas, entonces se presenta para la Iglesia y su Magisterio la oportunidad de aprender.

4. Poder espiritual y abuso

Con la ordenación se da un poder espiritual, que el Papa Benedicto ha desarrollado en este Año del Sacerdote tomando como ejemplo al Cura de Ars. Hay un poder sacerdotal particular en razón de la ordenación. Yo creo que pertenece a la esencia de la Iglesia.

Las víctimas de las cuales hablamos se vuelven víctimas dentro del marco de una desviación del poder; el niño es objeto de abuso por los padres; el alumno es objeto de abuso por el maestro; el paciente, por el médico. Todo esto ocurre en una relación de confianza que la víctima no puede eludir. En el caso del sacerdote se añade el abuso del poder espiritual. También la relación con la función espiritual es ineludible para aquellos que quieren encontrar a Cristo en la Eucaristía, en la absolución, pero también como Pastor y Maestro. Cuando aquel que actúa in persona Christi abusa, entonces el acceso a Cristo, a la fe en Cristo, queda dañado, si no destruido. Se trata de un hecho abominable.

La pregunta por el poder espiritual en la Iglesia y sus estructuras es una pregunta de interés eclesial general. Relacionado con el clero: ¿Qué significa el poder para nosotros clérigos? ¿Reflejamos que lo tenemos adecuadamente? ¿Que significa para nosotros el poder respecto a nuestras necesidades de relación y reconocimiento? ¿Dónde podemos compartirlo más? ¿Dónde podemos ser acogedores en la Iglesia? ¿Cómo nos comunicamos con los que no son clérigos? ¿Cómo enfrentamos el clericalismo, que por cierto no es sólo una característica de los clérigos?

La pregunta por el poder no es sólo una pregunta de la vida espiritual personal. El sentido de institución pertenece, en mi opinión, a lo católico. Precisamente por eso plantear la pregunta sobre las estructuras de poder en la Iglesia católica es plenamente católico. El abuso de poder debe ser prevenido también estructuralmente. Con gran preocupación busco que se disuelva la distinción de función y persona no sólo en la Iglesia católica, pero también en ella. Donde la crítica se considere delito de lesa majestad y una palabra abierta cuente como enlodamiento de la propia casa, allí huelo la predisposición al abuso de poder.

(Traducción al español: Martin Scheuch)

________________________________________

TEXTO ORIGINAL

„Statement auf dem ÖKT in München“ (14. Mai 2010; PDF; 15 kB)
http://www.muenster.de/~angergun/klaus-mertes.pdf

LECCIONES DE UN COLEGIO JESUITA SOBRE CASOS DE PEDERASTIA

klaus_mertes

P. Klaus Mertes SJ delante del Colegio Canisio de Berlín (6 de enero de 2011)

El Colegio Canisio de Berlín es una escuela secundaria, regentada por la orden de los jesuitas. Ubicada en una zona residencial céntrica, donde tienen sus sedes muchas embajadas y organizaciones políticas y económicas, es una institución educativa de élite y se cuenta entre las más solicitadas de la capital alemana.

En enero de 2010, el P. Klaus Mertes, entonces rector de la escuela, habiendo tomado conocimiento, a través de varias víctimas, de abusos sexuales cometidos por dos sacerdotes jesuitas durante décadas en el colegio, decidió enviar una carta a los ex alumnos, disculpándose por lo sucedido. Si bien las investigaciones de la mediadora designada por el colegio, la abogada Ursula Raue, hablaban entonces de una cantidad de 30 víctimas, el P. Mertes declararía posteriormente en enero de 2015 que sólo uno de los sacerdotes habría abusado de unos cien alumnos de ambos sexos.

El. P. Mertes invitaba a las víctimas a hablar y no atribuía el escándalo a “casos aislados”, pues aún teniéndose conocimiento de los hechos, fueron sistemáticamente ignorados y silenciados. Con su carta quería contribuir a romper el silencio. Y a que se revisen las estructuras del colegio, con problemas como la falta de canales de quejas, excesos en la pedagogía y la pastoral, incapacidad de autocrítica, tabúes y obsesiones en la enseñanza sexual católica, manejo inadecuado del poder, relaciones de dependencia.

Así se dirigía a las víctimas en un medio local: «Ustedes no constituyen una amenaza para nosotros cuando hablan, sino que nos ayudan a esclarecer irregularidades».

Y el Sodalicio, ¿ha aprendido la lección? ¿Cuando revisará sus estructuras y aceptará que los testimonios de abusos son más que solamente “verosímiles”?

(Columna publicada en Exitosa el 9 de enero de 2016)

________________________________________

CARTA COMPLETA DEL P. KLAUS MERTES, PUBLICADA EL 28/01/2010 EN DIE WELT

Queridos ex alumnos y alumnas:

En años pasados varios de ustedes se han comunicado conmigo, para darse a conocer ante mí como víctimas de abuso sexual por parte de determinados jesuitas en el Colegio Canisio. La estela de los abusos se extiende desde los años ’70 hasta bien entrados los ’80. Con profunda conmoción y vergüenza he tomado conocimiento de estos horrorosos excesos, no solamente esporádicos, sino sistemáticos y efectuados durante años. También forma parte de la experiencia de las víctimas que en el Colegio Canisio y en la orden, que habrían tenido verdaderamente la obligación de proteger a las víctimas, hubo un mirar hacia otro lado. Ya sólo por este motivo los abusos son de incumbencia no sólo de los perpetradores y las víctimas, sino de todo el colegio, incluyendo a la escuela como a las asociaciones juveniles. Por la misma razón, en representación del colegio, mediante la presente les pido disculpas a todos los ex canisianos y canisianas por lo que se les hizo en el colegio.

Conversando con algunas de las víctimas he comprendido mejor cuán profundas heridas deja el abuso sexual en las vidas de los jóvenes, y cómo la biografía completa de una persona puede ser oscurecida y dañada durante décadas. Asimismo pude escuchar de las víctimas en las conversaciones cuán liberador es el momento en que se comienza a hablar sobre estas experiencias, incluso si están situadas muy atrás en el tiempo. Hay ciertamente heridas que el tiempo no cura.

De parte del colegio quisiera indicarles que la orden ha establecido una instancia encargada a la cual pueden dirigirse las víctimas de abusos por parte de jesuitas o de empleados de instituciones jesuitas: la Sra. Ursula Raue, abogada y mediadora, (…) fue durante muchos años presidente de la sección alemana de “Innocence in Danger”, una organización internacional que se dedica a combatir el abuso de niños en Internet. Ella es interlocutora no sólo en posibles casos en que se sospecha de abusos y en informes de parte de las víctimas que sean actuales. Ella es asimismo interlocutora de víctimas de abusos ocurridos hace mucho tiempo, en caso de que éstas quieren volver a tomar contacto con la orden o con el colegio. Ella está autorizada y tiene la obligación de acercarse junto con las víctimas a la orden y de actuar de mediadora. Ella colabora en confrontar a los perpetradores. Toda la información que reciba se trasmitirá a otros sólo con aprobación previa de las víctimas.

Yo respeto, por supuesto, si por motivo de sus experiencias algunos afectados han tomado la decisión personal de romper con la orden o con la Iglesia católica. Por otra parte, a aquellos que buscan el contacto con el colegio y la orden, no quisiera dejar de darles una señal de que se puede hablar con nosotros. Al respecto, la Sra. Raue constituye una posibilidad de dirigirse a nosotros. Naturalmente, pueden dirigirse a cualquier otra persona de su confianza que tenga que ver con la orden y con el colegio. Al interior de la orden jesuita en Alemania, el Padre Provincial ha informado ya hace algún tiempo que en el pasado hubo indudablemente casos de abuso de jóvenes de ambos sexos por parte de algunos jesuitas individuales. Esta información ha ocasionado gran consternación entre los hermanos.

Junto a la vergüenza y la conmoción ante las proporciones del abuso en cada caso particular y ante la hasta ahora visible acumulación de casos, de parte del colegio debemos asumir la tarea de ver cómo podemos evitar, mirando hacia otro lado, hacernos nuevamente cómplices. Mirar hacia otro lado ocurre con frecuencia en el momento en que se decide no querer saber, aunque se tenga el sentimiento de que verdaderamente se debería mirar mejor. Esto representa un desafío para el coraje civil personal así como respecto a la revisión de las estructuras. Pues también se impone la pregunta de cuáles estructuras en las escuelas, en las asociaciones juveniles y en la Iglesia católica favorecen que ocurran abusos y que de facto también puedan ser encubiertos. Aquí nos topamos con problemas como la falta de canales de quejas, protección deficiente de la confianza, pedagogía abusiva, labor pastoral abusiva, incapacidad de autocrítica, tabúes y obsesiones en la pedagogía sexual de la Iglesia, manejo inadecuado del poder, relaciones de dependencia. En la orden como también en el colegio hemos trabajado en estos temas durante los últimos años y vamos a seguir haciéndolo. En ese sentido agradezco a las víctimas que han tenido el valor de hablar, y le han prestado un servicio también al colegio y a la orden, al introducir estos temas.

De parte del colegio quisiera contribuir mediante esta carta a que el silencio sea roto, para que los individuos afectados y las promociones afectadas puedan hablar entre ellos. Con profunda conmoción y vergüenza repito asimismo mi disculpa ante todas las víctimas de abusos por parte de jesuitas en el Colegio Canisio.

(Traducción al español: Martin Scheuch)

________________________________________

La abogada Ursula Raue, perita externa encargada en 2007 por la orden jesuita de investigar los casos de abusos, verificó en su informe final de mayo de 2010 la existencia de 205 casos de abusos en instituciones jesuitas. Éstos afectaban sobre todo al Colegio Canisio, pero también al Colegio St. Blasien en la Selva Negra, el Colegio Aloisio en Bonn, la Escuela St. Ansgar en Hamburgo así como instituciones juveniles en Gotinga y en Hannover, además de un colegio en Büren que ya no estaba a cargo de los jesuitas. Adicionalmente a estos 205 casos, la Sra. Raue recibió 50 informes más de víctimas en otras instituciones. En total 12 sacerdotes, de los cuales 6 ya habían fallecido, y 2 trabajadores laicos fueron mencionados como perpetradores por más de una víctima. Otros 32 sacerdotes, profesores y educadores laicos fueron mencionados por una sola víctima.

Los dos principales perpetradores en el Colegio Canisio habían colgado los hábitos y abandonado la orden jesuita a fines del los años ’80. Tampoco podían ser llevados ante la justicia, pues —como ocurre frecuentemente en casos de abusos contra menores— los delitos ya habían prescrito.

Por otra parte, la Conferencia Episcopal Alemana ofreció a partir de marzo de 2011 una indemnización de 5000 euros a quienquiera que hubiera sido víctima de abuso sexual en una institución de la Iglesia o por parte de un sacerdote, sin excluir la posibilidad de asumir los costos de una psicoterapia en caso de ser estrictamente necesaria.

El P. Klaus Mertes, tras haber sido rector del Colegio Canisio desde el año 2001, fue cesado en su puesto el 6 de mayo de 2011 y trasladado el 1° de septiembre de ese mismo año como director al Colegio St. Blasien, un internado jesuita en la Selva Negra (Baden-Wurtemberg). Ese mismo año le fue concedido el Premio Ciudadano Gustav Heinemann, que otorga el Partido Socialdemócrata de Alemania a personas que destacan por su coraje civil, en este caso por haber asumido la responsabilidad ante años de silencio y encubrimiento, según expresó Sigmar Gabriel, jefe del partido. Mertes recibió la condecoración con estas palabras: «¿Que pasa con nosotros en este país, cuando algo que se sobreentiende tiene que ser premiado? ¿Y qué pasa en la Iglesia católica cuando a esto se le llama enlodamiento de la propia casa?»

Pues de parte de la jerarquía eclesiástica el P. Mertes ha experimentado una especie de reprobación soterrada, nunca manifestada de manera abierta. No ha sido invitado a reuniones eclesiásticas donde se iba a tocar el tema de los abusos, ni tampoco ha sido reconocida oficialmente su enorme contribución a romper el silencio sobre abusos sexuales en la Iglesia católica. Solamente el cardenal Schönborn de Viena (Austria) lo invitó en octubre de 2010 a hablar en la Catedral de San Esteban, delante de 1500 miembros de la arquidiócesis, sobre sus experiencias en el escándalo de abusos. En cierto sentido, algunos lo consideran un delator, al cual hay que mantener apartado de la vida pública. Y el puesto que actualmente desempeña en una zona alejada y solitaria de Alemania constituiría una especie de exilio no oficial.

Aún así, sigue estando en pie de lucha a favor de las víctimas de abusos y ha seguido investigando, escribiendo y concediendo entrevistas a algunos medios. En noviembre de 2012, una periodista de Die Zeit le preguntó, ante las experiencias de marginación eclesial que había sufrido, por qué seguía siendo católico.

«La Iglesia para mí se ha vuelto mucho menos que antes un fin en sí mismo. Ella es el Pueblo de Dios. Un catolicismo con una concepción muy estrecha de lealtad hacia las jerarquías es algo que no puedo compartir.»

«Se tiene la impresión de que usted se ha fortalecido en su espiritualidad.»

«Me he vuelto más piadoso. Rezo más.»

«¿Por qué es usted cristiano?»

«Porque me atrae el Evangelio, porque se trata para mí ante todo de la pregunta sobre Dios.»

El P. Mertes está convencido de actuar en pleno interés de la Iglesia y de su mensaje cristiano.

«Aquellos que me acusan de enlodar la propia casa no ven en absoluto mi lealtad a la Iglesia. Cuando eso viene de la jerarquía, es amargo y duele.»

«Lo más duro emocionalmente son los informes de las víctimas. Escuchar lo que el abuso de la confianza ocasiona en las personas – en comparación, el actual problema de imagen de la Iglesia es un chiste.»

Como creyente, sigue manteniendo «que Dios está con la Iglesia, incluso aún cuando es pecadora».

No obstante, hay reformas importantes que hacer. «Más capacidad de autocrítica y menos pompa. La superación del centralismo. Y que los católicos que viven una relación de pareja del mismo sexo no deban tener miedo a ser discriminados.»

En otra entrevista con una periodista de Der Spiegel, que tuvo lugar en enero de 2015, el P. Mertes hacía las siguientes reflexiones:

«La ayuda de la Iglesia valió para los perpetradores, que fueron enviados a terapia y trasladados. Por pura lealtad, se olvidó por completo a las víctimas.»

«Mientras más elitista se considere uno, más difícil es darse cuenta del lado feo y fracasado de uno mismo.»

«Yo no quería irme. Eso hubiera sido para mí como escurrir el bulto. Sólo se puede cambiar el sistema desde fuera y desde dentro a la vez.»

El P. Mertes observa que en la Iglesia hay «un frente masivo de personas que se niegan a tomar en serio la dimensión sistémica del abuso». Todavía imperan «poderosos y negativos tabúes y prohibiciones de hablar y de pensar, que debemos superar».

«Finalmente, lo decisivo no son la teoría y el programa, sino la praxis en el lugar de los hechos.»

«Debemos reaccionar ante la violencia que vemos, a fin de desenmascarar aquella que no vemos.»

________________________________________

FUENTES

Berliner Morgenpost
Die Berichte der Berliner Morgenpost 2010
http://www.anstageslicht.de/geschichtenansicht/berichte/kat/misswirtschaft-missmanagement-machtmissbrauch/story/missbrauch-eine-unendliche-geschichte-auch-in-deutschland/kapitel/die-berichte-der-berliner-morgenpost-2010.html

Die Welt
So entschuldigt sich der Rektor für den Missbrauch (28.01.10)
http://www.welt.de/vermischtes/article6014879/So-entschuldigt-sich-der-Rektor-fuer-den-Missbrauch.html

Die Zeit
Katholische Kirche bietet Missbrauchsopfern 5000 Euro (3. März 2011)
http://www.zeit.de/gesellschaft/zeitgeschehen/2011-03/katholisch-kirche-missbrauch
Der Weggelobte (15. November 2012)
http://www.zeit.de/2012/47/Pater-Klaus-Mertes-Missbrauch-Kirche

Der Spiegel
Katholische Kirche: Was wurde eigentlich aus dem Missbrauchsaufklärer Pater Mertes? (26.01.2015)
http://www.spiegel.de/panorama/missbrauch-in-der-katholischen-kirche-was-wurde-aus-klaus-mertes-a-1012776.html

LA ESCUELA DE ODENWALD Y EL SODALICIO

odenwaldschule_70er_jahre

Alumnos delante de la Casa Goethe de la Escuela de Odenwald (Odenwaldschule) en los años ’70

Andreas Huckele (nacido en 1969) es una de las primeras víctimas en denunciar lo que constituye el mayor escándalo de pederastia de la historia alemana reciente. En la Escuela de Odenwald (estado de Hesse), el internado más famoso de Alemania, Gerold Becker, director entre 1972 y 1985, junto con otros 17 docentes identificados, abusaron sexualmente de manera sistemática de niños y adolescentes escolares.

Las juristas encargadas de la investigación dieron a conocer en su informe final (2010) que hay 132 víctimas identificadas entre 1965 y 1998. Pero se calcula que en la sombra podrían haber unas 300 víctimas más.

Huckele se basa en su propia experiencia para llegar a conclusiones sobre las condiciones estructurales que permiten la aparición de violencia sexual en las instituciones, a fin de poder tomar las medidas preventivas correspondientes. Encuentra que hay cuatro errores típicos —propios de una cultura de la disociación— entre los responsables y representantes de la institución afectada, a saber:

  • Eso no sucede aquí; el mal siempre se da en otra parte.
  • Eso no sucede ahora; en el pasado hubo uno que otro caso.
  • Se trata de casos concretos e individualizados (los famosos “casos aislados”).
  • No es tan grave (banalización) o “sí, pero…” seguido de una argumentación positiva, es decir, los abusos son compensados por los servicios buenos y positivos que ha prestado la institución.

Cualquier semejanza con el Sodalicio no es producto del azar, sino inevitable. Hasta ahora los responsables del Sodalicio han caído en estos errores de disociación y se resisten a cuestionar su propio sistema institucional. ¿Terminarán cerrando como ocurrió con la Escuela de Odenwald en septiembre de 2015?

(Columna publicada en Exitosa el 2 de enero de 2016)

________________________________________

Andreas Huckele fue alumno de la Escuela de Odenwald de 1980 a 1988. Tratándose de un internado, los alumnos eran asignados a “familias”, cuyas cabezas eran los mismos docentes de la escuela. Cada “familia” tenía reservados unos aposentos, donde los hijos naturales compartían dormitorio con los alumnos “adoptados”. El director Gerold Becker era soltero y no tenía hijos propios. Es así que en 1982, cuando tenía 13 años de edad, Andreas entra a formar parte de la “familia” de Becker.

En el libro que escribió bajo el seudónimo de Jürgen Behrens —«Wie laut soll ich denn noch schreien?» Die Odenwaldschule und der sexuelle Missbrauch, Rowohlt, Reinbeck bei Hamburg 2011 [«¿Cuán fuerte debo aún gritar?» La Escuela de Odenwald y el abuso sexual]— narra cómo ocurrió el primer abuso. Venía de jugar fútbol con una mano vendada debido a una herida que se había hecho al caerse. En las duchas tuvo dificultad para abrir el frasco de shampoo y, de repente, se apareció Becker desnudo y le preguntó amablemente sí podía ayudarle. Andreas, quien veía en él una figura paternal y maternal a la vez, aceptó de buen grado. Becker le empezó a enjabonar el cabello y luego lentamente pasó a los genitales. El adolescente, confundido, sin saber si esos masajes extraños era correctos o no, pero aún así sintiendo incomodidad y hasta repugnancia, no se resistió, hasta que Becker terminó con su perversa tarea.

A partir de aquel día Becker se hizo presente cada mañana junto a la cama del adolescente para manipular su miembro viril, a veces su ano, sin que éste psicológicamente estuviera en capacidad de resistirse. Y siempre con actitud amable y trato cuasi paternal. Hasta que en algún momento del año 1985 Andreas se resistió violentamente. Enfurecido, cargado de odio y dispuesto a poner de una vez por todas un límite a una situación que lo había llevado al borde del alcoholismo, empujó a Becker cuando éste intentó, como tenía costumbre desde hacía tres años, abusar sexualmente de su pupilo. Poco tiempo después Andreas entraría a formar parte de otra “familia” dentro del internado.

En una carta que le dirigió a Gerold Becker el 10 de enero de 1998 le decía:

«Durante mi época escolar en tu “familia” me acosaste y agrediste sexualmente de manera continua. Entrabas a nuestra habitación al momento del despertar matutino, metías tu mano debajo debajo de mi colcha y me tocabas los genitales. Intentaste repetidas veces besarme en la boca contra mi voluntad. Me desvestiste, me llevaste a tu cama y me practicaste sexo oral.»

El 10 de junio de 1998, Andreas Huckele y otro antiguo compañero de clases de la Escuela de Odenwald, habiendo tenido noticias de que Gerold Becker había regresado a la institución para encargarse temporalmente de algunos cursos, entre ellos el de religión, decidieron enviarle una carta a Wolfgang Harder, director de la escuela, con copia a otros 26 docentes, informándole que durante años habían sido objeto de abusos sexuales por parte del renombrado pedagogo. En esa carta ponían una frase que debería haber hecho sonar más de una alarma: «y nosotros no somos los únicos». Si bien para algunos destinatarios la carta significó un shock, finalmente lo que primó fue la indiferencia. Más aún, nadie quiso saber quiénes eran las otras víctimas además de los dos remitentes.

Aún así no se rindieron y el 17 de noviembre de 1999 lograron que el periodista Jörg Schindler publicara en el Frankfurter Rundschau un informe sobre los abusos en la Escuela de Odenwald (ver http://www.fr-online.de/missbrauch/odenwaldschule—fr-anno-1999-der-lack-ist-ab,1477336,2823512.html). El artículo pasó sin pena ni gloria, y no hubo reacción por parte de la opinión pública. Como si se tratara de un hecho cualquiera del cual uno se entera mientras toma el desayuno, y después mientras se hace la digestión, uno se sumerge en la rutina diaria y se olvida de lo que leyó en el periódico. Total, son cosas que pasan y poco tienen que ver con las preocupaciones cotidianas del día a día.

Pasarían unos diez años antes de que en el primer trimestre de 2010 el asunto lograra una repercusión mediática de tales proporciones, que llevó a que la fiscalía de Darmstadt investigara y determinara las proporciones del problema, con un resultado de 18 docentes perpetradores de abusos sexuales y 132 víctimas identificadas.

Andreas Huckele ha seguido escribiendo y publicando sobre el tema de la violencia sexual contra menores de edad y fustigando la indiferencia de la sociedad ante esta dolorosa realidad. Por ejemplo, el 21 de agosto de 2013 escribía lo siguiente en la Süddeutsche Zeitung (ver http://www.sueddeutsche.de/panorama/sexualisierte-gewalt-kinder-gehen-uns-alle-an-1.1750867):

«En 2010 se hicieron públicas innumerables historias sobre violencia sexual contra niños gracias a la cobertura informativa de los medios y de este modo se convirtieron en parte de nuestra realidad social. Mediante relatos pavorosos se hizo palpable de manera plástica lo que los adultos les pueden hacer a los niños. A través de testimonios de la Escuela de Odenwald, de orientación pedagógica reformista, y el Colegio Canisio, católico, se hizo visible la punta del iceberg, que esconde bajo la superficie de lo percibido sus verdaderas proporciones: el horror de la violencia sexual contra niños en el entorno social cercano. Quien quería enterarse en el año 2010, podía enterarse. Quien no quería enterarse, también se enteraba. No había vuelta atrás después de ese reconocimiento.

En la página web del Parlamento Alemán se puede leer ahora: “Uno de cada cinco niños en Europa experimenta violencia sexual”. Estas cifras sobre violencia sexual se conocen desde hace décadas. En ese entonces sucedió poco o nada a favor de los niños afectados. Sólo que este “poco o nada” ha cambiado. Actualmente es un “poco o nada” distinto.

¿Qué sucede en instituciones en las que hay niños? ¿En las escuelas, jardines de infancia, asociaciones deportivas? Allí los responsables han construido algo extraño, lo que yo llamo los cuatro errores básicos sobre la violencia sexual.

Primero: no ocurre aquí. La violencia sexual se da en todas partes en la sociedad, en todos los contextos sociales, independientemente del estatus socio-económico, pero no entre nosotros.

Segundo: no ocurre ahora. La violencia sexual es un delito del pasado. Ahora todos los niños en nuestra institución están seguros.

Tercero: se trata de casos aislados. El lenguaje traiciona al sistema. El caso aislado se menciona en plural. Un humorista de cabaret ha designado a la Iglesia católica como una víctima del “mayor tumulto de casos aislados de la historia”.

Y cuarto: no es tan grave; ya pasó. Los hechos ocurrieron hace mucho; el tiempo, como se sabe, sana todas las heridas.

De estos errores se aprovechan todos los que quieren que las cosas continúen como hasta ahora.»

LOS HIJOS DE LA SANTA PROSTITUTA

manuel_tamayo

P. Manuel Tamayo Pinto-Bazurco, director del Centro de Estudios y Comunicación (CDSCO), durante un evento en la Universidad de Piura (julio de 2014)

San Ambrosio, obispo de Milán en el siglo IV, llegó a designar a la Iglesia como “casta meretriz”. Dicho de otro modo, como santa prostituta, como una realidad donde conviven los abismos del pecado con las cimas de la santidad. Y como buena prostituta, a esta mujer tampoco le faltan algunos retoños que son unos auténticos hijos de puta. Peores aún que aquellos que han cometido actos de pederastia aprovechando su investidura pastoral. Me refiero a aquellos que relativizan o justifican la pederastia, o pretenden echarle la culpa a las víctimas.

Recordemos, por ejemplo, al obispo de Tenerife Bernardo Álvarez, quien en diciembre de 2007 declaró al diario local La Opinión lo siguiente: «Puede haber menores que sí lo consientan y, de hecho, los hay. Hay adolescentes de 13 años que son menores y están perfectamente de acuerdo y, además, deseándolo. Incluso si te descuidas te provocan. Esto de la sexualidad es algo más complejo de lo que parece».

Igual de desafortunadas fueron las declaraciones de Mons. José Leopoldo González, obispo auxiliar de Guadalajara (México) y vocero de la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM), en septiembre de 2009. Una reportera, haciendo alusión a la detención del P. Rafael Muñiz López por estar supuestamente vinculado a una red de pornografía infantil, le preguntó si esto no generará desconfianza de la gente hacia sus párrocos. «No, al contrario, entre más humanos nos vean, más nos van a apreciar», fue la respuesta del prelado.

En mayo de 2010, Mons. Dadeus Grings, arzobispo de Porto Alegre (Brasil), le echaba la culpa a la sociedad, diciendo que «la sociedad actual es pedófila, ése es el problema. Entonces fácilmente las personas caen en eso. El hecho de denunciar es un signo positivo». Y luego arremete contra los homosexuales: «Cuando la sexualidad es banalizada, es claro que va a alcanzar todos los casos. El homosexualismo es un caso. Antiguamente no se hablaba del homosexual. Y era discriminado. Cuando se comienza a decir que ellos tienen derechos, derecho a manifestarse públicamente, de aquí a dentro de poco van a tener derechos los pedófilos». Y si bien afirmó que los abusos sexuales de religiosos contra niños y adolescentes deben ser castigados, recalcó que para «la Iglesia acusar a sus propios hijos es un poco extraño».

Pero cuando se trata de los hijos ajenos, parece que vale todo. En septiembre de este año se ha sabido que Mons. Robert Cunningham, obispo de Siracusa (estado de Nueva York, EE.UU.), cuando el 14 de octubre de 2011 se le preguntó en un tribunal si consideraba que un niño violado por un sacerdote había cometido pecado, respondió: «El chico es culpable». Y luego insinuó que el menor podría haber alentado la violación y haberla consentido.

No falta quien haya atribuido a la situación familiar de la víctima el hecho de que ésta haya sido objeto de abuso. En octubre de 2013, Mons. Józef Michalik, arzobispo de Przemyśl y Presidente de la Conferencia Episcopal Polaca, dijo que cuando un niño de una familia con problemas «busca acercarse a otros, pierde el rumbo y hace que la otra persona también lo pierda. […] Algunos casos de abusos podrían haber sido evitados si la relación entre los padres fuese una relación sana. […] Habitualmente escuchamos que un comportamiento equivocado o un abuso se produce cuando el niño está buscando afecto». Posteriormente, Michalik tuvo que disculparse por estas palabras, recalcando que «por supuesto que el niño es inocente y no debe ser objeto de ningún abuso, y claro que el abuso no es causado por el niño» en lo que se puede considerar una marcha hacia atrás a medias.

El caso más reciente es el del sacerdote Gino Flaim, de 75 años de edad, que ejercía su labor pastoral en una parroquia de Trento (Italia). El 7 de octubre de este año fue suspendido de sus funciones por haber hecho declaraciones polémicas a una cadena de televisión: «La pedofilia puedo entenderla, la homosexualidad no lo sé. […] He estado mucho con niños, los conozco y sé que por desgracia hay algunos que buscan afecto porque no lo tienen en casa y pueden encontrar a algún sacerdote que cede». Añadió después que los niños son «en buena parte» la causa de que los religiosos cometan abusos sexuales contra ellos.

A esta sarta de acusadores de las víctimas y defensores del estado clerical —que no de la Iglesia, pues constituyen una vergüenza para ella— se ha venido a unir recientemente en el Perú un renombrado miembro del Opus Dei, el P. Manuel Tamayo Pinto-Bazurco, quien el 11 de noviembre de este año escribió lo siguiente en su blog Adeamus (ver http://adeamus.blogspot.com):

«Se debe tener en cuenta que en los abusos con menores hay grandes diferencias en cuanto a la edad. No es lo mismo tener 10 años que 15.

Cuando la víctima, ya mayor, acusa un hecho del pasado y dice que a los 15 años era inocente y no sabía nada, es difícil creerle. Un adolescente de 15 años sabe bien lo que está pasando y si colabora con acciones impropias tiene también culpabilidad.

En el momento del hecho no era una “mansa paloma” inocente que no sabía nada. Estamos de acuerdo en que puede haber engaño y una imposición de la parte abusiva y que eso debe castigarse porque es una falta grave, que además podría calificarse como delincuencial; pero hay que tener en cuenta que a los 15 años la mayoría de los chicos sabe perfectamente lo que está ocurriendo en los aspectos sexuales. Otra cosa sería si la víctima tuviera un retardo mental.

La segunda pregunta es sobre la familia: ¿dónde están los papás? Si el hijo está sufriendo por unas acciones impropias y por un acoso ¿los papás no se dieron cuenta?, ¿no hay acaso una responsabilidad de los padres? ¿no hay la suficiente confianza en el hijo para que exista una comunicación y lo cuente todo? En estos casos parece que los papás no aparecen en escena. Y esos chicos, que son víctimas, ¿no tendrían un tío o un hermano mayor de confianza? ¿podían guardar tanto tiempo algo tan grave?, ¿les ha afectado realmente?

Y los amigos ¿dónde están?, ¿tampoco se enteraron? No hubo ninguno que contara algún suceso de estos a los amigos, ¿se pudo guardar el secreto tantos años? Conociendo a los jóvenes es difícil que el tema no se haya ventilado de alguna manera.

Las otras preguntas que quedan tampoco tienen una respuesta clara: si los métodos fueron tan malos y perniciosos como dicen algunos ¿cómo se explica que existan personas muy bien formadas que continúan fieles haciendo labores apostólicas de gran calidad?, ¿cómo se pueden extender, y con prestigio, por muchas ciudades difundiendo obras de apostolado encomiables y admirables? acaso la falta de una o dos personas, aunque sean de gran jerarquía ¿puede manchar a todos?»

Quiero dirigirme a usted ahora, P. Tamayo, a fin de que sepa cuánto me ofenden sus palabras.

Yo fui víctima de abusos psicológicos y físicos en el Sodalicio de Vida Cristiana, al cual pertenecí formalmente durante 30 años, 11 de los cuales los pasé en una comunidad sodálite. Cuando era un adolescente de 16 años, mi consejero espiritual —quien todavía sigue activo en el Sodalicio y goza de una buena reputación que no merece— me pidió que me desvistiera totalmente y que simulara una fornicación con una enorme silla que había en la salita donde estábamos reunidos, lo cual hice muy torpemente y sintiendo una gran incomodidad. Si bien es cierto que yo no era una “mansa paloma” y algunas cosas sabía y había visto sobre el sexo, también es cierto que nunca en mi vida había tenido relaciones sexuales con nadie y, como muchos otros jóvenes a esa edad, tampoco tenía la madurez ni la osadía como para embarcarme en una relación amorosa con sexo incluido. De hecho, ese incidente era la primera vez en mi vida en que alguien me pedía que realizara un acto de connotación sexual, aunque fuera simulado.

¿Cree usted que le conté eso a mis padres? En ese momento, la persona en quien más confianza tenía era mi consejero espiritual, y de hecho me había ayudado a superar algunos problemas personales que tenía. Y después del incidente la relación con él se mantuvo como si nada hubiera pasado. Sin embargo, él fue también quien me incitó a enfrentarme abiertamente con mi madre y ahondar el conflicto que por causa de mi adolescencia yo ya tenía con ella. Él mismo se burlaba de mi progenitora delante mío y me animaba a hacer lo mismo. Cuando ella lo llamó por teléfono para decirle «me están robando a mi hijo», él le respondió «señora, el ladrón cree que todos son de su misma condición». Junto al bien que pueda haberme hecho, manipuló mi conciencia, enseñándome a pensar y actuar como un sodálite de pensamiento único, obediencia acrítica y actitud fanatizada, y abusó de mi confianza al pedirme que realizara algo que en una situación normal se consideraría un acto impropio.

¿Usted cree de veras que yo les hubiera contado ese incidente a otras personas, más aún cuando se trataba de algo que me hizo sentir incomodidad y vergüenza? ¿Sabe que han tenido que pasar décadas para que yo tuviera el valor de contar a otros lo que me pasó? ¿No se ha dado cuenta usted de que lo que sucede a puerta cerrada se puede mantener oculto durante años, e incluso hay quienes se van con su secreto a la tumba?

¿Dónde está la actitud de acogida hacia las víctimas que usted menciona en su escrito Las campanas de los acusadores, en el cual usted califica las denuncias mediáticas que se han hecho de persecución contra la Iglesia? Yo, católico creyente y miembro vivo de la Iglesia, soy uno de los que han presentado su testimonio. ¿Me consideraría usted un perseguidor de la Iglesia, cuando mi preocupación actual se dirige hacia todos los miembros de la Familia Sodálite que se sienten desilusionados y traicionados en su confianza debido al escándalo ocasionado por el conocimiento de los abusos cometidos dentro del Sodalicio de Vida Cristiana? Parece que la acogida que podemos esperar de usted es la misma que tuvieron las víctimas denunciantes de los abusos de Figari por parte del arzobispo Cipriani, miembro también del Opus Dei y partícipe de sus mismas ideas. A saber, la indiferencia, el desprecio y el olvido.

Lamento decirlo, P. Tamayo, pero usted sigue la religión de los fariseos, estirpe con ínfulas elitistas —al igual que el fundador de su Opus Dei y muchos de sus seguidores— que ondea la decencia burguesa como carta de ciudadanía en la Iglesia y que se preocupa sólo de la moral y las buenas apariencias, y no la religión de Jesús, que no teme mancharse los pies con el barro del camino, que acoge a todos los que sufren sin ponerles una carga pesada sobre sus hombros y que cree en el poder curativo de la verdad, de la justicia, del amor y de la misericordia.

________________________________________

FUENTES

El País
El obispo de Tenerife afirma que algunos menores incitan al abuso sexual (27 de diciembre de 2007)
http://sociedad.elpais.com/sociedad/2007/12/27/actualidad/1198710001_850215.html

Religión Digital
“Los casos de pederastia humanizan a los curas”. Lo que el vocero del Episcopado Mexicano quiso decir. (24 de abril de  2009)
http://blogs.periodistadigital.com/sursumcorda.php/2009/04/24/-los-casos-de-pederastia-humanizan-a-los

La Nación
“La sociedad es pedófila”, lanzó un obispo brasileño (6 de mayo de 2010)
http://www.lanacion.com.ar/1261760-la-sociedad-es-pedofila-lanzo-un-obispo-brasileno

El Plural
Polémica por otro obispo que acusó a los niños de provocar los abusos sexuales (20 de septiembre de 2015)
http://www.elplural.com/2015/09/20/polemica-por-otro-obispo-que-acusa-a-los-ninos-de-provocar-los-abusos-sexuales/

El Universal
Obispo polaco sugiere que pederastia es culpa de niños (24 de octubre de 2013)
http://archivo.eluniversal.com.mx/el-mundo/2013/jozef-michalik-960472.html

El Tiempo
Escándalo: cura dice entender la pedofilia, pero no la homosexualidad (7 de octubre de 2015)
http://www.eltiempo.com/mundo/europa/sacerdote-prefiere-la-pedofilia-y-no-la-homosexualidad/16397080