INCONSISTENCIAS Y FALSEDADES EN LOS INFORMES DEL SODALICIO

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Ian Elliott y Kathleen McChesney, autores junto con Monica Applewhite de los informes del Sodalicio

A lo largo del tiempo, el Sodalicio siempre ha ido acomodando su propia historia de acuerdo a su visión cambiante de la institución, arrancando las páginas incómodas del pasado, ocultando hechos y reinterpretando otros de manera benigna. Sin embargo, en la actualidad le resulta imposible negar hechos luctuosos que han sido documentados y verificados por la investigación periodística y corroborados por testimonios de innegable verosimilitud. Sólo les queda el recurso de reinterpretar los acontecimientos. Y para estos fines son muy útiles los dos informes evacuados por los tres expertos internacionales, contratados por una suma en dólares que desconocemos, pero que suponemos tan alta y escandalosa, que el Sodalicio no se atrevería a hacerla pública.

Ambos informes, dados a conocer a la opinión pública el 14 de febrero de este año, tienen fecha del 10 de febrero, último día del reciente cónclave sodálite realizado desde el 7 de febrero en la Casa de Retiros de los Pasionistas en La Molina, estando presente el delegado vaticano, el cardenal Joseph William Tobin (ver http://caretas.pe/sociedad/78233-diluyendo_el_pecado).

Los informes llevan como título, a saber:

  • Abusos Perpetrados por el Sr. Luis Fernando Figari y el Abuso Sexual a Menores por parte de Ex Sodálites
  • Abusos Perpetrados por Sodálites y Respuestas del SCV a las Acusaciones de Abuso

Si bien el primer informe presenta abundante información que valida no sólo lo que relata el libro Mitad monjes, mitad soldados de Pedro Salinas y Paola Ugaz, sino también lo que yo escribí en mi blog Las Líneas Torcidas a partir de noviembre de 2012, también presenta inexactitudes sobre la reacción que tuvieron las autoridades sodálites ante los casos de abusos.

Por ejemplo, se dice que Figari le prohibió en el año 2008 al entonces Vicario General Eduardo Regal reunirse con Rocío Figueroa, quien había dado a conocer un caso de abuso de una joven de 16 años por parte de Germán Doig, ante lo cual Regal decidió desobedecer a Figari e iniciar una investigación para determinar si había otras víctimas. Según el primer informe, tras investigar durante dos años, «Regal determinó que Doig había abusado de otros menores de edad y en 2011, en contra de los deseos de Figari, informó a la comunidad del SCV y al público que Doig había cometido actos que eran “contrarios a su promesa de celibato”, aunque no reveló que Doig había abusado de menores. Esta noticia conmocionó a la mayoría de los miembros de la comunidad del SCV, y a unos cuantos sodálites aún hoy se les hace difícil creer que Doig era un abusador».

Asimismo, Regal sería el artífice de la renuncia de Figari, pues en el año 2010 él «y otros en el Consejo Superior se encontraban extremamente preocupados por el comportamiento y las acciones de Figari, particularmente por su maltrato y abuso de los hermanos en la comunidad y personas en la familia espiritual del SCV. Ellos creían que la conducta de Figari, que era bien conocida por muchos de los miembros, era totalmente incompatible con la vida de un sodálite. Como resultado, Regal tomó el paso radical y sin precedentes de pedir a Figari que se retirara de la vida pública para llevar una vida de conversión, retiro y oración. Le prohibió aparecer en actividades públicas del SCV, del Movimiento de Vida Cristiana o en los eventos de la familia SCV, le prohibió presentarse a sí mismo como autoridad del SCV o en representación de la misma, así como asistir a Misas de aniversario o Misas públicas, publicar libros nuevos y participar en el Consejo Pontificio de Laicos. Pero los demás miembros de la comunidad no conocían estas medidas y creían que su retiro obedecía a motivos de salud».

La verdad es otra. En el libro Mitad monjes, mitad soldados se cuenta que fue Rocío Figueroa, —que había seguido investigando y contactando a más víctimas de Doig— quien le habría exigido a Regal el cierre de la causa de beatificación de Doig y la renuncia de Figari. Ésta se concretó el 8 de diciembre de 2010 y fue anunciada por el mismo Figari, aduciendo motivos de salud, tal como informó oficialmente ACI Prensa (ver https://www.aciprensa.com/noticias/fundador-anuncia-nueva-etapa-para-la-familia-sodalite/).

El 15 de julio de 2016, el mismo Regal hizo declaraciones en la Fiscalía que contradicen el papel heroico que le atribuyen los informes:

PREGUNTADO DIGA: Indique usted si conoce el motivo de por qué Luis Fernando FIGARI RODRIGO dejó de ser Superior General.
Dijo: Que sí, conozco. En el año 2010 FIGARI sufrió una operación médica complicada al abdomen, luego de dicha operación se le presentaron infartos cerebrales múltiples que lo dejaron incapacitado para el gobierno, sus capacidades intelectuales y físicas quedaron disminuidas y por lo tanto era indispensable poder contar con un Superior general en ejercicio, es así que varios sodálites, entre ellos yo, le recomendamos encarecidamente que deje el puesto de servicio de Superior General para poder tener un gobierno efectivo.

PREGUNTADO DIGA: Indique usted si en el periodo que fue usted Superior General, recibió denunciados por miembros del SCV por abusos cometidos contra ellos por Luis Fernando FIGARI.
Dijo: Que recibí denuncias y en cada caso procedí según el debido proceso en el marco ya explicado de las atribuciones del Superior General en el que debe existir verosimilitud, pruebas suficientes para, según eso, verificar si hay delito tipificado y vigente y abrir proceso o descartar dichas denuncias o proceder a medidas disciplinarias o administrativas. En ninguna de las denuncias que recibí, luego de investigar, encontré los elementos señalados.

Que Regal desestimó las denuncias contra Figari lo confirma el P. Jean Pierre Teullet en su célebre carta interna del 20 de octubre de 2015 (ver UNA CARTA DEL P. JEAN PIERRE TEULLET, SODÁLITE):

«En mayo del 2012, luego de varios meses de dialogo infructuoso con las autoridades, 4 sodálites presentamos formalmente “pedidos de investigación” contra el Hno. Luis Fernando Figari por actos graves e inmorales cometidos por él […]. Estos pedidos fueron desestimados, primero por el superior general de entonces, el Hno. Eduardo Regal, y luego, al ser presentados nuevamente por mí de modo formal en abril del 2013 al nuevo superior general, el Hno. Alessandro Moroni, fueron también desestimados por él. En ambos casos, nunca se realizó una investigación formal […]. Nunca se erigió un jurado, nunca se nos solicitó el testimonio formal, nunca hubo actas, nunca se dio un dictamen, y menos se nos respondió de modo formal la conclusión de dicho proceso».

Respecto a la interrupción del proceso de beatificación de Doig, tampoco hubo transparencia de parte del Sodalicio. El proceso fue interrumpido recién a fines de 2010, aduciendo que Doig no había alcanzado la heroicidad de virtudes, siendo que ya habían desde antes claras evidencias de los abusos perpetrados por él. Mientras tanto, se siguió promoviendo su figura como la de un sodálite ejemplar —«el mejor entre nosotros» según Figari— hasta el último momento.

El comunicado de Regal se hizo sólo internamente y de manera discreta —supongo que para “evitar el escándalo”—, no de manera pública, como señala falsamente el informe correspondiente. La noticia recién se dio a conocer a la opinión pública con la edición del 1° de febrero de 2011 de Diario16, gracias a que Rocío Figueroa pudo filtrar la información a la prensa con la ayuda de Pedro Salinas. Hasta ese momento, todos los esfuerzos de las autoridades del Sodalicio se habían concentrado en evitar que se dieran a conocer los hechos, a saber, que Doig había abusado sexualmente de jóvenes a su cargo.

Respecto a Jeffery Daniels, se cuenta que estuvo aislado en San Bartolo desde 1998 hasta poco después de la muerte de Germán Doig en el año 2001. El primer informe señala que «fuera de algunas autoridades como Figari y Doig, nadie sabía la verdadera razón por la cual Daniels se encontraba aislado o la amenaza que representaba para los menores».

Sin embargo, poco antes se señala que en el año 1997 un amigo de una de las víctimas le contó a un sodálite que Daniels había abusado de su amigo, y este sodálite se lo contó al Superior Regional. «El Superior regional contactó a Doig, quien al momento se encontraba en Roma con Figari. Doig le indicó al Superior regional que enviara al agresor al centro de formación de San Bartolo para un período de retiro hasta que se pudiera determinar un mejor curso de acción y que él, Doig, se encargaría de las familias de las víctimas. Doig también informó a Figari sobre el tema. El Superior regional realizó investigaciones adicionales y determinó que Daniels había abusado de hasta ocho jóvenes menores de edad. Después de que Doig y Figari regresaron de Roma, asistieron a la siguiente reunión del Consejo Superior donde la situación de Daniels fue tema de discusión».

¿Quiénes, además de Doig, formaban parte del Consejo Superior en ese momento?

De las declaraciones ante la Fiscalía de los acusados penalmente en el caso Sodalicio, se desprende que los otros miembros del Consejo Superior eran Jaime Baertl, José Ambrozic, Erwin Scheuch y una cuarta persona cuyo nombre desconocemos. Además, Oscar Tokumura ha declarado que tuvo conocimiento de los abusos de Jeffery Daniels en el año 1997, y cuando asumió el cargo de superior en San Bartolo, Daniels ya se encontraba allí. Su predecesor en el puesto de superior, Miguel Salazar, también habría conocido los motivos que llevaron a su aislamiento.

Salvo el primer sodálite mencionado de nombre desconocido, al cual se puede considerar inocente dado que comunicó de buena fe y adecuadamente el primer abuso conocido de Daniels a la autoridad correspondiente, los demás sodálites con cargos de responsabilidad —un total de 9 personas— no hicieron absolutamente nada para que Daniels fuera sancionado y serían cómplices de encubrimiento y haberlo ayudado a sustraerse a la justicia.

Después de verificar esto, uno se pregunta si los sodálites que tuvieron o tienen puestos de responsabilidad en la institución les dijeron toda la verdad a los expertos. O al contrario, como ocurrió en la Fiscalía, mintieron a diestra y siniestra. Pues cuesta admitir como cierto lo que dice el siguiente texto tomado del segundo informe: «Desafortunadamente, algunos imitaron el comportamiento manipulador y cruel de Figari durante estos diálogos, a pesar de que se sentían incómodos al hacerlo. Sólo un pequeño número de sodálites, por ejemplo, Doig, Regal, el P. Jaime Baertl, y algunos de los secretarios más cercanos a Figari, se sintieron empoderados para confrontarlo sobre su conducta». Resulta difícil creer que alguien como Regal —quien no le dio crédito a las denuncias contra Figari— se haya enfrentado a él. Pero aún más difícil resulta creer que lo haya hecho el P. Baertl, de quien no conozco que nunca jamás haya hecho ninguna crítica contra Figari, que lo ha defendido a capa y espada, y —según recuerdo— solía mantener una actitud aduladora hacia el fundador. Además de que se le parecía mucho en la manera como manipulaba las conciencias ajenas, y era tanto o más vulgar y procaz en su lenguaje que el mismo Figari.

El intento de salvar a la institución a como dé lugar —constante perversa que ha estado presente a lo largo de toda la historia del Sodalicio— también se halla presente en varias partes de los informes. Como, por ejemplo, en el siguiente texto del segundo informe: «La mayoría de los sodálites eran, y son, personas piadosas, con un carácter bueno y moral, atraídos por el Evangelio y los aspectos positivos de la cultura del SCV. Estos sodálites inspiraron y sirvieron como modelos y directores espirituales para los jóvenes, los aspirantes y sus compañeros sodálites. No fue, entonces, la cultura del SCV la que causó que los agresores cometieran actos de abuso, pero hubo autoridades o sodálites mayores que permitieron o alentaron abusos físicos y psicológicos».

Lo que sigue a continuación contradice este enunciado, pues se analizan elementos de la cultura institucional que crearon un ambiente favorable a que se cometieran abusos: el carácter icónico de Figari como personificación de la cultura del SCV, que debía ser imitado por todos; la naturaleza reservada del SCV y su falta de transparencia; el esfuerzo por desarrollar una organización religiosa casi militar; la obediencia total que se exigía a los sodálites. «A la luz de sus promesas de total obediencia a las autoridades del SCV, algunos sodálites se sintieron presionados a obedecer a sus superiores en todos los asuntos, incluso cuando se les ordenaba que trataran a sus hermanos de manera nociva para su bienestar físico o mental».

Es decir, la misma cultura del Sodalicio favoreció que personas buenas, piadosas y moralmente rectas cometieran actos repudiables. La bondad y rectitud moral de muchos sodálites —de lo cual yo mismo puedo dar fe— no puede ser considerado argumento para negar que la enfermedad estaría en el sistema, en la misma arquitectura institucional y cultural del Sodalicio.

«Los expertos no han encontrado indicios de complicidad ni conspiración entre los presuntos abusadores», señala Alessandro Moroni en la carta preliminar a los informes. «Los expertos identificaron ciertos elementos de la cultura del Sodalicio que, de alguna manera permitieron que estos reprobables hechos hayan podido ocurrir». Lo cual no hace más que confirmar que el problema sí estaba en la cultura del Sodalicio, generada desde arriba por el mismo Figari. Pues el hecho de que personas que no se coludieron cometieran abusos similares apunta a que la raíz del problema se halla en el sistema en que están insertos, como señala el testimonio de un formador: «Abusé y fui duro porque así me formé, de hecho mi formación fue aún peor. Simplemente no conocía otra manera. Me avergüenzo de lo que hice».

Finalmente, cuando uno revisa las fuentes de los informes se puede verificar una omisión grave. Los expertos no hablaron en ningún momento con ninguno de los integrantes de la Comisión de Ética para la Justicia y la Reconciliación. Era de esperarse, pues el Sodalicio ha estado siempre interesado en quitarle peso al informe emitido por esta Comisión, y esto se refleja en el segundo informe cuando se dice que ésta «no llevó a cabo una investigación exhaustiva de todas las denuncias reportadas ni examinó la cultura actual del SCV». Esta conclusión se basa sólo en el texto del Informe Final, y no tiene carácter concluyente desde el momento en que no se convocó a ninguno de los comisionados para interrogarlos sobre la manera en se realizaron las sesiones de trabajo. A diferencia de los expertos contratados por el Sodalicio, trabajaron de manera independiente sin recibir remuneración alguna. Lo único que para ellos personalmente estaba en juego era su reputación, la cual ha quedado indemne al comprometerse en la búsqueda de la verdad sin concesiones a intereses institucionales.

Los informes del Sodalicio no dan respuesta satisfactoria a todos los interrogantes, dejan muchas verdades en la sombra y generan muchas preguntas que requerirían de una investigación más a fondo. De ahí la urgencia y necesidad de que se establezca una comisión investigadora en el Congreso de la República. Para que se sepa al fin toda la verdad, sin maquillajes ni interpretaciones interesadas.

(Columna publicada en Altavoz el 19 de febrero de 2017)

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FUENTES

Informes sobre Abusos y Respuesta en el Sodalicio de Vida Cristiana (10 de febrero de 2017)
http://sodalicio.org/wp-content/uploads/2017/02/Informe-Abusos-Febrero2017.pdf

Declaraciones indagatorias de Alessandro Moroni, José Ambrozic, Erwin Scheuch, Eduardo Regal, Óscar Tokumura y Jaime Baertl ante la Fiscalía de la Nación
https://scvleaks.wixsite.com/scvleaks

SODALICIO: DE CÓMO UN PROCESO DE REPARACIÓN SE CONVIERTE EN UNA FARSA

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Alessandro Moroni, Superior General del Sodalicio de Vida Cristiana

En lo que respecta a mi denuncia de abusos sufridos en el Sodalicio de Vida Cristiana, mi proceso se inicia el 21 de octubre de 2015 —tres días después de propalado el programa periodístico “Cuarto Poder” donde se da conocer a la opinión publica los abusos detallados en el libro Mitad monjes, mitad soldados— cuando el sacerdote sodálite Jorge Olaechea me escribe un e-mail a raíz de mi post SOBREVIVIENTE DEL SODALICIO, donde narro el incidente en que Jaime Baertl me ordenó desnudarme y fornicar una enorme silla, aunque sin mencionarlo a él por su nombre. La primera vez en que revelaría su nombre sería el 23 de enero de 2016 en mi post DESNUDOS POR OBEDIENCIA, haciendo un recuento de testimonios similares donde a otras víctimas sus guías espirituales les pidieron también que se desnudaran.

En su e-mail, el P. Olaechea —en ese entonces ya miembro del Consejo Superior del Sodalicio— me pedía perdón a título personal y se ponía a disposición mía para ayudarme en lo que pudiera. Asimismo, me informaba que estaban trabajando en constituir una comisión ad hoc, que luego se denominaría Comisión de Ética para la Justicia y la Reconciliación. De modo que le envié el texto de mi denuncia el 27 de octubre de 2015, la cual él mismo puso en conocimiento de Alessandro Moroni, Superior General del Sodalicio.

Eso fue todo lo que el Sodalicio hizo por propia iniciativa en mi caso. En lo demás, yo sería el que tendría que tomar la iniciativa para que la cosa se moviera.

Una vez constituida la Comisión y ante la falta de comunicaciones por parte de los responsables del Sodalicio, decidí yo mismo enviar mi denuncia, la cual fue remitida a la Comisión el 19 de enero de 2016 por e-mail y por correo ordinario. El 3 de febrero me llegó un e-mail de acuse de recibo de parte de la Comisión.

El 25 de febrero declaré vía Skype ante los miembros de la Comisión. Se me preguntó particularmente sobre el incidente con Jaime Baertl, a lo cual respondí con precisión de detalles, incluyendo la disposición arquitectónica y de mobiliario de la salita donde ocurrió todo. Contrariamente a lo que ha supuesto la fiscal Peralta, la Comisión habló en la medida de lo posible con los presuntos victimarios denunciados por las víctimas, siempre y cuando los responsables del Sodalicio lo permitieron. Jaime Baertl ya había declarado ante la Comisión y había negado el incidente, aduciendo que por un asunto de espacio era imposible que hubiera ocurrido el hecho denunciado por mí.

El 21 de abril de 2016 me fue enviado mi informe individual, previa consulta de si daba autorización para que fuera entregada una copia al Superior General del Sodalicio, a lo cual asentí. De mi informe se desprendía que la Comisión había evaluado mi relato como verosímil. Por lo tanto, se solicitaba al Superior General que reconociera mi condición de víctima y me pidiera disculpas, además de otras medidas, ninguna de las cuales ha sido cumplida hasta el día de hoy.

Nuevamente, la respuesta del Sodalicio fue el silencio absoluto. Hasta que el 1° de mayo decidí tomar contacto vía Skype con Rafael Ísmodes, uno de los sodálites de mayor calidad humana que he conocido, quien me remitió a José Ambrozic, con el cual tuve algunas conversaciones cordiales también vía Skype. Fue él quien me sugirió que hablara con Ian Elliott, el especialista irlandés en abusos que había contratado el Sodalicio. Con Elliott hablé en un par de ocasiones vía Skype, hasta que me propuso una reunión en persona en un hotel de Frankfurt, pues estaba viniendo a Alemania para conversar con algunas víctimas del Sodalicio, entre ellas Álvaro Urbina.

La reunión se efectuó el 28 de octubre de 2016 en un clima cordial. Sin embargo, los resultados fueron nulos. El 9 de noviembre recibí un breve e-mail de Ian Elliott, agradeciéndome por compartir con él mis experiencias, pero comunicándome que el comité de reparaciones del Sodalicio había concluido que yo no tenía derecho a ninguna compensación económica y que mi acceso a servicios profesionales de salud —entiéndase psicoterapia— estaba garantizado gratuitamente por el sistema de salud en Alemania. Eso era todo. La promesa de una carta del Superior General de Sodalicio reconociéndome como víctima de abusos había quedado en nada.

Dado que a lo largo de ese año ya había estado en conversaciones con Comisión de Víctimas de Abuso Sexual de la Diócesis de Espira (Speyer), la cual se encargó de mandar traducir mi denuncia al alemán y enviarla a Roma, se me recomendó solicitar a Ian Elliott una explicación de los motivos de esa decisión, lo cual hice por e-mail en dos ocasiones. La falta absoluta de respuesta de parte del supuesto experto en abusos me llevó a escribir mi CARTA ABIERTA A UN CONTRATADO DEL SODALICIO, donde doy cuenta de todos los detalles de la conversación que mantuve con él.

Recientemente he enviado mi informe de diagnóstico psicoterapéutico, elaborado en diciembre del año pasado —tras varias sesiones y tests— por un psicólogo alemán, a la Diócesis de Espira (Speyer), para que lo incluyan en el expediente enviado a Roma como prueba de las consecuencias que ha dejado en mi psique la experiencia sufrida en el Sodalicio.

Asimismo, le solicité por e-mail a Alessandro Moroni que me diera las explicaciones que Ian Elliott se había negado a darme. A continuación, el insólito intercambio epistolar generado por esta solicitud.

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e-mail de Martin Scheuch a Alessandro Moroni (23 de enero de 2017)

A Alessandro Moroni
Superior General del Sodalicio de Vida Cristiana
Att.

Estimado Sandro:

El año pasado tuve una serie de conversaciones con una representante de la Comisión de Víctimas de Abuso Sexual de la Diócesis de Espira (Speyer), la cual recogió mi denuncia y me hizo preguntas adicionales sobre el tema. La denuncia ha sido traducida al alemán y enviada por el director de la comisión, el canónigo Josef Damian Szuba, a la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica (Roma), con el pedido de atender lo que él considera abusos graves. Junto con la denuncia se ha enviado una copia del e-mail que me envió Ian Elliott [el 9 de noviembre de 2016], informándome que el comité de reparaciones del Sodalicio no considera que yo tenga derecho a recibir ninguna reparación.

Ian Elliott grabó la conversación que tuve con él el 28 de octubre de 2016 en el Grand Westin Frankfurt Hotel y me prometió que me iba a enviar una copia, cosa que no ha cumplido hasta el día de hoy, como tantas otras cosas que prometió, como, por ejemplo, que se iba a encargar de que yo recibiera una carta de parte del Superior General del Sodalicio, pidiéndome disculpas en nombre de la institución por los abusos cometidos en perjuicio mío, que ya he detallado en mi denuncia y en tantos otros escritos que he ido publicando en mi blog.

El canónigo Szuba me recomendó que pidiera una explicación de los motivos por los cuales se me excluyó de las reparaciones que, por obligación moral, ha estado ofreciendo el Sodalicio. Le escribí a Ian Elliott en dos ocasiones (10 y 12 de noviembre de 2016) solicitando estas explicaciones, pero nunca me respondió.

Por eso mismo, te agradecería que me expliques por qué hasta el momento se me ha negado toda disculpa oficial —sólo he recibido disculpas personales de parte de del P. Jorge Olaechea y de José Ambrozic— y por qué se me ha considerado sin ningún derecho a recibir ninguna reparación.

Un cordial saludo

Martin Scheuch

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e-mail de Martin Scheuch a Alessandro Moroni (26 de enero de 2017)

A Alessandro Moroni
Superior General del Sodalicio de Vida Cristiana
Att.

Estimado Sandro:

Habiendo pasado ya tres días desde el e-mail anterior sin recibir ninguna respuesta de tu parte, quiero insistir en mi solicitud de explicaciones de por qué el Sodalicio no me ha reconocido hasta ahora como víctima sujeta a reparación.

Más aún, me han causado sorpresa las palabras que pronunciaste en tu mensaje del 21 de enero del año en curso:

«Para determinar si una persona puede ser considerada víctima no hemos exigido ningún medio probatorio como podría ser una prueba técnica y científica, como se exige en toda investigación de naturaleza jurídica. Sino que hemos hecho una evaluación moral, considerando la verosimilitud de los testimonios recibidos. Y en caso de duda, hemos optado por confiar en las personas que nos han presentado su testimonio.»

Siendo el relato de los abusos cometidos contra mí absolutamente verosímiles, entre los cuales destaco el extremo de angustia a que se me llevó durante mi última estadía en San Bartolo en el año 1993, además de los ejercicios físicos que me causaron dolencias graves que pudieron haber sido evitadas y la errada orientación vocacional que ha afectado mi vida profesional hasta ahora, sin contar los correazos que recibí por orden de Luis Fernando Figari o al aislamiento al que fui destinado en la Comunidad Nuestra Señora del Pilar (Barranco), más asombro me causa que hayas podido enunciar lo que dijiste, cuando en mi caso se ha hecho exactamente lo contrario.

Me reafirmo en que el incidente con Jaime Baertl sucedió realmente. Incluso puedo describir cómo era arquitectónicamente la casa donde ocurrió el hecho y como la distribución de espacios permitió que pudiera suceder lo que yo relato. Asimismo, las dos autobiografías manuscritas en mi poder escritas en 1979 y 1980 respectivamente dan testimonio no sólo de que Baertl era mi consejero espiritual, sino también de la confianza absoluta que yo le tenía y hasta qué punto llegaban las cosas íntimas de mi vida que yo le confiaba.

Además, te comunico que el informe psicológico con mi diagnóstico hecho por un psicoterapeuta alemán ha sido enviado a la Diócesis de Espira (Speyer) para que lo incluyan en mi expediente y le envíen copia a la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica (Roma). En ese informe se me diagnostica con trastornos adaptativos, que se pueden explicar por las experiencias que tuve en el Sodalicio.

Pongo a tu consideración que la falta de respuesta es también una respuesta, que puede ser de mucho interés para varios medios de prensa.

Atentamente

Martin Scheuch

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e-mail de Alessandro Moroni a Martin Scheuch (26 de enero de 2017)

Estimado Martin:

Disculpa que me haya demorado unos días en responderte. Voy a recabar todas la información necesaria y en los siguientes días te respondo.

Atentamente

Alessandro Moroni

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e-mail de Martin Scheuch a Alessandro Moroni (30 de enero de 2017)

Estimado Sandro:

Han pasado ya 4 días desde mi primer recordatorio, y me cuesta creer que necesites todo ese tiempo para recabar una información que se consigue en menos de 24 horas, si es que no la sabías ya desde el momento en que me respondiste. Si es el mismo Sodalicio el que ha decidido no considerarme apto para una reparación y negarme el status de víctima, ¿no sabías acaso las razones, siendo tú el Superior General de la institución? ¿O son demasiado vergonzosas como para comunicármelas personalmente?

De proseguir tu falta de respuesta, me veré obligado a hacer públicos a través de un importante medio de prensa los e-mails que he escrito, para que tu respuesta también sea pública, o, en caso contrario, tu silencio merezca el oprobio que se merece.

Un cordial saludo

Martin Scheuch

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e-mail de Alessandro Moroni a Martin Scheuch (31 de enero de 2017)

Estimado Martin:

Lamento mucho que toda esta situación, y especialmente las dificultades de comunicación de estos últimos días, te estén causando malestar Procuraré explicarte las cosas con la mayor claridad posible.

Antes de comenzar el proceso de reparaciones, con la ayuda del Sr. Ian Elliott y la experiencia de trabajo con situaciones semejantes en otros lugares, establecimos un conjunto de criterios para poder evaluar los testimonios. Un elemento importante era identificar si había hechos específicos o concretos que pudieran considerarse alguna forma de maltrato o abuso.

En el testimonio que nos hiciste llegar relataste un episodio que también has descrito por medios de alcance público y que, según los informes que nos hizo llegar la Comisión, también les relataste a ellos. Eso fue encomendado entonces al investigador profesional asignado para estos casos, y en su informe indica que no encontró evidencias para afirmar la verosimilitud de este caso.

Según refirió el Sr. Elliott, en la entrevista que tuvo contigo no fue relatado ningún episodio específico, sino más bien una serie de opiniones sobre tu experiencia en general, y también sobre las cosas que consideras que están o han estado mal en el SCV y deben cambiar. El Sr. Elliott presentó su evaluación a los demás miembros del comité de reparaciones, en el cual él mismo participa. La conclusión unánime fue que, según los criterios establecidos en un comienzo, no correspondía una reparación en el marco de este programa de asistencia. Sin embargo, frente a la experiencia de dolor y malestar que muchas de estas cosas generaron en ti —y que sinceramente lamento— sí recomendó ofrecer una ayuda con terapia psicológica en el caso consideraras necesaria, ofrecimiento que por supuesto permanece en pie.

Entraremos en contacto con la Comisión de Víctimas de Abuso Sexual de la Diócesis de Espira y con el can. Josef Szuba, para conocer directamente la evaluación que han hecho de tu caso y aclarar el mérito de esta cuestión, de manera que podamos cooperar de la mejor manera posible con tu proceso.

Con relación a la carta de disculpas institucionales o formales, no es que me haya olvidado o no te la quiera dar, todo lo contrario. Independientemente de la carta, quisiera la oportunidad de poder conversar contigo, pedirte perdón por todo lo que puedas haber sufrido en una comunidad que debería vivir siempre y en todo la caridad, y escuchar todo lo que tengas que decir. Si no te he enviado la carta todavía, es porque consideré que ese debería ser el paso final del proceso, una vez que todo lo demás ya estuviera aclarado.

Te estoy dirigiendo esta carta solamente a ti, pues creo que se trata de un asunto personal. Sin embargo, si tú consideras que debes compartirlo con otras personas, no hay inconveniente de mi parte.

Te mando un abrazo y ofrezco mis oraciones por ti y por tu familia,

Sandro

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e-mail de Martin Scheuch a Alessandro Moroni (31 de enero de 2017)

Estimado Sandro:

No sé a que dificultades de comunicación te refieres, pues yo no tengo problemas en comunicarme contigo, pero parece que tú sí los tienes en responderme.

Tú respuesta es absolutamente insatisfactoria por los siguientes motivos:

1. Falta de transparencia, pues no mencionas cuáles fueron los criterios para evaluar los testimonios, a fin de determinar si había abusos. Por lo menos me habrías explicado por qué el Sodalicio no considera abusos los hechos que ya te mencioné, y que yo y varios más sí consideramos abusos —entre ellos, el psicoterapeuta que me atendió—.

2. Mi caso no se reduce a un sólo episodio. Supongo que te refieres a aquél que yo guardo en mi memoria y que involucra a Jaime Baertl, pues ni siquiera te dignas ser claro cuando hablas de «un episodio». No me explicas quién fue ese «investigador profesional» ni tampoco me das las razones que lo llevaron a un dictamen de inverosimilitud de este hecho. No creo que seas capaz de imaginarte la decepción y el dolor que causa que se declare que es imposible que haya sucedido algo que uno guarda tan vívidamente en la memoria con la certeza de que efectivamente ocurrió. Porque lo que se deriva de la conclusión a que llega el investigador es que soy un mitómano o un mentiroso, cosa que no se sostiene ni sobre la base de lo mucho que he escrito sobre el Sodalicio con abundancia y precisión de detalles, ni sobre el informe del psicoterapeuta que me atendió, que me considera una persona normal con algunos índices que se hallan fuera del promedio aunque sin llegar a configurar un síndrome postraumático. Me gustaría saber que explicación da el investigador para que yo supuestamente haya inventado este incidente. La primera vez que lo puse por escrito fue en el año 2008, aunque ya anteriormente se lo había contado a algunas personas. Puedo demostrar esto por un e-mail que le envié en enero de 2009 a Manuel Rodríguez. No había la intención de hacer público este incidente. A fines del mismo año mi hermano Erwin recibió el mismo documento en que se narraba este incidente. Yo tenía entonces la intención de advertir a las autoridades sodálites para que tomaran las medidas necesarias, de ninguna manera la intención de hacerlo público. La primera vez que menciono el incidente de manera pública, aunque sin mencionar a Baertl por su nombre, es en mi post ELOGIO DEL SODALICIO del 11 de enero de 2013. Los reparos que personalmente tenía para hacer de conocimiento público este incidente, ¿no son acaso un indicio de que no lo inventé sino de que efectivamente ocurrió? Francamente, creo que tu «investigador profesional», si aplicara sus criterios a los Evangelios, negaría incluso la verosimilitud de los relatos de la Resurrección. Además, ¿qué credibilidad tiene Jaime Baertl cuando, contrastando con los hechos, resulta que ha mentido en sus declaraciones a la Fiscalía en varios momentos?

3. En la entrevista que tuve con Ian Elliott dejé en claro que mi historia ya había sido presentada en mi testimonio ante la Comisión de Ética, a través de un documento que también está en poder del Sodalicio, pues fue enviado el 27 de octubre de 2015 [por e-mail] al P. Jorge Olaechea. Te lo adjunto para así aliviar un poco tu amnesia. No obstante, le expuse a Ian Elliott partes de mi historia, el cual me dijo que la conocía. Sin embargo, nunca planteó la reunión como una instancia para aclarar más los hechos, sino más bien para conocer mejor mis opiniones sobre el Sodalicio. Por lo tanto, me extraña que su evaluación haya sido negativa, siendo así que yo respondí adecuadamente a las preguntas que él me hizo. Lo que ciertamente descalifica la supuesta profesionalidad de Ian Elliott es su breve e-mail informándome de la decisión del comité de reparaciones, sin darme ninguna explicación, así como su silencio ante los sucesivos e-mails que le envié solicitándole precisamente estas explicaciones.

4. Hube de entender que con el e-mail de Ian Elliott el proceso había finalizado en mi caso particular. Pues no recibí ninguna comunicación posterior de nadie vinculado al Sodalicio. ¿Qué entiendes como «paso final del proceso»? ¿Qué es lo que estás esperando? ¿Observar qué pasa para ver si el Sodalicio puede seguir meciéndome a mí y a otras víctimas? Además, ¿de qué sirve que les vuelva a contar todo lo que viví, cuando ya lo he contado en varias ocasiones y además tienen mi testimonio escrito? Simplemente no han querido escuchar y no dan indicios de querer hacerlo seriamente.

Finalmente, aunque sé que lo dices no con mala intención sino porque eso forma parte habitual —como un cliché— de los mensajes provenientes de un sodálite, te agradecería que no ofrezcas ninguna oración por mí y por mi familia hasta que me hayas ofrecido lo que por justicia me es debido: un reconocimiento oficial y público de la veracidad de mi testimonio y de mi condición de víctima del Sodalicio.

En caso de no recibir pronta respuesta o ésta sea insatisfactoria, me veré obligado a hacer públicos estos mensajes a través de un importante medio de prensa.

Saludos

Martin Scheuch

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Sólo queda comentar que el ofrecimiento por parte de Moroni de asumir los costos de una terapia psicológica, sin reconocer en ningún momento que se hayan cometido abusos en mi perjuicio, me resulta hiriente y ofensivo, pues sugiere que los daños psicológicos que yo haya podido sufrir no son causados necesariamente por la disciplina sodálite que se me aplicó sino por factores puramente subjetivos. Supongo que piensa que sus famosos «rigores de la formación» no son necesariamente perjudiciales para todos, ni pueden siquiera ser catalogados como abusos. El factor subjetivo queda en evidencia cuando Moroni me pide «perdón por todo lo que puedas haber sufrido en una comunidad que debería vivir siempre y en todo la caridad», es decir, perdón por todo lo que me causó sufrimiento —subjetivo, se entiende—, no por los abusos que se cometieron sistemáticamente contra mí en la vida comunitaria y que yo he descrito detalladamente en varias ocasiones.

Finalmente, el 4 de febrero le informé a Alessandro Moroni que, ante su silencio, le iba a enviar copia de estos mensajes a la prensa. Para ser justo, le indiqué lo siguiente: «Si tienes algo más que añadir, con gusto haré que se publique también tu descargo. Como ves, a mí y a otros sí nos interesa saber cuál es tu posición y la del Sodalicio, a fin de que los lectores puedan conocer los dos lados de la moneda».

A día de hoy, sigo sin tener respuesta.

8 de febrero de 2017

Martin Scheuch

(Publicado en Altavoz el 12 de febrero de 2017)

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El 10 de febrero, el mismo día en que el Sodalicio daba a conocer el pronunciamiento de la Santa Sede sobre el caso Figari, se propalaba también un mensaje de Alessandro Moroni al respecto, que finalizaba con estas palabras: «Nuestro compromiso con la verdad y las víctimas es definitivo e irreversible».

Tras el mensaje que me envió por e-mail y su posterior silencio, me dejan un sabor amargo en la boca. Y la impresión de ser sólo palabras huecas que cumplen una mera función retórica: la de anunciar con un triunfalismo vacío que el Sodalicio ha hecho siempre lo correcto desde que estalló el escándalo. Sabemos que no ha sido así. Por lo menos hasta ahora.

CARTA ABIERTA A UN CONTRATADO DEL SODALICIO

A Ian Elliott, consultor especialista en abusos contratado por el Sodalicio para atender a las víctimas

ian_elliott

Estimado Ian:

He decidido escribirte de manera abierta y pública, debido a que hasta ahora no he recibido respuesta al e-mail que te envié el 10 de noviembre respondiendo a tu desafortunado e-mail del 9 de noviembre.

En realidad, todo comenzó el 1° de mayo de este año, cuando cansado de esperar a que el Sodalicio se comunicara conmigo no obstante las promesas de atender personalmente a cada una de las víctimas —entre las cuáles me cuento yo como el caso N.º 6 según la Comisión de Ética para la Justicia y la Reconciliación—, decidí tomar la iniciativa y comunicarme con Rafael Ísmodes, uno de los pocos sodálites que, por su calidad humana y su falta de doblez, me ha inspirado siempre confianza. Ísmodes me remitió a José Ambrozic, con quien también llegué a hablar en un par de oportunidades. Fue Ambrozic quien me sugirió que hablara contigo vía Skype, cosa que se concretó el 8 de julio.

Después de haber expuesto partes de mi historia y aclarado mis opiniones sobre el Sodalicio y sobre lo que está pasando con la institución, me agradeciste amablemente por la conversación, prometiéndome que ibas a ocuparte de mi caso. La verdad es que me despreocupé del asunto, sabiendo que de parte del Sodalicio poco o nada se podía esperar.

Sin embargo, el día 2 de octubre me comunicaste que no te habías olvidado de mí y que estabas viendo mi caso; y el 3 de octubre me informaste que ibas a viajar a Alemania para entrevistarte con algunas víctimas y que podíamos fijar una fecha para tener una conversación personal. Ésta se realizó efectivamente el 28 de octubre en horas de la mañana en una elegante suite doble en el Grand Westin Frankfurt Hotel —que cuesta normalmente 520 euros la noche, costo asumido en su totalidad por el Sodalicio a fin de que tú pudieras cumplir con la noble misión de atender a las víctimas—.

Reconozco que fuiste muy amable y correcto. Lo cual me hizo desconfiar, pues de acuerdo a mi experiencia, un exceso de amabilidad suele ir acompañado proporcionalmente de falta de sinceridad y transparencia. Y no faltaron indicios que me confirmaron esta sospecha. Como cuando comenzaste a hablarme maravillas del actual Consejo Superior del Sodalicio. Ciertamente, estoy de acuerdo contigo en que sus miembros son muy amables y bienintencionados. Pero no es eso lo que está en cuestión, sino más bien si están en capacidad de comprender dónde radica el problema del Sodalicio y, en consecuencia, si pueden tomar las decisiones correctas para darle solución. Te dije claramente que no conozco a ningún sodálite cuya captación y reclutamiento interior no se haya iniciado en la adolescencia, en la gran mayoría de los casos antes de alcanzar la mayoría de edad. Con personas ya adultas nunca ha funcionado. Y que el hecho de haber crecido en un coto ideológico protegido les hace muy difícil comprender la realidad más allá de las anteojeras ideológicas que les han colocado desde temprana edad en sus mentes.

Más sorprendido quedé cuando me dijiste que para el actual Consejo Superior los problemas ya eran cosa del pasado y que el Sodalicio actual no era el mismo que el de antes. ¿De un pasado que se remonta hacia atrás recién a partir de octubre de 2015, cuando estalló el escándalo? Respuesta afirmativa. ¿En un año el Sodalicio ha dejado de ser el que yo conocí? ¿De veras has sido tan ingenuo como para tragarte ese rollo?

¿Y cómo iba el asunto de las reparaciones? Me dijiste que el Sodalicio había determinado un monto para ser repartido entre todas las víctimas. Te pregunté si te habían mostrado los documentos contables que muestran a cuánto a asciende su patrimonio actual para ver cuánto podían ofrecer realmente y hacer la recomendación que como profesional te correspondía hacer. No, no te los habían mostrado ni tampoco los pediste. Te bastó con que te dijeran cuál era el monto destinado a reparaciones, las cuales iban a ser asignadas de acuerdo a la gravedad del delito cometido, sin considerar los daños y perjuicios sufridos. Es decir, a alguien al que avasallaron sexualmente pero sólo estuvo vinculado un año le correspondería una indemnización elevada, mientras que a otro que sacrificó veinte años de su vida en el Sodalicio, experimentando continuos abusos psicológicos pero sin haber sufrido nunca abuso sexual, le correspondería una indemnización bastante más reducida, si es que no ninguna.

En tu obsesión por presentar las cosas de manera positiva, quisiste resaltar la bondad de los miembros del Consejo Superior, que estaban ofreciendo estas reparaciones voluntariamente sin estar obligados a ellas por ninguna ley. Como un favor merecedor de gratitud y una señal de buena voluntad. Y que el monto iba a ser algo superior a lo que podría ofrecer la justicia peruana, en el caso hipotético de que se ganara un juicio.

Lamento decirte que no puedo compartir esta opinión. Un favor es algo que hace alguien gratuitamente en beneficio de otro, sin que el primero le deba nada al segundo. Y eso no se cumple en el caso del Sodalicio, el cual tiene una deuda moral con todas las víctimas dañadas por miembros de la institución y su sistema. ¿Cómo puedes considerar como un favor lo que incluso la moral cristiana considera como un deber de conciencia, tal como se señala en las siguientes citas del Catecismo de la Iglesia Católica?

1459 Muchos pecados causan daño al prójimo. Es preciso hacer lo posible para repararlo (por ejemplo, restituir las cosas robadas, restablecer la reputación del que ha sido calumniado, compensar las heridas). La simple justicia exige esto.

2487 Toda falta cometida contra la justicia y la verdad entraña el deber de reparación, aunque su autor haya sido perdonado. Cuando es imposible reparar un daño públicamente, es preciso hacerlo en secreto; si el que ha sufrido un perjuicio no puede ser indemnizado directamente, es preciso darle satisfacción moralmente, en nombre de la caridad. Este deber de reparación se refiere también a las faltas cometidas contra la reputación del prójimo. Esta reparación, moral y a veces material, debe apreciarse según la medida del daño causado. Obliga en conciencia.

¿Me has querido dar a entender que las víctimas deberían estar agradecidas al Sodalicio por realizar algo que en realidad constituye una obligación moral a ser cumplida por los sodálites, más aún cuando se jactan de seguir las exigencias del Evangelio —y la ética que de ellas se desprende— hasta sus últimas consecuencias? ¿Que no haya una obligación legal —lo cual significa que las víctimas estarían jurídicamente inermes— implica que el cumplimiento de una grave obligación moral deba ser recibido con gratitud sumisa, más aún cuando me has dado a entender que si la víctima no considera justo el monto ofrecido, el Sodalicio le da el ultimátum de «tómalo o déjalo» y se desentiende del asunto, escudándose en la “ingratitud” de la víctima?

Por otra parte, determinar el monto de las reparaciones sobre la base de lo que se ofrecería en el sistema judicial peruano —que es deficitario, corrupto y con frecuencia favorece la impunidad— me parece miserable. El Sodalicio siempre presumió de querer cambiar el mundo y revertir las injusticias que en él se cometen. Ahora resulta que si el sistema judicial peruano permite una injusticia, entonces el Sodalicio se acomoda a la situación en la medida en que lo favorezca económicamente, y allí se acabaron sus deseos de luchar por un mundo mejor. ¿No te parece que las reparaciones deberían fijarse más bien sobre la base de criterios objetivos de justicia, teniendo en cuenta los daños y perjuicios ocasionados a las víctimas?

Éstas son reflexiones que podrían ayudar a otros, pues en mi caso el “comité de reparaciones” del Sodalicio ha decidido que yo no tengo derecho a una reparación —como me comunicaste en tu “amable” e-mail del 9 de noviembre— con el argumento de que puedo recibir un tratamiento psicológico gratuito bajo el sistema de salud alemán y, por lo tanto, el Sodalicio no cree que deba darme una ayuda en ese sentido.

La atención psicológica es uno de los puntos que me haría acreedor a una justa indemnización. Pero no es el único punto. ¿Qué hay del secuestro de los mejores años de mi juventud, que desperdicié siguiendo una ilusión fanática con una mente manipulada y habiendo perdido mi capacidad de decidir libremente con conocimiento de causa? ¿Qué hay de los daños infligidos a los lazos familiares, sobre todo a la relación con mi madre?¿Qué hay del continuo sentimiento de culpa que primero me fomentaron en las comunidades sodálites y luego me acompañó durante décadas por haber abandonado la vida comunitaria y que se tradujo también en sentimientos de inferioridad? ¿Qué hay de la marginación progresiva de que fui objeto en ambientes de la Familia Sodálite? ¿Qué hay de la errada orientación vocacional realizada por sodálites no profesionales, que finalmente me llevó a estudiar teología, una carrera que no me sirvió posteriormente para obtener un trabajo decentemente remunerado que me permitiera mantener a mi familia? ¿Qué hay de la falta absoluta de cotizaciones para un fondo de jubilación, que me asegurara una vejez digna? ¿Qué hay de los rumores difamatorios que miembros del Sodalicio echaron a correr para tirarse abajo mi reputación, tachándome de loco, desquiciado, anti-católico, amargado y vengativo? ¿No sabes que recientemente me encontré aquí en Alemania con un ex-sodálite a quien yo no conocía, cuyo padre —a quien tampoco conozco y que también estuvo vinculado a la Familia Sodálite— le había preguntado si yo padecía del síndrome de Asperger? Es sólo un ejemplo para que veas hasta dónde llegaron las calumnias. Sin contar con que también afectaron las relaciones al interior de mi actual núcleo familiar. ¿Cómo puede el Sodalicio reparar todo este daño o devolverme las cosas valiosas de la vida que perdí o que nunca pude vivir?

Te pongo a continuación las recomendaciones que hizo la Comisión de Ética para la Justicia y la Reconciliación en mi caso:

  1. Reconocimiento por parte del Superior General de su condición de víctima y pedido de disculpas por escrito.
  2. Devolución a la víctima de toda su información personal, particularmente la relativa a sus evaluaciones psicológicas.
  3. Informar por escrito a todas aquellas personas —sea que se encuentren dentro o fuera del SCV— del hecho que hubiesen sido evaluadas psicológicamente por personas no profesionales, pidiéndoles las disculpas del caso y devolviéndoles los documentos pertinentes.
  4. Otorgarle una compensación económica que indemnice los años de pertenencia al SCV, ante el inadecuado discernimiento vocacional sufrido.
  5. Otorgarle la reparación económica proporcional al daño sufrido, comprendiendo la afectación moral y material de la víctima.
  6. Otorgarle la compensación económica que le permita acceder a un tratamiento médico psiquiátrico y/o psicológico integral por el tiempo que los profesionales médicos determinen.
  7. Realizar las investigaciones necesarias al interior del SCV, en relación a los actos denunciados. Asimismo, que el SCV imponga a los responsables las sanciones correspondientes.

De las siete recomendaciones, hasta ahora el Sodalicio sólo ha cumplido parcialmente la número 2, y eso fue antes de que la Comisión emitiera cualquier informe, pues yo mismo decidí solicitar el 14 de diciembre de 2015 mi documentación al Superior General del Sodalicio Alessandro Moroni. Recibí una serie de escritos manuscritos elaborados por mí, la mayoría anteriores a 1981 y unos cuantos posteriores a esa fecha, pero las evaluaciones psicológicas que se me tomaron así como los informes de rutina sobre mí elaborados por superiores y consejeros espirituales habían desaparecido como por ensalmo. Según Moroni, no había nada más. ¿Nada más, considerando que viví más de once años en comunidades sodálites? Cuesta creerlo. ¿En qué momento desaparecieron esos documentos, si es que no fueron destruidos?

A la vista de los hechos, lamento mucho, estimado Ian, que en mi caso —y probablemente en varios casos más— hayas contribuido a que el Sodalicio no cumpla con su obligación moral de reparar —aunque sea simbólicamente— las heridas causadas, y se ignoren las recomendaciones hechas por una Comisión que trabajó de manera imparcial e independiente. Sin recibir ninguna remuneración, a diferencia de cualquier contratado, que se debe a quien le paga.

Un cordial saludo

Martin Scheuch

(Columna publicada en Altavoz el 13 de noviembre de 2016)

SODALICIO: LA GRAN MENTIRA DE LAS RECOMENDACIONES CUMPLIDAS

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José Ambrozic, Vicario General del Sodalicio de Vida Cristiana

El 4 de noviembre, el Canal S de Youtube —canal informativo del Sodalicio de Vida Cristiana que se ha dedicado últimamente a publicar videítos piadosos que casi nadie ve— publicó un video donde José Ambrozic, Vicario General del Sodalicio, hablaba sobre el proceso de reparaciones a las víctimas. En ese mensaje, Ambrozic decía textualmente lo siguiente:

«La Comisión [de Ética para la Justicia y la Reconciliación] fue instituida en noviembre del año pasado, pero fue instituida como parte de un plan más amplio que incluía a los otros expertos ya desde un primer momento dentro del plan. La Comisión era necesaria porque en ese momento había mucha desconfianza respecto de nuestra institución y en consecuencia necesitábamos una instancia independiente con una calificación de integridad que estuviera más allá de toda discusión. La Comisión entregó un informe general y luego informes específicos para cada una de las personas que autorizaron que se nos entregue sus informes, calificándolos como víctimas o recogiendo lo que ellos habían compartido. Del Informe General de la Comisión hubo once recomendaciones. De esas recomendaciones, cinco ya han sido totalmente cumplidas, tres dependen de la Santa Sede y tres son las que se refieren al proceso de atención a las víctimas, que están en proceso de estar siendo cumplidas».

Como las cifras no me cuadraban, decidí revisar las recomendaciones hechas por la Comisión para verificar si era cierta tanta maravilla. Éstos son los resultados. A continuación, las recomendaciones de la Comisión, seguidas de mis comentarios.

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MEDIDAS RECOMENDADAS
  1. Repudio público a la conducta de Luis Fernando Figari, respecto de quien las autoridades correspondientes deberían adoptar la mayor sanción moral e institucional.

Aquí tenemos dos partes bien definidas. En la primera la Comisión afirma que ella misma está tomando la medida de repudiar públicamente a Figari. La segunda parte le toca a «las autoridades correspondientes», entre las cuales se cuentan también las autoridades del Sodalicio.

Si bien en un comunicado del 5 de abril de 2016 el Superior General del Sodalicio, Alessandro Moroni, consideró a Figari culpable de los abusos de que se le acusa y lo declaró persona non grata para la institución, todavía no se le ha aplicado la mayor sanción institucional —que sería la expulsión—, lo cual no requiere de autorización de la Santa Sede, como se ha hecho creer. En septiembre de 2007 el Sodalicio expulsó a Germán McKenzie por motivos que aún no han sido aclarados y en octubre del mismo año, a Daniel Murguía, por haber sido capturado por la policía en una situación pedófila en un hostal del centro de Lima. En ninguno de los dos casos se consultó a la Santa Sede antes de proceder.

Por otra parte, cuando a inicios de 2011 salieron a la luz los abusos cometidos por Germán Doig, la Oficina de Comunicaciones del Sodalicio de Vida Cristiana emitió un comunicado, donde se decía:

«Queremos dejar en claro que estas conductas contrarias a nuestra vocación cristiana y nuestros compromisos libremente emitidos ante Dios no sólo no pueden tener cabida en nuestra comunidad sino que deben ser denunciadas y rechazadas con energía, claridad y transparencia. Actos graves como estos conllevan un proceso de expulsión del Sodalicio».

Fue fácil decirlo de alguien que ya había fallecido. Pero cuando se trata de Figari, se aplicó otro rasero, donde la «energía, claridad y transparencia» brillaron por su ausencia. Parecería que esos actos repudiados sí tienen cabida en la la comunidad sodálite, dependiendo de quién sea el que los cometa.

Mientras tanto, la expulsión de Figari sigue siendo una asignación pendiente para el Sodalicio.

  1. Las víctimas de los abusos deben ser resarcidas. Sus testimonios revelan la necesidad urgente de ser atendidas médica, psicológica y espiritualmente, además de la compensación económica a la que tienen justo derecho y que debe ser considerada por el SCV con cada víctima en un auténtico proceso de reconciliación y justicia. Ello debe comprender una solicitud de perdón y desagravio, de manera personal y escrita, por parte del Superior General a cada una de las víctimas.
  2. Compensación por los daños personales sufridos por quienes fueron privados de un adecuado discernimiento vocacional, y en esa medida, obligados a prestar servicios no remunerados, incluso en condición de “servidumbre”.

Ambas recomendaciones se refieren al proceso de reparación de las víctimas. Ambrozic dice que actualmente están en proceso de cumplirlas. Aunque parece que no se están ciñendo a principios básicos de la moral cristiana, como el que señala el Catecismo de la Iglesia Católica [las negritas son mías]:

2487 Toda falta cometida contra la justicia y la verdad entraña el deber de reparación, aunque su autor haya sido perdonado. Cuando es imposible reparar un daño públicamente, es preciso hacerlo en secreto; si el que ha sufrido un perjuicio no puede ser indemnizado directamente, es preciso darle satisfacción moralmente, en nombre de la caridad. Este deber de reparación se refiere también a las faltas cometidas contra la reputación del prójimo. Esta reparación, moral y a veces material, debe apreciarse según la medida del daño causado. Obliga en conciencia.

Sobre la base de testimonios que me han llegado, las reparaciones materiales ofrecidas suelen ser irrisorias en relación con los daños sufridos, pudiendo el Sodalicio, con un patrimonio de varios cientos de millones dólares, ofrecer más para cumplir con este deber de justicia, y con frecuencia ni siquiera se toma en consideración la falta de un «adecuado discernimiento vocacional» como un daño que tiene consecuencias en toda la vida de una persona.

En lo que a mí se refiere —reconocido como víctima con el número 6 por la Comisión de Ética—, he hablado en un par de ocasiones con José Ambrozic, también he hablado en dos ocasiones con Ian Elliott, y nada en absoluto de ambas recomendaciones ha sido cumplido por la institución en mi caso individual. Incluso el 9 de noviembre se me comunicó que el “comité de reparaciones” había decidido que yo no tenía ningún derecho a una compensación económica.

  1. El SCV deberá proceder a la devolución inmediata de toda la documentación correspondiente a cada una de las personas que forma o formó parte de la institución, que así lo solicite.

Èste es otro punto de cuyo cumplimiento hay razones sobradas para dudar. Primero, porque no sabemos cuántas víctimas han solicitado su documentación. Segundo, porque resulta difícil verificar que se les haya entregado todos los documentos sobre su persona que hay en los archivos del Sodalicio.

Yo mismo, por iniciativa propia, solicité el 14 de diciembre de 2015 mi documentación al Superior General del Sodalicio Alessandro Moroni. Sólo recibí una serie de escritos manuscritos elaborados por mí, la mayoría anteriores a 1981 y unos cuantos posteriores a esa fecha, además de mi partida de nacimiento y mi certificado de bautismo. Pero las evaluaciones psicológicas que se me tomaron así como los informes de rutina sobre mí elaborados por superiores y consejeros espirituales en más de once años que viví en comunidades sodálites se habían esfumado. Sospecho que sólo me entregaron lo que quisieron, lo cual sería grave, pues el ocultamiento o desaparición intencionada de documentación es un delito grave.

  1. Reconocimiento de la condición de víctimas por parte de la Comisión a través de los respectivos informes individuales.

Este punto ya ha sido cumplido, porque es la Comisión de Ética la que tenía que hacerlo. Más bien, el Sodalicio se ha negado a reconocer en algunos casos la condición de víctima a personas que han sido reconocidas como tales por la Comisión.

  1. La Santa Sede con la premura del caso, debiera adoptar drásticas medidas para la pronta intervención del Sodalitium Christianae Vitae, disponiendo que su conducción esté a cargo de personas ajenas a su actual estructura organizacional.

Esta medida le correspondía aplicarla a la Santa Sede, y ésta lo ha hecho a medias, pues si bien hay una intervención y algunas limitaciones en el poder de decisión del Consejo Superior, la conducción sigue estando a cargo de personas pertenecientes a la estructura organizacional del Sodalicio.

  1. Las personas que ejercieron algún cargo en la organización del SCV, durante los años en que se permitieron los abusos denunciados, deben ser impedidas de ejercer algún cargo representativo al interior de la organización.

Definitivamente, esta recomendación no ha sido cumplida en ningún aspecto. No sé si el Sodalicio piensa que es algo que le correspondería a la Santa Sede, pero no creo que sea necesaria la intervención desde arriba para implementar la medida. Y «cargo representativo» no se refiere sólo a una función en el Consejo Superior, sino a cualquier cargo de autoridad en que se tenga a otros bajo mando o responsabilidad, como, por ejemplo, superior de comunidad, formador espiritual o consejero espiritual. Por de pronto, Alessandro Moroni y José Ambrozic tuvieron cargos representativos en momentos en que se permitieron abusos, y siguen allí, atornillados a sus puestos.

  1. Con ese propósito, y a efectos de cumplir el objetivo de este trabajo, la Comisión remitirá el presente informe y otros que lo acompañen, a la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica de la Santa Sede.

Le competía sólo a la Comisión cumplir esta recomendación, y así lo hizo. No es ningún mérito del Sodalicio que se haya cumplido.

  1. Después de haber recibido los testimonios de las víctimas, esta Comisión cree en conciencia, que la Santa Sede debiera disponer con urgencia las medidas necesarias para que Luis Fernando Figari sea efectivamente sancionado por los actos denunciados, dentro de las competencias correspondientes a la justicia eclesiástica.

La aplicación de esta medida la compete a la Santa Sede, y parece que hasta el momento poco se ha hecho al respecto.

  1. Publicación del presente informe en la página web de la Comisión: comisionetica.org

Esta recomendación también se cumplió no por mérito del Sodalicio, sino de la Comisión misma.

  1. La entrega del presente Informe al SCV, a la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica de la Santa Sede a través de la vía diplomática de la Nunciatura Apostólica y al Sr. Cardenal Juan Luis Cipriani Thorne, Arzobispo de Lima y Primado del Perú.

Ésta medida también le correspondía a la Comisión.

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Sacando cuentas, tenemos sólo dos recomendaciones que se refieren estrictamente a la reparación de las víctimas, proceso que aún no ha finalizado, aunque ya hay varios casos en que hay un incumplimiento flagrante de parte de los responsables del Sodalicio.

Hay, además, una recomendación que ha sido cumplida parcialmente por el Sodalicio, una que no ha sido cumplida en absoluto y otra que no hay manera de verificar que se haya cumplido (la referente a la devolución de la documentación personal). Sólo hay dos recomendaciones que le competen estrictamente a la Santa Sede y hay otras cuatro que eran de responsabilidad exclusiva de la Comisión, las cuales fueron cumplidas a la brevedad posible.

En consecuencia, el Sodalicio no puede jactarse de haber cumplido ninguna de las medidas recomendadas de manera íntegra y completa, mucho menos arrogarse el cumplimiento de recomendaciones que sólo le competían a la Comisión.

¿Y qué decir de la explicación a posteriori de que la Comisión era «parte de un plan más amplio que incluía a los otros expertos ya desde un primer momento»? Pues si es así, tal como han se han desenvuelto los acontecimientos parece ser que la labor de los expertos —por lo menos la de Ian Elliott— ha consistido aparentemente en neutralizar en la medida de lo posible las recomendaciones generales e individuales de la Comisión, a fin de favorecer al Sodalicio dentro de una estrategia de control de daños. Francamente, hubiera sido mejor que el plan sólo hubiera incluido a la Comisión de Ética, y los cientos de miles de dólares que el Sodalicio debe haber gastado en honorarios, viajes, viáticos, alojamiento, etc. de los expertos lo hubiera destinado a un fondo como parte de las indemnizaciones a ser pagadas a las víctimas.

Por otra parte, Ambrozic señala que «el proceso empezó con contactar a las personas, a las víctimas que habían sido reconocidas por la comisión independiente…» No sucedió así conmigo, no obstante que yo, siendo el caso 6, era uno de los que debían haber contactado a la brevedad posible. Sabiendo por Álvaro Urbina, una víctima de Jeffery Daniels, que ya lo habían contactado a él, y cansado de esperar, tomé yo mismo la iniciativa y me comuniqué el 1° de mayo con Rafael Ísmodes, lo cual permitió posteriormente que conversara en un par de ocasiones con José Ambrozic y dos veces con Ian Elliott.

Conozco personalmente a José Ambrozic, lo aprecio de corazón y tengo una muy buena opinión de él. Por eso mismo, lamento dolorosamente que se haya prestado a ser la cara visible de un proceso que se está revelando en gran parte como una farsa más del Sodalicio de Vida Cristiana. Que de cristiano parece tener solamente la fachada exterior.

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Video donde José Ambrozic explica lo que supuestamente está haciendo el Sodalicio de Vida Cristiana en el ámbito de las reparaciones:

SODALICIO: LA IMPARCIALIDAD DE UNA COMISIÓN

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Admito que, cuando el Sodalicio convocó en noviembre de 2015 la Comisión de Ética para la Justicia y la Reconciliación a fin de atender a las víctimas, mi recelo fue grande. ¿Qué de bueno podía venir de una iniciativa convocada por el Sodalicio?

Sin embargo, la Comisión mostró su independencia desde el principio, modificando las directrices de procedimientos establecidas inicialmente por el Sodalicio y cambiando el objetivo principal de «atender, confortar y aliviar a las víctimas, contribuyendo en el proceso de reparación y reconciliación» por el de «esclarecer las imputaciones formuladas contra varios miembros del Sodalitium Christianae Vitae y conducir un proceso que, orientado por la búsqueda de la verdad, coadyuve a la reconciliación y promoción de la justicia con quienes se hayan visto afectados por hechos de alguno de sus miembros».

Tras enviar mi declaración en enero de este año, el 25 de febrero hablé vía Skype con los miembros de la Comisión. El trato fue correcto pero distante. No sentí una actitud amable ni comprometida conmigo como víctima.

De hecho, la Comisión no se puso del lado de las víctimas ni tampoco del lado del Sodalicio. Su modo de proceder cuasi-judicial —aunque sin peso jurídico— se ajustaba a una imparcialidad intachable. Eso explica también los contenidos de su Informe: secos, duros, pero precisos y objetivos. Pues la verdad había que decirla sin concesiones. Y eso era lo que todas las víctimas esperábamos.

Contrasta esto con la actitud amable de Ian Elliott, experto irlandés contratado por el Sodalicio, al informarles a varias víctimas que éste no cumplirá ninguna de las recomendaciones hechas por la Comisión para su caso individual.

(Columna publicada en Exitosa el 12 de noviembre de 2016)

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En diciembre del año pasado escribí una crítica a la Comisión (ver UNA COMISIÓN PARA EL OLVIDO), basándome en los procedimientos estipulados originalmente para su funcionamiento y no en las personas que la conformaban. En febrero de 2016 la Comisión decidió establecer nuevas directrices —dejando mis críticas sin efecto—, convirtiéndose en lo que el Sodalicio aparentemente no quería que se convirtiera: una comisión de la verdad. Pues en los procedimientos originales se indicaba que su labor «debe centrarse en el alivio, recuperación y confortación de las presuntas víctimas» y no en la búsqueda de la verdad respecto a los hechos denunciados.

Felicito a los integrantes de la Comisión —el Dr. Manuel Sánchez-Palacios (abogado), la Dra. Rosario Fernández Figueroa (abogada), Mons. Carlos García Camader (obispo), la Dra. Maíta García Trovato (psiquiatra) y el Sr. Miguel Humberto Aguirre (periodista)— por su honestidad en el trabajo realizado. Se merecen mis mayores respetos.

EL SODALICIO EN SU LABERINTO

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Lunes 3 de octubre, cuatro de la tarde en la ciudad alemana de Mannheim, a orillas del Rin. Sentado en un café en la estación del tren, converso con un joven ex-sodálite y escucho cómo logró fugarse del Sodalicio. Una historia que parece la trama de un thriller policíaco. Lo cual me confirma en la sospecha de que esta institución se asemeja más a un grupo sectario o a la mafia —no obstante su proclamada finalidad religiosa— que a una organización eclesial católica. Quizás juntando ambos extremos se podría describirla con una expresión que suena paradójica, pero que no puede ser más precisa: “secta católica”.

En esa conversación mi interlocutor me confirma lo que yo ya sabía a través de otra fuente: que Ricardo Trenemann, sodálite con quien compartí escenario en varias ocasiones cuando yo todavía era integrante del grupo musical Takillakkta, habría intentado abusar sexualmente de un joven sodálite de comunidad, utilizando el cuento de los masajes en la zona del perineo, entre el ano y los genitales. Una perversa estrategia, similar a la que aplicó Figari con una de sus víctimas, cuando le dijo que había que despertar la energía kundalini situada en la misma región íntima. Y si bien Trenemann no habría podido consumar el abuso esa vez debido a que la víctima se negó a colaborar, en una comunidad sodálite de Brasil habría logrado dar cumplimiento a sus insanas intenciones con otro muchacho, terminando la cosa en masturbaciones mutuas.

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Ricardo Trenemann

El de Ricardo Trenemann es uno más de los nombres que se añade a la lista de presuntos abusadores sexuales del Sodalicio, comenzando por Luis Fernando Figari y siguiendo con Germán Doig, Virgilio Levaggi, Jeffery Daniels, Daniel Murguía, Luis Ferrogiaro y Javier Leturia. A ella habría que añadir una larga lista de maltratadores psicológicos y físicos, entre los cuales se contarían Alberto Gazzo, José Antonio Eguren, Alfredo Garland, Alfredo Draxl, Óscar Tokumura, Daniel Cardó, Alessandro Moroni y otros cuyos nombres todavía no han sido revelados. Pues no conozco a ningún sodálite con un puesto de responsabilidad que no haya violentado en algún momento la conciencia personal de quienes estaban a su cargo o que no haya intentado doblegar sus voluntades mediante técnicas de manipulación psicológica, entre las cuales se encuentran las órdenes humillantes y la exigencia de una obediencia absoluta, sin límites. Era algo que formaba parte inherente del sistema de disciplina y formación.

A lo largo del tiempo se han ido acumulando críticas, siendo las más acertadas las de aquellos que en algún momento formaron parte de la institución. Pero las críticas no sólo han venido desde afuera. También hay quienes se han atrevido a hacer ejercicio de crítica constructiva desde dentro de la institución, lamentablemente sin resultados. Quienes se atreven a dar este paso suelen ser condenados a una especie ostracismo interno, son sometidos a un escrutinio minucioso que hurga en sus vidas personales con el fin de atribuir a sus problemas psicológicos —reales o inventados— las críticas expresadas, y tarde o temprano terminan por salirse de la institución. Como está ocurriendo con el P. Jean Pierre Teullet, quien tuvo el valor de enfrentarse a la cúpula sodálite para echarle en cara haber faltado a la verdad en un comunicado oficial a la opinión pública.

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Manuel Rodríguez Canales

Otro caso es el de Manuel Rodríguez alias “Roncuaz”, un adherente sodálite ubicado en la periferia institucional —pues está casado y, por lo tanto, no vive en ninguna comunidad—, quien ocasionalmente ha formulado a través de su blog críticas veladas pero certeras a la institución, sin distanciarse formalmente del Sodalicio, y sus bien intencionadas reflexiones han caído sistemáticamente en saco roto.

Mucho antes de la publicación del libro Mitad monjes, mitad soldados de Pedro Salinas y Paola Ugaz, un sodálite que buscaba un cambio advirtió con lucidez a las máximas autoridades del Sodalicio de los peligros de una estructura autoritaria, que había sido creada por el mismo Figari para tener un poder absoluto e incuestionable. Y que los reglamentos internos estaban planteados de tal manera, que el miembro de la organización se convertía en un instrumento sujeto a la arbitrariedad de los superiores, los cuales gozaban de una autoridad absoluta, cuyos alcances y límites no se estipulaban en ninguna parte. La mayoría de las vocaciones sodálites habrían sido reclutadas en edad escolar, cuando la persona todavía no tiene suficiente criterio de juicio pero está predispuesta a opciones radicales. La formación consiguiente estaba orientada a quebrar la voluntad de la persona mediante dinámicas de obediencia irracional, ejercicios extremos, castigos e introspecciones psicológicas. A ello se suma la injusticia de trabajar años gratuitamente sin recibir una remuneración, sin dinero cotizado a un fondo de pensión, sin seguro médico, de modo que quien decide dejar la organización cae en una situación injusta de sostenimiento, además de no contar con una experiencia laboral que le permita acceder a un trabajo adecuado.

Sordo a toda voz crítica —venga de donde venga—, incapaz de reconocer las propias deficiencias estructurales y manteniendo una actitud autorreferencial, cerrado en sí misma y practicando colectivamente la ley del silencio al estilo de la mafia italiana, el Sodalicio no se esperaba el golpe que significó la publicación del libro de Salinas y Ugaz en octubre de 2015.

El mando sodálite terminó asumiendo tardíamente que una defensa de Figari ya no era plausible, pero no lo expulsó como estipulan sus Constituciones para estos casos. Bajo la dirección de Alessandro Moroni, si bien el Sodalicio no ha defendido a Figari, sí lo ha protegido, pues su caída definitiva significaría el fin de una historia, arrastrando consigo lo que todavía queda de la institución, incluyendo su patrimonio y sus fuentes de ingresos, como las universidades, los colegios, los cementerios, los negocios inmobiliarios, mineros, agrícolas, etc.

La creación de una Comisión de Ética para la Justicia y la Reconciliación en noviembre de 2015, integrada por cinco reconocidas personalidades de impecable trayectoria profesional y filiación católica, habría constituido una jugada estratégica para limpiarse la cara, pues con ello se habría querido demostrar que el Sodalicio estaba realmente preocupado por las víctimas y que estaba tomando las medidas del caso para atenderlas y ofrecerles una justa reparación por los daños sufridos. Sin embargo, lo que sucedió después fue inaudito.

Una vez que la Comisión emitió su lúcido y demoledor Informe Final el 16 de abril de 2016, después de haber recogido durante cerca de cuatro meses más de cien testimonios de víctimas, muchas de las reacciones al interior del Sodalicio fueron de rechazo a las conclusiones del Informe. De la boca para afuera se lo aceptó oficialmente, pero en la práctica no se implementó ninguna de las recomendaciones hechas por los comisionados.

Más bien, el Sodalicio decidió contratar a tres especialistas extranjeros —la estadounidense Kathleen McChesney, ex número 3 del FBI y asesora de la Conferencia Episcopal Norteamericana; el irlandés Ian Elliott, que estuvo a cargo de la investigación de la crisis de abusos sexuales del clero en Irlanda; y la estadounidense Mónica Applewhite, especialista en prevención—, no para implementar las recomendaciones de la Comisión de Ética, sino para volver a hacer el mismo trabajo prácticamente desde cero —investigando y volviendo a hablar con las víctimas—, con la esperanza de obtener tal vez un informe más benigno y favorable. El ahora cardenal Joseph William Tobin, arzobispo de Indianapolis (EE.UU.) y delegado vaticano para el caso Sodalicio, está esperando el informe que redactará la señora McChesney, a fin de tomar una decisión.

Mientras tanto, sigue su curso la denuncia penal ampliatoria interpuesta en mayo de 2016 contra Figari, otros seis miembros y un ex-miembro de la institución —Jaime Baertl, José Ambrozic, José Antonio Eguren, Eduardo Regal, Óscar Tokumura, Erwin Scheuch y Virgilio Levaggi— por los delitos de asociación ilícita para delinquir, secuestro y lesiones graves.

Las declaraciones de Figari a la prensa, negando incluso que puedan haber víctimas, han terminado de mostrar el verdadero rostro de una institución que, tomando como bandera un catolicismo pretérito y trasnochado y con pretensiones grandilocuentes de cambiar el mundo, no sólo ha truncado y dañado vidas enteras —además de no significar ningún aporte sustancial para la sociedad civil—, sino que también ha perjudicado irreparablemente —en complicidad con la indiferencia y apatía de las autoridades eclesiásticas, entre ellas el cardenal Cipriani— la imagen de una Iglesia que se muestra dispuesta a respirar otros aires en sus sectores más abiertos al mundo y al servicio solidario de los pobres.

(Artículo publicado en Exitosa el 22 de octubre de 2016)