ENTREVISTA: EL CASO SODALICIO

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Recientemente Luis Enrique Baca, estudiante de Derecho en la Universidad de Lima y subdirector de coyuntura nacional en el medio digital Punto y Coma, ha publicado un artículo sobre la situación actual del caso Sodalicio (ver “Análisis: La impunidad del Sodalicio. Víctimas sin justicia”, 26 de julio de 2017), donde cita algunas declaraciones mías que yo le envié el 16 de junio como parte de las respuestas a un cuestionario que me hizo llegar el 8 de junio.

Considerando que la situación sobre el Sodalicio no ha cambiado en nada hasta el momento —y dado que mis reflexiones podrían ser de interés para más de uno—, publico ahora la entrevista completa.

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¿En qué situación está el caso Sodalicio?

La situación del caso Sodalicio es la que ya conocemos a través de los medios de prensa. Una sentencia suave y condescendiente de parte de la justicia eclesiástica, y un stand-by por el momento de parte de la justicia peruana.

¿Por qué cree que la Iglesia encubre a los pederastas?

El tema es muy complejo. Por una parte, la Iglesia se siente representada por aquellos que ostentan un cargo eclesiástico, ya sea que hayan recibido la ordenación sacerdotal o hayan hecho compromisos en una institución de vida consagrada. Todavía se sigue considerando los delitos de pederastia más que nada como faltas graves en las que caen las personas mencionadas y, por lo tanto, como piedras en el camino que no les impedirán restituirse y volver a su situación anterior, donde supuestamente seguirán sirviendo a la institución eclesial después de la prueba por la que el demonio los ha hecho pasar. Hasta ahora, no obstante algunos tímidos progresos, la Iglesia no ha asumido la perspectiva de las víctimas, a las cuales se ha presionado para que guarden silencio (y eviten el escándalo), a fin de evitar dañar la debida reputación que debe acompañar a esos elegidos de Dios. Y el buen nombre de la institución sigue poniéndose como prioridad, aunque se tenga que crucificar a las víctimas.

¿Cree que son efectivos los tribunales eclesiásticos? ¿Por qué?

Los tribunales eclesiásticos sólo han sido efectivos cuando se trata de censurar a teólogos disidentes o de suspender a clérigos díscolos, que se salen de la línea doctrinal y moral impuesta por el obispo de turno. Pero en lo que se refiere a delitos graves contra los derechos humanos de las personas, lo más normal es que los jueces se tomen todo el tiempo del mundo, se concluya que no hay pruebas tras una investigación que consiste básicamente en no hacer nada, o los delitos prescriban. He escrito sobre este tema en una columna publicada en Altavoz, que lleva el título de JUSTICIA ECLESIÁSTICA: LA IMPUNIDAD PROGRAMADA.

¿Por qué no se le juzga a Figari en fueros civiles? ¿Crees que lo verás preso algún día?

El proceso contra Figari está todavía en “veremos”. El Ministerio Público tiene que determinar todavía si procede una denuncia penal que dé lugar a un proceso judicial. Todo esto puede demorar años. No creo que nunca veamos a Figari tras las rejas, pues aún cuando hubiera una sentencia, la cosa derivaría en un asunto diplomático complicado, pues la Santa Sede, con su vergonzoso pronunciamiento sobre el caso, lo ha blindado de por vida.

¿Qué tanto te marcó el Sodalicio?

El Sodalicio me marcó, como ha marcado a tantos. Más aún, es prácticamente imposible pasar por el Sodalicio sin que eso deje huella en la psique personal de uno. Hasta ahora sigo lidiando con las consecuencias.

¿Los abusos del Sodalicio han cambiado tu percepción sobre la Iglesia católica en general?

Mi percepción sobre la Iglesia católica no ha cambiado básicamente debido a los abusos del Sodalicio. Ya antes de ocuparme del tema a fondo, yo me había informado sobre los abusos cometidos dentro de los Legionarios de Cristo (antes incluso de que la Santa Sede se pronunciara sobre el P. Marcial Maciel), y también de otros abusos psicológicos que son moneda corriente dentro del Opus Dei. Más bien, al contrastar esos datos con lo que yo había vivido dentro del Sodalicio, fue que poco a poco pude darme cuenta de que yo mismo había sido víctima de abusos psicológicos y físicos. Aún así, sigo siendo católico por convicción y motivos personales, que he explicitado en la columna POR QUÉ SIGO SIENDO CATÓLICO publicada en mi blog. Ciertamente, mi percepción de la Iglesia ha evolucionado, a la cual considero principalmente como un pueblo formado por fieles creyentes seguidores del Jesús de los Evangelios. Y lamentablemente, en la jerarquía eclesiástica abundan quienes no pueden ser considerados como tales, pues con sus actos traicionan las palabras de Jesús y crucifican a las víctimas de abusos. Ante esto, sólo se puede seguir siendo católico si uno asume como programa las palabras que Juana de Arco les dirigió a los jueces eclesiásticos que la condenaron a la hoguera: «Los hombres de Iglesia no son la Iglesia».

¿Te duele el papel que ha jugado el Congreso al darles la espalda?

No es el Congreso el que nos ha dado la espalda, cortando la posibilidad de una comisión investigadora, sino el fujimorismo, aliado natural de los sectores más conservadores y retrógrados del catolicismo. Una investigación a fondo en el Congreso hubiera sido una ventana abierta para que se sepa toda la verdad sobre el Sodalicio y sobre su sistema doctrinal y disciplinario que atenta contra derechos fundamentales de las personas y favorece la comisión de delitos contra la libertad y la propiedad privada. Esta propuesta ha sido llevada adelante por algunos congresistas de buena ley, entre los cuales destaca Alberto de Belaúnde. Los abusos sexuales, a los cuales tanta publicidad se ha dado, son solamente una consecuencia marginal de problemas más serios y graves, siendo que el problema del Sodalicio no es la pederastia (la inmensa mayoría de las víctimas de abusos sexuales en el Sodalicio eran ya mayores de edad o adolescentes con madurez sexual) sino la manipulación de las conciencias, el abuso de poder y la sujeción de la libertad interior de tantos jóvenes, cuyas vidas son dañadas permanentemente, comprometiendo seriamente su futuro y su desarrollo como personas normales.

¿Te parece contradictorio que los que han cometido abusos o encubierto abusos hoy sean los abanderados de la defensa de los niños en el caso de la ideología de género y #ConMisHijosNoTeMetas?

No me extraña, pues aquellos que cometieron o encubrieron abusos hasta ahora no han tomado conciencia del alcance de lo que hicieron, y siguen justificando esos actos como «rigores de la formación». Para ellos, las víctimas no son tales, sino personas con malas intenciones que malinterpretaron aquello que experimentaron en el Sodalicio. Y precisamente la moral puritana que propugnan, basada sobre una interpretación fundamentalista de los datos bíblicos y ciega a las investigaciones científicas sobre el tema del género, es el humus donde germinan aquellos impulsos enfermizos que terminan en la perpetración de abusos. No puede haber tolerancia ni una actitud sana hacia los demás en una moral represiva de la sexualidad real.

¿Cómo han lidiado los Papas con los casos de abuso?

Recién con Benedicto XVI comienzan a haber medidas que apuntan a combatir los casos de abuso sexual —que, como ya he indicado, es un problema marginal en el Sodalicio—. Las medidas anunciadas por el actual Papa Francisco, aparentemente más radicales que las del Papa Ratzinger, han sido un saludo a la bandera, pues todo parece indicar que han sido neutralizadas con relativo éxito por la Curia Romana. Sin embargo, considero que las medidas siguen siendo demasiado tibias respecto a la gravedad del problema. Y lo peor de todo es que muy poca atención se le ha prestado a los abusos psicológicos y físicos, que son la madre del cordero, pues constituyen el caldo de cultivo de los abusos sexuales, que son más infrecuentes.

¿Eliminar el celibato sería la solución?

La solución a un problema complejo no puede radicar en una medida simple. No podemos eliminar el derecho que una persona tiene a elegir el celibato, si considera que ése es su camino. Pero mantenerlo como una obligación para todos aquellos que quieren ser sacerdotes, no sólo no encuentra sustento sólido en la Biblia o en la Tradición de la Iglesia, sino que puede generar problemas de sexualidad truncada o reprimida en muchas personas buenas que aman su la vocación sacerdotal, pero que tienen que admitir dentro del paquete el celibato obligatorio. Como decía el difunto Cardenal Carlo Maria Martini, él no creía que todos los llamados al sacerdocio estuvieran también llamados al celibato. Por otra parte, el problema va más allá de esta práctica eclesial. Es en la actual doctrina católica sobre la sexualidad donde se hallan los gérmenes de varios abusos. Mientras no haya una reflexión más profunda sobre este tema, que no tenga miedo de revisar y replantear algunos conceptos, con o sin celibato seguirán habiendo abusos.

¿Crees que el Sodalicio es la única organización religiosa peruana involucrada en estos casos?

Toda organización cristiana basada en la autoridad absoluta, con estructuras verticales, con exigencia de obediencia total, con pensamiento único impuesto a todos sus miembros y con una interpretación fundamentalista de los textos bíblicos presentará con alta probabilidad casos de abusos como los que han ocurrido en el Sodalicio. En el contexto peruano, se me vienen a la mente instituciones como el Camino Neocatecumental, el Opus Dei, Pro Ecclesia Sancta y Lumen Dei, aunque no descarto casos de abusos en órdenes tradicionales, especialmente si el ambiente es muy conservador y puritano.

EL FUNDAMENTALISMO CATÓLICO

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Juan Pablo II con Kiko Argüello y otros miembros del Camino Neocatecumenal

Hanspeter Oschwald (1943-2015) fue un periodista alemán católico, que dedicó gran parte de su vida a escribir de manera crítica sobre el Vaticano y la Iglesia católica.

Recientemente he comenzado a leer el fascinante libro que escribió con el título En nombre del Santo Padre. Cómo fuerzas fundamentalistas manejan el Vaticano (In Namen des Heiligen Vaters. Wie fundamentalistische Mächte den Vatikan steuern, Wilhelm Heyne Verlag, München 2010) sobre el pontificado de Benedicto XVI y los grupos fundamentalistas que comenzaron a ganar en poder e influencia con Juan Pablo II y se afianzaron durante el pontificado del Papa Ratzinger.

Cuenta allí que, poco antes de la elección de Ratzinger, conversando con su amigo y colega Giancarlo Zizola (1936-2011), uno de los más renombrados vaticanistas que jamás haya habido, éste le comentó que un informante suyo, un arzobispo curial conocido por su seudónimo de “Angelo d’Oltretevere” en sus escritos, le había dicho lo siguiente: «El problema más grande que le espera al siguiente Papa lo constituyen los movimientos. Son una bomba de tiempo, que explotará en cuanto el Papa intente integrarlos de nuevo en la disciplina de la Iglesia».

Aparentemente, Ratzinger no se esforzó en poner orden en este problema, sino que se valió de los movimientos para llevar adelante su proyecto de restauración de la Iglesia. Sin mucho éxito, pues lo que la Iglesia necesitaba para cumplir su misión en el mundo actual era retomar lo iniciado por el Concilio Vaticano II.

Pero a Ratzinger tampoco hay que quitarle méritos. Allí donde puso acertadamente el dedo en la llaga, explotó la bomba. A saber, con los Legionarios de Cristo y la Comunidad de las Bienaventuranzas, cuyos respectivos fundadores —el P. Marcial Maciel y el diácono laico Gérard Croissant— cometieron abusos sexuales, el primero en perjuicio de jóvenes seminaristas y el segundo en perjuicio de jóvenes integrantes femeninas de su comunidad. En este último caso, el fundador fue suspendido del ministerio diaconal y expulsado de la comunidad. He aquí un precedente de algo que el Sodalicio todavía no ha hecho y que no sabemos qué diablos está esperando para hacerlo.

Oschwald veía en los movimientos el peligro de una sectarización de la Iglesia, debido a una postura intransigente basada en una interpretación fundamentalista de la doctrina. Para describir esta posición, reproduce las conclusiones del teólogo y periodista independiente Peter Hertel, quien tras haber leído publicaciones de grupos fundamentalistas católicos durante años, presentó las principales características de estos grupos en su libro Guardianes de la fe (Glaubenswächter).

  • El fundamentalismo cree que la Iglesia está amenazada desde dentro.
  • El fundamentalismo ve a la Iglesia sobre todo de manera jerárquica y centralista, y ello por obra de la voluntad divina. Toda crítica al Santo Padre y a (la mayoría de) los obispos es falta de fe y conduce a la decadencia; la Iglesia es presentada monolíticamente (una fe, un bautismo, un solo bando).
  • El fundamentalismo asume que la fe católica (la verdad) sería invariable desde los inicios; los leales se sienten como parte de una Iglesia cerrada y militante.
  • El dinamismo en la Iglesia va siempre de arriba hacia abajo (enseñar, no aprender; anunciar, no preguntar).
  • La escala de valores la encabeza la continencia sexual y todo aquello que esté relacionada con ella.
  • Los fundamentalistas católicos, de manera diversa según la región del mundo, han desarrollado imágenes poderosas de supuestos enemigos, por ejemplo, el protestantismo, el pluralismo, la democracia, la libertad de conciencia, el judaísmo, el Islam, el comunismo ateo (o ateísmo comunista), la teología de la liberación.
  • La devoción mariana, las apariciones marianas y una fe ingenua en los milagros juegan un papel central.
  • Todos luchan “a favor de la vida”, pero no tanto en contra de la pena de muerte sino mucho más en contra de toda forma de aborto.

Si bien en el libro de Oschwald sólo se menciona al Opus Dei, a los Legionarios de Cristo, al Camino Neocatecumenal, a los Focolares, a la Comunidad de San Egidio y a Comunión y Liberación como ejemplos en mayor o menor medida de esa mentalidad, el perfil también se aplica como guante al dedo al Sodalicio de Vida Cristiana y al Movimiento de Vida Cristiana.

¿Pero cómo algunos católicos se convierten en fundamentalistas? ¿Cómo forman las organizaciones a su personal? Son preguntas válidas que se hace Oschwald y que le hacen pensar en métodos de lavado de cerebro. A fin de esbozar una respuesta, recurre a los ocho criterios que el ex focolarino Gordon Urquhart pone en su libro La armada del Papa (The Pope’s Armada).

  1. Los grupos buscan asegurarse la libre disposición respecto a lo que el individuo ve, oye y lee, después sobre todo lo que escribe, experimenta y expresa. Al individuo le son arrebatadas de manera selectiva las posibilidades de reflexionar y decidir personalmente.
  2. Los controladores crean una situación que les impone a los participantes un patrón de comportamiento y sentimientos, como por ejemplo la compulsión a la sonrisa constante y la alegría. El esfuerzo de mantener los modos de comportamiento en entornos aislados sin contacto con el exterior produce sentimientos de euforia. Los controladores generan un aura mística en torno a la institución manipuladora. Las víctimas se sienten herramientas escogidas.
  3. Se transmite que sólo aquello es bueno que concuerda con la propia ideología. Al individuo se le enseña que sólo será puro, si se comporta de acuerdo a la enseñanza de la comunidad.
  4. La pureza se examina en confesiones y autoinculpaciones abiertas y deviene en neurosis. De este modo se origina dependencia a través de sentimientos de culpa. Entregarse significa rendirse, lo cual, por otra parte, sólo se le exige a los miembros sencillos. Los superiores se mantienen personalmente a cubierto y no dejan ver sus cartas. Informes de experiencias a ser entregados continuamente por sus súbditos les aseguran a los de más arriba un conocimiento dominante, que puede ser utilizado incluso para extorsionar a los individuos.
  5. La organización presenta su dogma central como el ideal para el ordenamiento de la existencia humana.
  6. Elección estandarizada de palabras y fórmulas de uso interno así como una jerga doméstica de tipo sectario distraen el pensamiento y fomentan el sentimiento de pertenencia.
  7. Cambios de la personalidad son examinados a través de informes continuos. Ya no hay esfera privada o íntima.
  8. A continuación, la organización les concede a los que han sido sometidos o inhabilitados una especie de ascenso a una existencia más elevada, a una unidad con los ideales fundacionales. Los así “recompensados” derivan entonces de ello la obligación de obedecer absolutamente.

Para los fundamentalistas católicos, el contenido de la fe es secundario frente a quién lo diga y a quién tenga el poder en la Iglesia, pues su preocupación principal siempre ha sido ver a quién obedecer, es decir, estar del lado de quien lleva la batuta en los pasillos del Vaticano, y no reflexionar de manera madura sobre lo que nos enseña la fe cristiana. Como decía Gugliemo Bosello, vocero de los Focolares en la central romana: «Nosotros no somos una secta. Estamos con la jerarquía». ¡Y hay que ver qué jerarquía!

El gran peligro de los nuevos movimientos ha estado en su apoyo a los sectores más conservadores de la Iglesia, en base a un concepto estático de tradición que mantiene la ilusión de que muchos enunciados doctrinales, enseñanzas morales y prácticas litúrgicas de la Iglesia católica se remontan de manera inalterable a los inicios del cristianismo, y por lo tanto, terminan aislándose de los problemas reales del mundo actual, lo condenan atribuyéndole una “dictadura del relativismo” —desafortunada frase del Papa Ratzinger— y se resisten a adaptar las perennes enseñanzas cristianas del Jesús de los Evangelios a un mundo que ya no comprenden. En el cual hay infinidad de católicos que no quieren estar sometidos a una jerarquía cada vez más desprestigiada, pero que, como miembros vivos del Pueblo Dios, mantienen la ilusión de poder contribuir entusiasta y libremente a testimoniar el amor de Dios hacia los hombres sin distinciones, sin restricciones, sin fronteras, sin prohibiciones absurdas, sin estrechez de miras. Que así sea.

LA PUNTA DEL ICEBERG

la_punta_del_icebergDebo confesar que yo nunca vi nada.

Durante el tiempo que viví en comunidades sodálites no observé nada que me llevara a pensar que se cometían abusos sexuales de gravedad. Yo mismo no puedo confirmar ninguno de estos abusos, salvo el que se cometió conmigo cuando tenía 16 años y que para mí fue más bien un abuso psicológico con una marcada connotación sexual (ver SOBREVIVIENTE DEL SODALICIO).

Sin embargo, en el año 2008, tres años antes de que se diera a conocer que Germán Doig había abusado de jóvenes a su cargo, yo ya había llegado a la conclusión de que podían haber varios sodálites con una sexualidad desbordada que los llevaba a tener una doble vida. El caso de Daniel Murguía, atrapado in fraganti por la policía en octubre de 2007 cuando fotografiaba a un menor de edad al cual le había practicado una felación, me trajo a la memoria los años de angustia que yo había vivido en comunidad, acosado por obsesiones sexuales que aparecían con fuerza inusitada cada cierto tiempo y me hundían en abismos de culpabilidad y tragedia. Hasta ese momento había considerado lo mío como un caso aislado, como expresión de una debilidad personal que me había llevado al fracaso en mis deseos de plasmar el ideal sodálite dentro de un estilo de vida propio de un laico consagrado y célibe.

Lo de Murguía me llevó a replantear este supuesto. ¿Era yo el que que había fallado o eran más bien el estilo y la disciplina sodálites los que habían generado las condiciones para que yo desarrollara esas tendencias enfermizas, alejadas de un desarrollo sano de la sexualidad? Murguía, a quien yo recordaba como un joven de carácter dulce y bondadoso, se convirtió para mí en ese entonces en la punta del iceberg. Él también era uno de aquellos en quienes la sexualidad se había salido de su cauce.

Más aún, al ir reconstruyendo en base a mis recuerdos la manera cómo se trataba el tema de la sexualidad en las comunidades sodálites, fui armando un cuadro con una serie de indicios inquietantes que hacían presentir algo turbio en el fondo (ver SODALICIO Y SEXO). Recordé entonces los casos de sodálites consagrados que habían tenido problemas de faldas y que habían vivido en las mismas comunidades donde yo estaba: un joven considerado sodálite ejemplar que fue traído de Chincha para estar en observación en la comunidad Nuestra Señora del Pilar por haberse liado con una chica; otro que sintió atracción por una mujer casada que trabajaba en su oficina y no resistió la tentación de acostarse con ella y echar todo por la borda; otro que se enamoró de una joven vecina y fue visto besándose en la boca con ella en la camioneta combi en la cual había salido a hacer unos encargos. Éste último pasó sus últimas noches en la comunidad sufriendo pesadillas; yo mismo escuchaba sus gritos cuando se despertaba angustiado en medio de la noche. Y en San Bartolo, a donde eran enviados para “discernimiento espiritual” todos estos casos problemáticos, vi a otro consagrado que también había sido traído de Chincha, el cual siempre estaba bajo vigilancia de otros dos sodálites cuando salía a rezar el rosario en el malecón. En ocasiones, no pudo evitar quedarse mirando a alguna que otra chica en bikini que se soleaba en la playa. Algo sumamente normal. Pero dada su condición de vida, esta normalidad había degenerado en algo obsesivo.

Aun cuando no sabía cuántos eran los sodálites obsesionados con lo sexual y tampoco hasta dónde eran capaces de llegar a fin de satisfacer sus pulsiones, tuve la certeza de que el sistema de disciplina del Sodalicio era una bomba de tiempo que podía explotar en cualquier momento, si no se tomaban medidas correctivas.

¿Cómo había llegado yo a este punto, que me permitió romper el control mental o influencia social que ejerce el Sodalicio sobre aquellos que han seguido sus derroteros? Se trata de un largo proceso que ya se había iniciado en Lima cuando pasé de ser un laico consagrado con promesas temporales a ser un simple sodálite con vocación al matrimonio —y, por ende, dejé de vivir en comunidad—. Este proceso se profundizó cuando me radiqué en Alemania —todavía considerándome miembro activo del Sodalicio— y comencé a leer literatura crítica sobre el Opus Dei, lo cual me llevó a tomar conciencia de las características sectarias y fundamentalistas de esta organización de la Iglesia católica. Curiosamente, estas características coincidían con muchas que yo veía en el Sodalicio y en el Movimiento de Vida Cristiana.

Por ejemplo, he encontrado un e-mail mío del 15 de febrero de 2005, en el cual le escribía a un amigo mis reflexiones sobre el Christian Life Movement USA (Movimiento de Vida Cristiana en Estados Unidos) en base a los mensajes que había leído en el Yahoo Group CLMUSA, que fue creado por el Dr. Luis Ráez a fin de mantener la comunicación entre miembros del Movimiento de Vida Cristiana que residían en los Estados Unidos y en otros países del extranjero:

Se me han ocurrido [algunas] características que acercan al Christian Life Movement USA al fundamentalismo, en base a lo que he observado en el Yahoo Group:

  • Excesiva preocupación por que todos piensen lo mismo, incluso en asuntos discutibles en los cuales es legítimo tener diversidad de opiniones.
  • Actitud paternalista de las personas que se sienten “formadas” con respecto a los que son nuevos o recientes en el grupo; eso lleva a falta de disponibilidad para aprender de esas personas en lo que pueden aportar desde su bagaje cultural y su formación.
  • Preocupación excesiva por temas de moral familiar y sexual: de hecho, temas como el aborto, el preservativo, la homosexualidad, etc. son tocados con bastante frecuencia, especialmente por quienes conducen el CLM (MVC) en USA.
  • Acento bastante marcado sobre temas espirituales y poca atención a los problemas cotidianos con que el común de la gente se topa en el mundo.
  • Reducción espiritualista: muchos problemas son explicados puramente desde una interpretación espiritual (el demonio, el pecado, el mundo, el paganismo como causas, por ejemplo). Si bien éstas son causas remotas, es necesario ir también a las causas próximas para poder enfrentar los problemas.
  • Preocupación “farisaica” por la santidad ajena. Algunos de los “antiguos” o “formados” me escribieron preocupados por mi santidad, asumiendo que algunas de mis reflexiones eran producto de una crisis espiritual. Por supuesto, sin atender a los contenidos mismos de mis mensajes ni a la lógica implicada en ellos.

Este e-mail, cuyo contenido también se puede aplicar a la Familia Sodálite en general, fue enviado con copia a un sodálite que es actualmente sacerdote. Pues mis reflexiones de entonces nunca fueron clandestinas, sino que siempre fueron compartidas con personas vinculadas al Sodalicio o al Movimiento de Vida Cristiana. Lo cual no se tradujo en esfuerzos de cambio, sino más bien en que yo fuera calificado de loco problemático que estaba pasando por una crisis espiritual.

Al mismo tiempo, ya me había enterado de las acusaciones que había contra el P. Marcial Maciel, fundador de los Legionarios de Cristo, las cuales me parecían absolutamente verosímiles. También había leído sobre las características que presentaba esta organización católica. Otra vez las semejanzas con el Sodalicio saltaban a la vista.

Cuando el 19 de mayo de 2006 el Papa Benedicto XVI condenó a Maciel a «una vida de oración y penitencia» sin especificar cuáles eran los delitos que había cometido, envié a varios miembros de la Familia Sodálite información que había encontrado en Internet sobre los delitos de pederastia cometidos por el cuestionado fundador. En general, casi ninguno de los destinatarios quiso darle crédito a las acusaciones, considerándolas una especie de complot contra la Iglesia por parte de personas mal intencionadas. Nadie creía que el fundador de una institución tan ideológicamente cercana al Sodalicio hubiera cometido delitos de semejante calibre. Si uno revisa las noticias que publicaba ACI Prensa en ese entonces, comprobará que la agencia de noticias se hizo eco de la versión de los Legionarios de Cristo, quienes seguían creyendo que su progenitor espiritual era un santo y que la sanción era un especie de prueba divina para afianzar su fidelidad a Dios y a la Iglesia. Eso cambiaría recién en febrero de 2009, cuando los mismos Legionarios de Cristo confirmaron la vida sexual secreta de su fundador. Cosa que da que pensar, pues el Sodalicio no ha confirmado todavía con absoluta claridad la culpabilidad de Figari en los abusos cometidos, sino sólo de manera indirecta y en términos bien diplomáticos y tibios.

Como anécdota puedo contar que en julio de 2007, cuando andaba buscando trabajo, postulé a un puesto de asistente de recaudación de fondos para una oficina católica con sede en Colonia, que resultó ser la filial de los Legionarios de Cristo en Alemania. Tuve una entrevista con Charles Mollenhauer, responsable de la oficina, y luego fui invitado a visitar el seminario de la congregación en Bad Münstereifel, cerca de Colonia, donde mantuve una breve conversación con un sacerdote que me sondeó personalmente, a fin de ver sí yo era la persona adecuada para ocupar el puesto vacante. El estilo y la decoración del seminario, con salitas externas para recibir a los visitantes, me parecieron muy similares a las de las comunidades sodálites. De igual manera, el tipo de preguntas que me hizo el clérigo así como el estilo de comportarse me dieron la impresión de esta hablando con un sacerdote sodálite. Finalmente, el trabajo no llegó a concretarse, aun cuando en ese momento yo estaba dispuesto a colaborar con una institución de la Iglesia católica no obstante los cuestionamientos que había en torno a su fundador.

Con todo este bagaje de conocimientos, sumado a los desórdenes personales que yo mismo había sufrido bajo la disciplina sodálite cuando viví en comunidad, sólo había que sacar las cuentas y la conclusión a la que se llegaba era preocupante.

Cuando en febrero de 2011 se reveló a través de Diario16 que Germán Doig había abusado sexualmente de varios jóvenes sodálites, yo ya había sido informado previamente por un sodálite consagrado que estaba al tanto de las reflexiones que había hecho yo sobre el Sodalicio. Dado que ya sabían por entonces en la institución sodálite que en algún momento iba a salir la noticia en la prensa, habían decidido informar oficialmente sobre el asunto a todos los miembros de la Familia Sodalite.

Poco tiempo después, una persona con la que yo había hablado en muy pocas ocasiones en el pasado y con la cual no guardaba mucha cercanía se comunicó conmigo a través de Skype. Se trataba de Rocío Figueroa. Ella y Pedro Salinas estaban buscando comunicarse con ex sodálites para que hablaran de su experiencia en el Sodalicio. Éste fue el inicio de una comunicación que pronto se convertiría en colaboración a fin de desenmascarar al Sodalicio y, eventualmente, lograr que la Santa Sede tomara cartas en el asunto. Pues tanto ellos como yo estábamos convencidos de que el problema era estructural y no de “casos aislados”.

Durante los años 2011 y 2012 la comunicación se realizó principalmente a través de correo electrónico. Posteriormente varias de las comunicaciones se harían a través de Skype. Compartí con Pedro y con Rocío las reflexiones que hasta ese momento había plasmado en varios escritos. Asimismo, le proporcioné a Pedro los nombres de varias personas que, en mi opinión, podían ser contactadas para obtener información desconocida sobre el Sodalicio. Mi e-mail del 21 de febrero de 2011 terminaba con una advertencia profética:

…si deseas llevar la investigación a buen término, deberás prepararte para la guerra sucia. Los sodálites nunca responden directamente a los argumentos, sino que aplican estrategias para desacreditar a las personas, perjudicarlas económicamente y hacerlas callar. Las agresiones verbales estarán a la orden del día. Pero si nadie se atreve a contar la verdadera historia, no sé quien lo hará. Te deseo suerte.

Asimismo, el 24 de febrero de 2011 le envié a Pedro una lista de preguntas, muchas de las cuales han sido respondidas en el libro Mitad monjes, mitad soldados:

Creo que hay algunas preguntas clave que requieren de una investigación y que ameritan ser respondidas para entender el desarrollo del Sodalicio.

  • ¿Quiénes fundaron el Sodalicio?
  • ¿Quiénes conformaban el grupo de estudios del cual salió el Sodalicio?
  • ¿Qué tipos de estudios hacían? ¿Qué orientación tenían?
  • ¿A qué asociaciones o grupos perteneció Luis Fernando Figari antes de que el Sodalicio fuera fundado?
  • ¿Qué pasó en el Colegio Santa María para que fuera expulsado como profesor a inicios de los ’70? Sólo conozco la versión de Luis Fernando.
  • ¿Por qué también terminó saliendo del Colegio Maristas San Isidro?
  • ¿Qué contactos tenía Luis Fernando en España, Argentina y México, y cuáles eran los grupos con los que había entrado en contacto?

Al principio tuve mis reparos hacia Pedro Salinas, pues sabía que era agnóstico y yo no estaba de acuerdo con algunas de las críticas que había publicado contra la Iglesia y contra el Papa Benedicto XVI. Esto fue lo que le escribí el 7 de marzo de 2011:

A partir de todo el material que te he enviado, habrás visto que mi posición sigue siendo la de alguien que sigue manteniendo la fe, cosa que espero que respetes, así como yo respetaré tu posición, sea cual sea. Pues son temas de conciencia, que no pueden ser juzgados legítimamente por nadie en este mundo.

Así como para unos la Iglesia es la institución, para otros —entre los cuales me cuento— se trata de algo más complicado, que abarca la historia de un pueblo, un colectivo con su pasado/presente/futuro, con todas sus contradicciones, con múltiples tendencias encontradas, donde algo misterioso, incomprensible, inabarcable se manifiesta, y que yo desde mi propia experiencia no puedo negar. Es un devenir histórico con abundantes líneas torcidas, que van armando un rompecabezas cuyo acabado final nunca veremos. Y donde siempre faltará una que otra pieza. Todo lo contrario de la imagen idílica de Iglesia que se nos pintó en el Sodalicio, pues —como en la realidad misma— en la Iglesia no todo parece ser lo que es.

No digo esto por ganas de filosofar, sino porque sólo sobre este trasfondo se entienden algunas de las afirmaciones que aparecen en los textos que te adjunto a este e-mail.

El primero es un e-mail que le envié el 25 de enero de 2011 a Manuel Rodríguez, con mis impresiones sobre el caso de Germán Doig [ver CARTAS A MANUEL].

El segundo texto es más delicado, pues toca el tema de la sexualidad dentro del Sodalicio. Lo escribí en agosto del 2008. Tal vez estén allí algunas de las claves para entender los casos de “doble vida” [ver SODALICIO Y SEXO].

Pedro me respondió ese mismo día:

Que yo haya perdido la fe y me haya vuelto un agnóstico, ojo, no significa que mire con desprecio al resto que no comulga con mi posición de descreído, que, es verdad, también es bastante crítica de la institución eclesial católica. Si algo, creo, he aprendido es a ser tolerante con todo el mundo. Por encima de las ideas creo que está el valor de las personas. Y si ellas me inspiran aprecio y respeto, como en tu caso, las valoraciones ideológicas, filosóficas, religiosas o políticas, o lo que sean, no me van a llevar al sendero de demonizar, etiquetar o calificar o polarizar puntos de vista.

Que me ponga radical en mis columnas, no significa que lo sea en lo personal. Usualmente mis artículos tienen cierta carga de extremismo, o de ironía, o de pesimismo, o de algo así, para provocar y generar reacciones. Nada más. Solamente me pongo intolerante con la intolerancia, aunque la frase me haya salido medio huachafa.

De manera similar a como había ocurrido en otros casos de escándalos sexuales dentro de la Iglesia católica, sabíamos que nada se iba a hacer si el asunto no se ventilaba en la prensa, de preferencia internacional. Uno de los primeros intentos de lograr este objetivo se presentó con el periodista Thomas Seiterich, quien escribe regularmente para la revista Publik-Forum de los católicos críticos alemanes, el cual tenía que escribir un artículo sobre los casos de abusos sexuales en América Latina donde se mencionara al P. Marcial Maciel y el entonces reciente caso de Germán Doig. En comunicación telefónica con él, le conté algo de lo que yo ya sabía y le di los datos para que pudiera contactar a Pedro Salinas, quien le proporcionó información adicional. El artículo apareció en la edición del 21 de octubre de 2011 bajo el título de Absturz eines Papstfreundes [Caída de un amigo del Papa] (ver https://www.publik-forum.de/Publik-Forum-20-2011/absturz-eines-papstfreundes o http://www.wir-sind-kirche.de/?id=393&id_entry=3703) y aunque a grosso modo la información era correcta, el escrito tenía un estilo sensacionalista, algunos datos errados, otros inventados, e iba acompañado de una foto de Germán Doig y otra de unos niños de piel cobriza bien vestidos para su Primera Comunión, lo cual lamentablemente daba una imagen errónea de quienes habían sido las víctimas de Doig.

El artículo no tuvo mayor resonancia y pasó sin pena ni gloria. Pero me confirmó en la convicción de que sólo alguien que había sido miembro del Sodalicio y lo había experimentado desde dentro estaba en capacidad de suministrar un perfil acucioso de la institución y describir con exactitud su problemática. Poco a poco me fui dando cuenta de que lo que yo sabía iba a ser de vital importancia para sacar adelante la investigación de Pedro Salinas y Paola Ugaz. Y que en algún momento tendría que hacer públicas mis reflexiones. ¿Cómo? Aún no lo sabía.

“Dar la vuelta a la página” y olvidarme del asunto me parecía una cobardía, más aun cuando era consciente de que había víctimas que habían visto arruinadas sus vidas por causa de los abusos. Además, había otra razón de fe: no quería tener que rendirle cuentas a Dios de haber callado, cuando tenía la capacidad de ver a fondo el quid los problemas y disponía de abundante información sobre el tema, enriquecida con lecturas diversas.

Lo demás es historia conocida. En noviembre de 2012 comencé a publicar en este blog por decisión propia los textos que había ido preparando, a fin de ir desmenuzando paso a paso el sistema ideológico y disciplinario del Sodalicio. Fue una tarea ardua que al final rindió sus frutos. Aún antes de que estallara el escándalo, a través de artículos y entrevistas que aparecieron en Diario16 y La República, e incluso en una revista ecuménica de Alemania, Welt-Sichten, en su edición de noviembre de 2014. El artículo lleva el título Option für die Reichen [Opción por los ricos] (ver https://www.welt-sichten.org/artikel/25553/option-fuer-die-reichen?page=all) y fue redactado por Hildegard Willer, una periodista alemana que reside habitualmente en Lima (Perú), quien se puso en contacto conmigo a través de Skype para conversar largo y tendido sobre el Sodalicio. Como quería tener también la versión sodálite y no solamente la de la parte crítica, me comuniqué con mi hermano Erwin Scheuch, quien accedió a concederle una entrevista. El resultado, aunque adolece de algunas imprecisiones menores, constituye uno de los artículos más equilibrados y objetivos sobre el Sodalicio que haya sido escrito por alguien ajeno a la institución.

Por último, he de reconocer que la investigación de Pedro Salinas y Paola Ugaz siempre se desarrolló con la más absoluta discreción. Nunca se me dio a conocer los contenidos de los testimonios anónimos, ni nunca supe quienes eran los verdaderos nombres detrás de los seudónimos. Nunca supe los nombres de las víctimas de Germán Doig y Luis Fernando Figari. Atando cabos y hurgando en el desván de mi memoria podía deducir algunos hechos y circunstancias, y a veces le planteaba estos razonamientos a Pedro, a ver qué opinaba y si podía confirmarme que andaba por el buen camino. Debo admitir que a veces él mismo se sorprendía, pues lo que yo le planteaba no se le había ocurrido hasta ese momento, y en ocasiones se convertía en un dato interesante que le ayudaba a hacer avanzar la investigación, que a fin de cuentas es de mérito suyo y de Paola.

Como ya he señalado, yo mismo no puedo confirmar ningún abuso sexual, salvo el que se cometió conmigo cuando tenía 16 años. Sin embargo, fui testigo de muchos abusos psicológicos y físicos, y yo mismo fui víctima de ellos. Yo mismo puedo corroborar la veracidad de otros testimonios que aparecen en Mitad monjes, mitad soldados, sobre todo los de Pedro Salinas y José Enrique Escardó. Lo cual constituye una razón suficiente y de peso para ser contactado por la Fiscalía. Hasta ahora eso no ha ocurrido, no obstante que yo mismo he manifestado abiertamente que el testimonio de Matías es el mío, además de que tengo una dirección de e-mail conocida de todos.

A fin de ahorrarle tiempo y esfuerzo a la fiscal María del Pilar Peralta, en caso de que quiera comunicarse conmigo por otra otra vía, incluyo aquí mis datos personales:

Nombre completo: Teodoro Martín Scheuch Pool
Nombre en Alemania: Martin Scheuch
Documento de identidad: DNI 07732277
Teléfono: 0049-6347-9829882
Correo electrónico: lineastorcidas@yahoo.de
Usuario de Skype: martinscheuch

Espero que se tomen cartas en el asunto y se haga una investigación seria, que permita establecer la existencia de delitos en perjuicio de quienes somos víctimas del Sodalicio. No sería poco, aun cuando no se pueda castigar a los culpables. Que así sea.

EL SODALICIO CONTRA LA GUITARRA ROTA

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Este post es complementario de mi anterior escrito EL SODALICIO CONTRA LAS LÍNEAS TORCIDAS.

Los intentos del Sodalicio de acallar una voz crítica como la de LAS LÍNEAS TORCIDAS no son nuevos. Algo similar me ocurrió con mi primer blog, LA GUITARRA ROTA, donde incluí textos en que relataba —a partir de mi propia experiencia— algunos aspectos de la historia de Takillakkta, emblemático grupo musical folklórico de la Familia Sodálite, del cual yo fui uno de los fundadores y en cual yo ejecutaba la guitarra, además de contribuir a su repertorio con composiciones propias. La versión que yo contaba difería de la versión oficial (incluida en una página web de Takillakta que ya no existe; ver https://web.archive.org/web/20150615013203/http://takillakkta.org/), la cual resumía la historia del grupo escuetamente sin dar mucho detalle y de manera idealizada. Además, dispersos en mis textos había críticas a algunos elementos institucionales del Sodalicio, sin mencionarlo por su nombre.

Inicié ese blog en enero de 2009. Recién a fines de ese año un sodálite con un alto cargo se comunicó conmigo, llamándome la atención y exigiéndome que retirara varios contenidos de mi blog. Yo aún no había hecho público mi alejamiento del Sodalicio y este sodálite supuso que yo todavía me sentía miembro de la institución, por lo cual pensó que podía exigirme ciertas cosas apelando a la obediencia —dándome por supuesto las explicaciones del caso, que yo debía aceptar como verdad incuestionable—. Por supuesto que le comuniqué mis discrepancias, le hice quedar claro que yo ya no me sentía identificado con el Sodalicio y que, por lo tanto, no le debía obediencia a nadie en la institución y era yo el que tenía que decidir qué contenidos debía incluir en mi blog. El siguiente es el e-mail que le escribí el 30 de noviembre. Como de costumbre, he eliminado todos aquellos párrafos con contenidos puramente privados y personales, dejando sólo aquello que es de interés público.

Planteaste la presencia de mi blog en el ciberespacio como una falta contra el derecho a la buena reputación de ciertas personas, al hacer yo público lo que debe arreglarse en el ámbito privado entre las personas implicadas. Sobre si lo que yo cuento se ajusta a la verdad, no comentaste nada al respecto con suficiente claridad. Dicho en otras palabras, me diste a entender que el haber publicado mi blog era una falta ética, independientemente de que sea cierto o no lo que se dice allí.

He vuelto a revisar mi blog y no he encontrado nada que pueda considerarse como revelación de secretos íntimos de las personas. El blog busca presentar de alguna manera mi experiencia personal en cuanto autor y compositor de canciones y uno de los fundadores del grupo Takillakkta. La finalidad principal es buscar que las canciones que yo he compuesto no se pierdan —tanto aquellas que ha interpretado Takillakkta como aquellas que no—, hacer un ajuste de cuentas con mi propia obra —señalando aquello que considero valioso y aquello que no en mis propias composiciones— y hablar un poco sobre el trasfondo histórico y social que rodeó mi experiencia personal con Takillakkta. Evidentemente, no se puede hacer esto sin mencionar a otras personas implicadas y relatar los hechos que llevaron a que no se respetara la integridad de las letras de algunas canciones.

También se hace evidente una crítica a algunos aspectos del Sodalicio —sin mencionarlo por su nombre, para que lo entienda sólo quien sepa a qué me refiero—. Y en este punto tengo la impresión de que no has entendido bien mi posición, pues me hablaste de que si dejaba de lado el Sodalicio cometía una especie de “suicidio espiritual”. Francamente, no creo que esto pueda darse en quien tiene la intención —y siempre la ha tenido— de ser fiel a la Iglesia fundada por Cristo y busca caminos para vivir su compromiso de fe de manera auténtica. Dejar de lado un estilo, una espiritualidad —yo diría en este caso ideología religiosa—, una institución con la cual uno ya no se identifica, puede ser doloroso, pero si eso va unido a un deseo de seguir caminando junto con la Iglesia bajo la luz del Espíritu Santo, intentando testimoniar a Jesús en la propia vida, podemos hablar más bien de “resurrección espiritual”.

Has de saber que, una vez que dejé de vivir en comunidad, busqué contribuir con mis talentos en la misión para la cual Dios había llamado al Sodalicio. Sin embargo, encontré poco apoyo de parte de la institución, aunque sí de una cuantas personas concretas. Poco a poco sentí que se me iba marginando de varias iniciativas: del Instituto Nuestra Señora de la Reconciliación, de los círculos de estudios, de los proyectos musicales. E incluso supe de algunas habladurías que corrían sobre mí, sin fundamento. La decisión de irme con mi familia a Alemania se debió en parte a las pocas oportunidades de trabajo que encontraban, pero también en parte a cierta marginación de la cual había sido objeto en algunos ámbitos vinculados a la Familia Sodálite. Mi deseo era trabajar para la Iglesia en un lugar donde todavía nadie se hubiera formado prejuicios sobre mí. Incluso aquí en Alemania hemos estado atentos a oportunidades para poder colaborar con la Familia Sodálite en lo posible, organizando, por ejemplo, la estadía de los emevecistas que vinieron a la Jornada Mundial de la Juventud en Colonia [en el año 2005].

Tienes que comprender que uno puede seguir teniendo actitudes positivas hacia la institución en la cual ha encontrado la fe, pero llega el momento en que uno se cuestiona todo lo que ha vivido, al no ver una correspondencia, ni siquiera una preocupación hacia nosotros que hubiera podido expresarse con un simple «gracias».

El momento de quiebre llegó cuando supe que se había hecho saber de manera pública de la expulsión por falta grave reiterada de una persona a la que yo siempre he apreciado mucho [Germán McKenzie], más aún cuando nunca se especificó en qué consistía esa falta grave. Y las informaciones que me llegaron apuntaban a que esa “falta grave” no era tal, y que eran otros los motivos por los cuales esa persona había tomado la decisión de separarse de la institución. A eso se sumó el develamiento del [caso] del pobre Daniel [Murguía], cosa a la cual se le dio punto final con un simple «no sabíamos» y una expulsión ipso facto. Me pregunto si habrá habido una reflexión posterior sobre si lo que hizo este muchacho guardaba una relación con el estilo de vida que se da en las comunidades, que —por otros testimonios que he conocido— es capaz de lesionar psicológicamente a algunas personas.

Me has dicho que si persisto en mantener mi blog en el ciberespacio, me haré daño mí mismo y que ya hay varias personas que se han visto afectadas por lo que yo he puesto ahí. Sin un explicación más detallada de este punto por tu parte, no puedo llegar a entender en qué consiste ese daño. Si ustedes le cuentan un cuento a alguien, y ese alguien descubre que no todo es tan bonito como se lo pintan o hay detalles que no corresponden con la realidad, evidentemente se sentirá decepcionado ¿Es ése el daño? Porque mi perspectiva sigue siendo cristiana, católica y fiel a la Iglesia. Te agradecería que me aclares este punto.

Y respecto a que me hago daño, mencionaste que la gente habla mal de mí. Que haya gente que haga eso no es algo que se produce automáticamente a raíz de lo que yo escribo. Se requiere una acción deliberada por parte de algunos, ya sea prejuzgando sin preguntar, ya sea poniendo en marcha rumores, sin buscar averiguar lo que hay en el trasfondo. Y todo eso —lo sé— mina la honra que me es debida. Con el paso del tiempo me he ido acostumbrando a que ello ocurra, sobre todo en un ambiente como Lima donde se tiene esa mala costumbre de juzgar sin conocimiento de causa. Tú me dices que he ido contra la honra de otras personas, al sacar temas privados al ámbito público —lo cual pongo en duda—. Ahora, yo pregunto: ¿y que se ha hecho por restituir mi honra, salvo decirme que yo soy el único culpable de tener mala fama? ¿Tengo que pasarme la vida defendiendo una imagen, poniendo el pecho sobre la espina, cuando lo único que quiero es ser yo mismo auténticamente? ¿O no será que lo único que importa es la imagen del Sodalicio, y que todas las imágenes personales deben ser sacrificadas —si es necesario— para mantenerla, como se hizo con aquella persona a la que oficialmente se “expulsó”?

La crítica al Sodalicio que aparece como trasfondo de algunos de mis comentarios en el blog es válida —y se ajusta a lo que yo personalmente he vivido—. Si quieres podemos dialogar sobre estos aspectos, me puedes comentar cuáles textos no se ajustan en tu parecer a la verdad, y con mucho gusto modificaré algunas de las cosas que se dicen en el blog si tus argumentos son convincentes. Lo que no me parece correcto ni respetuoso es que me impongas qué cosas puedo dejar y qué debo sacar. He de suponer que a Manuel Rodríguez se le deja libertad para poner en su blog lo que quiera. Y algunos resbalones ha tenido, como se evidencia en algunos comentarios que le dejaron cuando todavía no había activado la función de moderación, que le permite ahora filtrar los comentarios que se publican. Que yo publique mi blog es una decisión mía. Ahora bien, podemos negociar algunos puntos. Por eso mismo, he sacado mi blog del área pública hasta que esos puntos no hayan sido resueltos.

Las críticas que yo hago a algunas de las interpretaciones de mis canciones, luego de varios frustrados intentos de que Javier Leturia [sodálite y director de Takillakkta] hiciera las correcciones del caso, aparecieron en la red por primera vez en el año 2000. A pedido de Germán McKenzie suavicé algunos de los comentarios, pero no los saqué de la red. Javier Leturia sabía de estas críticas, pero no hizo nada al respecto. Después de publicar América 500 años en el año 1992, Takillakkta ha sacado sólo tres producciones más, incluyendo sólo una canción mía que data del año 1984, la Plegaria del Año Santo, en el CD Señor de la Esperanza del año 2004. Me queda ahora claro que Takillakkta no iba a interpretar nuevas composiciones mías, y que en realidad no hubo nunca un verdadero interés en las más de 20 canciones nuevas que yo tenía para ofrecer a Takillakkta.

Ahora me dices que Javier no sabe si seguir interpretando canciones mías, lo cual no llego a entender, considerando que nunca he dicho que sea mi intención que Takillakkta dejara de interpretar mis canciones, e incluso he elogiado varias de esas interpretaciones. Como ese tipo de decisiones no son de las que se suelen dejar a la libre decisión de los consagrados del Sodalicio, sospecho más bien que a Javier se le ha dado la orden expresa de que Takillakkta no interprete ninguna de mis canciones. Como yo manifiesto una actitud crítica —y, en consecuencia, se me debe considerar como un disidente—, se ha comenzado con el proceso de borrar todas mis huellas de la historia del Sodalicio, como ya se ha hecho en casos anteriores con otras personas. Indicio de ello es que Takillakkta ofrezca en su página web 23 canciones de su repertorio para su descarga en MP3, ninguna de las cuales es de mi autoría. El problema parece crearles un quebradero de cabeza, pues canciones mías hay en 5 de las 7 producciones de Takillakkta, y mis canciones han hundido raíces en la memoria colectiva del Movimiento de Vida Cristiana. Lo más sensato sería que las sigan interpretando, pues estas canciones fueron creadas como un don a la Iglesia y no como monopolio del grupo.

Insisto en que no me opongo a que Takillakkta interprete mis canciones. No hay nada que sea obstáculo para ello, más aun cuando ICTYS [Instituto Cultural Teatral y Social] sigue siendo la titular de los derechos de las 23 canciones mías que ha grabado el grupo. Si Takillakkta deja de interpretarlas, debo ver en ello la voluntad de los superiores del Sodalicio y una confirmación de los comentarios críticos que yo mismo he expresado. Si esto es cierto, seré yo tal vez el único que pueda mantener viva la memoria de los orígenes de Takillakkta y de las canciones que yo —como fruto de un talento otorgado por Dios— he compuesto. Y para ello tendré que poner los medios necesarios.

Lo siento mucho, pero ya no me puedo identificar con una institución que, por lo general, pocas veces ha estado dispuesta al diálogo —con quien sea—, con un estilo autoritario y marcadamente verticalista, que en varios casos ha coaccionado la libertad de conciencia de las personas y que no muestra transparencia sobre lo que pasa en ella. A lo cual se suma una doctrina que ha evolucionado poco con el paso del tiempo y que, teniendo el potencial para ser una espiritualidad viva, ha devenido en una ideología rígida carente de matices. Lo último que he leído de Luis Fernando [Figari] me ha parecido decepcionante.

Si a esto le sumamos lo que refleja ACI Prensa, el cuadro no puede ser más decepcionante. En cuanto informativo eclesial deja mucho que desear. La gran mayoría de las noticias giran en torno a tres temas: el aborto, la homosexualidad y la eutanasia. El resto se lo reparten la moral sexual, el celibato, chismes simpáticos del Vaticano, cualquier frase que diga el Papa o un obispo afín a la ideología conservadora del informativo y anécdotas sensacionalistas sobre la vida eclesial (condenas de teólogos, proezas religiosas, asesinatos de curas o religiosos, siempre y cuando no sean liberacionistas). A ello se suma la manipulación de la noticia a través de sus titulares y la presentación sesgada de los hechos, sin la mayor pizca de análisis. Ejemplo de ellos es cuando informó sobre el informe de la Comisión de la Verdad y la Reconciliación. Desacreditar todo el documento de más de mil páginas sólo en base a lo en un par de ellas se decía sobre Mons. Cipriani —lo cual estaba además bien documentado— me parece poco serio. Los problemas de pederastia entre el clero son apenas mencionados. Se defendió al P. Maciel, fundador de los Legionarios de Cristo, cuando ya había suficientes indicios como para sospechar con fundamento de su conducta sexual —me refiero a las acusaciones de pederastia— y se ha tocado muy someramente el asunto cuando se destapó que había tenido por lo menos una hija carnal con una mujer, pero cuando se supo de Fernando Lugo, Presidente del Paraguay y obispo reducido al estado laical, que había tenido una hija siendo obispo, la cobertura de la noticia fue mucho mayor, incluso sacando a luz declaraciones de cosas que todavía no habían sido demostradas. Y lo que ya toca extremos fue la manipulación de una supuesta frase de Juan Pablo II dicha en el ámbito privado con el fin de hacer creer que el Papa había avalado la película The Passion of the Christ como si fuera una reproducción fidedigna de lo que realmente pasó durante la Pasión de Nuestro Señor.

ACI Prensa —o su versión en inglés, Catholic News Agency— es un portal público, siendo por tanto legítimas las opiniones públicas que se pueda emitir sobre sus contenidos y su manera de “informar”. No entiendo tu lógica cuando me dices que estas críticas sólo pueden ser canalizadas de manera privada a través de Alejandro Bermúdez, director de la agencia. Sería como pretender que las noticias que publica El Comercio con las cuales uno discrepa deban ser discutidas sólo en privado con su director. Si el Sodalicio avala a ACI Prensa y está de acuerdo con su política “informativa”, me da mucho que pensar.

Me podrías argumentar que tanto Takillakkta como ACI Prensa son iniciativas particulares de miembros consagrados del Sodalicio, y que las responsabilidades recaen únicamente sobre Javier Leturia y Alejandro Bermúdez. Conozco esa figura. Pero también sé que en la realidad no hay iniciativa particular en sentido propio en el Sodalicio, ni nunca la ha habido. Cuando Alfredo Garland escribió Como lobos rapaces, lo hizo por indicación de Luis Fernando Figari y lo que escribía era supervisado por él, Germán Doig y Virgilio Levaggi. Las “iniciativas particulares”, por más que públicamente se las presente como no teniendo ninguna vinculación con el Sodalicio, son dirigidas por personas que obedecen a sus superiores y cuya iniciativa personal es muy limitada. Y siempre ha sido un secreto a voces que estas “iniciativas particulares” son obras del Sodalicio. […]

Todo lo que te he dicho no afecta para nada la propuesta de buscar fondos para las obras sociales del Movimiento de Vida Cristiana. Como miembro de la Iglesia comprometido con la fe, siempre estaré dispuesto a colaborar con obras a favor de los más pobres y necesitados, en un espíritu de cooperación y libertad. […]

También te pido que me envíes una copia del documento que firmé, cediendo mis derechos de autor a ICTYS. Como nunca me fue entregada una copia —cosa que normalmente se hace cuando uno suscribe un documento—, desconozco su contenido exacto, pues o no me acuerdo de lo poco que leí o no se me dio tiempo para leer lo que estaba firmando, más aun cuando esta acción la hice en virtud de la obediencia —a la cual entonces estaba sujeto— y confiando en el buen criterio de mis superiores. Además, no creo que que el documento prohíba contar cómo surgieron mis canciones, qué cambios sufrieron ni qué opino sobre la manera en que son interpretadas.

A fines de enero de 2010 pude conversar en Lima por separado con el sodálite mencionado y con Javier Leturia. He aquí unos párrafos que resumen el resultado de ambas conversaciones, tomados de un e-mail que le escribí el 26 de julio de 2010 a mi amigo Manuel, adherente sodálite:

De resultas de la conversación con Javier decidí mantener mi blog LA GUITARRA ROTA cerrado al público, pues me dio información adicional que muestra que la historia de Takillakkta es más compleja de lo que yo imaginaba, y que Javier en muchos asuntos estuvo con las manos atadas —como lo están muchos miembros del Sodalicio que están sujetos a la obediencia—. Fue una conversación amena y abierta, un intercambio interesante y reconciliador. […]

[Respecto a la otra conversación], hice lo que tenía que hacer en conciencia, pues [un sacerdote de Schönstatt] me había dicho que no podía correr el riesgo de que en el cielo se me pidiera cuentas por no haberle dicho lo que sabía a [ese sodálite]. Yo se lo dije, y quedaba en él tomar la decisión de qué hacía con esa información, que -reconozco- es incompleta y parcial, pues son sólo piezas de un rompecabezas que todavía no termino de armar.

Las conclusiones a las que llego son desalentadoras:

  • que alguien con la autoridad de [ese sodálite] me hable de “cosas de las que no se había enterado” y de “cosas que prefiere no saber”, me habla de una actitud peligrosa para el futuro del Sodalicio, pues sólo se puede seguir sanamente hacia adelante si hay una actitud abierta hacia la realidad, por más que algunos de sus aspectos sean desagradables; una actitud [como la anterior] es la que ha permitido que ocurra lo que ocurrió en los Legionarios de Cristo;
  • que mis críticas basadas en mi experiencia hayan sido consideradas como “ataques” y no como oportunidad para iniciar un diálogo habla también de una cerrazón institucional que puede cobrar factura en tiempos venideros; todavía parece seguir estando vigente que la crítica interna es “desobediencia” y “rebeldía”, y la crítica externa es “ataque” cargado de mala intención; y yo soy difícil de ubicar, pues no estoy totalmente afuera ni totalmente adentro: sigo compartiendo algunos principios e ideales que me llevaron a unir mi vida durante años a la historia del Sodalicio, pero a la vez discrepo en muchos puntos y no me siento identificado con la institución.

Otro problema que encuentro es lo que yo llamo “socialización de los logros, privatización de los fallos” (parafraseando la famosa frase de “privatización de las ganancias, socialización de las pérdidas”). Me refiero a que los éxitos y cosas buenas de la institución y de cada uno de sus miembros se atribuyen al todo, al Sodalicio como organización, mientras que los fallos, pecados, errores se atribuyen a individuos particulares y se les considera a título personal. Así ocurrió en el caso de Daniel Murguía. Lo que él hizo se mira como fruto de su sola iniciativa personal. Pero nadie se ha preguntado qué circunstancias de la institución han podido originar un caso así. Como ocurre con un criminal, donde se analiza las circunstancias familiares y sociales que lo llevaron a cometer tal crimen, sin que ello signifique anular su responsabilidad personal. Falta, pues, esa capacidad de análisis institucional que permita corregir rumbos y establecer un vínculo entre las conductas personales y las condiciones en que se desarrolla colectivamente la vida de los miembros en la institución. Pues los tumores se insertan en un tejido, y no surgen y crecen aislados.

Esta deficiencia de análisis puede también acarrear consecuencias negativas. Y el Sodalicio tiene que andar con cuidado, pues no me extrañaría que más adelante haya algún arzobispo u obispo que considere que merece ser objeto de investigación canónica. En lo que va del papado de Benedicto XVI ya han sido intervenidos Lumen Christi, los Legionarios de Cristo y parece que se viene una intervención del Instituto del Verbo Encarnado (si no me equivoco, dos sacerdotes de esta última institución trabajan en la Universidad San Pablo). Estas instituciones se caracterizan por una aproximación diríamos “conservadora” a la doctrina y teología de la Iglesia, tienen estructuras sumamente verticales y parece que hay en todas una manera de hacer apostolado que recurre a métodos de manipulación de las conciencias. No hablo de escándalos sexuales, que por el momento parecen ser de exclusividad de los Legionarios de Cristo. El Vaticano no se ha metido ni con las grandes congregaciones, ni con instituciones con una teología más abierta y reflexiva, ni siquiera con la teología de la liberación en ese sentido. ¿Quién no te asegura que algún día el Sodalicio pueda ser intervenido? Se oyen pasos…

Mi blog LA GUITARRA ROTA estuvo inaccesible al público durante más de un año y medio. Pero debido a que no se generó el diálogo tan ansiado por mí —pues probablemente se creía que ya estaba cumplido el objetivo de silenciarme al retirar yo mis opiniones disidentes del ciberespacio— decidí en septiembre de 2011, meses después de que estallara el escándalo de Germán Doig, que no tenía sentido mantener cerrado ese espacio de expresión personal y lo volví a colocar en la red, sin que hubieran posteriores protestas.

Mis reflexiones previas sobre los problemas que presentaba el Sodalicio, aunque incompletas, parecían haber dado en el clavo, y con el caso de Germán Doig había estallado una imprevisible bomba latente que era sólo la consecuencia más escandalosa hasta el momento de la problemática que yo había vislumbrado a grandes rasgos.

Lamentablemente, no hay peor ciego que el que no quiere ver, ni peor sordo que el que no quiere oír. Y mientras el Sodalicio no esté dispuesto a ver y oír, probablemente los escándalos sigan salpicando su azarosa historia.

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Si alguien quiere saber a grosso modo lo que escribí sobre Takillakkta, le recomiendo que lea los siguientes posts en el orden indicado:

  1. ORÍGENES DE TAKILLAKKTA
  2. INFLUENCIAS SOBRE TAKILLAKKTA
  3. LA HISTORIA EXPROPIADA DE TAKILLAKKTA
  4. HOMENAJE
  5. TAKILLAKKTA: ¿MUSICA FOLKLÓRICA O FOLKLOROIDE?
  6. TAKILLAKKTA: ¿EVANGELIZACIÓN O ADOCTRINAMIENTO A TRAVES DE LA MÚSICA?
  7. TAKILLAKKTA: ¿ARTE MUSICAL O IDEOLOGÍA RELIGIOSA?

SOMBRAS DEL PASADO

Reunión de antiguos sodálites en Chincha, Perú (julio 2015)

Reunión de antiguos sodálites en Chincha, Perú (julio 2015)

Como ya he relatado en algunas entradas de este blog, lo que gatilló en mí un proceso de reflexión y maduración que terminó en el año 2008 en mi decisión de apartarme del Sodalicio de Vida Cristiana, fue la inexplicable “expulsión” —dada a conocer públicamente en el Movimiento de Vida Cristiana— de Germán McKenzie, entonces Vicario General del Sodalicio, y la detención de Daniel Murguía, sodálite perteneciente al círculo cercano del entonces Superior General Luis Fernando Figari, cuando estaba fotografiando a un niño de la calle desnudo en un motel del centro de Lima. Ambos hechos ocurrieron en octubre de 2007.

De alguna manera, la interpretación que yo tenía hasta ese momento de los casi 30 años de mi vida transcurridos en el Sodalicio saltó en pedazos, y fue entonces que durante meses traté de reunir las piezas para volver a armar el cuadro. La decisión de desvincularme de una institución que había modelado prácticamente mi existencia no fue cosa de un momento, sino un proceso doloroso que se extendió a lo largo de varios meses, mientras trataba de armar nuevamente el rompecabezas, sabiendo que me abocaba a una tarea casi imposible, pues hasta el día de hoy siento que faltan piezas.

A lo largo del 2008, me dediqué a la tarea de ordenar mis recuerdos de lo que había sido mi experiencia sodálite, poniendo mis reflexiones por escrito. Es así que llegué a redactar cuatro textos, que me sirvieron personalmente para procesar la crisis por la que estaba pasando y plantearme cómo debía entender mi inserción en la Iglesia católica. Pues mi fe se mantuvo firme y sobrevivió a la tempestad, lo cual no ha ocurrido con otra personas que pasaron por experiencias similares. Estos cuatro escritos son los siguientes:

En un principio no tuve la intención de publicarlos. En los años 2009 y 2010 los compartí con algunas personas amigas en privado, a fin de saber su opinión, si lo que yo había plasmado en esos textos eran simplemente desvaríos de un loco desquiciado o si mi análisis tenía sustento en la realidad. Gracias a algunos comentarios fui corrigiendo los textos, llegando a la conclusión de que los problemas que yo percibía en el Sodalicio eran reales y preocupantes. Algo así como una bomba de tiempo que en el algún momento les iba a estallar en la cara.

Sólo cuando mis intentos de comunicar estas cosas al Sodalicio mismo fracasaron, cuando los abusos de Germán Doig fueron considerados oficialmente como una caso aislado —lo cual implicaba que en el Sodalicio no iba a haber una autocrítica institucional— y cuando constaté que la prensa secular no mostraba tener un conocimiento adecuado de la institución ni de la forma de ser de los sodálites, sólo entonces fue que decidí hacer pública esa información en este blog, que inicié a fines del año 2012, tras haber evaluado durante meses la situación. Se me presentaba como un deber de conciencia y como un acto de responsabilidad frente a todos aquellos que habían sido víctimas o que habían padecido sufrimientos debido a los graves problemas que aquejaban al Sodalicio.

De los cuatro textos que redacté, los primeros tres fueron publicados en mi blog con algunos cambios, correcciones y omitiendo alguna que otra información demasiado comprometedora o de carácter confidencial. Del cuarto texto he publicado algunos párrafos en la entrada FANTASMAS DEL SODALICIO.

Entre octubre de 2007 y noviembre de 2012 habían pasado cinco años, en que la lucha con mis fantasmas interiores había sido el pan de cada día, pero lo cual me permitió adquirir una libertad de conciencia como nunca la había tenido. Lo cual agradezco también a los pocos amigos que tuvieron el valor de escucharme y comunicarme sus opiniones francas y sinceras, a veces coincidentes con mis reflexiones, otra veces discrepantes.

En varios de los e-mails que escribí durante esos años he encontrado reflexiones mías que quiero rescatar por la frescura e inmediatez que transmiten, y porque son testimonio del proceso de maduración que me llevó a escribir largo y tendido sobre el Sodalicio de Vida Cristiana.

No voy a publicar los e-mails que me enviaron las personas con las que mantuve estos intercambios epistolares, pues muchos de los contenidos tienen carácter privado y confidencial, sino solamente lo que yo escribí, omitiendo por supuesto toda información de carácter exclusivamente privado.

Por ejemplo, el 13 de agosto de 2010 les envié a varios amigos un e-mail con un texto homenajeando a Eduardo Gildemeister, quien había fallecido hace poco, texto que reproduzco parcialmente en CARTA A UN AMIGO DESCONOCIDO. En el e-mail original se dice que yo había compuesto varias canciones dedicadas a otros seres queridos, «pero en esos tiempos me topé con la indiferencia de quienes habían comenzado a tener en menos mi música, y nunca recibieron difusión».

El 16 de agosto un amigo me escribió, diciéndome que no había necesidad de terminar mi misiva de esa manera y que ya era el momento de perdonar, que me reconciliara con el pasado, que no omitiera hacer bien dejando de transmitir una visión esperanzada y que renovara mi afán de santidad. «Yo te quiero pedir que no hagas más referencias a sombras del pasado que no hacen sino envolver ese don con un papel de regalo que lo desmerece».

El 17 de agosto le respondí lo que sigue a continuación. Se ha de tener en cuenta que todavía no se sabía nada sobre los abusos cometidos por Germán Doig.

Te agradezco tu preocupación, pero la cosa es mucho más compleja de lo que me planteas. No es la primera vez que alguien me habla de la necesidad de reconciliarme, partiendo del supuesto de que tengo problemas relacionados con un pasado no asimilado. La verdad del asunto es que ahora comprendo mucho mejor mi pasado —aunque todavía me falten piezas del rompecabezas— y, gracias a ello, mi fe está firme y anclada en Jesucristo y su Iglesia, con mayor libertad.

¿Piensas que no he perdonado, sólo porque menciono un hecho que es cierto, incluso teniendo la delicadeza de no mencionar nombres ni apellidos? Si deseas que te mencione a alguien, te puedo mencionar a Luis Fernando, a quien en ese entonces le entregué en la mano un cassette con composiciones recientes mías, y no recibí ninguna respuesta, ningún comentario, ni siquiera de alguno de sus subordinados. Ni las gracias… […]

No creo que la reconciliación consista en tapar con un manto de olvido las páginas incómodas del pasado. Eso no funciona. Tarde o temprano el pasado termina por pasar factura, como ha ocurrido con los Legionarios de Cristo y con los casos de pederastia que han ido saliendo a la luz en la Iglesia. El Sodalicio ha estado tapando su pasado sin procesarlo debidamente, sin mirarle a la cara. Podríamos decir que el Sodalicio no se ha reconciliado con su propia historia. ¿Te imaginas más adelante que alguien saque al descubierto, de manera documentada, las vinculaciones del Sodalicio con la ideología falangista (el fascismo español) o con grupos de ultraderecha de México y Argentina, que también las hubo? ¿O que se documente los abusos de autoridad y manipulación de conciencias que durante algún tiempo se practicaron —y que todavía podrían seguir dándose—? El asunto no es como para tomarlo a la ligera.

Mira esta noticia sobre el instituto de vida consagrada Miles Jesu (que significa “Milicia de Jesús”):

http://www.periodistadigital.com/religion/mundo/2010/07/30/fundador-miles-jesu-abusos-autoridad-iglesia-comisario-vaticano-religion.shtml

Así como se ha intervenido este instituto, se ha intervenido también a los Legionarios de Cristo —por razones que ya todos conocemos—, a Lumen Dei y se viene una intervención del Instituto del Verbo Encarnado, todas ellas asociaciones que tienen más de un punto en común con el Sodalicio. Como anécdota, esta noticia no ha sido publicada en ACI Prensa —por razones obvias—. […]

El pasado siempre nos acompaña. La cuestión es cómo lo tomamos: como un compañero a quien le miramos a la cara para comprendernos a nosotros mismos y aprender de los errores, o como una sombra que nos recuerda cosas que queremos olvidar y que escondemos debajo de la mesa. Si lo enterramos, saldrá a buscarnos y se convertirá en una pesadilla fantasmal.

Por todo lo dicho, creo que lo de la reconciliación es algo que ya no está en mis manos. Yo he hecho lo posible, nunca cerrándome al diálogo. Mantengo una buena comunicación con Manuel Rodríguez, por ejemplo. A quien me ha escrito, le he respondido con franqueza. Pero hay otras personas que o no se han atrevido a comunicarse conmigo, o no han tenido las ganas de hacerlo, o han recibido órdenes de ignorarme. No sé si cabe alguna posibilidad más. […]

¿Crees que hubo alguna vez interés de interpretar mis canciones posteriores a mi salida de comunidad? He compuesto incluso una Misa casi completa (“Misa de Cuerpo y Sangre Presente”). Pues no creo que haya habido interés. Ni creo que lo haya ahora.

Por otra parte, no se puede transmitir una visión esperanzada a través de medias verdades, omitiendo realidades incómodas o problemáticas. A la larga, este tipo de ilusiones se derrumban a ojos de la gente. El hacer el bien no puede basarse sobre una verdad maquillada y edulcorada, pues tarde o temprano revelaría su falsedad. Por eso mismo, no entiendo tus alusiones a la “omisión de hacer el bien”. Siempre he buscado hablar con el corazón con la mano. Y siento que logro mejor ese objetivo desde que mi lenguaje no está bajo la mediación de una ideología religiosa determinada.

¿Respecto a la santidad? Hay que tener cuidado. Es algo que se te escapa de las manos cuando piensas demasiado en ella, pues puede convertirse en una búsqueda egocéntrica de la propia perfección —lo cual es todo lo contrario de la santidad—. Es un don de Dios. Para recibirlo no hay que darle tantas vueltas ni traerla continuamente a la mente, sino simplemente buscar seguir tras las huellas de Jesús en esta vida, con toda sencillez y naturalidad, asumiendo que nada de lo humano nos es ajeno —como no lo fue para el Hijo de Dios—. Y recordar que la Iglesia enseña que nadie puede tener nunca personalmente la seguridad de estar en estado de gracia.

Bueno, aquí te mando estas reflexiones. Sé que están incompletas y que hay mucho más que tallar. Pero poco a poco…

Te mando un fuerte abrazo y no dudo de tus buenas intenciones.

Saludos

Martin

OBEDIENCIA PERFECTA

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El 1° de mayo de 2014, tras un rodaje mantenido en secreto, fue estrenada en México Obediencia perfecta, ópera prima del cineasta Luis Urquiza. Este film, posteriormente galardonado con el Gran Premio de las Américas en el Festival de Cine de Montreal, está basado en los abusos cometidos por el P. Marcial Maciel, fundador de los Legionarios de Cristo.

Narra la historia del joven Julián (Sebastián Aguirre), quien ingresa a un seminario de los Cruzados de Cristo, congregación sacerdotal dirigida por el P. Ángel de la Cruz (Juan Manuel Bernal). Éste irá iniciando a Julián en una relación turbia llena de complicidad, donde la ferviente devoción religiosa se mezcla con pasiones carnales ilícitas.

Para el P. Ángel se trata de moldear al joven a fin de hacerlo totalmente dócil y sumiso, pasando por las tres etapas de aprendizaje de la obediencia. «Usted es el elegido de Dios —piensa el P. Ángel sobre su discípulo—. Para llegar a la obediencia perfecta, yo le obligaré a sentir placer hasta de lo que no le gusta. Conocerá lo que más aborrece y le atemoriza, que es usted mismo. Sólo así va a lograr una transformación definitiva».

Sin escenas sexuales explícitas, contemplamos la vida cotidiana de los personajes en un ambiente religioso tradicional, pero lo que ocurre fuera de cámara nos genera angustia y zozobra. Y horror ante el drama de jóvenes adolescentes cuya voluntad va siendo debilitada para someterse a los oscuros deseos de un obseso. Pues los abusos sexuales son sólo la culminación de un proceso más profundo y destructivo: la manipulación de las conciencias y la consiguiente pérdida de la libertad interior.

(Columna publicada en Exitosa Diario el 28 de enero de 2015)

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Éste es el problema que suelen presentar aquellos grupos de la Iglesia católica con estructuras institucionales verticales y autoritarias, y que ponen la obediencia como uno de los valores supremos: el debilitamiento de la capacidad de decisión propia de sus miembros, el enajenamiento de sus conciencias y, finalmente, la sumisión total a los deseos del líder y de aquellos que lo representan en la cadena de mando. Me refiero en concreto a grupos como los Legionarios de Cristo, el Opus Dei y el Sodalicio de Vida Cristiana, en el último de los cuales yo mismo pasé por experiencias extremas relacionadas con la disciplina de la obediencia, las cuales he descrito anteriormente en mi post OBEDIENCIA Y REBELDÍA.

Estoy convencido de que ahí reside el núcleo del problema, y no en los abusos sexuales que se han cometido, pues a fin de cuentas lo que se quiere lograr es el sometimiento absoluto de la libertad personal, aunque se pretenda justificar esto sobre la base de una causa encomiable, a saber, la conformación de la persona con el Señor Jesús. Lo cual no deja de ser problemático desde el momento en que el concepto de Jesús que propone el Sodalicio sigue siendo una más de las tantas interpretaciones que hay de la figura de Jesús.

Recuerdo que Luis Fernando Figari, entonces Superior General del Sodalicio, nos decía que la obediencia sodálite debía adelantarse a las intenciones del superior, de modo que el subordinado hiciera lo que éste quería antes de que se hubiera dado una orden explícita. Dicho de otro modo, la obediencia del sodálite se consideraba perfecta cuando estaba pendiente de la voluntad del superior y cumplía sus deseos antes de que éste los formulara verbalmente. En fin, la enajenación completa de la propia voluntad. Y hay que ver los malabares intelectuales que hacía Figari para justificar ideológicamente la sumisión total, presentándola como libertad plena.

Es cierto que también decía que hay que obedecer al superior en todo excepto en aquello que es pecado. Aparentemente, una cláusula de salvaguardia de la conciencia moral. Sin embargo, en aquellos que habían pasado por el proceso de formación sodálite —que incluía técnicas de manipulación psicológica y control mental— las posibilidades de objeción de conciencia a una orden emitida por un superior eran muy reducidas, pues eso implicaba ir contra la convicción metida a hierro y fuego entre ceja y ceja de que el superior siempre buscaba el bien personal de uno y de que él sabía mejor que uno mismo lo que le era más conveniente. Además, juzgar uno mismo según su propia conciencia qué era pecado y qué no, se consideraba un acto de soberbia e individualismo, pues este tipo de asuntos debían ser consultados precisamente… con un superior. Un círculo vicioso, del cual era muy difícil salir. Y el perfecto caldo de cultivo para dar el paso del sometimiento psicológico al sometimiento sexual.

En el film de Luis Urquiza la etapa de la obediencia perfecta de tercer grado se expresa así: «Piensas y actúas como aquel a quien amas, ya no tienes voluntad propia». Después de consumar un acto de pederastia con el joven Sebastíán —a quien acabamos de ver en la playa contemplando el horizonte y derramando una lágrima en silencio—, el P. Ángel le dirá: «Usted ya alcanzó la obediencia perfecta, y eso ya nunca lo va a abandonar».

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La película está disponible en Vimeo.

Finalmente, dos textos interesantes sobre el film:

‘Obediencia Perfecta’, una película que va más allá de Marcial Maciel
http://www.elmundo.es/america/2012/09/29/mexico/1348945699.html

Las buenas intenciones: crítica de la película mexicana “Obediencia perfecta” (Luis Urquiza, 2014)
http://pijamasurf.com/2014/05/las-buenas-intenciones-critica-de-la-pelicula-mexicana-obediencia-perfecta-luis-urquiza-2014/

UN LEGIONARIO PIDE PERDÓN

P. Juan María Sabadell

P. Juan María Sabadell

El 10 de diciembre de este año, el portal Religión Digital publicó una carta escrita por el P. Juan María Sabadell, miembro español de los Legionarios de Cristo y uno de los sacerdotes elegidos para participar en el Capítulo Extraordinario de la congregación, que se realizará en Roma a partir del 8 de enero de 2014 (ver http://www.periodistadigital.com/religion/opinion/2013/12/10/padre-juan-sabadell-lc-pido-perdon-a-las-victimas-de-abusos-fisicos-y-morales-de-nuestra-historia-iglesia-religion-papa.shtml). Esta carta es importante porque constituye hasta ahora el único escrito conocido proveniente de un legionario donde se pide perdón a las víctimas del P. Maciel, describiendo con detalle las conductas y actitudes reprobables que no sólo tuvo el autor de la epístola, sino también un considerable número de miembros de la Legión hacia las víctimas de abusos sexuales, algunas de las cuales, motivadas por un deseo de justicia, tuvieron el valor de hacer las denuncias correspondientes. Contrasta la honestidad y franqueza de este escrito con otros que provienen de otros miembros de  la Legión de Cristo, donde se evita entrar en estos detalles. Como en la reciente carta del P. Sylvester Heereman, vicario general de los Legionarios de Cristo (ver http://legrc.org/regnum_db/archivosWord_db/05122013esp.pdf), en la cual, si bien agradece de manera general «a quienes han roto el silencio que suele rodear estos casos, por la vergüenza y el sufrimiento que los acompañan», no les pide perdón por acciones específicas que de parte de la Legión se hicieron en perjuicio de ellos ‒incluyendo una campaña de descrédito y difamación‒, sino que se limita a expresar la escueta frase: «Lamentamos profundamente cualquier dolor que les hayamos causado». Y precisamente esa reticencia del P. Heereman a entrar en detalle la subsana el P. Sabadell con su hermosa y sentida carta, que ahora reproduzco en honor a la verdad. Y como un ejemplo a seguir.

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Texto íntegro de la carta del P. Juan María Sabadell

Queridos cofundadores, familia, amigos y hermanos en el Señor:

Es con estas palabras que hoy completo un deseo que lleva años en mi corazón: cumplir mi propia “purificación de la memoria” pidiendo perdón a las víctimas de abusos (físicos y morales) de nuestra historia de fundación.

Pido perdón tanto a las víctimas conocidas y públicas como a aquellas que siguen bregando desde el dolor de su anonimato.

Muy especialmente quiero agradecer a aquellos valientes cofundadores que durante décadas insistieron para que se conociera la verdad y perseverando hasta el final nos alcanzaron la justicia.

Mis sentidas gracias y mis palabras van primero dirigidas a nuestros hermanos José Domínguez, Juan José Vaca, Félix Alarcón, José Barba, José Antonio y Fernando Pérez Olvera, Saúl Barrales, Arturo Jurado y Alejandro Espinosa; además del Padre Amenábar que en paz descanse. Fue su “hambre y sed de justicia” que ahora en nuestro futuro “tiene que verse saciada”, la misma que hoy me impulsa a escribir esta pobre disculpa personal.

En lo que se refiere al historial de abusos en la congregación, pienso en el buen servicio que prestaré a la Legión y al Regnum Christi si antes del Capítulo General llego purificado, sereno, habiendo asimilado y encajado sin fisuras esta página dramática y dolorosa del álbum de familia.

Por ello, como un hermano más que ha amado profundamente a la Legión y el Movimiento desde su adolescencia, he sentido la necesidad de hacer mi pequeño gesto público que es de justicia y de responsabilidad, antes de iniciar el Capítulo General en Roma, abrazando personalmente, y no sin vergüenza, esta cruz misteriosa que el Señor ha depositado sobre nuestros hombros para el resto de nuestras vidas.

Aunque ha habido ya comunicados oficiales de reparación y sigue en abierta la “comisión de acercamiento” para salir al paso de las víctimas y buscando la reconciliación, creo que el Señor me pide a mí personalmente hacer un “mea culpa” confesando mis pecados y errores en esta historia común.

Me mueve a ello no sólo y primariamente el deber de justicia para con las víctimas mismas; sino además un acto de conciliación con mis hermanos, especialmente los más jóvenes; a la vez que un reconocimiento para con mi familia y mis amigos que durante tantos años han acompañado con paciencia, silencio y comprensión este lastre en mi vocación. Y digo un “deber” que creo debo explícita y públicamente hacer pues el escándalo así lo requiere, donde a la “compunción interior” le acompañe una proporcional y sincera “reparación exterior”.

Es por ello que pido a las víctimas de abusos físicos o morales de nuestra fundación hasta el día de hoy:

  • que me perdonen el no haberles creído cuando informaban de abusos y errores, dando sólo crédito a la versión del fundador y los criterios y modos de la Legión;
  • que me perdonen por cuantas veces, en conversaciones y explicaciones a terceros, sin conocimiento de causa les describí como “resentidos” o “calumniadores” y con ello añadía injuria y difamación a la herida todavía abierta;
  • que me perdonen por la lentitud con que acepté hacer autocrítica, y abrir mi corazón y mente para encarar la verdad de los hechos, pues con ese retraso culpable se prolongaba su dolor y seguía haciéndose esperar la justicia;
  • que me perdonen también los titubeos, contradicciones o medias tintas con que gradualmente fui dando credibilidad a sus testimonios de abusos en los medios y en los blogs, y mi tardanza en avenirme a aceptar sus legítimas reclamaciones;
  • que me perdonen, cuando torpe o ciego de prudencia humana, preferí defender la propia reputación de la familia legionaria por encima de la de mis hermanos mayores, que con sus vidas y sacrificios habían preparado el camino para mi sacerdocio en la Legión;
  • que me perdonen por sumarme al “silencio institucional” que aun cuando bien intencionado, no hacía sino retrasar la necesaria conversión, “purificación de la memoria” y reparación concreta a la que desde hace un lustro nos llama el Señor por medio de Benedicto XVI y el Papa Francisco;
  • que me perdonen por mi falta de compasión y todo aquello en lo que yo personalmente haya contribuido con mis obras, palabras u omisiones al escándalo y males de esta situación.

Son todos pecados de los que tengo y quiero acusarme, personal y públicamente. En primer lugar ante Dios, y en esta ocasión especialmente ante mis hermanos heridos quiénes se merecen lo mejor de mí, con respeto y mi deferencia; pues aunque sea tarde, me toca ahora, en lo posible, acortar su sufrimiento.

Creo que como muchos otros Legionarios, este gesto sencillo pero evangélico, busca reconciliarme con aquellos a quienes he defraudado antes de depositar mi ofrenda ante el altar de Dios en el Capítulo General. Ruego, y así lo espero, aun en su sencillez, esto nos permitirá leer juntos las páginas tristes de nuestra historia, y reconocer como hermanos nuestra ceguera, y acogiéndonos a esta “segunda oportunidad” que se nos brinda con el perdón, hagamos de éste, bálsamo de gracia en medio de la humillación amarga y ya demasiado larga para todos.

No me inquieta la reacción pública por las revelaciones duras y graves de nuestra fundación, ni las más recientes ni las de antaño, pues Dios mismo conoce el porqué misterioso de nuestro caso y Él llevará a término en todos, víctimas y no víctimas “su obra buena”.

No quiero tampoco reducirme a un gesto escrito, por más honesto y sentido que sea. Me apresto pues hoy a iniciar una Pascua de expiación con adoración, Eucaristías y ayunos para que sirvan de ofrenda agradable al Señor y así concretar mi reparación.

Y a vosotros familia y amigos, os pido que en la medida de vuestras posibilidades, os unáis a esta cincuentena de expiación con oración y comunión espiritual hasta el próximo 30 de Enero. El Señor bendiga con su gracia mi petición de perdón y este esfuerzo de reconciliación en el que impetramos juntos su misericordia divina y con el que pido luz y fuerza para en el futuro ser mejor testigo de la alegría del Evangelio.

Os pido disculpas de antemano por cualquier omisión, frase o tono que pueda herir o parecer desproporcionado. He preferido dejar correr mis reflexiones fiado del Espíritu Santo que creo inspira los buenos deseos de esta comunicación y me pongo a vuestra disposición para hacer o mejorar lo que aún me hiciera falta.

Concluyo con una oración (Salmo 85, 10-14) que trenza las gracias que imploro para todos en este Adviento y Navidad; que son promesa de Salvación y sanación personal que sólo el Señor nos puede dar.

“Ya está cerca su salvación para quienes le temen, y la Gloria morará en nuestra tierra.
11 Amor y Verdad se han dado cita, la Justicia y la Paz se abrazan;
12 la Verdad brotará de la tierra, y de los cielos se asomará la Justicia.
13 El mismo Yahveh dará la dicha, y nuestra tierra dará su cosecha;
14 La Justicia marchará delante de él, y con sus pasos trazará un camino”.

Vuestro amigo y hermano en el Señor Misericordioso,

P. Juan Sabadell LC