TURISMO Y DISCRIMINACIÓN

perurail

Este año mi mujer y mi hijo de quince años visitaran el Perú después de años de ausencia. Aprovechando la ocasión, harán también un recorrido turístico por el Cusco y lugares aledaños.

Al reservar los pasajes aéreos y el tour, nos hemos topado con una ingrata sorpresa. Mi hijo, aun siendo peruano de nacimiento, tendrá que pagar más que mi mujer dado que sólo cuenta con pasaporte alemán. Incluso a mi mujer, por el sólo hecho de residir en Alemania, le cobrarán más que a un peruano residente en el Perú. Y el servicio que mi hijo recibirá no será ni una pizca mejor que el que se les ofrece a quienes pagan menos.

Desde hace tiempo hay denuncias de discriminación contra PeruRail, la empresa que ofrece servicios de transporte ferroviario a Machu Picchu entre otros, en agravio de turistas peruanos. Uno de los casos emblemáticos, ocurrido en el año 2007, es el del músico peruano Luis Becerra, que formó en Italia la agrupación de danzas latinoamericanas Takillakta y que tuvo que viajar a Machu Picchu en un tren sólo para peruanos junto con su hija menor, mientras que su esposa italiana fue obligada a viajar en el tren sólo para turistas extranjeros.

Lo peor de todo es que PeruRail sigue manteniendo una actitud discriminatoria dividiendo a sus clientes en nacionales y extranjeros, ofreciéndoles un servicio diferenciado. Y discriminando también a los extranjeros, al cobrarles un precio de unos 120 dólares de ida y vuelta por un trecho de unos 60 km, cuando en Alemania esa misma distancia en tren de lujo cuesta unos 40 euros. Y no me van a decir que los costos operativos en el Perú son mayores que en Alemania.

Este esquema parece atravesar toda la rama turística en el Perú: tratar mal al turista nacional y cobrarle caro al extranjero. Se parte del supuesto de que quien viene de fuera del país necesariamente debe tener mucho dinero en el bolsillo para pagar cualquier precio que se le exija, por irracional que sea.

¿Los resultados? Mientras que unos 3.7 millones de turistas extranjeros habrían visitado el Perú en 2016, en Chile —un país con menos atractivos turísticos— se alcanzó ese mismo año la cifra de 5.6 millones de turistas extranjeros.

Bajo la premisa de que el precio se fija de acuerdo a lo que se está dispuesto a pagar —y no de acuerdo a criterios objetivos y razonables de costo/beneficio—, el Perú es un país caro para extranjeros, que preferirán otros destinos.

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Esta columna fue publicada incompleta —sin previo aviso— el 17 de julio de 2017 en Exitosa, a pesar de mantenerse dentro de los límites de extensión. Esto, unido a la circunstancia del cese del periodista Juan Carlos Tafur como director de ese medio, me ha llevado a la decisión de no seguir colaborando con ese diario. La columna completa fue publicada el mismo día por Altavoz, medio que gentilmente me ha ofrecido un espacio los lunes para colaborar con una columna semanal.

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COLONIA DIGNIDAD: EL TESTIGO

Wolfgang Kneese en la actualidad

Wolfgang Kneese en la actualidad

En febrero de este año se estrenó en Alemania la película comercial Colonia, protagonizada por Emma Watson, Daniel Brühl y Michael Nyqvist, y dirigida por el alemán Florian Gallenberger. Se trata de un thriller de suspenso y acción, cuya trama tiene como trasfondo el asentamiento de alemanes Colonia Dignidad, fundado en 1961 en Chile cerca de la ciudad de Parral por el líder bautista Paul Schäfer, quien no sólo le lavó el cerebro a los más de 300 miembros de la secta y abusó sexualmente de manera sistemática de niños y jóvenes, sino que también colaboró con la dictadura de Pinochet en la represión, tortura y desaparición de presos políticos. Ésta es la historia de Wolfgang Müller —quien posteriormente se casaría con Heike Kneese y asumiría el apellido de su mujer—, el primero que logró escapar en Chile de lo que prácticamente era un campo de detención de personas sometidas física y psicológicamente, relatada en una entrevista concedida este año al prestigioso semanario DIE ZEIT de Alemania.

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COLONIA DIGNIDAD: EL TESTIGO

Wolfgang Kneese fue el primero que escapó de la secta bautista Colonia Dignidad en Chile. En 1966 dio a conocer públicamente el horror… y es hasta el día de hoy el perseguidor más implacable de los victimarios alemanes.

Entrevista: Evelyn Finger (publicada en DIE ZEIT el 25 de febrero de 2016)

Al final de la conversación menciona una condición para su publicación. Hay una frase más que debe aparecer de todas maneras. Se halla enmarcada en la habitación de su esposa Heike. “Permita tranquilamente que ella se la muestre”. ¿Qué más puede venir? ¿Después de dos días de entrevista? Después del informe del siglo sobre cautiverio, tortura y fuga de Colonia Dignidad. La secta lo obligó desde 1961 en Chile a participar en la construcción de un asentamiento cercado, donde se atormentó sistemáticamente a seres humanos, incluyéndolo a él. Hasta que Wolfgang Kneese pasó de víctima a ser una amenaza para los victimarios. Gracias a él y a su esposa, el jefe del asentamiento fue finalmente capturado en 2005. Hoy da cuenta al respecto fríamente, pero también sonriente y lloroso. Sólo aquella frase enmarcada no la pronuncia, quizá porque podría sonar sentimental… como sacada del film Colonia con Daniel Brühl y Emma Watson. Así dice: “En la orilla de la vida se encuentra muy rara vez una piedra preciosa como tú, querida Heike”. Ésa debe ser la frase. Porque esta historia de fuga es también una historia de amor.

DIE ZEIT: Señor Kneese, cundo usted tenía 12 años, su madre lo envió de vacaciones a un centro bautista en la pequeña localidad de Heide cerca de Bonn. Posteriormente fue secuestrado y llevado de allí a Chile. ¿Cuándo se dio cuenta de que había caído en una secta violenta?

Wolfgang Kneese: En el acto. La primera noche en Heide el trabajador social juvenil Paul Schäfer me llamó a su habitación y me violó… como lo hacía cada noche con mínimo un muchacho. Por favor, no me pregunte detalles. A un redactor en jefe le dije en su cara hace décadas en un talkshow que el publico es lo suficientemente inteligente como para hacerse una idea de lo que es abuso sexual. Yo ya no me voy a poner al desnudo.

DIE ZEIT: Sin embargo, antes tuvo que hablar al respecto. En 1966 después de su fuga, usted se dirigió directamente a la prensa y también declaró a la policía chilena. ¿No dudó en absoluto?

Wolfgang Kneese: No. Yo asumí las declaraciones de manera muy consciente. Pues en ese momento no había nadie en el mundo que pudiera denunciar el régimen chileno de terror de Schäfer.

DIE ZEIT: ¿Por qué, a decir verdad, antes de usted nadie había fugado del asentamiento en Chile?

Wolfgang Kneese: Porque la mayoría estaban sometidos al jefe de la secta Paul Schäfer. Querían creer lo que él predicaba: decencia, benevolencia, bondad, laboriosidad. Se mataban trabajando desde temprano hasta tarde, renunciaban a toda alegría, porque consideraban que eso era grato a Dios… y de este modo incrementaban el poder de un pequeño círculo de hombres. Quien quería escapar de ellos arriesgaba su vida. Pues la Colonia se hallaba situada en algún lugar en territorio pre-andino, teníamos que talar el bosque virgen y al principio alimentarnos de conejos salvajes, y la localidad grande más cercana, Parral, estaba a kilómetros de distancia. Si bien en mi época todavía no había la cerca con alambre de púas, nosotros sin embargo pusimos los pilares de los cimientos. Los vigilantes ya tenían coches, armas, perros doberman y pastores alemanes amaestrados. En cierto modo, nosotros construimos nuestra propia cárcel.

DIE ZEIT: Usted intentó escapar tres veces, logró llegar incluso hasta la capital Santiago, pero fue regresado a la fuerza. ¿Por qué, al final, logró fugarse?

Wolfgang Kneese: Porque no tenía nada más que perder. Yo sabía que no sobreviviría mucho tiempo más en el asentamiento. En castigo por los dos primeros intentos de fuga fue golpeado casi hasta morir. Una vez casi no podía sacarme la camisa del cuerpo, porque estaba pegada a la piel debido a tanta sangre. Además fui aislado, tuve prohibición de hablar durante un año y sólo me estaba permitido abandonar mi celda vigilado para ir a trabajar.

DIE ZEIT: ¿Se atuvo a la prohibición de hablar?

Wolfgang Kneese: Sí, pues después de una semana, en todo caso, la voz ya no funciona correctamente. Una vez dije “Buenos días”, y hubo de nuevo golpes con las correas. Además debía tomar pastillas que me producían cansancio y mareos, a tal punto que el piso se me ondulaba. Mi capacidad de concentración estaba enormemente mermada, la voluntad debilitada. Uno se sentía incapaz de voltear un cubo con agua, pero aún así fui enviado al andamio o a la sierra circular con hojas de sierra del tamaño de un hombre. Entonces desarrollé un método para mantener las pastillas en la boca y escupirlas inadvertidamente. Cuando esto se descubrió, recibí inyecciones. En algún momento escuché como mis vigilantes especulaban que yo no aguantaría mucho más. Eso fue el detonante de la tercera fuga.

DIE ZEIT: ¿Nadie se solidarizó con usted?

Wolfgang Kneese: No, de eso se encargaban el sistema Schäfer con sus métodos de servicio secreto. Cuando uno hablaba sin permiso con otro, el oyente era aquel que era castigado más severamente. Y la mayoría de los colonos tenían una misión auténtica, ellos pensaban ciertamente que a causa de mi rebeldía su mundo perfecto se dañaba y manchaba.

DIE ZEIT: Pero Schäfer violaba a los niños de la Colonia. ¿No sabían esto los otros?

Wolfgang Kneese: Algunos sí, pero Schäfer maltrataba en secreto, de día aparecía gustosamente como el buen tío Paul, el consolador y conciliador. Una vez me vencí a mí mismo y le hablé a otro muchacho de las violaciones nocturnas, él se volteó y se fue corriendo. Todos nosotros jóvenes sabíamos bien al respecto. Pero muchos adultos no querían ver. Se consideraban elegidos, pues Schäfer les hacía creer que eran una élite de fe y que a través de él ya tenían un sitio en el cielo. Quien se volvía contra el maestro, por decirlo así, apostataba de Cristo y debía arder en condenación eterna.

DIE ZEIT: ¿Por qué no creyó usted en eso?

Wolfgang Kneese: Porque Schäfer no hacía lo que predicaba. Porque no me siento a gusto cuando se me impone algo y siempre he tenido una fuerte necesidad de libertad. Quizás también porque mi madre y mi tía estaban en contacto con los bautistas, aunque yo mismo no fui educado piadosamente.

DIE ZEIT: No obstante, no se atrevió durante los cuatro primeros años en el centro juvenil de Heide a quejarse ante alguien de su sufrimiento.

Wolfgang Kneese: Me avergonzaba. Y como en todas las sectas, todo comenzó con love bombing: como novato eres recibido entusiastamente, tú aún no has dicho nada, pero ya todos aplauden. Te sientes bienvenido, abrazado, amado. Que Schäfer a la vez se inmiscuyera con sus anormalidades, era algo que estaba en otra página.

DIE ZEIT: ¿Tampoco le dijo nada su madre?

Wolfgang Kneese: No era una madre fuerte, porque ella misma estaba traumatizada. En el último verano de la guerra huyó embarazada de Prusia Oriental, en caravana sobre la bahía congelada, y en el camino fue violada por soldados. Luego me trajo al mundo en septiembre en un refugio antiaéreo abandonado en Eppendorf (Hamburgo). Recién en Heide, donde los bautistas, fui inundado de afecto y por eso mismo me erá más difícil categorizar el abuso simultáneo. Mucho más tarde comprendí que quien de niño apenas recibe amor, difícilmente puede rechazar a violadores, porque por fin es abrazado de una vez y recibe calor. De este modo me convertí en el jugoso botín del demonio.

DIE ZEIT: ¿Que hizo contra sus recuerdos?

Wolfgang Kneese: Al principio sólo estaba feliz de poder ser libre, y con pánico de ser devuelto a la Colonia. Cuando mis perseguidores se liaron en Santiago en una batalla callejera con la policía, eso se convirtió en una novela policíaca. Una vez que regresé a Alemania con 21 años de edad, intenté arrojarme en la vida, desfogar mi rabia en la pista de baile.

DIE ZEIT: ¿Funcionó?

Wolfgang Kneese: No. En el camino de regreso a casa me golpeé a veces las manos contra las paredes hasta sangrar. Una vez tuve una novia que era tan inestable como yo. Éramos como dos personas a punto de ahogarse, ninguna de las cuales podía nadar, pero que se aferraban la una a la otra. El resultado fue entonces una hija, de lo cual estoy actualmente contento… pero aún así zozobramos como pareja. Busqué entonces ayuda en libros, en autores difíciles como Søren Kierkegaard y Sigmund Freud, pues yo quería entender el alma humana.

DIE ZEIT: ¿Hay alguna percepción que se le haya quedado grabada?

Wolfgang Kneese: Sí. Que ser utilizado y arrojado le puede robar a un ser humano la fe en casi todo. Yo he perdido por causa de Schäfer mi confianza primigenia.

DIE ZEIT: ¿La podría encontrar de nuevo?

Wolfgang Kneese: No. Sólo recibirla regalada. Hasta el día de hoy yo no confío en nadie. La única persona en la cual confío está sentada delante suyo. (mira a su esposa Heike)

Heike Kneese ha estado sentada a la mesa durante la conversación escuchando atentamente, sólo ocasionalmente ha añadido algo. Se nota que conoce la historia de Colonia Dignidad casi tan bien como su esposo. La lucha de él se ha convertido en su lucha. Pero ella la lleva a su propia manera.

Heike Kneese: Cuando en 1987 fundamos una asociación de víctimas, los bautistas en Alemania nos acusaron de que queríamos venganza. Nosotros, sin embargo, queríamos justicia: darle término al terror y proteger a los niños.

Wolfgang Kneese: Después de que hube salido de Chile, vinieron tiempos peores aún.

Heike Kneese: Schäfer apoyó a partir de 1973 a Pinochet y se hizo así intocable durante años. En la película de Florian Gallenberger sobre la Colonia pareciera como que los partidarios de Allende sólo fueron torturados por chilenos. En realidad, sin embargo, en la Colonia los alemanes torturaban y formaban a torturadores.

DIE ZEIT: Señora Kneese, ¿cuando se enteró de que su esposo había sobrevivido a este infame asentamiento? ¿lo supo antes de que llegaran a ser pareja?

Heike Kneese: No. Wolfgang no me daba la impresión de ser vulnerable ni reservado. Me enamoré de él porque era un tipo soberano y seguro de sí mismo. Trabajábamos en la misma empresa, y cuando me llamó por primera vez, quería de inmediato viajar al extranjero conmigo. (ríe)

Wolfgang Kneese: Yo ya te conocía desde hace tiempo, había flirteado contigo en el comedor de la empresa, sólo que tú no te diste cuenta. (ríe)

Heike Kneese: Es cierto. Yo era miope y no me puse mis gafas.

Wolfgang Kneese: ¡Y de este modo desperdicié mi profundo afecto en una futura amada, que ni siquiera me vio! Después me escurrí de largo ante las puertas de las oficinas para averiguar dónde trabajaba. Pues desde que había visto a Heike, pensaba: (pausa prolongada, tratando de mantener la compostura) Ésta es la mujer de mi vida.

Heike Kneese: Nueve meses después hicimos un viaje por Europa, y en una playa de Portugal me contaste por primera vez de la Colonia. Eso fue en el año 1982, y yo tenía 23 años. Wolfgang me dio un folleto de Amnesty International, allí estaban los informes de torturas de dos hombres y una mujer chilenos, que sobrevivieron a la Colonia. Todos fueron maltratados con descargas eléctricas, incluso en los genitales. Wolfgang se reunió con los testigos y pudo ampliar sus declaraciones, porque él conocía el lugar. Ellos mismos habían estado en los sótanos, con los ojos vendados la mayor parte de las veces.

Wolfgang Kneese: Yo quería primero probar si Heike podía soportar esos relatos.

Heike Kneese: Cuando estuvo más o menos seguro de que yo no huiría gritando, inició su relato. Era triste, pero yo lo acepté, formaba parte de él. Yo no quería salvarlo. No tenía ningún síndrome de enfermera.

Wolfgang Kneese: Bueno, te fuiste a vivir conmigo cuando me rompí el brazo.

Heike Kneese: Pero eso sucedió sobre el río Alster congelado. No pudiste patinar sobre hielo.

Wolfgang Kneese: Tú sí. Y yo quería impresionarte.

Heike Kneese: (ríe) Siempre me gustó el valor de Wolfgang para lograr lo imposible. Su perseverancia. En todo caso, no pasó mucho tiempo antes de que nos dirigiéramos ambos al Ministerio de Asuntos Exteriores en Bonn para tener reuniones sobre la Colonia, informamos a escuelas, y sobre todo intentamos encontrar a las familias alemanas de las personas secuestradas por Schäfer, con el objetivo de ganarlas para la lucha jurídica contra la secta. Eso fue difícil. Muchos no querían creer hasta el último momento que sus familiares habían caído en manos de alguien que era un corruptor de menores en vez de una figura redentora.

DIE ZEIT: Usted batalló hasta 2005 por la captura de Paul Schäfer. ¿Nunca pensó en rendirse?

Heike Kneese: No. Es decir, cuando uno quería rendirse, el otro lo levantaba. Yo creo que Dios siempre permitió que siguiéramos adelante.

DIE ZEIT: ¿Entonces usted cree en Dios?

Heike Kneese: Yo lo veo como una fuerza y una fuente que me puede ayudar a seguir siendo buena. Para eso, sin embargo, no necesito de ninguna Iglesia.

DIE ZEIT: Amnesty International, contrariamente a ustedes, fracasó de forma lamentable en llevar a Schäfer a la cárcel.

Wolfgang Kneese: Se quedaron colgados con 160.000 marcos alemanas de costos procesales, porque la Colonia podía permitirse los defensores más caros.

DIE ZEIT: ¿No tuvo usted, señora Kneese, miedo por su esposo cuando viajó a Chile en los ‘80 y ‘90 para reunirse con aliados?

Heike Kneese: Por supuesto. Él visitó, por ejemplo, a las familias de niños chilenos que habían sufrido abusos por parte de Schäfer, y organizó a médicos para que las víctimas pudieran ser examinadas. Ya antes de que se iniciaran sus procesos, habíamos fundado para ellas un proyecto de ayuda. El abogado instructor en Chile dijo una vez que si salieran a la luz todos los delitos de la Colonia, habría un conflicto diplomático entre Alemania y Chile. Wolfgang tenía entonces muy buenos guardaespaldas, una vez yo también viajé con él. Por supuesto que a veces me preocupaba si él podría resistir todo eso. Incluso ahora nuevamente, cuando mirábamos en el cine la película sobre la Colonia. ¡Ese escalofriante ladrar de los perros guardianes! (lo mira) Tú tampoco pudiste durante muchos años soportar el color rojo.

Wolfgang Kneese: Yo como prisionero en la Colonia, tenía que vestir de día ropa roja y de noche blanca, las suelas de mis zapatos tenían un diseño especial para poder seguirme mejor. Finalmente, me fugué vestido de rojo.

DIE ZEIT: Por favor, cuéntenos de su última fuga.

Wolfgang Kneese: Pues bien, era verano de 1966. Lo peor después de mis dos fugas fallidas me resultaban las miradas de los otros: ¡traidor! Antes sólo me sentía solo, ahora tenía 320 enemigos. Y después atrajeron a mi madre a Chile y la torturaron con descargas eléctricas. Se le podían ver las quemaduras en las sienes hasta el final de su vida. Yo odié abismalmente a esos torturadores, que se llamaban a sí mismos cristianos.

DIE ZEIT: ¿Cómo preparó su fuga?

Wolfgang Kneese: En nada. Me largué una noche cálida de verano, cuando el nivel del río cercano estaba bajo, a campo traviesa en pantalones cortos. Eso habría de cobrarse venganza muy pronto. Sólo había llegado hasta la mitad del lecho del río, cuando sonaron las sirenas y soltaron a los perros. En la otra orilla estaba yo de pronto delante de un arbusto de zarzamora de cinco metros de alto. Cuando los ladridos se acercaban, salté al seto espinoso y rodé al otro lado, me abalancé cerro arriba y me metí en el bosque. Del hecho de que ninguno de los perros amaestrados quiso lanzarse al seto, puede deducirse como me veía yo después.

DIE ZEIT: Usted no tenía nada para comer o beber.

Wolfgang Kneese: Zarzamoras, al fin y al cabo. Recién de noche me atreví a ir hacia la carretera, pero tendiéndome siempre como un indio sobre la tierra, para escuchar, pues mis perseguidores venían en jeeps sin luces. En un puente que yo tenía que cruzar ya habían colocado un piquete. Yo me escurrí para dormir en el bosque, me cubrí con ramas y recé: ¡Dios, si es tu voluntad, ayúdame! Después pasé de largo ante el piquete, y antes de que pudieran echar a correr, me abalancé por encima del parapeto y corrí y corrí…

DIE ZEIT: ¿Quién fue el primero que lo ayudó?

Wolfgang Kneese: Unos campesinos pobres en una cantina de pueblo, varias millas adelante. Allí me metí a hurtadillas la siguiente noche, todavía sangrando por las espinas. ¡Los chilenos me miraban como si fuera una aparición! Y entonces juntaron dinero, me vistieron con otras prendas y me metieron en el baúl de un coche de un taxista amigo, el cual me llevó pasando el piquete de la Colonia hasta una diminuta estación de tren. Allí alguien me regaló las monedas que faltaban para un boleto a Santiago. Desde entonces siempre ayudo, cuando alguien me lo suplica. ¿Quién sabe? En todo caso, llegué a Santiago, y la embajada alemana me ocultó en una asilo de ancianos. Cuando los perseguidores de la Colonia descubrieron esto y se acercaron, yo ya había desencadenado una avalancha de prensa, y la policía chilena me protegió, liándose a golpes con los colonos en plena calle. Eso también salió en el periódico.

DIE ZEIT: Pero aparentemente no le sirvió de nada, pues después usted tuvo que huir incluso a pie a través de una cresta de los Andes hacia Argentina.

Wolfgang Kneese: Eso acaeció, porque yo no tenía pasaporte. Y porque Schäfer envió a dos de sus hombres para declarar en contra de mí. Uno de ellos fue el posteriormente infame Hartmut Hopp, contra el cual hay actualmente una orden de detención y el cual me escribió hace años una carta de disculpas. Pero en ese entonces, 1966, prestaron juramento falso ante el juzgado, diciendo que yo era un ladrón de caballos y un homosexual. Asimismo se inició un proceso en la ciudad de Parral, controlada por la Colonia. El director de la cárcel, sin embargo, me creyó…

DIE ZEIT: ¿Estuvo usted en la cárcel?

Wolfgang Kneese: En prisión preventiva. Pero yo era más libre que en la Colonia. Todos los días venían debido al alboroto de prensa simpatizantes, muchachas chilenas, incluso la ZDF [Zweites Deutsches Fernsehen, canal de televisión pública de Alemania]. Pero después fuimos advertidos de que no iba a haber un fallo justo, porque el juez habría sido sobornado, y yo sólo tenía un defensor de oficio barato… cuando salí libre bajo fianza, hui hacia Argentina. Suena aventurero, pero fue con riesgo de mi propia vida. Por cierto, las mantas de llama que llevé conmigo están actualmente en nuestro coche.

DIE ZEIT: ¿Y su madre?

Wolfgang Kneese: Antes de que yo despareciera de Chile, la policía pudo liberarla de la Colonia en base a mis declaraciones. (guarda silencio) Cuando la volví a ver, estaba tan maltrecha, confundida, tenía cabellos blancos como la nieve, que pensé que morir hubiera sido más misericordioso. (guarda silencio, llora) Normalmente hubiera evitado el tema. Duele tanto. Tú piensas que ya has cerrado el acto, y luego a los 70 años lloras como una magdalena.

DIE ZEIT: ¿Pudo hacer algo por su madre?

Wolfgang Kneese: Si ese día hubiera tenido un arma, hubiera arrasado con la Colonia. El aspecto de mi madre mantuvo en marcha el motor de mi odio durante todas estas décadas, hasta que Schäfer fue encontrado en Argentina. Eso lo logramos con la ayuda de un joven, brillante y maravilloso abogado llamado Hernán Fernández. ¡Un día quisiera levantarle un monumento! Y a través del trabajo de un equipo de cámara chileno, que durante un año se ocupó del caso. Yo asesoré a los periodistas y a Hernán, al cual apoyamos desde hace años con dinero, como también a los niños chilenos afectados, cuyos padres presentaron una denuncia. Eso fue posible sólo a través de donaciones del mecenas hamburgués Jan Philipp Reemtsma. Gracias a él fundamos una asociación sin fines de lucro. Sin él todos los planes habrían fracasado debido a falta de dinero.

DIE ZEIT: Frau Kneese, ¿recuerda todavía cuando fue arrestado Schäfer?

Heike Kneese: ¡Fue un momento maravilloso e indescriptible! Qué pena que no lo pudimos vivir juntos. Wolfgang se encontraba en ese momento de camino a Chile. Yo lloré, y nuestro teléfono sonaba como loco.

DIE ZEIT: ¿Qué fue lo más difícil para ustedes dos?

Heike Kneese: Yo hubiera querido a veces que ambos andáramos más despreocupados.

Wolfgang Kneese: Más tiempo de a dos.

Heike Kneese: Quizás podamos en algún momento poner punto final a todo. O por lo menos un punto.

Wolfgang Kneese: Nuestro abogado dice que hemos logrado mucho, pero aun así estamos todavía al principio.

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DETRÁS DE LA HISTORIA
Recién a través de Wolfgang Kneese supieron por primera vez la política y la opinión pública lo que era la Colonia Dignidad en Chile desde 1961: no una sociedad benefactora, sino una secta en la que se violaba, golpeaba e incluso se mataba. Desde su fuga en 1966 Kneese realiza labor de esclarecimento al respecto. Su archivo de prensa incluye miles de artículos. En 1982 conoció a Heike Kneese en la editorial hamburguesa Gruner + Jahr. La pareja inició la comunidad de emergencia y de intereses de los afectados por la Colonia Dignidad y le encargó a Norbert Blüm que suspendiera los pagos en blanco por jubilación a los miembros. En 1996 Wolfgang Kneese repitió en Chile sus declaraciones sobre el jefe de la secta Paul Schäfer, dado que los antiguos expedientes habían desaparecido. Desde entonces los Kneese apoyan al abogado Hernán Fernández, el cual demandó con éxito a Paul Schäfer en nombre de niños chilenos violados. Fernández logró la condena del principal victimario y lo localizó en Argentina. Desde 2015 Heike Kneese trabaja como secretaria de redacción en DIE ZEIT. Por primera vez, ella y su esposo cuentan los antecedentes personales de su lucha.

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(Traducción al español: Martin Scheuch)

Artículo original en DIE ZEIT
Der Zeuge (25. Februar 2016)
http://www.zeit.de/2016/10/colonia-dignidad-interview-wolfgang-kneese

LA SECTA

colonia_dignidad

Ocurrió en un país de Sudamérica.

Un líder religioso de pensamiento mediocre, ideas fascistoides y anticomunistas, lenguaje soez pero con una enorme capacidad de manipulación, funda un grupo religioso de características sectarias y establece así un espacio propio donde es él quien determina las normas, erigiéndose como señor del bien y del mal, exigiendo una obediencia absoluta de parte de sus seguidores.

Éstos, sometidos a un adoctrinamiento comparable con un lavado de cerebro, lo veneran y, siguiendo sus enseñanzas sobre Dios y el demonio, se ciñen a una vida austera reprimiendo su sexualidad y desconfiando del mundo externo como un lugar sometido a la maldad y la perversión.

En cambio, para el líder valen otros reglas: él goza de privilegios negados a sus súbditos, como despertarse a la hora que quiera, vestir ropa cara, degustar comida especial preparada para él y, sobre todo, poder practicar el sexo con jóvenes varones seleccionados, los cuales además están a su disposición cual esclavos modernos para atenderlo y cumplir con todos sus deseos.

La organización, que goza de un estatus especial gracias al apoyo del gobierno y además está liberada de impuestos, gestiona obras benéficas y sociales, además de otros negocios ajenos a lo religioso, entre ellos algunos vinculados a la minería.

Sólo una cúpula de 15 a 20 hombres comparten la información, mientras que los demás miembros son mantenidos en la ignorancia.

No estoy hablando de Luis Fernando Figari y el Sodalicio, sino de Colonia Dignidad, un enclave de alemanes en los Andes chilenos, cuyo líder, Paul Schäfer, y otros miembros fueron encontrados culpables de asociación ilícita para delinquir y de violaciones de derechos humanos.

(Columna publicada en Exitosa el 2 de julio de 2016)

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Colonia Dignidad, asentamiento fundado en Chile en 1961 por inmigrantes alemanes, en la comuna de Parral, Provincia de Linares, Región del Maule, fue también un centro de detención y tortura en tiempos de la dictadura de Augusto Pinochet. Actualmente se llama Villa Baviera.

Las denuncias por violaciones de derechos humanos básicos se dieron durante décadas a partir de los años ’60, pero fueron ignoradas tanto por la justicia chilena como por la diplomacia alemana.

Paul Schäfer, el líder de una supuesta comunidad idílica que en realidad era una secta, finalmente huyó en 1997 ante acusaciones de abusos sexuales contra niños y fue capturado en Argentina en el año 2005. Murió en una cárcel chilena en el año 2010.

En la sentencia dictada en abril de 2014 en Chile por el ministro en visita Jorge Zepeda Arancibia en contra de ex integrantes de la DINA (Dirección de Inteligencia Nacional) y de ex miembros de la Colonia Dignidad por asociación ilícita para diversos delitos cometidos en terrenos de esta última a partir de 1970, confirmada por la Corte de Apelaciones de Santiago, se señalan como características de la organización de Schäfer, entre varias otras:

  • la existencia de un mando superior, basado en un sistema de información, con características de organización militar;
  • sistema con características propias de las sectas, utilizando la religión y el vínculo con la autoridad militar de la época, lo que le permitió al líder abusar de la propia comunidad y desarrollar en forma impune su conducta pedófila criminal.

En materia de actividad organizada que constituye violación de Derechos Humanos:

  • se cometieron delitos de lesiones graves mediante el empleo sistemático de tratamientos psiquiátricos a los propios colonos de la ex «Colonia Dignidad»;
  • se mencionan los nombres de ocho jóvenes colonos alemanes, todos ellos pertenecientes a los grupos de niños llegados a Chile entre 1961 y 1963, que fueron separados de sus padres, al igual que los otros niños alemanes, pero además sometidos a «tratamientos de salud», no obstante estar sanos, recibiendo suministros de «sicotrópicos» y aplicación de corriente eléctrica en sus cuerpos mediante «electroshocks», permaneciendo aislados en el «hospital», así como en el anexo a éste denominado «Neukra», ubicados todos al interior de la hoy ex «Colonia Dignidad»;
  • y se establece que dichos seudo tratamientos psiquiátricos tenían como objetivo lograr la separación de los miembros de las familias y con ello la destrucción de los vínculos de éstas, además de inhibir las conductas sexuales de las víctimas, destruyendo el concepto de familia y manteniendo así una supuesta pureza moral de esos jóvenes;
  • el líder ejecutó tales conductas luego de crear un sistema de colaboración con los organismos de seguridad, logrando un estatuto similar al de las autoridades de la época, lo que le permitió llevar a cabo impunemente las prácticas crueles en contra de los propios colonos alemanes, los que deben ser considerados parte de la población civil, violencia física y sexual destinada a la destrucción de los vínculos familiares, con fines de proselitismo religioso o servicio a una causa;
  • la agresión física en contra de los jóvenes colonos se llevaba a cabo con orientación directa del líder, con el claro propósito de mantener sobre ellos un poder absoluto.

En cuanto a la comisión de delitos sexuales:

  • el líder de la Colonia, con complicidad y encubrimiento de sus ex jerarcas, cometió abusos sexuales y violaciones sodomíticas en contra de los menores, según quedó establecido en la causa rol 53.914 y otras acumuladas, tramitadas por un Ministro de la Corte de Apelaciones de Talca, en Visita Extraordinaria, en el Juzgado de Letras de Parra;
  • engañando a los progenitores de las víctimas y aprovechando la pertenencia de éstos a familias campesinas de la zona que buscaban un futuro mejor para sus hijos, y con el falso propósito de brindarles protección, la organización implementó una estructura jerárquica para que el líder seleccionara niños de su agrado y consumara gravísimas agresiones sexuales en contra de ellos, actuando otros integrantes como cómplices o encubridores de los delitos;
  • se encuentra acreditado judicialmente por la mencionada causa, que después de 1990 se cometieron en la «Colonia» múltiples delitos sexuales y violaciones sodomíticas en contra de menores;
  • a la vez, en ese proceso se acreditó que los delitos se cometieron utilizando el inmueble y la organización de la ex «Colonia Dignidad», hoy «Villa Baviera», especialmente en el denominado «Internado Intensivo» de menores que existió en su interior, al cual eran incorporados los niños que fueron agredidos sexualmente, donde eran mantenidos bajo coacción e intimidación, bajo los férreos y sofisticados sistemas de seguridad de la ex «Colonia Dignidad»;
  • por lo que el propósito real de establecer y operar dicho «Internado Intensivo» fue atraer menores para ser violentados sexualmente por el jerarca, con la complicidad y el encubrimiento por otros miembros de la ex «Colonia Dignidad».

Éstos son sólo algunos puntos de la sentencia, pues ésta incluye varios delitos más, entre los que se cuentan la posesión ilícita y tráfico de armas, además de torturas y asesinatos de detenidos políticos durante la dictadura de Pinochet.

Guardando las distancias —pues el caso de Colonia Dignidad llegó a extremos a los que no parece haber llegado el Sodalicio de Vida Cristiana—, si consideramos sólo las similitudes, ¿qué duda puede seguir habiendo de que la denuncia penal contra algunos miembros del Sodalicio por asociación ilícita para delinquir, secuestro y lesiones graves tiene bases sólidas?

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FUENTES

Dieter Maier, Colonia Dignidad: Auf den Spuren eines deutschen Verbrechens in Chile, Schmetterling Verlag, Stuttgart 2016.

Wikipedia (en español)
Colonia Dignidad
https://es.wikipedia.org/wiki/Colonia_Dignidad

EL SODALICIO EN LA PALABRA ESCRITA (II)

Este artículo es la continuación de mi anterior escrito EL SODALICIO EN LA PALABRA ESCRITA (I).

Al año siguiente del primer reportaje televisado sobre el Sodalicio de Vida Cristiana, emitido en el programa “Entre Líneas” de Cecilia Valenzuela en Canal N (ver CANAL N: PRIMER REPORTAJE SOBRE EL SODALICIO), el periodista Pedro Salinas publicaba su novela Mateo Diez (Jaime Campodónico/Editor, Lima 2002), donde en clave de ficción y con nombres cambiados narraba su paso a través de la institución. Independientemente de la calidad literaria del texto, se trataba de un testimonio valiente y honesto de primera mano. De alguna manera, se había abierto una compuerta para discutir el tema del Sodalicio en el ámbito público.

A fines de ese año el diario La República, a través de su revista Domingo, iniciaría la publicación de la que quizás sea la mejor investigación periodística sobre el tema que se haya realizado hasta la fecha.

REPORTAJE DEL DIARIO LA REPÚBLICA
(22 y 29 de diciembre de 2002, 5 de enero de 2003)

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El motivo que dio origen al reportaje de La República fue una carta notarial fechada el 9 de diciembre de 2002 que el Dr. Héctor Guillén, oftalmólogo arequipeño, y su esposa Martha Gross dirigieron a Luis Fernando Figari, Superior General del Sodalicio, manifestándole su preocupación por su hijo Franz, quien se había convertido en miembro del Sodalicio tras haber sido objeto de acciones proselitistas por parte de la institución e iba a ser enviado a una comunidad en Colombia, un país con guerra interna, recalcando además la situación de ruptura con la familia Guillén que se había generado desde que Franz fuera reclutado por el Sodalicio. La carta fue hecha pública y Franz Wieser, ex-sacerdote que ha sido profesor de religión en el Colegio Peruano-Alemán Alexander von Humboldt, remitió la carta al director de La República, quien la publicó en su diario.

Señor Director:

Por tratarse de un asunto de interés general, remito para su publicación en La República la siguiente Carta Notarial dirigida al Sodalitium.

Franz Wieser

__________________________________________________

Señor Luis Fernando Figari
Lima.-

Desde que nuestro hijo, Franz Guillén Gross, actualmente en San Bartolo (Lima), ingresó en el Sodalitium el 1º/6/99, como padres de familia nos hemos visto imposibilitados de entablar con él un diálogo razonable, personal, amplio, abierto y natural, llegando Franz al extremo de negarse a hablar con su padre. Somos respetuosos de la libertad de conciencia y, por tanto, de la libre elección de la vida religiosa, por lo que no podemos aceptar las limitaciones impuestas a nuestro hijo -desde su adscripción a la organización de su dirección- a sus posibilidades de desarrollo integral, plural, libre en plenitud de conciencia, situación que ha generado un radical cambio en su personalidad, la deserción de sus estudios universitarios, el abandono de su hogar y el total alejamiento e incluso enfrentamiento con su familia, lo que contradice su supuesta formación cristiana. Luego de que nuestro hijo inició su formación en San Bartolo, hace año y medio, ha sido drásticamente limitado en su posibilidad de visitar a su familia en Arequipa, a pesar de habérsele enviado el dinero para su pasaje y de nuestra angustiosa necesidad de tenerlo en casa para eventos familiares trascendentales. Siendo Colombia (adonde piensan enviarlo) un país en guerra interna y en el que se ha asesinado a cerca de 30 religiosos y secuestrado varios sacerdotes, incluyendo al cura sodálite arequipeño Juan Pablo Rosado Gómez de la Torre, nosotros, como padres de Franz Guillén Gross, en ejercicio de nuestros derechos como familia, responsabilizamos directamente a usted y a su organización de cualquier daño físico, emocional, mental y/o moral que se deriven tanto del aislamiento que le ha sido impuesto hasta ahora por el Sodalitium a nuestro hijo como de la decisión de enviarlo a Colombia. Nos despedimos con la esperanza de ver pronto a nuestro hijo Franz en Arequipa.

Héctor Guillén Tamayo
Martha Gross de Guillén
DNI 29250771-29331501

El Sodalicio, a través de su vocero Germán McKenzie, emitió una respuesta, que fue publicada en el mismo diario el 16 de diciembre de 2002.

Señor Director:

Habiendo aparecido publicada en la sección Cartas del diario bajo su dirección el último lunes una carta relativa a nuestra institución religiosa, me permito solicitarle la publicación en la misma sección.

Atentamente

Germán McKenzie González
Superior Regional del Perú
Sodalicio de Vida Cristiana

__________________________________________________

CARTA NOTARIAL

Sres.
Héctor Guillén Tamayo
Martha Gross de Guillén
Piérola 106
Cercado
Arequipa

Estimados señores:

Al haber tomado conocimiento de su carta pública del 9 de diciembre pasado, como responsable del Sodalicio de Vida Cristiana en el Perú quiero manifestarles lo siguiente:

El hermano Franz Guillén Gross, como todos los miembros del Sodalicio de Vida Cristiana, es una persona adulta que se ha adherido libremente a nuestra institución religiosa. Cualquier acusación de ustedes que ponga esto en duda equivale a una calumnia.

Considero que los asuntos que ustedes señalan deberían haber sido tratados directamente entre padre e hijo. Lamento mucho esta situación que en ningún modo puede ser imputada a nuestra institución. Dado que el Hno. Franz también tiene conocimiento de su carta pública, a él le corresponde actuar de acuerdo a su conciencia.

Me permito aclarar que las imputaciones de su carta no corresponden a la verdad.

Que Dios, Señor Nuestro, los bendiga y que este tiempo de Navidad les ayude a profundizar en la fe.

Atentamente,

Germán McKenzie González
Superior Regional del Perú
Sodalicio de Vida Cristiana

A continuación vendrían los artículos que se publicaron en la revista Domingo en tres números consecutivos, entre el 22 de diciembre de 2002 y el 5 de enero de 2003. La buena calidad del reportaje hay que atribuirlo a que La República contaba entonces con una de las mejores unidades de investigación periodística del Perú. Por ello, la presentación de la información obtenida fue bastante objetiva.

Dado que este material ya no está disponible en la página web de La República, he tenido que recurrir al Internet Archive para encontrar copias del reportaje, aunque sin las fotos. A través de los siguientes enlaces se puede acceder a los respectivos textos publicados en Domingo.

22 de diciembre de 2002
http://web.archive.org/web/20021224155310id_/http://www.larepublica.com.pe/SUPLEMEN/DOMINGO/2002/1222/domingoCONTROVERSIA.htm

29 de diciembre de 2002
http://web.archive.org/web/20030104013342id_/http://www.larepublica.com.pe/SUPLEMEN/DOMINGO/2002/1229/domingoCONTROV1.htm
http://web.archive.org/web/20030104013634id_/http://www.larepublica.com.pe/SUPLEMEN/DOMINGO/2002/1229/domingoCONTROV2.htm
http://web.archive.org/web/20030104015405id_/http://www.larepublica.com.pe/SUPLEMEN/DOMINGO/2002/1229/domingoCONTROV3.htm
http://web.archive.org/web/20030104014320id_/http://www.larepublica.com.pe/SUPLEMEN/DOMINGO/2002/1229/domingoCONTROV.htm

5 de enero de 2003
http://web.archive.org/web/20030109054933id_/http://www.larepublica.com.pe/SUPLEMEN/DOMINGO/2003/0105/domingoDESCARGOS.htm

Lo único que falta es el sumario de la entrevista que le hicieron al P. Jaime Baertl, que apareció en la versión impresa de la revista Domingo del 5 de enero de 2003, pero no en la versión digital.

La reacción del Sodalicio no se hizo esperar y, poco después de publicado el primer artículo, el encargado de Comunicaciones del Sodalicio envió una carta aclaratoria, que fue publicada en el diario y que reproduzco a continuación, junto con la respuesta del responsable de la revista Domingo.

Publicado en La República el 25 de diciembre de 2002

Sodalitium niega irregularidades

Señor director:

En la sección Domingo ha sido publicado un artículo referido al Sodalitium Christianae Vitae respecto del cual me permito hacerle llegar las siguientes aclaraciones:

El artículo «El llamado del Señor» se origina, según el mismo redactor, en «una denuncia contra la organización religiosa Sodalitium Christianae Vitae». Se está haciendo referencia a una carta pública de los Sres. Guillén, aparecida en el diario La República el 9 de diciembre pasado. Las imputaciones contra nuestra Institución contenidas en dicha carta faltan a la verdad, tal como lo manifestó el Hno. Germán McKenzie en la carta notarial del 20 de diciembre, publicada en el mismo diario La República. Llama la atención que tal descargo fuese ignorado en el artículo.

Siendo esto así, llama profundamente la atención la metodología utilizada en el mencionado artículo. Lo menos que se podría esperar de un medio de comunicación, cuya finalidad y obligación para con la sociedad es informar, es una investigación seria de las aseveraciones en las que se basa el artículo. En este caso:

El diario se negó a recoger las declaraciones de Franz Guillén, y postergó «para después» una entrevista.

No se ha consultado a las autoridades de la Iglesia, siendo el Sodalitium una Institución Católica y aprobada oficialmente por la Iglesia Católica.

El diario no ha visitado, ni visto las obras auspiciadas por el Sodalitium.

Las imputaciones vertidas, no verificadas, parecen manifestar un sesgo parcial a favor de quienes las formulan.

Todo lo que «se dice» es asumido y presentado como verdadero sin ningún cuestionamiento o indagación de quiénes son aquellos que hacen las aseveraciones. Tal perspectiva parece revelar una falta de interés por la verdad y lleva, en este caso, a cuestionar el proceder periodístico y ético del diario bajo su dirección.

El Sodalitium ha recibido su aprobación oficial del Santo Padre Juan Pablo II, no emplea método alguno reñido con la fe fundada en el Evangelio de Nuestro Señor Jesucristo, es conocida por el apoyo a la familia, a la vocación al matrimonio como camino de santidad, al derecho a la vida de todo ser humano, al respeto a la dignidad y derechos de la persona humana.

Erwin Scheuch
Encargado de Comunicaciones
Sodalitium Christianae Vitae

Antes de enviar una carta aclaratoria, el señor Scheuch debió haberse informado mejor para no faltar a la verdad. El redactor de la nota conversó extensamente con el propio Franz Guillén el viernes 19, informándole sobre la naturaleza del artículo y la necesidad de obtener su versión. Fue Franz quien prefirió no dar entrevista alguna. El mismo viernes en la tarde, después de esperar tres días por una respuesta, Franz dijo por teléfono que sólo quería saber si su padre «ya se había retractado» y sentenció: «no te voy a dar la entrevista». La República había intentado durante toda una semana comunicarse con autoridades del Sodalitium, llamó a la parroquia de Camacho, al mismo local de San Bartolo, a la Asociación Vocaciones y Vida Apostólica. El jueves 18, Erwin Scheuch devolvió la llamada al redactor y, con un tono irrespetuoso, intentó intimidarlo y presionarlo para que desista de escribir la nota. Poco después, un sacerdote de apellido Baertl prometió la ansiada entrevista que finalmente no se realizó porque «Franz había salido de paseo». La República respetó el testimonio de los padres, cuyas declaraciones tienen un valor periodístico que Scheuch intenta negar. Nos hubiese gustado incluir con la misma amplitud los descargos de SCV, pero sus miembros ‒antes que dar su versión‒ buscaban a toda costa impedir la difusión de cualquier nota referida a ellos.

(Mario Munive, editor de Domingo)

En general, hubo un manejo torpe de esta situación por parte del Sodalicio, ya sea mediante advertencias conminatorias, ya sea negándose a declarar o haciendo un cierrapuertas generalizado, que a la larga no se pudo sostener. Al final se abrió camino un resquicio de sensatez, que llevó a que representantes del Sodalicio hablaran sobre la institución, aunque sin responder satisfactoriamente a los cuestionamientos concretos que se hizo, sino limitándose a detallar generalidades.

Yo en esos momentos ya me encontraba en Alemania. Me había adelantado a mi familia para preparar el terreno y encontrar un trabajo. En ese entonces me consideraba algo así como la avanzada del Sodalicio en tierras germanas, pues a pesar del paulatino ostracismo a que había sido sometido después de abandonar la vida en comunidades, todavía me sentía ligado afectivamente a la institución y estaba dispuesto a participar en su “misión evangelizadora” en tierras lejanas. Y, por supuesto, estaba dispuesto a jugarme el pellejo por esta causa. De modo que preparé una extensa carta en que respondía detalladamente a cada uno de los puntos relevantes del reportaje, llegando incluso al extremo de defender al mismo Luis Fernando Figari, y se la envié por correo electrónico a La República el 3 de enero de 2003. Ahora bien, el reportaje de La República estaba tan bien hecho, que no se podía negar que todo lo que ponía en cuanto a datos y hechos correspondía a la realidad. Por eso mismo, contrariamente a otros miembros de la Familia Sodálite que negaban en bloque lo publicado por los reporteros de La República, acusándolos de usar un lenguaje tendencioso, de vertir calumnias en sus textos y de faltar a la verdad, yo tuve por lo menos la honestidad de no negar aquello que era cierto, pero consideraba que los hechos habían sido interpretados erróneamente, llevando a conclusiones incorrectas. Se trataba de un problema de interpretación. Esto es lo que decía textualmente en la carta:

«Puedo afirmar que los datos que ustedes han averiguado son en su mayoría ciertos, pero lamentablemente son interpretados, tanto por el autor del reportaje como por algunos de los entrevistados, de manera errónea.»

Tengo que admitir que me equivoqué, pues hechos adicionales de los cuales he llegado a tener conocimiento posteriormente, así como un análisis más profundo y exhaustivo de lo que fue mi propia experiencia en el Sodalicio, confirman más bien las conclusiones a las que llegó La República y desbaratan los argumentos que yo esgrimí entonces para defender a una institución y a su líder, que han aplicado técnicas de manipulación psicológica cuyas secuelas perduran durante años en quienes han sido sometidas a ellas, hasta el punto de que quienes han sido víctimas son capaces de seguir abrazando la causa de sus victimarios.

Mi carta fue enviada con copia a Erwin Scheuch, Germán McKenzie y al P. Jaime Baertl. El único que me respondió fue el P. Baertl, felicitándome por ella e informándome que ya había concertado una reunión con Gustavo “Chicho” Mohme, director de La República, para conversar sobre el tema. Fruto de esta reunión fue la mencionada entrevista que le hicieron y que sólo se publicó a modo de resumen en la edición escrita de Domingo del 5 de enero de 2003. Mi carta nunca fue publicada por el diario, y sólo recibí una breve y descortés respuesta de Mohme, indicándome que ya había conversado con el P. Baertl y que, por lo tanto, el asunto quedaba zanjado y ya no era necesario publicar mi carta.

Franz Guillén y Martha Gross

Héctor Guillén y Martha Gross

Parece que el asunto no quedó zanjado allí, pues el 18 de febrero de 2003, ante la falta de respuesta por parte de Luis Fernando Figari, los esposos Guillén-Gross le enviaron otra carta notarial mucho más extensa y detallada, describiendo los problemas que observaban en el Sodalicio y pidiéndole que cumplan con aquello a que se comprometieron:

«Pretendiendo dar “punto final a una controversia” el Sodalitium y La República se comprometieron ante la opinión pública el Domingo 5 de enero del 2003 a promover la “reconciliación” de la familia Guillén Gross. Nosotros sabemos la trascendencia social de la problemática y no estamos de acuerdo en considerar este asunto como un simple “problema familiar”.»

La carta, que no tiene desperdicio, hace una descripción de ciertas características presentes en el modo de actuar del Sodalicio y que son comunes a aquellas sectas que practican el control mental con sus miembros:

«…nos preocupa profundamente el encontrar en el Sodalitium ciertas características como: el control de la atmósfera social y la comunicación, el sentimiento de un “llamado superior”, la redefinición del lenguaje, el culto a la confesión (sobre todo pública), las exageradas demandas de pureza y santidad y sobre todo la dispensación de la existencia ‒que consiste en una prodigalidad irracional que pone en peligro la vida misma del adepto‒, que describen en grupos sectarios destructivos profesionales de la talla de Pepe Rodríguez, Steven Hassan, Rick Ross, Margaret Thaler Singer, Robert Liffton, Michael Langone y John Hockman. Valga decir que desde el punto de vista psicológico la definición de secta considera que se trata de un grupo que ejerce en sus futuros adeptos técnicas de persuasión coercitiva con consecuencias que son científica y fácilmente comprobables y reproducibles.»

Se puede leer el texto completo de las dos cartas notariales de los esposos Guillén-Cross en el siguiente enlace:
http://www.elenciclopedista.com.ar/el-sodalitium-sodalites/

Con fecha de 21 de febrero de 2003, hubo una carta de respuesta de Germán McKenzie a la última carta notarial de los Guillén-Gross, pero desconozco su contenido.

REPORTAJE DE LA REVISTA CARETAS
(13 y 27 de marzo de 2003)

caretas

Con el objetivo de mejorar su imagen, el Sodalicio recurrió a periodistas de la revista Caretas, a fin de que se hiciera un reportaje de contenido positivo, para lo cual los invitaron a visitar algunas comunidades sodálites y obras de asistencia social.

La revista Caretas se ha caracterizado siempre por un estilo ligero e irónico en la presentación de su información. El resultado se ve en el artículo publicado, que muestra su mordiente sarcástica y burlona desde el título mismo: “Los once mil castos”. He aquí el artículo:

13 de marzo de 2003

Los once mil castos
http://www.caretas.com.pe/2003/1763/articulos/sodalicios.phtml

Si bien muchos miembros del Sodalicio se sintieron satisfechos por la nota periodística, debido a que ‒a su parecer‒ desmitificaba mucho del carácter sectario que se le había querido imputar a la organización, en realidad el tono sarcástico del artículo daba a entender que los sodálites eran personas que no podían ser tomadas en serio.

Aún así, no faltaron quienes se entusiasmaron con el artículo, como un padre de familia que le escribió a la revista la siguiente carta, que reproduzco junto con la respuesta de Caretas (ver http://www.caretas.com.pe/2003/1765/secciones/nosescr2.phtml).

EL SODALICIO

Lima, 17 de marzo del 2003

CARETAS 1763 ha mostrado que el Sodalicio no es ni elitista ni cerrado y que al contrario, se encuentra bendecido por numerosas vocaciones de jóvenes que libremente se encuentran atraídos por su espiritualidad y vida eclesial. Tengo el orgullo de tener dos hijos miembros del Sodalicio, los cuales veo que se desarrollan plenamente y viven felices su vocación al servicio a Dios, uno en el Perú y otro en Santiago de Chile.

Javier Blanco Llosa
DNI 10270769

CARETAS hizo una crónica de la visita al mundo de los sodálites. No todos los padres coinciden con lo expresado por este lector.

Sin embargo, lo que al principio fue considerado como una jugada inteligente terminó por volverse en contra del Sodalicio, pues Caretas publicó dos números más adelante una nota con el título de “Resquicios del Sodalicio”, donde se detallaba dos casos, el del matrimonio Guillén-Cross y su hijo Franz, y el de Fernando Gerdt Tudela, el cual relataba que iba a perder su casa en Arequipa por causa de un fraude cometido por miembros del Sodalicio. A través de los siguientes enlaces se puede ver el índice de la revista con el nombre y un sumario del artículo, y una copia del mismo incluido en un dossier sobre el “El caso Guillén-Cross” preparado por MASA-Perú.

27 de marzo de 2003
Resquicios del Sodalicio
http://www.caretas.com.pe/2003/1765/secciones/indice.phtml
http://galeon.hispavista.com/sectasperu2/productos1085705.html

El artículo motivó una carta aclaratoria de parte de Germán McKenzie. Caretas publicó la carta, junto con una misiva que había enviado Franz Guillén Cross. A continuación, reproduzco ambas cartas junto con la respuesta de Caretas (ver http://www.caretas.com.pe/2003/1766/secciones/nosescr1.phtml).

FE DE SODÁLITE

Lima, 28 de marzo del 2003

Respecto a “Resquicios del Sodalicio” de CARETAS 1766, el elemento fundamental de nuestra espiritualidad es el respeto a la libertad, conciencia, dignidad y derechos humanos de cada persona. Los miembros, todos adultos, que se han adherido libremente y ninguno está aislado ni de su familia ni de la sociedad; por el contrario mantienen comunicación fluida y libre.

El Fundador y Superior General del Sodalicio, D. Luis Fernando Figari, es un laico consagrado peruano cuyo pensamiento está reflejado en numerosas obras espirituales y sobre la fe de la Iglesia, que son de difusión pública. Con los esposos Héctor Guillén y Martha Gross hemos procurado mantener un diálogo como institución hasta que el señor Guillén no nos quiso recibir. Sus comunicaciones epistolares han sido todas respondidas. Sobre Fernando Gerdt, el Sodalicio no tiene vinculación jurídica con la Asociación Civil San Juan Bautista, que es una asociación independiente. El sacerdote sodálite, RP Javier Len, ha procedido a defenderse ante el Poder Judicial y en el proceso por delitos de difamación e injuria ya hay sentencia condenatoria, la que será leída próximamente.

Germán McKenzie González
Superior Regional
Sodalicio de Vida Cristiana

Ver siguiente carta.

Sao Paulo, 30 de marzo del 2003

No es cierto que esté sometido a un aislamiento de mis padres o de mi familia. De manera libre, me encuentro feliz de hacer en Brasil aquello para lo que he consagrado mi vida, que es el anuncio del Señor de hacer de éste un mundo mejor.

Lamento que mis esfuerzos de reconciliación no hayan sido correspondidos por mis padres. Intentos que se hicieron aún más difíciles después que mi padre pretendió impedir el ejercicio de mi libertad religiosa, por lo cual, temiendo por mi seguridad personal mientras viví en Perú, tuve que pedir garantías ante el Ministerio del Interior. A pesar de todo, el amor y la preocupación que siento por mis padres no han cambiado en absoluto. Confío que el tiempo, mis oraciones y mi testimonio personal los ayuden a ser más respetuosos de mis decisiones y de la institución a la que pertenezco.

Franz Guillén Gross
DNI 40766168

CARETAS ha consignado las versiones de las diferentes partes involucradas y también ha recibido diversas cartas firmadas por parejas de esposos que aseguran que, contrariamente a lo afirmado por los Guillén Gross, sus hijos han decidido voluntariamente y sin coacciones pertenecer al Sodalicio.

En resumen, Caretas se lavó las manos, aduciendo que había cumplido su labor periodística al consignar versiones encontradas sobre un mismo asunto. Y al Sodalicio el tiro le salió por la culata.

Como dato curioso, viene al caso comentar que Germán McKenzie dejaría de ser oficialmente miembro del Sodalicio de Vida Cristiana en septiembre de 2007. La explicación que dieron los responsables del Sodalicio a los miembros de la Familia Sodálite fue que se le había expulsado por faltas graves reiteradas. Esto ocurrió un mes antes de saliera a luz el caso de Daniel Murguía, otro sodálite consagrado, quien fue detenido por la policia mientras fotografiaba a un niño de la calle desnudo en un hostal del centro de Lima el 27 de octubre del mismo año. A consecuencia de ello, Murguía fue expulsado ipso facto del Sodalicio. Muchos creyeron que Germán había cometido faltas del mismo calibre, lo cual fue desmentido por los responsables del Sodalicio, sin especificar cuáles habían sido las supuestas faltas de quien fuera Superior Regional del Perú.

Germán McKenzie

Germán McKenzie

Germán McKenzie recibiría apoyo del Sodalicio para asentarse en los Estados Unidos y poder iniciar, al año siguiente de haber sido expulsado de la institución, estudios de religión y cultura en la Catholic University of America (Washington D.C.). En enero de 2010, Raúl Masseur, un sodálite de antigua hornada, le cedería su puesto de capellán en la Brock University de St. Catharines (Ontario, Canadá), responsabilidad que asumiría McKenzie hasta agosto de 2010. Se desempeñaría también como Director de la Oficina de Evangelización de la Diócesis de St. Catharines (Ontario, Canadá) desde enero de 2010 hasta diciembre de 2011. A partir de enero de 2012 lo encontramos como profesor adjunto en la Niagara University, en Lewiston (Nueva York, Estados Unidos). Desde junio de 2012 también es profesor visitante de la Universidad Juan Pablo II (San José, Costa Rica), cuyo rector es nada menos que el P. Emilio Garreaud, miembro de la generación fundacional del Sodalicio. Actualmente, McKenzie vive con su esposa Giuliana en Waterloo (Ontario, Canadá) y sigue manteniendo contactos con sodálites de alto rango. Su matrimonio se celebró en el año 2011 en una ceremonia litúrgica presidida por el el P. Juan Carlos Rivva, sodálite, y a la cual asistieron varios miembros del Sodalicio, muchos de ellos con cargos de responsabilidad en la institución.

Se trata de una curiosa trayectoria para alguien que fue expulsado oficialmente del Sodalicio. Ni siquiera aquellos que se han retirado de la institución por la puerta delantera, es decir, de mutuo acuerdo y cumpliendo con todas las formalidades del caso, han recibido un trato preferencial como éste.

¿Y cuáles pueden haber sido las supuestas “faltas graves” de McKenzie que habrían motivado su expulsión? Hasta el momento no han sido reveladas. Cuando entre miembros de la Familia Sodálite se comenzó a especular sobre posibles abusos sexuales, los responsables del Sodalicio simplemente lo negaron sin dar detalles concretos sobre cuáles habían sido las faltas. Lo cual no impidió que en los rumores de boca a boca la reputación de McKenzie fuera arrastrada por lo suelos. A decir verdad, si esas faltas realmente existieron, deben haber sido meras infracciones a las normas internas del Sodalicio, que cualquier persona normal nunca calificaría como “graves”. Tengamos en cuenta que el Sodalicio ha tenido como política invariable nunca dar a conocer públicamente de motu proprio delitos sexuales cometidos por sus miembros. En casos así, el encubrimiento ha sido la estrategia elegida.

También existe la posibilidad de que las supuestas “faltas graves” nunca hayan existido. En ese caso, se trataría únicamente de un pretexto para facilitar la salida rápida de un sódalite consagrado perpetuo con un alto cargo de responsabilidad, que sentía que una vida en celibato no era el camino apropiado para su desarrollo personal. Me inclino por esta hipotesis. Doy fe de la calidad humana de McKenzie, y hasta el momento de su expulsión, fue una de las pocas personas en quien había depositado mi confianza y a quien consideraba como un interlocutor inteligente y de mente abierta para tratar los temas que me preocupaban sobre el Sodalicio. Aunque llegué a tener la impresión de que también estaba sometido al código de silencio que impera en el Sodalicio, y por eso mismo dejó sin respuestas varios mensajes míos. Se comprenderá por qué la noticia de su expulsión me cayó como un cubo de agua fría y, junto con el caso de Daniel Murguía, fue uno de los detonantes del proceso de reflexión que finalmente me llevaría a la decisión de desvincularme definitivamente de una institución que parecía comportarse más bien como una mafia aunque tuviera sus tintes religiosos.

REPORTAJE DE LA REVISTA QUÉ PASA
(2 de mayo de 2003)

que-pasa

El siguiente reportaje importante sobre el Sodalicio que apareció en la prensa escrita fue publicado el 2 de mayo de 2003 en Qué Pasa, una revista chilena conservadora y liberal de centroderecha. El tono es más sereno y desapasionado que los artículos aparecidos anteriormente en medios peruanos ‒aunque recurre a ellos como fuente de información‒ y simplemente se limita a informar sobre lo que ha averiguado.

Se puede acceder al artículo a través del Internet Archive en el siguiente enlace:

2 de mayo de 2003
Gurú bajo sospecha
http://web.archive.org/web/20030515052045id_/http://www.quepasa.cl/revista/2003/05/02/t-02.05.QP.SOC.GURU.html

Debido a que informaba también sobre aquellos aspectos controvertidos del Sodalicio, el artículo no gustó a los miembros de la Familia Sodálite que lo leyeron, y las cartas a la redacción no se hicieron esperar. Estas misivas parecieran exigirle a la revista que presente una visión absolutamente positiva del Sodalicio, y niegan lo que ella dice de manera desfavorable para la institución sin presentar argumentos ni responder a cada uno de los puntos en cuestión. Dicho de otro modo, es el tipo de respuesta que alega que lo que el adversario dice es falso solamente “porque lo digo yo, que conozco mejor a los sodálites”, y que se había visto reflejada antes en muchas de las cartas que llegaron a la redacción de La República.

A continuación, reproduzco dos de esas cartas junto con las breves réplicas que les dio la redación de la revista. La primera proviene de cuatro mujeres que se identifican como integrantes del Movimiento de Vida Cristiana, y la segunda, de Alessandro Moroni, entonces Superior Regional del Sodalicio en Chile y actualmente Superior General de la institución.

Publicado en Qué Pasa el 9 de mayo de 2003

Fieles al Sodalicio

Somos un grupo de cuatro mujeres jóvenes que pertenecemos hace tres años al Movimiento de Vida Cristiana del Sodalicio. Siendo todas católicas, hemos encontrado en el movimiento el espacio y el apoyo necesario para experimentar una auténtica y comprometida vida cristiana, a la luz del Evangelio y de las enseñanzas de la Iglesia a la que hemos sido siempre fieles.

Con decepción hemos leído el reportaje aparecido en su revista el pasado viernes 2 de mayo, titulado “Gurú bajo sospecha”. El artículo no se basa tanto en hechos sino más que nada en opiniones y dichos de ciudadanos peruanos que, obviamente, están en contra del Sodalicio. Además, algunos de los hechos revelados son derechamente falsos, como las supuestas querellas instaladas en tribunales peruanos y la vinculación de nuestro fundador a Tradición, Familia y Propiedad. Para los que conocemos el movimiento, nos preocupa la actual avidez de los medios de comunicación por dar un cariz negativo de manera sensacionalista a todo tema que toque a la Iglesia. Consideramos que en aras de una información objetiva se debió haber tomado en cuenta, al menos, la opinión de algunos de los adherentes que integramos Sodalicio, que no está reflejada en el reportaje. Incluso, de la extensa entrevista que hicieron al superior de Chile Alessandro Moroni, no citan ni una palabra y lo que se menciona no tiene relación con el diálogo que hubo en la realidad.

Constanza Leontic Goñi, Sandra Schemel, María Francisca Rivas Anguita, Andrea Valdivieso Arellano

Nota de la Redacción

Quienes lideran la ofensiva legal contra Figari ratifican la existencia de 58 denuncias en diferentes tribunales de Perú. Los testimonios provienen de personas que pertenecieron al Sodalicio o tienen algún vínculo familiar con el movimiento. La voz oficial en Chile, el superior Alessandro Moroni, fue una fuente más del artículo, fue citado cinco veces en el texto y, tal como se consigna, sólo se abstuvo de hacer comentarios respecto del pasado que se le atribuye al fundador en Perú.

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Publicado en Qué Pasa el 16 de mayo de 2003

Fieles al Sodalicio

En el artículo publicado sobre nuestra institución, todo lo afirmado en contra de Sodalitium Christianae Vitae y de su fundador es falso. La afirmación sobre la existencia de 58 denuncias contra Sodalitium es absolutamente falsa. El Sodalitium no ha recibido querella ni denuncia de ningún tipo ante los tribunales del Perú ni de ningún otro país.

El cardenal Juan Landázuri, arzobispo de Lima entre 1954 y 1989; su sucesor, el cardenal Augusto Vargas, SJ; y numerosísimos obispos y sacerdotes, han conocido bien la vida y trayectoria del fundador del Sodalitium.

Del propio reportaje se infiere que tales imputaciones son producto de conjeturas obtenidas a partir de trascendidos e informaciones comprometidas con un querer totalmente ajeno a ella.

Con todo, es el caso señalar que el Sodalicio, como expresión de la Iglesia, defiende los valores de la familia. Lo ha hecho siempre. Nuestra espiritualidad habla del matrimonio como un camino de santidad. Y no es un asunto marginal, como lo expresa la adherencia de decenas de matrimonios al Sodalicio, así como los millares de matrimonios que forman parte de la Familia Sodálite. Por esta razón, nos repugna la deformación que el reportaje pretende presentar de nuestra aproximación a la familia, ya que nuestro pensamiento y convicción es justamente contrario. Con ello se nos desdibuja y deforma a través de frases comunes y una inaceptable caricatura.

Alessandro Moroni, Superior de Sodalitium Christianae Vitae Chile

Nota de la Redacción

Según informa uno de los querellantes, las denuncias, tal como se consigna en el artículo, recaen sobre Luis Fernando Figari y no sobre el movimiento. Desde la publicación del reportaje hasta el cierre de esta edición, el número de presentaciones judiciales en contra del fundador del Sodalicio en los tribunales peruanos había ascendido a 62.

Qué Pasa publicaría dos años después, el 5 de noviembre de 2005, un reportaje más benigno sobre el Sodalicio, que lleva el título de El batallón peruano del Cardenal. Este reportaje ya no está disponible en la página web de la revista, pero una copia del texto publicado se puede leer en el siguiente enlace:
http://ar.groups.yahoo.com/group/PEVA/message/2853

OTROS ESCRITOS

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Herbert Mujica

Hay otros autores que han escrito sobre el Sodalicio, como el periodista arequipeño Herbert Mujica, el filósofo y periodista mexicano Édgar González Ruiz y el articulista Roberto Valdivia, sin añadir nada relevante a lo que ya se conoce por otros medios y sin mostrar un conocimiento a fondo de la institución. Sus escritos han de ser considerados como meros artículos de opinión, con algunas disquisiciones interesantes, aunque no todo tenga el mismo valor. A mi parecer, a veces caen en generalizaciones inadecuadas y llegan a conclusiones discutibles que extienden a toda la Iglesia sólo en base a sus reflexiones sobre el Sodalicio y sobre los sectores eclesiales más conservadores. Para quien tenga interés en revisarlos, los artículos de Mujica, González Ruiz y Valdivia están disponibles en la página web de Red Voltaire (http://www.voltairenet.org/es).

Como se podrá constatar, nadie en el Sodalicio ha presentado nunca de manera pública aclaraciones convincentes sobre cada uno de los puntos cuestionables que han sido señalados en la prensa escrita. Como institución que está convencida de estar “ensayando la verdad” ‒según dice uno de sus lemas‒, cree que basta con replicar que lo que se cuenta sobre ella es falso y no corresponde a la verdad para acallar cualquier duda. Sea como sea, partiendo del postulado de que el Sodalicio es una iniciativa querida por Dios y amparándose en una aprobación pontificia que casi nadie sabe cómo obtuvieron, los responsables se niegan a dar las explicaciones del caso y mucho menos a abrir las puertas de la institución para una investigación en toda regla. Ni siquiera dentro del Sodalicio saben la mayoría de sus miembros qué secretos se esconden en la institución, pues siempre se ha controlado la información a la cual los sodálites pueden acceder, de modo sólo sepan lo que la cúpula quieren que se sepa. La visión idealizada de la historia del Sodalicio es cuasi-dogma en la institución. Esto, unido a una disciplina férrea que forma sólo para obedecer y adherirse a un pensamiento único, considerándose cualquier reflexión crítica y personal como una tentación mundana o diabólica, sólo puede generar mentalidades refractarias a la realidad en todos sus matices y a la verdad de los hechos en toda su desnudez, por más incómodos y desagradables que sean. ¿Hay un cambio a la vista? No lo creo, mientras se siga ejerciendo este control mental sobre los miembros del Sodalicio, disfrazado de medidas de formación en la espiritualidad cristiana. Mientras tanto, no queda más remedio que seguir escribiendo, a fin de contribuir a que la verdad se vaya abriendo paso.