EL ENCUBRIMIENTO DE LOS NAUSEABUNDOS

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Según Luis Galarreta, el Congreso no verá el caso Sodalicio porque se ha visto en otras instancias. ¿No se ha dado cuenta hasta ahora de que en ninguna de esas instancias el tema se ha investigado en toda su amplitud, y que la única instancia en capacidad de hacer eso es el Congreso de la República?

Tenemos el informe final de la Comisión de Ética para la Justicia y la Reconciliación convocada por el Sodalicio, que se ciñe a temas de abusos y saca conclusiones demoledoras pero que ha sido desacreditado por instancias posteriores.

La Fiscalía de la Nación se limitó a las denuncias presentadas por cinco víctimas, y tras una investigación que presenta serias deficiencias, le ha restado valor a las declaraciones de testigos y denunciantes, asumiendo como ciertas las mentiras de los acusados.

La Santa Sede, aun admitiendo el control psicológico ejercido por Figari, sólo le reconoce pecados graves pero niega que haya habido abusos sexuales y, por lo tanto, tampoco hay víctimas sino solamente cómplices del pecado.

Los informes preparados por tres expertos contratados por el Sodalicio, fragmentarios y con una serie de inconsistencias y falsedades, admiten abusos sexuales incluso a jóvenes menores de edad, pero dejan otros temas en la penumbra.

La Defensoría del Pueblo difícilmente podrá investigar todas las versiones del Sodalicio que hay, pues no cuenta con las herramientas necesarias para ello.

Y la propuesta de imprescriptibilidad de violaciones de menores tampoco evitará que casos como el del Sodalicio se repitan, pues los abusos sexuales cometidos no encajan en el concepto de violación que maneja el Código Penal.

Negarse a investigar es encubrimiento puro y duro. Nauseabundo.

(Columna publicada en Exitosa el 11 de marzo de 2017)

LA CRUDA VERDAD

abuso

La Iglesia católica tiene como principio pragmático, elevado a la categoría de imperativo ético, evitar siempre el escándalo. Pues supuestamente lo que escandaliza socava la fe de los fieles y los aleja de la salvación. «La salvación de las almas debe ser siempre la ley suprema de la Iglesia» es el enunciado sobre el cual se asienta todo la ley eclesiástica, como señala el actual Código de Derecho Canónico (n. 1752).

Pero lo que muchos representantes de la Iglesia han perdido de vista es que en el lenguaje bíblico “escándalo” se entiende como “tropiezo”, y el que escandaliza es aquel que hace tropezar a otros —cualquier abusador, por ejemplo— y no el que da a conocer quiénes son los abusadores y cuáles son los abusos cometidos.

Cuando se trata de investigar abusos, la verdad desnuda hecha pública es lo que menos interesa a los tribunales eclesiásticos, pues su veredicto final dependerá de cuán escandalosa consideren la revelación de los hechos. Y por evitar el escándalo se preferirá —como ha ocurrido frecuentemente— encubrir y proteger a los abusadores y, en la medida de lo posible, mantener la verdad completa en el silencio más absoluto.

Poco se puede esperar de las instancias vaticanas, mucho menos del Sodalicio mismo, respecto a la verdad sobre los abusos cometidos en esta institución. Su preocupación ardiente por salvar a las almas evitando el escándalo hará que oculten todo lo que se pueda ocultar, como lo han intentado infructuosamente hasta ahora.

Una comisión investigadora en el Congreso, ajena al poder eclesiástico, representa al menos la esperanza de que se conozca por fin la cruda verdad en todas sus dimensiones.

(Columna publicada en Exitosa el 11 de febrero de 2017)

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Esta columna fue redactada el jueves 9 de febrero antes de que al día siguiente, 10 de febrero, se diera a conocer a la opinión pública la carta de la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica a Alessandro Moroni, Superior General del Sodalicio, pronunciándose sobre el caso de Luis Fernando Figari (ver http://sodalicio.org/comunicados/pronunciamiento-de-la-santa-sede-sobre-el-caso-luis-fernando-figari-2-2/). Lamentablemente, no me equivoqué y se cumplieron mis predicciones.

FELIZ NAVIDAD CON PAN Y CIRCO EN EL CONGRESO DE LA REPÚBLICA

Mesa Directiva del Congreso de la República

Mesa Directiva del Congreso de la República

En Alemania los diputados del Parlamento Federal (Bundestag) no reciben gratificación, ni bonos ni canasta navideña. Más aún, la ley estipula que sólo pueden recibir regalos en su calidad de representantes parlamentarios por un valor máximo de 200 euros al año. Están obligados a declarar los regalos que superen esta suma y se los pueden quedar, siempre y cuando desembolsen su valor. Pues los regalos cuentan en Alemania como un ingreso. Además, así se minimizan los riesgos de corrupción.

A esto hay que añadir que según la ley alemana un trabajador sólo puede recibir de su empleador regalos por un valor de 44 euros al mes, y 40 euros si se trata de un regalo entregado en el marco de la celebración navideña de la empresa, estando prohibida la entrega de éste o cualquier monto en efectivo; además, el monto de lo que gasta el empleador por trabajador en las dos celebraciones por año que permite la ley —incluyendo eventuales regalos— no puede sobrepasar los 110 euros en total. Todo lo que supere estos montos se considera como ingreso sujeto a los descuentos de ley, que fluctúan entre 20% y 60% aproximadamente del sueldo bruto, dependiendo de la categoría fiscal correspondiente, de la situación familiar del asalariado (soltero, casado, divorciado), del número de hijos, del monto del salario y otros factores más.

A la vista de cómo funcionan las cosas en un país rico y desarrollado del Primer Mundo, resulta escandaloso e inaudito que en el Perú los más de 4000 trabajadores del Congreso —incluyendo a los 130 congresistas— reciban regalada una canasta navideña de lujo por un valor de 920 soles, además de otros beneficios del cual están privados la gran mayoría de los peruanos.

Con un sueldo mensual que supera los 15,000 soles, un congresista gana muy por encima del sueldo promedio en el Perú, que asciende aproximadamente a 1,700 soles al mes. Pero a diferencia de cualquier trabajador común y corriente, no puede ser despedido mientras dure su mandato de cinco años. A lo más puede ser sancionado con suspensión temporal sin gozo de haber.

¿Por qué quienes ganan más de lo necesario para tener un nivel de vida decente en el Perú deben ser halagados con regalos que incluyen lujos como una botella de ron Appleton, una de vino espumante Asti Ricadonna, una de vino tinto español y otra de pisco El Portón, además de la posibilidad de viajar acompañados a Jamaica o a Punta Cana (República Dominicana) o con la familia al interior del país, todo con plata del Estado? ¿Qué justifica que quienes perciben un señor sueldo reciban además productos no sólo destinados a la cena navideña, sino en cantidad suficiente como para abastecer sus despensas y sus bares?

Recibir un beneficio suntuoso pagado con dinero del Estado —es decir, con los impuestos de los contribuyentes— no puede constituir ningún derecho —diga lo que diga el congresista Becerril—, más aún cuando quien lo recibe gana mensualmente nueve veces el sueldo promedio del trabajador peruano.

Eso parecen haberlo entendido bien quienes han renunciado a este privilegio o han donado sus canastas a una obra benéfica, en vez de aprovecharlas en beneficio propio. Esperemos que sea así y no solamente cálculo político.

Aquí en Alemania, comparando las ofertas de canastas navideñas con productos gourmet fabricados o envasados en el país, las más caras cuestan alrededor de 100 euros y contienen un poco más de 20 productos, incluyendo una botella de vino y una de espumante. En comparación, las canastas del Congreso —que incluyen licores importados de lujo, delicatessen y otros productos de consumo diario— tienen al cambio del día un valor de unos 260 euros. Cifra escandalosa para un país pobre del Tercer Mundo.

Si bien en ciertas instituciones y empresas es costumbre regalar canastas navideñas a los trabajadores, esto debería hacerse dentro de límites razonables. En el Congreso, que según doña Luz Salgado sigue una política de austeridad, las canastas deberían ser más modestas y contar sólo con productos de fabricación nacional. Deberían ser adquiridas por licitación. Y debería privarse de este beneficio y otros a los congresistas, que ganan más que suficiente para poder darse ellos mismos estos gustos a costa de su propio bolsillo.

¿Cuáles pueden haber sido las razones para que la Mesa Directiva del Congreso, presidida por la fujimorista Luz Salgado, diera luz verde a las canastas del escándalo? Considerando que los principales destinatarios son los trabajadores del Congreso, no se me ocurre otra razón que el clientelismo político. Es decir, a nivel del personal del Congreso las canastas cumplirían la misma función que los tapers naranjas durante las elecciones presidenciales.

Hemos sido testigos del lamentable espectáculo de circo romano que nos ofreció la mayoría fujimorista durante la interpelación y posterior censura del ministro Saavedra, con intervenciones que no cumplían la función de comunicar un discurso racional y lógico sino más bien la de hacernos oír el rugido de los leones dispuestos a destrozar a zarpazos a la ofrenda humana de turno. Ahora llega el momento de entregar las canastas, es decir, de darle el pan al pueblo que forma parte de este coliseo, a fin de comprar su lealtad y su apoyo en la medida de lo posible.

Hay varios congresistas que no se han prestado a esta farsa y los felicito por ello. Aún así, la impresión que nos deja la actuación de un Congreso dominado por el fujimorismo es la de una estampa del Imperio romano, donde el derroche es la norma para la mayoría de los miembros de la clase política, mientras que ofrecen pan y circo a la plebe que está al servicio de estos impresentables e indecorosos patricios.

Lo peor es que, a estas alturas del partido, todavía hay circo para cinco años.

(Columna publicada en Altavoz el 22 de diciembre de 2016)

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FUENTE

La República
Esta es la canasta que recibirá cada congresista de la República (20 de diciembre de 2016)
http://larepublica.pe/impresa/politica/832162-esta-es-la-canasta-que-recibira-cada-congresista-de-la-republica

LOS BUITRES EN EL CONGRESO

bankada_fujimorista

En Alemania también hay corrupción. Así como hay actos violentos, injusticias y discriminación. Pero no es algo inherente al sistema, que lo corroe como un tumor maligno. Estos problemas no llegan a tener las dimensiones cancerígenas que tienen en el Perú.

Según estadísticas recientes las siguientes instituciones alemanas superan el 60% de aprobación —de más a menos—: la policía, los pequeños y medianos empresarios, el poder judicial y el poder legislativo. Por debajo del 35% de aprobación se hallan —de menos a más— las macroempresas, el gobierno federal, la administración pública y la Iglesia.

En el año 2002 partí de un Perú que miraba con esperanza al futuro, deseando superar los problemas legados por el fujimorismo.

Actualmente contemplo un Perú con problemas similares: políticos que declaran corrupto a un ministro y lo censuran sin pruebas fehacientes, esgrimiendo argumentos falsos. Además, se hacen a sí mismos regalos navideños que son un insulto a la austeridad en un país pobre. Cometen peores actos de corrupción que aquellos que injustamente le endilgan a quien censuran. Legislan no para el bien del país sino para satisfacer las ansias pantagruélicas de poder de una dinastía familiar de raíces japonesas.

Cuando la confianza en los poderes legislativo y judicial está por los suelos, es natural que la violencia impregne el lenguaje, el trato cotidiano, el aire que se respira, y tengamos discriminación, desigualdades que claman al cielo, impunidad de los corruptos.

Y nos veamos obligados a contemplar cómo las personas más capaces tienen que someterse a la humillación de ser juzgadas por una sarta de mediocres e ignorantes.

Como ya ocurría en el amado Perú que dejé.

(Columna publicada en Exitosa el 17 de diciembre de 2016)