SODALICIO: EL INSÓLITO CASO DEL CONSAGRADO SOLITARIO

Raúl Masseur

Raúl Masseur

Raúl Masseur, capellán laico de la Brock University en St. Catherines (Ontario, Canadá), es un caso extraño dentro del Sodalicio. Aparentemente, para él no valen las siguientes palabras de las Constituciones sodálites:

«Viviendo en comunidad en torno a la Madre de los Apóstoles, a semejanza de los discípulos reunidos en el Cenáculo el día de Pentecostés, los sodálites procuran que su vida entera esté informada por el espíritu de comunión fraterna».

Pues, aun siendo un sodálite de derecho pleno que ha emitido sus promesas de profesión perpetua, vive solo desde hace algún tiempo entre Canadá y Estados Unidos. En algún momento en la década de los ‘90 se le habría declarado con “incapacidad para vivir la vida comunitaria”, no obstante que fue superior de una de las casas de formación en San Bartolo.

Usualmente, se invitaba a retirarse de la comunidad y del Sodalicio a quienes se les declaraba con una enfermedad fisiológica o psíquica de cierta gravedad —sin interés ninguno en saber si era el mismo sistema de disciplina sodálite el que había contribuido a que se manifieste la dolencia o agudizado una ya pre-existente—, lo cual explicaría que durante décadas no haya habido sodálites con enfermedades graves en las comunidades.

Me vienen a la memoria otros a quienes se les declaró incompatibilidad para la vida comunitaria y fueron invitados a retirarse del Sodalicio: el “Galletón” —que entró junto conmigo al Sodalicio— y José Carlos Portillo —que se suicidó tiempo después—.

¿De qué privilegios goza Masseur para que se le permita ser miembro pleno de la institución, incumpliendo una de las características indispensables del ser sodálite? ¿Qué sabe sobre Figari?

(Columna publicada en Exitosa el 5 de noviembre de 2016)

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Tan insólito como que Raúl Masseur sea profeso perpetuo —es decir, sódalite consagrado de derecho pleno— sin tener la obligación de vivir en una comunidad sodálite, lo es su relación con Germán McKenzie, quien fue expulsado públicamente de la institución en septiembre de 2007 (ver SODALICIO: EL EXPULSADO PÚBLICO NÚMERO UNO). Masseur le cedió su puesto de capellán en la Brock University de St. Catharines desde enero hasta agosto de 2010.

La siguiente es una foto tomada en el domicilio canadiense de McKenzie el 8 de octubre de 2012, Día de Acción de Gracias, donde se ve a Raúl Masseur disfrutando de la compañía de McKenzie y su esposa.

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SODALICIO: EL EXPULSADO PÚBLICO NÚMERO UNO

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Germán McKenzie González

Durante el tiempo en que fui sodálite, no recuerdo que se haya expulsado a ningún miembro. Hubo ciertamente quienes se fueron voluntariamente, así como aquellos que fueron invitados a retirarse.

De pronto, en septiembre de 2007, me llegó la noticia de la expulsión de quien era entonces Superior Regional del Perú, Germán McKenzie, por “falta grave reiterada”.

Un mes después ocurriría la segunda expulsión pública, la de Daniel Murguía, por haber sido atrapado in fraganti por la policía en una situación pedófila en un hostal del centro de Lima.

No sé de nadie más que haya sido expulsado posteriormente del Sodalicio, ni siquiera aquellos que tienen sobre sus espaldas acusaciones tan o más graves que la de Murguía.

Curiosamente, el Sodalicio no trató posteriormente a McKenzie como un renegado, sino más bien como un amigo entrañable de la institución. Se le apoyó para que siguiera estudios de religión y cultura en la Catholic University of America (Washington D.C.) y pudiera acceder posteriormente a un puesto docente en la Niagara University (Lewiston, Nueva York). Se casó el año 2011 en Lima en una ceremonia litúrgica presidida por el cura sodálite Juan Carlos Rivva, en presencia de varios miembros del Sodalicio, muchos con altos cargos de responsabilidad en la institución.

Sigue siendo un misterio el motivo de su expulsión. McKenzie no aparece en ningún testimonio como que haya cometido ningún tipo de abuso. Además, el Sodalicio apaña a los abusadores, no suele expulsarlos públicamente. Quizás hubo incompatibilidades personales o se trató solamente de una componenda. Lo cierto es que, hasta el momento, el silencio de McKenzie sobre lo que sabe del Sodalicio parece estar garantizado.

(Columna publicada en Exitosa el 17 de septiembre de 2016)

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Germán McKenzie siempre fue para mí un sodálite que destacaba por su humanidad y su afecto comprensivo. Era para mí un punto de referencia y una persona de contacto incluso cuando dejé de vivir en comunidades sodálites. Sin embargo, en septiembre de 2007 se le comunicó oficialmente a la Familia Sodálite que Mckenzie había sido expulsado de la institución debido a una falta grave reiterada, sin especificar cuál era esta falta. Se trataba probablemente de una falta relacionada con la obediencia o con incapacidad para guardar el celibato, sin que hubiera habido de por medio ningún abuso en perjuicio de nadie. O tal vez no hubiera falta, y se trataba simplemente de un subterfugio para facilitarle la salida de la institución a un profeso perpetuo que ya no quería pertenecer a ella.

Germán McKenzie —quien vive actualmente en Canadá— recibiría apoyo del Sodalicio para asentarse en los Estados Unidos y poder iniciar, al año siguiente de haber sido expulsado, estudios de religión y cultura en la Catholic University of America (Washington D.C., Estados Unidos). En enero de 2010, Raúl Masseur, un sodálite de antigua hornada, le cedería su puesto de capellán en la Brock University de St. Catharines (Ontario, Canadá), responsabilidad que asumiría McKenzie hasta agosto de 2010. Se desempeñaría también como Director de la Oficina de Evangelización de la Diócesis de St. Catharines (Ontario, Canadá) desde enero de 2010 hasta diciembre de 2011. A partir de enero de 2012 lo encontramos como profesor adjunto en la Niagara University (Lewiston, Nueva York, Estados Unidos). Desde junio de 2012 también es profesor visitante de la Universidad Juan Pablo II (San José, Costa Rica), cuyo rector es nada menos que el P. Emilio Garreaud, miembro de la generación fundacional del Sodalicio. Aparece también en la plana docente del Catholic Pacific College (Langley, Columbia Británica, Canadá) y de The St. James of Jerusalem School of Theology (Riviera Beach, Florida, Estados Unidos).

Sigue siendo un misterio las verdaderas razones que llevaron a su expulsión del Sodalicio así como el trato preferencial que recibió, no concedido ni siquiera a ninguno de los sodálites que se fueron por la puerta delantera por propia voluntad, cumpliendo con todos los requisitos formales y quedando en buenas migas con la institución.

Así también sigue siendo un enigma por qué hasta ahora no se ha expulsado a ninguno de los abusadores conocidos del Sodalicio, mucho menos a Figari, el pez gordo en todo este asunto. Lo cual contrasta con la celeridad con que se expulsó a Daniel Murguía, un sodálite de escaso peso en la institución. Al parecer, el rasero no es el mismo para todos.

LA POBREZA DE LOS SODÁLITES

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Cuando leí en un artículo de Pedro Salinas (ver https://lavozatidebida.lamula.pe/2016/04/28/haciendo-de-nostradamus/pedrosalinas/) que en la Asamblea General del Sodalicio de Vida Cristiana del año 2012 se había reportado en el balance económico de la institución un patrimonio que llegaba a unos 450 millones de dólares, me pregunté en qué momento comenzó a amasarse tamaña fortuna.

Pues en la década de los ’80 el Sodalicio intentó generar ingresos propios a través de iniciativas empresariales que terminaron fracasando por mala gestión:

  • Intellect, una empresa dedicada a la creación de software empresarial, a cargo de José Ambrozic;
  • Editora Latina, una imprenta gestionada por mi hermano Erwin Scheuch;
  • Producciones San José, una productora de medios audiovisuales que tuvo como gerente a Javier Pinto, un sodálite casado, y para la cual también trabajaron otros sodálites casados como Guillermo Ackermann y Gonzalo Valderrama.

En los años ’90 el Sodalicio incursionaría en la formación magisterial con el Instituto Superior Pedagógico (ISP) Nuestra Señora de la Reconciliación, que terminaría cerrando por falta de alumnado debido a estrategias erradas de marketing.

Sin embargo, en lo que sí se tuvo éxito desde un principio fue en la recaudación de donaciones principalmente a través de APRODEA (Asociación Promotora de Apostolado), entidad sin fines de lucro creada en 1978. Es natural que en el Perú, país dominado por oligarquías burguesas católicas y conservadoras, esa actividad tuviera éxito, especialmente si las donaciones iban destinadas a una institución que tenía como tarjeta de presentación su conservadurismo católico de derecha y su elitismo de integrantes de clase alta y clase media pudiente de la burguesía limeña. Las casas donde funcionaban las comunidades del Sodalicio fueron donadas o entregadas para su usufructo siempre y cuando se destinaran a fines religiosos. En 1985, a fines del segundo gobierno de Fernando Belaúnde se obtuvo en donación un extenso terreno, donde se inauguraría en 1987 el Centro Pastoral Nuestra Señora de la Evangelización en el distrito de San Borja. Por lo general, el Sodalicio casi nunca ha pagado un alquiler o una hipoteca por algún inmueble que haya obtenido. Asimismo, APRODEA estuvo muy activa durante el primer gobierno de Alan García (1985-1990), pues las normas legales de entonces beneficiaban a las empresas que hicieran donaciones. Y José Ambrozic, encargado de la asociación en esa época, supo aprovechar muy bien estas circunstancias.

Por otra parte, muy pocos han tenido acceso a la información sobre a cuánto ascendía el patrimonio del Sodalicio, pues se trata de un dato que siempre se ha mantenido en secreto incluso para la gran mayoría de los miembros de la institución, aun cuando varios de ellos hayan contribuido con su trabajo a generar e incrementar este capital.

Más bien, quienes vivíamos el día a día en las comunidades sodálites teníamos la impresión de que las donaciones alcanzaban con las justas para cubrir los gastos, pues el presupuesto asignado semanalmente para alimentos, limpieza y mantenimiento era muy ajustado, al punto de que se comía austeramente y muchas veces los encargados de temporalidades —es decir, de administrar el presupuesto doméstico— tenían que hacer milagros para alimentar satisfactoriamente a toda la tropa.

Yo mismo fui encargado de temporalidades en varias ocasiones, y confieso que había que ser muy creativo para que la comida alcanzara: poner la mitad de carne molida en la salsa roja de los fideos y reemplazar la otra mitad con cebolla, aprovechar los restos de la ensalada para hacer una crema de verduras, hacer con más frecuencia platos rendidores como polenta o arroz chaufa, comprar lengua de vaca en vez de bistec, etcétera. Una vez no me alcanzaron los limones para un jugo hecho a partir de una piña desabrida que se iba a beber en el desayuno, así que le puse un poco de vinagre. Los miembros de la comunidad bebieron gustosamente el jugo, pero después casi me matan al enterarse del ingrediente “secreto” que había añadido.

Para ahorrar, las verduras y frutas no las comprábamos ni en el mercado de la zona ni en supermercados, sino en La Parada y en el Mercado Mayorista de Frutas, en el distrito de La Victoria. Recuerdo que cuando vivía en la comunidad sodálite San Aelred y José Ambrozic era el superior, nos despertábamos los sábados en la madrugada y, en una camioneta con tolva abierta, nos íbamos yo, Ambrozic al volante y otro miembro cualquiera de la comunidad a La Parada. Mientras Ambrozic se quedaba cuidando el vehículo, el otro sodálite y yo, cada uno con un enorme saco de yute y dinero en efectivo en el bolsillo, nos dirigíamos a pie a través de las calles malolientes y regadas de basura hacia el mercado mayorista de verduras, donde nos deteníamos en cada puesto para comprar papas, yucas, camotes, cebollas, zanahorias, tomates, lechugas, coles, etcétera, etcétera, hasta que los sacos estuvieran llenos, pues se necesitaba una ingente cantidad de alimentos para nutrir a una comunidad que solía tener en promedio unos diez integrantes. Luego, con el saco a cuestas, regresábamos entre el tumulto y la algarabía del mercado de esa zona popular hasta el lugar donde nos esperaba Ambrozic. Había que estar siempre alerta, pues esa zona era una de las más peligrosas de Lima.

Una vez, antes de entrar propiamente al mercado, caminando a lo largo de una calle donde algunos ambulantes tempraneros vendían jugo de naranja recién exprimido, panes con jamonada barata y otras viandas para el desayuno en sus carretillas, me adelanté un poco y de pronto me saltó encima una banda de “pirañitas” que me tumbaron en el suelo, a la vez que sentía varias manos que hurgaban en los bolsillos de mi pantalón mientras trataba de defenderme como un gato panza arriba. El otro miembro de la comunidad que venía detrás mío, poseedor de una boca descomunal capaz de albergar una manzana entera, llegó corriendo gritando como si se hubieran desatado las trompetas del Apocalipsis, y los pequeños delincuentes salieron despavoridos, pensando que se les venía encima más de una persona. Por suerte, el dinero lo tenía en un bolsillo de la casaca, y allí no se les había ocurrido hurgar a los menores asaltantes. Ni qué decir, hicimos las compras como de costumbre, y después nos dirigimos al Mercado Mayorista de Frutas. Aquí las compras se hacían con mayor tranquilidad, pues los pasillos eran anchos y espaciosos, aunque más de una vez fui testigo de alguna madre con sus hijos hurgando entre los montones de restos de frutas podridas que los comerciantes arrojaban en medio de los pasillos.

De paso queda decir que Ambrozic, poseedor de un carácter enigmático e introvertido y una personalidad reflexiva e inteligente que irradiaba sencillez e inspiraba respeto, a diferencia de otros superiores de comunidad que nunca se “rebajaban” a realizar las actividades que requerían esfuerzo físico reservadas a sus subordinados, sí se levantaba a horas tempranas para arriesgarse a ir con nosotros hasta ese submundo informal que era La Parada, así como también hacía ejercicios y compartía el estilo de vida austero de quienes no teníamos ningún rango en la institución.

En las mismas comunidades tampoco disfrutábamos de lujos. Recuerdo que cuando en diciembre de 1981 me mudé a la comunidad sodálite Nuestra Señora del Pilar en Barranco, compartí al principio un mismo dormitorio con Alfredo Draxl y Eduardo Field en la planta alta. Los armarios sencillos de triplay barato que solían ponerse para guardar la ropa y que servían a la vez de separación de ambiente para que las camas tuvieran cierta privacidad, todavía no habían sido instalados. Tampoco había cortinas en las ventanas, de modo que cambiarse de ropa significaba tener que agacharse para que nadie lo viera a uno desnudo desde la calle. Sólo había una antigua cómoda con cajones y una inmensa caja de cartón para que pusiéramos algunos objetos personales. Pasaría un mes antes de que estuvieran instalados los armarios y colocadas las cortinas.

Los espacios de la planta baja —una sala de reuniones, una sala de estar, un comedor— fueron amoblados con muebles donados, lo cual le daba a a los ambientes una estética ambigua e indefinida. Y las sillas que teníamos delante de nuestros escritorios —si así se le puede llamar a unas mesas de madera sencillas y espartanas— eran cualquier cosa menos cómodas. En general, el mobiliario que había en las casas de comunidad en que viví era barato en precio y calidad.

A resumidas cuentas, el Sodalicio sólo les proporcionaba techo y comida a los sodálites de comunidad. Cualquier gasto adicional tenía que ser cubierto por el afectado, para lo cual el recurso más frecuente era darle un buen sablazo a los progenitores. Aunque ocasionalmente el Sodalicio también ha cubierto algunos gastos eventuales de algún que otro miembro ordinario, cuándo éste no contaba con los recursos necesarios. Pero se trataba de excepciones.

Uno de los problemas más graves es que la mayoría no teníamos seguro médico. Durante el tiempo que pasé en comunidad recuerdo haber ido muy pocas veces al médico. Estaba la visita de rutina al oftalmólogo para que me recetara los lentes correctos, y las dos veces que me puse grave estando en San Bartolo —una vez con un absceso enorme de pus en la garganta y la otra vez con una inflamación en la espalda que me impedía caminar si no era agarrado a las paredes— me llevaron donde un especialista. Cualquier otra enfermedad se trataba de manera casera. Y esto comenzaba incluso antes de entrar a vivir en comunidad.

Cuando Jaime Baertl era mi consejero espiritual a fines de los años ’70, una vez le comenté que estaba fastidiado por una picazón continua en la ingle ocasionada por hongos en la zona genital. Normalmente mi madre me llevaba al dermatólogo, quien recetaba los consabidos ungüentos que requerían una paciente aplicación a diario durante varias semanas. Pero esta vez Baertl tenía la solución perfecta: un remedio que me iba a quitar los hongos de un día para otro. Fue al baño y sacó una botella medio vacía sin etiqueta de ningún tipo con un líquido turbio color caramelo, y me dijo: «Agarras un algodón, te pones el líquido en los huevos, y ya está. Vas a ver a Judas calato, porque arde como la conchasumadre, pero para mañana ya estás curado. José Antonio se lo puso, y vieras cómo gritaba el gordo pidiendo misericordia». Yo, confiado en que el Sodalicio hacía milagros a través de sus guías espirituales, apliqué la cura, aguanté el ardor con estoicismo, y al día siguiente los hongos habían desaparecido llevándose de paso un buen trozo de pellejo reseco de los dos gemelos situados en la zona sagrada.

Y en comunidad recuerdo que en el caso de resfriados comunes, cuando no parecían funcionar las antigripales que aliviaban los síntomas, tomábamos sin receta ni consejo médico el antibiótico Bactrim. Jaime Baertl recomendaba tomar para cualquier gripe —cosa que él mismo hacía— un potente antibiótico de amplio espectro cuyo nombre no recuerdo, que tenía efectos secundarios bastante molestos: mareos, dolores de cabeza, indigestión y pérdida de concentración. Era como matar una hormiga con una bazuca. Yo lo tomé por orden de Luis Fernando Figari una vez que tenía síntomas de bronquitis —una tos áspera persistente que no se me iba— con el resultado de que estuve grogui varios días. Y es que en cuestiones médicas también había que tener confianza en el gurú supremo, que aseveraba que los médicos son iguales que los brujos y los chamanes: adivinan cuál es el mal que uno tiene y recetan cosas basadas en la pura creencia en sus virtudes curativas. Luis Fernando creía saber con certeza cuál médico era confiable y cuál no. Algo parecido pensaba de los psicólogos, pues —según él— la mayoría tenían una concepción errada del ser humano, y sólo podía ser buen psicólogo quien compartiera la visión cristiana del hombre. Por eso mismo, en caso de un trastorno psicológico, uno sólo podía tratarse con los psicólogos que Figari designara, quien evitaba así de paso que profesionales independientes se enteraran de las cosas extrañas a las que se veían sometidos los miembros de las comunidades sodálites.

Recuerdo que en San Bartolo dos muchachos que tenían poca experiencia con el mar fueron obligados a saltar del peñón que había en medio de la bahía. Como cayeron en mala posición, el impacto con el agua desde tremenda altura les produjo desgarrones en la zona anal. El superior, con buen criterio, los llevó al día siguiente al médico sin consultar previamente con Luis Fernando. El galeno, después de examinar a cada uno por separado, les preguntó cómo se habían hecho esas heridas. Los muchachos le dijeron en qué circunstancias se habían producido. El médico se mostraba algo escéptico ante esa historia, así que comenzó a preguntarles dónde, cómo y con quien vivían. Cuando le dijeron que vivían en un balneario de playa junto con otros jóvenes dedicados a la vida espiritual, el médico comenzó a sonreír y hacerle guiños cómplices a la enfermera. Según él, las heridas sólo podían haberse producido por “contusión directa” y no se tragaba la versión de que la causa pudiese ser la superficie marítima después de un arriesgado salto desde lo alto de un peñón. Tenía que haber otra causa de visos inconfesables. El superior adivinó los pensamientos del médico y decidió de ahí en adelante acudir sólo a los médicos que recomendara Figari.

Además de las actividades de formación, en las comunidades nos ocupábamos por turnos de poner la mesa para el desayuno, el almuerzo y la cena, de lavar los platos y las ollas después de la cena, de limpiar a fondo la casa los días sábados. También hice trabajos de corrección de textos. Por ejemplo, a mí me entregaban las pruebas de las Memorias de Luis Fernando Figari antes de su publicación para que las revisara y corrigiera los errores ortográficos y gramaticales que tuvieran. Asimismo, hice correcciones de libros enteros para la Asociación Vida y Espiritualidad, además de contribuir habitualmente con reseñas de libros y algún que otro artículo para la revista que publicaba la asociación. Nunca recibí ninguna retribución económica por estos trabajos, pues se nos había inculcado el concepto de que cualquier trabajo en beneficio del Sodalicio debía ser realizado gratuitamente dentro del espíritu de generosidad y entrega que caracterizaba a la misión apostólica. A decir verdad, como no tenía otro punto de referencia, me parecía de lo más normal trabajar por nada.

Cuando comencé a dar clases en el Instituto Superior Pedagógico Catequético (ISPEC) y en el Instituto Superior Pedagógico Marcelino Champagnat, debía entregar la mayor parte de mis ingresos al encargado de temporalidades de la comunidad, quedándome sólo con una pequeña suma para gastos personales. Nunca supe cómo se utilizaba el dinero, pues los sodálites de a pie sin cargos de responsabilidad no se enteran de qué cosa se hace con la plata ni de cuánto dispone la comunidad, muchos menos de cuál es el monto total del patrimonio que posee el Sodalicio.

El estilo austero de vida que aún mantengo lo aprendí en las comunidades sodálites, un modo de vida que contrastaba con el que llevaba Luis Fernando Figari, a quien se le tenían que satisfacer todos sus gustos en lo referente a comida y comodidades. Además, disfrutaba del privilegio de poder viajar todos los años, llevando como compañía a algunos sodálites de su círculo cercano, entre los cuales estaban Germán Doig, Virgilio Levaggi, Alfredo Garland, Juan Carlos Len y Jaime Baertl. Los destinos preferidos eran España, México y Argentina, de donde regresaba cargado de libros difíciles de conseguir en Lima, la mayoría de orientación ideológica tradicionalista y fundamentalista. Posteriormente Luis Fernando incluiría entre sus destinos frecuentes Italia, Estados Unidos y otros países adonde se estaba expandiendo el Sodalicio.

Se hospedaba en buenos hoteles. Otros sodálites, cuando teníamos que viajar, no gozábamos de los mismos privilegios. Recuerdo que en 1984, cuando viajé a Roma para participar en el Jubileo de los Jóvenes, evento germen de lo que hoy se conoce como Jornadas Mundiales de la Juventud, tuve que pedirle dinero como bolsa de viaje a mi madre, quien sólo pudo darme con mucho esfuerzo 300 dólares. Con esa cantidad debía pagar mis costos de mantenimiento en Europa durante un mes. El pasaje de ida y vuelta a Roma no costó nada. Los organizadores había donado una cantidad de pasajes gratuitos al Sodalicio de Vida Cristiana, uno de los tantos movimientos que había sido invitado al evento, y uno de esos pasajes me tocó a mí debido a mi condición de miembro del grupo musical Takillakkta. Además, pesaba también la circunstancia de que mis padres no contaban con dinero suficiente para financiarme el pasaje.

En ese entonces Takillakkta estaba conformado por Alejandro Bermúdez (zampoñas y voz principal), Ricardo Trenemann (charango), Mario “Pepe” Quezada (percusión) y yo (guitarra). Luis Cappelleti se unió a nosotros como invitado para cantar y acompañarnos con la guitarra. Y también venían con nosotros Emilio Garreaud y Humberto del Castillo.

Lo cierto es que no fue fácil, pero en esa ocasión pude sobrevivir en Europa durante un mes con sólo 300 dólares. En Roma nos alojamos gratuitamente en la casa de una congregación de monjas, donde el desayuno estaba incluido. Durante los días del Jubileo de los Jóvenes el almuerzo fue gratis, y para los almuerzos de los otros días así como para las cenas acudíamos a cualquier tavola calda, que eran locales donde se puede comer pizza y pasta a precios económicos.

Para la última semana, estaba planeado a hacer un periplo rápido por Europa para encontrarnos finalmente con Luis Fernando Figari y su comitiva en Madrid, integrada por Germán Doig, Virgilio Levaggi, Jaime Baertl y Juan Carlos Len. El grupo que iba a aventurarse en ese tour de force estaba conformado por los que he mencionado más arriba menos Alejandro Bermúdez, quien, como miembro privilegiado del círculo íntimo de Figari, iba a ir directo en avión a Madrid para encontrarse con su majestad suprema y coordinar ciertos asuntos. Lo cual ciertamente significaba un alivio para los demás, pues aunque Alejandro tenía sus momentos de buen humor y podía ser muy simpático y agradable en el trato cotidiano, se convertía en una tortura insoportable cuando las cosas no venían como él esperaba y el mal humor lo transformaba en la versión más despiadada de Mr. Hyde.

El trayecto fue así: Roma – Venecia – Viena – Colonia – Amsterdam – París – Zaragoza – Madrid. Para no tener que pagar alojamiento, tomábamos el tren cuando estaba anocheciendo y dormíamos allí como podíamos hasta llegar a la siguiente estación. Sólo nos alojamos en hoteles al alcance de nuestro bolsillo una noche en París y dos en Madrid. En Colonia y Amsterdam nos detuvimos solamente unas horas. Y el último día “Pepe” Quezada, Ricardo Trenemann y yo, los únicos del grupo que no habíamos podido costearnos un vuelo de regreso de Madrid a Lima, tuvimos que hacer un largo y pesado viaje en tren a Roma, pues nuestro vuelo de regreso al Perú partía de allí. Lamentablemente, por circunstancias ajenas a nuestra voluntad —llámese demora imprevista de una conexión ferroviaria—, no llegamos a tiempo al aeropuerto y tuvimos que tomar el próximo vuelo al día siguiente. Las mismas monjas que nos habían alojado antes nos acogieron esa noche, pues no teníamos ni dónde caernos muertos. Pero como ya teníamos fama de no ser tan vivos y pendejos (taimados) como otros sodálites, al enterarse del incidente nos pusieron injustamente durante un tiempo el mote de “el tonto, el loco y el despistado”. Como decía frecuentemente Jaime Baertl, resumiendo su filosofía de vida: «Se te perdona que seas pecador, pero no que seas cojudo».

Demás esta decir que los únicos que podían disfrutar regularmente de viajes de “vacaciones” eran Luis Fernando y los miembros de su comitiva. Para los sodálites ordinarios nunca había vacaciones, lo cual se justificaba a través de la siguiente frase: «El demonio nunca toma vacaciones; por lo tanto, quienes lo combaten tampoco deben tomarlas». En los inicios de las comunidades sodálites ni siquiera el domingo era considerado como un día para descansar y relajarse, y se mantenía la disciplina de todos los días de levantarse temprano después de haber dormido poco. Hasta que en un momento dado comenzaron a multiplicarse los casos de sodálites que repentinamente comenzaban a hablar incoherencias, como si por momentos hubieran perdido la razón. Fue entonces que Luis Fernando decidió que en las comunidades se podía dormir más largo los domingos, dejando a criterio de cada uno el momento de levantarse.

Cuando en julio de 1993 salí de la vida comunitaria, apenas tenía un título de licenciado en teología y mis ingresos se reducían a lo que ganaba por algunas horas de clase en el ISPEC. Germán Doig me ofreció hacer la traducción de un libro del alemán al español, originalmente escrito por el sacerdote y experto en ciencias sociales alemán Theodor Herr, que fue publicado por la Asociación Vida y Espiritualidad en 1994 bajo el título de Reconciliación en lugar de conflicto. Por ese trabajo recibí unos 300 dólares. No hubo ningún contrato de por medio.

A los 30 años cumplidos me hallaba en una situación precaria. Mis ingresos eran reducidos, por lo cual me fui vivir con una tía abuela que habitaba la antigua casona de mi difunta abuela, acompañada de la hija de una cocinera a la que mi abuela había criado y una empleada abancaína con dos hijas menores. A mi tía abuela le pasaba una parte de mis ingresos para ayudar con los gastos de alimentación y de la casa. Además, no contaba con seguro médico, nunca había cotizado para una jubilación, no tenía ahorros y mis perspectivas a futuro en el campo laboral eran sombrías. De parte del Sodalicio no había recibido casi ninguna ayuda, no obstante que yo seguía manteniendo mi fidelidad a la institución y estaba dispuesto a colaborar en el cumplimiento de su misión.

En ese momento tampoco se me ocurrió reclamar nada por los derechos de autor de 22 canciones que yo había compuesto y que habían sido publicadas por Takillakkta en los álbumes “América de nuestra fe” (1989), “Reconciliación” (1990), “Navidad en mi tierra” (1991) y “América 500 años” (1992), cuyos derechos había cedido a ICTYS (Instituto Cultural Teatral y Social) por órdenes superiores. Jaime Baertl, encargado de la entidad mencionada, un día me presentó un papel para que lo firmara diciéndome que consistía en la cesión de mis derechos de autor a ICTYS y que no era necesario que lo leyera. Como yo todavía me regía por el código de la obediencia y mantenía una confianza ciega en las autoridades del Sodalicio, firmé simplemente. Hasta ahora no sé lo que decía el papel, pues nunca me fue entregada una copia. Lo cierto que es que los álbumes de Takillakkta se vendieron relativamente bien y yo nunca recibí un puto céntimo por las canciones que había compuesto.

Durante los años ’90 salí adelante como pude, trabajando como profesor de diversas materias —religión, lengua española, economía política, filosofía, alemán— en colegios privados durante la mañana, por lo general con una remuneración baja o mediana. Trabajé en el Colegio San Ignacio de Recalde, el Colegio Peruano Chino 10 de Octubre, el Colegio San Felipe, el Colegio Santa Úrsula y el Colegio Peruano-Alemán Augusto Weberbauer. En las tardes seguí dando clases de teología en el ISPEC.

En el año 1999 Germán McKenzie, entonces Superior Regional de Perú, me invitó a dar clases en el nuevo Instituto Superior Pedagógico Nuestra Señora de la Reconciliación, que funcionaba durante las tardes en el Colegio Nuestra Señora de la Reconciliación (Monterrico), centro educativo gestionado por el Sodalicio. Lo cierto es que me sentía a gusto dando clases de teología y filosofía en ese instituto, aunque la remuneración no era muy alta, pero en lo laboral hubo algunos problemas que hicieron que me preguntara si realmente valía la pena seguir buscando puestos de trabajo vinculados al Sodalicio.

En ese entonces, por recomendación de Germán McKenzie, se había contratado como director a Luis Augusto Chiappe, un hombre de muy buen corazón que tenía experiencia en la educación superior y al cual le habían encargado diseñar estrategias de marketing para atraer alumnado al instituto. Le tomé mucho afecto a Luis Augusto, a quien la fascinaban las canciones que interpretaba Annie Lennox, integrante del dúo pop Eurythmics. Siempre recibía a la gente con una cálida y generosa sonrisa que le iluminaba su rostro barbado y bonachón. Fue él quien me hizo conocer más el cine de Dario Argento —de quien yo había visto la fascinante y misteriosa Inferno (1980)—, prestándome dos de sus películas en vídeo: Tenebre (1982) y Opera (1987), y gracias a él pude ver por primera vez la obra maestra de Fritz Lang, Metropolis (1927), película del cine mudo que ha sido declarada patrimonio cultural de la humanidad por la UNESCO.

Una vez Luis Augusto nos dio una mala noticia a los docentes: la remuneración del mes no se nos iba a pagar a tiempo. Y entre pregunta aquí, pregunta allá, finalmente la paga fue retenida durante tres meses. Luis Augusto me informó que según Jaime Baertl —quien era el que administraba el dinero— no había plata y que teníamos que esperar hasta que recibieran un pago pendiente. Curiosamente, de las instituciones y empresas para las que he trabajado, ésta ha sido la única donde alguna vez se han demorado en pagarme lo que me debían, sin importarles las consecuencias que ello tuviera sobre la economía familiar de los que allí laboraban con dedicación y esfuerzo. Y con un compromiso apostólico hacia el Sodalicio. Hasta ahora no llego a entender por qué no recurrieron a un préstamo en vez cometer esa injusticia con nosotros.

En otra ocasión, Luis Augusto me confió que Jaime Baertl lo había presionado para sacarme del instituto, cosa a lo que él se negó, considerando que yo era uno de los docentes de mejor calidad con los que contaban. Y despedir a un profesor era relativamente fácil, pues nadie del cuerpo docente había firmado un contrato. Aun cuando no cumplíamos con las condiciones para estar bajo ése régimen, los docentes éramos considerados como trabajadores independientes que tenían que extender un recibo por honorarios antes de recibir su remuneración en efectivo. Cuando le pregunté a Germán McKenzie si era cierto que Jaime Baertl se había opuesto a que yo continuara como docente en el instituto, me dijo que no sabía nada al respecto y que él estaba contento con la labor que yo estaba desempeñando.

Luis Augusto fue proponiendo estrategias de marketing juveniles y novedosas, que aparentemente fueron rechazadas porque no se ajustaban a la sobriedad del estilo sodálite. Al final, él también tuvo que irse. Lo encontré un día en su oficina, donde me comunicó la triste noticia. De repente, sacó un talonario de recibos y yo, extrañado, le pregunté para qué eran. «Tengo que llenar uno y entregarlo para que me paguen lo que me deben», fue su respuesta. Era algo inaudito. El director del instituto tampoco estaba en planilla sino que recibía honorarios profesionales como un trabajador independiente. Y, de paso, se ahorraban el pago de los beneficios sociales.

Con la salida de Luis Augusto, nunca más volví a ser convocado para dar clases en el Instituto Superior Pedagógico Nuestra Señora de la Reconciliación. Jamás se me explicó por qué.

Cuando le comenté a un sodálite casado de la vieja guardia cómo había sido mi experiencia laboral en el instituto, éste me dijo una frase que hasta ahora guardo en la memoria: «Colabora con ellos en las obras apostólicas, pero nunca trabajes para ellos». Él también había tenido experiencia de lo mal empleador que era el Sodalicio.

O del doble juego que algunos sodálites hacían con las personas que confiaban en ellos, donde por delante se decía una cosa mientras que por detrás era otra la que se hacía o se pensaba. Me ocurrió, por ejemplo, con Alfredo Draxl, quien era entonces director del Colegio San Pedro en La Molina. A fines de 1999 terminó mi contrato con el Colegio Santa Úrsula, donde había enseñado alemán, y supe que en el Colegio San Pedro estaban buscando un profesor de alemán. Me comuniqué con Draxl para ofrecerle mis servicios. Él me dijo que le parecía bien, pero primero tenían que hacerme una prueba de aptitud. Después de haberme sometido a esta prueba escrita, me llamó para reunirme con él y, sin mostrarme ningún resultado, me dijo que lamentablemente no había alcanzado un puntaje satisfactorio y que no me podían contratar. Le agradecí, y a otra cosa, mariposa.

Poco tiempo después supe que un amigo mío, que tenía a sus hijos en el Colegio San Pedro, le había preguntado a Draxl qué había sido de mi postulación al puesto de profesor de alemán. La respuesta lo dejó atónito. Draxl le dijo que yo era una persona conflictiva, que iba a tener problemas con otros miembros del cuerpo docente, sobre todo las mujeres, y que prefería mantenerme lejos. Y supongo que a Draxl no se le debe haber movido un sólo musculo de su pétrea cara dura al decir esto.

Meses más tarde entré a trabajar como profesor de alemán en el Colegio Peruano-Alemán Augusto Weberbauer. Fue mi último trabajo como maestro de escuela, pues entonces ya estaba haciendo estudios para obtener un MBA (Master of Business Administration) en ESAN (Escuela de Negocios para Graduados). Mi siguiente trabajo sería en proyectos de la GTZ (Deutsche Gesellschaft für Technische Zusammenarbeit), un organismo de la cooperación alemana para los países en desarrollo. Y a la vez sería convocado por José Luis Pérez Guadalupe, director del Instituto de Teología Pastoral “Fray Martín” de la diócesis de Chosica, a colaborar como docente en el Curso de Teología a Distancia que se efectuaba en el verano y estaba destinado principalmente a catequistas y profesores de religión, la mayoría de ellos provenientes de provincias. Fue para mí una hermosa experiencia de Iglesia.

Lo cierto es que a partir de los años ’90, cuando el Sodalicio comenzó a gestionar colegios, institutos, universidades, cementerios y otras empresas, su patrimonio se fue incrementando exponencialmente, mientras quienes trabajábamos para algunas de sus iniciativas empresariales debíamos contentarnos con remuneraciones que alcanzaban sólo para mantenernos por encima del nivel de subsistencia.

¿Cómo se compagina esto con la pobreza que Jesús predica en los Evangelios? Hay que entender, primero, que los sodálites consagrados sólo hacen promesas de obediencia y celibato. La pobreza, sin embargo, también es una exigencia que aparece en la ideología sodálite, pero se habla más que nada de “espíritu de pobreza” y de “comunicación de bienes”. Esto queda bien resumido en el siguiente texto, extraído de Camino hacia Dios N.º 176, publicación sobre espiritualidad sodálite destinada a miembros del Movimiento de Vida Cristiana (ver https://web.archive.org/web/20161214054849/http://www.caminohaciadios.com:80/chd-por-numero/206-176-buscad-el-reino-de-dios-y-el-resto-se-os-dara-por-anadidura):

«La pobreza que viene a ensalzar Nuestro Señor Jesucristo no es pues una mera carencia de bienes materiales. (…) Pero tampoco es un mero desprendimiento “espiritual” de los bienes. Se trata ante todo de una actitud interior, de una apertura, de una espera que sólo puede ser llenada por el Señor.»

«No se trata aquí de mirar negativamente nuestra realidad personal y el esfuerzo que hacemos por poseer bienes materiales. Intentemos, más bien, tener una mirada sobrenatural ante estas realidades materiales y aprender a vivir un sano desapego de los bienes materiales y su comunicación generosa con los que los necesitan.»

A diferencia de otros institutos de vida consagrada, donde los miembros no poseen más que algunos objetos personales y los demás bienes son de la comunidad, en el Sodalicio se permite la posesión de todo tipo de bien, haciendo la salvedad de que hay que ser generosos con ellos y ponerlos a disposición de otros hermanos de comunidad cuando los necesiten. Lo cierto es que esto no impedía que hubiera diferencias entre los miembros de las comunidades en cuanto al dinero de que disponían, los equipos electrónicos que tenían, la ropa que usaban, los libros y CDs que compraban, y en algunos casos el vehículo automotor propio que poseían. Bienes que no siempre eran compartidos con otros hermanos menos pudientes de la comunidad.

Si bien se había asumido como propia la indicación de que hay que vivir la “dinámica de lo provisional” —expresión acuñada por el Hno. Roger Schutz de la comunidad ecuménica de Taizé—, en realidad había algunos sodálites que tenían bien cimentada su existencia en base a una nutrida cuenta bancaria, sobre todo si el sujeto provenía de la clase alta. En el caso del fundador Luis Fernando Figari, resulta difícil imaginarse que haya plasmado en su vida ni siquiera la interpretación alambicada de la pobreza que pregona el Sodalicio, cuando su estilo de vida era cualquier cosa menos espartano, gozaba de más comodidades que cualquier miembro de la comunidad, se permitía más gustos y placeres, con el agravante de que nunca ha trabajado ni generado ingresos propios desde que lo expulsaron del Colegio Santa María de los Marianistas en la década de los ’70.

Aún con toda la austeridad que había en el día a día de las comunidades sodálites, confieso que la auténtica “dinámica de lo provisional” la viví en en carne propia recién cuando salí de comunidad y tuve que enfrentar las preocupaciones por el sustento diario que comparten la mayoría de los mortales. Y díganme si no es verdadera pobreza evangélica ganar sólo lo necesario —y a veces menos—, no pudiendo acumular bienes suntuarios, en consonancia con lo que manda Jesús en los Evangelios. Porque la interpretación para cristianos burgueses que el Sodalicio hace de la pobreza, planteando la absurda posibilidad de ricos no apegados a sus bienes y con espíritu de pobre, no le ha impedido acumular a lo largo de los años, con procedimientos no siempre limpios, millones de dólares supuestamente en beneficio de obras sociales y educativas de bien cristiano, aunque no sé si encajen dentro de esta descripción las cuantiosas sumas invertidas en eventos aparatosos y multitudinarios con fines proselitistas a mayor gloria de Figari, los congresos internacionales con gastos de viaje y alojamiento pagados para todos los expositores nacionales y foráneos, los montos desembolsados para las vacaciones anuales en el extranjero de Figari y su comitiva, o los gastos de representación para agasajar a obispos, curas y personalidades internacionales del mundo católico conservador, sobre todo si algunos de estos personajes tenían influencias en el Vaticano o a altos niveles de la Iglesia latinoamericana. Por ejemplo, no sé cuánto debe debe haber costado la botella de whisky Johnnie Walker Etiqueta Negra que una vez me pidieron que le llevara a su habitación al cardenal Alfonso López Trujillo, a quien invitaban también a restaurantes exclusivos para que pudiera degustar una los platos que más le gustaba: las conchas de abanico a la parmesana.

Los sodálites consagrados hacen promesa de guardar la castidad a través del celibato, pero parece que para algunos esto se interpretaba en la práctica como “castidad de espíritu”, porque de cuerpo no lo era. De modo similar, la pobreza evangélica ha sido interpretada como “pobreza de espíritu”, supuestamente compatible con la acumulación exagerada e injustificable de bienes materiales por parte de unos cuantos sodálites. El sentido común nos llama a designar esto como riqueza y a recordar las palabras de Jesús en los Evangelios: «De cierto os digo que difícilmente entrará un rico en el reino de los cielos» (Mateo 19, 23). O las descarnadas palabras del apóstol Santiago: «¡Vamos ahora, ricos! Llorad y aullad por las miserias que os vendrán. Vuestras riquezas están podridas y vuestras ropas, comidas de polilla. Vuestro oro y plata están enmohecidos y su moho testificará contra vosotros y devorará del todo vuestros cuerpos como fuego. Habéis acumulado tesoros para los días finales» (Santiago 5, 1-3).

EL SODALICIO CONTRA LA GUITARRA ROTA

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Este post es complementario de mi anterior escrito EL SODALICIO CONTRA LAS LÍNEAS TORCIDAS.

Los intentos del Sodalicio de acallar una voz crítica como la de LAS LÍNEAS TORCIDAS no son nuevos. Algo similar me ocurrió con mi primer blog, LA GUITARRA ROTA, donde incluí textos en que relataba —a partir de mi propia experiencia— algunos aspectos de la historia de Takillakkta, emblemático grupo musical folklórico de la Familia Sodálite, del cual yo fui uno de los fundadores y en cual yo ejecutaba la guitarra, además de contribuir a su repertorio con composiciones propias. La versión que yo contaba difería de la versión oficial (incluida en una página web de Takillakta que ya no existe; ver https://web.archive.org/web/20150615013203/http://takillakkta.org/), la cual resumía la historia del grupo escuetamente sin dar mucho detalle y de manera idealizada. Además, dispersos en mis textos había críticas a algunos elementos institucionales del Sodalicio, sin mencionarlo por su nombre.

Inicié ese blog en enero de 2009. Recién a fines de ese año un sodálite con un alto cargo se comunicó conmigo, llamándome la atención y exigiéndome que retirara varios contenidos de mi blog. Yo aún no había hecho público mi alejamiento del Sodalicio y este sodálite supuso que yo todavía me sentía miembro de la institución, por lo cual pensó que podía exigirme ciertas cosas apelando a la obediencia —dándome por supuesto las explicaciones del caso, que yo debía aceptar como verdad incuestionable—. Por supuesto que le comuniqué mis discrepancias, le hice quedar claro que yo ya no me sentía identificado con el Sodalicio y que, por lo tanto, no le debía obediencia a nadie en la institución y era yo el que tenía que decidir qué contenidos debía incluir en mi blog. El siguiente es el e-mail que le escribí el 30 de noviembre. Como de costumbre, he eliminado todos aquellos párrafos con contenidos puramente privados y personales, dejando sólo aquello que es de interés público.

Planteaste la presencia de mi blog en el ciberespacio como una falta contra el derecho a la buena reputación de ciertas personas, al hacer yo público lo que debe arreglarse en el ámbito privado entre las personas implicadas. Sobre si lo que yo cuento se ajusta a la verdad, no comentaste nada al respecto con suficiente claridad. Dicho en otras palabras, me diste a entender que el haber publicado mi blog era una falta ética, independientemente de que sea cierto o no lo que se dice allí.

He vuelto a revisar mi blog y no he encontrado nada que pueda considerarse como revelación de secretos íntimos de las personas. El blog busca presentar de alguna manera mi experiencia personal en cuanto autor y compositor de canciones y uno de los fundadores del grupo Takillakkta. La finalidad principal es buscar que las canciones que yo he compuesto no se pierdan —tanto aquellas que ha interpretado Takillakkta como aquellas que no—, hacer un ajuste de cuentas con mi propia obra —señalando aquello que considero valioso y aquello que no en mis propias composiciones— y hablar un poco sobre el trasfondo histórico y social que rodeó mi experiencia personal con Takillakkta. Evidentemente, no se puede hacer esto sin mencionar a otras personas implicadas y relatar los hechos que llevaron a que no se respetara la integridad de las letras de algunas canciones.

También se hace evidente una crítica a algunos aspectos del Sodalicio —sin mencionarlo por su nombre, para que lo entienda sólo quien sepa a qué me refiero—. Y en este punto tengo la impresión de que no has entendido bien mi posición, pues me hablaste de que si dejaba de lado el Sodalicio cometía una especie de “suicidio espiritual”. Francamente, no creo que esto pueda darse en quien tiene la intención —y siempre la ha tenido— de ser fiel a la Iglesia fundada por Cristo y busca caminos para vivir su compromiso de fe de manera auténtica. Dejar de lado un estilo, una espiritualidad —yo diría en este caso ideología religiosa—, una institución con la cual uno ya no se identifica, puede ser doloroso, pero si eso va unido a un deseo de seguir caminando junto con la Iglesia bajo la luz del Espíritu Santo, intentando testimoniar a Jesús en la propia vida, podemos hablar más bien de “resurrección espiritual”.

Has de saber que, una vez que dejé de vivir en comunidad, busqué contribuir con mis talentos en la misión para la cual Dios había llamado al Sodalicio. Sin embargo, encontré poco apoyo de parte de la institución, aunque sí de una cuantas personas concretas. Poco a poco sentí que se me iba marginando de varias iniciativas: del Instituto Nuestra Señora de la Reconciliación, de los círculos de estudios, de los proyectos musicales. E incluso supe de algunas habladurías que corrían sobre mí, sin fundamento. La decisión de irme con mi familia a Alemania se debió en parte a las pocas oportunidades de trabajo que encontraban, pero también en parte a cierta marginación de la cual había sido objeto en algunos ámbitos vinculados a la Familia Sodálite. Mi deseo era trabajar para la Iglesia en un lugar donde todavía nadie se hubiera formado prejuicios sobre mí. Incluso aquí en Alemania hemos estado atentos a oportunidades para poder colaborar con la Familia Sodálite en lo posible, organizando, por ejemplo, la estadía de los emevecistas que vinieron a la Jornada Mundial de la Juventud en Colonia [en el año 2005].

Tienes que comprender que uno puede seguir teniendo actitudes positivas hacia la institución en la cual ha encontrado la fe, pero llega el momento en que uno se cuestiona todo lo que ha vivido, al no ver una correspondencia, ni siquiera una preocupación hacia nosotros que hubiera podido expresarse con un simple «gracias».

El momento de quiebre llegó cuando supe que se había hecho saber de manera pública de la expulsión por falta grave reiterada de una persona a la que yo siempre he apreciado mucho [Germán McKenzie], más aún cuando nunca se especificó en qué consistía esa falta grave. Y las informaciones que me llegaron apuntaban a que esa “falta grave” no era tal, y que eran otros los motivos por los cuales esa persona había tomado la decisión de separarse de la institución. A eso se sumó el develamiento del [caso] del pobre Daniel [Murguía], cosa a la cual se le dio punto final con un simple «no sabíamos» y una expulsión ipso facto. Me pregunto si habrá habido una reflexión posterior sobre si lo que hizo este muchacho guardaba una relación con el estilo de vida que se da en las comunidades, que —por otros testimonios que he conocido— es capaz de lesionar psicológicamente a algunas personas.

Me has dicho que si persisto en mantener mi blog en el ciberespacio, me haré daño mí mismo y que ya hay varias personas que se han visto afectadas por lo que yo he puesto ahí. Sin un explicación más detallada de este punto por tu parte, no puedo llegar a entender en qué consiste ese daño. Si ustedes le cuentan un cuento a alguien, y ese alguien descubre que no todo es tan bonito como se lo pintan o hay detalles que no corresponden con la realidad, evidentemente se sentirá decepcionado ¿Es ése el daño? Porque mi perspectiva sigue siendo cristiana, católica y fiel a la Iglesia. Te agradecería que me aclares este punto.

Y respecto a que me hago daño, mencionaste que la gente habla mal de mí. Que haya gente que haga eso no es algo que se produce automáticamente a raíz de lo que yo escribo. Se requiere una acción deliberada por parte de algunos, ya sea prejuzgando sin preguntar, ya sea poniendo en marcha rumores, sin buscar averiguar lo que hay en el trasfondo. Y todo eso —lo sé— mina la honra que me es debida. Con el paso del tiempo me he ido acostumbrando a que ello ocurra, sobre todo en un ambiente como Lima donde se tiene esa mala costumbre de juzgar sin conocimiento de causa. Tú me dices que he ido contra la honra de otras personas, al sacar temas privados al ámbito público —lo cual pongo en duda—. Ahora, yo pregunto: ¿y que se ha hecho por restituir mi honra, salvo decirme que yo soy el único culpable de tener mala fama? ¿Tengo que pasarme la vida defendiendo una imagen, poniendo el pecho sobre la espina, cuando lo único que quiero es ser yo mismo auténticamente? ¿O no será que lo único que importa es la imagen del Sodalicio, y que todas las imágenes personales deben ser sacrificadas —si es necesario— para mantenerla, como se hizo con aquella persona a la que oficialmente se “expulsó”?

La crítica al Sodalicio que aparece como trasfondo de algunos de mis comentarios en el blog es válida —y se ajusta a lo que yo personalmente he vivido—. Si quieres podemos dialogar sobre estos aspectos, me puedes comentar cuáles textos no se ajustan en tu parecer a la verdad, y con mucho gusto modificaré algunas de las cosas que se dicen en el blog si tus argumentos son convincentes. Lo que no me parece correcto ni respetuoso es que me impongas qué cosas puedo dejar y qué debo sacar. He de suponer que a Manuel Rodríguez se le deja libertad para poner en su blog lo que quiera. Y algunos resbalones ha tenido, como se evidencia en algunos comentarios que le dejaron cuando todavía no había activado la función de moderación, que le permite ahora filtrar los comentarios que se publican. Que yo publique mi blog es una decisión mía. Ahora bien, podemos negociar algunos puntos. Por eso mismo, he sacado mi blog del área pública hasta que esos puntos no hayan sido resueltos.

Las críticas que yo hago a algunas de las interpretaciones de mis canciones, luego de varios frustrados intentos de que Javier Leturia [sodálite y director de Takillakkta] hiciera las correcciones del caso, aparecieron en la red por primera vez en el año 2000. A pedido de Germán McKenzie suavicé algunos de los comentarios, pero no los saqué de la red. Javier Leturia sabía de estas críticas, pero no hizo nada al respecto. Después de publicar América 500 años en el año 1992, Takillakkta ha sacado sólo tres producciones más, incluyendo sólo una canción mía que data del año 1984, la Plegaria del Año Santo, en el CD Señor de la Esperanza del año 2004. Me queda ahora claro que Takillakkta no iba a interpretar nuevas composiciones mías, y que en realidad no hubo nunca un verdadero interés en las más de 20 canciones nuevas que yo tenía para ofrecer a Takillakkta.

Ahora me dices que Javier no sabe si seguir interpretando canciones mías, lo cual no llego a entender, considerando que nunca he dicho que sea mi intención que Takillakkta dejara de interpretar mis canciones, e incluso he elogiado varias de esas interpretaciones. Como ese tipo de decisiones no son de las que se suelen dejar a la libre decisión de los consagrados del Sodalicio, sospecho más bien que a Javier se le ha dado la orden expresa de que Takillakkta no interprete ninguna de mis canciones. Como yo manifiesto una actitud crítica —y, en consecuencia, se me debe considerar como un disidente—, se ha comenzado con el proceso de borrar todas mis huellas de la historia del Sodalicio, como ya se ha hecho en casos anteriores con otras personas. Indicio de ello es que Takillakkta ofrezca en su página web 23 canciones de su repertorio para su descarga en MP3, ninguna de las cuales es de mi autoría. El problema parece crearles un quebradero de cabeza, pues canciones mías hay en 5 de las 7 producciones de Takillakkta, y mis canciones han hundido raíces en la memoria colectiva del Movimiento de Vida Cristiana. Lo más sensato sería que las sigan interpretando, pues estas canciones fueron creadas como un don a la Iglesia y no como monopolio del grupo.

Insisto en que no me opongo a que Takillakkta interprete mis canciones. No hay nada que sea obstáculo para ello, más aun cuando ICTYS [Instituto Cultural Teatral y Social] sigue siendo la titular de los derechos de las 23 canciones mías que ha grabado el grupo. Si Takillakkta deja de interpretarlas, debo ver en ello la voluntad de los superiores del Sodalicio y una confirmación de los comentarios críticos que yo mismo he expresado. Si esto es cierto, seré yo tal vez el único que pueda mantener viva la memoria de los orígenes de Takillakkta y de las canciones que yo —como fruto de un talento otorgado por Dios— he compuesto. Y para ello tendré que poner los medios necesarios.

Lo siento mucho, pero ya no me puedo identificar con una institución que, por lo general, pocas veces ha estado dispuesta al diálogo —con quien sea—, con un estilo autoritario y marcadamente verticalista, que en varios casos ha coaccionado la libertad de conciencia de las personas y que no muestra transparencia sobre lo que pasa en ella. A lo cual se suma una doctrina que ha evolucionado poco con el paso del tiempo y que, teniendo el potencial para ser una espiritualidad viva, ha devenido en una ideología rígida carente de matices. Lo último que he leído de Luis Fernando [Figari] me ha parecido decepcionante.

Si a esto le sumamos lo que refleja ACI Prensa, el cuadro no puede ser más decepcionante. En cuanto informativo eclesial deja mucho que desear. La gran mayoría de las noticias giran en torno a tres temas: el aborto, la homosexualidad y la eutanasia. El resto se lo reparten la moral sexual, el celibato, chismes simpáticos del Vaticano, cualquier frase que diga el Papa o un obispo afín a la ideología conservadora del informativo y anécdotas sensacionalistas sobre la vida eclesial (condenas de teólogos, proezas religiosas, asesinatos de curas o religiosos, siempre y cuando no sean liberacionistas). A ello se suma la manipulación de la noticia a través de sus titulares y la presentación sesgada de los hechos, sin la mayor pizca de análisis. Ejemplo de ellos es cuando informó sobre el informe de la Comisión de la Verdad y la Reconciliación. Desacreditar todo el documento de más de mil páginas sólo en base a lo en un par de ellas se decía sobre Mons. Cipriani —lo cual estaba además bien documentado— me parece poco serio. Los problemas de pederastia entre el clero son apenas mencionados. Se defendió al P. Maciel, fundador de los Legionarios de Cristo, cuando ya había suficientes indicios como para sospechar con fundamento de su conducta sexual —me refiero a las acusaciones de pederastia— y se ha tocado muy someramente el asunto cuando se destapó que había tenido por lo menos una hija carnal con una mujer, pero cuando se supo de Fernando Lugo, Presidente del Paraguay y obispo reducido al estado laical, que había tenido una hija siendo obispo, la cobertura de la noticia fue mucho mayor, incluso sacando a luz declaraciones de cosas que todavía no habían sido demostradas. Y lo que ya toca extremos fue la manipulación de una supuesta frase de Juan Pablo II dicha en el ámbito privado con el fin de hacer creer que el Papa había avalado la película The Passion of the Christ como si fuera una reproducción fidedigna de lo que realmente pasó durante la Pasión de Nuestro Señor.

ACI Prensa —o su versión en inglés, Catholic News Agency— es un portal público, siendo por tanto legítimas las opiniones públicas que se pueda emitir sobre sus contenidos y su manera de “informar”. No entiendo tu lógica cuando me dices que estas críticas sólo pueden ser canalizadas de manera privada a través de Alejandro Bermúdez, director de la agencia. Sería como pretender que las noticias que publica El Comercio con las cuales uno discrepa deban ser discutidas sólo en privado con su director. Si el Sodalicio avala a ACI Prensa y está de acuerdo con su política “informativa”, me da mucho que pensar.

Me podrías argumentar que tanto Takillakkta como ACI Prensa son iniciativas particulares de miembros consagrados del Sodalicio, y que las responsabilidades recaen únicamente sobre Javier Leturia y Alejandro Bermúdez. Conozco esa figura. Pero también sé que en la realidad no hay iniciativa particular en sentido propio en el Sodalicio, ni nunca la ha habido. Cuando Alfredo Garland escribió Como lobos rapaces, lo hizo por indicación de Luis Fernando Figari y lo que escribía era supervisado por él, Germán Doig y Virgilio Levaggi. Las “iniciativas particulares”, por más que públicamente se las presente como no teniendo ninguna vinculación con el Sodalicio, son dirigidas por personas que obedecen a sus superiores y cuya iniciativa personal es muy limitada. Y siempre ha sido un secreto a voces que estas “iniciativas particulares” son obras del Sodalicio. […]

Todo lo que te he dicho no afecta para nada la propuesta de buscar fondos para las obras sociales del Movimiento de Vida Cristiana. Como miembro de la Iglesia comprometido con la fe, siempre estaré dispuesto a colaborar con obras a favor de los más pobres y necesitados, en un espíritu de cooperación y libertad. […]

También te pido que me envíes una copia del documento que firmé, cediendo mis derechos de autor a ICTYS. Como nunca me fue entregada una copia —cosa que normalmente se hace cuando uno suscribe un documento—, desconozco su contenido exacto, pues o no me acuerdo de lo poco que leí o no se me dio tiempo para leer lo que estaba firmando, más aun cuando esta acción la hice en virtud de la obediencia —a la cual entonces estaba sujeto— y confiando en el buen criterio de mis superiores. Además, no creo que que el documento prohíba contar cómo surgieron mis canciones, qué cambios sufrieron ni qué opino sobre la manera en que son interpretadas.

A fines de enero de 2010 pude conversar en Lima por separado con el sodálite mencionado y con Javier Leturia. He aquí unos párrafos que resumen el resultado de ambas conversaciones, tomados de un e-mail que le escribí el 26 de julio de 2010 a mi amigo Manuel, adherente sodálite:

De resultas de la conversación con Javier decidí mantener mi blog LA GUITARRA ROTA cerrado al público, pues me dio información adicional que muestra que la historia de Takillakkta es más compleja de lo que yo imaginaba, y que Javier en muchos asuntos estuvo con las manos atadas —como lo están muchos miembros del Sodalicio que están sujetos a la obediencia—. Fue una conversación amena y abierta, un intercambio interesante y reconciliador. […]

[Respecto a la otra conversación], hice lo que tenía que hacer en conciencia, pues [un sacerdote de Schönstatt] me había dicho que no podía correr el riesgo de que en el cielo se me pidiera cuentas por no haberle dicho lo que sabía a [ese sodálite]. Yo se lo dije, y quedaba en él tomar la decisión de qué hacía con esa información, que -reconozco- es incompleta y parcial, pues son sólo piezas de un rompecabezas que todavía no termino de armar.

Las conclusiones a las que llego son desalentadoras:

  • que alguien con la autoridad de [ese sodálite] me hable de “cosas de las que no se había enterado” y de “cosas que prefiere no saber”, me habla de una actitud peligrosa para el futuro del Sodalicio, pues sólo se puede seguir sanamente hacia adelante si hay una actitud abierta hacia la realidad, por más que algunos de sus aspectos sean desagradables; una actitud [como la anterior] es la que ha permitido que ocurra lo que ocurrió en los Legionarios de Cristo;
  • que mis críticas basadas en mi experiencia hayan sido consideradas como “ataques” y no como oportunidad para iniciar un diálogo habla también de una cerrazón institucional que puede cobrar factura en tiempos venideros; todavía parece seguir estando vigente que la crítica interna es “desobediencia” y “rebeldía”, y la crítica externa es “ataque” cargado de mala intención; y yo soy difícil de ubicar, pues no estoy totalmente afuera ni totalmente adentro: sigo compartiendo algunos principios e ideales que me llevaron a unir mi vida durante años a la historia del Sodalicio, pero a la vez discrepo en muchos puntos y no me siento identificado con la institución.

Otro problema que encuentro es lo que yo llamo “socialización de los logros, privatización de los fallos” (parafraseando la famosa frase de “privatización de las ganancias, socialización de las pérdidas”). Me refiero a que los éxitos y cosas buenas de la institución y de cada uno de sus miembros se atribuyen al todo, al Sodalicio como organización, mientras que los fallos, pecados, errores se atribuyen a individuos particulares y se les considera a título personal. Así ocurrió en el caso de Daniel Murguía. Lo que él hizo se mira como fruto de su sola iniciativa personal. Pero nadie se ha preguntado qué circunstancias de la institución han podido originar un caso así. Como ocurre con un criminal, donde se analiza las circunstancias familiares y sociales que lo llevaron a cometer tal crimen, sin que ello signifique anular su responsabilidad personal. Falta, pues, esa capacidad de análisis institucional que permita corregir rumbos y establecer un vínculo entre las conductas personales y las condiciones en que se desarrolla colectivamente la vida de los miembros en la institución. Pues los tumores se insertan en un tejido, y no surgen y crecen aislados.

Esta deficiencia de análisis puede también acarrear consecuencias negativas. Y el Sodalicio tiene que andar con cuidado, pues no me extrañaría que más adelante haya algún arzobispo u obispo que considere que merece ser objeto de investigación canónica. En lo que va del papado de Benedicto XVI ya han sido intervenidos Lumen Christi, los Legionarios de Cristo y parece que se viene una intervención del Instituto del Verbo Encarnado (si no me equivoco, dos sacerdotes de esta última institución trabajan en la Universidad San Pablo). Estas instituciones se caracterizan por una aproximación diríamos “conservadora” a la doctrina y teología de la Iglesia, tienen estructuras sumamente verticales y parece que hay en todas una manera de hacer apostolado que recurre a métodos de manipulación de las conciencias. No hablo de escándalos sexuales, que por el momento parecen ser de exclusividad de los Legionarios de Cristo. El Vaticano no se ha metido ni con las grandes congregaciones, ni con instituciones con una teología más abierta y reflexiva, ni siquiera con la teología de la liberación en ese sentido. ¿Quién no te asegura que algún día el Sodalicio pueda ser intervenido? Se oyen pasos…

Mi blog LA GUITARRA ROTA estuvo inaccesible al público durante más de un año y medio. Pero debido a que no se generó el diálogo tan ansiado por mí —pues probablemente se creía que ya estaba cumplido el objetivo de silenciarme al retirar yo mis opiniones disidentes del ciberespacio— decidí en septiembre de 2011, meses después de que estallara el escándalo de Germán Doig, que no tenía sentido mantener cerrado ese espacio de expresión personal y lo volví a colocar en la red, sin que hubieran posteriores protestas.

Mis reflexiones previas sobre los problemas que presentaba el Sodalicio, aunque incompletas, parecían haber dado en el clavo, y con el caso de Germán Doig había estallado una imprevisible bomba latente que era sólo la consecuencia más escandalosa hasta el momento de la problemática que yo había vislumbrado a grandes rasgos.

Lamentablemente, no hay peor ciego que el que no quiere ver, ni peor sordo que el que no quiere oír. Y mientras el Sodalicio no esté dispuesto a ver y oír, probablemente los escándalos sigan salpicando su azarosa historia.

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Si alguien quiere saber a grosso modo lo que escribí sobre Takillakkta, le recomiendo que lea los siguientes posts en el orden indicado:

  1. ORÍGENES DE TAKILLAKKTA
  2. INFLUENCIAS SOBRE TAKILLAKKTA
  3. LA HISTORIA EXPROPIADA DE TAKILLAKKTA
  4. HOMENAJE
  5. TAKILLAKKTA: ¿MUSICA FOLKLÓRICA O FOLKLOROIDE?
  6. TAKILLAKKTA: ¿EVANGELIZACIÓN O ADOCTRINAMIENTO A TRAVES DE LA MÚSICA?
  7. TAKILLAKKTA: ¿ARTE MUSICAL O IDEOLOGÍA RELIGIOSA?

SOMBRAS DEL PASADO

Reunión de antiguos sodálites en Chincha, Perú (julio 2015)

Reunión de antiguos sodálites en Chincha, Perú (julio 2015)

Como ya he relatado en algunas entradas de este blog, lo que gatilló en mí un proceso de reflexión y maduración que terminó en el año 2008 en mi decisión de apartarme del Sodalicio de Vida Cristiana, fue la inexplicable “expulsión” —dada a conocer públicamente en el Movimiento de Vida Cristiana— de Germán McKenzie, entonces Vicario General del Sodalicio, y la detención de Daniel Murguía, sodálite perteneciente al círculo cercano del entonces Superior General Luis Fernando Figari, cuando estaba fotografiando a un niño de la calle desnudo en un motel del centro de Lima. Ambos hechos ocurrieron en octubre de 2007.

De alguna manera, la interpretación que yo tenía hasta ese momento de los casi 30 años de mi vida transcurridos en el Sodalicio saltó en pedazos, y fue entonces que durante meses traté de reunir las piezas para volver a armar el cuadro. La decisión de desvincularme de una institución que había modelado prácticamente mi existencia no fue cosa de un momento, sino un proceso doloroso que se extendió a lo largo de varios meses, mientras trataba de armar nuevamente el rompecabezas, sabiendo que me abocaba a una tarea casi imposible, pues hasta el día de hoy siento que faltan piezas.

A lo largo del 2008, me dediqué a la tarea de ordenar mis recuerdos de lo que había sido mi experiencia sodálite, poniendo mis reflexiones por escrito. Es así que llegué a redactar cuatro textos, que me sirvieron personalmente para procesar la crisis por la que estaba pasando y plantearme cómo debía entender mi inserción en la Iglesia católica. Pues mi fe se mantuvo firme y sobrevivió a la tempestad, lo cual no ha ocurrido con otra personas que pasaron por experiencias similares. Estos cuatro escritos son los siguientes:

En un principio no tuve la intención de publicarlos. En los años 2009 y 2010 los compartí con algunas personas amigas en privado, a fin de saber su opinión, si lo que yo había plasmado en esos textos eran simplemente desvaríos de un loco desquiciado o si mi análisis tenía sustento en la realidad. Gracias a algunos comentarios fui corrigiendo los textos, llegando a la conclusión de que los problemas que yo percibía en el Sodalicio eran reales y preocupantes. Algo así como una bomba de tiempo que en el algún momento les iba a estallar en la cara.

Sólo cuando mis intentos de comunicar estas cosas al Sodalicio mismo fracasaron, cuando los abusos de Germán Doig fueron considerados oficialmente como una caso aislado —lo cual implicaba que en el Sodalicio no iba a haber una autocrítica institucional— y cuando constaté que la prensa secular no mostraba tener un conocimiento adecuado de la institución ni de la forma de ser de los sodálites, sólo entonces fue que decidí hacer pública esa información en este blog, que inicié a fines del año 2012, tras haber evaluado durante meses la situación. Se me presentaba como un deber de conciencia y como un acto de responsabilidad frente a todos aquellos que habían sido víctimas o que habían padecido sufrimientos debido a los graves problemas que aquejaban al Sodalicio.

De los cuatro textos que redacté, los primeros tres fueron publicados en mi blog con algunos cambios, correcciones y omitiendo alguna que otra información demasiado comprometedora o de carácter confidencial. Del cuarto texto he publicado algunos párrafos en la entrada FANTASMAS DEL SODALICIO.

Entre octubre de 2007 y noviembre de 2012 habían pasado cinco años, en que la lucha con mis fantasmas interiores había sido el pan de cada día, pero lo cual me permitió adquirir una libertad de conciencia como nunca la había tenido. Lo cual agradezco también a los pocos amigos que tuvieron el valor de escucharme y comunicarme sus opiniones francas y sinceras, a veces coincidentes con mis reflexiones, otra veces discrepantes.

En varios de los e-mails que escribí durante esos años he encontrado reflexiones mías que quiero rescatar por la frescura e inmediatez que transmiten, y porque son testimonio del proceso de maduración que me llevó a escribir largo y tendido sobre el Sodalicio de Vida Cristiana.

No voy a publicar los e-mails que me enviaron las personas con las que mantuve estos intercambios epistolares, pues muchos de los contenidos tienen carácter privado y confidencial, sino solamente lo que yo escribí, omitiendo por supuesto toda información de carácter exclusivamente privado.

Por ejemplo, el 13 de agosto de 2010 les envié a varios amigos un e-mail con un texto homenajeando a Eduardo Gildemeister, quien había fallecido hace poco, texto que reproduzco parcialmente en CARTA A UN AMIGO DESCONOCIDO. En el e-mail original se dice que yo había compuesto varias canciones dedicadas a otros seres queridos, «pero en esos tiempos me topé con la indiferencia de quienes habían comenzado a tener en menos mi música, y nunca recibieron difusión».

El 16 de agosto un amigo me escribió, diciéndome que no había necesidad de terminar mi misiva de esa manera y que ya era el momento de perdonar, que me reconciliara con el pasado, que no omitiera hacer bien dejando de transmitir una visión esperanzada y que renovara mi afán de santidad. «Yo te quiero pedir que no hagas más referencias a sombras del pasado que no hacen sino envolver ese don con un papel de regalo que lo desmerece».

El 17 de agosto le respondí lo que sigue a continuación. Se ha de tener en cuenta que todavía no se sabía nada sobre los abusos cometidos por Germán Doig.

Te agradezco tu preocupación, pero la cosa es mucho más compleja de lo que me planteas. No es la primera vez que alguien me habla de la necesidad de reconciliarme, partiendo del supuesto de que tengo problemas relacionados con un pasado no asimilado. La verdad del asunto es que ahora comprendo mucho mejor mi pasado —aunque todavía me falten piezas del rompecabezas— y, gracias a ello, mi fe está firme y anclada en Jesucristo y su Iglesia, con mayor libertad.

¿Piensas que no he perdonado, sólo porque menciono un hecho que es cierto, incluso teniendo la delicadeza de no mencionar nombres ni apellidos? Si deseas que te mencione a alguien, te puedo mencionar a Luis Fernando, a quien en ese entonces le entregué en la mano un cassette con composiciones recientes mías, y no recibí ninguna respuesta, ningún comentario, ni siquiera de alguno de sus subordinados. Ni las gracias… […]

No creo que la reconciliación consista en tapar con un manto de olvido las páginas incómodas del pasado. Eso no funciona. Tarde o temprano el pasado termina por pasar factura, como ha ocurrido con los Legionarios de Cristo y con los casos de pederastia que han ido saliendo a la luz en la Iglesia. El Sodalicio ha estado tapando su pasado sin procesarlo debidamente, sin mirarle a la cara. Podríamos decir que el Sodalicio no se ha reconciliado con su propia historia. ¿Te imaginas más adelante que alguien saque al descubierto, de manera documentada, las vinculaciones del Sodalicio con la ideología falangista (el fascismo español) o con grupos de ultraderecha de México y Argentina, que también las hubo? ¿O que se documente los abusos de autoridad y manipulación de conciencias que durante algún tiempo se practicaron —y que todavía podrían seguir dándose—? El asunto no es como para tomarlo a la ligera.

Mira esta noticia sobre el instituto de vida consagrada Miles Jesu (que significa “Milicia de Jesús”):

http://www.periodistadigital.com/religion/mundo/2010/07/30/fundador-miles-jesu-abusos-autoridad-iglesia-comisario-vaticano-religion.shtml

Así como se ha intervenido este instituto, se ha intervenido también a los Legionarios de Cristo —por razones que ya todos conocemos—, a Lumen Dei y se viene una intervención del Instituto del Verbo Encarnado, todas ellas asociaciones que tienen más de un punto en común con el Sodalicio. Como anécdota, esta noticia no ha sido publicada en ACI Prensa —por razones obvias—. […]

El pasado siempre nos acompaña. La cuestión es cómo lo tomamos: como un compañero a quien le miramos a la cara para comprendernos a nosotros mismos y aprender de los errores, o como una sombra que nos recuerda cosas que queremos olvidar y que escondemos debajo de la mesa. Si lo enterramos, saldrá a buscarnos y se convertirá en una pesadilla fantasmal.

Por todo lo dicho, creo que lo de la reconciliación es algo que ya no está en mis manos. Yo he hecho lo posible, nunca cerrándome al diálogo. Mantengo una buena comunicación con Manuel Rodríguez, por ejemplo. A quien me ha escrito, le he respondido con franqueza. Pero hay otras personas que o no se han atrevido a comunicarse conmigo, o no han tenido las ganas de hacerlo, o han recibido órdenes de ignorarme. No sé si cabe alguna posibilidad más. […]

¿Crees que hubo alguna vez interés de interpretar mis canciones posteriores a mi salida de comunidad? He compuesto incluso una Misa casi completa (“Misa de Cuerpo y Sangre Presente”). Pues no creo que haya habido interés. Ni creo que lo haya ahora.

Por otra parte, no se puede transmitir una visión esperanzada a través de medias verdades, omitiendo realidades incómodas o problemáticas. A la larga, este tipo de ilusiones se derrumban a ojos de la gente. El hacer el bien no puede basarse sobre una verdad maquillada y edulcorada, pues tarde o temprano revelaría su falsedad. Por eso mismo, no entiendo tus alusiones a la “omisión de hacer el bien”. Siempre he buscado hablar con el corazón con la mano. Y siento que logro mejor ese objetivo desde que mi lenguaje no está bajo la mediación de una ideología religiosa determinada.

¿Respecto a la santidad? Hay que tener cuidado. Es algo que se te escapa de las manos cuando piensas demasiado en ella, pues puede convertirse en una búsqueda egocéntrica de la propia perfección —lo cual es todo lo contrario de la santidad—. Es un don de Dios. Para recibirlo no hay que darle tantas vueltas ni traerla continuamente a la mente, sino simplemente buscar seguir tras las huellas de Jesús en esta vida, con toda sencillez y naturalidad, asumiendo que nada de lo humano nos es ajeno —como no lo fue para el Hijo de Dios—. Y recordar que la Iglesia enseña que nadie puede tener nunca personalmente la seguridad de estar en estado de gracia.

Bueno, aquí te mando estas reflexiones. Sé que están incompletas y que hay mucho más que tallar. Pero poco a poco…

Te mando un fuerte abrazo y no dudo de tus buenas intenciones.

Saludos

Martin

EL SODALICIO EN LA PALABRA ESCRITA (II)

Este artículo es la continuación de mi anterior escrito EL SODALICIO EN LA PALABRA ESCRITA (I).

Al año siguiente del primer reportaje televisado sobre el Sodalicio de Vida Cristiana, emitido en el programa “Entre Líneas” de Cecilia Valenzuela en Canal N (ver CANAL N: PRIMER REPORTAJE SOBRE EL SODALICIO), el periodista Pedro Salinas publicaba su novela Mateo Diez (Jaime Campodónico/Editor, Lima 2002), donde en clave de ficción y con nombres cambiados narraba su paso a través de la institución. Independientemente de la calidad literaria del texto, se trataba de un testimonio valiente y honesto de primera mano. De alguna manera, se había abierto una compuerta para discutir el tema del Sodalicio en el ámbito público.

A fines de ese año el diario La República, a través de su revista Domingo, iniciaría la publicación de la que quizás sea la mejor investigación periodística sobre el tema que se haya realizado hasta la fecha.

REPORTAJE DEL DIARIO LA REPÚBLICA
(22 y 29 de diciembre de 2002, 5 de enero de 2003)

la_republica

El motivo que dio origen al reportaje de La República fue una carta notarial fechada el 9 de diciembre de 2002 que el Dr. Héctor Guillén, oftalmólogo arequipeño, y su esposa Martha Gross dirigieron a Luis Fernando Figari, Superior General del Sodalicio, manifestándole su preocupación por su hijo Franz, quien se había convertido en miembro del Sodalicio tras haber sido objeto de acciones proselitistas por parte de la institución e iba a ser enviado a una comunidad en Colombia, un país con guerra interna, recalcando además la situación de ruptura con la familia Guillén que se había generado desde que Franz fuera reclutado por el Sodalicio. La carta fue hecha pública y Franz Wieser, ex-sacerdote que ha sido profesor de religión en el Colegio Peruano-Alemán Alexander von Humboldt, remitió la carta al director de La República, quien la publicó en su diario.

Señor Director:

Por tratarse de un asunto de interés general, remito para su publicación en La República la siguiente Carta Notarial dirigida al Sodalitium.

Franz Wieser

__________________________________________________

Señor Luis Fernando Figari
Lima.-

Desde que nuestro hijo, Franz Guillén Gross, actualmente en San Bartolo (Lima), ingresó en el Sodalitium el 1º/6/99, como padres de familia nos hemos visto imposibilitados de entablar con él un diálogo razonable, personal, amplio, abierto y natural, llegando Franz al extremo de negarse a hablar con su padre. Somos respetuosos de la libertad de conciencia y, por tanto, de la libre elección de la vida religiosa, por lo que no podemos aceptar las limitaciones impuestas a nuestro hijo —desde su adscripción a la organización de su dirección— a sus posibilidades de desarrollo integral, plural, libre en plenitud de conciencia, situación que ha generado un radical cambio en su personalidad, la deserción de sus estudios universitarios, el abandono de su hogar y el total alejamiento e incluso enfrentamiento con su familia, lo que contradice su supuesta formación cristiana. Luego de que nuestro hijo inició su formación en San Bartolo, hace año y medio, ha sido drásticamente limitado en su posibilidad de visitar a su familia en Arequipa, a pesar de habérsele enviado el dinero para su pasaje y de nuestra angustiosa necesidad de tenerlo en casa para eventos familiares trascendentales. Siendo Colombia (adonde piensan enviarlo) un país en guerra interna y en el que se ha asesinado a cerca de 30 religiosos y secuestrado varios sacerdotes, incluyendo al cura sodálite arequipeño Juan Pablo Rosado Gómez de la Torre, nosotros, como padres de Franz Guillén Gross, en ejercicio de nuestros derechos como familia, responsabilizamos directamente a usted y a su organización de cualquier daño físico, emocional, mental y/o moral que se deriven tanto del aislamiento que le ha sido impuesto hasta ahora por el Sodalitium a nuestro hijo como de la decisión de enviarlo a Colombia. Nos despedimos con la esperanza de ver pronto a nuestro hijo Franz en Arequipa.

Héctor Guillén Tamayo
Martha Gross de Guillén
DNI 29250771-29331501

El Sodalicio, a través de su vocero Germán McKenzie, emitió una respuesta, que fue publicada en el mismo diario el 16 de diciembre de 2002.

Señor Director:

Habiendo aparecido publicada en la sección Cartas del diario bajo su dirección el último lunes una carta relativa a nuestra institución religiosa, me permito solicitarle la publicación en la misma sección.

Atentamente

Germán McKenzie González
Superior Regional del Perú
Sodalicio de Vida Cristiana

__________________________________________________

CARTA NOTARIAL

Sres.
Héctor Guillén Tamayo
Martha Gross de Guillén
Piérola 106
Cercado
Arequipa

Estimados señores:

Al haber tomado conocimiento de su carta pública del 9 de diciembre pasado, como responsable del Sodalicio de Vida Cristiana en el Perú quiero manifestarles lo siguiente:

El hermano Franz Guillén Gross, como todos los miembros del Sodalicio de Vida Cristiana, es una persona adulta que se ha adherido libremente a nuestra institución religiosa. Cualquier acusación de ustedes que ponga esto en duda equivale a una calumnia.

Considero que los asuntos que ustedes señalan deberían haber sido tratados directamente entre padre e hijo. Lamento mucho esta situación que en ningún modo puede ser imputada a nuestra institución. Dado que el Hno. Franz también tiene conocimiento de su carta pública, a él le corresponde actuar de acuerdo a su conciencia.

Me permito aclarar que las imputaciones de su carta no corresponden a la verdad.

Que Dios, Señor Nuestro, los bendiga y que este tiempo de Navidad les ayude a profundizar en la fe.

Atentamente,

Germán McKenzie González
Superior Regional del Perú
Sodalicio de Vida Cristiana

A continuación vendrían los artículos que se publicaron en la revista Domingo en tres números consecutivos, entre el 22 de diciembre de 2002 y el 5 de enero de 2003. La buena calidad del reportaje hay que atribuirlo a que La República contaba entonces con una de las mejores unidades de investigación periodística del Perú. Por ello, la presentación de la información obtenida fue bastante objetiva.

Dado que este material ya no está disponible en la página web de La República, he tenido que recurrir al Internet Archive para encontrar copias del reportaje, aunque sin las fotos. A través de los siguientes enlaces se puede acceder a los respectivos textos publicados en Domingo.

22 de diciembre de 2002
http://web.archive.org/web/20021224155310id_/http://www.larepublica.com.pe/SUPLEMEN/DOMINGO/2002/1222/domingoCONTROVERSIA.htm

29 de diciembre de 2002
http://web.archive.org/web/20030104013342id_/http://www.larepublica.com.pe/SUPLEMEN/DOMINGO/2002/1229/domingoCONTROV1.htm
http://web.archive.org/web/20030104013634id_/http://www.larepublica.com.pe/SUPLEMEN/DOMINGO/2002/1229/domingoCONTROV2.htm
http://web.archive.org/web/20030104015405id_/http://www.larepublica.com.pe/SUPLEMEN/DOMINGO/2002/1229/domingoCONTROV3.htm
http://web.archive.org/web/20030104014320id_/http://www.larepublica.com.pe/SUPLEMEN/DOMINGO/2002/1229/domingoCONTROV.htm

5 de enero de 2003
http://web.archive.org/web/20030109054933id_/http://www.larepublica.com.pe/SUPLEMEN/DOMINGO/2003/0105/domingoDESCARGOS.htm

Lo único que falta es el sumario de la entrevista que le hicieron al P. Jaime Baertl, que apareció en la versión impresa de la revista Domingo del 5 de enero de 2003, pero no en la versión digital.

La reacción del Sodalicio no se hizo esperar y, poco después de publicado el primer artículo, el encargado de Comunicaciones del Sodalicio envió una carta aclaratoria, que fue publicada en el diario y que reproduzco a continuación, junto con la respuesta del responsable de la revista Domingo.

Publicado en La República el 25 de diciembre de 2002

Sodalitium niega irregularidades

Señor director:

En la sección Domingo ha sido publicado un artículo referido al Sodalitium Christianae Vitae respecto del cual me permito hacerle llegar las siguientes aclaraciones:

El artículo «El llamado del Señor» se origina, según el mismo redactor, en «una denuncia contra la organización religiosa Sodalitium Christianae Vitae». Se está haciendo referencia a una carta pública de los Sres. Guillén, aparecida en el diario La República el 9 de diciembre pasado. Las imputaciones contra nuestra Institución contenidas en dicha carta faltan a la verdad, tal como lo manifestó el Hno. Germán McKenzie en la carta notarial del 20 de diciembre, publicada en el mismo diario La República. Llama la atención que tal descargo fuese ignorado en el artículo.

Siendo esto así, llama profundamente la atención la metodología utilizada en el mencionado artículo. Lo menos que se podría esperar de un medio de comunicación, cuya finalidad y obligación para con la sociedad es informar, es una investigación seria de las aseveraciones en las que se basa el artículo. En este caso:

El diario se negó a recoger las declaraciones de Franz Guillén, y postergó «para después» una entrevista.

No se ha consultado a las autoridades de la Iglesia, siendo el Sodalitium una Institución Católica y aprobada oficialmente por la Iglesia Católica.

El diario no ha visitado, ni visto las obras auspiciadas por el Sodalitium.

Las imputaciones vertidas, no verificadas, parecen manifestar un sesgo parcial a favor de quienes las formulan.

Todo lo que «se dice» es asumido y presentado como verdadero sin ningún cuestionamiento o indagación de quiénes son aquellos que hacen las aseveraciones. Tal perspectiva parece revelar una falta de interés por la verdad y lleva, en este caso, a cuestionar el proceder periodístico y ético del diario bajo su dirección.

El Sodalitium ha recibido su aprobación oficial del Santo Padre Juan Pablo II, no emplea método alguno reñido con la fe fundada en el Evangelio de Nuestro Señor Jesucristo, es conocida por el apoyo a la familia, a la vocación al matrimonio como camino de santidad, al derecho a la vida de todo ser humano, al respeto a la dignidad y derechos de la persona humana.

Erwin Scheuch
Encargado de Comunicaciones
Sodalitium Christianae Vitae

Antes de enviar una carta aclaratoria, el señor Scheuch debió haberse informado mejor para no faltar a la verdad. El redactor de la nota conversó extensamente con el propio Franz Guillén el viernes 19, informándole sobre la naturaleza del artículo y la necesidad de obtener su versión. Fue Franz quien prefirió no dar entrevista alguna. El mismo viernes en la tarde, después de esperar tres días por una respuesta, Franz dijo por teléfono que sólo quería saber si su padre «ya se había retractado» y sentenció: «no te voy a dar la entrevista». La República había intentado durante toda una semana comunicarse con autoridades del Sodalitium, llamó a la parroquia de Camacho, al mismo local de San Bartolo, a la Asociación Vocaciones y Vida Apostólica. El jueves 18, Erwin Scheuch devolvió la llamada al redactor y, con un tono irrespetuoso, intentó intimidarlo y presionarlo para que desista de escribir la nota. Poco después, un sacerdote de apellido Baertl prometió la ansiada entrevista que finalmente no se realizó porque «Franz había salido de paseo». La República respetó el testimonio de los padres, cuyas declaraciones tienen un valor periodístico que Scheuch intenta negar. Nos hubiese gustado incluir con la misma amplitud los descargos de SCV, pero sus miembros —antes que dar su versión— buscaban a toda costa impedir la difusión de cualquier nota referida a ellos.

(Mario Munive, editor de Domingo)

En general, hubo un manejo torpe de esta situación por parte del Sodalicio, ya sea mediante advertencias conminatorias, ya sea negándose a declarar o haciendo un cierrapuertas generalizado, que a la larga no se pudo sostener. Al final se abrió camino un resquicio de sensatez, que llevó a que representantes del Sodalicio hablaran sobre la institución, aunque sin responder satisfactoriamente a los cuestionamientos concretos que se hizo, sino limitándose a detallar generalidades.

Yo en esos momentos ya me encontraba en Alemania. Me había adelantado a mi familia para preparar el terreno y encontrar un trabajo. En ese entonces me consideraba algo así como la avanzada del Sodalicio en tierras germanas, pues a pesar del paulatino ostracismo a que había sido sometido después de abandonar la vida en comunidades, todavía me sentía ligado afectivamente a la institución y estaba dispuesto a participar en su “misión evangelizadora” en tierras lejanas. Y, por supuesto, estaba dispuesto a jugarme el pellejo por esta causa. De modo que preparé una extensa carta en que respondía detalladamente a cada uno de los puntos relevantes del reportaje, llegando incluso al extremo de defender al mismo Luis Fernando Figari, y se la envié por correo electrónico a La República el 3 de enero de 2003. Ahora bien, el reportaje de La República estaba tan bien hecho, que no se podía negar que todo lo que ponía en cuanto a datos y hechos correspondía a la realidad. Por eso mismo, contrariamente a otros miembros de la Familia Sodálite que negaban en bloque lo publicado por los reporteros de La República, acusándolos de usar un lenguaje tendencioso, de vertir calumnias en sus textos y de faltar a la verdad, yo tuve por lo menos la honestidad de no negar aquello que era cierto, pero consideraba que los hechos habían sido interpretados erróneamente, llevando a conclusiones incorrectas. Se trataba de un problema de interpretación. Esto es lo que decía textualmente en la carta:

«Puedo afirmar que los datos que ustedes han averiguado son en su mayoría ciertos, pero lamentablemente son interpretados, tanto por el autor del reportaje como por algunos de los entrevistados, de manera errónea.»

Tengo que admitir que me equivoqué, pues hechos adicionales de los cuales he llegado a tener conocimiento posteriormente, así como un análisis más profundo y exhaustivo de lo que fue mi propia experiencia en el Sodalicio, confirman más bien las conclusiones a las que llegó La República y desbaratan los argumentos que yo esgrimí entonces para defender a una institución y a su líder, que han aplicado técnicas de manipulación psicológica cuyas secuelas perduran durante años en quienes han sido sometidas a ellas, hasta el punto de que quienes han sido víctimas son capaces de seguir abrazando la causa de sus victimarios.

Mi carta fue enviada con copia a Erwin Scheuch, Germán McKenzie y al P. Jaime Baertl. El único que me respondió fue el P. Baertl, felicitándome por ella e informándome que ya había concertado una reunión con Gustavo “Chicho” Mohme, director de La República, para conversar sobre el tema. Fruto de esta reunión fue la mencionada entrevista que le hicieron y que sólo se publicó a modo de resumen en la edición escrita de Domingo del 5 de enero de 2003. Mi carta nunca fue publicada por el diario, y sólo recibí una breve y descortés respuesta de Mohme, indicándome que ya había conversado con el P. Baertl y que, por lo tanto, el asunto quedaba zanjado y ya no era necesario publicar mi carta.

Franz Guillén y Martha Gross

Héctor Guillén y Martha Gross

Parece que el asunto no quedó zanjado allí, pues el 18 de febrero de 2003, ante la falta de respuesta por parte de Luis Fernando Figari, los esposos Guillén-Gross le enviaron otra carta notarial mucho más extensa y detallada, describiendo los problemas que observaban en el Sodalicio y pidiéndole que cumplan con aquello a que se comprometieron:

«Pretendiendo dar “punto final a una controversia” el Sodalitium y La República se comprometieron ante la opinión pública el Domingo 5 de enero del 2003 a promover la “reconciliación” de la familia Guillén Gross. Nosotros sabemos la trascendencia social de la problemática y no estamos de acuerdo en considerar este asunto como un simple “problema familiar”.»

La carta, que no tiene desperdicio, hace una descripción de ciertas características presentes en el modo de actuar del Sodalicio y que son comunes a aquellas sectas que practican el control mental con sus miembros:

«…nos preocupa profundamente el encontrar en el Sodalitium ciertas características como: el control de la atmósfera social y la comunicación, el sentimiento de un “llamado superior”, la redefinición del lenguaje, el culto a la confesión (sobre todo pública), las exageradas demandas de pureza y santidad y sobre todo la dispensación de la existencia —que consiste en una prodigalidad irracional que pone en peligro la vida misma del adepto—, que describen en grupos sectarios destructivos profesionales de la talla de Pepe Rodríguez, Steven Hassan, Rick Ross, Margaret Thaler Singer, Robert Liffton, Michael Langone y John Hockman. Valga decir que desde el punto de vista psicológico la definición de secta considera que se trata de un grupo que ejerce en sus futuros adeptos técnicas de persuasión coercitiva con consecuencias que son científica y fácilmente comprobables y reproducibles.»

Se puede leer el texto completo de las dos cartas notariales de los esposos Guillén-Cross en el siguiente enlace:
http://www.elenciclopedista.com.ar/el-sodalitium-sodalites/

Con fecha de 21 de febrero de 2003, hubo una carta de respuesta de Germán McKenzie a la última carta notarial de los Guillén-Gross, pero desconozco su contenido.

REPORTAJE DE LA REVISTA CARETAS
(13 y 27 de marzo de 2003)

caretas

Con el objetivo de mejorar su imagen, el Sodalicio recurrió a periodistas de la revista Caretas, a fin de que se hiciera un reportaje de contenido positivo, para lo cual los invitaron a visitar algunas comunidades sodálites y obras de asistencia social.

La revista Caretas se ha caracterizado siempre por un estilo ligero e irónico en la presentación de su información. El resultado se ve en el artículo publicado, que muestra su mordiente sarcástica y burlona desde el título mismo: “Los once mil castos”. He aquí el artículo:

13 de marzo de 2003

Los once mil castos
http://www.caretas.com.pe/2003/1763/articulos/sodalicios.phtml

Si bien muchos miembros del Sodalicio se sintieron satisfechos por la nota periodística, debido a que —a su parecer— desmitificaba mucho del carácter sectario que se le había querido imputar a la organización, en realidad el tono sarcástico del artículo daba a entender que los sodálites eran personas que no podían ser tomadas en serio.

Aún así, no faltaron quienes se entusiasmaron con el artículo, como un padre de familia que le escribió a la revista la siguiente carta, que reproduzco junto con la respuesta de Caretas (ver http://www.caretas.com.pe/2003/1765/secciones/nosescr2.phtml).

EL SODALICIO

Lima, 17 de marzo del 2003

CARETAS 1763 ha mostrado que el Sodalicio no es ni elitista ni cerrado y que al contrario, se encuentra bendecido por numerosas vocaciones de jóvenes que libremente se encuentran atraídos por su espiritualidad y vida eclesial. Tengo el orgullo de tener dos hijos miembros del Sodalicio, los cuales veo que se desarrollan plenamente y viven felices su vocación al servicio a Dios, uno en el Perú y otro en Santiago de Chile.

Javier Blanco Llosa
DNI 10270769

CARETAS hizo una crónica de la visita al mundo de los sodálites. No todos los padres coinciden con lo expresado por este lector.

Sin embargo, lo que al principio fue considerado como una jugada inteligente terminó por volverse en contra del Sodalicio, pues Caretas publicó dos números más adelante una nota con el título de “Resquicios del Sodalicio”, donde se detallaba dos casos, el del matrimonio Guillén-Cross y su hijo Franz, y el de Fernando Gerdt Tudela, el cual relataba que iba a perder su casa en Arequipa por causa de un fraude cometido por miembros del Sodalicio. A través de los siguientes enlaces se puede ver el índice de la revista con el nombre y un sumario del artículo, y una copia del mismo incluido en un dossier sobre el “El caso Guillén-Cross” preparado por MASA-Perú.

27 de marzo de 2003
Resquicios del Sodalicio
http://www.caretas.com.pe/2003/1765/secciones/indice.phtml
http://galeon.hispavista.com/sectasperu2/productos1085705.html

El artículo motivó una carta aclaratoria de parte de Germán McKenzie. Caretas publicó la carta, junto con una misiva que había enviado Franz Guillén Cross. A continuación, reproduzco ambas cartas junto con la respuesta de Caretas (ver http://www.caretas.com.pe/2003/1766/secciones/nosescr1.phtml).

FE DE SODÁLITE

Lima, 28 de marzo del 2003

Respecto a “Resquicios del Sodalicio” de CARETAS 1766, el elemento fundamental de nuestra espiritualidad es el respeto a la libertad, conciencia, dignidad y derechos humanos de cada persona. Los miembros, todos adultos, que se han adherido libremente y ninguno está aislado ni de su familia ni de la sociedad; por el contrario mantienen comunicación fluida y libre.

El Fundador y Superior General del Sodalicio, D. Luis Fernando Figari, es un laico consagrado peruano cuyo pensamiento está reflejado en numerosas obras espirituales y sobre la fe de la Iglesia, que son de difusión pública. Con los esposos Héctor Guillén y Martha Gross hemos procurado mantener un diálogo como institución hasta que el señor Guillén no nos quiso recibir. Sus comunicaciones epistolares han sido todas respondidas. Sobre Fernando Gerdt, el Sodalicio no tiene vinculación jurídica con la Asociación Civil San Juan Bautista, que es una asociación independiente. El sacerdote sodálite, RP Javier Len, ha procedido a defenderse ante el Poder Judicial y en el proceso por delitos de difamación e injuria ya hay sentencia condenatoria, la que será leída próximamente.

Germán McKenzie González
Superior Regional
Sodalicio de Vida Cristiana

Ver siguiente carta.

Sao Paulo, 30 de marzo del 2003

No es cierto que esté sometido a un aislamiento de mis padres o de mi familia. De manera libre, me encuentro feliz de hacer en Brasil aquello para lo que he consagrado mi vida, que es el anuncio del Señor de hacer de éste un mundo mejor.

Lamento que mis esfuerzos de reconciliación no hayan sido correspondidos por mis padres. Intentos que se hicieron aún más difíciles después que mi padre pretendió impedir el ejercicio de mi libertad religiosa, por lo cual, temiendo por mi seguridad personal mientras viví en Perú, tuve que pedir garantías ante el Ministerio del Interior. A pesar de todo, el amor y la preocupación que siento por mis padres no han cambiado en absoluto. Confío que el tiempo, mis oraciones y mi testimonio personal los ayuden a ser más respetuosos de mis decisiones y de la institución a la que pertenezco.

Franz Guillén Gross
DNI 40766168

CARETAS ha consignado las versiones de las diferentes partes involucradas y también ha recibido diversas cartas firmadas por parejas de esposos que aseguran que, contrariamente a lo afirmado por los Guillén Gross, sus hijos han decidido voluntariamente y sin coacciones pertenecer al Sodalicio.

En resumen, Caretas se lavó las manos, aduciendo que había cumplido su labor periodística al consignar versiones encontradas sobre un mismo asunto. Y al Sodalicio el tiro le salió por la culata.

Como dato curioso, viene al caso comentar que Germán McKenzie dejaría de ser oficialmente miembro del Sodalicio de Vida Cristiana en septiembre de 2007. La explicación que dieron los responsables del Sodalicio a los miembros de la Familia Sodálite fue que se le había expulsado por faltas graves reiteradas. Esto ocurrió un mes antes de saliera a luz el caso de Daniel Murguía, otro sodálite consagrado, quien fue detenido por la policia mientras fotografiaba a un niño de la calle desnudo en un hostal del centro de Lima el 27 de octubre del mismo año. A consecuencia de ello, Murguía fue expulsado ipso facto del Sodalicio. Muchos creyeron que Germán había cometido faltas del mismo calibre, lo cual fue desmentido por los responsables del Sodalicio, sin especificar cuáles habían sido las supuestas faltas de quien fuera Superior Regional del Perú.

Germán McKenzie

Germán McKenzie

Germán McKenzie recibiría apoyo del Sodalicio para asentarse en los Estados Unidos y poder iniciar, al año siguiente de haber sido expulsado de la institución, estudios de religión y cultura en la Catholic University of America (Washington D.C.). En enero de 2010, Raúl Masseur, un sodálite de antigua hornada, le cedería su puesto de capellán en la Brock University de St. Catharines (Ontario, Canadá), responsabilidad que asumiría McKenzie hasta agosto de 2010. Se desempeñaría también como Director de la Oficina de Evangelización de la Diócesis de St. Catharines (Ontario, Canadá) desde enero de 2010 hasta diciembre de 2011. A partir de enero de 2012 lo encontramos como profesor adjunto en la Niagara University, en Lewiston (Nueva York, Estados Unidos). Desde junio de 2012 también es profesor visitante de la Universidad Juan Pablo II (San José, Costa Rica), cuyo rector es nada menos que el P. Emilio Garreaud, miembro de la generación fundacional del Sodalicio. Actualmente, McKenzie vive con su esposa Giuliana en Waterloo (Ontario, Canadá) y sigue manteniendo contactos con sodálites de alto rango. Su matrimonio se celebró en el año 2011 en una ceremonia litúrgica presidida por el el P. Juan Carlos Rivva, sodálite, y a la cual asistieron varios miembros del Sodalicio, muchos de ellos con cargos de responsabilidad en la institución.

Se trata de una curiosa trayectoria para alguien que fue expulsado oficialmente del Sodalicio. Ni siquiera aquellos que se han retirado de la institución por la puerta delantera, es decir, de mutuo acuerdo y cumpliendo con todas las formalidades del caso, han recibido un trato preferencial como éste.

¿Y cuáles pueden haber sido las supuestas “faltas graves” de McKenzie que habrían motivado su expulsión? Hasta el momento no han sido reveladas. Cuando entre miembros de la Familia Sodálite se comenzó a especular sobre posibles abusos sexuales, los responsables del Sodalicio simplemente lo negaron sin dar detalles concretos sobre cuáles habían sido las faltas. Lo cual no impidió que en los rumores de boca a boca la reputación de McKenzie fuera arrastrada por lo suelos. A decir verdad, si esas faltas realmente existieron, deben haber sido meras infracciones a las normas internas del Sodalicio, que cualquier persona normal nunca calificaría como “graves”. Tengamos en cuenta que el Sodalicio ha tenido como política invariable nunca dar a conocer públicamente de motu proprio delitos sexuales cometidos por sus miembros. En casos así, el encubrimiento ha sido la estrategia elegida.

También existe la posibilidad de que las supuestas “faltas graves” nunca hayan existido. En ese caso, se trataría únicamente de un pretexto para facilitar la salida rápida de un sódalite consagrado perpetuo con un alto cargo de responsabilidad, que sentía que una vida en celibato no era el camino apropiado para su desarrollo personal. Me inclino por esta hipotesis. Doy fe de la calidad humana de McKenzie, y hasta el momento de su expulsión, fue una de las pocas personas en quien había depositado mi confianza y a quien consideraba como un interlocutor inteligente y de mente abierta para tratar los temas que me preocupaban sobre el Sodalicio. Aunque llegué a tener la impresión de que también estaba sometido al código de silencio que impera en el Sodalicio, y por eso mismo dejó sin respuestas varios mensajes míos. Se comprenderá por qué la noticia de su expulsión me cayó como un cubo de agua fría y, junto con el caso de Daniel Murguía, fue uno de los detonantes del proceso de reflexión que finalmente me llevaría a la decisión de desvincularme definitivamente de una institución que parecía comportarse más bien como una mafia aunque tuviera sus tintes religiosos.

REPORTAJE DE LA REVISTA QUÉ PASA
(2 de mayo de 2003)

que-pasa

El siguiente reportaje importante sobre el Sodalicio que apareció en la prensa escrita fue publicado el 2 de mayo de 2003 en Qué Pasa, una revista chilena conservadora y liberal de centroderecha. El tono es más sereno y desapasionado que los artículos aparecidos anteriormente en medios peruanos —aunque recurre a ellos como fuente de información— y simplemente se limita a informar sobre lo que ha averiguado.

Se puede acceder al artículo a través del Internet Archive en el siguiente enlace:

2 de mayo de 2003
Gurú bajo sospecha
http://web.archive.org/web/20030515052045id_/http://www.quepasa.cl/revista/2003/05/02/t-02.05.QP.SOC.GURU.html

Debido a que informaba también sobre aquellos aspectos controvertidos del Sodalicio, el artículo no gustó a los miembros de la Familia Sodálite que lo leyeron, y las cartas a la redacción no se hicieron esperar. Estas misivas parecieran exigirle a la revista que presente una visión absolutamente positiva del Sodalicio, y niegan lo que ella dice de manera desfavorable para la institución sin presentar argumentos ni responder a cada uno de los puntos en cuestión. Dicho de otro modo, es el tipo de respuesta que alega que lo que el adversario dice es falso solamente “porque lo digo yo, que conozco mejor a los sodálites”, y que se había visto reflejada antes en muchas de las cartas que llegaron a la redacción de La República.

A continuación, reproduzco dos de esas cartas junto con las breves réplicas que les dio la redación de la revista. La primera proviene de cuatro mujeres que se identifican como integrantes del Movimiento de Vida Cristiana, y la segunda, de Alessandro Moroni, entonces Superior Regional del Sodalicio en Chile y actualmente Superior General de la institución.

Publicado en Qué Pasa el 9 de mayo de 2003

Fieles al Sodalicio

Somos un grupo de cuatro mujeres jóvenes que pertenecemos hace tres años al Movimiento de Vida Cristiana del Sodalicio. Siendo todas católicas, hemos encontrado en el movimiento el espacio y el apoyo necesario para experimentar una auténtica y comprometida vida cristiana, a la luz del Evangelio y de las enseñanzas de la Iglesia a la que hemos sido siempre fieles.

Con decepción hemos leído el reportaje aparecido en su revista el pasado viernes 2 de mayo, titulado “Gurú bajo sospecha”. El artículo no se basa tanto en hechos sino más que nada en opiniones y dichos de ciudadanos peruanos que, obviamente, están en contra del Sodalicio. Además, algunos de los hechos revelados son derechamente falsos, como las supuestas querellas instaladas en tribunales peruanos y la vinculación de nuestro fundador a Tradición, Familia y Propiedad. Para los que conocemos el movimiento, nos preocupa la actual avidez de los medios de comunicación por dar un cariz negativo de manera sensacionalista a todo tema que toque a la Iglesia. Consideramos que en aras de una información objetiva se debió haber tomado en cuenta, al menos, la opinión de algunos de los adherentes que integramos Sodalicio, que no está reflejada en el reportaje. Incluso, de la extensa entrevista que hicieron al superior de Chile Alessandro Moroni, no citan ni una palabra y lo que se menciona no tiene relación con el diálogo que hubo en la realidad.

Constanza Leontic Goñi, Sandra Schemel, María Francisca Rivas Anguita, Andrea Valdivieso Arellano

Nota de la Redacción

Quienes lideran la ofensiva legal contra Figari ratifican la existencia de 58 denuncias en diferentes tribunales de Perú. Los testimonios provienen de personas que pertenecieron al Sodalicio o tienen algún vínculo familiar con el movimiento. La voz oficial en Chile, el superior Alessandro Moroni, fue una fuente más del artículo, fue citado cinco veces en el texto y, tal como se consigna, sólo se abstuvo de hacer comentarios respecto del pasado que se le atribuye al fundador en Perú.

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Publicado en Qué Pasa el 16 de mayo de 2003

Fieles al Sodalicio

En el artículo publicado sobre nuestra institución, todo lo afirmado en contra de Sodalitium Christianae Vitae y de su fundador es falso. La afirmación sobre la existencia de 58 denuncias contra Sodalitium es absolutamente falsa. El Sodalitium no ha recibido querella ni denuncia de ningún tipo ante los tribunales del Perú ni de ningún otro país.

El cardenal Juan Landázuri, arzobispo de Lima entre 1954 y 1989; su sucesor, el cardenal Augusto Vargas, SJ; y numerosísimos obispos y sacerdotes, han conocido bien la vida y trayectoria del fundador del Sodalitium.

Del propio reportaje se infiere que tales imputaciones son producto de conjeturas obtenidas a partir de trascendidos e informaciones comprometidas con un querer totalmente ajeno a ella.

Con todo, es el caso señalar que el Sodalicio, como expresión de la Iglesia, defiende los valores de la familia. Lo ha hecho siempre. Nuestra espiritualidad habla del matrimonio como un camino de santidad. Y no es un asunto marginal, como lo expresa la adherencia de decenas de matrimonios al Sodalicio, así como los millares de matrimonios que forman parte de la Familia Sodálite. Por esta razón, nos repugna la deformación que el reportaje pretende presentar de nuestra aproximación a la familia, ya que nuestro pensamiento y convicción es justamente contrario. Con ello se nos desdibuja y deforma a través de frases comunes y una inaceptable caricatura.

Alessandro Moroni, Superior de Sodalitium Christianae Vitae Chile

Nota de la Redacción

Según informa uno de los querellantes, las denuncias, tal como se consigna en el artículo, recaen sobre Luis Fernando Figari y no sobre el movimiento. Desde la publicación del reportaje hasta el cierre de esta edición, el número de presentaciones judiciales en contra del fundador del Sodalicio en los tribunales peruanos había ascendido a 62.

Qué Pasa publicaría dos años después, el 5 de noviembre de 2005, un reportaje más benigno sobre el Sodalicio, que lleva el título de El batallón peruano del Cardenal. Este reportaje ya no está disponible en la página web de la revista, pero una copia del texto publicado se puede leer en el siguiente enlace:
http://ar.groups.yahoo.com/group/PEVA/message/2853

OTROS ESCRITOS

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Herbert Mujica

Hay otros autores que han escrito sobre el Sodalicio, como el periodista arequipeño Herbert Mujica, el filósofo y periodista mexicano Édgar González Ruiz y el articulista Roberto Valdivia, sin añadir nada relevante a lo que ya se conoce por otros medios y sin mostrar un conocimiento a fondo de la institución. Sus escritos han de ser considerados como meros artículos de opinión, con algunas disquisiciones interesantes, aunque no todo tenga el mismo valor. A mi parecer, a veces caen en generalizaciones inadecuadas y llegan a conclusiones discutibles que extienden a toda la Iglesia sólo en base a sus reflexiones sobre el Sodalicio y sobre los sectores eclesiales más conservadores. Para quien tenga interés en revisarlos, los artículos de Mujica, González Ruiz y Valdivia están disponibles en la página web de Red Voltaire (http://www.voltairenet.org/es).

Como se podrá constatar, nadie en el Sodalicio ha presentado nunca de manera pública aclaraciones convincentes sobre cada uno de los puntos cuestionables que han sido señalados en la prensa escrita. Como institución que está convencida de estar “ensayando la verdad” —según dice uno de sus lemas—, cree que basta con replicar que lo que se cuenta sobre ella es falso y no corresponde a la verdad para acallar cualquier duda. Sea como sea, partiendo del postulado de que el Sodalicio es una iniciativa querida por Dios y amparándose en una aprobación pontificia que casi nadie sabe cómo obtuvieron, los responsables se niegan a dar las explicaciones del caso y mucho menos a abrir las puertas de la institución para una investigación en toda regla. Ni siquiera dentro del Sodalicio saben la mayoría de sus miembros qué secretos se esconden en la institución, pues siempre se ha controlado la información a la cual los sodálites pueden acceder, de modo sólo sepan lo que la cúpula quieren que se sepa. La visión idealizada de la historia del Sodalicio es cuasi-dogma en la institución. Esto, unido a una disciplina férrea que forma sólo para obedecer y adherirse a un pensamiento único, considerándose cualquier reflexión crítica y personal como una tentación mundana o diabólica, sólo puede generar mentalidades refractarias a la realidad en todos sus matices y a la verdad de los hechos en toda su desnudez, por más incómodos y desagradables que sean. ¿Hay un cambio a la vista? No lo creo, mientras se siga ejerciendo este control mental sobre los miembros del Sodalicio, disfrazado de medidas de formación en la espiritualidad cristiana. Mientras tanto, no queda más remedio que seguir escribiendo, a fin de contribuir a que la verdad se vaya abriendo paso.