JUSTICIA ECLESIÁSTICA: LA IMPUNIDAD PROGRAMADA

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Cuando una revisa el Código de Derecho Canónico en lo referente a los delitos que castiga la Iglesia, se obtiene rápidamente la impresión de que la justicia eclesiástica es una ilusión, una quimera pintada en la pared.

Comenzado por que el tiempo de prescripción para la mayoría de los delitos es de 3 años y «comienza a contarse a partir del día en el que se cometió el delito, o, cuando se trata de un delito continuado o habitual, a partir del día en que cesó» (ver cánones 1362-1363).

Ese tiempo se extiende actualmente a 20 años en el caso de delitos reservados a la Congregación para la Doctrina de la Fe, como por ejemplo «los delitos más graves contra la santidad del augustísimo Sacrificio y sacramento de la Eucaristía», «los delitos más graves contra la santidad del Sacramento de la Penitencia», «el delito más grave de la atentada ordenación sagrada de una mujer» y «los delitos más graves contra la moral», entre los cuales se cuenta exclusivamente «el delito contra el sexto mandamiento del Decálogo cometido por un clérigo con un menor de 18 años» y «la adquisición, retención o divulgación, con un fin libidinoso, de imágenes pornográficas de menores, de edad inferior a 14 años, por parte de un clérigo en cualquier forma y con cualquier instrumento» (ver “Breve relación sobre los cambios introducidos en las Normae de gravioribus delictis reservados a la Congregación para la Doctrina de la Fe”, 21 de mayo de 2010).

Hago la salvedad de que, antes del año 2001, se ponía el límite de mayoría de edad a los 16 años. Ese mismo año, un documento del pontificado de Juan Pablo II elevó ese límite a los 18 años de edad y el tiempo de prescripción del abuso sexual de un menor por parte de un clérigo se extendió de 5 a 10 años, y en el año 2010 durante el pontificado de Benedicto XVI a 20 años, contados a partir de la mayoría de edad de la víctima.

Otros delitos que tienen una prescripción de 5 años son el del clérigo o religioso de votos perpetuos que atenta contraer matrimonio, el del clérigo que vive en concubinato o que permanece con escándalo en un pecado externo contra el sexto mandamiento del Decálogo, el del clérigo que cometa un acto de este tipo con violencia o amenazas, o públicamente; y en general, los delitos de homicidio, rapto o retención general de un ser humano con violencia o fraude, mutilación o lesiones, y el aborto.

Con lapsos tan cortos de prescripción, considerando que en ninguna parte de la ley canónica se establecen limites de tiempo para cada etapa del proceso y constatando que los tribunales eclesiásticos se toman indolentemente todo el tiempo del mundo para procesar cualquier demanda, resulta prácticamente imposible que un delito no haya prescrito cuando haya finalizado el proceso.

De este modo, la ley eclesiástica actual se convierte en instrumento de una impunidad programada de antemano.

En el caso de las denuncias contra Figari, presentadas ante el Tribunal Eclesiástico Interdiocesano de Lima en el año 2011, la Santa Sede se pronunció recién el 30 de enero de 2017, más de cinco años después, sin haber investigado prácticamente nada, pues su resolución se basaba casi exclusivamente en el contenido de las denuncias presentadas y en el informe del visitador Mons. Fortunato Pablo Urcey. Evidentemente, el único delito de que se encontró culpable a Figari, a saber, abuso de oficio (ver canon 1362 §2), estaba prescrito desde antes del inicio del proceso.

Por otra parte, en cuanto a sanciones administrativas, como la expulsión del miembro de un instituto de vida consagrada, el Código de Derecho Canónico es muy severo con los religiosos que atentan matrimonio, viven en concubinato o persisten con escándalo público en un acto contra el sexto mandamiento del Decálogo: deben ser expulsados sin contemplaciones. La expulsión también procedería, sin embargo, si el delito sexual fue cometido con violencia o amenazas, o públicamente, o con un menor de edad «a no ser que […] el Superior juzgue que la dimisión no es absolutamente necesaria y que la enmienda de su súbdito, la restitución de la justicia y la reparación del escándalo puede satisfacerse de otro modo» (canon 695 §1).

Hablando claro, se es mucho más severo con religiosos que caen en conductas sexuales que no implican necesariamente un abuso hacia su contraparte, mientras que se permite la suspensión de la sanción en casos en que el religioso haya cometido flagrantes abusos sexuales.

Que es lo que finalmente sucedió con Figari. Pues la Santa Sede da por sentado, en base al informe de Mons. Urcey, que «no se encuentran actualmente miembros de la Sociedad de vida apostólica que sostengan al Sr. Figari o bien que estén particularmente ligados a él, en puestos de gobierno o en la formación» y «que tanto el Gobierno general como el conjunto del Sodalitium Christianae Vitae tienen clara conciencia de los errores cometidos en el pasado por el Sr. Figari y que resulta igualmente decidida la voluntad de dicho Gobierno general de liberarse del estilo de gobierno y formativo por él adoptados en el curso de los numerosos años en que ha dirigido el Sodalitium Christianae Vitae, así como de remediar, en el límite de lo posible y en todo caso de lo justo, a los daños causados a cualquiera». Y, por lo tanto, dado que de este modo supuestamente se restituye la justicia y se repara el escándalo, no se hace necesaria la expulsión.

Se trata de argumentos endebles. Por menos se expulsó a Germán McKenzie en el pasado. Además, el Sodalicio no ha demostrado fehacientemente hasta ahora que se haya librado de los estilos de formación y modos de proceder de Figari, manteniendo su estructura institucional verticalista, su ideología conservadora rígida, sus métodos invasivos de adoctrinamiento y el secretismo como consigna tácita. Y en cuanto a remediar los daños causados, sólo hemos visto una estrategia de control de daños que ha dejado varias víctimas caídas a la vera del camino, a las cuales no se les ha reconocido su status de tal y se las ha abandonado a su suerte. Además, las reparaciones concedidas han solido estar generalmente muy por debajo del límite de lo que financieramente es posible para el Sodalicio, y ciertamente muy lejos de ser justas.

La Santa Sede tenía en sus manos las herramientas para autorizar la expulsión de Figari, pero decidió hacerse de la vista gorda, negar que Figari haya aplicado violencia (psicológica) cuando cometió actos de carácter sexual y permitirle seguir siendo miembro de derecho pleno de la institución que fundó, elogiándolo con palabras que a más de uno le podrían causar una indigestión ácida: «[Figari] es sin embargo de considerar como el fundador del Sodalitium Christianae Vitae y por lo tanto como el mediador de un carisma divino».

En el fondo, lo que la Santa Sede no quiere reconocer es que cometió un error mayúsculo cuando en el año 1997 aprobó al Sodalicio como institución de derecho pontificio. Tengo la sospecha fundada de que los responsables del Sodalicio no actuaron con transparencia y presentaron una visión de la institución recortada y acomodada a los requerimientos de imagen que necesitaban transmitir. Así como me consta que las Memorias de Luis Fernando Figari, discursos que el entonces Superior General pronunció entre 1976 y 1986 y que jugaron un papel decisivo en la configuración ideológica y disciplinar de la institución, nunca fueron enviadas a Roma, pues en el mismo Sodalicio se las puso fuera de circulación a fines de los ‘80 y se requisaron todos los ejemplares que había en las bibliotecas de las comunidades sodálites o en posesión de cualquier sodálite común y corriente, junto con la mayoría de los libros de contenidos fascistas.

La expulsión hubiera dejado a Figari, en lo que concierne al Sodalicio, prácticamente en la calle, pues el Código de Derecho Canónico establece en el canon 702 §1 lo siguiente: «Quienes legítimamente salgan de un instituto religioso o hayan sido expulsados de él, no tienen derecho a exigir nada por cualquier tipo de prestación realizada en él».

Ciertamente, se trata de una ley eclesiástica injusta que atenta contra derechos humanos fundamentales. Primero: porque pone en igualdad de condiciones a quien se sale legítimamente de un instituto y a quien es expulsado de él. Segundo: porque deja desprotegida a la persona y desconoce su derecho a una justa compensación por servicios prestados, en algunos casos a lo largo décadas.

Aun cuando el mismo Código de Derecho Canónico reconoce que «el instituto debe observar la equidad y la caridad evangélica con el miembro que se separe de él» (canon 702 §1), se trataría de una obligación moral y no de un derecho adquirido, lo cual se presta a muchas injusticias.

Luego de tanta disquisición jalada de los pelos por parte de la Santa Sede, que ha finalizado con un decreto que deja a Figari impune, protegido hasta el fin de sus días en una jubilación dorada con la cual muchas de sus víctimas no podrán nunca ni siquiera soñar, queda la hipótesis de que se ha buscado más bien proteger la reputación institucional de la Iglesia católica poniendo a resguardo a Figari. Pues debe contar con mucha información comprometedora y sería muy peligroso dejarlo suelto en pampa.

Al final, el sistema judicial de la Iglesia, ajeno a los avances en legislación sobre derechos humanos fundamentales, ha funcionado como debía funcionar, garantizando la impunidad de un personaje notable de una institución aprobada por la misma Santa Sede y salvaguardando los intereses institucionales por encima de las sufridas personas de carne y hueso que fueron víctimas de abusos graves.

Y si con eso se ha querido evitar el escándalo, al final no se ha logrado este objetivo. Pues el mayor escándalo en la Iglesia católica actual no es que se sepan los delitos de miembros connotados suyos, sino más bien que se encubran y queden impunes. Y se transmita la impresión no de hallarnos ante la comunidad de creyentes que fundó Jesucristo, sino —por lo menos a nivel de sus jerarcas— ante una organización criminal.

(Columna publicada en Altavoz el 2 de abril de 2017)

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FUENTES

Código de Derecho Canónico
http://www.vatican.va/archive/ESL0020/_INDEX.HTM

Congregación para la Doctrina de la Fe
Carta a los obispos de la Iglesia católica y a otros ordinarios y jerarcas sobre los delitos más graves reservados a la Congregación para la Doctrina de la Fe (18 de mayo de 2001)
http://www.vatican.va/roman_curia/congregations/cfaith/documents/rc_con_cfaith_doc_20010518_epistula-graviora-delicta_sp.html
Breve relación sobre los cambios introducidos en las Normae de gravioribus delictis reservados a la Congregación para la Doctrina de la Fe (21 de mayo de 2010)
http://www.vatican.va/resources/resources_rel-modifiche_sp.html

Pronunciamiento de la Santa Sede sobre el caso Luis Fernando Figari (30 de enero de 2017)
http://sodalicio.org/wp-content/uploads/2017/02/Carta_Roma_2017.pdf

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CARTA ABIERTA A UN CONTRATADO DEL SODALICIO

A Ian Elliott, consultor especialista en abusos contratado por el Sodalicio para atender a las víctimas

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Estimado Ian:

He decidido escribirte de manera abierta y pública, debido a que hasta ahora no he recibido respuesta al e-mail que te envié el 10 de noviembre respondiendo a tu desafortunado e-mail del 9 de noviembre.

En realidad, todo comenzó el 1° de mayo de este año, cuando cansado de esperar a que el Sodalicio se comunicara conmigo no obstante las promesas de atender personalmente a cada una de las víctimas —entre las cuáles me cuento yo como el caso N.º 6 según la Comisión de Ética para la Justicia y la Reconciliación—, decidí tomar la iniciativa y comunicarme con Rafael Ísmodes, uno de los pocos sodálites que, por su calidad humana y su falta de doblez, me ha inspirado siempre confianza. Ísmodes me remitió a José Ambrozic, con quien también llegué a hablar en un par de oportunidades. Fue Ambrozic quien me sugirió que hablara contigo vía Skype, cosa que se concretó el 8 de julio.

Después de haber expuesto partes de mi historia y aclarado mis opiniones sobre el Sodalicio y sobre lo que está pasando con la institución, me agradeciste amablemente por la conversación, prometiéndome que ibas a ocuparte de mi caso. La verdad es que me despreocupé del asunto, sabiendo que de parte del Sodalicio poco o nada se podía esperar.

Sin embargo, el día 2 de octubre me comunicaste que no te habías olvidado de mí y que estabas viendo mi caso; y el 3 de octubre me informaste que ibas a viajar a Alemania para entrevistarte con algunas víctimas y que podíamos fijar una fecha para tener una conversación personal. Ésta se realizó efectivamente el 28 de octubre en horas de la mañana en una elegante suite doble en el Grand Westin Frankfurt Hotel —que cuesta normalmente 520 euros la noche, costo asumido en su totalidad por el Sodalicio a fin de que tú pudieras cumplir con la noble misión de atender a las víctimas—.

Reconozco que fuiste muy amable y correcto. Lo cual me hizo desconfiar, pues de acuerdo a mi experiencia, un exceso de amabilidad suele ir acompañado proporcionalmente de falta de sinceridad y transparencia. Y no faltaron indicios que me confirmaron esta sospecha. Como cuando comenzaste a hablarme maravillas del actual Consejo Superior del Sodalicio. Ciertamente, estoy de acuerdo contigo en que sus miembros son muy amables y bienintencionados. Pero no es eso lo que está en cuestión, sino más bien si están en capacidad de comprender dónde radica el problema del Sodalicio y, en consecuencia, si pueden tomar las decisiones correctas para darle solución. Te dije claramente que no conozco a ningún sodálite cuya captación y reclutamiento interior no se haya iniciado en la adolescencia, en la gran mayoría de los casos antes de alcanzar la mayoría de edad. Con personas ya adultas nunca ha funcionado. Y que el hecho de haber crecido en un coto ideológico protegido les hace muy difícil comprender la realidad más allá de las anteojeras ideológicas que les han colocado desde temprana edad en sus mentes.

Más sorprendido quedé cuando me dijiste que para el actual Consejo Superior los problemas ya eran cosa del pasado y que el Sodalicio actual no era el mismo que el de antes. ¿De un pasado que se remonta hacia atrás recién a partir de octubre de 2015, cuando estalló el escándalo? Respuesta afirmativa. ¿En un año el Sodalicio ha dejado de ser el que yo conocí? ¿De veras has sido tan ingenuo como para tragarte ese rollo?

¿Y cómo iba el asunto de las reparaciones? Me dijiste que el Sodalicio había determinado un monto para ser repartido entre todas las víctimas. Te pregunté si te habían mostrado los documentos contables que muestran a cuánto a asciende su patrimonio actual para ver cuánto podían ofrecer realmente y hacer la recomendación que como profesional te correspondía hacer. No, no te los habían mostrado ni tampoco los pediste. Te bastó con que te dijeran cuál era el monto destinado a reparaciones, las cuales iban a ser asignadas de acuerdo a la gravedad del delito cometido, sin considerar los daños y perjuicios sufridos. Es decir, a alguien al que avasallaron sexualmente pero sólo estuvo vinculado un año le correspondería una indemnización elevada, mientras que a otro que sacrificó veinte años de su vida en el Sodalicio, experimentando continuos abusos psicológicos pero sin haber sufrido nunca abuso sexual, le correspondería una indemnización bastante más reducida, si es que no ninguna.

En tu obsesión por presentar las cosas de manera positiva, quisiste resaltar la bondad de los miembros del Consejo Superior, que estaban ofreciendo estas reparaciones voluntariamente sin estar obligados a ellas por ninguna ley. Como un favor merecedor de gratitud y una señal de buena voluntad. Y que el monto iba a ser algo superior a lo que podría ofrecer la justicia peruana, en el caso hipotético de que se ganara un juicio.

Lamento decirte que no puedo compartir esta opinión. Un favor es algo que hace alguien gratuitamente en beneficio de otro, sin que el primero le deba nada al segundo. Y eso no se cumple en el caso del Sodalicio, el cual tiene una deuda moral con todas las víctimas dañadas por miembros de la institución y su sistema. ¿Cómo puedes considerar como un favor lo que incluso la moral cristiana considera como un deber de conciencia, tal como se señala en las siguientes citas del Catecismo de la Iglesia Católica?

1459 Muchos pecados causan daño al prójimo. Es preciso hacer lo posible para repararlo (por ejemplo, restituir las cosas robadas, restablecer la reputación del que ha sido calumniado, compensar las heridas). La simple justicia exige esto.

2487 Toda falta cometida contra la justicia y la verdad entraña el deber de reparación, aunque su autor haya sido perdonado. Cuando es imposible reparar un daño públicamente, es preciso hacerlo en secreto; si el que ha sufrido un perjuicio no puede ser indemnizado directamente, es preciso darle satisfacción moralmente, en nombre de la caridad. Este deber de reparación se refiere también a las faltas cometidas contra la reputación del prójimo. Esta reparación, moral y a veces material, debe apreciarse según la medida del daño causado. Obliga en conciencia.

¿Me has querido dar a entender que las víctimas deberían estar agradecidas al Sodalicio por realizar algo que en realidad constituye una obligación moral a ser cumplida por los sodálites, más aún cuando se jactan de seguir las exigencias del Evangelio —y la ética que de ellas se desprende— hasta sus últimas consecuencias? ¿Que no haya una obligación legal —lo cual significa que las víctimas estarían jurídicamente inermes— implica que el cumplimiento de una grave obligación moral deba ser recibido con gratitud sumisa, más aún cuando me has dado a entender que si la víctima no considera justo el monto ofrecido, el Sodalicio le da el ultimátum de «tómalo o déjalo» y se desentiende del asunto, escudándose en la “ingratitud” de la víctima?

Por otra parte, determinar el monto de las reparaciones sobre la base de lo que se ofrecería en el sistema judicial peruano —que es deficitario, corrupto y con frecuencia favorece la impunidad— me parece miserable. El Sodalicio siempre presumió de querer cambiar el mundo y revertir las injusticias que en él se cometen. Ahora resulta que si el sistema judicial peruano permite una injusticia, entonces el Sodalicio se acomoda a la situación en la medida en que lo favorezca económicamente, y allí se acabaron sus deseos de luchar por un mundo mejor. ¿No te parece que las reparaciones deberían fijarse más bien sobre la base de criterios objetivos de justicia, teniendo en cuenta los daños y perjuicios ocasionados a las víctimas?

Éstas son reflexiones que podrían ayudar a otros, pues en mi caso el “comité de reparaciones” del Sodalicio ha decidido que yo no tengo derecho a una reparación —como me comunicaste en tu “amable” e-mail del 9 de noviembre— con el argumento de que puedo recibir un tratamiento psicológico gratuito bajo el sistema de salud alemán y, por lo tanto, el Sodalicio no cree que deba darme una ayuda en ese sentido.

La atención psicológica es uno de los puntos que me haría acreedor a una justa indemnización. Pero no es el único punto. ¿Qué hay del secuestro de los mejores años de mi juventud, que desperdicié siguiendo una ilusión fanática con una mente manipulada y habiendo perdido mi capacidad de decidir libremente con conocimiento de causa? ¿Qué hay de los daños infligidos a los lazos familiares, sobre todo a la relación con mi madre?¿Qué hay del continuo sentimiento de culpa que primero me fomentaron en las comunidades sodálites y luego me acompañó durante décadas por haber abandonado la vida comunitaria y que se tradujo también en sentimientos de inferioridad? ¿Qué hay de la marginación progresiva de que fui objeto en ambientes de la Familia Sodálite? ¿Qué hay de la errada orientación vocacional realizada por sodálites no profesionales, que finalmente me llevó a estudiar teología, una carrera que no me sirvió posteriormente para obtener un trabajo decentemente remunerado que me permitiera mantener a mi familia? ¿Qué hay de la falta absoluta de cotizaciones para un fondo de jubilación, que me asegurara una vejez digna? ¿Qué hay de los rumores difamatorios que miembros del Sodalicio echaron a correr para tirarse abajo mi reputación, tachándome de loco, desquiciado, anti-católico, amargado y vengativo? ¿No sabes que recientemente me encontré aquí en Alemania con un ex-sodálite a quien yo no conocía, cuyo padre —a quien tampoco conozco y que también estuvo vinculado a la Familia Sodálite— le había preguntado si yo padecía del síndrome de Asperger? Es sólo un ejemplo para que veas hasta dónde llegaron las calumnias. Sin contar con que también afectaron las relaciones al interior de mi actual núcleo familiar. ¿Cómo puede el Sodalicio reparar todo este daño o devolverme las cosas valiosas de la vida que perdí o que nunca pude vivir?

Te pongo a continuación las recomendaciones que hizo la Comisión de Ética para la Justicia y la Reconciliación en mi caso:

  1. Reconocimiento por parte del Superior General de su condición de víctima y pedido de disculpas por escrito.
  2. Devolución a la víctima de toda su información personal, particularmente la relativa a sus evaluaciones psicológicas.
  3. Informar por escrito a todas aquellas personas —sea que se encuentren dentro o fuera del SCV— del hecho que hubiesen sido evaluadas psicológicamente por personas no profesionales, pidiéndoles las disculpas del caso y devolviéndoles los documentos pertinentes.
  4. Otorgarle una compensación económica que indemnice los años de pertenencia al SCV, ante el inadecuado discernimiento vocacional sufrido.
  5. Otorgarle la reparación económica proporcional al daño sufrido, comprendiendo la afectación moral y material de la víctima.
  6. Otorgarle la compensación económica que le permita acceder a un tratamiento médico psiquiátrico y/o psicológico integral por el tiempo que los profesionales médicos determinen.
  7. Realizar las investigaciones necesarias al interior del SCV, en relación a los actos denunciados. Asimismo, que el SCV imponga a los responsables las sanciones correspondientes.

De las siete recomendaciones, hasta ahora el Sodalicio sólo ha cumplido parcialmente la número 2, y eso fue antes de que la Comisión emitiera cualquier informe, pues yo mismo decidí solicitar el 14 de diciembre de 2015 mi documentación al Superior General del Sodalicio Alessandro Moroni. Recibí una serie de escritos manuscritos elaborados por mí, la mayoría anteriores a 1981 y unos cuantos posteriores a esa fecha, pero las evaluaciones psicológicas que se me tomaron así como los informes de rutina sobre mí elaborados por superiores y consejeros espirituales habían desaparecido como por ensalmo. Según Moroni, no había nada más. ¿Nada más, considerando que viví más de once años en comunidades sodálites? Cuesta creerlo. ¿En qué momento desaparecieron esos documentos, si es que no fueron destruidos?

A la vista de los hechos, lamento mucho, estimado Ian, que en mi caso —y probablemente en varios casos más— hayas contribuido a que el Sodalicio no cumpla con su obligación moral de reparar —aunque sea simbólicamente— las heridas causadas, y se ignoren las recomendaciones hechas por una Comisión que trabajó de manera imparcial e independiente. Sin recibir ninguna remuneración, a diferencia de cualquier contratado, que se debe a quien le paga.

Un cordial saludo

Martin Scheuch

(Columna publicada en Altavoz el 13 de noviembre de 2016)

SODALICIO: LA GRAN MENTIRA DE LAS RECOMENDACIONES CUMPLIDAS

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José Ambrozic, Vicario General del Sodalicio de Vida Cristiana

El 4 de noviembre, el Canal S de Youtube —canal informativo del Sodalicio de Vida Cristiana que se ha dedicado últimamente a publicar videítos piadosos que casi nadie ve— publicó un video donde José Ambrozic, Vicario General del Sodalicio, hablaba sobre el proceso de reparaciones a las víctimas. En ese mensaje, Ambrozic decía textualmente lo siguiente:

«La Comisión [de Ética para la Justicia y la Reconciliación] fue instituida en noviembre del año pasado, pero fue instituida como parte de un plan más amplio que incluía a los otros expertos ya desde un primer momento dentro del plan. La Comisión era necesaria porque en ese momento había mucha desconfianza respecto de nuestra institución y en consecuencia necesitábamos una instancia independiente con una calificación de integridad que estuviera más allá de toda discusión. La Comisión entregó un informe general y luego informes específicos para cada una de las personas que autorizaron que se nos entregue sus informes, calificándolos como víctimas o recogiendo lo que ellos habían compartido. Del Informe General de la Comisión hubo once recomendaciones. De esas recomendaciones, cinco ya han sido totalmente cumplidas, tres dependen de la Santa Sede y tres son las que se refieren al proceso de atención a las víctimas, que están en proceso de estar siendo cumplidas».

Como las cifras no me cuadraban, decidí revisar las recomendaciones hechas por la Comisión para verificar si era cierta tanta maravilla. Éstos son los resultados. A continuación, las recomendaciones de la Comisión, seguidas de mis comentarios.

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MEDIDAS RECOMENDADAS
  1. Repudio público a la conducta de Luis Fernando Figari, respecto de quien las autoridades correspondientes deberían adoptar la mayor sanción moral e institucional.

Aquí tenemos dos partes bien definidas. En la primera la Comisión afirma que ella misma está tomando la medida de repudiar públicamente a Figari. La segunda parte le toca a «las autoridades correspondientes», entre las cuales se cuentan también las autoridades del Sodalicio.

Si bien en un comunicado del 5 de abril de 2016 el Superior General del Sodalicio, Alessandro Moroni, consideró a Figari culpable de los abusos de que se le acusa y lo declaró persona non grata para la institución, todavía no se le ha aplicado la mayor sanción institucional —que sería la expulsión—, lo cual no requiere de autorización de la Santa Sede, como se ha hecho creer. En septiembre de 2007 el Sodalicio expulsó a Germán McKenzie por motivos que aún no han sido aclarados y en octubre del mismo año, a Daniel Murguía, por haber sido capturado por la policía en una situación pedófila en un hostal del centro de Lima. En ninguno de los dos casos se consultó a la Santa Sede antes de proceder.

Por otra parte, cuando a inicios de 2011 salieron a la luz los abusos cometidos por Germán Doig, la Oficina de Comunicaciones del Sodalicio de Vida Cristiana emitió un comunicado, donde se decía:

«Queremos dejar en claro que estas conductas contrarias a nuestra vocación cristiana y nuestros compromisos libremente emitidos ante Dios no sólo no pueden tener cabida en nuestra comunidad sino que deben ser denunciadas y rechazadas con energía, claridad y transparencia. Actos graves como estos conllevan un proceso de expulsión del Sodalicio».

Fue fácil decirlo de alguien que ya había fallecido. Pero cuando se trata de Figari, se aplicó otro rasero, donde la «energía, claridad y transparencia» brillaron por su ausencia. Parecería que esos actos repudiados sí tienen cabida en la la comunidad sodálite, dependiendo de quién sea el que los cometa.

Mientras tanto, la expulsión de Figari sigue siendo una asignación pendiente para el Sodalicio.

  1. Las víctimas de los abusos deben ser resarcidas. Sus testimonios revelan la necesidad urgente de ser atendidas médica, psicológica y espiritualmente, además de la compensación económica a la que tienen justo derecho y que debe ser considerada por el SCV con cada víctima en un auténtico proceso de reconciliación y justicia. Ello debe comprender una solicitud de perdón y desagravio, de manera personal y escrita, por parte del Superior General a cada una de las víctimas.
  2. Compensación por los daños personales sufridos por quienes fueron privados de un adecuado discernimiento vocacional, y en esa medida, obligados a prestar servicios no remunerados, incluso en condición de “servidumbre”.

Ambas recomendaciones se refieren al proceso de reparación de las víctimas. Ambrozic dice que actualmente están en proceso de cumplirlas. Aunque parece que no se están ciñendo a principios básicos de la moral cristiana, como el que señala el Catecismo de la Iglesia Católica [las negritas son mías]:

2487 Toda falta cometida contra la justicia y la verdad entraña el deber de reparación, aunque su autor haya sido perdonado. Cuando es imposible reparar un daño públicamente, es preciso hacerlo en secreto; si el que ha sufrido un perjuicio no puede ser indemnizado directamente, es preciso darle satisfacción moralmente, en nombre de la caridad. Este deber de reparación se refiere también a las faltas cometidas contra la reputación del prójimo. Esta reparación, moral y a veces material, debe apreciarse según la medida del daño causado. Obliga en conciencia.

Sobre la base de testimonios que me han llegado, las reparaciones materiales ofrecidas suelen ser irrisorias en relación con los daños sufridos, pudiendo el Sodalicio, con un patrimonio de varios cientos de millones dólares, ofrecer más para cumplir con este deber de justicia, y con frecuencia ni siquiera se toma en consideración la falta de un «adecuado discernimiento vocacional» como un daño que tiene consecuencias en toda la vida de una persona.

En lo que a mí se refiere —reconocido como víctima con el número 6 por la Comisión de Ética—, he hablado en un par de ocasiones con José Ambrozic, también he hablado en dos ocasiones con Ian Elliott, y nada en absoluto de ambas recomendaciones ha sido cumplido por la institución en mi caso individual. Incluso el 9 de noviembre se me comunicó que el “comité de reparaciones” había decidido que yo no tenía ningún derecho a una compensación económica.

  1. El SCV deberá proceder a la devolución inmediata de toda la documentación correspondiente a cada una de las personas que forma o formó parte de la institución, que así lo solicite.

Èste es otro punto de cuyo cumplimiento hay razones sobradas para dudar. Primero, porque no sabemos cuántas víctimas han solicitado su documentación. Segundo, porque resulta difícil verificar que se les haya entregado todos los documentos sobre su persona que hay en los archivos del Sodalicio.

Yo mismo, por iniciativa propia, solicité el 14 de diciembre de 2015 mi documentación al Superior General del Sodalicio Alessandro Moroni. Sólo recibí una serie de escritos manuscritos elaborados por mí, la mayoría anteriores a 1981 y unos cuantos posteriores a esa fecha, además de mi partida de nacimiento y mi certificado de bautismo. Pero las evaluaciones psicológicas que se me tomaron así como los informes de rutina sobre mí elaborados por superiores y consejeros espirituales en más de once años que viví en comunidades sodálites se habían esfumado. Sospecho que sólo me entregaron lo que quisieron, lo cual sería grave, pues el ocultamiento o desaparición intencionada de documentación es un delito grave.

  1. Reconocimiento de la condición de víctimas por parte de la Comisión a través de los respectivos informes individuales.

Este punto ya ha sido cumplido, porque es la Comisión de Ética la que tenía que hacerlo. Más bien, el Sodalicio se ha negado a reconocer en algunos casos la condición de víctima a personas que han sido reconocidas como tales por la Comisión.

  1. La Santa Sede con la premura del caso, debiera adoptar drásticas medidas para la pronta intervención del Sodalitium Christianae Vitae, disponiendo que su conducción esté a cargo de personas ajenas a su actual estructura organizacional.

Esta medida le correspondía aplicarla a la Santa Sede, y ésta lo ha hecho a medias, pues si bien hay una intervención y algunas limitaciones en el poder de decisión del Consejo Superior, la conducción sigue estando a cargo de personas pertenecientes a la estructura organizacional del Sodalicio.

  1. Las personas que ejercieron algún cargo en la organización del SCV, durante los años en que se permitieron los abusos denunciados, deben ser impedidas de ejercer algún cargo representativo al interior de la organización.

Definitivamente, esta recomendación no ha sido cumplida en ningún aspecto. No sé si el Sodalicio piensa que es algo que le correspondería a la Santa Sede, pero no creo que sea necesaria la intervención desde arriba para implementar la medida. Y «cargo representativo» no se refiere sólo a una función en el Consejo Superior, sino a cualquier cargo de autoridad en que se tenga a otros bajo mando o responsabilidad, como, por ejemplo, superior de comunidad, formador espiritual o consejero espiritual. Por de pronto, Alessandro Moroni y José Ambrozic tuvieron cargos representativos en momentos en que se permitieron abusos, y siguen allí, atornillados a sus puestos.

  1. Con ese propósito, y a efectos de cumplir el objetivo de este trabajo, la Comisión remitirá el presente informe y otros que lo acompañen, a la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica de la Santa Sede.

Le competía sólo a la Comisión cumplir esta recomendación, y así lo hizo. No es ningún mérito del Sodalicio que se haya cumplido.

  1. Después de haber recibido los testimonios de las víctimas, esta Comisión cree en conciencia, que la Santa Sede debiera disponer con urgencia las medidas necesarias para que Luis Fernando Figari sea efectivamente sancionado por los actos denunciados, dentro de las competencias correspondientes a la justicia eclesiástica.

La aplicación de esta medida la compete a la Santa Sede, y parece que hasta el momento poco se ha hecho al respecto.

  1. Publicación del presente informe en la página web de la Comisión: comisionetica.org

Esta recomendación también se cumplió no por mérito del Sodalicio, sino de la Comisión misma.

  1. La entrega del presente Informe al SCV, a la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica de la Santa Sede a través de la vía diplomática de la Nunciatura Apostólica y al Sr. Cardenal Juan Luis Cipriani Thorne, Arzobispo de Lima y Primado del Perú.

Ésta medida también le correspondía a la Comisión.

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Sacando cuentas, tenemos sólo dos recomendaciones que se refieren estrictamente a la reparación de las víctimas, proceso que aún no ha finalizado, aunque ya hay varios casos en que hay un incumplimiento flagrante de parte de los responsables del Sodalicio.

Hay, además, una recomendación que ha sido cumplida parcialmente por el Sodalicio, una que no ha sido cumplida en absoluto y otra que no hay manera de verificar que se haya cumplido (la referente a la devolución de la documentación personal). Sólo hay dos recomendaciones que le competen estrictamente a la Santa Sede y hay otras cuatro que eran de responsabilidad exclusiva de la Comisión, las cuales fueron cumplidas a la brevedad posible.

En consecuencia, el Sodalicio no puede jactarse de haber cumplido ninguna de las medidas recomendadas de manera íntegra y completa, mucho menos arrogarse el cumplimiento de recomendaciones que sólo le competían a la Comisión.

¿Y qué decir de la explicación a posteriori de que la Comisión era «parte de un plan más amplio que incluía a los otros expertos ya desde un primer momento»? Pues si es así, tal como han se han desenvuelto los acontecimientos parece ser que la labor de los expertos —por lo menos la de Ian Elliott— ha consistido aparentemente en neutralizar en la medida de lo posible las recomendaciones generales e individuales de la Comisión, a fin de favorecer al Sodalicio dentro de una estrategia de control de daños. Francamente, hubiera sido mejor que el plan sólo hubiera incluido a la Comisión de Ética, y los cientos de miles de dólares que el Sodalicio debe haber gastado en honorarios, viajes, viáticos, alojamiento, etc. de los expertos lo hubiera destinado a un fondo como parte de las indemnizaciones a ser pagadas a las víctimas.

Por otra parte, Ambrozic señala que «el proceso empezó con contactar a las personas, a las víctimas que habían sido reconocidas por la comisión independiente…» No sucedió así conmigo, no obstante que yo, siendo el caso 6, era uno de los que debían haber contactado a la brevedad posible. Sabiendo por Álvaro Urbina, una víctima de Jeffery Daniels, que ya lo habían contactado a él, y cansado de esperar, tomé yo mismo la iniciativa y me comuniqué el 1° de mayo con Rafael Ísmodes, lo cual permitió posteriormente que conversara en un par de ocasiones con José Ambrozic y dos veces con Ian Elliott.

Conozco personalmente a José Ambrozic, lo aprecio de corazón y tengo una muy buena opinión de él. Por eso mismo, lamento dolorosamente que se haya prestado a ser la cara visible de un proceso que se está revelando en gran parte como una farsa más del Sodalicio de Vida Cristiana. Que de cristiano parece tener solamente la fachada exterior.

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Video donde José Ambrozic explica lo que supuestamente está haciendo el Sodalicio de Vida Cristiana en el ámbito de las reparaciones:

SODALICIO: LA IMPARCIALIDAD DE UNA COMISIÓN

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Admito que, cuando el Sodalicio convocó en noviembre de 2015 la Comisión de Ética para la Justicia y la Reconciliación a fin de atender a las víctimas, mi recelo fue grande. ¿Qué de bueno podía venir de una iniciativa convocada por el Sodalicio?

Sin embargo, la Comisión mostró su independencia desde el principio, modificando las directrices de procedimientos establecidas inicialmente por el Sodalicio y cambiando el objetivo principal de «atender, confortar y aliviar a las víctimas, contribuyendo en el proceso de reparación y reconciliación» por el de «esclarecer las imputaciones formuladas contra varios miembros del Sodalitium Christianae Vitae y conducir un proceso que, orientado por la búsqueda de la verdad, coadyuve a la reconciliación y promoción de la justicia con quienes se hayan visto afectados por hechos de alguno de sus miembros».

Tras enviar mi declaración en enero de este año, el 25 de febrero hablé vía Skype con los miembros de la Comisión. El trato fue correcto pero distante. No sentí una actitud amable ni comprometida conmigo como víctima.

De hecho, la Comisión no se puso del lado de las víctimas ni tampoco del lado del Sodalicio. Su modo de proceder cuasi-judicial —aunque sin peso jurídico— se ajustaba a una imparcialidad intachable. Eso explica también los contenidos de su Informe: secos, duros, pero precisos y objetivos. Pues la verdad había que decirla sin concesiones. Y eso era lo que todas las víctimas esperábamos.

Contrasta esto con la actitud amable de Ian Elliott, experto irlandés contratado por el Sodalicio, al informarles a varias víctimas que éste no cumplirá ninguna de las recomendaciones hechas por la Comisión para su caso individual.

(Columna publicada en Exitosa el 12 de noviembre de 2016)

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En diciembre del año pasado escribí una crítica a la Comisión (ver UNA COMISIÓN PARA EL OLVIDO), basándome en los procedimientos estipulados originalmente para su funcionamiento y no en las personas que la conformaban. En febrero de 2016 la Comisión decidió establecer nuevas directrices —dejando mis críticas sin efecto—, convirtiéndose en lo que el Sodalicio aparentemente no quería que se convirtiera: una comisión de la verdad. Pues en los procedimientos originales se indicaba que su labor «debe centrarse en el alivio, recuperación y confortación de las presuntas víctimas» y no en la búsqueda de la verdad respecto a los hechos denunciados.

Felicito a los integrantes de la Comisión —el Dr. Manuel Sánchez-Palacios (abogado), la Dra. Rosario Fernández Figueroa (abogada), Mons. Carlos García Camader (obispo), la Dra. Maíta García Trovato (psiquiatra) y el Sr. Miguel Humberto Aguirre (periodista)— por su honestidad en el trabajo realizado. Se merecen mis mayores respetos.

TESTIMONIO COMPLETO

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Yo soy Matías en el libro Mitad monjes, mitad soldados de Pedro Salinas y Paola Ugaz. Terminé de redactar mi testimonio, aquel en que se basa el capítulo correspondiente del libro, el 28 de agosto de 2011, teniendo como guía un cuestionario que me envió Pedro por correo electrónico. Dado que en un libro de esas características resulta imposible incluir toda la riqueza de contenidos de mi reflexión sobre mi experiencia sodálite, incluyo aquí el testimonio completo.

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TESTIMONIO DE MARTIN SCHEUCH (MATÍAS)
Fecha: 28 de agosto de 2011

Tenía 14 años de edad cuanto tuve mi primer contacto con el SCV (Sodalitium Christianae Vitae) allá en el verano del año 1978 [ver mi escrito donde narro esta experiencia, SODALITIUM 78: PRIMERA ESTACIÓN].

Estaba yo en la adolescencia, cuestionando por primera vez el sentido de mi existencia y buscando mi lugar en el mundo. De hecho, no me gustaban las perspectivas que se me presentaban, pues sentía una enorme insatisfacción respecto al ambiente social de clase media limeña en el cual había crecido. Mi búsqueda se canalizaba entonces a través de lecturas diversas de autores como Hermann Hesse, Rabindranath Tagore y Khalil Gibran, y el rock progresivo de grupos como Pink Floyd, Yes, Queen, Genesis, The Alan Parsons Project, intérpretes como Rick Wakeman y Mike Oldfield, y encontraba un desfogue a la rebeldía en grupos de rock pesado como Led Zeppelin, Deep Purple y Sweet.

Lo que me atrajo del SCV fue algo que se fue perdiendo con el tiempo, a saber, un espíritu medio bohemio unido a un espíritu contestatario frente a los estilos de vida conformistas presentes en la sociedad de entonces, y que lamentablemente han perdurado hasta ahora. El SCV se ha ido acomodando en cierta medida a esos estilos, buscando presentar un rostro respetable sobre todo frente a los miembros de las clases acomodadas del Perú, ocultando sus raíces cuestionables. Pero entre esos orígenes y el presente se extiende la historia de un sistema que ha manipulado las conciencias de sus miembros y ha servido para satisfacer las ansias inconfesables de su fundador, que para mí se reducen al deseo de poder. Los casos de escándalos sexuales son una consecuencia de este sistema, donde probablemente los mismos abusadores sean a la vez víctimas, como sospecho que ocurrió en el caso de Germán Doig. Es una constante que antes se ha verificado de similar manera en el caso de los Legionarios de Cristo.

Mi familia era normal, dentro de los estándares limeños. Mi madre tenía un carácter extrovertido, que irradiaba alegría y pasión por la vida, pero a la vez dominante y con frecuentes arranques de irascibilidad, lo cual había anulado en mí la espontaneidad y me había convertido en un joven sumamente introvertido. Mi padre tenía más bien un carácter tranquilo, reservado, y yo diría hasta ausente, que se había acentuado a raíz de la enfermedad de Parkinson que padecía. En esos momentos la relación con mis padres no estaba pasando por un buen momento, y el SCV me daba la oportunidad de lograr independencia y autonomía, por lo menos psicológica.

En el colegio tenía indicadores muy buenos: sobresaliente en conducta, además de las mejores notas de mi clase. Y sin mucho esfuerzo, porque asimilaba los aprendizajes con facilidad y no tenía que dedicarle mucho tiempo al estudio. Sin embargo, andaba desorientado, pues la sociedad limeña de entonces no se me presentaba con perspectivas atrayentes que satisficieran mis deseos de lograr algo valioso en este mundo.

El surgimiento y desarrollo del SCV no hay que entenderlo sólo como expresión del deseo de poder y significado del que es considerado su fundador, Luis Fernando Figari. Su atractivo radicaba en que ofrecía una manera de redescubrir la experiencia cristiana desde una perspectiva más aventurera, contestataria y comprometida que la que ofrecían las mediocres formas de vida de las parroquias y de los educadores católicos que habíamos conocido. Dentro del SCV el cristianismo adquiría individualmente características subversivas y hasta revolucionarias como las que había en los movimientos de izquierda, aunque luego todo ello quedara mitigado por la alergia institucional a todo lo que fuera participación en la política y una ideología de derechas extremadamente conservadora.

Lo más cerca que estuvo el Sodalitium de una acción política fue la publicación en 1978 del libro Como lobos rapaces de Alfredo Garland, un panfleto de denuncia contra la teología de la liberación disfrazado de investigación periodística. Aunque luego el SCV se deslindara del asunto, arguyendo que se trataba de una obra escrita “a título personal” por Garland, en verdad toda la institución estuvo detrás de la elaboración y posterior difusión del libro. Esta manera doble de proceder se convertiría luego en una constante dentro de la historia del SCV, negando su participación en eventos, acciones, empresas, instituciones que promovieron, pero a las cuales les ponen encima el rótulo de “a título personal”. Yo no conozco nada que haya efectuado un sodálite en cuanto tal que pueda ser calificado verdaderamente de “a título personal”. Lo que hace un sodalite en el ámbito público siempre ha sido autorizado previamente por la institución y es avalado por ella, pues las iniciativas particulares —así como el pensamiento propio— nunca se han permitido en el SCV.

Sin embargo, aun cuando no tengo motivos para dudar de las buenas intenciones que había detrás del proyecto inicial, las metodologías que se aplicaron para hacer proselitismo y conservar a los miembros son bastantes cuestionables, pues todas ellas pueden resumirse en un solo término: intrusión en la conciencia y en la intimidad psicológica de las personas. El concepto de diálogo no existía. Lo que comenzaba aparentemente como un diálogo terminaba en la aplicación de técnicas de manipulación para lograr desnudar psicológicamente a la persona y, ante su desvalimiento interior, conducirla a la aceptación de la doctrina y el estilo de vida que planteaba el SCV. Técnicas de este tipo eran:

  • las conversaciones que devenían en interrogatorios con preguntas incómodas;
  • las introspecciones en grupo que se hacían en los retiros en lugares apartados donde había prácticamente un aislamiento del entorno normal de vida;
  • la aplicación de shocks psicológicos, haciendo que las personas tomaran contacto con realidades impactantes e insufribles, para luego presentarse como respuesta ante el desconcierto generado —como, por ejemplo, la dinámica aplicada en retiros donde alguien se hacía pasar por un enfermo terminal, o la proyección de películas de shock en los dos primeros Convivios: Taxi Driver (Martin Scorsese, 1976) y Centinela de los malditos (The Sentinel, Michael Winner, 1977)—;
  • la aplicación de tests psicológicos a menores de edad efectuada por personas no profesionales y sin conocimiento ni autorización de los padres, para “conocer” mejor al candidato, y en el caso de mayores de edad la imposibilidad de negarse a la aplicación de estos tests en virtud de que eso se consideraría un acto de rebelión contra la autoridad y la comunidad misma;
  • otras medidas extrañas que fueron aplicadas en casos excepcionales en los inicios del SCV como, por ejemplo, emborrachar al candidato para romper sus defensas psicológicas y poder “entrarle”, es decir, irrumpir en su intimidad psíquica y sacar a luz sus problemas personales para luego ofrecerle el estilo de vida sodálite como un camino de redención personal.

En muchas de los métodos el objetivo claro —y expresado explícitamente— era lograr que las personas “lloren”, señal de que ya se habían “quebrado” y, por lo tanto, ya estaban “abiertas a la acción de la gracia”. En realidad, abiertas a determinada gracia que iban a perpetrar contra ellas aquellos que le habían hecho “apostolado”: convertirlo en uno más de los miembros cortados con la misma tijera que ha tenido y tiene el SCV, por lo general con el cerebro lavado.

Hace algunos años leí un libro sobre las Juventudes Hitlerianas, y me sorprendió el hecho de que hubiera varias semejanzas con el Sodalicio que yo había conocido. Si bien no hay uniformes en el Sodalicio, sí hay una manera de vestir por la cual se distingue claramente a sus miembros (pantalones de vestir de colores claros, camisa de color claro sin ningún detalle llamativo de diseño, calzado de estilo muy parecido), y de hecho en eventos públicos y ceremonias litúrgicas solemnes se presentan con terno azul, con un aspecto que hace pensar de inmediato en un grupo uniformado. La creación de une especie de mística colectiva mediante el uso de símbolos, canciones entonadas al unísono con voz fuerte y marcial, y el gusto por eventos de masas donde la asistencia es obligada (por consigna) con despliegues espectaculares de acciones simbólicas —actualmente con ayuda de las modernas tecnologías audiovisuales— son otros puntos donde el Sodalicio corre por caminos similares a lo que recorrieran las Juventudes Hitlerianas.

A eso le sumamos el culto a la personalidad del líder, en este caso Luis Fernando Figari. Dotado de una personalidad compleja de difícil definición, Figari buscó conducir el Sodalicio desde sus inicios como si de un padre se tratara. De hecho, se presentaba como alguien que estaba preocupado por nuestro bien más que nuestros padres carnales, y de este modo se erigía como figura paterna sustitutiva, a la cual se le debía obediencia. Es difícil juzgar las intenciones que tenía. Sólo me consta que se veía a sí mismo como alguien elegido por Dios para crear una institución que iba darle nueva vitalidad a la Iglesia, que se iba a constituir en una respuesta para los tiempos actuales. Y si bien manifestó en los inicios del Sodalicio una cierta reticencia a mostrarse como una figura de culto, posteriormente, ya en la década de los ’80, cuando ya se había fundado el MVC (Movimiento de Vida Cristiana), le oí decir una vez en la desaparecida comunidad sodálite de San Aelred situada en la Av. Brasil que no le quedaba otra alternativa, muy a su pesar, y que a semejanza de Josemaría Escrivá de Balaguer, fundador del Opus Dei, debía acceder a convertirse en un líder a quien se le mirara ante todo con veneración. No sé cómo llegó a esta conclusión, pero curiosamente presentaba este proceder como un sacrificio que debía hacer. Por otra parte, Luis Fernando asumió bien este rol y permitió que se tejiera un halo de veneración alrededor de su persona, evidente en los eventos multitudinarios donde se creaba expectativas respecto a su llegada y finalmente su presencia era aclamada como el momento culminante del evento.

Si bien Luis Fernando tiene una personalidad dominante, ello ha ido siempre acompañado de una cierta vulgaridad que afloraba con frecuencia en su lenguaje coloquial y de una falta de naturalidad en su aproximación a las personas. No recuerdo nunca que se haya relacionado con nadie a un nivel de igualdad, como lo haría cualquier persona normal con otras personas con las que entra en contacto. Luis Fernando siempre tenía que ocupar un lugar especial o aparecer como el centro de cualquier actividad. Cuando visitaba las comunidades, se preparaba el ambiente como si fuera a venir un elegido, dotado de un don divino único. Conozco a muy pocas personas que se hayan atrevido a contradecirle.

En el Sodalicio siempre se le ha presentado como un gran pensador, y sus palabras, recogidas en folletos y otras publicaciones, además de los numerosos artículos que ha escrito, han sido lectura obligada de la gente perteneciente al MVC y al SCV y considerados como clave para interpretar la realidad. Un análisis a fondo nos permite descubrir en esos textos las características de una ideología religiosa, pero ideología al fin y al cabo, basada sobre todo en fuentes librescas, que oculta su falta de originalidad y profundidad a través del uso frecuente de términos crípticos. Se trata de un discurso mediocre que se ha ido repitiendo hasta el cansancio sin mayores variaciones año tras año, un discurso que no admitía ninguna observación crítica por parte de nadie. El mismo Luis Fernando nunca ha aceptado ser entrevistado por nadie que pudiera tuviera una actitud crítica hacia él, y ha solido mantenerse alejado del ámbito público, siendo otros los que dan la cara por el Sodalicio. De alguna manera, ello ha reforzado su imagen de personalidad objeto de culto dentro de las asociaciones que él ha fundado.

¿Podría decirse que fundó el Sodalicio y sociedades afines como entramado para ocultar bajas pasiones y vicios ocultos? No creo que haya sido así desde un inicio. Yo casi nunca vi nada extraño que me hiciera sospechar. O quizás la lucha contra mis propios demonios personales no me permitió darme cuenta de ello. Soy de la opinión de que posiblemente hubiera mucho de sincero en sus intenciones. Aún así, no dudo tampoco de que haya habido un lado oscuro y turbio, que pudo existir gracias a que el demasiado exigente estilo de vida que se propugna en el Sodalicio no sólo permite sino que empuja a las personas para que tengan una doble vida donde por un lado, con las mejores intenciones, buscan cumplir con el ideal de santidad que se les propone, pero a la vez se hacen incapaces de manejar adecuadamente su sexualidad, por una falta de una actitud natural y humana hacia este aspecto de la vida.

Resulta también curioso que no se sepa que Luis Fernando haya tenido alguna vez un enamoramiento con una chica, y que más bien le haya escuchado con frecuencia comentarios misóginos, como «¡a la mujer con la punta del zapato!», misoginia que se transmitía de alguna manera hacia sus discípulos, que a veces decían cosas como «mujer buena, sólo la propia madre y la Virgen».

Una cosa extraña en él era un temor obsesivo a contagiarse enfermedades, que llegaba hasta el punto de que a veces dejaba de dar la mano a las personas o cancelaba una visita a una comunidad si se enteraba que uno de sus integrantes estaba enfermo, o ese afán de tener siempre a la mano pañitos con alcohol para desinfectarse las manos. También es extraño el deseo de que se le complaciera en todo, de modo que si llegaba a una comunidad y no había lo que a él le gustaba, el encargado de suministros (llamado encargado de temporalidades) podía ganarse un problema. De este modo se compraba varios tipos de bebidas gaseosas y bocaditos, que debían estar muy bien presentados, ante una eventual visita de Luis Fernando, aunque posteriormente no se consumiera todo.

Si nos vamos al tema de las estrategias de coerción psicológica, yo creo que todo el sistema de captación y formación está atravesado por la coacción y la manipulación de las conciencias, pues el Sodalicio no admite una pluralidad de opiniones en su seno. Aun cuando proclamen estar a favor de la libertad de las personas, la idea de libertad es entendida de una manera restrictiva, de modo que se entienda que sólo se puede ser libre si se acepta el pensamiento único que la institución postula a través de su fundador y sus seguidores. En reuniones, cuando se pide la opinión de las personas sobre un punto, se trata sólo de una táctica para llevarlas a aceptar la verdad que los miembros de la institución proponen. Para lograr este fin consideran como válidas ciertas técnicas de manipulación psicológica. Y si bien hay casos excepcionales de maltrato extremo, relatados por varios testigos, se trata de hechos ocasionales, pues el maltrato más frecuente son las conversaciones y reuniones para ir metiendo la propia ideología en las cabezas de las personas, donde se recurre con frecuencia a la burla, el insulto, la orden de guardar silencio e incluso a veces a las amenazas de castigos (ayunos obligados, privación de sueño, actividades absurdas sin ninguna finalidad, etc.). Ni qué decir, por lo general la autoestima sale bien perjudicada.

Respecto al tema sexual, debo confesar que no vi nada realmente extraño que me llamara la atención. De ciertos hechos me he venido a enterar recientemente. Ya he hablado sobre mi experiencia en un escrito más detallado [ver SODALICIO Y SEXO]. Sin embargo, viene a mi memoria un hecho bastante extraño que ocurrió en el año 1979 cuando yo tenía unos 16 años y mi consejero espiritual era B. Durante una sesión de consejería ocurrida en una de las pequeñas salas habilitadas para esto fines en la desaparecida comunidad sodálite de San Aelred, situada en Magdalena en la Av. Brasil, en un momento interrumpió nuestra conversación y entró a los recintos de la comunidad —a los cuales estaba prohibido entrar sin permiso y que estaban separados de las salas de recepción por una puerta donde había un cartel con la palabra PRIVADO—, dizque para consultar un asunto con Germán Doig, por entonces superior de esa comunidad. Cuando regresó, me ordenó que me desvistiera. Una vez hecho esto, me dijo que debía abrazar una enorme silla que allí estaba y fornicarla, en realidad simular que la fornicaba. Cumplí la indicación de manera muy torpe, si bien con cierta reticencia inicial de mi parte. De hecho, me sentí bastante incómodo. Aun cuando B mantenía baja la mirada y también se mostraba evidentemente incómodo ante la situación, yo sentí que se me estaba haciendo violencia interior, aunque el fin aparente de todo ello era simplemente romper las muchas barreras psicólógicas que yo tenía a esa edad y que me habían convertido en una persona excesivamente reprimida. La situación no duró mucho y B me pidió que me vistiera nuevamente, y me preguntó si me sentía mejor. Le dije qué sí, y no le di mayor importancia al asunto, pues los sodálites nos tenían acostumbrados a cosas raras, pero hasta ahora ninguna había tenido la connotación sexual que tenía esa experiencia. Vista a la distancia, no considero esta experiencia como un intento de abuso sexual, sino como una manipulación y violación de la conciencia mediante el sometimiento a una situación vergonzosa de connotación sexual que atenta contra la intimidad personal. El hecho de que B haya consultado la medida me lleva a pensar que se trataba de una táctica que ya se había aplicado en otras ocasiones.

Mi alejamiento del SCV ha sido progresivo y nunca se ha oficializado definitivamente. Salí en 1993 de una comunidad por acuerdo mutuo debido a incompatibilidades con la vida comunitaria. Es una historia larga y compleja que algún día relataré en todos sus detalles [ver SODALITIUM 92: MOMENTO DE DECISIÓN, SODALITIUM 92: ÚLTIMA ESTACIÓN… SAN BARTOLO, SODALITIUM 93: ENTRE LA VIDA Y LA MUERTE]. La salida no fue fácil, debido al concepto estrecho de “vocación” que siempre se ha manejado en el Sodalicio, a saber, que si uno se aleja del camino al cual ha sido llamado —llámese instituto o estilo de vida—, pone en riesgo su salvación eterna. Se trata de de un concepto que no tiene en cuenta la diversidad de la experiencia humana ni de las situaciones y caminos que uno tiene que recorrer en la vida y que no respeta la conciencia, además de carecer de sustento en la Biblia y en la doctrina de la Iglesia.

Debido a eso, pasé unos siete meses de angustia en una de las casas de formación de San Bartolo, sujeto a una disciplina monacal que yo mismo acepté: levantarse a las cuatro de la madrugada, darse un chapuzón en el mar helado, rezar y hacer otras actividades devotas y espirituales hasta las seis de la mañana, participar luego de las actividades habituales de la comunidad durante el resto del día hasta las ocho de la noche, en que me iba a acostar antes que los demás. Otros que estaban sujetos a la misma disciplina, aunque debido a circunstancias muy distintas a la mía, eran FRP y RI. Llegué incluso a desear la muerte en varias ocasiones para no tener que tomar una decisión que me aterraba. No había obstáculo físico que me impidiera irme, pues al contrario de otros que entraron en “crisis” y fueron enviados a San Bartolo, yo no tenía a nadie que me acompañara y vigilara cada vez que salía a la calle. Sin embargo, me sentía aprisionado por unos barrotes interiores, por una ideología que me había sido metido a fondo en el alma y que me hacía prever un tremendo fracaso personal en caso de que tomara las de Villadiego. Lo más angustiante era la incertidumbre de no saber cuándo iba a terminar este martirio. No fue hasta el final de ese tiempo en San Bartolo que supe cuándo iba a terminar mi estadía allí.

Las consecuencias de haber estado durante más de once años en comunidades sodálites fue, en primer lugar, que no tenía una formación profesional que me permitiera ganar lo necesario para tener un nivel de vida decente y salir adelante. Sólo tenía un título de Licenciado en Teología, y daba clases en el ISPEC (Instituto Superior Pedagógico de Educación Catequética), que pertenecía al arzobispado de Lima y era dirigido por la Hna. Julia Estela, una anciana monja dominica de armas tomar que siempre me apoyó, incluso cuando dejé de ser un consagrado sodálite. Ganaba poco, aun cuando también di clases en colegios particulares, en el Instituto Superior Pedagógico Marcelino Champagnat (convertido luego en Universidad) y en el desaparecido Instituto Superior Pedagógico Nuestra Señora de la Reconciliación.

Además, mi adolescencia no había transcurrido por los cauces normales, y descubrí que a los 30 años de edad todavía tenía que madurar varios aspectos de mi persona que habían quedado relegados durante mi experiencia sodálite.

Haber salido de comunidad en esa época conllevaba consigo una mala reputación frente a la mayoría de los miembros del SCV y del MVC. No obstante mi deseo de seguir contribuyendo con mi esfuerzo y mis talentos al desarrollo de varias actividades de la institución, fui poco a poco siendo relegado, marginado, e incluso se comenzó a hablar mal de mí por lo bajo, tal vez a consecuencia de mi capacidad crítica y de la libertad que manifestaba para expresar lo que yo pensaba. Lo cierto es que se me creó una mala fama, lo cual unido a la marginación soterrada a la cual se me sometió y a las escasas oportunidades de trabajo debido a mi falta de experiencia laboral —por haber estado tanto tiempo en el comunidades sodálites—, no obstante haber obtenido el título de Magister en Administración de Negocios de ESAN (Escuela de Negocios para graduados), llevaron a que finalmente tentara suerte en Alemania, aprovechando que también poseía la nacionalidad germana.

Finalmente, el poder observar desde lejos lo que sucedía en el SCV y el MVC me hicieron ver con mayor claridad cómo los gérmenes de decadencia iban creciendo en la institución, siendo la gota que colmó el vaso la expulsión sin causa conocida de Germán McKenzie y la detención de Daniel Murguía por acciones pedófilas en el centro de Lima.

Resumiendo, el precio que tuve que pagar por haber pasado por el SCV es:

  • una madurez obtenida a trompicones a una edad tardía;
  • la falta de una adecuada formación profesional para salir adelante en la vida;
  • la marginación, la calumnia, la incomprensión hacia mí persona;
  • el exilio, una especie de condena dictada por las circunstancias pero que fue también la oportunidad para alcanzar el goce de una libertad lograda a machetazo limpio.

Por lo general, el procesamiento de las experiencias vividas en el Sodalicio suele demorar años, en la mayoría de los casos que conozco más de una década, pues el hecho de que la ideología de la institución sea grabada a fondo en la psique de las personas equivale a una suerte de lavado de cerebro, a tal punto que muchos que han abandonado la institución se sienten al principio como traidores. En mi caso personal no fue así. Yo busqué durante años, una vez terminada mi experiencia comunitaria, mantener la lealtad hacia la institución y hacia unos principios basados en la fe cristiana que por convicción personal mantengo. Y puedo dar testimonio de que fui traicionado por la institución en repetidas ocasiones. Hasta que llegó el momento de ver con claridad de que eran pocas las esperanzas de que hubiera un cambio, y que la fidelidad a mi conciencia tenía más importancia que la fidelidad hacia una institución que ha traicionado los principios en los cuáles afirma basarse y que, en consecuencia, ha hecho daño a muchas personas.

EL SODALICIO EN LA PALABRA ESCRITA (II)

Este artículo es la continuación de mi anterior escrito EL SODALICIO EN LA PALABRA ESCRITA (I).

Al año siguiente del primer reportaje televisado sobre el Sodalicio de Vida Cristiana, emitido en el programa “Entre Líneas” de Cecilia Valenzuela en Canal N (ver CANAL N: PRIMER REPORTAJE SOBRE EL SODALICIO), el periodista Pedro Salinas publicaba su novela Mateo Diez (Jaime Campodónico/Editor, Lima 2002), donde en clave de ficción y con nombres cambiados narraba su paso a través de la institución. Independientemente de la calidad literaria del texto, se trataba de un testimonio valiente y honesto de primera mano. De alguna manera, se había abierto una compuerta para discutir el tema del Sodalicio en el ámbito público.

A fines de ese año el diario La República, a través de su revista Domingo, iniciaría la publicación de la que quizás sea la mejor investigación periodística sobre el tema que se haya realizado hasta la fecha.

REPORTAJE DEL DIARIO LA REPÚBLICA
(22 y 29 de diciembre de 2002, 5 de enero de 2003)

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El motivo que dio origen al reportaje de La República fue una carta notarial fechada el 9 de diciembre de 2002 que el Dr. Héctor Guillén, oftalmólogo arequipeño, y su esposa Martha Gross dirigieron a Luis Fernando Figari, Superior General del Sodalicio, manifestándole su preocupación por su hijo Franz, quien se había convertido en miembro del Sodalicio tras haber sido objeto de acciones proselitistas por parte de la institución e iba a ser enviado a una comunidad en Colombia, un país con guerra interna, recalcando además la situación de ruptura con la familia Guillén que se había generado desde que Franz fuera reclutado por el Sodalicio. La carta fue hecha pública y Franz Wieser, ex-sacerdote que ha sido profesor de religión en el Colegio Peruano-Alemán Alexander von Humboldt, remitió la carta al director de La República, quien la publicó en su diario.

Señor Director:

Por tratarse de un asunto de interés general, remito para su publicación en La República la siguiente Carta Notarial dirigida al Sodalitium.

Franz Wieser

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Señor Luis Fernando Figari
Lima.-

Desde que nuestro hijo, Franz Guillén Gross, actualmente en San Bartolo (Lima), ingresó en el Sodalitium el 1º/6/99, como padres de familia nos hemos visto imposibilitados de entablar con él un diálogo razonable, personal, amplio, abierto y natural, llegando Franz al extremo de negarse a hablar con su padre. Somos respetuosos de la libertad de conciencia y, por tanto, de la libre elección de la vida religiosa, por lo que no podemos aceptar las limitaciones impuestas a nuestro hijo -desde su adscripción a la organización de su dirección- a sus posibilidades de desarrollo integral, plural, libre en plenitud de conciencia, situación que ha generado un radical cambio en su personalidad, la deserción de sus estudios universitarios, el abandono de su hogar y el total alejamiento e incluso enfrentamiento con su familia, lo que contradice su supuesta formación cristiana. Luego de que nuestro hijo inició su formación en San Bartolo, hace año y medio, ha sido drásticamente limitado en su posibilidad de visitar a su familia en Arequipa, a pesar de habérsele enviado el dinero para su pasaje y de nuestra angustiosa necesidad de tenerlo en casa para eventos familiares trascendentales. Siendo Colombia (adonde piensan enviarlo) un país en guerra interna y en el que se ha asesinado a cerca de 30 religiosos y secuestrado varios sacerdotes, incluyendo al cura sodálite arequipeño Juan Pablo Rosado Gómez de la Torre, nosotros, como padres de Franz Guillén Gross, en ejercicio de nuestros derechos como familia, responsabilizamos directamente a usted y a su organización de cualquier daño físico, emocional, mental y/o moral que se deriven tanto del aislamiento que le ha sido impuesto hasta ahora por el Sodalitium a nuestro hijo como de la decisión de enviarlo a Colombia. Nos despedimos con la esperanza de ver pronto a nuestro hijo Franz en Arequipa.

Héctor Guillén Tamayo
Martha Gross de Guillén
DNI 29250771-29331501

El Sodalicio, a través de su vocero Germán McKenzie, emitió una respuesta, que fue publicada en el mismo diario el 16 de diciembre de 2002.

Señor Director:

Habiendo aparecido publicada en la sección Cartas del diario bajo su dirección el último lunes una carta relativa a nuestra institución religiosa, me permito solicitarle la publicación en la misma sección.

Atentamente

Germán McKenzie González
Superior Regional del Perú
Sodalicio de Vida Cristiana

__________________________________________________

CARTA NOTARIAL

Sres.
Héctor Guillén Tamayo
Martha Gross de Guillén
Piérola 106
Cercado
Arequipa

Estimados señores:

Al haber tomado conocimiento de su carta pública del 9 de diciembre pasado, como responsable del Sodalicio de Vida Cristiana en el Perú quiero manifestarles lo siguiente:

El hermano Franz Guillén Gross, como todos los miembros del Sodalicio de Vida Cristiana, es una persona adulta que se ha adherido libremente a nuestra institución religiosa. Cualquier acusación de ustedes que ponga esto en duda equivale a una calumnia.

Considero que los asuntos que ustedes señalan deberían haber sido tratados directamente entre padre e hijo. Lamento mucho esta situación que en ningún modo puede ser imputada a nuestra institución. Dado que el Hno. Franz también tiene conocimiento de su carta pública, a él le corresponde actuar de acuerdo a su conciencia.

Me permito aclarar que las imputaciones de su carta no corresponden a la verdad.

Que Dios, Señor Nuestro, los bendiga y que este tiempo de Navidad les ayude a profundizar en la fe.

Atentamente,

Germán McKenzie González
Superior Regional del Perú
Sodalicio de Vida Cristiana

A continuación vendrían los artículos que se publicaron en la revista Domingo en tres números consecutivos, entre el 22 de diciembre de 2002 y el 5 de enero de 2003. La buena calidad del reportaje hay que atribuirlo a que La República contaba entonces con una de las mejores unidades de investigación periodística del Perú. Por ello, la presentación de la información obtenida fue bastante objetiva.

Dado que este material ya no está disponible en la página web de La República, he tenido que recurrir al Internet Archive para encontrar copias del reportaje, aunque sin las fotos. A través de los siguientes enlaces se puede acceder a los respectivos textos publicados en Domingo.

22 de diciembre de 2002
http://web.archive.org/web/20021224155310id_/http://www.larepublica.com.pe/SUPLEMEN/DOMINGO/2002/1222/domingoCONTROVERSIA.htm

29 de diciembre de 2002
http://web.archive.org/web/20030104013342id_/http://www.larepublica.com.pe/SUPLEMEN/DOMINGO/2002/1229/domingoCONTROV1.htm
http://web.archive.org/web/20030104013634id_/http://www.larepublica.com.pe/SUPLEMEN/DOMINGO/2002/1229/domingoCONTROV2.htm
http://web.archive.org/web/20030104015405id_/http://www.larepublica.com.pe/SUPLEMEN/DOMINGO/2002/1229/domingoCONTROV3.htm
http://web.archive.org/web/20030104014320id_/http://www.larepublica.com.pe/SUPLEMEN/DOMINGO/2002/1229/domingoCONTROV.htm

5 de enero de 2003
http://web.archive.org/web/20030109054933id_/http://www.larepublica.com.pe/SUPLEMEN/DOMINGO/2003/0105/domingoDESCARGOS.htm

Lo único que falta es el sumario de la entrevista que le hicieron al P. Jaime Baertl, que apareció en la versión impresa de la revista Domingo del 5 de enero de 2003, pero no en la versión digital.

La reacción del Sodalicio no se hizo esperar y, poco después de publicado el primer artículo, el encargado de Comunicaciones del Sodalicio envió una carta aclaratoria, que fue publicada en el diario y que reproduzco a continuación, junto con la respuesta del responsable de la revista Domingo.

Publicado en La República el 25 de diciembre de 2002

Sodalitium niega irregularidades

Señor director:

En la sección Domingo ha sido publicado un artículo referido al Sodalitium Christianae Vitae respecto del cual me permito hacerle llegar las siguientes aclaraciones:

El artículo «El llamado del Señor» se origina, según el mismo redactor, en «una denuncia contra la organización religiosa Sodalitium Christianae Vitae». Se está haciendo referencia a una carta pública de los Sres. Guillén, aparecida en el diario La República el 9 de diciembre pasado. Las imputaciones contra nuestra Institución contenidas en dicha carta faltan a la verdad, tal como lo manifestó el Hno. Germán McKenzie en la carta notarial del 20 de diciembre, publicada en el mismo diario La República. Llama la atención que tal descargo fuese ignorado en el artículo.

Siendo esto así, llama profundamente la atención la metodología utilizada en el mencionado artículo. Lo menos que se podría esperar de un medio de comunicación, cuya finalidad y obligación para con la sociedad es informar, es una investigación seria de las aseveraciones en las que se basa el artículo. En este caso:

El diario se negó a recoger las declaraciones de Franz Guillén, y postergó «para después» una entrevista.

No se ha consultado a las autoridades de la Iglesia, siendo el Sodalitium una Institución Católica y aprobada oficialmente por la Iglesia Católica.

El diario no ha visitado, ni visto las obras auspiciadas por el Sodalitium.

Las imputaciones vertidas, no verificadas, parecen manifestar un sesgo parcial a favor de quienes las formulan.

Todo lo que «se dice» es asumido y presentado como verdadero sin ningún cuestionamiento o indagación de quiénes son aquellos que hacen las aseveraciones. Tal perspectiva parece revelar una falta de interés por la verdad y lleva, en este caso, a cuestionar el proceder periodístico y ético del diario bajo su dirección.

El Sodalitium ha recibido su aprobación oficial del Santo Padre Juan Pablo II, no emplea método alguno reñido con la fe fundada en el Evangelio de Nuestro Señor Jesucristo, es conocida por el apoyo a la familia, a la vocación al matrimonio como camino de santidad, al derecho a la vida de todo ser humano, al respeto a la dignidad y derechos de la persona humana.

Erwin Scheuch
Encargado de Comunicaciones
Sodalitium Christianae Vitae

Antes de enviar una carta aclaratoria, el señor Scheuch debió haberse informado mejor para no faltar a la verdad. El redactor de la nota conversó extensamente con el propio Franz Guillén el viernes 19, informándole sobre la naturaleza del artículo y la necesidad de obtener su versión. Fue Franz quien prefirió no dar entrevista alguna. El mismo viernes en la tarde, después de esperar tres días por una respuesta, Franz dijo por teléfono que sólo quería saber si su padre «ya se había retractado» y sentenció: «no te voy a dar la entrevista». La República había intentado durante toda una semana comunicarse con autoridades del Sodalitium, llamó a la parroquia de Camacho, al mismo local de San Bartolo, a la Asociación Vocaciones y Vida Apostólica. El jueves 18, Erwin Scheuch devolvió la llamada al redactor y, con un tono irrespetuoso, intentó intimidarlo y presionarlo para que desista de escribir la nota. Poco después, un sacerdote de apellido Baertl prometió la ansiada entrevista que finalmente no se realizó porque «Franz había salido de paseo». La República respetó el testimonio de los padres, cuyas declaraciones tienen un valor periodístico que Scheuch intenta negar. Nos hubiese gustado incluir con la misma amplitud los descargos de SCV, pero sus miembros ‒antes que dar su versión‒ buscaban a toda costa impedir la difusión de cualquier nota referida a ellos.

(Mario Munive, editor de Domingo)

En general, hubo un manejo torpe de esta situación por parte del Sodalicio, ya sea mediante advertencias conminatorias, ya sea negándose a declarar o haciendo un cierrapuertas generalizado, que a la larga no se pudo sostener. Al final se abrió camino un resquicio de sensatez, que llevó a que representantes del Sodalicio hablaran sobre la institución, aunque sin responder satisfactoriamente a los cuestionamientos concretos que se hizo, sino limitándose a detallar generalidades.

Yo en esos momentos ya me encontraba en Alemania. Me había adelantado a mi familia para preparar el terreno y encontrar un trabajo. En ese entonces me consideraba algo así como la avanzada del Sodalicio en tierras germanas, pues a pesar del paulatino ostracismo a que había sido sometido después de abandonar la vida en comunidades, todavía me sentía ligado afectivamente a la institución y estaba dispuesto a participar en su “misión evangelizadora” en tierras lejanas. Y, por supuesto, estaba dispuesto a jugarme el pellejo por esta causa. De modo que preparé una extensa carta en que respondía detalladamente a cada uno de los puntos relevantes del reportaje, llegando incluso al extremo de defender al mismo Luis Fernando Figari, y se la envié por correo electrónico a La República el 3 de enero de 2003. Ahora bien, el reportaje de La República estaba tan bien hecho, que no se podía negar que todo lo que ponía en cuanto a datos y hechos correspondía a la realidad. Por eso mismo, contrariamente a otros miembros de la Familia Sodálite que negaban en bloque lo publicado por los reporteros de La República, acusándolos de usar un lenguaje tendencioso, de vertir calumnias en sus textos y de faltar a la verdad, yo tuve por lo menos la honestidad de no negar aquello que era cierto, pero consideraba que los hechos habían sido interpretados erróneamente, llevando a conclusiones incorrectas. Se trataba de un problema de interpretación. Esto es lo que decía textualmente en la carta:

«Puedo afirmar que los datos que ustedes han averiguado son en su mayoría ciertos, pero lamentablemente son interpretados, tanto por el autor del reportaje como por algunos de los entrevistados, de manera errónea.»

Tengo que admitir que me equivoqué, pues hechos adicionales de los cuales he llegado a tener conocimiento posteriormente, así como un análisis más profundo y exhaustivo de lo que fue mi propia experiencia en el Sodalicio, confirman más bien las conclusiones a las que llegó La República y desbaratan los argumentos que yo esgrimí entonces para defender a una institución y a su líder, que han aplicado técnicas de manipulación psicológica cuyas secuelas perduran durante años en quienes han sido sometidas a ellas, hasta el punto de que quienes han sido víctimas son capaces de seguir abrazando la causa de sus victimarios.

Mi carta fue enviada con copia a Erwin Scheuch, Germán McKenzie y al P. Jaime Baertl. El único que me respondió fue el P. Baertl, felicitándome por ella e informándome que ya había concertado una reunión con Gustavo “Chicho” Mohme, director de La República, para conversar sobre el tema. Fruto de esta reunión fue la mencionada entrevista que le hicieron y que sólo se publicó a modo de resumen en la edición escrita de Domingo del 5 de enero de 2003. Mi carta nunca fue publicada por el diario, y sólo recibí una breve y descortés respuesta de Mohme, indicándome que ya había conversado con el P. Baertl y que, por lo tanto, el asunto quedaba zanjado y ya no era necesario publicar mi carta.

Franz Guillén y Martha Gross

Héctor Guillén y Martha Gross

Parece que el asunto no quedó zanjado allí, pues el 18 de febrero de 2003, ante la falta de respuesta por parte de Luis Fernando Figari, los esposos Guillén-Gross le enviaron otra carta notarial mucho más extensa y detallada, describiendo los problemas que observaban en el Sodalicio y pidiéndole que cumplan con aquello a que se comprometieron:

«Pretendiendo dar “punto final a una controversia” el Sodalitium y La República se comprometieron ante la opinión pública el Domingo 5 de enero del 2003 a promover la “reconciliación” de la familia Guillén Gross. Nosotros sabemos la trascendencia social de la problemática y no estamos de acuerdo en considerar este asunto como un simple “problema familiar”.»

La carta, que no tiene desperdicio, hace una descripción de ciertas características presentes en el modo de actuar del Sodalicio y que son comunes a aquellas sectas que practican el control mental con sus miembros:

«…nos preocupa profundamente el encontrar en el Sodalitium ciertas características como: el control de la atmósfera social y la comunicación, el sentimiento de un “llamado superior”, la redefinición del lenguaje, el culto a la confesión (sobre todo pública), las exageradas demandas de pureza y santidad y sobre todo la dispensación de la existencia ‒que consiste en una prodigalidad irracional que pone en peligro la vida misma del adepto‒, que describen en grupos sectarios destructivos profesionales de la talla de Pepe Rodríguez, Steven Hassan, Rick Ross, Margaret Thaler Singer, Robert Liffton, Michael Langone y John Hockman. Valga decir que desde el punto de vista psicológico la definición de secta considera que se trata de un grupo que ejerce en sus futuros adeptos técnicas de persuasión coercitiva con consecuencias que son científica y fácilmente comprobables y reproducibles.»

Se puede leer el texto completo de las dos cartas notariales de los esposos Guillén-Cross en el siguiente enlace:
http://www.elenciclopedista.com.ar/el-sodalitium-sodalites/

Con fecha de 21 de febrero de 2003, hubo una carta de respuesta de Germán McKenzie a la última carta notarial de los Guillén-Gross, pero desconozco su contenido.

REPORTAJE DE LA REVISTA CARETAS
(13 y 27 de marzo de 2003)

caretas

Con el objetivo de mejorar su imagen, el Sodalicio recurrió a periodistas de la revista Caretas, a fin de que se hiciera un reportaje de contenido positivo, para lo cual los invitaron a visitar algunas comunidades sodálites y obras de asistencia social.

La revista Caretas se ha caracterizado siempre por un estilo ligero e irónico en la presentación de su información. El resultado se ve en el artículo publicado, que muestra su mordiente sarcástica y burlona desde el título mismo: “Los once mil castos”. He aquí el artículo:

13 de marzo de 2003

Los once mil castos
http://www.caretas.com.pe/2003/1763/articulos/sodalicios.phtml

Si bien muchos miembros del Sodalicio se sintieron satisfechos por la nota periodística, debido a que ‒a su parecer‒ desmitificaba mucho del carácter sectario que se le había querido imputar a la organización, en realidad el tono sarcástico del artículo daba a entender que los sodálites eran personas que no podían ser tomadas en serio.

Aún así, no faltaron quienes se entusiasmaron con el artículo, como un padre de familia que le escribió a la revista la siguiente carta, que reproduzco junto con la respuesta de Caretas (ver http://www.caretas.com.pe/2003/1765/secciones/nosescr2.phtml).

EL SODALICIO

Lima, 17 de marzo del 2003

CARETAS 1763 ha mostrado que el Sodalicio no es ni elitista ni cerrado y que al contrario, se encuentra bendecido por numerosas vocaciones de jóvenes que libremente se encuentran atraídos por su espiritualidad y vida eclesial. Tengo el orgullo de tener dos hijos miembros del Sodalicio, los cuales veo que se desarrollan plenamente y viven felices su vocación al servicio a Dios, uno en el Perú y otro en Santiago de Chile.

Javier Blanco Llosa
DNI 10270769

CARETAS hizo una crónica de la visita al mundo de los sodálites. No todos los padres coinciden con lo expresado por este lector.

Sin embargo, lo que al principio fue considerado como una jugada inteligente terminó por volverse en contra del Sodalicio, pues Caretas publicó dos números más adelante una nota con el título de “Resquicios del Sodalicio”, donde se detallaba dos casos, el del matrimonio Guillén-Cross y su hijo Franz, y el de Fernando Gerdt Tudela, el cual relataba que iba a perder su casa en Arequipa por causa de un fraude cometido por miembros del Sodalicio. A través de los siguientes enlaces se puede ver el índice de la revista con el nombre y un sumario del artículo, y una copia del mismo incluido en un dossier sobre el “El caso Guillén-Cross” preparado por MASA-Perú.

27 de marzo de 2003
Resquicios del Sodalicio
http://www.caretas.com.pe/2003/1765/secciones/indice.phtml
http://galeon.hispavista.com/sectasperu2/productos1085705.html

El artículo motivó una carta aclaratoria de parte de Germán McKenzie. Caretas publicó la carta, junto con una misiva que había enviado Franz Guillén Cross. A continuación, reproduzco ambas cartas junto con la respuesta de Caretas (ver http://www.caretas.com.pe/2003/1766/secciones/nosescr1.phtml).

FE DE SODÁLITE

Lima, 28 de marzo del 2003

Respecto a “Resquicios del Sodalicio” de CARETAS 1766, el elemento fundamental de nuestra espiritualidad es el respeto a la libertad, conciencia, dignidad y derechos humanos de cada persona. Los miembros, todos adultos, que se han adherido libremente y ninguno está aislado ni de su familia ni de la sociedad; por el contrario mantienen comunicación fluida y libre.

El Fundador y Superior General del Sodalicio, D. Luis Fernando Figari, es un laico consagrado peruano cuyo pensamiento está reflejado en numerosas obras espirituales y sobre la fe de la Iglesia, que son de difusión pública. Con los esposos Héctor Guillén y Martha Gross hemos procurado mantener un diálogo como institución hasta que el señor Guillén no nos quiso recibir. Sus comunicaciones epistolares han sido todas respondidas. Sobre Fernando Gerdt, el Sodalicio no tiene vinculación jurídica con la Asociación Civil San Juan Bautista, que es una asociación independiente. El sacerdote sodálite, RP Javier Len, ha procedido a defenderse ante el Poder Judicial y en el proceso por delitos de difamación e injuria ya hay sentencia condenatoria, la que será leída próximamente.

Germán McKenzie González
Superior Regional
Sodalicio de Vida Cristiana

Ver siguiente carta.

Sao Paulo, 30 de marzo del 2003

No es cierto que esté sometido a un aislamiento de mis padres o de mi familia. De manera libre, me encuentro feliz de hacer en Brasil aquello para lo que he consagrado mi vida, que es el anuncio del Señor de hacer de éste un mundo mejor.

Lamento que mis esfuerzos de reconciliación no hayan sido correspondidos por mis padres. Intentos que se hicieron aún más difíciles después que mi padre pretendió impedir el ejercicio de mi libertad religiosa, por lo cual, temiendo por mi seguridad personal mientras viví en Perú, tuve que pedir garantías ante el Ministerio del Interior. A pesar de todo, el amor y la preocupación que siento por mis padres no han cambiado en absoluto. Confío que el tiempo, mis oraciones y mi testimonio personal los ayuden a ser más respetuosos de mis decisiones y de la institución a la que pertenezco.

Franz Guillén Gross
DNI 40766168

CARETAS ha consignado las versiones de las diferentes partes involucradas y también ha recibido diversas cartas firmadas por parejas de esposos que aseguran que, contrariamente a lo afirmado por los Guillén Gross, sus hijos han decidido voluntariamente y sin coacciones pertenecer al Sodalicio.

En resumen, Caretas se lavó las manos, aduciendo que había cumplido su labor periodística al consignar versiones encontradas sobre un mismo asunto. Y al Sodalicio el tiro le salió por la culata.

Como dato curioso, viene al caso comentar que Germán McKenzie dejaría de ser oficialmente miembro del Sodalicio de Vida Cristiana en septiembre de 2007. La explicación que dieron los responsables del Sodalicio a los miembros de la Familia Sodálite fue que se le había expulsado por faltas graves reiteradas. Esto ocurrió un mes antes de saliera a luz el caso de Daniel Murguía, otro sodálite consagrado, quien fue detenido por la policia mientras fotografiaba a un niño de la calle desnudo en un hostal del centro de Lima el 27 de octubre del mismo año. A consecuencia de ello, Murguía fue expulsado ipso facto del Sodalicio. Muchos creyeron que Germán había cometido faltas del mismo calibre, lo cual fue desmentido por los responsables del Sodalicio, sin especificar cuáles habían sido las supuestas faltas de quien fuera Superior Regional del Perú.

Germán McKenzie

Germán McKenzie

Germán McKenzie recibiría apoyo del Sodalicio para asentarse en los Estados Unidos y poder iniciar, al año siguiente de haber sido expulsado de la institución, estudios de religión y cultura en la Catholic University of America (Washington D.C.). En enero de 2010, Raúl Masseur, un sodálite de antigua hornada, le cedería su puesto de capellán en la Brock University de St. Catharines (Ontario, Canadá), responsabilidad que asumiría McKenzie hasta agosto de 2010. Se desempeñaría también como Director de la Oficina de Evangelización de la Diócesis de St. Catharines (Ontario, Canadá) desde enero de 2010 hasta diciembre de 2011. A partir de enero de 2012 lo encontramos como profesor adjunto en la Niagara University, en Lewiston (Nueva York, Estados Unidos). Desde junio de 2012 también es profesor visitante de la Universidad Juan Pablo II (San José, Costa Rica), cuyo rector es nada menos que el P. Emilio Garreaud, miembro de la generación fundacional del Sodalicio. Actualmente, McKenzie vive con su esposa Giuliana en Waterloo (Ontario, Canadá) y sigue manteniendo contactos con sodálites de alto rango. Su matrimonio se celebró en el año 2011 en una ceremonia litúrgica presidida por el el P. Juan Carlos Rivva, sodálite, y a la cual asistieron varios miembros del Sodalicio, muchos de ellos con cargos de responsabilidad en la institución.

Se trata de una curiosa trayectoria para alguien que fue expulsado oficialmente del Sodalicio. Ni siquiera aquellos que se han retirado de la institución por la puerta delantera, es decir, de mutuo acuerdo y cumpliendo con todas las formalidades del caso, han recibido un trato preferencial como éste.

¿Y cuáles pueden haber sido las supuestas “faltas graves” de McKenzie que habrían motivado su expulsión? Hasta el momento no han sido reveladas. Cuando entre miembros de la Familia Sodálite se comenzó a especular sobre posibles abusos sexuales, los responsables del Sodalicio simplemente lo negaron sin dar detalles concretos sobre cuáles habían sido las faltas. Lo cual no impidió que en los rumores de boca a boca la reputación de McKenzie fuera arrastrada por lo suelos. A decir verdad, si esas faltas realmente existieron, deben haber sido meras infracciones a las normas internas del Sodalicio, que cualquier persona normal nunca calificaría como “graves”. Tengamos en cuenta que el Sodalicio ha tenido como política invariable nunca dar a conocer públicamente de motu proprio delitos sexuales cometidos por sus miembros. En casos así, el encubrimiento ha sido la estrategia elegida.

También existe la posibilidad de que las supuestas “faltas graves” nunca hayan existido. En ese caso, se trataría únicamente de un pretexto para facilitar la salida rápida de un sódalite consagrado perpetuo con un alto cargo de responsabilidad, que sentía que una vida en celibato no era el camino apropiado para su desarrollo personal. Me inclino por esta hipotesis. Doy fe de la calidad humana de McKenzie, y hasta el momento de su expulsión, fue una de las pocas personas en quien había depositado mi confianza y a quien consideraba como un interlocutor inteligente y de mente abierta para tratar los temas que me preocupaban sobre el Sodalicio. Aunque llegué a tener la impresión de que también estaba sometido al código de silencio que impera en el Sodalicio, y por eso mismo dejó sin respuestas varios mensajes míos. Se comprenderá por qué la noticia de su expulsión me cayó como un cubo de agua fría y, junto con el caso de Daniel Murguía, fue uno de los detonantes del proceso de reflexión que finalmente me llevaría a la decisión de desvincularme definitivamente de una institución que parecía comportarse más bien como una mafia aunque tuviera sus tintes religiosos.

REPORTAJE DE LA REVISTA QUÉ PASA
(2 de mayo de 2003)

que-pasa

El siguiente reportaje importante sobre el Sodalicio que apareció en la prensa escrita fue publicado el 2 de mayo de 2003 en Qué Pasa, una revista chilena conservadora y liberal de centroderecha. El tono es más sereno y desapasionado que los artículos aparecidos anteriormente en medios peruanos ‒aunque recurre a ellos como fuente de información‒ y simplemente se limita a informar sobre lo que ha averiguado.

Se puede acceder al artículo a través del Internet Archive en el siguiente enlace:

2 de mayo de 2003
Gurú bajo sospecha
http://web.archive.org/web/20030515052045id_/http://www.quepasa.cl/revista/2003/05/02/t-02.05.QP.SOC.GURU.html

Debido a que informaba también sobre aquellos aspectos controvertidos del Sodalicio, el artículo no gustó a los miembros de la Familia Sodálite que lo leyeron, y las cartas a la redacción no se hicieron esperar. Estas misivas parecieran exigirle a la revista que presente una visión absolutamente positiva del Sodalicio, y niegan lo que ella dice de manera desfavorable para la institución sin presentar argumentos ni responder a cada uno de los puntos en cuestión. Dicho de otro modo, es el tipo de respuesta que alega que lo que el adversario dice es falso solamente “porque lo digo yo, que conozco mejor a los sodálites”, y que se había visto reflejada antes en muchas de las cartas que llegaron a la redacción de La República.

A continuación, reproduzco dos de esas cartas junto con las breves réplicas que les dio la redación de la revista. La primera proviene de cuatro mujeres que se identifican como integrantes del Movimiento de Vida Cristiana, y la segunda, de Alessandro Moroni, entonces Superior Regional del Sodalicio en Chile y actualmente Superior General de la institución.

Publicado en Qué Pasa el 9 de mayo de 2003

Fieles al Sodalicio

Somos un grupo de cuatro mujeres jóvenes que pertenecemos hace tres años al Movimiento de Vida Cristiana del Sodalicio. Siendo todas católicas, hemos encontrado en el movimiento el espacio y el apoyo necesario para experimentar una auténtica y comprometida vida cristiana, a la luz del Evangelio y de las enseñanzas de la Iglesia a la que hemos sido siempre fieles.

Con decepción hemos leído el reportaje aparecido en su revista el pasado viernes 2 de mayo, titulado “Gurú bajo sospecha”. El artículo no se basa tanto en hechos sino más que nada en opiniones y dichos de ciudadanos peruanos que, obviamente, están en contra del Sodalicio. Además, algunos de los hechos revelados son derechamente falsos, como las supuestas querellas instaladas en tribunales peruanos y la vinculación de nuestro fundador a Tradición, Familia y Propiedad. Para los que conocemos el movimiento, nos preocupa la actual avidez de los medios de comunicación por dar un cariz negativo de manera sensacionalista a todo tema que toque a la Iglesia. Consideramos que en aras de una información objetiva se debió haber tomado en cuenta, al menos, la opinión de algunos de los adherentes que integramos Sodalicio, que no está reflejada en el reportaje. Incluso, de la extensa entrevista que hicieron al superior de Chile Alessandro Moroni, no citan ni una palabra y lo que se menciona no tiene relación con el diálogo que hubo en la realidad.

Constanza Leontic Goñi, Sandra Schemel, María Francisca Rivas Anguita, Andrea Valdivieso Arellano

Nota de la Redacción

Quienes lideran la ofensiva legal contra Figari ratifican la existencia de 58 denuncias en diferentes tribunales de Perú. Los testimonios provienen de personas que pertenecieron al Sodalicio o tienen algún vínculo familiar con el movimiento. La voz oficial en Chile, el superior Alessandro Moroni, fue una fuente más del artículo, fue citado cinco veces en el texto y, tal como se consigna, sólo se abstuvo de hacer comentarios respecto del pasado que se le atribuye al fundador en Perú.

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Publicado en Qué Pasa el 16 de mayo de 2003

Fieles al Sodalicio

En el artículo publicado sobre nuestra institución, todo lo afirmado en contra de Sodalitium Christianae Vitae y de su fundador es falso. La afirmación sobre la existencia de 58 denuncias contra Sodalitium es absolutamente falsa. El Sodalitium no ha recibido querella ni denuncia de ningún tipo ante los tribunales del Perú ni de ningún otro país.

El cardenal Juan Landázuri, arzobispo de Lima entre 1954 y 1989; su sucesor, el cardenal Augusto Vargas, SJ; y numerosísimos obispos y sacerdotes, han conocido bien la vida y trayectoria del fundador del Sodalitium.

Del propio reportaje se infiere que tales imputaciones son producto de conjeturas obtenidas a partir de trascendidos e informaciones comprometidas con un querer totalmente ajeno a ella.

Con todo, es el caso señalar que el Sodalicio, como expresión de la Iglesia, defiende los valores de la familia. Lo ha hecho siempre. Nuestra espiritualidad habla del matrimonio como un camino de santidad. Y no es un asunto marginal, como lo expresa la adherencia de decenas de matrimonios al Sodalicio, así como los millares de matrimonios que forman parte de la Familia Sodálite. Por esta razón, nos repugna la deformación que el reportaje pretende presentar de nuestra aproximación a la familia, ya que nuestro pensamiento y convicción es justamente contrario. Con ello se nos desdibuja y deforma a través de frases comunes y una inaceptable caricatura.

Alessandro Moroni, Superior de Sodalitium Christianae Vitae Chile

Nota de la Redacción

Según informa uno de los querellantes, las denuncias, tal como se consigna en el artículo, recaen sobre Luis Fernando Figari y no sobre el movimiento. Desde la publicación del reportaje hasta el cierre de esta edición, el número de presentaciones judiciales en contra del fundador del Sodalicio en los tribunales peruanos había ascendido a 62.

Qué Pasa publicaría dos años después, el 5 de noviembre de 2005, un reportaje más benigno sobre el Sodalicio, que lleva el título de El batallón peruano del Cardenal. Este reportaje ya no está disponible en la página web de la revista, pero una copia del texto publicado se puede leer en el siguiente enlace:
http://ar.groups.yahoo.com/group/PEVA/message/2853

OTROS ESCRITOS

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Herbert Mujica

Hay otros autores que han escrito sobre el Sodalicio, como el periodista arequipeño Herbert Mujica, el filósofo y periodista mexicano Édgar González Ruiz y el articulista Roberto Valdivia, sin añadir nada relevante a lo que ya se conoce por otros medios y sin mostrar un conocimiento a fondo de la institución. Sus escritos han de ser considerados como meros artículos de opinión, con algunas disquisiciones interesantes, aunque no todo tenga el mismo valor. A mi parecer, a veces caen en generalizaciones inadecuadas y llegan a conclusiones discutibles que extienden a toda la Iglesia sólo en base a sus reflexiones sobre el Sodalicio y sobre los sectores eclesiales más conservadores. Para quien tenga interés en revisarlos, los artículos de Mujica, González Ruiz y Valdivia están disponibles en la página web de Red Voltaire (http://www.voltairenet.org/es).

Como se podrá constatar, nadie en el Sodalicio ha presentado nunca de manera pública aclaraciones convincentes sobre cada uno de los puntos cuestionables que han sido señalados en la prensa escrita. Como institución que está convencida de estar “ensayando la verdad” ‒según dice uno de sus lemas‒, cree que basta con replicar que lo que se cuenta sobre ella es falso y no corresponde a la verdad para acallar cualquier duda. Sea como sea, partiendo del postulado de que el Sodalicio es una iniciativa querida por Dios y amparándose en una aprobación pontificia que casi nadie sabe cómo obtuvieron, los responsables se niegan a dar las explicaciones del caso y mucho menos a abrir las puertas de la institución para una investigación en toda regla. Ni siquiera dentro del Sodalicio saben la mayoría de sus miembros qué secretos se esconden en la institución, pues siempre se ha controlado la información a la cual los sodálites pueden acceder, de modo sólo sepan lo que la cúpula quieren que se sepa. La visión idealizada de la historia del Sodalicio es cuasi-dogma en la institución. Esto, unido a una disciplina férrea que forma sólo para obedecer y adherirse a un pensamiento único, considerándose cualquier reflexión crítica y personal como una tentación mundana o diabólica, sólo puede generar mentalidades refractarias a la realidad en todos sus matices y a la verdad de los hechos en toda su desnudez, por más incómodos y desagradables que sean. ¿Hay un cambio a la vista? No lo creo, mientras se siga ejerciendo este control mental sobre los miembros del Sodalicio, disfrazado de medidas de formación en la espiritualidad cristiana. Mientras tanto, no queda más remedio que seguir escribiendo, a fin de contribuir a que la verdad se vaya abriendo paso.

EL SODALICIO EN LA PALABRA ESCRITA (I)

Poco se ha escrito sobre el Sodalicio de Vida Cristiana. Precisamente, uno de los motivos que me llevó a escribir al respecto a través de este blog fue la escasez de información que había sobre la institución misma. Fuera de las versiones oficiales de carácter laudatorio, que presentan un versión filtrada e idealizada de la historia, la disciplina y las estructuras de la institución, poco se sabía en realidad sobre el Sodalicio. Las investigaciones periodísticas y académicas eran escasas, tangenciales y sólo rozaban la punta del iceberg, además de no presentar datos estructurados que pudieran dar a conocer de manera profunda a esta organización fundamentalista católica. Mi intención ha sido subsanar en parte este vacío, aunque reconozco que todavía hay mucho que escarbar, pues el secretismo que ha aplicado el Sodalicio sistemáticamente como estrategia ad intra y ad extra de la institución todavía constituye un obstáculo para acceder a la información relevante.

La fecha oficial de fundación del Sodalicio de Vida Cristiana es el 8 de diciembre de 1971. Aún así, pasarían 30 años antes de que se hiciera el primer reportaje serio de investigación, que fue propalado el 20 de noviembre de 2001 en el desaparecido programa “Entre Líneas” de Canal N, que dirigía la periodista Cecilia Valenzuela, (ver CANAL N: PRIMER REPORTAJE SOBRE EL SODALICIO) y contaría con una versión escrita publicada en la página web de agenciaperu.com (ver https://web.archive.org/web/20020225233512/http://www.agenciaperu.com/sociedad/2001/nov/sodas.htm).

¿Quiere decir esto que nadie había osado antes presentar una visión crítica a través de la palabra escrita? Nada de eso. Aunque he de admitir que la información que se podía encontrar anteriormente sobre el Sodalicio y Luis Fernando Figari en medios periodísticos y académicos ajenos a la institución era escasa, y muchas veces consistían en datos sueltos no estructurados, acompañados a veces de impresiones subjetivas y valoraciones generales, sin que hubiera de base un conocimiento a fondo del fenóneno ni de su pretendido fundador.

el_diario_marka_28_mayo_1985Recuerdo que en la década de los ’80, el Diario Marka, un periódico de fugaz existencia gestionado por sectores de la izquierda peruana y ocasionalmente defensor de la teología de la liberación, publicó alguna que otra vez información crítica sobre el Sodalicio, no siempre con datos correctos. En los ambientes sodálites, cada vez que ocurría esto, se hablaba de un nuevo “ataque” del Diario Marka. Y ya desde entonces se creó la costumbre de considerar cualquier publicación de noticias no favorables al Sodalicio como ataques enemigos, frente a los cuales había que cerrar filas, guardar silencio, y de paso silenciar a quienes habían soltado la información, sin caer en la trampa de dar una respuesta abierta a los supuestos ataques. Pues en el Sodalicio, desde que yo tengo memoria, siempre se ha sostenido que aquellos que son ajenos a la institución no tienen la capacidad de comprenderla y, por lo tanto, ofrecer explicaciones es algo que carece de sentido. Supuestamente, sólo quien pertenece al Sodalicio y tiene una posición favorable hacia él puede comprenderlo plenamente. De este modo, se convierte al Sodalicio en algo así como un asunto de fe. O crees en él y lo entiendes, o no crees en él y no entiendes nada. A decir verdad ‒lo digo por experiencia propia‒ hay muchas cosas que se entienden cuando uno ha sido miembro de la institución, y otras cosas llegan a entenderse mejor cuando uno ha roto la tutela mental bajo la cual se hallaba y ha tomado una sana distancia al respecto. Y estas cosas pueden ser explicadas a los legos en la materia. No se trata de misterios del otro mundo.

Lamentablemente, las noticias sobre el Sodalicio que publicara el Diario Marka no son actualmente de fácil acceso, y encontrarlas requeriría de una ardua labor de investigación en la Biblioteca Nacional del Perú, en las bibliotecas de algunas universidades o recurrir a alguien que disponga de un archivo con ejemplares de la publicación.

Parece que la primera información critica sobre Figari y el Sodalitium en la prensa escrita apareció en noviembre de 1975 en Marka, cuando todavía era una revista semanal que luchaba por ofrecer un espacio de información alternativa en el Perú, en circunstancias en que el gobierno militar del General Juan Velasco Alvarado había expropiado en 1970 los diarios Expreso y Extra, en 1974 otros diarios peruanos (El Comercio, La Prensa, Ojo, Correo, Última Hora, Afición), y mantenía el control absoluto sobre las noticias que se publicaban a través de estos medios, a tal punto que eran prácticamente intercambiables, pues las noticias principales eran exactamente las mismas, idénticas incluso en su redacción. Era frecuente que los medios no controlados por el Estado fueran clausurados y sus responsables deportados al extranjero, si publicaban alguna noticia que no fuera del agrado del gobierno de la Revolución Peruana. Fue también por esa época que el Sodalicio publicaba de manera independiente una revista de escasa circulación, Presencia, con contenidos socio-políticos católicos de orientación conservadora y tradicionalista, la cual era vendida libremente en las calles sin recurrir a los canales usuales de distribución, que eran controlados por el Estado.

La noticia de Marka sobre el Sodalicio aparece citada y traducida al inglés en un artículo publicado en 1992 por la socióloga estadounidense Milagros Peña, actualmente profesora de la Universidad de Florida (EE.UU.), que lleva el título de The Sodalitium Vitae Movement in Peru: A Rewriting of Liberation Theology, publicado originalmente en Oxford Journals – Sociology of Religion, Volume 53, Issue 2, pp. 159-173. El artículo fue incluido posteriormente en el libro compilatorio Religion and Democracy in Latin America, editado por William H. Swatos Jr. (Transaction Publishers, 1995). El texto de Peña constituye uno de los pocos estudios en que se aborda el tema del Sodalicio, análizándolo como una alternativa de grupos conservadores a la teología de la liberación. Cito el texto en que hace una definición descriptiva del Sodalicio, al cual considera erróneamente como un movimiento.

«THE SODALITIUM VITAE MOVEMENT

In 1973 a group calling itself “God and Country” began appearing at the Catholic University of Lima. By 1974, the group included: Confederación Nacionalista de Juventudes (Confederacy of Nationalist Youths) and its religious sector — Sodalitium Vitae (Marka, 13 November 1975). Its founder, Luis Fernando Figari, was a secondary school teacher at the San Isidro and Santa Maria schools in Lima. His first recruits came from those schools. He later broadened his constituency when he became a student and teacher at the Santo Toribio Seminary in Lima. Figari’s ties at the seminary led to support from influential bishops. They were: Bishops Fernando Vargas Ruiz de Somocurcio of Arequipa, Oscar Alzamora Revoredo of Tacna, Augusto Vargas Alzamora (General Secretary of the Peruvian Episcopate), and Ricardo Durand Flores, the Bishop of Callao, Lima. The seminary also legitimated him at the Catholic University of Lima, which provided access to new recruits. In 1974, three years after Father Gustavo Gutiérrez and others began publishing their work on liberation theology, Figari began publishing his ideas on reconciliation.

Opposed to the liberalization of the Church, Figari organized Sodalitium Vitae and began his attack against liberationists. No one was surprised to find that he was responsible for organizing Sodalitium Vitae. His ties to conservative organizations were well known.

Around 1967 to 1968, a falangist group called “Escalones Juveniles Nacionalistas” of the San Isidro School was founded. Among ist founders was Luis Fernando Figari who remains an active member. Figari, a student of law at the Catholic University — together with Don Pedro Benvenutto y Murrieta (today Rector of the Pacific University) — and the young Jesuit Jorge Cáceres jointly published the journal Tradición y Acción — a Peruvian branch of the Society in Defense of Tradición, Family and Property (Marka, 13 November 1975).

In Latin America, these organizations combined a defense of traditional piety with a critique of social activism. Their goals emphasized traditional values, asceticism, and traditional Catholic teachings. Sodalitium Vitae extended these goals by elaborating an ideology of reconciliation.»

Milagros Peña

Milagros Peña

Si bien Milagros Peña afirma haber obtenido los datos sobre el Sodalicio mediante un trabajo de campo en el Perú realizado entre septiembre de 1987 y mayo de 1988, su información parece provenir de unas pocas fuentes bibliográficas, pero no de personas que hubieran conocido de cerca al Sodalicio, comenzando por el hecho de que si hubiera habido un levantamiento de datos de acuerdo a una metodología científica, de lo primero que se habría dado cuenta es de que el nombre correcto de la institución que estudia es Sodalitium Christianae Vitae, y no Sodalitium Vitae, como lo menciona la revista Marka. Además, en el texto que he citado hay errores palpables. Por ejemplo, habla del Seminario de Santo Toribio, sin mencionar a la Facultad de Teología Pontificia y Civil de Lima, que es una institución jurídica y administrativamente distinta, y que es donde Figari realizó efectivamente sus estudios de teología, no en el Seminario. La confusión puede deberse a que en esa época la Facultad de Teología funcionaba en una de las alas laterales del antiguo edificio que servía de local al Seminario en el cruce de la Av. La Marina y la Av. Sucre en el distrito de Pueblo Libre. De este modo, los seminaristas o candidatos al sacerdocio no tenían que salir del edificio para asistir a clases. Pero no sólo ellos estudiaban allí, sino también laicos y religiosos que aspiraban a obtener un título en teología, o también estudiantes que aspiraban a una carrera en el área de Letras y utilizaban la Facultad como una especie de trampolín para ingresar a otras universidades, una vez terminados los estudios generales. Asimismo, no me consta que Figari haya llegado a ser profesor en la Facultad de Teología, mucho menos en el Seminario.

Las vinculaciones que señala Peña con los obispos mencionados no se dieron a través del Seminario, sino por otras vías. El contacto para conocer a Mons. Fernando Vargas Ruiz de Somocurcio, jesuita, que fue obispo de Huaraz de 1972 a 1978 y arzobispo de Piura y Tumbes de 1978 a 1980, puede haber sido otro jesuita, el P. Armando Nieto, un sacerdote de talante bondadoso, ingenio agudo, memoria prodigiosa y formación tradicional, que enseñaba Historia de la Iglesia en la Facultad de Teología. La vinculación con Mons. Augusto Vargas Alzamora, otro jesuita, parece haberse dado posteriormente, cuando éste fue elegido Secretario de la Conferencia Episcopal Peruana en 1982. A Óscar Alzamora lo conocía Figari por sus vínculos con los marianistas desde antes de la fundación del Sodalicio, además de que Alzamora recién accede a la sede episcopal de Tacna en 1982. Asimismo, no se ve cómo el Seminario pueda haber legitimado a alguien para que entre a la Universidad Católica, siendo que se trata de dos instituciones independientes entre sí.

Tampoco es cierto que Figari haya planteado una teología de la reconciliación en el año 1974. La idea comenzó a germinar recién en el año 1983. A fines de ese año, en el mensaje a la comunidad sodálite conocido como Memoria del Superior del Sodalitium Christianae Vitae, que en esa ocasión llevaba el título de Firmeza y reconciliación, Figari propone la tarea de hacer una teología de la reconciliación:

«Ante tanto conflicto, ante tanta tensión, incluso ante los auspiciadores enceguecidos de las luchas y conflictos, ante los mercaderes del odio y enfrentamiento entre los hombres -llámeseles con el eufemismo que se quiera, búsqueseles el imposible ocultamiento en hueca fraseología logofóbica- urge hoy reflexionar teológicamente sobre la reconciliación. Hay que hacer teología de la reconciliación.»

Este escrito recién circuló internamente en el Sodalicio en el transcurso del año 1984. Con la aparición de la Exhortación Apostólica Reconciliatio et paenitentia de Juan Pablo II, publicada el 2 diciembre de 1984, Figari creyó ver confirmada su propuesta y este documento pontificio fue tomado como base para futuras reflexiones y para el desarrollo de los “Congresos Internacionales sobre la Reconciliación en el pensamiento de Juan Pablo”, organizados por el Sodalicio y efectuados en Arequipa (1985), El Callao (1986) y Tacna (1987). El folleto ¿Por qué una teología de la reconciliación? de Figari, publicado en el año 1985, no es otra cosa que la conferencia que dictó en el Congreso sobre la Reconciliación de Arequipa. Antes de eso no encontramos ni rastro de una teología de la reconciliación. Sólo había una crítica beligerante hacia la teología de la liberación, sin una propuesta alternativa original, contraponiéndosele la enseñanza social de la Iglesia, como suelen hacer los grupos tradicionalistas y conservadores. Después de eso tampoco se ha desarrollado una síntesis amplia y profunda que se plasmara en un corpus theologicum ‒como sí lo han hecho los teólogos de la liberación‒, limitandose los propugnadores de una teología de la reconciliación a repetir y apenas desarrollar las ideas planteadas por Figari y el Papa Juan Pablo II. No podía ser de otra manera, pues las ideas de Figari conforman un cuerpo ideológico más que teológico, y las estructuras verticales y autoritarias del Sodalicio no favorecen precisamente la libertad de pensamiento necesaria para aventurarse en el campo de la reflexión teológica genuina.

En lo demás, el artículo de Peña hace análisis de grupos y tendencias en base a principios sociológicos, sin evidenciar un conocimiento profundo de las realidades históricas que lo sustentan, por lo cual su estudio, de dudoso valor científico, ostenta antes que nada un innegable valor de opinión personal y de uso de las herramientas sociológicas, aunque la deficiente recolección de datos termina viciando todo el análisis. Aún así, la cita que traduce del semanario Marka es de sumo interés, pues nos permite conocer un testimonio cercano a esa etapa oscura de la vida de Figari sobre la cual se conoce poco y que el Sodalicio ha cubierto con un velo de silencio.

Sergio Tapia actuando de Hitler (1967)

Sergio Tapia actuando de Adolfo Hitler (1967)

Los datos que aparecen en el semanario Marka dejan varias cuestiones abiertas, que requieren ser investigadas. Hasta el momento, algunos de esos datos han sido repetidos en escritos posteriores como los de la Dra. Lamprea del Estanque y Hookerson (ver http://psirrosis.tripod.com/tudela.htm), de Héctor Guillén (ver http://investigacionsectas.galeon.com/productos1241570.html), de Edgar González Ruiz (ver http://www.voltairenet.org/article123448.html) y de Alfredo Silletta (ver http://www.voltairenet.org/article125794.html), sin mencionar fuentes adicionales que puedan corroborar la veracidad de esta información, aunque Guillén menciona el año 1966 ‒y no el año 1967‒ como aquel en que Figari fue supuestamente uno de los líderes de los Escalones Juveniles Nacionalistas, junto con un tal José Luis Fernandini. Si es verdad que Figari estuvo vinculado a este grupo, fundado en el Colegio Maristas San Isidro, ¿habría conocido allí al abogado Sergio Tapia, que hizo sus estudios escolares en esa institución educativa y en el año 1967, durante una actuación escolar, pronunció un discurso disfrazado de Adolfo Hitler; que además mantiene vinculaciones con un grupo de la extrema derecha católica, como es la Fraternidad de Agrupaciones Santo Tomás de Aquino (FASTA); y que definitivamente formó parte del círculo de amigos que decidieron fundar el Sodalitium Christianae Vitae en 1971, como escuché con frecuencia de labios del mismo Luis Fernando Figari? Además, ¿son ciertas las supuestas simpatías de Tapia hacia grupos neonazis, como ha informado el diario La República (ver http://www.larepublica.pe/25-01-2011/un-abogado-vinculado-grupos-neonazis-quiere-ser-congresista-0  y http://www.larepublica.pe/04-09-2011/asedio-e-intolerancia)?

Francisco Tudela

Francisco Tudela

Otro personaje que terminó sus estudios escolares en el Colegio Maristas San Isidro fue Francisco Tudela, quien fuera Ministro de Relaciones Exteriores durante el segundo gobierno de Alberto Fujimori y Primer Vice Presidente de la plancha presidencial del dictador cuando éste fue fraudulentamente elegido por tercera vez. El pensamiento político de Tudela siempre se ha movido dentro del campo de un tradicionalismo religioso católico de derechas, con marcadas simpatías hacia dictadores como Francisco Franco y Augusto Pinochet. Hay quienes afirman que en su juventud estuvo vinculado a Tradición, Familia y Propiedad (ver http://psirrosis.tripod.com/tudela.htm), al igual que Figari. De hecho, me consta de la amistad que Figari mantuvo con Tudela, pues en el Sodalicio de los ’70 hablaba con admiración de él y tanto él como Germán Doig lo mencionaban cariñosamente como “Pancho” Tudela. Recuerdo que una vez, a poco de haber conocido yo el Sodalicio en la década de los ’70, se me invitó junto con Miguel Salazar a una conversación con Tudela, a la cual lamentablemente no pude ir.

Por otra parte, ¿qué relación guardaba Figari con el grupo “Dios y Patria” que apareció en la Pontificia Universidad Católica del Perú ‒donde hizo estudios de Derecho al igual que Tudela‒ y con la Confederación Nacionalista de Juventudes? ¿Es cierto que junto con Don Pedro Benvenutto y Murrieta, quien fue posteriormente Rector de la Universidad del Pacífico, y el jesuita Jorge Cáceres publicaron la revista Tradición y Acción, un medio escrito del grupo reaccionario católico Tradición, Familia y Propiedad, al cual Figari estuvo definitivamente vinculado, como confirman varias fuentes? Lo cierto es que las menciones que se conocen referentes al pasado de Figari suelen vincularlo al espectro ideológico del catolicismo nacionalista de extrema derecha, de orientacion conservadora y tradicionalista, que mira con simpatía los postulados de ciertas posiciones fascistas.

Franz Pfeiffer Richter

Franz Pfeiffer Richter

Uno de las menciones más curiosas aparece en el libro Los neo-nazis en Sudamérica (1978) de Franz Pfeiffer Richter (1937-1997), de nacionalidad chilena, quien en 1962 fundó el Partido Nacional Socialista Obrero de Chile (PNSOCH), dentro del marco de la World Union of National Socialists (WUNS), convirtiéndose en el jefe de la seccion Chile. Pfeiffer parece ignorar que en el año 1978 ya existía una asociación católica llamada Sodalitium Christianae Vitae; sin embargo, sí menciona dos veces a un tal Luis Figari de manera incidental en su libro, a quien se identifica como “el dirigente peruano” vinculado al Frente Nacional Socialista en el Perú. He aquí los textos:

«Por razones de tensión internacional, entre ecuatorianos y peruanos no ha habido mayor contacto, sobre todo que el “Frente Nacional Socialista” del Perú no ha podido deshacerse de los “Nacionalistas patrioteros”. También es problema el aspecto racial, dada la casi nula homogeneidad de los habitantes del Perú. Sin embargó, a nivel de jefes, el Dr. Cornejo y Luis Figari, el dirigente peruano, han actuado muchas veces en conjunto. Incluso se ha trazado un mapa, en el cual se distribuyen los territorios que deberían ocupar en el futuro los blancos, los negros y los indígenas.»

«En mayo de 1976, el Dr. James K. Warner, editor de “Christian Vanguard”, en Estados Unidos, invitó a Pfeiffer a asistir a un Congreso de Nacionalistas en Nueva Orleans, junto a Manfred Roeder, abogado alemán que se ha destacado últimamente por sus actuaciones neo-nazis en Alemania y a quien se atribuye el planeamiento de la fuga del coronel Kappler desde su prisión italiana. El problema era la dificultad en obtener la visa para ingresar a los Estados Unidos, ya que el consulado de ese país en Santiago con seguridad pondría trabas. Por ello se planificó que Pfeiffer viajara primero a Lima, Perú, de allí a Buenos Aires, donde solicitaría la visa y nuevamente a Santiago para dirigirse vía Costa Rica a Miami. El viaje a Lima fue proyectado como una operación de desvío de atención. En junio del mismo año, Pfeiffer obtuvo los pasajes y un nazi norteamericano inconspicuo firmó los documentos legales para su estadía. El Dr. Warner obtuvo el financiamiento de todo, de los fondos del Ku Klux Klan y su dirigente, el Dr. Duke, un elegante economista de New Orleans. Habiéndose puesto Pfeiffer en contacto con Nicanor Dorrego, con motivo de su paso por Buenos Aires, decidió adelantar el viaje, para tener ocasión de discutir gran cantidad de detalles sobre las actividades comunes.

En el último momento, Pfeiffer decidió efectuar su primer viaje directamente de Santiago a Buenos Aires, al imponerse que el dirigente peruano Figari estaba siendo vigilado estrechamente por agentes comunistas. Así, cambió su pasaje y el 30 de agosto de 1976 se dirigió por Braniff a la Argentina, país al cual no se necesita previamente visa.»

Todas estas referencias son sólo algunas piezas de un rompecabezas incompleto, donde faltan piezas adicionales para completar el cuadro. Aunque varios de los datos son vagos e imprecisos, todo parece indicar que Figari tiene un historial ideológico problemático que hasta el momento ha sido silenciado en los relatos biográficos que el Sodalicio ha dado a conocer públicamente. He aquí una veta que requiere de una investigación a fondo.

José Luis Pérez Guadalupe

José Luis Pérez Guadalupe

La siguiente vez que el Sodalicio aparecería mencionado en la palabra escrita, en esta ocasión en un estudio académico, fue en la tesis que escribió José Luis Pérez Guadalupe, actual director del Instituto Nacional Penitenciario (INPE), para optar al grado de licenciado en teología, con el tema de “Las sectas en el Perú”. La preocupación principal que guiaba su investigación era por qué había ido aumentado el número de fieles cristianos en el Perú que abandonaban la Iglesia católica para unirse a sectas religiosas. Un resumen de la tesis fue pubicado posteriormente por el Centro de Investigaciones Teológicas de la Conferencia Episcopal Peruana en el año 1991, con el título de Las sectas en el Perú: Los “nuevos movimientos religiosos”. En una parte de este escrito Pérez Guadalupe hablaba de características sectarias que se presentaban también en grupos que formaban parte de la Iglesia católica, y mencionaba a tres grupos, dedicándoles varios párrafos en su análisis: el Opus Dei, el Camino Neocatecumenal y el Sodalitium Christianae Vitae. Ni que decir, Pérez Guadalupe, a quien tengo el gusto de conocer personalmente y quien me convocó en el año 2000 para participar como docente en un Curso de Teología a Distancia en la Diócesis de Chosica, pasó a engrosar la lista de “enemigos” del Sodalicio. A través de influencias eclesiales, en particular gracias a la injerencia de los sacerdotes sodálites José Antonio Eguren y Jaime Baertl, el Sodalicio intentó que la Conferencia Episcopal Peruana dejara de vender y distribuir el libro. Parece que no lo lograron, pues al año siguiente salió una segunda edición, al mismo tiempo que se publicaba el siguiente libro de Pérez Guadalupe, basado también en textos de su tesis de licenciatura: ¿Por qué se van los católicos?: El problema de la «migración religiosa» de los católicos a las «sectas».

Posteriormente, no habría menciones de importancia ni en la prensa escrita ni en los medios académicos a lo largo de toda la década de los ’90, salvo el estudio de Milagros Peña, que ‒como ya he señalado‒ adolece de una deficiente recogida de datos y de generalizaciones interpretativas que no reflejan lo que ocurrió en realidad. Además, dado que el texto se publicó originalmente en los Estados Unidos en una revista especializada, pasó completamente desapercibido.

Terminada la década nefasta, dominada por el autoritarismo y la arbitrariedad del gobierno de Alberto Fujimori,  José Enrique Escardó publicaría entre octubre y noviembre de 2000 una serie de artículos a través de su columna “El quinto pie del gato” en la revista Gente, que no son precisamente una investigación periodística del Sodalicio, sino más bien un testimonio personal de su paso por la institución, mezclado con soflamas incendiarias contra la Iglesia católica y proclamas nietzscheanas a favor de su misión de Anticristo, en un estilo literario cercano al panfleto. Y aunque los hechos objetivos que menciona son reales y verificables, las formas que empleó sirvieron de motivo a los responsables del Sodalicio para desacreditarlo como una persona que estaba fuera de sus cabales y falseaba la realidad. Es una pena, porque Escardó cuenta con una mente perspicaz y aguda, y suele hacer un buen uso de la lógica, como se puede constatar en varios artículos que ha dejado en su blog (ver http://elquintopie.blogspot.com/). Vale la pena citar aquel párrafo donde señala por qué dejó de escribir, en un artículo que comienza así: «Desde el fondo de mi corazón ensangrentado elevo esta oración a mí, mi dios».

«¿Recuerdas, Señor, cómo quise dejar en claro hace un mes, en mi primera columna sobre este tema, que todo esto era mi opinión y no la de la revista GENTE? Cometí un grave error. Puse en juego a GENTE. Puse en juego la obra de toda una vida de mi padre y el puesto de trabajo de un grupo de personas que no tienen por qué sufrir las consecuencias de mi deseo de derretir las estatuas de cera del jet set de las religiones. Cometí el terrible error de ejercer mi libertad de expresión en mi propio medio, creyendo –ingenuamente– que la secta católica, si se atrevía a hacer algo, atentaría sólo contra mí. Pero no, los rojizos fantasmas malolientes de ese mausoleo que he descubierto al mundo, sin prestarme una mínima atención siquiera, me han atacado por la espalda. Esos maestros de la mafia eclesiástica me han recordado ese pasado en el que obligaban a firmar declaraciones públicas de práctica de brujería a sus enemigos para perdonarles la vida y, escondiendo la cara, han tentado a algunos aliados para desbaratar la revista GENTE. En la semana que pasó, de boca de tres fuentes diferentes (las que prefiero dejar en reserva por su propia seguridad), me he enterado de sospechosas visitas de curas que decían ser enviados por mí a empresas que trabajan con nosotros, o de curas “de alta jerarquía” que habrían solicitado a algunos clientes que dejen de darnos publicidad.» [EL NACIMIENTO DE JEES (o YO de nuevo crucificado)]

Lo que Escardó describe es uno de los procedimientos que suele aplicar el Sodalicio cuando algún medio publica contenidos críticos hacia la institución: enviar a emisarios influyentes ‒entre los cuales destaca el P. Jaime Baertl, un antiguo miembro de la generación fundacional, conocido por su falta de escrúpulos cuando se trata de alcanzar un objetivo a favor de los intereses  del Sodalicio‒ para comunicarse con los responsables de haber hecho pública la información y aplicar estrategias de presión económica o de chantaje psicológico a fin de evitar que se siga aireando información crítica sobre el Sodalicio. Aparentemente es el mismo método que utilizaron con los directivos de Canal N para evitar que Cecilia Valenzuela siguiera con sus investigaciones, de modo que el reportaje que la periodista tenía en mente terminó limitándose a una única emisión en su programa, aun cuando supuestamente tenía la intención de continuar con las investigaciones.

En la siguiente entrega abordaré otros reportajes periodísticos importantes que fueron publicados con posterioridad al reportaje de Canal N y que, en su mayoría, ya no están disponibles en las páginas web de los medios que los publicaron.

Continúa en EL SODALICIO EN LA PALABRA ESCRITA (II)

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Para saber un poco más de la historia del Diario Marka, se puede consultar los siguientes enlaces:
http://periodismodigital.blogia.com/2008/091601-el-diario-marka-prensa-alternativa-recuerdos-de-papel-6-.php
http://grupoqilqa.blogspot.de/2011/06/prensa-apatrida.html
http://issuu.com/chasqui/docs/diario-de-marka

Una breve biografía de Franz Pfeiffer Richter se puede leer aquí:
http://wikicharlie.cl/w/Franz_Pfeiffer

El libro Los neo-nazis en Sudamérica de Franz Pfeiffer Richter está disponible a través de cualquiera de los siguientes enlaces:
https://docs.google.com/file/d/0Bx8WKOlLdExTVzFlbEQwSnNROFNlMHpBTmFjSXhzQQ/edit?pli=1
http://issuu.com/fasci_nacion/docs/los_neo_nazis_en_sudamerica

Los artículos de José Enrique Escardó en su columna “El quinto pie del gato” en la revista Gente (N° 1348-1353), publicados entre octubre y noviembre de 2000, se pueden leer aquí:
https://www.scribd.com/doc/286079728/Los-abusos-de-los-curas