EL ARTE SUBVERSIVO DE “NEKROMANTIK”

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Jörg Buttgereit (1963- ) durante el rodaje de “Nekromantik”

Se cumplen 30 años desde que el cineasta y dramaturgo berlinés Jörg Buttgereit diera a conocer en 1987 su película independiente underground Nekromantik, considerada por los críticos especializados como una obra de arte subversiva y transgresora. No es para menos. Pues Buttgereit filmó con cámara Super 8 y con efectos artesanales la historia de una pareja marginal y desarraigada que termina practicando el sexo con un cadáver en descomposición.

En una entrevista de 2014, el cineasta explica los motivos que le llevaron a rodar este film: «durante los 80 cuando se hizo la película había un movimiento muy fuerte de censura en Alemania. Nekromantik fue algo así como una especie de protesta contra ese movimiento. […] …realmente quería hacer una película de terror en Alemania, donde no es fácil hacer películas de este tipo y tienen muy mala reputación. Aunque no tenemos una tradición de cine terror, siempre he sido muy fan del género, por lo que quería hacer una película de terror por mi cuenta, sin pedir permiso a las autoridades, sin pasar por la censura. […] …es una mezcla entre cine underground y cine de terror, pero si prestas atención te darás cuenta de que no hay tensión ni elementos grotescos, ni música de terror. En mi opinión no es realmente una película de terror».

Curiosamente, en un país donde hasta entonces se había prohibido la exhibición de 32 cintas de terror y otras habían sufrido cortes de escenas extremadamente violentas por parte de la censura, Nekromantik nunca fue censurada como sí lo fue en Islandia, Finlandia, Noruega, Malasia, Singapur, Australia y Nueva Zelanda, donde sigue estando prohibida en la actualidad, a pesar de que en países como el Reino Unido se levantó su prohibición en el año 2014.

Censura injustificada, pues el film no se presenta nunca como un vehículo de glorificación de conductas anormales. Más bien puede interpretarse como una crítica social y una reflexión sobre el abismo en que cae un personaje marginal de la clase trabajadora, que labora recogiendo cadáveres para una empresa con alusiones fascistas en su nombre y en su logo. Su novia comparte su afición por coleccionar órganos humanos, y cuando él cae en el desempleo, huye llevándose consigo el cadáver.

La imaginería del film hace recordar la vertiente onírica del surrealismo de Luis Buñuel y Salvador Dalí, que en 1929 iniciaron su película Un perro andaluz con un primer plano de una navaja cortando un ojo humano. El film de Buttgereit tiene escenas oníricas que no se diferencian sustancialmente de las escenas de la vida real de los personajes, donde todo parece una pesadilla surrealista, acompañada por la hipnótica música de piano que acompaña las imágenes.

La brutal escena final del suicidio del protagonista, donde se conjugan eros y tánatos en un orgasmo gore sangriento, es sólo la culminación de una crisis existencial producto del aislamiento social y de la disfuncionalidad sexual masoquista del personaje, inserto en una sociedad necrófila que admite la exhibición de asesinatos sangrientos por puro placer en sus pantallas —magistral la escena en que Robert asiste a una función de cine de una película slasher— y que ha instaurado una relación meramente burocrática con la muerte, despojándola de significado y misterio, considerando a los muertos como mero material de deshecho.

Nekromantik, no apta para todos los estómagos ni para todos los gustos, es una obra sujeta a múltiples interpretaciones, pero como expresión artística no es susceptible de ser prohibida según las leyes alemanas.

Paradójicamente, en Alemania ha sido prohibido en 2015 un cuadro de la pintora Julia Wegat de su ciclo de “Rapunzel”, que muestra a una joven con el brazo vendado y mirada indefensa. La última vez que se había prohibido un cuadro fue en 1938, durante la dictadura nazi. El juez admitió la denuncia de los padres de la niña que sirvió de modelo, aduciendo que la obra vulnera la dignidad de la entonces menor, pues en un medio de prensa se interpreto ése y otros cuadros dentro del contexto del abuso infantil. La pintora ha apelado al Tribunal Constitucional de Alemania, aduciendo que eso es pura interpretación y que sin libertad artística no puede haber democracia. Le damos toda la razón.

(Columna publicada en Altavoz el 7 de agosto de 2017)
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Pablo Cardozo Di Lorenzo, del Uruguay, escribió en su blog Terrorífilo una reseña de la película bajo el título de Nekromantik (1987): Necrofilia como comentario social”, de la cual reproduzco por su interés los siguientes párrafos:

«Si bien el filme posee varias escenas que shockearán y ofenderán a la mayoría de la audiencia, Nekromantik funciona de manera tal que es imposible negar el trasfondo social de la misma. El personaje principal, que rápidamente asume el rol de anti-héroe, es claramente un alma torturada. El abuso, la humillación y degradación que sufre diariamente hacen que se refugie en su propio mundo, en donde sus perturbadoras y enfermizos delirios lo hacen sentir vivo y poderoso, y a través de ellos puede llegar a tener el control de sus deseos y un sentimiento de liberación total. ¿Puede la sociedad contemporánea llevarnos a un grado extremo de locura en donde nuestro único refugio, ese refugio seguro, sea sólo nuestra imaginación y actos perversos?

El carisma que Rob proyecta en pantalla (independiente de sus actos) y la naturalidad con que Daktari Lorenz le da vida a su personaje son innegables. Éste es uno de los grandes atractivos de la cinta: todos pueden llegar a sentir la opresión y la alienación que sufre.

Técnicamente el director maneja imágenes que seguramente hieran la sensibilidad de la mayoría, pero no son enteramente repulsivas. Es más, la escena mas reprensible del filme es el despellejamiento real de un conejo. […]

Buttgereit utiliza toda clase de trucos fílmicos en la película: zooms, close ups, cámara en mano, encuadres particulares de anulación y movimiento, todo funciona para enfatizar la narrativa bastante lineal de la historia.

La escena más famosa de la cinta es, precisamente, el momento en el que los amantes incluyen al cadáver en su intimidad. Sublime concepción del director del filmarla de manera cuasi surrealista, presentándonos una acción de lúdica inocencia, logrando esto fundamentalmente por incluir tomas borrosas, poco nítidas, y utilizar el magistral instrumental compuesto por John Boy Walton, Hermann Kopp y Daktari Lorenz. Sin lugar a dudas, uno de los mejores instrumentales incluidos en un filme de horror. Superlativo. […]

Nekromantik es una experiencia fílmica distinta, única, casi indescriptible, muy difícil de olvidar, pero si el espectador logra vivirla tal como está presentada (visual y narrativamente), y vincula los hechos con la condición afectiva y sexual de los complejos seres humanos, seguramente tendrá una recompensa inolvidable.»

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ENTREVISTA: EL CASO SODALICIO

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Recientemente Luis Enrique Baca, estudiante de Derecho en la Universidad de Lima y subdirector de coyuntura nacional en el medio digital Punto y Coma, ha publicado un artículo sobre la situación actual del caso Sodalicio (ver “Análisis: La impunidad del Sodalicio. Víctimas sin justicia”, 26 de julio de 2017), donde cita algunas declaraciones mías que yo le envié el 16 de junio como parte de las respuestas a un cuestionario que me hizo llegar el 8 de junio.

Considerando que la situación sobre el Sodalicio no ha cambiado en nada hasta el momento —y dado que mis reflexiones podrían ser de interés para más de uno—, publico ahora la entrevista completa.

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¿En qué situación está el caso Sodalicio?

La situación del caso Sodalicio es la que ya conocemos a través de los medios de prensa. Una sentencia suave y condescendiente de parte de la justicia eclesiástica, y un stand-by por el momento de parte de la justicia peruana.

¿Por qué cree que la Iglesia encubre a los pederastas?

El tema es muy complejo. Por una parte, la Iglesia se siente representada por aquellos que ostentan un cargo eclesiástico, ya sea que hayan recibido la ordenación sacerdotal o hayan hecho compromisos en una institución de vida consagrada. Todavía se sigue considerando los delitos de pederastia más que nada como faltas graves en las que caen las personas mencionadas y, por lo tanto, como piedras en el camino que no les impedirán restituirse y volver a su situación anterior, donde supuestamente seguirán sirviendo a la institución eclesial después de la prueba por la que el demonio los ha hecho pasar. Hasta ahora, no obstante algunos tímidos progresos, la Iglesia no ha asumido la perspectiva de las víctimas, a las cuales se ha presionado para que guarden silencio (y eviten el escándalo), a fin de evitar dañar la debida reputación que debe acompañar a esos elegidos de Dios. Y el buen nombre de la institución sigue poniéndose como prioridad, aunque se tenga que crucificar a las víctimas.

¿Cree que son efectivos los tribunales eclesiásticos? ¿Por qué?

Los tribunales eclesiásticos sólo han sido efectivos cuando se trata de censurar a teólogos disidentes o de suspender a clérigos díscolos, que se salen de la línea doctrinal y moral impuesta por el obispo de turno. Pero en lo que se refiere a delitos graves contra los derechos humanos de las personas, lo más normal es que los jueces se tomen todo el tiempo del mundo, se concluya que no hay pruebas tras una investigación que consiste básicamente en no hacer nada, o los delitos prescriban. He escrito sobre este tema en una columna publicada en Altavoz, que lleva el título de JUSTICIA ECLESIÁSTICA: LA IMPUNIDAD PROGRAMADA.

¿Por qué no se le juzga a Figari en fueros civiles? ¿Crees que lo verás preso algún día?

El proceso contra Figari está todavía en “veremos”. El Ministerio Público tiene que determinar todavía si procede una denuncia penal que dé lugar a un proceso judicial. Todo esto puede demorar años. No creo que nunca veamos a Figari tras las rejas, pues aún cuando hubiera una sentencia, la cosa derivaría en un asunto diplomático complicado, pues la Santa Sede, con su vergonzoso pronunciamiento sobre el caso, lo ha blindado de por vida.

¿Qué tanto te marcó el Sodalicio?

El Sodalicio me marcó, como ha marcado a tantos. Más aún, es prácticamente imposible pasar por el Sodalicio sin que eso deje huella en la psique personal de uno. Hasta ahora sigo lidiando con las consecuencias.

¿Los abusos del Sodalicio han cambiado tu percepción sobre la Iglesia católica en general?

Mi percepción sobre la Iglesia católica no ha cambiado básicamente debido a los abusos del Sodalicio. Ya antes de ocuparme del tema a fondo, yo me había informado sobre los abusos cometidos dentro de los Legionarios de Cristo (antes incluso de que la Santa Sede se pronunciara sobre el P. Marcial Maciel), y también de otros abusos psicológicos que son moneda corriente dentro del Opus Dei. Más bien, al contrastar esos datos con lo que yo había vivido dentro del Sodalicio, fue que poco a poco pude darme cuenta de que yo mismo había sido víctima de abusos psicológicos y físicos. Aún así, sigo siendo católico por convicción y motivos personales, que he explicitado en la columna POR QUÉ SIGO SIENDO CATÓLICO publicada en mi blog. Ciertamente, mi percepción de la Iglesia ha evolucionado, a la cual considero principalmente como un pueblo formado por fieles creyentes seguidores del Jesús de los Evangelios. Y lamentablemente, en la jerarquía eclesiástica abundan quienes no pueden ser considerados como tales, pues con sus actos traicionan las palabras de Jesús y crucifican a las víctimas de abusos. Ante esto, sólo se puede seguir siendo católico si uno asume como programa las palabras que Juana de Arco les dirigió a los jueces eclesiásticos que la condenaron a la hoguera: «Los hombres de Iglesia no son la Iglesia».

¿Te duele el papel que ha jugado el Congreso al darles la espalda?

No es el Congreso el que nos ha dado la espalda, cortando la posibilidad de una comisión investigadora, sino el fujimorismo, aliado natural de los sectores más conservadores y retrógrados del catolicismo. Una investigación a fondo en el Congreso hubiera sido una ventana abierta para que se sepa toda la verdad sobre el Sodalicio y sobre su sistema doctrinal y disciplinario que atenta contra derechos fundamentales de las personas y favorece la comisión de delitos contra la libertad y la propiedad privada. Esta propuesta ha sido llevada adelante por algunos congresistas de buena ley, entre los cuales destaca Alberto de Belaúnde. Los abusos sexuales, a los cuales tanta publicidad se ha dado, son solamente una consecuencia marginal de problemas más serios y graves, siendo que el problema del Sodalicio no es la pederastia (la inmensa mayoría de las víctimas de abusos sexuales en el Sodalicio eran ya mayores de edad o adolescentes con madurez sexual) sino la manipulación de las conciencias, el abuso de poder y la sujeción de la libertad interior de tantos jóvenes, cuyas vidas son dañadas permanentemente, comprometiendo seriamente su futuro y su desarrollo como personas normales.

¿Te parece contradictorio que los que han cometido abusos o encubierto abusos hoy sean los abanderados de la defensa de los niños en el caso de la ideología de género y #ConMisHijosNoTeMetas?

No me extraña, pues aquellos que cometieron o encubrieron abusos hasta ahora no han tomado conciencia del alcance de lo que hicieron, y siguen justificando esos actos como «rigores de la formación». Para ellos, las víctimas no son tales, sino personas con malas intenciones que malinterpretaron aquello que experimentaron en el Sodalicio. Y precisamente la moral puritana que propugnan, basada sobre una interpretación fundamentalista de los datos bíblicos y ciega a las investigaciones científicas sobre el tema del género, es el humus donde germinan aquellos impulsos enfermizos que terminan en la perpetración de abusos. No puede haber tolerancia ni una actitud sana hacia los demás en una moral represiva de la sexualidad real.

¿Cómo han lidiado los Papas con los casos de abuso?

Recién con Benedicto XVI comienzan a haber medidas que apuntan a combatir los casos de abuso sexual —que, como ya he indicado, es un problema marginal en el Sodalicio—. Las medidas anunciadas por el actual Papa Francisco, aparentemente más radicales que las del Papa Ratzinger, han sido un saludo a la bandera, pues todo parece indicar que han sido neutralizadas con relativo éxito por la Curia Romana. Sin embargo, considero que las medidas siguen siendo demasiado tibias respecto a la gravedad del problema. Y lo peor de todo es que muy poca atención se le ha prestado a los abusos psicológicos y físicos, que son la madre del cordero, pues constituyen el caldo de cultivo de los abusos sexuales, que son más infrecuentes.

¿Eliminar el celibato sería la solución?

La solución a un problema complejo no puede radicar en una medida simple. No podemos eliminar el derecho que una persona tiene a elegir el celibato, si considera que ése es su camino. Pero mantenerlo como una obligación para todos aquellos que quieren ser sacerdotes, no sólo no encuentra sustento sólido en la Biblia o en la Tradición de la Iglesia, sino que puede generar problemas de sexualidad truncada o reprimida en muchas personas buenas que aman su la vocación sacerdotal, pero que tienen que admitir dentro del paquete el celibato obligatorio. Como decía el difunto Cardenal Carlo Maria Martini, él no creía que todos los llamados al sacerdocio estuvieran también llamados al celibato. Por otra parte, el problema va más allá de esta práctica eclesial. Es en la actual doctrina católica sobre la sexualidad donde se hallan los gérmenes de varios abusos. Mientras no haya una reflexión más profunda sobre este tema, que no tenga miedo de revisar y replantear algunos conceptos, con o sin celibato seguirán habiendo abusos.

¿Crees que el Sodalicio es la única organización religiosa peruana involucrada en estos casos?

Toda organización cristiana basada en la autoridad absoluta, con estructuras verticales, con exigencia de obediencia total, con pensamiento único impuesto a todos sus miembros y con una interpretación fundamentalista de los textos bíblicos presentará con alta probabilidad casos de abusos como los que han ocurrido en el Sodalicio. En el contexto peruano, se me vienen a la mente instituciones como el Camino Neocatecumental, el Opus Dei, Pro Ecclesia Sancta y Lumen Dei, aunque no descarto casos de abusos en órdenes tradicionales, especialmente si el ambiente es muy conservador y puritano.

PSICOLOGÍA EN EL SODALICIO: MANIPULACIÓN DE LA HISTORIA PERSONAL

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Humberto del Castillo Drago

Alejandro no era blanco ni tenía ojos azules ni un apellido de abolengo, su familia —de clase media estándar limeña— tampoco era adinerada, pero él era un muchacho inteligente y voluntarioso. Y estas cualidades eran suficientes como para que se le perdonara el no contar con los otros requisitos que los sodálites de la primera mitad de los ‘90 buscaban en los candidatos al Sodalicio. Al igual que la inmensa mayoría de quienes actualmente integran la institución, el primer contacto con ella se inició cuando Alejandro era aún menor de edad.

De participar en actividades deportivas junto con un grupo de amigos del barrio en el Centro Pastoral de San Borja por pura curiosidad, a sus catorce años fue pronto asimilado a una agrupación mariana liderada por Humberto del Castillo Drago, sodálite desde 1982, conocido por su proverbial patanería y su fidelidad a rajatabla a Luis Fernando Figari, a quien seguía refiriéndose cariñosamente en febrero de 2014 —en el marco de una entrevista en el canal católico EWTN— como «mi fundador», reconociéndole que «siempre ha sido inspirado por el Espíritu».

Actualmente Del Castillo Drago es Fundador y Director General del Centro de Desarrollo Integral de la Persona Areté en Medellín (Colombia), psicólogo egresado de la Fundación Universitaria Católica del Norte y propugnador de lo que él llama “psicoterapia de la reconciliación”.

Tras leer su único libro publicado hasta ahora, Reconciliación de la historia personal, en su segunda edición de 2016, me da la impresión en muchas partes de estar leyendo al mismo Luis Fernando Figari, pues la teoría psicológica que ahí se expone sin mayor sustento científico es la misma doctrina que proponía Figari y en la cual basó la formación impartida a los miembros del Sodalicio de Vida Cristiana y de todas las asociaciones vinculadas al Movimiento de Vida Cristiana.

La gran diferencia con la primera edición de 2015 es que se han eliminado las abundantes referencias a Figari en el texto. Y aunque el nombre haya desaparecido, la doctrina —aunque disfrazada de opinión profesional de un psicólogo— sigue siendo la misma, a saber: que sólo la antropología cristiana —la de Figari, por supuesto— constituye la base para una auténtica psicoterapia curativa, siendo el concepto de “pecado” la raíz de todos los trastornos psicológicos y, por lo tanto, el encuentro con Dios se presenta como una condición sine qua non para una curación efectiva. La “teología de la reconciliación” de Figari impregna el libro de cabo a rabo.

Del Castillo, al igual que Figari, desconfía de la mayoría de corrientes psicológicas científicas y propone la necesidad de una psicología cristiana, sin darse cuenta de lo absurdo de ese planteamiento, como si también pudiera haber una psicología musulmana, judía, budista o atea, siendo que el dato religioso, si bien puede ser estudiado por la psicología, no debe formar parte de su definición ni determinar su metodología. Pues se corre el riesgo de caer en la ideología religiosa, que constituye la base de todos los fundamentalismos. Y que puede terminar haciéndole daño a quienes se les aplica un tratamiento inspirado en ella, sin respetar su libertad de conciencia.

Que es lo que, al fin y al cabo, Humberto del Castillo —mucho antes de convertirse en el psicólogo de bandera del Sodalicio— hizo con Alejandro, cuando lo sometió a una disciplina férrea de ejercicios, de crítica constante, de lavado de cerebro, hasta hacerle creer que tenía vocación sodálite. Incluso se le prohibió tener enamorada.

Por supuesto, todo ello no sólo sin conocimiento de sus padres, sino incluso generando aversión hacia ellos —«tu papá es un huevón y tu mamá es una loca»—.

Más aún, cuando a los 15 de años de edad fue derivado por Del Castillo hacia una psicóloga del Movimiento de Vida Cristiana para que ésta le tomara unos tests psicológicos, tampoco se les informó a sus padres. Pero Del Castillo recibió los resultados, lo cual le sirvió para seguir manipulando la conciencia del joven adolescente.

Alejandro nunca llegó a ser sodálite. Aunque le costó tomar la decisión —pues se sentía un traidor—, resolvió alejarse del grupo teniendo 17 años de edad.

Esto me lo confió en una larga conversación personal en junio de este año.

(Columna publicada en Altavoz el 31 de julio de 2017)

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Tengo el recuerdo de Humberto del Castillo como una persona no muy brillante intelectualmente, pero con una gran capacidad para el “apostolado” —es decir, atraer nuevos adeptos al Sodalicio— haciendo gala de un estilo matonesco, lenguaje soez y prepotencia consuetudinaria, pero sin dar señas de alterarse emocionalmente, a semejanza de Marlon Brando en la película El Padrino.

Me resultan curiosas las reflexiones que hace sobre la familia como «el primer núcleo social… donde la persona alcanza la plenitud personal», cuando yo mismo he sido testigo de varios casos en los que contribuyó al alejamiento de los hijos de su entorno familiar, a fin de guiarlos hacia un compromiso definitivo con el Sodalicio. Me consta, asimismo, su lealtad a prueba de balas hacia Figari, sobre el cual —luego de conocidos sus delitos— no se ha pronunciado públicamente, ni siquiera para sacar distancia al respecto.

Quien quiera leer algunos textos más de su ideología religiosa de auto-ayuda, puede consultar su blog Psicología & Virtud, donde hasta septiembre de 2015 —cuando ya había sido publicada la primera edición de Reconciliación de la historia personal (marzo de 2015)— se seguía citando a Figari con devota admiración. Más aún, gran parte de los textos disponibles en el blog fueron incorporados al libro.

RIGORES DE LA FORMACIÓN

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Georg Ratzinger dirigiendo el coro de los Gorriones de la Catedral de Ratisbona en 1976

Cuando el 19 de julio apareció en la prensa alemana la noticia del informe sobre los abusos en el coro de los Gorriones de la Catedral de Ratisbona, una anciana del asilo donde trabajo, que estaba leyendo el periódico local, me dijo indignada que quienes habían perpetrado esas atrocidades debían ser castigados. Lo mismo pensé yo. Pero también me invadió cierta tristeza, pues sabía que en esos casos muy rara vez los culpables son castigados, los delitos en su mayoría han prescrito y las víctimas suelen ser dejadas a su suerte y tratadas como si ellas fueran el problema, y no quienes lo han sufrido y cargan todavía con las consecuencias.

Pues lo que describe el informe de 440 páginas, encargado por el actual obispo de Ratisbona al abogado independiente Ulrich Weber —que se demoró dos años en la investigación correspondiente y el procesamiento de datos—, es la descripción de un crimen colectivo.

Hasta ahora se ha logrado determinar el número de 547 víctimas, de las cuales 67 fueron objeto de abuso sexual y 500 de abuso físico, siendo que algunas de ellas sufrieron ambos tipos de abuso. El número de perpetradores en el período de 1945 a 1992 —año en que se registra el último incidente— es de 49, de los cuales 9 cometieron abusos sexuales y 45, abusos físicos. La mayoría de los abusos ocurrieron en las décadas de los ‘60 y ‘70.

Del informe se desprende que no se trata de casos aislados, aun cuando haya ex-alumnos de las escuelas del coro que no sufrieron abusos y guardan recuerdos gratos de su época escolar. Pero eso no descalifica para nada los crudos testimonios de las víctimas, ni anula el hecho de que se trató de un sistema educativo y de formación dominado por la violencia, el miedo y el desamparo, tanto en la escuelas preparatorias de Etterzhausen y Pielenhofen, como en el internado de la escuela secundaria en Ratisbona.

Al igual que en otras instituciones donde han ocurrido abusos similares —llámese Sodalicio o Legionarios de Cristo—, el sistema formativo estaba orientado a la suprema perfección, en este caso a la excelencia en el rendimiento musical y el éxito del coro. Con el fin de lograr la máxima disciplina y disponibilidad, se buscó quebrar la voluntad de los educandos, lo cual sirvió de base para la justificación de prácticas violatorias de derechos humanos fundamentales, traduciéndose esto principalmente en abusos físicos y psicológicos, ocurridos casi a diario a vista y paciencia de todos dentro de los recintos escolares, mientras que los abusos sexuales, poco frecuentes y ocasionales, se dieron a puerta cerrada, aunque pueden considerarse como consecuencia última de la lógica del sistema.

El informe da cuenta de métodos cuasi policíacos: control de la higiene corporal, de armarios, de correspondencia, de camas, de comidas, etc. Quien cometía alguna falta era castigado desproporcionadamente con golpes o humillaciones, siendo las bofetadas y los varapalos los métodos más frecuentes. Otros castigos eran verter la sopa caliente sobre los dedos de quien no quería tomarla; o ser obligado a comer lo que se vomitaba cuando uno se resistía a comer el “forraje” que se servía en el comedor.

El informe habla también de abusos sociales —restricción de la comunicación con otros mediante aislamiento, prohibiciones, alejamiento de amigos y de la familia, retención de bienes personales, negación parcial de alimentos, etc.—, lo cual permite el control sobre el entorno del educando y, a la vez, se evita que lo que ocurre dentro de la institución llegue a conocimiento de personas externas. Como cuando se revisaba cada carta que enviaban los alumnos a sus familiares, y se las retenía si contenían información no grata para la escuela, o se ordenaba al alumno escribirla nuevamente en términos más amables.

Ni que decir, no faltaron quienes alimentaron pensamientos suicidas, o incluso intentaron fugar de la escuela, siendo luego castigados severamente, sin que pasara nada. Pues hasta el año 2010 no se dio crédito a quienes denunciaron los horrores vividos.

Durante mucho tiempo se consideró que los castigos eran normales para la época. Simples rigores de la formación. El informe dice lo contrario. Las pesadillas recurrentes y los traumas de los afectados son prueba de ello.

(Columna publicada en Altavoz el 24 de julio de 2017)

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FUENTES

Ulrich Weber/ Johannes Baumeister
Vorfälle von Gewaltausübung an Schutzbefohlenen bei den Regensburger Domspatzen (18. Juli 2017)
http://www.uw-recht.org/fileadmin/user_upload/Abschlussbericht_Domspatzen.pdf

ZEIT ONLINE
Regensburger Domspatzen: Mindestens 547 Chorknaben wurden missbraucht (18. Juli 2017)
http://www.zeit.de/gesellschaft/2017-07/regensburger-domspatzen-abschlussbericht-misshandlung

Frankfurter Allgemeine
Missbrauch bei Domspatzen: Sadisten im geistlichen Gewand (18.07.2017)
http://www.faz.net/aktuell/politik/inland/domspatzen-bericht-zu-missbrauchsfaellen-vorgelegt-15111839.html

Süddeutsche Zeitung
Georg Ratzinger war Teil des Gewaltsystems bei den Regensburger Domspatzen (19. Juli 2017)
http://www.sueddeutsche.de/bayern/katholische-kirche-georg-ratzinger-war-teil-des-gewaltsystems-bei-den-regensburger-domspatzen-1.3594702

UN MILLÓN DE VÍCTIMAS DE ABUSO SEXUAL

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El año pasado, tras haber escrito regularmente sobre la problemática del Sodalicio desde noviembre de 2012, me sometí finalmente a unas sesiones de psicoterapia para ver qué efectos había dejado en mí la experiencia de haber estado vinculado unos 30 años a la institución (desde 1978 hasta 2008).

Ciertamente, no es éste el tema de esta columna. Pero sirve de introducción lo que sucedió cuando se lo comuniqué a mi asesora de la Oficina de Trabajo, tras yo haber terminado abruptamente una práctica fallida para ser cuidador de ancianos en un asilo de Caritas. La asesora, una mujer de buen corazón pero de carácter nervioso, me señaló lo importante que era someterse a terapia cuando se había sido objeto de abusos, pues eso mejoraba las perspectivas laborales de uno mismo. Y me confesó que su padre —un señor católico comprometido con la parroquia— había abusado sexualmente de ella desde su tierna infancia hasta entrada la adolescencia. Y que su madre se había hecho de la vista gorda, hasta que ella decidió alejarse de la casa paterna. A consecuencia de ello, le era imposible seguir creyendo en Dios y en la Iglesia, y había tenido una vida afectiva y laboral azarosa, llena de contratiempos y frustraciones, hasta que por fin había conseguido ese puesto en la Oficina de Trabajo, que esperaba mantener hasta su jubilación.

Su historia no es un caso aislado. Lo acaba de confirmar recientemente el informe preliminar de la Comisión Independiente para Afrontar los Abusos Sexuales de Menores (Unabhängige Kommission zur Aufarbeitung sexuellen Kindesmissbrauchs), hecho público en junio de este año.

La Comisión, formada por encargo del Parlamento Federal Alemán (Bundestag), inició sus labores el 26 de enero de 2016 y tiene programado seguir en funciones hasta el 31 de marzo de 2019. Su misión consiste en investigar todas las formas de abuso sexual de niños y jóvenes ocurridos en la República Federal de Alemania y en la desaparecida República Democrática Alemana. El objetivo es determinar las dimensiones, tipos y consecuencias de la violencia sexual contra menores y así impulsar un amplio debate político y ciudadano sobre un tema que sigue siendo considerado tabú. Y que afectaría a alrededor de un millón de menores en Alemania, según declaraciones de Sabine Andresen, presidenta de la Comisión.

Hasta ahora se ha escuchado a 200 testigos y se ha recibido 170 testimonios escritos. Son alrededor de 1000 personas las que se han comunicado con la Comisión. Tantas, que resulta imposible atenderlas a todas, más aún cuando el presupuesto asignado resulta insuficiente.

Entre los testigos, las mujeres superan ampliamente en número a los hombres. Las víctimas tienen en promedio una edad de entre 30 y 50 años. Y el 70% de los casos de abuso ocurrieron en la familia o en el entorno más cercano. Con frecuencia, otros familiares supieron del abuso, pero no hicieron nada para proteger a los menores. En especial las madres de familia —que en algunos casos también abusaron de sus propios hijos— fueron en su mayoría cómplices silenciosas, que toleraron el abuso, ya sea por impotencia ante los hechos, ya sea por hallarse en una situación vulnerable de dependencia o de violencia en la relación de pareja. Además, influyeron el miedo a perder la pareja o a desintegrar la familia, así como experiencias propias de abusos sufridos. Algunos menores fueron incluso agredidos sexualmente por más de un familiar —por ejemplo, primero por el abuelo y años después por el padre—, hasta el punto de que varios expertos hablan de un abuso organizado dentro de la familia.

El abuso no sólo genera consecuencias traumáticas de por vida en las víctimas, sino que también tiene consecuencias sociales: la mayoría de ellas no alcanzan un estatus social por encima del nivel de la pobreza.

«La violencia sexual ejercida sobre muchachos y muchachas puede destruir vidas», declaró Katarina Barley, la actual Ministra Federal de Familia.

Una tarea pendiente que abordará la Comisión es el abuso en instituciones educacionales y formativas, como la Iglesia católica, las iglesias evangélicas, los jardines de infancia, escuelas e internados, las asociaciones deportivas, los movimientos juveniles, etc.

Se trata de una labor esclarecedora necesaria, a fin de combatir un crimen sistemático enquistado en la sociedad.

(Columna publicada en Altavoz el 17 de julio de 2017)

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FUENTES

Unabhängige Kommission zur Aufarbeitung sexuellen Kindesmissbrauchs
Geschichte die zählen – Zwischenbericht (Juni 2017)
https://www.aufarbeitungskommission.de/wp-content/uploads/2017/06/Zwischenbericht_Aufarbeitungskommission_Juni_2017.pdf

Kölner Stadt-Anzeiger
Bericht zu Kindesmissbrauch Insbesondere Mütter haben Übergriffe häufig geduldet (14.06.17)
http://www.ksta.de/politik/bericht-zu-kindesmissbrauch-insbesondere-muetter-haben-uebergriffe-haeufig-geduldet-27795018
Kindesmissbrauch in Deutschland: Zwischen Liebe und Hass (14.06.17)
http://www.ksta.de/politik/kindesmissbrauch-in-deutschland-zwischen-liebe-und-hass-27796460

stern
Sexueller Missbrauch in Familien oft geduldet (14. Juni 2017)
http://www.stern.de/news/sexueller-missbrauch-in-familien-oft-geduldet-7494612.html

ZEIT ONLINE
Sexueller Kindesmissbrauch: Mütter glauben ihren Kindern nicht (14. Juni 2017)
http://www.zeit.de/politik/2017-06/sexueller-kindesmissbrauch-kommission-aufarbeitung-bericht

EL TERRORISMO DE DERECHA

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Víctimas mortales de la violencia derechista en Alemania

Berlín, 19 de diciembre de 2016. El tunecino Anis Amri enfila un camión contra los asistentes a un mercado navideño. 12 personas mueren en este atentado terrorista de trasfondo islámico, mientras 55 quedan heridas.

Se trata de las primeras —y hasta ahora únicas— víctimas mortales del terrorismo islámico en territorio alemán.

Alemania es un país que ya ha tenido experiencias con el terrorismo en su pasado. El grupo de izquierda revolucionaria Rote Armee Fraktion (RAF) —Fracción del Ejército Rojo, en español—, que se mantuvo activo entre la década de los ‘70 y los ‘90, arrojó un saldo de 33 muertos y más de 200 heridos en acciones terroristas.

Pero el peor atentado terrorista de la posguerra se le atribuye no a la izquierda, sino al extremismo de derecha, de orientación ideológica neonazi. El 26 de septiembre de 1980, Gundolf Köhler, miembro del Wehrsportgruppe Hoffmann, hizo estallar una bomba a la entrada principal del Oktoberfest en Múnich, causando la muerte de 13 personas —incluido él mismo— e hiriendo a otras 211.

Hasta ahora no se sabe exactamente el número de víctimas mortales que ha causado la derecha extremista en Alemania. El Bundeskriminalamt (Oficina Federal de Investigación Criminal) reseña oficialmente 75 muertos entre 1990 y 2015, mientras que la Fundación Amadeu Antonio —una sociedad sin fines de lucro que combate el antisemitismo, el racismo y el extremismo de derecha— indica que son por lo menos 178 las víctimas mortales en ese mismo período.

El panorama internacional al respecto en el mundo occidental no es muy distinto al de Alemania. En Estados Unidos, el Nation Institute junto con el Center for Investigative Reporting han publicado recientemente una investigación que llega a la conclusión de que entre 2008 y 2016 hubo en el país 115 atentados ejecutados por supremacistas blancos de extrema derecha, mientras que sólo fueron 63 los atentados con un trasfondo islámico. Y aun en estos últimos casos, el terror no suele venir de mano de inmigrantes, sino de personas nacidas en suelo estadounidense. En total, 87% de las personas que cometieron los atentados nacieron en los Estados Unidos.

La decisión de Donald Trump de impedir el ingreso de viajeros de 6 países de mayoría musulmana —Libia, Irán, Yemen, Somalia, Sudán y Siria— por razones de seguridad no tiene ningún sustento en la realidad, pues según señala el estudio mencionado, sólo el 1% de los autores de los atentados provenían de alguno de estos países.

El peligro real no se halla más allá de las fronteras de los Estados Unidos, sino que se encuentra en el seno de una sociedad donde, al igual que en Alemania, aumentan los adeptos a los grupos radicales de derecha de orientación fascista. Lo cual se agrava en Estados Unidos cuando se antepone el derecho a portar armas al derecho de vivir en paz, o cunado se tiene un Presidente que ha tenido declaraciones que suscribiría cualquier supremacista blanco y que, cabalgando sobre el lomo de una ignorancia supina, busca un chivo expiatorio en la religión islámica y mira para otro lado cuando los criminales son de casa. Por ejemplo, se demoró tres días en condenar el asesinato de dos hombres en Portland (Oregon) el 26 de mayo de este año, que fueron apuñalados por salir en defensa de dos jóvenes musulmanas, cuando no duda en condenar de inmediato cualquier acción criminal realizada por terroristas islámicos.

Además, no tiene en cuenta —o no le importa— que la inmensa mayoría de las víctimas del terrorismo a nivel mundial son musulmanes, y negarles la acogida cuando huyen de una situación que pone en riesgo su integridad o sus vidas, lesiona derechos humanos fundamentales y constituye un crimen de lesa humanidad.

Mientras la muerte de personas de rasgos occidentales en atentados terroristas islámicos siga siendo noticia de primera plana, a la vez que se “invisibiliza” a las víctimas musulmanas —mucho mayores en número—, muertas por mano tanto de extremistas islámicos o filo-fascistas como por obra de dictaduras antidemocráticas o potencias militares de ocupación, el mundo seguirá siendo para las grandes mayorías un lugar ingrato para vivir, donde la paz se vislumbra cada vez más como un sueño lejano.

(Columna publicada en Altavoz el 10 de julio de 2017)

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FUENTES

HuffPost
Most Of America’s Terrorists Are White, And Not Muslim (24/06/2017)
http://www.huffingtonpost.com.au/2017/06/25/most-of-america-s-terrorists-are-white-and-not-muslim_a_22980088/

ZEIT ONLINE
US-Studie: Rechtsextremisten in USA größere Gefahr als Islamisten (26. Juni 2017)
http://www.zeit.de/gesellschaft/zeitgeschehen/2017-06/us-studie-terrorismus-rechtsextremismus-islamismus

Wikipedia (en alemán)
Todesopfer rechtsextremer Gewalt in der Bundesrepublik Deutschland
https://de.wikipedia.org/wiki/Todesopfer_rechtsextremer_Gewalt_in_der_Bundesrepublik_Deutschland

Mut gegen rechte Gewalt
Todesopfer rechter Gewalt seit 1990 (30.07.2015)
https://www.mut-gegen-rechte-gewalt.de/news/chronik-der-gewalt/todesopfer-rechtsextremer-und-rassistischer-gewalt-seit-1990

AGRADECIMIENTOS VATICANOS A UN PRESUNTO ENCUBRIDOR Y ABUSADOR SEXUAL POR SERVICIOS PRESTADOS

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El cardenal George Pell junto al Papa Francisco

Cuando el 30 de enero de 2017 la Santa Sede emitió el comunicado sobre el caso Figari, reconociendo parcialmente sus delitos, uno de los atenuantes para justificar el suave castigo que se le dio —si es que puede considerarse castigo— fue que «el Sr. Figari es sin embargo de considerar como el fundador del Sodalitium Christianae Vitae y por lo tanto como el mediador de un carisma divino».

Poco faltó para que se le diera las gracias por todos los servicios prestados a la Iglesia, los cuales deben ser tan valiosos y considerables que, en comparación, poco cuentan unos cuantos «actos contra el VI mandamiento«» que, además, «han ocurrido en un pasado muy remoto». Como si sólo por ese hecho ya no tuvieran el poder de haber arruinado vidas enteras.

Es proverbial y conocida la lentitud e ineptitud de los tribunales eclesiásticos para procesar las denuncias de abusos sexuales, además de que la misma ley eclesial, al poner tiempos relativamente cortos para la prescripción de delitos tan graves, garantiza que éstos nunca sean castigados con las penas que les corresponderían. Por otra parte, las “investigaciones” de la Santa Sede carecen de rigor y hasta ahora no se sabe que se haya convocado a víctimas de abusos para interrogarlas y requerir mayores detalles, permitiendo que sus testimonios puedan ser examinados acuciosamente y, eventualmente, verificados como pruebas decisivas de la culpabilidad del acusado. Antes de llegar a ese punto, se prefieren soluciones ambiguas y castigos dorados.

Por eso mismo, aunque no sorprende, resulta escandalosa y vergonzosa la posición que ha tomado la Santa Sede ante las graves acusaciones hechas por la justicia australiana en contra del cardenal George Pell. Mientras que en otros casos se ha suspendido a eclesiásticos de todas las funciones propias de su cargo —incluyendo las pastorales y sacramentales— hasta que se aclararan las denuncias de abusos en su contra, a Pell sólo se le hado «un período de excedencia para poderse defender».

Todo parece indicar que la Santa Sede da por supuesta la inocencia del prelado vaticano, pues no tiene ningún reparo en agradecerle por los servicios prestados: «El Santo Padre, que ha podido apreciar la honestidad del Cardenal Pell durante los tres años de trabajo en la Curia Romana, le está agradecido por su colaboración y, en particular, por su enérgico empeño a favor de las reformas en el sector económico y administrativo y por su activa participación en el Consejo de los Cardenales (C9)».

Además, se hace una defensa abierta de Pell como alguien que ha combatido efectivamente los abusos sexuales contra menores: «se recuerda que el Cardenal Pell ha condenado desde hace décadas abiertamente y repetidamente los abusos cometidos contra menores como actos inmorales e intolerables; ha cooperado en el pasado con las Autoridades australianas (por ejemplo, en las declaraciones ante la Royal Commission), ha apoyado la creación de la Comisión Pontificia para la Tutela de los Menores y, finalmente, como Obispo diocesano en Australia, ha introducido sistemas y procedimientos para la protección de los menores y para garantizar la asistencia a las víctimas de abusos».

Y a decir verdad, la mentada Comisión Pontificia no pasa de ser hasta ahora un mero saludo a la bandera, sin logros que mostrar en la lucha contra la pederastia eclesial. Por otra parte, los sistemas y procedimientos de protección establecidos por Pell se parecen mucho al sistema de reparaciones instituido por el Sodalicio para “ayudar” a las víctimas: ha servido para llevar a cabo un control de daños, buscando obtener el silencio de las víctimas y pagarles lo menos posible en concepto de indemnizaciones.

Finalmente, el comunicado sobre Pell muestra que a nivel de la Santa Sede aún no se tiene conciencia del nivel de incoherencia que puede haber en los abusadores sexuales. Ni Marcial Maciel, ni Fernando Karadima, ni Luis Fernando Figari jamás enseñaron públicamente nada que se apartara de la moral cristiana. Y eso no fue obstáculo para que cometieran delitos que ningún cristiano avalaría. En consecuencia, se puede esgrimir a favor del cardenal Pell todo lo que se quiera que dice el comunicado. Eso no significa que no pueda haber cometido graves abusos sexuales. Sólo esperamos que esta vez se haga justicia.

(Columna publicada en Altavoz el 3 de julio de 2017)

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FUENTE

Religión Digital
Pell deja la Secretaría de Economía y regresa a Australia para defenderse de las acusaciones de abusos a menores
http://www.periodistadigital.com/religion/vaticano/2017/06/29/la-policia-australiana-acusa-al-cardenal-pell-de-abusos-sexuales-a-menores-religion-iglesia-vaticano-pederastia-australia.shtml