EL ARTE SUBVERSIVO DE “NEKROMANTIK”

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Jörg Buttgereit (1963- ) durante el rodaje de “Nekromantik”

Se cumplen 30 años desde que el cineasta y dramaturgo berlinés Jörg Buttgereit diera a conocer en 1987 su película independiente underground Nekromantik, considerada por los críticos especializados como una obra de arte subversiva y transgresora. No es para menos. Pues Buttgereit filmó con cámara Super 8 y con efectos artesanales la historia de una pareja marginal y desarraigada que termina practicando el sexo con un cadáver en descomposición.

En una entrevista de 2014, el cineasta explica los motivos que le llevaron a rodar este film: «durante los 80 cuando se hizo la película había un movimiento muy fuerte de censura en Alemania. Nekromantik fue algo así como una especie de protesta contra ese movimiento. […] …realmente quería hacer una película de terror en Alemania, donde no es fácil hacer películas de este tipo y tienen muy mala reputación. Aunque no tenemos una tradición de cine terror, siempre he sido muy fan del género, por lo que quería hacer una película de terror por mi cuenta, sin pedir permiso a las autoridades, sin pasar por la censura. […] …es una mezcla entre cine underground y cine de terror, pero si prestas atención te darás cuenta de que no hay tensión ni elementos grotescos, ni música de terror. En mi opinión no es realmente una película de terror».

Curiosamente, en un país donde hasta entonces se había prohibido la exhibición de 32 cintas de terror y otras habían sufrido cortes de escenas extremadamente violentas por parte de la censura, Nekromantik nunca fue censurada como sí lo fue en Islandia, Finlandia, Noruega, Malasia, Singapur, Australia y Nueva Zelanda, donde sigue estando prohibida en la actualidad, a pesar de que en países como el Reino Unido se levantó su prohibición en el año 2014.

Censura injustificada, pues el film no se presenta nunca como un vehículo de glorificación de conductas anormales. Más bien puede interpretarse como una crítica social y una reflexión sobre el abismo en que cae un personaje marginal de la clase trabajadora, que labora recogiendo cadáveres para una empresa con alusiones fascistas en su nombre y en su logo. Su novia comparte su afición por coleccionar órganos humanos, y cuando él cae en el desempleo, huye llevándose consigo el cadáver.

La imaginería del film hace recordar la vertiente onírica del surrealismo de Luis Buñuel y Salvador Dalí, que en 1929 iniciaron su película Un perro andaluz con un primer plano de una navaja cortando un ojo humano. El film de Buttgereit tiene escenas oníricas que no se diferencian sustancialmente de las escenas de la vida real de los personajes, donde todo parece una pesadilla surrealista, acompañada por la hipnótica música de piano que acompaña las imágenes.

La brutal escena final del suicidio del protagonista, donde se conjugan eros y tánatos en un orgasmo gore sangriento, es sólo la culminación de una crisis existencial producto del aislamiento social y de la disfuncionalidad sexual masoquista del personaje, inserto en una sociedad necrófila que admite la exhibición de asesinatos sangrientos por puro placer en sus pantallas —magistral la escena en que Robert asiste a una función de cine de una película slasher— y que ha instaurado una relación meramente burocrática con la muerte, despojándola de significado y misterio, considerando a los muertos como mero material de deshecho.

Nekromantik, no apta para todos los estómagos ni para todos los gustos, es una obra sujeta a múltiples interpretaciones, pero como expresión artística no es susceptible de ser prohibida según las leyes alemanas.

Paradójicamente, en Alemania ha sido prohibido en 2015 un cuadro de la pintora Julia Wegat de su ciclo de “Rapunzel”, que muestra a una joven con el brazo vendado y mirada indefensa. La última vez que se había prohibido un cuadro fue en 1938, durante la dictadura nazi. El juez admitió la denuncia de los padres de la niña que sirvió de modelo, aduciendo que la obra vulnera la dignidad de la entonces menor, pues en un medio de prensa se interpreto ése y otros cuadros dentro del contexto del abuso infantil. La pintora ha apelado al Tribunal Constitucional de Alemania, aduciendo que eso es pura interpretación y que sin libertad artística no puede haber democracia. Le damos toda la razón.

(Columna publicada en Altavoz el 7 de agosto de 2017)
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Pablo Cardozo Di Lorenzo, del Uruguay, escribió en su blog Terrorífilo una reseña de la película bajo el título de Nekromantik (1987): Necrofilia como comentario social”, de la cual reproduzco por su interés los siguientes párrafos:

«Si bien el filme posee varias escenas que shockearán y ofenderán a la mayoría de la audiencia, Nekromantik funciona de manera tal que es imposible negar el trasfondo social de la misma. El personaje principal, que rápidamente asume el rol de anti-héroe, es claramente un alma torturada. El abuso, la humillación y degradación que sufre diariamente hacen que se refugie en su propio mundo, en donde sus perturbadoras y enfermizos delirios lo hacen sentir vivo y poderoso, y a través de ellos puede llegar a tener el control de sus deseos y un sentimiento de liberación total. ¿Puede la sociedad contemporánea llevarnos a un grado extremo de locura en donde nuestro único refugio, ese refugio seguro, sea sólo nuestra imaginación y actos perversos?

El carisma que Rob proyecta en pantalla (independiente de sus actos) y la naturalidad con que Daktari Lorenz le da vida a su personaje son innegables. Éste es uno de los grandes atractivos de la cinta: todos pueden llegar a sentir la opresión y la alienación que sufre.

Técnicamente el director maneja imágenes que seguramente hieran la sensibilidad de la mayoría, pero no son enteramente repulsivas. Es más, la escena mas reprensible del filme es el despellejamiento real de un conejo. […]

Buttgereit utiliza toda clase de trucos fílmicos en la película: zooms, close ups, cámara en mano, encuadres particulares de anulación y movimiento, todo funciona para enfatizar la narrativa bastante lineal de la historia.

La escena más famosa de la cinta es, precisamente, el momento en el que los amantes incluyen al cadáver en su intimidad. Sublime concepción del director del filmarla de manera cuasi surrealista, presentándonos una acción de lúdica inocencia, logrando esto fundamentalmente por incluir tomas borrosas, poco nítidas, y utilizar el magistral instrumental compuesto por John Boy Walton, Hermann Kopp y Daktari Lorenz. Sin lugar a dudas, uno de los mejores instrumentales incluidos en un filme de horror. Superlativo. […]

Nekromantik es una experiencia fílmica distinta, única, casi indescriptible, muy difícil de olvidar, pero si el espectador logra vivirla tal como está presentada (visual y narrativamente), y vincula los hechos con la condición afectiva y sexual de los complejos seres humanos, seguramente tendrá una recompensa inolvidable.»

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