ZOMBIS, VÍSCERAS Y CAPITALISMO

Fotograma de “Dawn of the Dead” (George A. Romero, 1978)

Fotograma de “Dawn of the Dead” (George A. Romero, 1978)

Con La noche de los muertos vivientes (1968), George A. Romero no sólo dio el disparo de partida a un nuevo subgénero de terror —el de los zombis modernos— sino que inició una visceral crítica de la sociedad norteamericana y del mundo moderno, que se extendería a lo largo de seis películas —si incluimos la ya mencionada—, donde los zombis aparecen no como el mal externo que hay que combatir, sino más bien como víctimas y reflejos de la perfidia y la estupidez humanas. Sí, en el imaginario creado por Romero los seres humanos son más de temer que los muertos vivientes.

En sus filmes de zombis, Romero pone el dedo sobre la llaga en temas como el racismo, la marginación social, la militarización de la sociedad norteamericana, la crueldad de las élites, la violencia hacia las minorías desfavorecidas, la cultura Youtube, etc. Una crítica que es hecha desde las riberas de un cine independiente de escaso presupuesto, pero con una energía visual —y visceral— como pocas.

En El amanecer de los muertos (1978), Romero sitúa la trama en un centro comercial y satiriza en imágenes revulsivas el consumismo propio del capitalismo moderno. La sociedad de consumo parecería estar formada por seres sin voluntad que deambulan ante los escaparates y cuyo único fin sería obtener los productos que se les ofrecen, mientras se devoran unos a otros.

El mismo capitalismo se encargaría de diluir el mensaje subversivo de Romero, produciendo en el año 2004 un remake de esta última película, con zombis veloces y ferozmente agresivos, para beneplácito de aficionados a los blockbusters. Y para beneficio de las arcas capitalistas.

(Columna publicada en Exitosa Diario el 17 de setiembre de 2014)

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Además de otras cintas de terror, entre las cuales cabe mencionar la genial Creepshow (1982), George A. Romero ha dirigido las siguientes películas de zombis:

  • Night of the Living Dead (1968)
  • Dawn of the Dead (1978)
  • Day of the Dead (1985)
  • Land of the Dead (2005)
  • Diary of the Dead (2007)
  • Survival of the Dead (2009)

Se han hecho remakes de los tres primeros filmes:

  • Night of the Living Dead (Tom Savini, 1990)
  • Dawn of the Dead (Zack Snyder, 2004)
  • Night of the Living Dead 3D (Jeff Broadstreet, 2006)
  • Day of the Dead (Steve Miner, 2008)

Sólo el primero de estos remakes contó con la intervención de Romero como guionista y productor, manteniéndose elementos de crítica social en la trama. Los otros tres remakes, hechos sin participación alguna de Romero, simplemente buscan explotar las historias originales con el fin de hacer taquilla, ofreciéndoles a los espectadores más espectacularidad, efectos visuales y sustos. Y sirviéndoles en bandeja todos los clichés del género.

EL SISTEMA CANALLA

eduardo_galeanoEn noviembre de 2013 el Papa Francisco escribía lo siguiente en su carta apostólica Evangelii Gaudium: “Así como el mandamiento de «no matar» pone un límite claro para asegurar el valor de la vida humana, hoy tenemos que decir «no a una economía de la exclusión y la inequidad». Esa economía mata.”

Luego resumía en pocas palabras el quid del sistema capitalista actual: “Mientras las ganancias de unos pocos crecen exponencialmente, las de la mayoría se quedan cada vez más lejos del bienestar de esa minoría feliz. Este desequilibrio proviene de ideologías que defienden la autonomía absoluta de los mercados y la especulación financiera.”

Nunca un Papa había apuntado sus lanzas de manera tan inequívoca y contundente contra el capitalismo, “este sistema que tiende a fagocitarlo todo en orden a acrecentar beneficios”.

Cada vez más gente toma conciencia de que vivimos en un sistema canalla. Ya lo decía el periodista, activista y clown austriaco Klaus Werner-Lobo en el año 2009: “Aprendemos en el sistema a ser competitivos, a tener éxito. El sistema nos enseña a ser hijos de puta. Pero no aprendemos a vivir los sueños, lo que tiene un valor político.”

Por eso mismo, tampoco debería extrañarnos que haya tantas personalidades psicópatas en las altas esferas del mundo corporativo, como lo demostró el periodista galés Jon Ronson en su libro ¿Es usted un psicópata? Viaje a través de la industria de la locura (Ediciones B, 2012).

Asimismo, el ensayista español Santiago Alba Rico dictaminaba en el año 2009, en medio de la crisis económica que se inició en el año 2008: “Refundar el capitalismo sería como refundar el canibalismo”.

(Columna publicada en Exitosa Diario el 10 de setiembre de 2014)

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FUENTES

Público.es
“El sistema nos enseña a ser hijos de puta” (28 de enero de 2009)
Entrevista con Klaus Werner-Lobo
http://www.publico.es/internacional/195048/el-sistema-nos-ensena-a-ser-hijos-de-puta

Calle20 (julio-agosto 2009)
“Refundar el capitalismo sería como refundar el canibalismo”
Entrevista con Santiago Alba Rico, ensayista
http://rebelion.org/noticia.php?id=88092

BBC Mundo
Los psicópatas que nos lideran (10 de julio de 2011)
http://www.bbc.co.uk/mundo/noticias/2011/07/110629_psicopatas_entre_nosotros.shtml

DAVID BERGER: “NO DEBO SEGUIR CALLANDO”

david_bergerDavid Berger (nacido en Wurzburgo el 8 de marzo de 1968) es un teólogo católico, filósofo y actual redactor jefe de la revista gay Männer. Vive desde agosto de 2012 en Berlín. Su principal campo de trabajo ha sido la historia y la doctrina de Santo Tomás de Aquino, así como la homosexualidad y la Iglesia católica. A su salida del clóset como homosexual le siguió una controversia sobre el estatus de los homosexuales en la Iglesia católica. En mayo de 2011 el arzobispo de Colonia, Joachim Meisner, le retiró la missio canonica, el derecho a enseñar religión católica en las escuelas, con lo que perdió su puesto de trabajo. La expulsión de su puesto de trabajo provocó protestas de los alumnos y padres de alumnos, incluyendo una manifestación hasta la sede del arzobispado en Colonia, en la que participaron entre 400 y 500 escolares.

Berger fue, junto con Rudolf Michael Schmitz, fundador en el año 2000 de la revista Doctor Angelicus, dedicada al pensamiento de Santo Tomás de Aquino. De 2003 a 2010 fue editor y redactor jefe de Theologisches, la revista católica tradicionalista de mayor difusión en el medio germanoparlante. También ha sido académico correspondiente de la Pontifica Academia de Santo Tomás de Aquino y lector de la Congregación para la Doctrina de la Fe, encargado de la vigilancia de dos revistas teológicas.

Debido a la importancia como testimonio que tiene el artículo que Berger publicara en el Frankfurter Rundschau el 23 de abril de 2010, mediante el cual salía de clóset y asumía con valentía las consecuencias de admitir abierta y públicamente su condición homosexual, reproduzco aquí una traducción del mismo que he terminado hace poco. El artículo original completo en idioma alemán se puede leer aquí: http://www.imprimatur-trier.de/2010/imp100513.html

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HOMOSEXUALIDAD EN LA IGLESIA

“No debo seguir callando”

Hizo carrera en la Iglesia católica, no obstante ser gay. Ahora sale del clóset y pone al descubierto un pérfido sistema de opresión. Las confesiones de David Berger.
En Alemania el porcentaje de homosexuales en la población total es de alrededor de 10 por ciento.
En la Iglesia católica, según investigaciones empíricas, el porcentaje de eclesiásticos homosexuales se halla entre el 25 y el 40 por ciento. Teólogos como Wunibald Müller señalan que los formadores en los centros de formación de sacerdotes suponen incluso que llega a un 50 por ciento.
En los Estados Unidos también se estima el porcentaje de sacerdotes homosexuales entre 25 y 50 por ciento. Según un estudio publicado en los Estados Unidos, siete por ciento de los eclesiásticos encuestados señalaron que habían colgado los hábitos porque como homosexuales se sentían incomprendidos por su Iglesia.
El Catecismo de 1992 exige “respeto, compasión y delicadeza” hacia los homosexuales. Sin embargo, los actos homosexuales “son contrarios a la ley natural. Cierran el acto sexual al don de la vida. No proceden de una verdadera complementariedad afectiva y sexual. No pueden recibir aprobación en ningún caso”.
La Congregación para la Doctrina de la Fe decía en 1986 que “la particular inclinación de la persona homosexual, aunque en sí no sea pecado, constituye sin embargo una tendencia, más o menos fuerte, hacia un comportamiento intrínsecamente malo desde el punto de vista moral. Por este motivo la inclinación misma debe ser considerada como objetivamente desordenada”.
A veces basta una pequeña chispa para desencadenar una explosión latente desde hace mucho tiempo. En mi caso, esta chispa fue la presentación del obispo de Essen Franz-Josef Overbeck el 11 de abril en el programa Anne Will de ARD1. Al mediodía yo había estado hablando por teléfono con un sacerdote amigo, que era fuertemente depresivo debido a su homosexualidad. Yo lo consolaba entre otras cosas con el nuevo Catecismo de la Iglesia Católica de 1992, que exige respecto y delicadeza hacia las personas homosexuales y condena toda discriminación injusta.
Pocas horas después se da el veredicto de Overbeck, pronunciado ante un público de millones, de que “es un pecado ser homosexual”. Y como si quisiera superar a Overbeck, el hombre más poderoso junto al Papa, el Cardenal Secretario de Estado Tarcisio Bertone, no tiene ningún problema en afirmar al día siguiente una relación causal entre la homosexualidad y los casos de abusos sexuales en la Iglesia católica.
En ese momento me quedó algo claro: yo no debía seguir callando ante tales declaraciones; en cierto sentido me había hecho cómplice de ellos a través de mi trabajo de años en el ámbito conservador católico. Esa misma noche renuncié a mi puesto de editor y redactor jefe de la revista Theologisches, desde hace 30 años el órgano más importante y de mayor circulación de ese grupo.
En el fondo todo comenzó con mi fascinación por la antigua liturgia latina de “rito tridentino”: fastuosas vestimentas barrocas y encaje fino, música sacra clásica, nubes de incienso, una espléndida escenificación, ante la cual cualquier director de ópera palidecería de envidia, y todo bien asegurado en manos masculinas.
Está unión refinadísima de lo estético con lo sagrado (Karl Rahner) me hizo por una parte inmune a aquellas escenificaciones que la movida gay ha revestido de modo similar con el rango de un sustituto de la religión, tomando de la Iglesia católica numerosos préstamos formales, tanto en las procesiones anuales del Día del Orgullo Gay como en las orgías fetichistas celebradas ritualmente. Por otra parte, gracias a mi interés por la liturgia tradicional conocí a otros hombres homosexuales de mi edad que estaban a favor de ella, en parte en puestos directivos de la Iglesia.
De modo que no fue casualidad que mi primer trabajo escrito, que preparé en el curso de teología dogmática, apareciera en UNA VOCE Korrespondenz, una revista que se dedica sobretodo a la defensa de la liturgia clásica. A mí, como joven estudiante, me llenaba de orgullo ver mi nombre impreso, y pronto recibí también numerosas cartas de apoyo, sobretodo de hombres del ámbito universitario. Siguieron las primeras invitaciones para ponencias en la Fraternidad Sacerdotal San Pío X y otras comunidades similares.
Yo las acepté con la ingenuidad del estudiante que no se hace preguntas respecto a los antecedentes de estas comunidades. Evidentemente, en aquellos años surgió en conversaciones con amigos siempre la misma pregunta: ¿cómo puedes apoyar una teología y política eclesial que tiene precisamente una posición tan intolerante hacia la homosexualidad? Junto a la estética ya mencionada, que en la totalidad de su forma se halla tan cercana a la cultura homosexual, también era posiblemente un sentimiento subconsciente de culpa el que me motivaba sobremanera, a la vez que a la penitencia, a ser estricta y particularmente fiel al Papa y a la Iglesia.
Antes de que pudiera o quisiera pensarlo dos veces, me encontré metido en el medio católico conservador extremo. Debido a eso, sacar mi doctorado y obtener la habilitación para poder enseñar a nivel universitario no fue precisamente fácil, pero sí posible gracias a teólogos bastante liberales. Mi homosexualidad nunca fue, de una u otra manera, tema de conversación. El punto culminante de mi enraizamiento en el espectro tradicionalista lo representó mi nombramiento como editor de la revista Theologisches en el verano de 2003.
La conversación previa al respecto se efectuó en mi vivienda privada. Era evidente que allí no se iba a encontrar uno con la familia ideal católica con mujer y cinco hijos. La discrepancia entre mi nueva patria espiritual y mi orientación sexual, que hasta el momento no había representado verdaderamente un problema para mí y para mi entorno de vida, se me hizo evidente por primera vez durante una cena, a la cual un jurista cercano a la revista Junge Freiheit [Libertad Joven] y promotor de la movida tradicionalista había invitado a representantes de la misma.
En la mesa se habló sobre sacerdotes homosexuales, que aparentemente operaban una red para infiltrar la Iglesia desde adentro. Luego se extendió el tema a todos los homosexuales y se señaló desenfadadamente lo catastrófico que habían sido las consecuencias de la abolición del artículo 1752. Se podía pensar lo que se quiera sobre el “Tercer Reich”, pero entonces, sea como sea, se sabía resolver el problema. En otras palabras: se trataba de un consentimiento mal disimulado con el terror de los nazis, que habían encerrado a los gays y a las lesbianas en campos de concentración y los habían asesinado.
Yo callé ante tales barbaridades, sintiéndome muy mal. Mi silencio, sin embargo, desconcertó por lo visto a mis interlocutores y a otros, que fueron informados al respecto. Continuamente y cada vez con mayor frecuencia se tocaba el tema de la homosexualidad en mi presencia, para probar si había una reacción de mi parte. Recuerdo particularmente una conversación con un príncipe de la Iglesia renano, que me invitó a tomar té en mi calidad de editor de Theologisches. Absolutamente fuera de contexto me contó que él se guardaba minuciosamente de ordenar sacerdotes a personas de orientación homosexual, de modo que en su diócesis no habría ninguno. El que sabe cuántos sacerdotes gay hay en cada diócesis católica, una cosa le queda clara: aquí se llevaba a la práctica sin disimulo el programa de la falta de sinceridad. La apariencia de un mundo de cuento católico ideal tiene que ser preservada a cualquier precio. Y yo mismo era parte de este sistema hipócrita y mojigato.
Recién gracias al “caso St. Pölten”, donde en el seminario de la diócesis se llegó a orgías homosexuales, y gracias a conversaciones con sacerdotes homosexuales de mi círculo de amigos más cercano, tomé conciencia de que en el fondo de esta falta de sinceridad no hay candidez o represión, como supuse en un principio. Más bien, cargos importantes de la Iglesia —independientemente de que en política eclesial se les considere conservadores o progresistas— se valen de la bella apariencia, para en secreto recolectar diligentemente información sobre aquellos de los cuales sospechan ser homosexuales.
El material incriminatorio, por supuesto, es puesto en juego recién cuando se necesita. Tan pronto como alguien no anda como quieren las autoridades eclesiales, se utiliza la homosexualidad de la persona en cuestión como medio de presión para hacerla dócil. Desde el aspecto del poder no hay nada mejor para un obispo que un sacerdote católico que oculta con vergüenza su homosexualidad.
Yo me hago hoy la pregunta de por qué tantos hombres homosexuales se sienten atraídos por una institución que hacia afuera niega su orientación y hacia adentro abusa de ella a favor de un sistema de pérfidos mecanismos de opresión. Creo que con la mayoría la cosa no debe haber sido muy distinta de como fue conmigo. Podría relatar varios casos puntuales, más o menos prominentes. Pero no voy a sacar a nadie del clóset contra su voluntad y por eso me limito a mi propia experiencia.
Estoy seguro, en base al comportamiento y los comentarios del personal de Theologisches, que los más importantes encargados y autores de la revista ya sabían de mi homosexualidad al momento de mi nombramiento como editor y redactor jefe. Ideológicamente no se les podía pasar por alto. Pero no obstante yo les caía a pelo. Mi predecesor se había vuelto muy autónomo para el círculo promotor, y por eso se esperaba tal vez un nuevo editor fiel a la línea, voluntarioso y además bien domesticable debido a su orientación sexual. A instancias del filósofo Walter Hoers y del ya fallecido Cardenal Leo Scheffczyk, asumí el puesto que yo no había ambicionado.
Pero después no trabajé de la manera que algunos se habían imaginado. Autores políticamente radicales de derecha, aportes antisemitas, homófobos y groseramente contrarios a la dignidad humana no fueron en lo sucesivo tolerados por mí. El fanatismo de abstrusas apariciones marianas, referentes sobre todo a Heroldsbach, lugar de apariciones no reconocidas por la Iglesia en Franconia Central, lo sometí a crítica. Esto llevó a que desde el entorno de la revista y a través de la página web kreuz.net3 se difundieran rumores sobre mí, mi homosexualidad y mi supuesta vida sexual. Da testimonio más bien de lo inocuo de mi vida privada que mis contrincantes no tuvieran nada más a mano que mi perfil de Facebook, en el cual se ven fotos de mis amigos de Facebook y donde había puesto un enlace a los “Gay Games” que se realizan en mi ciudad natal.
Inicialmente todo esto apareció en el foro de lectores de kreuz.net, después de una entrevista crítica sobre el tradicionalismo vulgar y una glosa elaborada por mí sobre la página web, pero también como “noticia” en la parte redactada. La consecuencia: ¡gran revuelo en el círculo promotor de Theologisches! Y vinculado con ello la siguiente pregunta: “¿Provienen estos aportes verdaderamente de usted? ¡Pues eso lo han hecho enemigos de la fe y se lo atribuyen a usted! ¡Ciertamente usted no escribe en páginas donde también escriben homosexuales! ¡Usted debe desmentir de inmediato que eso sea de usted!”
También esto forma parte de la salvaguardia insincera de la apariencia, cuando se cree que (aún) se puede hacer bueno uso de uno. Típico de este método es la carta de despido que me escribió el suizo Manfred Hauke, profesor de teología dogmática, el enemigo más enconado en todo Europa de la ordenación diaconal y sacerdotal de las mujeres. En su carta dice sin tapujos lo siguiente sobre mí: “Es sorprendente desde luego la desfachatez con la cual él mismo ha buscado los reflectores de la opinión pública. Si no, le hubiéramos dado la oportunidad, después de una renuncia discreta, de tomar distancia del medio del cual da un triste testimonio su presencia en Facebook, y de concentrarse nuevamente sobre su gran responsabilidad como teólogo habilitado”.
Si firmaba una petición a favor del Concilio Vaticano II y contra la rehabilitación del negador del holocausto Richard Williamson4 o publicaba un artículo que no encajaba en la visión del mundo neoconservadora, siempre era llamado a una conversación seria. Por seguridad siempre estaban dos eclesiásticos presentes, y siempre se soltaba en estas conversaciones comentarios sobre la homosexualidad. Con frecuencia no se desprendían del contexto, sino que eran esparcidos desvergonzadamente.
Así fue en una conversación con dos catedráticos de teología dogmática. A poco resultó que los religiosos señores estaban hambrientos, y decidimos salir a comer. Mi propuesta de ir a algún local de la cercana Rudolfplatz en Colonia suscitó gran consternación: eso no es posible de ninguna manera, pues se trataría de un lugar muy frecuentado por homosexuales. En su lugar, terminamos en una cervecería típica. Yo conocía a los dos meseros que nos atendían. Ambos son gays. Me consolaba con el pensamiento de que por lo menos el cocinero que les preparaba la comida a los religiosos señores podría ser de orientación heterosexual.
A partir de este incidente ya no pude tomar verdaderamente en serio a los miembros del círculo promotor. El trabajo con ellos se había convertido para mí en un juego del gato y el ratón. Paralelamente al aumento sectario de tendencias homófobas en el catolicismo, que llegó a su clímax por el momento con las declaraciones del Cardenal Bertone y del obispo Overbeck, creció también mi animadversión contra toda forma de falta de sinceridad y contra los mecanismos que se apoyan sobre esta falta de sinceridad. El reconocimiento de que yo mismo era parte de esta maquinaria y que la mantenía en marcha a través de mi trabajo fue un proceso doloroso.
En mi camino a este punto me ayudó mi dedicación al doctor de la Iglesia del medioevo Tomás de Aquino, sobre el cual yo había redactado numerosos estudios en años anteriores. Lo nuevo y precisamente revolucionario para el siglo XIII en la filosofía de Santo Tomás se halla en su orientación positiva hacia el “mundo”, hacia la realidad concreta. Santo Tomás contempla la ciencia y la razón, bajo la influencia de una recepción inteligente de Aristóteles, ya no de forma unilateral en cuanto peligros para la fe o en cuanto “sirvientas”, sino que reconoce su valor propio.
Aplicado en relación con la homosexualidad, esto quiere decir: quien no tiene una concepción periférica sobre Tomás de Aquino, aún el filósofo mas decisivo de la tradición católica, según la cual se le considera únicamente como hijo de su tiempo, sino que se orienta por las ideas guía de su pensamiento, se formará un juicio inteligente sobre la homosexualidad con la ayuda de las modernas ciencias humanas. Por mas contradictorio que parezca para los católicos conservadores, es posible sobre este trasfondo que uno se pueda apoyar como cristiano en Santo Tomás y al mismo tiempo ser gay.
Con esta recepción de Santo Tomás se vinculaba para mí una nueva comprensión del concepto de “tradición”: el Papa Juan Pablo II le atribuía con todo derecho al excomulgado arzobispo Marcel Lefebvre, fundador de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X, una comprensión insuficiente de la cuestión, que obviaba el carácter vivo de la tradición. Mi intensa dedicación a cuestiones histórico-teológicas permitió que en mí ganara espacio el reconocimiento de que la tradición católica es más viva de lo que yo había asumido hasta el momento: ¿qué no ha cambiado en la vida y doctrina de la Iglesia, que durante siglos haya sido considerado inmutable? Si en una cuestión capital de la doctrina moral como la prohibición de cobrar intereses es posible cambiar por completo la doctrina de la Iglesia; cuando contenidos dogmáticos centrales se modifican bajo la influencia de las relaciones ecuménicas, ¿por qué no puede ser esto posible en cuanto a la valoración de la homosexualidad? ¿Por qué la Iglesia no debería reconocer los resultados de las ciencias humanas, que han transformado de manera fundamental tanto la jurisprudencia del mundo civilizado como el sentido de la fe de la gran mayoría de católicos?
¿No sería esto — también de cara a los muchos sacerdotes de orientación homosexual— un signo de la nueva sinceridad que se han propuesto el Papa y los obispos en relación al escándalo de los abusos sexuales? ¿Qué se opone a que se diga apoyándonos en el Concilio Vaticano II: “Los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de las personas homosexuales de nuestro tiempo son a la vez gozos y esperanzas, tristezas y angustias de los discípulos de Cristo”? El inicio de la importante Constitución Pastoral “Gaudium et spes” aquí mencionado es por lo demás uno de los textos favoritos del Papa actual, Benedicto XVI. El Catecismo de la Iglesia Católica de 1992 ha dado de manera ejemplar un importante paso más allá de la apertura propagada por el Concilio.
¿De qué tiene miedo la cúpula eclesial, que incurre otra vez en marginación y aversión, en lugar de ir hacia adelante con la valentía de la fe y de la razón?
NOTAS
1 Las siglas ARD significan “Arbeitsgemeinschaft der öffentlich-rechtlichen Rundfunkanstalten der Bundesrepublik Deutschland” (“Consorcio de instituciones públicas de radiodifusión de la República Federal de Alemania”). Tiene un canal de televisión conocido como “Das Erste” (“La Primera”).
2 El artículo (párrafo o parágrafo) 175 del código penal alemán (§ 175 StGB-Deutschland) fue una norma jurídica que estuvo vigente en Alemania desde el 1 de enero de 1872 hasta el 11 de junio de 1994, cuyo contenido penaba las relaciones homosexuales entre personas de sexo masculino. En total, unos 140.000 hombres fueron procesados bajo las diferentes versiones de este artículo. En 1935, el régimen nazi endureció el contenido del artículo 175. Entre otras cosas, se incrementó la pena máxima de seis meses a cinco años de prisión y, además, se ampliaron las actividades relacionadas con actos condenables bajo la ley. Inicialmente sólo se refirió a la actividad sexual (a todo tipo de acciones “obscenas”), pero el nuevo párrafo 175a, pensado para “casos con agravante”, prescribía penas de uno a diez años de trabajos forzados. La homosexualidad era reprimida porque se consideraba una muestra de degeneración racial que podía transmitirse, como vicio, de unos individuos a otros; por ello, había que cortarla de raíz para evitar que se extendiera entre la población.
3 Página web católica tradicionalista que estuvo activa entre 2004 y diciembre de 2012 y que incluía en sus textos contenidos de extrema derecha, antisemitas, homófobos, difamatorios y anti-islámicos.
4 Obispo católico inglés que perteneció a la Fraternidad Sacerdotal San Pío X hasta el año 2012, cuando fue expulsado de la misma. Recibió la consagración episcopal de parte de Monseñor Lefebvre. Fue excomulgado por el Papa Juan Pablo II en 1988 acusado de cismático y no seguir la verdadera tradición de la Iglesia católica. Benedicto XVI le levantó la suspensión a través de la Congregación para los Obispos el 21 de enero de 2009. Sin embargo, las declaraciones de Williamson a la televisión sueca negando el holocausto judío fueron motivo de controversia respecto a esta decisión papal.

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Publicado en Frankfurter Rundschau el 23 de abril de 2010
Traducción al español: Martin Scheuch

UN SANTO DE FOLLETÍN

Charlie Cox como Josemaría Escrivá en "There Be Dragons" (Roland Joffé, 2011)

Charlie Cox como Josemaría Escrivá en “There Be Dragons” (Roland Joffé, 2011)

En el año 2011 se estrenó en España “Encontrarás dragones”, película de Roland Joffé que tiene como personaje principal a Josemaría Escrivá de Balaguer, fundador del Opus Dei, y que fue financiada con dineros provenientes de empresarios afines a la Obra.

Si bien la trama abarca varias épocas, los acontecimientos principales ocurren durante la Guerra Civil Española, siguiendo las aventuras de un Josemaría guapo, risueño, tolerante, de costumbres sencillas y espíritu de pobre, y sobretodo capaz de heroísmo hasta el sacrificio. En fin, un santo de folletín al cual no se le ve el revés de la flaqueza humana, aquel que según varios testigos fidedignos se manifestó en ataques de ira, manipulación de conciencias, mentiras sobre su propia historia y la de su institución, culto a la personalidad, fanatismo, exigencia de trato preferencial por parte de sus seguidores, gusto por ciertos placeres de este mundo (regalos lujosos, aplausos, estar con gente importante, casas espléndidas, honores, comidas superexquisitas), ansia personal de un título nobiliario (que vio satisfecha cuando se le otorgó el de Marqués de Peralta).

A estos testigos que conocieron personalmente a Escrivá nunca se les permitió declarar en el proceso de canonización, y de entre los más de 1.000 testimonios recogidos sólo se aceptó uno en contra. ¿No se habrá canonizado la imagen idealizada de un santo que no lo es? ¿No estamos más bien ante un santo de folletín, que poco tiene que ver con el sacerdote de carne y hueso que realmente existió?

Pregúntenle al Cardenal Cipriani, que también tiene mucho de folletín en ciertos medios de prensa y poco de carne y hueso de este mundo.

(Columna publicada en Exitosa Diario el 3 de setiembre de 2014)

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Pocas veces una canonización fue tan rápida y estuvo tan rodeada de polémica como la de Josemaría Escrivá de Balaguer, a tal punto que, aún después de ser elevado a los altares, siguen habiendo muchos fieles católicos que dudan en conciencia y de buena fe de la santidad del fundador del Opus Dei. De hecho, el proceso parece haber estado plagado de irregularidades, siendo una de las más llamativas el que fueran impedidos de declarar como testigos ex-miembros del Opus Dei que conocieron personalmente de cerca a Escrivá y cuyos testimonios en contra de su supuesta santidad eran contundentes, entre ellos María del Carmen Tapia, Miguel Fisac, el P. Vladimir Feltzman, John Roche y María Angustias Moreno.

Si bien durante siglos se ha aceptado como doctrina corriente entre los teólogos que en la canonización de los santos entra en juego la infalibilidad pontificia, la beatificación y posterior canonización de Escrivá ha dado lugar a una serie de reflexiones sobre si puede sostenerse aún esa opinión teológica, que nunca ha sido declarada oficial dentro de la Iglesia católica (ver, por ejemplo, http://exopus.wordpress.com/2009/01/13/la-canonizacion-de-balaguer-no-compete-a-la-infalibilidad-de-la-iglesia/).

En otras palabras: ¿puede el Magisterio de la Iglesia equivocarse al elevar a una persona a la dignidad de los altares?

Similares reflexiones se han originado en el campo tradicionalista después de la canonización de los Papas Juan XXIII y Juan Pablo II (ver http://info-caotica.blogspot.de/2014/04/las-canonizaciones-de-juan-xxiii-y-de.html) y en el campo progresista con motivo de la canonización de este último (ver http://www.elplural.com/2014/04/28/malestar-entre-los-cristianos-de-base-por-la-canoninacion-de-juan-pablo-ii/). Independientemente de las circunstancias que hayan suscitado esas reflexiones, todas parecen coincidir en sus puntos principales. A saber, que la infalibilidad pontificia se extiende sólo a cuestiones de fe y costumbres contenidas en la Revelación divina, tal como lo expresa la doctrina de la Iglesia:

«Esta infalibilidad que el divino Redentor quiso que tuviese su Iglesia cuando define la doctrina de fe y costumbres, se extiende tanto cuanto abarca el depósito de la Revelación, que debe ser custodiado santamente y expresado con fidelidad. El Romano Pontífice, Cabeza del Colegio episcopal, goza de esta misma infalibilidad en razón de su oficio cuando, como supremo pastor y doctor de todos los fieles, que confirma en la fe a sus hermanos (cf. Lc 22,32), proclama de una forma definitiva la doctrina de fe y costumbres.» (Concilio Vaticano II, Constitución dogmática sobre la Iglesia Lumen Gentium, 24)

La canonización de una persona en cuanto declaración formal de que tuvo una vida santa y, por lo tanto, se halla entre los bienaventurados en el cielo no cumple con esa condición. No se trata de una verdad contenida en la Revelación. Y por eso mismo, no forma parte de aquellos enunciados de fe que el fiel católico está obligado a creer. El culto a los santos es algo legítimo, y mal estaría de un católico negar esta costumbre ancestral de la Iglesia, pero no existe la obligación de creer en la santidad de ningún santo particular reconocido por la Iglesia (a excepción tal vez de la Virgen María).

Es decir, quien dude de la santidad del Marqués de Peralta, Josemaría Escrivá de Balaguer, fundador de una organización católica con características sectarias y con miembros ilustres que han apoyado a dictadores con muertos a sus espaldas —como Francisco Franco en España, Augusto Pinochet en Chile y Alberto Fujimori en el Perú, por mencionar a algunos—, no pone en riesgo su fe ni su pertenencia a la Iglesia católica.

Pues si bien como católicos creemos que la Iglesia no se equivoca al proponer a determinadas personas como modelos de santidad, la regla general no impide que en algunos casos particulares circunscritos a un espacio y tiempo determinados se pueda cometer un error. La Enciclopedia Católica Online de ACI Digital admite que la infalibilidad papal respecto a las canonizaciones es sólo una opinión mayoritaria entre los teólogos y «es un asunto de creencia pía» (ver http://ec.aciprensa.com/wiki/Beatificación_y_Canonización). Suponemos que esos teólogos no llegaron a prever que pudiera darse un caso como el de Josemaría Escrivá de Balaguer, capaz de quitarle toda creencia pía a cualquiera.

Asímismo, todavía sigue en pie lo que decía el Concilio de Trento: «nadie puede saber con certeza de fe, en la que no puede caber error, que ha conseguido la gracia de Dios» (DS 1534). De modo análogo, nadie en la Iglesia podría afirmar con absoluta certeza que determinada persona se hallaba en gracia de Dios al momento de morir y goza por lo tanto de la bienaventuranza eterna. El Catecismo de la Iglesia Católica, en el momento de citar este texto de Trento, matiza un poco la idea:

«La gracia, siendo de orden sobrenatural, escapa a nuestra experiencia y sólo puede ser conocida por la fe. Por tanto, no podemos fundarnos en nuestros sentimientos o nuestras obras para deducir de ellos que estamos justificados y salvados (Concilio de Trento: DS 1533-34). Sin embargo, según las palabras del Señor: “Por sus frutos los conoceréis” (Mt 7, 20), la consideración de los beneficios de Dios en nuestra vida y en la vida de los santos nos ofrece una garantía de que la gracia está actuando en nosotros y nos incita a una fe cada vez mayor y a una actitud de pobreza llena de confianza.» (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2005)

Se deduce de ello que la Iglesia, antes de dictaminar con su autoridad la santidad de determinada persona, examinará sus “frutos”, basándose en un estudio histórico de la figura de la persona, en el análisis de los testimonios de aquellos que lo conocieron personalmente, en la veneración que le tiene el pueblo fiel por su sentido de la fe o en los posibles milagros hechos por su intercesión. La conclusión final a la que se llegue, según lo expuesto, no cuenta con la garantía de una infalibilidad a prueba de balas, pues se basa en procedimientos humanos susceptibles de error. En teoría, una investigación deficiente podría llevar a que se eleve a los altares a alguien que no lo merece.

Prueba de que el culto oficial de un santo reconocido por la Iglesia no tiene carácter definitivo está en algunas “descanonizaciones” que se efectuaron de “santos” que realmente existieron, como San Crispín y San Guillermo de Norwich (ver http://info-caotica.blogspot.de/2011/10/san-crispin-y-otras-descanonizaciones.html). Asimismo, el 10 de mayo de 1969, el Papa Pablo VI excluyó del Martirologio Romano a 33 santos que nunca se comprobó que existieran. De este modo, Santa Bárbara, Santa Úrsula, Santa Catalina de Alejandría, San Cristóbal, San Jorge, San Valentín y otros fueron desterrados del santoral católico y del calendario litúrgico. Lo que no se pudo eliminar fue la devoción existente en el pueblo cristiano ni las imágenes de estos “santos” todavía presentes en muchas iglesias católicas edificadas en épocas antiguas. Las leyendas que han alimentado la fe de generaciones enteras de cristianos no pueden ser eliminadas de la noche a la mañana. Además, creer en leyendas no tiene nada de malo y no constituye nada que la Iglesia repruebe oficialmente, mientras no vaya contra el núcleo de la fe cristiana. Al contrario, puede ser beneficioso en la medida en que estas leyendas representan valores humanos y cristianos que impulsan a las personas a mantenerse en el camino del seguimiento del Jesús de los Evangelios.

La canonización de Escrivá de Balaguer, por lo tanto, no debería constituir ningún problema para aquellos que creen en su leyenda, en aquella imagen oficial que comenzó a ser acuñada durante la vida del personaje y que luego ha sido ampliada, completada y difundida después de su muerte. El problema surge cuando los acontecimientos históricos sobre el personaje en cuestión no se hallan tan lejos en el tiempo, y muchos de ellos contradicen abiertamente la imagen legendaria que se ha formado, tal como se desprende de los testimonios fidedignos de muchas personas que lo conocieron de cerca y que pudieron librarse del control mental que se aplica en el Opus Dei. No extraña, pues, que dos miembros del tribunal que debía juzgar sobre la beatificación de Escrivá se pronunciaran en contra, a saber, el español Justo Fernández Alonso, rector de la Iglesia Nacional Española de Santiago y Montserrat, en Roma, y el italiano Luigi de Magistris, de la Sagrada Penitenciaría Vaticana, asegurando uno de ellos por escrito que tal beatificación podría suponer “un grave escándalo público” (ver http://elpais.com/diario/1992/01/08/sociedad/694825201_850215.html). Como de hecho ha ocurrido.

Mientras tanto, sólo queda esperar que el Espíritu Santo haga su labor y en algún momento se vuelva a hacer una auténtica depuración del santoral católico. Pues después de la simplificación administrativa de los procesos de canonización decretada en 1983 por el Papa Juan Pablo II, donde se eliminó la figura del “promotor de la fe”, conocido popularmente como “abogado del diablo” —cuya tarea consistía en objetar, exigir pruebas y descubrir errores en toda la documentación aportada para demostrar los méritos del presunto candidato a los altares como beato o santo—, no resultaría extraño que entre tanta avalancha de beatificados y canonizados por el Papa Juan Pablo II (ver http://panoramacatolico.info/articulo/juan-pablo-ii-y-la-l-nea-de-montaje-de-santos) no se haya colado uno que otro que no merecía esos honores.

Esperamos esa depuración en nombre de la verdad y del buen gusto, para que no tengamos que sufrir el desagrado de seguir viendo colocadas en algunas iglesias estas esperpénticas muestras de arte religioso de dudosa calidad.

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ALGUNAS FRASES Y ANÉCDOTAS SABROSAS (DE ENTRE TANTAS QUE HAY) DE MONS. ESCRIVÁ DE BALAGUER

«El matrimonio es para la clase de tropa y no para el estado mayor de Cristo. —Así, mientras comer es una exigencia para cada individuo, engendrar es exigencia sólo para la especie, pudiendo desentenderse las personas singulares». (Camino, 28)

«Cuando un seglar se erige en maestro de moral se equivoca frecuentemente: los seglares sólo pueden ser discípulos.» (Camino, 61)

«¡La guerra! —La guerra tiene una finalidad sobrenatural —me dices— desconocida para el mundo: La guerra ha sido para nosotros…
—La guerra es el obstáculo máximo del camino fácil. —Pero tendremos, al final, que amarla, como el religioso debe amar sus disciplinas.» (Camino, 311)

«El plano de santidad que nos pide el Señor, está determinado por estos tres puntos:
La santa intransigencia, la santa coacción y la santa desvergüenza.» (Camino, 387)

«La intransigencia no es intransigencia a secas: es “la santa intransigencia”.
No olvidemos que también hay una “santa coacción”.» (Camino, 398)

«Obedecer…, camino seguro. —Obedecer ciegamente al superior…, camino de santidad. —Obedecer en tu apostolado…, el único camino: porque, en una obra de Dios, el espíritu ha de ser obedecer o marcharse.» (Camino, 941)

«Si queréis entregaros a Dios en el mundo, antes que sabios —ellas no hace falta que sean sabias: basta que sean discretas— habéis de ser espirituales, muy unidos al Señor por la oración: habéis de llevar un manto invisible que cubra todos y cada uno de vuestros sentidos y potencias: orar, orar y orar; expiar, expiar y expiar.» (Camino, 946)

«¡Porque me da la gana! Que es una razón muy sobrenatural.»
Frase atribuida a Escrivá, corroborada por una cita de su libro Es Cristo que pasa:
«Tal vez perdiste entonces la tranquilidad y no la recuperaste, convertida en paz, hasta que libremente, porque te dio la gana —que es la razón más sobrenatural—, respondiste que sí a Dios.»
El evidente voluntarismo que destila este desafortunado enunciado podría se incompatible con la doctrina sobre la gracia que enseña la Iglesia.

«Prefiero mil veces que una hija mía muera sin recibir los sacramentos, antes de que le sean administrados por un jesuita.» (Citado por María del Carmen Tapia, en su libro Tras el umbral. Una vida en el Opus Dei, Ediciones B 1992, ver http://www.opuslibros.org/PDF/tras_umbral.pdf)

«Al comienzo de mi ingreso en el Opus, el fundador vio que una chica del servicio de la casa donde yo vivía, salía a la calle sin medias (esto era por el año 45) y me dijo que la despidiera. Al día siguiente me llamó por teléfono diciéndome:
—¿Has despedido a la sirvienta?
—No, padre. Me ha dado pena echarla a la calle.
Montó en cólera y me dijo:
—¡Pena sólo con la Obra! Despídela inmediaticamente.»

«El fundador vino una vez a España, exclusivamente a hablar a un grupo de personas y nos dijo justo al terminar el Concilio Vaticano II: “Hijas mías, vengo a deciros que la Iglesia va muy mal, va al desastre, lo que os digo es que pidáis por la Iglesia, porque está muy mal, este Concilio es el Concilio del diablo”.»

«Una vez estando en Roma cayó en mis manos un libro sobre un cartujo llamado Rafael. A mí la vida monástica siempre me había interesado y yo lo estaba leyendo. Pasó el padre Escrivá y me dijo:
—¿Qué estás leyendo, qué es esto? Pero ¿quién te ha dado permiso para leer este libro?
—He visto que era un cartujo y…
—¿Qué tienes que ver tú con un cartujo? Para ti es mal espíritu, ¡fuera!
Me lo cogió violentamente y lo rompió.»

(Anécdotas relatadas por Rosario Badules en su libro Escrivá de Balaguer: ¿Mito o santo?, Libertarias/Prodhufi 1992, ver http://www.opuslibros.org/escritos/rosario_badules.htm)

«He aquí un rasgo que casi todos los autores que han escrito sobre el Opus en un sentido crítico están conformes en reconocer en el carácter del fundador. Tiene lo que suele llamarse “bruscas y violentas cóleras” en que monseñor pierde los estribos y comienza a gritar. Parece ser que una de las causas de mayor irritación para él es la salida del Instituto de alguna persona que haya prestado una valiosa colaboración o que, por la responsabilidad del cargo que ha ocupado, esté en situación de dañar a la Obra con sus posibles indiscreciones. Suele decir, cuando está enfadado: “Para el que abandone el Opus Dei, no doy diez céntimos por su alma.” A una asociada que estuvo durante largo tiempo en el Instituto desempeñando misiones de alguna importancia y que luego salió, la llamó a Roma y —según ella misma me contó— la increpó duramente diciéndole: “Estás en pecado mortal.” Después de haberle dedicado una larga y muy poco sacerdotal serie de injuriosos epítetos, le dijo: “¡La Magdalena era una pecadora, pero tú eres una corruptora!” Y la amenazó afirmando que “si se filtra algo de lo que tú has visto en la Obra, yo, José María Escrivá de Balaguer y Albás, haré publicar un editorial contra ti en todos los periódicos del mundo”.» (Luis Carandell, Vida y milagros de Monseñor Escrivá de Balaguer, LAIA/ paperback 1975, ver www.opuslibros.org/vida_milagros.pdf)

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FUENTES

De “Encontrarás dragones” a “Secretos de pasión” (4 de agosto de 2012)
http://www.opuslibros.org/nuevaweb/modules.php?name=News&file=article&sid=20067

El País
Un cardenal amigo de Escrivá y excluyó a los testigos opuestos a su beatificacion (14 de mayo de 1992)
http://elpais.com/diario/1992/05/14/sociedad/705794408_850215.html

Documento de exclusión de importantes testigos en el proceso de beatificación de Escrivá (12 de septiembre de 1984)
http://www.opus-info.org/index.php?title=Exclusion_de_testigos_en_la_causa_de_beatificaci%C3%B3n

Vatican Insider
¿Canonizaciones infalibles? (5 de septiembre de 2014)
http://vaticaninsider.lastampa.it/es/vaticano/dettagliospain/articolo/canonizzazioni-canonizations-canonizaciones-35158/

InfoCaótica
A vuelta con la infalibilidad de las canonizaciones (7 de enero de 2013)
http://info-caotica.blogspot.de/2013/01/a-vueltas-con-la-infalibilidad-de-las.html

Enciclopedia Católica Online
Beatificación y Canonización
http://ec.aciprensa.com/wiki/Beatificación_y_Canonización

José Mª Castillo, Historia de la canonización en la Cristiandad: su significación de fondo (11 de julio de 2013 / Publicado en Concilium N° 351)
http://blogs.periodistadigital.com/teologia-sin-censura.php/2013/07/11/historia-de-la-canonizacion-en-la-cristi

LOS HOMOSEXUALES HOMÓFOBOS

Giovanni Ciccia y Santiago Magill en "No se lo digas a nadie" (Francisco J. Lombardi, 1998)

Giovanni Ciccia y Santiago Magill en “No se lo digas a nadie” (Francisco J. Lombardi, 1998)

«En este país puedes ser coquero, ladrón, mujeriego o lo que te dé la gana, pero no te puedes dar el lujo de ser maricón», le dice Alfonso (interpretado por Giovanni Ciccia) a Joaquín (Santiago Magill) después de hacer el amor en la película peruana No se lo digas a nadie.

Esto que ocurre en una sociedad tan machista como la limeña, donde hay hombres que como Alfonso se acuestan con otros de lo puro macho que son, que se niegan a admitir que son homosexuales y mantienen una actitud agresiva e intolerante hacia todo lo relacionado con la cultura gay, tiene también puntos en común con lo que el teólogo católico David Berger ha denunciado desde que salió del clóset con la publicación de su artículo “No debo seguir callando” (“Ich darf nicht länger schweigen”) en el Frankfurter Rundschau del 23 de abril de 2010.

Berger precisa que en la Iglesia católica hay un elevado número de eclesiásticos homosexuales que a la vez se muestran intolerantes hacia todo lo relacionado con la homosexualidad. Pero que ven en la Iglesia un medio para ser aceptados socialmente mientras mantengan en silencio su situación —y sus posibles vicios ocultos—, confiando en que el estado de vida que han elegido será lo suficientemente efectivo para poder expiar su vergonzosa condición. Por eso suelen mostrarse sobremanera piadosos y fieles al Sumo Pontífice, y contribuyen lealmente a mantener la santa apariencia de una Iglesia de valores familiares burgueses que ha perdido la mordiente subversiva e inquietante del Jesús de los Evangelios.

Dedico este artículo al puñado de amigos homosexuales sinceros que conocí en el Sodalicio de Vida Cristiana.

(Columna publicada en Exitosa Diario el 27 de agosto de 2014)

LA SONRISA CONGELADA

Robin Williams (1951-2014)

Robin Williams (1951-2014)

Hay películas que sirven para anestesiar las conciencias y otras que sirven para estimularlas. Películas inocuas para pasar el tiempo y adormecer la inteligencia, y películas para darle sentido al tiempo, para despertar la voluntad de comprometerse con la realidad y suscitar el deseo de cambiar el mundo.

Robin Williams hizo los dos tipos de películas. El crítico Roger Ebert dijo alguna vez que era un actor talentoso del cual se espera roles adecuados pero que tenía una debilidad por los roles equivocados. Prueba de ello es la cantidad de películas mediocres que hay en su filmografía.

Icono del cine comercial, de películas complacientes destinadas a toda la familia, donde dio despliegue a su repertorio de clichés como comediante sobreactuado, también se le recuerda entrañablemente como el profesor John Keating en La sociedad de los poetas muertos (Dead Poets Society, 1989) y el doctor Sean Maguire en En busca del destino (Good Will Hunting, 1997). Entre sus roles memorables por inquietantes, aunque opacados por su aura de comediante, están sus interpretaciones como psicópata en Retratos de una obsesión (One Hour Photo, 2002) e Insomnia (2002).

Recientemente he visto una de sus últimas películas, World’s Greatest Dad (2009), una comedia independiente con una ácida crítica a los convencionalismos de la sociedad norteamericana. Me he encontrado con un Robin Williams al nivel de los grandes del cine, con una actuación contenida pero intensa, en un rol cargado de ambigüedad moral, donde la sonrisa se le congela a uno en el rostro ante situaciones bizarras que revelan que el mundo no es tan idílico como la sociedad burguesa pretende presentarlo. Como en la vida real, donde detrás de la imagen de un Williams risueño anidaba la tragedia.

(Columna publicada en Exitosa Diario el 20 de agosto de 2014)

EL CURA ANTIMPERIALISTA

miguel_descotoMiguel D’Escoto es un sacerdote católico, nacido en Los Angeles (EE.UU.) en 1933 pero criado en Nicaragua. Como miembro de la Sociedad Misionera de Maryknoll, se comprometió desde temprano con los más desfavorecidos. Atraído por la teología de la liberación e impulsado por un deseo de justicia, se unió en 1975 al Frente Sandinista de Liberación Nacional, que derrocaría en 1979 al dictador Anastasio Somoza.

Como Ministro de Relaciones Exteriores del gobierno sandinista de 1979 a 1990, contribuiría al logro de los procesos de paz de Contadora y Esquipulas en Centroamérica. Sin embargo, su actividad política le costaría ser suspendido de sus funciones sacerdotales en 1984 por el Papa Juan Pablo II. «Yo lloré con esa noticia. No por mí, sino por lo pequeña que se iba a ver mi Iglesia, a la que yo tanto amo y le he dedicado mi vida», ha declarado recientemente.

Posteriormente sería elegido Presidente de la Asamblea General de las Naciones Unidas para el período 2008-2009.

Hace poco, habiendo solicitado «poder volver a celebrar la Santa Eucaristía antes de morir», el Papa Francisco le levantó la suspensión.

Miguel D’Escoto se define como antimperialista, es decir, como alguien que se opone a que un pueblo sea dominado por una potencia foránea más poderosa. Es una decisión de conciencia que brota del compromiso cristiano por la libertad. Y que entronca con las palabras del Papa Francisco cuando denuncia la «confianza burda e ingenua en la bondad de quienes detentan el poder económico y en los mecanismos sacralizados del sistema económico imperante».

¿Se sabe de algún eclesiástico sancionado por apoyar el sistema imperante «que mata»?

(Columna publicada en Exitosa Diario el 13 de agosto de 2014)

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FUENTES

Religión Digital
El Papa revoca la suspensión a divinis de Miguel D’Escoto (4 de agosto de 2014)
http://www.periodistadigital.com/religion/america/2014/08/04/el-papa-revoca-la-suspension-a-divinis-de-miguel-d-escotto-religion-iglesia-vaticano-nicaragua.shtml
Miguel D’Escoto: “Mi condena fue un abuso de autoridad” (5 de agosto de 2014)
http://www.periodistadigital.com/religion/america/2014/08/05/miguel-d-escoto-mi-condena-fue-un-abuso-de-autoridad-religion-iglesia-nicaragua-francisco-suspension-divinis-juanpablo-francisco.shtml
La primera misa de Miguel D’Escoto (12 de agosto de 2014)
http://www.periodistadigital.com/religion/america/2014/08/12/la-primera-misa-de-miguel-d-escoto-religion-iglesia-nicaragua-suspension-divinis.shtml

Discurso del nicaragüense Miguel D’Escoto ante la asamblea de la ONU (17-9-2008)
http://old.kaosenlared.net/noticia/discurso-nicaragense-miguel-descoto-ante-asamblea-onu

Las palabras del Papa Francisco han sido tomadas de la Exhortación Apostólica Evangelii Gaudium:
http://w2.vatican.va/content/francesco/es/apost_exhortations/documents/papa-francesco_esortazione-ap_20131124_evangelii-gaudium.html