LOS HIJOS DE LA SANTA PROSTITUTA

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P. Manuel Tamayo Pinto-Bazurco, director del Centro de Estudios y Comunicación (CDSCO), durante un evento en la Universidad de Piura (julio de 2014)

San Ambrosio, obispo de Milán en el siglo IV, llegó a designar a la Iglesia como “casta meretriz”. Dicho de otro modo, como santa prostituta, como una realidad donde conviven los abismos del pecado con las cimas de la santidad. Y como buena prostituta, a esta mujer tampoco le faltan algunos retoños que son unos auténticos hijos de puta. Peores aún que aquellos que han cometido actos de pederastia aprovechando su investidura pastoral. Me refiero a aquellos que relativizan o justifican la pederastia, o pretenden echarle la culpa a las víctimas.

Recordemos, por ejemplo, al obispo de Tenerife Bernardo Álvarez, quien en diciembre de 2007 declaró al diario local La Opinión lo siguiente: «Puede haber menores que sí lo consientan y, de hecho, los hay. Hay adolescentes de 13 años que son menores y están perfectamente de acuerdo y, además, deseándolo. Incluso si te descuidas te provocan. Esto de la sexualidad es algo más complejo de lo que parece».

Igual de desafortunadas fueron las declaraciones de Mons. José Leopoldo González, obispo auxiliar de Guadalajara (México) y vocero de la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM), en septiembre de 2009. Una reportera, haciendo alusión a la detención del P. Rafael Muñiz López por estar supuestamente vinculado a una red de pornografía infantil, le preguntó si esto no generará desconfianza de la gente hacia sus párrocos. «No, al contrario, entre más humanos nos vean, más nos van a apreciar», fue la respuesta del prelado.

En mayo de 2010, Mons. Dadeus Grings, arzobispo de Porto Alegre (Brasil), le echaba la culpa a la sociedad, diciendo que «la sociedad actual es pedófila, ése es el problema. Entonces fácilmente las personas caen en eso. El hecho de denunciar es un signo positivo». Y luego arremete contra los homosexuales: «Cuando la sexualidad es banalizada, es claro que va a alcanzar todos los casos. El homosexualismo es un caso. Antiguamente no se hablaba del homosexual. Y era discriminado. Cuando se comienza a decir que ellos tienen derechos, derecho a manifestarse públicamente, de aquí a dentro de poco van a tener derechos los pedófilos». Y si bien afirmó que los abusos sexuales de religiosos contra niños y adolescentes deben ser castigados, recalcó que para «la Iglesia acusar a sus propios hijos es un poco extraño».

Pero cuando se trata de los hijos ajenos, parece que vale todo. En septiembre de este año se ha sabido que Mons. Robert Cunningham, obispo de Siracusa (estado de Nueva York, EE.UU.), cuando el 14 de octubre de 2011 se le preguntó en un tribunal si consideraba que un niño violado por un sacerdote había cometido pecado, respondió: «El chico es culpable». Y luego insinuó que el menor podría haber alentado la violación y haberla consentido.

No falta quien haya atribuido a la situación familiar de la víctima el hecho de que ésta haya sido objeto de abuso. En octubre de 2013, Mons. Józef Michalik, arzobispo de Przemyśl y Presidente de la Conferencia Episcopal Polaca, dijo que cuando un niño de una familia con problemas «busca acercarse a otros, pierde el rumbo y hace que la otra persona también lo pierda. […] Algunos casos de abusos podrían haber sido evitados si la relación entre los padres fuese una relación sana. […] Habitualmente escuchamos que un comportamiento equivocado o un abuso se produce cuando el niño está buscando afecto». Posteriormente, Michalik tuvo que disculparse por estas palabras, recalcando que «por supuesto que el niño es inocente y no debe ser objeto de ningún abuso, y claro que el abuso no es causado por el niño» en lo que se puede considerar una marcha hacia atrás a medias.

El caso más reciente es el del sacerdote Gino Flaim, de 75 años de edad, que ejercía su labor pastoral en una parroquia de Trento (Italia). El 7 de octubre de este año fue suspendido de sus funciones por haber hecho declaraciones polémicas a una cadena de televisión: «La pedofilia puedo entenderla, la homosexualidad no lo sé. […] He estado mucho con niños, los conozco y sé que por desgracia hay algunos que buscan afecto porque no lo tienen en casa y pueden encontrar a algún sacerdote que cede». Añadió después que los niños son «en buena parte» la causa de que los religiosos cometan abusos sexuales contra ellos.

A esta sarta de acusadores de las víctimas y defensores del estado clerical —que no de la Iglesia, pues constituyen una vergüenza para ella— se ha venido a unir recientemente en el Perú un renombrado miembro del Opus Dei, el P. Manuel Tamayo Pinto-Bazurco, quien el 11 de noviembre de este año escribió lo siguiente en su blog Adeamus (ver http://adeamus.blogspot.com):

«Se debe tener en cuenta que en los abusos con menores hay grandes diferencias en cuanto a la edad. No es lo mismo tener 10 años que 15.

Cuando la víctima, ya mayor, acusa un hecho del pasado y dice que a los 15 años era inocente y no sabía nada, es difícil creerle. Un adolescente de 15 años sabe bien lo que está pasando y si colabora con acciones impropias tiene también culpabilidad.

En el momento del hecho no era una “mansa paloma” inocente que no sabía nada. Estamos de acuerdo en que puede haber engaño y una imposición de la parte abusiva y que eso debe castigarse porque es una falta grave, que además podría calificarse como delincuencial; pero hay que tener en cuenta que a los 15 años la mayoría de los chicos sabe perfectamente lo que está ocurriendo en los aspectos sexuales. Otra cosa sería si la víctima tuviera un retardo mental.

La segunda pregunta es sobre la familia: ¿dónde están los papás? Si el hijo está sufriendo por unas acciones impropias y por un acoso ¿los papás no se dieron cuenta?, ¿no hay acaso una responsabilidad de los padres? ¿no hay la suficiente confianza en el hijo para que exista una comunicación y lo cuente todo? En estos casos parece que los papás no aparecen en escena. Y esos chicos, que son víctimas, ¿no tendrían un tío o un hermano mayor de confianza? ¿podían guardar tanto tiempo algo tan grave?, ¿les ha afectado realmente?

Y los amigos ¿dónde están?, ¿tampoco se enteraron? No hubo ninguno que contara algún suceso de estos a los amigos, ¿se pudo guardar el secreto tantos años? Conociendo a los jóvenes es difícil que el tema no se haya ventilado de alguna manera.

Las otras preguntas que quedan tampoco tienen una respuesta clara: si los métodos fueron tan malos y perniciosos como dicen algunos ¿cómo se explica que existan personas muy bien formadas que continúan fieles haciendo labores apostólicas de gran calidad?, ¿cómo se pueden extender, y con prestigio, por muchas ciudades difundiendo obras de apostolado encomiables y admirables? acaso la falta de una o dos personas, aunque sean de gran jerarquía ¿puede manchar a todos?»

Quiero dirigirme a usted ahora, P. Tamayo, a fin de que sepa cuánto me ofenden sus palabras.

Yo fui víctima de abusos psicológicos y físicos en el Sodalicio de Vida Cristiana, al cual pertenecí formalmente durante 30 años, 11 de los cuales los pasé en una comunidad sodálite. Cuando era un adolescente de 16 años, mi consejero espiritual —quien todavía sigue activo en el Sodalicio y goza de una buena reputación que no merece— me pidió que me desvistiera totalmente y que simulara una fornicación con una enorme silla que había en la salita donde estábamos reunidos, lo cual hice muy torpemente y sintiendo una gran incomodidad. Si bien es cierto que yo no era una “mansa paloma” y algunas cosas sabía y había visto sobre el sexo, también es cierto que nunca en mi vida había tenido relaciones sexuales con nadie y, como muchos otros jóvenes a esa edad, tampoco tenía la madurez ni la osadía como para embarcarme en una relación amorosa con sexo incluido. De hecho, ese incidente era la primera vez en mi vida en que alguien me pedía que realizara un acto de connotación sexual, aunque fuera simulado.

¿Cree usted que le conté eso a mis padres? En ese momento, la persona en quien más confianza tenía era mi consejero espiritual, y de hecho me había ayudado a superar algunos problemas personales que tenía. Y después del incidente la relación con él se mantuvo como si nada hubiera pasado. Sin embargo, él fue también quien me incitó a enfrentarme abiertamente con mi madre y ahondar el conflicto que por causa de mi adolescencia yo ya tenía con ella. Él mismo se burlaba de mi progenitora delante mío y me animaba a hacer lo mismo. Cuando ella lo llamó por teléfono para decirle «me están robando a mi hijo», él le respondió «señora, el ladrón cree que todos son de su misma condición». Junto al bien que pueda haberme hecho, manipuló mi conciencia, enseñándome a pensar y actuar como un sodálite de pensamiento único, obediencia acrítica y actitud fanatizada, y abusó de mi confianza al pedirme que realizara algo que en una situación normal se consideraría un acto impropio.

¿Usted cree de veras que yo les hubiera contado ese incidente a otras personas, más aún cuando se trataba de algo que me hizo sentir incomodidad y vergüenza? ¿Sabe que han tenido que pasar décadas para que yo tuviera el valor de contar a otros lo que me pasó? ¿No se ha dado cuenta usted de que lo que sucede a puerta cerrada se puede mantener oculto durante años, e incluso hay quienes se van con su secreto a la tumba?

¿Dónde está la actitud de acogida hacia las víctimas que usted menciona en su escrito Las campanas de los acusadores, en el cual usted califica las denuncias mediáticas que se han hecho de persecución contra la Iglesia? Yo, católico creyente y miembro vivo de la Iglesia, soy uno de los que han presentado su testimonio. ¿Me consideraría usted un perseguidor de la Iglesia, cuando mi preocupación actual se dirige hacia todos los miembros de la Familia Sodálite que se sienten desilusionados y traicionados en su confianza debido al escándalo ocasionado por el conocimiento de los abusos cometidos dentro del Sodalicio de Vida Cristiana? Parece que la acogida que podemos esperar de usted es la misma que tuvieron las víctimas denunciantes de los abusos de Figari por parte del arzobispo Cipriani, miembro también del Opus Dei y partícipe de sus mismas ideas. A saber, la indiferencia, el desprecio y el olvido.

Lamento decirlo, P. Tamayo, pero usted sigue la religión de los fariseos, estirpe con ínfulas elitistas —al igual que el fundador de su Opus Dei y muchos de sus seguidores— que ondea la decencia burguesa como carta de ciudadanía en la Iglesia y que se preocupa sólo de la moral y las buenas apariencias, y no la religión de Jesús, que no teme mancharse los pies con el barro del camino, que acoge a todos los que sufren sin ponerles una carga pesada sobre sus hombros y que cree en el poder curativo de la verdad, de la justicia, del amor y de la misericordia.

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FUENTES

El País
El obispo de Tenerife afirma que algunos menores incitan al abuso sexual (27 de diciembre de 2007)
http://sociedad.elpais.com/sociedad/2007/12/27/actualidad/1198710001_850215.html

Religión Digital
“Los casos de pederastia humanizan a los curas”. Lo que el vocero del Episcopado Mexicano quiso decir. (24 de abril de  2009)
http://blogs.periodistadigital.com/sursumcorda.php/2009/04/24/-los-casos-de-pederastia-humanizan-a-los

La Nación
“La sociedad es pedófila”, lanzó un obispo brasileño (6 de mayo de 2010)
http://www.lanacion.com.ar/1261760-la-sociedad-es-pedofila-lanzo-un-obispo-brasileno

El Plural
Polémica por otro obispo que acusó a los niños de provocar los abusos sexuales (20 de septiembre de 2015)
http://www.elplural.com/2015/09/20/polemica-por-otro-obispo-que-acusa-a-los-ninos-de-provocar-los-abusos-sexuales/

El Universal
Obispo polaco sugiere que pederastia es culpa de niños (24 de octubre de 2013)
http://archivo.eluniversal.com.mx/el-mundo/2013/jozef-michalik-960472.html

El Tiempo
Escándalo: cura dice entender la pedofilia, pero no la homosexualidad (7 de octubre de 2015)
http://www.eltiempo.com/mundo/europa/sacerdote-prefiere-la-pedofilia-y-no-la-homosexualidad/16397080

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14 pensamientos en “LOS HIJOS DE LA SANTA PROSTITUTA

  1. El Opus tampoco es ajeno al tema de la pedofilia. En Piura todos han escuchado del caso de un cura de altisimo perfil, voceado para el rectorado de la UDEP, o cancilleria o cargo similar, que de un dia para el otro fue “deportado” a Lima. Siempre andaba con los muchachos mas pituquitos de Piura, hasta que un dia lo encontraron a solas con uno en un lugar remoto. Suena familiar? A esto podemos agregar el control total de la vida de sus jovenes afiliados, violacion de correspondencia, como se les enseña a autotorturarse, etc.

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    • Escuche el caso, pero no me consta y no puedo culpar a nadie. Tendria que esccharle de boca de los interesados….La sexualidad es un tema tan profundo y tan humano a la vez, que puede pasarle a cualquiera.
      Se exactamente a quien te refieres. Y mira, te digo algo, a mi personalmente este sacerdote como ser humano me cae MAL, MEJOR DECIR PESIMO…pero yo SIGO SU predica y como sacerdote el trata de seguir a Cristo y de que otros sigan a Cristo…Entonces yo lo escucho por que TRATA de servir a CRISTO, no porque me caiga bien o mal que de hecho me cae mal por sus comentarios fuera de serie y siempre muy pero muy fuera de lugar…siempre alternando con la crema y nata de Peru….pero en su predica y en su conducta …veo que el hombre trata de …seguir al Senor y eso es lo importante.
      Saludos
      Carlos

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      • Carlos, obviamente conoces al personaje en cuestion. Es exactamente como lo describes. Pero por qué seguir a una persona como esa, que no predica con el ejemplo? Me cuesta trabajo entender tu posición. Entonces seguirías a Figari sólo porque su mensaje parece valido, sin importar lo que hace y dive puertas adentro? Hay tantos sacerdotes probos a los que puedes seguir…

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      • Carlos, no sigas personas, ese sacerdote del opus debe ser de lo peor que hay, no lo escuches por más que hable bonito. Sigue a Jesús nada mas, el único y verdadero Maestro.

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      • Eduardo, te cuento que si sigo a JESUS..Yo no vivo ene Peru hace anos….desde el 91…y el sacerdote que hoy tengo por director espiritual es un santo y el laico que me dirige tambien es un santo…..Sigo a Jesus y oro mucho por el sacerdote que se menciona. Pero mi punto no puede perderse…No nos podemos llevar de un comentario….de un rumor…A mi no me consta lo que paso en PIURA….conozco a las dos personas involucradaas. Oro por ellos..Pero el tema nunca se toco y cuando pregunte a alguien cercano, me dijeron que no sabian nada.
        Pero, tienes razon…Yo sigo a Jesus (muy a pesar de mis miserias) y tratao de que mis amigos y mis alumnos lo sigan….
        Un abrazo
        Carlos

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    • Voy a comentar este post de Javier porque conozco por dentro el Opus Dei.

      Javier, hay inexactitudes en tu comentario. Un sacerdote no puede estar “voceado” para ser rector de la UDEP porque ese cargo únicamente lo ocupa un laico (siempre un numerario del Opus Dei, aunque excepcionalmente un supernumerario pero siempre un laico). Tampoco podría ser “voceado” para Gran Canciller de la UDEP porque ese puesto lo ocupa únicamente nada menos que el mismísimo Obispo Prelado del Opus Dei (actualmente Javier Echevarría). Y el de Vice Canciller lo ocupa siempre el Vicario Regional del Opus Dei en Perú que vive en Lima. A lo mejor te estás refiriendo al cargo de capellán principal de la universidad: eso sí es mucho más creíble. En todo caso claramente te estás refiriendo a un puesto de importancia y a un sacerdote de alto perfil.

      Ya que estás mencionando PEDOFILIA estás refiriéndote a un menor de edad, muy probablemente un escolar. El Opus Dei hace proselitismo con jóvenes a partir de los 14-15 años y las únicas ocasiones en las que un muchacho y un sacerdote pueden estar a solas con cierta privacidad es durante la confesión o dirección espiritual en una salita u oficina en un centro de la Obra o en una casa de convivencias durante un retiro u otra actividad proselitista. Así siempre fueron todas las veces que conversé con sacerdotes. Trato de imaginarme en qué circunstancia y con qué motivo un cura tendría que irse con un muchacho a un “lugar remoto”. ¿Cuál sería ese “lugar remoto”? ¿Acaso fue fuera de una casa de convivencias? ¿Durante alguna excursión o paseo?

      Ya que estás diciendo “todos han escuchado el caso” quiere decir que el tema salió de los límites de control del Opus Dei. Obviamente el Opus habría hecho todo lo posible por mantenerlo oculto.

      Javier, ¿Cómo te enteraste del tema?

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      • Hola Bruce, disculpa la imprecisión, no recordaba ese detalle exactamente, creo que es correcto lo del vice-canciller, además, si mal no recuerdo era el 2do de la UDEP en importancia.
        Estoy hablando de hace 25 años por lo menos. Este cura tenía la libertad de andar con los jóvenes de alcurnia de Piura. Seguramente era su director espiritual. Era una camioneta 4×4 muy conocida. Al sacerdote y al cura los “ampayaron” rio arriba. Se armó un alboroto, sumado a otro caso donde el mismo cura rompió el secreto de confesión contándole a los padres de una chica que andaba de enamorada de un muchacho pobre. También es otro caso conocido.
        Por supuesto que el tema se salió del ámbito del Opus. Piura tiene una aristocracia bastante pequeña, y por más que no quisieran, los universitarios se llegan a enterar de ese tipo de casos. Tal vez sus métodos de control no eran tan despiadados como los del SCV.

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  2. Muy buen comentario, Martín. Agui algunas reflexiones adicionales.

    El tema de estos abusos sexuales de menores es, sin duda, complejo, y no deberíamos, con nuestros argumentos, confundir aún más lo que debería ser una posición razonable en torno a una sexualidad humana positiva, de un lado, y lo que puede considerarse abusivo e incorrecto, de otro lado. En mi opinión:

    1. El problema central de estos abusos sexuales de clérigos perpetrados en menores tiene cuatro dimensiones

    a) Involucra, como la parte dominante, a quienes plantean su legitimidad (incluso superioridad) moral en una espiritualidad con votos de castidad
    b) Ocurre, independientemente de las edades, entre personas que ostentan una posición de poder sobre otras, donde muchas veces la sorpresa genera inmovilismo y verguenza
    c) La iglesia se resiste, incluso hoy, a tratar estos temas bajo la ley de las sociedades civilizadas (es decir, denunciando a los perpetradores a la justicia), asumiendo que la ley canónica y el arrepentimiento/penitencia son suficientes (es decir, la iglesia – institución muy humana en su imperfección, sigue creyendo que puede manejar todo esto, por encima de los criterios de la justicia común.
    d) Sin embargo, cuando cosas como esta ocurren fuera de su contexto, la iglesia suele lanzar la primera piedra (o el primer misil) como si estuviera ‘libre de pecado’ – ejemplo clarísimo de doble estándar.

    2. Si estos hechos involucran a dos personas de sexo masculino o no, en la mayor parte de países no afecta legalmente la situación. Pero sí muestra que dentro de la iglesia hay una desproporcionadamente alta cuota de clérigos con intereses y/o prácticas homoeróticas que son, al mismo tiempo, homofóbicos. Constatar esta presencia en su interior es, sin duda, uno de los motivos principales de la activa homofobia de la iglesia, que durante muchos años ha hecho daño a gran cantidad de jóvenes – sin mencionar la extrema confusión y decepción que puede generar que alguien proclame un discurso homofóbico y luego intente una seducción homosexual.

    Cabe recordar, fuera de ello, que la actual obsesión por la orientación sexual ‘normal’ (heterosexual) data del siglo XIX, y fue uno de los productos de la ciencia de la modernidad para fortalecer la reproducción de la fuerza de trabajo en las transformadas ciudades de la revolución industrial, en lo cual hubo sinergia con ciertas vertientes puritanas de pensamiento.. La historia (incluso la historia del catolicismo) está llena de referencias a amores y prácticas sexuales entre personas del mismo sexo, que ciertamente no eran llamadas homosexuales, porque hasta antes del siglo XIX el término no existía ni la idea se asociaba a una condición de exclusividad. Una reflexión sobre la normalidad sexual no es el tema de este comentario, aunque se está convirtiendo en un tema central en la discusión de politicas públicas y derechos humanos en la actualidad.

    3. La sexualidad de los menores es algo complejo, que depende más de los cambios culturales que de una ‘naturaleza humana’ de la cual tengamos pleno entendimiento. Es claro que los menores de 18 años son conscientes de su sexualidad y tienen intereses sexuales desde muy temprano, pero el grado en que sienten que pueden expresarlos (y el tipo de conducta que esperan de los adultos) resulta de normas culturales que ellos mismos perciben. Según el brillante Norbert Elias, Erasmo de Rotterdam podía instruir a un niño sobre las virtudes de una ‘prostituta’, pues no existía en la estructura de la sociedad de aquella época la actual visión sobre lo sexual como impropio de la niñez. Sería solo durante la revolución industrial y el surgimiento de la burguesía en la sociedad victoriana que la ‘adolescencia’ se definiría como una prolongación de la niñez y se cambiaría la visión de la sexualidad en las etapas de la vida, asumiendose, desde el puritanismo, que lo sexual era malo y los jóvenes debían ser protegidos de su acción. Igualmente, el respeto y la autonomía sexual de las personas se han ido construyendo históricamente como parte del proceso civilizatorio.

    Entonces, lo que podemos decir en la actualidad, es que, independientemente de los deseos de las personas, las relaciones entre ellas (v.g. entre un cura y un acólito) son gobernadas normativamente por las expectativas sociales mayoritarias sobre tal relación, que dependen de la cultura vigente (parte de la cual se expresa en marcos legales). Incluso si los aspectos físicos de una situación de abuso sexual pudiesen ser interpretados de una manera (por ejemplo, si hay mutua excitación), la reflexión posterior a los hechos es la que le da un carácter moral específico, y puede acarrear una enorme culpabilidad por su oposición a lo que se esperaba en dichas circunstancias, generando aislamiento en la persona abusada, y creando un conflicto que puede dañar de forma profunda su desarrollo emocional.

    4. En conclusión, hay mucho por discutir en torno de la sexualidad de los jóvenes y la autonomía, como también sobre ‘normalidad sexual’. Sin embargo, sobre la ‘epidemia’ (uso este término intencionalmente, porque se ajusta a su definición técnica) de casos de abuso sexual por parte de clérigos, bastaría con que la iglesia asumiera de modo mucho más humilde y honesto la condición humana de sus pastores, no exigiéndoles lo que no puede exigirles (el celibato) y aceptando sus diversos intereses sexuales, pero colaborando plenamente con la justicia cuando su actividad sexual no respeta las leyes que protegen la autonomía sexual de los demás, y que tienen provisiones especiales frente a los menores, así como las disposiciones sobre coerción sexual de subordinados.

    Seguimos conversando

    CarlosFC
    (antes he firmado como ‘Carlos’, pero no soy el único, así que ahora firmaré así)

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  3. “… vosotros, padres, no provoquéis a ira a vuestros hijos” (Efesios 6: 1-4). Eso es lo que están logrando los sacerdotes como Tamayo y Cipriani, provocando nuestras iras. Creen que las ovejas somos carneros que vamos a seguir a ciegas sus criterios faltos de caridad. Cómo es posible que se refieran así a adolescentes que aún están en formación poniéndose totalmente del lado de los abusadores. Y así las víctimas fueran personas mayores, qué dirán entonces estos señores de las mujeres violadas? Qué decepción tan grande.

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  4. …… ¿ahora resulta que las víctimas de abusos mayores de 15 años no son tan víctimas? que tienen que compartir la responsabilidad con sus abusadores por haber sido abusados? y sus padres también son responsables????
    Son estas opiniones de hombres de iglesia las que hacen mucho daño a la misma iglesia que quieren defender.
    De acuerdo contigo Elizabeth ¡Qué decepción tan grande!

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  5. Soy el P. Manuel Tamayo: No podía imaginarme que mi artículo tuviera esa reacción que estoy observando por los comentarios que se están haciendo. Pido perdón a los que se han sentido afectados y me uno a ellos en su dolor. Reconozco que las comparaciones que pretendí hacer entre los distintos tipos de acusadores, sin mencionar o referirme a alguien, no fueron oportunas y menos en este tiempo en el que se está ventilando este espinoso tema. Yo no defiendo a los que han cometido esos delitos. Siempre he pretendido defender a la Iglesia buscando la paz y la reconciliación. Si con mi artículo he ahondado la herida: ¡mil perdones! No quiero ofender a nadie.

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    • De ser cierto que el P. Tamayo usa el nick cinemass, estaría expresando en este blog (lo pertinente sería que además lo haga en el suyo) el asunto de su voluntad de no ahondar heridas. Sin embargo, sus palabras son inequívocas en el sentido de establecer los 15 años como edad en la que un menor puede consentir un acto sexual, lo cito: “a los 15 años la mayoría de los chicos sabe perfectamente lo que está ocurriendo en los aspectos sexuales”. Si la opinión fuera de un ciudadano, bastaría con verificar que no es acorde con lo que establece la ley y que tampoco es una opinión enterada (especialista) como para tenerla en cuenta; pero en este caso es la irresponsable opinión de un sacerdote, quien tiene una grey a su cargo. Respondiendo al segundo aspecto de su reflexión, le doy la razón; la verdad, como padre yo no dejaría que mi hijo se le acerque a una persona como el Padre Tamayo que puede pensar y publicar este tipo de reflexión.

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  6. En El Salvador se ha presentado otro caso de pederastía de un integrante de la alta jerarquía de la Iglesia Católica (Vicario General de la Arquidiócesis de El Salvador), quien habría violado a una menor durante 8 años seguidos (desde los 9 años a los 17 años). ¿Cómo iluminaría el P. Tamayo a su grey sobre este caso?. Como la denunciante tiene ahora 42 años, las leyes no le alcanzan y será otro caso más de impunidad.

    Al parecer esta modalidad se ha convertido en el crimen perfecto, abuso asociado a dominio sobre las frágiles mentes de niños y adolescentes, quienes tienen que pasar una vida para recomponerse y atreverse a denunciar. Resultado: exilio dorado del criminal en casas de oración.

    Y esto no es privativo de organizaciones religiosas, pero, al parecer, la confianza de la población en la autoridad moral de quienes debieran actuar como pastores que hace que los padres de familia relajen su vigilancia, y por otro lado la manera de responder de la jerarquía de la iglesia cuando se descubren casos de abuso, la que para evitar el escándalo termina socapando al criminal y revictimizando a los abusados, brinda terreno propicio para este tipo de actuación por sus integrantes con tendencias pedófilas. La reiteración de denuncias muestra que hay un problema serio en la manera como opera la iglesia, que no se trata de sólo separar a los abusadores cuando se los identifica, que hay reformas que son urgentes.

    El Link: http://www.jornada.unam.mx/ultimas/2015/11/26/suspenden-a-sacerdote-acusado-de-pederastia-en-el-salvador-1139.html

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