LA IMAGEN AUSENTE DEL GENOCIDIO

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Fotograma de “L’image manquante” (Rithy Panh, 2013)

Rithy Panh nació el 18 de abril de 1964 en Phnom Penh, capital de Camboya. Cuando en 1975 las fuerzas revolucionarias del Khmer Rouge tomaron la ciudad —y junto con ella el poder en todo el país—, su familia y cientos de miles de residentes fueron obligados a trasladarse a una zona rural para dedicarse exclusivamente a actividades manuales y agrarias en campos de trabajo forzado. Rithy vio morir a sus padres, hermanos y parientes cercanos por agotamiento debido al exceso de trabajo o desnutrición. En 1979 logró escapar a Tailandia, donde vivió durante un tiempo en un campo de refugiados en Mairut, hasta que encontró la oportunidad de trasladarse a París (Francia).

Cuando estaba aprendiendo el oficio de carpintero, alguien le pasó una cámara de video durante una fiesta, lo cual despertó en él el interés por dedicarse a la cinematografía. Después de graduarse en el Institut des hautes études cinématographiques (Instituto de Altos Estudios Cinematográficos), regresó a Camboya en 1990, aunque sin dejar de tener un domicilio base en París.

Desde entonces ha rodado varios documentales sobre las consecuencias del genocidio en la Camboya democrática y sus problemáticas sociales contemporáneas. Sin embargo, cuando quiso realizar un film sobre los horrores vividos por la población —particularmente por su desaparecida familia— bajo la dictadura de Pol Pot (1975-1979), fue vana su búsqueda de imágenes de las víctimas en los campos de trabajo forzado. Todos los testimonios gráficos de los horrores vividos habían desparecido o nunca existieron.

No obstante, los hechos estaban grabados en la memoria. Y es partir de ella que el cineasta decide reconstruir las imágenes ausentes del genocidio, en un documental donde intercala material de archivo con reconstrucciones a partir de figuras de arcilla que retratan los sufrimientos de las víctimas, acompañadas de una voz en off que describe lo que el espectador está viendo y lo sitúa en contexto. El resultado fue la cinta La imagen ausente (L’image manquante) de 2013, exhibida ese mismo año en el Festival de Cannes en la sección Un certain regard (Una cierta mirada), donde resultó ganadora.

El mismo cineasta ha explicado con sus propias palabras la gestación de esta película:

«Desde hace años, busco una imagen: una fotografía tomada entre 1975 y 1979 en Camboya por los Jemeres Rojos. Una sola imagen no sirve como prueba de un genocidio, pero invita a la reflexión, permite reconstruir la historia. La he buscado en vano en los archivos y por todas partes. Ahora he llegado a la conclusión de que esa imagen debe faltar. Lo que ahora propongo no es una imagen, o la búsqueda de una imagen, sino más bien la imagen de una búsqueda: la búsqueda que permite el cine. Ciertas imágenes deben seguir faltando por siempre, y deben ser reemplazadas por otras: en este movimiento esta la vida, el combate, la pena y la belleza, la tristeza y los rostros perdidos, la comprensión de lo que fue, a veces la nobleza e incluso la valentía, pero nunca el olvido».

Estas mismas palabras podrían aplicarse a la labor de los artesanos de Sarhua, los cuales a falta de imágenes sobre los horrores vividos en la época del terrorismo, decidieron ellos mismos crearlas artísticamente para mantener vivo el recuerdo de lo sufrido y así poder procesar el trauma de la violencia y la muerte que descendieron sobre su comunidad pero que fueron finalmente derrotadas, transmitiendo así su conciencia colectiva de los años del terrorismo a las siguientes generaciones y dejándoles un mensaje de esperanza a la vez que una tarea a realizar: la construcción de un Perú reconciliado que no olvida ni su historia ni a sus pobladores andinos originarios.

Las protestas de grupos ligados a los sectores conservadores ante la adquisición de las Tablas de Sarhua por el Museo de Arte de Lima sólo evidencian las divisiones que siguen existiendo en el país, donde hay quienes pretenden que la historia de los años de la violencia sea relatada sólo por quienes manejan los hilos del poder y defienden intereses corruptos, antes que por quienes vivieron en carne propia los horrores de la violencia terrorista. Aquellos que también fueron víctimas del olvido y la violencia proveniente de un Estado ausente.

(Columna publicada en Altavoz el 29 de enero de 2018)

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UN CUENTO INSPIRADO EN TARATA

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El 16 de julio de 1992 estallaron dos coches bomba colocados por Sendero Luminoso en la calle Tarata del distrito de Miraflores (Lima). El saldo fue de 25 muertos y 155 heridos. Pero lo que se me grabó a fuego en la retina fue el panorama de destrucción que se vio en vivo y en directo por la televisión, poco tiempo después de que llegara a mis oídos el estruendo de la explosión. Pues yo vivía entonces en la comunidad sodálite “Nuestra Señora del Pilar” en la calle Lizardo Alzamora, que desemboca en la avenida Pedro de Osma, en el distrito vecino de Barranco.

El horror de ese momento tuvo la difusión mediática que no habían tenido las masacres de campesinos en los Andes, pues el limeño promedio, desde que tengo memoria, siempre ha percibido las localidades andinas como un territorio ajeno a su realidad y a sus costumbres. Y se horrorizaba ante los crímenes perpetrados por militantes de Sendero Luminoso en Ayacucho y Huancavelica —sólo por mencionar un par de regiones— pero no las sentía cual heridas en carne propia. Eso cambió definitivamente con el atentado de Tarata.

Ese mismo año se iba a celebrar en ámbitos católicos los 500 años de la Evangelización de América Latina, tomando como fecha de referencia el 12 de octubre de 1492, cuando Cristóbal Colón pisó por primera vez tierras americanas. Y la Conferencia Episcopal Peruana había convocado a un concurso de cuento para esa ocasión.

El cuento que escribí para esa ocasión comenzaba con una cruda descripción en clave poética del atentado de Tarata, y seguía con una extensa metáfora cargada de imágenes descriptivas de una América Latina de raíces cristianas pero herida salvajemente por la violencia. Y aunque en ese momento todavía era un sodálite consagrado que vivía en comunidad, independientemente del condicionamiento mental al cual estaba sujeto, dejé las tripas en ese cuento, reflejando mi percepción acongojada y visceral de la violencia que asolaba el país, pero manifestando una confianza esperanzada en el triunfo remoto del amor.

Años más tarde, cuando en el año 2000 reuní mi escasa producción literaria y la publiqué en mi primer esbozo de página web, escribí a modo de introducción lo siguiente:

«Mi producción literaria es escasa todavía. Consta de cinco cuentos y un poema. Sin embargo, cada uno de ellos me ha costado sangre y sudor. Aunque sean ficción, son fragmentos de mi vida los que han quedado plasmados en ellos. Quisiera poder escribir más (y en el futuro lo voy a hacer), pero me arredra el esfuerzo que ello me va a costar.

Si tienes el ánimo como para adentrarte en la lectura de estas narraciones, aquí están. No esperes historias dulces o descripciones placenteras. Lo que he tratado de tocar a través de estos ejercicios literarios es la gracia de Dios actuando en lo más hondo de la miseria humana. Y estremecer tu conciencia hurgando detrás del disfraz de lo aparente, detrás de la fachada de paraíso en una aldea global repleta de miserias, que sólo puede ser redimida por el amor.»

En este blog ya he publicado mi cuento “Noche de paz, noche de amor” (1987) en el post CUENTO DE NAVIDAD PARA PEQUEÑO BURGUESES y mi poema “Sangrifixión” (2000) en el post SEMANA SANTA Y UN POEMA.

El presente cuento, que lleva el título de “Genitrix” (“madre” en latín), si bien no ganó ningún premio —quizás por su estilo críptico y exuberantemente barroco—, sea probablemente el mejor de los que he escrito, pues su intención apologética no logra desvirtuar un contenido poético de imágenes descarnadas y evocadoras, abierto a múltiples interpretaciones.
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GENITRIX
Autor: Martin Scheuch (agosto de 1992)

Madre mía, qué te han hecho, cómo se te ha agazapado el horror en cada arruga, cómo se te ha ensanchado el ojo con una garra de miedo empozada en el espejo del terror al que nos asomamos los aquí presentes, oliendo en ese reflejo todo el olor a pólvora de la noche, imaginándote errabunda sobre los cascotes desgajados de la fachada como un maquillaje inservible, haciendo equilibrio sobre los charcos de sangre espesa, acremente olorosos como la orina recién vertida, intentando taparte el oído con un brazo inexistente para no escuchar el pandemonio de lamentos y gemidos de esta ola del infierno que destripó los intestinos de tu casa, sin aviso, sin trompetas, solamente el ángel del paraíso revolando con su espada de fuego, el cancerbero del infierno ladrando con ojos sanguinolentos, vomitando llamas a través de sus tres fauces, banqueteándose con las enredaderas de odio que se van arrastrando por el paisaje lunar, inhumano, de los lares heridos, los fratricidas ausentes y las tumbas improvisadas bajo las piedras asesinadas.

¿Estamos todos aquí, madre? ¿Somos todos los que somos en esta habitación del hospital donde intentarán salvarte la vida, con punzadas y cortes que tal vez desfiguren aún más tu carne fecunda? ¿Seguirás viviendo, cicatriz, origen misterioso del día que aun no termina, vientre de flores donde las manos son siempre abrazo o aplauso, matriz de una niñita de nada siempre parida y resucitada de tantos entierros, o iremos a tu sepelio, entonando canciones milenarias, recordando tu tesoro de leyendas centenarias, olvidando tu historia de infancia esplendorosa y de juventud pujante, deseando que nunca hubieras nacido y que todavía flotaras en tu limbo de serpientes emplumadas, corazones arrancados sobre pirámides milenarias, tambores de pieles humanas marcando el ritmo de la cacería de víctimas, los hijos del sol postrándose ante un fuego inevitable, desconociendo la luz del corpus christi ahora bendito en los caminos peregrinantes de las vértebras del ande?

He aquí las técnicas de la parafernalia numérica, la soberbia del diagnóstico geográfico de tu miseria acumulada durante los años del hambre, los gabinetes de decisiones inhumanas sobre cuáles hijos son los que deben morir para poder pagar los honorarios clínicos de los médicos que, dudosos de tu recuperación mundial y prestos para poner distancias fuera del quirófano, te examinarán hasta tus selvas más íntimas, hasta tus quebradas de pellejo habitado, intentarán levantar tus pechos caídos de leches nutricias para poder cortar tu abdomen de monte socavado por la dinamita estallada en tu callejón de las ánimas, cuando era de noche y tu sólo esperabas dormir para poder levantarte con la esperanza de tus hijos al otro día, vendiendo sus huesos entre los desechos de hormigueros sin trabajo, trasegando el vinagre último de la esponja cotidiana, comejenes masticando la última madera de la vida para escapar de su condición de larvas descompuestas y recuperar su imagen de mariposas del mediodía. Pero los médicos no se asomaron a la ventana de tu cuerpo para respetar tus vísceras, sino para ver si el corazón, tu espíritu en órgano, podía ser arrancado sin que señas de cadáver aparecieran en tu frente bordeada de canas ultrajadas.

Y dijeron lacónicamente: Está muy vieja. Es dudoso que sobreviva. Todavía podemos sacarle el oro, y se lo daremos a la mujer sin rostro que ocupará el recuerdo de su silueta.

Y los hijos idólatras dijeron: ¿Por qué recorriste la vida, madre? ¿Por qué llegaste a ser lo que eres? Ojalá hubieras permanecido siendo simplemente la madre de tu madre, la mujer de los pies de barro, pachamama del sol naciente, hermana de la luna y de la huaca, pero eso ya no puede ser. ¿Para qué te han de salvar? Lo que quede de ti luego del hospital lo barreremos con fuego de metralla, sembraremos pólvora en tus agujeros, para que florezca tu cuerpo en un descuartizamiento de medusas rojas, para que del cuerpo de tu cascarón salga del huevo de la serpiente la piel intocada del tambor primigenio, que redoblaremos con furia hasta que los que no creen lo que nosotros creemos sean devorados por el inkarri nuevamente capitado y habiten para siempre la necrópolis del tiempo que nunca debió haber sido, y desaparezcas en cuanto madre de tantos bastardos.

Y mientras desciende ante tu mirada el bisturí definitivo, para moldearte el cuerpo desfigurado, tu mirada se entrompa hacia la retina, girando hacia tu pensamiento lustral, trepando por las retamas encaracoladas de tu recuerdo, hasta el momento donde viste nacer a tantos hijos de tus entrañas benditas, y anegadas de lágrimas las cavidades oculares donde anida el recuerdo de los hijos del amor, dejaste que los pliegos amarillos del otoño cayeran sobre tu primavera ancestral, y te dormiste en la memoria, descendiendo por los laberintos de la evocación hasta un mar de corales eternos, surcado por tres estelas de naves que ya pasaron, inaugurando una nueva edad de oro, mientras tú no habías abierto los ojos todavía y flotabas en el limbo de un útero de cálidas esponjas, estrellas marinas, moluscos relucientes y criaturas de las tinieblas, bajo los cielos no hollados todavía por tu deseo, hasta que un calzado nunca fabricado por manos caribeñas, jubón, calzas y borceguíes, dejó por vez primera su huella en la arena intocada de un mundo irredento, la patria de la mujer paria, de la fauce sanguinolenta y de las plumas de la serpiente, y eso fue tu salir a la luz por entre las piernas abiertas de la madre que moría de espera del tiempo del rito y la palabra, de la época de la materia ennoblecida, de la gloria divina estrechando los invisibles átomos palpables de lo visible. Y tu piel dejó de ser oscura para tomar todos los colores, todas las sangres anegando tus venas abiertas de sacrificio abierto a la vida que empezaba a inundarte, y tu corazón se lleno de un oro hasta ahora nunca visto en los socavones de tu misterio telúrico, mientras tu espalda dejaba de ser transitada por el pedernal guerrero y la lanza homicida, para dejar relucir bajo tu frente purificada por el agua los ojos abiertos al padre, al hijo y al espíritu santo. Madre, quién te viera bajo el manto del sol, conduciendo a tus hijos de la mano hasta el cerro tutelar, poniéndose de hinojos a la sombra del árbol de la vida, levantando al señor de la caída del polvo del camino de los siglos venideros, peregrinando desde tu vientre de tierra hasta el vientre de otra tierra sin tierra, sin polvo del camino, donde el polvo del polvo que fuimos se amasará con el sudor de la frente de Dios postrado bajo el peso de un amor indescriptible, pidiendo consuelo en el regazo del penitente, para consolar con una dulzura desconocida hasta ahora la imagen del dolor de los hijos de la dolorosa, los siete puñales clavados en el mismo corazón intocado aún por las manos enguantadas que, más allá del sueño, se preparan para la carnicería inmisericorde de lo humano y lo divino, dejando sólo en pie la técnica del oro fluyente, pero ni con ésas podrán lacerar aún más tu corazón de jesús coronado de espinas, tu incendio de amor sin límites, tu gozo volcánico preparado para la epifanía definitiva. Y desfilan por el recuerdo rumoroso las hileras de luciérnagas cordiales prodigando un santo calor al tropel de tus hijos, reunidos alrededor de la calidez de la mano tendida desde un corazón contemplativo, compartido por los toribios, las rosas, los martines, los franciscos, los juanes —y los pedros ignotos, los nicolases difusos, las marías de nombre ignorado, los fernandos anónimos, y los jorges, los pablos, las isabeles, reposando en la tumba del santo desconocido—, extendiendo la punta de sus almas a los pies de las heridas, los llantos, los sinsentidos del dolor de los postrados a la vera del camino, una procesión de menesterosos avanzando sin piernas, mirando sin ojos, oyendo sin oídos, riendo sin dientes, construyendo sin manos lo que no puede ser construido sino por la fuente de la gracia divina lloviendo torrencialmente sobre esta efusión de gozo de tus liturgias generosas, amasadas con la arcilla humana y la saliva de Dios, un resplandor estallando desde dentro de la puerta aherrojada de la iglesia pletórica, abundando de velas los altares cosmogónicos de los santos, ángeles sonrientes revolando alrededor de viñas arreboladas, tritones y sirenas de colas doradas flotando entre volutas, todo el universo apuntando hacia ese centro desde el cual el Hijo, gaviota arrancada de su vuelo de altura, aprisionada a la barca de caronte de los maderos cruzados, cumple la promesa de amor pronunciada antes de todos los siglos, mientras la otra madre —no tú, madre querida, sino la de la maternidad aún más verdadera que la tuya— se yergue cercana encima de la multitud de los hijos, que cargan sobre sus hombros de hombría, junto a las benditas mujeres, la fe esplendorosa que ha irradiado desde este lugar sobre los surcos arados, los pasos cansados de las calles polvorientas, las ventanas silenciosas de misterio de los pechos creyentes, hasta expandir su verano ferviente sobre los años venidos y los venideros —sí, es algo digno de verse—, llegando a arrullar con su renacimiento de estaciones la abulia de las viejas señoras repúblicas, ahora sentadas en la sala de espera del hospital sin milagros, chachareando entre sorbos de té económico y café político, aguardando el resultado incierto de la operación.

Pero no morirás, madre, no dejaremos que eso suceda, no permitiremos que la cirugía de lo efímero te penetre las grasas vitales, impediremos que se consume tal escarnio, y por eso hemos tirado abajo las puertas del quirófano y te hemos arrancado de los guantes antisépticos sin nervio de pasión, te hemos bañado en agua bendecida con el viento del espíritu, te hemos prendido los detentes y escapularios que tanta plegaria han costado, hemos puesto ante tu mirada el retrato doliente de tu fundador crucificado, hemos hecho tocar tu corazón con el corazón traspasado de la cristófora, te hemos acariciado las arrugas, hemos untado los labios de tus heridas con ungüentos y pomadas sagradas, y te hemos dicho levántate, aquí estamos los hijos de los hijos de la madre de las madres para decirte que te amamos, que siempre hemos creído, que la esperanza está respirando en nuestro aliento, que saldremos a las puertas de este nosocomio de la locura para ofrecer nuestros pechos a las balas de los hijos ingratos, para que tu puedas salir caminando, resucitada, con la misma vida que se te dio al nacer.

Y vimos a la madre, sin arrugas, los ojos abiertos de gozo, rejuvenecida con una belleza de mujer eterna, sin cicatrices ni recuerdos de los ultrajes recibidos de los hijos de la infamia, levantarse de la mesa de operaciones y salir con nosotros para festejar los quinientos años de su nacimiento, en una mañana esplendorosa.

EL TERRORISMO DE DERECHA

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Víctimas mortales de la violencia derechista en Alemania

Berlín, 19 de diciembre de 2016. El tunecino Anis Amri enfila un camión contra los asistentes a un mercado navideño. 12 personas mueren en este atentado terrorista de trasfondo islámico, mientras 55 quedan heridas.

Se trata de las primeras —y hasta ahora únicas— víctimas mortales del terrorismo islámico en territorio alemán.

Alemania es un país que ya ha tenido experiencias con el terrorismo en su pasado. El grupo de izquierda revolucionaria Rote Armee Fraktion (RAF) —Fracción del Ejército Rojo, en español—, que se mantuvo activo entre la década de los ‘70 y los ‘90, arrojó un saldo de 33 muertos y más de 200 heridos en acciones terroristas.

Pero el peor atentado terrorista de la posguerra se le atribuye no a la izquierda, sino al extremismo de derecha, de orientación ideológica neonazi. El 26 de septiembre de 1980, Gundolf Köhler, miembro del Wehrsportgruppe Hoffmann, hizo estallar una bomba a la entrada principal del Oktoberfest en Múnich, causando la muerte de 13 personas —incluido él mismo— e hiriendo a otras 211.

Hasta ahora no se sabe exactamente el número de víctimas mortales que ha causado la derecha extremista en Alemania. El Bundeskriminalamt (Oficina Federal de Investigación Criminal) reseña oficialmente 75 muertos entre 1990 y 2015, mientras que la Fundación Amadeu Antonio —una sociedad sin fines de lucro que combate el antisemitismo, el racismo y el extremismo de derecha— indica que son por lo menos 178 las víctimas mortales en ese mismo período.

El panorama internacional al respecto en el mundo occidental no es muy distinto al de Alemania. En Estados Unidos, el Nation Institute junto con el Center for Investigative Reporting han publicado recientemente una investigación que llega a la conclusión de que entre 2008 y 2016 hubo en el país 115 atentados ejecutados por supremacistas blancos de extrema derecha, mientras que sólo fueron 63 los atentados con un trasfondo islámico. Y aun en estos últimos casos, el terror no suele venir de mano de inmigrantes, sino de personas nacidas en suelo estadounidense. En total, 87% de las personas que cometieron los atentados nacieron en los Estados Unidos.

La decisión de Donald Trump de impedir el ingreso de viajeros de 6 países de mayoría musulmana —Libia, Irán, Yemen, Somalia, Sudán y Siria— por razones de seguridad no tiene ningún sustento en la realidad, pues según señala el estudio mencionado, sólo el 1% de los autores de los atentados provenían de alguno de estos países.

El peligro real no se halla más allá de las fronteras de los Estados Unidos, sino que se encuentra en el seno de una sociedad donde, al igual que en Alemania, aumentan los adeptos a los grupos radicales de derecha de orientación fascista. Lo cual se agrava en Estados Unidos cuando se antepone el derecho a portar armas al derecho de vivir en paz, o cuando se tiene un Presidente que ha tenido declaraciones que suscribiría cualquier supremacista blanco y que, cabalgando sobre el lomo de una ignorancia supina, busca un chivo expiatorio en la religión islámica y mira para otro lado cuando los criminales son de casa. Por ejemplo, se demoró tres días en condenar el asesinato de dos hombres en Portland (Oregon) el 26 de mayo de este año, que fueron apuñalados por salir en defensa de dos jóvenes musulmanas, cuando no duda en condenar de inmediato cualquier acción criminal realizada por terroristas islámicos.

Además, no tiene en cuenta —o no le importa— que la inmensa mayoría de las víctimas del terrorismo a nivel mundial son musulmanes, y negarles la acogida cuando huyen de una situación que pone en riesgo su integridad o sus vidas, lesiona derechos humanos fundamentales y constituye un crimen de lesa humanidad.

Mientras la muerte de personas de rasgos occidentales en atentados terroristas islámicos siga siendo noticia de primera plana, a la vez que se “invisibiliza” a las víctimas musulmanas —mucho mayores en número—, muertas por mano tanto de extremistas islámicos o filo-fascistas como por obra de dictaduras antidemocráticas o potencias militares de ocupación, el mundo seguirá siendo para las grandes mayorías un lugar ingrato para vivir, donde la paz se vislumbra cada vez más como un sueño lejano.

(Columna publicada en Altavoz el 10 de julio de 2017)

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FUENTES

HuffPost
Most Of America’s Terrorists Are White, And Not Muslim (24/06/2017)
http://www.huffingtonpost.com.au/2017/06/25/most-of-america-s-terrorists-are-white-and-not-muslim_a_22980088/

ZEIT ONLINE
US-Studie: Rechtsextremisten in USA größere Gefahr als Islamisten (26. Juni 2017)
http://www.zeit.de/gesellschaft/zeitgeschehen/2017-06/us-studie-terrorismus-rechtsextremismus-islamismus

Wikipedia (en alemán)
Todesopfer rechtsextremer Gewalt in der Bundesrepublik Deutschland
https://de.wikipedia.org/wiki/Todesopfer_rechtsextremer_Gewalt_in_der_Bundesrepublik_Deutschland

Mut gegen rechte Gewalt
Todesopfer rechter Gewalt seit 1990 (30.07.2015)
https://www.mut-gegen-rechte-gewalt.de/news/chronik-der-gewalt/todesopfer-rechtsextremer-und-rassistischer-gewalt-seit-1990

LOS CRIMINALES NO SON LOS REFUGIADOS

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Refugiados sirios en la estación del tren de Múnich (2015)

El 19 de diciembre el tunecino Anis Amri condujo un camión contra el público de un mercado navideño en Berlín, causando la muerte de 12 personas y dejando a 53 heridas.

Según una encuesta reciente, sólo el 28% de los alemanes consideran que la política migratoria de Angela Merkel es responsable del hecho, mientras que 68% dijeron que no hay relación.

Pues la mayoría de los 1.4 millones de refugiados que llegaron a Alemania en los dos últimos años vienen huyendo de la violencia y la miseria para desarrollar una vida de paz y trabajo en tierras germanas. Quienes se infiltran entre ellos para cometer actos de violencia, no los representan. Echarles la culpa a todos por unos pocos sería una injusticia en la que no ha caído aún el grueso del pueblo alemán.

Si bien el índice de criminalidad ha aumentado en Alemania con la llegada de los refugiados, quitando los delitos que no representan ningún peligro para nadie —cruzar ilegalmente la frontera, falsificación de documentos, viajar en transporte público sin pagar—, los inmigrantes no cometen porcentualmente más delitos que los alemanes mismos. Sólo el 0.14% de los actos delictivos cometidos por inmigrantes fueron delitos contra la vida, y sólo 1.1% contra la libertad sexual.

Lo que sí se ha mantenido alto es el número de agresiones contra albergues de refugiados, mayormente daños materiales: 921 este año. En 2015 fueron 1,031.

En términos reales, la migración a Alemania ha elevado la tasa de criminalidad, pero más de los alemanes mismos que de los inmigrantes.

La xenofobia es la principal causa del aumento de la criminalidad. Aquí en Alemania como en EE.UU.

(Columna publicada en Exitosa el 31 de diciembre de 2016)

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FUENTES

Bundeskriminalamt
Kriminalität im Kontext von Zuwanderung
Betrachtungszeitraum: 01.01. – 30.06.2016 (Stand: 06.09.2016)
https://www.bmi.bund.de/SharedDocs/Downloads/DE/Nachrichten/Kurzmeldungen/2016/kernaussagen-kriminalitaet-im-kontext-von-zuwanderung.pdf

Die Zeit
Bundeskriminalamt: “Zuwanderer sind nicht krimineller als Deutsche” (8. Juni 2016)
http://www.zeit.de/gesellschaft/zeitgeschehen/2016-06/bundeskriminalamt-statistik-straftaten-asylbewerber
FlüchtlingspolitikMehrheit sieht keine Schuld bei Merkel für Terroranschlag (28. Dezember 2016)
http://www.zeit.de/politik/deutschland/2016-12/fluechtlingspolitik-anschlag-berlin-angela-merkel-umfrage-zusammenhang
Zuwanderung und Kriminalität: Wenn man es nur genauer wüsste (29. Dezember 2016)
http://www.zeit.de/gesellschaft/zeitgeschehen/2016-12/zuwanderung-kriminalitaet-statistik-polizei-migration

FOCUS
BKA zählt über 900 Attacken gegen Flüchtlingsunterkünfte (28.12.2016)
http://www.focus.de/politik/deutschland/erschreckende-zahlen-bka-zaehlt-ueber-900-attacken-gegen-fluechtlingsunterkuenfte_id_6418636.html

LOS BUITRES EN EL CONGRESO

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En Alemania también hay corrupción. Así como hay actos violentos, injusticias y discriminación. Pero no es algo inherente al sistema, que lo corroe como un tumor maligno. Estos problemas no llegan a tener las dimensiones cancerígenas que tienen en el Perú.

Según estadísticas recientes las siguientes instituciones alemanas superan el 60% de aprobación —de más a menos—: la policía, los pequeños y medianos empresarios, el poder judicial y el poder legislativo. Por debajo del 35% de aprobación se hallan —de menos a más— las macroempresas, el gobierno federal, la administración pública y la Iglesia.

En el año 2002 partí de un Perú que miraba con esperanza al futuro, deseando superar los problemas legados por el fujimorismo.

Actualmente contemplo un Perú con problemas similares: políticos que declaran corrupto a un ministro y lo censuran sin pruebas fehacientes, esgrimiendo argumentos falsos. Además, se hacen a sí mismos regalos navideños que son un insulto a la austeridad en un país pobre. Cometen peores actos de corrupción que aquellos que injustamente le endilgan a quien censuran. Legislan no para el bien del país sino para satisfacer las ansias pantagruélicas de poder de una dinastía familiar de raíces japonesas.

Cuando la confianza en los poderes legislativo y judicial está por los suelos, es natural que la violencia impregne el lenguaje, el trato cotidiano, el aire que se respira, y tengamos discriminación, desigualdades que claman al cielo, impunidad de los corruptos.

Y nos veamos obligados a contemplar cómo las personas más capaces tienen que someterse a la humillación de ser juzgadas por una sarta de mediocres e ignorantes.

Como ya ocurría en el amado Perú que dejé.

(Columna publicada en Exitosa el 17 de diciembre de 2016)

SODALICIO Y VIOLENCIA

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Quienes hemos vivido años en comunidades sodálites, somos conscientes de la violencia casi cotidiana a la que fuimos sometidos, sobre todo en lo verbal y psicológico, pues la disciplina sodálite, bajo la apariencia de una configuración con la persona de Cristo, estaba orientada a la anulación de la voluntad propia y al sometimiento de la libertad personal a los dictados de una ideología cristiana fundamentalista.

Ya lo había señalado en mi post TESTIMONIO COMPLETO:

«…si bien hay casos excepcionales de maltrato extremo, relatados por varios testigos, se trata de hechos ocasionales, pues el maltrato más frecuente son las conversaciones y reuniones para ir metiendo la propia ideología en las cabezas de las personas, donde se recurre con frecuencia a la burla, el insulto, la orden de guardar silencio e incluso a veces a las amenazas de castigos (ayunos obligados, privación de sueño, actividades absurdas sin ninguna finalidad, etc.). Ni qué decir, por lo general la autoestima sale bien perjudicada.»

La violencia ha sido un constitutivo latente de la misma estructura del Sodalicio, y no es de extrañar que haya eclosionado en varias ocasiones de manera feroz y destructiva, dejando un reguero de sobrevivientes con heridas y cicatrices en su psique y hasta en su cuerpo.

He aquí una reflexión de Rocío Figueroa sobre cómo la violencia está en la raíz de los abusos de toda índole que se han destapado en el Sodalicio de Vida Cristiana.

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LA DINÁMICA DE VIOLENCIA EN EL SODALICIO DE VIDA CRISTIANA
por Rocío Figueroa

Me parece importante comprender que lo que está en la base de los abusos sexuales es sobre todo una búsqueda insaciable de poder y violencia por parte de los perpetradores.

El teólogo R. Ruard Ganzevoort en su artículo “Violence within the church” (“La violencia dentro de la Iglesia”, 2003) realiza un análisis muy agudo de las dinámicas de violencia y poder ante el abuso sexual en la Iglesia. Él señala cuatro etapas, de las cuales al menos las tres primeras se han dado tal cual en el escándalo del Sodalicio de Vida Cristiana.

1. Silencio antes de la tormenta:

– La violencia está presente pero no se manifiesta a la comunidad.

– Sólo pocos miembros son conscientes y sufren la violencia por parte de perpetradores, pero no es un conocimiento colectivo.

– Este primer estadio provee la estructura para las dinámicas de poder, de modo tal que los perpetradores generan una autoridad rígida y vertical que lleva al silencio.

2. Explota la bomba:

– Erupción del caos.

– Se dan encuentros violentos, disputas y reproches.

– Las víctimas se convierten en el chivo expiatorio de la comunidad. Son ellas y no el perpetrador el origen del escándalo. (Me sorprende, porque sucedió tal cual, con agravios de toda índole.)

– Muchos quieren regresar al silencio.

3. Ruptura de relaciones:

– Distintas perspectivas en el foro:

  • la perspectiva de las víctimas (en el caso del Sodalicio exigen justicia);
  • la perspectiva de los perpetradores (en el caso del Sodalicio el perpetrador niega toda responsabilidad).

– Los espectadores: algunos neutrales, otros salvadores de las víctimas, otros salvadores de los perpetradores.

4. Restauración:

– No se puede regresar a como era antes.

– Sólo se puede reconstruir si se reconoce el impacto de la violencia.

– No hay posibilidad de restauración si no se reconoce el mal causado.

– Preguntas que una comunidad tiene que hacerse:

  • ¿Qué significa que la violencia haya estado en medio de nosotros?
  • ¿Cómo podemos entender que la violencia de la comunidad nos haya llenado de rabia?
  • ¿Cómo hacer para que nuestra comunidad no tenga tendencias violentas?

Texto original: http://rocio-figueroa.blogspot.de/2015/12/la-dinamica-de-violencia-en-el-scv.html

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FUENTE

R. Ruard Ganzevoort, Violence within the church. Paper for the 2nd International NOSTER Conference, Soesterberg NL 21-01-2003.
http://www.ruardganzevoort.nl/pdf/2003_Violence.pdf

SEXO Y ESCÁNDALO… ¿Y LA VIOLENCIA?

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50 sombras de Grey ha llegado a las pantallas peruanas y se ha convertido en el Perú en la película más taquillera en días recientes, además de provocar las iras de los defensores de la moral puritana, para quienes abordar gráficamente temas como la sexualidad humana —y peor aún si viene revestida de sadomasoquismo— es también un acto perverso.

Aunque entre ellos haya quienes pregonen que nada de lo humano les es ajeno, siguen manteniendo un muestrario de temas que no debería permitirse tocar en el arte cinematográfico. Olvidan que el arte es en sí mismo amoral, y cuando se pretende instrumentalizarlo como vehículo de enseñanza moralista, se traiciona su esencia y se cae en la mediocridad y en el cliché.

Si así es el escándalo ante un producto tibio y de dudosa calidad artística pergeñado por Hollywood, ¿por qué no ha habido semejante reacción ante esa obra máyuscula de arte que son los dos volúmenes de Ninfómana del cineasta danés Lars von Trier, donde se muestra sexo sin tapujos pero insertado en una historia personal estremecedora acompañada de reflexiones existenciales y plasmada en imágenes de cruda pero cautivadora poesía? ¿Tal vez por ignorancia, porque ni siquiera saben que existe esta película?

Y aquellos mismos que se rasgan las vestiduras ante el sexo, ¿por qué no han hecho el mismo escándalo ante películas que glorifican la violencia o la banalizan, convirtiéndola en un espectáculo sangriento, como Hostal: Parte II (2007), Rambo: Regreso al infierno (2008) o El gran torneo (2009), cuya difusión comercial en sus versiones completas está prohibida en Alemania?

¿Por qué los mismos que satanizan el sexo suelen tener manga ancha con la violencia?

(Columna publicada en Exitosa Diario el 18 de febrero de 2015)

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Los títulos originales de las películas aquí mencionadas son:

  • Fifty Shades of Grey (Sam Taylor-Johnson, 2015)
  • Nymphomaniac: Vol. I (Lars von Trier, 2013)
  • Nymphomaniac: Vol. II (Lars von Trier, 2013)

Estás películas obtuvieron en Alemania una calificación de edad de mayores de 16 años, debido a que se concluyó que las escenas de sexo incluidas no son pornográficas.

  • Hostel: Part II (Eli Roth, 2007)

Mientras que la primera parte Hostel (Eli Roth, 2005) obtuvo la calificación de edad más alta en Alemania (mayores de 18 años), la segunda parte en su versión completa está sujeta a decomiso, y tanto su venta como su difusión son consideradas delitos, debido a que su contenido de violencia extrema atenta contra una o más leyes penales del país. Una versión cortada está disponible en el mercado.

  • Rambo (Sylvester Stallone, 2008)
  • The Tournament (Scott Mann, 2009)

Estas dos últimas películas en sus versiones completas están incluidas en Alemania en el Index, una lista oficial que incluye ítems potencialmente dañinos para menores de edad. Su venta está permitida a mayores de edad, pero está prohibido colocar los filmes en estanterías, ofrecerlos en tiendas online y hacerles publicidad, por lo cual una difusión comercial en sentido estricto no es posible. A nivel comercial sólo es posible encontrar versiones cortadas de ambas películas.