ENTREVISTA: EL CASO SODALICIO

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Recientemente Luis Enrique Baca, estudiante de Derecho en la Universidad de Lima y subdirector de coyuntura nacional en el medio digital Punto y Coma, ha publicado un artículo sobre la situación actual del caso Sodalicio (ver “Análisis: La impunidad del Sodalicio. Víctimas sin justicia”, 26 de julio de 2017), donde cita algunas declaraciones mías que yo le envié el 16 de junio como parte de las respuestas a un cuestionario que me hizo llegar el 8 de junio.

Considerando que la situación sobre el Sodalicio no ha cambiado en nada hasta el momento —y dado que mis reflexiones podrían ser de interés para más de uno—, publico ahora la entrevista completa.

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¿En qué situación está el caso Sodalicio?

La situación del caso Sodalicio es la que ya conocemos a través de los medios de prensa. Una sentencia suave y condescendiente de parte de la justicia eclesiástica, y un stand-by por el momento de parte de la justicia peruana.

¿Por qué cree que la Iglesia encubre a los pederastas?

El tema es muy complejo. Por una parte, la Iglesia se siente representada por aquellos que ostentan un cargo eclesiástico, ya sea que hayan recibido la ordenación sacerdotal o hayan hecho compromisos en una institución de vida consagrada. Todavía se sigue considerando los delitos de pederastia más que nada como faltas graves en las que caen las personas mencionadas y, por lo tanto, como piedras en el camino que no les impedirán restituirse y volver a su situación anterior, donde supuestamente seguirán sirviendo a la institución eclesial después de la prueba por la que el demonio los ha hecho pasar. Hasta ahora, no obstante algunos tímidos progresos, la Iglesia no ha asumido la perspectiva de las víctimas, a las cuales se ha presionado para que guarden silencio (y eviten el escándalo), a fin de evitar dañar la debida reputación que debe acompañar a esos elegidos de Dios. Y el buen nombre de la institución sigue poniéndose como prioridad, aunque se tenga que crucificar a las víctimas.

¿Cree que son efectivos los tribunales eclesiásticos? ¿Por qué?

Los tribunales eclesiásticos sólo han sido efectivos cuando se trata de censurar a teólogos disidentes o de suspender a clérigos díscolos, que se salen de la línea doctrinal y moral impuesta por el obispo de turno. Pero en lo que se refiere a delitos graves contra los derechos humanos de las personas, lo más normal es que los jueces se tomen todo el tiempo del mundo, se concluya que no hay pruebas tras una investigación que consiste básicamente en no hacer nada, o los delitos prescriban. He escrito sobre este tema en una columna publicada en Altavoz, que lleva el título de JUSTICIA ECLESIÁSTICA: LA IMPUNIDAD PROGRAMADA.

¿Por qué no se le juzga a Figari en fueros civiles? ¿Crees que lo verás preso algún día?

El proceso contra Figari está todavía en “veremos”. El Ministerio Público tiene que determinar todavía si procede una denuncia penal que dé lugar a un proceso judicial. Todo esto puede demorar años. No creo que nunca veamos a Figari tras las rejas, pues aún cuando hubiera una sentencia, la cosa derivaría en un asunto diplomático complicado, pues la Santa Sede, con su vergonzoso pronunciamiento sobre el caso, lo ha blindado de por vida.

¿Qué tanto te marcó el Sodalicio?

El Sodalicio me marcó, como ha marcado a tantos. Más aún, es prácticamente imposible pasar por el Sodalicio sin que eso deje huella en la psique personal de uno. Hasta ahora sigo lidiando con las consecuencias.

¿Los abusos del Sodalicio han cambiado tu percepción sobre la Iglesia católica en general?

Mi percepción sobre la Iglesia católica no ha cambiado básicamente debido a los abusos del Sodalicio. Ya antes de ocuparme del tema a fondo, yo me había informado sobre los abusos cometidos dentro de los Legionarios de Cristo (antes incluso de que la Santa Sede se pronunciara sobre el P. Marcial Maciel), y también de otros abusos psicológicos que son moneda corriente dentro del Opus Dei. Más bien, al contrastar esos datos con lo que yo había vivido dentro del Sodalicio, fue que poco a poco pude darme cuenta de que yo mismo había sido víctima de abusos psicológicos y físicos. Aún así, sigo siendo católico por convicción y motivos personales, que he explicitado en la columna POR QUÉ SIGO SIENDO CATÓLICO publicada en mi blog. Ciertamente, mi percepción de la Iglesia ha evolucionado, a la cual considero principalmente como un pueblo formado por fieles creyentes seguidores del Jesús de los Evangelios. Y lamentablemente, en la jerarquía eclesiástica abundan quienes no pueden ser considerados como tales, pues con sus actos traicionan las palabras de Jesús y crucifican a las víctimas de abusos. Ante esto, sólo se puede seguir siendo católico si uno asume como programa las palabras que Juana de Arco les dirigió a los jueces eclesiásticos que la condenaron a la hoguera: «Los hombres de Iglesia no son la Iglesia».

¿Te duele el papel que ha jugado el Congreso al darles la espalda?

No es el Congreso el que nos ha dado la espalda, cortando la posibilidad de una comisión investigadora, sino el fujimorismo, aliado natural de los sectores más conservadores y retrógrados del catolicismo. Una investigación a fondo en el Congreso hubiera sido una ventana abierta para que se sepa toda la verdad sobre el Sodalicio y sobre su sistema doctrinal y disciplinario que atenta contra derechos fundamentales de las personas y favorece la comisión de delitos contra la libertad y la propiedad privada. Esta propuesta ha sido llevada adelante por algunos congresistas de buena ley, entre los cuales destaca Alberto de Belaúnde. Los abusos sexuales, a los cuales tanta publicidad se ha dado, son solamente una consecuencia marginal de problemas más serios y graves, siendo que el problema del Sodalicio no es la pederastia (la inmensa mayoría de las víctimas de abusos sexuales en el Sodalicio eran ya mayores de edad o adolescentes con madurez sexual) sino la manipulación de las conciencias, el abuso de poder y la sujeción de la libertad interior de tantos jóvenes, cuyas vidas son dañadas permanentemente, comprometiendo seriamente su futuro y su desarrollo como personas normales.

¿Te parece contradictorio que los que han cometido abusos o encubierto abusos hoy sean los abanderados de la defensa de los niños en el caso de la ideología de género y #ConMisHijosNoTeMetas?

No me extraña, pues aquellos que cometieron o encubrieron abusos hasta ahora no han tomado conciencia del alcance de lo que hicieron, y siguen justificando esos actos como «rigores de la formación». Para ellos, las víctimas no son tales, sino personas con malas intenciones que malinterpretaron aquello que experimentaron en el Sodalicio. Y precisamente la moral puritana que propugnan, basada sobre una interpretación fundamentalista de los datos bíblicos y ciega a las investigaciones científicas sobre el tema del género, es el humus donde germinan aquellos impulsos enfermizos que terminan en la perpetración de abusos. No puede haber tolerancia ni una actitud sana hacia los demás en una moral represiva de la sexualidad real.

¿Cómo han lidiado los Papas con los casos de abuso?

Recién con Benedicto XVI comienzan a haber medidas que apuntan a combatir los casos de abuso sexual —que, como ya he indicado, es un problema marginal en el Sodalicio—. Las medidas anunciadas por el actual Papa Francisco, aparentemente más radicales que las del Papa Ratzinger, han sido un saludo a la bandera, pues todo parece indicar que han sido neutralizadas con relativo éxito por la Curia Romana. Sin embargo, considero que las medidas siguen siendo demasiado tibias respecto a la gravedad del problema. Y lo peor de todo es que muy poca atención se le ha prestado a los abusos psicológicos y físicos, que son la madre del cordero, pues constituyen el caldo de cultivo de los abusos sexuales, que son más infrecuentes.

¿Eliminar el celibato sería la solución?

La solución a un problema complejo no puede radicar en una medida simple. No podemos eliminar el derecho que una persona tiene a elegir el celibato, si considera que ése es su camino. Pero mantenerlo como una obligación para todos aquellos que quieren ser sacerdotes, no sólo no encuentra sustento sólido en la Biblia o en la Tradición de la Iglesia, sino que puede generar problemas de sexualidad truncada o reprimida en muchas personas buenas que aman su la vocación sacerdotal, pero que tienen que admitir dentro del paquete el celibato obligatorio. Como decía el difunto Cardenal Carlo Maria Martini, él no creía que todos los llamados al sacerdocio estuvieran también llamados al celibato. Por otra parte, el problema va más allá de esta práctica eclesial. Es en la actual doctrina católica sobre la sexualidad donde se hallan los gérmenes de varios abusos. Mientras no haya una reflexión más profunda sobre este tema, que no tenga miedo de revisar y replantear algunos conceptos, con o sin celibato seguirán habiendo abusos.

¿Crees que el Sodalicio es la única organización religiosa peruana involucrada en estos casos?

Toda organización cristiana basada en la autoridad absoluta, con estructuras verticales, con exigencia de obediencia total, con pensamiento único impuesto a todos sus miembros y con una interpretación fundamentalista de los textos bíblicos presentará con alta probabilidad casos de abusos como los que han ocurrido en el Sodalicio. En el contexto peruano, se me vienen a la mente instituciones como el Camino Neocatecumental, el Opus Dei, Pro Ecclesia Sancta y Lumen Dei, aunque no descarto casos de abusos en órdenes tradicionales, especialmente si el ambiente es muy conservador y puritano.

BREVE LECCIÓN DE DERECHO ECLESIÁSTICO PARA UN CARDENAL INCOMPETENTE

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Estimado Juan Luis Cipriani:

Según lo revelado por Pedro Salinas y Paola Ugaz, al momento no existe ninguna certeza de que el tribunal eclesiástico interdiocesano del cual eres moderador haya enviado a Roma las tres graves denuncias contra Luis Fernando Figari del año 2011.

Supongo que eso no debe importarte, pues tú mismo has dicho que tu labor como moderador es puramente logística: suministrarle al tribunal dinero, luz, agua, computadoras, etcétera. O como lo ha resumido magistralmente tu abogado Natale Amprimo: como moderador sólo sirves para «proporcionarle papel para la fotocopiadora».

Sin embargo, la Instrucción que deben observar los tribunales diocesanos e interdiocesanos al tratar las causas de nulidad de matrimonio “Dignitas connubii” (25 de enero de 2005) del Pontificio Consejo para los Textos Legislativos le asigna al moderador funciones más importantes, e incluso dice textualmente: «Cuando la recta administración de justicia se vea impedida por negligencia, impericia o abusos, el Obispo Moderador del tribunal o el grupo de Obispos deben proveer adoptando las medidas oportunas, sin excluir, si el caso lo requiere, la remoción del oficio». Es decir, debes estar al tanto de cómo se administra justicia.

¿Qué has hecho desde el año 2011 hasta ahora? ¿Te enteraste por lo menos del contenido de las denuncias, como era tu responsabilidad? Y si no te correspondía juzgar por tratarse de un instituto de derecho pontificio, ¿te interesó averiguar si podían haber otros casos similares? ¿O debemos entender que si un menor de edad es ultrajado sexualmente en tu arquidiócesis por un miembro de un instituto de derecho pontificio, tú te limitarás a mirar al cielo, argumentando que eso no cae bajo tu responsabilidad?

(Columna publicada en Exitosa el 14 de mayo de 2016)

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FUENTES

La República
“¿Dónde está mi denuncia, cardenal Cipriani?” (12 de mayo de 2016)
http://larepublica.pe/impresa/en-portada/766848-donde-esta-mi-denuncia-cardenal-cipriani

Pontificio Consejo para los Textos Legislativos
Instrucción que deben observar los tribunales diocesanos e interdiocesanos al tratar las causas de nulidad de matrimonio “Dignitas connubii” (25 de enero de 2005)
http://www.vatican.va/roman_curia/pontifical_councils/intrptxt/documents/rc_pc_intrptxt_doc_20050125_dignitas-connubii_sp.html

LA RESPONSABILIDAD DEL CARDENAL CIPRIANI EN EL CASO SODALICIO

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El cardenal Cipriani con los sacerdotes sodálites Juan Carlos Rivva y Juan Mendoza

Mientras que el Sodalicio está en el ojo del huracán, el cardenal Cipriani está pasando piola y guarda silencio. No es para menos, pues este instituto de vida consagrada que tiene su cuartel general en la arquidiócesis de Lima y que desde hace más de cuatro décadas ha cometido abusos en perjuicio de jóvenes bajo su responsabilidad, siempre ha apoyado a Cipriani en todas sus iniciativas.

Mons. Eguren y Mons. Schmalhausen, obispos sodálites, firmaron la carta del 28 de agosto de 2015 para respaldar a Cipriani en el asunto de los plagios en un artículo publicado en el diario El Comercio. Asimismo, ACI Prensa, la agencia de noticias dirigida por el sodálite Alejandro Bermúdez, siempre ha mostrado su apoyo incondicional a Cipriani, informando de manera complaciente y servil sobre cualquier palabra o actividad del arzobispo limeño.

Cipriani ha defendido su inocencia, argumentando que el tribunal eclesiástico interdiocesano, donde ingresaron las denuncias contra Figari, es autónomo y que él como moderador sólo cumple funciones administrativas, pero no ve los casos. Pues resulta que en el derecho canónico no existe esa figura, ya que todo tribunal eclesiástico diocesano o interdiocesano debe tener un obispo a la cabeza, el cual tiene potestad judicial como juez de primera instancia.

El cardenal Cipriani, ignorando directivas vaticanas, no ha elevado denuncia ante las autoridades civiles por los delitos señalados. Tampoco se ha comunicado con las víctimas para informarles sobre el estado de las denuncias, ni para acogerlas pastoralmente.

Nunca más que ahora son actuales las palabras que Juana de Arco le dirigió a los obispos del tribunal eclesiástico que la condenó: «Los hombres de Iglesia no son la Iglesia».

(Columna publicada en Exitosa el 23 de abril de 2016)

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El día 9 de abril, el cardenal Cipriani en su programa de radio Diálogos de Fe volvió a lavarse las manos respecto a las denuncias contra el Sodalicio de Vida Cristiana. Cipriani acusó a los medios de querer embarrarlo, cuando él supuestamente no tendría nada que ver con el caso Sodalicio, aun cuando las denuncias contra Figari hayan ingresado en el tribunal interdiocesano que está bajo su responsabilidad.

Según Cipriani, este tribunal «es autónomo, tiene un vicario judicial y da cuenta a sus clientes, no a los obispos». Los obispos miembros dejarían su responsabilidad, canónicamente hablando, en manos del tribunal y éste ya no dependería de ellos. Cipriani sólo se enteraría de asuntos locales referentes a la arquidiócesis limeña, porque el tribunal se lo diría, «pero si presentan una denuncia diciendo “no quiero que se sepa mi nombre”, y contra una persona que es el superior general y fundador de la institución, el tribunal, sin tener nada que consultarme, sin tener nada que ver yo en el asunto, eleva todo de manera inmediata […] a Roma».

La responsabilidad de Cipriani como moderador se circunscribiría a funciones logísticas: «que tengan dinero, que tengan luz, que tengan agua, que tengan computadora, que funcione logísticamente el tribunal».

La pregunta es para qué necesita el tribunal un obispo moderador, si bastaría con contratar a un administrador, que podría desempeñar las mismas funciones.

Además, esto no es lo más grave, pues si nos tomamos el trabajo de verificar qué es lo que dice el actual Código de Derecho Canónico sobre los tribunales interdiocesanos, encontraremos algo muy distinto a lo que dice Cipriani. Dice el Código:

«En sustitución de los tribunales diocesanos […], varios Obispos diocesanos, con la aprobación de la Sede Apostólica, pueden constituir de común acuerdo un tribunal único de primera instancia para sus diócesis; en este caso, el grupo de Obispos o el Obispo designado por ellos tienen todas las potestades que corresponden al Obispo diocesano sobre su tribunal.» (c.1423 §1)

¿Y cuáles son estas potestades?

«En cada diócesis, y para todas las causas no exceptuadas expresamente por el derecho, el juez de primera instancia es el Obispo diocesano, que puede ejercer la potestad judicial por sí mismo o por medio de otros de acuerdo con los cánones que siguen.» (c.1419 §1)

Tambien se dice que «todo Obispo diocesano debe nombrar un Vicario judicial u Oficial con potestad ordinaria de juzgar» (c.1420 §1) y que «el Vicario judicial constituye un solo tribunal con el Obispo, pero no puede juzgar las causas que el Obispo se haya reservado» (c.1420 §2). Y es evidente que para poder reservarse ciertas causas, es indispensable que el obispo conozca los contenidos de todas las causas abiertas en el tribunal.

En conclusión, un tribunal interdiocesano no puede ser una instancia que actúe al margen de los obispos que lo han constituido y ser gestionado sin injerencia alguna de ellos o del obispo designado para moderarlo, el cual tiene potestad judicial. No hay ninguna ninguna norma que autorice a un tribunal eclesiástico, sea diocesano o interdiocesano, a actuar de manera autónoma.

El responsable último del tribunal interdiocesano de Lima es, por lo tanto, el arzobispo Cipriani, que tiene, según la ley de la Iglesia, las funciones de un juez de primera instancia. Por consiguiente, es su responsabilidad estar al tanto de las denuncias, sobre todo de aquellas que se refieran a delitos graves.

Si bien es cierto que la denuncia contra Figari debía ser remitida a Roma, pues se trata de un miembro de un instituto de derecho pontificio, también es cierto que según directivas vaticanas, al tener conocimiento del contenido de las denuncias, debía haberse atenido a las leyes civiles peruanas —a saber, que el conocimiento de un delito obliga a denunciarlo—, según la Carta Circular del 3 de mayo de 2011 de la Congregación para la Doctrina de la Fe:

«El abuso sexual de menores no es sólo un delito canónico, sino también un crimen perseguido por la autoridad civil. Si bien las relaciones con la autoridad civil difieran en los diversos países, es importante cooperar en el ámbito de las respectivas competencias. En particular, sin prejuicio del foro interno o sacramental, siempre se siguen las prescripciones de las leyes civiles en lo referente a remitir los delitos a las legítimas autoridades. Naturalmente, esta colaboración no se refiere sólo a los casos de abuso sexual cometido por clérigos, sino también a aquellos casos de abuso en los que estuviera implicado el personal religioso o laico que coopera en las estructuras eclesiásticas.»

Asimismo, el cardenal Cipriani tenía una obligación pastoral que no ha cumplido, la de atender personalmente a las víctimas, según lo indicado en una Carta del Papa Francisco del 2 de febrero de 2015:

«Corresponde al Obispo diocesano y a los Superiores mayores la tarea de verificar que en las parroquias y en otras instituciones de la Iglesia se garantice la seguridad de los menores y los adultos vulnerables. […] Los Pastores y los responsables de las comunidades religiosas han de estar disponibles para el encuentro con los que han sufrido abusos y sus seres queridos: se trata de valiosas ocasiones para escuchar y pedir perdón a los que han sufrido mucho.»

El cardenal Cipriani no se ha comunicado con las víctimas ni para consultarles si podía elevar denuncia ante la Fiscalía —como era su deber—, ni para informarles sobre el estado de las denuncias, ni para acogerlas pastoralmente.

O bien ha mentido para salvar su propio pellejo, o ha ignorado las leyes y directivas de la Iglesia, cometiendo negligencia grave al no asumir las responsabilidades estipuladas en el derecho canónico para quien como obispo está encargado de un tribunal eclesiástico interdiocesano.

El resultado ya lo sabemos. Las víctimas quedan desamparadas y los lobos hacen presa del rebaño mientras el pastor se lava las manos como Pilatos.

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Ya son conocidas las polémicas intervenciones y acciones que ha tenido el cardenal Cipriani como arzobispo de Lima. Menos conocidas son sus iniciativas “pastorales” como arzobispo de Ayacucho, documentadas en el libro Cipriani: El teólogo de Fujimori (2000) del periodista ayacuchano Magno Sosa (ver http://www.voltairenet.org/IMG/pdf/LIBRO_MAGNO_SOSA_EL_TEOLOGO_DE_FUJIMORI.pdf).

Allí se relata cómo al principio Cipriani se opuso a la elección de Fujimori como Presidente del Perú —principalmente debido a que éste contaba con el apoyo de un nutrido grupo de evangélicos— y favoreció la opción neoliberal y derechista de Mario Vargas Llosa. Pero cuando Fujimori llega al poder, los papeles se invierten. El 3 de julio de 1992 Fujimori viaja a Ayacucho para participar, junto a Cipriani, en el desfile cívico militar en la Plaza de Armas de Ayacucho y allí le entrega al eclesiástico del Opus Dei un cheque por un millón de nuevos soles para la refacción de las iglesias de Ayacucho. A partir de entonces sólo habría condescendencias de parte de Cipriani hacia el déspota. Como una prostituta, habría vendido sus favores por un monto de dinero.

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FUENTES

Congregación para la Doctrina de la Fe
Carta Circular – Subsidio para las Conferencias Episcopales en la preparación de Líneas Guía para tratar los casos de abuso sexual de menores por parte del clero (3 de mayo de 2011)
http://www.vatican.va/roman_curia/congregations/cfaith/documents/rc_con_cfaith_doc_20110503_abuso-minori_sp.html

Papa Francisco
Carta a los Presidentes de las Conferencias Episcopales y a los Superiores de los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica acerca de la Pontificia Comisión para la tutela de menores (2 de febrero de 2015)
http://w2.vatican.va/content/francesco/es/letters/2015/documents/papa-francesco_20150202_lettera-pontificia-commissione-tutela-minori.html

RPP Noticias – Diálogos de Fe
Cardenal Juan Luis Cipriani│El voto por voluntad (09/04/2016)

OVEJAS SIN PASTOR

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El arzobispo Cipriani, pastor supremo de la circunscripción eclesiástica con mayor número de fieles católicos en el Perú, no ha dado hasta ahora la cara respecto a los supuestos delitos de abusos sexuales cometidos por el fundador del Sodalicio en su arquidiócesis. Dejó que otro hablara de responsabilidades en su programa Diálogos de Fe, mientras él se iba a hacer turismo religioso a Chile. Porque, a decir verdad, no tiene ninguna jurisdicción personal sobre los peruanos católicos residentes en Santiago de Chile. Su presencia allí no era requerida ni necesaria.

En Lima, el P. Luis Gaspar Uribe, vicario del Tribunal Eclesiástico, se dedicó a exculparlo, explicando por qué Cipriani no tenía ninguna responsabilidad ni competencia para gestionar las denuncias contra Figari. El Sodalicio es una asociación de derecho pontificio. Cualquier denuncia al respecto está reservada a la Santa Sede.

Mientras tanto, Cipriani declaraba perogrulladas al diario chileno El Mercurio: «las denuncias se tienen que investigar hasta el final, los hechos denunciados son increíblemente malos. […] Hemos actuado con absoluta transparencia y rapidez ante un suceso que atañe a un laico de una congregación de derecho pontificio. […] El tema es lamentable y doloroso».

Tanta transparencia, que nunca ha dicho «esta boca es mía» respecto a las denuncias ingresadas al Tribunal Eclesiástico en el año 2011, y tanta rapidez, que en cuatro años no ha movido un solo dedo para aclarar los hechos denunciados.

Las víctimas son miembros de la grey a cargo de Cipriani. Sabemos que cuando venga el lobo, con un pastor así, éste huirá cobardemente para luego decir que no fue culpa suya que las ovejas fueran devoradas.

(Columna publicada en Exitosa el 28 de octubre de 2015)

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Como católico creyente, siento vergüenza ajena cada vez que me entero de cómo reaccionan y actúan muchas autoridades eclesiásticas ante casos de abusos sexuales cometidos por consagrados, religiosos o sacerdotes a nivel mundial. Y el actual arzobispo de Lima no es ninguna excepción.

El día de ayer, 28 de octubre, Cipriani pronunció las siguientes palabras en la homilía de la Misa del Señor de los Milagros.

«Siento el deber de expresar una condena total cuando vemos que algún miembro de la Iglesia está involucrado en abusos sexuales contra gente menor. ¡Jamás y por ningún motivo la Iglesia puede permitir que se ofenda a Dios por personas que deben dar ejemplo de Dios!»

A decir verdad, son palabras tardías, vanas e inútiles, pues ni Cipriani ni ninguna autoridad eclesiástica pueden evitar que ocurran estos delitos a puerta cerrada. Como reza el el dicho, eso sucede hasta en las mejores familias.

Sin embargo, ¿por qué Cipriani no hizo nada ante las denuncias, salvo tramitarlas burocráticamente como es debido? ¿Por qué se lanza a sí mismo este salvavidas, cuando nunca antes ha hablado en estos términos de los abusos sexuales cometidos por «personas que deben dar ejemplo de Dios», más aun cuando a través de miembros del tribunal eclesiástico de su jurisdicción y del abogado del arzobispado, Natale Amprimo, ha buscado deslindar cualquier responsabilidad suya frente las siete denuncias contra Figari que fueron presentadas desde el año 2011 en adelante en el tribunal eclesiástico del cual él es moderador?

Además, ¿es cierto que Cipriani no tiene ninguna injerencia en el Tribunal Interdiocesano de Lima? Por lo menos, eso es lo que ha dado a entender un comunicado del 21 de octubre emitido por el mismo tribunal:

Nuestro Tribunal es una instancia jurídico canónica absolutamente autónoma, encargada de administrar justicia eclesiástica, conforme al Derecho Canónico vigente. No está sometido ni responde a las directivas de ninguno de los veintidós Obispos de las diversas circunscripciones en las que imparte justicia.

Si nos tomamos el trabajo de verificar qué es lo que dice el “Derecho Canónico vigente” sobre los tribunales interdiocesanos, encontraremos algo muy distinto:

1423 § 1. En sustitución de los tribunales diocesanos, mencionados en los ⇒ cc. 1419-1421, varios Obispos diocesanos, con la aprobación de la Sede Apostólica, pueden constituir de común acuerdo un tribunal único de primera instancia para sus diócesis; en este caso, el grupo de Obispos o el Obispo designado por ellos tienen todas las potestades que corresponden al Obispo diocesano sobre su tribunal.

¿Y cuáles son “las potestades que corresponden al Obispo diocesano sobre su tribunal”?

1419 § 1. En cada diócesis, y para todas las causas no exceptuadas expresamente por el derecho, el juez de primera instancia es el Obispo diocesano, que puede ejercer la potestad judicial por sí mismo o por medio de otros de acuerdo con los cánones que siguen.

1420 § 1. Todo Obispo diocesano debe nombrar un Vicario judicial u Oficial con potestad ordinaria de juzgar, distinto del Vicario general, a no ser que lo reducido de la diócesis o la escasez de causas aconsejen otra cosa.

§ 2. El Vicario judicial constituye un solo tribunal con el Obispo, pero no puede juzgar las causas que el Obispo se haya reservado.

En resumen, según el Derecho Canónico vigente, un tribunal eclesiástico interdiocesano no puede ser una instancia que actúe al margen de los obispos que lo han constituido y ser gestionado sin injerencia alguna de ellos o del obispo designado para moderarlo, el cual tiene potestad judicial. No hay ninguna ninguna norma que autorice a un tribunal eclesiástico, sea diocesano o interdiocesano, a actuar de manera autónoma.

El responsable del Tribunal Eclesiástico Interdiocesano de Lima, por lo tanto, sigue siendo Cipriani en cuanto moderador. Así pues, era su responsabilidad estar al tanto de denuncias tan graves y, si bien no goza de la competencia para realizar un proceso, debido a que el acusado pertenece a un instituto de derecho pontificio, sí tenía la responsabilidad pastoral de investigar si este tipo de abusos podían seguir dándose a fin de tomar las medidas preventivas del caso, y apoyar y acoger a las víctimas. Parece que en estos últimos cuatro años ha tenido cosas más importantes que hacer que preocuparse de unas cuantas ovejas suyas que han sufrido abusos sexuales por parte de miembros de un instituto religioso autorizado por la Iglesia. Y lo único que parece preocuparle ahora es salvar el propio pellejo.

¿Alguna vez habrá leído y meditado estas palabras salidas de la boca de un antiguo profeta bíblico?

«¡Ay de los pastores de Israel que se apacientan a sí mismos! ¿No deben los pastores apacentar el rebaño?» (Ezequiel 34, 2)

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FUENTES

Radioprogramas del Perú (RPP)
Tribunal Eclesiástico se pronuncia sobre las denuncias contra Luis Fernando Figari (22/10/2015)
http://rpp.pe/lima/judiciales/tribunal-eclesiastico-se-pronuncia-sobre-las-denuncias-contra-luis-fernando-figari-noticia-907387

Perú21
Juan Luis Cipriani: “Quien haga daño a un niño, que le cuelguen una piedra y lo envíen al fondo del mar” (Miércoles 28 de octubre del 2015)
http://peru21.pe/actualidad/cipriani-que-haga-dano-nino-que-le-cuelguen-y-lo-envien-al-fondo-mar-2230780
“Cipriani no protege a Figari ni al Sodalicio” (Miércoles 28 de octubre del 2015)
http://peru21.pe/opinion/natale-amprimo-abogado-arzobispado-cipriani-no-protege-figari-ni-al-sodalicio-2230752

UNA CARTA DEL P. JEAN PIERRE TEULLET, SODÁLITE

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El P. Jean Pierre Teullet es un sacerdote sodálite, que —como hemos sabido por la carta publicada por el ex sodálite Óscar Osterling respecto al primer comunicado emitido por el Sodalicio sobre el caso Figari (ver https://estadocritico.lamula.pe/2015/10/20/el-sodalicio-miente-en-su-comunicado/ricardomilla/)— ha presentado cuatro denuncias contra Figari ante el tribunal eclesiástico de Lima. Aparentemente éste fue el motivo por el cual el 28 de mayo de 2014, por voluntad de las autoridades sodálites, fue cesado del cargo de párroco de la Parroquia Nuestra Señora de la Cruz, ubicada en la Urbanización Mayorazgo (distrito de Ate) y perteneciente a la jurisdicción eclesiástica de la diócesis de Chosica (ver ¿TOLERANCIA CERO EN EL VATICANO?). Aún restringido en su actividad pastoral como sacerdote, ha seguido empeñado en sacar adelante las denuncias contra el fundador del Sodalicio, la institución a la que aún pertenece. Muestra de ello es una carta suya de carácter interno que ha sido filtrada a las redes sociales y ha estado circulando en Facebook, principalmente entre personas allegadas a la Familia Sodálite.

No sabemos cómo ni por qué se produjo esta filtración. Aun cuando no he podido confirmar con absoluta certeza la autenticidad de la carta, los hechos allí indicados concuerdan no sólo con lo que relata Osterling en la suya sino también con otras informaciones que he recibido de fuentes confiables. Además, el estilo en que está redactada es muy similar al que encontramos en varios escritos que ha publicado el P. Teullet en la página web InfoVaticana. Por otra parte, el tenor de la carta nos hace pensar que se trata de un escrito que no fue elaborado con el único fin de que lo leyera el destinatario de manera privada, sino más bien para dejar constancia ante terceros de su desacuerdo con el comunicado firmado por Fernando Vidal.

En vistas de lo que ha salido a luz sobre el Sodalicio en estos últimos días, considero que esta carta del P. Teullet es de interés público y, por eso mismo, la reproduzco íntegra a continuación.

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Lima, 20 de octubre de 2015

Hno. Fernando Vidal
Asistente general de comunicaciones
del Sodalitium Christianae Vitae

Luego de leer el comunicado que Usted ha emitido en nombre del Sodalitium Christianae Vitae (SCV) ayer 19 de octubre del 2015, a raíz de las denuncias presentadas el día domingo en un programa de televisión contra el Hno. Luis Fernando Figari, quedé preocupado por lo que allí Usted afirma, y motivado por un deber de conciencia, me siento en necesidad de manifestarle lo siguiente:

  1. En mayo del 2012, luego de varios meses de dialogo infructuoso con las autoridades, 4 sodálites presentamos formalmente «pedidos de investigación» contra el Hno. Luis Fernando Figari por actos graves e inmorales cometidos por él, distintos a los que han sido presentados el domingo. Estos pedidos fueron desestimados, primero por el superior general de entonces, el Hno. Eduardo Regal, y luego, al ser presentados nuevamente por mí de modo formal en abril del 2013 al nuevo superior general, el Hno. Alessandro Moroni, fueron también desestimados por él. En ambos casos, nunca se realizó una investigación formal como Usted afirma en su comunicado. Nunca se erigió un jurado, nunca se nos solicitó el testimonio formal, nunca hubo actas, nunca se dio un dictamen, y menos se nos respondió de modo formal la conclusión de dicho proceso. Los denunciantes no quedamos satisfechos. Entonces lo que Usted afirma en el numeral segundo de su comunicado, que «todo testimonio de inconductas cometidas por algún sodálite presentado ante las autoridades actuales del Sodalicio ha sido acogido, investigado y, cuando se ha confirmado, hemos ofrecido ayuda a las personas afectadas según la caridad y la justicia», puedo afirmar que en lo que respecta a los pedidos de investigación por mí presentados (no sé de otros casos), ello no es cierto. Optaron ustedes más bien por descalificar dichas denuncias. Resulta aún más desconcertante la afirmación final de dicho numeral: «hemos tomado con los responsables las medidas que corresponde según derecho». Puedo asegurar que ello, en cuanto al Hno. Figari y a un miembro más del SCV involucrado también, nunca se dio, pues ellos no experimentaron de parte de ustedes las medidas de las que habla. De nuevo su comunicado no se ajusta a la verdad.
  2. En el numeral tercero, Usted dice desconocer los testimonios del tribunal eclesiástico de Lima expresando no haber «sido informados de sus contenidos ni por quienes los presentaron ni por esas instancias». Esto, por lo menos en dos situaciones, tampoco es cierto. Primero porque en la segunda mitad del año 2011, el Hno. Eduardo Regal, superior general del SCV en dicho momento, nos congregó en el centro pastoral de San Borja para decirnos que sabían de unas denuncias graves contra el Hno. Luis Fernando Figari en el tribunal, y que por tal motivo él había acudido en Roma «donde los mejores canonistas» para presentarles el caso, y éstos le habían dicho allí que «no se preocupara por dicha denuncia porque al ser el Hno. Luis Fernando Figari laico, él no tenía tipificación canónica, y que en todo caso, había ya prescrito». Ello nos cuestionó mucho a los asistentes ya que con ello se estaba afirmando tácitamente que la denuncia que el Hno. Regal conocía del tribunal eclesiástico contra el Hno. Figari, era cierta pero se libraba de un juicio por los argumentos que el Hno. Regal traía de Roma. Y el segundo caso es el del pedido de investigación que yo solicité en dos oportunidades en el SCV. Como Usted y el superior general saben bien, yo presenté, al no encontrar en ustedes respuesta, el mismo pedido de investigación con sus respectivos testimonios en el tribunal eclesiástico de Lima. Con lo cual hace que un segundo rubro de denuncias presentadas a dicho tribunal, ustedes también las conociesen. No es pues correcto afirmar que ustedes no tenían conocimiento de algunos casos que están en dicho tribunal. De repente no de otros, pero de éstos, sí.
  3. Finalmente en su cuarto numeral expresa Usted que el Hno. Luis Fernando Figari «vive alejado de la vida pública y de cualquier injerencia en el gobierno de la comunidad». Ante ello habría que expresar que hasta hace 5 meses, el Hno. Figari ha vivido en Lima desde su renuncia a fines del 2010 hasta abril del 2015, y ha tenido libertad de movimiento para visitar diversos proyectos del SCV, recibir personas en su comunidad, escribir correspondencia, hacer llamadas a miembros de la familia espiritual, y de él ustedes como autoridades han propagado libros, publicaciones y cursos. Finalmente, el superior general actual eligió, en diciembre del 2013 al secretario personal y amigo cercano del Hno. Luis Fernando Figari, el Hno. Ignacio Blanco (con el cual vive desde el año 1991 hasta el día de hoy en Roma), como miembro asesor del consejo superior, generando ello incomodidad en algunos miembros del SCV.

Pienso entonces que este comunicado puede confundir al no ajustarse a la verdad en algunos aspectos importantes, y por ende, sugiero que cristianamente Usted debería rectificar dichas afirmaciones, que además de ser inexactas, obligan en conciencia a explicarlas de acuerdo a la veracidad de los hechos. Desde que presenté la primera denuncia interna en el SCV hace 7 años, permanecí callado, incluso frente a medios de comunicación que me buscaron, y sigo pensando que esto debe tratarse con discreción pero firmeza, sin embargo el comunicado público suyo lleva a que como deber moral, tengan que ser aclaradas las inexactitudes allí presentadas. No es la primera vez que incurren ustedes como gobierno en algunas inexactitudes que han generado no poca confusión, distanciándose así del consejo del Señor, que «sólo la verdad nos hace libres».

En el Señor

P. Jean Pierre Teullet, SCV