“LA TRINCHERA LUMINOSA DEL PRESIDENTE GONZALO”

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Fotograma de “La trinchera luminosa del presidente Gonzalo” (Jim Finn, 2007)

Hace 10 años el director de cine independiente Jim Finn, nacido en 1968 en St. Louis (Missouri, EE.UU.), realizó con este nombre un experimento cinematográfico polémico: recrear la vida cotidiana de las reclusas senderistas en el penal de Canto Grande a fines de la década de los ‘80.

Si bien se trata de una ficción, el director asumió el formato documental, rodando con una cámara de video Hi-8 tanto las escenas donde se muestra las actividades diarias de las senderistas en un ambiente carcelario, así como las entrevistas intercaladas, donde ellas explican sus convicciones ideológicas. Sin un narrador con voz en off, las escenas realistas sin comentarios pueden dar lugar a que se piense que se trata de una obra de propaganda senderista. Más aun cuando el mismo director, aun creyendo en la democracia, ha afirmado tener algunas simpatías hacia el maoísmo.

Y si bien al film le precedió una investigación acuciosa sobre la ideología del presidente Gonzalo y las condiciones en que vivían sus seguidoras encarceladas —incluyendo videos reales de las reclusas de Canto Grande y de entrevistas a militantes de Sendero Luminoso—, resulta evidente para quien haya vivido de cerca esa realidad que se trata de una ficción, pues en Lima no hay tormentas, ni truenos, ni negras nubes de lluvia como las que se ven en el cielo sobre el escenario de la película —en realidad, un albergue juvenil ubicado en Nuevo México (EE.UU.)—. Asimismo, las actrices hablan con un acento similar al de las mujeres limeñas de clase media baja, pero muy distinto al de las mujeres de clases populares de origen andino. En realidad, se trataba de mujeres con ancestros navajos, que por momentos se comunican en su lengua nativa, queriendo el director transmitir de este modo la sensación que tiene un hispanohablante cuando escucha hablar en quechua. A destacar, una representación teatral del Macbeth de Shakespeare con textos en navajo.

La ausencia de explicaciones adicionales, donde una cámara objetiva simplemente se dedica a observar, junto con entrevistas ficticias indagando en las motivaciones personales de las senderistas, es lo más contrario a la propaganda, que por lo general busca manipular las imágenes y adoctrinar a los espectadores. Aquí simplemente se deja libre al espectador para que saque sus propias conclusiones.

En palabras del mismo director:

«Hice esta película para comprender cómo una muchacha indígena de 16 años se convierte en una asesina entrenada versada en la retórica marxista y dispuesta a todo por una sociedad futura de gran armonía. Para hacer esto yo quería recrear la lógica de Sendero Luminoso y la intensidad de su única forma de Revolución Cultural sin mostrar nada de violencia.

Quería ver cómo se entrenan y lo que dicen, y no interponer un narrador omnisciente para explicar o contextualizar a los personajes. En un sentido, la película es una especie de film de realismo socialista o quizás un film de propaganda fallida —que no pasó la censura de Sendero Luminoso—. Lo que se ha creado es un mundo ligeramente estilizado y de ficción basado en un hecho. Una película de mujeres en prisión sin una escena en las duchas; un film de guerrilla latinoamericana sin armas; un drama shakespeariano sin desenlace dramático».

Curiosamente, si esta película se hubiera exhibido en el Perú, su director podría haber sido acusado de apología del terrorismo.

El Código Penal establece en el artículo 316:

«El que públicamente exalta, justifica o enaltece un delito o a la persona condenada por sentencia firme como autor o partícipe, será reprimido con pena privativa de libertad no menor de un año ni mayor de cuatro años», siendo un agravante si el delito es de terrorismo.

El problema está en que no hay criterios claros para definir qué es exaltación, justificación o enaltecimiento de un delito, y en el caso de expresiones artísticas o literarias, todo depende de la interpretación subjetiva de los jueces.

Una obra mostrando gráficamente la violencia ejercida por las Fuerzas Armadas contra población inocente puede ser interpretada como apología del terrorismo, aunque no lo sea.

Por el contrario, ¿por qué hasta ahora no se denuncia a quienes exaltan, justifican o enaltecen a Alberto Fujimori, una persona condenada por sentencia firme como autor de delitos graves?

(Columna publicada en Altavoz el 14 de noviembre de 2017)

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FUENTES

Hoja informativa en inglés LA TRINCHERA LUMINOSA DEL PRESIDENTE GONZALO en la página web del cineasta Jim Finn
http://www.jimfinn.org/trinchera/Trinchera_Luminosa.pdf

El ángel exterminador (Año 2, Nro. 10, Otoño 2008)
Entrevista a Jim Finn
http://elangelexterminador.com.ar/articulosnro.10/entrevistafinn.html

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LAS OTRAS VÍCTIMAS DE SENDERO

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Lurgio Gavilán

Impresionado, he terminado de leer la segunda edición (Instituto de Estudios Peruanos, junio de 2017) de las Memorias de un soldado desconocido de Lurgio Gavilán.

Este ayacuchano de ancestros indígenas y lengua materna quechua se unió voluntariamente a Sendero Luminoso a los 12 años de edad, militando tres años en sus filas, hasta que fue herido en una refriega. El soldado que le apuntaba con su arma le perdonó la vida, y Lurgio fue adoptado por el ejército como uno más de los “cabitos”, adolescentes que habían sido rescatados de las manos de Sendero.

Sometido a la disciplina militar, recibió también una educación —que nunca había podido recibir debido a las condiciones de pobreza de la zona en que vivió y posteriormente debido a su militancia senderista—. Una vez terminados sus estudios secundarios, sintió la vocación religiosa, dejó el ejército y se unió a los franciscanos. Finalmente, tras varios años de vida religiosa colgó los hábitos, y en 2000 inició estudios de antropología en la Universidad Nacional de San Cristóbal de Huamanga, en la cual actualmente ejerce como docente.

Su relato testimonial desde la mirada de un niño sobre el día a día de una columna senderista nos muestra una realidad distinta a la imaginada por los medios, una realidad cotidiana habitada por peruanos de provincia tan humanos como cualquier otro. Pero que, cansados de la injusticia que los rodeaba como el aire que respiran, creyeron en la utopía que les ofreció Abimael Guzmán, iniciando una espiral de violencia que destruyó la vida de tantos, donde no sólo cometieron crímenes los militantes de Sendero sino también sus víctimas y aquellos que los combatieron. Pues «la primera víctima de la guerra es la inocencia», como rezaba el póster de la película Pelotón (Oliver Stone, 1986).

Estremecedoras son las líneas en que Lurgio relata como jóvenes senderistas entre 18 y 22 años son fusilados por sus compañeros por faltas menores (quedarse con parte de los víveres que recogían en las comunidades, excederse en el tiempo de vacaciones o quedarse dormidos durante la guardia nocturna).

Posteriormente, muchos de los que militaron en las filas de Sendero serían torturados, violados o ejecutados extrajudicialmente por los ronderos o el ejército, incluso cuando habían descubierto el sinsentido de esa opción y querían sólo rehacer sus vidas. Como lo hizo Lurgio Gavilán, quien fue no sólo partícipe de acciones condenables como senderista, sino también como soldado. Cuenta que las palabras de una monja despertaron en él la vocación religiosa y le «hicieron soñar que andaba con el sayal puesto, curando las heridas de las balas, dando de beber a los sedientos, reconciliando a los de SL con los militares. Pero, más que los sueños, esa parecía ser la oportunidad que estaba buscando desde niño. Hacer algo por lo que no tienen, por mis paisanos que tanto habíamos maltratado, robándoles y violando a sus mujeres».

Indudablemente, muchos militantes terroristas también fueron víctimas; culpables, pero víctimas al fin y al cabo, que creyeron en un sueño que terminó convirtiéndose en una pesadilla, no sólo para otros sino también para ellos mismos.

En el epílogo, recién publicado en esta segunda edición del libro, le pregunta a un antiguo compañero cabito qué le diría a «nuestro expresidente Gonzalo». Ésta fue su respuesta:

«—Señor presidente, te conocí viviendo en el monte, estabas en la fotografía con tus gafas y tu libro rojo. Pensaba que estabas al otro lado de la montaña luchando contra los opresores, pero estabas escondido en la ciudad, fumando cigarrillos seguro de puro miedo. ¿Por qué mataste uno a uno a mis familiares? ¿Por qué incendiaste mi pueblo, mi casa, señor presidente? Seguro piensas que actuaste lo correcto y me dirás ahora mismo: este hombre habla porque está al lado de la derecha. No estoy en ningún lado, estoy en el lado de la búsqueda de comida para mis hijos. Eso no se hace señor presidente, eso es pensamiento macabro, no me guía a ninguna parte. No me gustaría desear ni a mi peor enemigo la vida que me diste, señor presidente».

Escribo con conocimiento de causa, yo que me uní al Sodalicio creyendo en una utopía y también contribuí a dañar vidas enteras, incluyendo la mía.

(Columna publicada en Altavoz el 9 de octubre de 2017)

APUNTES SOBRE LA LIBERACIÓN DE MARITZA GARRIDO LECCA

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Maritza Garrido Lecca en 1982 (Foto: El Comercio)

En el año 2010 yo trabajaba en una empresa de logística en Karslruhe, prestando servicios telefónicos de asistencia técnica para un producto de la Siemens, un aparato computarizado de diagnóstico de vehículos motorizados del Grupo Volkswagen.

Cuando alguien me comentó que Odfried Hepp, el simpático y correcto compañero de trabajo con quien compartía el mismo espacio, tenía un pasado turbio, busqué información al respecto en Internet.

Efectivamente, Odfried fue entre 1983 y 1985 el terrorista alemán más buscado por la Interpol. Perteneció al grupo paramilitar del neonazi Karl-Heinz Hoffmann, estuvo en el Líbano para ser entrenado en tácticas guerrilleras por la OLP (Organización para la Liberación de Palestina), formó junto con Walter Kexel el grupo terrorista Hepp-Kexel —que realizó atentados con coches bomba contra soldados norteamericanos asignados a Alemania—, fue espía de la República Democrática Alemana y como doble agente se unió a las filas del FLP (Frente por la Liberación de Palestina). Fue capturado en 1985 y salió de la cárcel en 1993 gracias a su buena conducta y su colaboración en la investigación de grupos y personajes neonazis.

Si bien Odfried solía mantener silencio sobre su pasado, en algunos momentos llegó a contarnos algunas anécdotas sobre su estadía en el Líbano. De hecho, ya le había contado todos los detalles de su vida al cineasta y escritor Jan Peter, quien publicó un libro (con Yury Winterberg) y realizó un documental, donde —sin glorificar los hechos cuestionables de su biografía— nos proporciona una mirada profunda en las motivaciones y el contexto social que llevaron a Odfried a optar por el camino de la violencia.

Pero no todos los ex-terroristas que han salido de la cárcel están arrepentidos de su vida pasada.

El neonazi Karl-Heinz Hoffmann, preso de 1981 a 1989, no ha renegado de sus actividades paramilitares y, si bien su Wehrsportgruppe Hoffmann fue prohibido como organización terrorista, posteriormente ha seguido defendiendo principios ideológicos de derecha extrema. Tampoco se ha arrepentido la ex-terrorista de la RAF (Fracción del Ejército Rojo) Inge Viett, en prisión de 1990 a 1997, quien sostuvo públicamente en 2011 que el camino hacia el comunismo requería de una praxis combativa, donde la norma no podía ser el ordenamiento jurídico burgués.

Nadie les exigió un arrepentimiento público ni a ellos ni a ninguno de los otros ex-terroristas que viven ahora como ciudadanos legítimos con todos sus derechos en la República Federal Alemana. Y quienes han sacado cuentas con su pasado, lo han hecho voluntariamente y con absoluta libertad de conciencia. Pues ya no estamos en épocas de la Inquisición, donde el arrepentimiento —arrancado frecuentemente por la fuerza— era una condición insoslayable para restituirle todos sus derechos al inculpado.

Nadie les teme ni se les considera un peligro para la sociedad, pues los estudios sobre sus personas han revelado que son tan humanos como cualquiera, y la mayoría han aceptado la ayuda recibida para reincorporarse a la sociedad. Además, las circunstancias que ocasionaron su radicalización ya no existen.

Hoy sale Maritza Garrido Lecca de prisión, y no ha faltado quien haya dicho que «usted nos sigue generando mucho miedo» y «no sé si estamos preparados para vivir con la duda, con ese temor atávico que genera su presencia entre nosotros» (René Gastelumendi). Porque, como se acostumbra en el Perú, a la bailarina ex-terrorista se le sigue etiquetando según clichés y estereotipos sin una aproximación a su realidad humana, independientemente de que no manifieste estar arrepentida. Para muchos, ella es solamente la “terruca” miraflorina, y se muestran incapaces de interpretar su vida fuera del único parámetro del terrorismo. Gran error, pues si no se conocen las razones por las que ella optó por ese camino y se la da voz propia para que ella misma cuente su versión, nunca sabremos las motivaciones ni las circunstancias que llevaron a una persona a optar por la violencia armada ni podremos ofrecerle caminos para reintegrarse a una sociedad democrática.

El Comercio, en su revista Somos, intentó esa aproximación humana, y fue criticado por quienes no entienden nada, se creen moralmente superiores y se sienten muy cómodos en una sociedad racista y discriminatoria, que no ha superado aún las desigualdades e injusticias que constituyen el caldo de cultivo del terrorismo.

(Columna publicada en Altavoz el 11 de septiembre de 2017)

TERROR EN BARCELONA: EL TESTIMONIO DE UN MADRILEÑO

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Patio de Butacas es un foro privado de cine en Internet, fundado en el año 2010 por un guatemalteco, un argentino y un español, con la finalidad hacer accesible material sobre el cine como arte —cine clásico, cine de autor, cine independiente, cine experimental, art films— a sus usuarios, que llegan actualmente a la cifra de unos 28,800 aproximadamente. Allí se puede encontrar una ingente cantidad de películas alternativas al cine mainstream comercial, así como libros y ensayos sobre el Séptimo Arte.

Como cinéfilo apasionado, muy pronto llegué a formar parte del staff, integrado actualmente por 11 personas de diversas nacionalidades (España, Argentina, Chile, Perú, Uruguay y Venezuela). Uno de ellos es un madrileño residente en Barcelona, que estuvo en las Ramblas en el momento del atentado terrorista del 17 de agosto. A continuación, su vívido testimonio:

Yo subía por uno de los laterales de las Ramblas en dirección Plaza Cataluña —vivo cerca del sitio— cuando ha pasado, visto y no visto, una furgoneta a toda velocidad por la acera central de peatones. Cuando digo “visto y no visto” me refiero a que el asunto ha sido cosa de 2 ó 3 segundos. He visto volar toda clase de objetos y todo el momento ha venido acompañado de un magma sonoro compuesto por gritos de todo tipo e intensidad y el jaleo típico de gente que huye despavorida corriendo hacia todas direcciones. En menos de un minuto, las Ramblas, que habitualmente está hasta los topes de gente a esas horas (yo diría que el 70% de ella compuesto por turistas), se ha vaciado completamente de transeúntes. Es entonces cuando he visto que había decenas de cuerpos de personas en el suelo. Algunos se movían torpemente, otros estaban inertes. Alrededor de ellos se podía ver todo tipo de souvenirs, papeles y trastos varios esparcidos por el suelo, además del reguero de flores que ha dejado a su paso la furgoneta al llevarse por delante también parte del stock de los famosos quioscos de los floristas de la Rambla.

He vivido bastantes momentos de tensión —de aquellos digamos “fuertes”— a lo largo de mi vida —huelgas, manifestaciones en pro de todo tipo de derechos, enfrentamientos con las diferentes fuerzas de (in)seguridad, asaltos a locales (neo)fascistas, etc…— y creo que es por ello que he sido uno de los pocos —de entre los que no habían sufrido daño físico o que era acompañante de los que lo habían sufrido— que ha podido aguantar el miedo y la presión y quedarse por allí y ver si podía ayudar en algo. Debo decir, de todas maneras, que me ha impresionado notablemente el panorama desolador que ha quedado en todo ese trozo de calle minutos después del paso criminal de la puta furgoneta. Está claro que no es lo mismo ver estas cosas por la TV que estar allí en directo viviendo el momento.

De entre todo el reguero de víctimas me he fijado en un niño llorando —me contó después que tenía 9 años—, apostado de rodillas al lado de un cuerpo femenino estirado boca abajo en el suelo. Me he acercado y le he preguntado quien era la mujer y no me ha contestado. Me ha parecido que el chico era extranjero y he repetido la pregunta en inglés, y entonces me ha contestado a su vez en inglés y entre gimoteos que era su madre. La mujer respiraba pero estaba inconsciente. Siguiendo antiguos consejos, no la he movido —tampoco habría sabido hacer mucho más, la verdad—, y me he dedicado básicamente a tranquilizar al niño mientras esperábamos la ayuda médica, que ha llegado como a los 10-12 minutos más o menos. En ese intervalo de tiempo intenté calmar y sobre todo distraer al niño, dándole conversación (con mi inglés justito), tratando de convencerle que enseguida iba a llegar la ayuda y que todo iba a ir bien. Conseguí que dejase de llorar un poco, pero en diálogo no le saqué más que la edad y que era de Dublin. Acabó interrumpiendo la conversación —o su intento, porque solamente hablaba yo— uno de los paramédicos, que le hizo a la madre una primera (escueta) exploración para ver como era su estado. Todavía pasarían unos 25-30 minutos más hasta verla subida, ya estabilizada, a una ambulancia —ruido ensordecedor de las sirenas de las que iban llegando, de los coches de policía y de algún que otro coche/camión de bomberos—, pues parece que no estaba entre las más graves del momento —esto es pura suposición mía, pues veía que se llevaban antes a otr@s—. El caso es que la presencia de los médicos si pareció tranquilizar bastante más al chico, al cual se acabaron llevando dentro de una de las ambulancias mientras atendían —ahora ya más plenamente— a la madre, que no sé al final que habrá sido de ella.

A medida que iba pasando tiempo desde el momento del atentado, si parecía que se acercaba más gente/vecinos para ayudar o interesarse por los heridos. En medio de esto la policía, que había llegado al mismo tiempo que la ayuda médica, iba diciendo a todo el mundo que no fuese víctima o familiar de víctima que abandonase la zona, cosa que yo al final hice.

La experiencia, desde luego, ha sido extraña y bastante intensa.

Condolencias y abrazos a todas las víctimas.

(Columna publicada en Altavoz el 21 de agosto de 2017)

EL TERRORISMO DE DERECHA

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Víctimas mortales de la violencia derechista en Alemania

Berlín, 19 de diciembre de 2016. El tunecino Anis Amri enfila un camión contra los asistentes a un mercado navideño. 12 personas mueren en este atentado terrorista de trasfondo islámico, mientras 55 quedan heridas.

Se trata de las primeras —y hasta ahora únicas— víctimas mortales del terrorismo islámico en territorio alemán.

Alemania es un país que ya ha tenido experiencias con el terrorismo en su pasado. El grupo de izquierda revolucionaria Rote Armee Fraktion (RAF) —Fracción del Ejército Rojo, en español—, que se mantuvo activo entre la década de los ‘70 y los ‘90, arrojó un saldo de 33 muertos y más de 200 heridos en acciones terroristas.

Pero el peor atentado terrorista de la posguerra se le atribuye no a la izquierda, sino al extremismo de derecha, de orientación ideológica neonazi. El 26 de septiembre de 1980, Gundolf Köhler, miembro del Wehrsportgruppe Hoffmann, hizo estallar una bomba a la entrada principal del Oktoberfest en Múnich, causando la muerte de 13 personas —incluido él mismo— e hiriendo a otras 211.

Hasta ahora no se sabe exactamente el número de víctimas mortales que ha causado la derecha extremista en Alemania. El Bundeskriminalamt (Oficina Federal de Investigación Criminal) reseña oficialmente 75 muertos entre 1990 y 2015, mientras que la Fundación Amadeu Antonio —una sociedad sin fines de lucro que combate el antisemitismo, el racismo y el extremismo de derecha— indica que son por lo menos 178 las víctimas mortales en ese mismo período.

El panorama internacional al respecto en el mundo occidental no es muy distinto al de Alemania. En Estados Unidos, el Nation Institute junto con el Center for Investigative Reporting han publicado recientemente una investigación que llega a la conclusión de que entre 2008 y 2016 hubo en el país 115 atentados ejecutados por supremacistas blancos de extrema derecha, mientras que sólo fueron 63 los atentados con un trasfondo islámico. Y aun en estos últimos casos, el terror no suele venir de mano de inmigrantes, sino de personas nacidas en suelo estadounidense. En total, 87% de las personas que cometieron los atentados nacieron en los Estados Unidos.

La decisión de Donald Trump de impedir el ingreso de viajeros de 6 países de mayoría musulmana —Libia, Irán, Yemen, Somalia, Sudán y Siria— por razones de seguridad no tiene ningún sustento en la realidad, pues según señala el estudio mencionado, sólo el 1% de los autores de los atentados provenían de alguno de estos países.

El peligro real no se halla más allá de las fronteras de los Estados Unidos, sino que se encuentra en el seno de una sociedad donde, al igual que en Alemania, aumentan los adeptos a los grupos radicales de derecha de orientación fascista. Lo cual se agrava en Estados Unidos cuando se antepone el derecho a portar armas al derecho de vivir en paz, o cuando se tiene un Presidente que ha tenido declaraciones que suscribiría cualquier supremacista blanco y que, cabalgando sobre el lomo de una ignorancia supina, busca un chivo expiatorio en la religión islámica y mira para otro lado cuando los criminales son de casa. Por ejemplo, se demoró tres días en condenar el asesinato de dos hombres en Portland (Oregon) el 26 de mayo de este año, que fueron apuñalados por salir en defensa de dos jóvenes musulmanas, cuando no duda en condenar de inmediato cualquier acción criminal realizada por terroristas islámicos.

Además, no tiene en cuenta —o no le importa— que la inmensa mayoría de las víctimas del terrorismo a nivel mundial son musulmanes, y negarles la acogida cuando huyen de una situación que pone en riesgo su integridad o sus vidas, lesiona derechos humanos fundamentales y constituye un crimen de lesa humanidad.

Mientras la muerte de personas de rasgos occidentales en atentados terroristas islámicos siga siendo noticia de primera plana, a la vez que se “invisibiliza” a las víctimas musulmanas —mucho mayores en número—, muertas por mano tanto de extremistas islámicos o filo-fascistas como por obra de dictaduras antidemocráticas o potencias militares de ocupación, el mundo seguirá siendo para las grandes mayorías un lugar ingrato para vivir, donde la paz se vislumbra cada vez más como un sueño lejano.

(Columna publicada en Altavoz el 10 de julio de 2017)

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FUENTES

HuffPost
Most Of America’s Terrorists Are White, And Not Muslim (24/06/2017)
http://www.huffingtonpost.com.au/2017/06/25/most-of-america-s-terrorists-are-white-and-not-muslim_a_22980088/

ZEIT ONLINE
US-Studie: Rechtsextremisten in USA größere Gefahr als Islamisten (26. Juni 2017)
http://www.zeit.de/gesellschaft/zeitgeschehen/2017-06/us-studie-terrorismus-rechtsextremismus-islamismus

Wikipedia (en alemán)
Todesopfer rechtsextremer Gewalt in der Bundesrepublik Deutschland
https://de.wikipedia.org/wiki/Todesopfer_rechtsextremer_Gewalt_in_der_Bundesrepublik_Deutschland

Mut gegen rechte Gewalt
Todesopfer rechter Gewalt seit 1990 (30.07.2015)
https://www.mut-gegen-rechte-gewalt.de/news/chronik-der-gewalt/todesopfer-rechtsextremer-und-rassistischer-gewalt-seit-1990

RUDOLF HESS Y ALBERTO FUJIMORI

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Rudolf Hess (1894-1987)

Cuando en 2008 conocí a Odfried Hepp —en la atención telefónica de un servicio técnico de la Siemens, donde trabajamos juntos—, no sabía nada de su pasado. Ignoraba que junto con Walter Kexel y Peter Naumann, militante neonazi y experto en explosivos, había planeado la liberación del criminal de guerra Rudolf Hess para el 8 de mayo de 1982. El plan preveía la voladura del portón principal y de las torres de la prisión militar de Spandau en Berlín, a cargo de los aliados desde finales de la Segunda Guerra Mundial.

Rudolf Hess llegó a ser en la Alemania nazi el tercero en la cadena de mando después de Hitler y de Hermann Göring, y firmó varias de las Leyes de Nuremberg de 1935, que recortaron los derechos de los judíos alemanes y en cierta manera prepararon el camino para el Holocausto.

Sería condenado a cadena perpetua en 1946 por haber planeado una guerra de agresión y haber conspirado contra la paz mundial. En fin, uno de los tantos criminales que no mató a nadie con sus propias manos, pero que tomó decisiones que ocasionaron la muerte cruenta de millones de personas.

En los Juicios de Nuremberg, al ser confrontado con las crueldades de los campos de exterminio, no sólo se mostró inconmovible, sino que manifestó estar satisfecho de haber servido a Hitler, «el más grande de los hijos que ha engendrado mi pueblo en su historia milenaria», así como de haber cumplido su «deber como alemán, como nacionalsocialista, como fiel seguidor de mi Führer».

Su hijo Wolf Rüdiger Hess buscó su liberación, reivindicar su memoria y conseguir mejores condiciones carcelarias. No faltaron tampoco las voces de representantes de la política y de las iglesias que en los años 70 y 80 pidieron un indulto por razones humanitarias, considerando la salud y la edad avanzada del único prisionero de Spandau.

El plan de liberación de Hepp, Kexel y Naumann nunca se realizó. Y Rudolf Hess murió en 1987, no por enfermedad. Se suicidó a los 93 años en su privilegiada prisión, sin haberse arrepentido de nada.

Como Alberto Fujimori, quien nunca se ha arrepentido de las matanzas de Barrios Altos y La Cantuta, y de otros crímenes que han quedado impunes, como es el caso de las esterilizaciones forzadas.

Al fin y al cabo, sacar de prisión a un criminal impenitente que no ha purgado su pena, favoreciendo así la impunidad, sólo puede ser obra de mentes terroristas. O de intereses políticos del mismo cariz.

(Columna publicada en Exitosa el 13 de mayo de 2017)

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La razón por la cual se frustró el intento de liberación de Rudolf Hess fueron de corte puramente ideológico. Odfried Hepp y Walter Kexel, ambos neonazis a la vez que anti-imperialistas, habían decidido sacar a Hitler del pedestal en que lo tenían la mayoría de los grupos de extrema derecha y pasarlo al basurero de la historia. Para ellos, Hitler era quien había echado a perder el nacionalsocialismo, que debía ser sustituido por un nacionalbolchevismo abocado a una lucha de liberación nacionalrevolucionaria y anti-imperialista que terminara con la ocupación estadounidense de Alemania. Estas ideas las formularían en el único escrito teórico conocido del terrorismo neonazi alemán: Der Abschied von Hitlerismus (La despedida del hitlerismo).

En consecuencia, Rudolf Hess, hasta entonces admirado por su lealtad incondicional a Hitler, ya no podía ser considerado un modelo a seguir, mucho menos alguien por quien valiera la pena arriesgar la vida.

Hepp y Kexel fundarían ese mismo año el Grupo Hepp-Kexel, que cometería asaltos a mano armada contra bancos para financiar sus actividades y realizaría una serie de atentados terroristas contra soldados norteamericanos estacionados en Alemania. El grupo fue desmantelado en 1983 por la policía alemana y todos sus miembros aprehendidos, a excepción de Hepp, que logró huir a Alemania Oriental vía Berlín.

Kexel se ahorcaría en 1985 en la cárcel tras ser condenado a 14 años de prisión.

Hepp fue atrapado ese mismo año en Marsella (Francia) y luego extraditado a Alemania Occidental, donde pudo acogerse a beneficios penitenciarios gracias a que declaró como testigo en contra de antiguos camaradas del terrorismo neonazi. Salió de prisión en el año 1993, arrepentido de su vida pasada y convertido en un pacifista.

Para mayor información sobre Odfried Hepp, se puede leer mis posts anteriores:

UNA PRESUNTA TERRORISTA

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Familia de refugiados sirios en Alemania (2013)

Es habitual en Alemania que todo joven en edad escolar tenga que hacer alguna práctica en alguna empresa o institución, para ir conociendo el mundo real del trabajo y poder tener así una orientación adicional en la elección de su futura profesión u oficio.

Al asilo de ancianos donde trabajo actualmente acuden escolares de ambos sexos para realizar prácticas de unas pocas semanas.

Una de las practicantes es una muchacha siria de 19 años, de religión musulmana, que acude a la escuela en una ciudad cercana. Su familia llegó a Alemania en el año 2015. Llevando un velo que le cubre la cabeza, propio de la cultura árabe, ya ha aprendido a hablar alemán y se ha hecho muy querida entre el personal y los inquilinos del asilo por su solicitud, dedicación y sencillez.

Para el presidente estadounidense Donald Trump, esta muchacha sería una “presunta terrorista”, a la cual se le negaría el ingreso a los Estados Unidos sólo debido a su procedencia territorial.

En Alemania las estadísticas muestran que que el índice de criminalidad es menor entre los refugiados que entre los alemanes natos. Además, muy rara vez alguien de nacionalidad siria, afgana o iraquí se ve involucrado en un acto criminal.

En el año 2016 el crecimiento de la economía alemana ha sido un 0,3% mayor de lo previsto, gracias a la afluencia de refugiados, que paulatinamente se van integrando al mercado laboral y generando una mayor base de consumo.

La crisis que Donald Trump cree ver no existe. Y el mayor crimen sería el suyo: la discriminación y criminalización arbitraria de poblaciones enteras basándose en su religión y su cultura.

(Columna publicada en Exitosa el 4 de febrero de 2017)

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FUENTE

ZEIT ONLINE
Bundeskriminalamt: “Zuwanderer sind nicht krimineller als Deutsche” (8. Juni 2016)
http://www.zeit.de/gesellschaft/zeitgeschehen/2016-06/bundeskriminalamt-statistik-straftaten-asylbewerber
Deutsche Wirtschaft profitiert von Ausgaben in der Flüchtlingskrise (30. Dezember 2016)
http://www.zeit.de/wirtschaft/2016-12/konjunktur-deutsche-wirtschaft-ausgaben-fluechtlingskrise-konsum