MARX Y MARX

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Karl Marx (1818-1883)

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Card. Reinhard Marx (1953- )

 El 5 de mayo la ciudad de Tréveris (Trier, en alemán), ubicada en Renania-Palatinado —el estado federal donde yo vivo— celebró el bicentenario del nacimiento de Karl Marx, no sin que se generara cierta controversia al respecto. Pues las opiniones estaban divididas entre quienes decían que había que homenajear al genial filósofo, revolucionario, pensador social y economista, y quienes protestaban debido a que su pensamiento había inspirado regímenes dictatoriales que habían pisoteado derechos fundamentales y cargaban un número incalculable de muertos sobre sus espaldas.

Pero como señaló la socialdemócrata Malu Dreyer, actual jefa de gobierno de Renania-Palatinado, «no podemos responsabilizar a Marx de los crímenes cometidos en su nombre».

Lo cierto es que 200 años después de su nacimiento en Tréveris —ciudad que incluso ha dedicado una exposición histórico-cultural en su honor—, el pensamiento de Karl Marx —que yo mismo no comparto— sigue siendo de actualidad, sobre todo por sus análisis de cómo funciona el capitalismo y de por qué la riqueza generada se construye sobre la explotación y alienación de los obreros, sin mencionar las certeras predicciones de Marx respecto a las crisis cíclicas del capitalismo.

Asimismo, Karl Marx señalo que la religión puede convertirse en un elemento que perpetúa situaciones de opresión, al adormecer las conciencias y ofrecer una felicidad ilusoria que no permite tomar conciencia de la injusticia sufrida:

«La religión es el suspiro de la criatura oprimida, el sentimiento de un mundo sin corazón, así como el espíritu de una situación sin alma. Es el opio del pueblo. Se necesita la abolición de la religión entendida como felicidad ilusoria del pueblo para que pueda darse su felicidad real».

Porque una cosa es cierta: la religión puede ser utilizada para atentar contra derechos humanos fundamentales de la persona. Lo cual ciertamente no pertenece a la esencia de religioso —como sugiere Marx—, pues una religión correctamente entendida y vivida sanamente puede constituir una experiencia liberadora que amplíe los horizontes de una persona y la lleve a un compromiso social auténtico. Siempre y cuando se sea tolerante y respetuoso hacia quienes no comparten esa experiencia.

Y eso parece haberlo entendido bien el cardenal Reinhard Marx, arzobispo de Múnich y presidente de la Conferencia Episcopal Alemana, quien se ha opuesto a que un símbolo cristiano sea utilizado políticamente en contra de la neutralidad que debe mantener el Estado.

Pues resulta que el gabinete de ministros de Baviera decidió el 24 de abril de este año que, a partir de junio, todas las entidades del estado federal deberán contar con un crucifijo visible. Markus Söder, jefe de gobierno bávaro y miembro del partido conservador Unión Social Cristiana (CSU), ha fundamentado esta medida argumentando que busca expresar la impronta histórica y cultural de Baviera y ser un reconocimiento visible de los valores fundamentales del ordenamiento jurídico y social. «La cruz no es símbolo de una religión», declaró. «Esto no constituye ninguna transgresión contra la ley de neutralidad del Estado».

No lo ve así el cardenal Marx. En declaraciones del 29 de abril al Süddeutsche Zeitung criticó agriamente esta decisión. Se habría generado divisiones, desasosiego y confrontaciones. «Si se ve la cruz sólo como un símbolo cultural, entonces no se la ha entendido», declaró el prelado. «Pues la cruz sería expropiada en nombre del Estado». Pero al Estado no le corresponde explicar el significado de la cruz.

En una encuesta representativa publicada ese mismo día en Bild am Sonntag, 64% de los encuestados se manifestaba en contra de que se colgaran crucifijos en las entidades estatales. Marx considera que este debate público es importante y debe seguir. «¿Qué significa vivir en un país de impronta cristiana?» Si es así, se debe entones practicar la inclusión con todos: cristianos, musulmanes, judíos y no creyentes.

Mons. Wolfgang Bischof, obispo auxiliar de Múnich, declaró adicionalmente que «la cruz no es símbolo de Baviera y menos aún es un logo electoral». Pues aparentemente Söder quiere ganarse la pleitesía de los bávaros con esta medida para volver a ser reelegido.

Lo cierto es que tanto el Marx comunista como el Marx católico estarían de acuerdo en que la religión no debe usarse para transgredir derechos humanos de vigencia universal.

(Columna publicada en Altavoz el 14 de mayo de 2018)

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HELMUT KOHL, UN ÍDOLO CON PIES DE BARRO

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Helmut Kohl (1930-2017)

La residencia de ancianos donde trabajo en Mutterstadt, pueblo de ambiente provinciano en el estado de Renania-Palatinado, queda sólo a 8 kilómetros y medio de la casa en Ludwigshafen donde falleció el ex-canciller Helmut Kohl el 16 de junio.

Si bien Ludwigshafen es una ciudad grande que forma una continuidad urbana con Mannheim, ambas separadas sólo por el río Rin, no deja de ser un lugar donde impera la mentalidad provinciana que caracteriza a la región del Palatinado. Y algo que se le criticó a quien fuera canciller de Alemania entre 1982 y 1998 fue un talante provinciano que no sobrepasaba el nivel de la sabiduría campesina, junto con un anti-intelectualismo rampante.

Kohl tuvo humanamente poco destacable, salvo su talento pragmático para llegar al poder y mantenerse en él. Y salir indemne de los escándalos que tachonaron su carrera política, entre los cuales destaca el de donaciones no declaradas por 2.1 millones de marcos a su partido —la Unión Demócrata Cristiana— en violación de la ley de partidos que él mismo había firmado como canciller. Este impasse le costó en el año 2000 la presidencia honorífica de su partido. Aun cuando se negó a revelar los nombre de los donantes —pues les había dado su palabra de honor de mantenerse callado—, el caso quedó impune.

La prensa alemana se ha prodigado en elogios, llamándolo el canciller de la unidad, padre del euro, ciudadano de honor de Europa, canciller eterno, uno de los últimos patriotas, un coloso a favor de la paz, sin faltar los epítetos cursis como “el canciller de los corazones” o “el coloso del Rin”.

Sin embargo, Kohl había prometido durante la campaña electoral de 1982 que iba a reducir a la mitad el número de extranjeros residentes en Alemania. Y no veía ninguna posibilidad de diálogo con el socialismo, en el cual veía al enemigo primordial, según su lema: «uno debe acostarse tarde y levantarse temprano, si se quiere vencer el socialismo». No es de extrañar que Die Tageszeitung (taz), diario izquierdista, no se haya sumado al coro de elogios y haya señalado las ambigüedades del personaje, recibiendo críticas de quienes no quieren empañar la memoria de un hombre que buscó acallar a todos los que intentaran empañar su buen nombre. Incluyendo a miembros de su propia familia.

En contra de la imagen de una familia ejemplar que Kohl —por intereses políticos— había transmitido continuamente, sus hijos Walter y Peter publicaron relatos, donde mostraban a un padre ausente y una madre enferma, atormentada por la soledad y el desamparo. Hannelore Kohl, que sufría de alergia a la luz, se había suicidado el 5 de junio de 2001. Y Helmut Kohl le quitó el habla a sus hijos hasta su muerte. A ninguno de ellos se le permitió ver el cadáver de su padre. Y no se sabe si están invitados al entierro el 1° de julio en la ciudad de Espira, en cuya catedral medieval habrá una ceremonia funeraria europea para quien fue un católico conservador de derechas.

El gran logro de Kohl, la unificación de Alemania, fue debido a una circunstancia que ni él mismo pudo prever: la descomposición del aparato estatal de Alemania Oriental y las protestas a lo largo del país comunista que culminaron con la caída del Muro de Berlín y la apertura de las fronteras. Pero Kohl supo aprovechar la coyuntura para incorporar los estados de la antigua Alemania Oriental a la República Federal de Alemania, cuando estaba perdiendo popularidad entre los votantes. No obstante, la cuota de desempleo en Alemania subiría de 7.3% en 1991 a 12.7% en 1997. Aún así, la unificación como símbolo de cara al pueblo pesó para su reelección en 1994.

Es indiscutible la labor que realizó Kohl para fortalecer la Unión Europea. No hay que negarle méritos a un estratega que supo aferrarse astutamente al poder y cumplir la máxima tácita que guía a la gran mayoría de los políticos: «disfrazar su interés particular de interés general». Y que luego son elevados a la categoría de ídolos sin importar su orientación ideológica —recuérdese a Ronald Reagan o a Fidel Castro, por mencionar a algunos—. Pero no son más que ídolos con pies de barro.

(Columna publicada en Altavoz el 26 de junio de 2017)

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FUENTES

taz.de
Altkanzler Helmut Kohl ist gestorben: Er ist Geschichte (16.6.2017)
http://www.taz.de/Altkanzler-Helmut-Kohl-ist-gestorben/!5421741/
Blumen der Scham. Zum Abschied keine Nelken (24.6.2017)
http://www.taz.de/Blumen-der-Scham/!5419859/

Zeit Online
Helmut Kohl: Lieber Langeweile als Faschismus (17. Juni 2017)
http://www.zeit.de/gesellschaft/zeitgeschehen/2017-06/helmut-kohl-intellektuelle-nachruf

Der Spiegel
Die Kohls: Ein Familiendrama (17.06.2017)
http://www.spiegel.de/panorama/gesellschaft/helmut-kohl-und-seine-familie-a-1152645.html