LAS CAMPANAS DE HITLER

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El 5 de mayo de este año Die Rheinpfalz, periódico local de la región donde vivo, informó que en la localidad de Herxheim am Berg colgaba del campanario de una iglesia una campana forjada en 1934 con la siguiente inscripción: «Todo por la patria – Adolf Hitler», además de tener grabada una esvástica, símbolo que está prohibido por ley en la Alemania actual.

A esto se sumaron las declaraciones del alcalde local, Ronald Becker, quien señaló que esa campana sería única en el estado federal de Renania-Palatinado, habiendo un total de tres campanas con esta inscripción en toda Alemania, por lo cual uno debería estar orgulloso de contar con una de ellas en el pueblo. ¿Orgulloso por una campana de Hitler? «Cuando se menciona el nombre de Adolf Hitler —aclaró el burgomaestre—, entonces siempre viene primero a la mente la persecución de los judíos y la época de la guerra. Cuando se informa sobre estas cosas, debería informarse en todo su alcance. De modo que se diga que estos fueron los horrores y éstas fueron las cosas que realizó y de las cuales hoy todavía hacemos uso».

Estas declaraciones darían pie a una denuncia penal (27 de agosto de 2017) por difusión de propaganda de una organización contraria a la constitución y el uso de símbolos de una organización tal, instigación al odio contra un sector de la población y prevaricato como autoridad pública, por permitir que se efectúe algo contra la ley. En la misma denuncia fueron posteriormente incluidos el párroco evangélico y un ciudadano, por declaraciones similares.

Si bien no se encontró sustento suficiente para estos delitos y la denuncia fue archivada, el asunto le costó el puesto al alcalde, pues el concejo municipal se distanció de sus declaraciones y le exigió su renuncia. Asimismo, se decidió que la campana ya no tañería más en el pueblo.

Desde entonces se han descubierto en la región cuatro campanas más forjadas durante el Tercer Reich con inscripciones que glorifican el nacionalsocialismo hitleriano, en las localidades de Essingen, Pirmasens —donde se halla la ruina del castillo en el que estuvo prisionero Ricardo Corazón de León—, Mehlingen y Homburg. Quizás la inscripción más impresionante sea la de la campana de Essingen, localidad ubicada a unos 5 kilómetros del pueblo en que vivo: «Cuando Adolf Hitler le dio espada y libertad a la nación alemana, nos forjó el maestro Pfeifer, Kaiserslautern».

Las autoridades protestantes alemanas han dejado a criterio de las comunidades lo que harán con las campanas, sugiriendo que sean retiradas y reemplazadas por campanas nuevas. La única localidad que por el momento ha aceptado la sugerencia es Mehlingen.

Todo el conflicto se generó a raíz de lo que podría considerarse apología de un personaje histórico considerado unánimemente como un criminal y líder de una organización criminal, aunque la Fiscalía ha dejado en claro que el solo hecho de tener colgadas las campanas o de hacerlas repicar no constituye delito, pues fueron fabricadas en otra época por gente que glorificaba el nazismo pero que no necesariamente conocía o avalaba los crímenes de Hitler. Sin embargo, utilizar actualmente las campanas, sus imágenes o sus inscripciones para glorificar, aprobar o justificar públicamente la figura de Hitler sí constituiría delito.

En el Perú, la legislación también castiga la apología del delito y de sus autores, según señala el Código Penal en su artículo 361: «El que públicamente exalta, justifica o enaltece un delito o a la persona condenada por sentencia firme como autor o partícipe, será reprimido con pena privativa de libertad no menor de un año ni mayor de cuatro años», habiendo agravantes si se trata delitos previstos en los artículos 152 al 153-A, 200, 273 al 279-D, 296 al 298, 315, 317, 318-A, 325 al 333, 346 al 350 o de los delitos de lavado de activos y apología del terrorismo.

Sin embargo, como campanas vivientes, muchos fujimoristas —entre ellos varias figuras públicas— no sólo niegan los crímenes del dictador sino que repican a los cuatro vientos sus glorias y hazañas, proclamándolo incluso como el mejor presidente que jamás haya tenido el Perú.

¿Veremos algún día que por fin se aplique la ley y se levanten denuncias contra ellos por apología del delito?

(Columna publicada en Altavoz el 27 de noviembre de 2017)

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FUENTES

MRN-News.de
Frankenthal / Herxheim am Berg – „Hitlerglocke“ keine Straftat (20.09.2017)
https://www.mrn-news.de/2017/09/20/frankenthal-herxheim-am-berg-hitlerglocke-keine-straftat-343424/

SWR
Hier hängen die „Hitler-Glocken“ (21.11.2017)
https://www.swr.de/swraktuell/rp/evangelische-landeskirche-nennt-gemeinden-hier-haengen-die-hitler-glocken/-/id=1682/did=20662470/nid=1682/pgtcwz/index.html

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RUDOLF HESS Y ALBERTO FUJIMORI

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Rudolf Hess (1894-1987)

Cuando en 2008 conocí a Odfried Hepp —en la atención telefónica de un servicio técnico de la Siemens, donde trabajamos juntos—, no sabía nada de su pasado. Ignoraba que junto con Walter Kexel y Peter Naumann, militante neonazi y experto en explosivos, había planeado la liberación del criminal de guerra Rudolf Hess para el 8 de mayo de 1982. El plan preveía la voladura del portón principal y de las torres de la prisión militar de Spandau en Berlín, a cargo de los aliados desde finales de la Segunda Guerra Mundial.

Rudolf Hess llegó a ser en la Alemania nazi el tercero en la cadena de mando después de Hitler y de Hermann Göring, y firmó varias de las Leyes de Nuremberg de 1935, que recortaron los derechos de los judíos alemanes y en cierta manera prepararon el camino para el Holocausto.

Sería condenado a cadena perpetua en 1946 por haber planeado una guerra de agresión y haber conspirado contra la paz mundial. En fin, uno de los tantos criminales que no mató a nadie con sus propias manos, pero que tomó decisiones que ocasionaron la muerte cruenta de millones de personas.

En los Juicios de Nuremberg, al ser confrontado con las crueldades de los campos de exterminio, no sólo se mostró inconmovible, sino que manifestó estar satisfecho de haber servido a Hitler, «el más grande de los hijos que ha engendrado mi pueblo en su historia milenaria», así como de haber cumplido su «deber como alemán, como nacionalsocialista, como fiel seguidor de mi Führer».

Su hijo Wolf Rüdiger Hess buscó su liberación, reivindicar su memoria y conseguir mejores condiciones carcelarias. No faltaron tampoco las voces de representantes de la política y de las iglesias que en los años 70 y 80 pidieron un indulto por razones humanitarias, considerando la salud y la edad avanzada del único prisionero de Spandau.

El plan de liberación de Hepp, Kexel y Naumann nunca se realizó. Y Rudolf Hess murió en 1987, no por enfermedad. Se suicidó a los 93 años en su privilegiada prisión, sin haberse arrepentido de nada.

Como Alberto Fujimori, quien nunca se ha arrepentido de las matanzas de Barrios Altos y La Cantuta, y de otros crímenes que han quedado impunes, como es el caso de las esterilizaciones forzadas.

Al fin y al cabo, sacar de prisión a un criminal impenitente que no ha purgado su pena, favoreciendo así la impunidad, sólo puede ser obra de mentes terroristas. O de intereses políticos del mismo cariz.

(Columna publicada en Exitosa el 13 de mayo de 2017)

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La razón por la cual se frustró el intento de liberación de Rudolf Hess fueron de corte puramente ideológico. Odfried Hepp y Walter Kexel, ambos neonazis a la vez que anti-imperialistas, habían decidido sacar a Hitler del pedestal en que lo tenían la mayoría de los grupos de extrema derecha y pasarlo al basurero de la historia. Para ellos, Hitler era quien había echado a perder el nacionalsocialismo, que debía ser sustituido por un nacionalbolchevismo abocado a una lucha de liberación nacionalrevolucionaria y anti-imperialista que terminara con la ocupación estadounidense de Alemania. Estas ideas las formularían en el único escrito teórico conocido del terrorismo neonazi alemán: Der Abschied von Hitlerismus (La despedida del hitlerismo).

En consecuencia, Rudolf Hess, hasta entonces admirado por su lealtad incondicional a Hitler, ya no podía ser considerado un modelo a seguir, mucho menos alguien por quien valiera la pena arriesgar la vida.

Hepp y Kexel fundarían ese mismo año el Grupo Hepp-Kexel, que cometería asaltos a mano armada contra bancos para financiar sus actividades y realizaría una serie de atentados terroristas contra soldados norteamericanos estacionados en Alemania. El grupo fue desmantelado en 1983 por la policía alemana y todos sus miembros aprehendidos, a excepción de Hepp, que logró huir a Alemania Oriental vía Berlín.

Kexel se ahorcaría en 1985 en la cárcel tras ser condenado a 14 años de prisión.

Hepp fue atrapado ese mismo año en Marsella (Francia) y luego extraditado a Alemania Occidental, donde pudo acogerse a beneficios penitenciarios gracias a que declaró como testigo en contra de antiguos camaradas del terrorismo neonazi. Salió de prisión en el año 1993, arrepentido de su vida pasada y convertido en un pacifista.

Para mayor información sobre Odfried Hepp, se puede leer mis posts anteriores: