LA VERDAD RETOCADA

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«Los expertos no han encontrado indicios de complicidad ni conspiración entre los presuntos abusadores», dice Alessandro Moroni, Superior General del Sodalicio, en su carta introductoria a los “Informes sobre Abusos y Respuesta en el Sodalicio de Vida Cristiana”.

Sin embargo, esa conclusión no aparece en ninguno de los dos informes. ¿Qué sucedió? ¿Estaba pero luego fue eliminada?

Porque la brevedad de ambos informes así como su estilo fragmentario, sumado a varias inconsistencias y falsedades, nos hacen suponer que no sólo fue eliminada la conclusión mencionada, sino que en general los textos habrían pasado por varios filtros, y al final lo que el Sodalicio habría dado a conocer sería una versión mutilada y retocada de los informes originales elaborados por los expertos.

Pues, a decir verdad, ningún experto que se respete señalaría solamente los nombres de cuatro abusadores sexuales y callaría los de otros cuatro.

Ningún experto serio —sabiendo que son décadas el tiempo que una víctima tarda en hablar— diría taxativamente que el último acto de abuso de un menor por un sodálite ocurrió en el año 2000 —lo cual implica además negar que Daniel Murguía habría abusado de un menor en el año 2007—. Adicionalmente, téngase en cuenta que se reconoce que el último caso conocido de abuso sexual de un adulto joven es del año 2009.

Que los informes hablen de la «cultura pasada» del Sodalicio, presenten una visión cuasi-heroica de los actuales responsables de la institución e incidan en lo maravilloso de la situación actual de ésta, debido a haberse tomado las medidas preventivas del caso, no hace sino confirmar la sospecha de una manipulación descarada de la verdad.

(Columna publicada en Exitosa el 18 de marzo de 2017)

EL TOTALITARISMO SECTARIO DEL SODALICIO

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Robert Jay Lifton (nacido en 1926), psiquiatra estadounidense y creador de la ciencia de la psicohistoria, entrevistó en los años ‘50 a prisioneros de guerra norteamericanos de la Guerra de Corea así como a sacerdotes, estudiantes y maestros que estuvieron prisioneros en China, además de a algunos ciudadanos chinos que lograron escapar del régimen totalitario de Mao tras haber sido sometidos a procesos de adoctrinamiento en universidades chinas. El estudio detallado que hizo de las técnicas coercitivas que se aplicaron y que llevaron a los sujetos de estudio a padecer lo que él llama “reforma del pensamiento” —que es lo que popularmente se conoce como “lavado de cerebro”— fue descrito en su libro Thought Reform and the Psychology of Totalism: A Study of “Brainwashing” in China (1961).

Los ocho criterios que allí presenta para identificar cuándo un colectivo está practicando la “reforma de pensamiento” —a fin de obtener un control total sobre la mente y la conducta de las personas afectadas— fueron incluidas en su libro Destroying the World to Save It: Aum Shinrikyo, Apocalyptic Violence, and the New Global Terrorism (2000) como características reconocibles de las sectas destructivas —además del “endiosamiento” del líder y la explotación de sus seguidores—.

Aunque parezca increíble, los ocho criterios de Lifton —que paso a detallar a continuación— se han verificado todos en el Sodalicio de Vida Cristiana.

1. Control de la atmósfera social y de la comunicación humana

Toda la vida de los sodálites de comunidad se rige por la obediencia, de modo que queda bajo control de los superiores su día a día desde que se levantan hasta que se acuestan; lo que les está permitido leer; con quienes les está permitido comunicarse; lo que deben pensar, sentir y hacer, etc.

2. Manipulación mística

La creación artificial de “atmósferas” espirituales que generan en los sodálites efectos supuestamente espontáneos y experiencias de la acción divina eran en realidad estrategias “planeadas” para someter más fácilmente las conciencias. Eso se daba en la meditación personal —que debía seguir una estructura fija predeterminada— y en las oraciones comunitarias, así como en algunos eventos de masas. Quien no se sentía “vibrar” con estas cosas era considerado una persona poco comprometida o con una vida espiritual deficiente.

3. Redefinir el lenguaje

Quien lea algún texto sodálite o escuche hablar a un miembro de la Familia Sodálite se topará con varias palabras y expresiones que tienen un significado particular sólo accesible a quienes hayan sido adoctrinados en la espiritualidad sodálite. Además de expresiones crípticas como “amorización”, “escotosis”, “kénosis”, “holístico” “agnosticismo funcional”, “división tripartita del hombre”, etc., se redefinen conceptos como “Plan de Dios”, “libertad”, “reconciliación” y “pobreza”, y se evitan a toda costa otros términos usuales entre los cristianos de a pie, como “mi Dios”, “alma”, “ofensa”, “salvación” y “voluntad divina”. En todo caso, al sodálite se le reconoce por su lenguaje poco natural, que es inquietantemente similar en todos los miembros de la institución.

4. La doctrina es más importante que la persona

Para un sodálite corriente una persona vale en la medida en que se adhiere a la fe cristiana. Si además sigue la enseñanza católica —en su interpretación más conservadora—, vale aun más. Y si su pensamiento concuerda con la doctrina sodálite, su valor como persona adquiere un plus cualitativo. Cualquier persona que no reúna estas características suele ser tenida en menos por los sodálites.

5. La ciencia sagrada

La doctrina y espiritualidad sodálites —que en el fondo siguen siendo el “pensamiento” acuñado por Luis Fernando Figari— son incuestionables y no está permitido ponerlas en duda, ni siquiera en aspectos puntuales. Quien ose hacerlo, o será disciplinado, o terminará fuera del grupo.

6. El culto a la confesión

Era de precepto confesarse sacramentalmente una vez por semana, sin contar con las confesiones cuasi forzadas que se realizaban en grupos, sin respetar la privacidad de los participantes, que incluye el derecho a callar.

7. Demandas de pureza inalcanzables

Así planteaba Figari la exigencia de santidad que hay en el Sodalicio: «Una vez más cabe repetir lo que decía León Bloy: “No hay mayor tristeza que la de no ser santos”. A lo que añadiría: no hay tampoco mayor irresponsabilidad que la de no aspirar a ser santos. Y aún más: no hay mayor injusticia que la no trabajar por ser santos» (Memoria 1979). De modo que quien supuestamente no avanzaba en el camino hacia la santidad tenía que sobrellevar no sólo la tristeza proveniente de una culpabilidad inducida, sino también la carga de conciencia de sentirse “irresponsable” e “injusto”. Ésta es una de las maneras más efectivas para seguir manteniendo sometida la libertad interior de las personas.

8. La dispensación de la existencia

Lifton define este punto como que el grupo decide quién tiene derecho a existir y quién no, es decir, no hay otra alternativa válida que pertenecer al grupo. En el Sodalicio se inculcaba que quienes lo abandonaban, eran traidores que habían rechazado el llamado de Dios, con grandes probabilidades de nunca poder alcanzar la felicidad en esta vida y de ser condenados a la hoguera eterna en la otra. En el mejor de los casos, cuando quien se salía mantenía la fe y una buena relación con la institución, se le consideraba un cristiano de tercera categoría, sin capacidad para soportar los rigores habituales de la vida sodálite. Los demás eran simplemente carne para el infierno.

Afortunadamente, Lifton descubrió que quienes estaban sometidos a este control de sus pensamientos y conductas volvían paulatinamente a la normalidad una vez que salían del ambiente donde se verificaban los criterios señalados.

Muchos de los que somos ex sodálites sabemos que la superación total del “lavado de cerebro” sólo es posible fuera de la institución tras un proceso que puede durar años. Yo me demoré más de una década en lograrlo. Y es mi deseo que otros que siguen en la condición de prisioneros mentales de la institución lo logren.

(Columna publicada en Altavoz el 18 de septiembre de 2016)

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Si alguien desea más información sobre el tema, puede leer mi post SODALICIO Y LAVADO DE CEREBRO.

TESTIMONIO COMPLETO

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Yo soy Matías en el libro Mitad monjes, mitad soldados de Pedro Salinas y Paola Ugaz. Terminé de redactar mi testimonio, aquel en que se basa el capítulo correspondiente del libro, el 28 de agosto de 2011, teniendo como guía un cuestionario que me envió Pedro por correo electrónico. Dado que en un libro de esas características resulta imposible incluir toda la riqueza de contenidos de mi reflexión sobre mi experiencia sodálite, incluyo aquí el testimonio completo.

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TESTIMONIO DE MARTIN SCHEUCH (MATÍAS)
Fecha: 28 de agosto de 2011

Tenía 14 años de edad cuanto tuve mi primer contacto con el SCV (Sodalitium Christianae Vitae) allá en el verano del año 1978 [ver mi escrito donde narro esta experiencia, SODALITIUM 78: PRIMERA ESTACIÓN].

Estaba yo en la adolescencia, cuestionando por primera vez el sentido de mi existencia y buscando mi lugar en el mundo. De hecho, no me gustaban las perspectivas que se me presentaban, pues sentía una enorme insatisfacción respecto al ambiente social de clase media limeña en el cual había crecido. Mi búsqueda se canalizaba entonces a través de lecturas diversas de autores como Hermann Hesse, Rabindranath Tagore y Khalil Gibran, y el rock progresivo de grupos como Pink Floyd, Yes, Queen, Genesis, The Alan Parsons Project, intérpretes como Rick Wakeman y Mike Oldfield, y encontraba un desfogue a la rebeldía en grupos de rock pesado como Led Zeppelin, Deep Purple y Sweet.

Lo que me atrajo del SCV fue algo que se fue perdiendo con el tiempo, a saber, un espíritu medio bohemio unido a un espíritu contestatario frente a los estilos de vida conformistas presentes en la sociedad de entonces, y que lamentablemente han perdurado hasta ahora. El SCV se ha ido acomodando en cierta medida a esos estilos, buscando presentar un rostro respetable sobre todo frente a los miembros de las clases acomodadas del Perú, ocultando sus raíces cuestionables. Pero entre esos orígenes y el presente se extiende la historia de un sistema que ha manipulado las conciencias de sus miembros y ha servido para satisfacer las ansias inconfesables de su fundador, que para mí se reducen al deseo de poder. Los casos de escándalos sexuales son una consecuencia de este sistema, donde probablemente los mismos abusadores sean a la vez víctimas, como sospecho que ocurrió en el caso de Germán Doig. Es una constante que antes se ha verificado de similar manera en el caso de los Legionarios de Cristo.

Mi familia era normal, dentro de los estándares limeños. Mi madre tenía un carácter extrovertido, que irradiaba alegría y pasión por la vida, pero a la vez dominante y con frecuentes arranques de irascibilidad, lo cual había anulado en mí la espontaneidad y me había convertido en un joven sumamente introvertido. Mi padre tenía más bien un carácter tranquilo, reservado, y yo diría hasta ausente, que se había acentuado a raíz de la enfermedad de Parkinson que padecía. En esos momentos la relación con mis padres no estaba pasando por un buen momento, y el SCV me daba la oportunidad de lograr independencia y autonomía, por lo menos psicológica.

En el colegio tenía indicadores muy buenos: sobresaliente en conducta, además de las mejores notas de mi clase. Y sin mucho esfuerzo, porque asimilaba los aprendizajes con facilidad y no tenía que dedicarle mucho tiempo al estudio. Sin embargo, andaba desorientado, pues la sociedad limeña de entonces no se me presentaba con perspectivas atrayentes que satisficieran mis deseos de lograr algo valioso en este mundo.

El surgimiento y desarrollo del SCV no hay que entenderlo sólo como expresión del deseo de poder y significado del que es considerado su fundador, Luis Fernando Figari. Su atractivo radicaba en que ofrecía una manera de redescubrir la experiencia cristiana desde una perspectiva más aventurera, contestataria y comprometida que la que ofrecían las mediocres formas de vida de las parroquias y de los educadores católicos que habíamos conocido. Dentro del SCV el cristianismo adquiría individualmente características subversivas y hasta revolucionarias como las que había en los movimientos de izquierda, aunque luego todo ello quedara mitigado por la alergia institucional a todo lo que fuera participación en la política y una ideología de derechas extremadamente conservadora.

Lo más cerca que estuvo el Sodalitium de una acción política fue la publicación en 1978 del libro Como lobos rapaces de Alfredo Garland, un panfleto de denuncia contra la teología de la liberación disfrazado de investigación periodística. Aunque luego el SCV se deslindara del asunto, arguyendo que se trataba de una obra escrita “a título personal” por Garland, en verdad toda la institución estuvo detrás de la elaboración y posterior difusión del libro. Esta manera doble de proceder se convertiría luego en una constante dentro de la historia del SCV, negando su participación en eventos, acciones, empresas, instituciones que promovieron, pero a las cuales les ponen encima el rótulo de “a título personal”. Yo no conozco nada que haya efectuado un sodálite en cuanto tal que pueda ser calificado verdaderamente de “a título personal”. Lo que hace un sodalite en el ámbito público siempre ha sido autorizado previamente por la institución y es avalado por ella, pues las iniciativas particulares —así como el pensamiento propio— nunca se han permitido en el SCV.

Sin embargo, aun cuando no tengo motivos para dudar de las buenas intenciones que había detrás del proyecto inicial, las metodologías que se aplicaron para hacer proselitismo y conservar a los miembros son bastantes cuestionables, pues todas ellas pueden resumirse en un solo término: intrusión en la conciencia y en la intimidad psicológica de las personas. El concepto de diálogo no existía. Lo que comenzaba aparentemente como un diálogo terminaba en la aplicación de técnicas de manipulación para lograr desnudar psicológicamente a la persona y, ante su desvalimiento interior, conducirla a la aceptación de la doctrina y el estilo de vida que planteaba el SCV. Técnicas de este tipo eran:

  • las conversaciones que devenían en interrogatorios con preguntas incómodas;
  • las introspecciones en grupo que se hacían en los retiros en lugares apartados donde había prácticamente un aislamiento del entorno normal de vida;
  • la aplicación de shocks psicológicos, haciendo que las personas tomaran contacto con realidades impactantes e insufribles, para luego presentarse como respuesta ante el desconcierto generado —como, por ejemplo, la dinámica aplicada en retiros donde alguien se hacía pasar por un enfermo terminal, o la proyección de películas de shock en los dos primeros Convivios: Taxi Driver (Martin Scorsese, 1976) y Centinela de los malditos (The Sentinel, Michael Winner, 1977)—;
  • la aplicación de tests psicológicos a menores de edad efectuada por personas no profesionales y sin conocimiento ni autorización de los padres, para “conocer” mejor al candidato, y en el caso de mayores de edad la imposibilidad de negarse a la aplicación de estos tests en virtud de que eso se consideraría un acto de rebelión contra la autoridad y la comunidad misma;
  • otras medidas extrañas que fueron aplicadas en casos excepcionales en los inicios del SCV como, por ejemplo, emborrachar al candidato para romper sus defensas psicológicas y poder “entrarle”, es decir, irrumpir en su intimidad psíquica y sacar a luz sus problemas personales para luego ofrecerle el estilo de vida sodálite como un camino de redención personal.

En muchas de los métodos el objetivo claro —y expresado explícitamente— era lograr que las personas “lloren”, señal de que ya se habían “quebrado” y, por lo tanto, ya estaban “abiertas a la acción de la gracia”. En realidad, abiertas a determinada gracia que iban a perpetrar contra ellas aquellos que le habían hecho “apostolado”: convertirlo en uno más de los miembros cortados con la misma tijera que ha tenido y tiene el SCV, por lo general con el cerebro lavado.

Hace algunos años leí un libro sobre las Juventudes Hitlerianas, y me sorprendió el hecho de que hubiera varias semejanzas con el Sodalicio que yo había conocido. Si bien no hay uniformes en el Sodalicio, sí hay una manera de vestir por la cual se distingue claramente a sus miembros (pantalones de vestir de colores claros, camisa de color claro sin ningún detalle llamativo de diseño, calzado de estilo muy parecido), y de hecho en eventos públicos y ceremonias litúrgicas solemnes se presentan con terno azul, con un aspecto que hace pensar de inmediato en un grupo uniformado. La creación de une especie de mística colectiva mediante el uso de símbolos, canciones entonadas al unísono con voz fuerte y marcial, y el gusto por eventos de masas donde la asistencia es obligada (por consigna) con despliegues espectaculares de acciones simbólicas —actualmente con ayuda de las modernas tecnologías audiovisuales— son otros puntos donde el Sodalicio corre por caminos similares a lo que recorrieran las Juventudes Hitlerianas.

A eso le sumamos el culto a la personalidad del líder, en este caso Luis Fernando Figari. Dotado de una personalidad compleja de difícil definición, Figari buscó conducir el Sodalicio desde sus inicios como si de un padre se tratara. De hecho, se presentaba como alguien que estaba preocupado por nuestro bien más que nuestros padres carnales, y de este modo se erigía como figura paterna sustitutiva, a la cual se le debía obediencia. Es difícil juzgar las intenciones que tenía. Sólo me consta que se veía a sí mismo como alguien elegido por Dios para crear una institución que iba darle nueva vitalidad a la Iglesia, que se iba a constituir en una respuesta para los tiempos actuales. Y si bien manifestó en los inicios del Sodalicio una cierta reticencia a mostrarse como una figura de culto, posteriormente, ya en la década de los ’80, cuando ya se había fundado el MVC (Movimiento de Vida Cristiana), le oí decir una vez en la desaparecida comunidad sodálite de San Aelred situada en la Av. Brasil que no le quedaba otra alternativa, muy a su pesar, y que a semejanza de Josemaría Escrivá de Balaguer, fundador del Opus Dei, debía acceder a convertirse en un líder a quien se le mirara ante todo con veneración. No sé cómo llegó a esta conclusión, pero curiosamente presentaba este proceder como un sacrificio que debía hacer. Por otra parte, Luis Fernando asumió bien este rol y permitió que se tejiera un halo de veneración alrededor de su persona, evidente en los eventos multitudinarios donde se creaba expectativas respecto a su llegada y finalmente su presencia era aclamada como el momento culminante del evento.

Si bien Luis Fernando tiene una personalidad dominante, ello ha ido siempre acompañado de una cierta vulgaridad que afloraba con frecuencia en su lenguaje coloquial y de una falta de naturalidad en su aproximación a las personas. No recuerdo nunca que se haya relacionado con nadie a un nivel de igualdad, como lo haría cualquier persona normal con otras personas con las que entra en contacto. Luis Fernando siempre tenía que ocupar un lugar especial o aparecer como el centro de cualquier actividad. Cuando visitaba las comunidades, se preparaba el ambiente como si fuera a venir un elegido, dotado de un don divino único. Conozco a muy pocas personas que se hayan atrevido a contradecirle.

En el Sodalicio siempre se le ha presentado como un gran pensador, y sus palabras, recogidas en folletos y otras publicaciones, además de los numerosos artículos que ha escrito, han sido lectura obligada de la gente perteneciente al MVC y al SCV y considerados como clave para interpretar la realidad. Un análisis a fondo nos permite descubrir en esos textos las características de una ideología religiosa, pero ideología al fin y al cabo, basada sobre todo en fuentes librescas, que oculta su falta de originalidad y profundidad a través del uso frecuente de términos crípticos. Se trata de un discurso mediocre que se ha ido repitiendo hasta el cansancio sin mayores variaciones año tras año, un discurso que no admitía ninguna observación crítica por parte de nadie. El mismo Luis Fernando nunca ha aceptado ser entrevistado por nadie que pudiera tuviera una actitud crítica hacia él, y ha solido mantenerse alejado del ámbito público, siendo otros los que dan la cara por el Sodalicio. De alguna manera, ello ha reforzado su imagen de personalidad objeto de culto dentro de las asociaciones que él ha fundado.

¿Podría decirse que fundó el Sodalicio y sociedades afines como entramado para ocultar bajas pasiones y vicios ocultos? No creo que haya sido así desde un inicio. Yo casi nunca vi nada extraño que me hiciera sospechar. O quizás la lucha contra mis propios demonios personales no me permitió darme cuenta de ello. Soy de la opinión de que posiblemente hubiera mucho de sincero en sus intenciones. Aún así, no dudo tampoco de que haya habido un lado oscuro y turbio, que pudo existir gracias a que el demasiado exigente estilo de vida que se propugna en el Sodalicio no sólo permite sino que empuja a las personas para que tengan una doble vida donde por un lado, con las mejores intenciones, buscan cumplir con el ideal de santidad que se les propone, pero a la vez se hacen incapaces de manejar adecuadamente su sexualidad, por una falta de una actitud natural y humana hacia este aspecto de la vida.

Resulta también curioso que no se sepa que Luis Fernando haya tenido alguna vez un enamoramiento con una chica, y que más bien le haya escuchado con frecuencia comentarios misóginos, como «¡a la mujer con la punta del zapato!», misoginia que se transmitía de alguna manera hacia sus discípulos, que a veces decían cosas como «mujer buena, sólo la propia madre y la Virgen».

Una cosa extraña en él era un temor obsesivo a contagiarse enfermedades, que llegaba hasta el punto de que a veces dejaba de dar la mano a las personas o cancelaba una visita a una comunidad si se enteraba que uno de sus integrantes estaba enfermo, o ese afán de tener siempre a la mano pañitos con alcohol para desinfectarse las manos. También es extraño el deseo de que se le complaciera en todo, de modo que si llegaba a una comunidad y no había lo que a él le gustaba, el encargado de suministros (llamado encargado de temporalidades) podía ganarse un problema. De este modo se compraba varios tipos de bebidas gaseosas y bocaditos, que debían estar muy bien presentados, ante una eventual visita de Luis Fernando, aunque posteriormente no se consumiera todo.

Si nos vamos al tema de las estrategias de coerción psicológica, yo creo que todo el sistema de captación y formación está atravesado por la coacción y la manipulación de las conciencias, pues el Sodalicio no admite una pluralidad de opiniones en su seno. Aun cuando proclamen estar a favor de la libertad de las personas, la idea de libertad es entendida de una manera restrictiva, de modo que se entienda que sólo se puede ser libre si se acepta el pensamiento único que la institución postula a través de su fundador y sus seguidores. En reuniones, cuando se pide la opinión de las personas sobre un punto, se trata sólo de una táctica para llevarlas a aceptar la verdad que los miembros de la institución proponen. Para lograr este fin consideran como válidas ciertas técnicas de manipulación psicológica. Y si bien hay casos excepcionales de maltrato extremo, relatados por varios testigos, se trata de hechos ocasionales, pues el maltrato más frecuente son las conversaciones y reuniones para ir metiendo la propia ideología en las cabezas de las personas, donde se recurre con frecuencia a la burla, el insulto, la orden de guardar silencio e incluso a veces a las amenazas de castigos (ayunos obligados, privación de sueño, actividades absurdas sin ninguna finalidad, etc.). Ni qué decir, por lo general la autoestima sale bien perjudicada.

Respecto al tema sexual, debo confesar que no vi nada realmente extraño que me llamara la atención. De ciertos hechos me he venido a enterar recientemente. Ya he hablado sobre mi experiencia en un escrito más detallado [ver SODALICIO Y SEXO]. Sin embargo, viene a mi memoria un hecho bastante extraño que ocurrió en el año 1979 cuando yo tenía unos 16 años y mi consejero espiritual era B. Durante una sesión de consejería ocurrida en una de las pequeñas salas habilitadas para esto fines en la desaparecida comunidad sodálite de San Aelred, situada en Magdalena en la Av. Brasil, en un momento interrumpió nuestra conversación y entró a los recintos de la comunidad —a los cuales estaba prohibido entrar sin permiso y que estaban separados de las salas de recepción por una puerta donde había un cartel con la palabra PRIVADO—, dizque para consultar un asunto con Germán Doig, por entonces superior de esa comunidad. Cuando regresó, me ordenó que me desvistiera. Una vez hecho esto, me dijo que debía abrazar una enorme silla que allí estaba y fornicarla, en realidad simular que la fornicaba. Cumplí la indicación de manera muy torpe, si bien con cierta reticencia inicial de mi parte. De hecho, me sentí bastante incómodo. Aun cuando B mantenía baja la mirada y también se mostraba evidentemente incómodo ante la situación, yo sentí que se me estaba haciendo violencia interior, aunque el fin aparente de todo ello era simplemente romper las muchas barreras psicólógicas que yo tenía a esa edad y que me habían convertido en una persona excesivamente reprimida. La situación no duró mucho y B me pidió que me vistiera nuevamente, y me preguntó si me sentía mejor. Le dije qué sí, y no le di mayor importancia al asunto, pues los sodálites nos tenían acostumbrados a cosas raras, pero hasta ahora ninguna había tenido la connotación sexual que tenía esa experiencia. Vista a la distancia, no considero esta experiencia como un intento de abuso sexual, sino como una manipulación y violación de la conciencia mediante el sometimiento a una situación vergonzosa de connotación sexual que atenta contra la intimidad personal. El hecho de que B haya consultado la medida me lleva a pensar que se trataba de una táctica que ya se había aplicado en otras ocasiones.

Mi alejamiento del SCV ha sido progresivo y nunca se ha oficializado definitivamente. Salí en 1993 de una comunidad por acuerdo mutuo debido a incompatibilidades con la vida comunitaria. Es una historia larga y compleja que algún día relataré en todos sus detalles [ver SODALITIUM 92: MOMENTO DE DECISIÓN, SODALITIUM 92: ÚLTIMA ESTACIÓN… SAN BARTOLO, SODALITIUM 93: ENTRE LA VIDA Y LA MUERTE]. La salida no fue fácil, debido al concepto estrecho de “vocación” que siempre se ha manejado en el Sodalicio, a saber, que si uno se aleja del camino al cual ha sido llamado —llámese instituto o estilo de vida—, pone en riesgo su salvación eterna. Se trata de de un concepto que no tiene en cuenta la diversidad de la experiencia humana ni de las situaciones y caminos que uno tiene que recorrer en la vida y que no respeta la conciencia, además de carecer de sustento en la Biblia y en la doctrina de la Iglesia.

Debido a eso, pasé unos siete meses de angustia en una de las casas de formación de San Bartolo, sujeto a una disciplina monacal que yo mismo acepté: levantarse a las cuatro de la madrugada, darse un chapuzón en el mar helado, rezar y hacer otras actividades devotas y espirituales hasta las seis de la mañana, participar luego de las actividades habituales de la comunidad durante el resto del día hasta las ocho de la noche, en que me iba a acostar antes que los demás. Otros que estaban sujetos a la misma disciplina, aunque debido a circunstancias muy distintas a la mía, eran FRP y RI. Llegué incluso a desear la muerte en varias ocasiones para no tener que tomar una decisión que me aterraba. No había obstáculo físico que me impidiera irme, pues al contrario de otros que entraron en “crisis” y fueron enviados a San Bartolo, yo no tenía a nadie que me acompañara y vigilara cada vez que salía a la calle. Sin embargo, me sentía aprisionado por unos barrotes interiores, por una ideología que me había sido metido a fondo en el alma y que me hacía prever un tremendo fracaso personal en caso de que tomara las de Villadiego. Lo más angustiante era la incertidumbre de no saber cuándo iba a terminar este martirio. No fue hasta el final de ese tiempo en San Bartolo que supe cuándo iba a terminar mi estadía allí.

Las consecuencias de haber estado durante más de once años en comunidades sodálites fue, en primer lugar, que no tenía una formación profesional que me permitiera ganar lo necesario para tener un nivel de vida decente y salir adelante. Sólo tenía un título de Licenciado en Teología, y daba clases en el ISPEC (Instituto Superior Pedagógico de Educación Catequética), que pertenecía al arzobispado de Lima y era dirigido por la Hna. Julia Estela, una anciana monja dominica de armas tomar que siempre me apoyó, incluso cuando dejé de ser un consagrado sodálite. Ganaba poco, aun cuando también di clases en colegios particulares, en el Instituto Superior Pedagógico Marcelino Champagnat (convertido luego en Universidad) y en el desaparecido Instituto Superior Pedagógico Nuestra Señora de la Reconciliación.

Además, mi adolescencia no había transcurrido por los cauces normales, y descubrí que a los 30 años de edad todavía tenía que madurar varios aspectos de mi persona que habían quedado relegados durante mi experiencia sodálite.

Haber salido de comunidad en esa época conllevaba consigo una mala reputación frente a la mayoría de los miembros del SCV y del MVC. No obstante mi deseo de seguir contribuyendo con mi esfuerzo y mis talentos al desarrollo de varias actividades de la institución, fui poco a poco siendo relegado, marginado, e incluso se comenzó a hablar mal de mí por lo bajo, tal vez a consecuencia de mi capacidad crítica y de la libertad que manifestaba para expresar lo que yo pensaba. Lo cierto es que se me creó una mala fama, lo cual unido a la marginación soterrada a la cual se me sometió y a las escasas oportunidades de trabajo debido a mi falta de experiencia laboral —por haber estado tanto tiempo en el comunidades sodálites—, no obstante haber obtenido el título de Magister en Administración de Negocios de ESAN (Escuela de Negocios para graduados), llevaron a que finalmente tentara suerte en Alemania, aprovechando que también poseía la nacionalidad germana.

Finalmente, el poder observar desde lejos lo que sucedía en el SCV y el MVC me hicieron ver con mayor claridad cómo los gérmenes de decadencia iban creciendo en la institución, siendo la gota que colmó el vaso la expulsión sin causa conocida de Germán McKenzie y la detención de Daniel Murguía por acciones pedófilas en el centro de Lima.

Resumiendo, el precio que tuve que pagar por haber pasado por el SCV es:

  • una madurez obtenida a trompicones a una edad tardía;
  • la falta de una adecuada formación profesional para salir adelante en la vida;
  • la marginación, la calumnia, la incomprensión hacia mí persona;
  • el exilio, una especie de condena dictada por las circunstancias pero que fue también la oportunidad para alcanzar el goce de una libertad lograda a machetazo limpio.

Por lo general, el procesamiento de las experiencias vividas en el Sodalicio suele demorar años, en la mayoría de los casos que conozco más de una década, pues el hecho de que la ideología de la institución sea grabada a fondo en la psique de las personas equivale a una suerte de lavado de cerebro, a tal punto que muchos que han abandonado la institución se sienten al principio como traidores. En mi caso personal no fue así. Yo busqué durante años, una vez terminada mi experiencia comunitaria, mantener la lealtad hacia la institución y hacia unos principios basados en la fe cristiana que por convicción personal mantengo. Y puedo dar testimonio de que fui traicionado por la institución en repetidas ocasiones. Hasta que llegó el momento de ver con claridad de que eran pocas las esperanzas de que hubiera un cambio, y que la fidelidad a mi conciencia tenía más importancia que la fidelidad hacia una institución que ha traicionado los principios en los cuáles afirma basarse y que, en consecuencia, ha hecho daño a muchas personas.

LA TEOLOGÍA DEL GUSANO

bonet_teologia_del_gusanoA la edad de 72 años, el jesuita español José-Vicente Bonet publicó en el año 2000 un pequeño libro para ayudar a aquellas personas que padecen cierto tipo de neurosis religiosas debido a haber asumido una forma de entender la relación con Dios, donde éste se presenta como un ser perfecto omnipotente y omnipresente ante quien el hombre es lo más cercano a la nada. Peor aun. Debido al peso de sus pecados, es un ser miserable, una mierda viviente, un gusano.

Es ésa la concepción que encontramos en Josemaría Escrivá de Balaguer, fundador de esa asociación católica conservadora, verticalista y autoritaria conocida como Opus Dei, quien decía: «Si obraras conforme a los impulsos que sientes en tu corazón y a los que la razón te dicta, estarías de continuo con la boca en tierra, en postración, como un gusano sucio, feo y despreciable… delante de ¡ese Dios! que tanto te va aguantando» (Camino, 597).

En su libro Teología del “gusano” – Autoestima y evangelio, el P. Bonet presenta una concepción distinta: «La religiosidad auténtica es y ha sido una gran fuerza humanizadora y liberadora». Por eso mismo, denuncia esa neurosis eclesiogénica que «propicia un sentido malsano de indignidad personal y fomenta esa “espiritualidad terrorista”, contaminada de miedos, culpabilidad e infantilismos…»

En las instituciones con características sectarias, el fomento de un sentimiento exagerado de culpa constituye también una manera de mantener el control sobre sus adeptos. Una persona que se desprecia a sí misma es fácil de manipular. Y esas mismas personas terminan despreciando e insultando a todo aquel que critique legítimamente a la institución, buscando denigrarlo también como un “gusano”.

(Columna publicada en Exitosa el 30 de septiembre de 2015)

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FUENTES

José-Vicente Bonet
Teología del “gusano” – Autoestima y evangelio (Sal Terrae, Santander 2000)
https://53a52b541927de08c8fb94d15b0eef8e5c2913f0.googledrive.com/host/0B-iHtde6SS1RbjJlSnVHMk9VdlU/Bonet%20Jose%20Vicente%20-%20Teologia%20Del%20Gusano%20-%20Autoestima%20Y%20Evangelio%20-%20Sal%20Terrae%20-%202000.pdf

Steven Hassan
Cómo combatir las técnicas de control mental de las sectas (Ediciones Urano, Barcelona 1995)
https://libroweb.wordpress.com/2007/10/18/como-combatir-las-tecnicas-de-control-mental-de-las-sectas-steve-hassan/

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Vale la pena transcribir un par de textos del libro del P. Bonet:

Ese sentirse «gusano sucio, fe y despreciable», este sentimiento de indignidad personal, puede provocar en sus víctimas síntomas como los siguientes:

  • Se sienten culpables aún de pecados cometidos hace mucho tiempo y ya perdonados; no acaban de creerse que Dios les ha perdonado, ni se perdonan a sí mismos.
  • Sienten que Dios les castiga merecidamente por pecados propios y hasta ajenos cuando en su vida ocurren cosas desagradables, duras o trágicas, como la muerte de seres queridos, enfermedades, accidentes, pérdidas cuantiosas, etc. «¿Qué he hecho yo para merecer esto?», se preguntan; tienden a ver castigos de Dios en todas partes, en calamidades naturales, en terremotos, en el SIDA, etc.
  • Sienten pavor al juicio divino aun después de muchos años de vida cristiana sincera, aunque, naturalmente, imperfecta.
  • Viven una espiritualidad lastrada por fuertes dosis de prohibiciones, culpas y miedos.
  • No se atreven a examinar y cuestionar sus creencias religiosas y las normas morales de la Iglesia, por temor a ofender a Dios.
  • Su manera de entender las leyes de Dios y de la Iglesia es rígida y coercitiva.
  • Naturalmente, su autoestima tiende a ser baja y puede degenerar en depresión…

El perfil del dios de la “teología del gusano” es descrito de la siguiente manera:

  • Es el dios justiciero, violento y vengativo que impone castigos increíblemente duros y perdurables si no se le obedece; que inspira miedo, terror.
  • Es el dios discriminador y racista que favorece y protege a unos (su pueblo elegido, sus fieles) y no a otros (los infieles, los pecadores, los paganos).
  • Es el dios que impone normas rígidas de conducta sin permitir a sus adoradores que las cuestionen personalmente.
  • Es el dios que exige sangre y sufrimiento de sus «hijos» y de su «Hijo» para aplacar su majestad ultrajada por los pecados y desobediencias de sus criaturas.
  • Es el dios que se hace representar en la tierra por estructuras institucionales frecuentemente autoritarias y coercitivas, travestidas con ropajes y gestos pertenecientes a un pasado imperial ya periclitado, en vivo contraste con la figura sencilla y popular, libre y cercana de Jesús de Nazaret.
  • Es el dios que, pudiendo, no impide el sufrimiento de los inocentes; el dios que envía o, por lo menos, permite catástrofes naturales, hambrunas, masacres, enfermedad y muerte.
  • Es el dios que interviene «milagrosamente» en favor de unos pocos que se lo piden con mayor o menor fervor, aunque no la haga en favor de otros muchos —la mayoría—, se lo pidan o no.
  • Es el dios que delega su autoridad suprema en la tierra exclusivamente en varones (apóstoles, papas, obispos, clero) que han mantenido y mantienen en un segundo plano a las mujeres, como si fueran ciudadanas de segunda categoría en el Reino de Dios; en varones, teóricamente célibes, que parecen tener miedo a la mujer y al sexo y, sin embargo, dictan normas detalladas y rígidas sobre estos temas.
  • Es el dios que, si no estamos dispuestos a manifestar nuestros pecados más íntimos y vergonzosos, a humillarnos y reconocernos «sucios y despreciables como gusanos» (aunque sea sacerdote), no nos perdona magnánimamente.
  • Es el dios que condena a toda la humanidad (¡se dice pronto…!) a una vida plagada de sufrimientos por la desobediencia de nuestros primeros padres.

Tales ideas coinciden a grosso modo con aquelllo que señala el psicólogo Steven Hassan en su libro Cómo combatir las técnicas de control mental de las sectas, cuando explica el enorme poder de manipulación que se genera cuando se hace a las personas sentirse continuamente culpables:

La culpa es, con toda probabilidad, el arma emocional más sencilla y eficaz que existe para conseguir la conformidad y la sumisión. La culpa histórica (por ejemplo, el hecho de que Estados Unidos lanzara la bomba atómica sobre Hiroshima), la culpa de identidad (por ejemplo, un pensamiento del tipo «No vivo de acuerdo con mi potencial»), la culpa por acciones del pasado (por ejemplo, «Hice trampas en el examen») y la culpa social (por ejemplo, «Hay gente que muere de hambre») pueden ser explotadas por los líderes de las sectas destructivas. Sin embargo, la mayor parte de los miembros de una secta no pueden ver que utilizan la culpa y el miedo para controlarlos. Están tan condicionados a culparse siempre a si mismos que responden con gratitud cada vez que el líder les señala uno de sus «defectos». […]

Para poder controlar a alguien a través de sus emociones, a menudo hay que redefinir sus sentimientos. La felicidad, por ejemplo, es una sensación que todo el mundo desea. Sin embargo, si la felicidad se define como estar cerca de Dios, y Dios no es feliz (como aparentemente sucede en muchas sectas religiosas), entonces la única manera de ser feliz es ser desgraciado. En consecuencia, la felicidad consiste en sufrir para poder estar más cerca de Dios. Tal idea aparece también en algunas teologías ajenas a las sectas, pero en éstas es una herramienta para la explotación y el control.

En algunos grupos, la felicidad estriba en seguir las órdenes del líder, en reclutar el máximo número de individuos o en donar una buena cantidad de dinero. La felicidad se define como el sentido de comunidad que brinda la secta a todos aquellos que disfrutan de una buena posición.

La lealtad y la devoción son, entre todas las emociones, las más respetadas. Los miembros no están autorizados a sentir o expresar emociones negativas, excepto hacia los foráneos. Se les enseña que nunca han de experimentar sentimientos hacia su propia persona o sus propias necesidades, sino que deben pensar siempre en el grupo, sin quejarse jamás. No podrán nunca criticar al líder, pero en cambio deberán criticarse a sí mismos. […]

A menudo, se mantiene a los individuos en constante desequilibrio. En un momento dado se les alaba, y al siguiente son insultados. Este mal uso de las técnicas de modificación del comportamiento —recompensa y castigo— crea una sensación de dependencia e indefensión. En algunas sectas, un día puedes estar haciendo relaciones públicas vestido con traje y corbata ante las cámaras de televisión, y al día siguiente estar en otra provincia relegado a hacer trabajos manuales como castigo por algún pecado imaginario.

La confesión de antiguos pecados o de actitudes equivocadas es también un recurso poderoso para lograr el control emocional. Lo cierto es que una vez confesado públicamente, en contadas ocasiones se perdona o se olvida de verdad el antiguo pecado. En el instante en que uno se aparte de la fila, se sacará de nuevo a la luz y se utilizará para manipular al adepto y conseguir su obediencia. Cualquiera que se encuentre en una sesión confesional de una secta debe recordar esta advertencia: cualquier cosa que diga es susceptible de ser y será utilizada en su contra. Este ardid puede llegar incluso al chantaje si no abandona la secta.

La técnica más efectiva para el control emocional es la implantación de fobias […]. Con ella se consigue que los individuos experimenten una reacción de pánico al pensar en marcharse: sudores, palpitaciones, intensos deseos de evitar la posibilidad. Les dicen que si se marchan se encontrarán perdidos e indefensos en medio de los más terribles horrores; se volverán locos, les asesinarán, se convertirán en drogadictos o se suicidarán. Ejemplos de casos semejantes se narran continuamente tanto en las conferencias como a media voz en los corrillos informales. Es casi imposible que un miembro adoctrinado de una secta llegue a sentir que encontrará alguna seguridad fuera del grupo.

Cuando los líderes de las sectas declaran en público: «Los miembros son libres de marcharse cuando les parezca: la puerta está abierta», dan la impresión de que los miembros son libres de escoger y que sencillamente prefieren quedarse. Sin embargo, los’ miembros tal vez no dispongan de la posibilidad real de escoger, porque se les ha adoctrinado para tener fobia al mundo exterior. Las fobias inducidas eliminan la posibilidad psicológica de que un individuo decida abandonar el grupo simplemente porque no es feliz o porque desea hacer otra cosa.

OBEDIENCIA PERFECTA

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El 1° de mayo de 2014, tras un rodaje mantenido en secreto, fue estrenada en México Obediencia perfecta, ópera prima del cineasta Luis Urquiza. Este film, posteriormente galardonado con el Gran Premio de las Américas en el Festival de Cine de Montreal, está basado en los abusos cometidos por el P. Marcial Maciel, fundador de los Legionarios de Cristo.

Narra la historia del joven Julián (Sebastián Aguirre), quien ingresa a un seminario de los Cruzados de Cristo, congregación sacerdotal dirigida por el P. Ángel de la Cruz (Juan Manuel Bernal). Éste irá iniciando a Julián en una relación turbia llena de complicidad, donde la ferviente devoción religiosa se mezcla con pasiones carnales ilícitas.

Para el P. Ángel se trata de moldear al joven a fin de hacerlo totalmente dócil y sumiso, pasando por las tres etapas de aprendizaje de la obediencia. «Usted es el elegido de Dios —piensa el P. Ángel sobre su discípulo—. Para llegar a la obediencia perfecta, yo le obligaré a sentir placer hasta de lo que no le gusta. Conocerá lo que más aborrece y le atemoriza, que es usted mismo. Sólo así va a lograr una transformación definitiva».

Sin escenas sexuales explícitas, contemplamos la vida cotidiana de los personajes en un ambiente religioso tradicional, pero lo que ocurre fuera de cámara nos genera angustia y zozobra. Y horror ante el drama de jóvenes adolescentes cuya voluntad va siendo debilitada para someterse a los oscuros deseos de un obseso. Pues los abusos sexuales son sólo la culminación de un proceso más profundo y destructivo: la manipulación de las conciencias y la consiguiente pérdida de la libertad interior.

(Columna publicada en Exitosa Diario el 28 de enero de 2015)

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Éste es el problema que suelen presentar aquellos grupos de la Iglesia católica con estructuras institucionales verticales y autoritarias, y que ponen la obediencia como uno de los valores supremos: el debilitamiento de la capacidad de decisión propia de sus miembros, el enajenamiento de sus conciencias y, finalmente, la sumisión total a los deseos del líder y de aquellos que lo representan en la cadena de mando. Me refiero en concreto a grupos como los Legionarios de Cristo, el Opus Dei y el Sodalicio de Vida Cristiana, en el último de los cuales yo mismo pasé por experiencias extremas relacionadas con la disciplina de la obediencia, las cuales he descrito anteriormente en mi post OBEDIENCIA Y REBELDÍA.

Estoy convencido de que ahí reside el núcleo del problema, y no en los abusos sexuales que se han cometido, pues a fin de cuentas lo que se quiere lograr es el sometimiento absoluto de la libertad personal, aunque se pretenda justificar esto sobre la base de una causa encomiable, a saber, la conformación de la persona con el Señor Jesús. Lo cual no deja de ser problemático desde el momento en que el concepto de Jesús que propone el Sodalicio sigue siendo una más de las tantas interpretaciones que hay de la figura de Jesús.

Recuerdo que Luis Fernando Figari, entonces Superior General del Sodalicio, nos decía que la obediencia sodálite debía adelantarse a las intenciones del superior, de modo que el subordinado hiciera lo que éste quería antes de que se hubiera dado una orden explícita. Dicho de otro modo, la obediencia del sodálite se consideraba perfecta cuando estaba pendiente de la voluntad del superior y cumplía sus deseos antes de que éste los formulara verbalmente. En fin, la enajenación completa de la propia voluntad. Y hay que ver los malabares intelectuales que hacía Figari para justificar ideológicamente la sumisión total, presentándola como libertad plena.

Es cierto que también decía que hay que obedecer al superior en todo excepto en aquello que es pecado. Aparentemente, una cláusula de salvaguardia de la conciencia moral. Sin embargo, en aquellos que habían pasado por el proceso de formación sodálite —que incluía técnicas de manipulación psicológica y control mental— las posibilidades de objeción de conciencia a una orden emitida por un superior eran muy reducidas, pues eso implicaba ir contra la convicción metida a hierro y fuego entre ceja y ceja de que el superior siempre buscaba el bien personal de uno y de que él sabía mejor que uno mismo lo que le era más conveniente. Además, juzgar uno mismo según su propia conciencia qué era pecado y qué no, se consideraba un acto de soberbia e individualismo, pues este tipo de asuntos debían ser consultados precisamente… con un superior. Un círculo vicioso, del cual era muy difícil salir. Y el perfecto caldo de cultivo para dar el paso del sometimiento psicológico al sometimiento sexual.

En el film de Luis Urquiza la etapa de la obediencia perfecta de tercer grado se expresa así: «Piensas y actúas como aquel a quien amas, ya no tienes voluntad propia». Después de consumar un acto de pederastia con el joven Sebastíán —a quien acabamos de ver en la playa contemplando el horizonte y derramando una lágrima en silencio—, el P. Ángel le dirá: «Usted ya alcanzó la obediencia perfecta, y eso ya nunca lo va a abandonar».

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La película está disponible en Vimeo.

Finalmente, dos textos interesantes sobre el film:

‘Obediencia Perfecta’, una película que va más allá de Marcial Maciel
http://www.elmundo.es/america/2012/09/29/mexico/1348945699.html

Las buenas intenciones: crítica de la película mexicana “Obediencia perfecta” (Luis Urquiza, 2014)
http://pijamasurf.com/2014/05/las-buenas-intenciones-critica-de-la-pelicula-mexicana-obediencia-perfecta-luis-urquiza-2014/

ACI PRENSA Y El ACTIVISTA QUE NO SABÍA JUGAR GALLITO CIEGO

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«¿Sabes jugar gallito ciego?» Eso le preguntó un cura católico en privado a un niño de nombre Jason Day que se estaba preparando para la Primera Comunión en la iglesia Nuestra Señora de la Reconciliación en Camacho, La Molina (Lima). Por supuesto, Jason no sabía. Y finalmente huyó de la presencia del “santo varón”, presintiendo intenciones no tan santas. Jason, ahora un joven actor con una prometedora carrera y activista en contra de la violencia hacia las mujeres a través de la campaña Un Billón de Pie, ha dado a conocer su testimonio sobre un extraño incidente ocurrido con un sacerdote perteneciente a la sociedad de vida apostólica Sodalicio de Vida Cristiana.

No conozco personalmente a Jason, pero su testimonio tiene visos de ser auténtico. Con un estilo directo y sencillo, relata en una columna publicada el 22 de febrero de 2014 en el diario La República (ver http://www.larepublica.pe/columnistas/encuadre/esto-si-es-guerra-22-02-2014) que cuando tenía nueve años de edad y se estaba preparando para la Primera Comunión, tras su primera confesión un sacerdote del Sodalicio lo llevó de la mano a un cuartito que hacía de sacristía detrás del altar y comenzó a hacerle preguntas personales mientras jugaba con sus dedos hasta generar una situación incómoda para el muchacho, la cual hizo que huyera, intuyendo el peligro en que se hallaba. Los detalles que cuenta rezuman autenticidad y nos remiten a un recuerdo guardado en la memoria que busca simplemente transmitir lo que sintió un niño de nueve años en una situación anómala. ¿Puede haber sido esto inventado? No lo creo. Quien inventa hechos que nunca acontecieron con el fin de desprestigiar a otros, generalmente describe situaciones que no dejen ninguna duda de que las acciones de esos otros son malignas y condenables. El relato de Jason, sin embargo, no describe un abuso sexual en toda regla sino un comportamiento ambiguo que a lo más podría ser calificado de imprudente. Que efectivamente había la intención de cometer un abuso, no lo podemos inferir de lo que Jason cuenta, pues a esa conclusión llegó el niño de entonces en base a los sentimientos que despertó en él esa extraña situación. E hizo muy bien en huir, pues la posibilidad de que el sacerdote hubiera querido abusar de él tampoco puede ser descartada de antemano. Simplemente no lo sabemos, y el asunto requeriría ser investigado.

Contra lo que se esperaría de una institución católica que afirma seguir los dictados del Papa Francisco, la reacción inicial del Sodalicio a través de su vocero fue desestimar el testimonio del actor peruano, en vez de abrir una investigación para verificar la autenticidad de los hechos (ver http://www.larepublica.pe/24-02-2014/sodalicio-responde-a-jason-day-tras-acusacion-de-intento-de-abuso-sexual). «No sabemos exactamente qué es lo que quiere sugerir», comentó el representante del Sodalicio a Panorama, programa periodístico de la televisión peruana. «Ese señor nunca se ha acercado al Sodalicio, a una instancia de la Iglesia o a una instancia de la Justicia a hacer una acusación, no se ha acercado a la Policía, a ningún lado. […] No sé por qué hoy, después de 20 años, lo viene a hacer. […] Cuando hay acusaciones inconsistentes, nosotros no respondemos. Respondemos a cosas concretas. Ésta no es una acusación concreta», agregó.

La estrategia no es nueva en el historial que presenta la Iglesia cuando han surgido acusaciones de abusos sexuales: se busca culpabilizar al agredido y presentarlo como agresor. De antemano, antes de haber examinado el asunto a fondo. También se sabe por qué las víctimas no denuncian de inmediato a sus agresores: tienen miedo, o el agresor es una persona que goza de buena reputación y de la confianza de los demás, o simplemente porque debido a su edad no sabe que esas cosas hay que denunciarlas o no sabe cómo hacerlo. Por lo general, se requiere de más de una década para procesar la experiencia y poder hablar de ella. Además, si el supuesto abusador era un sacerdote, ¿quién va tener confianza en la Iglesia o en la institución particular a la que pertenece el sujeto para acudir a ella y hablar de estas cosas, mucho menos un niño? Por otra parte, en el caso de Jason Day no encontramos materia suficiente como para una denuncia. Hacerle preguntas a un niño sobre su familia, sus hermanos, y preguntarle si sabe jugar gallito ciego mientras juega con sus dedos en una habitación donde no hay nadie más no es algo que esté tipicado en ninguna parte como delito.

Y no bastando con las aclaraciones expresadas por el vocero sodálite, lanzaron sobre Jason al perro guardián de la chacra, a saber, a Alejandro Bermúdez, director de ACI Prensa, que no ha parado de ladrar contra el supuesto atacante del Sodalicio. El primer ladrido fue un artículo que lleva el titular manipulador y difamatorio de “Perú: Actor ataca a la Iglesia para frenar denuncias contra su campaña pro aborto” (ver http://www.aciprensa.com/noticias/peru-actor-ataca-a-la-iglesia-para-frenar-denuncias-contra-su-campana-pro-aborto-34846/). Como suele suceder con cierta frecuencia en las notas informativas que publica la agencia, el titular ni siquiera encuentra sustento en el texto de la noticia. Y digo “difamatorio”, porque Jason Day no ha atacado a la Iglesia, sino simplemente ha relatado un incidente de su infancia ocurrido con un cura del Sodalicio. Tampoco ha atacado al Sodalicio, sino más bien ha recomendado que miren en sus propias filas a ver si encuentran casos similares. Por otra parte, el actor peruano tampoco ha estado haciendo una campaña pro aborto sino en contra de la violencia hacia las mujeres.

Los argumentos para rebatir a Jason se pueden resumir como sigue:

  • La iglesia Nuestra Señora de la Reconciliación no había sido terminada de construir cuando supuestamente ocurrieron los hechos, y la sacristía no existía.
  • ACI Prensa, a la cual Jason Day denomina “la agencia de noticias del Sodalitium”, no está vinculada a organización religiosa alguna, fue fundada por el misionero comboniano Adalberto Maria Mohn en 1980 y tiene un directorio compuesto por laicos.
  • La intención del actor sería la de frenar las denuncias de ACI Prensa contra la campaña Un Billón de Pie, considerada por la agencia como una campaña encubierta para promover el aborto y la agenda gay.

A esto se suman los insultos y expresiones ofensivas contra el actor y activista peruano que Bermúdez desparrama en este artículo y en otros de ACI Prensa, en su cuenta de Twitter y en uno de sus Puntos de Vista (audiocomentarios informativos disponibles en la página web de la agencia), calificando a Jason de “actor mediocre”, “actor de medio pelo”, “activista gay”, “farsante”, “mentiroso profesional”, “criaturita”, acusándolo de “mentir e insultar al Sodalicio de Vida Cristiana”, considerando su denuncia producto de un “ataque de infantilismo, vanidad herida, inmadurez, bajeza”, atribuyéndole “frivolidad”, “falta de cerebro” y “acostumbrarse a recibir besitos y aplausos de la gente”.

¿Que hay de cierto en lo que dice ACI Prensa? Analicemos cada uno de los argumentos.

Aunque Jason no menciona ninguna fecha en su artículo, sino solamente su edad, ACI Prensa concluye que los supuestos hechos –de haber ocurrido– hubieran tenido lugar en el año 1994, dos años después de iniciada la construcción del templo y faltando todavía dos años más para su terminación. Se basa para ello en la fecha de nacimiento de Jason que aparece en la página de Internet Movie Database (IMDb) y en su cuenta de Facebook, en las que figura el 8 de junio de 1985. Es así que Jason habría tenido nueve años cumplidos en 1994. De allí concluye con ligereza que Jason Day está mintiendo y que lo que cuenta nunca ocurrió.

La pregunta que nos hacemos es la siguiente: ¿por qué, al descubrir esta inconsistencia, ACI Prensa no contrastó el dato de la fecha de nacimiento que había tomado de dos sitios de Internet y que pueden tener ambos una misma fuente, a fin de verificar si era correcta? ¿Por qué ACI Prensa no hizo una consulta al Registro Nacional de Identificación y Estado Civil (RENIEC) para determinar cuál es la fecha de nacimiento que aparece en el documento nacional de identidad (DNI) de Jason? ¿O por qué no se comunicó con el Markham College, donde realizó estudios escolares el actor peruano, a fin de obtener este dato? O más fácil: ¿por qué no pidió que se le dejara consultar los archivos de la Parroquia de Nuestra Señora de la Reconciliación, donde deben estar registrados los nombres de aquellos que han hecho la Primera Comunión allí, incluyendo su fecha de nacimiento? Dentro de la calaña de periodismo que hace ACI Prensa, esto no era necesario. Para desacreditar un testimonio bastaba con que la fecha apareciera en páginas de Internet susceptibles de errores, a cuyos datos hay que darles tanta credibilidad como a las enseñanzas del Papa, aun cuando el mismo Jason haya replicado en su cuenta de Twitter que se trata de un dato erróneo, pues su verdadera fecha de nacimiento, la que aparece en su DNI, es el 8 de julio de 1986, añadiendo que la Primera Comunión la hizo en junio de 1996 –cuando tenía nueve años de edad y estaba a punto de cumplir diez– y en ese entonces la iglesia estaba recién terminada de construir. Y esto es un decir, porque si bien la iglesia ya se usaba para el culto divino, faltaban varios detalles de relativa importancia, entre ellos los vitrales. Si la memoria no me falla, la sacristía no había sido aún acondicionada tal como existe en la actualidad, y había una sacristía provisional, que correspondería al cuartito que menciona Jason en su testimonio. Este detalle le da incluso más consistencia al testimonio del actor. Si hubiera descrito la sacristía tal como es en la actualidad, se habría podido sospechar con fundamento que el testimonio es inventado.

Por otra parte, cuando Jason describe a ACI Prensa como “la agencia de noticias del Sodalitium”, lo único que hace es mencionar lo que es un secreto a voces. Alejandro Bermúdez, en su Punto de Vista “Cuando un actor mediocre ataca a la Iglesia”, da su propia versión:

«ACI Prensa es una agencia que –cómo sale en la página web– fue fundada por un misionero comboniano [el P. Adalberto María Mohn] y que muchísimos años después, casi diecisiete años de ser fundada, él encargó a un periodista que resulté siendo yo, y tiene su propio directorio, y no es una agencia oficial ni oficiosa del Sodalicio de Vida Cristiana, la comunidad a la cual yo pertenezco.»

A Bermúdez le debe estar fallando la memoria, o quizás sea fruto de su descuido habitual y su falta de precisión para narrar los hechos, pero diecisiete años después de la fundación de ACI Prensa en el año 1980 –es decir, el año 1997–, el P. Mohn hacía ya diez años que había dejado de existir. Seamos benevolentes y asumamos que fue un lapsus involuntario, pues según la página web de ACI Prensa (ver http://www.aciprensa.com/quienes.htm), Bermúdez es director de la agencia desde el año 1987 –que es el año en que murió el P. Mohn–. En el resto de esos enunciados, hay afirmaciones que ya no pueden ser explicadas bajo la hipótesis de lapsus involuntarios de la memoria. Bermúdez miente descaradamente, o sufre desde ahora de Alzheimer avanzado. Pues él fue elegido para ser director de la agencia después de la muerte del P. Mohn, y no por un directorio, sino a dedo por el mismo Luis Fernando Figari, entonces Superior General del Sodalicio de Vida Cristiana. Pues ACI Prensa ha sido desde sus inicios una iniciativa sodálite, como el mismo Bermúdez me confirmó indirectamente en un e-mail del 11 de septiembre de 2003, cuando critiqué la información que la agencia estaba dando sobre el informe de la Comisión de la Verdad y Reconciliación: «¿Cómo un adherente puede contrastar una iniciativa sodálite desventajosamente?»  (ver EL INFORME DE LA CVR: HABLA EL DIRECTOR DE ACI PRENSA). El primer director de la agencia fue otro sodálite, Alfredo Garland Barrón, que plasmó de esa manera un proyecto con el cual soñaba Luis Fernando Figari. El P. Adalberto María Mohn apadrinó el proyecto y busco la financiación y el apoyo para ponerlo en marcha, pero él nunca intervino en la gestión periodística de la agencia. En sus inicios, cuando ACI publicaba un boletín periódico, se nos recomendaba a los sodálites que nos suscribiéramos a fin de sostener económicamente esta iniciativa. A lo largo del tiempo, ACI Prensa ha sido el único medio informativo cuya lectura se ha recomendado con carácter cuasi obligatorio dentro de la Familia Sodálite.

Respecto al mencionado directorio de laicos católicos, nos gustaría saber los nombres de las personas que lo conforman. Si Bermúdez no nos puede proporcionar esos nombres, podríamos sospechar de una especie de directorio “fantasma”, así como él presume la no existencia del cura sodálite al que menciona Jason Day en su testimonio, sólo porque éste no quiere revelar su nombre. O tal vez se trate de un directorio similar al consejo editorial que tenía la asociación Vida y Espiritualidad, dirigida por el sodálite Germán Doig en los años ’80 y ’90, que publicaba la revista VE (Vida y Espiritualidad). Yo fui durante años miembro de ese consejo editorial, pero nunca tuve ni arte ni parte en la gestión de la asociación. Germán me hacía llegar cada cierto tiempo las actas protocolares de las reuniones ficticias que se habían realizado, donde ya estaba escrito de antemano lo que cada uno de los miembros del directorio había supuestamente dicho, y yo sólo tenía que estampar mi firma sin leer el documento. Era algo que estaba obligado a hacer en virtud de la disciplina de obediencia que había en las comunidades sodálites. Si Bermúdez fue elegido director de la agencia por un directorio de laicos, ¿no habría sido también de manera similar en una reunión ficticia que consta en actas, pero que nunca se efectuó en la realidad? Conocer los nombres de aquellos que “participaron” en esa elección podría ayudar a despejar las dudas. Nos confirmaría que “oficialmente” ese directorio existió, y nos permitiría entrevistar a sus miembros para saber si la elección de Bermúdez ocurrió en una reunión que se dio efectivamente en la realidad, o si se repite el esquema aplicado con el consejo editorial de la asociación Vida y Espiritualidad.

Respecto al tema del aborto, Jason Day nunca ha declarado nada en absoluto sobre el tema. Y tampoco está obligado a hacerlo, pues la campaña que él dirige se centra en combatir la violencia hacia las mujeres. Resulta, pues, antojadizo e incluso difamatorio considerarlo un activista pro aborto cuando ni siquiera se conoce su opinión sobre el tema, ni tampoco ha promovido de ninguna manera el aborto. Por otra parte, las informaciones sobre Un Billón de Pie como una campaña pro aborto camuflada las toma ACI Prensa de la página web Perú defiende la vida (ver http://www.perudefiendelavida.com/). Con su acostumbrada y peculiar forma de hacer periodismo, ACI Prensa reproduce lo que aparece en esa página sin contrastar debidamente la información. Lo cual debería hacer, considerando que no hay ninguna información en esa página sobre quiénes la gestionan o quiénes están detrás de ella. Se trata, efectivamente, de una web anónima. Si uno consulta la sección “Quiénes somos” de la página en cuestión, se quedará igualmente ayuno de información al respecto, pues no aparece ningún nombre, ninguna dirección, ninguna indicación sobre las personas que contribuyen a mantenerla. ¡Ah, claro, me olvidaba! Está en la web, razón suficiente para que ACI Prensa le asigne toda credibilidad y fiabilidad.

Por otra parte, que algunas asociaciones a favor del aborto se hayan sumado a la campaña Un Billón de Pie no significa que la campaña tenga como núcleo la promoción del aborto, ni que todos aquellos que participan en ella sean abortistas. Además, ¿quien dice que no se puede colaborar con personas y asociaciones en una causa justa aún cuando se tenga discrepancias con ella en otros temas de importancia que no son objeto y materia de esa causa?

Otros argumentos que se han venido repitiendo sólo evidencian la falta de objetividad periodística –e incluso la ignorancia– de Alejandro Bermúdez. A Eve Ensler, la fundadora de One Billion Rising (Un Billón de Pie) la describe como “uno de los personajes más oscuros, marginales y despreciables del mundo público norteamericano”. Su obra Los monólogos de la vagina recibe el calificativo de “basura vulgar”. Incluso Bermúdez llega a afirmar que la obra justifica la violación de una menor de 13 años por parte de una joven de 24 años. Si Bermúdez ha leído la obra, no creo que haya entendido cuál es el sentido de lo que allí se expresa, pues en ella nunca se justifica la violación de nadie.

Como material para la composición de estos monólogos teatrales, Eve Ensler entrevistó a más de 200 mujeres y recogió sus historias personales para volcarlas en un texto de ficción que pudiera hacer tomar conciencia al público en general sobre la violencia a que se ven expuestas las mujeres. Ensler describe con crudeza los hechos, utilizando un lenguaje coloquial directo en primera persona, sin subterfugios y con un estilo provocador, llamando las cosas por su nombre. La autora se limita a presentar las historias, sin emitir juicios morales sobre ellas, dejándole al espectador esa tarea. En el monólogo “The Little Coochie Snocher That Could” –que se basa en lo que una mujer pobre e indigente le contó que a Ensler– encontramos una historia que en una parte se asemeja a lo que Bermúdez describe, pero no se trata de una violación. La protagonista cuenta cómo a cierta edad –13 años en el libreto original, 16 años en las versiones posteriores– se enamoró de una joven de 24 años que vivía en su barrio y se dejó iniciar sexualmente por ella. La misma protagonista, cuando tenía 10 años de edad, fue violada por el mejor amigo de su padre, y este hecho es descrito como una experiencia desagradable y cargada de violencia. En ninguna parte encontramos lo que describe Bermúdez en su Punto de Vista “Cuando un actor mediocre ataca a la Iglesia”, a saber, la narración de una joven de 24 años que seduce con violencia y viola a una menor de 13 años de edad. No sé si su espiritualidad le prohíbe a Bermúdez leer este tipo de literatura no pornográfica de tema sexual, pero si quiere hacerle honor a su oficio de periodista, debería leerla para saber de qué está hablando y no inventar cosas que no son.

Es legítimo tener una valoración moral y religiosa sobre esta obra –y sobre cualquier obra de ficción–, pero eso no justifica un juicio negativo sobre su calidad o su relevancia cultural, pues hay obras con contenidos morales inobjetables de una calidad artística mediocre o ínfima, así como hay obras con contenido moral problemático cuya calidad artística es apreciable, y que incluso resultan más interesantes y enriquecedoras que las anteriores, aún cuando uno mantenga discrepancias con esos contenidos. La moral no puede ser el rasero para determinar el valor o mérito de una obra artística.

Sólo espero que estas reflexiones estén a la altura de lo que Alejandro Bermúdez es capaz de entender. Y que también entienda que, considerando su facilidad para caer en el insulto y el comentario denigrante, su falta de profesionalismo periodístico, su ausencia de escrúpulos para manipular y tergiversar la información, su ignorancia atrevida sobre ciertos temas, resulta comprensible que Jason Day se haya negado a concederle una entrevista, así como también se la ha negado a otros medios por razones que explica en una carta enviada al programa Panorama (ver http://de.scribd.com/doc/208818036/Romper-el-silencio).

Además, la continua insistencia en que el actor peruano dé el nombre del sacerdote que le preguntó si sabía jugar gallito ciego más parece una trampa que otra cosa. Pues mientras no revele el nombre y mantenga una actitud de diálogo y apertura, no hay materia para una denuncia formal ni para un proceso judicial. El mismo Jason ha dicho en su cuenta de Twitter lo siguiente: «Invito a los sodálites a no ser enemigos sino aliados en la batalla por detener la violencia y el abuso sexual. Se empieza por casa.» Pero si cae en la trampa y revela el nombre, se le podría denunciar por difamación. Y Bermúdez sabe muy bien que quienes eran menores de edad cuando pasaron por una experiencia como la que narra Jason, difícilmente podrán tener pruebas de nada cuando finalmente se atrevan a hablar de lo que pasó.

En todo caso, el asunto amerita una investigación, y un testigo importante para aclarar el asunto podría ser Mons. José Antonio Eguren Anselmi, arzobispo de Piura y Tumbes, quien en el año 1996 era párroco de Nuestra Señora de la Reconciliación. Él debe saber qué curas sodálites participaron en la preparación para la Primera Comunión de los niños del Markham College. Ése es el camino a tomar. Y ése parece ser el camino que están tomando las autoridades competentes del Sodalicio, pues no obstante las exabruptos de su vocero y de Alejandro Bermúdez, me ha llegado de buena fuente la noticia de que han invitado a Jason Day a conversar sobre este tema y ayudarlo a que haga la denuncia correspondiente ante el tribunal eclesiástico. Si esto es así, felicito a quienes están a cargo del Sodalicio, y espero que hagan lo correcto. No quisiera tener que sufrir nuevamente una decepción. Que así sea.

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Para mayor información, incluyo enlaces a todo el material generado por ACI Prensa sobre el caso de Jason Day.

Perú: Actor ataca a la Iglesia para frenar denuncias contra su campaña pro aborto
http://www.aciprensa.com/noticias/peru-actor-ataca-a-la-iglesia-para-frenar-denuncias-contra-su-campana-pro-aborto-34846/

Perú: Actor pro aborto rechaza entrevista con ACI Prensa y agudiza inconsistencias de su denuncia
http://www.aciprensa.com/noticias/peru-actor-pro-aborto-rechaza-entrevista-con-aci-prensa-y-agudiza-inconsistencias-de-su-denuncia-40361/

Un Billón de Pie promueve obra teatral que justifica violación de menor de edad
http://www.aciprensa.com/noticias/un-billon-de-pie-promueve-obra-teatral-que-justifica-violacion-de-menor-de-edad-34297/

Director de ACI Prensa exige a actor pro aborto que dé nombre de supuesto abusador o se disculpe por mentir
http://www.aciprensa.com/noticias/director-de-aci-prensa-exige-a-actor-pro-aborto-que-de-nombre-de-supuesto-abusador-o-se-disculpe-por-mentir-27524/

Los millones de dólares de las feministas pro aborto que apoyan a Jason Day
http://www.aciprensa.com/noticias/los-millones-de-las-feministas-pro-aborto-que-apoyan-a-jason-day-61563/

¿Cuál es el valor de la verdad… de Jason Day?
http://www.aciprensa.com/blog/cual-es-el-valor-de-la-verdad-de-jason-day/

PUNTO DE VISTA: Cuando un actor mediocre ataca a la Iglesia

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Asimismo, quien quiera hacerse un juicio sobre Los monólogos de la vagina después de conocer la obra directamente y no por referencias de otros, puede ver la versión que Eve Ensler dirigió y protagonizó para la cadena de televisión HBO en el año 2002. En la versión doblada al español que aquí se incluye, el monólogo “The Little Coochie Snocher That Could” comienza aproximadamente en el minuto 35.

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POST SCRIPTUM (1° de marzo de 2014)

No han pasado ni veinticuatro horas desde la publicación de este post, y ya el Sodalicio ha vuelto a decepcionarme. Me he enterado de que el día de ayer han emitido un comunicado oficial sobre el testimonio de Jason Day (ver http://sodalicio.org/noticias/sodalicio-aclara-acusacion-de-actor-jason-day/). Parece que la carta que le enviaron al actor peruano era sólo el primer paso antes de dar a conocer su versión oficial del asunto. Del texto del comunicado se infiere que ellos no van a mover un dedo para investigar qué puede haber de cierto en el testimonio de Jason, sino más bien ponen sobre sus hombros todo el peso de la carga probatoria, diciendo que tiene “la obligación legal y moral de sustentar” lo relatado. De no presentar pruebas, se considerará su proceder como “una conducta difamatoria”. Y entendemos que llevarán el caso ante los tribunales. Esto más parece una advertencia contra todo aquel que se atreva a dar a conocer públicamente algún testimonio sobre abusos sufridos en la institución.

Como ha ya ha ocurrido antes, el Sodalicio prefiere la ignorancia e incertidumbre sobre abusos o actos imprudentes que puedan haber cometido sus miembros –y mejor aún si no hay pruebas– a la certeza, confirmada por una investigación seria, de la culpabilidad o inocencia de quienes militan en sus filas. Y sabemos en buena lógica que la falta de pruebas no significa necesariamente que algo no haya ocurrido, más aún si se realizó en privado y sin testigos. De la ausencia de pruebas no se infiere una inocencia comprobada, sino solamente una presunción de inocencia.

Asimismo, se vuelve a mencionar el manido argumento de los casos aislados (“episodios pasados y asilados”). Parece que el Sodalicio no aprende. ¿Cuántos “episodios aislados” tendrán que aparecer para que se hable de un problema institucional? ¿Eso significa que hasta ahora no han hecho un análisis de la relación que puede haber entre las estructuras de la institución y los casos de abusos que se han conocido? Sea como sea, el Sodalicio sigue poniendo –como siempre lo ha hecho– la buena imagen de la institución por encima de cualquier consideración, por encima de cualquier persona.

ACI Prensa –que debe sentirse avalada por las palabras positivas que hay en el comunicado sobre la manera en que está tratando el tema de la campaña Un Billón de Pie– informa bajo el titular “Congregación peruana responde a calumnias de Jason Day” sobre el comunicado, repitiendo los mismos argumentos inconsistentes que ha venido repitiendo a lo largo de la semana (ver http://www.aciprensa.com/noticias/congregacion-peruana-responde-a-calumnias-de-jason-day-70341/).

En todo caso, son comunicados como éste los que más afectan la reputación del Sodalicio. Y no precisamente en sentido positivo.