SODALICIO: DE LA ESCLAVITUD A LA LIBERTAD

de_la_esclavitud_a_la_libertad

José Rey de Castro (JRC) fue sodálite durante 21 años, 18 de los cuales perteneció al círculo íntimo de Figari, al cual sirvió prácticamente en calidad de esclavo (sirviente a tiempo completo de disponibilidad total), de la forma en que la Comisión para la Justicia y la Reconciliación convocada por el mismo Sodalicio señaló en su informe final (abril de 2016):

«El menoscabo físico, psicológico, espiritual y moral determinó una particular afectación, consistente en la pérdida de la autoestima y las capacidades de los jóvenes escogidos para servir de manera directa a Luis Fernando Figari, mediante la atención personalizada e ininterrumpida en sus distintas actividades. Estos jóvenes en algunos casos fueron privados de recibir la formación esperada hasta por más de 20 años, y más bien obligados a realizar tareas domésticas sin compensación económica alguna, bajo la premisa de estar al servicio del “Fundador”, lo que sugiere que dichas prácticas podrían enmarcarse en un supuesto de lo que se conoce como “esclavitud moderna” o “servidumbre”, que debiera ser investigado por las autoridades respectivas.»

Tras salir de la vida comunitaria en 2013, pasaron cinco años antes de que JRC, con ayuda de psicoterapia, conquistara finalmente la libertad para hablar de lo que vivió a la sombra de Figari. Y esto lo ha logrado rápidamente en comparación con otros. Yo, por ejemplo, desde mi salida de una comunidad sodálite en 1993, me demoré quince años en procesar mi experiencia, comprender lo que realmente había vivido y cambiar mi valoración del Sodalicio, y otros cuatro años más en vencer el miedo y comenzar a publicar mi testimonio. Porque hay que decirlo con todas sus letras: quien toma conciencia de lo que sufrió física y psicológicamente en el Sodalicio, tiene luego que extirpar el miedo que le impide hablar públicamente, como ocurre usualmente en quienes han roto los barrotes interiores implantados en su alma por grupos sectarios.

Las reflexiones de JRC en su blog desnudan el sistema de sojuzgamiento mental del Sodalicio y confirman lo que ya suponíamos: que ese sistema perverso —con o sin abusos sexuales— sigue estando en pie. Sus conclusiones son lapidarias:

«Me encantaría decirles a todos que el SCV es una espiritualidad pero, lo siento, no lo es. No nace de una experiencia de Dios y está totalmente “determinada por la situación”. Tampoco tiene un impulso hacia Dios sino hacia la más intramundana sed de poder, placer y dinero. Nunca vi a Figari realmente trabajar, su “trabajo intelectual” era esporádico y caprichoso, vivía del trabajo de los demás sodálites, y vivía muy bien.»

Muy interesantes son los retratos que hace con seudónimos de varios personajes claves, en los cuales creo identificar a Humberto del Castillo, psicólogo del Sodalicio; Oscar Tokumura, el despiadado verdugo de San Bartolo; Jaime Baertl, el cura amigo de los empresarios, con su proverbial hipocresía; Eduardo Regal, elegido por Figari para sucederlo; Luis Ferroggiaro, el cura melifluo, separado del Sodalicio por acusaciones de conductas indebidas con jóvenes; Alfredo Garland, el intelectual reservado pero carente de rigor académico —el cual una vez me dijo a mí personalmente que yo no servía para la vida intelectual—; Ignacio Blanco, el oscuro confidente de Figari; José Ambrozic, inteligente y leal, maltratado por Figari pero cómplice del sistema: Juan Carlos Len, “contador” no oficial del Sodalicio que se mantiene en la sombra.

JRC tiene una buena justificación para hablar de estos personajes:

«El no haber nunca ejercido la autoridad, me permite, gracias a Dios, tener esta visión de los hechos y, por otro lado, mi edad y el lugar en el que estaba me permitieron ser una persona de confianza para Figari y sus discípulos. A diferencia de otros que fueron obligados a hacer juramentos de confidencialidad, yo tengo plena libertad para narrar estos hechos y describir las personalidades de quienes conocí, sin que esto genere en mí escrúpulo alguno ni culpa.»

¿Borrón y cuenta nueva, como tantos le han sugerido? ¿Dar vuelta a la página y seguir adelante como si nada? ¿A lo pasado, pasado? Así no funciona la realidad, y esto lo comprende muy bien JRC:

«Si sintiera alivio porque fui maltratado y por la injusticia sufrida hasta el día de hoy, estaría orate. Gracias a Dios estoy en mi sano juicio y libre.»

(Columna publicada en Altavoz el 23 de abril de 2018)

________________________________________

FUENTES

Comisión de Ética para la Justicia y la Reconciliación – Informe final (abril de 2016)
http://comisionetica.org/blog/2016/04/16/informe-final/

Mi vida en el Sodalicio (Blog personal de José Rey de Castro)
¿Una espiritualidad para nuestro tiempo?
https://www.mividaenelsodalicio.app/una-espiritualidad-para-nuestro-tiempo/
Augubu, el intelectual
https://www.mividaenelsodalicio.app/augubu-el-intelectual/
Corporación Sodalicio S.A.
https://www.mividaenelsodalicio.app/corporacion-sodalicio-s-a/

Anuncios

EL TOTALITARISMO SECTARIO DEL SODALICIO

sodalites

Robert Jay Lifton (nacido en 1926), psiquiatra estadounidense y creador de la ciencia de la psicohistoria, entrevistó en los años 50 a prisioneros de guerra norteamericanos de la Guerra de Corea así como a sacerdotes, estudiantes y maestros que estuvieron prisioneros en China, además de a algunos ciudadanos chinos que lograron escapar del régimen totalitario de Mao tras haber sido sometidos a procesos de adoctrinamiento en universidades chinas. El estudio detallado que hizo de las técnicas coercitivas que se aplicaron y que llevaron a los sujetos de estudio a padecer lo que él llama “reforma del pensamiento” —que es lo que popularmente se conoce como “lavado de cerebro”— fue descrito en su libro Thought Reform and the Psychology of Totalism: A Study of “Brainwashing” in China (1961).

Los ocho criterios que allí presenta para identificar cuándo un colectivo está practicando la “reforma de pensamiento” —a fin de obtener un control total sobre la mente y la conducta de las personas afectadas— fueron incluidas en su libro Destroying the World to Save It: Aum Shinrikyo, Apocalyptic Violence, and the New Global Terrorism (2000) como características reconocibles de las sectas destructivas —además del “endiosamiento” del líder y la explotación de sus seguidores—.

Aunque parezca increíble, los ocho criterios de Lifton —que paso a detallar a continuación— se han verificado todos en el Sodalicio de Vida Cristiana.

1. Control de la atmósfera social y de la comunicación humana

Toda la vida de los sodálites de comunidad se rige por la obediencia, de modo que queda bajo control de los superiores su día a día desde que se levantan hasta que se acuestan; lo que les está permitido leer; con quienes les está permitido comunicarse; lo que deben pensar, sentir y hacer, etc.

2. Manipulación mística

La creación artificial de “atmósferas” espirituales que generan en los sodálites efectos supuestamente espontáneos y experiencias de la acción divina eran en realidad estrategias “planeadas” para someter más fácilmente las conciencias. Eso se daba en la meditación personal —que debía seguir una estructura fija predeterminada— y en las oraciones comunitarias, así como en algunos eventos de masas. Quien no se sentía “vibrar” con estas cosas era considerado una persona poco comprometida o con una vida espiritual deficiente.

3. Redefinir el lenguaje

Quien lea algún texto sodálite o escuche hablar a un miembro de la Familia Sodálite se topará con varias palabras y expresiones que tienen un significado particular sólo accesible a quienes hayan sido adoctrinados en la espiritualidad sodálite. Además de expresiones crípticas como “amorización”, “escotosis”, “kénosis”, “holístico” “agnosticismo funcional”, “división tripartita del hombre”, etc., se redefinen conceptos como “Plan de Dios”, “libertad”, “reconciliación” y “pobreza”, y se evitan a toda costa otros términos usuales entre los cristianos de a pie, como “mi Dios”, “alma”, “ofensa”, “salvación” y “voluntad divina”. En todo caso, al sodálite se le reconoce por su lenguaje poco natural, que es inquietantemente similar en todos los miembros de la institución.

4. La doctrina es más importante que la persona

Para un sodálite corriente una persona vale en la medida en que se adhiere a la fe cristiana. Si además sigue la enseñanza católica —en su interpretación más conservadora—, vale aun más. Y si su pensamiento concuerda con la doctrina sodálite, su valor como persona adquiere un plus cualitativo. Cualquier persona que no reúna estas características suele ser tenida en menos por los sodálites.

5. La ciencia sagrada

La doctrina y espiritualidad sodálites —que en el fondo siguen siendo el “pensamiento” acuñado por Luis Fernando Figari— son incuestionables y no está permitido ponerlas en duda, ni siquiera en aspectos puntuales. Quien ose hacerlo, o será disciplinado, o terminará fuera del grupo.

6. El culto a la confesión

Era de precepto confesarse sacramentalmente una vez por semana, sin contar con las confesiones cuasi forzadas que se realizaban en grupos, sin respetar la privacidad de los participantes, que incluye el derecho a callar.

7. Demandas de pureza inalcanzables

Así planteaba Figari la exigencia de santidad que hay en el Sodalicio: «Una vez más cabe repetir lo que decía León Bloy: “No hay mayor tristeza que la de no ser santos”. A lo que añadiría: no hay tampoco mayor irresponsabilidad que la de no aspirar a ser santos. Y aún más: no hay mayor injusticia que la no trabajar por ser santos» (Memoria 1979). De modo que quien supuestamente no avanzaba en el camino hacia la santidad tenía que sobrellevar no sólo la tristeza proveniente de una culpabilidad inducida, sino también la carga de conciencia de sentirse “irresponsable” e “injusto”. Ésta es una de las maneras más efectivas para seguir manteniendo sometida la libertad interior de las personas.

8. La dispensación de la existencia

Lifton define este punto como que el grupo decide quién tiene derecho a existir y quién no, es decir, no hay otra alternativa válida que pertenecer al grupo. En el Sodalicio se inculcaba que quienes lo abandonaban, eran traidores que habían rechazado el llamado de Dios, con grandes probabilidades de nunca poder alcanzar la felicidad en esta vida y de ser condenados a la hoguera eterna en la otra. En el mejor de los casos, cuando quien se salía mantenía la fe y una buena relación con la institución, se le consideraba un cristiano de tercera categoría, sin capacidad para soportar los rigores habituales de la vida sodálite. Los demás eran simplemente carne para el infierno.

Afortunadamente, Lifton descubrió que quienes estaban sometidos a este control de sus pensamientos y conductas volvían paulatinamente a la normalidad una vez que salían del ambiente donde se verificaban los criterios señalados.

Muchos de los que somos ex sodálites sabemos que la superación total del “lavado de cerebro” sólo es posible fuera de la institución tras un proceso que puede durar años. Yo me demoré más de una década en lograrlo. Y es mi deseo que otros que siguen en la condición de prisioneros mentales de la institución lo logren.

(Columna publicada en Altavoz el 18 de septiembre de 2016)

________________________________________

Si alguien desea más información sobre el tema, puede leer mi post SODALICIO Y LAVADO DE CEREBRO.