LA VÍCTIMA CRUCIFICADA

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“Daniel”, víctima de abuso sexual clerical, declarando ante la Audiencia de Granada

«Perdona este gravísimo pecado y gravísimo delito que has sufrido. Perdona, hijo mío, tanto dolor ocasionado y tanto como habrás sufrido. Estas heridas hacen que la Iglesia se resienta al completo».

Así se dirigió el Papa Francisco por teléfono en agosto de 2014 a “Daniel”, un joven muchacho de 24 años, miembro del Opus Dei, víctima de abusos sexuales en la arquidiócesis de Granada (España) cuando sólo tenía 14 años, animándolo a denunciar penalmente a los victimarios. Era su respuesta directa a una carta que le había enviado “Daniel” motivada por la indolencia e inacción del arzobispado granadino.

Además, Francisco obligó al renuente arzobispo de Granada, Mons. Francisco Javier Martínez —quien tenía conocimiento de la denuncia pero no hizo nada—, a abrir una investigación canónica. Los implicados: diez sacerdotes y dos laicos, tres de los cuales fueron suspendidos a divinis, entre ellos el líder y abusador máximo, el P. Román Martínez.

Tras un proceso penal que ha durado más de un año, siendo el único acusado el P. Román debido a que los demás delitos ya habían prescrito, la Audiencia de Granada ha emitido el 11 de abril un veredicto sorprendente, pues todas las pericias apuntaban a la veracidad del relato de “Daniel” y a la falta de honestidad e incongruencia en los descargos del P. Román.

Se ha absuelto al acusado y a la víctima se le ha tirado mierda encima, atribuyéndole «versiones de los hechos imprecisas y vacilantes», resaltando la supuesta «inconsistencia del relato del acusador», aduciendo que «determinadas circunstancias que él daba por ciertas e inequívocas, han sido desmontadas a través del material probatorio que obraba». Además, se señala falta de pruebas y aspectos absolutamente inverosímiles en su testimonio, así como «conducta desleal» a lo largo del proceso. Finalmente, se le obliga a pagar los costos de la defensa del acusado.

El arzobispo de Granada está contento con la sentencia, a la vez que proclama hipócritamente que la posición de la Iglesia es la protección en primer lugar de las víctimas. Seguirá el proceso canónico contra nueve de los implicados, pero poco se puede esperar.

Pues los inocentes siempre serán víctimas a las que crucificar. Ocurrió en los inicios de la historia del cristianismo con Jesús, condenado sin pruebas por la jerarquía sacerdotal de entonces. Y se repite en la actualidad dentro de los mismos confines de la Iglesia.

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FUENTES

eldiario.es
Las claves del ‘caso Romanones’, el mayor juicio contra la pederastia eclesial en España (05/03/2017)
http://www.eldiario.es/sociedad/claves-Romanones-pederastia-eclesial-Espana_0_619088389.html
Absuelven al padre Román en el juicio por los abusos de ‘Los Romanones’ (11/04/2017)
http://www.eldiario.es/sociedad/Absuelven-Roman-juicio-abusos-Romanones_0_632037365.html

Religión Digital
Ante la absolución de Román Martínez: “Este arzobispado se alegra de la actuación de la justicia”
http://www.periodistadigital.com/religion/espana/2017/04/11/este-arzobispado-se-alegra-de-la-actuacion-de-la-justicia-iglesia-religion-dios-jesus-papa-romanones.shtml

Asociación PRODENI (Pro Derechos del Niño)
Dossier periodístico sobre el caso Romanones
http://www.prodeni.org/Caso_Romanones.htm

EL OBISPO MANCO

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Mons. Rafael Sanus Abad

A don Rafael, obispo auxiliar de la arquidiócesis de Valencia de 1988 a 2000, le faltaba un brazo, debido a un accidente sufrido durante su juventud. Le llamaban el obispo manco. Pero a diferencia de otros eclesiásticos, no fue manco ni espiritual ni intelectualmente. Tuvo una mente íntegra y lúcida, siempre abierta al diálogo, a la cual no le faltaban ni brazos, ni piernas, ni cabeza. Lo cual le valió ser condenado al ostracismo durante los últimos años de su vida. Pues parece ser un principio inexorable en la vida de Iglesia que sus mejores hombres, aquellos que no tienen miedo de hablar con la libertad de los hijos de Dios, tengan que sufrir incomprensión y ser marginados por otros hombres de Iglesia que no superan la medianía y logran hacer carrera eclesiástica precisamente debido a su mediocridad, su falta de amplitud de miras, sus silencios cómplices o sus actitudes conformistas y aburguesadas, dándose por satisfechos con interpretaciones eclesiásticas de la fe que han perdido vigencia y que ya no son eco de la frescura y la rotundidad siempre nuevas de los Evangelios, y que a veces se traducen en actitudes conflictivas e incendarias, intransigentes y cerradas al diálogo, condenatorias sin distinciones del mundo, las cuales poco o nada tienen que ver con el rostro auténtico de Jesús.

Rafael Sanus Abad (1931-2010), nacido en Alcoy (Alicante), fue rector del Colegio Mayor San Juan de Ribera de Burjassot de 1960 a 1969, profesor y rector del Seminario Metropolitano de Moncada de 1969 a 1976, director del Convictorio Sacerdotal, rector del Real Colegio Seminario del Corpus Christi de Valencia de 1985 a 1989, vicario general del Arzobispado de Valencia de 1978 a 1984 y presidente delegado del Sínodo Diocesano de Valencia de 1986 a 1989. El 3 de febrero de 1988 fue designado obispo auxiliar para la arquidiócesis de Valencia. Recibió la ordenación episcopal el 12 de marzo del mismo año en la Catedral Metropolitana de Valencia. Al fallecer en accidente de tráfico el arzobispo Miguel Roca Cabanellas el 8 de enero de 1992, fue designado administrador diocesano, hasta el 3 de octubre inmediato en que tomó posesión el nuevo arzobispo Agustín García-Gasco.

De mentalidad nacionalcatolicista y conservadora, García-Gasco tomó una actitud beligerante y conflictiva hacia el gobierno del presidente José Luis Rodríguez Zapatero, a la vez que prestó su colaboración al derechista Partido Popular (PP), del cual recibió cuantiosas donaciones para la Iglesia. Rodríguez Zapatero lo señaló como uno de los responsables del envenenamiento de las relaciones entre la Iglesia católica española y el Gobierno. Al igual que muchos sectores ultramontanos de la Iglesia, los temas del aborto, el matrimonio homosexual, el divorcio y la asignatura de Educación para la Ciudadanía tuvieron prioridad en su agenda. Según un testimonio, la arquidiócesis la gobernó como un monarca absoluto, considerando a sus subordinados como ejecutores antes que como colaboradores, lo cual terminó por generar un alejamiento entre gran parte del presbiterado y el Arzobispado. Esta administración, que ha sido calificada de “pésima” y “nefasta”, terminó haciendo mella en don Rafael, quien estaba más bien a favor de una Iglesia alejada del poder, dialogante y al servicio de los hombres.

El 17 de noviembre de 2000 dimitió debido a las desavenencias con el arzobispo García-Gasco, alegando «falta de comunión episcopal», aunque también tuvo que ver su interés por el uso del valenciano en la liturgia, pasando a ser obispo auxiliar emérito. Nunca quiso revelar los detalles de una tormentosa relación de ocho años. Prefería explicarlo con un dilema: era elegir entre seguir de obispo o la fe, que sentía que peligraba. Escogió lo segundo y se fue del despacho del Palacio Arzobispal. No fue la primera vez que presentaba su renuncia. Pero en esta ocasión sí que fue aceptada.

Además de que el arzobispo García-Gasco le había prohibido administrar el sacramento de la confirmación, el 8 de enero de 2001 don Rafael fue expulsado del Colegio del Corpus Christi, donde residía desde hacía 24 años. Para el nuevo rector, don Joaquín Pascual, no tuvo ningún peso en esta decisión el hecho de que don Rafael hubiera conseguido años atrás una donación providencial para salvar el colegio-seminario. Ni tampoco que la presencia de una mente tan clara y profunda como la del clérigo valenciano fuera beneficiosa para los alumnos y sacerdotes, quienes lo llamaban el obispo compañero. Ni siquiera entraron a tallar razones de orden caritativo, considerando la avanzada edad de don Rafael y el hecho de que no dispusiera inmediatamente de un hogar propio adonde ir. Simplemente se aplicó a rajatabla una antigua norma de 1610 que había caído en desuso y que decía literalmente: «Item que de ninguna manera se admita persona, de cualquier estado y condición que sea, por huésped en esta Casa, pues de esto se seguirían muchos inconvenientes, assí en quebrantamiento de la clausura como en perturbación de los exercicios de toda la Casa.»

Por supuesto, el arzobispo García-Gasco no dijo ni pío al respecto, ni tampoco se preocupó por que don Rafael contara con un lugar decente adonde irse a vivir, no obstante que el Código de Derecho Canónico en el canon 402 estipula que la obligación principal de que se disponga lo necesario para la conveniente y digna sustentación de un obispo dimisionario recae sobre la misma diócesis a la que sirvió. Don Rafael tuvo que buscar por cuenta propia un lugar dónde pasar los últimos años de su vida. Vivió manteniendo un perfil bajo en la casa que había heredado de su madre, en silencio y sosiego, recibiendo cordialmente a todo aquel que quisiera visitarlo. Su figura fue creciendo en la sombra y se convirtió en un referente “oculto” de la Iglesia valenciana.

Don Rafael fue amigo del Cardenal Vicente Enrique y Tarancón (1907-1994), quien fuera presidente de la Conferencia Episcopal Española, recordado por sus disputas con Francisco Franco y posteriormente por su papel conciliador durante la transición española. Cuando don Rafael fue consagrado obispo en Valencia, fue Tarancón quien le llevó el báculo. Y fue don Rafael quien escuchó la última confesión de Tarancón en su lecho de muerte y le administró la unción de los enfermos. Al igual que Tarancón, don Rafael tuvo ideas de avanzada para el catolicismo español tradicional, siendo defensor de la libertad y de una institución eclesial dialogante, abierta al pueblo y respetuosa del Estado laico, en contraposición al nacionalcatolicismo, que proponía una unión entre Iglesia y Estado, aunque ello significará avalar una dictadura y hacerse de la vista gorda respecto a los abusos y crímenes cometidos, como ocurrió durante el gobierno del Generalísimo Francisco Franco.

Sería exagerado designar a don Rafael como un obispo progresista, pues a semejanza de Mons. Oscar Arnulfo Romero (1917-1980), arzobispo de San Salvador que defendió a los pobres y murió asesinado por denunciar proféticamente los atentados contra los derechos humanos cometidos por el gobierno, tenía un bagaje intelectual y teológico tradicional y una fidelidad sin fisuras a la Santa Sede. Pero al igual que el arzobispo salvadoreño, también tuvo el valor de ser coherente con las enseñanzas de Jesús contenidas en los Evangelios y hablar sin tapujos con la libertad de los hijos de Dios, cuando era necesario. «Fue un hombre muy libre para decir lo que ha creído conveniente en todo momento», diría de él Mons. Carlos Osoro, arzobispo que sucedió a Mons. García-Gasco en la sede arzobispal de Valencia, el cual le dio un abrazo público de reivindicación el mismo día de su toma de posesión, el 18 de abril de 2009, en una catedral abarrotada de fieles y lo invitó tomándolo de la mano a ocupar el sitio que siempre le había correspondido.

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Mons. Carlos Osoro, arzobispo de Valencia, abraza a Mons. Rafael Sanus

Don Rafael murió de un ataque cardiaco en Burjassot (Valencia) el 13 de mayo de 2010.

«Sabía decir las cosas, sabía pedir perdón, sabía amar a los demás», fueron las palabras del arzobispo Osoro durante los funerales de don Rafael, el 14 de mayo de 2010, en una Misa concelebrada por 120 sacerdotes. «Fue capaz con su trabajo, con su acción y con la confianza que le dieron los obispos, de hacer un clero con un altura de miras especial, con una dimensión intelectual muy profunda, y espiritualmente muy honda.»

A manera de epitafio, valen la palabras de José Manuel Vidal, director del informativo Religión Digital:

«Don Rafael fue un símbolo de libertad, de respeto a la propia conciencia y a las propias convicciones, sin romper la comunión eclesial.»

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A continuación, reproduzco unas palabras de Mons. Rafael Sanus, tomadas de su conferencia “La Iglesia en un estado aconfesional”, pronunciada el 14 de febrero de 2005 en el Club Encuentro Manuel Broseta de Valencia. Si bien se refieren específicamente a la situación de la Iglesia en España, pueden ser aplicadas ‒guardando las distancias‒ a otros países con mayoría católica. No obstante que han transcurrido ocho años desde entonces, las ideas transmitidas siguen revistiendo una tremenda actualidad.

La historia nos enseña que, cuando la Iglesia se ha dejado tentar por el poder, su imagen y su misión se han devaluado. El contraste entre el mundo y el Evangelio, que debe humanizarlo, se ha vuelto borroso o ha desaparecido, ¿qué distinción perceptible claramente existe entre la Iglesia y el poder temporal en el caso del nacionalcatolicismo, por ejemplo? Además, cualquiera que lea detenidamente los evangelios, se dará cuenta de que a la predicación de Jesús va unida la crítica a este mundo injusto que nosotros nos hemos fabricado. Se ve muy claro en la formulación de las bienaventuranzas: “Dichosos los pobres, porque vuestro es el reino de Dios… pero ¡ay de vosotros los ricos, porque ya habéis recibido vuestro consuelo!” (Lc 6, 20-24). Es decir, pocos ricos a costa de muchos pobres. “Dichosos los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos quedarán saciados”, es decir, muchos oprimidos a costa de los pocos que detentan el poder y lo detentan para su provecho y no lo ejercen al servicio de los demás. “Felices los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia”, es decir, no a los intolerantes y fanáticos que niegan la comprensión y la libertad a los muchos que las necesitan para poder vivir dignamente. “Dichosos los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios”, es decir, nos a los belicosos y violentos porque hacen imposible la convivencia entre los hombres (Mt 5, 1-12). Jesús condenó claramente el absolutismo del poder y le contrapuso el amor servicial como característica propia de sus discípulos y de su Iglesia: “Sabéis que los jefes de las naciones las avasallan y que los grandes de este mundo oprimen a los hombres con su poder. No sea así entre vosotros, sino que el que quiera ser grande entre vosotros hágase vuestro servidor y el que quiera ser primero entre vosotros conviértase en vuestro esclavo, porque el Hijo del Hombre no ha venido a ser servido sino a servir y a dar su vida en rescate por muchos” (Mt 20, 25-28). Mucho más duramente todavía condenó Jesús la identificación entre poder político y poder religioso, es decir, la teocracia, porque inevitablemente falsea la imagen de Dios y obstaculiza la fe en Él. Así aparece en el capítulo 23 del evangelio de San Mateo, que constituye una durísima diatriba contra la unión del poder religioso y político que detentaban, en tiempos de Jesús, la casta sacerdotal y los fariseos. Todo el capítulo se mueve alrededor de esta conminatoria expresión de Jesús: “¡Ay de vosotros, sabios y fariseos hipócritas, que cerráis el Reino de los cielos a los hombres!” (Mt 23, 13).

Las acerbas y desmedidas críticas que se hacen hoy a la religión y al mismo Dios, culpándoles de las mayores injusticias y atrocidades que se han dado en la historia no tendrían fundamento si los cristianos, la Iglesia católica y las demás confesiones cristianas, hubiéramos llevado a la práctica la clarividente y humanísima enseñanza de Jesús. Constituiría, además, el más fuerte baluarte contra el fanatismo de una parte considerable del Islam. Por eso yo, personalmente, doy gracias a Dios, como cristiano y como obispo, de que nuestro estado sea un Estado aconfesional. Ya sé que el mundo justo, a cuya construcción nos exhorta el Evangelio, no será nunca una realidad en esta tierra y que, en este sentido, el Evangelio es una utopía. Pero a mí, si el Evangelio no contuviera una dosis suficiente de utopía, no me interesaría. La utopía ennoblece la vida, es un aguijón contra la tentación de autojustificarse y es una fuente de esperanza, sobre todo si la salvación es escatológica y está vertebrada por la promesa de un cielo nuevo y una tierra nueva. “Porque nosotros, escribe San Pedro en su segunda carta, esperamos un cielo nuevo y una tierra nueva, en los que habite la justicia” (2 Pe 3, 13).

Pero la aconfesionalidad del estado no implica la aconfesionalidad de los ciudadanos. Puede darse perfectamente un Estado aconfesional, en el que la mayoría de los ciudadanos sean creyentes. Es el caso de España. […]

La Iglesia, por su parte, tiene que hacer un sincero esfuerzo para cambiar de mentalidad y asumir las consecuencias de la aconfesionalidad del Estado. Los obispos no podemos seguir actuando como si nada hubiera ocurrido. ¿Qué pasaría, por ejemplo, si la Iglesia renunciara a la ayuda económica que recibe del Estado? Nada. Que estaría más cerca de la primera bienaventuranza (dichosos los pobres…) y que ganaría en libertad. Si la Iglesia quiere ser libre, tiene que cortar esos lazos que la atan al Estado. Han sonado voces por parte de miembros del Gobierno y de otros grupos políticos que suenan a chantaje puro y duro. La Iglesia puede encontrarse ante la humillante realidad de que el Gobierno desoiga su voz en las cuestiones de carácter moral o religioso pero atienda su demanda económica. Sería como decir que a la Iglesia se le tapa la boca con dinero: ya he leído más de un artículo periodístico en este sentido.

Pero el cambio más importante debe darse, creo yo, en el lenguaje. No podemos dirigirnos a los católicos españoles, y menos aún a los no católicos, como si todos fueran miembros del Opus Dei, pongo por caso. Al contrario, en un catolicismo como el nuestro, hemos de tener en cuenta que hay, frecuentemente, muchos católicos, que no han recibido más catequesis que la de la primera comunión, que continúan considerándose católicos, pero han olvidado el credo que les enseñaron y tienen ideas confusas sobre los mandamientos de la ley de Dios. Hoy en día muchas veces hay que evangelizar empezando desde cero, por ejemplo, en la catequesis de confirmación y en la catequesis prematrimonial. Es necesario, pues, un lenguaje sencillo y persuasivo, exhortativo más que dogmático. Se trata, pues, de presentar el evangelio de modo inteligible y atractivo, descubriendo su capacidad de dar respuesta a los interrogantes fundamentales del hombre y de la sociedad actual. Más aún, hay que despertar esos interrogantes que muchas veces la gente no se plantea, y hacerle salir del círculo deshumanizador del consumo y del Estado del bienestar. Jesús dice en el evangelio de San Juan: “Si alguien tiene sed, que venga a Mí y beba. Si alguien cree en Mí, como dice la Escritura, manarán de sus entrañas ríos de agua viva” (Jn 7, 37-38). El gran problema de la Iglesia no es la moral sexual, ni la bioética, ni la defensa a ultranza de la vida, sino despertar la sed de Dios que no tienen los hombres y mujeres de nuestro tiempo. Es lo que en el lenguaje de los teólogos y de los sociólogos se denomina “indiferencia religiosa”. No es que nieguen razonadamente a Dios, es decir, no es ateísmo, sino algo mucho peor: es que Dios no les interesa, no tiene lugar en su vida. Dicho de otro modo: hay que empezar a construir por lo fundamental, no por el tejado. Como decía Jesús, refiriéndose a los hombres y mujeres de su tiempo: “están como ovejas sin pastor”.

Algunos obispos hablan con tal arrogancia y seguridad, con un estilo tan tajante y autoritario, que producen alergia y aversión en quienes les leen o escuchan. No, no es ése el estilo del Jesús de las parábolas de la oveja perdida y del hijo pródigo; del Jesús que dijo: “Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados y yo os aliviaré. Aprended de mí que soy manso y humilde de corazón y encontrareis consuelo para vuestra vida” (Mt 11, 28-29). ¿Qué alivio y consuelo producen esas diatribas?

En una sociedad secularizada como la nuestra, no se nos concede al Papa y a los obispos una autoridad “a priori”. Nos la tenemos que ganar con nuestra manera sensata de actuar y nuestro convincente modo de hablar. Muchos fieles perciben, aunque no lo saben explícitamente, que, excepto en las cuestiones que afectan al núcleo de la fe, que ha sido revelado por Dios, el Papa y los obispos no poseemos una autoridad indiscutible. Basta recordar el Syllabus del beato Pío IX, la rotunda condena del liberalismo, para comprobarlo. Por eso en una cultura que acentúa tanto la primacía de la razón y la autonomía del individuo, si la Iglesia no se abriera al diálogo con la sociedad acabaría convirtiéndose en una secta.

Resumiendo, la libertad religiosa consiste en el derecho civil de profesar, celebrar y extender la fe. No necesitamos más. El resto, incluso el crecimiento del número de creyentes, se nos dará por añadidura. Lo ha dicho Jesús: “Buscad el Reino de Dios y su justicia. Lo demás se os dará por añadidura” (Mt 6, 33).

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Se puede consultar como referencia los siguientes artículos periodísticos:

Información – El periódico de la provincia de Alicante
15/05/2010 Rafael Sanus. El obispo que se rebeló
http://www.diarioinformacion.com/alcoy/2010/05/15/rafael-sanus-obispo-rebelo/1009448.html

El País, de España
07/02/2001 Una norma en desuso de 1610 sirvió para expulsar al obispo Sanus de su residencia
http://elpais.com/diario/2001/02/07/cvalenciana/981577121_850215.html
14/05/2010 Fallece Rafael Sanus, un obispo sin miedo a la libertad
http://sociedad.elpais.com/sociedad/2010/05/14/actualidad/1273788001_850215.html
15/05/2010 Muere Rafael Sanus, el obispo más conciliar de Valencia
http://elpais.com/diario/2010/05/15/cvalenciana/1273951077_850215.html

El artículo de José Manuel Vidal, “Rafael Sanus Abad, el obispo compañero”, publicado a manera de obituario en El Mundo, de España, se puede leer aquí:
http://feadulta.com/es/buscadoravanzado/item/2072-rafael-sanus-abad-el-obispo-compa%C3%B1ero.html

La conferencia completa de Mons. Rafael Sanus “La Iglesia en un estado aconfesional”, pronunciada el 14 de febrero de 2005 en el Club Encuentro Manuel Broseta de Valencia, se puede leer aquí:
http://www.graduats.org/curso2004-2005/materiales/sanus.htm

Sobre el Cardenal Agustín García-Gasco, arzobispo de Valencia de 1993 a 2009, se pueden leer dos interesantes artículos publicados por El País, de España:
13/01/2008 El cardenal de la crispación
http://elpais.com/diario/2008/01/13/sociedad/1200178804_850215.html
01/05/2011 Muere el cardenal más feroz con Zapatero
http://sociedad.elpais.com/sociedad/2011/05/01/actualidad/1304200801_850215.html