AGRADECIMIENTOS VATICANOS A UN PRESUNTO ENCUBRIDOR Y ABUSADOR SEXUAL POR SERVICIOS PRESTADOS

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El cardenal George Pell junto al Papa Francisco

Cuando el 30 de enero de 2017 la Santa Sede emitió el comunicado sobre el caso Figari, reconociendo parcialmente sus delitos, uno de los atenuantes para justificar el suave castigo que se le dio —si es que puede considerarse castigo— fue que «el Sr. Figari es sin embargo de considerar como el fundador del Sodalitium Christianae Vitae y por lo tanto como el mediador de un carisma divino».

Poco faltó para que se le diera las gracias por todos los servicios prestados a la Iglesia, los cuales deben ser tan valiosos y considerables que, en comparación, poco cuentan unos cuantos «actos contra el VI mandamiento«» que, además, «han ocurrido en un pasado muy remoto». Como si sólo por ese hecho ya no tuvieran el poder de haber arruinado vidas enteras.

Es proverbial y conocida la lentitud e ineptitud de los tribunales eclesiásticos para procesar las denuncias de abusos sexuales, además de que la misma ley eclesial, al poner tiempos relativamente cortos para la prescripción de delitos tan graves, garantiza que éstos nunca sean castigados con las penas que les corresponderían. Por otra parte, las “investigaciones” de la Santa Sede carecen de rigor y hasta ahora no se sabe que se haya convocado a víctimas de abusos para interrogarlas y requerir mayores detalles, permitiendo que sus testimonios puedan ser examinados acuciosamente y, eventualmente, verificados como pruebas decisivas de la culpabilidad del acusado. Antes de llegar a ese punto, se prefieren soluciones ambiguas y castigos dorados.

Por eso mismo, aunque no sorprende, resulta escandalosa y vergonzosa la posición que ha tomado la Santa Sede ante las graves acusaciones hechas por la justicia australiana en contra del cardenal George Pell. Mientras que en otros casos se ha suspendido a eclesiásticos de todas las funciones propias de su cargo —incluyendo las pastorales y sacramentales— hasta que se aclararan las denuncias de abusos en su contra, a Pell sólo se le hado «un período de excedencia para poderse defender».

Todo parece indicar que la Santa Sede da por supuesta la inocencia del prelado vaticano, pues no tiene ningún reparo en agradecerle por los servicios prestados: «El Santo Padre, que ha podido apreciar la honestidad del Cardenal Pell durante los tres años de trabajo en la Curia Romana, le está agradecido por su colaboración y, en particular, por su enérgico empeño a favor de las reformas en el sector económico y administrativo y por su activa participación en el Consejo de los Cardenales (C9)».

Además, se hace una defensa abierta de Pell como alguien que ha combatido efectivamente los abusos sexuales contra menores: «se recuerda que el Cardenal Pell ha condenado desde hace décadas abiertamente y repetidamente los abusos cometidos contra menores como actos inmorales e intolerables; ha cooperado en el pasado con las Autoridades australianas (por ejemplo, en las declaraciones ante la Royal Commission), ha apoyado la creación de la Comisión Pontificia para la Tutela de los Menores y, finalmente, como Obispo diocesano en Australia, ha introducido sistemas y procedimientos para la protección de los menores y para garantizar la asistencia a las víctimas de abusos».

Y a decir verdad, la mentada Comisión Pontificia no pasa de ser hasta ahora un mero saludo a la bandera, sin logros que mostrar en la lucha contra la pederastia eclesial. Por otra parte, los sistemas y procedimientos de protección establecidos por Pell se parecen mucho al sistema de reparaciones instituido por el Sodalicio para “ayudar” a las víctimas: ha servido para llevar a cabo un control de daños, buscando obtener el silencio de las víctimas y pagarles lo menos posible en concepto de indemnizaciones.

Finalmente, el comunicado sobre Pell muestra que a nivel de la Santa Sede aún no se tiene conciencia del nivel de incoherencia que puede haber en los abusadores sexuales. Ni Marcial Maciel, ni Fernando Karadima, ni Luis Fernando Figari jamás enseñaron públicamente nada que se apartara de la moral cristiana. Y eso no fue obstáculo para que cometieran delitos que ningún cristiano avalaría. En consecuencia, se puede esgrimir a favor del cardenal Pell todo lo que se quiera que dice el comunicado. Eso no significa que no pueda haber cometido graves abusos sexuales. Sólo esperamos que esta vez se haga justicia.

(Columna publicada en Altavoz el 3 de julio de 2017)

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FUENTE

Religión Digital
Pell deja la Secretaría de Economía y regresa a Australia para defenderse de las acusaciones de abusos a menores
http://www.periodistadigital.com/religion/vaticano/2017/06/29/la-policia-australiana-acusa-al-cardenal-pell-de-abusos-sexuales-a-menores-religion-iglesia-vaticano-pederastia-australia.shtml

¿TOLERANCIA CERO EN EL VATICANO?

Mons. Józef Wezolowski, arzobispo acusado de pederastia

Mons. Józef Wesolowski, arzobispo acusado de pederastia

En el Vaticano están sucediendo cosas inéditas. El 23 de septiembre, Mons. Józef Wesolowski, polaco y ex nuncio en República Dominicana, ha sido puesto bajo arresto domiciliario, acusado de varios casos de pederastia, motivo por el cual ya había sido sancionado el 27 de junio de 2014 con la expulsión del estado clerical. El prelado había huido del país caribeño en busca de refugio en el Vaticano, confiando en que así evitaría ser procesado. La situación de Wesolowski se ha complicado recientemente cuando las investigaciones judiciales han revelado que en su computadora se almacenaban 130 videos y más de 86.000 fotografías con contenido sexual explícito de menores.

Estos nuevos aires traídos por el Papa Francisco no parecen perdonar a nadie. Según el diario italiano l’Espresso, el Cardenal George Pell, Prefecto de la Secretaría de Economía de la Santa Sede y miembro del G8 que asesora al Papa, también estaría en la mira, en relación a cientos de casos de abusos sexuales en la Iglesia australiana, «por minimizar los crímenes, ocultando la verdad, manipular e intimidar a las víctimas».

¿Han llegado estos aires al Perú? El 28 de mayo el P. Jean Pierre Teullet, sodálite, cesó en su cargo como párroco de la Parroquia Nuestra Señora de la Cruz en la diócesis de Chosica. Supuestamente habría recogido testimonios de algunas víctimas de Luis Fernando Figari, fundador del Sodalicio, y tomado la decisión de hacer las denuncias del caso ante la autoridad eclesial, llegando hasta las últimas consecuencias. Por lo cual habría sido sometido a la disciplina de la obediencia y relegado a otro puesto sin mayor responsabilidad. Y obligado a guardar silencio.

(Columna publicada en Exitosa Diario el 1° de octubre de 2014)

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P. Jean Pierre Teullet durante la bendición de los cimientos de la Capilla del Santísimo de la Iglesia San José de Mayorazgo

P. Jean Pierre Teullet durante la bendición de los cimientos de la Capilla del Santísimo de la Iglesia San José de Mayorazgo (16 de abril de 2011)

Conozco personalmente al P. Teullet. Puedo dar testimonio de que es una persona de carácter sencillo y bondadoso, de buenas intenciones e ideas simples. Su sinceridad, la autenticidad de su vocación sacerdotal y su entrega generosa a las tareas confiadas son cosas que me quedan fuera de toda duda.

El 19 de marzo de 2014 publicó en su blog “Dar razón de nuestra fe” un artículo intitulado ¿Qué hay detrás de los abusos sexuales? (ver http://infovaticana.com/blog/teullet/2014/03/19/que-hay-detras-de-los-abusos-sexuales/), donde decía lo siguiente:

Existe un tercer grupo de personas que con su complicidad (a veces fruto de la pasividad o miedo), se volvieron también victimarios en un grado diverso: se trata de los que blindaron y apañaron estos casos [de pedofilia o abuso sexual]. De repente algunos por ignorancia de cómo actuar, falsas amistades que buscaban proteger al agresor, el no querer manchar la fama de la congregación o diócesis, o por miedo o el tener dudas. Otros por amistades (falsas amistades) o el deseo de no generar escándalos. Pero sea cual fuere la situación (que ciertamente difiere en responsabilidad y culpabilidad), es indudable que en muchos lugares existió un vacío de cómo actuar frente a estos casos y se dejó al criterio personal que, como hemos visto, en no pocas situaciones fue nefasto, no solucionando el problema ayudando a la víctima y llevando a la justicia al victimario, sino permitiendo que el victimario siguiese cometiendo los mismos crímenes. De esto se han aprovechado no pocas personas mal intencionadas para obtener de la Iglesia compensaciones económicas, haciendo del drama un escándalo con fines lucrativos y no buscando la justicia y la sanación de las víctimas; ello es también reprobable. A estos que de una u otra manera blindan con excusas a los que han abusado (ya sea con el argumento de prescripción, o miedo al escándalo, o preservar la fama de una institución u diócesis), hay que decirles que la mentira y la acomodación de la verdad para no decir todo no es el camino y que probablemente en esa defensa cerrada del victimario, la presencia siempre mentirosa de Satanás no sea lejana.

En este rubro encontramos variedad de personas: sacerdotes o religiosos compañeros del victimario, superiores de congregaciones y obispos.

El artículo termina con el siguiente párrafo:

No se trata de dar la vuelta a la página olvidando lo malo y vivir como si nada hubiera pasado, ese no es el camino de la verdad. Hay que enfrentar, hasta donde haya que llegar, con verdad, justicia y caridad, cada uno de estos hechos, sabiendo que decir la verdad no es sinónimo de hacer algo malo, sino el único camino hacia la libertad. Todo lo que no siga esta verdad, viene del demonio. Por eso, resistamos «firmes en la fe, sabiendo que sus hermanos dispersos por el mundo padecen los mismos sufrimientos que ustedes» (1Pe 5, 8).

No resulta difícil entrever en estas palabras alusiones a la propia comunidad, el Sodalicio de Vida Cristiana.

Si bien, a mi parecer, el texto peca en varios puntos de fundamentalismo —por ejemplo, al asumir la antigua figura de la Iglesia como un fortín asediado que está sufriendo continuos ataques de sus enemigos, siendo los delitos sexuales de sus miembros atribuidos en última instancia a Satanás, como producto de una estrategia que éste tiene para desprestigiar a la Iglesia católica, en lo cual sigue de cerca la ideología sodálite—, no deja de ser curioso que el P. Teullet haya publicado un artículo con esta temática un par de meses antes de que fuera retirado de la parroquia ubicada en una zona pobre de Ate-Vitarte, no por voluntad del obispo Mons. Norberto Strotmann, sino supuestamente por una decisión ad intra proveniente de la cúpula de la institución religiosa a la que pertenece.

Desde este país lejano donde vivo, quiero manifestarle mi apoyo personal a Jean Pierre, confiando en que actúe de acuerdo a una recta conciencia iluminada por el Espíritu Santo, y quiero también solidarizarme con los fieles católicos de la Urbanización Mayorazgo, muchos de los cuales se sintieron indignados ante la repentina sustitución de un párroco tan querido, sin que se les diera nunca una razón convincente respecto a esta medida aparentemente tan arbitraria.