ENTREVISTA: EL CASO SODALICIO

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Recientemente Luis Enrique Baca, estudiante de Derecho en la Universidad de Lima y subdirector de coyuntura nacional en el medio digital Punto y Coma, ha publicado un artículo sobre la situación actual del caso Sodalicio (ver “Análisis: La impunidad del Sodalicio. Víctimas sin justicia”, 26 de julio de 2017), donde cita algunas declaraciones mías que yo le envié el 16 de junio como parte de las respuestas a un cuestionario que me hizo llegar el 8 de junio.

Considerando que la situación sobre el Sodalicio no ha cambiado en nada hasta el momento —y dado que mis reflexiones podrían ser de interés para más de uno—, publico ahora la entrevista completa.

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¿En qué situación está el caso Sodalicio?

La situación del caso Sodalicio es la que ya conocemos a través de los medios de prensa. Una sentencia suave y condescendiente de parte de la justicia eclesiástica, y un stand-by por el momento de parte de la justicia peruana.

¿Por qué cree que la Iglesia encubre a los pederastas?

El tema es muy complejo. Por una parte, la Iglesia se siente representada por aquellos que ostentan un cargo eclesiástico, ya sea que hayan recibido la ordenación sacerdotal o hayan hecho compromisos en una institución de vida consagrada. Todavía se sigue considerando los delitos de pederastia más que nada como faltas graves en las que caen las personas mencionadas y, por lo tanto, como piedras en el camino que no les impedirán restituirse y volver a su situación anterior, donde supuestamente seguirán sirviendo a la institución eclesial después de la prueba por la que el demonio los ha hecho pasar. Hasta ahora, no obstante algunos tímidos progresos, la Iglesia no ha asumido la perspectiva de las víctimas, a las cuales se ha presionado para que guarden silencio (y eviten el escándalo), a fin de evitar dañar la debida reputación que debe acompañar a esos elegidos de Dios. Y el buen nombre de la institución sigue poniéndose como prioridad, aunque se tenga que crucificar a las víctimas.

¿Cree que son efectivos los tribunales eclesiásticos? ¿Por qué?

Los tribunales eclesiásticos sólo han sido efectivos cuando se trata de censurar a teólogos disidentes o de suspender a clérigos díscolos, que se salen de la línea doctrinal y moral impuesta por el obispo de turno. Pero en lo que se refiere a delitos graves contra los derechos humanos de las personas, lo más normal es que los jueces se tomen todo el tiempo del mundo, se concluya que no hay pruebas tras una investigación que consiste básicamente en no hacer nada, o los delitos prescriban. He escrito sobre este tema en una columna publicada en Altavoz, que lleva el título de JUSTICIA ECLESIÁSTICA: LA IMPUNIDAD PROGRAMADA.

¿Por qué no se le juzga a Figari en fueros civiles? ¿Crees que lo verás preso algún día?

El proceso contra Figari está todavía en “veremos”. El Ministerio Público tiene que determinar todavía si procede una denuncia penal que dé lugar a un proceso judicial. Todo esto puede demorar años. No creo que nunca veamos a Figari tras las rejas, pues aún cuando hubiera una sentencia, la cosa derivaría en un asunto diplomático complicado, pues la Santa Sede, con su vergonzoso pronunciamiento sobre el caso, lo ha blindado de por vida.

¿Qué tanto te marcó el Sodalicio?

El Sodalicio me marcó, como ha marcado a tantos. Más aún, es prácticamente imposible pasar por el Sodalicio sin que eso deje huella en la psique personal de uno. Hasta ahora sigo lidiando con las consecuencias.

¿Los abusos del Sodalicio han cambiado tu percepción sobre la Iglesia católica en general?

Mi percepción sobre la Iglesia católica no ha cambiado básicamente debido a los abusos del Sodalicio. Ya antes de ocuparme del tema a fondo, yo me había informado sobre los abusos cometidos dentro de los Legionarios de Cristo (antes incluso de que la Santa Sede se pronunciara sobre el P. Marcial Maciel), y también de otros abusos psicológicos que son moneda corriente dentro del Opus Dei. Más bien, al contrastar esos datos con lo que yo había vivido dentro del Sodalicio, fue que poco a poco pude darme cuenta de que yo mismo había sido víctima de abusos psicológicos y físicos. Aún así, sigo siendo católico por convicción y motivos personales, que he explicitado en la columna POR QUÉ SIGO SIENDO CATÓLICO publicada en mi blog. Ciertamente, mi percepción de la Iglesia ha evolucionado, a la cual considero principalmente como un pueblo formado por fieles creyentes seguidores del Jesús de los Evangelios. Y lamentablemente, en la jerarquía eclesiástica abundan quienes no pueden ser considerados como tales, pues con sus actos traicionan las palabras de Jesús y crucifican a las víctimas de abusos. Ante esto, sólo se puede seguir siendo católico si uno asume como programa las palabras que Juana de Arco les dirigió a los jueces eclesiásticos que la condenaron a la hoguera: «Los hombres de Iglesia no son la Iglesia».

¿Te duele el papel que ha jugado el Congreso al darles la espalda?

No es el Congreso el que nos ha dado la espalda, cortando la posibilidad de una comisión investigadora, sino el fujimorismo, aliado natural de los sectores más conservadores y retrógrados del catolicismo. Una investigación a fondo en el Congreso hubiera sido una ventana abierta para que se sepa toda la verdad sobre el Sodalicio y sobre su sistema doctrinal y disciplinario que atenta contra derechos fundamentales de las personas y favorece la comisión de delitos contra la libertad y la propiedad privada. Esta propuesta ha sido llevada adelante por algunos congresistas de buena ley, entre los cuales destaca Alberto de Belaúnde. Los abusos sexuales, a los cuales tanta publicidad se ha dado, son solamente una consecuencia marginal de problemas más serios y graves, siendo que el problema del Sodalicio no es la pederastia (la inmensa mayoría de las víctimas de abusos sexuales en el Sodalicio eran ya mayores de edad o adolescentes con madurez sexual) sino la manipulación de las conciencias, el abuso de poder y la sujeción de la libertad interior de tantos jóvenes, cuyas vidas son dañadas permanentemente, comprometiendo seriamente su futuro y su desarrollo como personas normales.

¿Te parece contradictorio que los que han cometido abusos o encubierto abusos hoy sean los abanderados de la defensa de los niños en el caso de la ideología de género y #ConMisHijosNoTeMetas?

No me extraña, pues aquellos que cometieron o encubrieron abusos hasta ahora no han tomado conciencia del alcance de lo que hicieron, y siguen justificando esos actos como «rigores de la formación». Para ellos, las víctimas no son tales, sino personas con malas intenciones que malinterpretaron aquello que experimentaron en el Sodalicio. Y precisamente la moral puritana que propugnan, basada sobre una interpretación fundamentalista de los datos bíblicos y ciega a las investigaciones científicas sobre el tema del género, es el humus donde germinan aquellos impulsos enfermizos que terminan en la perpetración de abusos. No puede haber tolerancia ni una actitud sana hacia los demás en una moral represiva de la sexualidad real.

¿Cómo han lidiado los Papas con los casos de abuso?

Recién con Benedicto XVI comienzan a haber medidas que apuntan a combatir los casos de abuso sexual —que, como ya he indicado, es un problema marginal en el Sodalicio—. Las medidas anunciadas por el actual Papa Francisco, aparentemente más radicales que las del Papa Ratzinger, han sido un saludo a la bandera, pues todo parece indicar que han sido neutralizadas con relativo éxito por la Curia Romana. Sin embargo, considero que las medidas siguen siendo demasiado tibias respecto a la gravedad del problema. Y lo peor de todo es que muy poca atención se le ha prestado a los abusos psicológicos y físicos, que son la madre del cordero, pues constituyen el caldo de cultivo de los abusos sexuales, que son más infrecuentes.

¿Eliminar el celibato sería la solución?

La solución a un problema complejo no puede radicar en una medida simple. No podemos eliminar el derecho que una persona tiene a elegir el celibato, si considera que ése es su camino. Pero mantenerlo como una obligación para todos aquellos que quieren ser sacerdotes, no sólo no encuentra sustento sólido en la Biblia o en la Tradición de la Iglesia, sino que puede generar problemas de sexualidad truncada o reprimida en muchas personas buenas que aman su la vocación sacerdotal, pero que tienen que admitir dentro del paquete el celibato obligatorio. Como decía el difunto Cardenal Carlo Maria Martini, él no creía que todos los llamados al sacerdocio estuvieran también llamados al celibato. Por otra parte, el problema va más allá de esta práctica eclesial. Es en la actual doctrina católica sobre la sexualidad donde se hallan los gérmenes de varios abusos. Mientras no haya una reflexión más profunda sobre este tema, que no tenga miedo de revisar y replantear algunos conceptos, con o sin celibato seguirán habiendo abusos.

¿Crees que el Sodalicio es la única organización religiosa peruana involucrada en estos casos?

Toda organización cristiana basada en la autoridad absoluta, con estructuras verticales, con exigencia de obediencia total, con pensamiento único impuesto a todos sus miembros y con una interpretación fundamentalista de los textos bíblicos presentará con alta probabilidad casos de abusos como los que han ocurrido en el Sodalicio. En el contexto peruano, se me vienen a la mente instituciones como el Camino Neocatecumental, el Opus Dei, Pro Ecclesia Sancta y Lumen Dei, aunque no descarto casos de abusos en órdenes tradicionales, especialmente si el ambiente es muy conservador y puritano.

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LOS FUNDAMENTALISTAS CONTRA EL MINISTRO SAAVEDRA

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Jaime Saavedra Chanduví, Ministro de Educación del Perú

«Vive su sexualidad de manera responsable y placentera, respetando la diversidad en un marco de derechos. Establece relaciones afectivas positivas basadas en la reciprocidad, el respeto, el consentimiento y el cuidado del otro. Identifica signos de violencia en las relaciones de amistad o pareja. Argumenta la importancia de tomar decisiones responsables en la vivencia de la sexualidad en relación a su proyecto de vida.»

Aunque correctas y compatibles con la doctrina cristiana basada sobre las enseñanzas de los Evangelios, estas palabras tomadas del Currículo Nacional de la Educación Básica suenan irritantes a oídos de cristianos fundamentalistas —tanto católicos como evangélicos—, para quienes una vivencia de la sexualidad en estos términos se asocia con libertinaje, promiscuidad, desviaciones sexuales y los pecados más graves imaginables. Pues en sus mentalidades sexófobas una falta contra la “pureza” es una catástrofe cuasi-apocalíptica, mientras que la ausencia de tolerancia, de respeto hacia la conciencia ajena, de aceptación de la diversidad humana no les parecen graves, e incluso creen que debe fomentarse en ciertos casos. Como, por ejemplo, contra aquellas personas que descubren —no deciden— su orientación homosexual y se sienten orgullosos con todo derecho de su identidad gay.

Las razones —mejor dicho, sinrazones— esgrimidas contra el ministro Saavedra en el Congreso son sólo el pretexto para tumbarse a un funcionario que no transa con autoritarismos, discriminaciones ni ignorancia endémica, sino que busca una educación para todos los peruanos basada sobre el conocimiento, la libertad, el respeto, la responsabilidad y la solidaridad.

El lobby fundamentalista detrás del fujimorismo sólo quiere una sociedad donde se enseñe a los niños a obedecer a la autoridad. Y donde se perpetúe la ignorancia.

(Columna publicada en Exitosa el 10 de diciembre de 2016)

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Recomiendo leer sobre el tema el excelente artículo “Los fariseos de la palabra” (29 noviembre, 2016) de Rosa María Palacios:
http://rosamariapalacios.pe/2016/11/29/los-fariseos-de-la-palabra/

EL SODALICIO, UNA SECTA DESTRUCTIVA

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Pregúntesele a un sodálite si el Sodalicio es una secta y lo negara categóricamente. Sacará a relucir la conformidad de la institución con la más rancia doctrina católica, la comunión con la Iglesia, la obediencia al Papa, la asistencia divina que se manifiesta en un carisma espiritual (o don del Espíritu Santo confiado a un grupo de elegidos para cumplir una misión sobrenatural en estos lares terrenos), el supuesto bien que se ha hecho a tantos creyentes que han visto renovada su fe en Dios y en la Iglesia, y —por supuesto— la aprobación pontificia recibida en el año 1997.

¿Qué se esconde detrás de este argot eclesiástico, que poco o nada nos dice a quienes andamos con los pies en tierra y hemos conocido los testimonios de tantas personas que han sido dañadas psicológicamente —presentando algunas incluso daños físicos permanentes— o que han tomado conciencia de que los años pasados en el Sodalicio les fueron robados a sus vidas mediante el engaño, la manipulación y el fraude? Pues fraude es que a uno le prometan un camino de realización personal que contribuiría supuestamente a cambiar el mundo, y al final uno descubra —tras años de desintoxicación mental— que el mundo no se ha movido ni un ápice en la dirección indicada debido a la acción del Sodalicio, y que lo único que ha sufrido cambio es la propia personalidad, afectada en su capacidad de elegir libremente y sometida a los imperativos de un pensamiento único de corte fundamentalista, maniqueo y retrógrado.

Afortunadamente, para los psicólogos y sociólogos que estudian científicamente el fenómeno de las sectas resultan irrelevantes los contenidos doctrinales o la dependencia de un grupo de una institución aceptada socialmente, como es la Iglesia católica. Lo que resulta determinante son los comportamientos sociales que tengan los grupos.

Si un grupo utiliza técnicas de persuasión coercitiva para la captación de sus miembros, que desestructuran la personalidad previa del adepto, o bien por su dinámica vital debilita o destruye los lazos del miembro con su entorno social habitual (llámese familia, amigos, etc.) previo al ingreso al grupo, o conculca derechos humanos y jurídicos inalienables de la persona garantizados en un estado de derecho, se le puede considerar una secta destructiva, independientemente de cuál sea su ideología o su prestigio social.

Si a esto le sumamos una especie de culto mágico a la personalidad del líder, un secretismo que calla ciertas prácticas que se dan al interior del grupo y mantiene ocultos ciertos objetivos, además de sostener un régimen autoritario basado en la obediencia absoluta, subordinando a las personas a los fines grupales, tenemos un perfil sectario completo.

Y todas estas características han estado presentes de una u otra manera en el Sodalicio. Y también en varios grupos y movimientos de la Iglesia católica que han surgido a lo largo del siglo XX. Gordon Urquhart, un ex focolarino británico, no duda en calificarlos de “sectas católicas” en su libro The Pope’s Armada: Unlocking the Secrets of Mysterious and Powerful New Sects in the Church (1995), donde analiza en detalle a grupos como los Focolares, los Neocatecumenales y Comunión y Liberación.

Estas características sectarias explicarían la falta de acciones concretas por parte de la cúpula del Sodalicio para erradicar las causas de los abusos y ofrecer soluciones satisfactorias a las víctimas. Porque el Sodalicio parte del supuesto de que su misión divina es mucho más importante que los daños que hayamos sufrido las víctimas. Y mientras sienta que tiene el respaldo de las autoridades eclesiásticas, no moverá un solo dedo para cortar el problema de raíz.

El quid del asunto está en que sus miembros siguen creyendo que la institución ha sido convocada por Dios, cuando este dato proviene única y exclusivamente de su fundador, un megalómano pederasta que aprovechó las estructuras institucionales y a sus miembros para darse una vida cómoda y regalada. Tampoco es compatible con la voluntad divina el crear una institución con una disciplina que ha dañado en serie a cientos de miembros y ex miembros.

Y aún cuando el Superior General Alessandro Moroni ha prohibido los escritos de Figari en la institución, en todos los textos que se siguen usando para la formación y la meditación en la Familia Sodálite continúa estando presente Figari con sus ideas. El pensamiento del fundador ha sido el único válido en toda la historia del Sodalicio.

El supuesto bien hecho a tantas personas que siguen viviendo su fe católica en las diversas asociaciones vinculadas al Sodalicio no justifica las salvajadas que sufrieron un número considerable de víctimas. Y la aprobación pontificia —un requisito jurídico establecido en el Código de Derecho Canónico para los institutos religiosos de derecho pontificio y no un aval emitido por el mismo Espíritu Santo— no tiene ningún valor ni legitimidad si fue obtenida ocultando información y sobre la base de un intenso trabajo de lobby movido por influencias cardenalicias, entre las cuales se hallaba con toda probabilidad la mano del cuestionado cardenal Alfonso López Trujillo.

Actualmente, muy pocos les creerían su cuento de hadas. O que no tienen características sectarias.

(Columna publicada en Altavoz el 8 de septiembre de 2016)

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FUENTE

Jorge Erdely (editor)
Sectas destructivas: un análisis científico (PECR Publicaciones para el Estudio Científico de las Religiones, 2003)
http://www.opus-info.org/index.php?title=Sectas_Destructivas:_un_análisis_científico

EL FUNDAMENTALISMO CATÓLICO

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Juan Pablo II con Kiko Argüello y otros miembros del Camino Neocatecumenal

Hanspeter Oschwald (1943-2015) fue un periodista alemán católico, que dedicó gran parte de su vida a escribir de manera crítica sobre el Vaticano y la Iglesia católica.

Recientemente he comenzado a leer el fascinante libro que escribió con el título En nombre del Santo Padre. Cómo fuerzas fundamentalistas manejan el Vaticano (In Namen des Heiligen Vaters. Wie fundamentalistische Mächte den Vatikan steuern, Wilhelm Heyne Verlag, München 2010) sobre el pontificado de Benedicto XVI y los grupos fundamentalistas que comenzaron a ganar en poder e influencia con Juan Pablo II y se afianzaron durante el pontificado del Papa Ratzinger.

Cuenta allí que, poco antes de la elección de Ratzinger, conversando con su amigo y colega Giancarlo Zizola (1936-2011), uno de los más renombrados vaticanistas que jamás haya habido, éste le comentó que un informante suyo, un arzobispo curial conocido por su seudónimo de “Angelo d’Oltretevere” en sus escritos, le había dicho lo siguiente: «El problema más grande que le espera al siguiente Papa lo constituyen los movimientos. Son una bomba de tiempo, que explotará en cuanto el Papa intente integrarlos de nuevo en la disciplina de la Iglesia».

Aparentemente, Ratzinger no se esforzó en poner orden en este problema, sino que se valió de los movimientos para llevar adelante su proyecto de restauración de la Iglesia. Sin mucho éxito, pues lo que la Iglesia necesitaba para cumplir su misión en el mundo actual era retomar lo iniciado por el Concilio Vaticano II.

Pero a Ratzinger tampoco hay que quitarle méritos. Allí donde puso acertadamente el dedo en la llaga, explotó la bomba. A saber, con los Legionarios de Cristo y la Comunidad de las Bienaventuranzas, cuyos respectivos fundadores —el P. Marcial Maciel y el diácono laico Gérard Croissant— cometieron abusos sexuales, el primero en perjuicio de jóvenes seminaristas y el segundo en perjuicio de jóvenes integrantes femeninas de su comunidad. En este último caso, el fundador fue suspendido del ministerio diaconal y expulsado de la comunidad. He aquí un precedente de algo que el Sodalicio todavía no ha hecho y que no sabemos qué diablos está esperando para hacerlo.

Oschwald veía en los movimientos el peligro de una sectarización de la Iglesia, debido a una postura intransigente basada en una interpretación fundamentalista de la doctrina. Para describir esta posición, reproduce las conclusiones del teólogo y periodista independiente Peter Hertel, quien tras haber leído publicaciones de grupos fundamentalistas católicos durante años, presentó las principales características de estos grupos en su libro Guardianes de la fe (Glaubenswächter).

  • El fundamentalismo cree que la Iglesia está amenazada desde dentro.
  • El fundamentalismo ve a la Iglesia sobre todo de manera jerárquica y centralista, y ello por obra de la voluntad divina. Toda crítica al Santo Padre y a (la mayoría de) los obispos es falta de fe y conduce a la decadencia; la Iglesia es presentada monolíticamente (una fe, un bautismo, un solo bando).
  • El fundamentalismo asume que la fe católica (la verdad) sería invariable desde los inicios; los leales se sienten como parte de una Iglesia cerrada y militante.
  • El dinamismo en la Iglesia va siempre de arriba hacia abajo (enseñar, no aprender; anunciar, no preguntar).
  • La escala de valores la encabeza la continencia sexual y todo aquello que esté relacionada con ella.
  • Los fundamentalistas católicos, de manera diversa según la región del mundo, han desarrollado imágenes poderosas de supuestos enemigos, por ejemplo, el protestantismo, el pluralismo, la democracia, la libertad de conciencia, el judaísmo, el Islam, el comunismo ateo (o ateísmo comunista), la teología de la liberación.
  • La devoción mariana, las apariciones marianas y una fe ingenua en los milagros juegan un papel central.
  • Todos luchan “a favor de la vida”, pero no tanto en contra de la pena de muerte sino mucho más en contra de toda forma de aborto.

Si bien en el libro de Oschwald sólo se menciona al Opus Dei, a los Legionarios de Cristo, al Camino Neocatecumenal, a los Focolares, a la Comunidad de San Egidio y a Comunión y Liberación como ejemplos en mayor o menor medida de esa mentalidad, el perfil también se aplica como guante al dedo al Sodalicio de Vida Cristiana y al Movimiento de Vida Cristiana.

¿Pero cómo algunos católicos se convierten en fundamentalistas? ¿Cómo forman las organizaciones a su personal? Son preguntas válidas que se hace Oschwald y que le hacen pensar en métodos de lavado de cerebro. A fin de esbozar una respuesta, recurre a los ocho criterios que el ex focolarino Gordon Urquhart pone en su libro La armada del Papa (The Pope’s Armada).

  1. Los grupos buscan asegurarse la libre disposición respecto a lo que el individuo ve, oye y lee, después sobre todo lo que escribe, experimenta y expresa. Al individuo le son arrebatadas de manera selectiva las posibilidades de reflexionar y decidir personalmente.
  2. Los controladores crean una situación que les impone a los participantes un patrón de comportamiento y sentimientos, como por ejemplo la compulsión a la sonrisa constante y la alegría. El esfuerzo de mantener los modos de comportamiento en entornos aislados sin contacto con el exterior produce sentimientos de euforia. Los controladores generan un aura mística en torno a la institución manipuladora. Las víctimas se sienten herramientas escogidas.
  3. Se transmite que sólo aquello es bueno que concuerda con la propia ideología. Al individuo se le enseña que sólo será puro, si se comporta de acuerdo a la enseñanza de la comunidad.
  4. La pureza se examina en confesiones y autoinculpaciones abiertas y deviene en neurosis. De este modo se origina dependencia a través de sentimientos de culpa. Entregarse significa rendirse, lo cual, por otra parte, sólo se le exige a los miembros sencillos. Los superiores se mantienen personalmente a cubierto y no dejan ver sus cartas. Informes de experiencias a ser entregados continuamente por sus súbditos les aseguran a los de más arriba un conocimiento dominante, que puede ser utilizado incluso para extorsionar a los individuos.
  5. La organización presenta su dogma central como el ideal para el ordenamiento de la existencia humana.
  6. Elección estandarizada de palabras y fórmulas de uso interno así como una jerga doméstica de tipo sectario distraen el pensamiento y fomentan el sentimiento de pertenencia.
  7. Cambios de la personalidad son examinados a través de informes continuos. Ya no hay esfera privada o íntima.
  8. A continuación, la organización les concede a los que han sido sometidos o inhabilitados una especie de ascenso a una existencia más elevada, a una unidad con los ideales fundacionales. Los así “recompensados” derivan entonces de ello la obligación de obedecer absolutamente.

Para los fundamentalistas católicos, el contenido de la fe es secundario frente a quién lo diga y a quién tenga el poder en la Iglesia, pues su preocupación principal siempre ha sido ver a quién obedecer, es decir, estar del lado de quien lleva la batuta en los pasillos del Vaticano, y no reflexionar de manera madura sobre lo que nos enseña la fe cristiana. Como decía Gugliemo Bosello, vocero de los Focolares en la central romana: «Nosotros no somos una secta. Estamos con la jerarquía». ¡Y hay que ver qué jerarquía!

El gran peligro de los nuevos movimientos ha estado en su apoyo a los sectores más conservadores de la Iglesia, en base a un concepto estático de tradición que mantiene la ilusión de que muchos enunciados doctrinales, enseñanzas morales y prácticas litúrgicas de la Iglesia católica se remontan de manera inalterable a los inicios del cristianismo, y por lo tanto, terminan aislándose de los problemas reales del mundo actual, lo condenan atribuyéndole una “dictadura del relativismo” —desafortunada frase del Papa Ratzinger— y se resisten a adaptar las perennes enseñanzas cristianas del Jesús de los Evangelios a un mundo que ya no comprenden. En el cual hay infinidad de católicos que no quieren estar sometidos a una jerarquía cada vez más desprestigiada, pero que, como miembros vivos del Pueblo Dios, mantienen la ilusión de poder contribuir entusiasta y libremente a testimoniar el amor de Dios hacia los hombres sin distinciones, sin restricciones, sin fronteras, sin prohibiciones absurdas, sin estrechez de miras. Que así sea.

VOTAR EN CONCIENCIA NO ES PECADO

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Soy católico. Creo en el respeto a la vida y no considero el aborto como un derecho de nadie, aunque existan circunstancias límites en que haya que tolerarlo. También tengo razones de peso para preferir a Alfredo Barnechea y a Verónika Mendoza por encima de otros candidatos.

La desafortunada prédica de Mons. Javier del Río desde el altar mayor de la catedral de Arequipa, declamando que es pecado votar por los candidatos mencionados debido a que están a favor del aborto y del matrimonio gay, ha sido seguida de una campaña en ACI Prensa para recolectar firmas a favor del arzobispo, supuestamente atacado por defender la vida y la familia.

Para sustentar lo dicho, citan una carta de julio de 2004 del entonces cardenal Ratzinger a los obispos estadounidenses: «Un católico sería culpable de cooperación formal en el mal […], si deliberadamente votara a favor de un candidato precisamente por la postura permisiva del candidato respecto del aborto y/o la eutanasia».

Eso sí, olvidan resaltar el párrafo siguiente: «Cuando un católico no comparte la posición a favor del aborto o la eutanasia de un candidato, pero vota a favor de ese candidato por otras razones, esto es considerado una cooperación material remota, la cual puede ser permitida ante la presencia de razones proporcionales».

Es nuestro deber elegir a un presidente capaz que sea el más adecuado para lograr el bien común. Y si ningún candidato es moralmente perfecto, también es cierto que la sola adhesión a la moral católica no es garantía de buen gobierno ni de respeto a los derechos humanos. Incluidos los de los homosexuales.

(Columna publicada en Exitosa el 2 de abril de 2016)

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Entre los cristianos conservadores y fundamentalistas existe la costumbre de decidir por quiénes van a votar sobre la base de la posición que tengan los candidatos respecto al aborto, la eutanasia y la homosexualidad, que deben coincidir con sus posturas ideológicas al respecto. Dado que tienen una mentalidad afín al fascismo y al capitalismo, su candidato ideal deberá ser de derechas, defensor del status quo y representante de la moral pequeño burguesa de las clases acomodadas. Nunca se les verá votar por la izquierda o por candidatos que pongan el acento preferentemente sobre lo social.

El bien común exige muchas veces tener cierta tolerancia hacia determinadas ideas del candidato, con las cuales uno no está de acuerdo por razones legítimas. Hay que tener en cuenta que un candidato que tenga una postura moral intachable desde la perspectiva católica puede, por su falta de aptitudes para el puesto, llegar a ser un mal gobernante que incluso haga daño al bien común. Y la política debe estar al servicio del bien común, haciendo que los derechos humanos de todos sean respetados, y no al servicio de la imposición de una moral determinada ni de un credo religioso particular, pues eso conduce inevitablemente a la represión de la libertad de opinión, a la discriminación de grupos sociales enteros y a dictaduras autoritarias y represivas.

Por otra parte, en el Perú el Presidente está obligado a seguir las leyes vigentes y no puede realizar acciones orientadas a la legalización del aborto o del matrimonio gay, dado que eso no está entre sus competencias. Eso les corresponde a los legisladores, es decir, a los congresistas, y en este punto los católicos conservadores están en su derecho de elegir a quien represente sus intereses particulares. Que el Presidente tenga una postura flexible hacia el aborto y la unión homosexual es absolutamente irrelevante para las funciones que tiene que desempeñar.

Finalmente, queda decir que Mons. Javier del Río, al decir lo que ha dicho en la catedral de Arequipa, ha violado gravemente la ley y se ha hecho merecedor de una sanción penal. Reproduzco a continuación el texto correspondiente de la Ley N° 26859 (Ley Orgánica de Elecciones), resaltando en negritas lo aplicable en este caso (ver https://www.web.onpe.gob.pe/modMarco-Legal/compendio-electoral-2016.pdf).

Artículo 347.- Está prohibido a los funcionarios y empleados públicos, de Concejos Provinciales y Distritales, Beneficencias y Empresas Públicas, a los miembros de la Fuerza Armada y Policía Nacional en servicio activo, a los del clero regular y secular de cualquier credo o creencia, y a todos los que, en alguna forma, tengan a otras personas bajo su dependencia:
a) Imponer que dichas personas se afilien a determinados partidos políticos.
b) Imponer que voten por cierto candidato.
c) Hacer valer la influencia de sus cargos para coactar la libertad del sufragio.
d) Hacer propaganda a favor o campaña en contra de ninguna agrupación política o candidato.

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En mayo de 2013 abordé en un post el tema de la relación entre el voto y el aborto (ver VOTO Y ABORTO) y en julio de 2014 expliqué brevemente las limitaciones que presenta el tema del aborto desde la perspectiva católica conservadora (ver LO QUE CIPRIANI NO APRENDIÓ SOBRE EL ABORTO). En marzo de 2015 hice una apreciación crítica sobre las contradicciones que encierra una postura militante en contra del aborto, tal como se manifiesta en las Marchas por la Vida organizadas por ciertas eminencias católicas (ver QUERIDO CATÓLICO PEQUEÑO BURGUÉS).

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La carta completa del cardenal Joseph Ratzinger, entonces Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, con ocasión de la asamblea plenaria del episcopado estadounidense realizada en junio de 2004 se puede leer aquí:
https://www.aciprensa.com/noticias/el-dia-que-ratzinger-explico-por-que-es-pecado-votar-por-candidatos-a-favor-del-aborto-98392/

SODALICIO Y VIOLENCIA

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Quienes hemos vivido años en comunidades sodálites, somos conscientes de la violencia casi cotidiana a la que fuimos sometidos, sobre todo en lo verbal y psicológico, pues la disciplina sodálite, bajo la apariencia de una configuración con la persona de Cristo, estaba orientada a la anulación de la voluntad propia y al sometimiento de la libertad personal a los dictados de una ideología cristiana fundamentalista.

Ya lo había señalado en mi post TESTIMONIO COMPLETO:

«…si bien hay casos excepcionales de maltrato extremo, relatados por varios testigos, se trata de hechos ocasionales, pues el maltrato más frecuente son las conversaciones y reuniones para ir metiendo la propia ideología en las cabezas de las personas, donde se recurre con frecuencia a la burla, el insulto, la orden de guardar silencio e incluso a veces a las amenazas de castigos (ayunos obligados, privación de sueño, actividades absurdas sin ninguna finalidad, etc.). Ni qué decir, por lo general la autoestima sale bien perjudicada.»

La violencia ha sido un constitutivo latente de la misma estructura del Sodalicio, y no es de extrañar que haya eclosionado en varias ocasiones de manera feroz y destructiva, dejando un reguero de sobrevivientes con heridas y cicatrices en su psique y hasta en su cuerpo.

He aquí una reflexión de Rocío Figueroa sobre cómo la violencia está en la raíz de los abusos de toda índole que se han destapado en el Sodalicio de Vida Cristiana.

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LA DINÁMICA DE VIOLENCIA EN EL SODALICIO DE VIDA CRISTIANA
por Rocío Figueroa

Me parece importante comprender que lo que está en la base de los abusos sexuales es sobre todo una búsqueda insaciable de poder y violencia por parte de los perpetradores.

El teólogo R. Ruard Ganzevoort en su artículo “Violence within the church” (“La violencia dentro de la Iglesia”, 2003) realiza un análisis muy agudo de las dinámicas de violencia y poder ante el abuso sexual en la Iglesia. Él señala cuatro etapas, de las cuales al menos las tres primeras se han dado tal cual en el escándalo del Sodalicio de Vida Cristiana.

1. Silencio antes de la tormenta:

– La violencia está presente pero no se manifiesta a la comunidad.

– Sólo pocos miembros son conscientes y sufren la violencia por parte de perpetradores, pero no es un conocimiento colectivo.

– Este primer estadio provee la estructura para las dinámicas de poder, de modo tal que los perpetradores generan una autoridad rígida y vertical que lleva al silencio.

2. Explota la bomba:

– Erupción del caos.

– Se dan encuentros violentos, disputas y reproches.

– Las víctimas se convierten en el chivo expiatorio de la comunidad. Son ellas y no el perpetrador el origen del escándalo. (Me sorprende, porque sucedió tal cual, con agravios de toda índole.)

– Muchos quieren regresar al silencio.

3. Ruptura de relaciones:

– Distintas perspectivas en el foro:

  • la perspectiva de las víctimas (en el caso del Sodalicio exigen justicia);
  • la perspectiva de los perpetradores (en el caso del Sodalicio el perpetrador niega toda responsabilidad).

– Los espectadores: algunos neutrales, otros salvadores de las víctimas, otros salvadores de los perpetradores.

4. Restauración:

– No se puede regresar a como era antes.

– Sólo se puede reconstruir si se reconoce el impacto de la violencia.

– No hay posibilidad de restauración si no se reconoce el mal causado.

– Preguntas que una comunidad tiene que hacerse:

  • ¿Qué significa que la violencia haya estado en medio de nosotros?
  • ¿Cómo podemos entender que la violencia de la comunidad nos haya llenado de rabia?
  • ¿Cómo hacer para que nuestra comunidad no tenga tendencias violentas?

Texto original: http://rocio-figueroa.blogspot.de/2015/12/la-dinamica-de-violencia-en-el-scv.html

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FUENTE

R. Ruard Ganzevoort, Violence within the church. Paper for the 2nd International NOSTER Conference, Soesterberg NL 21-01-2003.
http://www.ruardganzevoort.nl/pdf/2003_Violence.pdf

TERRORISMO CRISTIANO

Madre palestina llorando a sus hijos asesinados por milicianos católicos maronitas de la Falange Libanesa durante la masacre de Sabra y Shatila (16 de septiembre de 1982)

Madre palestina llorando a sus hijos asesinados por milicianos católicos maronitas de la Falange Libanesa durante la masacre de Sabra y Shatila (16 de septiembre de 1982)

Actualmente muchos asocian el concepto de terrorismo con las creencias islámicas y los países árabes. Aún cuando la gran mayoría de los musulmanes sean contrarios a la violencia y reprueben a aquellos que utilizan el Islam para justificar su fanatismo. Pues en esto mismo radica la fuente de todo terrorismo.

Y fanáticos han habido también en el cristianismo desde sus orígenes, cuando algunos seguidores de Jesús se mostraron partidarios de un mesianismo que recurriera a la violencia de las armas.

Terroristas cristianos son los cruzados que masacraron a toda la población judía y musulmana de Jerusalén durante la Primera Cruzada; el católico Guy Fawkes, que quiso volar en pedazos el Parlamento inglés en 1605; el Ku Klux Klan, que asesinó afroamericanos, judíos y católicos en defensa de la civilización cristiana occidental; la Guardia de Hierro rumana, que durante el pogrom de Bucarest en 1930 asesinó a 125 judíos y luego ejecutó sumariamente a enemigos políticos cuando llegó al poder en 1940; los católicos maronitas que masacraron a palestinos y musulmanes libaneses en Karantina, Tel al-Zattar, Sabra y Shatila durante la Guerra Civil del Líbano (1975-1990); el Ejército de Dios en Estados Unidos, que justifica el asesinato de médicos abortistas; el Frente Nacional de Liberación de Tripura en la India, que busca la conversión al cristianismo de hindúes mediante las armas, usando la violación como medio de intimidación y no retrocediendo ante el homicidio; el Ejército de Resistencia del Señor en Uganda, que mezcla elementos cristianos con misticismo africano y ha sido acusado de asesinatos, violaciones, torturas y secuestro de niños.

Y si no menciono otros grupos, es por falta de espacio.

(Columna publicada en Exitosa Diario el 4 de febrero de 2015)

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Lo que me motivó a escribir este pequeño artículo fueron unas palabras de Alejandro Bermúdez, director de ACI Prensa, en una de sus recientes diatribas islamofóbicas (El problema del Islam, https://www.aciprensa.com/podcast/download.php?file=10483), donde pretende demostrar que el Islam es una religión violenta y que las acciones de los terroristas islámicos son consecuencia directa de enunciados que aparecen en el Corán. Allí Bermúdez dice lo siguiente:

La época de las Cruzadas era un época cultural específica, donde ir a la guerra formaba parte de la realidad cultural. No era algo que la Iglesia señalaba como algo de por sí virtuoso. ¿Por qué hoy en día los que quieren comparar el radicalismo islámico no encuentran absolutamente ninguna causa o ningún episodio histórico con el que puedan hoy día calificar o comparar con los cristianos? ¿Dónde están los grupos terroristas cristianos que masacran musulmanes en países de mayoría católica? ¿Dónde están los terroristas católicos que toman venganza de los cristianos que son asesinados en los países de mayoría musulmana en América Latina? ¿Dónde está el grupo terrorista que aterroriza a los musulmanes en el Perú, en Chile, en Argentina, en Venezuela o en cualquiera de estos países? ¿O en Estados Unidos, donde la comunidad islámica es muy grande y donde hay varios de ellos —¡varios de ellos!— acusados de terrorismo y donde hay organizaciones acusadas de terrorismo? Entonces, no podemos decir que quienes cometen actos de violencia no tienen nada que ver con el Islam. Es falso. No es así. Se llaman islámicos, citan al Profeta, citan el Corán, y aplican la shariah de acuerdo a una interpretación que es aceptable y legítima dentro del Islam.

Disculpo a Bermúdez por estos exabruptos, pues sospecho desde hace tiempo que padece un síndrome de ignorancia invencible, o más bien las anteojeras que le impone su ideología religiosa le impiden alzar la vista para mirar mejor la realidad.

Pues su defensa acérrima de las Cruzadas como una epopeya histórica que le dio lustre al cristianismo se estrella contra el hecho de que la Primera Cruzada haya culminado en uno de los hechos más vergonzosos y atroces de la historia de la humanidad: la masacre de Jerusalén del 15 al 16 de julio de 1099. Basta con citar algunos testimonios de la época:

«Maravillosos espectáculos alegraban nuestra vista. Algunos de nosotros, los más piadosos, cortaron las cabezas de los musulmanes; otros los hicieron blancos de sus flechas; otros fueron más lejos y los arrastraron a las hogueras. En las calles y plazas de Jerusalén no se veían más que montones de cabezas, manos y pies. Se derramó tanta sangre en la mezquita edificada sobre el templo de Salomón, que los cadáveres flotaban en ella y en muchos lugares la sangre nos llegaba hasta la rodilla. Cuando no hubo más musulmanes que matar, los jefes del ejército se dirigieron en procesión a la Iglesia del Santo Sepulcro para la ceremonia de acción de gracias.»

Raimundo de Aguilers, canónigo de Puy

«En verdad, si hubieseis estado ahí habrías visto nuestros pies coloreados hasta los tobillos con la sangre de la masacre. Pero, ¿qué más os puedo contar? Ninguno fue dejado con vida; no hubo piedad ni de mujeres ni de niños.»

Fulquerio de Chartres

«Cuando los paganos habían sido vencidos, nuestros hombres capturaron a muchos, tanto mujeres como hombres, y o bien les daban muerte o les mantenían cautivos.»

Gesta Francorum

«Nuestros líderes también ordenaron que todos los sarracenos muertos fuesen enviados fuera de la ciudad debido al hedor, puesto que toda la ciudad estaba llena de cuerpos; y por ello los sarracenos vivos arrastraron a los muertos hasta las salidas de las murallas y los colocaron en piras, como si fuesen casas. Nunca nadie pudo ver u oír de una masacre como esa de paganos, puesto que las piras funerarias se alzaban como pirámides, y nadie sabe su número salvo el mismo Dios.»

Gesta Francorum

Me pregunto si el asesinato a sangre fría de personas indefensas, incluyendo mujeres y niños, también formaba parte de la “realidad cultural” de los europeos de esa época.

Por otra parte, cuando conocí a Alejandro Bermúdez en los años ’70, me consta que tenía una gran admiración por Corneliu Zelea Codreanu, líder de la organización fascista y ultraortodoxa rumana Legión de San Miguel Arcángel y organizador de la sección paramilitar conocida como Guardia de Hierro. Creo que Bermúdez difícilmente admitiría que este grupo entra en la categoría de terrorismo cristiano.

Asimismo, si bien es cierto que en América Latina no se ha verificado la presencia de terroristas cristianos antislámicos —lo cual es comprensible, considerando que el porcentaje de musulmanes en el subcontinente es insignificante, pues no llega ni al 0.01% de la población total—, en Estados Unidos se da el fenómeno de la presencia de organizaciones paramilitares de extrema derecha y de ideología racista, que justifican su modo de actuar sobre la base de doctrinas bíblicas y cristianas, y que no tendrían ningún reparo en eliminar a musulmanes solamente por el hecho de serlo.

Además, están también aquellas asociaciones agrupadas bajo el denominador común de Identidad Cristiana, movimiento supremacista blanco y fundamentalista cristiano, cuyo objetivo es implantar una teocracia cristiana en los Estados Unidos de América, país al que consideran la verdadera Tierra Prometida. Algunos de estos grupos han sido identificados por el FBI como terroristas:

  • Ku Klux Klan
  • The Covenant, The Sword, and the Arm of the Lord (El Pacto, la Espada, y el Brazo del Señor), activo en las décadas de los ’70 y los ’80
  • Aryan Nations (Naciones Arias)
  • Army of God (Ejército de Dios)
  • Phineas Priesthood (Sacerdocio de Fineas)

Cabe recordar también que el peor atentado terrorista en los Estados Unidos antes de la destrucción de las Torres Gemelas —a saber, la voladura del Edificio Federal de Oklahoma City, que ocasionó la muerte de 168 personas e hirió a más de 680— fue llevado a cabo por los estadounidenses Timothy McVeigh, de religión católica, y Terry Lynn Nichols.

A continuación, otros ejemplos de terrorismo cristiano:

  • El Consejo Nacional Socialista de Nagalandia, estado de la India con mayoría cristiana, responsable de actos de violencia contra la minoría animista, a la cual quieren forzar a convertirse al cristianismo. También ha sido acusado de practicar una limpieza étnica con las tribus kuki en Manipur (India) entre 1992 y 1993, destruyendo 350 poblados, causando la muerte de más de 900 personas y convirtiendo a unos 100.000 kukis en refugiados.
  • Los anti-balaka en la República Centroafricana, responsables de masacres y otras atrocidades en contra de la población islámica entre 2013 y 2014, viéndose muchos musulmanes obligados a huir del país a fin de salvar la vida.
  • Anders Behring Breivik, quien el 22 de julio de 2011 hizo explotar un coche bomba en el centro de Oslo y luego disparó a mansalva en la isla de Utoya contra los participantes de un campamento de verano, causando la muerte de un total de 77 personas. Behring Breivik se había identificado a sí mismo en Internet como un cruzado cristiano —aunque admitía no ser muy religioso— que creía que los inmigrantes estaban socavando los valores cristianos de Noruega, siendo el Islam y el marxismo los enemigos que debían ser destruidos para preservar la Europa cristiana.

El Sr. Bermúdez podría decir que todas estas cosas no tienen nada que ver con el auténtico cristianismo, aún cuando los implicados citen la Biblia para justificar sus actos. Lo mismo dicen representantes autorizados del Islam sobre las acciones terroristas perpetradas por extremistas islámicos que citan el Corán, pero el director de ACI Prensa no les cree. A decir verdad, si algún no cristiano escuchara a Alejandro Bermúdez predicando que el cristianismo es una religión de paz, su agresividad verbal y su atrevida ignorancia, junto con su aversión al Islam descalificándolo como religión violenta le quitarían toda credibilidad. Y en ese sentido, muy flaco favor le hace a la Iglesia y al cristianismo en general este tipo de reflexiones, más propias de un fanático fundamentalista que de un seguidor del Jesús de los Evangelios.

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FUENTES

Wikipedia
Christian terrorism
http://en.wikipedia.org/wiki/Christian_terrorism
Christian Identity
http://en.wikipedia.org/wiki/Christian_Identity
Domestic terrorism in the United States
http://en.wikipedia.org/wiki/Domestic_terrorism_in_the_United_States
Movimiento de milicias
http://es.wikipedia.org/wiki/Movimiento_de_milicias
Primera Cruzada
http://es.wikipedia.org/wiki/Primera_Cruzada

Tato Pavlosky
El fundamentalismo cristiano (29-07-2005)
http://www.rebelion.org/noticia.php?id=18312

Guadi Calvo
La otra cara del mal (26-01-2015)
http://www.rebelion.org/noticia.php?id=194740

elblogdemiguel fernandez
Grupos terroristas cristianos y racistas en Estados Unidos (diciembre 30, 2014)
https://elblogdemiguelfernandez.wordpress.com/2014/12/30/grupos-terroristas-cristianos-y-racistas-en-estados-unidos/