INDULTANDO A HITLER

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En la hipótesis contrafáctica de que Adolf Hitler hubiera sobrevivido a la Segunda Guerra Mundial, hubiera sido condenado por sus crímenes a cadena perpetua y tuviera la misma edad que Alberto Fujimori, eso nos ubicaría en el año 1968, cuando Kurt Georg Kiesinger —antiguo miembro del partido nazi— era canciller de Alemania, el cual, finalizada la guerra, fue categorizado como “simpatizante” del nazismo, y si bien pasó 18 meses en campos de prisioneros, al final superó exitosamente el proceso de “desnazificación”, por lo menos en lo formal, y se enroló en la Unión Demócrata Cristiana (CDU), partido conservador fundado por Konrad Adenauer.

El año ‘68 fue también el de las protestas estudiantiles, sobre todo de jóvenes idealistas de izquierda que abominaban de la indolencia que tenían muchos miembros de la generación de sus padres hacia los crímenes del nazismo.

El 7 de noviembre de 1968, la activista Beate Klarsfeld —esposa de un francés de ascendencia judía-—lo abofeteó públicamente en el transcurso de una Convención de la CDU, gritándole: «¡Kiesinger! ¡Nazi! ¡Renuncia!» Klarsfeld fue condenada a un año de prisión, pero la pena nunca se aplicó, porque la apelación interpuesta implicaba sacar los trapitos sucios de Kiesinger al aire. El proceso fue aplazado indefinidamente, y Kiesinger nunca hizo aclaraciones ni habló públicamente sobre este incidente en todo el resto de su vida.

En 1968 el tema del régimen nazi era tabú en Alemania y ni siquiera se abordaba en las clases de historia. Pero, a pesar del tiempo transcurrido, Hitler seguía teniendo muchos admiradores en secreto, incluso entre algunos jóvenes, admiración que se ha mantenido hasta el día de hoy. ¿Razones? Hitler estabilizó la economía deteriorada de un país que venía de una democracia inestable, donde los partidos tradicionales habían perdido credibilidad y apoyo. Cuando en 1930 el partido nazi se convirtió en la segunda fuerza política en el Parlamento, no sólo comenzaron a financiarlo varios empresarios, sino también la aseguradora Allianz, el Deutsche Bank y el Dresdner Bank.

Hitler fue nombrado canciller el 30 de enero de 1933, siguiendo procedimientos constitucionales en un régimen democrático, pero una vez en el poder buscó la manera de controlar los poderes legislativo y judicial desde el ejecutivo. El incendio del Reichstag, ocurrido el 27 de febrero, le permitió a Hitler obtener del presidente Hindenburg un decreto de urgencia, «mediante el cual podía abolir la libertad de prensa, el derecho a la libre expresión, el derecho a la privacidad de las comunicaciones y el respeto a la propiedad privada» (Wikipedia).

Sin haber obtenido aún una mayoría parlamentaria en las subsiguientes elecciones del 5 de abril, en aplicación del decreto de urgencia removió a los 81 diputados comunistas de sus curules y la cantidad necesaria de socialdemócratas para obtener mayoría y votar una ley habilitante que transfería las funciones del Reichstag al canciller por cuatro años. Luego vendría la designación de jueces favorables al gobierno.

Durante la dictadura hitleriana se beneficiaron grandes empresas alemanas que todavía existen (BMW, VW, Audi, Bayer, BASF, Hugo Boss, Deutsche Bank, Degussa, etc.), algunas de ellas sobre todo por la mano de obra barata suministrada por los campos de concentración.

En conclusión, se puede estabilizar la economía a la vez que se socava la democracia y se violan derechos humanos fundamentales. Y eso es algo que repitió Fujimori en otro contexto, promoviendo el capitalismo salvaje que postula el neoliberalismo —con la aquiescencia de la mayoría de empresarios peruanos—, flexibilizando los estándares de protección ambiental y dejando sin protección a los trabajadores mediante el recorte de derechos adquiridos y generando un aumento de la desigualdad social, uno de los principales enemigos del desarrollo.

Que se puede generar riqueza de otro modo, sin afectar el bienestar social, lo demuestran los países nórdicos de Europa, donde existe una economía social de mercado.

Ni Hitler ni Fujimori mataron a nadie con sus propias manos, pero ambos fueron —en diferente medida— autores mediatos de crímenes inexcusables. Y de prácticas eugenésicas atroces —en el caso de Hitler con los judíos, en el de Fujimori con las esterilizaciones masivas de mujeres autóctonas—. ¿Es lícito olvidar esos delitos en aras del bienestar producido? De ninguna manera. Indultar a Fujimori es como que Kiesinger hubiera indultado a Hitler.

(Columna publicada en Altavoz el 2 de enero de 2018)

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LAS CAMPANAS DE HITLER

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El 5 de mayo de este año Die Rheinpfalz, periódico local de la región donde vivo, informó que en la localidad de Herxheim am Berg colgaba del campanario de una iglesia una campana forjada en 1934 con la siguiente inscripción: «Todo por la patria – Adolf Hitler», además de tener grabada una esvástica, símbolo que está prohibido por ley en la Alemania actual.

A esto se sumaron las declaraciones del alcalde local, Ronald Becker, quien señaló que esa campana sería única en el estado federal de Renania-Palatinado, habiendo un total de tres campanas con esta inscripción en toda Alemania, por lo cual uno debería estar orgulloso de contar con una de ellas en el pueblo. ¿Orgulloso por una campana de Hitler? «Cuando se menciona el nombre de Adolf Hitler —aclaró el burgomaestre—, entonces siempre viene primero a la mente la persecución de los judíos y la época de la guerra. Cuando se informa sobre estas cosas, debería informarse en todo su alcance. De modo que se diga que estos fueron los horrores y éstas fueron las cosas que realizó y de las cuales hoy todavía hacemos uso».

Estas declaraciones darían pie a una denuncia penal (27 de agosto de 2017) por difusión de propaganda de una organización contraria a la constitución y el uso de símbolos de una organización tal, instigación al odio contra un sector de la población y prevaricato como autoridad pública, por permitir que se efectúe algo contra la ley. En la misma denuncia fueron posteriormente incluidos el párroco evangélico y un ciudadano, por declaraciones similares.

Si bien no se encontró sustento suficiente para estos delitos y la denuncia fue archivada, el asunto le costó el puesto al alcalde, pues el concejo municipal se distanció de sus declaraciones y le exigió su renuncia. Asimismo, se decidió que la campana ya no tañería más en el pueblo.

Desde entonces se han descubierto en la región cuatro campanas más forjadas durante el Tercer Reich con inscripciones que glorifican el nacionalsocialismo hitleriano, en las localidades de Essingen, Pirmasens —donde se halla la ruina del castillo en el que estuvo prisionero Ricardo Corazón de León—, Mehlingen y Homburg. Quizás la inscripción más impresionante sea la de la campana de Essingen, localidad ubicada a unos 5 kilómetros del pueblo en que vivo: «Cuando Adolf Hitler le dio espada y libertad a la nación alemana, nos forjó el maestro Pfeifer, Kaiserslautern».

Las autoridades protestantes alemanas han dejado a criterio de las comunidades lo que harán con las campanas, sugiriendo que sean retiradas y reemplazadas por campanas nuevas. La única localidad que por el momento ha aceptado la sugerencia es Mehlingen.

Todo el conflicto se generó a raíz de lo que podría considerarse apología de un personaje histórico considerado unánimemente como un criminal y líder de una organización criminal, aunque la Fiscalía ha dejado en claro que el solo hecho de tener colgadas las campanas o de hacerlas repicar no constituye delito, pues fueron fabricadas en otra época por gente que glorificaba el nazismo pero que no necesariamente conocía o avalaba los crímenes de Hitler. Sin embargo, utilizar actualmente las campanas, sus imágenes o sus inscripciones para glorificar, aprobar o justificar públicamente la figura de Hitler sí constituiría delito.

En el Perú, la legislación también castiga la apología del delito y de sus autores, según señala el Código Penal en su artículo 361: «El que públicamente exalta, justifica o enaltece un delito o a la persona condenada por sentencia firme como autor o partícipe, será reprimido con pena privativa de libertad no menor de un año ni mayor de cuatro años», habiendo agravantes si se trata delitos previstos en los artículos 152 al 153-A, 200, 273 al 279-D, 296 al 298, 315, 317, 318-A, 325 al 333, 346 al 350 o de los delitos de lavado de activos y apología del terrorismo.

Sin embargo, como campanas vivientes, muchos fujimoristas —entre ellos varias figuras públicas— no sólo niegan los crímenes del dictador sino que repican a los cuatro vientos sus glorias y hazañas, proclamándolo incluso como el mejor presidente que jamás haya tenido el Perú.

¿Veremos algún día que por fin se aplique la ley y se levanten denuncias contra ellos por apología del delito?

(Columna publicada en Altavoz el 27 de noviembre de 2017)

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FUENTES

MRN-News.de
Frankenthal / Herxheim am Berg – „Hitlerglocke“ keine Straftat (20.09.2017)
https://www.mrn-news.de/2017/09/20/frankenthal-herxheim-am-berg-hitlerglocke-keine-straftat-343424/

SWR
Hier hängen die „Hitler-Glocken“ (21.11.2017)
https://www.swr.de/swraktuell/rp/evangelische-landeskirche-nennt-gemeinden-hier-haengen-die-hitler-glocken/-/id=1682/did=20662470/nid=1682/pgtcwz/index.html

SÁTIRA Y LIBERTAD DE EXPRESIÓN

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A mediados de los años ‘70 llegó a la cartelera limeña —con retraso como ocurría en ese entonces— La leyenda de la casa infernal (John Hough, 1973), película británica de terror que sería censurada y prohibida a pocos días de su estreno. Pues, de manera no intencional, se convirtió en una sátira del gobernante de turno, el dictador Gral. Juan Velasco Alvarado.

Era una época en que los diarios y canales de televisión estaban parametrados, y las noticias en todos los medios eran un calco de la información oficial, gracias a un accionariado mayoritario del Estado en la radio y la televisión, y la expropiación de los principales diarios, que habían sido entregados a gente afín al gobierno.

Quien criticaba abiertamente al régimen, corría el riesgo de ser deportado del país entre gallos y medianoche, sólo con lo que llevaba puesto. Como le ocurrió al genial humorista y escritor satírico Luis Felipe Angell, conocido como Sofocleto, quien estuvo preso y fue deportado durante el gobierno militar de la Revolución Peruana.

Resulta que la película mencionada trata de una mansión encantada, y el fantasma que la ocupa se llama Belasco, quien es descrito como alguien que en vida fue un pervertido, sádico, drogadicto, alcohólico, asesino, necrófilo, caníbal, etcétera, etcétera. Ni qué decir, debido a la coyuntura política que se vivía en el Perú, la película pasaba de ser una cinta de terror a una comedia, pues los espectadores que asistieron a las pocas proyecciones habidas antes de la censura reían como descosidos durante la función.

Cuando el personaje interpretado por Gayle Hunnicutt es poseída por Belasco y se enciende en deseo sexual, llegando a ofrecerse desnuda a Roddy McDowall, había gente que gritaba en el cine: «¡Consuelo! ¡Consuelo, puta!» Consuelo se llamaba la esposa de Velasco.

Cuando Roddy McDowall se enfrenta al fantasma en la secuencia final, le grita que no le tiene miedo, que es un enano de poca estatura y un bastardo: «¡Tu madre era una puta! … ¡No eres un genio!» La euforia en el cine era completa, y había muchos espectadores que se unían a los gritos de McDowall, agregando algunos calificativos de su propia cosecha.

Para completar las semejanzas, tanto Belasco como el Gral. Velasco habían sufrido amputaciones de piernas, el primero de las dos, el segundo de una sola. La censura fue aplicada y esta película no volvió a ser vista en el Perú.

Esto me lo contó José Antonio Eguren cuando yo vivía en una comunidad sodálite, con el estilo jocoso exagerado que lo caracterizaba, por lo cual no puedo dar fe de la exactitud de los detalles, aunque sí de lo que se ve en la película —pues yo mismo la he visto posteriormente— y del hecho de que fue prohibida, así como se prohibió la exhibición de películas como El último tango en París (Bernardo Bertolucci, 1972) y Tráiganme la cabeza de Alfredo García (Sam Peckinpah, 1974), ambas obras maestras del Séptimo Arte.

En general, ocurre que quienes tienen costumbres dictatoriales carecen de sentido del humor, tienen poca correa y suelen estar a la defensiva y dispuestos a recortar los derechos de quienes recurren a la sátira para expresar sus opiniones. No otra cosa es lo que ha ocurrido con el artículo “Reporte desde el baño de damas” de Rafo León, publicado en Caretas.

El personaje de la China Tudela —que nunca me ha hecho reír, como si lo hacían los escritos de Sofocleto— siempre se ha entendido no como una proyección de su autor, sino como una sátira de cierto tipo de mujeres pertenecientes a la clase alta limeña con mentalidad elitista, aburguesada, racista y discriminadora. Sin embargo, en el artículo mencionado no queda claro que sea la China Tudela el objeto de la vena satírica del autor, sino más bien algunas congresistas fujimoristas, a las que se caricaturiza aplicándoles calificativos de mal gusto.

Aún así, el derecho a expresarse mediante la caricatura literaria no puede ser recortado mediante boicots desde el poder o medidas judiciales arbitrarias. El humor satírico, aunque destile mal gusto y sea ofensivo, tiene carta de ciudadanía en una sociedad libre y sólo puede combatirse en el mismo campo de la libertad de expresión. Y con sus mismas armas.

(Columna publicada en Altavoz el 23 de octubre de 2017)

ENTREVISTA: EL CASO SODALICIO

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Recientemente Luis Enrique Baca, estudiante de Derecho en la Universidad de Lima y subdirector de coyuntura nacional en el medio digital Punto y Coma, ha publicado un artículo sobre la situación actual del caso Sodalicio (ver “Análisis: La impunidad del Sodalicio. Víctimas sin justicia”, 26 de julio de 2017), donde cita algunas declaraciones mías que yo le envié el 16 de junio como parte de las respuestas a un cuestionario que me hizo llegar el 8 de junio.

Considerando que la situación sobre el Sodalicio no ha cambiado en nada hasta el momento —y dado que mis reflexiones podrían ser de interés para más de uno—, publico ahora la entrevista completa.

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¿En qué situación está el caso Sodalicio?

La situación del caso Sodalicio es la que ya conocemos a través de los medios de prensa. Una sentencia suave y condescendiente de parte de la justicia eclesiástica, y un stand-by por el momento de parte de la justicia peruana.

¿Por qué cree que la Iglesia encubre a los pederastas?

El tema es muy complejo. Por una parte, la Iglesia se siente representada por aquellos que ostentan un cargo eclesiástico, ya sea que hayan recibido la ordenación sacerdotal o hayan hecho compromisos en una institución de vida consagrada. Todavía se sigue considerando los delitos de pederastia más que nada como faltas graves en las que caen las personas mencionadas y, por lo tanto, como piedras en el camino que no les impedirán restituirse y volver a su situación anterior, donde supuestamente seguirán sirviendo a la institución eclesial después de la prueba por la que el demonio los ha hecho pasar. Hasta ahora, no obstante algunos tímidos progresos, la Iglesia no ha asumido la perspectiva de las víctimas, a las cuales se ha presionado para que guarden silencio (y eviten el escándalo), a fin de evitar dañar la debida reputación que debe acompañar a esos elegidos de Dios. Y el buen nombre de la institución sigue poniéndose como prioridad, aunque se tenga que crucificar a las víctimas.

¿Cree que son efectivos los tribunales eclesiásticos? ¿Por qué?

Los tribunales eclesiásticos sólo han sido efectivos cuando se trata de censurar a teólogos disidentes o de suspender a clérigos díscolos, que se salen de la línea doctrinal y moral impuesta por el obispo de turno. Pero en lo que se refiere a delitos graves contra los derechos humanos de las personas, lo más normal es que los jueces se tomen todo el tiempo del mundo, se concluya que no hay pruebas tras una investigación que consiste básicamente en no hacer nada, o los delitos prescriban. He escrito sobre este tema en una columna publicada en Altavoz, que lleva el título de JUSTICIA ECLESIÁSTICA: LA IMPUNIDAD PROGRAMADA.

¿Por qué no se le juzga a Figari en fueros civiles? ¿Crees que lo verás preso algún día?

El proceso contra Figari está todavía en “veremos”. El Ministerio Público tiene que determinar todavía si procede una denuncia penal que dé lugar a un proceso judicial. Todo esto puede demorar años. No creo que nunca veamos a Figari tras las rejas, pues aún cuando hubiera una sentencia, la cosa derivaría en un asunto diplomático complicado, pues la Santa Sede, con su vergonzoso pronunciamiento sobre el caso, lo ha blindado de por vida.

¿Qué tanto te marcó el Sodalicio?

El Sodalicio me marcó, como ha marcado a tantos. Más aún, es prácticamente imposible pasar por el Sodalicio sin que eso deje huella en la psique personal de uno. Hasta ahora sigo lidiando con las consecuencias.

¿Los abusos del Sodalicio han cambiado tu percepción sobre la Iglesia católica en general?

Mi percepción sobre la Iglesia católica no ha cambiado básicamente debido a los abusos del Sodalicio. Ya antes de ocuparme del tema a fondo, yo me había informado sobre los abusos cometidos dentro de los Legionarios de Cristo (antes incluso de que la Santa Sede se pronunciara sobre el P. Marcial Maciel), y también de otros abusos psicológicos que son moneda corriente dentro del Opus Dei. Más bien, al contrastar esos datos con lo que yo había vivido dentro del Sodalicio, fue que poco a poco pude darme cuenta de que yo mismo había sido víctima de abusos psicológicos y físicos. Aún así, sigo siendo católico por convicción y motivos personales, que he explicitado en la columna POR QUÉ SIGO SIENDO CATÓLICO publicada en mi blog. Ciertamente, mi percepción de la Iglesia ha evolucionado, a la cual considero principalmente como un pueblo formado por fieles creyentes seguidores del Jesús de los Evangelios. Y lamentablemente, en la jerarquía eclesiástica abundan quienes no pueden ser considerados como tales, pues con sus actos traicionan las palabras de Jesús y crucifican a las víctimas de abusos. Ante esto, sólo se puede seguir siendo católico si uno asume como programa las palabras que Juana de Arco les dirigió a los jueces eclesiásticos que la condenaron a la hoguera: «Los hombres de Iglesia no son la Iglesia».

¿Te duele el papel que ha jugado el Congreso al darles la espalda?

No es el Congreso el que nos ha dado la espalda, cortando la posibilidad de una comisión investigadora, sino el fujimorismo, aliado natural de los sectores más conservadores y retrógrados del catolicismo. Una investigación a fondo en el Congreso hubiera sido una ventana abierta para que se sepa toda la verdad sobre el Sodalicio y sobre su sistema doctrinal y disciplinario que atenta contra derechos fundamentales de las personas y favorece la comisión de delitos contra la libertad y la propiedad privada. Esta propuesta ha sido llevada adelante por algunos congresistas de buena ley, entre los cuales destaca Alberto de Belaúnde. Los abusos sexuales, a los cuales tanta publicidad se ha dado, son solamente una consecuencia marginal de problemas más serios y graves, siendo que el problema del Sodalicio no es la pederastia (la inmensa mayoría de las víctimas de abusos sexuales en el Sodalicio eran ya mayores de edad o adolescentes con madurez sexual) sino la manipulación de las conciencias, el abuso de poder y la sujeción de la libertad interior de tantos jóvenes, cuyas vidas son dañadas permanentemente, comprometiendo seriamente su futuro y su desarrollo como personas normales.

¿Te parece contradictorio que los que han cometido abusos o encubierto abusos hoy sean los abanderados de la defensa de los niños en el caso de la ideología de género y #ConMisHijosNoTeMetas?

No me extraña, pues aquellos que cometieron o encubrieron abusos hasta ahora no han tomado conciencia del alcance de lo que hicieron, y siguen justificando esos actos como «rigores de la formación». Para ellos, las víctimas no son tales, sino personas con malas intenciones que malinterpretaron aquello que experimentaron en el Sodalicio. Y precisamente la moral puritana que propugnan, basada sobre una interpretación fundamentalista de los datos bíblicos y ciega a las investigaciones científicas sobre el tema del género, es el humus donde germinan aquellos impulsos enfermizos que terminan en la perpetración de abusos. No puede haber tolerancia ni una actitud sana hacia los demás en una moral represiva de la sexualidad real.

¿Cómo han lidiado los Papas con los casos de abuso?

Recién con Benedicto XVI comienzan a haber medidas que apuntan a combatir los casos de abuso sexual —que, como ya he indicado, es un problema marginal en el Sodalicio—. Las medidas anunciadas por el actual Papa Francisco, aparentemente más radicales que las del Papa Ratzinger, han sido un saludo a la bandera, pues todo parece indicar que han sido neutralizadas con relativo éxito por la Curia Romana. Sin embargo, considero que las medidas siguen siendo demasiado tibias respecto a la gravedad del problema. Y lo peor de todo es que muy poca atención se le ha prestado a los abusos psicológicos y físicos, que son la madre del cordero, pues constituyen el caldo de cultivo de los abusos sexuales, que son más infrecuentes.

¿Eliminar el celibato sería la solución?

La solución a un problema complejo no puede radicar en una medida simple. No podemos eliminar el derecho que una persona tiene a elegir el celibato, si considera que ése es su camino. Pero mantenerlo como una obligación para todos aquellos que quieren ser sacerdotes, no sólo no encuentra sustento sólido en la Biblia o en la Tradición de la Iglesia, sino que puede generar problemas de sexualidad truncada o reprimida en muchas personas buenas que aman su la vocación sacerdotal, pero que tienen que admitir dentro del paquete el celibato obligatorio. Como decía el difunto Cardenal Carlo Maria Martini, él no creía que todos los llamados al sacerdocio estuvieran también llamados al celibato. Por otra parte, el problema va más allá de esta práctica eclesial. Es en la actual doctrina católica sobre la sexualidad donde se hallan los gérmenes de varios abusos. Mientras no haya una reflexión más profunda sobre este tema, que no tenga miedo de revisar y replantear algunos conceptos, con o sin celibato seguirán habiendo abusos.

¿Crees que el Sodalicio es la única organización religiosa peruana involucrada en estos casos?

Toda organización cristiana basada en la autoridad absoluta, con estructuras verticales, con exigencia de obediencia total, con pensamiento único impuesto a todos sus miembros y con una interpretación fundamentalista de los textos bíblicos presentará con alta probabilidad casos de abusos como los que han ocurrido en el Sodalicio. En el contexto peruano, se me vienen a la mente instituciones como el Camino Neocatecumental, el Opus Dei, Pro Ecclesia Sancta y Lumen Dei, aunque no descarto casos de abusos en órdenes tradicionales, especialmente si el ambiente es muy conservador y puritano.

EL FUJIMORISMO HUNDIENDO LA DEMOCRACIA

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Congresistas del partido fujimorista Fuerza Popular

Según el índice de democracia de la prestigiosa revista The Economist, en el año 2016 sólo había 19 países con un régimen de democracia plena. Estados Unidos no está entre esos países. Muchos menos el Perú, que con un puntaje promedio de 6.65 ocupa el puesto 59.

Si bien de entre las cinco categorías que se evaluaron, el Perú obtuvo un puntaje alto en proceso electoral y pluralismo (9.17) y libertades civiles (8.24), los otros puntajes obtenidas fueron miserables —funcionamiento del gobierno (5.36), participación política (6.11), cultura política (4.38)—, no librándose nuestro país de quedar como una democracia imperfecta a los ojos del mundo.

Sospecho que los resultados en el año 2017 serán peores. Pues el gobierno no parece estar funcionando como debe, el desinterés por participar en la cosa política parece estar aumentando debido a una difundida conciencia derrotista que cree que no se puede ganar la lucha contra la corrupción, y el fujimorismo se está encargando de llevar la cultura política a niveles subterráneos inimaginables.

Así como también, gracias a su mayoría parlamentaria, está buscando restringir el pluralismo electoral mediante vallas prácticamente insalvables que dificultarían la participación de algunos actores importantes, llámese Julio Guzmán o Verónika Mendoza. Y ni qué decir de la ley contra el transfuguismo y el proyecto de ley que restringe la libertad de prensa, que atentan contra libertades civiles fundamentales.

En Alemania, donde sí hay democracia plena, difícilmente podría darse el espectáculo de un solo partido dominando el ámbito parlamentario con mayoría absoluta. Pues el sistema político fue diseñado —después de la nefasta experiencia de Hitler— con el fin de evitar el acaparamiento de ninguno de los poderes del Estado por un solo partido. No hay segunda vuelta. Y dado que difícilmente un partido logra más del 50% de los votos, tanto en el Parlamento como en el Ejecutivo se tienen que hacer coaliciones entre un mínimo de dos partidos, a fin de obtener la mayoría necesaria para formar gobierno. El sistema favorece la cooperación interpartidaria y el pluralismo.

En el Perú hay un Congreso con mayoría absoluta fujimorista —no obstante que Fuerza Popular obtuvo sólo el 40% de los votos válidos—, que no cuenta con ningún contrapeso importante que le impida ir contra la razón y hundir aún más el país. Como en tiempos de la dictadura.

(Columna publicada en Exitosa el 27 de abril de 2017)

FELIZ NAVIDAD CON PAN Y CIRCO EN EL CONGRESO DE LA REPÚBLICA

Mesa Directiva del Congreso de la República

Mesa Directiva del Congreso de la República

En Alemania los diputados del Parlamento Federal (Bundestag) no reciben gratificación, ni bonos ni canasta navideña. Más aún, la ley estipula que sólo pueden recibir regalos en su calidad de representantes parlamentarios por un valor máximo de 200 euros al año. Están obligados a declarar los regalos que superen esta suma y se los pueden quedar, siempre y cuando desembolsen su valor. Pues los regalos cuentan en Alemania como un ingreso. Además, así se minimizan los riesgos de corrupción.

A esto hay que añadir que según la ley alemana un trabajador sólo puede recibir de su empleador regalos por un valor de 44 euros al mes, y 40 euros si se trata de un regalo entregado en el marco de la celebración navideña de la empresa, estando prohibida la entrega de éste o cualquier monto en efectivo; además, el monto de lo que gasta el empleador por trabajador en las dos celebraciones por año que permite la ley —incluyendo eventuales regalos— no puede sobrepasar los 110 euros en total. Todo lo que supere estos montos se considera como ingreso sujeto a los descuentos de ley, que fluctúan entre 20% y 60% aproximadamente del sueldo bruto, dependiendo de la categoría fiscal correspondiente, de la situación familiar del asalariado (soltero, casado, divorciado), del número de hijos, del monto del salario y otros factores más.

A la vista de cómo funcionan las cosas en un país rico y desarrollado del Primer Mundo, resulta escandaloso e inaudito que en el Perú los más de 4000 trabajadores del Congreso —incluyendo a los 130 congresistas— reciban regalada una canasta navideña de lujo por un valor de 920 soles, además de otros beneficios del cual están privados la gran mayoría de los peruanos.

Con un sueldo mensual que supera los 15,000 soles, un congresista gana muy por encima del sueldo promedio en el Perú, que asciende aproximadamente a 1,700 soles al mes. Pero a diferencia de cualquier trabajador común y corriente, no puede ser despedido mientras dure su mandato de cinco años. A lo más puede ser sancionado con suspensión temporal sin gozo de haber.

¿Por qué quienes ganan más de lo necesario para tener un nivel de vida decente en el Perú deben ser halagados con regalos que incluyen lujos como una botella de ron Appleton, una de vino espumante Asti Ricadonna, una de vino tinto español y otra de pisco El Portón, además de la posibilidad de viajar acompañados a Jamaica o a Punta Cana (República Dominicana) o con la familia al interior del país, todo con plata del Estado? ¿Qué justifica que quienes perciben un señor sueldo reciban además productos no sólo destinados a la cena navideña, sino en cantidad suficiente como para abastecer sus despensas y sus bares?

Recibir un beneficio suntuoso pagado con dinero del Estado —es decir, con los impuestos de los contribuyentes— no puede constituir ningún derecho —diga lo que diga el congresista Becerril—, más aún cuando quien lo recibe gana mensualmente nueve veces el sueldo promedio del trabajador peruano.

Eso parecen haberlo entendido bien quienes han renunciado a este privilegio o han donado sus canastas a una obra benéfica, en vez de aprovecharlas en beneficio propio. Esperemos que sea así y no solamente cálculo político.

Aquí en Alemania, comparando las ofertas de canastas navideñas con productos gourmet fabricados o envasados en el país, las más caras cuestan alrededor de 100 euros y contienen un poco más de 20 productos, incluyendo una botella de vino y una de espumante. En comparación, las canastas del Congreso —que incluyen licores importados de lujo, delicatessen y otros productos de consumo diario— tienen al cambio del día un valor de unos 260 euros. Cifra escandalosa para un país pobre del Tercer Mundo.

Si bien en ciertas instituciones y empresas es costumbre regalar canastas navideñas a los trabajadores, esto debería hacerse dentro de límites razonables. En el Congreso, que según doña Luz Salgado sigue una política de austeridad, las canastas deberían ser más modestas y contar sólo con productos de fabricación nacional. Deberían ser adquiridas por licitación. Y debería privarse de este beneficio y otros a los congresistas, que ganan más que suficiente para poder darse ellos mismos estos gustos a costa de su propio bolsillo.

¿Cuáles pueden haber sido las razones para que la Mesa Directiva del Congreso, presidida por la fujimorista Luz Salgado, diera luz verde a las canastas del escándalo? Considerando que los principales destinatarios son los trabajadores del Congreso, no se me ocurre otra razón que el clientelismo político. Es decir, a nivel del personal del Congreso las canastas cumplirían la misma función que los tapers naranjas durante las elecciones presidenciales.

Hemos sido testigos del lamentable espectáculo de circo romano que nos ofreció la mayoría fujimorista durante la interpelación y posterior censura del ministro Saavedra, con intervenciones que no cumplían la función de comunicar un discurso racional y lógico sino más bien la de hacernos oír el rugido de los leones dispuestos a destrozar a zarpazos a la ofrenda humana de turno. Ahora llega el momento de entregar las canastas, es decir, de darle el pan al pueblo que forma parte de este coliseo, a fin de comprar su lealtad y su apoyo en la medida de lo posible.

Hay varios congresistas que no se han prestado a esta farsa y los felicito por ello. Aún así, la impresión que nos deja la actuación de un Congreso dominado por el fujimorismo es la de una estampa del Imperio romano, donde el derroche es la norma para la mayoría de los miembros de la clase política, mientras que ofrecen pan y circo a la plebe que está al servicio de estos impresentables e indecorosos patricios.

Lo peor es que, a estas alturas del partido, todavía hay circo para cinco años.

(Columna publicada en Altavoz el 22 de diciembre de 2016)

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FUENTE

La República
Esta es la canasta que recibirá cada congresista de la República (20 de diciembre de 2016)
http://larepublica.pe/impresa/politica/832162-esta-es-la-canasta-que-recibira-cada-congresista-de-la-republica

LOS BUITRES EN EL CONGRESO

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En Alemania también hay corrupción. Así como hay actos violentos, injusticias y discriminación. Pero no es algo inherente al sistema, que lo corroe como un tumor maligno. Estos problemas no llegan a tener las dimensiones cancerígenas que tienen en el Perú.

Según estadísticas recientes las siguientes instituciones alemanas superan el 60% de aprobación —de más a menos—: la policía, los pequeños y medianos empresarios, el poder judicial y el poder legislativo. Por debajo del 35% de aprobación se hallan —de menos a más— las macroempresas, el gobierno federal, la administración pública y la Iglesia.

En el año 2002 partí de un Perú que miraba con esperanza al futuro, deseando superar los problemas legados por el fujimorismo.

Actualmente contemplo un Perú con problemas similares: políticos que declaran corrupto a un ministro y lo censuran sin pruebas fehacientes, esgrimiendo argumentos falsos. Además, se hacen a sí mismos regalos navideños que son un insulto a la austeridad en un país pobre. Cometen peores actos de corrupción que aquellos que injustamente le endilgan a quien censuran. Legislan no para el bien del país sino para satisfacer las ansias pantagruélicas de poder de una dinastía familiar de raíces japonesas.

Cuando la confianza en los poderes legislativo y judicial está por los suelos, es natural que la violencia impregne el lenguaje, el trato cotidiano, el aire que se respira, y tengamos discriminación, desigualdades que claman al cielo, impunidad de los corruptos.

Y nos veamos obligados a contemplar cómo las personas más capaces tienen que someterse a la humillación de ser juzgadas por una sarta de mediocres e ignorantes.

Como ya ocurría en el amado Perú que dejé.

(Columna publicada en Exitosa el 17 de diciembre de 2016)