EL TERRORISMO DE DERECHA

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Víctimas mortales de la violencia derechista en Alemania

Berlín, 19 de diciembre de 2016. El tunecino Anis Amri enfila un camión contra los asistentes a un mercado navideño. 12 personas mueren en este atentado terrorista de trasfondo islámico, mientras 55 quedan heridas.

Se trata de las primeras —y hasta ahora únicas— víctimas mortales del terrorismo islámico en territorio alemán.

Alemania es un país que ya ha tenido experiencias con el terrorismo en su pasado. El grupo de izquierda revolucionaria Rote Armee Fraktion (RAF) —Fracción del Ejército Rojo, en español—, que se mantuvo activo entre la década de los ‘70 y los ‘90, arrojó un saldo de 33 muertos y más de 200 heridos en acciones terroristas.

Pero el peor atentado terrorista de la posguerra se le atribuye no a la izquierda, sino al extremismo de derecha, de orientación ideológica neonazi. El 26 de septiembre de 1980, Gundolf Köhler, miembro del Wehrsportgruppe Hoffmann, hizo estallar una bomba a la entrada principal del Oktoberfest en Múnich, causando la muerte de 13 personas —incluido él mismo— e hiriendo a otras 211.

Hasta ahora no se sabe exactamente el número de víctimas mortales que ha causado la derecha extremista en Alemania. El Bundeskriminalamt (Oficina Federal de Investigación Criminal) reseña oficialmente 75 muertos entre 1990 y 2015, mientras que la Fundación Amadeu Antonio —una sociedad sin fines de lucro que combate el antisemitismo, el racismo y el extremismo de derecha— indica que son por lo menos 178 las víctimas mortales en ese mismo período.

El panorama internacional al respecto en el mundo occidental no es muy distinto al de Alemania. En Estados Unidos, el Nation Institute junto con el Center for Investigative Reporting han publicado recientemente una investigación que llega a la conclusión de que entre 2008 y 2016 hubo en el país 115 atentados ejecutados por supremacistas blancos de extrema derecha, mientras que sólo fueron 63 los atentados con un trasfondo islámico. Y aun en estos últimos casos, el terror no suele venir de mano de inmigrantes, sino de personas nacidas en suelo estadounidense. En total, 87% de las personas que cometieron los atentados nacieron en los Estados Unidos.

La decisión de Donald Trump de impedir el ingreso de viajeros de 6 países de mayoría musulmana —Libia, Irán, Yemen, Somalia, Sudán y Siria— por razones de seguridad no tiene ningún sustento en la realidad, pues según señala el estudio mencionado, sólo el 1% de los autores de los atentados provenían de alguno de estos países.

El peligro real no se halla más allá de las fronteras de los Estados Unidos, sino que se encuentra en el seno de una sociedad donde, al igual que en Alemania, aumentan los adeptos a los grupos radicales de derecha de orientación fascista. Lo cual se agrava en Estados Unidos cuando se antepone el derecho a portar armas al derecho de vivir en paz, o cuando se tiene un Presidente que ha tenido declaraciones que suscribiría cualquier supremacista blanco y que, cabalgando sobre el lomo de una ignorancia supina, busca un chivo expiatorio en la religión islámica y mira para otro lado cuando los criminales son de casa. Por ejemplo, se demoró tres días en condenar el asesinato de dos hombres en Portland (Oregon) el 26 de mayo de este año, que fueron apuñalados por salir en defensa de dos jóvenes musulmanas, cuando no duda en condenar de inmediato cualquier acción criminal realizada por terroristas islámicos.

Además, no tiene en cuenta —o no le importa— que la inmensa mayoría de las víctimas del terrorismo a nivel mundial son musulmanes, y negarles la acogida cuando huyen de una situación que pone en riesgo su integridad o sus vidas, lesiona derechos humanos fundamentales y constituye un crimen de lesa humanidad.

Mientras la muerte de personas de rasgos occidentales en atentados terroristas islámicos siga siendo noticia de primera plana, a la vez que se “invisibiliza” a las víctimas musulmanas —mucho mayores en número—, muertas por mano tanto de extremistas islámicos o filo-fascistas como por obra de dictaduras antidemocráticas o potencias militares de ocupación, el mundo seguirá siendo para las grandes mayorías un lugar ingrato para vivir, donde la paz se vislumbra cada vez más como un sueño lejano.

(Columna publicada en Altavoz el 10 de julio de 2017)

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FUENTES

HuffPost
Most Of America’s Terrorists Are White, And Not Muslim (24/06/2017)
http://www.huffingtonpost.com.au/2017/06/25/most-of-america-s-terrorists-are-white-and-not-muslim_a_22980088/

ZEIT ONLINE
US-Studie: Rechtsextremisten in USA größere Gefahr als Islamisten (26. Juni 2017)
http://www.zeit.de/gesellschaft/zeitgeschehen/2017-06/us-studie-terrorismus-rechtsextremismus-islamismus

Wikipedia (en alemán)
Todesopfer rechtsextremer Gewalt in der Bundesrepublik Deutschland
https://de.wikipedia.org/wiki/Todesopfer_rechtsextremer_Gewalt_in_der_Bundesrepublik_Deutschland

Mut gegen rechte Gewalt
Todesopfer rechter Gewalt seit 1990 (30.07.2015)
https://www.mut-gegen-rechte-gewalt.de/news/chronik-der-gewalt/todesopfer-rechtsextremer-und-rassistischer-gewalt-seit-1990

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EL PAPA QUE PACTÓ CON EL DIABLO

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Papa Pío XI (1857-1939)

El Papa Pío XI logró que la Iglesia católica sobreviviera políticamente al régimen fascista de Benito Mussolini. El precio fue que pactó con el dictador, haciendo posible su ascenso y consolidación en el poder. Fue prácticamente un pacto con el diablo, que convertiría al Vaticano en cómplice silencioso de crímenes de lesa humanidad.

Es lo que cuenta el historiador estadounidense David Kertzer en su libro The Pope and Mussolini (2015) —gracias al cual recibió el Premio Pulitzer—, recientemente traducido al alemán.

Dice Kertzer: «El Papa vio algo en Mussolini que le gustó. No obstante todas sus diferencias, ambos hombres compartían algunos importantes valores. Ninguno tenía simpatía por la democracia parlamentaria. Ninguno creía en la libertad de expresión y de asociación. Ambos veían al comunismo como una grave amenaza. Ambos pensaban que Italia estaba hundida en una crisis y que el sistema político vigente no tenía salvación».

En los Pactos de Letrán de 1929, Mussolini reconoció la independencia y soberanía de la Santa Sede y creó el actual Estado Vaticano, a la vez que reconocía el catolicismo como religión oficial de Italia y garantizaba la enseñanza de la doctrina católica en las escuelas.

Aún así, hubo tiranteces en la relación. Y cuando Mussolini estableció leyes antisemitas similares a las del régimen nazi en Italia, a Pío XI le picó la conciencia. Mandó preparar el borrador de una encíclica (Humani Generis Unitas) y dio un potente discurso antirracista. Pero la muerte le llegó pronto y su sucesor Pío XII se encargó de que nada saliera a la luz. No era conveniente indisponerse ni con Mussolini ni con Hitler.

Como no lo fue con Fujimori, cardenal Cipriani.

(Columna publicada en Exitosa el 3 de diciembre de 2016)

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El Papa Pío XI, cuyo verdadero nombre era Achille Ratti, tuvo la fama de ser una figura eclesial luminosa en el período de entreguerras, pues fomentó la participación de los laicos en la cristianización de la sociedad a través de la Acción Católica, le dio impulso a la actividad misionera y se preocupó sobremanera de la educación católica. Además, publicó varias encíclicas condenando las ideologías de su época perjudiciales para el hombre, la sociedad y la fe cristiana: el comunismo ateo, el capitalismo liberal, el nazismo y el fascismo. La encíclica sobre este último tema (Non abbiamo bisogno) fue escrita en 1931, dos años después de la firma de los Pactos de Letrán, como reacción a las acciones que Benito Mussolini tomó en contra de la Acción Católica. En ese texto se condena la supremacía del Estado que postula el fascismo e incluso se califica esta ideología como anticristiana.

No obstante, eso no impidió que el Vaticano bajo la conducción de Pío XI colaborara, aunque sea a regañadientes, con el régimen fascista. Las ventajas obtenidas para la Iglesia católica con los Pactos de Letrán, donde el punto central era la recuperación por parte de la Santa Sede de un territorio minúsculo pero autónomo y soberano, justificaban el tener que tragarse de vez en cuando sapos y culebras. Pues hay que decirlo, a Pío XI no le gustaba Mussolini. Eso no constituyó obstáculo para que hablara de él como «un hombre de la Providencia», enviado por Dios para solucionarle algunos problemillas a la Iglesia, entre ellos la incierta situación de la Santa Sede, que desde hacía más de 50 años —contados a partir de la pérdida de los Estados Pontificios en 1870— se encontraba en una especie de limbo político, sin derechos, sin influencia, sin soberanía territorial.

Por ésta y otras cosas —declarar a la religión católica como única reconocida por el Estado en Italia y reconocerle al matrimonio sacramental todos los derechos en lo civil, además de considerar obligatoria la enseñanza de la religión católica en todas las escuelas públicas—, la Iglesia animó a los católicos italianos a votar por los fascistas, contribuyendo así a su afianzamiento en el poder. Sin Pío XI, Mussolini no hubiera sido posible tal como nos lo ha transmitido la historia. Y eso no ocurrió sin que el papado tuviera que sacrificar de paso algunos valores cristianos en aras de su cuota de poder.

Ciertamente, Pío XI no se sentía muy cómodo con la situación, pero allí estaba su Secretario de Estado, el cardenal Eugenio Pacelli —posteriormente pontífice con el nombre de Pío XII—, quien le habría convencido de que no había otra alternativa.

Cuando en 1938 Pio XI, ya anciano y desilusionado, sopesó la posibilidad de romper la alianza con Mussolini debido a su proximidad al régimen nazi y a la entrada en vigencia de leyes antisemitas, no se le ocurrió mejor idea que mandar preparar el borrador de una encíclica contra el racismo y el antisemitismo al jesuita estadounidense John LaFarge, autor de Interracial Justice. Éste, abrumado por la tarea, solicitó ayuda al General de los Jesuitas, el P. Tadeusz Ledochowski, un antisemita radical que pensó que el Papa se había vuelto loco. De modo que le encargó a dos jesuitas “experimentados” que asistieran a LaFarge en la preparación del borrador. Estando éste ya listo en septiembre de 1938, fue enviado primero al jefe de redacción de La Civiltá Cattolica, el P. Enrico Rosa, quien en cuestión de antisemitismo le daba vueltas al P. Ledochowski. Como se comprenderá, no hubo ninguna premura en que el documento le llegara al Papa para su revisión. Cuando finalmente esto ocurrió en enero de 1939, ya era tarde: Pío XI yacía enfermo en su lecho de muerte.

En septiembre de 1938 el Papa había declarado a miembros del personal de la radio belga católica en un discurso durante una audiencia que era imposible para los cristianos participar del antisemitismo, pues espiritualmente todos somos semitas. Esto fue demasiado para el entorno papal. L’Osservatore Romano mencionó el discurso pero omitió sus palabras en defensa de los judíos. A la muerte de Pío XI en febrero de 1939, el cardenal Eugenio Pacelli ordenaría destruir todas las copias del discurso, y el borrador de la encíclica contra el antisemitismo sería archivado. Recién en el año 2001 saldría a la luz en tres versiones: una en inglés, otra en francés y otra en alemán.

Demasiado tarde comprendería el atormentado Pío XI que fue un gran error aliarse con el fascismo, pues éste por lo general sólo busca instrumentalizar la religión para sus propios fines totalitarios. Al final la religión sale debilitada y convertida en una sirviente muda de fines nefastos.

Y muchos católicos no han aprendido aún esta lección de la historia. A nivel mundial, son muchos los que —aún no gustándoles el candidato Donald Trump, cuyas ideas guardan más de una similitud con el fascismo— han creído que es la mejor opción para Presidente de los Estados Unidos, sin darse cuenta de que Trump no ha tenido ningún reparo en instrumentalizarlos para defender sus intereses.

Y a nivel local, el apoyo que le siguen dando tantos católicos conservadores a Keiko, la hija del dictador Alberto Fujimori, hace patente que el fustán fascista sigue siendo para ellos un anzuelo de enorme atractivo. Sin contar con la fascinación que ejerció sobre cientos de jóvenes el fascista Figari, uno de los más nefastos instrumentalizadores de la religión católica que haya habido. Por lo menos en tierras peruanas.

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FUENTES

New Republic
How a Pope Helped Mussolini Rise to Power (March 8, 2014)
https://newrepublic.com/article/116501/pope-and-mussolini-david-i-kertzer-reviewed

katholisch.de
Revision eines Geschichtsbildes nötig? (18.09.2016)
http://www.katholisch.de/aktuelles/aktuelle-artikel/revision-eines-geschichtsbildes-notig

Der Spiegel
Papst Pius XI. und Mussolini: Pakt mit dem Teufel (27.11.2016)
http://www.spiegel.de/einestages/pakt-mit-dem-teufel-papst-pius-xi-und-der-faschismus-a-1122590.html

SODALICIO: LECTURAS PARA EL APOCALIPSIS

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Desde sus inicios, el Sodalicio ha tenido una visión negativa del mundo. El Folleto Azul “Sodalitium Christianae Vitae”, ideario fundacional del año 1971, comienza con un diagnóstico lúgubre de la condición humana en el mundo actual:

«el hombre, en vez de ordenar sus actos a la voluntad de Dios consagrándolo todo a Él y adorándole en gratitud, encaminó mal el maravilloso don de la libertad, “se envaneció en sus razonamientos y oscureció su insensato corazón (Rom 1,21), “cambiando la verdad de dios por la mentira, y adorando y dando culto a la criatura en lugar del Creador” (Rom 1,25). El rechazo de la invitación de Dios a amarle: el pecado fruto del egoísmo —olvido de su condición de creatura respecto de Dios, por exceso de afianzamiento en el centro que el hombre mismo es— tuvo sus gravísimas consecuencias para los hombres. El mismo caos que sufre hoy el mundo es consecuencia del egoísmo».

Desde entonces, una reflexión introductoria sobre los “males del mundo” ha formado parte imprescindible del discurso sodálite, lo cual ha encontrado plasmación en charlas, retiros, jornadas espirituales, Convivios (congresos de estudiantes católicos), e incluso en conversaciones personales de cariz proselitista, donde a la toma de conciencia de lo mal que estaba el mundo se añadía el suscitar el sentimiento de que uno estaba mal en lo personal, literalmente “hasta el culo”. Y si uno era católico creyente, se le incitaba a pensar que uno era un mal católico, de esos que van a misa los domingos y después hacen su vida como si Dios no existiera. Pues los sodálites se consideraban a sí mismos entre los pocos que aspiraban a vivir un catolicismo consecuente y radical. Los demás eran, por lo general, cristianos mediocres, “parroquieros”, católicos aburguesados, carne de cañón si no para el infierno, por lo menos para el purgatorio. Pues, según se nos repetía hasta la saciedad, «el infierno está empedrado de buena intenciones».

A decir verdad, nunca he escuchado en ámbitos sodálites una valoración del mundo que mencionara sus aspectos positivos. Los aspectos negativos eran los únicos que contaban para ellos. Un recuento dramático, pesimista y excesivo de los males del mundo aparecía en el folleto Un mundo en cambio de Luis Fernando Figari, que era de lectura obligatoria en los grupos de formación de la Familia Sodálite. Se partía de una perspectiva muy distinta a la que presentaba la Constitución pastoral Gaudium et spes sobre la Iglesia en el mundo actual del Concilio Vaticano II, donde hay una visión más balanceada, no sólo describiendo los problemas del mundo de ese entonces, sino también sus aspectos positivos y sus fortalezas.

Ideológicamente, para los sodálites el mundo en que vivimos no llega ni siquiera al nivel de humano, sino que es “salvaje”, sub-humano. Así lo expresaba Figari hace cuatro décadas:

«Ni por un solo momento se ha dejado olvidada la tarea que nos hemos propuesto de “rehacer todo un mundo desde sus cimientos, de salvaje volverlo humano, y de humano, divino”. Todo lo contrario, la consigna del muy venerado Pío XII ha guiado el trabajo infatigable, desde el primer campo de apostolado, que para cada uno es él mismo, hasta la proyección exterior hacia un mundo que sufre y se angustia por la falta de luz, para iluminar y saciar las mentes, y fuego para calentar los corazones y mover las voluntades que sólo el Señor Jesús puede proporcionar. Me parece que siempre hemos tenido en cuenta que los males visibles-externos son como emanaciones de los males espirituales. Por ello hay que combatir contra las consecuencias, pero también contra el foco de la enfermedad» (Memoria 1977).

Por eso mismo, una de la metas que se propuso el Sodalicio desde un principio fue “humanizar” el mundo:

«No hay duda de que el hombre debe humanizar el mundo y conducirlo hacia su meta, por ello el cristiano es el especialmente sindicado para realizar esa tarea integral y compleja. Esta idea, que a tenemos en el Sodalitium desde hace mucho tiempo, es expresada por von Balthasar […] de una manera categórica: “sólo el cristiano y únicamente él, dado que conoce de la involucración de Dios en el mundo, en Cristo, será capaz de dirigir rectamente las inquietudes del hombre en este mundo, y sus esfuerzos para adquirir la trascendencia”» (Memoria 1976).

Pero no cualquier cristiano está capacitado para esta tarea, sino solamente aquél que aspira a ser santo. Este ideal ciertamente forma parte de la enseñanza de la Iglesia católica, pero en el Sodalicio se ha pretendido llevarlo a extremos radicales, descalificando de paso cualquier iniciativa social realizada por personas comunes y corrientes que no tienen la santidad entre sus fines personales. Así lo encontramos expresado en uno de los textos que aún se siguen utilizando en la Familia Sodálite para la formación espiritual y la oración, el Camino hacia Dios 203. Sólo los santos cambiarán el mundo (ver http://www.caminohaciadios.com/chd-por-numero/233-203-solo-los-santos-cambiaran-en-el-mundo):

«Sabemos bien que debemos trabajar por cambiar el mundo. Esta tarea, sin embargo, sólo tendrá frutos duraderos si se hace a partir de un compromiso decidido por la santidad personal. Seguramente conocemos muchas personas de bien. Personas que no sólo no le hacen daño a nadie, sino que incluso se embarcan en proyectos positivos y de ayuda social. Hemos escuchado hablar de hombres y mujeres que dan su tiempo y dinero, su preocupación, que orientan sus afanes y esfuerzos en bien de los demás. Ciertamente sus proyectos e iniciativas son loables y de mucho bien en un mundo signado por el egoísmo y la mezquindad. Aun así, con todas las buenas intenciones, todos estos proyectos que nacen de buenos corazones y nobles intereses, si no parten de un radical anhelo por la santidad, no bastan para lograr aquel cambio hoy cada vez más urgente. […]

La tarea que se abre ante nosotros es realmente enorme. La sociedad de hoy se aleja de Dios cada vez más, y los retos y obstáculos para el anuncio del Evangelio se multiplican. Para el santo, sin embargo, esto no es ocasión de desaliento ni desánimo. […] Encendiendo en nosotros la llama del amor de Dios no sólo se ilumina nuestro alrededor, sino que se encienden también otras tantas llamas, formando poco a poco un hermoso manto de luces que disipa las tinieblas de la noche. Es así, y sólo así, que lograremos transformar el mundo”».

Si bien en el Sodalicio siempre ha repetido como un axioma que el cambio del mundo comienza por uno mismo, la resonancia que podria tener ese cambio en el mundo actual se ve anulada desde el momento en que los miembros de la institución son sometidos a una especie de aislamiento de las condiciones del mundo real. Las comunidades se convertían entonces en minúsculos territorios donde cada cosa estaba en su lugar según el Plan de Dios —en teoría, porque ahora sabemos que en la práctica se trataba de pura fachada—, mientras que el mundo externo seguía sus propias reglas, ajeno e indiferente a la sigilosa presencia de los sodálites en su territorio.

Eso explica por qué —desde que tengo memoria— los sodálites, más preocupados en buscar la santidad personal en sus pequeños mundos protegidos, nunca han realizado una evaluación de cuánto han contribuido a cambiar el mundo en el sentido que ellos mismos proclaman. Porque ese objetivo no parece interesarles mucho en realidad. Siempre han repetido que el mundo está mal y que cada vez está peor, y lo seguirán haciendo, pues eso forma parte de su esquema ideológico. Su propuesta de cambiar el mundo ha servido únicamente de carnada para captar y reclutar jóvenes idealistas para la institución, en la cual lo único que cambiaría radicalmente son las vidas de estos muchachos, y no precisamente en dirección hacia la santidad personal. Los ejemplos sobran. Vidas prometedoras que se convierten en existencias truncadas, mutiladas psicológicamente, cautivas de una ideología absolutista y sectaria, incapaces de entender el mundo, mucho menos de manejarse con desenvoltura en él. Y esto desde antes de ser mayores de edad, pues la inmensa mayoría de los miembros del Sodalicio fueron objeto de proselitismo y se comprometieron interiormente con la institución en la adolescencia, antes de cumplir los 18 años de edad.

Uno de los instrumentos que se empleaba para insuflar en las mentes jóvenes la idea de un mundo en crisis permanente y literalmente al borde del apocalipsis era una lista de libros de lectura obligatoria que fue confeccionada originalmente en la década de los ‘70.

fundacionUna gran parte de los libros eran novelas de ciencia-ficción, ya sea describiendo sociedades futuras distópicas, donde los elementos negativos del mundo actual son llevados narrativamente hasta extremos indeseables; ya sea relatando historias de elegidos que tienen una misión que cumplir para guiar el devenir histórico y social hacia buen puerto.

La lista incluía Un mundo feliz, de Aldous Huxley; 1984, de George Orwell; Fundación, Fundación e Imperio, Segunda fundación y El fin de la eternidad, de Isaac Asimov; Fahrenheit 451, Crónicas marcianas y El hombre ilustrado, de Ray Bradbury; Mercaderes del espacio, de Frederik Pohl & C.M. Kornbluth; El hombre demolido, de Alfred Bester; Cántico a San Leibowitz, de Walter M. Miller Jr.

La novela en clave de fábula moderna Rebelión en la granja, de George Orwell, también entraba en el paquete, como sátira contra el régimen político soviético y como manera de fomentar en las mentes juveniles un anticomunismo sin concesiones.

Otros dos libros claves para llevar a los jóvenes a un cuestionamiento profundo de sus existencias eran las novelas Demian y Siddharta, de Hermann Hesse, historias de maduración y autodescubrimiento personal protagonizadas por personajes jóvenes  y llenas de elementos gnósticos y esotéricos que resultaban apelantes para quienes se hallaban en la crisis de la adolescencia. Para fines de cuestionamiento personal también se utilizaba El principito, de Antoine de Saint-Exupéry.

Y para profundizar en aspectos como la comunicación, la amistad y el sentido de la existencia eran imprescindibles dos libros del sacerdote católico francés, psicoanalista y ex militante comunista Ignace Lepp: La comunicación de las existencias y La existencia auténtica.

Para afianzar una conversión personal comprometida hacia la fe católica se mandaba leer Nostalgia de Dios, de Pieter van de Meer de Walcheren, diario de un converso holandés que fue amigo del filósofo francés católico Jacques Maritain.

los_nuevos_curasTambién habían algunos libros con narrativa de contenido cristiano, que tenían como características comunes la presentación de un catolicismo conservador y una exaltación mistificada de la cristiandad medieval, así como una actitud intolerante y agresiva no sólo hacia lo no cristiano sino incluso hacia aquellos que se apartan de una interpretación tradicionalista del catolicismo, y también una militancia combativa a favor de la Iglesia católica.

Entre esos libros se cuentan una trilogía del monje trapense norteamericano M. Raymond, que narra en forma novelada episodios de la orden monástica de los cistercienses, desde sus orígenes hasta su presencia en territorio estadounidense: Tres monjes rebeldes, La familia que alcanzó a Cristo e Incienso quemado; dos novelas del tradicionalista monárquico francés Michel de Saint-Pierre, que critican el progresismo católico y defienden un catolicismo preconciliar: Los nuevos curas y La pasión del Padre Delance; dos clásicos de la literatura católica del siglo XIX, novelas autobiográficas escritas por el atormentado Léon Bloy: El desesperado y La mujer pobre; y finalmente, El coraje de vivir, del escritor francés Maxence van der Mersch, que sitúa a sus personajes en el marco de las luchas de la Juventud Obrera Católica (JOC) en Francia en la década de los ‘30.

No podía faltar algún relato católico en forma de pequeñas parábolas modernas, algo que tiene mucho atractivo entre los adolescentes, a saber, El jardín del Amado, de Robert E. Way.

Pero los libros cuya lectura era más cotizada en el Sodalicio de los ‘70 y ‘80 pertenecen a Hugo Wast, seudónimo del escritor católico nacionalista argentino Gustavo Martínez Zuviría (1883-1962). Me refiero a las novelas El Kahal / Oro (1935) y Juana Tabor / 666 (1942), cada una escrita en dos partes publicadas originalmente por separado.

juana_taborLa trama de la primera novela mencionada se desarrolla en el marco de un supuesto complot judío para dominar el mundo. La segunda novela es una historia imaginaria sobre el fin de los tiempos, donde confluyen todas las taras ideológicas del catolicismo conservador más reaccionario: clericalismo, papismo, interpretación fundamentalista de los textos bíblicos, nacionalismo de características fascistas, antisemitisimo, antiislamismo, anticomunismo, autoritarismo, militarismo, monarquismo, elitismo y desprecio del pueblo, defensa de la obediencia como virtud fundamental, rechazo de la democracia como sistema político y defensa de la dictadura como forma de gobierno, rechazo del derecho a la igualdad de todos los hombres, rechazo de la libertad religiosa y de la tolerancia como base de la convivencia social, rechazo del estado laico y defensa de la teocracia —unión entre Iglesia y Estado—, crítica de la modernidad tecnológica, idealización de la cristiandad medieval y justificación de las Cruzadas, admiración por el dictador Francisco Franco y justificación de las atrocidades cometidas por los nacionalistas en la Guerra Civil Española, etc.

Si bien se invitaba a una lectura crítica de la mayoría de los libros incluidos en la lista, los libros de Hugo Wast eran considerados como confiables por el catolicismo del autor, y finalmente se convertían en un herramienta útil para implantar una ideología católica retrógrada en jóvenes que no habían alcanzado la mayoría de edad.

la_hora_25Me olvidaba mencionar una novela que incidía en la deshumanización del hombre en el siglo XX, y que fue llevada a la pantalla grande en 1967 con Anthony Quinn en el papel principal. Me refiero a La hora 25, del escritor rumano Constantin Virgil Gheorghiu, el cual fue ordenado sacerdote ortodoxo en 1966. En 1952, cuando ya llevaban viviendo varios años en París, se descubrió que antes de dejar Rumania había escrito un libro con contenido antisemita y elogioso de las tropas hitlerianas. Si bien nunca hizo un claro deslinde respecto a ese escrito, en 1986 escribió en sus memorias: «Me avergüenzo de mí mismo. Me avergüenzo porque soy rumano, como los criminales de la Guardia de Hierro».

Menciono esto, porque uno de los libros de lectura obligatoria en la década de los ‘70 —aunque nunca fue incluido oficialmente en la lista— era Codreanu el Capitán, de Carlo Sburlatti, una biografía de Corneliu Zelea Codreanu (1899-1938), líder de la Legión de San Miguel Arcángel, organización fascista, ultraortodoxa, antisemita y ultranacionalista, que a la vez contó con una rama paramilitar, la Guardia de Hierro, la cual recurrió a la violencia y cometió varios crímenes en defensa del proyecto de una sociedad cristiana. Figari quería que aprendiéramos través de la lectura de este libro la actitud que debíamos tener ante la vida y el mundo que nos rodeaba, una actitud combativa que implicaba la posibilidad de llegar incluso al sacrificio supremo de la vida por defender la fe cristiana.

piloto_de_stukasOtros libros que también debían leer los sodálites con vocación intelectual en los ‘70, pero que no estaban incluidos en la lista, eran las Obras completas de José Antonio Primo de Rivera, líder de la Falange Española, un partido político adscrito al fascismo católico que brotó en territorio ibérico en la década de los ‘30; y Piloto de Stukas, de Hans-Ulrich Rudel, libro autobiográfico del piloto de aviones de combate más condecorado del ejército hitleriano, quien nunca renegó de su filiación nazi y justificó incluso el Holocausto judío. Además, Izquierdas y derechas: Su sentido y misterio, del argentino Jorge Martínez Albaizeta, que identificaba “derecha” con un orden jerárquico sujeto a leyes y tendiente al dogmatismo, mientras que la “izquierda” tiende al igualitarismo, al a-legalismo y al escepticismo. Dentro de esta visión que se inclina por una valoración positiva de las ideologías de derecha, «la historia de la cultura occidental desde el siglo XIV es, en esencia, una izquierdización», siendo la Edad Media el paradigma de la cultura cristiana, y el devenir histórico posterior de Occidente, un acto de progresiva decadencia.

Otro libro de la primera época, más recomendado que obligatorio, fue Los protocolos de los sabios de Sión, que eran supuestamente las actas secretas de los judíos reunidos en el Primer Congreso Sionista de Basilea (Suiza) en 1897, donde se describe el plan que tienen para la dominación del mundo, pero que en realidad fue un texto fraguado por la policía secreta del Zar en 1902 a fin de justificar ideológicamente los pogroms contra la población judía en la Rusia zarista. Es una de las fuentes sobre las cuales construye Hugo Wast su novela antisemita El Kahal / Oro. Dice este autor sobre estos documentos: «Sin pronunciarme sobre la insoluble cuestión de la autenticidad de los “Protocolos”, me limitaré a decir que con buenas palabras de judíos alegan que son falsos; pero con hechos, todos los días nos prueban que son verdaderos. Los “Protocolos” serán falsos… pero se cumplen maravillosamente». Y esta misma opinión fue la que yo escuché en mi juventud de boca de los sodálites Germán Doig y Alejandro Bermúdez.

Otros libros recomendados por Figari eran los del periodista mexicano Salvador Borrego (1915- ), apologista y simpatizante del fascismo, quien ha sostenido persistentemente una postura antisemita y negacionista del Holocausto judío.

Ciertamente, todos los escritos provenientes de la pluma de Luis Fernando Figari y de Germán Doig eran de lectura obligatoria y debían ser asumidos sin espíritu crítico.

jesucristoOtros libros de no-ficción incluidos en esta lista de formación eran La aceptación de sí mismo y La esencia del cristianismo, de Romano Guardini; Jesucristo, del teólogo alemán adscrito al nazismo Karl Adam; El arte de vivir, de Dietrich y Alice von Hildebrand; Semillas de contemplación y Los hombres no son islas, del monje trapense Thomas Merton; Control cerebral y emocional y Eficiencia sin fatiga en el trabajo mental, del jesuita Narciso Irala; Voluntad y sexualidad, de Paul Chauchard; El criterio, de Jaime Balmes; Introducción a la filosofía, de Jacques Maritain; Vida y muerte de las órdenes religiosas, de Raymond Hostie; El orden natural, de Carlos A. Sacheri; La Iglesia y el orden temporal, de Octavio Derisi, obispo argentino que justificó la dictadura militar en la Argentina de los ‘70; La realidad nacional y Peruanidad, de Víctor Andrés Belaúnde.

Con el tiempo se añadieron otros libros —sobre todo algunas novelas piadosas cristianas, vidas de santos, clásicos de la la literatura y obras de temática diversa relacionadas con la doctrina católica— pero el núcleo literario permaneció intacto.

Varias de estos libros son ya clásicos modernos de la literatura, pero fueron utilizados para generar una mentalidad apocalíptica en jóvenes entusiastas y afianzar la idea de un grupo elegido destinado a cambiar un mundo siempre en crisis, sometido a la maldad y al pecado, con el cual no se puede hacer ninguna componenda. Decía Figari en 1980: «la vocación sodálite está en enemistad con el mundo. Quiero pedir que se entienda que justamente por la naturaleza misma de nuestra espiritualidad encarnatoria que opta por el mundo que desea Dios, que aspira a la reordenación de todo el universo hacia Él, hay una enemistad radical con aquel mundo cuyos frutos se oponen al Plan de Dios» (Memoria 1980). Una contradicción en sus términos: optar por el mundo significaría estar siempre enemistado con él. En estas circunstancias, cambiar el mundo se revela como una imposibilidad metafísica. Pero eso nunca pareció importarle a Figari y compañía, pues el único fin parecía ser el engrosamiento de las filas sodálites con nuevos reclutas, convencidos de estar luchando por evitar el cataclismo universal de un mundo al borde del abismo, siendo en realidad víctimas de una ilusión apocalíptica, donde lo único que se iría al abismo serían sus vidas truncadas, despojadas de su libertad y de sus mejores años. Y de toda la belleza y profundidad que, no obstante sus innegables problemas, encierra el mundo en que vivimos.

EL SODALICIO EN LA PALABRA ESCRITA (I)

Poco se ha escrito sobre el Sodalicio de Vida Cristiana. Precisamente, uno de los motivos que me llevó a escribir al respecto a través de este blog fue la escasez de información que había sobre la institución misma. Fuera de las versiones oficiales de carácter laudatorio, que presentan un versión filtrada e idealizada de la historia, la disciplina y las estructuras de la institución, poco se sabía en realidad sobre el Sodalicio. Las investigaciones periodísticas y académicas eran escasas, tangenciales y sólo rozaban la punta del iceberg, además de no presentar datos estructurados que pudieran dar a conocer de manera profunda a esta organización fundamentalista católica. Mi intención ha sido subsanar en parte este vacío, aunque reconozco que todavía hay mucho que escarbar, pues el secretismo que ha aplicado el Sodalicio sistemáticamente como estrategia ad intra y ad extra de la institución todavía constituye un obstáculo para acceder a la información relevante.

La fecha oficial de fundación del Sodalicio de Vida Cristiana es el 8 de diciembre de 1971. Aún así, pasarían 30 años antes de que se hiciera el primer reportaje serio de investigación, que fue propalado el 20 de noviembre de 2001 en el desaparecido programa “Entre Líneas” de Canal N, que dirigía la periodista Cecilia Valenzuela, (ver CANAL N: PRIMER REPORTAJE SOBRE EL SODALICIO) y contaría con una versión escrita publicada en la página web de agenciaperu.com (ver https://web.archive.org/web/20020225233512/http://www.agenciaperu.com/sociedad/2001/nov/sodas.htm).

¿Quiere decir esto que nadie había osado antes presentar una visión crítica a través de la palabra escrita? Nada de eso. Aunque he de admitir que la información que se podía encontrar anteriormente sobre el Sodalicio y Luis Fernando Figari en medios periodísticos y académicos ajenos a la institución era escasa, y muchas veces consistían en datos sueltos no estructurados, acompañados a veces de impresiones subjetivas y valoraciones generales, sin que hubiera de base un conocimiento a fondo del fenóneno ni de su pretendido fundador.

el_diario_marka_28_mayo_1985Recuerdo que en la década de los ’80, el Diario Marka, un periódico de fugaz existencia gestionado por sectores de la izquierda peruana y ocasionalmente defensor de la teología de la liberación, publicó alguna que otra vez información crítica sobre el Sodalicio, no siempre con datos correctos. En los ambientes sodálites, cada vez que ocurría esto, se hablaba de un nuevo “ataque” del Diario Marka. Y ya desde entonces se creó la costumbre de considerar cualquier publicación de noticias no favorables al Sodalicio como ataques enemigos, frente a los cuales había que cerrar filas, guardar silencio, y de paso silenciar a quienes habían soltado la información, sin caer en la trampa de dar una respuesta abierta a los supuestos ataques. Pues en el Sodalicio, desde que yo tengo memoria, siempre se ha sostenido que aquellos que son ajenos a la institución no tienen la capacidad de comprenderla y, por lo tanto, ofrecer explicaciones es algo que carece de sentido. Supuestamente, sólo quien pertenece al Sodalicio y tiene una posición favorable hacia él puede comprenderlo plenamente. De este modo, se convierte al Sodalicio en algo así como un asunto de fe. O crees en él y lo entiendes, o no crees en él y no entiendes nada. A decir verdad ‒lo digo por experiencia propia‒ hay muchas cosas que se entienden cuando uno ha sido miembro de la institución, y otras cosas llegan a entenderse mejor cuando uno ha roto la tutela mental bajo la cual se hallaba y ha tomado una sana distancia al respecto. Y estas cosas pueden ser explicadas a los legos en la materia. No se trata de misterios del otro mundo.

Lamentablemente, las noticias sobre el Sodalicio que publicara el Diario Marka no son actualmente de fácil acceso, y encontrarlas requeriría de una ardua labor de investigación en la Biblioteca Nacional del Perú, en las bibliotecas de algunas universidades o recurrir a alguien que disponga de un archivo con ejemplares de la publicación.

Parece que la primera información critica sobre Figari y el Sodalitium en la prensa escrita apareció en noviembre de 1975 en Marka, cuando todavía era una revista semanal que luchaba por ofrecer un espacio de información alternativa en el Perú, en circunstancias en que el gobierno militar del General Juan Velasco Alvarado había expropiado en 1970 los diarios Expreso y Extra, en 1974 otros diarios peruanos (El Comercio, La Prensa, Ojo, Correo, Última Hora, Afición), y mantenía el control absoluto sobre las noticias que se publicaban a través de estos medios, a tal punto que eran prácticamente intercambiables, pues las noticias principales eran exactamente las mismas, idénticas incluso en su redacción. Era frecuente que los medios no controlados por el Estado fueran clausurados y sus responsables deportados al extranjero, si publicaban alguna noticia que no fuera del agrado del gobierno de la Revolución Peruana. Fue también por esa época que el Sodalicio publicaba de manera independiente una revista de escasa circulación, Presencia, con contenidos socio-políticos católicos de orientación conservadora y tradicionalista, la cual era vendida libremente en las calles sin recurrir a los canales usuales de distribución, que eran controlados por el Estado.

La noticia de Marka sobre el Sodalicio aparece citada y traducida al inglés en un artículo publicado en 1992 por la socióloga estadounidense Milagros Peña, actualmente profesora de la Universidad de Florida (EE.UU.), que lleva el título de The Sodalitium Vitae Movement in Peru: A Rewriting of Liberation Theology, publicado originalmente en Oxford Journals – Sociology of Religion, Volume 53, Issue 2, pp. 159-173. El artículo fue incluido posteriormente en el libro compilatorio Religion and Democracy in Latin America, editado por William H. Swatos Jr. (Transaction Publishers, 1995). El texto de Peña constituye uno de los pocos estudios en que se aborda el tema del Sodalicio, análizándolo como una alternativa de grupos conservadores a la teología de la liberación. Cito el texto en que hace una definición descriptiva del Sodalicio, al cual considera erróneamente como un movimiento.

«THE SODALITIUM VITAE MOVEMENT

In 1973 a group calling itself “God and Country” began appearing at the Catholic University of Lima. By 1974, the group included: Confederación Nacionalista de Juventudes (Confederacy of Nationalist Youths) and its religious sector — Sodalitium Vitae (Marka, 13 November 1975). Its founder, Luis Fernando Figari, was a secondary school teacher at the San Isidro and Santa Maria schools in Lima. His first recruits came from those schools. He later broadened his constituency when he became a student and teacher at the Santo Toribio Seminary in Lima. Figari’s ties at the seminary led to support from influential bishops. They were: Bishops Fernando Vargas Ruiz de Somocurcio of Arequipa, Oscar Alzamora Revoredo of Tacna, Augusto Vargas Alzamora (General Secretary of the Peruvian Episcopate), and Ricardo Durand Flores, the Bishop of Callao, Lima. The seminary also legitimated him at the Catholic University of Lima, which provided access to new recruits. In 1974, three years after Father Gustavo Gutiérrez and others began publishing their work on liberation theology, Figari began publishing his ideas on reconciliation.

Opposed to the liberalization of the Church, Figari organized Sodalitium Vitae and began his attack against liberationists. No one was surprised to find that he was responsible for organizing Sodalitium Vitae. His ties to conservative organizations were well known.

Around 1967 to 1968, a falangist group called “Escalones Juveniles Nacionalistas” of the San Isidro School was founded. Among ist founders was Luis Fernando Figari who remains an active member. Figari, a student of law at the Catholic University — together with Don Pedro Benvenutto y Murrieta (today Rector of the Pacific University) — and the young Jesuit Jorge Cáceres jointly published the journal Tradición y Acción — a Peruvian branch of the Society in Defense of Tradición, Family and Property (Marka, 13 November 1975).

In Latin America, these organizations combined a defense of traditional piety with a critique of social activism. Their goals emphasized traditional values, asceticism, and traditional Catholic teachings. Sodalitium Vitae extended these goals by elaborating an ideology of reconciliation.»

Milagros Peña

Milagros Peña

Si bien Milagros Peña afirma haber obtenido los datos sobre el Sodalicio mediante un trabajo de campo en el Perú realizado entre septiembre de 1987 y mayo de 1988, su información parece provenir de unas pocas fuentes bibliográficas, pero no de personas que hubieran conocido de cerca al Sodalicio, comenzando por el hecho de que si hubiera habido un levantamiento de datos de acuerdo a una metodología científica, de lo primero que se habría dado cuenta es de que el nombre correcto de la institución que estudia es Sodalitium Christianae Vitae, y no Sodalitium Vitae, como lo menciona la revista Marka. Además, en el texto que he citado hay errores palpables. Por ejemplo, habla del Seminario de Santo Toribio, sin mencionar a la Facultad de Teología Pontificia y Civil de Lima, que es una institución jurídica y administrativamente distinta, y que es donde Figari realizó efectivamente sus estudios de teología, no en el Seminario. La confusión puede deberse a que en esa época la Facultad de Teología funcionaba en una de las alas laterales del antiguo edificio que servía de local al Seminario en el cruce de la Av. La Marina y la Av. Sucre en el distrito de Pueblo Libre. De este modo, los seminaristas o candidatos al sacerdocio no tenían que salir del edificio para asistir a clases. Pero no sólo ellos estudiaban allí, sino también laicos y religiosos que aspiraban a obtener un título en teología, o también estudiantes que aspiraban a una carrera en el área de Letras y utilizaban la Facultad como una especie de trampolín para ingresar a otras universidades, una vez terminados los estudios generales. Asimismo, no me consta que Figari haya llegado a ser profesor en la Facultad de Teología, mucho menos en el Seminario.

Las vinculaciones que señala Peña con los obispos mencionados no se dieron a través del Seminario, sino por otras vías. El contacto para conocer a Mons. Fernando Vargas Ruiz de Somocurcio, jesuita, que fue obispo de Huaraz de 1972 a 1978 y arzobispo de Piura y Tumbes de 1978 a 1980, puede haber sido otro jesuita, el P. Armando Nieto, un sacerdote de talante bondadoso, ingenio agudo, memoria prodigiosa y formación tradicional, que enseñaba Historia de la Iglesia en la Facultad de Teología. La vinculación con Mons. Augusto Vargas Alzamora, otro jesuita, parece haberse dado posteriormente, cuando éste fue elegido Secretario de la Conferencia Episcopal Peruana en 1982. A Óscar Alzamora lo conocía Figari por sus vínculos con los marianistas desde antes de la fundación del Sodalicio, además de que Alzamora recién accede a la sede episcopal de Tacna en 1982. Asimismo, no se ve cómo el Seminario pueda haber legitimado a alguien para que entre a la Universidad Católica, siendo que se trata de dos instituciones independientes entre sí.

Tampoco es cierto que Figari haya planteado una teología de la reconciliación en el año 1974. La idea comenzó a germinar recién en el año 1983. A fines de ese año, en el mensaje a la comunidad sodálite conocido como Memoria del Superior del Sodalitium Christianae Vitae, que en esa ocasión llevaba el título de Firmeza y reconciliación, Figari propone la tarea de hacer una teología de la reconciliación:

«Ante tanto conflicto, ante tanta tensión, incluso ante los auspiciadores enceguecidos de las luchas y conflictos, ante los mercaderes del odio y enfrentamiento entre los hombres -llámeseles con el eufemismo que se quiera, búsqueseles el imposible ocultamiento en hueca fraseología logofóbica- urge hoy reflexionar teológicamente sobre la reconciliación. Hay que hacer teología de la reconciliación.»

Este escrito recién circuló internamente en el Sodalicio en el transcurso del año 1984. Con la aparición de la Exhortación Apostólica Reconciliatio et paenitentia de Juan Pablo II, publicada el 2 diciembre de 1984, Figari creyó ver confirmada su propuesta y este documento pontificio fue tomado como base para futuras reflexiones y para el desarrollo de los “Congresos Internacionales sobre la Reconciliación en el pensamiento de Juan Pablo”, organizados por el Sodalicio y efectuados en Arequipa (1985), El Callao (1986) y Tacna (1987). El folleto ¿Por qué una teología de la reconciliación? de Figari, publicado en el año 1985, no es otra cosa que la conferencia que dictó en el Congreso sobre la Reconciliación de Arequipa. Antes de eso no encontramos ni rastro de una teología de la reconciliación. Sólo había una crítica beligerante hacia la teología de la liberación, sin una propuesta alternativa original, contraponiéndosele la enseñanza social de la Iglesia, como suelen hacer los grupos tradicionalistas y conservadores. Después de eso tampoco se ha desarrollado una síntesis amplia y profunda que se plasmara en un corpus theologicum ‒como sí lo han hecho los teólogos de la liberación‒, limitandose los propugnadores de una teología de la reconciliación a repetir y apenas desarrollar las ideas planteadas por Figari y el Papa Juan Pablo II. No podía ser de otra manera, pues las ideas de Figari conforman un cuerpo ideológico más que teológico, y las estructuras verticales y autoritarias del Sodalicio no favorecen precisamente la libertad de pensamiento necesaria para aventurarse en el campo de la reflexión teológica genuina.

En lo demás, el artículo de Peña hace análisis de grupos y tendencias en base a principios sociológicos, sin evidenciar un conocimiento profundo de las realidades históricas que lo sustentan, por lo cual su estudio, de dudoso valor científico, ostenta antes que nada un innegable valor de opinión personal y de uso de las herramientas sociológicas, aunque la deficiente recolección de datos termina viciando todo el análisis. Aún así, la cita que traduce del semanario Marka es de sumo interés, pues nos permite conocer un testimonio cercano a esa etapa oscura de la vida de Figari sobre la cual se conoce poco y que el Sodalicio ha cubierto con un velo de silencio.

Sergio Tapia actuando de Hitler (1967)

Sergio Tapia actuando de Adolfo Hitler (1967)

Los datos que aparecen en el semanario Marka dejan varias cuestiones abiertas, que requieren ser investigadas. Hasta el momento, algunos de esos datos han sido repetidos en escritos posteriores como los de la Dra. Lamprea del Estanque y Hookerson (ver http://psirrosis.tripod.com/tudela.htm), de Héctor Guillén (ver http://investigacionsectas.galeon.com/productos1241570.html), de Edgar González Ruiz (ver http://www.voltairenet.org/article123448.html) y de Alfredo Silletta (ver http://www.voltairenet.org/article125794.html), sin mencionar fuentes adicionales que puedan corroborar la veracidad de esta información, aunque Guillén menciona el año 1966 ‒y no el año 1967‒ como aquel en que Figari fue supuestamente uno de los líderes de los Escalones Juveniles Nacionalistas, junto con un tal José Luis Fernandini. Si es verdad que Figari estuvo vinculado a este grupo, fundado en el Colegio Maristas San Isidro, ¿habría conocido allí al abogado Sergio Tapia, que hizo sus estudios escolares en esa institución educativa y en el año 1967, durante una actuación escolar, pronunció un discurso disfrazado de Adolfo Hitler; que además mantiene vinculaciones con un grupo de la extrema derecha católica, como es la Fraternidad de Agrupaciones Santo Tomás de Aquino (FASTA); y que definitivamente formó parte del círculo de amigos que decidieron fundar el Sodalitium Christianae Vitae en 1971, como escuché con frecuencia de labios del mismo Luis Fernando Figari? Además, ¿son ciertas las supuestas simpatías de Tapia hacia grupos neonazis, como ha informado el diario La República (ver http://www.larepublica.pe/25-01-2011/un-abogado-vinculado-grupos-neonazis-quiere-ser-congresista-0  y http://www.larepublica.pe/04-09-2011/asedio-e-intolerancia)?

Francisco Tudela

Francisco Tudela

Otro personaje que terminó sus estudios escolares en el Colegio Maristas San Isidro fue Francisco Tudela, quien fuera Ministro de Relaciones Exteriores durante el segundo gobierno de Alberto Fujimori y Primer Vice Presidente de la plancha presidencial del dictador cuando éste fue fraudulentamente elegido por tercera vez. El pensamiento político de Tudela siempre se ha movido dentro del campo de un tradicionalismo religioso católico de derechas, con marcadas simpatías hacia dictadores como Francisco Franco y Augusto Pinochet. Hay quienes afirman que en su juventud estuvo vinculado a Tradición, Familia y Propiedad (ver http://psirrosis.tripod.com/tudela.htm), al igual que Figari. De hecho, me consta de la amistad que Figari mantuvo con Tudela, pues en el Sodalicio de los ’70 hablaba con admiración de él y tanto él como Germán Doig lo mencionaban cariñosamente como “Pancho” Tudela. Recuerdo que una vez, a poco de haber conocido yo el Sodalicio en la década de los ’70, se me invitó junto con Miguel Salazar a una conversación con Tudela, a la cual lamentablemente no pude ir.

Por otra parte, ¿qué relación guardaba Figari con el grupo “Dios y Patria” que apareció en la Pontificia Universidad Católica del Perú ‒donde hizo estudios de Derecho al igual que Tudela‒ y con la Confederación Nacionalista de Juventudes? ¿Es cierto que junto con Don Pedro Benvenutto y Murrieta, quien fue posteriormente Rector de la Universidad del Pacífico, y el jesuita Jorge Cáceres publicaron la revista Tradición y Acción, un medio escrito del grupo reaccionario católico Tradición, Familia y Propiedad, al cual Figari estuvo definitivamente vinculado, como confirman varias fuentes? Lo cierto es que las menciones que se conocen referentes al pasado de Figari suelen vincularlo al espectro ideológico del catolicismo nacionalista de extrema derecha, de orientacion conservadora y tradicionalista, que mira con simpatía los postulados de ciertas posiciones fascistas.

Franz Pfeiffer Richter

Franz Pfeiffer Richter

Uno de las menciones más curiosas aparece en el libro Los neo-nazis en Sudamérica (1978) de Franz Pfeiffer Richter (1937-1997), de nacionalidad chilena, quien en 1962 fundó el Partido Nacional Socialista Obrero de Chile (PNSOCH), dentro del marco de la World Union of National Socialists (WUNS), convirtiéndose en el jefe de la seccion Chile. Pfeiffer parece ignorar que en el año 1978 ya existía una asociación católica llamada Sodalitium Christianae Vitae; sin embargo, sí menciona dos veces a un tal Luis Figari de manera incidental en su libro, a quien se identifica como “el dirigente peruano” vinculado al Frente Nacional Socialista en el Perú. He aquí los textos:

«Por razones de tensión internacional, entre ecuatorianos y peruanos no ha habido mayor contacto, sobre todo que el “Frente Nacional Socialista” del Perú no ha podido deshacerse de los “Nacionalistas patrioteros”. También es problema el aspecto racial, dada la casi nula homogeneidad de los habitantes del Perú. Sin embargó, a nivel de jefes, el Dr. Cornejo y Luis Figari, el dirigente peruano, han actuado muchas veces en conjunto. Incluso se ha trazado un mapa, en el cual se distribuyen los territorios que deberían ocupar en el futuro los blancos, los negros y los indígenas.»

«En mayo de 1976, el Dr. James K. Warner, editor de “Christian Vanguard”, en Estados Unidos, invitó a Pfeiffer a asistir a un Congreso de Nacionalistas en Nueva Orleans, junto a Manfred Roeder, abogado alemán que se ha destacado últimamente por sus actuaciones neo-nazis en Alemania y a quien se atribuye el planeamiento de la fuga del coronel Kappler desde su prisión italiana. El problema era la dificultad en obtener la visa para ingresar a los Estados Unidos, ya que el consulado de ese país en Santiago con seguridad pondría trabas. Por ello se planificó que Pfeiffer viajara primero a Lima, Perú, de allí a Buenos Aires, donde solicitaría la visa y nuevamente a Santiago para dirigirse vía Costa Rica a Miami. El viaje a Lima fue proyectado como una operación de desvío de atención. En junio del mismo año, Pfeiffer obtuvo los pasajes y un nazi norteamericano inconspicuo firmó los documentos legales para su estadía. El Dr. Warner obtuvo el financiamiento de todo, de los fondos del Ku Klux Klan y su dirigente, el Dr. Duke, un elegante economista de New Orleans. Habiéndose puesto Pfeiffer en contacto con Nicanor Dorrego, con motivo de su paso por Buenos Aires, decidió adelantar el viaje, para tener ocasión de discutir gran cantidad de detalles sobre las actividades comunes.

En el último momento, Pfeiffer decidió efectuar su primer viaje directamente de Santiago a Buenos Aires, al imponerse que el dirigente peruano Figari estaba siendo vigilado estrechamente por agentes comunistas. Así, cambió su pasaje y el 30 de agosto de 1976 se dirigió por Braniff a la Argentina, país al cual no se necesita previamente visa.»

Todas estas referencias son sólo algunas piezas de un rompecabezas incompleto, donde faltan piezas adicionales para completar el cuadro. Aunque varios de los datos son vagos e imprecisos, todo parece indicar que Figari tiene un historial ideológico problemático que hasta el momento ha sido silenciado en los relatos biográficos que el Sodalicio ha dado a conocer públicamente. He aquí una veta que requiere de una investigación a fondo.

José Luis Pérez Guadalupe

José Luis Pérez Guadalupe

La siguiente vez que el Sodalicio aparecería mencionado en la palabra escrita, en esta ocasión en un estudio académico, fue en la tesis que escribió José Luis Pérez Guadalupe, actual director del Instituto Nacional Penitenciario (INPE), para optar al grado de licenciado en teología, con el tema de “Las sectas en el Perú”. La preocupación principal que guiaba su investigación era por qué había ido aumentado el número de fieles cristianos en el Perú que abandonaban la Iglesia católica para unirse a sectas religiosas. Un resumen de la tesis fue pubicado posteriormente por el Centro de Investigaciones Teológicas de la Conferencia Episcopal Peruana en el año 1991, con el título de Las sectas en el Perú: Los “nuevos movimientos religiosos”. En una parte de este escrito Pérez Guadalupe hablaba de características sectarias que se presentaban también en grupos que formaban parte de la Iglesia católica, y mencionaba a tres grupos, dedicándoles varios párrafos en su análisis: el Opus Dei, el Camino Neocatecumenal y el Sodalitium Christianae Vitae. Ni que decir, Pérez Guadalupe, a quien tengo el gusto de conocer personalmente y quien me convocó en el año 2000 para participar como docente en un Curso de Teología a Distancia en la Diócesis de Chosica, pasó a engrosar la lista de “enemigos” del Sodalicio. A través de influencias eclesiales, en particular gracias a la injerencia de los sacerdotes sodálites José Antonio Eguren y Jaime Baertl, el Sodalicio intentó que la Conferencia Episcopal Peruana dejara de vender y distribuir el libro. Parece que no lo lograron, pues al año siguiente salió una segunda edición, al mismo tiempo que se publicaba el siguiente libro de Pérez Guadalupe, basado también en textos de su tesis de licenciatura: ¿Por qué se van los católicos?: El problema de la «migración religiosa» de los católicos a las «sectas».

Posteriormente, no habría menciones de importancia ni en la prensa escrita ni en los medios académicos a lo largo de toda la década de los ’90, salvo el estudio de Milagros Peña, que ‒como ya he señalado‒ adolece de una deficiente recogida de datos y de generalizaciones interpretativas que no reflejan lo que ocurrió en realidad. Además, dado que el texto se publicó originalmente en los Estados Unidos en una revista especializada, pasó completamente desapercibido.

Terminada la década nefasta, dominada por el autoritarismo y la arbitrariedad del gobierno de Alberto Fujimori,  José Enrique Escardó publicaría entre octubre y noviembre de 2000 una serie de artículos a través de su columna “El quinto pie del gato” en la revista Gente, que no son precisamente una investigación periodística del Sodalicio, sino más bien un testimonio personal de su paso por la institución, mezclado con soflamas incendiarias contra la Iglesia católica y proclamas nietzscheanas a favor de su misión de Anticristo, en un estilo literario cercano al panfleto. Y aunque los hechos objetivos que menciona son reales y verificables, las formas que empleó sirvieron de motivo a los responsables del Sodalicio para desacreditarlo como una persona que estaba fuera de sus cabales y falseaba la realidad. Es una pena, porque Escardó cuenta con una mente perspicaz y aguda, y suele hacer un buen uso de la lógica, como se puede constatar en varios artículos que ha dejado en su blog (ver http://elquintopie.blogspot.com/). Vale la pena citar aquel párrafo donde señala por qué dejó de escribir, en un artículo que comienza así: «Desde el fondo de mi corazón ensangrentado elevo esta oración a mí, mi dios».

«¿Recuerdas, Señor, cómo quise dejar en claro hace un mes, en mi primera columna sobre este tema, que todo esto era mi opinión y no la de la revista GENTE? Cometí un grave error. Puse en juego a GENTE. Puse en juego la obra de toda una vida de mi padre y el puesto de trabajo de un grupo de personas que no tienen por qué sufrir las consecuencias de mi deseo de derretir las estatuas de cera del jet set de las religiones. Cometí el terrible error de ejercer mi libertad de expresión en mi propio medio, creyendo –ingenuamente– que la secta católica, si se atrevía a hacer algo, atentaría sólo contra mí. Pero no, los rojizos fantasmas malolientes de ese mausoleo que he descubierto al mundo, sin prestarme una mínima atención siquiera, me han atacado por la espalda. Esos maestros de la mafia eclesiástica me han recordado ese pasado en el que obligaban a firmar declaraciones públicas de práctica de brujería a sus enemigos para perdonarles la vida y, escondiendo la cara, han tentado a algunos aliados para desbaratar la revista GENTE. En la semana que pasó, de boca de tres fuentes diferentes (las que prefiero dejar en reserva por su propia seguridad), me he enterado de sospechosas visitas de curas que decían ser enviados por mí a empresas que trabajan con nosotros, o de curas “de alta jerarquía” que habrían solicitado a algunos clientes que dejen de darnos publicidad.» [EL NACIMIENTO DE JEES (o YO de nuevo crucificado)]

Lo que Escardó describe es uno de los procedimientos que suele aplicar el Sodalicio cuando algún medio publica contenidos críticos hacia la institución: enviar a emisarios influyentes ‒entre los cuales destaca el P. Jaime Baertl, un antiguo miembro de la generación fundacional, conocido por su falta de escrúpulos cuando se trata de alcanzar un objetivo a favor de los intereses  del Sodalicio‒ para comunicarse con los responsables de haber hecho pública la información y aplicar estrategias de presión económica o de chantaje psicológico a fin de evitar que se siga aireando información crítica sobre el Sodalicio. Aparentemente es el mismo método que utilizaron con los directivos de Canal N para evitar que Cecilia Valenzuela siguiera con sus investigaciones, de modo que el reportaje que la periodista tenía en mente terminó limitándose a una única emisión en su programa, aun cuando supuestamente tenía la intención de continuar con las investigaciones.

En la siguiente entrega abordaré otros reportajes periodísticos importantes que fueron publicados con posterioridad al reportaje de Canal N y que, en su mayoría, ya no están disponibles en las páginas web de los medios que los publicaron.

Continúa en EL SODALICIO EN LA PALABRA ESCRITA (II)

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Para saber un poco más de la historia del Diario Marka, se puede consultar los siguientes enlaces:
http://periodismodigital.blogia.com/2008/091601-el-diario-marka-prensa-alternativa-recuerdos-de-papel-6-.php
http://grupoqilqa.blogspot.de/2011/06/prensa-apatrida.html
http://issuu.com/chasqui/docs/diario-de-marka

Una breve biografía de Franz Pfeiffer Richter se puede leer aquí:
http://wikicharlie.cl/w/Franz_Pfeiffer

El libro Los neo-nazis en Sudamérica de Franz Pfeiffer Richter está disponible a través de cualquiera de los siguientes enlaces:
https://docs.google.com/file/d/0Bx8WKOlLdExTVzFlbEQwSnNROFNlMHpBTmFjSXhzQQ/edit?pli=1
http://issuu.com/fasci_nacion/docs/los_neo_nazis_en_sudamerica

Los artículos de José Enrique Escardó en su columna “El quinto pie del gato” en la revista Gente (N° 1348-1353), publicados entre octubre y noviembre de 2000, se pueden leer aquí:
https://www.scribd.com/doc/286079728/Los-abusos-de-los-curas

SODALICIO Y FASCISMO

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Cardenal Eugenio Pacelli (posteriormente Papa Pío XII) junto a Benito Mussolini

El Sodalicio de Vida Cristiana siempre se ha preciado de seguir a pie juntillas las enseñanzas del Magisterio de la Iglesia, aunque –a falta de una hermenéutica adecuada– no se hayan hecho esfuerzos suficientes para distinguir en los documentos vaticanos entre lo que corresponde a circunstancias históricas concretas y lo que tiene validez universal. La aproximación a los documentos emanados de la Santa Sede ha sido, por lo general, fundamentalista, dándole la misma validez a lo que es enseñanza firme de la Iglesia que a lo que puede ser mera opinión de un Pontífice.

Respecto a determinadas ideologías del siglo XX, el Sodalicio ha seguido las enseñanzas sociales de la Iglesia, rechazando el capitalismo liberal, el comunismo y el marxismo, el nazismo y, por supuesto, el fascismo, cuyas ideas básicas fueran condenadas por el Papa Pío IX en su encíclica Non abbiamo bisogno (29 de junio de 1931). Sin embargo, parece como que en el Sodalicio se hubiera interpretado que las frases condenatorias se aplicaban sólo al fascismo de Benito Mussolini y no a otros tipos de fascismo, si tenemos en cuenta que la figura de José Antonio Primo de Rivera, fundador de la Falange Española y admirador del fascismo italiano, fue muy apreciada en el Sodalicio de los inicios, e incluso algunas de sus ideas pasaron a formar parte del ideario sodálite.

Corneliu Zelea Codreanu

Corneliu Zelea Codreanu

Otro personaje que también era muy admirado fue Corneliu Zelea Codreanu (1899-1938), rumano, líder de la Legión de San Miguel Arcángel, organización fascista, ultraortodoxa, antisemita y ultranacionalista, que a la vez contó con una rama paramilitar, la Guardia de Hierro. A diferencia de otros movimientos de corte fascista que se desarrollaban en aquel entonces en Europa, adoptaron una postura fuertemente religiosa, con tintes de misticismo, centrada en la defensa de la Iglesia Ortodoxa Rumana y en una concepción medievalista del estado como comunión religiosa. Tuve la oportunidad de conocer la historia de Codreanu a través de una biografía que me prestó Germán Doig allá en el año 1978 –Carlo Sburlati, Codreanu el Capitán: Vida y muerte de Codreanu, fundador y Jefe de la Guardia de Hierro rumana (Editorial Acervo, Barcelona 1970)– cuando yo sólo tenía 15 años de edad. Era un libro que también recomendaba Luis Fernando Figari, sobre todo para que aprendiéramos la actitud que debíamos tener ante la vida y el mundo que nos rodeaba, una actitud combativa que implicaba la posibilidad de llegar incluso al sacrificio supremo de la vida por defender la fe cristiana.

Desde sus orígenes el Sodalicio, siguiendo el Magisterio de la Iglesia, condenó el fascismo en cuanto a su doctrina y su ideología, pero aparentemente asumió varios aspectos de su mística a través de la mediación del pensamiento de personajes de impronta cristiana pero que encajan en líneas generales dentro del modelo fascista.

Recientemente me topé con una colección de preceptos o mandamientos del fascismo italiano, agrupados en decálogos para facilitar su memorización (ver http://www.thule-italia.net/fascismo/IlDecalogoFascista.html). De entre todas esos preceptos me llamaron la atención las siguientes, que presento aquí traducidos:

¡Un compañero debe ser un hermano!
1° Porque vive contigo. 2° Porque piensa como tú.

…quien sabe obedecer, puede después mandar.

El voluntario no tiene atenuantes cuando desobedece.

Un camarada es para ti un hermano: vive contigo, piensa como tú, lo tienes al lado en la batalla.

La obediencia consciente y total es la virtud del legionario.

Usa toda tu inteligencia para comprender las órdenes que recibes y todo tu entusiasmo para obedecer.

…no ames la felicidad del vientre y desdeña la vida cómoda;
desafía el peligro y busca la lucha;
considera el trabajo un deber, y el deber, una ley;
mira el sacrificio como una necesidad y la obediencia como una alegría;
concibe la vida sólo como un esfuerzo continuo de elevación y de conquista;
mantente dispuesto a cualquier renuncia, incluso a la suprema.

Cumple siempre tus deberes de hijo, de hermano, de estudiante, de camarada.

Ser intransigentes, dominicanos. Firmes en el propio puesto del deber y del trabajo, cualquiera que éste sea. Igualmente capaces de mandar y de obedecer.

No tengo la más mínima duda de que si se le presentaran estas máximas a un miembro de vida consagrada del Sodalicio de Vida Cristiana, sin mencionarle la fuente, las suscribiría de inmediato, pues yo mismo he escuchado con frecuencia frases similares durante mi paso por comunidades sodálites, especialmente aquellas referentes a la disciplina de la obediencia y a la fraternidad que se deriva de la camaradería, y que en el Sodalicio confunden con amistad.

Hace ya algún tiempo un adherente sodálite que tenía la intención de seguir perteneciendo al Sodalicio –al igual que yo en ese momento– me escribió, desarrollando el tema del “fascismo” presente en la estructura disciplinar de la institución. Si bien se trata solamente de una opinión, que probablemente esta persona no suscribiría actualmente en todos sus detalles, considero que estas reflexiones sinceras pueden servir para dar inicio a una fructífera discusión sobre el tema.

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“EL CORAZÓN FASCISTA” (10 de marzo de 2004)

No se puede negar este espíritu en los inicios y el presente del SCV [Sodalitium Christianae Vitae]; es parte de su historia y de la historia de la humanidad. El SCV surge en un tiempo relativamente similar al del Opus Dei, es decir, ambas respuestas desde la fe se dan en una situación “histórica concreta” y desarrollan –parafraseando a Maritain– un “ideal histórico concreto” desde su fe, desde su juventud, desde su situación donde el avance marxista era evidente, donde la teología de la libeación ejercía su influjo y donde las respuestas fascistas nacionales/religiosas fueron una respuesta a los momentos de la humanidad.

Por lo tanto, hay que reconocer el influjo que tuvo en LF [Luis Fernando Figari] la situación histórica y el desarollo de un ideal, una respuesta “asimétrica” en unos casos, en otros paralela a los movimientos ideológicos del momento; y esto marcó profundamente a LF, como marcaría profundamente a Escrivá.

Esta impronta fascista ha marcado para siempre al SCV y es parte –evidentemente en mi opinión– de su misma esencia, del atractivo que ejerce sobre un joven líder que busca cambiar el mundo.

Evidentemente, estas frases pueden escandalizar a más de uno, pero yo digo: ¿qué es el fascismo?

Aspectos saltantes son: ante todo un intento político revolucionario, transfomador de la sociedad, conservador, de corte militar y dictatorial, que tiende a engrandecer al líder (superhombre) y que es capaz de atraer masas y comprometerlas en ideales desde los más terribles (fascismo) hasta los más ¿nobles?, quizás…

Sin embargo, más que quedarse en su análisis, hay que analizar el “espíritu del fascismo”, tarea difícil. Tan sólo me limitaré a delinear algunos aspectos de su “espíritu” tal como yo lo entiendo:

Valores tipo A:
  • Un sentido muy marcado de misión.
  • Misión que tiene como culmen la transfomación radical de la sociedad.
  • Misión que demanda para dicha tansformación radical la eficiencia; aspecto que demandan a su vez necesariamente la vivencia de la virtud, entre las cuales destacan: el heroísmo, el liderazgo, la fortaleza, la entrega, el ideal caballeresco.
  • El cumplimiento de la misión pasa por la disciplina férrea y por una estructura que la facilita y que la haga eficiente.
  • La hermandad o “fellowship” resulta un eje y medio para su cumplimiento; dejar de ser parte del “fellowship” es un acto que atenta directamente contra la misión.

Este espíritu, antes que fascista (aunque se identifica con éste), prefiero llamarlo “espíritu del caballero”, conservador y radical, el cual resalta la vivencia de la virtud y que es capaz, por su atractivo, de atraer a jóvenes, especialmente aquellos con mayor capacidad históricamente comprobada de cambiar la historia, como es la burguesía (basta analizar su rol en la Revolución Francesa).

Sin embargo, este espíritu caballeresco deviene en fascismo cuando con él surgen los siguientes problemas:

“Valores” tipo B:
  • La misión y el cambio social pasa a ser un proyecto político.
  • Se tiende al culto de la imagen del líder.
  • Aquellos que no comparten el ideal del “Duce” o que por su condición de vida no lo pueden vivir, pasan a ser ciudadanos de segunda categoría.
  • La reciedumbre física y la fortaleza de carácter resultan sustanciales y su logro admite cualquier práctica física o psicológica.
  • Se cae en el error de sentirse superiores, libres de todo error de fondo.

Creo que nuestro querido SCV en un sentido tiene este “espíritu caballeresco” que en su expresión errada ha asumido aspectos del tipo B. El SCV jamás renunciará a sus valores de tipo A; dejaría de ser él mismo, dejaría de ser y de contener lo que hizo que yo me acerque a él, pero tiende a su vez a caer en el tipo B, tipo en el cual cayó en sus inicios, aunque luego Dios y sus “superiores” con sabiduría han sabido aproximarlo más al tipo A.

El reto está en que no devenga en el tipo B, y su grandeza está en que sea él mismo, el tipo A. Por algo Dios los llamó (al SCV y al Opus Dei) en una situación similar, dando una respuesta similar, donde hoy se requieren valores tipo A para una Nueva Evagelización, siendo sin duda algunos de estos valores los que llevaron a los jesuitas a evangelizar el Nuevo Mundo.

El SCV tiene en su corazón esos dos enormes potenciales de los valores tipo A y de los “valores” tipo B. Dependiendo de la santidad de sus miembros, será lo que Dios quiere. De lo contrario, prevalecerán los “valores” tipo B y la misión no será cumplida.

¿Qué es lo me atrajo a mí al SCV? Su “fellowship spirit”, su “espíritu caballeresco”, los “hombres de azul”, y a la vez su “espíritu fascista”, tan enormemente atractivo en un mundo que sigue esperando a un Salvador. Quitarle ese espíritu sería su muerte…

En síntesis, urge centrarnos cada día más en la “espiritualidad de María”, y que ella, la Reina del Universo, la Doncella de Nazaret, la Stella Maris nos enseñe a ser auténticos sodálites.

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Quisiera terminar citando dos preceptos fascistas:

Desobedecer a un comandante tuyo, quiere decir desobedecer a toda la jerarquía de tus superiores, a la cabeza de la cual está el Duce.

Mussolini siempre tiene razón.

Si reemplazamos “el Duce” y “Mussolini” por “Luis Fernando Figari”, obtenemos una breve descripción de la obediencia tal como se practicó en el Sodalicio de Vida Cristiana. Lo cual nos lleva a preguntarnos si la disciplina de la obediencia que siempre ha pregonado Figari tiene raíces fascistas, asumidas –consciente o inconscientemente– a través del pensamiento de José Antonio Primo de Rivera, recibiendo después una justificación teológica, o si se trata de una reflexión que se originó a partir de un encuentro con la Palabra de Dios. Por las características que ha tenido esta obediencia en la práctica –de estilo militar, recurriendo a veces a la manipulación, sin respetar la conciencia y libertad de las personas, prescindiendo del diálogo–, uno termina teniendo sus dudas. Por el bien de los sodálites y de la Iglesia, espero que estas sospechas carezcan de fundamento.