EL PAÍS DE LA BAMBA

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Desde que tengo memoria, el Perú ha sido el país de la bamba, donde siempre hemos consumido productos que aparentaban ser lo que en realidad no eran. Desde la leche en polvo ENCI, de menor valor nutritivo que la leche fresca, hasta los jugos Kanú, unos polvos que mezclados con agua dan como resultado un refresco con sabor artificial puramente químico, que no puede compararse con un auténtico jugo de frutas naturales.

El negocio de los alimentos bambeados sobrepasó por momentos límites criminales, como cuando en algunos mercados se mezclaba la pimienta negra con carbón molido, el comino con ladrillo rojo triturado, se ofrecían marshmallows fabricados clandestinamente con cola sintética, o se vendían hamburguesas hechas de cartón macerado en vinagre y especias en el Estadio Nacional.

Sin embargo, el engaño al consumidor no fue nunca monopolio de algunos sujetos al margen de la ley, sino que formó parte de la misma cultura empresarial peruana. La lista sería larga: salchichas Vita Rica que se vendían con la cara de un cerdo en la envoltura, pero cuyo ingrediente principal era carne de ballena; frutas confitadas hechas en base a cáscaras de sandía o papayas verdes procesadas con azúcar y colorantes; panetones que obtienen su reconocible sabor de una esencia saborizante que es un mero producto de laboratorio, en nada comparables con los panetones fabricados en Italia hechos con meros ingredientes naturales y frutas confitadas de verdad; o la famosa esencia de vainilla que de verdadera vainilla no tiene ni la sombra.

El caso de la “leche” Pura Vida es aún más grave, porque contiene aditivos que podrían dañar la salud: el emulsificante SIN 471, que podría aumentar el tamaño del hígado y de los riñones; el estabilizante SIN 339ii, que podría producir hiperactividad y problemas digestivos y, a la larga, reducir el equilibrio de fósforo y calcio en el organismo; y el SIN 407, posible causante de úlceras en el intestino grueso, micropérdidas de sangre en la orina, ralentización del crecimiento, alergias, debilitamiento del sistema inmunitario, y de cáncer a largo plazo. Además, tenemos el añadido de aceite de palma, cuyo consumo en exceso aumenta el nivel de colesterol y contribuye al desarrollo de problemas cardiovasculares.

Pero así estamos, en un país donde la leche no es leche, la democracia no es democracia, los partidos no son partidos y el gobierno es pura ilusión.

(Columna publicada en Exitosa el 10 de junio de 2017)